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segunda-feira, 21 de setembro de 2026

Cómo el partido de extrema derecha alemán AfD está tratando de ganarse el voto de aquellos a quienes promete deportar

 

Un grupo de mujeres con pañuelo en la cabeza camina por la calle en Berlín.

Escrito por Deniz Torcu 

El 6 de septiembre, el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD) obtuvo el 43,8 % de los votos en Sajonia-Anhalt, más del doble del 17,2 % de la CDU (Unión Demócrata Cristiana de Alemania). La participación fue del 77,8 %, la más alta en la historia de las elecciones libres del estado. El partido basó su campaña en un programa que incluía una campaña de deportación y remigración, así como el recurso a “todas las vías legales” para limitar la expresión islámica. 

Sajonia-Anhalt es un estado alemán mayoritariamente rural, con una población inmigrante muy reducida y escasos incentivos para dirigir la campaña a este colectivo. Si bien el resultado récord de la AfD en esta región tuvo poco que ver con el voto de los inmigrantes, la situación será muy diferente cuando Berlín acuda a las urnas el 20 de septiembre. 

Una encuesta de opinión publicada el 10 de septiembre sitúa a la AfD en camino de obtener el 18 % de los votos de la capital, el doble de su resultado del 9,1 % de 2023. Esto situaría al partido a tres puntos del líder en una carrera muy reñida, en una ciudad donde el 42,3 % de los residentes es inmigrante. 

Aunque la AfD logró ganar en Sajonia-Anhalt sin el voto de los extranjeros, no puede permitirse ignorarlos en Berlín. 

A la caza del voto inmigrante 

La AfD lleva años tratando de captar el voto de los inmigrantes, con contenidos en TikTok y en turco dirigidos principalmente a personas de origen ruso y turco. Se trata de comunidades de inmigrantes establecidas desde hace tiempo, muchas de las cuales son ciudadanos alemanes con derecho a voto. 

La formación se dirige a ellas con un mensaje que algunos expertos han calificado de tranquilizador: vosotros, las comunidades ya establecidas, no sois el problema; los recién llegados sí lo son. 

Sin embargo, la campaña en turco de la AfD no se está traduciendo en votos. Un análisis de julio de 2026 del Centro Alemán de Investigación sobre Integración y Migración (DeZIM) reveló que los votantes de origen inmigrante consideraban a este partido como el que tenía menos posibilidades de ser elegido de entre todos los grupos. 

Otro informe del DeZIM ha puesto de relieve la caída de la participación electoral entre los votantes de origen turco, de Oriente Medio y del norte de África, lo que se interpreta como una posible señal de alerta de un distanciamiento a largo plazo del sistema de partidos en su conjunto. 

Un estudio de 2025 sobre las preferencias de voto de los inmigrantes en toda Alemania situaba a la AfD en un 19 %, en tercer lugar, por detrás de la CDU y el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania). Sin embargo, era el partido más fuerte entre los votantes de origen polaco y entre los repatriados de etnia alemana. Así pues, la agrupación sí que consigue votos de los inmigrantes, pero no, por el momento, entre los turco-alemanes a los que está cortejando este mes. 

No obstante, estos votantes arrastran un agravio que la corriente dominante no ha abordado. Los directores de DeZIM han documentado lo que denominan “competencia por el reconocimiento”: la forma en que los grupos tratados como de segunda clase acaban comparándose y enfrentándose entre sí, y no contra quienes los clasifican así. 

El politólogo Özgür Özvatan ha analizado esta dinámica en el contexto de la pertenencia turco-alemana, donde a menudo se persigue y se logra el avance, pero este no siempre se traduce en una aceptación generalizada y duradera por parte de la sociedad mayoritaria. 

Recompensar el buen comportamiento 

Hay algo estructural detrás de esto, y no se limita a Alemania. 

La extrema derecha tradicional definía la pertenencia por descendencia, lo que conlleva un límite inherente. Su electorado potencial era fijo y se reducía con cada naturalización, mientras que cada inmigrante era un adversario permanente. 

Lo que se ha extendido por todo el continente desde 2015 es un diseño político diferente, en el que la pertenencia se gana a través de la conducta. El discurso actual de la extrema derecha no siempre es étnico o cultural; ahora el mensaje es: trabaja duro, adáptate, sigue las normas y podrás pertenecer. Cualquiera, sea migrante o no, puede cruzar esta frontera gracias a su comportamiento. 

El territorio francés de ultramar de Mayotte ilustra este modelo con mayor claridad. Mayotte, un territorio insular del océano Índico, es musulmán en un 95 %, pero en 2022 otorgó a la candidata de extrema derecha Marine Le Pen su mejor resultado en el país, con un 42,89 % de los votos en la primera vuelta, frente al 2,77 % de 2012. 

Los investigadores del proyecto MIGRAF interpretan esto como un intento deliberado del partido de Le Pen, el Rassemblement National (RN), de eliminar la cuestión racial de su mensaje en ultramar: en la isla, el RN no ataca al islam, sino a los migrantes procedentes de las cercanas islas Comoras. 

Que los musulmanes franceses voten a Le Pen en contra de los migrantes musulmanes podría parecer impensable. Sin embargo, tiene sentido si se tiene en cuenta cómo ha cambiado la frontera de la pertenencia. La cuestión no es quién eres, sino en qué lado de una frontera burocrática te encuentras. 

La extrema derecha española toca una melodía similar, pero en una clave diferente. En un discurso pronunciado en Gran Canaria en 2018, el líder del partido de extrema derecha Vox, Santiago Abascal, estableció una distinción entre diferentes tipos de inmigrantes: los procedentes de América Latina, que comparten gran parte del idioma, la religión y la visión del mundo de España, y los procedentes de países islámicos. 

Vox construyó un proyecto internacional en torno a esta excepción, bautizado como la “Iberosfera”. Los analistas lo han interpretado como una forma de “hispanismo étnico”. 

Suecia es quizás el país que más lejos ha llegado en este sentido, con su decisión de dar mayor importancia jurídica a la conducta o al modo de vida de los migrantes. La Ley de Extranjería sueca, que entró en vigor el 13 de julio de 2026, permite a la Agencia Sueca de Migración denegar o revocar los permisos de residencia por motivos de “conducta deficiente”: un comportamiento que no infringe ninguna ley, pero que contraviene las normas que la sociedad desea defender. 

Los expertos en derecho han señalado que este criterio es demasiado vago para aplicarse de forma predecible o equitativa. 

La aceptación es voluble 

Una propuesta política de este tipo depende de que los votantes y miembros de un partido de extrema derecha acepten una excepción a sus principios. El apoyo a una idea así es difícil de mantener y, en España, ha provocado una profunda división en la base de Vox. 

En agosto de 2019, una patronal pidió que se contrataran trabajadores en el extranjero, preferiblemente de América Latina. Un diputado de Vox por Málaga respondió tuiteando que le daba igual si el relevo demográfico “venía vestido con chilabas o portando machetes”, y posteriormente borró la publicación. 

La polémica se prolongó en el partido durante años, pero en enero de 2026, Vox eliminó discretamente “Latinos por Abascal” de su página web, una campaña lanzada tres años antes para captar a los votantes hispanos de España. 

La pertenencia condicional tiene una vida útil corta. Funciona como mecanismo de captación, pero cuando la base se radicaliza más allá de ella, las personas que en su día fueron bienvenidas vuelven a ser clasificadas como lo que eran antes. España lleva dos años de ventaja a Alemania en este ciclo. 

La AfD se deja el mismo margen de maniobra, aunque, tal y como están las cosas actualmente, su posición no está clara. Su programa para Sajonia-Anhalt sitúa la “remigración” en el centro, pero el partido insiste en que el término abarca únicamente el retorno legal de extranjeros sin derecho a permanecer en el país, rechazando la deportación de ciudadanos alemanes de origen inmigrante por considerarla inconstitucional. 

Sin embargo, los juristas constitucionales que analizan el texto de Sajonia-Anhalt ven una política de expulsión basada en una concepción étnica del pueblo. A ninguno de los votantes a los que se busca este mes –ya sea en Sajonia-Anhalt o en Berlín– se le ha explicado claramente qué definición se aplicará. 

Cuando Berlín acuda a las urnas, algunos votantes de origen inmigrante decidirán que la advertencia no va dirigida a ellos, sino a otra persona. Como mínimo, provocar esa decisión es precisamente el objetivo de la estrategia de la AfD. 

Deniz Torcu, profesor adjunto de Globalización, Negocios y Medios de Comunicación, IE University.

 

[Foto: Mo Photography Berlin/Shutterstock - fuente: www.theconversation.com]

sábado, 19 de setembro de 2026

«Boundaries Road», novela de Cecilia F. Santomé

 

Escrito por Ramón Nicolás 

Non revelo nada novo se afirmo que as novelas, desde hai ben anos, presentan as fronteiras xenéricas cada vez máis diluídas e difusas. Xa o afirmou Doris Lessing no seu día:  “Non hai leis para a novela. Nunca as houbo, nin poderá habelas xamais”. Cantas veces nos atopamos propostas narrativas nas que conviven, non sei se en harmonía pero si con efectividade, prosa con ensaio e con fragmentos de inspiración ou feitío claramente dramático.

Esta novela de Cecilia F. Santomé, que ademais foi galardoada co premio Blanco-Amor, demostra o que arriba se dixo pero indo, talvez, un chisco máis alá pois, alén de incluír unha novela final, incorpora dúas partes máis que gozan de certa independencia, sendo a primeira delas unha recreación ou reescrita da primeira novela que a autora publicou –Quérote, eu tampouco- tal e como ela mesma confesa.

É así, evidente, que esta Boundaries Road goza dunha indiscutible variedade ou, se se quer, heteroxeneidade tanto no que se refire aos puntos de vista empregados como aos argumentos recreados e aposta, sen dúbida, por unha maior complexidade formal que deseña unha recepción un tanto máis esixente. Cadaquén terá os seus favoritos: para min, non o dubido, é toda a parte inicial cun protagonismo marabilloso ás glicinias a esa segunda parte, tan transparente e realista, na que Cecilia procura e procura, ata quedar exhausta, a validación dun cadro dun célebre pintor nun exercicio no que alén do proceso de investigación é manifesto priorizar o factor memorialístico.

Mais, con todo, esa é unha parte secundaria pois a proposta, que se abre con Cecilia, que precisa alugar un cuarto e conseguirá no número 62 da rúa que lle dá título ao libro onde Natalie e Tom a acollerán, se se pode dicir así, pero desde onde se constrúe unha rede que bebe nas profundidades da psicoloxía humana. Mais no fondo da novela talvez destaque a recreación de motivos como son a soidade, as identidades e as posibles crises que desde ela se poden xerar, a comunicación -ou falta dela-, a emigración, as contradicións, a precariedade laboral e un certo aquel melancólico que abala dun lado a outro e que, por veces, é bo que así sexa.

 


 

Cecilia F. Santomé

Boundaries Road

Xerais, Vigo, 272 páxinas, 18,95 €, 2026

 

 

[Fonte: cadernodacritica.wordpress.com]

terça-feira, 8 de setembro de 2026

Día Nacional del Quetzal, Guatemala honrará a su ave símbolo

El Día Nacional del Quetzal favorecerá hoy en Guatemala las muestras de honor al ave que no solo deviene emblema, sino además representación de la libertad, belleza e identidad cultural.  


Distintas instituciones estatales desarrollarán actividades educativas, ceremonias cívicas, exposiciones y campañas de concienciación sobre la importancia de protegerla y preservarla, según mensajes en las redes sociales.

Desde tiempos prehispánicos, de acuerdo con reportes históricos, las civilizaciones mesoamericanas la consideraron sagrada, vincularon a la luz, la primavera y a la divinidad Kukulkán o Quetzalcóatl.

En la cosmovisión maya, sus plumas largas y verdes eran usadas en tocados y ornamentos ceremoniales por la nobleza (gobernantes y sacerdotes) como símbolo de estatus y espiritualidad.

La tradición oral trasmitió que el quetzal era el nahual (espíritu guardián o compañero) de Tecún Umán, destacado y príncipe k’iche’ que lideró la resistencia indígena contra la conquista española capitaneada por Pedro de Alvarado en 1524.

Mientras el príncipe combatía, el ave sobrevolaba la batalla apoyándolo. Al caer abatido el guerrero, descendió sobre el pecho ensangrentado, sus plumas del pecho se tiñeron de rojo brillante y emitió un último canto lúgubre.

La leyenda sostiene que, a partir de ese momento, el quetzal perdió la voz y juró no volver a emitir sus sonido alegre ni vivir sometido en jaulas hasta que los pueblos originarios recuperaran su libertad total.

El poeta cubano José Joaquín Palma, autor del himno de este país, la inmortalizó en estrofas que recuerdan que “antes muerto que esclavo vivirá”.

El presidente Miguel García Granados (1871-1873) declaró ave nacional al quetzal y con ese nombre el gobierno de José María Orellana (1921-1926) bautizó a la moneda local.

En 1979, el Organismo Ejecutivo, a través del Ministerio de Educación y del Consejo de Áreas Protegidas, estableció la conmemoración anual cada 5 de septiembre.

El hábitat natural del quetzal se encuentra principalmente en los bosques nubosos entre los 1.500 y 2.700 metros de altura, de los departamentos Alta y Baja Verapaz, Huehuetenango, Quiché y San Marcos.

Sin embargo, especialistas señalan que se encuentra incluido en la categoría 3 del Listado de Especies Amenazadas, por la pérdida y fragmentación de esa área, el avance de la frontera agrícola y los incendios forestales.

idm/znc

 

[Fuente: www.prensa-latina.cu]

Vanuatu reclama a l’estat francés la sobeiranetat de las illas Umaeneg e Leka

Revendica la sobeiranetat sus aquelas illas, que París considèra coma francesas e que balhan accès a una zòna economica exclusiva de 350 000 quilomètres cairats

Escrich per Jòrdi Ràfols 

Vanuatu a engatjat una procedura davant la Cort Internacionala de Justícia (CIJ) per la disputa amb l’estat francés sus la sobeiranetat de las illas pichonas Umaeneg e Leka (Matthew e Hunter, dins lors noms colonials), situadas dins lo Pacific Sud, çò rapòrta Vilaweb. Pasmens, l’afar poirà pas avançar se l’estat francés accèpta pas la competéncia de la Cort per resòlver aquel litigi.

La requista depausada per Vanuatu demanda tanben l’establiment d’una frontièra maritima unica entre las zònas economicas exclusivas e los planestèls continentals dels dos estats, pertocant sustot Canaquia. Umaeneg e Leka son doas illas inabitadas de mens d’un quilomètre cairat, situadas entre Vanuatu e Canaquia. Malgrat lor talha reducha, lor possession revestís una importància estrategica considerabla, puèi que permet a l’estat francés de dispausar d’una vasta zòna economica exclusiva de mai o mens 350 000 quilomètres cairats.

Vanuatu revendica sa sobeiranetat sus elas dempuèi son independéncia, obtenguda en 1980, mentre que París manten sas pretensions sus aquelas doas illas. Après la dobertura de negociacions en 2025, lo govèrn vanuatuenc acusa sos interlocutors de perpetuar de practicas colonialas.

Lo primièr ministre Jotham Napat aviá ja avertit qu’utilizariá totas las vias diplomaticas e juridicas internacionalas per defendre la sobeiranetat del país. D’ara enlà, la decision aperten a l’estat francés. Se París acceptèsse la competéncia de la CIJ, lo desacòrdi poiriá enfin èsser examinat per la mai nauta juridiccion de las Nacions Unidas.

 

 

[Sorsa: www.jornalet.com]

segunda-feira, 7 de setembro de 2026

«Trieste. Una ciutat a plec de mapa», de Joan Benesiu


El problema de la identitat de la ciutat és que només es pot abordar des del mite


Joan Benesiu

Escrit per Francesc Viadel

Hi ha poques ciutats d’Europa que com Trieste conciten entre els escriptors una curiositat i estimació tan amerada de nostàlgia. I és, potser, perquè aquesta ciutat de tantes mixtures culturals i humanes és, també, una ciutat escrita, podríem dir que en bona part el producte meravellós d’un grapat dels millors escriptors d’Europa.

Triestins van ser Italo Svevo, Giani Stuparic, Boris Pathor, Umberto Saba, Bovi Bazlen, Scipio Slapater i Claudio Magris. I a Trieste es van vincular per sempre més James Joyce, que va escriure a la ciutat adriàtica bona part de Dublinesos, o Rainer Maria Rilke, que va iniciar les seues elegies al castell de Miramare, a prop de Duino. 

Entre els nostres escriptors, Joan Benesiu (Beneixama, 1971), és un dels que potser millor ha estimat i tractat amb aquell racó isolat d’Europa, amb aquella terra de frontera tan germànica com italiana com eslava com de ningú i de tots.  

En Serem Atlàntida (2019), Trieste, és un dels escenaris en què els seus dos protagonistes, Mirko Bevilacqua i Clara, cercaran un món vertaderament insòlit. Una novel·la celebrada que no podia tenir millor teló de fons. No és d’estranyar, per tant, que haja estat l’escriptor escollit per parlar d’aquesta ciutat dins de la col·lecció Ciutats per pensar Europa editada per la Universitat de Barcelona.

En Trieste. Una ciutat a plec de mapa (2024), Benesiu aborda la triestinità des d’una òptica literària i cultural on no pot faltar la mirada més personal i fascinada. La primera vegada que l’autor la trepitja és en 2014 i, sobtadament, resta desconcertat, com perdut en un paisatge estrany i difícil de comprendre a colp d’ull:

“On som? –escriu–, em vaig preguntar de seguida només posar els peus en la ciutat, que no aterràvem a Itàlia? Per descomptat era Itàlia, però la presència de l’esperit austríac es feia palès en els nous barris construïts des que la ciutat era considerada port franc de l’Imperi austrohongarès; el ‘borgo Teresiano’, el ‘borgo Giuseppino’ fixaven una relació directa amb les mansions habsburgueses de Viena, sols que la ciutat parlava italià i no eren de cap manera invisibles els retolats continus en eslovè de carrers i cartes de restaurants”.


Joan Benesiu, Trieste. Una ciutat a plec de mapa, Universitat de Barcelona (2024)


Explica Benesiu que hi ha molta literatura de Trieste i sobre Trieste i en destaca com “l’assaig més enriquidor i eloqüent sobre la ciutat, la seua literatura i la seua història” el d’Angelo Ara i Claudio Magris, Trieste. Un’identità di frontera. És el text que, bàsicament, li ha servit a l’escriptor per confegir “aquesta breu i limitada excursió per la ciutat i una part de la seua literatura”.

Des de ben al principi, Benesiu assenyala el problema de la identitat de la ciutat que només es pot abordar des del mite. Un problema, adverteix, que no és nou i que s’arrossega des del moment en que a la ciutat, austríaca des del segle XIV, comença a 

“notar-se la puixança italianitzant que prové del moviment del Risorgimento i que aconseguirà la unificació de la Península, amb l’excepció dels territoris de cultura italiana dominats per l’Imperi austrohongarès”.  

És a partir d’aquest moment, escriu, que 

“tots els territoris de cultura italiana que cauen sota els dominis de l’emperador Francesc Josep sentiran el batec de la pàtria italiana que els crida i l’irredemptisme no farà més que guanyar empenta”.  

Un fet que posarà en qüestió l’essència de la ciutat, custodiada espiritualment per l’imperi austrohongarès i amb un hinterland eslau.

A la última, més enllà de les disputes nacionals bategava, també, per una altra part aconseguir fer d’aquella potentíssima barreja un ciutat significant d’una realitat continental. Recorda, l’autor que per a Magris en algun moment hi havia la idea de fer de Trieste: 

una ciutat-pont i una referència per a la connexió entre els universos llatins, eslaus i germànics, i això és el que ocorre, segons ell, més o menys fins a l’any 1848, amb realitats culturals que saben de les altres, que es tenen mínimament en compte”. 

Un reconeixement mutu que esquerdarà el nacionalisme de manera que a partir d’aquest 1848: 

l’alta cultura es produeix o es pensa en alemany, la vida popular discorre en italià i els eslovens aprenen a treure el cap en aquesta arquitectura política i ambiciosa i difícil que significa l’Imperi austrohongarès de Francesc Josep”. 

I afegeix: 

“Amb aquesta complexitat, abordar la qüestió de la triestinità resulta poc menys que un impossible, perquè cada caràcter de dins de la ciutat queda definit per la negació de l’altre i tots junts constitueixen, cada vegada més, un univers de sords”.

Fet i fet, tot seguint Ara i Magris:

La triestinidad existió en la literatura, su única patria verdadera, no localitzable en ningún otro lugar de forma clara. Trieste, quizá más que cualquier otra ciudad, es literatura, es su literatura. Svevo, Saba i Slapater son menos escritores que nacen en ella y de ella, que escritores que la generan y crean, que le dan un rostro, rostro que de otra manera, en cuanto tal, quizá no existiría”.

En 2019, Benesiu, torna per segona vegada a Trieste. L’acull un tal Walter, italià amb arrels d’Istria, que li demana pel seu interès per la ciutat. Benesiu li assegura que persegueix: 

“l’estranyesa d’una emoció literària que sabia que es referia a alguna cosa realment inexistent com la barreja de memòria, la nostàlgia de no haver estat (…) ciutadà austrohongarès i la triestinità”. 

La resposta de Walter no pot ser més d’acord a l’escenari. Li assegura que l’atractiu d’actual no té res a veure amb aqueixes cabòries, ni amb la literatura, sinó amb la confusió que hi havia als carrers entre els bojos i les persones considerades amb seny. La resposta està en l’antic manicomi Ospedale di San Giovanni i el psiquiatre de l’antipsiquiatria Franco Basaglia, que un dia va decidir posar fi a l’internament dels malalts mentals i derrocar els murs de l’hospital:

“La follia –escriu Benesiu– havia de ser inclosa com una pertorbació de la normalitat que no podia alienar els drets dels diferents, dels dissidents d’una identitat normalitzada”. 

Basaglia, comenta, va batallar de valent amb tot el seu equip de Trieste per eliminar els manicomis, una proposta mèdica i alhora política que va compartir amb Michel Foucault. 

Només per aquest passatge de l’alliberament dels bojos en la ciutat d’enlloc paga la pena llegir l’aventura triestana de Benesiu, viatjar a la fi d’Europa…, o a l’inici d’Europa.

 

[Font: www.diarilaveu.cat]

 


domingo, 6 de setembro de 2026

A emigración galega triunfa en Bos Aires adaptando o teatro de Manuel Rivas

As irmás María Fernanda e Lorena Lores, con raíces familiares no Grove, fan parte da Compañía Teatral Galega de Bos Aires, que vén de estrear El Héroe, de Manuel Rivas, cun elenco de 10 actores e actrices e coa participación da Orquestra de Cámara da Federación de Asociacións Galegas da Arxentina. 

Á esquerda, Gabriel Fernández e Lorena Lores. Á dereita, Sofi Peña, Angelina Napoli e Mavi Santoro, representando a obra.

Escrito por Patricia Villarino

O vindeiro 10 de setembro baixará o pano no Teatro Empire de Bos Aires a obra El Héroe, da autoría de Manuel Rivas, adaptada pola Compañía Teatral Galega de Bos Aires e convertida nun musical grazas á participación en directo en cada función da Orquestra de Cámara da Federación de Asociacións Galegas da Arxentina. A institución, con máis de 100 anos de historia ás súas costas, vive un novo pulo grazas ao activismo de descendentes de galegos e galegas na emigración, como Lorena e María Fernanda Lores, dúas irmás con orixes familiares no Grove (O Salnés) que, como produtora e profesional das artes plásticas a primeira e actriz e cantante a segunda, están a revitalizar a cultura e as artes para "tender pontes” entre Galiza e Arxentina.

Na Federación de Asociacións Galegas da Arxentina xa houbera unha primeira compañía de teatro, da que fixeron parte CastelaoMaruxa Villanueva ou o ourensán Fernando Iglesias Sánchez Tacholas. Representaron Os vellos non deben de namorarse na Arxentina, relata a Nós Diario Lorena Lores, filla de galegos, actriz, cantante e activista e unha das promotoras do rexurdir do teatro dentro da Federación xunto coa súa irmá María Fernanda. Coa axuda da Deputación da Coruña, a compañía estreou o pasado 25 de xuño no Teatro Empire de Bos Aires El Héroe. “Estamos moi contentos co éxito e a acollida do público”, afirma Lorena Lores.

A petición dela, Rivas ofreceu a súa primeira obra de teatro, que data de 2006, para que a Compañía Teatral Galega de Bos Aires a convertese nesta estrea. O italo-galego Leonardo Napoli e a propia Lorena Lores adaptaron a obra e a música para convertela nun musical coa participación en directo en cada función de 20 integrantes da Orquestra de Cámara da Federación de Asociacións Galegas da Arxentina, dirixida por Martín Pinola, coa inclusión como instrumento da gaita en varias pezas da obra.

Somos herdeiros da capacidade de traballo mancomunado das galegas e dos galegos no exterior —destaca Lores—, unha epopea colectiva formada por 9 actores, 20 músicos e moitos técnicos de escena”. Mentres rematan a estrea en Bos Aires e agardan poder vir á Galiza a presentar a súa obra, están seleccionados en varias categorías dos máis prestixiosos galardóns teatrais na Arxentina, os Premios Hugo Mirón.

Gabriel Fernández e Lorena Lores

O heroe de Sidi Ifni

Sobre as táboas do Teatro Empire de Bos Aires, María Fernanda Lores recreou a escenografía e o vestiario que ambientan a obra de Manuel Rivas, unha vila pesqueira galega a mediados dos anos 70 na que o heroe é Arturo Piñeiro, coñecido polos alcumes de Robinson ou Caronte, lexionario na guerra de Sidi Ifni, a descoñecida “Guerra dos cen días” que o réxime de Franco ocultou á opinión pública logo de perdela. Lorena Lores interpreta Lucía, a parella sentimental e soporte vital de Caronte. En escena, esta personaxe é “a memoria viva a que refresca a memoria, as secuelas do vivido”, explica a actriz.

Logo de perder a guerra de Sidi Ifni, Caronte volve ao seu pobo, pero só atopa o esquecemento e o silencio da ditadura de Franco ao seu redor. Naquela contenda, ocultada polo franquismo, faleceron 300 soldados e outros 500 resultaron feridos, pero todo foi agochado na que está considerada xa como a "guerra secreta”. Os superviventes, de volta na casa, sufriron a chamada “pena de Marte”, e tamén Caronte na obra de Rivas. A súa parella Lucía é “a que contén o seu estrés”, explica a actriz Lorena Lores. "Facemos na obra moito fincapé niso porque só se contan os mortos, non as vidas rotas e o sufrimento ao decatarse de que loitaron para un ditador”, salienta a este xornal. 

A obra de Rivas na Arxentina —estreada na Galiza por Sarabela Teatro en Ourense logo da súa publicación no ano 2006— está “adaptada ao público arxentino", sinala Lores, e comeza cunha voz en off que “conta a guerra de Sidi Ifni, da que pouco se coñece” e que no caso da Arxentina ten, segundo Lores,  “unha crítica e un claro paralelismo coa guerra das Malvinas”. A modo de resumo, subliña que “o tirano fai unha guerra, perde e tapa todo”.

No ano 2001 Lorena Lores veu vivir á Galiza. Daquela estaba traballando nun musical, pero chegou a crise económica á Arxentina. “O primeiro que cae é a arte, así que fun para Galiza e vivín moitos anos alí até que meu pai enfermou e tiven que volver á Arxentina”, relata. Da súa experiencia artística nas dúas beiras do Atlántico destaca agora que “as pontes son importantes a nivel cultural e de xustiza, enriquécennos mutuamente", pois "Galiza é moito máis que as súas fronteiras, somos galegos expandidos”, afirma.

Desde a Federación de Asociacións Galegas da Arxentina, Lores destaca que “impulsamos a única causa que hai contra os crimes do franquismo, a que leva adiante a xuíza María Servini —xuíza federal da nación Arxentina, a cargo do Xulgado Federal Criminal e Correccional número 1 de Bos Aires— e que segue avanzando porque estamos moi ben organizados, hai testemuñas... pero a xustiza española mete todo nun caixón”.

Unha avoa que chegou de polisón axudada por Eva Perón

Lorena e María Fernanda Lores —tamén o seu irmán Maximiliano— naceron en Bos Aires, pero teñen moi presente a súa historia familiar. “A nosa familia é do Grove por parte de pai e de nai. A miña avoa, Manuela Rodríguez Moldes, foi a Vigo a despedir unha curmá ao porto que marchaba en barco a Bos Aires, e ao final acabou viaxando de polisón”, di Lorena. Do periplo da súa avoa destaca que “mandou un telegrama á casa desde as Illas Canarias, chegou a Bos Aires e pasou a estar presa no hotel de inmigrantes porque non tiña papeis”.  A avoa das Lores era nai solteira “nunha época difícil” e marchou do Grove para Vigo, onde coñeceu o seu avó, "que non era o biolóxico pero os dous tiveron que fuxir, ela de polisón e el escapou cun pasaporte falso.de Euskadi porque tamén ían matalo. Non podía reclamala”, relata Lorena Lores a este xornal.

A súa avoa escribiu entón a Eva Perón unha carta apelando á súa sona de “abandeirada dos pobres”. "A resposta foi mandala buscar, fíxolle o documento e deixouna saír”, lembra. Así foi como acabou tamén na Arxentina a nai das irmáns Lores: “Evita contestaba a todos os que reclamaban algo. Se non fose por ela eu non nacería, porque o meu pai e a miña nai coñecéronse despois na colectividade galega”.

 

[Imaxes: Nacho Lunadei - fonte: www.nosdiario.gal]


terça-feira, 1 de setembro de 2026

Españoles por ley, extranjeros por piel

Existe una racialización sistémica de la segunda generación de migrantes en el Estado español. Una racialización que conduce a la discriminación. 

Una calle del barrio del Raval, en Barcelona 

Escrito por Angelica Manresa da Conceição

¿Un español racializado es tan “español” como uno blanco? Esta pregunta debería hacernos reflexionar, pero sobre todo tendría que ocupar un espacio de debate político. Los últimos datos disponibles en el informe del Consejo Económico y Social de 2025 revelan que el 34% de los menores en España, alrededor de tres millones de niños, son hijos de madre o padre de origen migrante, una cifra que la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) eleva a 4,5 millones al sumar a quienes llegaron en su temprana infancia. Sin embargo, cuando el sistema demanda el NIE en lugar del DNI a un ciudadano nativo, la burocracia se convierte en un acto de segregación y se asiste a la continua negación de la nacionalidad en función del color de la piel.

El conflicto radica en cómo la sociedad categoriza a inmigrantes y extranjeros, bajo estatus completamente opuestos. El inmigrante es aquel al que se le achacan posturas negativas sobre su conducta, cultura, religión o clase social fundamentadas en prejuicios y estereotipos que se alinean con nuestro concepto estatal de la geopolítica mundial y la brecha norte-sur. El extranjero, en cambio, es el huésped bienvenido, proveniente de economías avanzadas o de países con estructuras similares a la nuestra. Así, mientras un marroquí, un ghanés o un cubano son sentenciados bajo el estigma de la inmigración, un noruego, un británico o un australiano habitan el estatus limpio de lo extranjero; un doble rasero que heredarán sus hijos nacidos aquí.

Cuando la piel es blanca, el origen no se cuestiona ni la “españolidad” se pone a prueba

El hijo de un inmigrante siempre cargará con la etiqueta de inmigrante de segunda generación, mientras que el hijo de un extranjero será visto como un ciudadano español de pleno derecho, cuyos rasgos jamás serán exotizados ni sometidos a interrogatorio. Cuando la piel es blanca, el origen no se cuestiona ni la “españolidad” se pone a prueba. No es lo foráneo lo que incomoda, la verdadera frontera la levantan el racismo, el clasismo y la aporofobia que deciden quién pertenece sin preguntas y quién debe justificar eternamente su lugar.

En esa grieta, imposible ya de ocultar, resuena una frase que se repite cada vez con más fuerza en las calles: “La España que se nos está quedando”. Quizá la cuestión no sea qué país queda, sino quién se adjudica el derecho de decidir quién cabe en él. Se acusa desde el mantra del “es que no se integran”, pero nadie tiene que pedir permiso para habitar su propia casa. Los españoles racializados son, efectivamente, racializados, pero también son españoles. No hay contradicción en ello, salvo en la mirada de quien se empeña en verla.

No tienen que integrarse en ninguna parte: ya forman parte de la sociedad, aunque se les empuje a los márgenes, sean invisibilizados y se les haga sentir constantemente que no encajan. Y, sin embargo, cuando ocupan el espacio que siempre ha sido suyo, estallan las reacciones. El acoso viral a varias falleras negras este pasado marzo desnudó la rabia de quienes se aferran a una estampa congelada de la nación que se niegan a actualizar.

Porque cuando alguien habla valenciano perfectamente, conoce la tradición al detalle y la vive con orgullo, y aun así se le niega el lugar, ya no se pide integración: se ejerce rechazo. A estas alturas, resulta evidente: hagan lo que hagan, hay quien nunca aceptará que también son de aquí, condenándolos a escuchar día a día la eterna e interminable pregunta: “¿Oye perdona, pero tú de dónde eres?” Al responder “de Granada”, el interlocutor insistirá: “Ya, pero… ¿de dónde son tus padres?”. No buscan conocer su nacionalidad; buscan descifrar por qué su piel y sus rasgos no encajan en su imaginario de patria. Ante esa miopía social, la españolidad se niega al quedar reducida a una lectura racial del cuerpo fruto de una mirada incapaz de comprender que raza, etnia y nacionalidad son tres categorías distintas que conforman la complejidad humana.

Este rechazo sistemático empuja a muchos españoles a una crisis de identidad, donde, perdidos en el ¿y yo a dónde pertenezco? interiorizan un discurso excluyente que los obliga a cuestionarse, con dolor, cuál es realmente su hogar. Según un estudio de la Dirección General para la Igualdad de Trato y Diversidad Étnico-Racial, el 47% de la población afrodescendiente ha nacido en el país; sin embargo, solo un 12% se define como “afroespañol” y un demoledor 60% confiesa no sentirse español a causa del racismo estructural que sufre. Esta realidad la respalda el Ministerio de Igualdad, señalando que el 78% ha sufrido discriminación por su color de piel.

Dicha cínica exclusión, golpea incluso cuando la pertenencia está escrita en la vida: alguien que ha crecido en el mismo barrio, estudiado en las mismas escuelas y vivido los mismos códigos culturales, es, por ser racializado, un eterno cautivo de su piel condenado a ser un inmigrante perpetuo en su propia tierra. El contraste es flagrante con los miles de centroeuropeos y rusos asentados en sus propias colonias en la provincia de Alicante: sus comercios en inglés ignoran el castellano, mientras asfixian el mercado inmobiliario local, bendecidos por instituciones que financian su atracción en lugar de agitar el fantasma de la “invasión”. Su presencia se normaliza porque la blancura diluye el discurso antiinmigración, evidenciando que el verdadero sesgo no es la frontera, sino la piel y la clase social.

Pero, ¿cómo le explicas a George, británico asentado en Torrevieja, el orgullo que azotó a todo un país cuando allá por el 2005 un chaval de diecinueve años y pantalones pirata conocido como Rafa Nadal conquistaba por primera vez la tierra batida de Roland Garros? ¿La fiebre de la primera edición de Operación Triunfo? ¿O el eco de Amaral invocando aquello de “Son mis amigos, por encima de todas las cosas” en las fiestas de pueblo de tantas generaciones? Son códigos que no se explican: se habitan, se heredan, se respiran. No obstante, mientras la opulencia blanca vive exenta de entender el suelo que pisa, el racismo estructural somete a los españoles racializados a mendigar el derecho a pertenecer a su país.

Emerge entonces la distinción entre nacional y ciudadano. Estos españoles, hijos de al menos un progenitor de origen migrante, son nacionales porque cuentan con los derechos y obligaciones que trae implícita la nacionalidad española, pero al no ser observados como iguales son tratados como ciudadanos de segunda, perpetuando una clara “ciudadanía frágil”. Nacionalidad y ciudadanía entran en una tediosa confrontación donde la Constitución y la realidad chocan frontalmente cuando la prometida igualdad se convierte en papel mojado en las calles. La cuestión es clara cuando observamos la cotidianidad: ¿Alguna vez has visto a un español de origen magrebí dirigiendo un banco, a una mujer con hijab presentando el telediario o a un juez negro en un tribunal? ¿Cuántos políticos racializados de alto rango puedes nombrar? O, más sencillo todavía: ¿has tenido un profesor que no fuera blanco, te ha dado los buenos días un conductor negro al subir al autobús? Haz memoria: ¿quién te atiende en la farmacia, quién te recibe en las inmobiliarias, quién está detrás del mostrador en la biblioteca?

Es evidente que la igualdad formal dista mucho de la igualdad real: una disparidad que no es casual sino el reflejo de un relato antiinmigración cada vez más feroz

Es evidente que la igualdad formal dista mucho de la igualdad real; una disparidad que no es casual sino el reflejo de un relato antiinmigración cada vez más feroz. Las cacerías contra inmigrantes durante los terribles acontecimientos de Torre Pacheco el pasado año, el indisimulado rechazo a repartir 4.400 menores del Sahel frente a los 71.253 niños ucranianos acogidos en tiempo récord o las descarnadas propuestas de deportaciones masivas de Vox, que incluyen a segundas generaciones, no constituyen episodios aislados, sino que responden a un fenómeno mucho más amplio.

Un marco que incorpora también la siniestra aprobación del “ICE Europeo”, la nueva doctrina de “prioridad nacional” importada del modelo de Le Pen, el lamentable “Francia sin franceses” de Mariano Rajoy, amparado por el silencio cómplice de su partido, o la crudeza con la que más de 72.000 personas pudieron ser instrumentalizadas como arma de guerra híbrida por el régimen de Mohamed VI en Ceuta. Son fenómenos constantes que por su progresiva normalización, suscitan muchos interrogantes. Quizás el primero que habría que afrontar sería ¿de dónde procede todo este miedo colectivo? ¿Acaso reside en la mediática y demonizada imagen de unas pateras que apenas representan el 6% de la migración irregular o en los españoles racializados que, nacidos aquí, reescriben con sus venas mestizas la faz del “español medio” obligándonos a mirarnos al espejo?

El avance de la España mestiza es un río irreversible que desafía la moral de una nación empeñada en medir la patria en gotas de melanina

Tal rechazo ha sido históricamente respaldado bajo el mito de una “pureza de sangre” falaz. El ser humano nació en África como un migrante continuo, mucho antes de que esa palabra fuera foco de envenenamiento y deshumanización. Los propios españoles somos un mosaico de íberos, cartagineses, romanos, visigodos, judíos sefardíes, gitanos y poblaciones árabe-bereberes que han dejado su huella en nuestra genética. Los griegos que hoy rechazan a los refugiados sirios descienden de otomanos y bizantinos, mientras que británicos, franceses y alemanes están diluidos entre indoeuropeos, celtas y vikingos, todos portadores de genes africanos originales. Entonces, ¿qué orígenes pretenden recuperar? Esa nostalgia no busca la pureza biológica, sino restaurar jerarquías coloniales y una supremacía blanca que alienta la hostilidad contra las mal llamadas “segundas generaciones”: una frontera de palabras esculpida para separar a los “verdaderos españoles” de los eternos “otros”.

El avance de la España mestiza es un río irreversible que desafía la moral de una nación empeñada en medir la patria en gotas de melanina. Ante este escenario, el activista y escritor afroamericano James Baldwin nos devuelve un espejo incómodo que, lejos del pesimismo, desarma la falsa inocencia de la ignorancia: la palabra “negro” bien podría ser sustituida por cualquier comunidad racializada y el reflejo no cambiaría. Ninguna sociedad se transforma mientras persista en negar lo que sostiene en silencio. Y ahí cuando se rompe toda coartada, Baldwin despliega una arrolladora sentencia: “Si sabes que no querrías ser negro aquí, ya sabes suficiente”.

 

[Foto: David F. Sabadell - fuente: www.elsaltodiario.com]