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sexta-feira, 28 de agosto de 2026

Escritores que pintan o pintores que escriben

Hay creadores que no se conforman con un lenguaje único. La exposición ‘Infieles’, en Buenos Aires, lo demuestra.

'Teoría y praxis en el bar', de Daniel Santoro (2020), una de las obras de la exposición 'Infieles' 

Escrito por Damián Huergo

Hay frases que cualquier lector de suplementos culturales podría completar de memoria. Una que se repite tanto en diarios hondureños como en plataformas uruguayas, en particular por artistas hombres moldeados con la arcilla del siglo XX, es: “La pintura es mi amante pero la literatura, mi mujer”. La actividad artística y el sujeto de deseo puede variar según cada caso, pero la fórmula del engaño continúa y resiste en su vigencia.

No recuerdo haber escuchado o leído esa frase en boca de alguno de los artistas que exponen en la muestra Infieles. De escritores que pintan o pintores que escriben, expuesta en el Museo del Libro y de la Lengua Horacio González, en Buenos Aires. Sin embargo, el juego a dos bandas que confiesa el enunciado, y la ampliación del campo de batalla que augura, sin dudas, les podría caber a cada uno. Y no hablo de la vida personal —al menos, esa dimensión es la que nulo interés tiene en este espacio—, sino de su trabajo artístico, de sus juegos a dos o más bandas, de las diferentes materialidades donde asoman u ocultan su sensibilidad y su forma de estar en el mundo.

Para entrar a la muestra hay que atravesar una cortina roja y pesada de terciopelo, que toca el suelo como si fuese una de las lenguas derretidas de Dalí o los telones lynchescos de Twin Peaks. La iluminación es tenue, salvo por un corazón de neón rosa atravesado por un rayo: un relámpago fugaz que reemplaza el flechazo eterno de Cupido. La intención de crear un ambiente de intimidad —planificada por el equipo de curadores integrado por Roberto Papateodosio, Pablo Licheri, Inés Girola, Inés Ulanovsky y Esteban Bitesnik— es intervenida por el sonido de colectivos y autos que entran por la puerta de la avenida Las Heras, 2.555. Como en un hotel, el oasis íntimo y privado que buscan recrear está percudido por lo público que lo rodea. Ese doblez entre el anonimato y la exhibición, entre las puertas semicerradas y el amor a cielo abierto, parece ser territorio propicio para las infidelidades, del orden que sean.

'Espejos', de Manuel Mujica Lainez (1966)

Al correr el velo rojo, la primera obra que aparece es Espejos, un dibujo de un árbol hecho con marcador sobre un papel. De cada una de sus ramas cuelgan frutos que parecen ventanas a dimensiones cercanas o desconocidas. Si no hubiera un nombre de autor a su lado, no sería tan errado decir que —por los colores y la superposición de materiales— pertenece a un período poco difundido del pintor y astrólogo Xul Solar. Pero no. La obra que recibe al visitante, fechada en 1966, es del escritor argentino Manuel Mujica Lainez. Como si fuese una tarjeta de bienvenida, pegada a la obra hay una frase de su novela biográfica Cecil (1972). Dice: “Lo primero que advertí, en su penumbra interior, fue la jerarquía esencial que concede a los objetos. Quizá crea en ellos más que en las personas”.

La frase de Mujica Lainez parece una premisa. En la muestra no importan los recorridos de los artistas, sino lo que sus manos crearon. O atraparon del aire, como dice el poeta, librero, músico y editor Francisco Garamona en una de las entrevistas a los artistas antologados que transmiten en loop en un rincón del primer piso. Detrás de unos anteojos de lente negro, Garamona completa: “En realidad, los artistas lo que hacen es una especie de red para cazar mariposas: cazan las ideas, el fruto de lo que después producen. Nada pertenece a nadie. Las ideas y las emociones son energías que rodean el mundo; emergen de la tierra, el cielo, los minerales, y uno tiene que estar atento para conectar con aquello que está ahí, anterior a uno y posterior a uno”.

Obras de César Aira (izquierda) y de Francisco Garamona (derecha)

En la red de Garamona, al parecer, quedó atrapado el germen de la muestra. En la ceremonia de inauguración, el 16 de junio, el curador Esteban Bitesnik contó que la idea surgió en La Internacional Argentina, uno de esos espacios porteños donde se juntan escritores, músicos y artistas a pasar el rato y surgen libros, canciones, poemas, por el roce de la complicidad y la noche. En ese mismo discurso inaugural, Bitesnik vincula a la muestra con la amistad, con la idea de conversación, donde se trafican ideas y conspiraciones en distintas usinas de pensamientos, sean geográficas como generacionales.

Los nombres que surgieron en un primer momento, y continuaron danzando junto a otros que se sumaron cuando el proyecto fue tomando forma durante la pandemia, fueron los de los escritores César Aira, Sergio Bizzio, Gabriela Cabezón Cámara y Silvina Ocampo; los de los artistas Eduardo Stupía, Yuyo Noé y Daniel Santoro; los de músicos como Charly García y Nacho Marciano; e incluso el del ensayista Horacio González, quien fue gestor del museo que funciona como anexo de la Biblioteca Nacional. También, claro, aparecieron los nombres de artistas identificados con la mixtura: Fernanda Laguna, Dani Umpi, Naty Menstrual, Roberto Jacoby y Fernando Noy, entre otros.

La muestra presenta una antología de 35 artistas que abarcan casi un siglo de producción artística argentina. Un arco temporal que cruza a tres generaciones de creadores. Cronológicamente, arranca con un dibujo inédito de Silvina Ocampo (1903-1993), la hermana menor de las Ocampo, acompañado del poema inédito ‘Lecciones de metamorfosis’; y llega hasta la poeta, artista y joyera Micaela Piñero, nacida en 1990. Escritores y pintores de tres generaciones diferentes que, como dice el catálogo de la muestra, fueron “desbordándose por fuera de los márgenes o las paredes, (...) que no se conforman con un lenguaje único ni una sola manera de mirar o contar. O tienen tanto que contar que un único medio no les es suficiente. No les alcanza con un solo lenguaje y recurren a otros para expresar, quizá con más facilidad, lo que una sola herramienta no les permite decir. Por eso, nos encontramos en muchos casos con escritores que pintan y con pintores que escriben. Es más, en muchos casos no podemos distinguir dónde acaba el pintor y dónde empieza el escritor y viceversa”.

Dibujo de Silvina Ocampo

El día de la inauguración estuvo la directora del museo, María Moreno, quien afronta un problema de salud que la alejó de las funciones en los últimos meses. Su presencia, física y aurática en un cuadro de Daniel Santoro (la tiene en el centro de la escena, mejor dicho, de la mesa) amadrinó los desvíos, los cruces, los juegos y las fisuras de las teclas de expresión por donde filtraron otras formas.

Otra de las voces que cortó la cinta de largada fue la de Juan Sasturain, actual director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno. De pie, con el catálogo en la mano y moviendo mechones canosos al hablar, dijo: “La infidelidad no es para cualquiera. Para serle infiel a la escritura pintando, hay que haberse primero comprometido, hecho el amor y amado el texto. Y para traicionar el trazo con el signo literal, hay que haber primero entregado el corazón a la pintura o el dibujo. No hay traición si no hay nada que romper, algo que forzar. No es lo mismo trampear o ser veleta, que saltar el cerco con algún desgarro en el camino. No se excluye en esta idea, que puede sonar un poco trágica, la idea de lo festivo y del gesto suelto. Lo confirma en lugar de contradecir”.

'Ahora me encantan las palomas', de María Luque (2021)

La estética pop, festiva, erótica, amistosa e infantil es propia del contenido y las formas de las obras exhibidas. Como si la infidelidad a un proyecto propio, la apertura a nuevos materiales, la entrega al amateurismo de una disciplina de la que escritores y pintores aún no conocen sus secretos, les permitiera jugar sin finalismos, sin importar los resultados; un misterio donde es más importante estar que resolver. Infieles. De escritores que pintan o pintores que escriben saca del closet obras que nacieron para no ser expuestas y palabras que fueron escritas para no ser leídas. Lo que estaba en las sombras ahora está a la luz. Como escribió en el catálogo la curadora Magdalena Testoni: “La infidelidad se presenta; lo que estaba oculto ahora está a la vista, es el secreto peor guardado. En este caso, hace falta tan solo correr la túnica de terciopelo, tan pesada como la verdad, para inmiscuirse en la ficción de otrxs”.

Si andan por Buenos Aires, tienen tiempo hasta finales de noviembre para ver la muestra. Solo tienen que correr el telón rojo de terciopelo y, con pasos firmes y sigilosos, entrar sin mirar hacia atrás.

 

[Imágenes: MUSEO DEL LIBRO Y DE LA LENGUA - fuente: www.coolt.com]



segunda-feira, 24 de agosto de 2026

Alejandro Aróstegui: final de juego

La modernidad estética impulsa la vanguardia artística nicaragüense

Tríptico “Calentamiento global”, 2028. Técnica mixta y collage/tela. Alejandro Aróstegui. Colección privada

Escrito por Juan Carlos Flores Zuñiga 

En retrospectiva, la obra del veterano pintor Alejandro Aróstegui (Nicaragua, n.1935) ha transitado desde una expresión monocroma y patética a un colorido sobrio, sostenido en la gradación tonal y en el concepto que buscaba lo simple por medio de ciertos elementos geométricos y del entorno social, como la lata y la tierra arenosa. Pero, como veremos en el presente artículo, la afirmación, a partir de los ochenta y hasta el nuevo milenio, de un lenguaje muy uniforme en la tónica del redescubrimiento consolidó una fórmula que ha perjudicado el impacto de su legado. 

No lograba quitarse las miradas y los comentarios de encima, pero seguía impasible recogiendo objetos del suelo, sucios y abandonados, visitando los basureros y los anillos de miseria, antes en la década del sesenta en las cercanías del lago de Nicaragua, luego en la década del ochenta al oeste de San José de Costa Rica en Pavas y de vuelta en Managua en la década del noventa. 

“Me han detenido y estuve preso dos veces por parte de la policía, en Managua, por hacer mi trabajo”,1 me refirió, con una amplia sonrisa, en una entrevista años atrás, Alejandro Arostegui, pintor nicaragüense que ha dedicado al arte poco más de 60 de sus 91 años. 

Los objetos que recogía, principalmente latas, eran desechos urbanos que luego comprimía según la forma que le dictaba el material, para hacerlos partícipes como elementos pictóricos en cada uno de sus cuadros. 

Tuvo que salir de su nativa Nicaragua en 1984, pero, aunque seguía creando con los mismos materiales y técnicas, no resultaba fácil, según explica: 

"En mi país, en ese momento, todo estaba en función de la política. La palabra que predominaba era prioridad. Desde el punto de vista del sandinismo, lo que era prioritario era la defensa del país. El arte no tenía ninguna prioridad. En Costa Rica encontré la tranquilidad que andaba buscando para crear una obra con mayor simplicidad e intensidad en el colorido."2 

Sin monstruos sagrados 

Arostegui es un pintor cuya amplia trayectoria y consistencia estilística le han ganado un lugar en el arte latinoamericano. Sus inicios, como todo punto de partida, no fueron fáciles. Desde que estudiaba el bachillerato, le atraía la actividad plástica; después de clases iba a la naciente academia de arte, fundada por Rodrigo Peñalba, en 1948, pero su familia no favoreció su interés.

Estudió arquitectura en Nueva Orleans, Estados Unidos, a partir de 1954, pero al segundo año de carrera vio que no era lo suyo, sobre todo cuando le tocó matemáticas. Los siguientes años los pasó estudiando arte en Sarasota, Florida, y luego en Florencia y París. Cuando regresó en 1963 a Nicaragua, su vocación estaba definida. 

“Antes de 1963, era solo un estudiante de pintura”. Por entonces, el ambiente artístico en su tierra giraba en torno al academicismo; la práctica pictórica era muy rígida y todo se explicaba en razón de unos maestros del pasado, que eran el modelo de belleza exigido. 

En su opinión solo existían preocupaciones formales, y no se profundizaba en la pintura por lo que, a pesar de ser retraído y solitario, asumió la creación del grupo Praxis, con el que luchó contra el miedo a la libertad de los pintores de entonces, y el provincialismo. 

“Nos queríamos quitar de encima a los monstruos sagrados, los demás pontífices de la cultura nicaragüense, quienes se las daban de conocedores. Nos propusimos que fueran los pintores los que tuvieran la última palabra en lo que se refería a la pintura nicaragüense”,3 recuerda. 

El grupo se fundó sobre la base de la libertad creativa y continua experimentación, aunque al principio dominó cierta unidad en los medios de expresión empleados, cierta monocromía en la no figuración.

Empezaron a buscar lo auténticamente nicaragüense a través del expresionismo abstracto que permitía una amplia exploración técnica, la valoración primordial del sentimiento del autor y el manejo de materiales pictóricos, sin ninguna traba figurativa naturalista. 

Fueron años muy duros para los pintores de Praxi; no vendían nada. Nuevos viajes alejan a Arostegui de Nicaragua y le hacen ocuparse de otras temáticas sin abandonar su concepto informalista. 

Cuando regresó a Nicaragua, en 1971, Praxis se había comercializado y muchos de los pintores serios se habían retirado. 

Arostegui reorganizó entonces el grupo sobre metas de libertad y calidad, mientras su obra, claramente “matérica”, recibía la influencia definida del pintor y teórico francés, Jean Dubuffet, que se revela al retomar nostálgicamente la inocencia y en la aparente poca importancia que asigna a la corrección del dibujo académico. 

“Era una manera de aprovechar lo occidental sin caer en el truco visual”, explica el autor cuya obra, nutrida de materiales desechados por la sociedad urbana, revaloriza el objeto: lata o desperdicio. 

Lo misérrimo que busca testimoniar en su obra, a partir de elementos propios de los barrios marginales, lo emparenta con el compromiso social de los artistas centroamericanos de fines de la década del sesenta. 

Los títulos de sus cuadros explicaban el contenido: “Basurero N.º 1”, “Basurero N.º 2”, “Basurero N.º 3”, etc. El autor nunca separa el tema de su concepto estético, porque dice que hay una relación dialéctica ineludible cuando uno se entrega completamente a la práctica pictórica. 

“Tal vez uno parta de un tema, pero a medida que uno adquiere disciplina, quehacer, el tema cede al concepto; la anécdota deja de importar”.4 

No así para críticos e historiadores como Jorge Eduardo Arellano, quien sostiene que “Alejandro tomó resplandeciente la carroña capitalista, se apropió de nuestro diario paisaje lacustre y volcánico, revitalizó naturaleza e implantó, como un artesano infalible, mágicos objetos y monocromas texturas”. Todo lo urdió, lo configuró para combatir la soledad del hombre y revelarnos, con sus trazos obsesivos y exhaustivos, la pasión por el arte y su permanencia”.5 

Hasta el límite 

Para este pintor nicaragüense, cuya cabellera ha encanecido y cuyas gafas lo pueden hacer pasar inadvertido, la pintura ha sido toda su vida una forma de ser parte del mundo. 

La importancia de ser artista radica, para él, en aportar al universo. Por eso se conmueve ante los aportes civilizados de otros más universales, y “solo aspiro a contribuir en algo, hasta el límite de mis posibilidades”.6 

El alejamiento temporal de su país a mediados de los ochenta no afectó su práctica pictórica, sino que reafirmó el estilo personal que el mercado prefería.

“Al fin y al cabo”, señaló, “el hecho de estar en Nicaragua o en otra nación no significa que vaya a crear otra obra. El lago, los volcanes los he vivido y puedo transmitirlos en Managua, San José o en cualquier otra parte”, confiesa Arostegui, para quien su estancia en Costa Rica por seis años fue importante. 

El entorno es vital para mí, si no obstaculiza mi libertad de trabajo. Costa Rica me ofreció un ambiente que me daba tranquilidad y libertad y eso me estimulaba.7 

Pero pudo más el llamado de su tierra a la que regresó en 1990. 

La pintura de los sesenta, monocroma y patética en su expresión, fue cediendo en un proceso lógico a un colorido sobrio, a la pintura geométrica en lo conceptual; algo que tal vez Arostegui nunca se hubiera imaginado en sus años de formación. 

Aunque los elementos plásticos parecen a veces dominar sobre lo anecdótico y el objeto, la verdad es que la lata sigue siendo reconocible para el espectador, por pertenecer a la cultura del desperdicio, y de esa manera sirve como punto de partida frecuente para la creación del autor, de lectura para el público y de encuentro para el pintor y el receptor. 

Afirmación de la fórmula 

La lata ha sufrido tanto una evolución como una involución, ya que cuando el pintor la dejó de emplear como “collage”, pasó a figurar como elemento plástico, en cuadros de grandes dimensiones, siempre como punto de inicio para otros testimonios plásticos. 

Ocurre, sin embargo, que tras conseguir independizar la lata de su anécdota consumista, al común de los espectadores y coleccionistas comenzó a gustarles esa anécdota y su vinculación social con lo mísero de nuestras sociedades subdesarrolladas, lo que les permitía explicarse lo inexplicable, la esencia por el tema anecdótico. 

Aróstegui, que se empezó a reiterar hace ya varias décadas, solía en la primera fase de su carrera ahondar en nuevas propuestas y variantes; sin embargo, pareciera que hoy su proceso de madurez se circunscribe a la lata desechada, sin la cual sus cuadros no se sostienen en términos de profundización e indagación plásticas. 

Esto último explica, en parte, por qué ha vuelto a las complacencias gratuitas, dejando parte de los colores originales correspondientes a los desechos metálicos, así como sus membretes de lubricantes, lo cual ocurre, principalmente, en un contexto aséptico hacia lo misérrimo de su origen, como vimos el año pasado en su exposición en Art Miami.8 

El corolario de su trabajo es algo “muy atractivo” con fines decorativos; los valores plásticos han sido debilitados por la reiteración de su descubrimiento, con carácter de fórmula. 

En sus exhibiciones de los ochenta al presente, pocas obras como “Mesa flotante con cinco objetos grises” (1985) y “Mesa con tres latas” (1984) explicitan la primacía del valor plástico sobre el anecdótico. 

Mientras las restantes son, por lo general, extensiones y repeticiones, a veces imbuidas de nostalgia, de la obra del sesenta, como su paisajístico “Nocturno” (1985), de la pintura metafísica en “Dos mesas sobre paisaje” (1986) o de Magritte, en la estructura de “Mesa flotante con tres objetos y paisaje” (1983).9 O más recientemente, “Estrella fugaz” (1995), su tríptico “Calentamiento global” (2018) o sus cuadros del último quinquenio en los que continúa explotando su icónica temática de paisajes lacustres y figuras solemnes con base en latas recicladas, pero por medio de series de grabados más accesibles para el público. 

Los ejemplos citados podrían ser resabios de indagatorias postergadas o no concretadas. Algo así como estudios sin principio ni final o “golpes contra la pared”, para escapar a un estilo que, como el suyo, al comercializarse, podría incidir en su creatividad e imponer, en cuanto artista, las futuras condiciones de su labor, si no se interpone una rebeldía. 

Estoy convencido de que Aróstegui ha sido un pintor con oficio y talento suficientes para superar su estancamiento plástico. Pero el tiempo ha demostrado de manera inexorable que sin la necesaria autocrítica y el distanciamiento de aquello que lo hizo famoso internacionalmente, a la mitad de su carrera, su legado ha sido dañado de manera irreparable. 

Notas

1 Flores Zúñiga, J.C. (6-12 de diciembre de 1985) “Arostegui: punto de partida y encuentro”. Revista: Rumbo Centroamericano. Volumen: 1, N°: 58, p. 26.
2 Ibid.
3 Ibid.
4 Ibid.
5 Arellano, J.E. (23 de enero de 2016). Nueve pintores nicaragüenses. Diario La Prensa. Managua, Nicaragua.
6 Flores, J.C. (6-12 de diciembre de 1985). P. 27
7 Ibid.
8 Gleire, Ch. (14 de septiembre de 2025). Alejandro Arostegui & Praxis. Art Miami Magazine.
9 Flores Zúñiga, J.C. (5 de setiembre de 1986). “Aróstegui: Descubrimiento y fórmula”. La Nación, p.2B.

 

[Foto: AKEZ - fuente: www.meer.com]


Berta Lorenzo: «Volem que la cultura a Santa Coloma sigui accessible per a tothom»

Parlem amb una de les fundadores de Bohemia Kollectiv, una entitat cultural formada per cinc joves de Santa Coloma de Gramenet que impulsa concerts, cinema, exposicions i altres activitats per acostar la cultura a tota la ciutadania.

El cinema a l'aire lliure és una de les propostes de Bohemia Kollectiv.

Entitat redactora: LaviniaNext

Autor: Dani Sorolla 

Durant més d’una dècada, anar al cinema no era una opció a Santa Coloma de Gramenet. Avui, gràcies a Bohemia Kollectiv i al projecte Cinema 089, la ciutat ha recuperat aquesta experiència amb sis projeccions gratuïtes a l’aire lliure que han tornat a reunir el públic al voltant de la pantalla gran. 

Amb tot, el cinema és només una de les propostes d’aquest col·lectiu format per cinc joves colomencs, que en gairebé tres anys també ha impulsat concerts, exposicions, teatre, monòlegs, mercats d’artistes i un concurs de bandes. Amb la Berta Lorenzo repassem els orígens de Bohemia Kollectiv i aprofundim en la voluntat de fer barri de l’entitat i el repte de consolidar una oferta cultural accessible per a tothom.

Què és Bohemia Kollectiv i amb quin objectiu va néixer?

Bohemia Kollectiv va néixer com una associació cultural sense ànim de lucre. Vam començar organitzant exposicions d’art combinades amb concerts, amb la idea d’aplegar dues expressions creatives en una mateixa activitat. Des de l’any passat, també som cooperativa. Complementem l’activitat de totes dues estructures i, a través de la cooperativa, oferim, per exemple, el servei gastronòmic dels esdeveniments. Això també ens ajuda a finançar el projecte.

Sou un grup de cinc amics que us coneixeu des de l’institut. En quin moment decidiu organitzar-vos i crear l’associació?

Tot va sorgir arran d’una activitat amb la Rita Hervas, una artista local de Santa Coloma. Tenia una exposició molt bonica, formada per dibuixos de veïnes de la ciutat, i buscava un lloc on mostrar-la. El pare del Pol Santamaria, un dels membres de l’associació, té la Taverna GaudiR, a Santa Coloma, i vam aprofitar l’espai per organitzar-hi l’exposició.

Com va anar aquella primera activitat?

Molt bé, ens va agradar moltíssim l’energia que s’hi va generar i com va anar tot. Després, va sorgir una segona exposició, amb FulanitoIvan, en què ja vam incorporar un concert. Va funcionar molt bé i va ser aleshores que vam començar a desenvolupar la idea de Bohemia Kollectiv d’una manera més seriosa. Vam veure que podia tenir continuïtat i que podíem ampliar el projecte més enllà de les exposicions.

Quines activitats i projectes impulseu actualment?

Aquest any ens hem centrat sobretot en el cinema. També hem organitzat un concurs de bandes, amb deu concerts en directe durant un cap de setmana. Ara impulsem, per segon any, un cicle de concerts setmanals al restaurant El Perdut, amb Santako Music. A més, també hem organitzat monòlegs, teatre i exposicions.

 

Com decidiu quines activitats organitzeu?

Treballem per temporades, principalment la d’hivern i la d’estiu. Intentem reunir-nos cada setmana i, al final de cada etapa, fem una valoració del que hem fet i plantegem noves idees. Tenim moltes propostes que encara no hem pogut desenvolupar i que continuen guardades al calaix. Com que som cinc, ens sorgeixen moltíssimes idees, però les hem d’acotar per una qüestió de temps, perquè cadascú també té la seva feina.

Quin tipus de cultura voleu promoure i a quin públic us adreceu principalment?

Al principi, volíem adreçar els esdeveniments especialment al públic jove. A la pràctica, però, hi ha participat gent molt diversa i, de vegades, més adulta. Al cinema, per exemple, venen des d’adolescents fins a persones grans. El públic depèn molt de cada activitat. 

El festival Metxa va marcar un punt d’inflexió en aquest sentit. 

Va ser el primer esdeveniment de més dimensió que vam organitzar. Va néixer d’una proposta de l’Ajuntament per fer una mena de campanades o trobada de tarda, i nosaltres el vam convertir en un market amb tallers i molts artistes que hi van poder vendre i exposar les seves creacions. Va ser molt bonic i va atreure especialment molta gent jove. En qualsevol cas, no tanquem les activitats a ningú. El nostre objectiu és que la cultura sigui accessible per a tothom.

Santa Coloma de Gramenet és una part central del projecte. Què significa per a vosaltres crear cultura des de la ciutat?

El nostre nucli és Santa Coloma i tot el que hem fet fins ara ha estat aquí. Per a nosaltres és molt important poder promoure activitats culturals a la ciutat. Santa Coloma és molt activa, amb molta vida al carrer i un fort esperit de comunitat. Tot i això, de vegades hi ha activitats que poden no semblar accessibles per a tothom. El nostre objectiu és oferir cultura de manera gratuïta i sense condicionants.

Una de les vostres iniciatives més visibles ha estat Cinema 089. Com neix la idea de recuperar l’experiència d’anar al cinema a Santa Coloma?

Era una idea que teníem al cap des que va néixer l’associació, però és un projecte difícil d’organitzar. Ha estat un procés llarg, perquè hem hagut de cercar molta informació i resoldre qüestions relacionades amb el material, els permisos i la manera de fer-ho gratuïtament i dins de la legalitat. Aquest any, el Departament de Joventut ens ha donat força suport en els projectes que hem anat proposant. Quan vam presentar la idea del concurs de bandes, també vam posar sobre la taula la proposta del cinema a la fresca. Va agradar molt, ens van donar el vistiplau i vam començar a posar-ho tot en marxa.

Quina resposta heu rebut del públic?

La resposta ha estat molt bona. Estem molt contentes perquè, per exemple, en les dues últimes sessions hem fet sold out. N’estem molt orgulloses, la veritat.

Doneu tanta importància al fet que les activitats siguin espais de trobada i no només propostes de consum cultural.

Volíem potenciar aquesta idea de fer barri. A l’activitat de cinema, per exemple, abans de la pel·lícula preparem una zona amb taules, com si fos una terrassa, perquè la gent pugui arribar abans, sopar i compartir una estona. S’hi està molt bé i el públic ho agraeix moltíssim. A més, el servei gastronòmic que oferim com a cooperativa també ens ajuda a tirar endavant l’activitat. Després de la pel·lícula toca recollir, que és la part menys agraïda, però també forma part de tot plegat.

I treballeu sovint amb artistes, comerços i entitats locals.

Sí. Totes les sessions de cinema han estat apadrinades per una entitat de la ciutat, i ha estat una experiència molt bonica.

Què diries que heu après durant aquests primers anys de trajectòria?

D’alguna manera, crec que tant els meus companys com jo hem après com funciona la vida adulta (riu). Quan vam començar el projecte teníem 22 o 23 anys i encara érem molt joves i innocents. Amb l’experiència que hem anat adquirint, tant en l’àmbit cultural com en el gastronòmic, també hem descobert la part més empresarial del projecte. És una part complicada i cal anar amb molta cura.

I, malgrat les dificultats, el projecte també us ha donat moltes satisfaccions.

I tant, també hem après a gaudir veient que la gent està contenta amb el que fem. Intentem treure forces de tot allò positiu que ens aporta el projecte per afrontar les dificultats. Al final, els aspectes positius pesen més a la balança. Per això continuem. 

Quins projectes o reptes teniu sobre la taula de cara als pròxims mesos?

Ara que tenim una mica més d’equip, sobretot en l’àmbit tècnic, ens agradaria fer alguna cosa més gran. Primer de tot, però, volem mantenir les tres activitats principals que hem impulsat aquest últim any: el festival Metxa, el concurs de bandes i el cinema. Seria meravellós consolidar-les i convertir-les en una tradició a la ciutat. 

I continuar creixent?

Sí, també volem ampliar l’equip i continuar fent créixer el projecte, perquè de vegades necessitem més mans. La idea és portar tot el que fem a un altre nivell. Ja portem gairebé tres anys de trajectòria i ha estat molt bonic veure com ha evolucionat el projecte.

 

[Foto: Pexels (Llicència CC - font: www.xarxanet.org]

quarta-feira, 5 de agosto de 2026

El Picabia més català

El Museu d’Art Modern de Ceret revisa en una exposició la intensa connexió de l’artista dadaista amb Catalunya  

Francis Picabia, Diana (1922). Foto: Jordi Puig © Ajuntament de Girona 

Escrit per Montse Frisach

Periodista i crítica d'art

Francis Picabia (1879-1953) va ser un dels artistes de l’avantguarda internacional que més va treballar amb el galerista Josep Dalmau a la seva galeria de Barcelona. Gairebé es pot dir que Picabia va ser un protegit de Dalmau i un artista fonamental per entendre el lligam de la galeria amb l’art modern. Curiosament, l’única obra de l’avantguarda internacional exposada per Dalmau que es va quedar a Catalunya va ser Diana, una obra de Picabia que era una maqueta per al cartell de l’exposició de l’artista a la galeria el 1922. Aquesta obra va acabar formant part de la col·lecció de Rafael i Maria Teresa Santos Torroella, avui en dia propietat de l’Ajuntament de Girona.

Ara aquesta peça ha viatjat al Museu d’Art Modern de Ceret (Vallespir) per formar part de l’exposició Picabia, Mediterrani, una mostra que reflecteix, entre altres facetes, la intensa connexió de l’artista francès amb Catalunya, en un moment fonamental de la seva evolució artística, entre 1913 i 1924. L’exposició és, de fet, un estudi sobre com es va conformar el llenguatge de Picabia, molt sui generis en el context de les avantguardes històriques, i quin va ser el caldo de cultiu que va portar al naixement del dadaisme cap aproximadament el 1917. 

Però més enllà d’intencions més historiogràfiques, la mostra és un passeig per un moment crucial per a un col·lectiu d’artistes que van trencar fronteres estètiques en una època convulsa, marcada per la Primera Guerra Mundial, des de Duchamp a Robert i Sonia Delaunay, passant per PicassoAlbert GleizesOlga SacharoffNatalia GontxarovaMan RayAlbert Stieglitz o Marie Laurencin. No es tracta, doncs, d’una exposició exclusivament de Francis Picabia, sinó que a través de gairebé un centenar d’obres, entre pintures, dibuixos, escultures, fotografies, revistes i material d’arxiu, és possible copsar l’esperit agosarat i modern de la colla d’artistes que van envoltar Picabia en aquest període. L’exposició, oberta fins al 29 de novembre, és una de la quinzena de mostres que França distingeix anualment com a “exposició d’interès nacional”.

Dona amb mantellina de Picasso. Foto Gasull. © Successió Picasso 2026. Foto: Jordi Puig - Ajuntament de Girona

El recorregut de la mostra, però, no comença a Catalunya sinó a Nova York, ja que Picabia va exposar el 1913 a l’exposició de l’Armory Show. El cocomissari de la mostra i director del museu de Ceret, Jean-Roch Dumont Saint Priest, remarca que Picabia és el primer artista europeu que porta l’esperit de l’avantguarda artística als Estats Units. És a la ciutat nord-americana que l’artista deixa definitivament les seves recerques impressionistes i fauvistes, fascinat pel món de la velocitat i les màquines, un univers que estarà lligat per sempre a Picabia. Allà entra en contacte amb Man Ray, Duchamp i Gleizes i esdevé “un lligam artístic entre França i els Estats Units”. 

D’aquest moment, ha viatjat des del Museu Thyssen de Madrid una obra crucial del 1914 que il·lustra aquesta transició titulada, en francès, Embarras, en el sentit d’alguna cosa que és un tràngol, un desgavell. És una escena aparentment abstracta i geomètrica que reflecteix “el sentiment d’estar sobrepassat pels avenços tècnics i la mecanització”. Picabia estava tan fascinat per la velocitat que va arribar a posseir 127 cotxes, explica Gwendoline Corthier-Hardolhn, cocomissària de l’exposició. També es pot veure un paisatge de Nova York, de Gleizes, o una composició de Juliette Roche, la seva parella, que evoca els gratacels de la ciutat, així com un estudi preparatori de Duchamp per a la seva obra mestra, Le Gran Verre.

Francis Picabia, Embarras (1914). Foto: Museu Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid

A Nova York, Picabia va participar en la revista 291, promoguda per la galeria 291 d’Alfred Stieglitz, en la qual l’artista ja publica alguns dels seus cèlebres retrats mecanomorfs, els quals les formes mecàniques semblen humanitzar-se. Aquesta serà la llavor de la revista 391 que Picabia crearà a Barcelona, promoguda per Dalmau el 1917, i que a l’exposició es pot admirar totalment en els seus 19 números.

L’estada de Picabia a Catalunya constitueix el gruix de l’exposició. Hi va arribar fugint de la guerra a França i a Barcelona lloga un pis al carrer de la República Argentina. De seguida es va integrar al grup d’artistes i intel·lectuals europeus exiliats entre els quals hi havia Marie Laurencin, Serge Charchoune, Helène Grünhof, Olga Sacharoff i Otto Lloyd (que passen per Ceret abans de creuar la frontera) o Robert i Sonia Delaunay, que es mouen entre Barcelona i Tossa de Mar. Són artistes d’una gran diversitat estètica, cosa que es pot veure a la mostra amb les obres cubistes del paisatge de Tossa d’Otho Lloyd, o la fantàstica dona pensativa que retrata Sacharoff. Hi ha descobriments curiosos a la mostra, gràcies a la importància que l’exposició dona a les artistes del grup. Juliette Roche, parella d’Albert Gleizes, retrata el 1915 una sèrie de dones passejant per les Rambles barcelonines, amb els seus grans ventalls, amb un estil pròxim a Modigliani, però que presagia l’estètica canalla de l’Ocaña de la dècada dels anys setanta. Tot un descobriment.

Juliette Roche, Estudi per a les Rambles, 1916. Foto: Nicolas Giganto © Adagp, París, 2026

La mostra també recorda un dels esdeveniments més performatius d’aquell moment a Barcelona. El poeta i boxador, Arthur Cravan, cosí d’Otho Lloyd i nebot d’Oscar Wilde, es va enfrontar al nord-americà Jack Johnson, primer campió del món negre dels pesos pesants, a la plaça de toros Monumental. Johnson també s’havia refugiat a Barcelona perquè als Estats Units l’acusaven de tracta de blanques per haver-se casat amb una dona blanca. Cravan va guanyar alguns dinerets amb el combat, però al cap de vint segons ja havia perdut contra Johnson. El pintor Kees Van Dongen va retratar al campió com si fos un déu africà. 

A la mostra es dedica un apartat a explicar la importància de Josep Dalmau en la difusió de l’avantguarda a Catalunya, cosa que segons apunta el director del museu, és el primer cop que es fa a l’Estat francès. S’hi mostren obres relacionades amb el galerista com dibuixos de Miró del 1917, l’any que fa la seva primera exposició individual a les galeries Dalmau. S’hi mostren també interessants documents, provinents de l’arxiu Santos Torroella de l’Ajuntament de Girona, com una carta de Laurencin a Dalmau en què li diu que Barcelona és una ciutat “massa masculina per al meu gust”, o una altra de Sonia Delaunay al galerista amb lletres de colors. Aquest apartat de l’exposició connecta perfectament amb la mostra Reconstruint les Dalmau, comissariada per Joan M. Minguet, que es pot veure al Museu Abelló de Mollet del Vallès.

Josep Dalmau va impulsar la revista 391 i en aquesta publicació és on Picabia desenvolupa les seves idees antipictòriques i les formes híbrides entre el món mecànic i l’orgànic que prefiguren l’univers dadaista. A l’exposició es poden veure, a més dels números publicats, maquetes i dibuixos originals d’artistes que, a més de Picabia, van col·laborar a la revista com Jean Arp, Man Ray, Duchamp o Alice Bailly. La Santa Verge II (1920) és una de les obres de Picabia, incloses en la revista, que constitueix tot un manifest irònic sobre l’estètica de l’atzar, ja que posa el centre en les taques i esquitxades de pintura negra esteses sobre el paper, en una mena de preludi de la pintura abstracte de postguerra. La revista es va publicar del 1917 al 1924, amb quatre números publicats a Barcelona, i més endavant a Nova York, París i Zúric.

Francis Picabia, La Santa Verge II (1920). Foto: Suzanne Nagy

L’interès d’aquests artistes per la representació del folklore espanyol i el flamenc i sobretot per les dones amb mantellines i ventalls clou l’exposició. És una secció curiosa  sobre una mena de “moda” entre molts dels artistes d’avantguarda al voltant d’aquestes figures femenines. Picasso va retratar la dona del pintor Rafael Martínez Padilla amb un estil postpuntillista quan va venir a Barcelona amb motiu de l’estada dels Ballets Russos a la ciutat el 1917. Aquesta obra és una de les estrelles de l’exposició, prestada pel Museu Picasso de Barcelona. En aquesta secció també es poden veure “espanyoles” i ballarines pintades per Marie Laurencin, Sonia Delaunay o Juliette Roche.

I evidentment no hi falten les “espanyoles” molt fines i amb pocs colors de Picabia, un artista que s’havia sentit atret per la cultura ibèrica des de la seva pròpia condició multicultural. “Soc nascut a París, de família cubana, espanyola, francesa i italiana, americana, i el més sorprenent és que tinc la impressió molt clara de ser de totes aquestes nacionalitats a la vegada”, havia dit.

 

[Font: www.nuvol.com]




quinta-feira, 4 de junho de 2026

Giorgio de Chirico, Ritorno al Mediterraneo

Une méditerranée métaphysique


Écrit par Jean-Paul Gavard-Perret

Cette exposition présente environ cinquante œuvres, dont des peintures à l’huile, des aquarelles et des dessins de l’un des plus grands artistes du XXe siècle. Mais ce parcours est surtout dédié aux dernières décennies de la production du grand maître de la Métaphysique, en se concentrant sur la relation entre sa peinture et l’imaginaire méditerranéen.

Pour de Chirico, la Méditerranée est à la fois un lieu réel et symbolique : la mer qui unit la Grèce et l’Italie et, en même temps, l’espace culturel dans lequel certaines des traditions artistiques européennes les plus importantes se sont formées. Dans cet horizon de mémoire et de mythe, la peinture devient un outil pour remettre en question l’histoire de l’art et la dimension la plus profonde de l’expérience humaine. Cette exposition est une occasion de mettre en dialogue la grande peinture du XXe siècle avec l’identité italienne en tant que lieu à la frontière entre la terre et la mer, entre l’histoire et le mythe.

De Chirico a repris et transformé les thèmes de sa peinture métaphysique. Mannequins, archéologues, gladiateurs et salles énigmatiques deviennent les protagonistes de nouvelles images pleines de mystère. La mer ici prend la valeur d’un espace mental et symbolique, un paysage de mémoire dans lequel le temps semble suspendu. Des œuvres telles que les célèbres Thermes Mystérieux, où le parquet se transforme en une surface marine imaginaire, montrent comment la Méditerranée devient de plus en plus une dimension intérieure de la peinture.


Giorgio de Chirico. Ritorno al Mediterraneo, livre éponyme et Museo Civico Archeologico Michele Petrone, Vieste, du 23 mai au 27 septembre 2026

[Source : www.lelitteraire.com]

quinta-feira, 14 de maio de 2026

‘Runa Simi’: la lluita per doblar una pel·lícula a una llengua discriminada

Runa Simi és un documental dirigit per Augusto Zegarra que participarà en el festival DocsValència, té com a una de les seus l’Octubre Centre de Cultura Contemporània. L’obra conta la història de Fernando Valencia, un peruà que busca doblar la pel·lícula El Rei Lleó al quítxua. Però es troba amb un obstacle: aconseguir el permís de Walt Disney. 

Fernando i Dylan Valencia al documental 'Runa Simi'

Escrit per Amparo San Lorenzo 

Fernando Valencia i el seu fill Dylan tenen el somni de doblar la pel·lícula El Rei Lleó al quítxua. Tot i que aquesta llengua té entre 8 i 10 milions de parlants, i al país de Fernando, el Perú, en té uns 4 milions, quasi cap pel·lícula està doblada al quítxua. Runa Simi mostra la lluita per aconseguir el permís de Walt Disney per fer el doblatge. Aquesta obra de no-ficció posa de manifest la importància que els xiquets tinguen al seu abast productes infantils que puguen entendre. A partir d’una història personal i al so de quítxua, castellà i anglés, Runa Simi reivindica que la cultura és essencial per a defendre les llengües discriminades. 

El quítxua és una llengua cooficial al Perú. Segons la Constitució ho és «allà on predomine». No obstant això, molts serveis al país no estan garantits en aquesta llengua, tot i que hi ha persones que no dominen totalment el castellà. En el passat, va estar prohibida a partir de l’any 1781. Actualment, els parlants de quítxua moltes vegades pateixen discriminació social. Per una part de la societat, és vista com una llengua rural, relacionada amb la pobresa i l’endarreriment. «Avui, si parles quítxua, encara et miren com si fores menys; per això la gent no el parla, per això l’estem perdent», explica Valencia al documental. 

Tot va començar un dia en què va anar a casa d’uns amics. Els fills d’aquests veien L’edat del gel, però no entenien què deien a la pel·lícula. Aleshores va decidir començar amb els Quítxua clips una sèrie de vídeos de YouTube d’escenes de pel·lícules infantils doblades al quítxua. Aquells vídeos es van fer virals i moltes escoles van demanar-li on podien trobar la pel·lícula completa. Fou aleshores quan va pensar que havia de fer alguna cosa més gran: havia de doblar un llargmetratge sencer.

Fernando Valencia mostra els vídeos doblats al quítxua als xiquets

 

Per què El Rei Lleó? «Per mi, la història d’El Rei Lleó és molt pareguda a la del quítxua. Igual com Simba, el quítxua ha sigut desplaçat del seu lloc. Hi ha hagut d'estar amagat per sobreviure», afirma a Runa Simi. Durant tot el film, el gran repte és aconseguir el permís de Walt Disney. Fernando Valencia ho intenta de totes les maneres, escriu a tots els llocs que coneix, viatja a Lima… Lluita per ser escoltat. Paral·lelament, prepara el doblatge. Fa proves als actors, prepara el guió, assaja… Perquè no aconseguir-ho, per a ell, no és una opció

El documental ens capbussa en el dia a dia de Valencia i el seu fill. L’espectador es transporta al Perú, amb els Andes i xicotetes poblacions rurals com a paisatge. La fotografia i les imatges permeten que el públic s’embriague de l’ambient en què ocorre la història. L’entorn és una part fonamental per a entendre el conflicte lingüístic. A més, Runa Simi mostra la distància entre les ciutats de Cusco i Lima i les zones camperoles, on les vides són radicalment diferents. 

Les parts més emotives són aquelles en què es veu l’efecte que els dibuixos doblats al quítxua tenen en els xiquets. Riuen, els comenten i els miren amb sorpresa. «El millor que m’ha pogut passar és veure un grup de xiquets rient amb la pel·lícula, però, encara és més bonic veure un ancià que mai en la seua vida no va comprendre un dibuix animat, rient perquè per primera vegada pot entendre què estava passant», explicava el protagonista en una taula de debat sobre nous mètodes de preservació de l’idioma. Al documental apareixen diferents associacions que treballen en la matèria.

Runa Simi mostra com la discriminació d’algunes llengües marca la vida de les persones. Posa de manifest el dret, sobretot dels més xicotets, a l’oci. Perquè El Rei Lleó no és només una pel·lícula; són rialles, records i una manera de lluitar contra la desaparició d’un idioma. Fernando Valencia treballa perquè els xiquets quítxuaparlants tinguen l’oportunitat de gaudir de les pel·lícules. Cap problema o obstacle no el fa rendir-se. Com diuen a El Rei Lleó: Hakuchu Munayta!


El festival

Aquest és un dels 46 documentals que es projectaran al festival DocsValència Espai de No Ficció. Runa Simi es podrà veure a l’Octubre Centre de Cultura Contemporània (OCCC) els dies 16 i 21 de maig a les 20 hores. Aquesta és la dècima edició del festival i la que compta amb més peces cinematogràfiques. Hi ha dues categories de documentals valencians: Fragments i Mirades. Algunes de les altres seus són els Cines Lys, La Filmoteca o els Cines Babel.

 

[Font: www.eltemps.cat]