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terça-feira, 4 de agosto de 2026

Mamdani tiene razón: Netanyahu debe estar preso

El alcalde Zohran Mamdani acusó a Benjamin Netanyahu de genocidio, dijo que no es bienvenido en la ciudad de Nueva York y pidió su arresto. Hace dos años, eso habría sido inimaginable. De ahora en más, debería ser una prueba de fuego.

Escrito por Ben Burgis

Traducción: Pedro Perucca

En un video publicado hace algunos días, el alcalde de la ciudad de Nueva York, Zohran Mamdani, se sienta detrás de su escritorio y mira directamente a la cámara. Comienza con una declaración contundente: «Benjamin Netanyahu es un criminal de guerra, el arquitecto de un genocidio horroroso contra el pueblo palestino».

A medida que avanza, detalla con sobriedad los horrores que el primer ministro Netanyahu ha infligido a la población civil de Gaza desde 2023. Los más de 73.000 muertos confirmados. Las decenas de miles de niños mutilados, cuyos miembros a menudo debieron ser amputados sin anestesia debido a la destrucción sistemática por parte de Israel de la infraestructura médica de Gaza. La hambruna. Los asesinatos de periodistas y trabajadores humanitarios. El «ataque deliberado contra hospitales neonatales y centros de atención de maternidad», con el objetivo de «negarles a los recién nacidos incluso la posibilidad de vivir».

No sorprende que la Corte Penal Internacional (CPI) haya emitido una orden de arresto contra el primer ministro. Cuando Mamdani era candidato a alcalde, sostuvo que la próxima vez que Netanyahu viniera a Nueva York, el Departamento de Policía de Nueva York (NYPD) debería esposarlo. Muchos argumentaron que esto excedería la autoridad de Nueva York o de cualquier otro municipio, especialmente dado que, aunque una gran mayoría de los países del mundo reconoce la autoridad de la CPI, Estados Unidos no lo hace. En el nuevo video, admite esto a regañadientes, al decir:

Mi administración ha revisado todas las vías disponibles bajo la legislación aplicable para determinar si la ciudad de Nueva York podría ejecutar la orden de arresto de la Corte Penal Internacional en caso de que Benjamin Netanyahu viniera aquí. Está claro que no contamos con la autoridad legal independiente para hacer cumplir esta orden. El gobierno federal, sin embargo, sí la tiene, y le pido que se sume a la CPI y ejecute esta orden. Y quiero ser igualmente claro: Benjamin Netanyahu no es bienvenido en la ciudad de Nueva York.

El video fue un terremoto político. Ha recibido decenas de millones de visualizaciones en las distintas plataformas de redes sociales. Los defensores de Israel se mostraron, previsiblemente, furiosos.

Los argumentos extraños y perezosos de los defensores de Netanyahu

El Centro Simon Wiesenthal emitió un comunicado en el que afirmó que «el alcalde Mamdani no expresó simplemente una opinión política personal», sino que «utilizó la autoridad, el simbolismo y la credibilidad del cargo de alcalde para emitir lo que equivalió a un discurso público oficial en el que declaró que el líder democráticamente electo del único Estado judío del mundo es un “criminal de guerra” que “no es bienvenido en la ciudad de Nueva York”». Esto, señalaron, fue un «uso profundamente indebido del cargo que todos los neoyorquinos le confiaron [a Mamdani]».

Por qué el hecho de que Israel sea el «único» Estado judío se supone relevante es un misterio. (¿Acaso las condenas al presidente sudafricano P. W. Botha en la década de 1980 eran objetables porque Sudáfrica era el único país dominado por el grupo étnico afrikáner?) Y la afirmación de que las elecciones israelíes son «democráticas» resulta risible. Desde 1967, Israel no solo ha controlado Cisjordania, sino que ha construido allí numerosas ciudades pobladas por sus propios ciudadanos, y trata a esos colonos como si «vivieran en Israel» y no «en el extranjero» a todos los efectos legales. Pero a los millones de residentes palestinos que viven allí nunca se les ha otorgado la ciudadanía israelí, ya que hacerlo implicaría que hubiera «demasiados» ciudadanos de la etnia equivocada. Eso, sencillamente, no es una democracia.

Sin embargo, y más importante aún, no hace falta oponerse ideológicamente al sionismo, ni tener una opinión particular sobre la geopolítica de Israel/Palestina, para coincidir con el llamado de Zohran a que el gobierno federal se sume a la CPI y haga cumplir la orden contra Netanyahu. Simplemente hay que creer que el derecho internacional debe aplicarse por igual a todas las naciones del planeta.

Las afirmaciones generalizadas de que los neoyorquinos judíos (una gran cantidad de los cuales votó por Mamdani y estuvo de acuerdo con cada palabra del video) se ven de algún modo «en peligro» por su llamado a arrestar a un líder genocida sencillamente no resisten el menor análisis. El problema con Netanyahu no es que sea judío, del mismo modo en que la razón por la que la CPI emitió una orden de arresto contra Vladimir Putin no es que Putin sea miembro de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Más bien, la convicción del alcalde Mamdani, de la CPI y de las múltiples investigaciones de las Naciones Unidas que han determinado que Netanyahu cometió genocidio en Gaza es que las leyes se aplican por igual a todos, y que ningún cargo político en ningún Estado debería proteger a los criminales de guerra de la posibilidad de ser llevados ante la Justicia.

Han pasado casi tres años desde el comienzo de la campaña de Netanyahu para eliminar sistemáticamente cualquier posibilidad de que se reanude una vida palestina normal en Gaza. En ese tiempo, se estima que el 90 por ciento de la población civil fue desplazada de sus hogares por el ejército israelí. Pocos meses después de que comenzara la operación, la presentación legal de Sudáfrica ante la CPI incluyó doce páginas de citas de funcionarios israelíes que expresaban intención genocida. Sobre el terreno, constituye uno de los genocidios mejor documentados de la historia de la humanidad. Cualquier persona en el mundo con acceso a las redes sociales pudo ver un flujo continuo de fotos y videos de hombres, mujeres, niños y bebés asesinados y mutilados; de destrucción masiva descargada sobre objetivos civiles; y de crímenes de guerra cometidos cara a cara por soldados israelíes. Algunos de esos soldados, aparentemente del todo indiferentes a la reacción del mundo, se filmaron a sí mismos posando con la ropa interior de mujeres palestinas que habían sido asesinadas o habían huido para salvar sus vidas, o jugando con los juguetes de niños muertos o mutilados. Y durante todo este tiempo, como señaló el alcalde en su alocución, «nosotros, como estadounidenses», seguimos «pagando por las bombas que hacen la matanza».

Después de tres años de firme apoyo estadounidense al genocidio, la reacción de la abrumadora mayoría de las personas que dejaron comentarios en el video de Mamdani pareció ser un alivio conmocionado ante el hecho de que un funcionario electo de tanta relevancia estuviera dispuesto a plantear el caso con tanta claridad y contundencia. Si bien los críticos del alcalde puedan burlarse diciendo que los abogados de la ciudad no avalarían que él mismo le ordenara al Departamento de Policía llevar a cabo el arresto («¡miren, prometió de más!»), es más probable que la reacción de la gente común ante la revelación de que alguien que mutiló a decenas de miles de niños puede pavonearse por Nueva York sin temor a ser arrestado sea de conmoción y repulsión.

Como subrayó Mamdani, el gobierno federal sí tiene la facultad de llevar a Netanyahu ante la Justicia si el primer ministro pisa suelo estadounidense. Donald Trump, por supuesto, no tiene ningún interés en ejercer esa facultad. Pero a todo demócrata que se postule a la presidencia en 2028 se le debería preguntar si tiene previsto atender el llamado del alcalde para hacer cumplir el derecho internacional.

La cuestión de fondo

Buena parte de los comentarios de los analistas mediáticos se centró en loas consecuencias políticas del video. ¿Sumará puntos el alcalde ante los votantes por plantear el caso con tanta contundencia, o los perderá por no poder ordenar él mismo el arresto, como esperaba inicialmente? ¿Cómo cambiará esto la relación del municipio con la Casa Blanca? ¿Distrae todo esto de otros aspectos de la agenda de Mamdani?

Sin embargo, para quien le importen los derechos humanos y el derecho internacional, todo esto es apenas secundario. Durante décadas, cada nuevo alcalde de Nueva York visitaba Israel para demostrar su gran amor por ese país. (Hasta donde puedo ver, prácticamente ninguna de las personas que hoy se quejan de que Mamdani opine sobre Israel/Palestina en lugar de limitarse a los asuntos locales se quejó jamás de esta práctica.) Incluso el bastante progresista Bill de Blasio hizo la peregrinación. Al predecesor inmediato de Mamdani, el alcalde Eric Adams, le gustaba hablar del «vínculo irrompible» entre su ciudad y el Estado étnico de Medio Oriente. Hace dos años, la idea de que un alcalde de Nueva York se sentara detrás de su escritorio y afirmara sin rodeos que el líder de Israel es un criminal de guerra que debería estar tras las rejas habría sido del todo impensable.

Es evidente que el mundo ha cambiado. Ya era hora. 

 

[Foto: Oficina del Alcalde de Nueva York / YouTube - fuente: www. jacobinlat.com]

domingo, 12 de julho de 2026

«Os Mergulhadores do Deserto»: elogio da viagem e do conhecimento

A obra escrita do sueco Sven Lindqvist constitui um precioso legado para conhecermos a pesada herança do colonialismo europeu. 

                                                                          Sven Lindqvist (1932-2019) 

Escrito por João Lopes

Disponível no seu site oficial, a fotografia de Sven Lindqvist (1932-2019), com um ligeiro toque de sépia, poderá ser a de um jovem professor, com os livros desfocados em fundo e o cachimbo como discreto adereço de uma autoridade paciente. O cabelo curto, em ligeiro desarranjo juvenil, e também a barba que não apaga o contorno do rosto, sugerem a pose de um pensador pronto para a aventura – o olhar tem a contenção, mas também a firmeza, de um observador realista que não receia as derivações romanescas. Digamos que são esses contrastes que, agora, podemos conhecer ou redescobrir através da edição de Os Mergulhadores do Deserto (ed. Antígona, traduzido do sueco por Ana Diniz).

Tão belo quanto inclassificável, eis um livro que não podemos encerrar na mensagem política – “A história do imperialismo é um poço cheio de cadáveres” – que vai pontuando a sua digressão através de vários cenários africanos. Não que tal mensagem seja superficial, ainda menos secundária. O certo é que seria uma traição literária tratar Os Mergulhadores do Deserto como o relato de um viajante que partiu à procura de confirmações do seu sistema ideológico.

Estava-se em 1990. O autor cumprira já um trajecto de investigador e historiador que, depois de uma breve experiência como adido cultural da embaixada da Suécia em Pequim, levara-o a criar o movimento “Dig where you stand” (título do livro que publicou em 1978), empenhado no estudo da história como um labor que deve cruzar a investigação e o ensino: conhecer as nossas raízes históricas pode ser o primeiro passo para dialogar, de forma criativa, com a história de outros lugares e outras gentes – Uma História dos Bombardeamentos, original de 1999 (também editado pela Antígona) é mais um exemplo do mesmo processo.

A abrir Os Mergulhares do Deserto há uma citação de Maupassant (a par de outra de Marco Aurélio) que nos esclarece sobre a postura do escritor viajante: “A viagem é uma espécie de porta por onde saímos da realidade como que para penetrar numa realidade inexplorada que se assemelha a um sonho.” O título do livro virá de uma frase de Michel Vieuchange (1904-1930), explorador francês tido como o primeiro europeu a visitar as ruínas da cidade de Smara, no deserto do Saara: “Como um mergulhador em busca de pérolas, tenho de voltar imediatamente.” Para o escritor de Os Mergulhadores do Deserto, voltar envolve não apenas o reencontro com a (nossa) história europeia, a sua idealização tecida de violência e cadáveres, mas também a releitura daqueles que escreveram a partir das aventuras de que Lindqvist é o herdeiro magoado e romântico: “(...) sou atingido por uma vaga de felicidade gerada em todo o meu corpo: esta é a minha paisagem! Era aqui que eu desejava vir!”

História e sonho

Para encerrar a sua evocação de Vieuchange, Lindqvist escreve mesmo um epitáfio de perturbante contundência: “Causa imediata de morte: disenteria. Causa de morte: romantismo.” Depois dele, e da referência primordial de Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944), Lindqvist viaja por novos lugares que, por assim dizer, integram as marcas daqueles que por lá passaram e sobre eles escreveram. O deserto é mesmo esse território em que tudo parece poder coincidir com o seu contrário. Daí a citação do pintor Eugène Fromentin (1820-1876): “Quanto mais luz o deserto recebe, mais escuro parece ficar.”

Seguem-se memórias cruzadas de Pierre Loti (1850-1923), André Gide (1869-1951) ou Isabelle Eberhardt (1877-1904), deparando com a herança das atrocidades do colonialismo, a par da afirmação de uma “civilização” que se sonha como expressão de uma pureza sem contradições. Lindqvist condensa tal fantasmagoria numa fórmula friamente poética: “Sim, a realidade das colónias funcionava como a do sonho.” 


 

[Fonte: www.dn.pt]

quinta-feira, 28 de maio de 2026

Oda a la rebelión boliviana

 

manifestantes en La Paz, Bolivia, 18 de mayo de 2026.

Escrito por Oleg Yasinsky

Tenía que pasar en Bolivia: en el país más americano de las Américas, el más indio, el más atemporal, el más vivo. En tiempos amargos del continente, cuando todo lo conquistado en las últimas décadas con tantos sueños y tanta sangre, al parecer, se estaba desmoronando, haciendo retroceder el tiempo a la oscuridad del pasado. Las personas creyentes explicarían que es porque, en los tiempos cuando Bolivia todavía no se llamaba así, Wiracocha eligió justo las aguas del Titicaca cerca de su isla del Sol para aparecer ante la gente desesperada y perdida, para indicar la dirección a su espíritu. Otros dirían que porque el Che, muchos siglos después, optó por Bolivia en la más desigual e imposible de las contiendas, para morir allí con la mayor de las inmortalidades.

Más allá de los politólogos o turistas que confunden metáforas de "mendigo sentado en una silla de oro" con "la hija predilecta de Bolívar" o "el corazón de América", la tierra boliviana no es "un recurso", ni un "bien inmóvil" ni "un activo económico": es la magia, la poesía y la música, todavía libres de la ordinariez y mezquindad capitalista. Por eso, tenía que pasar en Bolivia.

Es absolutamente normal que los grandes medios de comunicación se nieguen a ver esta rebelión popular que pronto cumplirá un mes. Mientras más ignoran o desinforman sobre lo que pasa hoy en Bolivia, es más significativo este proceso verdadero, que no se deja patentar por nadie. Como en su tiempo los negocios de McDonald's y de Coca-Cola fracasaron en Bolivia, ahora aquí están fracasando los sueños fascistas de Musk y sus amigos, y los de sus competidores de seudoizquierdas que se especializan en abrir paso a las corporaciones.

Seguramente, la prensa mundial quiere hacer con Bolivia lo mismo que se dice hizo la reina de Inglaterra en el siglo XIX: cuenta la leyenda que un presidente boliviano de entonces habría humillado al embajador británico, expulsándolo del país montado en un burro. Entonces la reina Victoria, furiosa, tomó el mapa de Sudamérica, tachó a Bolivia y decretó: "Bolivia no existe". Pero existe, resiste y está venciendo.

El actual presidente boliviano, Rodrigo Paz, en sus seis primeros meses de gobierno, hizo lo posible para acabar con todos los logros sociales de los últimos 20 años de historia boliviana y procedió a detener a los líderes de izquierda que hace poco tuvieron la ingenuidad de haber cedido el poder democráticamente.

También se dictó una orden de captura contra Evo Morales, acusado de "trata de personas agravada", que supone hasta 20 años de cárcel. Esto resulta especialmente irónico proviniendo de un gobierno racista y que entregó el país a socios y amigos de Epstein. Con las detenciones masivas de los líderes de la resistencia popular, los dirigentes de rebelión pasaron a la clandestinidad. Aunque también parecía estar en la clandestinidad el presidente Rodrigo Paz, de quien por varios días no se había sabido nada de su ubicación física, mientras que Evo continuaba dando entrevistas y declaraciones a la prensa. Entonces, ¿cuál es el poder real que manda en Bolivia?

Al parecer, a Trump y a sus aliados les habrá surgido un nuevo y enorme problema, en una parte de lo que siempre consideraron su "patio trasero", en caso de que exista la amenaza de que el ejemplo boliviano se extienda a los países vecinos, como Argentina, Perú, Ecuador y otros, donde los movimientos populares todavía no logran la claridad y contundencia del mundo social boliviano.

Creo que uno de los principales problemas de América Latina es que no se ha percatado del cambio radical que ha experimentado el mundo en las últimas décadas. Hablar hoy de "izquierdas" y "derechas" como hace 40 o 50 años no solo es no comprender el mundo actual, sino también condenar cualquier lucha a una derrota segura.

En estos tiempos ya nadie respetará ninguna norma constitucional o democrática, ni siquiera las más burguesas. La masa de votantes, cada vez más ignorante, está en las firmes manos de las redes sociales y de las pantallas de televisión, las que siempre garantizan el resultado que les encarga el poder. El objetivo de este poder ya no es la explotación de los pueblos como en los tiempos de Marx o Bolívar, sino la reducción de su población y la destrucción de la espiritualidad y cultura humanas. Pero sobre todo deben asegurarse de que nunca comprendamos verdades sencillas como esta.

La América Latina actual es el principal campo de ensayos para los experimentos sobre la futura organización del mundo. En comparación, el famoso laboratorio del neoliberalismo, creado hace algunos tiempos por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, es un juego de niños.

Lo importante de Bolivia es que este país se convirtió hoy en el principal bastión de las culturas indígenas del continente, menos afectadas por la civilización occidental. Su principal valor sigue siendo el colectivo. Cualquiera que conozca personalmente Bolivia sabe perfectamente que es un territorio donde no rige la lógica occidental de los países vecinos, y que el tejido social y las relaciones allí son diferentes. Así como a un extranjero le resulta difícil describir las particularidades mentales de Rusia, algo similar ocurre con Bolivia. Son mundos que, hasta ahora, quedan fuera de la lógica del sistema, que peina y aplana al mundo bajo su único molde neoliberal. Son los eslabones débiles de la cadena infalible del sistema, que de repente empieza a fallar.

Para que el actual levantamiento popular en Bolivia se convierta en una revolución y salga victorioso, sus líderes y participantes deben comprender que su lucha no es solo contra la oligarquía local y sus patrocinadores estadounidenses, sino contra la maquinaria de muerte global que actúa simultáneamente y en todas partes. El Comando Sur de EE.UU. ya está desplegando sus fuerzas en Bolivia. Tampoco faltarán los mercenarios. Los Gobiernos vecinos de Argentina, Ecuador, Chile y Paraguay, así como los no tan vecinos como Costa Rica, Panamá, El Salvador, República Dominicana, Guayana y Trinidad y Tobago, además del lejano Israel, ya advirtieron a los bolivianos de que "no pueden permitir el derrocamiento de dirigentes democráticamente elegidos".

La prensa local, históricamente vinculada con los poderes narcos, ya se dedica a difundir que "el narcotráfico está detrás del intento de golpe de Estado". Los organizadores profesionales y confesos de decenas de golpes de Estado y asesinatos políticos, y el Gobierno boliviano que en solo seis meses en el poder se las ha arreglado para no cumplir ni una sola de sus promesas electorales ni garantizar el cumplimiento de ningún artículo de la Constitución, de repente se han preocupado por la "amenaza a la democracia" y el "riesgo de un golpe de Estado". Sienten que pierden el control. Se prepara una masacre.

El poder global de las corporaciones, después de lo que hicieron en Siria, Gaza, el Líbano, Sudán y el resto, se dispone hoy a bañar en sangre a Bolivia y, si le conviene, a sus vecinos. La única diferencia es que, en este nuevo giro de la historia, el genocidio de los indígenas está planeado al mismo tiempo que el genocidio de la mayor parte de la humanidad. La resistencia y la victoria serán posibles solo si se entiende la realidad y la magnitud de la amenaza.


[Foto: Gettyimages.ru - fuente: www.actualidad.rt.com]

segunda-feira, 23 de março de 2026

¿Cómo ser antisionista en América Latina?

 


Escrito por Silvia Beatriz Adoue

Los medios de comunicación de nuestro continente desplazan el foco en “Medio Oriente” de Palestina para los bombardeos en Irán, con blancos militares ostensivos que los atacantes propagandizan. Pero también bombardeos más puntuales, buscando meter miedo a las gentes de a pie, como el ataque a la escuela de niñas donde mataron a 200 niñas, y en regiones que no son muy adeptas al régimen de los ayatolás. Además de garantizar el flujo de petróleo, quieren frenar la efervescencia social que los ayatolás ya no conseguían controlar. La expectativa de los medios de comunicación, y de las gentes del mundo que ven la ofensiva de Estados Unidos e Israel como imparable, es que haya alguna respuesta, sino suficiente, por lo menos con alguna contundencia que el armamento iraní podría proporcionar. Mientras tanto Israel ha bombardeado en el Líbano tanto en los campos de refugiados palestinos, como sobre la población civil libanesa, con más de 600 muertos, de los cuales, por lo menos, 100 niños, y más de 700 desplazados[1]. Y los palestinos de Cisjordania y Gaza viven, desde febrero, condiciones aun más asfixiantes, con cierres de puestos de control y de la frontera de Rafah, sin hospitales, con los precios de los artículos de primera necesidad en las nubes y ataques brutales de colonos, semejantes a los pogromos ya sufridos por la población judía en Europa[2]. Solo que, ahora, con las cámaras de las grandes emisoras de televisión apagadas. Hoy se descubre que en Palestina se usaron bombas químicas capaces de levantar la temperatura a 3500 ºC, carbonizando todo lo que es vivo sin los efectos posteriores de la radioactividad, que aplazarían el uso de las áreas para fines lucrativos[3].

Todas las gentes del mundo vimos que la “Doctrina Dahiya”[4] se propaga más allá de Palestina. Y las agresiones no se paran ni con declaraciones de jefes de Estado y de especialistas de la ONU. No se detienen ni con movilizaciones multitudinarias en todo el planeta, en muchos casos fuertemente reprimidas por los respectivos Estados. Las flotillas, por más valientes que hayan sido, y de gran efecto propagandístico, solo han tenido el resultado práctico de distraer las patrullas y así permitir momentáneamente que los pescadores de Gaza pudieran salir a obtener alimento. (¡Gracias por eso!) La sensación es de gran impotencia.

Mientras tanto, aquí, en algunas localidades de América Latina, presenciamos la “invasión” de soldados israelíes en modo vacaciones, perpetrando brutalidades. Los vemos muy campantes por la Patagonia, a ambos lados de la cordillera de los Andes, y ahora en Brasil, en el estado de Bahia, ensuciando las playas. Todo un aparato turístico disponible para ellos: hoteles, restaurantes con menú en hebraico, circuitos de senderos con carteles en su lengua. Después de tres años de servicio militar, y como bisagra para ingresar a la condición de reservista, tienen vacaciones pagas. Un breve paréntesis: los guerreros de la antigua Grecia pasaban por un ritual antes de ir para la guerra. El ritual tenía como finalidad desactivar la censura de las reglas de la polis, liberarlos para la barbarie. Cuando volvían de la guerra, precisaban de otro ritual para reactivar el modo civilizado. Bueno, estos soldados israelíes no pasan por ningún ritual. Tal vez porque en la permanente dupla civilización-barbarie la forma bárbara precise estar activada en todo momento. En el litoral bahiano, en las playas de Itacaré y Morro de São Paulo, intentaron impedir una manifestación en favor de Palestina. No descansan. Los manifestantes los hicieron correr.

Sin embargo, esos contactos directos, un poco furtivos, con la guerra en el propio territorio no revelan ni de lejos la presencia impactante del sionismo en el continente en que vivimos. Se habla mucho de Palestina como un laboratorio de guerra contra los pueblos, de guerra contra los territorios. Y aun así puede sonar a algo distante. Como una práctica que, en algún momento, puede ser trasladada a otras geografías en bloque, como un paquete cerrado. Eso es engañoso. Esa guerra ya está instalada. La presencia de la industria bélica y “de seguridad” sionista viene afincándose aquí por lo menos desde las dictaduras de los años ’60 y ’70. El movimiento BDS (Boicot, e Desinversiones y Sanciones a Israel) lanzó hace algunos años el libro El militarismo israelí en América Latina[5] en que mapea no solo las empresas israelíes (estatales y privadas) con ramificaciones en el continente y los convenios que perduran a lo largo de décadas (no importando el color del gobierno de turno) entre Israel o estas empresas y los Estados latinoamericanos, sino también los volúmenes de comercio exterior entre Israel y estos países. Rafael, Elbit Systems, IAI (Industrias Aeroespaciales Israelíes, ISDS (Sistemas Internacionales de Seguridad), ISP (Israel Shipyards Port), SIBAT, Meprolight, IWI, Plasan, Rada Electronic Industries, Techaya, UDL United Defense, LHB Ltd, Northrop, Grumman Overseas Corp, Tar Ideal Concepts, VVAMIR, Waveguard, Gate Tel, Magal son solo algunas de esas empresas con presencia física, comercio o que participan de fusiones con empresas locales. Durante los gobiernos militares, las armas adquiridas de Israel constituyeron el 95% en Argentina, el 92% en El Salvador y el 81% en Honduras. Solo para mostrar algunos números. Además de las asesorías represivas que Israel prestó. Para dar otro ejemplo llamativo: los “guanacos” que lanzan agua a los manifestantes en Chile fueron producidos en el kibutz Beit Alfa.

La industria bélica israelí suministra bombas de gas lacrimógeno, la mayoría de los drones de vigilancia y ataque (de alta letalidad), la munición de fósforo banco, los helicópteros de las policías, los sistemas de información y espionaje cibernético (como el conocido Pegasus), los aviones de combate, los sistemas de misiles Spike, los buques lanzamisiles, la tecnología de reconocimiento facial, las tobilleras electrónicas, las miras térmicas, las pistolas Jericó, los vehículos blindados. Todas esas armas tienen el sello de “probadas en campo”. Israel recibe el 20% de la inversión privada mundial total en ciberseguridad, solo superada por los Estados Unidos. Además de producir tantas armas, Israel es el mayor comprador de armas por habitante (y compra de Estados Unidos y Gran Bretaña). Israel vende más del doble de lo que compra de América Latina. Siendo sus compras de materias primas y sus ventas de tecnología y productos industrializados. Es el país que vende más armas por habitante por lo menos de 2011 a 2016. Y en el peso de la exportación de armas relativo al PIB es el segundo en el ranking mundial, solo precedido por Rusia.

Un capítulo aparte es constituido por las tecnologías israelíes de gestión del agua practicadas por la empresa privada Mekorot, fundada en 1947 y responsable por el uso de la gestión de agua como arma contra el pueblo palestino a lo largo del tiempo. Esas tecnologías se instalan en América Latina, particularmente en Argentina. Esa tecnología apunta al control del agua y su distribución, lo que exige transformaciones en los marcos legales que regulan el uso del agua como recurso, como es la Ley de Glaciares y la transformación de ríos en hidrovías. Es decir, la muerte de lo que es vivo en las aguas al servicio de la producción de energía, infraestructura logística e insumo directo. Pero también como instrumento de control social, al controlar su distribución.

Las armas israelíes están presentes en la represión a los movimientos que luchan contra el extractivismo, a las luchas urbanas y en la contención de los empobrecidos en general. Pero no se trata solo de los equipamientos en sí. Está la capacitación para su uso a las fuerzas armadas y de “seguridad” interna de los países. La tecnología no es una cosa puntual y neutra. Forma parte de toda una lógica de militarización que parte del modelo de apartheid practicado en Palestina, con la construcción de un enemigo interno, en muchos casos, con los muros y puestos de control. Las armas y capacitaciones replican el modelo de mundo… y en eso reside el significado de la acción sionista en Palestina como laboratorio de esta configuración actualizada del Estado y el capital.

La lucha antisionista, por lo tanto, en nuestros territorios no es solamente una lucha en favor de la liberación palestina. Se trata de nuestra propia liberación. Me gustaría guiñar el ojo a lectoras y lectores para que podamos identificar el sionismo en nuestro territorio. Y para imaginar posibilidades de combate, en un gesto de libertad y osadía sin el cual todo morirá en un plazo no muy distante.


[1] Ver aquí.

[2] Ver aquí.

[3] Ver aquí.

[4] Doctrina Dahiya: fuerza desproporcional contra civiles e infraestructura, destinada a desarmar preventivamente cualquier resistencia.

[5] Ediciones La Fogata Internacional, 2020. Accesible aquí.


[Imagen: EL Salto - fuente: www.huelladelsur.ar]

domingo, 8 de março de 2026

António Sala: «António Lobo Antunes era um falso durão»

Conheceram-se há duas décadas e tornaram-se amigos. « »Unia-nos acima de tudo a ternura. Nós gostávamos um do outro", diz António Sala ao DN. 

«António era daquelas pessoas únicas, única a escrever, única a conviver e a amar as pessoas de quem ele gostava», diz António Sala.Foto: Paulo Spranger/Global Imagens 

Escrito por Carla Alves Ribeiro 

António Sala conheceu António Lobo Antunes há mais de duas décadas. Numa certa noite, em Lisboa, num restaurante, o apresentador da Rádio Renascença viu-o e foi apresentar-se. «A primeira coisa que nos uniu foi o facto de sermos ambos benfiquistas», diz António Sala ao DN.

António Sala chegara há pouco tempo dos Estados Unidos onde tinha sido operado a um tumor na cabeça. «E disse-lhe que uma das coisas que eu, quando estive numa situação mais difícil, pensava, é que não queria perder as minhas capacidades, que esperava que aquilo não me retirasse a capacidade de ver, de ler, de raciocinar e de fazer coisas de que eu gosto, e uma das coisas de que eu gostava - e de que gosto - era de ler as obras dele».

António Sala - foto: Reinaldo Rodrigues

E foi naquele momento que a amizade entre ambos começou. «E logo ali deu-se um clique muito grande e abraçámo-nos», relembra.

António Sala na altura apresentava um programa na Rádio Renascença aos sábados de manhã, o «António Sala aos Fins de Semana», e convidou António Lobo Antunes a participar.

«E ele disse-me, mas eu não gosto de dar entrevistas. E eu respondi que não gosto de fazer entrevistas, gosto de conversar, o que eu faço é conversas. Então e ele disse, se é para conversar consigo, então vamos a isso».

O escritor acabaria por lhe dar várias entrevistas e o contacto entre ambos manter-se-ia. «E foram conversas maravilhosas, únicas. Ficámos amigos, cruzámo-nos muitas vezes, falávamos telefonicamente». Nos últimos anos falavam menos, mas nunca perderam o contacto, diz.

E se o Benfica começou por juntá-los, outros elos surgiram. «Unia-nos acima de tudo a ternura. Nós gostávamos um do outro, e ele disse uma vez uma coisa, num testemunho que ele gravou e que entrou no espetáculo comemorativo dos meus 60 anos de carreira, que dois homens, quando são verdadeiramente homens, e é muito raro, diz ele, encontrar um homem na minha vida, e quando se encontram dois homens a sério, têm de ser forçosamente amigos. Ele tinha por mim um carinho muito grande, e eu também».

António Sala diz que «ele era um falso duro, um falso durão. Ele era rebelde na forma como dava certas respostas, ele tinha às vezes determinadas respostas, até em entrevistas que dava para os jornais, para a televisão, para os media, ele era às vezes contundente, e era pouco aquilo que se pode chamar politicamente correto em determinadas coisas. Mas depois, entrando na alma e conhecendo-o mais de perto e como amigo, de uma forma mais profunda, ele não era um tigre, era um gato, doce».

Para António Sala, «o António era daquelas pessoas únicas, única a escrever, única a conviver e a amar as pessoas de quem ele gostava, os amigos, a família, e o Benfica, sempre». 

 

[Fonte: www.dn.pt]

domingo, 8 de fevereiro de 2026

Victòria aclaparadora dels socialistes a les eleccions presidencials portugueses

António José Seguro guanya amb un suport situat en el 65,72%

Escrit per Lluís Tomàs 

El socialista António José Seguro s’ha imposat amb contundència a la segona volta de les eleccions presidencials de Portugal d'aquest diumenge. Els resultats atorguen a l’exministre socialista una victòria aclaparadora, amb un suport del 65,72%. El seu rival, el líder d’ultradreta André Ventura, queda lluny, amb un resultat del 34,28% dels sufragis. Seguro es converteix en el nou president de la República amb un ampli marge de legitimitat i amb un mandat fort, després d’una campanya marcada per la polarització política i pel xoc entre el projecte socialdemòcrata i el discurs radical de la dreta populista.

Els col·legis electorals de Portugal continental i de la regió autònoma de Madeira han tancat portes després d’una jornada decisiva en què Seguro i Ventura s’han disputat la victòria. Més d’onze milions de ciutadans estaven convocats a les urnes per escollir el successor de Marcelo Rebelo de Sousa, que deixa el càrrec després d’una dècada al capdavant del país. La votació s’ha desenvolupat sense incidències rellevants i amb una afluència molt similar a la registrada fa dues setmanes en la primera ronda. Segons les dades oficials difoses durant la tarda, a les 16:00 la participació se situava en el 45,50%, pràcticament idèntica al 45,51% del mateix tram horari de la primera volta. Aquest nivell de mobilització electoral feia preveure un resultat clar i representatiu, que finalment s’ha decantat àmpliament a favor del candidat socialista.

“Votin, votin, votin, votin, perquè aquest és el millor homenatge que poden rendir a la democràcia. Aprofitin aquesta finestra de bon temps”, ha indicat Seguro abans d'expressar la seva “solidaritat” i “condol” a les poblacions afectades pel mal temps dels últims dies. La climatologia ha causat innombrables destrosses, inundacions i set morts, l'últim dissabte, als quals se sumen sis morts indirectes més de persones que van caure de teulades mentre es dedicaven a labors de reparació. Per sort, el temporal ha donat un respir als portuguesos durant la jornada de votació.

Polèmica pel temporal

Ventura ha votat, però ha tornat a argumentar que la segona volta s'hauria d'haver ajornat pel clima. "Potser hi ha moltes zones i parts del país que senten que no se les respecta i que alguns ciutadans portuguesos són ciutadans de segona classe. Crec que no és correcte, però des del moment en què les autoritats públiques van decidir que seria així, hem d'acatar aquestes decisions", ha argumentat.

 

[Foto: EFE - font: www.elnacional.cat ]

sexta-feira, 23 de janeiro de 2026

ORWELL 2+2=5: anatomia da mentira organizada

O muito aguardado documentário de Raoul Peck, em estreia esta semana, é como um prenúncio distópico do mundo em que vivemos. Por isso mesmo é tão valioso conhecer este complexo historial ensaísta sobre o ímpeto totalitário de tantos candidatos a ditadores. 

Escrito por Paulo Portugal

Orwell: 2+2=5, de Raoul Peck, não é um documentário convencional - aliás, tal como Eu não sou o teu negro (2026) não era. Este pungente documento político e social resulta muito mais como um complexo ensaio fílmico que apetece rever para assimilar toda a informação (vimo-lo 3 vezes, desde a sua descoberta em São Sebastião e depois com o screener enviado pela produtora) - igualmente urgente quanto inflamado, ao aplicar uma colagem erudita sobre um passado que não se desvanece, permite que as advertências de George Orwell continuem perigosamente actuais. Peck entrelaça biografia, arquivo, interpretação crítica literária e reportagem contemporânea para demonstrar como os mecanismos de censura, manipulação e apagamento histórico que Orwell dramatizou em 1984 são ferramentas operacionais no nosso presente. E tantos de nós não se dão conta. 

O filme abre com um genérico contundente: gráficos assemelham-se a um vírus que se modifica no ecrã. No ecrã, excertos das páginas de Orwell sobrepõem-se ao título do filme apresentado com a formalidade ensaística de um Chris Marker. Essa metáfora — a desinformação como contágio — define o método de Peck. A vida de Eric Arthur Blair é explorada tanto como trajetória pessoal ou fábula instrutiva: desde a Índia colonial e a classe média indiana, passando pelo colégio beto, em Eaton, ao serviço na Polícia Imperial Indiana, até à ilha de Jura, na Escócia, onde em 1946 (portanto há precisamente 80 anos) começou a escrever o seu derradeiro romance que se tornaria 1984. Estes episódios não servem só de contexto biográfico; servem também para motivar a indignação e a sensibilidade moral do escritor.

A voz rouca de Damian Lewis tem um papel central no filme, ao corporizar os diferentes textos e diários de Orwell. São leituras que conferem ao filme um centro ético: é Orwell quem afirma que não escreve com a ambição de criar “uma obra de arte”, mas para "expor uma mentira e chamar a atenção para uma injustiça" — uma máxima que orienta todo o projecto de Peck. Intercalam-se citações e fragmentos de inúmeras obras cinematográficas e documentais (que dariam elas mesmas um pequeno ciclo temático) — desde as adaptações de 1984 (a de Michael Anderson, em 1953, ou a de Michael Radford, em 1984), mas também My Way Home de Bill Douglas (1978), Land and Freedom de Ken Loach (1995), Babi Yar Context, de Sergei Loznitsa (2021) ou Burma Storybook de Petr Lom (2017) — criando um campo polifónico onde as obsessões de Orwell (verdade vs. propaganda; consciência individual vs. brutalidade institucional) reverberam através dos tempos.

As investidas de Peck nos arquivos funcionam como um truque jornalístico: salta do trivial para o brutal — da referência recorrente a Oliver Twist, de David Lean (1948), nos diários de Orwell, para imagens contemporâneas de bombardeamentos estratégicos, Mariupol, Afeganistão, El Salvador ou Gaza. O realizador traça um fio que liga o policiamento colonial na Birmânia às operações de manutenção da ordem hoje — “operações de limpeza”, eufemismos como “operação militar especial” — e às rotações retóricas do discurso político contemporâneo. Peck nomeia actores e regimes — de Pinochet e Marcos até a líderes actuais como Putin, Orbán, Netanyahu, mesmo quando insiste que 'Israel busca a paz' — e não poupa a cena política americana, onde Bush prenuncia a invasão, em 2002, alegando as armas de destruição maciça, numa rima que se faz com o assalto ao Capitólio em 2021, ao som da voz de Trump a ironizar, em off, o grotesco do momento (“o amor que se sentia no ar”).

Essa prática de ligar contextos é ao mesmo tempo força e limite. A denúncia de Peck a uma “mentira organizada” — a contínua alteração do passado e substituição de verdades — é desarmante. Sim, o filme é vigoroso (e pesado) na forma, por vezes enciclopédica, como evoca ao cinema para expor as verdades do nosso tempo, por vezes, servindo-se de uma montagem densa que exige uma (re)leitura e atenção simultâneas.

George Orwell, in ORWELL 2+2=5

Ainda assim, a clareza moral do filme é difícil de ignorar. Peck não oferece uma visão simplista da realidade; interroga e reconhece complexidade: os oprimidos nem sempre têm razão inquestionável, e o opressor não é um desenho animado — uma ideia sublinhada por referências a Ai Weiwei (“tudo é arte, tudo é política”), por figuras contemporâneas como Edward Snowden, e por crises que vão da Birmânia à Palestina, passando por Bangladesh. Desde logo, o Orwell que Peck apresenta é um pensador forjado no império, cujas advertências são pertinentes em contextos tão diversos como a Rússia, a Ucrânia e os Estados Unidos.

O filme brilha de forma intensa ao debruçar-se sobre a linguagem, servindo-se da intuição orwelliana em que o poder se sustenta pela manipulação da verdade (ou de uma verdade reinventada) acabando por ser dramatizada em vinhetas em sublinham a repetição como forma de fabricar o consentimento. A retórica do filme é deliberadamente incisiva; a montagem e as narrações acumulam pressão moral, obrigando o espetador não só a reconhecer paralelos, mas a sentir-se implicado.

O registo humano também surge com força: episódios da experiência de Orwell na Polícia Imperial Indiana, anedotas sobre o cassetete que transportou e a cena na estrada em que se pergunta a um menino quantos dedos há — “quatro” — ilustram como até simples afirmações factuais se transformam em campo político. Isto recorda que a obsessão de Orwell pela linguagem e pela verdade nasce da experiência vivida, não de teoria abstrata.

Orwell: 2+2=5 é um filme de raiva e de cuidado; raiva contra sistemas que normalizam a crueldade, cuidado pela leitura, pela cidadania e pelo testemunho. Frustrará quem procure coesão narrativa tradicional ou uma biografia linear; como provocação, é revigorante. Peck recusa a complacência: ver o filme é confrontar a pergunta se se permitirá, dia após dia, a erosão da verdade por repetição e eufemismo, ou se se insistirá — como Orwell insistiu — que dois e dois são quatro. Mesmo que a narrativa orwelleana acaba comprovada da forma mais desconcertantes com a realidade que nos entre hoje mesmo pela televisão.

Uma coisa é certa, esta tapeçaria sobre as mentiras do nosso tempo, não é já um dos filmes deste ano de 2026 - é mesmo um dos filmes destes tempos. Algo que nos segreda para estarmos atentos, e insistirmos, mesmo no limite de todas imposições, que 2+2=4. E não 5.

[ImagensMidas Filmes - fonte: www.insider.pt]

terça-feira, 13 de janeiro de 2026

Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor

Crece la impresión de que la Real Academia Española ha dejado de ejercer, incluso renuncia deliberadamente a ello, su papel normativo y cultural con la claridad, coherencia y autoridad que el antiguo lema sugería

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La célebre divisa de la Real Academia Española -Limpia, fija y da esplendor- surgió con un nobilísimo propósito: la lengua española contaría con una institución encargada de cuidarla, ordenarla y ennoblecerla. Pero el tiempo no pasa en balde. Trescientos trece años después de su fundación, para un buen número de hablantes, lingüistas, escritores y lectores, esa promesa ya no se cumple. No porque el español esté en decadencia -al contrario, camina más vivo e imparable que nunca- sino porque crece la impresión de que la RAE ha dejado de ejercer, incluso renuncia deliberadamente a ello, su papel normativo y cultural con la claridad, coherencia y autoridad que el antiguo lema sugería. Decir que la RAE ya no limpia, ni fija, ni da esplendor es, lamentablemente, una impresión generalizada.

Intentaremos explicarlo, aunque ni sea fácil ni sea cómodo, ni agradable. Limpiar, en el origen del lema, significaba depurar el idioma de usos incorrectos, confusos o innecesarios. No se trataba de imponer un castellano o español rígido, sino de establecer criterios claros que facilitaran la comprensión y la alta calidad expresiva. Sin embargo, la Academia se repliega ahora hacia posiciones más descriptivas que normativas, aunque rara vez sus miembros lo admitamos en público. Esto da ocasión a debates académicos internos, a veces muy tensos, que por prudencia institucional no suelen ir más allá de la sala de plenos. Debates que a menudo han opuesto y oponen dos formas distintas de entender la RAE, su función y sus obligaciones.

El argumento habitual de un sector académico, en el que se sitúan principalmente lingüistas -aunque no se trata de grupos compactos-, es que la Academia registra el uso. El problema, replica a eso otro sector donde abundan escritores o creadores, es que registrar no es limpiar. Si todo uso mayoritario, por vulgar o incorrecto que sea, resulta automáticamente válido, la noción misma de corrección pierde sentido. Y ahí reside uno de los problemas. La actual RAE acepta construcciones que hace años habría considerado erróneas, no tras un debate lingüístico profundo, sino por presión externa. Doblegándose con demasiada facilidad y frecuencia al simple uso mediático, político o de redes sociales. El resultado es una normativa cada vez más laxa, ambigua y contradictoria, que deja al hablante sin referencias firmes, sometido a los vaivenes de las modas y, lo que es peor, a la proliferación de elementos con notable presencia pública pero con escasa formación cultural. Un tertuliano, youtuber o influencer analfabetos pueden tener más influencia lingüística que un premio Cervantes. Y no es una figura retórica exagerada. Es que realmente ocurre.

Como institución colectiva, y desde hace tiempo, la RAE ha estado esquivando la constante petición de algunos académicos -cada vez menos, pues los más combativos van falleciendo o se cansan de bregar- en los debates de los plenos de los jueves: una declaración pública anual sobre el estado de la lengua española, a modo de balance, y no para imponer normas policiales, sino para prevenir y advertir de errores y malos usos antes de que éstos sean irremediables. Pues, al no establecer límites claros, la RAE deja de proteger precisamente a quienes más necesitan normas o referencias claras: estudiantes, docentes y hablantes no nativos. Pero esa renuncia de la Academia a limpiar -advertir de las amenazas antes de que se asienten sin remedio- no responde sólo a la fría concepción científica de algunos académicos, sino también a un miedo general asentado en la RAE: miedo a parecer elitistas, conservadores o excluyentes en un ámbito cultural hipersensible, en una España y una Hispanoamérica propensas a desconfiar de toda autoridad lingüística aunque esa autoridad sea noblemente compartida por todos los componentes de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Que -a diferencia de la notoria incompetencia panhispánica del ministro español de Asuntos Exteriores, señor Albares- sí mantienen excelentes relaciones entre ellas y participan juntas en un Diccionario, una Ortografía y una Gramática milagrosamente comunes.

Fijar no es congelar la lengua

En cuanto a la segunda palabra del lema, Fijar, no pretendía en su origen congelar la lengua, sino establecer consensos estables. Todo idioma necesita puntos de anclaje; sin ellos, se fragmenta y empobrece. Paradójicamente, hoy la RAE se muestra incómoda con la idea de fijación, y las sucesivas reformas ortográficas son un ejemplo elocuente. Cambios poco justificados, explicaciones confusas y decisiones cuestionables erosionan la autoridad académica. ¿Se escribe solo sólo? ¿Guion guión? ¿Mayúsculas opcionales?... La respuesta académica suele ser tibia: «depende», «es válido», «se recomienda, pero no es obligatorio». Una institución que no fija, duda; y una que duda, deja de ser referencia. Además, y esto es asombroso, la RAE institucional hace caso omiso del criterio de escritores consagrados -muchos de ellos fueron en vida o son hoy académicos- para quienes la lengua era y es una herramienta con la que trabajan a diario. Sucede lo contrario: la Academia externaliza hoy parte de su función fijadora dejándola en manos de medios de comunicación y redes sociales, que se convierten en árbitros del asunto. Y con esa claudicación, en vez de orientar hacia el buen uso, la RAE lo desprecia.

Pero quizá lo más grave sea el abandono del Esplendor. Porque dar esplendor no es sólo pulir la ortografía y la gramática y hacer un Diccionario digno y eficaz; es, también, defender la riqueza literaria, histórica y simbólica del idioma. Desde su creación en 1713, la RAE estuvo asociada a una idea de la lengua como patrimonio cultural. Hoy, lamentablemente, esa ambición parece diluida. El sector oficial de la Academia responsable de las manifestaciones y comunicaciones exteriores vive obsesionado con que nadie asigne a la RAE la palabra elitista. En consecuencia, maneja un registro cada vez más vulgar, adaptado al lenguaje de redes sociales, con respuestas rápidas, ingeniosas y a menudo superficiales. A la altura intelectual de lo que hay.

Las redes sociales, desde luego, representan el grado extremo del problema. Son espacios donde priman la rapidez, la simplificación y la falta de contexto. Útiles como indicador sociolingüístico, resultan tóxicas como modelo normativo. Sin embargo, la RAE las menciona cada vez más como prueba de uso. El lenguaje de las redes, diseñado para impactar y no para pensar, es fragmentario, caótico, pobre en matices y proclive a la incorrección, la vulgaridad y el error. Cuando la Academia lo legitima, envía un mensaje peligroso: el cuidado, el rigor, no importan; basta con que algo circule lo suficiente. Esto tiene un efecto social devastador. Si todo vale porque se usa, ¿para qué esforzarse en escribir bien? ¿Por qué leer a buenos autores, estudiar o ampliar vocabulario? La lengua deja de ser una conquista cultural, una herramienta cuidada y noble, y se convierte en reflejo automático del confuso ruido social.

Y, bueno. Los resultados están a la vista. La sumisión de la RAE a las redes deteriora su imagen. El criterio académico se hace coloquial, el rigor es negociable. Todo vale y cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez. El antes buscado esplendor exigía distancia, profundidad, autoridad y exigencia sin complejos. Además, y como postre, la RAE ha mostrado una evidente falta de liderazgo cultural frente a la avalancha de anglicismos, tecnicismos innecesarios y empobrecimiento léxico. Aunque a veces los adapta, no siempre propone alternativas convincentes o realistas -todavía me sangran los ojos ante el amago de algún académico lingüista de proponer balé para sustituir a ballet-. Y cuando las alternativas razonables son asumidas, llegan tarde o no se aplican. El mensaje implícito es de resignación: la lengua cambia, y poco se puede hacer; sólo seguirle el paso, aunque sea cojeando.

La politización del lenguaje

Otro de los factores negativos para la autoridad de la RAE es su relación ambigua con el debate político, sobre todo respecto al llamado lenguaje inclusivo. La resistencia académica viene siendo honorable, pero sin la contundencia propia de su autoridad. No abrir la boca es la respuesta más frecuente, y dice poco en favor de la institución que las respuestas enérgicas se dejen a la iniciativa personal de los contados académicos -Javier Marías lo hizo siempre de forma destacada- que se atreven, por su cuenta y sobre todo su riesgo, a intervenir en el debate público. En la grotesca injerencia del oportunismo político, la ignorancia y la estupidez sectaria en materia lingüística, la Academia, en vez de sostener la posición firme y argumentada de su legítima autoridad, suele situarse entre el silencio administrativo y la cautela diplomática, intentando no incomodar a nadie. Esa prudencia, o ambigüedad, es interpretada como debilidad e incluso como cobardía. Cada vez que la Real Academia Española parece más preocupada por no irritar al poder político que por su propia coherencia y obligaciones, pierde autoridad. Y no se trata de negar debates sociales, que son necesarios, sino de establecer con claridad qué pertenece al ámbito de la lengua y qué al de la ideología, y ser inflexible con quienes desde el interés partidista intentan contaminar la lengua o adaptarla a sus intereses. Al no plantar cara públicamente a ese oportunismo ignorante e irresponsable, la RAE contribuye a la confusión general y abdica de su autoridad y prestigio.

Otro síntoma inquietante es la invisibilidad intelectual de muchos actuales académicos. Históricamente, la RAE estaba integrada por figuras literarias y filológicas de primer orden, cuya autoridad provenía tanto de su obra como de su pensamiento. Hoy, aunque sigue habiendo elementos brillantes entre los lingüistas -Ignacio Bosque, Pedro Álvarez de Miranda- y también hay escritores de reconocido prestigio y notables académicos de otras especialidades, sus voces públicas suenan aisladas, cuando suenan, y la institución en su conjunto no proyecta una voz prestigiosa y sólida. Las discusiones importantes sobre la lengua se dan fuera de la Academia, en universidades, medios, redes sociales y espacios independientes. La RAE suele reaccionar tarde y mal, y rara vez lidera el debate. Ha pasado de ser un faro que guía a comentarista de lo que hay.

Pero lo más grave, en mi opinión, es que en el corazón de la Real Academia Española se registra un desplazamiento silencioso, lamentable, de su principal fuente de autoridad. Durante tres siglos, la RAE entendió que la lengua se establecía principalmente de abajo arriba, pero enriquecida, contrastada, analizada y devuelta desde arriba hacia abajo mediante la literatura, el pensamiento, la tradición escrita y el criterio de autores solventes cuya obra demostraba excelencia, precisión y capacidad de perdurar. Hoy, en cambio, entregados los aspectos técnicos de la RAE a lingüistas partidarios de asumir dócilmente cuanto ocurre y no prevenir lo que ocurra, la Academia invierte esa jerarquía: otorga más peso normativo a lo que se repite en periódicos mal escritos, titulares apresurados, tertulias descuidadas o redes sociales, que a la autoridad intelectual de escritores, filólogos y creadores que trabajaron o trabajan la lengua con rigor. Se anteponen, más de lo necesario, los usos de un tuitero analfabeto o el texto de un folleto farmacéutico mal traducido a la obra de Soledad Puértolas, Carlos García Gual, Juan Mayorga, José María Merino, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, José Manuel Sánchez Ron, Clara Sánchez, Javier Cercas y tantos otros académicos vivos o muertos.

La inversión de la autoridad lingüística

Tradicionalmente, los buenos escritores no se limitaban a utilizar la lengua española: la afinaban. La literatura era un laboratorio de posibilidades expresivas, de creación e innovación, pero sobre todo un espacio de autoridad. Un uso reiterado en Cervantes, Galdós, Borges o Vargas Llosa tenía más peso que mil ocurrencias bastardas o efímeras. La Academia observaba todo eso registrando cuanto había, pero aconsejando utilizar lo mejor. Don Manuel Seco, al que mi querido don Gregorio Salvador definió como «el académico perfecto», abrió siempre su diccionario al lenguaje popular y su evolución natural, pero nunca perdió de vista la autoridad superior de los grandes escritores. Durante mucho tiempo -llevo 23 años en la RAE y he conocido otras épocas- los sucesivos directores de la RAE incluido Darío Villanueva, el penúltimo de ellos, mantuvieron un exquisito y útil equilibrio entre lingüistas y creadores. Hoy ocurre todo lo contrario. Los debates lingüísticos -aquellas tradicionales papeletas de toda la vida- han desaparecido de los plenos y se solventan en comisiones parciales o con decisiones casi personales, ajenas al criterio general. En 2009, cuando Ignacio Bosque iba a publicar su importantísima Gramática, todos los académicos leímos, comentamos y discutimos durante mucho tiempo el borrador. Hoy eso sería imposible: suele imponerse el hecho consumado.

Recuerdo con añoranza mi primera década en la Academia, en la que tardé años en abrir la boca si no me preguntaban. Hoy están lejos los tiempos en que los jueves suponían fascinantes discusiones de gran altura: lingüistas de categoría como García Yebra, Rodríguez Adrados, Manuel Seco, Gregorio Salvador, se medían y enfrentaban en debates inteligentes, respetables y amistosos con Camilo José Cela, José Luis Sampedro, Mario Vargas Llosa, Claudio Guillén, Carmen Iglesias, Francisco Ayala o Castilla del Pino. Ahora, lamentablemente, el núcleo de lingüistas al que la actual dirección confía las decisiones maneja con naturalidad y sin apenas control, como justificación normativa, titulares periodísticos redactados con descuido o usos masivos en redes sociales, aunque estos contradigan principios sintácticos, semánticos o estilísticos largamente asentados. La repetición cuantitativa ha sustituido a la calidad cualitativa. Se confunde frecuencia con legitimidad, visibilidad con corrección. Y esta inversión es muy grave, porque los medios de comunicación actuales -con pocas y honrosas excepciones- ya no funcionan como filtros de calidad lingüística. La presión del clic, la velocidad de publicación y la precariedad laboral han erosionado el cuidado del idioma. Que la Academia tome ese material como referencia prioritaria equivale a aceptar como patrón lo que antes habría considerado síntoma de deterioro.

Una de las actitudes más discutibles, siempre en mi opinión, es que la RAE apenas advierte ya con claridad del mal uso. Tiene verdadero miedo de hacerlo. Antes, el diccionario y la gramática no sólo indicaban qué se decía, sino qué se debía o podía evitar. En el Diccionario o fuera de él constaban marcas claras: incorrectoimpropiodesaconsejadovulgar... Hoy, esas advertencias se han atenuado o desaparecido, sustituidas por fórmulas ambiguas: se documentase usaes frecuente en la lengua hablada. El problema no es admitir que un uso existe, pues la RAE está obligada a registrarlo, sino elevarlo a la categoría de aceptable o correcto sin un juicio crítico. Cuando se deja de señalar un error, el error ya no se percibe como tal: el hablante pierde herramientas para distinguir entre el descuido y el rigor, entre una solución pobre y una rica, entre una desviación ocasional y una norma consolidada. Y de ese modo la Academia ya no corrige la incorrección, sino que la acepta a toro pasado. Espera a que el mal uso se imponga por cansancio, repetición o presión mediática y entonces lo incorpora al Diccionario; no como excepción a señalar, sino como variante válida. Y así, la autoridad normativa se convierte en simple notaria del hecho consumado.

La marginación de los escritores solventes

Mientras tanto, como dije, la voz de los académicos escritores que por naturaleza son creadores, trabajadores y especialistas del lenguaje, apenas cuenta hoy en la RAE. Muchos de ellos, vivos o recientemente fallecidos, han señalado errores, empobrecimientos y banalizaciones del idioma, sólo para ver cómo el sector ahora dominante en la Academia -los talibanes del todo vale- los ignora o trata como opiniones respetables, pero irrelevantes. Durante el mandato del actual director -al que por otra parte se deben importantes logros, como la labor panhispánica en América y la salvación económica de una RAE asfixiada por el expresidente Mariano Rajoy- se ha roto el vínculo histórico, el respeto mutuo, el equilibrio al que antes aludía entre creación literaria y técnica lingüística. Y esto es especialmente grave, porque los escritores no sólo conservan la lengua: la trabajan y proyectan hacia el futuro. Son quienes exploran sus límites sin romper su coherencia. Prescindir de su criterio equivale a amputar la dimensión estética e intelectual del idioma, reduciéndolo a un mero instrumento funcional. La lengua sin autoridad literaria se vuelve plana; y una academia que no escucha a quienes mejor la manejan renuncia a dar esplendor en el sentido más profundo del término.

El proceso es siniestro: en los medios se escribe peor, la Academia lo acepta, y al aceptarlo, legitima ese empeoramiento. Al legitimar, los medios se esfuerzan todavía menos. El hablante asume que la corrección es irrelevante y reproduce usos cada vez más pobres. Pero este empobrecimiento no es sólo estilístico, sino cognitivo: una lengua descuidada piensa peor. La precisión léxica, la complejidad sintáctica y la riqueza expresiva no son adornos superfluos, sino herramientas para comprender y describir la realidad. Cuando la norma se rebaja, también se reduce la capacidad de pensar con claridad.

Decir que la Real Academia Española ya no limpia, ni fija, ni da esplendor no es negar su utilidad, su hermosa y noble historia ni su necesario futuro, sino prevenir una crisis. La lengua española no necesita una policía autoritaria, pero sí una institución capaz de establecer criterios, defender la excelencia y asumir que toda norma implica incomodar a alguien. Sin limpieza no hay claridad; sin fijación no hay estabilidad; sin esplendor no hay belleza. Si la RAE no mantiene esa triple vocación, su lema será una reliquia retórica. La Real Academia Española no perderá autoridad porque la lengua evolucione y cambie; la perderá si continúa consagrando más el ruido que el pensamiento, más el error y la vulgaridad que la excelencia. Privilegiar a periódicos mal escritos y redes sociales sobre escritores solventes y tradiciones literarias sólo contribuirá a la pérdida de calidad del español. Mientras no practique la valentía de señalar el error en vez de certificarlo, y de sostener la autoridad superior de quienes a uno y otro lado del Atlántico mejor escribieron y escriben en nuestra lengua, la RAE será una institución útil pero traidora a sí misma: alguien que llega tarde, cuando el daño está hecho. Y una lengua que renuncia a la exigencia, el rigor y la belleza, acaba por renunciar a su grandeza.


Arturo Pérez-Reverte es miembro de la Real Academia Española desde el año 2003


[Ilustración: PATRICIA BOLINCHES - fuente: www.elmundo.es]