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sexta-feira, 16 de outubro de 2026

JOHANN CHAPOUTOT, historiador: «El pueblo nunca votó mayoritariamente a los nazis. A Hitler lo auparon militares y empresarios»

No es fácil concertar una cita con Johann Chapoutot, el autor de Los irresponsables. ¿Quién llevó a Hitler al poder?, libro que, desde que se publicó en febrero de 2025, se ha convertido en un éxito comercial inesperado, con más de 70.000 ejemplares vendidos en Francia y traducciones a múltiples idiomas. Año y medio después no parece haber día en que el historiador de La Sorbonne, que nació hace 48 años en un pueblo pescador de Provenza, no aparezca en varios canales de la esfera pública francesa. 

Johann Chapoutot

Escrito por Sebastiaan Faber

Es lógico. El 10 de septiembre, Chapoutot publicó La Bascule (El balancín), que retoma el relato donde lo dejó Les Irresponsables. El libro salió cuatro días después de que la ultraderechista Alternativa por Alemania (AfD) registrara una victoria electoral histórica –un 44 por ciento– en el estado de Sachsen-Anhalt. En abril y mayo, Francia celebrará sus propias elecciones presidenciales, en las que participará Marine le Pen, la líder del ultraderechista Rassemblement National, quien, a pesar de su reciente condena por corrupción, encabeza los sondeos con más de un 30 por ciento de la intención de voto. Los franceses, en fin, buscan explicaciones y consejos, y Johann Chapoutot está encantado de dárselos. Como escribe en el epílogo a La Bascule: “Nos guste o no, la historia de 1933 nos habla”.

Los libros anteriores de Chapoutot, que se centraban en las raíces culturales y filosóficas del nazismo, levantaban polémica porque identificaban las huellas del nazismo en el presente mundo neoliberal. Así, Libres para obedecer. El management desde el nazismo hasta hoy (2020), vincula el pensamiento nazi con la cultura empresarial del siglo XXI. Les Irresponsables, en cambio, es una obra de historia política: abarca el período desde marzo de 1930 a enero de 1933, cuando el bloque liberal-autoritario alemán –en el que se reunían intereses empresariales, partidos conservadores y nacionalistas, medios reaccionarios y élites tradicionales– se preocupó ante su pérdida de apoyo popular y decidió intentar conservar el poder del modo que fuera. Acabó no solo por aliarse con la extrema derecha sino por instalarla en el poder. La Bascule narra los seis meses siguientes, del 30 de enero al 14 de julio de 1933, en los que se produjo la propia toma del poder de los nazis.

Entre ambos libros, Chapoutot propone tres argumentos centrales. Primero demuestra que, en contra de lo que se suele afirmar, nunca hubo una mayoría electoral alemana que apoyara a los nazis. Segundo, explica que estos solo pudieron hacerse con el poder porque las élites –unas élites altamente irresponsables– les allanaron el camino. Tercero, recalca la importancia de investigar estos hechos históricos de forma rigurosa en la medida en que nos permiten comprender nuestro propio presente político. El propósito de La Bascule, escribe en el epílogo, ha sido explicar, “retroiluminado por la actualidad que desfilaba ante nuestros ojos atónitos”, cómo “una banda de granujas incompetentes, corruptos y violentos, halagados, financiados y sostenidos por todos los colaboradores que el capitalismo es capaz de encontrar, hacía bascular a un país hacia el fascismo”. Y: “Si alguien todavía se preguntaba cómo pudieron actuar los nazis, con toda serenidad, entre 1933 y 1939 ha tenido la respuesta casi a diario desde enero de 2025”.

Para los medios franceses, Chapoutot es el invitado ideal. Se expresa de forma clara y comprensible, no rehúye las aseveraciones polémicas y logra transmitir la relevancia –y la urgencia– de la investigación histórica. “Hoy como ayer”, escribe, “la ultraderecha seduce a una parte del electorado, pero no lo suficiente como para llegar al poder ella sola”. Subraya que “nada está escrito”: la historia, siempre contingente, nos da pistas que nos permiten evitar que se repita. Eso sí, hay que ponerse las pilas –las antifascistas, para entendernos–.

El profesor me atiende en francés, por videoconferencia, a finales de septiembre.

La historia política es para usted un campo relativamente nuevo.

En efecto. Mis libros anteriores a Les irresponsables se dedicaban a la historia cultural, partiendo de la idea de que vale la pena tomar en serio los discursos de los actores sociales. Trabajé sobre la visión nazi de la historia –en particular, del mundo clásico– y, posteriormente, sobre la normatividad nazi en el derecho y la filosofía moral. Solo hace dos años decidí interesarme por la forma en que los nazis se hicieron con el poder y cómo pudieron prosperar en él.

Algo tendría que ver la situación política que atraviesa Europa.

Evidentemente, como en toda historia, las preguntas que le planteo al pasado son las del presente. Y como ciudadanos europeos, estadounidenses u occidentales del siglo XXI, es comprensible que nos llame la atención la forma en que se crean los movimientos de extrema derecha y cómo se instalan en el poder.

Las sociólogas francesas Sarah Gensburger y Sandrine Lefranc sostienen que el auge de la extrema derecha en Francia y el resto de Europa pone de manifiesto el fracaso de la enseñanza de la historia y de las políticas de memoria, sobre todo con respecto al Holocausto.

Me parece que tienen toda la razón, sobre todo en la medida en que las llamadas “políticas de la memoria” suelen revestir, más bien, una forma de catecismo. Al hablar del “deber” de la memoria, al moralizar la relación con el pasado y al enfocarlo como una cuestión de valores, se acaba por desarrollar un discurso que está totalmente desvinculado de la realidad social que viven los alumnos, los estudiantes o los ciudadanos. Como historiador, considero que, más que formular un discurso sobre la memoria, es preferible, directamente, hacer historia. Y eso es lo que intento hacer en estas dos últimas obras. Trato de analizar una realidad histórica concreta, con los archivos en la mano, para hacerme una pregunta también muy concreta: ¿Quiénes fueron los actores sociales que decidieron que era pertinente, razonable, racional y deseable llevar a la extrema derecha al poder? Creo que la verdadera escuela de ciudadanía no es la recitación conmemorativa, que llega a ser una especie de versión degenerada de la religión –una religión, además, mecánica y bastante aburrida–; no, la verdadera escuela de ciudadanía está en el cuestionamiento activo, vivo, del pasado. Esto es, en hacer historia.

En su trabajo, identifica a los facilitadores del ascenso del nazismo: las élites económicas, el ejército, la Iglesia católica, las universidades, el funcionariado –incluida la judicatura– y la prensa. No sorprende que el gran capital prefiera un régimen no democrático a un gobierno democrático que pueda amenazar sus intereses. ¿Es posible que hoy desempeñe un rol similar?

Como demuestro en el libro, la patronal alemana de los años treinta cambió de bando con bastante rapidez, incluso antes de que los nazis llegaran al poder. Pero me parece que la patronal actual estaría menos dispuesta a aprobar una solución de este tipo. Por un lado, porque no deja de pesar la memoria de los años treinta y cuarenta, que, en este caso, se manifiesta como un vago remordimiento por la actuación del gran capital alemán bajo el nazismo. Por otra parte, hay una cuestión de interés inmediato, y es que la patronal alemana necesita la inmigración. Si no se sube al carro de la ultraderecha, en otras palabras, no es por ninguna sublime filantropía, sino simplemente por un cálculo oportunista.

En el relato que nos cuenta sobre la subida al poder nazi, no deja de chocar la complicidad de las universidades y la prensa.

Bueno, esto es importante verlo en el contexto de la época. Los universitarios en 1933 procedían de un grupo social muy reducido, en el que los valores –digamos– del progresismo y el universalismo no eran los más extendidos. Más bien eran personas procedentes de los sectores más conservadores de la sociedad, incluso los más reaccionarios. Como ya descubrí cuando estaba haciendo mi tesis doctoral sobre el nazismo y la Antigüedad, en el mundo universitario había excelentes antinazis que llegaron a ser auténticos nazis.

¿Y hoy?

Lo veo más difícil. En los años treinta, los universitarios tenían una concepción particularista de la cultura. Nosotros, en cambio, tenemos una concepción universalista. Después de 1945, y sobre todo en los años sesenta, se produjo una masificación de la educación superior, acompañada de una mayor diversidad social. Hoy tenemos una concepción más abierta del acceso a la cultura y una concepción más universalista de la inteligencia.

En Estados Unidos, sin embargo, hemos visto cómo muchas universidades se han plegado, casi sin chistar, a las exigencias de Trump.

Sí, pero es importante señalar que si las universidades son objeto de ataques por parte de la extrema derecha –como lo son las norteamericanas, pero también, por ejemplo, las argentinas– es precisamente por esos cambios que se produjeron desde los años sesenta. También es cierto que para los nazis fue más fácil atacar a las universidades. Hoy, los ataques se enfocan ante todo en los canales de financiación de la investigación. Y sí, la actitud de algunas universidades en Estados Unidos ha sido lamentable, aunque Harvard impugnó al Gobierno de Trump en los tribunales y ganó. También es importante recordar que ha habido amenazas explícitas contra ciertos investigadores, como a Mark Bray, un gran especialista en antifascismo, quien tuvo que abandonar Estados Unidos y refugiarse en España.

Los académicos están en primera línea de fuego.

La ultraderecha ha puesto a  los intelectuales en el centro de la diana, se han convertido en una fuerza de combate.  Y esto se aplica aún más, si cabe, al campo historiográfico. Por su enfoque de elucidación crítica, para la ultraderecha siempre constituirá un peligro, una presencia insoportable. Por tanto, siempre tendrá en la diana a las y los historiadores.

Usted no ha rehuido esa primera línea. Como intelectual público, ha asumido un papel destacado como analista crítico de la ultraderecha, tanto en Alemania como en Francia, subrayando sus vínculos históricos con movimientos nacionalsocialistas y fascistas.

Yo me considero un profesor e investigador de la Historia. Y este, para mí, no es un papel que se limite a mi universidad. En primer lugar, porque la enseñanza es un servicio público. Pero fíjate que, en Francia, además, el vínculo entre Historia y ciudadanía –y entre Historia y República– es consustancial. Recordemos que fue la Tercera República la que hizo obligatoria la enseñanza de la historia en todos los niveles educativos, desde los seis hasta los 18 años. Por lo tanto, cabe decir que existe una especie de osmosis o fusión entre la historia y la ciudadanía en la Francia contemporánea. La actividad de profesor-investigador en Historia, en otras palabras, es consustancial con la reflexión política. Desde ese punto de vista, no tengo la impresión de estar haciendo nada extravagante al responder a solicitudes de los medios de comunicación o a invitaciones a conferencias para hablar de los resultados de mis trabajos en el ámbito público.

Pero en su caso ese ámbito no se limita al territorio francés: escribe sobre Alemania, un país cuya relación con Francia siempre ha sido compleja. ¿Cuál ha sido la recepción de su trabajo al otro lado del Rin?

Tengo el privilegio y el honor de que mis obras se traduzcan al alemán, algo que no es nada fácil. Cuando eres un extranjero, no es seguro que te traduzcan en el país sobre el que investigas. Y la verdad es que mis trabajos han tenido buena acogida. Por otra parte, lo que digo en Les irresponsables y en La bascule se ajusta bastante bien a lo que hacen mis colegas alemanes sobre el tema –colegas a los que, por supuesto, leo y cito con frecuencia–. El último libro de Peter Longerich, por ejemplo, también hace hincapié en la escasa adhesión de los alemanes al nazismo en sus inicios.

Yo estaba pensando en la influencia que tuvo, en su día, un historiador extranjero como Robert Paxton en la autoimagen de Francia y el colaboracionismo de Vichy.

Ya. Pero a estas alturas, en temas como Vichy o el Tercer Reich, el intercambio internacional es intenso. Existe una comunidad internacional de investigadoras e investigadores. Mantenemos un diálogo entre todos, nos relacionamos, nos invitamos mutuamente, etcétera. Por lo tanto, yo diría que la nacionalidad de cada uno ya no entra en juego tanto. Quizá para mí el ser francés fuera un factor cuando era un historiador novato. Cuando mi tesis sobre la percepción de la Antigüedad en el nacionalsocialismo se publicó en Alemania, yo era un desconocido, por lo que hubo reacciones por el hecho de que, como historiador francés y sin ser clasicista, trabajara ese tema. Pero eso se desvaneció rápidamente en favor del reconocimiento de que yo hacía un tipo de historia que mis colegas alemanes no hacían. Por ejemplo, mis investigaciones sobre la visión nazi de la historia o sobre la normatividad nazi jurídica y moral pertenecen a lo que se podría llamar una historia culturalista. No es un tipo de historia que los alemanes suelan practicar. El suyo es más bien un paradigma de historia social, externalista y objetivador. Pero al final esa diferencia solo ha servido para que se interesaran más en mi trabajo.

Hablemos de Francia. ¿Cuál ha sido el papel de Emmanuel Macron en el ascenso de la ultraderecha?

Macron ha sido elegido dos veces para hacer de barrera contra la extrema derecha. En las segundas vueltas fue elegido, directamente, por personas que solo querían evitar que la extrema derecha llegara al poder. Pero en lugar de actuar como barrera a la extrema derecha, le ha abierto un bulevar. Ha tendido un puente con ella al retomar sistemáticamente sus términos, temas y tesis.

Otro paralelo con 1933, pues.

La actitud y actuación de Macron constituyen un ejemplo más de lo que yo denomino “los irresponsables”. Se basa en la connivencia entre la extrema derecha y el extremo centro: entre la extrema derecha que conocemos y ese centro que se autoproclama moderado –por encima de los partidos, y más allá de la derecha y la izquierda–, pero que en realidad es extremista en su voluntad de concentrar el poder, de centralizar las cosas y de rechazar toda oposición. Se consideran los más competentes y estiman que el poder les corresponde de hecho. Los puntos de alianza entre la extrema derecha y el centro extremo son muy numerosos. Tienen el mismo electorado –básicamente jubilados que quieren proteger sus prestaciones o ricos que quieren proteger sus rentas–. Tienen los mismos mecenas, el gran capital. Tienen la misma filosofía antropológica, el darwinismo social. Y tienen el mismo enemigo, que es la izquierda, sea cual sea. No sorprende, por tanto, que la alianza funcione bastante bien. De hecho, cabe decir que la fusión entre la extrema derecha y el extremo centro ya se ha producido. Los votos de los diputados macronistas, tanto en la Asamblea Nacional francesa como en el Parlamento Europeo, son casi siempre idénticos a los de la extrema derecha. Defienden los mismos intereses. Tienen la misma concepción de la sociedad y del Estado. Y la misma concepción del futuro.

Hablando del futuro: en sus libros y entrevistas se opone al fatalismo histórico, subrayando que “nada está escrito”. Pero las analogías con el pasado que establece, ¿no acaban precisamente por fomentar el fatalismo?

No, al contrario. Porque identificar esas analogías permite distinguir a los actores sociales, sus intereses y sus tácticas o estrategias. Así pues, permite identificar quién está moviendo los hilos y, por lo tanto, permite actuar de forma cívica a la hora de votar –por ejemplo, evitando votar a quienes allanan el camino a la extrema derecha, participando en manifestaciones, etcétera–. La reflexión analógica es, en definitiva, un trabajo de elucidación histórica que nos permite comprender mejor a qué nos enfrentamos y qué está en juego. Y, por lo tanto, nos invita a la acción. Una acción, además, informada.

Con respecto a la posibilidad de resistencia, usted subraya que, en la Alemania de 1933, la izquierda antifascista era mayoritaria, pero se encontraba fracturada por la tremenda hostilidad que había entre los socialistas del SPD y los comunistas del KPD.

Exacto. Además, hay que matizar. El SPD, que rechazó la alianza con los comunistas en 1932 y que luego rechazó la acción conjunta en 1933, había aprobado durante varios años, desde septiembre de 1930, la política de austeridad. El problema no solo fue el conflicto con el KPD, sino el hecho de que una izquierda que renuncia de forma tan rotunda a ser de izquierdas no consigue despertar el entusiasmo, la adhesión y la resistencia de los ciudadanos.

Una pregunta final. En su lectura de la historia alemana, atribuye una gran responsabilidad a las élites. ¿Es un historiador populista?

Bueno, el término “populista” es complejo y, además, se utiliza mal en el ámbito público de Estados Unidos; hace referencia a una filosofía política del siglo XIX, aunque hoy también se usa para describir una estrategia política. Yo no me incluyo ni en uno ni en otro. Yo lo que hago es nombrar a los actores sociales y describir las estrategias de aquellos actores sociales que llevaron a los nazis al poder –y que luego permitieron que los nazis prosperaran durante los primeros seis meses de 1933–. ¿Cuál era el contexto alemán en aquella época? A partir de la dimisión del canciller socialdemócrata, en marzo de 1930, ya no hay democracia en Alemania. Los gobiernos y los cancilleres son nombrados independientemente del resultado de las elecciones. Todo se concentra, en virtud de los poderes de excepción del artículo 48, apartado 2, en manos del presidente del Reich y de su entorno. Así pues, los principales actores sociales que están al mando de Alemania en aquella época no son las masas populares, ni los sindicatos, ni los partidos de izquierda. Se trata de un grupo muy reducido –la famosa camarilla, como se decía con una expresión española– que, por otra parte, representa a sectores sociales bien identificados: hay militares, banqueros, grandes terratenientes y empresarios. Y fueron precisamente esos grupos sociales los que tomaron la decisión de llevar a los nazis al poder. Por lo tanto, yo como historiador no me adhiero a ningún “ismo”, salvo a una forma de positivismo histórico que consiste en decir cuál es la realidad. Y lo hago, además, con el fin de desmontar los discursos fantasiosos que se mantienen sobre este periodo, según los cuales sería el pueblo alemán el responsable del ascenso de Hitler, cuando nunca se votó mayoritariamente a los nazis. ¡Pero nunca! Es un discurso que también vemos resurgir hoy. Otro tipo de discurso fantasioso que ha vuelto hoy es que todo sería la culpa de la izquierda. Del mismo modo que los megaincendios en España y en Francia de este verano serían culpa de… ¡los ecologistas! Es todo totalmente descabellado.

 

[Foto: Francesca Mantovani - fuente: www.ctxt.es]

quinta-feira, 15 de outubro de 2026

Morto, amordaçado

O que há de errado com a democracia quando ela elege deputados e senadores que apoiam um governo que valoriza a ditadura, debocha da Constituição, arquiteta um golpe fracassado e, ainda assim, conquista maioria no Congresso? 

Escrito por SAMUEL KILSZTAJN*

Em 8 de janeiro de 2023, Jair Messias Bolsonaro, do Partido Liberal, tentou tomar o poder por meio de um golpe fracassado, que o levou à prisão. Nas eleições de 2026, o Partido Liberal tornou-se o maior partido tanto na Câmara dos Deputados, com 121 das 513 cadeiras; como no Senado, com uma bancada de 28 dos 81 parlamentares.

Em 8 de novembro de 1923, Adolf Hitler, do Partido Nazista, também tentou tomar o poder por meio de um golpe fracassado, que o levou à prisão. Nas eleições de 1932, o Partido Nazista tornou-se o maior partido do Parlamento alemão, com 230 das 608 cadeiras. Em 1933, a partir de negociações com as elites conservadoras, Hitler foi nomeado chanceler e o Parlamento aprovou, em total desacordo com a ordem constitucional, uma lei que conferiu a Hitler plenos poderes para legislar e governar o país sem o consentimento parlamentar. A Lei de Plenos Poderes ao chanceler foi aprovada sob condições de repressão e intimidação dos parlamentares e abriu caminho para o completo desmantelamento da democracia alemã.

O III Reich, concebido para durar um milênio, durou intermináveis 12 anos e mergulhou a Alemanha e o mundo em uma das maiores catástrofes da história, destruição, morte e um rastro de sofrimento que invadiu a humanidade. Embora tenha nascido depois da Segunda Guerra Mundial, vivi os horrores da guerra desde sempre, sendo filho de dois sobreviventes de uma família que perdeu nove em cada dez de seus membros – ele como escravo em campos de concentração, ela deportada para a Sibéria.

Por obra do destino, nos últimos dias de 1953, ancoramos no Novo Mundo, nestas terras de imigrantes, que, de nativos, só têm os indígenas – quando aqui chegamos, nem sequer sabíamos que existia um país com o nome de Brasil. Poucos meses depois Getúlio Vargas se suicidou e, em 1961, fomos surpreendidos pela crise política desencadeada pela renúncia de Jânio Quadros. Meus pais pouco entendiam o que aqui se passava e, para desgosto deles, seu filho, que aqui escreve, aos dezesseis anos de idade, envolveu-se em política e acabou preso e torturado durante a Ditadura Militar que tomou conta do país por longos 21 anos.

No sábado, 10 de outubro de 2026, entre os dois turnos da eleição presidencial, voltando do Parque da Água Branca, fui fisgado pela Revelação, que o motorista do ônibus ia cantarolando enquanto seguia pela Avenida São João: “Quando a gente tenta, de toda maneira, dele se guardar, sentimento ilhado, morto, amordaçado, volta a incomodar”.

O que há de errado com a democracia quando ela elege deputados e senadores que apoiam um governo que valoriza a ditadura, debocha da Constituição, arquiteta um golpe fracassado e, ainda assim, conquista maioria no Congresso?

O que buscam os eleitores? Sonham com o bezerro de ouro? Querem apossar-se da Amazônia e acossar ainda mais uma vez os povos indígenas exterminados desde o “descobrimento” e, mais recentemente, com a ocupação do Planalto Central, a construção de um museu futurista a céu aberto, a expansão da fronteira agrícola e a abertura da Transamazônica? Querem flexibilizar as regras ambientais e favorecer o garimpo, o agronegócio e a exploração dos recursos naturais? Querem suprimir os já parcos direitos trabalhistas e sociais e privatizar o Estado? Querem escolas cívico-militares e facilitar o acesso às armas? Querem utilizar o voto para extinguir o próprio voto e instaurar um regime militar? Servem-se do voto para acabar com as eleições e a democracia? Um voto suicida?

O que há de errado com uma democracia quando o voto é usado para abolir as próprias regras do jogo democrático? Acordei no meio da noite impelido a escrever este texto e agora me deu um cansaço medonho…

… saio para fazer aula de Tai Chi – isto deve fazer-me bem. Mas, no caminho, lembro de que estou sem a roupa apropriada e a sapatilha. Mas não faz mal, isso se ajeita. Também estou sem o documento que devo apresentar para fazer a aula e sequer lembro o meu número de matrícula. Consegui o número de matrícula e vou apanhar o ônibus que me vai levar à aula de Tai Chi. Mas agora não lembro mais meu número de matrícula, não sei qual ônibus devo tomar, nem onde fica a academia. Mas não faz mal…

… fico angustiado. Não faz mal? Isso poderia ser corriqueiro para uma pessoa normal, não para mim, que sou extremamente metódico, que é a forma que me faz sobreviver neste mundo caótico. Então acordo do sonho e volto a escrever este texto para dizer que não estou com a roupa apropriada, estou sem a minha carteira, não sei meu número de matrícula, qual é o ônibus que devo apanhar, nem qual é o caminho que devo seguir…

Nota: durante as eleições municipais de outubro de 2024, eu estava viajando. Na volta, levei os cartões de embarque e fiquei na fila para justificar o meu (não) voto. Mas a funcionária da Justiça Eleitoral disse: “Meu senhor, com a sua idade, o senhor não precisa mais justificar o seu (não) voto”. No dia 4 de outubro de 2026, tive um problema com a burocracia estatal: levei meu título de eleitor original e a cópia autenticada da carteira de identidade que carrego comigo. O mesário disse que a minha foto (de 1982), na cópia, estava irreconhecível. Informou que eu poderia apresentar a carteira de trabalho, desde que fosse original (e eu expliquei que a foto na carteira era de boa qualidade, mas que eu tinha então 17 anos de idade). Voltei para casa e trouxe a carteira de trabalho, mas ele não aceitou. Dentro dela, contudo, estava minha carteira de identidade original, que acabou sendo aceita. Mas não acabou por aí: ele queria a digital; informei que não funcionava; tentaram várias vezes e, por fim, a mesária usou a digital dela, que funcionou (achei estranho, mas faz parte das normas) e consegui votar. Agora, para o segundo turno, já sei, devo levar a carteira de identidade original.

*Samuel Kilsztajn é professor titular em economia política. Autor, entre outros livros, de 1968, sonhos e pesadelos

 

 

[Imagem: Esteban Carriazo - fonte: www.aterraeredonda.com.br]

terça-feira, 13 de outubro de 2026

«Estem vivint un model social de canvi lingüístic immensament més ràpid que abans»

Entrevista al sociolingüista Toni Mollà, autor de ‘Les llengües de demà’. Entre el negoci i els algoritmes 

Toni Mollà

 

Escrit per Raül G. Aranzueque

El sociolingüista Toni Mollà acaba de publicar Les llengües de demà. Entre el negoci i els algoritmes (Bromera), un llibre que analitza el futur de les llengües i, en particular, la catalana, en el món globalitzat de l’era digital actual.

El català hi serà, entre les llengües de demà?

Això ho decidirà la comunitat lingüística catalana. Si som capaços de crear les condicions socioculturals, econòmiques i polítiques del que podríem anomenar la societat contemporània, això que diuen les societats postindustrials, postmodernes i tots els post del món, doncs el català serà una llengua de demà. Jo crec que té les possibilitats i les condicions i els punts forts de la majoria de les comunitats lingüístiques. Lògicament també en té molts de dèbils i dependrà del que farem. No és una cosa que ve donada per la natura. És un fet social. 

Entre les fortaleses que té el català hi ha, precisament, el món digital, gràcies, sobretot, a la comunitat que ha picat molta pedra durant molts anys.

I tant. En el món tradicional continua sent una llengua forta, una llengua de relació. Però és cert que les noves generacions, nadiues de l’era digital, i potser d’una manera no sé si intuitiva, autoorganitzada o com, han començat a intervenir en el diàleg, d’una manera virtual gràcies a les xarxes i internet i han aconseguit que el català siga la llengua 31a o 32a en el rànquing de presència digital. Això és una fortalesa molt gran. És una fortalesa desterritorialitzada. No necessàriament la gent que interactua en el món virtual és una gent que viu i treballa als Països Catalans.

Aquesta és una de les coses que destaqueu al llibre.

És una cosa que m’han ensenyat la filla i les seues amigues. La meua filla viu a Londres des de fa deu anys, però viu virtualment en català. I les seues amigues i amics d’infància viuen a Vancouver, a París, a Frankfurt… i no per això han abandonat la llengua ni han deixat d’interactuar, en la mesura que la tecnologia ho permet, en la seua llengua patrimonial.

Aquest fenomen dieu que obliga una mica a repensar les polítiques lingüístiques.

Les polítiques lingüístiques estan fetes amb sistemes d’idees, maneres de pensar que són pròpies d’unes altres circumstàncies. Jo no dic que s’hagen de superar perquè eren dolentes. Dic que s’han de superar perquè s’ha superat aquell temps. Els autors de la sociologia del coneixement ja deien que el pensament és situacional, no naix en el buit social i, per tant, si els nostres majors pensaven d’una determinada manera és perquè vivien en una societat concreta. Si Prat de la Riba, els noucentistes i els modernistes pensaven d’una altra manera és perquè en la seua societat, les seues idees s’arrelaven a una situació determinada. El que no pot ser és que la societat canvie, que canvien les seues estructures socials, culturals, etc. i que nosaltres continuem pensant en sistemes d’idees caducats, que és el que passa moltes vegades. Continuar avui amb idees romàntiques, no solament de la llengua, sinó del nacionalisme, del territori, no porta a res, portaria, en millor o en el pitjor dels casos, a la nostàlgia i a la impotència. Per tant, és imprescindible també en el terreny de les polítiques lingüístiques que adeqüem el nostre sistema d’idees a estes condicions d’existència que imposa la societat contemporània. 

Els catalanoparlants pràcticament han estat expulsats de zones de Barcelona, València i Palma

Ara comença a vincular-se l’estructura econòmica, el fenomen del turisme… amb la reculada de la llengua.

Ja era hora. Jo he conegut la transformació de la ciutat vella de Barcelona i de València. Eren zones d’una gran densitat catalanoparlant i ara eixos espais, que eren d’una gran densitat lingüística, estan ocupats pel turisme i els catalanoparlants pràcticament han estat expulsats d’aquelles zones i crec que a Palma passa exactament igual. És importantíssim que vinculem els nous moviments migratoris, legals, il·legals, turístics, no turístics, etcètera. Jo aporte una dada que és que els Països Catalans reben 50 milions de visites turístiques l’any. Si això no té impacte sociolingüístic, ja em diràs quin factor en tindrà.

A les Illes Balears, precisament, aquest debat està molt viu i es parla molt del concepte de sostenibilitat lingüística.

Sí, és clar, és que és imprescindible introduir-lo perquè, si no, sembla que tots els factors socials siguen importants, excepte el cultural i el lingüístic. Però no solament el turisme, sinó els nous moviments migratoris, que si tenen algun impacte en primer lloc és en les estructures culturals. I, per tant, haurem de dissenyar unes polítiques lingüístiques també sobre els fenòmens turístics o els fenòmens migratoris. Part de la meua família han sigut emigrants a París, als anys 50, 60. No es varen plantejar mai no aprendre francès, lògicament. El van aprendre al treball perquè la llengua francesa era una llengua imprescindible per a la introducció dins del món sociolaboral francès i, damunt, els permetia, a ells, i posteriorment, a les seues filles, una certa promoció dins de la societat francesa. Jo crec que si això passava als anys 50, 60 a França, de la mateixa manera que passava a Berlín, a Ginebra, a Londres, ha de passar en qualsevol país que vulga que la cohesió social s’establixca a partir de la seua pròpia llengua. Però això, curiosament, ni tan sols ho fan els jugadors del Barça. Els jugadors del Barça venen i s’integren en castellà. És a dir, la llengua d’integració a un dels emblemes de la catalanitat, que és el Barça, és el castellà.

I això que ara és dels Barça més catalanoparlants que hi ha.

Per descomptat. Perquè són gent que s’han format ací. Hi ha gent que ha vingut de fora, com Fermín, que és d’un poble d’Andalusia, o els altres. Però la majoria diuen que estan aprenent castellà. Com si vols aprendre swahili. Em pareix molt bé, però és evident que no n’hi ha prou a dir que el Barça és més que un club. Això s’ha de demostrar i s’ha de demostrar a través de que la integració en el país, en el club, siga en català. Jo he dit moltes vegades que la persona dels Països Catalans que més impacte lingüístic té és l’entrenador del Barça perquè és el que fa més rodes de premsa a la setmana. Per tant, el moment de màxim impacte sociolingüístic va ser el Guardiola i, després, el de Xavi. Estic parlant de sociolingüística, no estic parlant de futbol. I el circuit èxit que va produir Guardiola, que damunt parlava català a tot arreu, va ser un moment en què el català deixava de ser només una llengua patrimonial i passava a ser una llengua global. Va ser un moment dolç de la política lingüística. I vull remarcar-ho perquè la política lingüística no és només allò que fan les institucions. La política lingüística la fan també les institucions socials, cíviques, ciutadanes, i per tant, crec que és tan important el que faça un club de futbol o un sindicat o una associació del que siga, com el que faça la Conselleria de Política Lingüística. Les institucions no ho poden fer tot.

En el llibre dieu que hi hauria d’haver un mercat lingüístic dels Països Catalans i poseu l’exemple de quan TV3, À Punt i IB3 van emetre, de forma conjunta, la pel·lícula ‘La mort de Guillem’. Allò va quedar com un bolet i ja no hi ha hagut més casos.

Això ve de lluny, no és nou d’ara. En l’època de l’inici de les televisions autonòmiques va haver-hi una reciprocitat amb Canal 9 i allò va funcionar d’una manera normal. I també hi hagué una època en què, després de la transició política, existia el que jo he dit alguna vegada el corredor cultural mediterrani: intel·lectuals, escriptors, cantants, actuaven exactament igual a Girona que a Alacant.

 

[Font: www.diaridelallengua.cat]

segunda-feira, 12 de outubro de 2026

El llarg camí dels joves migrats sols

El col·lectiu ha de fer front a moltes traves que dificulten la garantia dels drets humans

Els joves migrats sols viuen en la incertesa durant molts anys amb obstacles per poder regularitzar la seva situació, estudiar, treballar, accedir a la sanitat o a un habitatge.

Any rere any, milers de joves, a vegades encara adolescents o infants, decideixen marxar sols del seu país i buscar un futur millor a milers de quilòmetres de casa seva. Molts d’ells han arribat a Catalunya, on l’expectativa d’una vida digna xoca amb una realitat crua: un sistema —sota l’empara de la llei d’estrangeria— que sovint no els protegeix, i els posa traves per accedir als drets humans bàsics. Sense una xarxa familiar o referents adults que els sostinguin, aquests joves sovint fan front a situacions molt complexes que dificulten el seu procés d’acollida, pas imprescindible per encetar així el futur que han imaginat.  

Entre 2017 i 2020, més de 8.000 infants i joves van arribar sols a Catalunya. Les dades parlen per si soles: el 30,9% dels joves atesos pel Servei Municipal de Detecció i Intervenció de Barcelona es troben en situació de sensellarisme. Això repercuteix en altres drets, com l’educació i la salut, on un 56% no té targeta sanitària. També són significatives les dificultats per accedir a l’empadronament, un prerequisit d’accés als serveis públics.

A través de cinc joves del Sud Global que han arribat a Catalunya en els darrers anys, el projecte transmèdia del Social.cat ‘L’última frontera'. La lluita pels drets dels joves que migren sols’ analitza quina és la lluita diària a la qual han de fer front per gaudir dels drets més bàsics, com són el dret a migrar sense traves administratives, el dret a la salut, a l’habitatge, a l’educació i a la diversitat sexual i de gènere. Una lluita que compta, sortosament, amb el suport de moltes entitats catalanes que actuen com a puntal perquè els projectes d’aquests joves puguin tirar endavant.  

L’Abdoulie, la Chaimae, el Nasser, la Lissa i l’Abdou ens expliquen de quina manera desafien les adversitats que han hagut de superar, i encara superen, per viure amb la dignitat que tot ésser humà mereix. Tots ells estan travessant l’última frontera. El Social.cat us convida a travessar-la amb ell.

L’Abdoulie L. Marreh va deixar Gàmbia fa tres anys. Ara viu a Manlleu, Osona. Parla un català perfecte, fa voluntariat i està estudiant un graduat en educació secundària per a adults. Vol ser infermer.

Abdoulie, i el dret a migrar 

La primera frontera amb la qual topen els joves és literal. Una frontera física, que un cop travessada, muta en lleis i traves administratives molt complicades. Els joves que migren sols, si no reben l’emparament de l’Estat per ser menors d’edat, queden durant anys sense una situació legal que els permeti llibertat de moviment i de treball a l’Estat, el que dificulta enormement els seus projectes personals i vitals.  

Ho exemplifica bé l’Abdoulie L. Marreh, qui actualment està estudiant un graduat en educació secundària per a adults a Torelló, Osona. Vol ser infermer, per una vocació clara: ajudar les persones més vulnerables. Amb només 21 anys, aquest jove de Gàmbia té les coses clares. I va decidit a aconseguir-les. Tot i que no és gens fàcil per a l’Abdoulie. El seu procés migratori i posterior acollida ha passat per moments molt complicats, en els quals els seus drets han estat vulnerats.  

Només tenia 18 anys quan va arribar a Canàries després d’un viatge de vuit dies de travessia en pastera. Quan arriba a terres espanyoles, comença a ensumar una altra realitat que està allunyada de les seves expectatives: a Europa, ell és un jove migrant en una situació administravia irregular. “Pensava que en tres o quatre mesos aconseguiria els meus papers i podria treballar i estudiar”, explica l’Abdoulie, però la realitat és ben diferent: tres anys després el jove encara no té regularitzada la seva situació. 

Després de ser destinat a la Península, va passar de centre en centre sense poder decidir què volia fer, ni on, ni amb qui. Alguns dies dormir al ras va ser l’única alternativa. Finalment, el jove és traslladat a un centre per a joves migrats a Osona, on troba l’ajut d’alguns educadors socials que l’acompanyen a acomplir el seu somni: estudiar.

 

“Pensava que en tres o quatre mesos aconseguiria els meus papers i podria treballar i estudiar”, explica l’Abdoulie

 

Però com, quan la situació administrativa no es resol durant anys? “Cada cop van canviant les directrius i van afegint dificultats. I el que et funciona un dia amb uns joves, de cop i volta, reps una denegació per a un altre jove que has fet exactament el mateix procediment”, explica Gerald Llach, educador social i coordinador de Joves, un projecte d’inserció sociolaboral que es desenvolupa a Osona i que impulsa l’associació Tapís, i en el qual ha participat l’Abdoulie. L’arbitrarietat, les traves burocràtiques i les dificultats per aconseguir certs requisits per regularitzar la situació —estudis, feina, padró— són com un peix que es mossega la cua per a milers de joves.  

“Vivim amb molt estrès perquè el procés administratiu és molt difícil i lent”, certifica l’Abdoulie. La urgència de qui pateix la manca de drets per una qüestió administrativa s’imposa a la lentitud d’una administració que no dona una resposta àgil i diligent. Tot i això, l’Abdoulie estudia, fa voluntariat, aprèn la llengua i va teixint vincles estables, amb una xarxa de persones i entitats que li donen suport en la seva acollida: “Jo soc un noi migrant que ve de fora que tinc molta sort de conèixer gent catalana que em donen facilitats, necessites gent en el teu entorn amb qui poder compartir les teves necessitats per avançar una mica. Però hi ha moltes persones que pateixen la mateixa situació que jo que no tenen aquesta oportunitat”, admet.

La marroquina Chaimae Benlemchkraf ensenya català i castellà a dones migrades al centre cívic del barri de Bonavista, Tarragona, on viu des del 2021. L’esclerosi múltiple que li han detectat des que viu a Catalunya, no l’atura en el seu objectiu: ajudar els altres.

Chaimae, i el dret a la salut 

Per a la Chaimae Benlemchkraf, parlar de salut és parlar d’un procés d’aprenentatge constant. Procedent del Marroc, va arribar a Catalunya sense cap referent adult, l’any 2019, amb un visat d’estudiant i, enmig de l’adaptació a una nova llengua, una nova ciutat i una nova vida, va rebre un diagnòstic que ho canviaria tot: esclerosi múltiple. El camí fins a posar nom a la malaltia va ser llarg. “No t’ho diuen directament, has d’esperar molt”, recorda. 

Entre visites, proves i derivacions, va passar més d’un any abans de saber què li passava. Avui continua sotmesa a controls mèdics constants, tractaments periòdics i una agenda marcada per les visites a especialistes. Malgrat les dificultats, reivindica el valor dels professionals que l’han acompanyada: “Hi ha metges que et diuen què tens i ja està. Però també n’hi ha que t’ho expliquen tot, i això és molt important per a mi”. 

La seva experiència posa de manifest com la salut no depèn només de l’atenció mèdica. També està condicionada per l’habitatge, la mobilitat, les xarxes de suport o les barreres administratives. Durant dos anys va viure en una residència de joves menors d’edat tutelats per la Generalitat, situada al complex educatiu de la Laboral, als afores de Tarragona, un entorn que considera poc adequat per a una persona amb una malaltia crònica. “No és un entorn urbà. I si estàs malalta, no hi ha ningú que et pregunti res. És molt dur”, explica. Amb un 68% de discapacitat reconeguda, denuncia també les dificultats per accedir amb agilitat a l’atenció primària i la manca de recursos d’acompanyament per a moltes persone1s migrades que no dominen la llengua o desconeixen el funcionament del sistema sanitari. 

Des de Regularización Ya, l’activista Paula Rossi alerta que aquestes situacions no són casos aïllats. Tot i que el dret a la salut és universal, assegura que moltes persones migrades es troben amb una “carrera d’obstacles” burocràtica i administrativa per accedir-hi. L’empadronament, la tramitació de la targeta sanitària, les barreres idiomàtiques o els prejudicis continuen dificultant l’atenció efectiva. Segons Rossi, encara avui es produeixen cobraments il·legals en serveis d’urgències i moltes persones renuncien a anar al metge per por o desconeixement dels seus drets. 

 

“Jo estava lluitant per viure aquí. Al meu país d’origen no hi ha ni sistema de salut”, destaca la Chaimae

 

“Les persones en situació administrativa irregular viuen amb un temor constant i això fa que arribin tard als serveis sanitaris i amb la salut molt més deteriorada”, assenyala. Aquesta realitat és especialment perjudicial per a la salut mental dels joves migrats sols. Precisament, aquesta és una de les principals preocupacions de les entitats que treballen amb aquest col·lectiu. El mateix procés migratori, les experiències viscudes durant el trajecte, la incertesa administrativa o les dificultats per construir un projecte de vida propi poden tenir un impacte profund en el seu benestar emocional.  

La Chaimae coneix bé aquesta realitat perquè, a més de conviure amb la malaltia, acompanya habitualment altres dones migrades del seu barri a fer gestions o a anar al CAP. Quan alguna d’elles no entén l’idioma, sovint fa d'intèrpret improvisada. “Llavors sí que ens escolten una mica més”, diu. Per a ella, garantir el dret a la salut implica molt més que tenir accés a una consulta mèdica: vol dir trobar professionals que escoltin, sistemes que no excloguin i recursos que permetin viure amb dignitat. “Jo estava lluitant per viure aquí. Al meu país d’origen no hi ha ni sistema de salut”, recorda. Una frase que resumeix la distància entre el dret a la salut reconegut sobre el paper i les dificultats que encara afronten moltes persones per exercir-lo plenament.

El Nasser Boudrikech és un dels joves que han migrat sols a Catalunya que no ha tingut més alternatives que passar per situacions de carrer i moltes dificultats per aconseguir un sostre on viure.


Nasser, i el dret a l’habitatge 

Un dels drets més vulnerats actualment entre els joves que migren sols és l’accés a l’habitatge. Si per a joves amb xarxes familiars i situació administrativa regular ja és un repte, per als que migren sols accedir a una llar és un escull sovint infranquejable.  

Per això, les situacions de sensellarisme d’aquests joves són habituals. Segons dades del Servei Municipal de Detecció i Intervenció de Barcelona, un 30,9% dels joves atesos que atenen es troben al carrer.  

El Nasser Boudrikech és un dels joves que han migrat sols a Catalunya que no ha tingut més alternatives que passar per situacions de carrer i moltes dificultats per aconseguir un sostre on viure. El jove marroquí, després de viure en diferents províncies espanyoles, va arribar a Barcelona el 2021, amb la intenció de treballar per poder ajudar la seva família perquè les seves germanes poguessin estudiar al Marroc.  

Els sis primers mesos els va passar a una furgoneta abandonada a la Zona Franca. Ell, igualment, va esforçar-se per estudiar l’idioma, i al temps, va accedir a una plaça en un alberg per a persones en situació de carrer. Allà comença a estudiar, i arriba a ser el primer de la seva classe en un PFI d’Electricitat.  

Però trobar un pis on viure esdevé impossible, i per això truca a la porta de Migrastudium i la seva Xarxa d’Hospitalitat. Allà entra a viure en diferents recursos de l’entitat: pisos compartits, cases de famílies acollidores... Tot i que la seva situació legal es va resolent i troba una feina, triga anys en poder emancipar-se per si sol. I és que a banda de totes les dificultats —tenir feina, nòmines, documents— encara ha de lidiar amb un altre mur: el racisme immobiliari.  

 

“Truques per un pis i et pregunten per l’origen. L’endemà et diuen que ja està llogat”, denuncia el Nasser

 

“Truques per un pis i et pregunten per l’origen. I clar, directament, no et diuen que no, però sempre hi ha barreres i entens que no em deixaran aquest pis. Et diuen, et truco demà i demà et diuen que ja està llogat”, admet el noi. Una discriminació que el jove ha viscut “moltes vegades”, diu. “No només trucades, també missatges. Et pregunten pel teu nom, de quin país ets. A vegades et diuen, si ets d’aquest país o d’aquest altre, no”. 

Una realitat que no només afecta el Nasser, sinó a molts altres joves migrats sols. Ho corrobora Lucía Mendoza Palomar, responsable de la Xarxa d’Hospitalitat de Migrastudium. “Ens passa amb els joves que estan a la xarxa. En el moment de la sortida, quan ja tenen la situació administrativa regularitzada, feines estables, i un contracte de feina i ingressos que poden provar, quan es posen a buscar habitació o pis de lloguer, es troben amb moltíssimes negatives que comencen en dir el seu nom o quan els hi veuen la cara”, sosté Mendoza. 

Està d’acord David Vázquez, educador social i responsable del projecte Joves Migrants Sols de Càritas Diocesana de Barcelona. “La realitat és que si no tenen una bona xarxa, que normalment és d’amics de la mateixa comunitat o coneguts, costa molt trobar un pis. Fa dos anys que no veig que cap jove hagi aconseguit llogar un pis”, assegura l’educador. 

El Nasser fa set anys que va arribar a l’Estat espanyol. Fa pocs mesos, per primera vegada, ha trobat, a Vallirana, una casa que pot anomenar llar. “Per a mi era un somni viure en un lloc així, tranquil i amb muntanyes. Un lloc on puc fer moltes coses que m’agraden. Estic molt a gust a casa”.

Lissa Fuentes lluita pels drets de les persones LGTBIQ+. Tot i ser perseguida al seu país, Cuba, per ser una dona trans, l’Estat espanyol va denegar la seva sol·licitud d’asil després de quatre anys esperant la resolució.


Lissa, i el dret a la diversitat sexual i de gènere 

La Lissa Fuentes va marxar de Cuba amb 21 anys perquè, per la seva condició de dona trans, començava a ser perseguida per la policia. Després d’un periple d’anys a Moscou, ja que no podia entrar a Europa amb passaport cubà, aconsegueix arribar a Barcelona, ciutat que per ella era referent en polítiques LGBTIQ+.  

Tot i que el seu procés de transició va ser acompanyat des de Trànsit d’una forma molt respectuosa i satisfactòria, la noia va haver de lluitar per poder estar legal al país. Malgrat que va demanar asil a l’Estat espanyol per la persecució a la qual havia estat sotmesa al seu país, quatre anys després d’iniciar el procés li arriba una notificació en la qual li comuniquen la denegació de la sol·licitud.  

“Va ser un cop dur, ja que jo pensava que l’acceptarien. No m’ho esperava. La meva història era real, amb proves i evidències. Sempre dic que tinc aquesta espina clavada. Va ser un sotrac molt complicat, no li desitjo a ningú”, lamenta. Per sort, mentre esperava la resolució d’asil, la Lissa va teixir una bona xarxa: va formar-se, va apropar-se a moltes entitats socials que la van ajudar a defendre els seus drets i finalment, va aconseguir el permís de residència i treball per arrelament.  

 

“Va ser un cop dur, ja que jo pensava que l’acceptarien”, admet la Lissa, sobre la denegació de la seva sol·licitud d’asil

 

La Lissa actualment és tècnica de l’entitat ACATHI, referent en la lluita dels drets de les persones migrades LGTBIQ+, des d’on ajuda a qui, com ella, arriba a Barcelona buscant el dret a la diversitat sexual i de gènere negat a molts països. “Soc la primera que ells veuen quan entren per la porta. Jo també he estat en aquell costat, picant porta a porta. He anat a menjadors socials, he dormit en albergs, he rebut ajudes de menjar. No em fa pena dir-ho. I tracto d’encaminar a aquestes persones de la mateixa manera que em van encaminar a mi”, explica la Lissa.  

Segons Rodrigo Araneda, president d’ACATHI, les polítiques migratòries dels governs europeus són, en general, restrictives, la qual cosa genera una “desprotecció” de les persones que arriben sol·licitant asil. “Són aquestes persones les que haurien d’estar cobertes des del principi. Però moltes vegades tenen un període d’espera molt llarg, en el qual es generen vulnerabilitzacions i revictimitzacions. Moltes persones acaben en situació de carrer o altres situacions que compliquen la seva incorporació als programes d’acolliment”, resumeix. 

A més, Araneda posa el focus en què les persones LGTBIQ+ migrants pateixen circumstàncies que necessiten una atenció especial en termes de coneixement de les seves realitats, per garantir “un espai segur perquè realment puguin treballar amb tranquil·litat la sol·licitud d’asil”, una qüestió que moltes vegades no es té en compte. “La protecció d’aquestes persones queda a la sort que els treballadors que els atenen tinguin una perspectiva específica i això vol dir que no es té en compte estructuralment una atenció especialitzada sobre el col·lectiu LGTBIQ+”, critica.

Abdou Diallo va deixar Guinea per buscar millors oportunitats de futur. Ara viu a Ciutat Meridiana, ha estudiat múltiples cursos i espera que es regularitzi aviat la seva situació administrativa per buscar feina i poder treballar.


Abdou, i el dret a l’educació i el treball 

Per a l’Abdou Diallo, arribar a Barcelona complia dos objectius clars: poder estudiar per aconseguir un futur millor, la qual cosa no era possible al seu país, Guinea; i viure a la ciutat que sempre havia somniat, ell que és seguidor del Barça.  

Però per aconseguir-ho, l’Abdou, que només té 20 anys, ha passat moments de molta angoixa: quatre anys després de la seva arribada a l’Estat ha aconseguit un permís d’arrelament per formació, el que inclou un permís de residència però no de treball.  

Això el té lligat de peus i mans: ha fet cursos de formació de tota mena, però no són formals ni oficials, i a més, no pot treballar. Una situació que transita amb paciència, però que li esgota els ànims. “Estàs menjant i estudiant, però si no tens feina ni papers, no estaràs feliç”, diu l’Abdou, sobre la seva situació actual: viu en un pis de la Fundació Bayt al-Thaqafa a Ciutat Meridiana amb altres dos joves migrats sols. Està tranquil després d’anys d’entrar i sortir de diferents recursos, però el noi vol avançar: vol tenir autonomia econòmica, poder treballar, formar-se millor, i prosperar. 

Que l’Abdou encara no pugui accedir a un permís de treball té una causa legal que evidencia el maltractament i les traves que les administracions infereixen als joves migrats sols. L’Abdou, que va arribar amb 16 anys a les Illes Canàries en pastera després de 19 dies travessant l’oceà, va ser sotmès a la prova de determinació d’edat —més coneguda com la prova del canell— malgrat que el seu passaport indicava que era menor d’edat. Tot i que aquesta prova compta amb denúncies de moltes organitzacions per la seva falta de fiabilitat i de garanties jurídiques, Fiscalia va determinar que era major de 18 i, per tant, va quedar fora de la protecció i l’accés als drets que, com a menor d’edat li pertocaven.  

 

“Estàs menjant i estudiant, però si no tens feina ni papers, no estaràs feliç”, diu l’Abdou

 

L’Anna Coca, educadora social de la Fundació Bayt al-Thaqafa i referent de l’Abdou, sap que la frustració d’aquests joves es podria mitigar molt si les administracions facilitessin l’acollida i la inclusió dels joves: “La pregunta no és si volen estudiar o no, sinó si el nostre sistema realment els està donant les condicions mínimes perquè puguin fer-lo. Un jove d’aquí pot triar el seu futur, ells han de triar com sobreviure”, determina Coca. 

 

Acabar amb les fronteres i no defallir en l’intent 

Tots aquests joves exemplifiquen a la perfecció les dificultats que viuen els milers de persones que arriben sense referents adults a Catalunya. Són anys de manca de drets, de frustració, de neguits i, sovint, de malviure. Una realitat que, sense el suport i l’acompanyament de moltes entitats d’aquest país, encara seria molt més dura.  

Aquests joves, que passats uns anys estan aconseguint amb perseverança i molta resiliència teixir-se un futur millor, són ja part d’aquesta societat que sovint els ha estigmatitzat i els ha utilitzat com a boc expiatori del deteriorament del benestar social. “Quan veiem polítiques negacionistes o criminalitzadores el resultat és un còctel Molotov. I, en canvi, quan mirem a la persona com una oportunitat el resultat és un altre”, opina l’educador David Vázquez.  

Les oportunitats que brinden a la resta de la societat —joves amb valors, amb empenta, amb ganes de construir futurs millors en la seva terra d’acollida, Catalunya— i les que tots buscaven per a si mateixos —la Lissa per poder ser qui era; l’Abdoulie per poder estudiar; el Nasser per ajudar les seves germanes; l’Abdou per poder treballar i la Chaimae per no haver de sotmetre’s a una vida que no desitjava— són el reflex que l’acollida dels joves que han migrat sols pot ser exitosa.

Caldria, però, que administracions, que emparen les lleis d’estrangeria injustes, i aquells que alcen la veu contra aquests joves, canviïn la mirada i puguin enderrocar l’última frontera, la que ha fet que durant tants anys aquests joves hagin viscut sense garantia de drets. 

(Et convidem a conèixer millor el projecte transmèdia 'L’última frontera', així com ampliar les històries dels nostres testimonis: l’Abdoulie, la Chaimae, el Nasser, la Lissa i l’Abdou; també pots escoltar el pòdcast del projecte a Spotify i Ivoox)

 

 [Imatges: Tomàs González Carbó - font: www.racocatala.cat]