quinta-feira, 30 de abril de 2026

La «prioridad nacionalista» vasca con los inmigrantes

El nacionalismo vasco es una ideología fracasada porque, después de casi medio siglo de predominio, ha demostrado que el euskera no es capaz, ni de lejos, de sustituir al español como lengua de uso habitual en el País Vasco.

El lehendakari Iñigo Urkullu junto a Andoni Ortuzar, presidente del PNV, durante la celebración del Aberri Eguna. 

Escrito por Pedro José Chacón Delgado

Con la legalización masiva de inmigrantes a la que estamos asistiendo, el Gobierno vasco ha pedido la inclusión, en el expediente de regulación para el caso vasco de alguna fórmula acreditativa del interés del inmigrante hacia el euskera.  

Su propuesta ha sido ignorada por el Gobierno de Pedro Sánchez con la razonable premisa de que a los inmigrantes hay que tratarlos a todos por igual.  

Y hasta tal punto llega la dependencia del nacionalismo vasco respecto de Sánchez, que ni siquiera EH Bildu ha protestado, salvo por unas tímidas declaraciones de Otegi, cuando sabemos que el tema del euskera es el santo y seña del nacionalismo vasco.  

En realidad, a la hora de justificar ese interés por el euskera, al Gobierno vasco le habría bastado, como le basta en la realidad política y social vasca que conocemos los que vivimos aquí, con que el inmigrante en cuestión presentara un certificado, en este caso de estar matriculado en alguna academia de euskera (euskaltegi).  

Porque así está montado el sistema de euskaldunización en el País Vasco: acreditaciones, exámenes, perfiles lingüísticos y todo lo que pueda ser contabilizado por la Administración, cumpliendo así a la perfección el dicho castizo de "hecha la ley, hecha la trampa", como lo demuestra el uso real del euskera, muy alejado de lo que quisieran las estadísticas oficiales.   

Para el caso de los inmigrantes, desde hace más de veinte años el Gobierno vasco puso en marcha un curso llamado AISA, donde se les introduce a los recién llegados en los rudimentos de la lengua vasca. Dicho curso se basa en dos presupuestos que son los que informan la política de euskaldunización del nacionalismo gobernante y, por tanto, el armazón ideológico mismo del nacionalismo.   

Uno es el de que el País Vasco solo es una parte de un pueblo llamado Euskal Herria ("el país del euskera"), un Estado primigenio que, por una cuestión de fronteras invasoras e impuestas, quedó dividido en dos Estados (España y Francia) y tres regiones: País Vasco, Navarra y el País Vasco francés. Este último, entelequia en el país vecino, con rango administrativo de mancomunidad de municipios, dentro del departamento de Pirineos Atlánticos y con el agua, las basuras y el alcantarillado como casi únicas competencias.   

Lo de que tal pueblo vasco nunca haya protagonizado nada en la historia se explica por la opresión sufrida.   

Y el otro es que en esa Euskal Herria se hablaba antes solo en euskera pero que, debido sobre todo a la invasión española, dicha presencia del euskera retrocedió, ante lo cual surgió el nacionalismo cuyo objetivo sería "normalizar" la situación, es decir, devolver al euskera su pasada condición de idioma principal y con ello la soberanía perdida.   

No ha habido en todo este tiempo que llevamos de democracia, desde que falleció el general Franco, ninguna opción política en el País Vasco que haya cuestionado ese relato ideológico de raíz.  

Para ello habrían bastado dos ideas muy sencillas y sensatas, a mi juicio.   

Una, considerar que una lengua no es un objeto de comunicación químicamente puro, ajeno a las condiciones políticas, sociales, económicas y culturales que genera su uso.   

Y otra, que no es cierto que todas las lenguas sean iguales, porque a la vista está que, con el euskera, por mucho que se apoye desde todos los frentes oficiales, llevamos ya casi cincuenta años de régimen nacionalista y su uso baja hasta en las zonas donde fue mayoritario, como acreditan tozudamente todas las encuestas. Lo cual tiene que ver obviamente con la estructura misma de una lengua que exige que pienses de antemano todos los componentes de la oración antes de decidir qué forma verbal lleva, lo cual no resulta nada práctico para expresar espontáneamente oraciones complejas.   

El curso diseñado desde el Gobierno vasco para los inmigrantes desde hace más de veinte años, llamado AISA, presenta un país al que acaban de llegar que se llama Euskal Herria. España no aparece por ningún lado.   

El curso se desarrolla con unos personajes que interactúan y que enseñan a los estudiantes situaciones básicas de la vida diaria. Y los personajes principales son dos: Elena, colombiana, y Guillaume, francés.   

Hay otros personajes secundarios de otras procedencias, entre ellos, dos marroquíes, un rumano y una polaca. La profesora se llama Aitziber.   

¿A quién representa Guillaume? Se supone que a los inmigrantes europeos occidentales.   

¿Qué porcentaje de inmigrantes de Europa occidental hay en el País Vasco? Muy pequeño, comparado con el de inmigrantes de América del Sur, Magreb o Europa del Este. Y generalmente conformado por personas de alto nivel formativo y económico que lo último que harían sería ponerse a estudiar euskera.   

Y, sin embargo, Guillaume es personaje principal del curso. Junto con Elena, colombiana. Una Elena que habla español, pero llega al País Vasco y, en lugar de integrarse fácilmente gracias a su lengua materna, quiere estudiar euskera y lo va a hacer junto con Guillaume, que es francés y llega a Euskal Herria también con ganas de convertirse en vasco.   

La manipulación ideológica del curso de aprendizaje para inmigrantes del Gobierno vasco se pretende enmascarar de dos maneras: convirtiendo a Guillaume en igual de extranjero que Elena y justificando la no presencia de ningún personaje procedente de otras partes de España en que esos inmigrantes no serían extranjeros en el País Vasco. Pero Guillaume, como ciudadano del espacio Schengen, tiene los mismos derechos que cualquier español para residir en el País Vasco, ¿por qué a efectos del curso se le considera extranjero, como si fuera colombiano o magrebí?    

Lo que nadie que no viva en el País Vasco apreciará fácilmente es que el Guillaume francés está en el curso porque para el nacionalismo vasco su único Estado enemigo es España, no Francia, aunque en el País Vasco francés el euskera no sea ni lengua oficial.    

Y los llegados al País Vasco de otras partes de España no aparecen en el curso no porque no sean extranjeros, sino porque a la gran inmigración española del siglo XX el nacionalismo le quiso dejar claro desde el principio que lo español en el País Vasco solo tiene dos salidas posibles: o convertirse en vasco o no ser nadie.   

A los extranjeros, en cambio, franceses incluidos, se les hace ver que existe una Euskal Herria sin conexión ninguna con España, inculcándoles la ilusión de que no sería necesario saber español para vivir aquí.   

El nacionalismo vasco es una ideología fracasada porque, después de casi medio siglo de predominio, se ha demostrado que el euskera no es capaz, ni de lejos, de sustituir al español como lengua de uso habitual en el País Vasco.   

Pero ellos nunca van a reconocer la evidencia porque el tema del euskera, tal como lo han concebido y manipulado, es su única razón de existencia política. Y con excepción de la élite que maneja el poder y se sirve de él, la mayoría intuye, en el fondo, que vive una pesadilla de la que hay que salir como sea.   

Ojalá que los inmigrantes recién llegados, por su bien, tarden poco en comprender el engaño.


Pedro Chacón es profesor de Historia del Pensamiento Político en la UPV/EHU.

 

[Foto: Efe - fuente: www.elespanol.com]


Quand le fisc inspire un roman

Quand bien même l’Autriche semblerait aujourd’hui réconciliée avec une autrice toujours prête à jouer les trublions, l’œuvre d’Elfriede Jelinek lui a depuis des années valu autant de scandales et de critiques hargneuses que d’éloges et de prix (dont le Nobel en 2004). Les écrivains du « Groupe de Vienne » des années 1950 ont pu montrer la voie à la romancière débutante ; cependant, sa curiosité, jointe à une impressionnante culture, l’a poussée à explorer tout le spectre de la création. Mais Déclaration de la personne est tout simplement né de la colère provoquée par un contrôle fiscal ! 

« Le tiroir du célibataire », John Haberle (1890) © CC0/WikiCommons

Écrit par Jean-Luc Tiesset   

Elfriede Jelinek s’est acquis une solide réputation d’autrice engagée et critique de la société, viennoise de préférence. Qu’il s’agisse d’y débusquer les traces d’un passé mal surmonté ou d’en dénoncer les travers, les abus ou le sexisme. Mais elle le fait dans cette langue variée et vigoureuse dont le jury du Nobel a loué l’originalité et la musique singulière. Déclaration de la personne en offre une nouvelle variation parfaitement orchestrée, où chaque phrase peut revendiquer son rôle dans le flot ininterrompu du récit : « Une phrase ne sait pas ce que l’autre signifie, ces phrases stupides ne m’écoutent pas, elles n’écoutent pas ce que je dis, elles ne ressentent pas ce que j’entends, non, c’est l’inverse, elles n’entendent pas ce que je ressens, elles disent quelque chose, elles disent son contraire, mais ce qu’elle veulent de moi, elles ne le disent pas, alors qu’elles le savent. » L’œuvre se serait-elle affranchie d’une autrice dépassée par sa propre création ? Cette revanche de la phrase sur celle qui l’a conçue n’est sans doute pas à prendre au pied de la lettre, mais traduire la langue d’Elfriede Jelinek n’en reste pas moins un véritable défi que Sophie Andrée Fusek a relevé ici avec beaucoup de brio

Elfriede Jelinek est de nationalité autrichienne, mais elle réside aussi en Allemagne. Les autorités ayant un jour voulu vérifier sa déclaration de revenus, et surtout la réalité de sa domiciliation fiscale, le contrôle est passé par des perquisitions, l’examen de son ordinateur, une inspection tatillonne et de nombreuses questions indiscrètes : voilà de quoi inspirer un roman qui permet à l’autrice de jeter son habituel regard critique et sarcastique sur le monde qui l’entoure, mais aussi de dévoiler quelque chose d’elle-même et d’évoquer (ou d’invoquer) avec délicatesse les morts de sa propre famille. La langue administrative des formulaires (dont on sait les beautés cachées !) devient, par jeu ou par dérision, une incitation à en écrire davantage, en prélude à un long texte filé où les confessions se mêlent aux dialogues avec les personnages que l’autrice convoque en imagination.

L’obligation de se justifier est aussi l’occasion d’un retour sur soi. On ne s’étonnera donc pas si des accents plus personnels, des confidences nouvelles, rendent le livre proche. La première phrase donne le ton, à dessein faussement familier : « Bon, reconstituons le parcours de ma vie, ce qui compte, c’est que je n’aie pas à le reparcourir, les derniers mètres me suffisent, je préfère me retirer moi-même que de détourner quoi que ce soit, c’est que la fraude est devenue un sport national. » Persifleuse, mais lucide, Elfriede Jelinek s’interdit toutefois de se poser en martyr : « Je me plains constamment, mais non, je n’ai pas été persécutée. Persécutés, d’autres l’ont été. » Ce seul mot fait alors resurgir du passé ceux qui ont disparu pendant le nazisme, abandonnant au passage leur argent en d’autres mains très peu recommandables.   

Qui est qui ? Qui fait quoi ? Les indications sommaires d’un protocole standardisé ne suffisent pas à résumer une identité. Elfriede Jelinek donne quelques détails sur sa famille, aujourd’hui réduite à presque rien, mais sur laquelle elle est invitée à rendre des comptes : son enfance, ses parents, sa mère avec qui elle vécut longtemps, son père d’origine juive qui échappa à la déportation parce qu’utile à l’économie de guerre, ses deux grands-tantes déportées, son oncle Adalbert mort à Dachau, son cousin Walter qui a survécu, et même un lointain ancêtre révolutionnaire !  

Le récit prend donc rapidement une forme plus complexe qu’on ne pouvait le supposer, faisant émerger du flot verbal des thèmes qui se croisent et reviennent en une infinité de variations, tandis que le passé récent interfère avec l’époque actuelle : l’argent-la fraude-le pouvoir d’un côté, le bourreau-la victime-le crime de l’autre. À la persécution en effet se superpose l’argent, objet du litige comme de toutes les convoitises, et lui-même introduit ceux qui le possèdent, le perdent ou le volent : entrent en scène les opportunistes qui ont jadis spolié les Juifs et fait des affaires avec les nazis, mais aussi les fraudeurs du fisc ou auteurs de scandales financiers d’aujourd’hui. Optimisation fiscale, sociétés offshore et paradis fiscaux reviennent ainsi à leur tour en leitmotivs, alors que les trafics sont aujourd’hui facilités par une technologie qui permet le déplacement presque instantané de sommes colossales en quelques clics.   

En même temps qu’elle rend justice aux véritables victimes en se défendant d’en être une, Elfriede Jelinek s’en prend à leurs bourreaux : parmi les Autrichiens, Alois Brunner, connu en France comme le « bourreau de Drancy », qu’on suppose mort longtemps après la guerre, en Syrie ; Arthur Seyss-Inquart, fondateur du parti nazi autrichien et commissaire du Reich aux Pays-Bas, pendu à Nuremberg. Mais il en est d’autres avec lesquels la justice ne s’est guère montrée pointilleuse… L’héritage des aînés, victimes ou bourreaux confondus, est dans tous les cas difficile à assumer pour la génération suivante, et, après avoir apostrophé fictivement les sinistres figures sorties du passé, Jelinek s’adresse par exemple à son collègue écrivain Ferdinand von Schirach, petit-fils du chef de la Jeunesse hitlérienne et Gauleiter de Vienne Baldur von Schirach.   

Du jeu de mots à la plaisanterie la plus mordante, le récit se construit sur un ton plus caustique que bienveillant par vagues successives ; il prend forme à travers de multiples reprises ou variations, à la manière d’une construction musicale. Des événements passés, la critique s’étend à l’actualité, car les persécutés et les exilés de jadis ont beau laisser la place aux migrants d’aujourd’hui, c’est toujours la même question qui revient : qui accepte-t-on, qui refuse-t-on ? Consciente que son cas n’est rien comparé à ce que d’autres souffrent ou ont souffert, Elfriede Jelinek aspire à parler au nom des véritables victimes, tout en interrogeant la légitimité de l’écrivain(e) à le faire : « Laissez-moi donc jouer la victime ! Du moins, une amie des victimes, oui, ça ne peut pas faire de mal, voilà mon souhait. Exactement ! Je ne me contente pas de regarder. Je parle pour elles, comme une petite voix, mais il y a tant de morts qui veulent aussi avoir la parole, ils veulent parler d’une seule voix, mais pas avec la mienne, me dit-on. »  

Placée par la force des choses au centre d’un récit que, d’une certaine manière, on lui a imposé, Elfriede Jelinek en ouvre donc immédiatement le cadre : devenue suspecte et devant rendre des comptes à l’administration, elle se rapproche d’autres victimes qui, dans le même lieu mais en d’autres temps, ne s’en sont pas tirées à si bon compte. Emboîtant le pas à son compatriote Thomas Bernhard, elle martèle la culpabilité de l’Autriche, et, plus encore, elle accuse la justice d’avoir deux poids, deux mesures, d’avoir moins bien rétabli dans leurs droits les Juifs spoliés ou leurs familles que les nazis, une fois la guerre terminée. Mais la langue allemande aussi est suspecte, cette langue qu’il lui faut justement sans cesse remodeler pour lui rendre son innocence, et dont elle dit à la fin, mi-gouailleuse, mi-sérieuse : « Il y a la bonne langue allemande avec tant de mots !, fabuleux !, elle me fait vivre alors que d’autres meurent à cause d’elle, ils me viendront à l’esprit, les mots, si j’y travaille plus longtemps, et ne serait-ce que pour éviter qu’ils me travaillent ». N’est-ce pas là une des clefs de l’écriture d’Elfriede Jelinek ?  

Par sa longueur calculée, sa structure discontinue, ses ralentis et ses accélérations, le temps du récit n’est pas sans rapport non plus avec le temps du covid, dont la pesanteur différente permit à l’écrivaine de polir tout à loisir ce roman publié en Allemagne en 2022. Derrière son apparente spontanéité, la langue d’Elfriede Jelinek témoigne ici de sa maîtrise dans l’art du phrasé, alors que la vérité profonde du texte se trouve dans le choix, la sonorité et l’agencement des mots plus que dans leur sens affadi ou dévoyé par l’usage. En dépit des différences, elle manie presque la langue à la manière de Flaubert, et on retrouve, mis en sourdine, le souvenir de Schubert, du Voyage d’hiver qui lui est si cher. Il en résulte un texte qui n’attendait que d’être porté en scène pour y être joué et dit à haute voix, tant l’écriture (sans même parler du sujet) y invitait : ce qui fut fait pour la première fois dès la fin de l’année 2022 au Deutsches Theater de Berlin.

 

Elfriede Jelinek | Déclaration de la personne. Trad. de l’allemand (Autriche) par Sophie Andrée Fusek. Seuil, 240 p., 21,90 €   


[Source : www.en-attendant-nadeau.fr]


Donatella Di Cesare: «S’està imposant una nova forma de govern que va més enllà de l’erosió de la democràcia»

La filòsofa Donatella Di Cesare diu que la nova realitat política s'ha d'entendre amb el concepte de «tecnofeixisme».

Donatella Di Cesare

Escrit per Joan Burdeus

Crític cultural. Filosofia, política, art i pantalles


Donatella Di Cesare és professora de Filosofia Teorètica al Departament de Filosofia de la Universitat La Sapienza de Roma: els seus llibres han estat traduïts i debatuts a gairebé tots els països europeus i és una d’aquelles veus una de les veus filosòfiques més presents en el debat públic, tant acadèmic com mediàtic. Per primera vegada, arriba en català un llibre, Tecnofeixisme (Arcàdia) amb un títol d’aquells que produeix debat perquè mira d’introduir un concepte nou: el tecnofeixisme. Parlem sobre l’estat actual. Parlem de feixisme, nació, tècnica i guerra. 

De les dues paraules que s’ajunten per parlar de tecnofeixisme, comencem per la qüestió del feixisme. Per què parlar de feixisme és més adequat que de populisme, o d’autoritarisme? 

Ha començat una altra època, hi ha una ruptura epocal, especialment arran de la Guerra d’Ucraïna. I en aquests nous temps s’està imposant una nova forma de govern que, en realitat, és una forma de totalitarisme. Cal parlar de totalitarisme perquè va més enllà de l’erosió de la democràcia. Per totalitarisme, jo entenc el que entén Hannah Arendt: una democràcia que es tanca sobre ella mateixa. El problema és que no tenim les paraules per designar el que està passant. Per mi, cal diferenciar entre els historiadors i els filòsofs. Per als historiadors, tot es va acabar el 1945. S’acaba el feixisme històric i es tanca capítol de la història. En canvi, molts filòsofs, com per exemple Michel Foucault, continuen parlant de feixisme, que entenen el feixisme com una categoria política que no s’esgota, sinó que continua. Què vol dir populisme? Hi ha populisme d’esquerres. A vegades hi ha populisme justificat, que es fonamenta en raons. I parlar d’autoritarisme també és massa superficial. Jo crec que cal dir feixisme perquè hi ha tendències feixistes. Per mi, la clau és el que anomeno tendència etnocràtica: l’afirmació de les fronteres ètniques del poble, declarar que l’ethnos té prioritat sobre el demos, és una continuïtat clara amb el feixisme històric.  

I la qüestió tecnològica? 

En els últims anys la tècnica s’ha desenvolupat molt: hi ha hagut una gran acceleració. El problema és que la tecnologia és un engranatge dins del qual ens trobem tots: tots nosaltres, també els polítics. La tècnica ha canviat la política, i també la guerra. Ja no vivim en l’època de Clausewitz, que deia que “la guerra és la continuació de la política per altres mitjans”. Avui la guerra és una expressió de la tècnica que acaba amb la política: la política és forçada a prendre decisions que després ja no pot governar. Al llibre parlo de suspensió tecnobèl·lica de la democràcia. Per exemple: els pobles a Europa no volen la guerra: ni la d’Ucraïna, ni la de Gaza, ni la de l’Iran i, malgrat tot, l’aliança entre tecnologia i indústria bèl·lica porta els polítics a la guerra. Aquesta aliança entre les grans empreses tecnològiques i la indústria bèl·lica és la novetat respecte del feixisme clàssic. Hi ha continuïtat i hi ha novetat, per això crec que tecnofeixisme és la paraula adequada.  

El feixisme clàssic era molt ideològic: la tècnica té ideologia o és absència d’ideologia?  

Els totalitarismes que coneixem del segle passat van ser molt ideològics. Van ser capaços de mobilitzar les masses amb ideologia En canvi, el totalitarisme actual no fa servir la ideologia, sinó la tècnica. Avui el problema no és el d’un líder fort, sinó del poder concentrat en un engranatge i molt poques mans. 

Al llibre dones importància a la pandèmia. 

La pandèmia és molt ambigua. De fet, és des de la pandèmia que es deixa de parlar de creixement. D’una banda, ha permès noves formes d’autoritarisme. El 2020, Orbán la va aprofitar per presentar-se al parlament i prendre plens poders. Alhora, vam tenir una ocasió per canviar i ser més solidaris. Però aquest impuls solidari es va tallar de cop amb la guerra, i de la pandèmia només en queden les formes d’autoritarisme. Hi ha continuïtat entre la pandèmia i el que vivim ara.  

Per què el demos ja no té kratos?  

Aquest és el gran problema: que el demos no té kratos vol dir que el poble no té poder. Però kratos no vol dir només poder per governar, sinó també capacitat d’imaginar, de projectar-se en el futur, de decidir i de canviar. El problema és que vivim temps d’impotència política. No és un problema privat, sinó públic, és el problema de la despolitització. Que és justament l’aspecte que pren el tecnofeixisme, no és casual. El tecnofeixisme produeix subjectes aïllants sense lligams polítics.   

L’arrel d’aquest canvi de governança és cultural o material?  

Crec que la clau és que vivim en un capitalisme de la finitud, un capitalisme en què ja no es parla de creixement. La retòrica del creixement econòmic que es reparteix entre tots s’ha acabat. Simplement, el sistema divideix entre els que se salven i els que no se salven. El problema de la nova dreta, la clau del seu èxit, és que parlen només als que se salvaran. Els hi diuen “jo et protegiré, jo et defensaré, mentre que hi ha uns altres, uns “ells”, que no se salvaran”. Això és apocalíptic. El motor sistema és el complex turístic que Trump volia construir Gaza: un capitalisme que ha de destruir per reconstruir.   

Quan parles d’etnocràcia, vens a dir que els que se salvaran són els membres, l’ethnos, i no els del demos, que qualsevol afirmació d’una ètnia per sobre d’una altra acaba amb la democràcia. No pot haver-hi nacionalisme cívic?   

El nacionalisme és encara un concepte de la modernitat, està lligat a la formació de les nacions al segle XIX. En canvi, jo parlo d’etnocràcia perquè és una paraula nova. Es va fer servir per primer cop per parlar d’Israel quan, el 2018, la dreta israeliana va limitar els drets dels ciutadans palestins. La reducció intencional del demos a l’ethnos, per remodelar ètnicament el poble i la política de la remigració.    

A Catalunya, igual que per a moltes nacions oprimides per un estat, el nacionalisme pot ser el motor de l’emancipació, tal com va explicar Lenin.  

Per mi això és el gran error de l’esquerra. Crec que avui el nacionalisme és incompatible amb la democràcia. Crec que és un error cultural i polític. I penso que això es veu clarament en el fet que no hi ha una resposta d’esquerres al problema de la immigració. Per mi l’esquerra no pot ser nacionalista. Sé que a Espanya és difícil, perquè Espanya no és una nació i hi ha bascs i catalans. Però per mi el nacionalisme té sentit en el segle passat, avui ja no es pot apel·lar al nacionalisme per solucionar els problemes.  

Donatella Di Cesare

Jo puc entendre l’argument filosòfic que diu que, en última instància, tot nacionalisme es basa en distincions culturals arbitràries amb un potencial excloent, que el dret d’una ètnia a tenir la propietària preferencial d’un territori no es pugui justificar en el sentit filosòficament fort del terme. Però si, des del punt de vista pragmàtic, avui la nació és la principal eina per crear solidaritat entre ciutadans i els únics instruments de poder que té la democràcia per controlar el capitalisme es troben en el nivell de l’estat nació, com es resol el dilema clàssic entre un capital que és global i una democràcia que no?  

Jo crec que és un fals dilema. No pot haver-hi un estat nacional democràtic que defensi només els seus ciutadans del capital global. Aquesta és l’alternativa que planteja la nova dreta. Però tenim una altra possibilitat: la Unió Europea. Una nova forma política supranacional que permet que cohabitin tots els pobles. El problema és que la Unió Europea ha fracassat. Però que la Unió Europea hagi fracassat no vol dir que la resposta sigui l’estat-nació, crec que l’única forma de combatre el capital global és amb estructures postnacionals que vagin més enllà.  

En absència d’aquestes estructures i en el desprestigi total de la Unió Europea, com pots mobilitzar la gent que pateix els estralls del capital global sense referència als instruments de l’estat i la nació?   

Crec que, si l’esquerra fa servir aquest marc, sempre perdrà en la competició electoral contra la dreta. L’esquerra necessita fer un discurs sobre la immigració diferent del que fa la dreta, i jo crec que aquest discurs no pot estar basat ni en el nacionalisme ni en l’ètnia, que cal parlar d’estructures supranacionals i de ciutadania democràtica.   

En què ha fallat l’esquerra i el centre perquè la nova dreta li hagi pres l’hegemonia?   

En moltes coses. Per exemple: s’acaben de reunir ara a Barcelona un seguit de polítics que s’anomenen “progressistes”. Per mi, la paraula ja és equivocada. El progressisme és un concepte de la modernitat que s’ha acabat. Com es pot reivindicar el progrés sense tenir en compte tots els seus aspectes negatius? Per què no dir, simplement, “esquerra”? La idea que els reaccionaris miren al passat i els progressistes miren al futur és completament equivocada; ja no ens trobem als anys vuitanta. En canvi, la nova dreta parla dels problemes d’avui, entenent com funciona la tècnica, i han format mites molt potents.  

I com hauria de parlar l’esquerra?   

L’esquerra hauria de fer un discurs pacifista, hauria d’entendre el perill de la tecnocràcia, i saber desenvolupar un lligam entre els pobles. Jo sé que aquí no ho patiu tant, però a Itàlia sentim molt la guerra d’Ucraïna. I jo dic sempre que l’esquerra va acabar-se a Kíiv, quan va aparèixer una esquerra bel·licista, que està a favor del rearmament i d’un exèrcit europeu. Això no és una política de pau.   

No és difícil fer la pau amb la Rússia de Putin?   

No hi estic gens d’acord. Crec que Rússia és europea i el que ha passat és culpa de la manca de negociacions i diplomàcia per part de la Unió Europea. Per mi és una bogeria. Naturalment, això es deu a la intenció dels Estats Units volien fragmentar la Unió Europea i debilitar Alemanya.   

Com es poden articular respostes com les que proposes?   

Jo soc filòsofa, i no puc respondre com s’han d’articular en forma de moviment polític aquestes idees i demandes. Però crec que cal un diagnòstic del que passa, perquè, si no, sempre repetirem els mateixos errors. Així i tot, jo soc optimista perquè percebo una reacció dels pobles europeus de baix a dalt. Veig que la gent no vol la guerra, sinó cohabitació. Especialment els joves. Són els partits tradicionals de l’esquerra els que no estan sabent captar i canalitzar això. El poder de la tècnica que intenta controlar-ho tot i promoure la guerra és molt gran, però sempre topa amb un límit, i és aquí on s’ha de treballar la política.


[Fotos: Marina Miguel Pavia - font: www.nuvol.com]

quarta-feira, 29 de abril de 2026

L’Alguer impulsarà el català a l’administració, la cultura i l’escola

La Regió de Sardenya dobla els recursos per a un projecte de promoció de l’alguerès


El Comú de l’Alguer ha posat en marxa un pla per impulsar el català amb un pressupost de 60.000 euros anuals, el doble que els anys anteriors. El pla, finançat per la Regió de Sardenya, preveu promoure l’alguerès a l’administració, a la cultura i a l’ensenyament.

L’Ofici Lingüístic Municipal reforçarà el seu paper de coordinació amb les associacions culturals i la promoció de l’ús de la llengua en la vida pública i es duran a terme dues accions específiques més. A través del Museu del Corall es vol potenciar la tradició marinera de la ciutat i lligar-la al català amb la traducció a l’alguerès dels seus continguts i la digitalització dels textos. D’aquesta manera, l’alguerès no és vist només com un element simbòlic, sinó com una llengua de comunicació amb els visitants.

Pel que fa a l’àmbit educatiu, es posa en marxa el projecte La Vida Continua que consisteix a introduir l’alguerès a les escoles de primària a través de cançons en per a infants en català escrites per autors locals que serviran de vehicle d’aprenentatge. El programa preveu una actuació coral i l’enregistrament d’un CD. Més endavant es posarà en funcionament el projecte Escola Nova per introduir el català a les escoles infantils amb materials didàctics dissenyats per la Consulta cívica i de les associacions culturals. 

El responsable de Polítiques Lingüístiques, Francesco Marinaro, creu que tots aquests projectes donaran “resultats tangibles” a favor de la llengua.


[Font: www.diaridelallengua.cat]

«Reencontro», un libro de Fred Uhlman

Escrito por Ramón Nicolás

Fred Uhlman

Reencontro

Galaxia, Vigo, 96 páxinas, 12,90 €, 2025

Ben é certo que existe unha tradución ao galego deste breve libro desde hai vinte e oito anos. Miguel Pérez Romero asinaba xa daquela a tradución que agora ve de novo a luz cun cambio de imaxe moi acaído. Por diversas razóns non cheguei a este libro até hai unhas semanas e non podo deixar a ocasión de sinalar, con brevidade, algunhas das favorables impresións que me causou a súa lectura.  

Reencontro, así pois, é un libro que publicou, comezada había pouco a década dos anos setenta do século pasado, Fred Uhlman (Stuttgart, 1901-Londres, 1985), que vivira a súa nenez e mocidade entre a Selva Negra e o lago Constanza, naquel país que transitou da experiencia democrática da República de Weimar ata progresión ininterrompida de Hitler e o nazismo. E velaquí un dos eixes fundamentais que alimentan esta novela, publicada por un autor que sufriu o exilio desde 1933 ata que recalou en Londres para dedicarse á pintura e á produción literaria.  

En efecto, case resulta imposible achegarse a estas páxinas sen entender que as súas liñas se asentan nunha reflexión autobiográfica sobre a amizade nun contexto político e social onde as diferenzas sociais van converténdose nun abismo infranqueable entre os Hohenfels e os Schwarz que vivirán, malia unha ollada común ao mundo desde as instancias da literatura e da filosofía, unha existencia que proxectará destinos cruzados para sempre.   

Uhlman non se deixa levar, en ningún momento, por lirismos lacrimóxenos: antes ben expón unha historia, arraigada no amentado proceso histórico, relatada con pulso contido, desde unha inspiración fragmentaria que desemboca nun final verdadeiramente inesperado e ao que cómpre agardar porque o que se relata é un “reencontro” instalado na evocación e na memoria, activada a partir dun pequeno detalle que neste caso son as liñas dunha carta recibida.   

Un volume que, desde o momento histórico que vivimos, talvez sexa máis necesario que nunca e para todas as idades. Ademais, no caso de que sexa necesario, a obra cunha versión cinematográfica, con guión de Harold Pinter baixo o título de Reunion (1989) e cun relato complementario do mesmo autor titulado Unha alma valorosa (1985), aínda non traducido ao noso idioma.

 

[Fonte: cadernodacritica.wordpress.com]

Tecnofeixisme

 

Escrit per Alfons Duran-Pich

En aquest cas la semàntica ens ho posa fàcil: “tecno” de tecnologia; “feixisme” de feixisme. El problema el tenim amb l’últim vocable, ja que en la seva descripció pesa més el connotatiu que el denotatiu, al que podríem afegir la ignorància dominant no sols en la massa poblacional sinó també en els oficiants de la comunicació.

Aquests vociferants necis deixen anar “ets un feixista” i es queden tan amples. Quan una cosa serveix per a tot és que no serveix per a res.

El feixisme, nascut a Itàlia de la mà de Mussolini, fou una ideologia, un règim i una forma de govern. Benito Mussolini era un polític socialista més llest que intel·ligent que, a principis del segle XX, va trobar un espai polític en una Itàlia confusa i ho va aprofitar. S’inventà una ideologia i un partit de masses, acudint a les capes més baixes de la població; va arrossegar els temorosos petitburgesos (sempre presents en qualsevol nació) i va dominar les classes altes. Va apostar per un nacionalisme reaccionari, va defensar el format de partit únic, va escombrar les restes del parlamentarisme i va muntar un espectacle (la marxa sobre Roma del 1922) per donar un cop d’Estat. D’això Walter Benjamin en deia “l’espectacle” i més tard Guy Debord ho va ratificar.

Un cop controlada la societat per les seves bandes pseudomafioses de “camises negres”, va copiar dels nazis alemanys el concepte “d’espai vital” (Der Lebensraum), que suposava estendre el territori nacional. Com que no ho podia fer a Europa, va traslladar el seu exèrcit a Àfrica i va crear un cert imperi colonial. Aquest concepte, que es recolza sobre un suposat “temor existencial”, és el que també defensen els sionistes del “gran Israel”.

La ideologia feixista és un còctel difícil de pair. Hi ha empremtes diverses que neixen de les lectures malprocessades per un jove i exaltat Mussolini. Trobem referències a Charles Maurras i Maurice Barrès (a l’extrema dreta de l’espectre), però també a Marx i Engels, passant per Schopenhauer i Nietzsche.

El model feixista italià va tenir les seves rèpliques en altres països, amb un èmfasi especial a l’Espanya de Franco, a la qual a més va ajudar durant la guerra, destacant entre altres de les seves gestes el bombardeig de diferents poblacions i la matança de civils.

El feixisme és teatral, demagògic, violent, instintiu. Quan mata ho fa per divertir-se. No té la fredor del nazisme, que persegueix l’eficiència i transforma la raó en racionalitat (s’organitza per matar i ho fa de manera macabra).

Al feixisme dominen les desfilades, els tambors, els símbols, els uniformes, les multituds, les cançons. Hi ha un cert espai per al lirisme. Tot és coreografia. En paral·lel s’endureixen: “Qui no s’adhereixi a nosaltres ha de ser combatut fins a la mort”. No posa un èmfasi especial en la raça, un dels punts centrals de la ideologia nazi, en el que aquesta última coincideix amb l’imperi japonès.

Les afinitats entre feixisme, nazisme i nacionalisme japonès conformen “l’Eix” (pacte tripartit de 1940), que té una obsessió comuna per derrotar el comunisme i enderrocar l’ordre internacional per crear “un nou ordre”.

Hi ha encara residus de feixisme, sobretot a l’Occident europeu. A l’Est, per contra, els residus més declarats són nazis, no feixistes, com és el cas d’Ucraïna.

Curiosament, a l’altra banda de l’Atlàntic tenim un representant polític que en molts aspectes té un perfil feixista. És un mentider, un manifest demagog, un histriònic, un enredaire. Aposta per la teatralitat. Li dominen els seus instints. Quan el president Trump (i a ell ens referim) va perdre les eleccions davant del mediocre Biden (novembre del 2020), va replicar l’acció de Mussolini i va animar els seus partidaris perquè executessin un cop d’Estat (assalt al Capitoli), liquidant el poder legislatiu, reunit precisament per certificar la victòria del candidat demòcrata. Hi va haver morts i ferits, encara que el cop d’Estat no va prosperar. Amb el temps sembla com si no hagués passat res, que és una mostra més de l’aborrallonament de les masses.

En el seu segon mandat, el senyor Trump manté els seus serrells feixistes (no tecnofeixistes) i en això podria ser considerat el darrer representant d’aquesta casta. Encara mana i molt, però no trigarà a ser reemplaçat per la nova generació de tecnòlegs.

El canvi de testimoni va quedar simbolitzat en una fotografia (que els historiadors més aguts consideren històrica) en què un grup de líders tecnològics assisteixen a la presa de poder del segon mandat de Trump (gener/2025). Allà hi ha Mark Zuckerberg (Meta/Facebook), Tim Cook (Apple), Elon Mask (Tesla/X), Jeff Bezos (Amazon) i Sundar Pichai (Google/Alphabet). Els va ser impossible assistir-hi i es van excusar, però formaven part d’aquest entorn Sam Altman (OpenAI), Bill Gates i Satya Nadella (Microsoft). Més tard el mateix Trump va ampliar aquest elenc nomenant Jensen Huang (Nvidia), Larry Ellison (Oracle) i Michael Dell (Dell) com a membres d’un consell presidencial.

Què tenen en comú tots aquests personatges? Que poden controlar el món a través de les noves tecnologies. No cal anar a les armes, a la violència, al discurs incendiari (model Goebbels). Només cal posar en marxa de forma plàcida el seu aparell de seducció. Tenen les masses al seu abast.

És el capitalisme de vigilància que Zuboff va denunciar però que ha anat més enllà. No només et vigilen, també et condicionen i determinen. I ho fan amb “afecte”, en un diàleg personal, en la intimitat. En el fons et substitueixen. Sense adonar-te’n, delegues la teva decisió en ells.

Extreuen les dades dels grans bancs d’informació, les ordenen, les classifiquen, les ajusten. Monopolitzen les plataformes i les xarxes socials. És el món del govern algorítmic al servei del poder, del poder dels diners.

Les grans corporacions tecnològiques, associades als oligarques camuflats i comptant amb el complex militar industrial com a aliat fix, manegen i controlen tots els aspectes de la vida dels ciutadans gràcies a la digitalització de la societat. Saben amb detall el que fas, com empres els teus diners, on vas i vens. Això els permet fer prediccions. Acaben gestionant la teva vida.

La societat, vulnerable i ansiosa, es plega als interessos dels tecnofeixistes. Li venen suposades amenaces i la distreuen amb formats actualitzats del “pa i circ”  romà: els grans esdeveniments esportius, els multitudinaris concerts d’estrelles, els relats esbiaixats de conflictes fabricats amb un toc emocional.

Les noves elits només necessiten les masses perquè “comprin i votin” (“buying and voting” ), sempre que ho facin com ells indiquen.

Es pot argumentar que això és més a prop del “totalitarisme”  (ideologia que controla tots els aspectes de la vida del ciutadà, com ho fan l’islamisme i el judaisme ultraortodox) que del “feixisme”, però hi ha alguna cosa en aquest últim que no hem d’oblidar: el seu flanc rupturista i innovador. I és que en el 1908 un poeta, escriptor i editor italià (Filippo Tommaso Marinetti), amant dels automòbils i la velocitat, va tenir un accident de cotxe i això el va portar a redactar posteriorment el “Manifiesto del Futurismo”, que és un cant a un suposat futur de glòria davant d’un present decadent i amoral. Aquesta línia de pensament va connectar més endavant amb el “Manifiesto de los intelectuales fascistas”, redactat per Giovanni Gentile (1925), al qual es van adherir notables personatges com Gabriele D’Annunzio, Luigi Pirandello, Curzio Malaparte i el mateix Marinetti.

I és que qualsevol corrent ideològic tracta de legitimar-se i per complir aquesta tasca hi ha els intel·lectuals. El tecnofeixisme modern també en té, encara que molts d’ells no ho facin per diners (l’habitual a la subvencionada Europa occidental), sinó per ambició personal.

Alguns anomenen aquest corrent “la Contrarevolució de Silicon Valley”. Ells consideren que la modernitat política és decadent (en això els donem la raó). Creuen que el liberalisme (no el neoliberalisme) és un projecte fracassat. Pensen que la civilització occidental està amenaçada i cal “purificar-la” (no ens expliquen com). Per acabar, estan obsessionats pel valor del coeficient intel·lectual, el geni i la intel·ligència, fins a extrems eugenistes.

Tenen antecedents al mateix Estats Units que pertanyen al corrent “llibertari” (un anarquisme de dretes), corrent minoritari però ben proveït econòmicament. Pensadors com ara Murray Rothbard, Curtis Yarvin o Hans Hermann Hoppe, que connecten la llibertat de mercat amb l’exercici autoritari del poder. Veuen la democràcia com un model decadent que cal substituir per un de tipus “monàrquic” (ells ja diran qui serà el rei). En aquest model no hi cap tothom i cal excloure els dissidents; així tindrem una societat homogènia i tranquil·la. Afegeixen una dimensió religiosa (una altra picada d’ullet a Mussolini, que va reconèixer a la Santa Seu com a Estat independent en els pactes de Letrán) i reclamen una transformació antropològica, a la recerca d’un “home nou” (el futurisme de Marinetti). La figura central del tecnofeixisme és Peter Thiel i els seus col·laboradors, dels quals ja vam parlar amb detall a la nostra columna sobre “The Paypal Mafia” (22.03.2026 https://www.alfdurancorner.com/articulos/the-paypal-mafia.html) .

Ara ens preocupa el que fa Donald Trump, però per als tecnofeixistes Trump ja és el passat.

Cal estar preparats pel que ve. I el que ve (amb paraules de Thiel) és que “democràcia i llibertat són incompatibles” i que “només el poder absolut pot salvar la civilització”.

Anem bé.

[Font: www.parlemclar.cat]

terça-feira, 28 de abril de 2026

«Al sur de tu corazón», canción compuesta e interpretada por Laura Canoura

 

No me prometas el sol

Me conformo con tus manos

Que recorren con soltura

Los rincones de mi cuerpo

Como viento de verano


Los anillos de Saturno

Se parecen a tu abrazo

Cuando el miedo de perderme

Me detiene y me hace

Volverme sobre mis pasos


Al sur de tu corazón

Habré de quemar mis naves

No creo que haya otro sitio

Más tibio para quedarme


No hace falta que me digas

Que yo soy la más bonita

Quiero tu beso más dulce

A las 6:00 de la mañana

Cuando finjo estar dormida


Por demostrar que me quieres

Yo jamás te pediría

Que te enfrentes con dragones

Me conmueve mucho más

Verte haciendo la comida


Al sur de tu corazón

Habré de quemar mis naves

No creo que haya otro sitio

Más tibio para quedarme


Al sur de tu corazón

Habré de quemar mis naves

No creo que haya otro sitio

Más tibio para quedarme


Mi idea de hombre ideal

Ha cambiado con los años

Más que el sol y los planetas

O dragones en mi armario

Quiero tenerte a mi lado


Así que

No me prometas el sol

Ni te enfrentes con dragones

Solo quiero que estés cerca

Para cuando no haya musas

Inspirando mis canciones


Al sur, al sur de tu corazón

Voy a detener mis naves

No creo que haya otro sitio

Más tibio para quedarme


Al sur de tu corazón

Habré de quemar mis naves

No creo que haya otro sitio, ahora sí

Más tibio para quedarme



Disco: Pasajeros Permanentes • 1998