Isac Nunes da Luz Cordeiro
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Tradutor Público e
Intérprete do Comércio
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Idiomas: francês, espanhol, catalão e galego ***
Matriculado na Junta Comercial do Estado do Paraná
*** Curitiba ***
República Federativa do Brasil
Aunque el partido
de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) lleva dos años subiendo en las
encuestas, la negativa de otras fuerzas a incluirlo en una coalición de
gobierno le ha impedido llegar al poder. Pero este «cortafuegos» depende de que
AfD nunca consiga mayoría absoluta, de modo que las elecciones que se celebran
este fin de semana en el estado de Sajonia‑Anhalt pueden darle un golpe mortal.
Es verdad que
incluso si consigue formar gobierno en Sajonia‑Anhalt, AfD no podrá hacer mucho
en relación con su tema favorito actual: la política de inmigración y la
legislación sobre refugiados. Pero los dieciséis estados federados (Länder) de
Alemania tienen amplias competencias en materia de política cultural y
educativa, y es aquí donde el programa de AfD es más elocuente (y repulsivo).
Los populistas de
ultraderecha siempre libran guerras culturales. Aunque a veces intentan
aprovechar las crisis de costo de vida y otros problemas económicos, su mayor
compromiso lo tienen con promover la idea de que son los únicos representantes
de aquello que denominan «pueblo real». Insisten en que esa categoría solo
incluye a ciudadanos que reúnan ciertas características «adecuadas», y nunca
pierden oportunidad de impulsar la «remigración», no solo de los refugiados,
sino también de ciudadanos «irreales» o «falsos», es decir, los de origen
étnico «incorrecto» (o incluso los partidarios de posiciones políticas
«erradas»).
La obsesión por las
cuestiones identitarias permite a los partidos de ultraderecha modificar todo
el tiempo su agenda económica (yendo del neoliberalismo a apoyar un sólido
estado de bienestar) sin dejar de ser de ultraderecha. Lo único que los
convertiría en una entidad política diferente sería cambiar la cantilena de los
refugiados e inmigrantes.
Lo que nos trae de
nuevo al programa de AfD para Sajonia‑Anhalt. AfD acusa
astutamente a lo que denomina «partidos del establishment» (Altparteien), no de corrupción o malicia, sino de tener una voluntad débil como resultado del
«masoquismo nacional» y de la poca «autoconfianza». Estos defectos
supuestamente tienen raíces «culturales», en concreto, una «tradición de
destruir la tradición» que ha dejado al país indefenso frente a las «ideologías
del arcoíris».
Si se sale con la
suya, AfD intentará convertir Sajonia‑Anhalt en un modelo de «políticas
culturales patrióticas» para los otros estados federados. Promueve un
«pensamiento alemán» (#deutschdenken), que implica oponerse a la campaña del
actual gobierno regional en favor de la libertad artística y las ideas modernas,
inspirada en la Bauhaus.
La escuela de arte,
diseño y arquitectura Bauhaus se fundó en Weimar, pero después se trasladó a
Dessau en Sajonia‑Anhalt, donde dejó una agradable impronta en edificios
notables como los que diseñó Walter Gropius a mediados de la década de 1920.
Pero según AfD, la Bauhaus representa el «arte antialemán», es decir, «el arte alemán que no
quiere ser alemán». Si AfD llega al poder, exigirá que todo edificio nuevo que
se construya con apoyo financiero estatal refleje aquello que AfD considera una
tradición reconociblemente alemana (categoría que, al parecer, no incluye a la
escuela de arquitectura más influyente del estado).
Pero los ataques
contra la arquitectura moderna no son exclusividad de la ultraderecha alemana.
Desde el ex primer ministro húngaro Viktor Orbán hasta el presidente
estadounidense Donald Trump (que emitió varias órdenes ejecutivas para convertir el clasicismo en
estilo preferido de los nuevos edificios federales), los líderes de
ultraderecha llevan mucho tiempo tratando de transformar el entorno edilicio de
modo tal que refleje lo que en su opinión es la tradición nacional
correcta.
Sus motivaciones
son variadas. Para empezar, la arquitectura (desde las enormes mezquitas
erigidas en Turquía durante la presidencia de Recep Tayyip Erdoğan hasta los
prominentes templos hindúes encargados por el primer ministro indio Narendra
Modi) ofrece pistas tangibles y muy visibles sobre quiénes se supone que son el
«pueblo real». Cuando hablan de «belleza» (una de las consignas de Trump, pero
que también promueven figuras más sofisticadas como el
líder ultraderechista neerlandés Thierry Baudet, mezcla de intelectual y
dandy), en realidad están hablando de defender las jerarquías tradicionales en
todos los ámbitos, desde el hogar hasta la economía y la política. AfD pretende
que todos los edificios públicos nuevos sean considerados «bellos» por la mayoría (de modo que, al parecer, cada diseño tendría que someterse a
referéndum popular).
Apoyan esta visión
numerosas organizaciones y cuentas de redes sociales abiertamente tradicionalistas, que
a diferencia de los políticos profesionales, son más propensas a delatarse.
Muchas de estas figuras plantean una oposición explícita entre la arquitectura
clásica y el «globalismo» (término que a menudo es el primer paso en una deriva
al antisemitismo) o retoman las descripciones de tiempos de entreguerras (es
decir, nazis) del modernismo como «arte degenerado». Por mucho que hable de
particularidades, el antimodernismo es en sí mismo un fenómeno mundial
tristemente homogéneo.
La descripción que
hace AfD de la Bauhaus como símbolo de «desarraigo» ya recibió respuesta
mediante un nuevo «Manifiesto de la Bauhaus» impulsado por el ministerio federal de
Cultura de Alemania. Pero por muy loable que sea este documento en cuanto
declaración política, simplifica en exceso la historia de la
arquitectura del siglo XX. Contra la afirmación central del manifiesto, dista
de ser obvio que todos los protagonistas de la Bauhaus defendieran una
«sociedad abierta». De hecho, algunos estuvieron más que dispuestos a colaborar
con los nazis (que prohibieron oficialmente la escuela). En el diseño de
Auschwitz participó un arquitecto formado
en la Bauhaus.
No estamos diciendo
que si a uno le gusta la arquitectura tradicional, ha de ser necesariamente un
ultraderechista encubierto, sino más bien que la agenda cultural de la
ultraderecha está muy vinculada a su agenda política excluyente. Y como el
entorno edilicio siempre es un modo de hacer visibles los valores (como señaló la filósofa Susan Neiman), sería
un error pensar que la controversia sobre la arquitectura moderna es un asunto
secundario.
Jan-Werner Mueller, Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Princeton, es autor del próximo libroStreet, Palace, Square: The Architecture
of Democratic Spaces (Penguin Books, 2026).
A doutrina Monroe, formulada
en 1823 para advertir ás potencias europeas contra novas intervencións no
continente americano, adquiriu con Donald Trump unha versión propia. A nova
doutrina Donroe, acrónimo propagandístico que combina o seu nome co do
presidente James Monroe, xa non disimula o obxectivo.
Acto político de Lula da Silva celebrado en Rio o
pasado 22 de agosto.
Escrito por David Alvarado
O Departamento de Estado ven
de proclamar que o dominio estadounidense no hemisferio occidental «nunca
volverá ser cuestionado». En ano e medio, Washington combinou presión comercial
sobre os seus veciños, intervención política directa en Latinoamérica, redución
da presenza chinesa en posicións estratéxicas como a canle de Panamá e novas
alianzas de seguridade. Non son movementos idénticos nin responden sempre ás
mesmas circunstancias. Xuntos revelan, porén, unha prioridade definida:
recuperar a primacía continental erosionada durante as últimas décadas.
Venezuela mostrou a dimensión
máis coercitiva desta política. A campaña
proclamada contra as narcolanchas converteu o tráfico de drogas nunha ameaza de
seguridade que facilitou a escalada militar anterior á caída de Nicolás Maduro.
Pero o sucedido despois permite entender mellor a función dese discurso. A Casa
Branca acaba de declarar organizacións terroristas o Primeiro Comando da
Capital e o Comando Vermello, as dúas grandes organizacións criminais
brasileiras, alimentando o temor a posibles actuacións estadounidenses dentro
deste país. O narcotráfico non desapareceu da axenda. Mudou de escala ao
asociarse co terrorismo e ampliar así os instrumentos dispoñibles para combatelo.
A cuestión excede, polo tanto, as drogas. Quen define unha ameaza hemisférica
tamén gaña capacidade para determinar onde, como e baixo que condicións pode
actuar contra ela.
A forza bruta é só unha das ferramentas
dispoñibles. O Escudo das Américas, presentado nun cumio en Miami o pasado
marzo, artella unha rede de gobernos que cooperan con Washington en materia de
defensa e seguridade. A súa
derivación operativa, a Coalición contra os Carteis das Américas, acompaña a
transformación das anteriores operacións contra embarcacións nun Grupo de
Traballo Conxunto do Hemisferio Occidental vencellado ao Comando Sur. A novidade
non reside sinxelamente en que Estados Unidos consiga aliados. Consiste en
institucionalizar unha rede na que os propios países latinoamericanos
participan na execución das prioridades establecidas desde a administración
estadounidense. A presenza de executivos de corte progresista dentro desta
instancia chama a atención. O proxecto non depende só da actual onda
conservadora e aspira a consolidar mecanismos capaces de sobrevivir a cambios
electorais.
A dimensión política completa
o repertorio de instrumentos. Trump condicionou a axuda a Honduras ao
triunfo de Nasry Asfura, apoiou a Javier Milei cun rescate de 20.000 millóns de
dólares antes das lexislativas arxentinas e fixo campaña por Abelardo de la
Espriella en Colombia, ulteriormente incorporada ao Escudo. Sería
excesivo atribuír a Washington unhas vitorias que tamén se explican polo
desgaste dos gobernos no poder, inseguridade, baixo e desigual crecemento, así
como vicisitudes propias de cada país. A cuestión é que unha potencia exterior
non necesita manipular as urnas para influír nun proceso democrático. Pode
modificar o contexto no que os cidadáns deciden mediante recursos financeiros,
aranceis, sancións ou preferencias públicas por determinados candidatos. A
actual dereita latinoamericana proporciona, ademais, executivos
ideoloxicamente próximos e interesados nesa relación privilexiada.
Brasil sitúa agora esa estratexia diante dunha proba
doutra magnitude. É a maior potencia continental, membro dos BRICS,
socio fundamental de China e, xunto con México, un dos poucos Estados con
capacidade económica e política para limitar as presións de Washington no
continente. As eleccións de outubro están, con todo, abertas. O
último Datafolha sitúa a Lula no 39 % e a Flávio Bolsonaro no 33 % na primeira
volta, cun 47 % fronte ao 43 % nun eventual segundo turno. Flávio Bolsonaro,
fillo de Jair, celebrou a decisión estadounidense de considerar terroristas as
principais organizacións criminais do país e preséntase como o candidato capaz
de entenderse con Trump. A súa vitoria non engadiría un goberno conservador
máis ao mapa. Incorporaría a potencia de referencia no sur do continente ao
bloque político máis próximo á Casa Branca.
A disputa xa transcende as
afinidades ideolóxicas. Washington impuxo aranceis de ata o 50 % a
produtos brasileiros, mentres congresistas demócratas denuncian presións
sobre o proceso electoral e intentos de cuestionar a fiabilidade do sistema de
votación. Lula respondeu reivindicando a soberanía brasileira, pero tamén
negociando. Este venres pasado falou durante case noventa minutos con Trump
para intentar rebaixar unha crise bilateral que levou a relación a un dos seus
peores momentos recentes. Esa combinación de resistencia e diálogo da conta da
autonomía que Brasil intenta preservar. Venezuela demostrou a potencia militar
estadounidense para empregar a forza e o Escudo das Américas busca converter
esta preponderancia de recursos en estruturas duradeiras. As urnas
brasileiras medirán algo diferente: ata onde pode chegar esa nova doutrina
Monroe cando enfronte unha sociedade que conserva marxe real de decisión sobre
o seu aliñamento.
[Imaxe: CC-BY-SA Lula da
Silva - fonte: www.praza.gal]
Ulrich Siegmund, tête de liste de l'AfD, lors de son
arrivée pour un débat sur la chaîne régionale MDR à Magdebourg, le 26 août
2026.
Écrit par Stephan Martens
En Allemagne, les
électeurs sont appelés à renouveler leurs représentants aux Parlements
régionaux de Saxe-Anhalt, de Mecklembourg-Poméranie-Occidentale et de Berlin en
septembre. Prévu le 6 septembre, le scrutin de Saxe-Anhalt pourrait voir le
parti de l’Alternative pour l’Allemagne (AfD) accéder au pouvoir. Pour la
première fois depuis 1945, une formation d’extrême droite pourrait donc accéder
à la direction d’un Land, alors que l’AfD est déjà le premier parti
d’opposition au Parlement fédéral.
Ce parti, qui a
su capitaliser sur des événements récents, tels que l’attentat
islamiste lors de la Marche des fiertés de Berlin, le laborieux remaniement
gouvernemental de juillet et la grave crise de l’industrie automobile, est en
tête des intentions de vote en Saxe-Anhalt (40 %) et en
Mecklembourg-Poméranie-Occidentale (35 %).
L’Allemagne a
longtemps voulu se présenter comme un modèle pour le monde, notamment en
matière de stabilité politique, de gestion des déchets, de protection du climat
ou d’accueil des migrants. La République fédérale d’Allemagne (RFA) s’est
construite sur la négation du national-socialisme, où toute forme de
patriotisme est devenue suspecte. Les partis traditionnels du rassemblement
(Volksparteien), comme les chrétiens-démocrates de la CDU/CSU et les
sociaux-démocrates du SPD, ont cherché à mener une politique de consensus, au
centre (Mitte) de l’échiquier politique, afin d’éviter de brusquer l’opinion
publique.
Cette stratégie a
conduit à une domination des gouvernements de «grande coalition» depuis 2005, à
l’exception de la législature 2009-2013. Cette approche, qui a apporté une certaine
stabilité, atteint aujourd’hui ses limites.
L’AfD a connu
une ascension fulgurante avec la crise migratoire de 2015
En
2015, l’Allemagne a ouvert ses portes à près d’un million de réfugiés fuyant
la guerre en Syrie, en Irak et en Afghanistan. Bien que ce geste d’accueil ait
été salué par de nombreux Allemands, et que le pays soit devenu plus
cosmopolite, il a également engendré un ressentiment, surtout en ex-République
démocratique allemande (RDA) où la classe politique n’a pas su engager un
véritable débat sur la «crise migratoire».
Dans ce contexte
l’AfD, fondée en 2013, a connu une ascension fulgurante, plaçant l’immigration
et l’insécurité au cœur de son discours et renforçant sa position dans les
nouveaux Länder. La branche ultraconservatrice du parti (Der Flügel) a
consolidé son influence, attirant des électeurs déçus par la réunification et
les politiques d’immigration.
Les partis
traditionnels semblent désarmés face à cette montée de l’AfD. Certains refusent
de le considérer comme un parti légitime, tandis que d’autres s’interrogent sur
l’efficacité de l’ostracisme, qui pourrait renforcer le sentiment victimiste du
parti. La politique du cordon sanitaire – illustré en Allemagne par la notion
de «mur pare-feu» (Brandmauer) – qui consiste à éviter toute alliance avec
l’AfD, est débattue, notamment parmi les conservateurs. Cependant, la majorité
des forces politiques refuse de collaborer avec l’AfD, en partie à cause de la
mémoire de la dictature nazie.
Le succès de
l’AfD dans l’ex-RDA peut être attribué à divers facteurs, notamment des
préoccupations socio-économiques et des causes psychologiques. Le taux de
chômage y est plus élevé qu’à l’Ouest, et le revenu moyen par habitant est
également inférieur. De plus, la population de l’Est ressent un manque de
reconnaissance, se percevant comme des citoyens de «seconde zone».
Ce sentiment de
déclassement, combiné à une culture politique différente – la RDA fut conçue
comme un Etat rempart au fascisme, et ses habitants n’ont jamais fait un réel
travail sur le passé nazi –, favorise l’ascension de l’AfD, qui se présente
comme le porte-parole des mécontents.
L’AfD prône une
vision d’une Allemagne forte, prête à tourner la page de son passé, tout en
distillant des valeurs illibérales auprès d’une population qui pour l’heure n’a
pas encore la même tradition d’autocritique que l’Ouest.
Les
chrétiens-démocrates ont laissé se créer un vide dangereux à leur droite
Les dirigeants
allemands doivent prendre conscience de l’importance du respect des règles
démocratiques. Cependant, Angela Merkel et ses successeurs, Olaf Scholz et
Friedrich Merz, incarnent une aspiration à une démocratie fondée sur le
consensus, évitant systématiquement tout conflit – comme ce fut le cas pour la
sortie du nucléaire civil ou la fin de la conscription. Cette tendance délétère
a conduit à une dépolitisation de la vie politique, où des sujets essentiels
sont souvent esquivés pour préserver l’harmonie.
Les partis
traditionnels, dans un souci de tactique électorale à court terme, ont accepté
de compromettre leur identité politique fondamentale. Historiquement, la
CDU/CSU a cherché à combattre les partis de droite radicale tout en répondant à
certaines de leurs revendications. Cela avait permis d’assécher l’attractivité
de ces partis et de stabiliser la démocratie. Or, par crainte d’être perçus
comme trop proches d’une droite dure, les chrétiens-démocrates ont laissé se
créer un vide dangereux à leur droite.
L’avenir dira si
l’AfD peut infliger des dommages à la CDU/CSU plus importants que ceux causés
au SPD par la scission ayant donné naissance à la Gauche (Die Linke). La
démocratie allemande traverse une crise. Le débat politique doit être rétabli
et les partis traditionnels doivent trouver des moyens de reconnecter avec une
population qui se sent délaissée. La capacité de l’Allemagne à maintenir sa
démocratie et à promouvoir une véritable confrontation d’idées sur les enjeux
politiques importants est mise à l’épreuve.
Stephan
Martens, professeur d’études allemandes à CY Cergy Paris-Université et codirecteur de «la Revue européenne».
El trumpismo
resucita un macartismo con ecos del discurso eugenésico nazi con un informe de
100 páginas en el que señala a periodistas, políticos y activistas.
Marco
Rubio, secretario de Estado de EEUU, durante una rueda de prensa en mayo de
2026.
Escrito por Sebastiaan Faber
El 20 de julio, el Departamento de Estado de
Estados Unidos publicó un informe de 100 páginas sobre Cuba que argumenta que,
desde 1959, el régimen castrista ha sido un motor de una “izquierda terrorista”
mundial que ha logrado infiltrarse en grandes partes de la sociedad
norteamericana, aliándose con organizaciones poderosas y reclutando a
políticos, periodistas y activistas prominentes. No es casual que el informe se
publicara días después de una cumbre
internacional, con 60 países, sobre “el auge mundial del
extremismo de izquierdas y el terrorismo político” en la que Marco Rubio, el
secretario de Estado y potencial candidato a la presidencia en 2028, indicó que
la mayor amenaza a la seguridad ya no proviene del terrorismo islámico, sino de
la izquierda.
En comparación con la Estrategia de Seguridad Nacional –el estrafalario documento de noviembre que, entre
otras cosas, reafirmaba la hegemonía hemisférica de Estados Unidos–, el informe
sobre Cuba no solo es más extenso, sino más coherente y riguroso. También está
mejor escrito. Pero lo más llamativo son sus ecos macartistas: no duda en
señalar con pelos y señales a una larga lista de individuos y colectivos,
incluidos periodistas como Amy Goodman (de Democracy Now!), organizaciones
como los Socialistas Demócratas de América (DSA) y el Gremio Nacional de
Abogados (National Lawyers Guild); políticos como Zohran Mamdani y Karen Bass
(alcaldes de Nueva York y Los Ángeles), congresistas como Alexandria
Ocasio-Cortez, Bernie Sanders e Ilhan Omar y activistas como Ben Cohen
(empresario cofundador de Ben & Jerry’s) o Alicia Garza (fundadora de Black
Lives Matter).
El objetivo del informe parece doble: no solo
se trata de reafirmar a Cuba como un poderoso enemigo de la American
way of life –justificando de antemano una posible intervención en la
isla–, sino, sobre todo, de demonizar a una gran parte la izquierda norteamericana como
peligrosa, terrorista, antipatriótica, inmoral y, en última instancia,
subhumana. En este sentido, este informe sobre Cuba solo es el capítulo más
reciente en una clara estrategia que ya se anunciaba en el Proyecto 2025 y que
se aceleró a la zaga del asesinato de Charlie Kirk en septiembre.
Así, el memorándum presidencial Seguridad
Nacional (NSPM-7), publicado ese mismo mes de septiembre, buscaba tildar
de “terroristas” una larga serie de ideas progresistas que se resguardaban
“bajo el paraguas del autodenominado ‘antifascismo’”. “Los hilos comunes que
animan esta conducta violenta”, afirmaba, “incluyen el antiamericanismo, el
anticapitalismo y el anticristianismo; el apoyo al derrocamiento del Gobierno
de los Estados Unidos; el extremismo en torno a la migración, la raza y el
género; y la hostilidad hacia quienes mantienen las visiones tradicionales
estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad”.
El NSPM-7 ya ha servido para que las fuerzas
de seguridad y los servicios de inteligencia redoblen su vigilancia y
persecución de la izquierda en Estados Unidos. Aunque su éxito en los
tribunales ha sido desigual, la invocación de “Antifa” como una red de
“terroristas domésticos” dedicada a organizar una conspiración violenta para
derrocar el Estado ha permitido detener a 15 ciudadanos de Minneapolis por
hacer seguimiento al ICE (la policía migratoria) y condenar a penas inauditas
de entre 20 y 100 años a un grupo de activistas en Texas, como reportaba Guillem Martínez a finales de junio. Es muy posible
que el informe sobre Cuba tenga una secuela judicial similar.
Alrededor de estos informes se ha construido
un discurso cuyo objetivo es la erosión del Estado de derecho y los derechos
constitucionales. “Se pueden llamar a sí mismos anticapitalistas o
antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas”, declaró Rubio ante The Guardian el 16 de
julio. “Siempre es lo mismo. Es un resentimiento tóxico revestido
de un discurso sobre la igualdad, la justicia y la liberación –una necesidad
abrumadora de tirar abajo, de destruir todo lo que es bello y justo, de parte
de una gente que está repleta únicamente de fealdad y practica la violencia y
el terror porque no tiene nada más que ofrecer al mundo–”.
Al día siguiente, Stephen Miller, subjefe de
gabinete y principal asesor de política y seguridad nacional de Donald Trump,
aprovechó una rueda de prensa para subir el tono. “No es una
coincidencia”, dijo, “que cuando miras estas manifestaciones violentas de
Antifa, cuando ves cualquiera de las fotos de quienes se reúnen en ellas,
ninguna persona, para decirlo francamente, parece normal. Ni una parece normal.
Todos están, de alguna u otra forma, deformados en su apariencia, su forma de
vestir, en su manera de ser. ¿Por qué? Si comparas dos fotos, de una calle
normal en Estados Unidos y una manifestación antifa, ¿por qué no hay ninguna
persona normal entre la gente que se manifiesta de forma violenta? Porque cada
uno, a través de su vida y de sus decisiones, ha dejado cicatrices en su cuerpo
y en su aspecto, de muchas formas diferentes, hasta el punto de que su aspecto
exterior se convierte en una manifestación de su odio interior”. Son obvios los
ecos de la eugenesia nazi. (Y, para un público español, del falangismo. En su
novela Madrid de corte a checa, Agustín de Foxá describía a sus
personajes republicanos como seres movidos por “la revancha de los débiles
contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los
listos” porque “odiaban toda superioridad”.)
En la carta que envió la historiadora Heather Cox Richardson el
17 de julio a sus más de cinco millones de suscriptores en Substack y en las
redes, recordaba que J.D. Vance, el vicepresidente neocatólico, ayudó a
promocionar hace dos años el libro Unhumans: The Secret History of
Communist Revolutions (and How to Crush Them) (“Los antihumanos. La historia
secreta de las revoluciones comunistas –y cómo aplastarlas–”), del influencer ultra
Jack Posobiec. “En el pasado”, afirmó Vance, “los comunistas marchaban por las
calles con banderas rojas. Hoy, marchan por los departamentos de recursos
humanos, los campus universitarios y los tribunales, donde practican lawfare contra
gente buena y honesta”.
En el libro, Posobiec tilda a las personas de
izquierdas de “antihumanos” porque “se oponen a todo lo que constituye la
humanidad. Al oponerse a la humanidad misma, ellos se autoexcluyen por completo
de la categoría [de lo humano], ubicándose en una subdivisión completamente
nueva, impulsada por la miseria, de lo antihumano”. Posobiec se une al conjunto de pensadores de la extrema derecha norteamericana que reconocen
como modelo y héroe anticomunista a Francisco Franco. “Algunas de las personas
más poderosas del actual gobierno son conversos recientes al catolicismo que no
han ocultado su admiración por los regímenes integristas, incluido el
franquismo”, dijo la historiadora Kirsten Weld en estas páginas el
pasado noviembre. “Forman parte de una corriente del pensamiento reaccionario
estadounidense que buscó inspiración en España, no solo en los años 30, sino
también en los 60 y 70”.
Para Richardson, los ecos del libro de
Posobiec en los discursos de Rubio y Miller son inconfundibles. La historiadora
recuerda, además, lo que el prólogo al libro, escrito por Stephen Bannon, pone
como epígrafe: “El comunismo ocurre cuando freaks feos y
deformados ilegalizan la normalidad y, después, roban y/o matan a todas las
personas exitosas, movidos por un resentimiento mezquino y por la crueldad. La ideología
no es más que una fachada”.
La sentenza sottolinea
il fatto che gli impegni politici– per quanto profondamente radicati – non
devono calpestare i diritti fondamentali
Dal fiume al mare niente industrie di
guerra è la dicitura del cartello esibito in una manifestazione a Berlino l'11
luglio 2026.
di Marla Karnabach
Middle East
Eye
Questo mese un
tribunale tedesco ha stabilito che paragonare Israele alla Germania nazista è
un’espressione giuridicamente tutelata, evidenziando un crescente conflitto tra
le tutele costituzionali e l’impegno politico di Berlino verso Tel Aviv.
Il tribunale
regionale ha assolto una donna incriminata da un tribunale di prima istanza per
dei post sui social media che paragonavano la condotta di Israele a Gaza ai
metodi del regime nazista.
Negli ultimi anni
il sostegno della Germania a Israele ha sempre più marcato la condotta della
polizia, le decisioni amministrative e i procedimenti penali.
Dopo il 7 ottobre
2023 la Germania ha messo al bando Hamas e Samidoun, un gruppo di difesa
palestinese, al tempo stesso utilizzando sempre più le leggi originariamente
destinate ad impedire una rinascita nazista per reprimere le critiche ad
Israele.
La recente
sentenza del tribunale, che ha riconosciuto che l’utilizzo da parte della donna
dell’immaginario nazista nel contesto della condotta di Israele a Gaza
costituiva un’espressione politica tutelata, ha rigettato la nozione prevalente
nell’ambito delle cerchie tedesche secondo cui simili analogie sono per loro
natura intrinsecamente criminali.
Tenendo conto
della perdurante discussione riguardo al fatto che Israele sta commettendo un
genocidio, insieme ai mandati della Corte Penale Internazionale contro i
principali politici israeliani e ai casi pendenti contro Israele e la Germania
presso la Corte Internazionale di Giustizia, il governo tedesco è ben lungi dal
conseguire il consenso dell’opinione pubblica.
Anche prima dei
fatti del 7 ottobre 2023 e della guerra che ne è seguita, più di un terzo dei
tedeschi intervistati hanno affermato di ritenere che ciò che Israele stava
compiendo contro il popolo palestinese era “in linea di principio la stessa
cosa che i nazisti del terzo Reich fecero agli ebrei”.
Da allora
l’opinione pubblica si è ulteriormente inasprita, con oltre il 60% di tedeschi
attualmente a favore di sanzioni europee contro Israele.
Riflessione
morale
I paragoni tra
Israele e la Germania nazista hanno fatto parte di dibattiti accademici,
filosofici e giuridici fin dalla nascita dello Stato di Israele, fondato nel
1948 attraverso il brutale sterminio e la pulizia etnica della popolazione
indigena palestinese.
Questi paragoni
sono comparsi per lungo tempo nei dibattiti sulla memoria, identità e
riflessione morale di palestinesi, israeliani e tedeschi. I termini Shoah e
Nakba significano entrambi “catastrofe”, e studiosi come Amos Goldberg e Bashir
Bashir li hanno analizzati come traumi nazionali interconnessi.
Hanno sollevato
problemi di responsabilità storica e colpe inerenti, specialmente per quanto
riguarda il come la memoria di una catastrofe modelli l’interpretazione
dell’altra.
L’interconnessione
è rintracciabile anche nel discorso tedesco contemporaneo sulla memoria
ebraica: nel 2023 Masha Gessen ha paragonato Gaza ai ghetti ebrei sotto
occupazione nazista, scatenando polemiche intorno al Premio Hannah Arendt.
La polemica
rivela una particolare richiesta all’autorità su come possa essere invocata la
memoria ebraica e su come la sofferenza palestinese possa esserle paragonata.
Durante la prima
Intifada alcuni soldati israeliani hanno raccontato di essersi identificati con
i nazisti quando erano testimoni della persecuzione dei palestinesi e uno di
loro ha rivelato in uno studio sulla rivolta del 1987-93: “Mi sono sentito
come…come… come un nazista…sembrava esattamente come se in realtà noi fossimo i
nazisti e loro fossero gli ebrei”.
Eppure negli
ultimi dieci anni l’impegno della Germania verso la sicurezza di Israele è
passato dall’essere un principio di politica estera al costituire un più ampio
modello che informa la politica interna.
Anche se questa
“ragion di stato” non ha valore giuridico indipendente, ha influenzato sempre
più le decisioni di ministeri, università, municipalità e forze dell’ordine.
Tuttavia la recente sentenza della corte chiarisce che tali impegni non possono
sostituire le regole costituzionali nel determinare la legittimità del discorso
politico.
I governi possono
perseguire particolari obbiettivi di politica estera, ma i tribunali sono
vincolati ai principi costituzionali piuttosto che alle propensioni
dell’esecutivo. La decisione quindi respinge implicitamente i tentativi di
trasformare la “ragion di stato” della Germania in un concetto
quasi-costituzionale in grado di porre limiti al discorso politico.
In tal modo
riafferma l’autonomia della legge costituzionale contro la crescente influenza
della dottrina politica.
Più ampia
trasformazione
Ricordando il
passato nazista della Germania e il ruolo che i parlamentari e il sistema
giudiziario hanno ricoperto nel supportare la persecuzione e la tortura delle
minoranze, oggi i giudici hanno un obbligo morale di astenersi dal considerare
l’ideologia del governo una giustificazione per reprimere le opinioni di
opposizione – soprattutto alla luce dell’appoggio di Berlino ad un Israele che
sta compiendo una pulizia etnica in Palestina e sud del Libano.
Il caso di
libertà di espressione riflette una più ampia trasformazione nella Germania
contemporanea. I processi penali relativi alla Palestina sono progressivamente diventati
battaglie simboliche circa l’identità nazionale e la memoria storica.
Tali dibattiti
sono raramente limitati a dettagli di un singolo slogan o immagine, fungendo
invece da meccanismo attraverso cui lo Stato cerca di riprodurre una
particolare interpretazione della responsabilità post-bellica della Germania.
Da questo punto di vista l’aula di tribunale diventa un luogo in cui vengono
discusse differenti interpretazioni della storia, della democrazia e della
legittimità dello Stato.
La recente sentenza
non stabilisce un diritto incondizionato per i dissidenti a paragonare Israele
alla Germania nazista, né smantella le leggi tedesche contro la negazione
dell’Olocausto o la sua istigazione. Piuttosto, ribadisce che il diritto penale
non può diventare uno strumento per imporre il consenso politico.
I diritti
costituzionali esistono proprio per tutelare l’espressione politica,
soprattutto laddove gli interessi governativi favoriscono la sua limitazione.
Resta incerto se
la sentenza segnerà l’inizio di un più ampio mutamento. I tribunali tedeschi
continuano ad emettere sentenze contraddittorie sul discorso relativo alla
Palestina, lasciando attivisti, giornalisti e studiosi nell’incertezza sui
limiti dell’espressione legittima.
Le leggi
anti-terrorismo vengono inasprite, gli attivisti vengono processati per
adesione ad un’organizzazione criminale e le sentenze dei tribunali sono ancora
poco chiare sul fatto che lo slogan “dal fiume al mare” sia legalmente vietato.
Ma considerando
la storia della Germania di complicità giudiziaria nel legittimare la
persecuzione statale, i giudici hanno una particolare responsabilità
costituzionale nel garantire che gli impegni politici, per quanto profondamente
radicati, non calpestino i diritti fondamentali.
Marla Karnabach è una ricercatrice socio-giuridica che si occupa di giustizia penale
internazionale, diritti umani e sudovest asiatico. Vive a Berlino, ha una
laurea magistrale in giustizia penale internazionale e una laurea in
giurisprudenza e attualmente frequenta un dottorato di ricerca all’università
di Potsdam.
[Traduzione dall’inglese di Cristiana Cavagna - foto: Tobias
Schwarz/AFP - riprodotto su zeitun.info]
Conversar amb
Enric Bou (Barcelona, 1954) és tot un regal. És un home elegant, tant en el
vestir com en el parlar, però sense estridències, amb humilitat. La seva
trajectòria professional i personal és la d’un cosmopolita que transmet la
sensació que s’ha trobat molt a gust allà on ha viscut però que mai no ha
oblidat d’on ve i que sempre sembla que sap cap a on va.
Enric Bou
Escrit per Daniel
P. Grau
Després de llicenciar-se i doctorar-se a la Universitat Autònoma de
Barcelona, va ensenyar a la Universitat de Barcelona, per traslladar-se després
als Estats Units, inicialment al Wellesley College, prop de Boston, i després a
la Universitat de Brown, on va ser catedràtic d’estudis hispànics de 1996 a
2011.
Tot seguit, es va traslladar a la Universitat Ca’ Foscari de Venècia.
Fins que s’ha jubilat i ha esdevingut professor emèrit, hi ha ensenyat literatura
catalana, espanyola i comparada –amb particular atenció a l’ecocrítica.
Hem quedat al bar de l’Octubre Centre de Cultura Contemporània de
València i tots dos hi arribem una mica abans de l’hora convinguda. La conversa
flueix amb molta naturalitat.
Enric
Bou, Venècia, ciutat de
pèrdues, Universitat de Barcelona (2026)
Enric, en la
nota introductòria a Venècia, ciutat de pèrdues, el teu darrer
llibre, dius que els venecians fugen de la ciutat per la festa del carnaval
“com de la pesta”. M’ha fet pensar que molts valencians fan la mateixa cosa
durant les falles… Puc imaginar que també passa en altres ciutats. Són
diferents tècniques d’expulsió dels oriünds?
Potser no
parlaria d’expulsió, sinó de protecció contra l’overtourism, el turisme
de masses, que ha esdevingut una invasió bestial. En el cas de les noves
festes, o de les festes recuperades, sobretot en una ciutat com ara Venècia,
que realment és molt petita, fa que la massificació sigui angoixant.
Nosaltres ens vam
canviar de casa perquè a prop del Mercat de Rialto, on vivíem abans, gairebé
havíem de demanar permís per a poder sortir de casa.
El carnaval,
durant els anys vuitanta i noranta del segle passat, que és quan es va
recuperar realment, tenia un sentit, però ara s’ha convertit en un circ.
La major part de
la gent que t’hi trobes vestida amb les màscares no són venecians, sinó
francesos. Conec uns catalans que fins fa poc tenien llogat un pis tot l’any
per poder deixar-hi tots els vestits que fan servir durant la festa. Com a
mínim, a Rio de Janeiro tenen el sambòdrom i la gent es concentra allà, però a
Venècia ocupen tota la ciutat.
I també deu
ser una qüestió de sostenibilitat ambiental…
En parlo a partir
del llibre de l’arqueòleg i historiador de l’art Salvatore Settis Se
Venezia muore, del 2014. Proposava un nou model de conservació, que combini
protecció, habitabilitat i desenvolupament sostenible. Es pot aplicar a moltes
altres ciutats. A València, feia tres anys que no hi venia i ho he notat. A
Barcelona, on vaig sovint, m’adono que el jovent no hi pot viure i ha de marxar
fora.
A Venècia, hi ha
un problema també amb el manteniment dels edificis, que són molt peculiars.
S’han intentat mesures com ara fer pagar durant alguns caps de setmana de la
primavera i de la tardor per poder entrar a la ciutat. Això fa tenir encara una
sensació més gran de disneïficació.
Ens hem convertit
tant en un parc d’atraccions que un dia vaig sentir que un nen preguntava: “A
quina hora tanca Venècia?”. El nombre d’habitants continua baixant i aviat
arribarem a allò de: “L’últim que apagui la llum”, com se sol dir.
Fa vint-i-cinc anys
que hi vaig amb assiduïtat i quinze que hi visc. Durant aquest temps he vist
que han tancat ferreteries, forns, botigues de tota la vida, transformades en
botigues de souvenirs.
Tot això ha
implicat, a banda de la dificultat de supervivència per al dia a dia, una
disminució dràstica de la població, agreujada, òbviament, pel preu de
l’habitatge. Des de 1950, la població resident al centre històric ha caigut en
picat: de 175.000 a menys de 50.000.
També té impacte
polític: els problemes de terra ferma, on viuen la majoria dels venecians, i
els del centre històric són diferents. L’alcalde actual, Luigi Brugnaro, és una
mena de Berlusconi. És el propietari de l’equip de bàsquet de la ciutat i
empresari turístic. Et pots imaginar com va la cosa.
Enric Bou
Doncs sí, ho
puc imaginar…
I no creguis que
és només la dreta. L’alcalde anterior, el filòsof Massimo Cacciari, també va
caure en la trampa de defensar el turisme a qualsevol preu.
Els venecians
tenen les seves particularitats: són uns negociants increïbles, es vendrien la
seva mare. Aquests alcaldes es van vendre als taxistes, als gondolers i als
botiguers.
L’ajuntament de
Venècia té més de 5.000 pisos, molts dels quals estan buits perquè necessiten
reformes. Els pisos estan abandonats i no hi ha cap iniciativa municipal. I
això en una ciutat que té tres universitats i els estudiants no hi poden viure.
Les universitats han hagut de construir residències però l’ajuntament no hi ha
fet res.
Tot això, tenint
en compte que és una de les ciutats més cares d’Itàlia. L’Arsenale, per
exemple, és un espai pràcticament desaprofitat, però la iniciativa municipal
per corregir el problema habitacional és pràcticament inexistent.
Per contra, per
exemple, a Alemanya la majoria dels pisos són de lloguer, molts dels quals són
municipals.
L’altre dia,
anant amb autobús de Barcelona a Vilanova, una persona em comentava que
treballava a la ciutat i abans també hi vivia, però que va haver d’abandonar-la
perquè no podia pagar el lloguer. Ara viu més enllà de Vilanova i la Geltrú, ha
d’agafar un autobús per poder arribar al tren, que funciona com funciona, i
després un altre autobús. El resultat és que dedica quatre hores al dia per a
poder anar a treballar. Imagina’t quina qualitat de vida es pot tenir així.
Afirmes en el
llibre que gener és el mes perfecte per a visitar Venècia…
Sí, de Reis,
l’Epifania que en diuen allà, fins a l’inici del Carnaval, la ciutat és buida.
Abans hi havia molta boira i no resultava el millor moment per a veure la
ciutat, però ara, amb el canvi climàtic, no hi ha boires…
Al final,
Venècia també s’omplirà al gener si tothom segueix la teva recomanació…
[Riu] Tant de bo
el meu llibre arribi a molta gent.
D’acord amb
l’endreça del teu llibre, sembla que per Venècia només t’han guiat amigues.
Continua essent la ciutat de l’amor?
Reconec que era
una provocació, però la veritat és que les primeres persones que em van mostrar
Venècia van ser la Chiara i la Lella, que esmento en l’endreça que comentes.
En definitiva, és
el tòpic el que funciona. De tota manera, com deia Peggy Guggenheim, i cito en
el llibre, “sempre es dona per fet que Venècia és el lloc ideal per a una lluna
de mel. Això és un greu error. Viure a Venècia o fins i tot visitar-la
significa que t’enamores de la ciutat mateixa. No et queda espai al cor per a
ningú més”.
Abans, per a la
gent de Barcelona, la destinació habitual de les llunes de mel era Mallorca,
l’illa de la calma, que en deia Santiago Rusiñol. Un altre tòpic.
Enric
Bou, Desviacions. Proses de viatge, L’Avenç (2013)
També dius que
ens presentes una “Venècia insòlita, perduda, una ciutat que ja no existeix,
però de la qual els testimonis artístics i literaris conserven la memòria i ens
la fan veure”. En
certa manera, és una manera de connectar amb la teva dedicació a la literatura
comparada?
El llibre és un
encàrrec d’Antoni Martí Monterde per a la col·lecció Ciutats per Pensar Europa,
que dirigeix en Edicions de la Universitat de Barcelona. Abans ja havia fet una
conferència sobre Venècia a la Fundació Toni Catany, a Llucmajor, i havia
participat en els cicles de conferències que Martí Monterde organitza a Vil·la
Joana, a la Casa Museu Verdaguer.
Vaig començar a
escriure amb una visió personal subjectiva no per a un públic que no fos italià
i, alhora, també vaig buscar testimonis, sobretot d’escriptors, que són els que
et parlen de la Venècia desapareguda, perduda, des del segle XIX fins ara. Són
centenars de persones les que han escrit sobre Venècia.
També dedico un
capítol a personatges il·lustres, alguns de ben sorprenents, com ara Helenio
Herrera, l’entrenador de futbol argentí, casat amb la veneciana Fiora Gandolfi,
un altre personatge molt particular.
Herrera està
soterrat a la secció anglicana del cementiri de Venècia gràcies a una gestió
que Gandolfi va fer directament amb la reina d’Anglaterra. Li va escriure
“però, com és que el país que va inventar el futbol no és una llar digna per a
un mag del futbol?”. Herrera era conegut com “il Mago” i a la làpida que té a
la tomba hi ha una llista amb tots els equips que va entrenar, entre els quals
hi ha l’Inter i el Barça.
Veig que tens
predilecció per visitar cementiris…
I tant! Hi ha
molts cementiris que cal visitar. El de San Michele, que és el de Venècia, és
magnífic. Una vegada vaig estar ingressat a l’hospital i des de la finestra
veia el cementiri. Tenia la sensació que Caront m’estava esperant amb la seva
barca.
De fet, els
enterraments a Venècia són espectaculars, perquè es fan amb góndoles.
Afirmes que
ensenyar a Venècia és diferent de fer-ho en altres llocs. Explica-m’ho.
En part per les
condicions però també pel sentit del temps. Quan passes el pont de la
Llibertat, que és el que dona accés al centre històric, canvia el ritme.
L’espai, a més a més, és un laberint.
Pel que fa a la
universitat de Ca’ Foscari, està repartida en múltiples edificis per la ciutat.
Els departaments d’economia són a l’antic escorxador. El meu departament està
en tres palaus, la qual cosa crea una dispersió que no tens en altres
universitats.
Per tant, has de
caminar d’un lloc a un altre, amb la qual cosa vas trobant-te gent, professors
i estudiants, en diferents llocs. Això crea una relació de contacte amb els
estudiants que no havia notat abans. Hi ha una fluïdesa especial. I espacial.
Potser també
perquè és una universitat petita, d’uns vint mil estudiants. No hi ha
facultats, sinó només departaments, tres d’economia, tres de llengües, un de
ciències i un de filosofia i història de l’art.
Al meu
departament, s’hi ensenyen vint-i-dues llengües europees, entre les quals hi ha
el català i el basc. Després, hi ha un departament de llengües asiàtiques i
africanes i un altre de llengües clàssiques i italià. Em sembla que a Itàlia
només l’Orientale de Nàpols, on va estar Josep Piera amb Giuseppe Grilli, s’hi
acosta.
Ca’ Foscari és
una universitat jove, de poc més de cent-cinquanta anys, que naix com una
escola de comerç. No hi ha ni medicina, ni cap enginyeria, ni les grans
carreres; una mica de dret, com a molt. Com que s’enfocava al comerç, la idea
era que els estudiants havien de saber de números i parlar llengües.
Malgrat que el
sistema italià és bastant rígid, els estudiants de Ca’ Foscari s’han de
construir el seu currículum. Només a Brown havia vist una cosa així. De fet,
allà no hi ha assignatures obligatòries i tenen llibertat total per a
triar-les. El resultat és que els estudiants que tens a classe sempre hi són
perquè volen i això, com a professor, no té preu: tenir gent interessada i no
obligada.
Enric Bou
“Venècia és el
símbol màxim de la fragilitat dels assoliments humans. Ens recorda que fins i
tot les civilitzacions més poderoses estan subjectes al temps, la natura i el
canvi polític”. Aquesta
afirmació teva m’ha fet pensar en els Estats Units d’Amèrica i la Xina. Com
veus la situació internacional actual? Ens trobem, potser, en un moment de
reorganització de potències?
Efectivament, els
imperis tenen un cicle. Els Estats Units són un imperi sobretot des de la
Segona Guerra Mundial, allò que en diuen l’“American Century”. Aquesta darrera
guerra amb l’Iran n’és un exemple perfecte. Diguin el que diguin, l’han perduda
davant un exèrcit radicalment més pobre perquè hi ha hagut una manca de
planificació més que òbvia.
Clarament veiem
l’inici d’una davallada dels Estats Units. El número u ja és la Xina, tot i que
fa una mica de respecte.
Coincideixes
amb Antoni Martí Monterde a afirmar que hi ha ciutats —i Venècia n’és
possiblement l’exemple paradigmàtic— que “hem vist tantes vegades en quadres,
fotografies, films o descripcions literàries que ens sembla que ja les coneixem
sense haver-les visitat”. “Visitar Venècia vol dir ‘escriure’ Venècia”,
afirmes. Hi ha grans diferències entre la reproducció i la imatge real?
Una de les coses
que més em sorprèn a Venècia és que els turistes no miren la ciutat sinó que
simplement hi fan fotografies. La miren sempre a través de l’objectiu. És una
cosa que fa mal de veure.
Un quadre s’hi
assembla, però és una manipulació de la realitat. Molts quadres han estat
fonamentals per a crear Venècia. Per exemple, Marcel Proust té passatges d’À
la recherche du temps perdu que s’inspiren en quadres.
Tenim el cas
concret dels vestits que fa portar a Albertine en la novel·la, documentat en
una carta que escriu a Maria Hahn. Són vestits dissenyats per Marià Fortuny,
que tenia el seu taller a Venècia, inspirats, alhora, en pintures de Carpaccio.
És una relació de
miralls entre la realitat i la representació de Venècia.
I després hi ha
el temps. Venècia és l’única ciutat del món que està pràcticament com estava fa
cinc-cents anys. Pràcticament no té edificis contemporanis. Com a excepcions
tenim les noves seus de la Cassa di Risparmio di Venezia de Campo Manin,
inaugurada el 1972, de la Previdença Sociale, de 1963, i la mussoliniana
estació de Santa Lucia, dels anys trenta.
Venècia és, per
tant, una ciutat museu perquè, com t’he dit, és com era fa cinc-cents anys. Les
pèrdues confirmen aquesta experiència. La paraula pèrdua es relaciona amb el
fet de deixar-se anar, perdre-s’hi. Quan t’hi perds, Venècia és molt més
veritable.
Deu ser tot un
repte, fins i tot angoixant, escriure sobre una ciutat sobre la qual, segons
afirmes, “és impossible escriure res de nou”.
Hi he seguit la
tècnica de Walter Benjamin: la cita. Hi he citat molt. Ha estat una manera de
defensar-me’n.
Hi ha molts bons escriptors sobre Venècia. Jo en destacaria Joseph Brodsky, Henry James i
Predrag Matvejević. I entre els menys coneguts, el poeta Andrea Zanzotto, que
aconsella arribar a Venècia com si fossis un ocell: veure-la des d’un globus
aerostàtic.
Enric
Bou, La invenció de
l’espai, ciutat i viatge, PUV (2013)
El 2013 ja vas
publicar un llibre en què exploraves les relacions entre la literatura i
l’espai: La invenció de l’espai, ciutat i viatge, una magnífica
mostra de geocrítica i literatura comparada.
Gràcies. Partia
dels enfocaments teòrics de Roland Barthes, Michel de Certeau o Walter Benjamin
i analitzava obres de Mercè Rodoreda, Llorenç Villalonga, Luis Goytisolo o
Eduardo Mendoza. L’havia publicat l’any anterior en anglès en Iberoamericana i
volia que aparegués en català.
Ho vaig comentar
a l’amic Toni Mollà, a qui havia conegut per casualitat per una ressenya que
havia fet d’un llibre meu, i ell em va posar en contacte amb Gustau Muñoz, que
llavors treballava en les Publicacions de la Universitat de València. M’ho van
fer tot molt fàcil i va anar molt ràpid. Estic molt content d’aquell llibre.
Abans ja hem
parlat una mica de la teva experiència docent a Brown i Ca’ Foscari. Tornem als
teus inicis universitaris. Et vas formar a la Universitat Autònoma de Barcelona
als anys setanta, quin ambient s’hi respirava?
Vaig estar a punt
de matricular-me a la Universitat de Barcelona, a la Central, que en dèiem
llavors. Finalment, em vaig decidir per l’Autònoma. Hi vaig estar de 1971 a
1976.
A la Central, hi
havia les patums del moment, amb Antoni Maria Badia i Margarit, Martí de Riquer
i companyia. A l’Autònoma, la majoria eren molt més joves: Josep Romeu, que era
dels més grans, Joaquim Molas, Sergi Beser, Jordi Castellanos… Alguns havien
estat a l’estranger i expulsats de la universitat el 1968.
Hi havia grans
contrastos. Per exemple, Josep Romeu es passava mitja classe escrivint
bibliografia a la pissarra. Per contra, Molas parlava de coses molt més
exòtiques i atractives, com ara el cuplet o el còmic. En certa manera, Molas
s’havia d’inventar moltes coses, perquè no hi havia recerca
disponible: llibres, articles, tesis.
Hi havia molta
ideologia? Potser massa?
Eren els darrers
anys del franquisme i es respirava un ambient de relativa llibertat en algunes
fàbriques i a les universitats. En el nostre cas, vam tenir algun curs sencer
sense classes. Es feia resistència al règim. Hi havia molta lluita de classes i
poques classes.
De fet, alguns
professors feien classe fora de la universitat, com ara a la seu de l’Acadèmia
de Bones Lletres de Barcelona, per poder-ne recuperar.
I respecte a
la recerca? Les tesis d’aquell moment eren extremadament voluminoses. Algú m’ha
comentat, imagino que amb una bona dosi d’ironia, que s’arribaven a incorporar
detalls com ara què esmorzava l’autor estudiat abans d’anar a treballar…
És una mica cert.
Ara són de dues-centes pàgines. S’ha imposat el sistema anglosaxó. Potser també
té a veure amb els sistemes de beques i projectes actual. Ara se solen fer
associades a aquests projectes, en quatre anys. Abans, la gent s’hi estava
molts anys.
Lola Badia i jo
vam ser els primers a doctorar-nos a l’Autònoma en la nostra disciplina. La
meva era relativament curta: no arribava a les set-centes pàgines. Si no me’n recordo
malament, la de Jordi Castellanos superava les dues mil.
I també hi
havia una sensació que es feia la recerca definitiva?
Jo no ho diria
així. Com t’he comentat abans, hi havia molt poc de material, molt poca
bibliografia. Molas, en la dècada dels vuitanta, era qui més tesis dirigia i
tenia el criteri que era millor fer tesis sobre autors diferents, amb la
voluntat de cobrir buits. Després tot això es va superar, però en aquell
moment, calia.
I respecte a
l’alumnat, trobes grans diferències?
Et puc parlar
d’una gran diferència entre l’alumnat d’Itàlia i el de Catalunya. Els italians
tenen un nivell molt més alt. Per exemple, tots saben anglès. Quan els dones
bibliografia ningú no fa cares rares. En el cas de la literatura comparada, cal
poder llegir en altres llengües. A Catalunya, si ofereixes a l’alumnat
bibliografia en anglès, la majoria no la llegirà. L’ensenyament secundari és
molt millor a Itàlia.
Respecte a aquell
moment i a l’actual, jo diria que la gran transformació s’ha donat en els
col·legues. Els de la meva edat, tret d’algunes excepcions ben destacades, com
ara la del malaguanyat Vicent Salvador, s’han quedat en una filologia més
clàssica. Els actuals estan més connectats amb els estudis literaris d’arreu del
món. Ho notes quan fas avaluacions de projectes d’investigació i veus la gran
diferència entre els plantejaments dels joves i els dels més grans.
Suposo que vas
viure de ben a prop el terratrèmol que va provocar la Literatura
catalana contemporània de Joan Fuster, amb aquells articles de Joan
Lluís Marfany a Els Marges.
Crec que es va
ser molt injust amb Fuster. Ell no volia fer la feina dels professors. Era un
encàrrec de Max Cahner i crec que és un llibre magnífic. Es va limitar, que no
és poca cosa, a donar el seu punt de vista a partir del que ell mateix era, un
gran lector. En molts aspectes, això sí, obria línies d’investigació, perquè
era el primer que s’escrivia sobre molts autors.
Molas tenia un
defecte: tenia un punt sectari. Molts dels seus deixebles el que millor
aprenien d’ell era això mateix i esdevenien més sectaris encara. En el fons,
Molas era molt més curiós que els seus deixebles. Les seves virtuts: un
treballador incansable i un sentit de l’humor molt personal. Era el rei
dels calembours.
En el cas de
Marfany, crec que ara mateix potser no signaria aquells articles. De fet, la
recerca que va fer sobre el Modernisme és magnífica.
També vas fer
una de les primeres entrevistes a Vicent Andrés Estellés, que es va publicar en
la revista Serra d’Or el 1978.
Cert. Em va
costar moltíssim aconseguir-la. Havien acabat de concedir-li el Premi d’Honor
de les Lletres Catalanes i començava a tenir molts problemes amb la María
Consuelo Reyna en Las Provincias. A més a més, estava malalt i l’havien
operat de flebitis, si no me’n recordo malament.
Vaig anar darrere
d’ell uns quatre o cinc mesos i al final el vaig poder entrevistar en una de
les seves vingudes a Barcelona per qüestions mèdiques. Recordo que em contava
divertit que s’estava a l’habitació de l’hospital i hi havia moltes infermeres
boniques. Quan estaven a punt d’operar-lo, no va necessitar anestèsia. “Una em
fa una mamadeta i a dormir”, em va dir, entremaliat.
Rod Stewart té
un elapé titulat Atlantic Crossing. Tu vas haver de fer la mateixa
cosa per triomfar. Vas arribar a ser catedràtic d’estudis hispànics a la
Universitat de Brown…
Tenia molta
curiositat per conèixer món i vaig obtenir una beca Fulbright. Vaig triar la
Universitat de Yale, on tenia gran impacte el moviment descontructivista, que a
mi m’interessava molt.
Hi havia el
professor belga Paul de Man i jo volia conèixer-lo i treballar amb ell. El fet
és que quan jo hi vaig arribar el 1986 ell acabava de morir. També hi havia
Harold Bloom. Eren l’avantguarda. Jo n’havia tingut notícia en unes
conferències a Barcelona sobre tendències de la crítica literària on havien
convidat Christopher Norris i Terry Eagleton.
Un altre atractiu
era el catedràtic de català i espanyol Manuel Duran, fill del fiscal general de
Catalunya en temps de la Segona República Espanyola. S’havia exiliat a Mèxic,
on es va llicenciar en lletres i en dret i després va treballar com a intèrpret
per a les Nacions Unides. Va ser un dels impulsors de la North-American Catalan
Society i n’era el president precisament quan jo era a Yale.
Jo anava molt a
la biblioteca. Ja saps com són les biblioteques universitàries anglosaxones: hi
pots caminar per tot arreu i consultar els llibres que vulguis. Vaig
escriure Poesia i sistema (Empúries, 1989), sobre la poesia
postsimbolista dels anys vint i trenta del segle passat. Vaig descobrir els
plantejaments de la teoria dels polisistemes, que ningú havia treballat a
Catalunya. També vaig conèixer Claudio Guillén, especialista en literatura
comparada.
Després em van
fer tres propostes de feina: a Yale, Brandeis i Wellesley. Vaig triar la
darrera per qüestions pràctiques. Al cap de nou anys, vaig passar a Brown com a
catedràtic, en substitució de Geoffrey Ribbans, que, com molts altres
professors britànics, se n’havia anat al Estats Units per la situació de crisi
que Margaret Thatcher va provocar en la universitat durant els anys vuitanta.
Potser la
literatura comparada és una mica la germana pobra dels estudis literaris. A mi,
per exemple, tret d’alguna obra clàssica en llatí o grec, no em van fer llegir
res a la facultat més enllà de la literatura en la llengua de cada assignatura.
A l’institut, ara hi ha una assignatura de literatura universal, però en la
meva època, ni això. Sempre teníem visions massa parcials, massa nostres.
Efectivament,
sempre eren visions monolingües o mononacionals. Molas, de tant en tant, feia
connexions, però poca cosa més. A mi, em va obrir la mirada la meva estada als
Estats Units. Aquí fins als anys noranta no hi havia ningú que sabés literatura
comparada ni teoria literària. A la Universitat Autònoma de Barcelona només
Sergi Beser en sabia alguna cosa i les seves classes eren il·luminadores.
A més a més, als
Estats Units s’ha promogut molt la connexió entre la literatura i altres
disciplines, perquè no és només un fet estrictament lingüístic, sinó també
cultural.
Manuel Duran em
comentava que havien triat Mèxic com a lloc final d’exili per proximitat
lingüística, però la primera frase que va sentir, en espanyol, tan bon punt va
baixar del vaixell, va ser “Manito, que te vuelan el velís” –Germà, que
et roben la maleta. Òbviament, no la va entendre.
La literatura
comparada hauria de ser la germana gran de totes les altres: no conec cap
lector que només llegeixi llibres escrits en una sola llengua. Sigui en
original o en traducció, tots llegim en una mena de popurri lingüístic i
cultural. La vella literatura comparada, la del segle XIX, facilitava la
comprensió de les diferències, establia relacions.
Actualment, la
literatura comparada és un camp dinàmic, interdisciplinari i globalitzat que va
més enllà de l’enfocament tradicional i eurocèntric sobre la influència directa
entre literatures nacionals. Hi ha una atenció a la “literatura sense
fronteres”, que inclou estudis interculturals, estudis de la traducció,
literatura mundial i la interacció entre la literatura i altres mitjans
–cinema, arts visuals– i, més recentment, l’ecocrítica.
La interconnexió
entre disciplines m’ha permès, per exemple, d’escriure un llibre sobre menjar i
literatura: Saber y sabor: escritura y comida (Iberoamericana,
2023).
De vegades, em
fa l’efecte que hi ha una mena de contradicció entre els estudis literaris
locals i el fet que la major part de la literatura que es consumeix, o que
s’edita, si més no, són traduccions. En algunes editorials, les traduccions
arriben fins al vuitanta o el noranta per cent de la producció.
En el món
anglosaxó es tradueix molt poc i, per tant, allà el professorat interessat a
fer literatura comparada sap llengües. Per contra, aquí el problema en el món
acadèmic és que has de saber més d’una llengua i no és habitual. Em sembla que
per això aquí no hi ha grans especialistes.
Afortunadament,
ara comença a haver-hi estudis de gent més jove, sobre ecocrítica, per exemple,
que també és literatura comparada, o els estudis sobre espai o de gènere.
Ets membre de
la North-American Catalan Society, de l’Anglo-Catalan Society i de
l’Associazione Italiana di Studi Catalani. Com veus la catalanística
internacional?
Crec que fins fa
poc la catalanística internacional era la gran esperança de salvació dels
estudis locals. Ara hi ha hagut un anivellament. Fa anys, tot es feia en la
mateixa universitat: hi estudiaves, t’hi doctoraves i feies classes. No hi
havia mobilitat. Afortunadament, ara els investigadors viatgen molt més, veuen
món i coneixen maneres de treballar molt diferents i innovadores.
És cert que hi ha
grans diferències entre països. Itàlia és molt filològica. A la Gran Bretanya,
com a Amèrica o a Austràlia, es fan més estudis culturals. Els francesos també
són més tradicionals. Al Brasil, per contra, són molt innovadors.
Daniel
P. Grau entrevistant Enric Bou
I com veus la
barreja que es dona en aquestes associacions entre nadius i catalans?
Jo crec que hi ha
una distinció entre les anglosaxones, l’Anglo-Catalan Society i la
North-American Catalan Society, i les altres. En el primer cas, els catalans
s’hi han integrat molt, especialment els que viuen allà, i parlen el mateix
llenguatge crític. En canvi, entre els investigadors d’aquí, els europeus, de
vegades, tot i que cada vegada menys, s’hi noten punts de vista diferents.
Recordo que em
van enlluernar els estudis d’un tal Dominic Keown. Escrivia sobre poesia
contemporània amb unes eines crítiques molt diferents. Repartia llenya a tort i
a dret amb elegància. Com m’havia explicat Sergi Beser que feien els
anglosaxons, i després se n’anaven al pub a fer una cervesa. El vaig conèixer
anys més tard i ara som molt amics. Hem anat sovint al pub.
A banda d’això,
hi ha el relativament to familiar, en el bon sentit del terme, perquè alhora
sempre té un nivell acadèmic excel·lent, que trobem en l’Anglo-Catalan Society.
Imagino que hi té a veure, d’una banda, que es va fundar amb una gran presència
d’exiliats, que sempre hi eren presents, i, d’una altra, amb el fet que és
l’única que fa congressos anuals, la qual cosa facilita que els investigadors
es troben amb assiduïtat, com bé saps.
La
North-American Catalan Society va estar a punt de desaparèixer.
És cert. Va ser
precisament poc després del congrés de Brown. Philip Rasico volia organitzar un
congrés a Menorca, perquè hi tenia una connexió personal. Va anar fent via per
la seva banda i de sobte hi va haver una revolta. Rasico va abandonar
l’associació. Per sort, les aigües es van reconduir. Ara la NACS publica
la Catalan Review amb Liverpool University Press i és una
revista de molt bon nivell. Quan jo n’era el president vaig fer les gestions
per al canvi d’editor.
Espero que aviat
tornem a fer un congrés conjunt entre l’Anglo-Catalan Society i la
North-American Catalan Society, com el que va tenir lloc a l’Eaton College el
2004.
Miro el
rellotge i m’adono que hem estat gairebé quatre hores xerrant i no ens hem fet
ni un cafè. Jo m’hi estaria quatre hores més: Bou és d’aquelles persones que
sap molt de moltes coses, però que parla sense el més mínim toc de pedanteria.
Decidim que és
el moment de fer una cervesa i preguntem pel millor lloc. Ens diuen que, si
volem fugir dels llocs massa turístics, la millor cosa que podem fer és anar a
Ca Revolta. Abans d’adreçar-nos-hi, no podem evitar entrar en les dues
llibreries de vell que hi ha enfront i al costat de l’Octubre Centre de Cultura
Contemporània: la de l’amic Rafael Solaz i El Asilo del Libro.
En aquesta
darrera tenen un exemplar de la primera edició d’El gran foc dels garbons,
de Vicent Andrés Estellés, amb il·lustracions de Francesc Lozano. És una edició
de bibliòfil molt abellidora, però té un preu prohibitiu i ho deixem córrer.
Caminem
tranquil·lament pels carrers del centre de València. Enric va carregat amb la
cassola d’arròs al forn del ceramista d’Alzira Xavier Claur que li vaig
prometre. Li la vaig comprar en la darrera Escuradeta i no sé com s’ho farà per
a emportar-se-la a Venècia, perquè pesa bastant. Em diu que m’enviarà una
fotografia de l’arròs que pensa fer-hi.
Arribem a Ca
Revolta. Enric prefereix cervesa torrada i ens decantem per una Turia. Ja la
coneixia: es nota que ve per València bastant sovint. Mentre ens les serveixen,
aprofita per a dedicar-me Venècia, ciutat de pèrdues i Desviacions.
Proses de viatge, un llibre seu que no coneixia però que fa goleta.
M’adono que ha
substituït la ploma estilogràfica Cross, americana, que feia servir la darrera
vegada que ens vam trobar, per una Diplomat, alemanya. Això sí, continua
signant els seus llibres amb tinta negra. Com altres vegades, tornem a parlar
de plomes. Em diu que també li agraden molt les Leonardo, italianes, i que hi
ha una botiga magnífica a Florència que també ven per internet.
No hi ha cap
altra taula ocupada a Ca Revolta i hi estem tan sols que fins i tot preguntem
si estan a punt de tancar. Ens diuen que no i, de fet, comencem a sentir una
guitarra flamenca que prové de l’interior del local. Al cap d’una estona,
s’acaba la música i ens envaeix una colla de gent de pell molt blanca que parla
anglès. Alguns semblen unes gambes: han abusat del sol valencià. Fugint fugint,
hi hem caigut de ple.
De camí cap a
casa rebo un missatge d’Enric amb l’enllaç de la Casa della Stilografica. Hi
faig una ullada i, efectivament, és un perill…