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sexta-feira, 23 de outubro de 2026

Lula contra un tsunami conservador

El triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, así como el éxito de su partido en los comicios legislativos y estatales, coloca contra las cuerdas a la izquierda brasileña. La sociedad civil progresista ya se ha sumado a la campaña de Lula para revertir el resultado en el balotaje. 


Escrito por Bernardo Gutiérrez

Un tsunami conservador arrolló a Brasil el domingo 4 de octubre. Conservador, aunque no exclusivamente bolsonarista. El candidato de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, recibió el voto del bolsonarismo radical y el de buena parte de las derechas. Reunió el voto contra la izquierda y el de millones de personas desencantadas con una realidad en la que, pese a los indicadores económicos bajo control, la vida se vuelve más y más difícil.

El candidato del Partido Liberal (PL) se impuso por sorpresa en la primera vuelta de las elecciones presidenciales con 47,03% de los votos. Consiguió 2.224.965 votos más que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien cosechó 45,16%. Ninguna encuesta anticipó el resultado. El hijo del expresidente Jair Bolsonaro votó en Río de Janeiro convencido de que ganaría en la primera vuelta, guiado por los sondeos internos de su partido. «Hay un claro movimiento de voto bronca ya en esta primera vuelta. Quien votaría a otros candidatos ya está votando a Flávio Bolsonaro», aseguró luego de votar.

Los primeros resultados del escrutinio –de las elecciones legislativas y estatales– fueron un balde de agua fría para la izquierda. El gobernador de San Pablo y fiel aliado del bolsonarismo, Tarcísio de Freitas, arrasó con 62,65% de los votos válidos frente a Fernando Haddad, exministro de Hacienda y excandidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT). Cleitinho Azevedo, un candidato evangélico también aliado de Bolsonaro, dio otra sorpresa al imponerse en la primera vuelta en Minas Gerais, el segundo distrito electoral del país. La izquierda apenas ganó tres de los 19 estados cuya elección se definió en primera vuelta y disputará otros dos en el balotaje.

El resultado de las elecciones legislativas también fue un golpe para el PT, en especial las del Senado. Las exministras Marina Silva y Simone Tebet, candidatas en San Pablo, quedaron fuera, al igual que Benedita da Silva, una figura histórica del PT, en Río de Janeiro. En ambos estados triunfaron candidatos de extrema derecha. Con 29 senadores, el PL de Bolsonaro se consolidó como el principal partido de una Cámara Alta ampliamente controlada por la derecha. El PL también amplió su presencia en la Cámara de Diputados: consiguió 121 bancas, 22 más que en 2022, a costa del centrão, un bloque de partidos ultrapragmáticos que va del centro a la derecha. Aun así, el panorama en la Cámara de Diputados es un poco menos desolador para la izquierda: sus seis partidos suman 118 bancas, una más que en 2022.

El triunfo del bolsonarismo en las elecciones legislativas también tuvo una dimensión simbólica: triunfaron sus figuras más conocidas y de línea dura. La ex primera dama Michelle Bolsonaro y Carlos Bolsonaro, respectivamente esposa e hijo de Jair Bolsonaro, fueron elegidos senadores. Sérgio Moro, el juez que encarceló a Lula en 2018, es el nuevo gobernador de Paraná sin necesidad de balotaje. Al mismo tiempo, el joven político e influencer Nikolas Ferreira se convirtió en el diputado más votado de la historia, con 3.119.314 votos en Minas Gerais. Su apoyo a través de transmisiones en vivo y publicaciones en redes sociales ayudó a que se eligieran diputados de extrema derecha en todo Brasil. Mientras tanto, fracasaron las candidaturas de casi todas las figuras históricas de la izquierda.

Los coordinadores de la campaña de Lula, los analistas electorales y los politólogos continúan intentando comprender el resultado. A primera vista, la distribución territorial del voto ofrece algunas respuestas: Lula se impuso en el Nordeste, su gran bastión (66,76% frente a 30,85%), pero Flávio Bolsonaro mejoró en 3,97 puntos porcentuales el resultado de su padre en la primera vuelta de 2022 en esa región. En el crucial Sudeste, que concentra casi a 66,5 millones de electores, Lula perdió 1,8 millones de votos con respecto a 2022. Sin embargo, la explicación del aumento de los votos para Flávio Bolsonaro (3,83 puntos porcentuales más que Jair en 2022) es más compleja: abarca todo el país y responde a diferentes causas. ¿De dónde surge el vigor electoral de un candidato al que, según algunas encuestas, rechaza 56% de la población? ¿Es posible que Lula gane en el balotaje cuando la mayoría de los demás candidatos, que se sitúan del centro a la derecha y suman 7,58% de los votos, ya han llamado a votar por Bolsonaro?

Medios y plataformas

Si en la campaña de 2022 los medios de comunicación tuvieron un papel relevante al denunciar la corrupción y el autoritarismo del gobierno de Jair Bolsonaro, en la actual campaña adoptaron desde el comienzo una posición crítica hacia Lula. Esto se verificó, de modo especial, en la poderosa Rede Globo. Durante el mes de agosto, Globo insistió en las sospechas contra el hijo de Lula, Fábio Luis Lula da Silva, conocido como Lulinha, por un presunto tráfico de influencias que no ha sido probado. Paralelamente, los grandes medios de comunicación fueron más indulgentes con Flávio Bolsonaro: dieron escasa relevancia a los casos de corrupción que lo involucran y tampoco destacaron los hechos que fueron aflorando cuando la justicia levantó el secreto de las actuaciones sobre el Banco Master, un escándalo financiero que salpica especialmente a la derecha. Si en julio pasado los medios difundieron la financiación ilegal de Dark Horse, una película biográfica sobre Jair Bolsonaro, con dinero de ese banco, algo que entonces pareció hundir a Flávio en las encuestas, durante la campaña apenas se publicaron las nuevas revelaciones del caso. 

Los grandes medios tampoco dieron demasiada relevancia a la investigación de la Policía Federal sobre una enmienda parlamentaria de casi 200.000 reales que Flávio Bolsonaro destinó en 2023 a una entidad vinculada a los hermanos Brazão, condenados como autores intelectuales del asesinato de la concejala Marielle Franco en 2018. Algo similar ocurrió con las revelaciones del sitio PlatôBR, basadas en mensajes y fotos de un exsocio del candidato, que lo vinculan con fiestas privadas con prostitutas, un Rolex de 305.000 reales pagado por un abogado y una supuesta gestión ante un juez del Supremo.

El caso de Ana Clara Gomes Machado, una niña de cinco años asesinada a tiros por un policía en Río de Janeiro al que Flávio Bolsonaro defendió como abogado, solo llegó al gran público gracias a la iniciativa independiente Revelando. «El periodismo masivo piensa que es necesario buscar un equilibrio, incluso cuando no existe. Colocar las sospechas sobre el PT en igualdad con las que pesan sobre Flávio Bolsonaro es en sí un desequilibrio», denunció el periodista Bruno Torturra en el popular podcast Calma urgente. Solo cuando Flávio empezó a subir en las encuestas, medios conservadores como O Estado de S. Paulo publicaron editoriales que advertían sobre el riesgo de que un eventual gobierno suyo favoreciera a las milicias que nacieron en Río de Janeiro, donde hoy controlan barrios enteros, y se han extendido a otros estados. Su poder se basa en la extorsión y la explotación ilegal de servicios. Flávio Bolsonaro mantiene vínculos documentados con ese mundo. Siendo diputado estadual, homenajeó a Adriano da Nóbrega, excapitán de la Policía Militar señalado como jefe de un grupo de sicarios, y empleó en su gabinete a la madre y a la exesposa de este.

El papel de las grandes empresas tecnológicas en las elecciones, aunque todavía no ha sido investigado a fondo, ha generado sospechas. Como señalaba el ensayista Moysés Pinto Neto, la «fragmentación del espacio público» producida por las plataformas ofrece a cada persona, por medio de los algoritmos, una visión distinta de la realidad social. Durante la campaña se registraron episodios que alimentaron las denuncias de un sesgo político de las plataformas. Facebook suspendió temporalmente la publicidad de Lula. Projetemos, un colectivo que proyecta mensajes políticos sobre paredes de todo Brasil, denunció la suspensión de su grupo de WhatsApp. Instagram eliminó un video del humorista Fábio Porchat sobre la relación de Flávio Bolsonaro con el caso del Banco Master. Un estudio del NetLab de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) reveló que 68,1% de la publicidad de Meta analizada entre el 16 de agosto y el 16 de septiembre atacaba instituciones o planteaba sospechas sobre el proceso electoral.

El papel de la inteligencia artificial también está bajo sospecha. Un estudio de la organización Ekō, que planteó las mismas preguntas a ChatGPT, Gemini, Grok y Meta AI simulando votantes de distintas tendencias, constató que esos sistemas recomendaban candidatos según el perfil del usuario, pese a que una resolución del Tribunal Superior Electoral lo prohíbe. Gemini, por ejemplo, desaconsejó votar a Lula ante un perfil conservador. En otra interacción, ChatGPT omitió información sobre el banquero Daniel Vorcaro y afirmó que no había pruebas de irregularidades cometidas por Flávio Bolsonaro.

La crisis del Tribunal Supremo y el sentimiento antisistema

A comienzos de septiembre, una filtración sacudió la campaña electoral. El juez del Supremo Tribunal Federal (STF) André Mendonça, nombrado por el expresidente Jair Bolsonaro por ser «terriblemente evangélico», filtró supuestas conversaciones de WhatsApp entre otro integrante de la Corte, Alexandre de Moraes, y Daniel Vorcaro, el banquero involucrado en el caso Master. La filtración buscaba demostrar que el poderoso Moraes, conocido popularmente como Xandão y enemigo de Bolsonaro, había recibido favores de Vorcaro, entre ellos contratos millonarios para el estudio de abogados de su mujer.

La crisis dentro del Supremo supuso un balón de oxígeno para el bolsonarismo. Aunque rápidamente se hizo público que otros integrantes de la Corte estaban más implicados en el caso Master que Moraes, el electorado asoció la corrupción del Supremo, uno de los blancos frecuentes del bolsonarismo, con Lula. Además, el episodio ayudó a Flávio Bolsonaro a capitalizar el sentimiento antisistema. En la recta final de la campaña, el candidato de extrema derecha explotó el lema «Muda Brasil» [Cambia Brasil], usado por su padre en las elecciones de 2018. En sus declaraciones tras el resultado electoral, destacó por encima de todo una palabra: «cambio».

Por su parte, Lula repitió la fórmula electoral de 2022, con Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente, lo que reforzó su identificación con el sistema político. «El tercer mandato de Lula estuvo casi invariablemente asociado al centrão, conformándose con los límites de la institucionalidad conservadora, evitando tensarla por medio de la presión popular», escribe el periodista Antônio Martins. El periodista Roberto de Toledo, en el programa especial de UOL de la noche electoral, destacó el desgaste de la vieja política. «El caso de Cleitinho nos muestra claramente que el elector no quiere más a los candidatos de la vieja política. En estas elecciones, también perdieron viejas dinastías familiares que gobernaron décadas en el Nordeste y el Norte», puntualizó.

Mientras la extrema derecha ha abierto espacio a dirigentes jóvenes que no provienen de la política tradicional, el PT sigue apoyándose en sus figuras históricas. Varias de ellas sufrieron derrotas importantes: Patrus Ananias como candidato al gobierno de Minas Gerais, José Dirceu (uno de los fundadores del PT) como candidato a diputado y Gleisi Hoffmann (expresidenta del PT) al Senado. La excepción dentro del PT fue Ana Elisa, una influencer que consiguió más de medio millón de votos como diputada. A la izquierda del PT, el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) logró que se eligiera como diputados a figuras como Jones Manoel, referente de la lucha antirracista, o Rick Azevedo, un empleado de farmacia que impulsó el debate sobre el fin del régimen laboral de seis días de trabajo por uno de descanso, conocido como «escala 6 × 1». La mujer trans Erika Hilton, una de las principales impulsoras de esa demanda, fue la segunda diputada más votada de San Pablo.

Seguridad e intervención de Estados Unidos

La seguridad pública también parece haber tenido un peso importante en el resultado. La reelección en primera vuelta del gobernador paulista, Tarcísio de Freitas, y la elección de su secretario de Seguridad, Guilherme Derrite, como senador, ambos defensores de la «mano dura», muestran la fuerza electoral de esa agenda. Todos los nuevos senadores del PL incluyen la seguridad en el centro de su discurso. La designación de las organizaciones de narcotraficantes brasileñas Comando Vermelho [Comando Rojo] y Primer Comando de la Capital (PCC) como terroristas por parte de Donald Trump reforzó el discurso de Flávio Bolsonaro, que ganó en la mayor parte de la zona norte de Río de Janeiro, marcada por la presencia del narcotráfico, donde Lula había triunfado en 2022.

A pesar de que el gobierno aprobó su proyecto contra las organizaciones criminales y de que la campaña de Lula lanzó a fines de la semana pasada el documental breve Peligro, mira esto antes de votar –un repaso de las denuncias de corrupción y de los vínculos de Flávio Bolsonaro con las milicias–, el presidente no consigue disputar con eficacia una agenda de seguridad atravesada por el trumpismo y por la oleada de noticias falsas del bolsonarismo que lo asocian con el crimen. «La designación de las facciones como terroristas le ha dado a Flávio una bandera fuerte en la seguridad pública», afirma el politólogo Octavio Amorim Neto en una entrevista publicada en el periódico Nexo. Según el investigador, la intervención estadounidense en la campaña comenzó con el aumento de los aranceles en julio de 2025.

Aunque es difícil medir su incidencia en el resultado, la injerencia de Estados Unidos también ha sido objeto de denuncias. El PT sostuvo que la red de donantes conservadores Rockbridge Network, cofundada por el vicepresidente estadounidense J.D. Vance, ha invertido en la campaña de Flávio Bolsonaro. También se ha cuestionado la actuación, desde Miami, de las plataformas de apuestas Kalshi y Polymarket. Además, el gobierno ordenó investigar una financiación de un millón de dólares procedente de Estados Unidos a grupos que cuestionan las decisiones de la justicia brasileña. El viernes previo a las elecciones, el gobierno estadounidense suspendió la atención al público en sus consulados en Brasil y alegó «riesgos de seguridad». La revista Fórum reveló que el Sistema Brasileño de Inteligencia había emitido un informe que alertaba sobre una operación psicológica para «generar un clima de tensión permanente hasta el domingo».

Economía cotidiana

En agosto de este año, durante los primeros días de la campaña electoral, el equipo de Flávio Bolsonaro difundió videos grabados en supermercados. Mientras la campaña de Lula lanzaba videos sobre su larga y emotiva trayectoria política, la de Flávio comparaba los precios de los productos durante el gobierno de Jair Bolsonaro y el tercero de Lula, con todo tipo de manipulaciones. La inflación está controlada y algunos productos incluso bajaron de precio. Sin embargo, el alza del precio de la gasolina por la guerra en Irán y el encarecimiento de algunos productos agrícolas por problemas derivados del cambio climático generalizaron la sensación de que la vida está más cara.

En esa «guerra de precios», el PT llegaba tarde y mal a desmentir las piezas de la campaña de los bolsonaristas. Tampoco consiguió comunicar bien que el gobierno de Lula eliminó el impuesto a las ganancias para quienes perciben hasta 5.000 reales mensuales (unos 1.000 dólares). «La campaña pasó lejos de los problemas cotidianos de la gente», aseguró en UOL la periodista Thais Bilenky el domingo electoral. En agosto, Brasil batió el récord de endeudamiento familiar: 82% de las familias tiene algún tipo de deuda. El endeudamiento con tarjetas de crédito y las elevadas tasas de interés –la tasa de referencia se sitúa en 13,75%– apenas aparecieron en la campaña de la izquierda. Para abordar el endeudamiento, Lula apostó por prohibir las apuestas en línea mediante un decreto presidencial. «La inflación puede estar bajo control, pero el endeudamiento de las familias amargó cualquier sensación de bienestar», escribió Igor Gielow en un artículo de Folha de São Paulo tras las elecciones.

Voto evangélico y antipetismo

La campaña de Lula no logró atraer a los evangélicos, que ya representan más de una cuarta parte de la población. Datafolha reveló poco antes de la primera vuelta que Flávio Bolsonaro tenía 52% de intención de voto entre los evangélicos, frente a 26% de Lula (entre los católicos, Lula tenía 50% y Flávio, 32%). Las organizaciones evangélicas progresistas que apoyaron a Lula en la campaña de 2022 no han tenido el mismo protagonismo en estas elecciones. Aunque la religión no sea el único motivo, el bolsonarismo arrasó en los dos estados más evangélicos, Rondônia (67,45%) y Acre (64,56%). En Río de Janeiro, uno de los estados con mayor proporción de evangélicos del Sudeste, obtuvo su mejor resultado de la región (53,01%). En los días previos a las elecciones, se registró una intensa actividad en iglesias evangélicas, que pidieron expresamente el voto contra Lula, a quien acusan de querer destruir la familia tradicional. A pesar de la diversidad del mundo evangélico, que también incluye sectores progresistas, el pentecostalismo crece rápidamente y se ha convertido en una de las piezas claves del bolsonarismo. Su fórmula combina la cruzada en defensa de los valores morales, el antilulismo y la «teología de la prosperidad», según la cual la riqueza y el éxito individual son señales de la bendición divina.

El antilulismo y el antipetismo –un rechazo al PT construido a lo largo del tiempo– han sido motores fundamentales de la campaña de Flávio y de los candidatos que lo acompañan. El lema «Fora Lula» [Fuera Lula] se ha visto a lo largo de la campaña en camisetas, calcomanías, pancartas, carteles e incluso en autobuses, como el usado por Ricardo Salles, exministro de Medio Ambiente de Jair Bolsonaro. Algunos candidatos prepararon un kit contra Lula que enviaban a quienes se registraban en un sitio web. Una parte importante de los votantes de Flávio no se considera bolsonarista: se define, ante todo, como antilulista y antipetista. No existe un 50% de fascistas en Brasil, como señaló hace unos días el académico Marcos Nobre. Por ello, Flávio Bolsonaro ya ha anunciado que su estrategia para la campaña del balotaje del 25 de octubre se centrará en el antipetismo.

La concentración del voto útil en su candidatura también puede relacionarse con la forma en que las encuestas presentan la disputa. Como sostiene el periodista João Paulo de Oliveira, esas mediciones parecen responder a la pregunta «¿Quién puede derrotar a Lula?» en el balotaje, más que intentar averiguar qué candidato conservador era el más competitivo en la primera vuelta. Cuando el candidato Augusto Cury apareció como ganador frente a Lula en un hipotético balotaje, algo que nadie excepto Flávio Bolsonaro había conseguido, dejó de ser incluido en las encuestas posteriores.

Un balotaje cuesta arriba

Tras el impacto de los resultados, Lula pidió cambiar radicalmente su campaña. Felipe Nunes, director de la encuestadora Quaest, sostiene que Flávio Bolsonaro es favorito y que Lula tendrá que conformar un frente amplio. Apunta una de las grandes diferencias entre las campañas de 2026 y 2022: si en ese año Lula construyó un amplio frente en defensa de la democracia, con diferentes partidos y figuras de la sociedad civil, en 2026 acudió a las elecciones apoyado por las izquierdas y por su prestigio histórico. Desde el domingo de la primera vuelta, muchas voces han solicitado la creación urgente de un frente democrático de cara al 25 de octubre. «Sin embargo, un frente democrático tiene que ir más allá del Congreso, de la clase política y de las Fuerzas Armadas. Tiene que llegar a la sociedad civil. Lula no quiso movilizar al centro liberal que no solo está preocupado por la democracia, sino también por la estabilidad macroeconómica y la política exterior», sostuvo el politólogo Octavio Amorim Neto en Nexo.

Mientras Lula y Flávio Bolsonaro intentan cerrar acuerdos con los candidatos derrotados, la campaña del presidente apuesta por una estrategia de persuasión de quienes votaron por otros candidatos. Ha lanzado un documento para dialogar con quienes no votaron por él y un sitio web y una aplicación, Onde dá para conversar [Dónde se puede conversar], que cruzan datos electorales por territorio y ofrecen claves para convencer a electores de diferentes perfiles de que voten a Lula.

Aunque los votantes de Augusto Cury (Avante, de centro), Ronaldo Caiado (Partido Social Democrático, conservador), Romeu Zema (Partido Novo, liberal) y Renan Santos (Missão, de extrema derecha) tienden a la derecha, Flávio Bolsonaro no tiene garantizado su apoyo. La semana pasada, Meio/Ideia reveló que el 55,6% de los votantes de Cury votaría a Lula, frente al 27,8% que elegiría a Flávio Bolsonaro. Por otro lado, apenas el 26,4% de los votantes de Caiado votaría a Flávio. Sin embargo, Caiado acaba de anunciar su apoyo al candidato del PL. Renan Santos (Missão), vinculado al Movimiento Brasil Libre (MBL) y que intentó construir una derecha independiente del bolsonarismo, quedó cuarto con el 2,24% de los votos. Tras el escrutinio, anunció que no apoyará ni a Flávio ni a Lula en el balotaje, aunque reconoció que da por ganador al candidato del PL.

La campaña de Lula tiene el desafío de tender la mano a quienes no se consideran ni lulistas ni izquierdistas. El miedo a un nuevo gobierno de la familia Bolsonaro es su principal carta. El analista Leonardo Sakamoto, en un artículo publicado el mismo día de las elecciones, sostenía que el «brasileño exhausto» de la polarización política podía definir las elecciones, especialmente entre el 21,1% de abstencionistas y los mayores de 70 años, más cercanos a Lula. No ocurrió en la primera vuelta. Y si ocurre en el balotaje, no será solo gracias a la campaña oficial, sino también a los millones de ciudadanos que, como en 2022, ya están en las calles y en las redes buscando votos para revertir el resultado de la primera vuelta. 

 

[Foto: Bruna Prado/AP - fuente: www.nuso.org]

Brésil : un second tour sous haute tension

 

Écrit par Israel Dutra et Gabriella Lima 

Dimanche 25 octobre se tiendra le second tour des élections au Brésil. Quatre jours avant cette échéance décisive, Gabriella Lima s’est entretenue pour Marx21 avec Israel Dutra, sociologue, secrétaire aux mouvements sociaux du PSOL et membre de la direction nationale du parti et du Mouvement de la gauche socialiste (MES/PSOL).

À la veille du premier tour, nous avions déjà publié les analyses d’Israel Dutra et de Valerio Arcary sur le contexte et les enjeux de ces élections auxquelles nous renvoyons les lectrices et lecteurs intéressés.


GL :  Dans quel contexte se déroulent ces élections par rapport aux précédentes ?

ID : Deux éléments marquent la différence par rapport aux élections de 2022 : la présence de Trump à la présidence des États-Unis, avec toute la force de sa dynamique néocolonialiste, et l’entrée en scène de centaines de milliers de militant·es, avec des manifestations de masse visant à empêcher dans la rue l’arrivée au pouvoir du clan Bolsonaro. C’est une élection « sous haute tension ».


Trump et ses alliés, comme Milei, ont remporté les sept dernières élections en recourant à toutes sortes d’ingérences, directes ou indirectes. Si Flávio Bolsonaro l’emporte, ce sera un tournant en faveur de l’extrême droite, qui aura des répercussions partout. Si Lula l’emporte, cela ouvrira la voie à la défaite de l’extrême droite, d’autant plus que Trump pourrait perdre les élections de mi-mandat, qui auront lieu dans quelques semaines.

 

Trump s’en est pris au Brésil. Il a recouru à une guerre tarifaire, s’en est pris au PIX et souhaite désormais assurer la victoire de Flávio, en s’appuyant sur les réseaux sociaux contrôlés par les géants de la tech. Il est intervenu au Pérou, en Colombie et souhaite désormais contribuer à l’élection de Flávio, afin de transformer le Brésil en un protectorat au service des intérêts américains.

Le PIX est un système brésilien de paiement électronique instantané, lancé en novembre 2020 par la Banque centrale du Brésil (Banco Central do Brasil). Donald Trump a engagé, depuis juillet 2025, une offensive commerciale contre ce système brésilien qu’il accuse de concurrencer les entreprises américaines de paiement, notamment Visa et Mastercard (NDT).


GL : Comment évaluer ce succès à la fois de l’extrême droite, mais également celui du PSOL ?

L’extrême droite fait preuve de résilience et dispose d’une base populaire. Et le gouvernement Lula a affiché une performance populaire qui n’a pas répondu aux attentes de la société. Le PSOL s’est renforcé lors de ces élections. Nous avons obtenu nos meilleurs résultats, dépassant les 5 %, avec deux députées figurant parmi les cinq candidates les plus votées du pays. Une équipe parlementaire renouvelée qui prône un programme de transformation. Notre fédération a élu 15 députés fédéraux, dans quatre des cinq régions du pays, ainsi qu’une quarantaine de députés au total dans les assemblées régionales. Nous sommes confrontés à une contradiction, due à la « clause d’exclusion », qui vise à écarter les partis idéologiques et qui menace le PSOL pour des raisons draconiennes.


Une disposition de la législation électorale brésilienne appelée « clause de performance » constitue un problème particulier pour le PSOL (Parti socialisme et liberté). Elle impose d’atteindre un certain seuil de représentativité au niveau national pour bénéficier de l’accès au financement public des partis et de l’accès gratuit à un temps d’antenne à la radio et à la télévision (NDT). 

 

GL : Quel a été l’impact de la crise au sein de la Cour suprême sur la campagne électorale ? Quelles mesures le gouvernement Lula a-t-il prises pour toucher l’électorat des classes populaires et renverser la tendance des votes ?

ID : La Cour suprême brésilienne est discréditée et entachée par d’innombrables scandales de corruption. Elle a joué un rôle important en adoptant une attitude ferme face à la tentative de coup d’État du 6 janvier 2023 et en ne se laissant pas intimider par les menaces de Trump ; cependant, à l’instar de l’ensemble des institutions du régime, la grande majorité de la population sait que la Cour suprême n’est pas digne de confiance. Cela a conduit Flávio Bolsonaro et l’extrême droite à utiliser de manière démagogique la corruption au sein de la Cour suprême pour ternir l’image de Lula.


Mais nous avons obtenu une avancée importante avec la suppression de l’odieux système 6×1, avec la réduction absolue de la durée hebdomadaire du travail. C’est l’une des plus grandes victoires de la classe ouvrière brésilienne dans toute son histoire récente. De plus, Lula a interdit les BETS (marchés de paris sportifs), a augmenté les prestations sociales, a accordé une amnistie partielle pour certaines dettes, a exonéré les petites entreprises et promet de mettre en place la gratuité partielle dans le réseau de transports urbains.


La loi actuelle autorise le patronat brésilien à imposer une semaine de travail de 44 heures sur 6 jours, alors qu’un projet de modification de la constitution adoptée par la Chambre basse, mais qui est toujours bloquée par le Sénat, permettrait de passer 40 heures sur 5 jours. (NDT)


GL : Quels sont les défis pour la gauche au second tour et au-delà ?

ID : Renverser la tendance électorale et mobiliser des forces sociales pour défendre un programme de changement. Nous devons nous inspirer des grandes mobilisations de la génération Z à travers le monde pour construire une alternative qui aille au-delà du processus électoral.

 

 

Les élections constituent un moment important, mais ce qui est déterminant, c’est ce qu’on appelle les rapports de forces, qui ne sont rien d’autre que la capacité de la société et du mouvement de masse à s’auto-organiser à partir d’horizons et de perspectives. C’est là qu’intervient le rôle de la gauche anticapitaliste, qui doit dépasser les limites de la gauche institutionnelle et celles du modèle dit du « progressisme ». Le PSOL doit se montrer à la hauteur de ses responsabilités en ce moment historique.


Vaincre le bolsonarisme, c’est vaincre son projet. Vaincre son programme et sa stratégie. Gagner une majorité sociale pour défendre un autre programme et un autre modèle. Cela passe par la défaite de Flávio Bolsonaro le 25 octobre, mais aussi par la construction d’une résistance populaire et durable, de masse, afin d’imposer une autre issue, de grande envergure et radicalisant la démocratie.

 

* Israel Dutra est sociologue, secrétaire aux mouvements sociaux du PSOL, membre de la direction nationale du parti et du Mouvement de la gauche socialiste (MES/PSOL). 

 

[Source : www.marx21.ch]

 

quarta-feira, 21 de outubro de 2026

Brasil: onda vermelha disputa a virada

São milhões que estão conversando nas suas famílias, nos locais de trabalho, de moradia, nos transportes públicos. Essa força político-social é o maior trunfo da campanha Lula nestes próximos dias. 

Presidente Lula durante evento aberto à população no interior do Nordeste

Escrito por Valério Arcary 

Quem faz o seu destino são as suas escolhas, não as suas chances
Provérbio popular português

1. A história nos ensina que, diante de situações perigosas, acontecem fenômenos surpreendentes e extraordinários. Uma imensa parcela da sociedade que estava, até então, politicamente inativa, diante de uma ameaça terrível, coloca-se em movimento e faz a diferença. Foi assim no Fora Collor em 1992, e agora, também. A vitória da extrema direita nas eleições para governadores, Câmara de Deputados e Senado, associada à passagem de Flávio Bolsonaro (PL) em primeiro lugar para o segundo turno, foi o gatilho. Despertou, nas últimas duas semanas, uma gigantesca mobilização de massas, nas ruas e nas redes. A contra-ofensiva da “onda vermelha” veio de “baixo para cima” em modo de auto-organização diante da ameaça de vitória do bolsonarismo. Um “grande medo” está incendiando a disposição de luta na hora decisiva das eleições. O segundo turno está sendo disputado “a quente” e estamos diante de um empate técnico em que a diferença está diminuindo. Já são milhões que se levantaram. Só isso pode explicar as desconcertantes pesquisas que confirmaram que os nove milhões de votos que foram entregues aos outros candidatos de direita — Cury, Caiado, Renan e Zema — não asseguraram uma vantagem clara do bolsonarismo. O engajamento de massas colocou os neofascistas na defensiva. A esquerda conquistou hegemonia nas ruas e superioridade nas redes. Era imprevisível. Mas está sendo arrebatador e magnífico.

2. Manifestações ininterruptas em todo o país, após a colossal ocupação da avenida Paulista em 11 de outubro, de Recife a Porto Alegre, passando por Salvador e Brasília, culminando na praia de Copacabana no domingo, 18 de outubro, e  estendendo-se pelas cidades médias do interior, como Juiz de Fora e Campinas, e outras muito menores, ganharam dimensões assombrosas e sustentaram o crescimento de Lula nas pesquisas, associadas a uma atividade febril nas redes sociais. São pelo menos dois os fatores que incidiram na consciência da base social da esquerda e ajudam a compreender essa “explosão”: (a) o papel dos estudantes foi a centelha que incendiou as ruas, imediatamente depois do 4 de outubro, alimentando a esperança de que uma virada seria possível, porque os mais jovens “caminham mais leves”; (b) a percepção de que o bolsonarismo não pode ser subestimado e deve ser levado muito a sério, portanto, de que a revisão constitucional anunciada será a antessala de um regime autoritário, e de que a recolonização do Brasil pelos EUA é um perigo “real e imediato”.

3. A dúvida sobre o desfecho das eleições mantém-se, porque ainda não aconteceu uma virada. A análise não pode ser torcida. Uma virada poderá ou não vir, mas, mesmo que a probabilidade seja arriscada, há que lutar até o fim. Esse deve ser o papel do comando da campanha e de todos aqueles que compreendem a máxima gravidade do que está em disputa. As margens são tão estreitas — inferiores a 2% — que não há favoritismo de ninguém, e a possibilidade da vitória de Lula está colocada. O que ainda prevalece, cinco dias antes das eleições, é um desenlace indefinido. Os erros da imensa maioria das pesquisas na véspera do primeiro turno, subestimando a votação de Flávio Bolsonaro, confirmaram que os institutos têm dificuldades metodológicas em aferir os resultados da votação da extrema direita, por variados fatores, dos quais três se destacam: (a) dados desatualizados do IBGE que oferecem as métricas do modelo; (b) a desconfiança da base bolsonarista de responder às pesquisas; (c) a definição de voto no próprio dia. Mas esta incerteza não autoriza qualquer conclusão sobre uma inevitável, menos ainda invencível “avalanche” fascistoide.

4. Nada está garantido, e não nos podemos deixar enganar pelo desejo, mas uma análise lúcida exige destacar cinco evoluções positivas do momento da conjuntura: (a) as entrevistas no Jornal Nacional da TV Globo parecem ter favorecido o desempenho de Lula porque nas pesquisas feitas no dias posteriores a vantagem do filho de Bolsonaro diminuiu; (b) apesar do comício na Paulista do bolsonarismo de domingo 18 de outubro ter sido muito grande, foi menor do que o de apoio a Lula uma semana antes, e a campanha Lula está na ofensiva na mobilização permanente de rua em escala nacional, com uma ampla vanguarda de massas expondo, publicamente, sua adesão, em especial dos artistas populares; (c) o ativismo de apoio a Lula nas redes sociais, ao contrário das eleições, desde 2018, deu um salto de qualidade com o rejuvenescimento e irreverência das novas lideranças, e conquistou supremacia; (d) a vitória histórica do fim da escala 6×1 e uma linha de campanha orientada para expansão de reformas — proibição das apostas nas Bets, anistia e créditos para MEI’s endividados, passe livre nos fins de semana, pé de meia para universitários — e o giro teve um impacto real nas expectativas, inflamando um entusiasmo que não existiu antes do primeiro turno; (e) apesar do debate na Band ter sido um espetáculo desprezível de horror pelo papel provocador de Flávio, orientado pelos métodos de Pablo Marçal, Lula demonstrou que, aos 80 anos, com altos e baixos, ainda está em forma, com a audácia de desafiar a abertura dos sigilos bancário e telefônico. Mais importante, a campanha ganhou a disputa de narrativa nas redes sociais.    

5. Ninguém ignora que o país está, politicamente, fraturado, e a influência das duas correntes que disputam a presidência está consolidada. Mas não está congelada e, nas margens, ocorreram deslocamentos. O núcleo duro de apoio da extrema direita repousa na fração mais reacionária da classe dominante, na classe média acomodada, na proto pequena-burguesia de vinte milhões de “empreendedores”, em sua maioria na informalidade, nos rancores de negacionistas e nos ressentimentos do machismo, racismo e homofobia. O núcleo duro da campanha Lula repousa na metade mais pobre do povo, nas mulheres e negros, nos nordestinos e LGBT+, nos setores mais organizados da classe trabalhadora, que arrastam a maioria do mundo da ciência, arte e cultura. Todos os dados disponíveis indicam que a eleição será decidida por uma margem ínfima. Qual será o impacto eleitoral daqueles que estiveram nas ruas e nas redes nos últimos 20 dias? Em que escala a “onda vermelha” pode incidir sobre os indecisos? Em que medida a intensa “convulsão” em curso poderá estimular eleitores de Lula que não foram votar? São milhões que estão conversando nas suas famílias, nos locais de trabalho, de moradia e nos transportes públicos. Essa força político-social é o maior trunfo da campanha Lula nestes próximos cinco dias. As reservas da ultradireita, comparativamente, são mais invisíveis e silenciosas, mas não menos poderosas: os fascistas contam com a força de suas posições em milhares de prefeituras, a disciplina do desespero do “clientelismo”, a audiência das igrejas neopentecostais, a força do dinheiro no Brasil profundo e, não menos importante, a manipulação das redes, como a Meta, protegidas pela interferência descarada do governo Trump. Nesse contexto, o debate na Globo, a disputa de narrativas nas redes sociais na sequência e a mobilização de sábado serão o desafio final. São cinco dias que decidirão nosso destino. 

[Foto: Ricardo Stuckert/Presidência da República - fonte: www.esquerda.net]

 

terça-feira, 20 de outubro de 2026

Bloquer l’extrême droite : mobilisons-nous pour élire Lula au second tour !

Déclaration du Bureau exécutif de la IVe Internationale. Le premier tour de l’élection présidentielle brésilienne, le 4 octobre, a été marqué par une reprise de l’offensive électorale de l’extrême droite, à la fin du troisième mandat de Lula. Avec 47,03 % des voix, contre 45,16 % pour Lula, Flávio Bolsonaro est arrivé en tête du premier tour, devançant Lula de plus de deux millions de voix. L’extrême droite a également progressé au Parlement et dans les États : le parti de Bolsonaro a remporté 121 sièges à la Chambre des député·es (sur un total de 513) et est devenu la première force au Sénat. 

Ces résultats confirment l’enracinement de la frange la plus radicale de l’extrême droite (le bolsonarisme), quatre ans après la défaite de Jair Bolsonaro, aujourd’hui emprisonné pour sa participation à une tentative de coup d’État en 2023. Mais ils expriment aussi une crise profonde du système politique brésilien, en particulier au sommet du pouvoir judiciaire, enlisé dans les privilèges et les soupçons de corruption – plusieurs de ses membres étant impliqués dans un scandale de relations avec un banquier fraudeur. Comme la Cour suprême (Supremo Tribunal Federal) a joué auparavant un rôle progressiste pour contenir les excès de Bolsonaro et le poursuivre en justice pour sa tentative de coup d’État, des secteurs populaires en sont venus à l’identifier au gouvernement, et donc à rejeter l’un et l’autre. 

De plus, la politique modérée et conciliante de Lula n’a pas répondu aux attentes populaires, alimentant un mécontentement que l’extrême droite a su exploiter en se présentant comme une force antisystème. 

Le projet du clan Bolsonaro – une famille mafieuse initialement liée à des milices criminelles de Rio de Janeiro – repose sur une alliance entre les franges les plus ultralibérales et antidémocratiques de l’agro-industrie, des banques et des fonds financiers, du grand commerce, des industriels et des courants religieux ultraconservateurs, s’appuyant sur une partie des officiers subalternes des forces armées et des membres des forces de police militarisées. Il combine un programme économique de démantèlement brutal des droits sociaux, des droits des travailleur·ses, des femmes et des personnes LGBT+, avec une offensive contre les libertés démocratiques et l’environnement, en particulier dans les grands biomes de l’Amazonie et du Cerrado. 

L’enjeu dépasse largement les frontières du Brésil. Donald Trump, qui intensifie ses ingérences en Amérique latine et parvient à faire élire des allié·es, de l’Amérique centrale jusqu’à l’extrême sud, compte trouver en Flávio Bolsonaro un allié de premier plan. Une victoire de son clan mettrait en péril la souveraineté du plus grand et du plus stratégique des pays d’Amérique latine et menacerait la région dans son ensemble. 

Les premières réactions de la moitié du pays qui ne souhaite pas le retour des Bolsonaro montrent que la société brésilienne n’est pas résignée. Au début du mois, des milliers de lycéen·nes et d’étudiant·es ont manifesté dans les grandes et moyennes villes contre le fascisme. La campagne de Lula a retrouvé son élan sur les réseaux sociaux. Des dirigeant·es de mouvements et des parlementaires de gauche, dont celles et ceux élu·es sur les listes du PSOL (Parti socialisme et liberté), organisent des brigades de « mobilisation électorale » dans les rues et les quartiers, participent à des rassemblements et appellent celles et ceux qui se sont abstenu·es à voter pour Lula. 

La lutte du peuple brésilien contre l’extrême droite, pour les droits sociaux, pour les libertés et pour l’indépendance face à l’impérialisme américain est aussi la nôtre. À l’heure actuelle, pour garantir qu’il n’y ait pas de recul, pour que les travailleur·ses, les jeunes, les populations noires et autochtones et tou·tes les Brésilien·nes opprimé·es conservent leur droit de lutter, de s’exprimer et aient la possibilité d’empêcher la soumission du Brésil à Washington, notre combat est celui de la réélection de Lula. 

Le 25 octobre, Lula président !

 

[Image : Ricardo Stuckert / PR - source : www.inprecor.fr - reproduit sur www.pressegauche.org]

segunda-feira, 19 de outubro de 2026

La banalité du mal : réflexions sur le documentaire « NAZA »

 

Écrit par Yakov M. Rabkin 

La description qu’Hannah Arendt fait d’Eichmann comme incarnant « la banalité du mal », sous-titre de son ouvrage Eichmann à Jérusalem, a choqué de nombreuses personnes. Elle a par la suite été critiquée à la suite de la découverte des propos antisémites de son protagoniste, inconnus lors de son procès. Le nouveau film NAZA, qui documente les rouages internes du génocide de Gaza, remet le concept de la banalité du mal sur le devant de la scène. Sauf que cette fois-ci, nous disposons des témoignages d’une vingtaine d’auteurs de ces crimes qui, contrairement à Eichmann, ne comparaissent pas devant un tribunal mais partagent leur expérience pour la plupart de manière décontractée et détendue, certains avec fierté de leurs accomplissements, d’autres avec des remords. Ils donnent l’impression d’être des hommes et des femmes de la classe moyenne tout à fait normaux, accomplissant consciencieusement leur travail exigeant dans le domaine des hautes technologies. Ces Israéliens incarnent quelque chose de différent des nazis qui tentaient de cacher leurs crimes à leur propre peuple, craignant que celui-ci ne les soutienne pas. Ce nouveau film traite de la normalité du mal dans une société qui a largement accepté le génocide se déroulant à moins de quarante miles au sud de Tel-Aviv.

Les vingt-quatre auteurs de ces crimes interviewés dans le film appartiennent à des unités d’élite des services de renseignement qui exploitent la puissance de l’IA et de la surveillance totale pour détruire Gaza. « Nous ne sommes pas des “antisémites” », remarque l’un des interviewés. Pourtant, il estime avoir tué plus de femmes et d’enfants que le plus acharné des antisémites. Aussi odieux que soient les pogroms en cours en Cisjordanie contre les Palestiniens, perpétrés par des milices de colons sionistes sous le regard complaisant et avec l’aide occasionnelle de l’armée israélienne (IDF), l’ampleur du massacre de civils à Gaza est incomparablement plus grande.

Les auteurs de ces crimes sont issus des classes privilégiées de la Tel-Aviv huppée et fastueuse, qui sert de toile de fond visuelle à l’ensemble du film. Parmi les leitmotivs de ces témoignages figurent la disposition à obéir aux ordres et le plaisir de surmonter des défis techniques complexes (la « technodélice », selon la définition qu’en donnait feu Jean-Jacques Salomon). « C’était marrant (kef) », a admis l’un des auteurs.

NAZA est un acronyme hébreu signifiant « dommages collatéraux ». L’association avec le terme « nazi » n’est pas fortuite ; l’un des auteurs compare son expérience à celle des nazis qui se livraient, au début des années 1940, à un massacre industrialisé, bien que moins sophistiqué. Lorsqu’il a été emmené, comme beaucoup de jeunes Israéliens (et de Juifs d’ailleurs), visiter les camps d’extermination nazis, il s’est demandé comment ces nazis pouvaient reprendre une vie normale après avoir tué des milliers de personnes par jour. Aujourd’hui, admet-il, il le sait. Il retrouvait ses amis après une journée passée à tuer principalement des femmes et des enfants et profitait de sa soirée.

Au départ, ni les nazis ni les sionistes n’avaient l’intention de commettre un génocide. Dans leurs fantasmes nationalistes exclusivistes, les nationaux-socialistes allemands voulaient expulser les indésirables, pour redonner sa grandeur à une Allemagne « purifiée » et agrandie et, dans le cas des sionistes socialistes au pouvoir en 1948 et 1967, lorsque des expulsions massives ont eu lieu, pour transformer la Palestine en un « État juif ». Les uns comme les autres étaient animés par la soif de terres : les nazis voulaient des terres fertiles en Europe de l’Est « purifiées » de la plupart des Slaves et de tous les Juifs — tandis que critiques et personnalités politiques ont décrit la stratégie territoriale d’Israël comme la recherche d’« un maximum de territoire avec un minimum d’Arabes ».

Dès le début du XXe siècle, les pionniers sionistes ont mis fortement l’accent sur la formation d’un « nouvel homme hébreu », intrépide et vaillant, qui avait rompu avec le statut de victime du passé. Dans son éloge funèbre de Theodor Herzl en 1904, Vladimir Jabotinsky, qui a fondé et façonné le courant désormais dominant du sionisme, a défini ainsi cette nouvelle créature :

Notre point de départ consiste à prendre le Juif typique d’aujourd’hui et à imaginer son contraire diamétral… parce que le Juif est laid, maladif et dépourvu de décorum, nous doterons l’image idéale de l’Hébreu d’une beauté masculine. Le « Yid » est piétiné et facilement effrayé ; par conséquent, l’Hébreu doit être fier et indépendant.

Ce n’est que plus tard, confrontés à la résistance suscitée par le mouvement des colons, que les Israéliens ont endossé le rôle de victimes innocentes, contraintes de se défendre. Les visites des camps d’extermination nazis constituent des éléments essentiels des outils didactiques utilisés pour forger des combattants impitoyables. Pas étonnant que la plupart d’entre eux aient qualifié l’attaque contre le sud d’Israël en octobre 2023 de « plus grand massacre de Juifs depuis l’Holocauste ». La différence entre les civils juifs impuissants pris pour cible par les nazis et le puissant État juif qui avait expulsé et confiné les Palestiniens dans un camp de concentration à ciel ouvert à Gaza avait complètement disparu. Pour évoquer la violence qu’ils déchaînent, les Israéliens utilisent souvent l’expression «ein brera» («il n’y a pas le choix»), qui préserve l’image qu’ils ont d’eux-mêmes et justifie leurs excès. C’est ainsi que le génocide s’est propagé de l’Europe à l’Asie occidentale.

Les protagonistes du film expliquent comment ils utilisent une technologie sophistiquée pour surveiller toutes les communications téléphoniques des Palestiniens. L’une des phrases que l’IA extrait de millions de conversations est : « Quand papa rentre-t-il à la maison ? » C’est ainsi que la décision est prise de détruire le domicile du suspect, ainsi que sa femme et ses enfants. Derrière leurs écrans d’ordinateur, ceux qui désignent ces cibles peuvent entendre plus tard les cris de ces enfants blessés qui, quelques minutes auparavant, attendaient leur père.

Israël, dont de nombreux responsables politiques prônent et mettent ouvertement en œuvre des politiques fascistes, est à juste titre fier d’être un leader mondial de l’innovation technologique, une « nation des start-ups ». Son avance qualitative sur ses voisins, garantie par la législation américaine, repose sur une coopération étroite avec le complexe militaro-industriel-numérique américain. Une législation à venir intégrera officiellement l’armée israélienne au sein de ce complexe. Contrairement à l’Ukraine, qui sert principalement de terrain d’essai pour Palantir et d’autres facilitateurs occidentaux de la guerre de haute technologie, les scientifiques et ingénieurs israéliens contribuent activement au développement de nouveaux systèmes tels que « Lavender », largement utilisés contre les Palestiniens. Tout cela s’inscrit dans le cadre plus large de l’écosystème du soutien financier, matériel et stratégique américain. Non seulement Washington, Berlin et Londres, mais même Belgrade maintiennent cette ligne de vie – ou plutôt cette ligne de mort – d’armement, de matériel et de services cloud à destination d’Israël. Ceux-ci lui permettent non seulement d’opprimer et de tuer des Palestiniens, mais aussi d’attaquer d’autres pays, en faisant, comme l’a candidement admis le chancelier allemand Merz, « le sale boulot pour nous tous ». Il ne fait guère de doute que Merz et ses homologues occidentaux étaient depuis longtemps au courant des méthodes que ce nouveau film dévoile au grand public.

De plus, l’expertise israélienne en matière de surveillance et de contrôle des populations est très demandée à travers le monde. Cela laisse présager des dangers pour la vie privée et la démocratie ailleurs. Les outils de surveillance totale pourraient tenter des dirigeants inquiets face à d’éventuels troubles sociaux, voire à des révolutions contre la polarisation économique croissante – et sans précédent. Des germes de fascisme ont été observés dans une bonne partie de l’Occident politique. Les opérations de l’ICE visant les immigrés sans papiers aux États-Unis ne sont peut-être qu’un début. Le besoin des classes dirigeantes de protéger leurs privilèges alimente la connivence avec Israël et contribue ainsi à l’impunité de ce pays.

De même, l’infiltration du Hezbollah à l’aide de téléavertisseurs piégés, qui a conduit au meurtre et à la mutilation de milliers de personnes au Liban et en Syrie en 2024, montre à quel point n’importe qui peut devenir vulnérable en utilisant des gadgets civils d’apparence inoffensive. (NAZA ne mentionne pas cet épisode macabre, qui fait l’objet d’un autre documentaire récent.) Les responsables israéliens se sont vantés que, pour eux, la scène, c’est le monde entier, et qu’ils en sont les principaux acteurs. D’un ton à la fois sinistre et fier, le Premier ministre Netanyahou a déclaré que chaque habitant de la planète porte un morceau d’Israël dans sa poche.

Le génocide nazi des Juifs, des Slaves et de nombreux autres peuples a choqué les Européens principalement parce que les victimes étaient leurs compatriotes européens. Leurs génocides en Afrique et dans les Amériques n’avaient suscité aucune répulsion comparable. Une autre cause importante de ce choc réside dans l’organisation rationnelle du génocide nazi. Les Israéliens à Gaza ont utilisé des technologies de pointe, notamment l’intelligence artificielle, pour porter le niveau d’organisation à des sommets sans précédent. Les spécialistes et les tireurs d’élite de l’armée israélienne (IDF) admettent s’être sentis comme des dieux capables de tuer des gens pratiquement à volonté. Les médias israéliens ont rapporté des cas de dépression chez des soldats de retour à la vie civile. Pour certains, la cause en était la perte du sentiment de toute-puissance. Ils avaient l’impression de ne plus être des dieux, mais de simples anonymes perdus dans la foule. D’autres vétérans de l’armée israélienne souffrent de dépression face à l’opprobre mondial, qu’ils ne parviennent pas à comprendre – convaincus d’être des victimes innocentes – et qu’ils attribuent à l’antisémitisme.

L’un des Israéliens interviewés dans le film était affecté à la branche politique, chargée d’utiliser les médias électroniques pour salir, discréditer et affaiblir les détracteurs d’Israël. (Après la sortie de *NAZA* en salles, les Israéliens ont rapidement produit un faux film au titre trompeur, *Naza : The Real Story. Full Film*, dans le but de détourner les spectateurs de l’original qui, contrairement au faux, n’est pour l’instant pas disponible en ligne.) Cette opération contribue à des mesures répressives visant même le soutien politique – sans parler du soutien matériel – aux Palestiniens dans plusieurs pays européens et aux États-Unis. La critique d’Israël est criminalisée sous le prétexte de l’antisémitisme. Des agents israéliens dans ces pays fournissent des données sur les cibles – très probablement collectées par les services de renseignement israéliens – à la police, aux employeurs et aux universités, qui s’empressent d’intimider, d’arrêter, d’expulser, de licencier et de renvoyer les détracteurs. Alors qu’Israël porte atteinte aux libertés fondamentales d’expression et de réunion dans la plupart des pays occidentaux, il est néanmoins en train de perdre la bataille de l’opinion publique.

Face au mécontentement croissant de l’opinion publique en Europe et aux États-Unis, Netanyahou promet de transformer Israël en une « super-Sparte » — une société fortement militarisée et autosuffisante, capable de se débrouiller seule face à un isolement international grandissant. Les responsables politiques et les experts militaires israéliens ont depuis longtemps conclu que la définition officielle d’Israël en tant qu’« État juif et démocratique » est déchirée par la tension entre ces deux composantes. Les valeurs démocratiques libérales — prétendument chères aux démocraties occidentales — doivent céder le pas à la suprématie juive. Par conséquent, la paix n’est rien de plus qu’une option politique temporaire pour Israël. Pour paraphraser von Clausewitz, la politique est la continuation de la guerre par d’autres moyens.

Les États sont inanimés, mais ils sont dirigés par des individus. Bien que le spectre psychologique et politique parmi les Israéliens soit vaste, le film NAZA illustre le succès saisissant de la création du « nouvel homme hébreu », libéré des contraintes morales de la tradition juive et de l’humanité tout court.

L’une des célèbres œuvres de Francisco Goya s’intitule « El sueño de la razón produce monstruos ». On l’interprète généralement comme signifiant « quand la raison s’endort, les monstres apparaissent ». Mais le mot espagnol « sueño » signifie également « rêve » ou « fantaisie ». L’État sioniste incarne la phrase « Wenn ihr wollt, ist es kein Märchen » (« Quand vous le voulez, ce n’est pas un conte de fées »), écrite par Herzl, le fondateur du sionisme politique, il y a plus d’un siècle. (Cela présente une ressemblance frappante avec le titre du chef-d’œuvre cinématographique nazi Triumph des Willens, ou Le Triomphe de la volonté.) Ce projet, qui semblait relever de la fantaisie et du conte de fées, s’est concrétisé grâce à une utilisation rationnelle des ressources politiques, financières et humaines. Les actions d’Israël montrent que la rationalité instrumentale — trait caractéristique de la modernité — peut aussi engendrer des monstres. De plus, ces monstres sont convaincus d’être normaux, tout comme la plupart des Israéliens qui les entourent. Cela fait d’Israël un grave danger pour la région, pour le monde et, bien sûr, pour lui-même. 

 

Yakov M. Rabkin est professeur émérite d’histoire à l’Université de Montréal. Il a publié plus de 300 articles et plusieurs ouvrages, notamment : Israël en Palestine, Le sionisme décrypté en 101 citations, La science entre les superpuissances, Une menace de l’intérieur : un siècle d’opposition juive au sionisme, Qu’est-ce que l’Israël moderne ?, Démodernisation : un avenir dans le passé et Judaïsme, islam et modernité. Il a exercé des missions de conseil, notamment pour l’OCDE, l’OTAN, l’UNESCO et la Banque mondiale. E-mail : yakov.rabkin@umontreal.ca. Site web : www.yakovrabkin.ca

 

[Source : Informed Comment - reproduit sur groupegaullistesceaux.fr]