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domingo, 27 de setembro de 2026

Eduardo Subirats, filósofo: «El actual concepto de democracia es una coartada que justifica genocidios y el poder de los poderosos sobre los vencidos»

 

El filósofo Eduardo Subirats en una imagen tomada en 2015

Publicado por Bernardo Álvarez-Villar  

“No me creía que alguien quisiera hacerme una entrevista en España. Pensaba que era una broma”. Hasta ese punto se considera Eduardo Subirats (Barcelona, 1947) una figura censurada y ajena al país que abandonó hace ya más de tres décadas. Es difícil pillarlo en España más de dos o tres días al año. El filósofo y profesor en Princeton soltó amarras con una nación y una tradición cultural que para él es la de la expulsión de los judíos y moriscos, la de la destrucción de las culturas indígenas en América y el exilio y represión de los liberales e ilustrados: “En España nunca ha existido sentido crítico ni voluntad transformadora”, lamenta durante la entrevista. Uno de los muchos hilos que conforman su amplia obra ensayística indaga en esa carencia: La ilustración insuficiente, El continente vacío, Memoria y exilio, Deconstrucciones hispánicas… Su España, de ser alguna, es la España que se marchó lejos, la de Juan Goytisolo, Américo Castro o José María Blanco White. La España ninguneada y silenciada bajo la losa del pensamiento único. La España herética. 

Pero las ideas de Subirats se componen de una alquimia mucho más rica y heterogénea. Una macedonia en la que el lector saborea las sabidurías y mitologías de las primeras civilizaciones y del mundo precolombino americano, las corrientes radicales europeas, la contracultura de los sesenta, la Escuela de Frankfurt, el marxismo crítico, las vanguardias artísticas y literarias del siglo XX, la alta cultura alemana, el psicoanálisis, la tradición sefardí… Sus dos últimos libros, A plena luz caminamos a ciegas y El intelectual, obscena ausencia, ambos editados en México, son una buena muestra de las inquietudes de un pensador erudito, marginal e insobornable al que le gustaría creer en aquel verso de Holderlin: “Allí donde está el peligro crece también lo que salva”. Apenas está dos días en Barcelona, pero accede a dedicarle uno casi entero a repasar su vida y pensamiento para CTXT. 

Nació en 1947, ¿verdad? En plena posguerra…

Nací aquí, en este mismo barrio de Gràcia, y estudié en el colegio alemán, porque mi madre era alemana de padre judío. Se salvó por poco del genocidio. A mi bisabuela la metieron en un campo de concentración, pero entró ya tarde y no tuvieron tiempo de liquidarla. Qué personajes, parecen fantasmas… La familia de mi madre escapó de los campos de concentración y mi padre estuvo preso en uno franquista después de la guerra, porque era republicano y había sido soldado de la república. De pequeño me contaba historias de las vicisitudes que pasó en el campo de concentración. Claro, con ese pasado, yo lo único que deseaba era irme. Empecé Medicina porque quería ser psiquiatra. Me fui a trabajar a un hospital psiquiátrico en Suiza, porque lo que había aquí eran cámaras de tortura, una cosa horrorosa. La Suiza alemana era un lugar muy atractivo, porque allí se concentraron durante la guerra, y ya antes, muchos psiquiatras judíos que huyeron de Alemania, Jung entre ellos, y que generaron una cultura psiquiátrica fascinante. Yo estaba enamorado de todo eso. 

¿En qué año fue eso?

Yo llegué allí en el 68, cuando la industria química empezó a expulsar a esos psiquiatras de los hospitales y a sustituirlos por psiquiatras de una escuela más bioquímica. Vi que aquello no era para mí. Éramos guardianes y nuestra tarea consistía en vigilar que los internos tomasen todas las pastillas prescritas. Además, se hacían experimentos humanos con fármacos. Pero era un hospital muy bueno, con mucho dinero, y tenía un pabellón de internos artistas. El mundo del arte está lleno de locos. Pero tuve dos experiencias trágicas, muy desagradables, y me di cuenta de que no era lo mío. 

Haber presenciado la liquidación de las corrientes psiquiátricas fenomenológicas y humanistas en favor de una metodología mecánica y positivista, ¿fue una primera experiencia filosófica que luego fue desarrollando en su obra?

Claro, me quedó la nostalgia de todo aquello. Había locos interesantes, es que había locos muy interesantes. Pero, en fin, decidí estudiar Filosofía y me fui a París y después a Berlín, donde aprendí mucho. En París, después del 69, iba a las clases de Deleuze y Lyotard. También estuve en contacto con los situacionistas, y conocí ese ambiente entre bohemio, artístico y revolucionario. Luego me fui a Berlín, y lo que encontré allí no se puede comparar con el mundo actual. Los estudiantes estábamos en pie de guerra y queríamos acabar con aquel sistema siniestro –era la época de la guerra de Vietnam–. Y algunos profesores, tanto en París como en Berlín, apoyaban a los estudiantes. Había una dinámica intelectual tan activa, tan creativa y tan libre que aprendías sin hacer nada. Me quedé unos años en Alemania, porque vivir en aquel Berlín militarmente ocupado es la más profunda experiencia de libertad que yo he tenido en mi vida.

Suena paradójico.

Suena paradójico. Pero, ¿por qué? Pues porque era una ciudad ocupada, donde realmente no había Estado. Todos los estudiantes que no querían hacer el servicio militar, y que por lo tanto tenían una actitud muy crítica con el establishment político, iban a Berlín. Era una ciudad absolutamente maravillosa. Estaban los viejos supervivientes de la guerra y los jóvenes. Era un perfecto caldo de cultivo para el desarrollo de ideas y de acciones. Ahí empezó un feminismo muy radical y una especie de nueva izquierda que tenía una visión filosófica interesante. Un tema que me persiguió siempre y que perseguí siempre es el del esclarecimiento. Yo estaba en un instituto que se llamaba Instituto de las Ciencias de las Religiones. El título, con ese plural de “religiones”, ya era un signo de crítica en un país protestante. Se hacían cosas fascinantes, y había un clima volcado en la actividad intelectual y creativa. Eso ha desaparecido completamente. En España nunca ha existido.

¿Conoció el ambiente universitario español en la época del final de la dictadura?

Estudié un tiempo Filosofía aquí en Barcelona. Un profesor se llamaba a sí mismo tradicionalista, fascista y católico. Y luego había un liberal, un tal Emilio Lledó, que era un ignorante, una mala persona realmente. Y luego había una generación más joven, que eran ignorantes, que eran los marxistas-leninistas. Manuel Sacristán no estaba, porque le habían expulsado, pero era el gurú. Los profesores eran mediocres y dogmáticos, y ahí decidí irme y ya no regresé hasta el 79 u 80. Cuando volví no me dejaron entrar en Filosofía, porque había estado en Berlín y en Francia y era un competidor no deseado. Eso fue para mí una gran suerte, porque entré en Arquitectura en Barcelona, donde había un ambiente mucho más dinámico. Por la razón de que los arquitectos son artistas, y además la arquitectura es una ciencia con gran compromiso social y político. La Facultad de Arquitectura en aquella época era un verdadero campo de batalla. Allí encontré a un grupo de jóvenes dinámicos con los que hicimos revistas y algunas acciones de protesta muy divertidas. Era la actitud de una nueva generación que cuestionaba a la que había entrado en el poder, es decir, a los socialistas y los progresistas, porque nos dábamos cuenta de que eran unos canallas y unos traidores. Se trataba de boicotear las tentativas de introducir la conciencia neoliberal en el espíritu subversivo de la facultad. Eso duró dos o tres años, bastante interesantes, y ya me fui a Estados Unidos y a Brasil. 

En esa época, en España, ¿tuvo contacto con Agustín García Calvo, el grupo de los ácratas y esa vertiente más heterodoxa del pensamiento español de la época?

A los ácratas los conocí en un viaje a Madrid en el 68. Era un grupo pequeño, pero muy atractivo para un joven. En ese viaje conocí el ambiente, que entonces era mucho más radical que el catalán. El catalán es un hombre que puede ser radical, y existen grandes nombres en la cultura del país que se pueden considerar radicales, y quizás el más importante es Gaudí. Pero el catalán siempre se fascina con lo estético, se queda en el mundo estético. Esto (mira a su alrededor y abarca con sus manos los salones modernistas del Hotel Casa Fuster) está hecho por una imaginación completamente revolucionaria, explosiva. Eso era Barcelona, y en cambio Madrid era anarquista, de la tradición de la generación del 98, de las novelas de Pío Baroja…  

¿En qué momento y por qué motivo se fue de España?

El momento de corte fue uno de los estados de excepción decretados por Franco, en el que hubo una represión terrible. Diría que en el año 72. Para mi generación aquel fue un momento de depresión absoluta. Eso en Cataluña dio lugar a dos bandos: uno que se resignó, dejó la batalla y desapareció del mapa; y otro que se fue por el lado de la estética o de la intelligentsia. Aún había un cierto mundo intelectual, muy pobre, que permitía vislumbrar una salida: la editorial Tusquets o Anagrama, en su época heroica, eran una especie de alternativa, pero muy débil.  

Uno de los primeros libros del catálogo de Anagrama reúne textos situacionistas traducidos por usted.

En ese momento estaban abiertos a ese tipo de cosas.  

¿No quedaba en Barcelona nada de la mítica tradición anarquista de la ciudad, de aquella Rosa de Foc?

Toda esa generación había muerto. Yo conocí a algunos, un grupo de anarquistas en el sur de Francia. Era un mundo de obreros que se habían adaptado y vivían en una especie de poblado, de casitas muy chiquitas, muy humildes, pero con un pequeño terreno que cultivaban. Allí realizaban esa utopía anarquista que viene de muy lejos, porque es esa utopía que Cervantes pone en boca de Don Quijote, cuando ve que no puede cumplir sus grandes deseos de transformar el mundo como caballero andante y ya agonizando quiere tener un jardín. Es esa tradición que reúne ciertos momentos de la tradición epicúrea y algo más que no sé muy bien qué es. Así vivían esos anarquistas, que eran personajes muy interesantes. Pero, claro, se los comió la historia. Sus hijos ya se adaptaron, eran franceses, y yo fui amigo de alguno de ellos. Era un caldo de cultivo interesante, pero que no tenía futuro. Luego me fui y me olvidé de ellos y de todo. No me enteré de la muerte de Franco. Me dediqué a estudiar filosofía alemana en Berlín. 

¿Y qué pensó cuando se enteró de la muerte de Franco?

Como conocía a la generación de recambio, que estaba en el establishment, y sabía de sus limitaciones intelectuales, no me mezclé con esa gente.  

¿Qué valoración hace del 68 y todo lo que ocurrió en torno a esa fecha? Me refiero a las diferentes corrientes filosóficas, políticas, culturales, artísticas…

El 68 significó una ruptura en todos los aspectos, empezando por la psiquiatría. Para mí fue un momento muy renovador y estimulante, también en la teoría social, la teoría crítica y las filosofías críticas. Yo me alimenté de todo eso. Las clases de Deleuze fueron un estímulo muy interesante, porque era cuando estaba escribiendo El Antiedipo. Yo venía de la psiquiatría, había huido de su declive y me había encontrado con un personaje que hacía explícitamente la guerra contra el aspecto conservador del psicoanálisis. Estaba ese mundo representado por Deleuze, pero antes fue Guy Debord.

¿Qué aprendió de Debord?

Debord tuvo un gran éxito, porque realmente fue la chispa intelectual que prendió el fuego del 68. Yo conocí a esas personas, auténticos enragés (enfurecidos), un grupo brillante. La sociedad del espectáculo me parece un libro absolutamente genial. Es la descripción del mundo en el que nos encontramos: las guerras son espectáculos, y es el espectáculo el que decide la estrategia de las guerras. Los sistemas de propaganda se han perfeccionado a tal nivel que constituyen una nueva realidad. Ese punto de partida me abrió intelectualmente a una nueva perspectiva.

Eduardo Subirats en 1959

¿Cuáles fueron sus influencias intelectuales en Alemania?

Alemania era otra cosa, porque allí todavía vivían los últimos intelectuales humanistas en el sentido moderno y crítico. Adorno y los adornianos estaban en Frankfurt. En Berlín estaba, entre otros, Klaus Heinrich, que era un profesor de tradición humanista. Él formulaba una crítica contra la instrumentalización tecnocrática de la ciencia moderna y de la tecnología con fines destructivos. Ese era el punto de partida epistemológico de lo que más o menos claramente formulaba como una nueva orientación o como una redefinición del proyecto de la Aufklärung (Ilustración) alemana. Hacía además un trabajo de recuperación de las tradiciones artísticas. Él juntaba el cielo con la tierra, juntaba crítica filosófica y mitología griega con una conciencia política muy crítica. En torno a él se formó un seminario con la perspectiva de reformular el espíritu del esclarecimiento. Mi vida en Berlín oscilaba entre las protestas callejeras y este humanismo esclarecedor, con una base de religiones griegas y referencias a las tradiciones críticas del arte alemán. Esto era muy conveniente para un joven español que se llevaba muy mal con el mundo español. Estoy hablando de los años 80, que es el momento de la caída en picado del progresismo español en la corrupción y en la banalidad. Eso fue lo que me salvó.  

Durante sus años en Berlín viajó por algunos países al otro lado del Telón de Acero, ¿cómo fue esa experiencia de conocer el mundo soviético?

En el 68 estaba en Basilea, en el psiquiátrico, y conocí a Karel Kosic, el escritor checo. Nos invitó a mí y a otros amigos alemanes a conocer la Primavera de Praga, y ahí fuimos. Fue una aventura, porque la situación era muy grave. De hecho, estuvimos allí una semana antes de que entrasen los tanques. Allí conocimos al grupo de intelectuales que rodeaban a Karel Kosik, que eran fascinantes. Los jóvenes tenían un concepto del compromiso político mucho más intenso del que podía haber imaginado en París o en Madrid. Los ácratas fueron el ejemplo más interesante en Madrid, y los situacionistas en París, pero lo que vi en Praga era política de verdad, con un proyecto claro que fue destruido. Aquel viaje supuso el contacto con el mundo del fascismo, un fascismo diferente al español, pero de una brutalidad comparable o quizás peor.  

¿Conoció también la Alemania Oriental?

En Alemania Oriental, lo mismo. Estuve en contacto con un grupo de comunistas del establishment de allí. Nosotros éramos un grupo de jóvenes radicales con un proyecto de educación social. Y crearon una institución maravillosa que eran los clubs republicanos, algo parecido a los ateneos de la época republicana española. Fuimos a Alemania del Este varias veces y allí contactamos con personas del Partido Comunista que estaban interesados en esos clubs porque les servían para extender su propaganda. Eran buena gente, pero provincianos. Un poco lo mismo que ocurría con los republicanos españoles que conocí en Francia. Eran unos santos, pero eso no iba a ninguna parte. Me interesaban más movimientos como los situacionistas, que tenían una mente universal y procedían del surrealismo. Ellos se consideraban herederos de la revolución surrealista, y generaron una fuerza de choque intelectual inmensa. El mundo de los republicanos españoles y el de los intelectuales comunistas, incluyendo el propio Kosic, no llegaban a esa altura. En el fondo eran socialdemócratas, y trataban de alcanzar una entente cordial con los valores liberales de esa Europa de principios de siglo que ellos respetaban y añoraban. En todos encontraba limitaciones, y por eso me fui. 

¿Cómo fue la recepción de sus primeras obras en España?

En cuanto empecé a escribir cosas un poco más críticas, como el libro de La ilustración insuficiente, fui atacado por el establishment. Que qué me había creído. Era la actitud de esa izquierda desechable, y el ejemplo es Fernando Savater. La izquierda madrileña que yo conocía, inclusive miembros de los ácratas, venían de un contexto familiar y cultural fascista. 

Eran los hijos rebeldes, ¿no?

Eran los hijos rebeldes, como los Sánchez Ferlosio, con los cuales estuve íntimamente relacionado a través de Carmen Martín Gaite. En un momento dado me hice muy amigo de ella, que era esposa de Rafael Sánchez Ferlosio. Viví de hecho unos meses en casa de Martín Gaite, y fue muy bonito. Era una voz intelectual femenina, sensible, que conocía el mundo liberal. Tenía una hija muy inteligente, algo más joven que yo, que era realmente de la generación de la Transición. Ella y muchos de sus amigos tenían padres o abuelos en la extrema derecha. Esta hija de Martín Gaite es un ejemplo muy claro de esa generación: mujer bien formada, lúcida, crítica, pero completamente decepcionada. Si a los 18 años pierdes toda la ilusión, ¿qué haces? Pues ella y varios en su grupo de amigos acabaron en la heroína y contagiándose de sida. Ese fue el desmoronamiento interno de la democracia liberal española, que no tenía la menor consistencia. No fue un desmoronamiento político, sino moral de sus hijos, que eran conscientes de que sus padres eran unos cabrones y que se encontraban en una situación completamente esquizofrénica, en la que el discurso decía ABC y la realidad decía XYZ. ¿Qué haces, entonces, en una sociedad que tampoco ofrecía posibilidades de supervivencia en actividades intelectuales? Pues te entregas a la droga, y cayeron por docenas.  

La hija de Martín Gaite y Sánchez Ferlosio falleció de sida.

Yo estuve en el entierro, y creo que ese entierro fue el momento que me reveló la profunda podredumbre de la derecha española, pero también de una izquierda que se había adaptado a una retórica banal y cuyo máximo exponente era Savater: brillante, potencia retórica, absoluta inconsistencia y ninguna visión de futuro. Esa generación se suicidó. En ese entierro estaba un grupo fascista, de la familia del padre de la difunta; el grupo del padre de su novio, que era Carlos Castilla del Pino, un famoso psiquiatra marxista; y el grupo liberal de Martín Gaite y sus amigos, en el que yo me encontraba. Y luego estaba el otro grupo, el de los amigos de la difunta, que era totalmente siniestro y oscuro. Veía cómo la depresión había acabado con ellos.

Una representación de la España de la época.

Sí, y en medio de todo eso, el padre y la madre, que eran figuras muy importantes. Allí había muchos personajes de la intelectualidad. Realmente estaba allí toda la élite liberal. Aquello era una ceremonia en la que se rendía reconocimiento a un proyecto fracasado, pero no se asumía como tal. Simplemente se reaccionaba ante esa situación con una depresión profunda, que no era capaz de articularse intelectualmente. Y ahí pensé: bueno, de aquí hay que irse rápido.

Eduardo Subirats en 1976

He leído en algunos de tus textos de esa época comentarios muy elogiosos de María Zambrano…

¡Ah, claro! ¡Me olvidaba de María Zambrano! 

¿Es quizás la excepción a esa nulidad intelectual que le achaca a la cultura española?

La verdad es que lo que siempre me ha salvado de bastantes decepciones han sido las mujeres. Las dos mujeres que me apoyaban en España eran Zambrano y Martín Gaite. Zambrano tenía un pensamiento original, y había tenido una relación muy íntima con la vanguardia literaria del Caribe. Había tenido la experiencia del exilio en Suiza, que ella llamaba su paraíso, y hacía una crítica social, digámoslo así, aceptable. Yo frecuenté su casa cuando vivía en Madrid. Decía mucho una cosa que me hacía reír: “En Madrid hay mucha madera intelectual, pero faltan chispas para prender la hoguera”. Tenía una visión muy distante, y sentía mucho haber abandonado su paraíso en Suiza. Aceptó el convite, supongo que por dinero, y la instalaron en un apartamento cerca del Hotel Ritz. Era un personaje adorable, más adorable que Martín Gaite, con la que acabé peleándome porque era muy nacionalista. Ella siempre me reprochaba que estuviera viajando por el extranjero y que no viajase más por España antes de irme por esos mundos.  

Otra mujer de la que habla mucho es de Luisa Isabel Álvarez de Toledo, la marquesa roja.

¡Ah! Esa es la tercera mujer. Yo estaba escribiendo El continente vacío y me encontré un libro suyo llamado No fuimos nosotros donde, en definitiva, decía que España no había descubierto nada porque los árabes habían descubierto América mucho antes. Ella tenía un archivo con mapas muy antiguos, que me enseñó, y documentos que ponían de manifiesto eso. Fue muy osada y es un personaje que habría que reivindicar. En el 93 publiqué El continente vacío y el libro fue destruido.

¿Qué sucedió con ese libro?

En esa época viajaba mucho a México, y allí contacté con Siglo XXI, les dije que estaba escribiendo un libro sobre la conquista de México y me dijeron que estaban interesados en publicarlo. En esos años vivía entre Princeton, Madrid y Toledo, donde me había comprado una casa linda en el barrio judío. En ese periodo, alrededor del 92, se concentró en España un grupo curioso de jóvenes exiliados judíos latinoamericanos, que llegaban huyendo de las dictaduras militares. Era un grupo muy interesante, y ahí fue donde conocí a Mario Muchnik, que acababa de crear una editorial independiente dentro del grupo de Anaya. Le hablé del manuscrito y aceptó publicarlo. Muchnik tenía muy buenas relaciones con la política, sobre todo con socialistas, y estaba muy bien colocado. Hizo una campaña publicitaria y de presentaciones muy sólida, lo más sólido que nunca he visto en España. El libro tuvo cierta repercusión, pero una repercusión negativa. El libro es un ataque al papel de la Iglesia católica en el proceso de conquista, y así lo expuse claramente sin saber dónde me metía. Menos de un año después de aparecer el libro, la gente que estaba al frente de Anaya, ligada al Opus Dei, decidió que aquello no se podía tolerar. Primero defenestraron a Muchnik y luego vendieron el libro como papel.

¿Con La ilustración insuficiente y El continente vacío se ganó la fama de intelectual antiespañol?

Sí, ahí se acabó. El continente vacío creo que es algo que los españoles no me van a perdonar. Mi posición siempre había sido muy ambigua, muy crítica. Además, con esto ya me metía con la política, porque estábamos en los festejos del Quinto Centenario. Pero no me gané la fama de antiespañol, sino de criptojudío.

Que viene a significar lo mismo en los códigos del tradicionalismo castizo.

Sí, pero además hay una cosa que yo defiendo, y que me parece obvia, y es que la conquista de América solo se podía haber hecho sobre la base del genocidio islámico y de la expulsión de los judíos. Muchos judíos expulsados se fueron a América, y hay una gran cantidad de literatura crítica con la colonización escrita por judíos que tenían que ocultar su judaísmo, como Bartolomé de las Casas. Yo me protegía con esos autores como aliados y decía: señores, estoy defendiendo una tradición que es más española que nadie. Ahí está Vives, los hermanos Valdés, Bartolomé de las Casas…

¿Se había mudado a la judería de Toledo en un gesto consciente y deliberado de reivindicar esas raíces?

Sí, eso fue. Tenía curiosidad y la sigo teniendo. El mundo sefardí es muy actual y tiene una tradición maravillosa.  

Aquel año 92, además del Quinto Centenario de la conquista, lo era también de la expulsión de los judíos.
Y de la destrucción del reino islámico de Granada, la gramática castellana y la lexicografía de Nebrija, que es el acto de purificación de la lengua española de elementos hebraizantes e islamistas. Es un paquete. Yo no me di cuenta cuando lo estaba escribiendo. Ahora estoy escribiendo un libro sobre Cervantes que va en una línea similar. 

¿En qué sentido?

Sostengo que el Quijote es la conciencia histórica del fracaso del imperio español. El proyecto de ese loco de hacerse caballero andante es el proyecto que nace de la conciencia de la decadencia española. Y es algo muy claro en el texto, aunque se recubre sutilmente en esas situaciones que te hacen morir de risa. Mi interpretación hace de Don Quijote una crítica contemporánea de la crisis de la sociedad española. La segunda parte del Quijote, que nadie lee, la reconstruyo desde la perspectiva de la crítica del espectáculo de Guy Debord. Ahí está la modernidad que se atisba y se critica ácidamente, pero con humor, y la conciencia de un imperio que nace como poder genocida. Todo esto lo hago apoyándome en Américo Castro, otra persona expulsada de la cultura española. 

Fue uno de los intelectuales más críticos con los fastos del Quinto Centenario, igual que antes lo había sido con la Movida, dos de los grandes hitos culturales del progresismo oficialista español.

A la Movida no le doy mucha importancia porque era algo que no tenía ni pies ni cabeza. Sí, supongo que me he ganado a pulso que me odien. Lo que ocurre es que ahora el mundo español ya no existe intelectualmente. Es un erial. No se puede hacer nada. Ni siquiera hay fuerzas en este momento en el que crece la nueva derecha, lo que es mucho peor. Supongo que en algún momento alguien va a despertar, y ese momento supongo que está cerca. La derecha tiene un discurso patético, pero es que la izquierda no tiene discurso. Es una atrofia completa en una situación mundial catastrófica. Ahora, pienso que es posible que esta situación catastrófica genere una nueva crítica. Una crítica del totalitarismo democrático que no puede tardar mucho, porque las catástrofes irán en aumento. 

¿Qué descubrió cuando llegó a Brasil? Ese mundo de la Amazonía y las culturas precolombinas…

Llegué a Brasil casi por accidente, y allí me encontré con arquitectos. Los arquitectos brasileños son el grupo social más dinámico que ha tenido el siglo XX. Me encontré con los últimos descendientes de un movimiento que comienza en el 28, cuyos líderes habían muerto. Pero quedaban Niemeyer, Vilanova Artigas y Lina Bo Bardi. A los tres los conocí en sus últimos años, pero me hice muy amigo de ellos. Esos personajes eran odiados por el establishment brasileño, pero eran verdaderos genios y muy accesibles. Cuando llegué a Brasil me abrieron las puertas. Era una constelación que había vivido quince años de penurias bajo la dictadura. Llegué allí los dos últimos años de la dictadura militar, y en un momento en el que ningún intelectual iba a Brasil. Era el único europeo que pasaba por allí. Había una curiosidad mutua, y fue un gran descubrimiento. Fue una generación de creadores, escritores, pensadores, arquitectos y artistas que claramente formularon un concepto de modernidad que no tenía nada que ver con las directrices de las vanguardias europeas. Al mismo tiempo, eran líderes intelectuales conscientes de la decadencia europea. Era un pensamiento completamente traumatizado y marcado por la conciencia histórica del desastre de la Revolución rusa y de la revolución fascista que le siguió, y del desastre de la supuesta recuperación liberal bajo la égida del imperialismo gringo. Y ahí me encontré con ese mundo que era crítico, pero que no asumía el nihilismo europeo y que creaba; que quería crear y creaba porque podía, porque había un pueblo indígena, un pueblo negro y unas condiciones políticas favorables a una izquierda proletaria. Entré en este mundo maravilloso y fue como una segunda adolescencia. Me encontré con un mundo que se parecía mucho al que viví en el 68. Nada más llegar allí participé en descomunales manifestaciones de millones de personas que eran fantásticas.

México y Chiapas también fueron importantes en su descubrimiento de América, ¿es así?

Sí, Chiapas para mí fue muy interesante. En El continente vacío cuento mi participación en un congreso organizado por los más altos niveles de la política en México. Yo estaba terminando el libro y me llegó esta invitación de alto nivel para ir a Chiapas, donde el PRI había organizado una reunión de todos los líderes indigenistas imaginables de las Américas, desde Hawaii hasta la Patagonia. Allí conocí gente formidable. Me contaron cosas aterradoras. Chiapas en aquel momento era un infierno. El acto mismo estaba capitaneado por el gobernador, que era un gánster. Cuando lo oí hablar, pensaba que los déspotas de la Roma imperial debían de ser sus padrinos. Lo peor que he visto en mi vida en carne y hueso. Y un asesino. El libro lo presenté en Ciudad de México en los días en que el movimiento de los zapatistas apareció en escena. En Ciudad de México nadie sabía nada de Chiapas. Y mi comportamiento en este congreso fue completamente disparatado, porque decía lo que veía. Yo no tenía nada que ganar ni que perder, porque los indios estaban muy calladitos, porque sabían cómo se las gastaban en el poder político. 

En A plena luz caminamos a ciegas, su penúltimo libro, hace una defensa filosófica del patrimonio cultural, mitológico y religioso de esas culturas amerindias.

Cito un libro maravilloso transcrito por un antropólogo francés en conversación con un chamán yanomami: La caída del cielo. Es un libro impresionante, muy inteligente y escalofriante. Su visión del futuro es brillante. La frase final del libro dice: “Nosotros moriremos, pero vosotros también”. 

¿Ha estado en el Amazonas? Tiene que ser sobrecogedor estar envuelto por esa naturaleza tan exuberante, casi un lugar sagrado.

Todo eso ha muerto, y va a peor. Quise ir por última vez hace un par de años, con un amigo antropólogo, pero es que son lugares en los que la contaminación por mercurio hace imposible comer pescado, y eran riquísimos los pescados allí. Es una cosa escalofriante luchar por tu supervivencia, a lo que se suma la contemplación de un desastre humano para el que ya no tengo estómago.  

La destrucción industrial del paraíso.

Sí, y a una escala que uno no… La última vez que estuve fue en un encuentro de defensa de los derechos indígenas, y recuerdo a los indios berreando contra los representantes de la justicia brasileña por un tema de venta de tierras y polución de los ríos. Es un tema tan complejo, tan terrible y tan amenazador, que no puedes hacer nada. Y si mueves un dedo, te pegan un tiro. 

Sus dos últimos libros, A plena luz caminamos a ciegas y El intelectual obscena ausencia, son muy pesimistas.
Sí, claro, ¿cuál es la perspectiva que podemos tener sobre el mundo contemporáneo? Es un libro desolador, pero acaba con una cita de Robert Jungk, que dijo que el futuro es negro, pero no hay que parar. 

En A plena luz caminamos a ciegas le confiere una gran importancia a lo sagrado y a lo religioso, llama a combatir “la manipulación fascista de los mitos” y a reivindicar esos mitos como un manantial de sabiduría.

Ese es el lado positivo. El libro tiene un proyecto intelectual, obviamente fragmentario, pero con una dirección bastante clara. Hoy nadie quiere saber nada de sentido crítico y voluntad transformadora, y en España es algo que nunca ha existido.  

¿Cómo está llevando la presidencia de Trump?

El problema no es solo Trump, hay mucha hipocresía en eso. La política salvaje contra la inmigración viene ya de los demócratas. Yo vivo en Princeton, una universidad que en tiempos de guerra debe de ser un paraíso. Es una ciudad que vive de las rentas, de los réditos de su capital, y no de lo que pagan los estudiantes, que pagan mucho. Estás allí en un país aparte, y ahora me da miedo tomar el metro, ir a Nueva York y regresar de noche. Constantemente hay ataques, y cada vez más fuertes. Nueva York se ha vuelto peligroso y la vida intelectual está a cero. Me sorprende ahora cómo la universidad se ha deshinchado. Y no es por Trump, es por el rector que agacha la cabeza y asume que no hay que discutir de nada, excepto de inteligencia artificial.

Como profesor ya veterano, ¿percibe una merma en las capacidades e inquietudes de sus alumnos?

Los estudiantes son cada vez más analfabetos y desinteresados. No entienden nada, y además han asumido que no tienen por qué trabajar, y que hay que darles las cosas hechas. Pero el problema no son solo los estudiantes. La función del departamento de literatura, mi departamento, parece ser eliminar la literatura. No se lee una novela, no se lee nada, no se sabe pensar. Nada. Cero. Sale de allí gente absolutamente analfabeta. Y la gente que apoya ese sistema lo hace con la mayor tranquilidad, y encima pensando que ellos son los grandes defensores de los derechos humanos, los grandes feministas, los grandes defensores de la homosexualidad, de las minorías, etcétera, etcétera, etcétera. Su discurso es políticamente intachable, y si tú les pones en cuestión algo, te miran con muy malos ojos. Te podría contar millares de anécdotas, y te das cuenta de que es un país que se va a la mierda. Pero Europa también.  

¿Y ve alguna ruta para salir de ese atolladero civilizatorio?

Creo que la única salida es la redefinición de un proyecto de esclarecimiento y su traducción en un proyecto técnico que aborde ecología y nuevas tecnologías. Yo no sé nada de inteligencia artificial, pero claramente intuyo y veo que estamos convertidos en esclavos de las máquinas, constantemente invadidos. Frente a eso se puede pensar una alternativa, pero es difícil. ¿Quién va a solucionar esto? China, quizás. La propaganda occidental decía que se iba a asfixiar en la polución. Y efectivamente, la primera vez que estuve en China era asfixiante. Una de las cosas que creo que hemos de repensar es el concepto de democracia. Tal y como existe ahora, es una coartada que justifica genocidios y el poder de los poderosos sobre los vencidos. La mezcla de confucianismo y prevención estatal que supuestamente gobierna China tiene aspectos positivos, al menos sobre el papel… 

[Fuente: www.ctxt.es]

 



quarta-feira, 23 de setembro de 2026

O dicionario castelán-galego da RAG

 


Escrito por L. C. Carballal 

Acaba de se pór na Rede a nova versión do Dicionario bilingüe castelán-galego da RAG (DRAGBIL), que xa non era sen tempo. Como seguea se demorar a ”gramática oficial do galego”, cando xa tódalas demais linguas españolas contan con unha, mesmo linguas sen status de oficialidade como o asturiano ou o aragonés. 

Sinto ser un estragafestas, mais a iniciativa, en principio boa, chega con grandes carencias a pouco que examinemos o dicionario. Que esta nova versión do anterior dicionario bilíngüe castelán-galego chegue aos 26.000 lemas cando o anterior, en formato libro, tiña 25.000 di moito ou máis ben moi pouco do traballo feito, dado que a anterior versión se publicou no 2004: en máis de vinte anos unicamente engadiron mil lemas máis! Pro as carencias non só numéricas, senón tamén do tratamento lexicográfico das propias entradas. 

Comprobemos con algúns exemplos as insuficiencias do novo dicionario:

Tomamos catro palabras sinónimas ou case do dicionario da RAE (DLE): antinatural, contranatural, desnatural e innatural, destas só unha existe no dicionario da RAG: contranatural, pola contra, as catro si figuran no dicionario Estraviz: antinatural, contranatural, desnatural e inatural; se queremos ver a súa tradución no DRAGBIL unicamente podemos en antinatural e contranatural, as únicas que figuran e resulta sorprendente que neste dicionario se acepte “antinatural” como palabra galega, cando non se recolle no dicionario xeral da RAG, así mesmo no Rinodicionario castelán-galego hai tradución pra antinatural e contranatural, mais tampouco pra desnatural nin innatural, adxectivos perfeitamente válidos na lingua portuguesa, onde, por certo, “desnatural” non é unha verba en desuso coma en castelán. 

Queremos traducir un texto que nos fala das cinco especies de álcidos que se presentan máis comunmente nas nosas costas, en castelán: alca común, arao aliblanco, arao común, frailecillo atlántico e mérgulo atlántico; cuxas denominacións galegas son segundo a listaxe dos ”Nomes galegos das aves de Galicia e de España” (NGAGE) da RAG: arao carolo, arao de ás/alas brancas, arao dos cons, arao papagaio e araíño atlántico; e ao consultarmos o DRAGBIL obtemos estes resultados paupérrimos resultados: alca – ø, arao – ø, frailecillo – arao e mérgulo – ø; claro que se consultamos o DRAG a palabra “arao” non acharemos ningunha distinción de especies, aínda que na entrada “carolo” encontramos a descrición da Alca torda na súa acepción 11. No Rinodicionario achamos estes: alca común – arao romeiro, arao – ø, frailecillo atlántico – arao papagaio / arao de altura e mérgulo – ø. E temos que recorrer ao dicionario Estraviz pra atoparmos as varias denominacións pras cinco especies consultando as voces: arau, airo ou papagaio-do-mar, mais isto esixe ter coñecemento destes nomes galego-portugueses. Resúltame penoso comprobar a total descoordinación entre os diferentes dicionarios e vocabulario da propia RAG, pois nada máis sinxelo que incorporar a listaxe cos nomes das aves en galego tanto ao dicionario xeral coma ao bilíngüe. 

Buscamos a tradución de “habitación” nas acepcións de “parte tabicada dunha vivenda fóra das destinadas a cociña, baño e corredor” e nos dá: cuarto, peza e estancia; e na de “parte dunha casa pra durmir” e dá: cuarto e dormitorio. Nesta última acepción o dicionario da RAG ofrece tres sinónimos máis: alcoba, apousento e cámara. Se os buscamos por alcoba, aposento e cámara no dicionario bilíngüe aparecen as tres palabras, así: alcoba – alcoba e dormitorio; aposento – apousento, alcoba, cuarto e dormitorio; e cámara – cámara; pro non en “dormitorio” que só ofrece dormitorio e cuarto. Os sinónimos deben selo en calquera dos lemas. 

O verbo “ulir” só é sinónimo de “cheirar” en dúas acepcións, segundo o DRAG: “percibir olor” e “despedir olor”, no resto das acepcións unicamente “cheirar” é admitido; mais no DRAGBIL amplíase a sinonimia de “ulir” con “cheirar” a “dar indicio de algo”, algo non recollido no DRAG. 

O lema “callejero” tradúcese por “rueiro” e “ruador”, mais a primeira palabra como adxectivo non se recolle no DRAG, que a recolle como substantivo con tres acepcións ben diferentes, e a segunda non aparece no DRAG. Curiosamente “rueiro” si aparece no dicionario Estraviz como adxectivo e “ruador”, só aparece no Dicionario de Dicionarios co significado de “(persoa) amiga de andar de festas e ruadas”, xunto co seu sinónimo “ruadeiro”. 

Na entrada “polvo” achamos a expresión “echar un polvo” traducida como: botar un foguete, fochicar, foder. Poderíase ampliar os sinónimos con: ”botar un canivete, botar/dar un ferrete”, ambos recollidos no dicionario Estraviz e pouco sospeitosos de lusismos, dado que non figuran como tais no dicionario portugués Priberam. Curiosamente non aparece o lema “follar”, aínda que si “joder”. 

O lema “teta” tradúcese por “teta, mama, peito, seo”, mais falta “chucha”, forma familiar recollida no DRAG, que tamén ten as acepcións de “galiña” e “beixo”, ambas si incluídas nos seus lemas respectivos: “gallina” e “beso” polo DRAGBIL. 

No DRAG a entrada “maior” ofrece dous sinónimos na súa primeira acepción: meirande e mor, mais no lema de “mayor” do DRAGBIL só aparecen como traducións: maior e meirande. Noutros lemas como “agua” a variante considerada menos recomendábel polo DRAG aparece entre comiñas angulares simples “˂agua˃” trala máis recomendábel “auga”, así tamén sucede con outras traducións: rubio > louro, ˂loiro˃; alambre > arame, ˂aramio˃; avispa > avespa, avéspora, nespra, ˂vespa˃; cerrar > cerrar, ˂zarrar˃; color > cor, ˂color˃; condenar > condenar, ˂condanar˃; cuchara > culler, ˂cullar˃; decir > dicir, ˂decer˃; dolor > dor, ˂dolor˃ etc. 

Noutros casos onde aparecen ao menos dous sinónimos posíbeis como tradución ao lema castelán, soamente o primeiro é usado nos exemplos de uso, así: aire > aire, ar; bodega > bodega, adega; cabra > cabra, godalla, xena; cangrejo > cangrexo, caranguexo; enfermo > enfermo, doente; oír > oír, ouvir; palacio > palacio, pazo; pestaña > pestana, perfeba; presupuesto > presuposto, orzamento; roca > roca, rocha (no DRAG a entrada “roca” remite a “rocha” como forma preferente); ventana > ventá, fiestra, xanela etc. Dando preferencia de uso por posición e emprego nos exemplos á palabra coincidente ou máis próxima do lema castelán, na maioría dos casos, axudandodestarte á desaparición do noso léxico diferencial. 

A fraseoloxía tampouco é excesiva, se se compara a incluída en cada lema coa que aparece no outro dicionario bilíngüe, o Rinodicionario Castelán-Galego, por exemplos nas entradas de palabras moi comúns: acabar, caballo, casa, cerdo, dar, gato, haber, hablar, hierba, hombre, ir, mano, mujer, perro, puerta, ver, venir etc., a diferenza cunha meirande cantidade de unidades pluriverbais está sempre a prol do Rinodicionario.  

Obviamente dado que o número de lemas do dicionario non é moi extenso hai unha importante chea de palabras que non inclúe. Por exemplo, dentro do eido da zooloxía non están as traducións de mamíferos como: gibón, bonobo, babuino, tití, facóquero, okapi, glotón, onagro, capibara, suricata, ocelote, caracal, jerbo, dingo, dugongo, civeta, pecarí, orix, saiga, leming, meloncillo etc.; aves como: barnacla, pigargo, curruca, elanio, porrón (parrulo), lagópodo, paíño, pardela, ibis, busardo, focha, charrán, chova, escribano (paxaro), sisón etc.; ou réptiles como: geco, varano, gavial etc. A conclusión é que semella que non colaborou ningún zoólogo na elaboración do dicionario e, o que é pior, descoñecen a existencia dos Nomes galegos das aves de Galicia e España, elaborados pola propia RAG. 

Tamén se coaron algunhas traducións entre dubidosas e incorrectas: bajel – barco (esquecendo que no DRAG existe a entrada “vaixel”); casona – pazo (non cadra mellor “casa grande”, termo recollido no DRAG); chaleco – chaleco (sen incluír o sinónimo “colete” que figura no DRAG); cotorra – papagaio (mais é “catorra” a palabra do NGAGE); colimbo – colimbo, movella (denominado “mobella” no NGAGE e “colimbo” ser un innecesario castelanismo); becada – galiñola, galiña de río, pita de auga, pita de río (sendo “arcea” no NGAGE e no DRAG porque confunden Scolopax rusticola con Gallinula chloropus!); jaca (2º acepción) – sen tradución (mais existe “faco” no DRAG con significado semellante); palabrota – palabra groseira (isto é máis unha definición ca unha tradución, que sería “bocalada”, termo incluído no DRAG); musgo – mofo, carriza (mais “musgo” tamén é palabra recoñecida no DRAG) etc. 

E, xaora, hai as inevitábeis grallas –palabra esta non recoñecida polo DRAG–: cubo > caldeiro* no canto de cubo (2ª acepción); oler (6º acepción) > ulir (Ex.): Estas flores ulen*(olen) moi ben; mate (infusión) > mate (Ex): O mate bébese moito nos países sudamericanos (cando a tradución de “sudamericano” é “suramericano”); arce > (Ex.): En* Canadá/No Canadá é moi típico o xarope de pradairo (no DRAG na entrada “canadense” vese que o topónimo Canadá debe ir precedido polo artigo). 

Concluíndo, o DRAGBIL non só chega tarde, inda que mellor tarde ca nunca, senón que chega incompleto, pobre e cheo de fallos. Esperemos que co tempo se vaian corrixindo, mais polo momento cabe recomendar o dicionario Estraviz prá consulta de léxico galego e o Rinodicionario castelán-galego como axuda na tradución do castelán ao galego, porque están patetentemente por riba dos seus homólogos da RAG: DRAG (60.000 lemas) vs Dicionario Estraviz (>151.000 entradas) e DRAGBIL (26.000 lemas) vs Rinodicionario castelán-galego (>32.000 entradas). 

Non obstante, benvido sexa se grazas ao seu uso deixo de ver castelanismos aberrantes que hai tempo que deberon desaparecer dos textos galegos, tal que a confusión de xéneros nas palabras comúns ou moi parecidas: o* armazón, o* calor, o* carruaxe, a* dote, a* labor, a* mar, o* suor, a* ubre etc.; as pseudotraducións como: cortiza (= es. corcho) por casca/codia, muxir (= es. ordeñar) por bruar/bradar, divinidade por divindade, lealtade por lealdade, pobo (poboación pequena) por vila/aldea, pregue por prego, elexir por elixir, sinceiro por sincero, virxinidade por virxindade etc.; as locucións copiadas: a cegas > ás cegas, a man > á man, a présa > á présa, enfronte de > en fronte de; e castelanismos plenos como: borde, costar e coste, cruce, cubo (recipiente), frotar, galpón (por pendello), ir a + inf., pinchar e pincho (por picar e pico), rato (de tempo), roce, sobornar (por subornar), trepar (por gabear), ventanal etc. E tamén os usos correctos do adxectivo “grande/gran” e do adxectivo “ambos/ambas”; das perífrases “volver + inf.” e “ir + inf.”; a distinguir os substantivos “grao” e “grado”, e “serea” e “sirena”, e o substantivo “vixilante” e o adxectivo “vixiante” etc. Porque causa vergoña allea ver tantos erros léxicos, morfosintácticos ou ortográficos nos textos galegos, que xa deberan estar completamente superados. 

 

[Imaxe: RAG - fonte: www.praza.gal]

segunda-feira, 21 de setembro de 2026

Una notaria pretenia fer pagar el doble per redactar una escriptura en català

Plataforma per la Llengua aconsegueix que els afectats recuperin els diners cobrats de forma indeguda

Plataforma per la Llengua

Plataforma per la Llengua ha aconseguit que uns ciutadans recuperin els diners que els va cobrar indegudament una notaria que els va redactar en castellà una escriptura de compravenda sense haver-los preguntat abans en quina llengua la volien. Després de dues reclamacions, els afectats han obtingut finalment el document en català. A més, la notaria ha estat requerida pel Col·legi Notarial de Catalunya perquè pregunti de manera expressa als clients en quina llengua volen la documentació. L’entitat considera que el cas evidencia la importància de denunciar les discriminacions lingüístiques, però lamenta que cap administració no hagi sancionat els responsables de la vulneració dels drets dels afectats.

El cas va passar el desembre de 2025, quan uns ciutadans van formalitzar la compravenda d’un habitatge en una notaria de Barcelona. Segons van denunciar posteriorment a Plataforma per la Llengua, en cap moment de tota la tramitació no se’ls va preguntar en quina llengua volien l’escriptura i el document es va redactar directament en castellà. La situació es va agreujar quan, en revisar a l’escriptura a casa, els afectats van adonar-se que el document incloïa una fórmula estàndard segons la qual havien estat informats dels seus drets lingüístics i havien escollit la llengua de l’escriptura, el castellà, cosa que no havia passat.

Amb el suport jurídic de Plataforma per la Llengua, els afectats van presentar una primera queixa davant del Col·legi Notarial de Catalunya. Tot i que l’organisme va decidir arxivar-la i no obrir cap expedient disciplinari, sí que va reconèixer un aspecte fonamental: la notaria hauria d’haver preguntat de manera activa als atorgants quina llengua preferien abans de redactar el document. Per aquest motiu, va fer un requeriment formal al notari perquè compleixi aquesta obligació en el futur.  

Vulneració de drets  

Arran de la reclamació, la notaria va acabar expedint una còpia autoritzada de l’escriptura en català. Tanmateix, els afectats es van trobar amb una nova vulneració dels seus drets: per obtenir la documentació en la llengua que havien volgut des del principi, van haver de pagar una segona còpia de l’escriptura.   

Davant d’aquesta situació, Plataforma per la Llengua va assessorar-los en la presentació d’una altra queixa. El Col·legi Notarial va acabar donant-los la raó i va determinar que no era acceptable obligar els clients a assumir el cost d’una segona còpia per poder disposar del document en català. La resolució va obligar la notaria a retornar els diners que els havia cobrat per la còpia en català, una quantitat que els afectats van recuperar finalment el 25 d’agost.   

Plataforma per la Llengua denuncia que el cas posa de manifest les mancances dels mecanismes de garantia dels drets lingüístics. Malgrat que el Col·legi Notarial va admetre que la notaria no havia actuat correctament en relació amb el dret d’opció lingüística, les dues queixes disciplinàries van ser arxivades i no s’ha imposat cap sanció. A més, la Direcció General de Seguretat Jurídica i Fe Pública, de la Generalitat de Catalunya, no ha resolt expressament el recurs presentat contra l’arxivament de la primera queixa, que s’ha acabat desestimant per silenci administratiu.   

Plataforma per la Llengua va presentar el 2018 un estudi sobre els usos lingüístics a les notaries catalanes que revelava que el 68% dels despatxos notarials no oferien als clients la possibilitat de triar la llengua dels documents. L’informe també constatava una clara desproporció a favor del castellà: el 73,2% dels documents notarials s’havien redactat en aquesta llengua, mentre que només el 24,6% s’havien escrit en català. Arran de l’estudi, el Col·legi de Notaris de Catalunya es va comprometre a reforçar la informació sobre el dret d’opció lingüística.

 

[Font: www.diaridelallengua.cat ]

sexta-feira, 11 de setembro de 2026

Recuperen dos discos de l'Orquestra Simfònica de Ràdio Associació, enregistrats durant la Guerra Civil

Ràdio Associació de Catalunya ha recuperat i digitalitzat dos discos d'acetat enregistrats el 1938 per l'Orquestra Simfònica de l'emissora EAJ15-Ràdio Associació, quan n'era director titular el mestre Joan Pich Santasusana. 

Orquestra de Ràdio Associació de Catalunya durant els anys 30 del segle XX

L'entitat considera excepcional la troballa perquè els enregistraments es van fer en plena Guerra Civil i l'arxiu sonor de l'emissora va desaparèixer després de l'entrada de les tropes franquistes a Barcelona. Els discos, localitzats per la família Pich Santasusana, es trobaven en molt mal estat i només se n'ha pogut recuperar una part del contingut, però permeten tornar a escoltar fragments musicals i un discurs polític de l'època. 

Els dos discos són d'acetat, de deu polzades, doble cara i 78 revolucions per minut. El material recuperat inclou fragments de "Figenia in Aülis", de Gluck; "Serenata Española-Cádiz", d'Isaac Albéniz; i "Maruxa", d'Amadeu Vives.  

La cara millor conservada correspon a un fragment de l'obra de Gluck, d'uns cinc minuts, mentre que la resta d'enregistraments presenten un nivell de soroll que en dificulta l'audició. 

La troballa també té un valor documental pel que fa a l'ús dels discos d'acetat durant la guerra per enregistrar discursos polítics. Un dels discos conté part d'un parlament de Bibiano Fernández Osorio y Tafall, que va ser alt comissari de l'exèrcit de Terra de la República. El discurs, en castellà, fa referència a la defensa de Madrid i Catalunya, als 22 mesos de guerra transcorreguts i a la lluita contra el feixisme. 

El disc que conté el parlament havia estat ratllat expressament pels tècnics de Ràdio Associació i no estava etiquetat, però a contrallum encara es pot llegir la inscripció "DISCO MALO PARA TIRAR - SALVAR LA OTRA CARA QUE ES BUENA". Segons les memòries del locutor Teodor Garriga, la "màquina d'enregistrar discos" de l'emissora permetia conservar discursos de personalitats dels dos bàndols del conflicte, entre els quals els de Lluís Companys, Josep Tarradellas, Carles Pi i Sunyer, Frederica Montseny, Manuel Azaña o Juan Negrín. 

La recuperació dels enregistraments permet també reivindicar el paper que l'emissora va donar a la música. L'Orquestra Simfònica de Ràdio Associació es va consolidar a partir de 1935 i va arribar a tenir 40 professors. Per la formació hi van passar músics i directors com Baltasar Samper, Joaquim Serra, Ramon Gorgué, Antoni Català, Francesc Palos i Joan Pich Santasusana, mentre que el concertino era Enric Casals, germà de Pau Casals. 

Pich Santasusana va dirigir l'Orquestra Simfònica de Ràdio Associació des de finals de 1936 fins al gener de 1939. En total, va dirigir 187 concerts als estudis de l'emissora, a més de les actuacions públiques. Un dels darrers grans concerts amb públic va tenir lloc el 18 de desembre de 1938 al Teatre Olympia. El darrer concert es va fer el 21 de gener de 1939 i es va retransmetre en directe des dels estudis de Ràdio Associació, pocs dies abans de l'entrada de les tropes franquistes a Barcelona. 

 

[Imatge: Ràdio Associació de Catalunya - font: www.racocatala.cat]