Mostrar mensagens com a etiqueta Ideología. Mostrar todas as mensagens
Mostrar mensagens com a etiqueta Ideología. Mostrar todas as mensagens

segunda-feira, 7 de setembro de 2026

La guerra de la ultraderecha contra la arquitectura moderna

Escrito por Jan-Werner Müller

Aunque el partido de ultraderecha Alternativa para Alemania (AfD) lleva dos años subiendo en las encuestas, la negativa de otras fuerzas a incluirlo en una coalición de gobierno le ha impedido llegar al poder. Pero este «cortafuegos» depende de que AfD nunca consiga mayoría absoluta, de modo que las elecciones que se celebran este fin de semana en el estado de Sajonia‑Anhalt pueden darle un golpe mortal. 

Es verdad que incluso si consigue formar gobierno en Sajonia‑Anhalt, AfD no podrá hacer mucho en relación con su tema favorito actual: la política de inmigración y la legislación sobre refugiados. Pero los dieciséis estados federados (Länder) de Alemania tienen amplias competencias en materia de política cultural y educativa, y es aquí donde el programa de AfD es más elocuente (y repulsivo). 

Los populistas de ultraderecha siempre libran guerras culturales. Aunque a veces intentan aprovechar las crisis de costo de vida y otros problemas económicos, su mayor compromiso lo tienen con promover la idea de que son los únicos representantes de aquello que denominan «pueblo real». Insisten en que esa categoría solo incluye a ciudadanos que reúnan ciertas características «adecuadas», y nunca pierden oportunidad de impulsar la «remigración», no solo de los refugiados, sino también de ciudadanos «irreales» o «falsos», es decir, los de origen étnico «incorrecto» (o incluso los partidarios de posiciones políticas «erradas»). 

La obsesión por las cuestiones identitarias permite a los partidos de ultraderecha modificar todo el tiempo su agenda económica (yendo del neoliberalismo a apoyar un sólido estado de bienestar) sin dejar de ser de ultraderecha. Lo único que los convertiría en una entidad política diferente sería cambiar la cantilena de los refugiados e inmigrantes. 

Lo que nos trae de nuevo al programa de AfD para Sajonia‑Anhalt. AfD acusa astutamente a lo que denomina «partidos del establishment» (Altparteien), no de corrupción o malicia, sino de tener una voluntad débil como resultado del «masoquismo nacional» y de la poca «autoconfianza». Estos defectos supuestamente tienen raíces «culturales», en concreto, una «tradición de destruir la tradición» que ha dejado al país indefenso frente a las «ideologías del arcoíris». 

Si se sale con la suya, AfD intentará convertir Sajonia‑Anhalt en un modelo de «políticas culturales patrióticas» para los otros estados federados. Promueve un «pensamiento alemán» (#deutschdenken), que implica oponerse a la campaña del actual gobierno regional en favor de la libertad artística y las ideas modernas, inspirada en la Bauhaus. 

La escuela de arte, diseño y arquitectura Bauhaus se fundó en Weimar, pero después se trasladó a Dessau en Sajonia‑Anhalt, donde dejó una agradable impronta en edificios notables como los que diseñó Walter Gropius a mediados de la década de 1920. Pero según AfD, la Bauhaus representa el «arte antialemán», es decir, «el arte alemán que no quiere ser alemán». Si AfD llega al poder, exigirá que todo edificio nuevo que se construya con apoyo financiero estatal refleje aquello que AfD considera una tradición reconociblemente alemana (categoría que, al parecer, no incluye a la escuela de arquitectura más influyente del estado). 

Pero los ataques contra la arquitectura moderna no son exclusividad de la ultraderecha alemana. Desde el ex primer ministro húngaro Viktor Orbán hasta el presidente estadounidense Donald Trump (que emitió varias órdenes ejecutivas para convertir el clasicismo en estilo preferido de los nuevos edificios federales), los líderes de ultraderecha llevan mucho tiempo tratando de transformar el entorno edilicio de modo tal que refleje lo que en su opinión es la tradición nacional correcta. 

Sus motivaciones son variadas. Para empezar, la arquitectura (desde las enormes mezquitas erigidas en Turquía durante la presidencia de Recep Tayyip Erdoğan hasta los prominentes templos hindúes encargados por el primer ministro indio Narendra Modi) ofrece pistas tangibles y muy visibles sobre quiénes se supone que son el «pueblo real». Cuando hablan de «belleza» (una de las consignas de Trump, pero que también promueven figuras más sofisticadas como el líder ultraderechista neerlandés Thierry Baudet, mezcla de intelectual y dandy), en realidad están hablando de defender las jerarquías tradicionales en todos los ámbitos, desde el hogar hasta la economía y la política. AfD pretende que todos los edificios públicos nuevos sean considerados «bellos» por la mayoría (de modo que, al parecer, cada diseño tendría que someterse a referéndum popular). 

Apoyan esta visión numerosas organizaciones y cuentas de redes sociales abiertamente tradicionalistas, que a diferencia de los políticos profesionales, son más propensas a delatarse. Muchas de estas figuras plantean una oposición explícita entre la arquitectura clásica y el «globalismo» (término que a menudo es el primer paso en una deriva al antisemitismo) o retoman las descripciones de tiempos de entreguerras (es decir, nazis) del modernismo como «arte degenerado». Por mucho que hable de particularidades, el antimodernismo es en sí mismo un fenómeno mundial tristemente homogéneo. 

La descripción que hace AfD de la Bauhaus como símbolo de «desarraigo» ya recibió respuesta mediante un nuevo «Manifiesto de la Bauhaus» impulsado por el ministerio federal de Cultura de Alemania. Pero por muy loable que sea este documento en cuanto declaración política, simplifica en exceso la historia de la arquitectura del siglo XX. Contra la afirmación central del manifiesto, dista de ser obvio que todos los protagonistas de la Bauhaus defendieran una «sociedad abierta». De hecho, algunos estuvieron más que dispuestos a colaborar con los nazis (que prohibieron oficialmente la escuela). En el diseño de Auschwitz participó un arquitecto formado en la Bauhaus. 

No estamos diciendo que si a uno le gusta la arquitectura tradicional, ha de ser necesariamente un ultraderechista encubierto, sino más bien que la agenda cultural de la ultraderecha está muy vinculada a su agenda política excluyente. Y como el entorno edilicio siempre es un modo de hacer visibles los valores (como señaló la filósofa Susan Neiman), sería un error pensar que la controversia sobre la arquitectura moderna es un asunto secundario.

 

Jan-Werner Mueller, Profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Princeton, es autor del próximo libro Street, Palace, Square: The Architecture of Democratic Spaces (Penguin Books, 2026). 

 

[Fuente: www.project-syndicate.org]

quinta-feira, 3 de setembro de 2026

Brasil fronte a nova doutrina Monroe

A doutrina Monroe, formulada en 1823 para advertir ás potencias europeas contra novas intervencións no continente americano, adquiriu con Donald Trump unha versión propia. A nova doutrina Donroe, acrónimo propagandístico que combina o seu nome co do presidente James Monroe, xa non disimula o obxectivo. 

Acto político de Lula da Silva celebrado en Rio o pasado 22 de agosto.

Escrito por David Alvarado

O Departamento de Estado ven de proclamar que o dominio estadounidense no hemisferio occidental «nunca volverá ser cuestionado». En ano e medio, Washington combinou presión comercial sobre os seus veciños, intervención política directa en Latinoamérica, redución da presenza chinesa en posicións estratéxicas como a canle de Panamá e novas alianzas de seguridade. Non son movementos idénticos nin responden sempre ás mesmas circunstancias. Xuntos revelan, porén, unha prioridade definida: recuperar a primacía continental erosionada durante as últimas décadas.

Venezuela mostrou a dimensión máis coercitiva desta política. A campaña proclamada contra as narcolanchas converteu o tráfico de drogas nunha ameaza de seguridade que facilitou a escalada militar anterior á caída de Nicolás Maduro. Pero o sucedido despois permite entender mellor a función dese discurso. A Casa Branca acaba de declarar organizacións terroristas o Primeiro Comando da Capital e o Comando Vermello, as dúas grandes organizacións criminais brasileiras, alimentando o temor a posibles actuacións estadounidenses dentro deste país. O narcotráfico non desapareceu da axenda. Mudou de escala ao asociarse co terrorismo e ampliar así os instrumentos dispoñibles para combatelo. A cuestión excede, polo tanto, as drogas. Quen define unha ameaza hemisférica tamén gaña capacidade para determinar onde, como e baixo que condicións pode actuar contra ela.

A forza bruta é só unha das ferramentas dispoñibles. O Escudo das Américas, presentado nun cumio en Miami o pasado marzo, artella unha rede de gobernos que cooperan con Washington en materia de defensa e seguridade. A súa derivación operativa, a Coalición contra os Carteis das Américas, acompaña a transformación das anteriores operacións contra embarcacións nun Grupo de Traballo Conxunto do Hemisferio Occidental vencellado ao Comando Sur. A novidade non reside sinxelamente en que Estados Unidos consiga aliados. Consiste en institucionalizar unha rede na que os propios países latinoamericanos participan na execución das prioridades establecidas desde a administración estadounidense. A presenza de executivos de corte progresista dentro desta instancia chama a atención. O proxecto non depende só da actual onda conservadora e aspira a consolidar mecanismos capaces de sobrevivir a cambios electorais.

A dimensión política completa o repertorio de instrumentos. Trump condicionou a axuda a Honduras ao triunfo de Nasry Asfura, apoiou a Javier Milei cun rescate de 20.000 millóns de dólares antes das lexislativas arxentinas e fixo campaña por Abelardo de la Espriella en Colombia, ulteriormente incorporada ao Escudo. Sería excesivo atribuír a Washington unhas vitorias que tamén se explican polo desgaste dos gobernos no poder, inseguridade, baixo e desigual crecemento, así como vicisitudes propias de cada país. A cuestión é que unha potencia exterior non necesita manipular as urnas para influír nun proceso democrático. Pode modificar o contexto no que os cidadáns deciden mediante recursos financeiros, aranceis, sancións ou preferencias públicas por determinados candidatos. A actual dereita latinoamericana proporciona, ademaisexecutivos ideoloxicamente próximos e interesados nesa relación privilexiada.

Brasil sitúa agora esa estratexia diante dunha proba doutra magnitude. É a maior potencia continental, membro dos BRICS, socio fundamental de China e, xunto con México, un dos poucos Estados con capacidade económica e política para limitar as presións de Washington no continente. As eleccións de outubro están, con todo, abertas. O último Datafolha sitúa a Lula no 39 % e a Flávio Bolsonaro no 33 % na primeira volta, cun 47 % fronte ao 43 % nun eventual segundo turno. Flávio Bolsonaro, fillo de Jair, celebrou a decisión estadounidense de considerar terroristas as principais organizacións criminais do país e preséntase como o candidato capaz de entenderse con Trump. A súa vitoria non engadiría un goberno conservador máis ao mapa. Incorporaría a potencia de referencia no sur do continente ao bloque político máis próximo á Casa Branca.

A disputa xa transcende as afinidades ideolóxicas. Washington impuxo aranceis de ata o 50 % a produtos brasileiros, mentres congresistas demócratas denuncian presións sobre o proceso electoral e intentos de cuestionar a fiabilidade do sistema de votación. Lula respondeu reivindicando a soberanía brasileira, pero tamén negociando. Este venres pasado falou durante case noventa minutos con Trump para intentar rebaixar unha crise bilateral que levou a relación a un dos seus peores momentos recentes. Esa combinación de resistencia e diálogo da conta da autonomía que Brasil intenta preservar. Venezuela demostrou a potencia militar estadounidense para empregar a forza e o Escudo das Américas busca converter esta preponderancia de recursos en estruturas duradeiras. As urnas brasileiras medirán algo diferente: ata onde pode chegar esa nova doutrina Monroe cando enfronte unha sociedade que conserva marxe real de decisión sobre o seu aliñamento.

 

[Imaxe:  CC-BY-SA Lula da Silva - fonte: www.praza.gal]

domingo, 30 de agosto de 2026

La montée de l’extrême droite en Allemagne, symptôme d’un profond malaise démocratique

 

Ulrich Siegmund, tête de liste de l'AfD, lors de son arrivée pour un débat sur la chaîne régionale MDR à Magdebourg, le 26 août 2026.

Écrit par Stephan Martens 

En Allemagne, les électeurs sont appelés à renouveler leurs représentants aux Parlements régionaux de Saxe-Anhalt, de Mecklembourg-Poméranie-Occidentale et de Berlin en septembre. Prévu le 6 septembre, le scrutin de Saxe-Anhalt pourrait voir le parti de l’Alternative pour l’Allemagne (AfD) accéder au pouvoir. Pour la première fois depuis 1945, une formation d’extrême droite pourrait donc accéder à la direction d’un Land, alors que l’AfD est déjà le premier parti d’opposition au Parlement fédéral.

Ce parti, qui a su capitaliser sur des événements récents, tels que l’attentat islamiste lors de la Marche des fiertés de Berlin, le laborieux remaniement gouvernemental de juillet et la grave crise de l’industrie automobile, est en tête des intentions de vote en Saxe-Anhalt (40 %) et en Mecklembourg-Poméranie-Occidentale (35 %).

L’Allemagne a longtemps voulu se présenter comme un modèle pour le monde, notamment en matière de stabilité politique, de gestion des déchets, de protection du climat ou d’accueil des migrants. La République fédérale d’Allemagne (RFA) s’est construite sur la négation du national-socialisme, où toute forme de patriotisme est devenue suspecte. Les partis traditionnels du rassemblement (Volksparteien), comme les chrétiens-démocrates de la CDU/CSU et les sociaux-démocrates du SPD, ont cherché à mener une politique de consensus, au centre (Mitte) de l’échiquier politique, afin d’éviter de brusquer l’opinion publique.

Cette stratégie a conduit à une domination des gouvernements de «grande coalition» depuis 2005, à l’exception de la législature 2009-2013. Cette approche, qui a apporté une certaine stabilité, atteint aujourd’hui ses limites.

L’AfD a connu une ascension fulgurante avec la crise migratoire de 2015

En 2015, l’Allemagne a ouvert ses portes à près d’un million de réfugiés fuyant la guerre en Syrie, en Irak et en Afghanistan. Bien que ce geste d’accueil ait été salué par de nombreux Allemands, et que le pays soit devenu plus cosmopolite, il a également engendré un ressentiment, surtout en ex-République démocratique allemande (RDA) où la classe politique n’a pas su engager un véritable débat sur la «crise migratoire».

Dans ce contexte l’AfD, fondée en 2013, a connu une ascension fulgurante, plaçant l’immigration et l’insécurité au cœur de son discours et renforçant sa position dans les nouveaux Länder. La branche ultraconservatrice du parti (Der Flügel) a consolidé son influence, attirant des électeurs déçus par la réunification et les politiques d’immigration.

Les partis traditionnels semblent désarmés face à cette montée de l’AfD. Certains refusent de le considérer comme un parti légitime, tandis que d’autres s’interrogent sur l’efficacité de l’ostracisme, qui pourrait renforcer le sentiment victimiste du parti. La politique du cordon sanitaire – illustré en Allemagne par la notion de «mur pare-feu» (Brandmauer) – qui consiste à éviter toute alliance avec l’AfD, est débattue, notamment parmi les conservateurs. Cependant, la majorité des forces politiques refuse de collaborer avec l’AfD, en partie à cause de la mémoire de la dictature nazie.

Le succès de l’AfD dans l’ex-RDA peut être attribué à divers facteurs, notamment des préoccupations socio-économiques et des causes psychologiques. Le taux de chômage y est plus élevé qu’à l’Ouest, et le revenu moyen par habitant est également inférieur. De plus, la population de l’Est ressent un manque de reconnaissance, se percevant comme des citoyens de «seconde zone».

Ce sentiment de déclassement, combiné à une culture politique différente – la RDA fut conçue comme un Etat rempart au fascisme, et ses habitants n’ont jamais fait un réel travail sur le passé nazi –, favorise l’ascension de l’AfD, qui se présente comme le porte-parole des mécontents.

L’AfD prône une vision d’une Allemagne forte, prête à tourner la page de son passé, tout en distillant des valeurs illibérales auprès d’une population qui pour l’heure n’a pas encore la même tradition d’autocritique que l’Ouest.

Les chrétiens-démocrates ont laissé se créer un vide dangereux à leur droite

Les dirigeants allemands doivent prendre conscience de l’importance du respect des règles démocratiques. Cependant, Angela Merkel et ses successeurs, Olaf Scholz et Friedrich Merz, incarnent une aspiration à une démocratie fondée sur le consensus, évitant systématiquement tout conflit – comme ce fut le cas pour la sortie du nucléaire civil ou la fin de la conscription. Cette tendance délétère a conduit à une dépolitisation de la vie politique, où des sujets essentiels sont souvent esquivés pour préserver l’harmonie.

Les partis traditionnels, dans un souci de tactique électorale à court terme, ont accepté de compromettre leur identité politique fondamentale. Historiquement, la CDU/CSU a cherché à combattre les partis de droite radicale tout en répondant à certaines de leurs revendications. Cela avait permis d’assécher l’attractivité de ces partis et de stabiliser la démocratie. Or, par crainte d’être perçus comme trop proches d’une droite dure, les chrétiens-démocrates ont laissé se créer un vide dangereux à leur droite.

L’avenir dira si l’AfD peut infliger des dommages à la CDU/CSU plus importants que ceux causés au SPD par la scission ayant donné naissance à la Gauche (Die Linke). La démocratie allemande traverse une crise. Le débat politique doit être rétabli et les partis traditionnels doivent trouver des moyens de reconnecter avec une population qui se sent délaissée. La capacité de l’Allemagne à maintenir sa démocratie et à promouvoir une véritable confrontation d’idées sur les enjeux politiques importants est mise à l’épreuve.

Stephan Martens, professeur d’études allemandes à CY Cergy Paris-Université et codirecteur de «la Revue européenne». 

 

[Photo : Ronny Hartmann/AFP - source : www.liberation.fr]

sábado, 29 de agosto de 2026

EEUU contra Cuba: el motor de una “izquierda terrorista” mundial

El trumpismo resucita un macartismo con ecos del discurso eugenésico nazi con un informe de 100 páginas en el que señala a periodistas, políticos y activistas.

Marco Rubio, secretario de Estado de EEUU, durante una rueda de prensa en mayo de 2026. 

Escrito por Sebastiaan Faber 

El 20 de julio, el Departamento de Estado de Estados Unidos publicó un informe de 100 páginas sobre Cuba que argumenta que, desde 1959, el régimen castrista ha sido un motor de una “izquierda terrorista” mundial que ha logrado infiltrarse en grandes partes de la sociedad norteamericana, aliándose con organizaciones poderosas y reclutando a políticos, periodistas y activistas prominentes. No es casual que el informe se publicara días después de una cumbre internacional, con 60 países, sobre “el auge mundial del extremismo de izquierdas y el terrorismo político” en la que Marco Rubio, el secretario de Estado y potencial candidato a la presidencia en 2028, indicó que la mayor amenaza a la seguridad ya no proviene del terrorismo islámico, sino de la izquierda.

En comparación con la Estrategia de Seguridad Nacional –el estrafalario documento de noviembre que, entre otras cosas, reafirmaba la hegemonía hemisférica de Estados Unidos–, el informe sobre Cuba no solo es más extenso, sino más coherente y riguroso. También está mejor escrito. Pero lo más llamativo son sus ecos macartistas: no duda en señalar con pelos y señales a una larga lista de individuos y colectivos, incluidos periodistas como Amy Goodman (de Democracy Now!), organizaciones como los Socialistas Demócratas de América (DSA) y el Gremio Nacional de Abogados (National Lawyers Guild); políticos como Zohran Mamdani y Karen Bass (alcaldes de Nueva York y Los Ángeles), congresistas como Alexandria Ocasio-Cortez, Bernie Sanders e Ilhan Omar y activistas como Ben Cohen (empresario cofundador de Ben & Jerry’s) o Alicia Garza (fundadora de Black Lives Matter).

El objetivo del informe parece doble: no solo se trata de reafirmar a Cuba como un poderoso enemigo de la American way of life –justificando de antemano una posible intervención en la isla–, sino, sobre todo, de demonizar a una gran parte la izquierda norteamericana como peligrosa, terrorista, antipatriótica, inmoral y, en última instancia, subhumana. En este sentido, este informe sobre Cuba solo es el capítulo más reciente en una clara estrategia que ya se anunciaba en el Proyecto 2025 y que se aceleró a la zaga del asesinato de Charlie Kirk en septiembre. 

Así, el memorándum presidencial Seguridad Nacional (NSPM-7), publicado ese mismo mes de septiembre, buscaba tildar de “terroristas” una larga serie de ideas progresistas que se resguardaban “bajo el paraguas del autodenominado ‘antifascismo’”. “Los hilos comunes que animan esta conducta violenta”, afirmaba, “incluyen el antiamericanismo, el anticapitalismo y el anticristianismo; el apoyo al derrocamiento del Gobierno de los Estados Unidos; el extremismo en torno a la migración, la raza y el género; y la hostilidad hacia quienes mantienen las visiones tradicionales estadounidenses sobre la familia, la religión y la moralidad”.

El NSPM-7 ya ha servido para que las fuerzas de seguridad y los servicios de inteligencia redoblen su vigilancia y persecución de la izquierda en Estados Unidos. Aunque su éxito en los tribunales ha sido desigual, la invocación de “Antifa” como una red de “terroristas domésticos” dedicada a organizar una conspiración violenta para derrocar el Estado ha permitido detener a 15 ciudadanos de Minneapolis por hacer seguimiento al ICE (la policía migratoria) y condenar a penas inauditas de entre 20 y 100 años a un grupo de activistas en Texas, como reportaba Guillem Martínez a finales de junio. Es muy posible que el informe sobre Cuba tenga una secuela judicial similar. 

Alrededor de estos informes se ha construido un discurso cuyo objetivo es la erosión del Estado de derecho y los derechos constitucionales. “Se pueden llamar a sí mismos anticapitalistas o antiimperialistas, comunistas, anarquistas o marxistas”, declaró Rubio ante The Guardian el 16 de julio“Siempre es lo mismo. Es un resentimiento tóxico revestido de un discurso sobre la igualdad, la justicia y la liberación –una necesidad abrumadora de tirar abajo, de destruir todo lo que es bello y justo, de parte de una gente que está repleta únicamente de fealdad y practica la violencia y el terror porque no tiene nada más que ofrecer al mundo–”.

Al día siguiente, Stephen Miller, subjefe de gabinete y principal asesor de política y seguridad nacional de Donald Trump, aprovechó una rueda de prensa para subir el tono. “No es una coincidencia”, dijo, “que cuando miras estas manifestaciones violentas de Antifa, cuando ves cualquiera de las fotos de quienes se reúnen en ellas, ninguna persona, para decirlo francamente, parece normal. Ni una parece normal. Todos están, de alguna u otra forma, deformados en su apariencia, su forma de vestir, en su manera de ser. ¿Por qué? Si comparas dos fotos, de una calle normal en Estados Unidos y una manifestación antifa, ¿por qué no hay ninguna persona normal entre la gente que se manifiesta de forma violenta? Porque cada uno, a través de su vida y de sus decisiones, ha dejado cicatrices en su cuerpo y en su aspecto, de muchas formas diferentes, hasta el punto de que su aspecto exterior se convierte en una manifestación de su odio interior”. Son obvios los ecos de la eugenesia nazi. (Y, para un público español, del falangismo. En su novela Madrid de corte a checa, Agustín de Foxá describía a sus personajes republicanos como seres movidos por “la revancha de los débiles contra los fuertes, de los enfermos contra los sanos, de los brutos contra los listos” porque “odiaban toda superioridad”.)

En la carta que envió la historiadora Heather Cox Richardson el 17 de julio a sus más de cinco millones de suscriptores en Substack y en las redes, recordaba que J.D. Vance, el vicepresidente neocatólico, ayudó a promocionar hace dos años el libro Unhumans: The Secret History of Communist Revolutions (and How to Crush Them) (“Los antihumanos. La historia secreta de las revoluciones comunistas –y cómo aplastarlas–”)del influencer ultra Jack Posobiec. “En el pasado”, afirmó Vance, “los comunistas marchaban por las calles con banderas rojas. Hoy, marchan por los departamentos de recursos humanos, los campus universitarios y los tribunales, donde practican lawfare contra gente buena y honesta”.

En el libro, Posobiec tilda a las personas de izquierdas de “antihumanos” porque “se oponen a todo lo que constituye la humanidad. Al oponerse a la humanidad misma, ellos se autoexcluyen por completo de la categoría [de lo humano], ubicándose en una subdivisión completamente nueva, impulsada por la miseria, de lo antihumano”. Posobiec se une al conjunto de pensadores de la extrema derecha norteamericana que reconocen como modelo y héroe anticomunista a Francisco Franco. “Algunas de las personas más poderosas del actual gobierno son conversos recientes al catolicismo que no han ocultado su admiración por los regímenes integristas, incluido el franquismo”, dijo la historiadora Kirsten Weld en estas páginas el pasado noviembre. “Forman parte de una corriente del pensamiento reaccionario estadounidense que buscó inspiración en España, no solo en los años 30, sino también en los 60 y 70”.

Para Richardson, los ecos del libro de Posobiec en los discursos de Rubio y Miller son inconfundibles. La historiadora recuerda, además, lo que el prólogo al libro, escrito por Stephen Bannon, pone como epígrafe: “El comunismo ocurre cuando freaks feos y deformados ilegalizan la normalidad y, después, roban y/o matan a todas las personas exitosas, movidos por un resentimiento mezquino y por la crueldad. La ideología no es más que una fachada”.

 

[Foto: Molly Riley / TWH - fuente: www.ctxt.es]


domingo, 23 de agosto de 2026

La sentenza del tribunale tedesco sul paragone tra Israele e il nazismo è un passo nella giusta direzione

La sentenza sottolinea il fatto che gli impegni politici– per quanto profondamente radicati – non devono calpestare i diritti fondamentali

Dal fiume al mare niente industrie di guerra è la dicitura del cartello esibito in una manifestazione a Berlino l'11 luglio 2026.

di Marla Karnabach

Middle East Eye

Questo mese un tribunale tedesco ha stabilito che paragonare Israele alla Germania nazista è un’espressione giuridicamente tutelata, evidenziando un crescente conflitto tra le tutele costituzionali e l’impegno politico di Berlino verso Tel Aviv.

Il tribunale regionale ha assolto una donna incriminata da un tribunale di prima istanza per dei post sui social media che paragonavano la condotta di Israele a Gaza ai metodi del regime nazista.

Negli ultimi anni il sostegno della Germania a Israele ha sempre più marcato la condotta della polizia, le decisioni amministrative e i procedimenti penali.

Dopo il 7 ottobre 2023 la Germania ha messo al bando Hamas e Samidoun, un gruppo di difesa palestinese, al tempo stesso utilizzando sempre più le leggi originariamente destinate ad impedire una rinascita nazista per reprimere le critiche ad Israele.

La recente sentenza del tribunale, che ha riconosciuto che l’utilizzo da parte della donna dell’immaginario nazista nel contesto della condotta di Israele a Gaza costituiva un’espressione politica tutelata, ha rigettato la nozione prevalente nell’ambito delle cerchie tedesche secondo cui simili analogie sono per loro natura intrinsecamente criminali.

Tenendo conto della perdurante discussione riguardo al fatto che Israele sta commettendo un genocidio, insieme ai mandati della Corte Penale Internazionale contro i principali politici israeliani e ai casi pendenti contro Israele e la Germania presso la Corte Internazionale di Giustizia, il governo tedesco è ben lungi dal conseguire il consenso dell’opinione pubblica.

Anche prima dei fatti del 7 ottobre 2023 e della guerra che ne è seguita, più di un terzo dei tedeschi intervistati hanno affermato di ritenere che ciò che Israele stava compiendo contro il popolo palestinese era “in linea di principio la stessa cosa che i nazisti del terzo Reich fecero agli ebrei”.

Da allora l’opinione pubblica si è ulteriormente inasprita, con oltre il 60% di tedeschi attualmente a favore di sanzioni europee contro Israele.

Riflessione morale

I paragoni tra Israele e la Germania nazista hanno fatto parte di dibattiti accademici, filosofici e giuridici fin dalla nascita dello Stato di Israele, fondato nel 1948 attraverso il brutale sterminio e la pulizia etnica della popolazione indigena palestinese.

Questi paragoni sono comparsi per lungo tempo nei dibattiti sulla memoria, identità e riflessione morale di palestinesi, israeliani e tedeschi. I termini Shoah e Nakba significano entrambi “catastrofe”, e studiosi come Amos Goldberg e Bashir Bashir li hanno analizzati come traumi nazionali interconnessi.

Hanno sollevato problemi di responsabilità storica e colpe inerenti, specialmente per quanto riguarda il come la memoria di una catastrofe modelli l’interpretazione dell’altra.

L’interconnessione è rintracciabile anche nel discorso tedesco contemporaneo sulla memoria ebraica: nel 2023 Masha Gessen ha paragonato Gaza ai ghetti ebrei sotto occupazione nazista, scatenando polemiche intorno al Premio Hannah Arendt.

La polemica rivela una particolare richiesta all’autorità su come possa essere invocata la memoria ebraica e su come la sofferenza palestinese possa esserle paragonata.

Durante la prima Intifada alcuni soldati israeliani hanno raccontato di essersi identificati con i nazisti quando erano testimoni della persecuzione dei palestinesi e uno di loro ha rivelato in uno studio sulla rivolta del 1987-93: “Mi sono sentito come…come… come un nazista…sembrava esattamente come se in realtà noi fossimo i nazisti e loro fossero gli ebrei”.

Eppure negli ultimi dieci anni l’impegno della Germania verso la sicurezza di Israele è passato dall’essere un principio di politica estera al costituire un più ampio modello che informa la politica interna.

Anche se questa “ragion di stato” non ha valore giuridico indipendente, ha influenzato sempre più le decisioni di ministeri, università, municipalità e forze dell’ordine. Tuttavia la recente sentenza della corte chiarisce che tali impegni non possono sostituire le regole costituzionali nel determinare la legittimità del discorso politico.

I governi possono perseguire particolari obbiettivi di politica estera, ma i tribunali sono vincolati ai principi costituzionali piuttosto che alle propensioni dell’esecutivo. La decisione quindi respinge implicitamente i tentativi di trasformare la “ragion di stato” della Germania in un concetto quasi-costituzionale in grado di porre limiti al discorso politico.

In tal modo riafferma l’autonomia della legge costituzionale contro la crescente influenza della dottrina politica.

Più ampia trasformazione

Ricordando il passato nazista della Germania e il ruolo che i parlamentari e il sistema giudiziario hanno ricoperto nel supportare la persecuzione e la tortura delle minoranze, oggi i giudici hanno un obbligo morale di astenersi dal considerare l’ideologia del governo una giustificazione per reprimere le opinioni di opposizione – soprattutto alla luce dell’appoggio di Berlino ad un Israele che sta compiendo una pulizia etnica in Palestina e sud del Libano.

Il caso di libertà di espressione riflette una più ampia trasformazione nella Germania contemporanea. I processi penali relativi alla Palestina sono progressivamente diventati battaglie simboliche circa l’identità nazionale e la memoria storica.

Tali dibattiti sono raramente limitati a dettagli di un singolo slogan o immagine, fungendo invece da meccanismo attraverso cui lo Stato cerca di riprodurre una particolare interpretazione della responsabilità post-bellica della Germania. Da questo punto di vista l’aula di tribunale diventa un luogo in cui vengono discusse differenti interpretazioni della storia, della democrazia e della legittimità dello Stato.

La recente sentenza non stabilisce un diritto incondizionato per i dissidenti a paragonare Israele alla Germania nazista, né smantella le leggi tedesche contro la negazione dell’Olocausto o la sua istigazione. Piuttosto, ribadisce che il diritto penale non può diventare uno strumento per imporre il consenso politico.

I diritti costituzionali esistono proprio per tutelare l’espressione politica, soprattutto laddove gli interessi governativi favoriscono la sua limitazione.

Resta incerto se la sentenza segnerà l’inizio di un più ampio mutamento. I tribunali tedeschi continuano ad emettere sentenze contraddittorie sul discorso relativo alla Palestina, lasciando attivisti, giornalisti e studiosi nell’incertezza sui limiti dell’espressione legittima.

Le leggi anti-terrorismo vengono inasprite, gli attivisti vengono processati per adesione ad un’organizzazione criminale e le sentenze dei tribunali sono ancora poco chiare sul fatto che lo slogan “dal fiume al mare” sia legalmente vietato.

Ma considerando la storia della Germania di complicità giudiziaria nel legittimare la persecuzione statale, i giudici hanno una particolare responsabilità costituzionale nel garantire che gli impegni politici, per quanto profondamente radicati, non calpestino i diritti fondamentali.


Marla Karnabach è una ricercatrice socio-giuridica che si occupa di giustizia penale internazionale, diritti umani e sudovest asiatico. Vive a Berlino, ha una laurea magistrale in giustizia penale internazionale e una laurea in giurisprudenza e attualmente frequenta un dottorato di ricerca all’università di Potsdam.

[Traduzione dall’inglese di Cristiana Cavagna - foto: Tobias Schwarz/AFP - riprodotto su zeitun.info]

Enric Bou: «Venècia s’ha convertit en un parc d’atraccions»

Conversar amb Enric Bou (Barcelona, 1954) és tot un regal. És un home elegant, tant en el vestir com en el parlar, però sense estridències, amb humilitat. La seva trajectòria professional i personal és la d’un cosmopolita que transmet la sensació que s’ha trobat molt a gust allà on ha viscut però que mai no ha oblidat d’on ve i que sempre sembla que sap cap a on va. 

Enric Bou

Escrit per Daniel P. Grau 

Després de llicenciar-se i doctorar-se a la Universitat Autònoma de Barcelona, va ensenyar a la Universitat de Barcelona, per traslladar-se després als Estats Units, inicialment al Wellesley College, prop de Boston, i després a la Universitat de Brown, on va ser catedràtic d’estudis hispànics de 1996 a 2011.

Tot seguit, es va traslladar a la Universitat Ca’ Foscari de Venècia. Fins que s’ha jubilat i ha esdevingut professor emèrit, hi ha ensenyat literatura catalana, espanyola i comparada –amb particular atenció a l’ecocrítica.

Hem quedat al bar de l’Octubre Centre de Cultura Contemporània de València i tots dos hi arribem una mica abans de l’hora convinguda. La conversa flueix amb molta naturalitat.

Enric Bou, Venècia, ciutat de pèrdues, Universitat de Barcelona (2026)

Enric, en la nota introductòria a Venècia, ciutat de pèrdues, el teu darrer llibre, dius que els venecians fugen de la ciutat per la festa del carnaval “com de la pesta”. M’ha fet pensar que molts valencians fan la mateixa cosa durant les falles… Puc imaginar que també passa en altres ciutats. Són diferents tècniques d’expulsió dels oriünds?

Potser no parlaria d’expulsió, sinó de protecció contra l’overtourism, el turisme de masses, que ha esdevingut una invasió bestial. En el cas de les noves festes, o de les festes recuperades, sobretot en una ciutat com ara Venècia, que realment és molt petita, fa que la massificació sigui angoixant.

Nosaltres ens vam canviar de casa perquè a prop del Mercat de Rialto, on vivíem abans, gairebé havíem de demanar permís per a poder sortir de casa.

El carnaval, durant els anys vuitanta i noranta del segle passat, que és quan es va recuperar realment, tenia un sentit, però ara s’ha convertit en un circ.

La major part de la gent que t’hi trobes vestida amb les màscares no són venecians, sinó francesos. Conec uns catalans que fins fa poc tenien llogat un pis tot l’any per poder deixar-hi tots els vestits que fan servir durant la festa. Com a mínim, a Rio de Janeiro tenen el sambòdrom i la gent es concentra allà, però a Venècia ocupen tota la ciutat. 

I també deu ser una qüestió de sostenibilitat ambiental…

En parlo a partir del llibre de l’arqueòleg i historiador de l’art Salvatore Settis Se Venezia muore, del 2014. Proposava un nou model de conservació, que combini protecció, habitabilitat i desenvolupament sostenible. Es pot aplicar a moltes altres ciutats. A València, feia tres anys que no hi venia i ho he notat. A Barcelona, on vaig sovint, m’adono que el jovent no hi pot viure i ha de marxar fora.

A Venècia, hi ha un problema també amb el manteniment dels edificis, que són molt peculiars. S’han intentat mesures com ara fer pagar durant alguns caps de setmana de la primavera i de la tardor per poder entrar a la ciutat. Això fa tenir encara una sensació més gran de disneïficació. 

Ens hem convertit tant en un parc d’atraccions que un dia vaig sentir que un nen preguntava: “A quina hora tanca Venècia?”. El nombre d’habitants continua baixant i aviat arribarem a allò de: “L’últim que apagui la llum”, com se sol dir.

Fa vint-i-cinc anys que hi vaig amb assiduïtat i quinze que hi visc. Durant aquest temps he vist que han tancat ferreteries, forns, botigues de tota la vida, transformades en botigues de souvenirs

Tot això ha implicat, a banda de la dificultat de supervivència per al dia a dia, una disminució dràstica de la població, agreujada, òbviament, pel preu de l’habitatge. Des de 1950, la població resident al centre històric ha caigut en picat: de 175.000 a menys de 50.000.

També té impacte polític: els problemes de terra ferma, on viuen la majoria dels venecians, i els del centre històric són diferents. L’alcalde actual, Luigi Brugnaro, és una mena de Berlusconi. És el propietari de l’equip de bàsquet de la ciutat i empresari turístic. Et pots imaginar com va la cosa. 

Enric Bou

Doncs sí, ho puc imaginar…

I no creguis que és només la dreta. L’alcalde anterior, el filòsof Massimo Cacciari, també va caure en la trampa de defensar el turisme a qualsevol preu.

Els venecians tenen les seves particularitats: són uns negociants increïbles, es vendrien la seva mare. Aquests alcaldes es van vendre als taxistes, als gondolers i als botiguers.

L’ajuntament de Venècia té més de 5.000 pisos, molts dels quals estan buits perquè necessiten reformes. Els pisos estan abandonats i no hi ha cap iniciativa municipal. I això en una ciutat que té tres universitats i els estudiants no hi poden viure. Les universitats han hagut de construir residències però l’ajuntament no hi ha fet res.

Tot això, tenint en compte que és una de les ciutats més cares d’Itàlia. L’Arsenale, per exemple, és un espai pràcticament desaprofitat, però la iniciativa municipal per corregir el problema habitacional és pràcticament inexistent.

Per contra, per exemple, a Alemanya la majoria dels pisos són de lloguer, molts dels quals són municipals.

L’altre dia, anant amb autobús de Barcelona a Vilanova, una persona em comentava que treballava a la ciutat i abans també hi vivia, però que va haver d’abandonar-la perquè no podia pagar el lloguer. Ara viu més enllà de Vilanova i la Geltrú, ha d’agafar un autobús per poder arribar al tren, que funciona com funciona, i després un altre autobús. El resultat és que dedica quatre hores al dia per a poder anar a treballar. Imagina’t quina qualitat de vida es pot tenir així.

Afirmes en el llibre que gener és el mes perfecte per a visitar Venècia…

Sí, de Reis, l’Epifania que en diuen allà, fins a l’inici del Carnaval, la ciutat és buida. Abans hi havia molta boira i no resultava el millor moment per a veure la ciutat, però ara, amb el canvi climàtic, no hi ha boires…

Al final, Venècia també s’omplirà al gener si tothom segueix la teva recomanació…

[Riu] Tant de bo el meu llibre arribi a molta gent.

D’acord amb l’endreça del teu llibre, sembla que per Venècia només t’han guiat amigues. Continua essent la ciutat de l’amor?

Reconec que era una provocació, però la veritat és que les primeres persones que em van mostrar Venècia van ser la Chiara i la Lella, que esmento en l’endreça que comentes.

En definitiva, és el tòpic el que funciona. De tota manera, com deia Peggy Guggenheim, i cito en el llibre, “sempre es dona per fet que Venècia és el lloc ideal per a una lluna de mel. Això és un greu error. Viure a Venècia o fins i tot visitar-la significa que t’enamores de la ciutat mateixa. No et queda espai al cor per a ningú més”.

Abans, per a la gent de Barcelona, la destinació habitual de les llunes de mel era Mallorca, l’illa de la calma, que en deia Santiago Rusiñol. Un altre tòpic. 

Enric Bou, Desviacions. Proses de viatge, L’Avenç (2013)

També dius que ens presentes una “Venècia insòlita, perduda, una ciutat que ja no existeix, però de la qual els testimonis artístics i literaris conserven la memòria i ens la fan veure”. En certa manera, és una manera de connectar amb la teva dedicació a la literatura comparada?

El llibre és un encàrrec d’Antoni Martí Monterde per a la col·lecció Ciutats per Pensar Europa, que dirigeix en Edicions de la Universitat de Barcelona. Abans ja havia fet una conferència sobre Venècia a la Fundació Toni Catany, a Llucmajor, i havia participat en els cicles de conferències que Martí Monterde organitza a Vil·la Joana, a la Casa Museu Verdaguer.

Vaig començar a escriure amb una visió personal subjectiva no per a un públic que no fos italià i, alhora, també vaig buscar testimonis, sobretot d’escriptors, que són els que et parlen de la Venècia desapareguda, perduda, des del segle XIX fins ara. Són centenars de persones les que han escrit sobre Venècia.

També dedico un capítol a personatges il·lustres, alguns de ben sorprenents, com ara Helenio Herrera, l’entrenador de futbol argentí, casat amb la veneciana Fiora Gandolfi, un altre personatge molt particular.

Herrera està soterrat a la secció anglicana del cementiri de Venècia gràcies a una gestió que Gandolfi va fer directament amb la reina d’Anglaterra. Li va escriure “però, com és que el país que va inventar el futbol no és una llar digna per a un mag del futbol?”. Herrera era conegut com “il Mago” i a la làpida que té a la tomba hi ha una llista amb tots els equips que va entrenar, entre els quals hi ha l’Inter i el Barça.

Veig que tens predilecció per visitar cementiris…

I tant! Hi ha molts cementiris que cal visitar. El de San Michele, que és el de Venècia, és magnífic. Una vegada vaig estar ingressat a l’hospital i des de la finestra veia el cementiri. Tenia la sensació que Caront m’estava esperant amb la seva barca.

De fet, els enterraments a Venècia són espectaculars, perquè es fan amb góndoles.

Afirmes que ensenyar a Venècia és diferent de fer-ho en altres llocs. Explica-m’ho.

En part per les condicions però també pel sentit del temps. Quan passes el pont de la Llibertat, que és el que dona accés al centre històric, canvia el ritme. L’espai, a més a més, és un laberint.

Pel que fa a la universitat de Ca’ Foscari, està repartida en múltiples edificis per la ciutat. Els departaments d’economia són a l’antic escorxador. El meu departament està en tres palaus, la qual cosa crea una dispersió que no tens en altres universitats. 

Per tant, has de caminar d’un lloc a un altre, amb la qual cosa vas trobant-te gent, professors i estudiants, en diferents llocs. Això crea una relació de contacte amb els estudiants que no havia notat abans. Hi ha una fluïdesa especial. I espacial.

Potser també perquè és una universitat petita, d’uns vint mil estudiants. No hi ha facultats, sinó només departaments, tres d’economia, tres de llengües, un de ciències i un de filosofia i història de l’art.

Al meu departament, s’hi ensenyen vint-i-dues llengües europees, entre les quals hi ha el català i el basc. Després, hi ha un departament de llengües asiàtiques i africanes i un altre de llengües clàssiques i italià. Em sembla que a Itàlia només l’Orientale de Nàpols, on va estar Josep Piera amb Giuseppe Grilli, s’hi acosta.

Ca’ Foscari és una universitat jove, de poc més de cent-cinquanta anys, que naix com una escola de comerç. No hi ha ni medicina, ni cap enginyeria, ni les grans carreres; una mica de dret, com a molt. Com que s’enfocava al comerç, la idea era que els estudiants havien de saber de números i parlar llengües.

Malgrat que el sistema italià és bastant rígid, els estudiants de Ca’ Foscari s’han de construir el seu currículum. Només a Brown havia vist una cosa així. De fet, allà no hi ha assignatures obligatòries i tenen llibertat total per a triar-les. El resultat és que els estudiants que tens a classe sempre hi són perquè volen i això, com a professor, no té preu: tenir gent interessada i no obligada. 

Enric Bou

“Venècia és el símbol màxim de la fragilitat dels assoliments humans. Ens recorda que fins i tot les civilitzacions més poderoses estan subjectes al temps, la natura i el canvi polític”. Aquesta afirmació teva m’ha fet pensar en els Estats Units d’Amèrica i la Xina. Com veus la situació internacional actual? Ens trobem, potser, en un moment de reorganització de potències?

Efectivament, els imperis tenen un cicle. Els Estats Units són un imperi sobretot des de la Segona Guerra Mundial, allò que en diuen l’“American Century”. Aquesta darrera guerra amb l’Iran n’és un exemple perfecte. Diguin el que diguin, l’han perduda davant un exèrcit radicalment més pobre perquè hi ha hagut una manca de planificació més que òbvia.

Clarament veiem l’inici d’una davallada dels Estats Units. El número u ja és la Xina, tot i que fa una mica de respecte.

Coincideixes amb Antoni Martí Monterde a afirmar que hi ha ciutats —i Venècia n’és possiblement l’exemple paradigmàtic— que “hem vist tantes vegades en quadres, fotografies, films o descripcions literàries que ens sembla que ja les coneixem sense haver-les visitat”. “Visitar Venècia vol dir ‘escriure’ Venècia”, afirmes. Hi ha grans diferències entre la reproducció i la imatge real?

Una de les coses que més em sorprèn a Venècia és que els turistes no miren la ciutat sinó que simplement hi fan fotografies. La miren sempre a través de l’objectiu. És una cosa que fa mal de veure.

Un quadre s’hi assembla, però és una manipulació de la realitat. Molts quadres han estat fonamentals per a crear Venècia. Per exemple, Marcel Proust té passatges d’À la recherche du temps perdu que s’inspiren en quadres. 

Tenim el cas concret dels vestits que fa portar a Albertine en la novel·la, documentat en una carta que escriu a Maria Hahn. Són vestits dissenyats per Marià Fortuny, que tenia el seu taller a Venècia, inspirats, alhora, en pintures de Carpaccio.

És una relació de miralls entre la realitat i la representació de Venècia.

I després hi ha el temps. Venècia és l’única ciutat del món que està pràcticament com estava fa cinc-cents anys. Pràcticament no té edificis contemporanis. Com a excepcions tenim les noves seus de la Cassa di Risparmio di Venezia de Campo Manin, inaugurada el 1972, de la Previdença Sociale, de 1963, i la mussoliniana estació de Santa Lucia, dels anys trenta.

Venècia és, per tant, una ciutat museu perquè, com t’he dit, és com era fa cinc-cents anys. Les pèrdues confirmen aquesta experiència. La paraula pèrdua es relaciona amb el fet de deixar-se anar, perdre-s’hi. Quan t’hi perds, Venècia és molt més veritable.

Deu ser tot un repte, fins i tot angoixant, escriure sobre una ciutat sobre la qual, segons afirmes, “és impossible escriure res de nou”.

Hi he seguit la tècnica de Walter Benjamin: la cita. Hi he citat molt. Ha estat una manera de defensar-me’n.

Hi ha molts bons escriptors sobre Venècia. Jo en destacaria Joseph Brodsky, Henry James i Predrag Matvejević. I entre els menys coneguts, el poeta Andrea Zanzotto, que aconsella arribar a Venècia com si fossis un ocell: veure-la des d’un globus aerostàtic.

Enric Bou, La invenció de l’espai, ciutat i viatge, PUV (2013)

El 2013 ja vas publicar un llibre en què exploraves les relacions entre la literatura i l’espai: La invenció de l’espai, ciutat i viatge, una magnífica mostra de geocrítica i literatura comparada.

Gràcies. Partia dels enfocaments teòrics de Roland Barthes, Michel de Certeau o Walter Benjamin i analitzava obres de Mercè Rodoreda, Llorenç Villalonga, Luis Goytisolo o Eduardo Mendoza. L’havia publicat l’any anterior en anglès en Iberoamericana i volia que aparegués en català. 

Ho vaig comentar a l’amic Toni Mollà, a qui havia conegut per casualitat per una ressenya que havia fet d’un llibre meu, i ell em va posar en contacte amb Gustau Muñoz, que llavors treballava en les Publicacions de la Universitat de València. M’ho van fer tot molt fàcil i va anar molt ràpid. Estic molt content d’aquell llibre.

Abans ja hem parlat una mica de la teva experiència docent a Brown i Ca’ Foscari. Tornem als teus inicis universitaris. Et vas formar a la Universitat Autònoma de Barcelona als anys setanta, quin ambient s’hi respirava?

Vaig estar a punt de matricular-me a la Universitat de Barcelona, a la Central, que en dèiem llavors. Finalment, em vaig decidir per l’Autònoma. Hi vaig estar de 1971 a 1976.

A la Central, hi havia les patums del moment, amb Antoni Maria Badia i Margarit, Martí de Riquer i companyia. A l’Autònoma, la majoria eren molt més joves: Josep Romeu, que era dels més grans, Joaquim Molas, Sergi Beser, Jordi Castellanos… Alguns havien estat a l’estranger i expulsats de la universitat el 1968.

Hi havia grans contrastos. Per exemple, Josep Romeu es passava mitja classe escrivint bibliografia a la pissarra. Per contra, Molas parlava de coses molt més exòtiques i atractives, com ara el cuplet o el còmic. En certa manera, Molas s’havia d’inventar moltes coses, perquè no hi havia recerca disponible: llibres, articles, tesis.

Hi havia molta ideologia? Potser massa?

Eren els darrers anys del franquisme i es respirava un ambient de relativa llibertat en algunes fàbriques i a les universitats. En el nostre cas, vam tenir algun curs sencer sense classes. Es feia resistència al règim. Hi havia molta lluita de classes i poques classes. 

De fet, alguns professors feien classe fora de la universitat, com ara a la seu de l’Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona, per poder-ne recuperar.

I respecte a la recerca? Les tesis d’aquell moment eren extremadament voluminoses. Algú m’ha comentat, imagino que amb una bona dosi d’ironia, que s’arribaven a incorporar detalls com ara què esmorzava l’autor estudiat abans d’anar a treballar…

És una mica cert. Ara són de dues-centes pàgines. S’ha imposat el sistema anglosaxó. Potser també té a veure amb els sistemes de beques i projectes actual. Ara se solen fer associades a aquests projectes, en quatre anys. Abans, la gent s’hi estava molts anys.

Lola Badia i jo vam ser els primers a doctorar-nos a l’Autònoma en la nostra disciplina. La meva era relativament curta: no arribava a les set-centes pàgines. Si no me’n recordo malament, la de Jordi Castellanos superava les dues mil.

I també hi havia una sensació que es feia la recerca definitiva?

Jo no ho diria així. Com t’he comentat abans, hi havia molt poc de material, molt poca bibliografia. Molas, en la dècada dels vuitanta, era qui més tesis dirigia i tenia el criteri que era millor fer tesis sobre autors diferents, amb la voluntat de cobrir buits. Després tot això es va superar, però en aquell moment, calia. 

I respecte a l’alumnat, trobes grans diferències?

Et puc parlar d’una gran diferència entre l’alumnat d’Itàlia i el de Catalunya. Els italians tenen un nivell molt més alt. Per exemple, tots saben anglès. Quan els dones bibliografia ningú no fa cares rares. En el cas de la literatura comparada, cal poder llegir en altres llengües. A Catalunya, si ofereixes a l’alumnat bibliografia en anglès, la majoria no la llegirà. L’ensenyament secundari és molt millor a Itàlia.

Respecte a aquell moment i a l’actual, jo diria que la gran transformació s’ha donat en els col·legues. Els de la meva edat, tret d’algunes excepcions ben destacades, com ara la del malaguanyat Vicent Salvador, s’han quedat en una filologia més clàssica. Els actuals estan més connectats amb els estudis literaris d’arreu del món. Ho notes quan fas avaluacions de projectes d’investigació i veus la gran diferència entre els plantejaments dels joves i els dels més grans.

Suposo que vas viure de ben a prop el terratrèmol que va provocar la Literatura catalana contemporània de Joan Fuster, amb aquells articles de Joan Lluís Marfany a Els Marges.

Crec que es va ser molt injust amb Fuster. Ell no volia fer la feina dels professors. Era un encàrrec de Max Cahner i crec que és un llibre magnífic. Es va limitar, que no és poca cosa, a donar el seu punt de vista a partir del que ell mateix era, un gran lector. En molts aspectes, això sí, obria línies d’investigació, perquè era el primer que s’escrivia sobre molts autors.

Molas tenia un defecte: tenia un punt sectari. Molts dels seus deixebles el que millor aprenien d’ell era això mateix i esdevenien més sectaris encara. En el fons, Molas era molt més curiós que els seus deixebles. Les seves virtuts: un treballador incansable i un sentit de l’humor molt personal. Era el rei dels calembours.

En el cas de Marfany, crec que ara mateix potser no signaria aquells articles. De fet, la recerca que va fer sobre el Modernisme és magnífica.

També vas fer una de les primeres entrevistes a Vicent Andrés Estellés, que es va publicar en la revista Serra d’Or el 1978.

Cert. Em va costar moltíssim aconseguir-la. Havien acabat de concedir-li el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes i començava a tenir molts problemes amb la María Consuelo Reyna en Las Provincias. A més a més, estava malalt i l’havien operat de flebitis, si no me’n recordo malament.

Vaig anar darrere d’ell uns quatre o cinc mesos i al final el vaig poder entrevistar en una de les seves vingudes a Barcelona per qüestions mèdiques. Recordo que em contava divertit que s’estava a l’habitació de l’hospital i hi havia moltes infermeres boniques. Quan estaven a punt d’operar-lo, no va necessitar anestèsia. “Una em fa una mamadeta i a dormir”, em va dir, entremaliat.

Rod Stewart té un elapé titulat Atlantic Crossing. Tu vas haver de fer la mateixa cosa per triomfar. Vas arribar a ser catedràtic d’estudis hispànics a la Universitat de Brown…

Tenia molta curiositat per conèixer món i vaig obtenir una beca Fulbright. Vaig triar la Universitat de Yale, on tenia gran impacte el moviment descontructivista, que a mi m’interessava molt.

Hi havia el professor belga Paul de Man i jo volia conèixer-lo i treballar amb ell. El fet és que quan jo hi vaig arribar el 1986 ell acabava de morir. També hi havia Harold Bloom. Eren l’avantguarda. Jo n’havia tingut notícia en unes conferències a Barcelona sobre tendències de la crítica literària on havien convidat Christopher Norris i Terry Eagleton.

Un altre atractiu era el catedràtic de català i espanyol Manuel Duran, fill del fiscal general de Catalunya en temps de la Segona República Espanyola. S’havia exiliat a Mèxic, on es va llicenciar en lletres i en dret i després va treballar com a intèrpret per a les Nacions Unides. Va ser un dels impulsors de la North-American Catalan Society i n’era el president precisament quan jo era a Yale.

Jo anava molt a la biblioteca. Ja saps com són les biblioteques universitàries anglosaxones: hi pots caminar per tot arreu i consultar els llibres que vulguis. Vaig escriure Poesia i sistema (Empúries, 1989), sobre la poesia postsimbolista dels anys vint i trenta del segle passat. Vaig descobrir els plantejaments de la teoria dels polisistemes, que ningú havia treballat a Catalunya. També vaig conèixer Claudio Guillén, especialista en literatura comparada.

Després em van fer tres propostes de feina: a Yale, Brandeis i Wellesley. Vaig triar la darrera per qüestions pràctiques. Al cap de nou anys, vaig passar a Brown com a catedràtic, en substitució de Geoffrey Ribbans, que, com molts altres professors britànics, se n’havia anat al Estats Units per la situació de crisi que Margaret Thatcher va provocar en la universitat durant els anys vuitanta.


Potser la literatura comparada és una mica la germana pobra dels estudis literaris. A mi, per exemple, tret d’alguna obra clàssica en llatí o grec, no em van fer llegir res a la facultat més enllà de la literatura en la llengua de cada assignatura. A l’institut, ara hi ha una assignatura de literatura universal, però en la meva època, ni això. Sempre teníem visions massa parcials, massa nostres.

Efectivament, sempre eren visions monolingües o mononacionals. Molas, de tant en tant, feia connexions, però poca cosa més. A mi, em va obrir la mirada la meva estada als Estats Units. Aquí fins als anys noranta no hi havia ningú que sabés literatura comparada ni teoria literària. A la Universitat Autònoma de Barcelona només Sergi Beser en sabia alguna cosa i les seves classes eren il·luminadores.

A més a més, als Estats Units s’ha promogut molt la connexió entre la literatura i altres disciplines, perquè no és només un fet estrictament lingüístic, sinó també cultural. 

Manuel Duran em comentava que havien triat Mèxic com a lloc final d’exili per proximitat lingüística, però la primera frase que va sentir, en espanyol, tan bon punt va baixar del vaixell, va ser “Manito, que te vuelan el velís” –Germà, que et roben la maleta. Òbviament, no la va entendre.

La literatura comparada hauria de ser la germana gran de totes les altres: no conec cap lector que només llegeixi llibres escrits en una sola llengua. Sigui en original o en traducció, tots llegim en una mena de popurri lingüístic i cultural. La vella literatura comparada, la del segle XIX, facilitava la comprensió de les diferències, establia relacions.

Actualment, la literatura comparada és un camp dinàmic, interdisciplinari i globalitzat que va més enllà de l’enfocament tradicional i eurocèntric sobre la influència directa entre literatures nacionals. Hi ha una atenció a la “literatura sense fronteres”, que inclou estudis interculturals, estudis de la traducció, literatura mundial i la interacció entre la literatura i altres mitjans –cinema, arts visuals– i, més recentment, l’ecocrítica.

La interconnexió entre disciplines m’ha permès, per exemple, d’escriure un llibre sobre menjar i literatura: Saber y sabor: escritura y comida (Iberoamericana, 2023).

De vegades, em fa l’efecte que hi ha una mena de contradicció entre els estudis literaris locals i el fet que la major part de la literatura que es consumeix, o que s’edita, si més no, són traduccions. En algunes editorials, les traduccions arriben fins al vuitanta o el noranta per cent de la producció.

En el món anglosaxó es tradueix molt poc i, per tant, allà el professorat interessat a fer literatura comparada sap llengües. Per contra, aquí el problema en el món acadèmic és que has de saber més d’una llengua i no és habitual. Em sembla que per això aquí no hi ha grans especialistes. 

Afortunadament, ara comença a haver-hi estudis de gent més jove, sobre ecocrítica, per exemple, que també és literatura comparada, o els estudis sobre espai o de gènere.

Ets membre de la North-American Catalan Society, de l’Anglo-Catalan Society i de l’Associazione Italiana di Studi Catalani. Com veus la catalanística internacional?

Crec que fins fa poc la catalanística internacional era la gran esperança de salvació dels estudis locals. Ara hi ha hagut un anivellament. Fa anys, tot es feia en la mateixa universitat: hi estudiaves, t’hi doctoraves i feies classes. No hi havia mobilitat. Afortunadament, ara els investigadors viatgen molt més, veuen món i coneixen maneres de treballar molt diferents i innovadores.

És cert que hi ha grans diferències entre països. Itàlia és molt filològica. A la Gran Bretanya, com a Amèrica o a Austràlia, es fan més estudis culturals. Els francesos també són més tradicionals. Al Brasil, per contra, són molt innovadors.

Daniel P. Grau entrevistant Enric Bou

I com veus la barreja que es dona en aquestes associacions entre nadius i catalans?

Jo crec que hi ha una distinció entre les anglosaxones, l’Anglo-Catalan Society i la North-American Catalan Society, i les altres. En el primer cas, els catalans s’hi han integrat molt, especialment els que viuen allà, i parlen el mateix llenguatge crític. En canvi, entre els investigadors d’aquí, els europeus, de vegades, tot i que cada vegada menys, s’hi noten punts de vista diferents.

Recordo que em van enlluernar els estudis d’un tal Dominic Keown. Escrivia sobre poesia contemporània amb unes eines crítiques molt diferents. Repartia llenya a tort i a dret amb elegància. Com m’havia explicat Sergi Beser que feien els anglosaxons, i després se n’anaven al pub a fer una cervesa. El vaig conèixer anys més tard i ara som molt amics. Hem anat sovint al pub.

A banda d’això, hi ha el relativament to familiar, en el bon sentit del terme, perquè alhora sempre té un nivell acadèmic excel·lent, que trobem en l’Anglo-Catalan Society. Imagino que hi té a veure, d’una banda, que es va fundar amb una gran presència d’exiliats, que sempre hi eren presents, i, d’una altra, amb el fet que és l’única que fa congressos anuals, la qual cosa facilita que els investigadors es troben amb assiduïtat, com bé saps.

La North-American Catalan Society va estar a punt de desaparèixer.

És cert. Va ser precisament poc després del congrés de Brown. Philip Rasico volia organitzar un congrés a Menorca, perquè hi tenia una connexió personal. Va anar fent via per la seva banda i de sobte hi va haver una revolta. Rasico va abandonar l’associació. Per sort, les aigües es van reconduir. Ara la NACS publica la Catalan Review amb Liverpool University Press i és una revista de molt bon nivell. Quan jo n’era el president vaig fer les gestions per al canvi d’editor.

Espero que aviat tornem a fer un congrés conjunt entre l’Anglo-Catalan Society i la North-American Catalan Society, com el que va tenir lloc a l’Eaton College el 2004.

Miro el rellotge i m’adono que hem estat gairebé quatre hores xerrant i no ens hem fet ni un cafè. Jo m’hi estaria quatre hores més: Bou és d’aquelles persones que sap molt de moltes coses, però que parla sense el més mínim toc de pedanteria.

Decidim que és el moment de fer una cervesa i preguntem pel millor lloc. Ens diuen que, si volem fugir dels llocs massa turístics, la millor cosa que podem fer és anar a Ca Revolta. Abans d’adreçar-nos-hi, no podem evitar entrar en les dues llibreries de vell que hi ha enfront i al costat de l’Octubre Centre de Cultura Contemporània: la de l’amic Rafael Solaz i El Asilo del Libro. 

En aquesta darrera tenen un exemplar de la primera edició d’El gran foc dels garbons, de Vicent Andrés Estellés, amb il·lustracions de Francesc Lozano. És una edició de bibliòfil molt abellidora, però té un preu prohibitiu i ho deixem córrer.

Caminem tranquil·lament pels carrers del centre de València. Enric va carregat amb la cassola d’arròs al forn del ceramista d’Alzira Xavier Claur que li vaig prometre. Li la vaig comprar en la darrera Escuradeta i no sé com s’ho farà per a emportar-se-la a Venècia, perquè pesa bastant. Em diu que m’enviarà una fotografia de l’arròs que pensa fer-hi.

Arribem a Ca Revolta. Enric prefereix cervesa torrada i ens decantem per una Turia. Ja la coneixia: es nota que ve per València bastant sovint. Mentre ens les serveixen, aprofita per a dedicar-me Venècia, ciutat de pèrdues i Desviacions. Proses de viatge, un llibre seu que no coneixia però que fa goleta.

M’adono que ha substituït la ploma estilogràfica Cross, americana, que feia servir la darrera vegada que ens vam trobar, per una Diplomat, alemanya. Això sí, continua signant els seus llibres amb tinta negra. Com altres vegades, tornem a parlar de plomes. Em diu que també li agraden molt les Leonardo, italianes, i que hi ha una botiga magnífica a Florència que també ven per internet.

No hi ha cap altra taula ocupada a Ca Revolta i hi estem tan sols que fins i tot preguntem si estan a punt de tancar. Ens diuen que no i, de fet, comencem a sentir una guitarra flamenca que prové de l’interior del local. Al cap d’una estona, s’acaba la música i ens envaeix una colla de gent de pell molt blanca que parla anglès. Alguns semblen unes gambes: han abusat del sol valencià. Fugint fugint, hi hem caigut de ple.

De camí cap a casa rebo un missatge d’Enric amb l’enllaç de la Casa della Stilografica. Hi faig una ullada i, efectivament, és un perill…

 

[Font: www.diarilaveu.cat]