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sábado, 29 de agosto de 2026

EEUU contra Cuba: el motor de una “izquierda terrorista” mundial

El trumpismo resucita un macartismo con ecos del discurso eugenésico nazi con un informe de 100 páginas en el que señala a periodistas, políticos y activistas.

Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, durante una rueda de prensa en mayo de 2026. 

Escrito por Sebastiaan Faber 

El 20 de julio, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicó un informe de 100 páginas sobre Cuba que argumenta que, desde 1959, el régimen castrista ha sido un motor de una “izquierda terrorista” mundial que ha logrado infiltrarse en grandes partes de la sociedad norteamericana, aliándose con organizaciones poderosas y reclutando a políticos, periodistas y activistas prominentes. No es casual que el informe se publicara días después de una cumbre internacional, con 60 países, sobre “el auge mundial del extremismo de izquierdas y el terrorismo político” en la que Marco Rubio, el secretario de Estado y potencial candidato a la presidencia en 2028, indicó que la mayor amenaza a la seguridad ya no proviene del terrorismo islámico, sino de la izquierda.

En comparación con la Estrategia de Seguridad Nacional –el estrafalario documento de noviembre que, entre otras cosas, reafirmaba la hegemonía hemisférica de Estados Unidos–, el informe sobre Cuba no solo es más extenso, sino más coherente y riguroso. También está mejor escrito. Pero lo más llamativo son sus ecos macartistas: no duda en señalar con pelos y señales a una larga lista de individuos y colectivos, incluidos periodistas como Amy Goodman (de Democracy Now!), organizaciones como los Socialistas Demócratas de América (DSA) y el Gremio Nacional de Abogados (National Lawyers Guild); políticos como Zohran Mamdani y Karen Bass (alcaldes de Nueva York y Los Ángeles), congresistas como Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders e Ilhan Omar y activistas como Ben Cohen (empresario cofundador de Ben & Jerry’s) o Alicia Garza (fundadora de Black Lives Matter).

El objetivo del informe parece doble: no solo se trata de reafirmar a Cuba como un poderoso enemigo de la American way of life –justificando de antemano una posible intervención en la isla–, sino, sobre todo, de demonizar a una gran parte la izquierda norteamericana como peligrosa, terrorista, antipatriótica, inmoral y, en última instancia, subhumana. En este sentido, este informe sobre Cuba solo es el capítulo más reciente en una clara estrategia que ya se anunciaba en el Proyecto 2025 y que se aceleró a la zaga del asesinato de Charlie Kirk en septiembre. 

Así, el memorándum presidencial Seguridad Nacional (NSPM-7), publicado ese mismo mes de septiembre, buscaba tildar de “terroristas” una larga serie de ideas progresistas que se resguardaban “bajo el paraguas del autodenominado ‘antifascismo’”. “Los hilos comunes que animan esta conducta violenta”, afirmaba, “incluyen el antiamericanismo, el anticapitalismo y el anticristianismo; el apoyo al derrocamiento del Gobierno de los Estados Unidos; el extremismo en torno a la migración, la raza y el género; y la hostilidad hacia quienes mantienen las visiones tradicionales estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad”.

El NSPM-7 ya ha servido para que las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia redoblen su vigilancia y persecución de la izquierda en Estados Unidos. Aunque su éxito en los tribunales ha sido desigual, la invocación de “Antifa” como una red de “terroristas domésticos” dedicada a organizar una conspiración violenta para derrocar el Estado ha permitido detener a 15 ciudadanos de Minneapolis por hacer seguimiento al ICE (la policía migratoria) y condenar a penas inauditas de entre 20 y 100 años a un grupo de activistas en Texas, como reportaba Guillem Martínez a finales de junio. Es muy posible que el informe sobre Cuba tenga una secuela judicial similar. 

Alrededor de estos informes se ha construido un discurso cuyo objetivo es la erosión del Estado de derecho y los derechos constitucionales. “Se pueden llamar a sí mismos anticapitalistas o antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas”, declaró Rubio ante The Guardian el 16 de julio“Siempre es lo mismo. Es un resentimiento tóxico revestido de un discurso sobre la igualdad, la justicia y la liberación –una necesidad abrumadora de tirar abajo, de destruir todo lo que es bello y justo, de parte de una gente que está repleta únicamente de fealdad y practica la violencia y el terror porque no tiene nada más que ofrecer al mundo–”.

Al día siguiente, Stephen Miller, subjefe de gabinete y principal asesor de política y seguridad nacional de Donald Trump, aprovechó una rueda de prensa para subir el tono. “No es una coincidencia”, dijo, “que cuando miras estas manifestaciones violentas de Antifa, cuando ves cualquiera de las fotos de quienes se reúnen en ellas, ninguna persona, para decirlo francamente, parece normal. Ni una parece normal. Todos están, de alguna u otra forma, deformados en su apariencia, su forma de vestir, en su manera de ser. ¿Por qué? Si comparas dos fotos, de una calle normal en Estados Unidos y una manifestación antifa, ¿por qué no hay ninguna persona normal entre la gente que se manifiesta de forma violenta? Porque cada uno, a través de su vida y de sus decisiones, ha dejado cicatrices en su cuerpo y en su aspecto, de muchas formas diferentes, hasta el punto de que su aspecto exterior se convierte en una manifestación de su odio interior”. Son obvios los ecos de la eugenesia nazi. (Y, para un público español, del falangismo. En su novela Madrid de corte a checa, Agustín de Foxá describía a sus personajes republicanos como seres movidos por “la revancha de los débiles contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los listos” porque “odiaban toda superioridad”.)

En la carta que envió la historiadora Heather Cox Richardson el 17 de julio a sus más de cinco millones de suscriptores en Substack y en las redes, recordaba que J.D. Vance, el vicepresidente neocatólico, ayudó a promocionar hace dos años el libro Unhumans: The Secret History of Communist Revolutions (and How to Crush Them) (“Los antihumanos. La historia secreta de las revoluciones comunistas –y cómo aplastarlas–”)del influencer ultra Jack Posobiec. “En el pasado”, afirmó Vance, “los comunistas marchaban por las calles con banderas rojas. Hoy, marchan por los departamentos de recursos humanos, los campus universitarios y los tribunales, donde practican lawfare contra gente buena y honesta”.

En el libro, Posobiec tilda a las personas de izquierdas de “antihumanos” porque “se oponen a todo lo que constituye la humanidad. Al oponerse a la humanidad misma, ellos se autoexcluyen por completo de la categoría [de lo humano], ubicándose en una subdivisión completamente nueva, impulsada por la miseria, de lo antihumano”. Posobiec se une al conjunto de pensadores de la extrema derecha norteamericana que reconocen como modelo y héroe anticomunista a Francisco Franco. “Algunas de las personas más poderosas del actual gobierno son conversos recientes al catolicismo que no han ocultado su admiración por los regímenes integristas, incluido el franquismo”, dijo la historiadora Kirsten Weld en estas páginas el pasado noviembre. “Forman parte de una corriente del pensamiento reaccionario estadounidense que buscó inspiración en España, no solo en los años 30, sino también en los 60 y 70”.

Para Richardson, los ecos del libro de Posobiec en los discursos de Rubio y Miller son inconfundibles. La historiadora recuerda, además, lo que el prólogo al libro, escrito por Stephen Bannon, pone como epígrafe: “El comunismo ocurre cuando freaks feos y deformados ilegalizan la normalidad y, después, roban y/o matan a todas las personas exitosas, movidos por un resentimiento mezquino y por la crueldad. La ideología no es más que una fachada”.

 

[Foto: Molly Riley / TWH - fuente: www.ctxt.es]


quinta-feira, 27 de agosto de 2026

«Comer con los ojos»: un fascinante viaje por la historia del arte y la gastronomía

Comer con los ojos, de Jorge Guitián, es una propuesta original que demuestra que el arte también puede disfrutarse a través de los sentidos. Lejos de limitarse a analizar pinturas desde una perspectiva tradicional, el autor propone observarlas desde un ángulo tan cotidiano como sorprendente: la comida. El resultado es un recorrido ameno y enriquecedor por la historia del arte, en el que platos, bebidas, cocinas y escenas alrededor de la mesa se convierten en pistas para comprender mejor las sociedades que los representaron. 


Uno de los grandes atractivos del libro es su capacidad para descubrir significados ocultos en elementos que muchas veces pasan desapercibidos. Una naranja, una copa de vino, una sopa, una empanada o una taza de chocolate pueden parecer simples detalles decorativos, pero Guitián demuestra que detrás de ellos se encuentran historias relacionadas con el poder, el deseo, la pobreza, el comercio, la religión, el colonialismo, la clase social y la memoria. 

La selección de obras convierte la lectura en un verdadero viaje cultural. Desde el Pórtico de la Gloria hasta artistas como Vermeer, Brueghel, Willem Kalf, Luis Meléndez o Doris Lee, cada capítulo abre una puerta hacia otra época y permite comprender cómo los alimentos han acompañado la evolución de las sociedades. La gastronomía funciona así como una herramienta para acercarnos a la historia desde una perspectiva diferente, más sensorial y cercana. 

Otro de los puntos fuertes de Comer con los ojos es su tono accesible. Aunque aborda cuestiones relacionadas con la historia del arte, no resulta una lectura distante ni excesivamente académica. Al contrario, consigue relacionar la alta cultura con experiencias que todos conocemos: cocinar, comer, compartir una mesa o disfrutar de determinados sabores y aromas. Esa conexión hace que el lector pueda sentirse parte del recorrido. 

Además, el libro tiene la capacidad de cambiar nuestra manera de observar las imágenes. Después de leerlo, resulta difícil contemplar un cuadro con la misma mirada. Los alimentos dejan de ser simples objetos representados y adquieren nuevos significados, convirtiéndose en testimonios de las costumbres, desigualdades, creencias y deseos de cada época. 

En definitiva, Comer con los ojos es una lectura especialmente recomendable para quienes sienten curiosidad por el arte, la gastronomía y la historia. Jorge Guitián consigue unir estos mundos con inteligencia, sensibilidad y mucho interés. Un libro delicioso en el sentido más amplio de la palabra, capaz de alimentar tanto la curiosidad como la imaginación.

 

 

[Fuente: www.culturamas.es]

terça-feira, 25 de agosto de 2026

Vivre avec moins pour être plus libre : l’étonnante sagesse de Diogène

Les philosophes grecs de l’Antiquité Socrate, Antisthène et Diogène nous ont légué de précieux conseils pour mener une vie saine et vertueuse.

« Diogène », 1860, de Jean-Léon Gérôme. Huile sur toile ; 74,5 cm sur 101 cm. Acquis par William T. Walters en 1872. Walters Art Museum, Baltimore. Photo : domaine public 

Écrit par Lorraine Ferrier

Selon le philosophe grec de l’Antiquité Socrate (470 av. J.-C.-399 av. J.-C.), la clé d’une vie bonne réside dans l’autosuffisance, et cette vie bonne repose sur la vertu. L’ami de Socrate, Antisthène (455 av. J.-C.-365 av. J.-C.), fonda la philosophie du cynisme autour de la liberté, de l’idéal socratique d’autosuffisance et de la conviction que l’une et l’autre peuvent se réaliser à travers les rigueurs du labeur et de l’adversité.

Diogène (404 av. J.-C.-323 av. J.-C.), qui mit cette philosophie en pratique, affirmait que la seule façon d’être véritablement autosuffisant et libre consistait à comprendre notre véritable nature humaine, qu’il estimait en contradiction avec la société. Pour apprendre à nous connaître, nous devrions donc nous débarrasser de tous les artifices superflus et des désirs contre nature que la société nous inculque.

Le mode de vie « cynique »

Le mot « cynique » trouve son origine dans le grec kunikos, qui signifie « semblable à un chien » ou « à la manière d’un chien ». Les théories divergent quant à la raison exacte pour laquelle les Cyniques choisirent ce terme pour désigner leur mode de vie. Certains avancent que c’est parce que le chien ignore la honte. C’est en tout cas unedescription que Diogène assumait pleinement par son comportement.

Diogène menait une existence simple dans les rues d’Athènes, en marge des conventions sociales et des règles de bienséance. Il dormait dans un tonneau à vin, mangeait, buvait et déféquait dans la rue, sans chercher à dissimuler aucune des fonctions naturelles de son corps.

Bien que certaines des actions de Diogène aient pu paraître étranges, les Cyniques cherchaient toujours à améliorer la vie des hommes en la mettant en accord avec la raison, la nature et la vertu. Ils accordaient également une grande importance à la liberté de parole. Parce qu’ils croyaient en la raison, par exemple, ils critiquaient publiquement les théories ou les idées dépourvues de fondement rationnel.

Trois anecdotes sur Diogène

Diogène nous a légué de précieux enseignements sur la vie. Entendant un sot accorder une harpe, il lui dit : « N’as-tu pas honte de parvenir à tirer des sons harmonieux de ce morceau de bois, alors que tu es incapable de mettre ton âme en harmonie avec ta vie ? »

Un jour, Diogène vit un garçon joindre ses mains en coupe pour boire l’eau d’une rivière et s’exclama : « Il m’apprend que je conserve un ustensile inutile. » Il se débarrassa alors du seul ustensile qu’il possédait, une coquille dont il se servait comme coupe.

Alors qu’il prenait le soleil à Craneum, Diogène vit s’approcher Alexandre le Grand, l’homme le plus puissant du monde occidental. Celui-ci se plaça devant lui et lui déclara : « Demande-moi ce que tu veux. » Diogène lui répondit : « Ôte-toi de mon soleil. » Lorsque Alexandre déclara qu’il était le roi, Diogène répondit : « Je suis Diogène le Cynique », autrement dit « Diogène le Chien ».

Le roi déclara alors : « Si je n’étais pas Alexandre, je voudrais être Diogène. »

Peut-être Alexandre le Grand venait-il, pour la première fois, de rencontrer le véritable pouvoir. Devant lui se tenait Diogène, un homme qui vivait en accord avec ses convictions et qui n’avait besoin de rien ni de personne.

Alexandre et Diogène, 1763, de Jacques Gamelin. Huile sur toile ; 113 cm sur 142,9 cm. Musée des Beaux-Arts de Carcassonne, France. Photo: Didier Descouens/CC BY-SA 4.0

[Source : www.epochtimes.fr]


segunda-feira, 24 de agosto de 2026

Alejandro Aróstegui: final de juego

La modernidad estética impulsa la vanguardia artística nicaragüense

Tríptico “Calentamiento global”, 2028. Técnica mixta y collage/tela. Alejandro Aróstegui. Colección privada

Escrito por Juan Carlos Flores Zuñiga 

En retrospectiva, la obra del veterano pintor Alejandro Aróstegui (Nicaragua, n.1935) ha transitado desde una expresión monocroma y patética a un colorido sobrio, sostenido en la gradación tonal y en el concepto que buscaba lo simple por medio de ciertos elementos geométricos y del entorno social, como la lata y la tierra arenosa. Pero, como veremos en el presente artículo, la afirmación, a partir de los ochenta y hasta el nuevo milenio, de un lenguaje muy uniforme en la tónica del redescubrimiento consolidó una fórmula que ha perjudicado el impacto de su legado. 

No lograba quitarse las miradas y los comentarios de encima, pero seguía impasible recogiendo objetos del suelo, sucios y abandonados, visitando los basureros y los anillos de miseria, antes en la década del sesenta en las cercanías del lago de Nicaragua, luego en la década del ochenta al oeste de San José de Costa Rica en Pavas y de vuelta en Managua en la década del noventa. 

“Me han detenido y estuve preso dos veces por parte de la policía, en Managua, por hacer mi trabajo”,1 me refirió, con una amplia sonrisa, en una entrevista años atrás, Alejandro Arostegui, pintor nicaragüense que ha dedicado al arte poco más de 60 de sus 91 años. 

Los objetos que recogía, principalmente latas, eran desechos urbanos que luego comprimía según la forma que le dictaba el material, para hacerlos partícipes como elementos pictóricos en cada uno de sus cuadros. 

Tuvo que salir de su nativa Nicaragua en 1984, pero, aunque seguía creando con los mismos materiales y técnicas, no resultaba fácil, según explica: 

"En mi país, en ese momento, todo estaba en función de la política. La palabra que predominaba era prioridad. Desde el punto de vista del sandinismo, lo que era prioritario era la defensa del país. El arte no tenía ninguna prioridad. En Costa Rica encontré la tranquilidad que andaba buscando para crear una obra con mayor simplicidad e intensidad en el colorido."2 

Sin monstruos sagrados 

Arostegui es un pintor cuya amplia trayectoria y consistencia estilística le han ganado un lugar en el arte latinoamericano. Sus inicios, como todo punto de partida, no fueron fáciles. Desde que estudiaba el bachillerato, le atraía la actividad plástica; después de clases iba a la naciente academia de arte, fundada por Rodrigo Peñalba, en 1948, pero su familia no favoreció su interés.

Estudió arquitectura en Nueva Orleans, Estados Unidos, a partir de 1954, pero al segundo año de carrera vio que no era lo suyo, sobre todo cuando le tocó matemáticas. Los siguientes años los pasó estudiando arte en Sarasota, Florida, y luego en Florencia y París. Cuando regresó en 1963 a Nicaragua, su vocación estaba definida. 

“Antes de 1963, era solo un estudiante de pintura”. Por entonces, el ambiente artístico en su tierra giraba en torno al academicismo; la práctica pictórica era muy rígida y todo se explicaba en razón de unos maestros del pasado, que eran el modelo de belleza exigido. 

En su opinión solo existían preocupaciones formales, y no se profundizaba en la pintura por lo que, a pesar de ser retraído y solitario, asumió la creación del grupo Praxis, con el que luchó contra el miedo a la libertad de los pintores de entonces, y el provincialismo. 

“Nos queríamos quitar de encima a los monstruos sagrados, los demás pontífices de la cultura nicaragüense, quienes se las daban de conocedores. Nos propusimos que fueran los pintores los que tuvieran la última palabra en lo que se refería a la pintura nicaragüense”,3 recuerda. 

El grupo se fundó sobre la base de la libertad creativa y continua experimentación, aunque al principio dominó cierta unidad en los medios de expresión empleados, cierta monocromía en la no figuración.

Empezaron a buscar lo auténticamente nicaragüense a través del expresionismo abstracto que permitía una amplia exploración técnica, la valoración primordial del sentimiento del autor y el manejo de materiales pictóricos, sin ninguna traba figurativa naturalista. 

Fueron años muy duros para los pintores de Praxi; no vendían nada. Nuevos viajes alejan a Arostegui de Nicaragua y le hacen ocuparse de otras temáticas sin abandonar su concepto informalista. 

Cuando regresó a Nicaragua, en 1971, Praxis se había comercializado y muchos de los pintores serios se habían retirado. 

Arostegui reorganizó entonces el grupo sobre metas de libertad y calidad, mientras su obra, claramente “matérica”, recibía la influencia definida del pintor y teórico francés, Jean Dubuffet, que se revela al retomar nostálgicamente la inocencia y en la aparente poca importancia que asigna a la corrección del dibujo académico. 

“Era una manera de aprovechar lo occidental sin caer en el truco visual”, explica el autor cuya obra, nutrida de materiales desechados por la sociedad urbana, revaloriza el objeto: lata o desperdicio. 

Lo misérrimo que busca testimoniar en su obra, a partir de elementos propios de los barrios marginales, lo emparenta con el compromiso social de los artistas centroamericanos de fines de la década del sesenta. 

Los títulos de sus cuadros explicaban el contenido: “Basurero N.º 1”, “Basurero N.º 2”, “Basurero N.º 3”, etc. El autor nunca separa el tema de su concepto estético, porque dice que hay una relación dialéctica ineludible cuando uno se entrega completamente a la práctica pictórica. 

“Tal vez uno parta de un tema, pero a medida que uno adquiere disciplina, quehacer, el tema cede al concepto; la anécdota deja de importar”.4 

No así para críticos e historiadores como Jorge Eduardo Arellano, quien sostiene que “Alejandro tomó resplandeciente la carroña capitalista, se apropió de nuestro diario paisaje lacustre y volcánico, revitalizó naturaleza e implantó, como un artesano infalible, mágicos objetos y monocromas texturas”. Todo lo urdió, lo configuró para combatir la soledad del hombre y revelarnos, con sus trazos obsesivos y exhaustivos, la pasión por el arte y su permanencia”.5 

Hasta el límite 

Para este pintor nicaragüense, cuya cabellera ha encanecido y cuyas gafas lo pueden hacer pasar inadvertido, la pintura ha sido toda su vida una forma de ser parte del mundo. 

La importancia de ser artista radica, para él, en aportar al universo. Por eso se conmueve ante los aportes civilizados de otros más universales, y “solo aspiro a contribuir en algo, hasta el límite de mis posibilidades”.6 

El alejamiento temporal de su país a mediados de los ochenta no afectó su práctica pictórica, sino que reafirmó el estilo personal que el mercado prefería.

“Al fin y al cabo”, señaló, “el hecho de estar en Nicaragua o en otra nación no significa que vaya a crear otra obra. El lago, los volcanes los he vivido y puedo transmitirlos en Managua, San José o en cualquier otra parte”, confiesa Arostegui, para quien su estancia en Costa Rica por seis años fue importante. 

El entorno es vital para mí, si no obstaculiza mi libertad de trabajo. Costa Rica me ofreció un ambiente que me daba tranquilidad y libertad y eso me estimulaba.7 

Pero pudo más el llamado de su tierra a la que regresó en 1990. 

La pintura de los sesenta, monocroma y patética en su expresión, fue cediendo en un proceso lógico a un colorido sobrio, a la pintura geométrica en lo conceptual; algo que tal vez Arostegui nunca se hubiera imaginado en sus años de formación. 

Aunque los elementos plásticos parecen a veces dominar sobre lo anecdótico y el objeto, la verdad es que la lata sigue siendo reconocible para el espectador, por pertenecer a la cultura del desperdicio, y de esa manera sirve como punto de partida frecuente para la creación del autor, de lectura para el público y de encuentro para el pintor y el receptor. 

Afirmación de la fórmula 

La lata ha sufrido tanto una evolución como una involución, ya que cuando el pintor la dejó de emplear como “collage”, pasó a figurar como elemento plástico, en cuadros de grandes dimensiones, siempre como punto de inicio para otros testimonios plásticos. 

Ocurre, sin embargo, que tras conseguir independizar la lata de su anécdota consumista, al común de los espectadores y coleccionistas comenzó a gustarles esa anécdota y su vinculación social con lo mísero de nuestras sociedades subdesarrolladas, lo que les permitía explicarse lo inexplicable, la esencia por el tema anecdótico. 

Aróstegui, que se empezó a reiterar hace ya varias décadas, solía en la primera fase de su carrera ahondar en nuevas propuestas y variantes; sin embargo, pareciera que hoy su proceso de madurez se circunscribe a la lata desechada, sin la cual sus cuadros no se sostienen en términos de profundización e indagación plásticas. 

Esto último explica, en parte, por qué ha vuelto a las complacencias gratuitas, dejando parte de los colores originales correspondientes a los desechos metálicos, así como sus membretes de lubricantes, lo cual ocurre, principalmente, en un contexto aséptico hacia lo misérrimo de su origen, como vimos el año pasado en su exposición en Art Miami.8 

El corolario de su trabajo es algo “muy atractivo” con fines decorativos; los valores plásticos han sido debilitados por la reiteración de su descubrimiento, con carácter de fórmula. 

En sus exhibiciones de los ochenta al presente, pocas obras como “Mesa flotante con cinco objetos grises” (1985) y “Mesa con tres latas” (1984) explicitan la primacía del valor plástico sobre el anecdótico. 

Mientras las restantes son, por lo general, extensiones y repeticiones, a veces imbuidas de nostalgia, de la obra del sesenta, como su paisajístico “Nocturno” (1985), de la pintura metafísica en “Dos mesas sobre paisaje” (1986) o de Magritte, en la estructura de “Mesa flotante con tres objetos y paisaje” (1983).9 O más recientemente, “Estrella fugaz” (1995), su tríptico “Calentamiento global” (2018) o sus cuadros del último quinquenio en los que continúa explotando su icónica temática de paisajes lacustres y figuras solemnes con base en latas recicladas, pero por medio de series de grabados más accesibles para el público. 

Los ejemplos citados podrían ser resabios de indagatorias postergadas o no concretadas. Algo así como estudios sin principio ni final o “golpes contra la pared”, para escapar a un estilo que, como el suyo, al comercializarse, podría incidir en su creatividad e imponer, en cuanto artista, las futuras condiciones de su labor, si no se interpone una rebeldía. 

Estoy convencido de que Aróstegui ha sido un pintor con oficio y talento suficientes para superar su estancamiento plástico. Pero el tiempo ha demostrado de manera inexorable que sin la necesaria autocrítica y el distanciamiento de aquello que lo hizo famoso internacionalmente, a la mitad de su carrera, su legado ha sido dañado de manera irreparable. 

Notas

1 Flores Zúñiga, J.C. (6-12 de diciembre de 1985) “Arostegui: punto de partida y encuentro”. Revista: Rumbo Centroamericano. Volumen: 1, N°: 58, p. 26.
2 Ibid.
3 Ibid.
4 Ibid.
5 Arellano, J.E. (23 de enero de 2016). Nueve pintores nicaragüenses. Diario La Prensa. Managua, Nicaragua.
6 Flores, J.C. (6-12 de diciembre de 1985). P. 27
7 Ibid.
8 Gleire, Ch. (14 de septiembre de 2025). Alejandro Arostegui & Praxis. Art Miami Magazine.
9 Flores Zúñiga, J.C. (5 de setiembre de 1986). “Aróstegui: Descubrimiento y fórmula”. La Nación, p.2B.

 

[Foto: AKEZ - fuente: www.meer.com]


sábado, 22 de agosto de 2026

S’émanciper du sionisme

« Les Juifs sont devenus blancs ». Dans Redevenir juif, le philosophe Michel Feher nuance et critique cette formule contestable. Selon lui, la figure du Juif n’est aujourd’hui politiquement acceptée qu’à la condition d’adhérer sans réserve aux dogmes coloniaux de l’État d’Israël et aux mythologies historiques qui exonèrent l’Europe occidentale de sa judéophobie exterminatrice.  

Publier par Faris Lounis

«Les Juifs sont devenus blancs». Cette formule, forgée dans le camp de l’émancipation sur fond de concurrence victimaire, de néo-campisme et de réflexes anti-impérialistes quelque peu romantiques, est-elle vraiment pertinente, analytiquement juste?

Dans Redevenir juif, un ouvrage très documenté, savant — tant sur le passé du mouvement sioniste que sur son actualité —, stimulant sur le plan des analyses et iconoclaste par les idées qu’il avance, le philosophe Michel Feher nuance et critique cette formule contestable, au motif que les colporteurs de l’antisémitisme «à l’ancienne» sont toujours actifs.

Énergiquement, l’auteur enjoint à réinvestir la tradition d’une pensée juive aujourd’hui minorée : celle des Juifs diasporiques qui se sont toujours opposés, depuis une optique internationaliste, cosmopolite et résolument universaliste, au nationalisme ethnoreligieux, au suprémacisme et, surtout, à la déclinaison coloniale, puis impériale, du sionisme.

Précisons d’emblée les choses. Redevenir juif, qui n’ignore rien des brimades et des persécutions subies par les Juifs en Europe, s’oppose au sionisme et le rejette en raison de la supériorité ethnoreligieuse qui le traverse et de sa réalisation coloniale en Palestine historique. Loin du dogmatisme antisioniste, qui ne prend pas en considération l’existence, depuis la Nakba de 1948, d’un peuple israélien, comme des judéophobes patentés qui prétendent «défendre le peuple palestinien», ce livre aide à comprendre, à partir de l’histoire des Juifs européens, la genèse du nationalisme juif, dont la motivation première était de mettre fin à une judéophobie séculaire en terre européenne.

Ce besoin de protection et, en définitive, de dignité est parfaitement illustré par une controverse qui eut lieu à Vienne, alors capitale de l’Empire austro-hongrois, en 1897, sur le sens du mot «sionisme».

Scandalisé par les formulations ethnicistes et chauvinistes du livre programmatique de Theodor Herzl, L’État des Juifs (La Découverte, 2008) — lequel pensait que recouvrer la supposée terre du lointain ancêtre et y fonder son propre État soulagerait l’Europe d’un «grand nombre de spéculateurs financiers et d’agitateurs révolutionnaires» —, l’érudit et rabbin juif Moritz Güdemann (1835-1918) précise, dans un texte intitulé «Du nationalisme juif», que ce «terme et le phénomène qu’il désigne doivent leur existence à l’antisémitisme» et que l’idée «d’un nationalisme juif était inconnue il y a encore trente ans».

Auparavant, poursuit le rabbin, les Juifs d’Europe se disaient Allemands, Français, Anglais, etc. Mais à partir du moment où «l’antisémitisme, pour faire meilleure impression sur lui-même et sur le monde, s’est octroyé un caractère national et s’est mis à proscrire les Juifs non seulement en tant que juifs, mais aussi en tant qu’étrangers, [...] ceux-ci ont réagi à cet ostracisme en admettant leur propre individualité nationale, en la soulignant même avec zèle, et en étendant à leur nationalité l’appellation de judaïsme qui n’avait, jusque-là, correspondu qu’à leur conviction religieuse».

Les textes de cette controverse, traduits et publiés récemment aux éditions Verdier sous le titre D’une nation juive, ou non (2025), éclairent au moins deux visages du sionisme : une quête d’émancipation plurielle qui se matérialise, depuis la précitée «Nakba continue» de 1948, en un projet de destruction de l’humain, de l’habitat et du climat.

Antidogmatique, l’antisionisme de Michel Feher est clair quant à l’avenir du peuple israélien : s’il ne croit aucunement en la chimérique solution à deux États, il fait sienne l’idée d’un Edward Said qui, en plus de son engagement pour «une solution binationale au conflit entre Israéliens et Palestiniens», rêvait de voir un jour naître, en Palestine historique, une société plurielle qu’aucun nationalisme ne pourrait posséder, dont aucune souveraineté ne saurait entraver la vitalité, «un tissu social plus riche, que personne ne pourrait entièrement posséder».

Pour lui, le «blanchiment» des Juifs n’est pas de l’ordre de l’essence, mais du contrat : un contrat inégalitaire au nom d’une «égalité» qui serait l’apanage des seules nations occidentales. «Initialement conçu pour séparer le combat contre la judéophobie des autres formes d’antiracisme, voire pour insinuer que ces dernières sont le plus souvent les paravents du “‘nouvel antisémitisme”’, le pacte de blanchiment auquel nous autres juifs sommes pressés de souscrire est progressivement devenu le ferment de la coalescence des droites».

Ici, le philosophe s’inscrit au cœur de la «bataille culturelle», au sein de laquelle les droites dures et extrêmes, ainsi que de larges pans du centre et de la gauche sociale-démocrate, tentent délibérément de confondre la critique de l’apartheid colonial organisé par Israël, du fleuve Jourdain jusqu’à la mer Méditerranée, et le racisme spécifique dirigé contre les Juifs à travers le monde.

Certes, la judéophobie existe à gauche. Et, regrettablement, Michel Feher ne traite pas suffisamment de cet écueil majeur qui affaiblit le camp de l’émancipation : se mobiliser prioritairement contre telle ou telle forme de racisme, au lieu de mener une lutte fédératrice et définitivement débarrassée du boulet de la concurrence victimaire. Mais sa rupture avec le «pacte de blanchiment réciproque» des Juifs a le mérite de défaire méthodiquement la thèse essentialiste d’un prétendu «nouvel antisémitisme» qui ne concernerait que les Palestiniens, les Arabes et les musulmans. 

Dans cette perspective, la contestation de ce «blanchiment» conditionnel — sur fond de mauvaise conscience occidentale face à la destruction des Juifs d’Europe et de narcissisme civilisationnel — fait écho à l’ironie ravageuse du classique Le Monolinguisme de l’autre, dans lequel Jacques Derrida évoquait «l’ablation de [sa] citoyenneté française» durant deux ans, «“sous l’Occupation” sans occupation» du régime de Vichy en Algérie dite française.

Explorant les liens qui unissent les droites euro-étasuniennes, et tout particulièrement celles qui se nourrissent du venin de l’antisémitisme biologique, aux néofascistes nationalistes et religieux qui tiennent les rênes du gouvernement israélien, le philosophe démontre que la figure du Juif n’est acceptable politiquement qu’à condition de servir les intérêts des nations puissantes, jadis responsables et complices du judéocide. À l’imputation d’une «détestation des juifs à quiconque s’indigne des crimes commis par l’État israélien», l’arsenal argumentatif du sionisme réellement existant réalise la performance de classer parmi les «nouveaux antisémites» des personnes juives.

Selon Steve Bannon, lors de la Conférence d’action politique conservatrice (CPAC) de février 2025, «ces juifs» bénéficieraient «des largesses d’une poignée de spéculateurs hors-sol» et s’en serviraient «pour comploter contre la restauration de la grandeur américaine et l’établissement du Grand Israël».

Le «redevenir juif» auquel invite Michel Feher est loin d’impliquer les seuls Juifs. Parmi ses agents propagateurs, un bon nombre de non-Juifs travaillent activement à la réhabilitation de la figure du paria qui, en habitant pleinement et fièrement sa condition diasporique, inscrit la «question juive» dans un vaste champ de luttes cosmopolites.

Révolte destinée à résonner avec celles de tous les autres parias, les Palestiniennes et les Palestiniens au premier chef, ce texte trace le chemin, depuis une énonciation juive francophone, d’une intégration en permanente insurrection «contre les formes de souveraineté exclusive», voire contre le «principe de souveraineté lui-même, dans la mesure où son application tend à fabriquer des laissés-pour-compte».

Certes minoritaires dans le judaïsme français, qui peine à s’émanciper du poids du sionisme en raison de la judéophobie qui continue de travailler la société française, des crimes antisémites des deux dernières décennies, mais aussi du passé colonial qui ne passe pas et du refus des États postcoloniaux du Maghreb et du Machrek d’attribuer aux Arabes juifs la citoyenneté et une place légitime, Redevenir juif pose les premiers jalons d’une réflexion de fond sur un possible renouveau diasporique.

À l’instar de mouvements ouvriers ou culturels tels que le Bund au XIX siècle ou d’associations comme Jewish Voice for Peace (JVP) aujourd’hui, il rappelle, à rebours de l’essentialisme qui domine le débat public, qu’on peut être parfaitement solidaire de tous les dominés, à partir de l’histoire des luttes juives et des enseignements du judaïsme auxquels déroge l’État d’Israël, notamment depuis les massacres du 7 octobre 2023 et son «coming out spartiate».

Dire que «la Colonisation», pour reprendre l’un des substantifs par lesquels les médias arabes désignent «la seule démocratie de la Jungle du Proche-Orient», doit renoncer à son éthos colonial et à ses pratiques génocidaires n’est pas un scandale, mais une radicalité humaniste qui, en ces temps de valorisation des pulsions annihilatrices de la vie, devient presque indicible dans «le monde libre», et particulièrement dans «la patrie des droits de l’Homme».

  

[Source : www.actualitte.com]

terça-feira, 18 de agosto de 2026

La nuesa de la veritat: «Res més viu», de Vicent Penya

En tots i cadascun dels aforismes, s'hi revela una d'aquestes veritats absolutes que s'imposa per si mateix, no per dret diví o imposició autoritària, sinó per la pura contundència dels fets que l'autor descriu. 

Vicent Penya

Escrit per Antoni Rovira

Tots els gèneres gairebé sense excepció, en major o menor mesura, pouen del lent, silent i sovint dolorós treball de la reflexió humana. Hi ha llibres i poemaris bastits amb un respecte gairebé litúrgic per la feina ben feta, pastats amb més temps del necessari a força de llegir, rellegir, esmenar i tornar a llegir per oferir finalment un text impecable, polit fins a l’extenuació. Són exercicis d’orfebreria que busquen la perfecció formal i el rigor acadèmic. Tanmateix, aquest excés de zel, aquesta obsessió per la simetria i la pulcritud, sovint neix llastat per la cotilla d’allò socialment correcte. En l’afany de complaure o de no desentonar, l’autor acaba diluint la força original del pensament en un mar de sentimentalismes previsibles i concessions al lector benpensant.

Però hi ha un gènere rebel que escapa sistemàticament a aquesta domesticació burgesa i a les convencions acadèmiques: l’aforisme, el qual no admet greixos, ni preàmbuls, ni explicacions de compromís. És la literatura en el seu estat més pur i concentrat, un desafiament directe a la mandra intel·lectual de la societat de consum. Mentre els altres gèneres necessiten pàgines i pàgines per a justificar la seua existència, l’aforisme en té prou amb una línia per a fer trontollar tot un sistema de creences establert.

Davant la nuesa d’un aforisme el dimoni no té temps de temptar ningú. No hi ha espai per a la distracció, ni per a la decoració supèrflua, ni per a les mitges tintes; és un gènere d’acció ràpida, directa i contundent, que actua sobre la consciència exactament com una bala de canó. L’aforisme té la virtut moral —i gairebé física— de despullar la realitat sense demanar permís, convertint la paraula en un colp d’intel·lecte que desconcerta el lector i l’obliga a situar-se, de sobte, davant els seus propis abismes i contradiccions quotidianes.

Escriure un bon aforisme requereix la mateixa sang freda que es necessita per a disparar un projectil amb precisió mil·limètrica: qualsevol desviació, qualsevol ornament innecessari, en destrueix l’eficàcia immediatament. No és un adorn per a la conversa de saló, sinó un instrument de legítima defensa intel·lectual contra el soroll de fons que amenaça d’anestesiar-nos la ment.

Com a docent, sovint em trobe en la difícil, però apassionant tessitura d’explicar conceptes complexos mitjançant definicions senzilles i exemples propers, una gosadia pedagògica que no sempre està exempta de malentesos i de debats acarnissats a les aules. Recorde molt bé el dia que intentava explicar als meus alumnes de batxillerat els aforismes de Joan Fuster. Buscant una fórmula rotunda que els desvetllés l’interés, els vaig dir, amb una certesa gairebé mística, que un aforisme es forja sempre sobre una veritat absoluta.

La reacció, per descomptat, no es va fer esperar en un grup de joves criats en l’escepticisme de l’era digital: un parell d’alumnes protestaren de seguida, argumentant amb vehemència que aquelles sentències no eren més que meres valoracions personals de l’escriptor de Sueca, opinions disfressades d’autoritat. Davant la manca de temps crònica dels nostres plans d’estudi i el caràcter purament tangencial de la lliçó, vam haver de deixar-ho córrer per a passar al següent tema de l’examen.

Però la disputa intel·lectual va quedar suspesa en l’aire com un repte personal. Al capdavall, tenien raó els alumnes o la tenia el professor? La resposta, tal com ens va ensenyar el mateix Fuster, és que potser totes dues coses són certes: l’aforisme és una valoració personal tan radicalment subjectiva i tan profundament meditada que, en el moment de ser escrita, adquireix la solidesa i el pes d’una veritat absoluta per a qui la llegeix amb ulls nets. 

                                                Vicent Penya, Res més viu, Onada (2026)

Avui, tanmateix, amb la lectura pausada de Res més viu, el darrer llibre d’aforismes de Vicent Penya, he trobat la confirmació definitiva a la meua tesi de l’aula, ara purificada a través del filtre del fusterianisme més lúcid i exigent. En cada pàgina del volum, en tots i cadascun dels aforismes de Penya, s’hi revela una d’aquestes veritats absolutes que s’imposa per si mateix, no per dret diví o imposició autoritària, sinó per la pura contundència dels fets que l’autor descriu. Són veritats sovint acompanyades d’exemples vitals molt propers, observacions del dia a dia que les sostenen davant del lector amb la fermesa d’un mur de formigó armat.

Penya ens lliura, ras i curt, la certesa nua d’un observador que es nega a tancar els ulls davant la comèdia humana. I ho fa amb l’escepticisme actiu d’aquell qui sap que escriure aforismes no és dictar sentència des d’un púlpit per a guanyar adeptes, sinó convidar el lector a dubtar i a pensar amb nosaltres. En aquests textos curts, d’una precisió quasi de rellotger o de cirurgià, es respira l’alè de qui entén que la literatura és, per damunt de tot, una eina d’higiene mental contra els dogmes de qualsevol signe i la mandra còmoda del ramat.

D’aquesta manera, l’estil de Penya connecta de ple amb la millor tradició fusteriana, aquella que es nega a acceptar les veritats heretades i prefereix passar-ho tot pel sedàs de la ironia i el sentit crític. Fuster escrivia per desvetllar adormits, i Vicent Penya sembla compartir exactament la mateixa fita en Res més viu. Els seus aforismes ens recorden que pensar continua sent un exercici de resistència individual en un món que ens voldria a tots uniformats i silents sota el pes de la bajanada globalitzada.

Llegir aquest recull és, en definitiva, constatar que contra la xerrameca buida i la retòrica ensopida de l’època contemporània només ens queda la trinxera de la intel·ligència curta, afilada i sense concessions. En un ecosistema comunicatiu saturat de missatges buits i proclames de consum ràpid, els aforismes de Vicent Penya s’alcen com els dics indispensables per a contenir la intolerable riuada de la insignificança que ens amenaça de mort intel·lectual. Al capdavall, per a dir les poques coses que realment importen en aquesta vida, hi ha ben poques coses més vives que una veritat llançada a la cara amb la brevetat justa de qui no té cap intenció de perdre el temps ni, molt menys, de fer-nos-el perdre a nosaltres. 

Per un futur reflexiu i antidogmàtic, 

Amén.

 

[Font: www.diarilaveu.cat]

sexta-feira, 14 de agosto de 2026

Israel, de consens a fractura: així ha canviat l’opinió pública als Estats Units

Les accions del govern de Netanyahu a Gaza, Cisjordània i l'Iran erosionen un suport fins ara incondicional

Europa Press

Escrit per Lluís Tomàs

Israel perd cada cop més terreny en un front que durant dècades havia tingut gairebé garantit: l’opinió pública dels Estats Units. La Casa Blanca és el principal suport del govern de Benjamin Netanyahu en tots els àmbits —polític, econòmic i militar—, però l'agressivitat de les operacions israelianes a Gaza, l’expansió de la violència a Cisjordània i la guerra amb l’Iran han convertit la relació amb Tel-Aviv en un element cada vegada més polaritzador dins la societat nord-americana. El suport incondicional a Israel ja no funciona com un dogma incontestable i l’últim cas que fa palesa aquesta tendència s’ha produït aquest mateix dijous, quan l’ambaixador dels Estats Units a Jerusalem, Mike Huckabee, ha denunciat els "terroristes israelians" que assetjaven una família palestina a Qusra, al nord de Cisjordània. "Les accions d’aquells que estan duent a terme aquests actes horribles de terror per intimidar i assetjar aquesta família són repugnants", ha afirmat. 

La violència exercida per colons israelians contra la població palestina de Cisjordània s’ha intensificat en els últims anys en paral·lel als bombardejos sobre la Franja de Gaza. La comunitat internacional denuncia des de fa temps la il·legalitat de molts assentaments, però el que resulta menys habitual és que aquestes crítiques arribin des de la mateixa diplomàcia nord-americana. Huckabee ha estat especialment contundent i ha assegurat que "no hi ha excusa per a un comportament tan brutal". També ha explicat que la delegació dels Estats Units ha instat tant la policia com l’exèrcit israelians a actuar contra aquests "terroristes".

Més enllà de Cisjordània, el principal focus de tensió aquest any ha estat la guerra amb l’Iran. Una part del Partit Republicà considera que el govern de Netanyahu ha arrossegat Washington cap a un conflicte que era evitable. Un pensament compartit dins del moviment MAGA (Fem que Amèrica torni a ser gran, en anglès) i les seves veus més influents. Tucker Carlson, exassessor de Trump i antic presentador estrella de Fox News, ha arribat a acusar el president nord-americà d’estar sota el "control" de Netanyahu. En la mateixa línia, l’excongressista republicana Marjorie Taylor Greene, una de les principals aliades de Trump fins a la ruptura entre tots dos a principis d’aquest any, s’ha convertit en una de les figures més crítiques amb Israel dins l’ala ultraconservadora.

Divisió entre els demòcrates

Dins del Partit Demòcrata, la relació amb Israel s’ha convertit en una de les principals fonts de fractura interna. D’una banda, l’establishment tradicional i moderat manté la línia històrica del partit, que presenta Israel com un aliat estratègic innegociable dels Estats Units i com l’única democràcia de l’Orient Mitjà. De l’altra, una ala progressista cada vegada més crítica sosté que Washington no pot continuar oferint suport incondicional a un govern al qual atribueix violacions dels drets humans i responsabilitats en la crisi humanitària de Gaza.

Abdul El-Sayed durant les primàries demòcrates de Michigan / EFE

L’ascens de l'ala progressista s’ha fet visible a les primàries demòcrates. L’AIPAC (el principal lobby proisraelià dels Estats Units) i altres organitzacions afins han destinat desenes de milions de dòlars a donar suport a candidats moderats i, doncs, intentar derrotar congressistes crítics amb Tel-Aviv. Però aquesta inversió no sempre ha tingut efecte. La victòria d’Abdul El-Sayed a Michigan confirma l’empenta d’un sector progressista que també ha sumat èxits com el de Zohran Mamdani a Nova York. Tots dos representen una nova generació de dirigents demòcrates molt crítics amb Israel i partidaris de posar fi a l’ajuda militar incondicional que Washington manté amb el govern israelià.

Erosió a l'electorat

La fractura no s'ha produït només als despatxos, també entre l'electorat. Una enquesta de Gallup publicada a l’abril ja mostrava un canvi de tendència de gran abast, ja que, per primera vegada, la simpatia per Palestina superava la d’Israel entre els ciutadans dels Estats Units. Fa una dècada, un 62% dels nord-americans expressava simpatia per Israel, davant de només un 15% que ho feia per Palestina. Ara, en canvi, el suport a Israel ha caigut fins al 36%, mentre que el de Palestina ha crescut fins al 41%.

Aquesta transformació també està marcada per una profunda bretxa generacional. Les generacions més grans van créixer amb la imatge d’Israel com un estat democràtic, petit i vulnerable, envoltat d’enemics i encara sota l’impacte de la memòria de l’Holocaust. En canvi, molts joves de la generació Z i els millennials han conegut un Israel consolidat com la principal potència militar i econòmica de la regió i interpreten el conflicte palestí a través de marcs vinculats a la justícia social, el colonialisme i els drets civils. Aquesta mirada connecta, a més, amb moviments interns dels Estats Units com Black Lives Matter, fet que ha contribuït a transformar la percepció d’Israel entre els sectors més joves de l’electorat.

 

[Font: www.elnacional.cat]

 



quinta-feira, 13 de agosto de 2026

Mallorca es revolta contra el turisme que desposseeix els habitants del seu territori

El diumenge 26 de juliol de 2026 es va celebrar a la ciutat de Palma, capital de les Illes Balears, una protesta no contra els turistes, sinó contra un model econòmic que ha començat a tractar els seus habitants com un obstacle.

Mistervlad/Shutterstock

Escrit per Julio Batle Lorente

Professor titular de la Universitat de les Illes Balears 

La manifestació, convocada per la plataforma Menys Turisme, Més Vida, va reunir unes 25 000 persones segons la Policia, i 70 000, segons l'organització. Es poden discutir les xifres d'assistència a la protesta, però és més difícil posar en dubte l'escena: desenes de milers de persones van sortir al carrer reclamant el dret a continuar vivint en una de les destinacions més celebrades del planeta. No demanaven que Mallorca deixés de rebre visitants, no. Demanaven que no calgués expulsar la seva població per allotjar-los. 

Hi van participar veïns, ecologistes, pagesos i nombrosos treballadors del mateix sector turístic. Les seves reivindicacions deixen poc marge per a la interpretació: limitar els habitatges d'ús turístic, reduir les places d'avió i els vols disponibles cap a les illes, i abandonar un monocultiu econòmic que consumeix territori, habitatge i vida quotidiana. 

Hi va haver càrregues policials i ferits, però reduir la manifestació a aquests incidents seria una manera força eficaç de no escoltar-la. El conflicte de fons no és entre residents educats i turistes innocents. És entre dos drets que han deixat de tenir el mateix pes: el dret temporal a gaudir d'un lloc i el dret permanent a habitar-lo. 

Una destinació turística pot triomfar i desaparèixer

Durant dècades, l'èxit de les destinacions turístiques s'ha mesurat en termes d'arribades, pernoctacions, ocupació i despesa. Quan aquestes xifres augmenten es parla d'una bona temporada. Però una economia pot créixer mentre desmantella les condicions que permeten viure en ella.

Pot augmentar la rendibilitat de cada metre quadrat i reduir simultàniament la seva utilitat social. Pot generar més riquesa i fer que una infermera, un policia, un professor o un cambrer no trobin habitatge. Pot oferir al visitant una llibertat extraordinària de moviment mentre obliga el resident a marxar. Aquesta és la dada que poques vegades apareix a les estadístiques: una destinació pot prosperar com a producte i fracassar com a societat. 

El lloguer vacacional no explica per si sol la crisi de l'habitatge. També hi influeixen la inversió internacional, l'escassetat de sòl, la compra especulativa, la manca d'habitatge públic i unes polítiques que, durant molt de temps, han estat insuficients. Però seria intel·lectualment trampós minimitzar el seu paper.

Agustín Cócola-Gant ha descrit els habitatges d'ús turístic com un nou front de la gentrificació. La seva recerca mostra que l'anomenada economia col·laborativa sovint amaga una oportunitat d'acumulació per a inversors i propietaris. En aquest procés, el resident de llarga durada deixa de ser el destinatari de l'habitatge i passa a convertir-se en un impediment per extreure'n una rendibilitat més gran.

L'expulsió, a més, no sempre adopta la forma d'un desnonament. Pot produir-se pis a pis. Un habitatge queda lliure i ja no torna al mercat residencial. Desapareix una botiga de proximitat i n'apareix una altra orientada al consum efímer. Els veïns marxen, canvia el llenguatge econòmic del barri i qui s'hi queda descobreix que continua tenint domicili, però ja no un lloc.

Anomenar-ho ‘turismofòbia’ no afavoreix el debat

Mallorca forma part d'una revolta territorial més àmplia.

A Venècia, el moviment contra els grans creuers va convertir aquells vaixells desproporcionats que travessaven la llacuna en la imatge d'una indústria l'escala de la qual ja no guardava cap relació amb la ciutat.

A les Canàries, desenes de milers de persones s'han manifestat sota un lema difícil de superar: “Aquí hi viu gent”.

A Barcelona, les pistoles d'aigua dirigides contra algunes terrasses turístiques van ocupar més espai informatiu que els lloguers que motivaven la protesta.

La paraula turismofòbia completa l'operació. Converteix un conflicte sobre habitatge, salaris, mobilitat, aigua, sòl i democràcia en una reacció emocional contra els estrangers. Despolititza el problema i, de passada, infantilitza qui protesta.

Els experts en sobreturisme Claudio Milano, Marina Novelli i Joseph Cheer han mostrat que la saturació no consisteix només en la presència de massa visitants. Apareix quan el creixement altera de manera permanent la vida dels residents, limita el seu accés als serveis i als espais, i deteriora el seu benestar. Els seus treballs també relacionen les mobilitzacions socials amb la impugnació d'economies basades en el monocultiu turístic i en l'obligació, aparentment indiscutible, de continuar creixent.

Per tant, la pregunta no és quantes persones caben físicament en una illa. La pregunta és què ha de sacrificar la població perquè continuen cabent.

Del turisme responsable al turista situat

L'acadèmia ha construït conceptes útils per comprendre aquesta transformació.

El decreixement turístic, defensat pels professors Robert Fletcher, Ivan Murray, Asunción Blanco-Romero i Macià Blázquez-Salom, planteja que alguns territoris no necessiten gestionar millor el creixement, sinó reduir materialment la pressió: menys places, menys vols, menys consum de sòl i una menor dependència econòmica del turisme.

No s'ha de confondre amb la fórmula “menys turistes que gastin més”. Pot ser que aquesta proposta redueixi certes aglomeracions, però també converteix el territori en un club reservat a les rendes altes. Encara que arribi amb un equipatge discret, el turisme de luxe ocupa espai, consumeix recursos i fa pujar els preus.

La investigadora Freya Higgins-Desbiolles ha desplaçat l'atenció des de la quantitat de riquesa produïda cap a la seva distribució: qui rep els beneficis, qui assumeix els costos i quins drets han de prevaldre quan entren en conflicte el negoci turístic i la vida de les comunitats.

La justícia de la mobilitat, formulada per Mimi Sheller, permet observar una altra desigualtat: no tots els desplaçaments tenen el mateix poder. El visitant travessa Europa durant un cap de setmana, però la cambrera de pisos ha de recórrer cada dia desenes de quilòmetres perquè ja no pot viure a prop del seu lloc de treball. La mobilitat fàcil d'uns pot produir la mobilitat forçada d'altres.

I la sobirania turística, vinculada per Carter Hunt, María José Barragán-Paladines, Juan Carlos Izurieta i Andrés Ordóñez a les lluites comunitàries pel control dels seus mitjans de vida, formula la pregunta decisiva: qui té autoritat per determinar el futur d'una destinació?

A partir d'aquestes aportacions proposo una figura addicional: el turista situat.

El turista situat reconeix que no arriba a un decorat disponible, sinó a un territori ja habitat, travessat per relacions de poder i conflictes concrets. Entén que la seva llibertat de moviment té lloc dins la vida menys mòbil d'altres persones. I accepta una cosa que el turisme responsable sol evitar: hi ha allotjaments, activitats i fins i tot destinacions que poden deixar d'estar moralment disponibles.

No es limita a reduir la seva petjada. Està disposat a renunciar.

La consciència comença amb un ‘no’

Un turista situat deixaria d'escollir Mallorca per fer cicloturisme. No perquè pedalar sigui immoral ni perquè cada ciclista constitueixi un problema. Ho faria perquè una activitat deixa de ser innocent quan la seva concentració deteriora la mobilitat quotidiana de les persones que utilitzen aquestes carreteres per treballar, estudiar, tenir cura d'altres o tornar a casa. Escolliria un altre territori menys saturat. Una altra època de l'any. Una altra activitat.

I no faria servir Airbnb —ni cap altra plataforma equivalent— en zones gentrificades, on l'habitatge d'ús turístic contribueix al fet que els joves nascuts allí hagin de marxar perquè no es poden permetre una casa.

Podem discutir la intensitat concreta de cada efecte, la regulació més eficaç o el pes relatiu de les diferents causes. Però quan existeix un procés visible d'expulsió residencial, utilitzar un habitatge com a allotjament vacacional deixa de ser una elecció privada sense conseqüències.

La consciència turística consisteix a viatjar sabent quan cal escollir una altra destinació.

El turista situat es fa una pregunta prèvia a totes les recomanacions, certificacions i llistes de bones pràctiques:

“He de ser aquí, fent açò?”.

De vegades la resposta serà sí. D'altres exigirà canviar de temporada, d'allotjament o d'activitat. En determinats llocs i moment serà, senzillament, no.

El dret a retirar un territori del mercat

La sobirania turística significa que una comunitat pot decidir quant turisme vol, on, quan i sota quines condicions.

Pot determinar que determinats habitatges han de servir per viure-hi. Pot limitar els creuers, els vehicles, les places turístiques o els vols. Pot tancar un espai saturat, retirar llicències i anteposar la continuïtat d'una comunitat al rendiment màxim dels seus actius.

No equival a tancar fronteres. La sobirania turística no és puresa identitària, sinó capacitat democràtica.

Venècia pertany prioritàriament a la seva població, no a les navilieres. Barcelona, a qui l'habita, no a les plataformes turístiques. Mallorca, a qui hi sosté una vida, no a una indústria que comercialitza la seva disponibilitat.

El visitant mereix hospitalitat, no sobirania. Una població ha de poder conservar el dret a retirar parts del seu territori del mercat turístic, encara que hi hagi demanda i encara que algú estigui disposat a pagar.

Turisme, un poder no elegit

El turisme ja no és únicament una activitat econòmica. Ha adquirit capacitat per organitzar el territori, l'ocupació, l'habitatge, les infraestructures i el calendari polític. Ha començat a actuar com un poder constituent sense haver estat elegit.

La qüestió ja no és si el turisme genera riquesa. La genera. La qüestió és quin tipus de pobresa pot produir en fer-ho: pobresa d'habitatge, de temps, d'espai públic, d'expectatives i de futur.

Comencen a aparèixer pintades i cartells als cotxes dels habitants locals. Fins i tot jo n'he fet servir un —una vegada—, que vaig escriure en alemany, ja fart de carreteres secundàries col·lapsades per cicloturistes.

‘Mallorca està saturada de cicloturistes, molesteu als locals en la seva vida quotidiana. Si us plau, valoreu fer cicloturisme a Badajoz o Conca l'any vinent. Us ho preguem, de debó. Moltes gràcies.’

És patètic, sí. És barroer, també. I és delicat. Però els turistes, i fins i tot els residents estrangers dels llocs que s'han gentrificat, necessiten rebre urgentment determinats missatges, respectuosos però clars.


[Font: www.theconversation.com]