domingo, 14 de junho de 2026

Cannes y las fronteras de la tolerancia

En sus películas galardonadas en Cannes, Mungiu, Pawlikowski y Zvyagintsev abordan un rasgo reconocible de nuestra época: las hondas fracturas ideológicas. 

Escena de Fatherland, de Paweł Pawlikowski.

Escrito por Ximena Hiriart Schyfter

Chéjov escribió que el trabajo del artista no consiste en resolver los problemas de su tiempo, sino en observarlos con claridad. No parece una coincidencia que Fjord, de Cristian Mungiu, Fatherland, de Paweł Pawlikowski, y Minotaur, de Andrey Zvyagintsev, las tres grandes ganadoras de la más reciente edición del Festival de Cannes, reflejen desde lugares muy distintos algo muy reconocible del momento histórico que estamos atravesando: la marcada polarización.

Ambientada en una remota ciudad noruega rodeada de fiordos y una blancura casi espectral, Fjord (Noruega – Francia – Rumania – Dinamarca – Suecia – Finlandia, 2026) sigue a una familia rumana que intenta construir una nueva vida lejos de Bucarest. Basada en la historia real de la familia Bodnariu, la película ganadora de la Palma de oro pone el sistema de protección infantil noruego en el centro de una disección moral tan aguda como deliberadamente ambigua. En su primera película rodada fuera de Rumania, Cristian Mungiu abandona el paisaje de su país, pero no sus obsesiones: las tensiones entre individuo y sistema, entre fe y burocracia, entre comunidad y exclusión. Sebastian Stan (El aprendiz) y Renate Reinsve (Valor sentimental) interpretan a Mihai y Lisbet Gheorghiu, una pareja perteneciente a una secta evangélica que educa a sus hijos bajo estrictas reglas religiosas.

Lo que le interesa a Mungiu no es juzgar, sino observar el choque entre distintos sistemas de valores. La película se pregunta dónde terminan los derechos de los padres sobre sus hijos y dónde comienza a intervenir la sociedad. Según ha dicho el director, las democracias suelen afirmar que protegen a las minorías, pero Fjord se pregunta por lo que ocurre cuando una minoría sostiene valores que la sociedad liberal considera moralmente inaceptables.

Uno de los momentos más reveladores ocurre cuando una maestra detecta un moretón en el cuello de una de las hijas y activa inmediatamente el protocolo escolar. La escena evita cualquier estallido melodramático: nadie levanta la voz, nadie parece particularmente cruel. Sin embargo, ahí aparece el mecanismo de violencia institucional que obsesiona al director. La sospecha se transforma casi instantáneamente en diagnóstico. Más adelante, durante un interrogatorio, Mihai intenta explicar en un noruego precario que le dio “una bofetada correctiva” a su hijo después de un conflicto doméstico, pero la barrera lingüística convierte cada frase en una admisión de monstruosidad. En otra escena, una trabajadora social enumera como evidencia de posible abuso el hecho de que los niños no tengan acceso a teléfonos, internet o música moderna. La conversación deja entonces de girar únicamente alrededor de la violencia física y empieza a acercarse a algo más perturbador: los límites de la tolerancia dentro de una democracia liberal.

Esa ambigüedad moral, tan característica en películas anteriores de Mungiu, aquí por momentos empieza a sentirse demasiado subrayada. Policías que manipulan las limitaciones lingüísticas del inmigrante y funcionarios atrapados en un racionalismo caricaturesco terminan inclinando el relato hacia una simplificación extraña en un cineasta normalmente tan preciso con las zonas grises. Aun así, Fjord conserva intacta la extraordinaria capacidad de Mungiu para transformar espacios cotidianos en territorios de tensión ideológica: una reunión escolar o un comedor familiar adquieren la densidad de un juicio moral permanente. Filmada por Tudor Vladimir Panduru en tonos azulados y metálicos, la película encuentra en el paisaje noruego una metáfora precisa de su universo ético: una superficie impecable bajo la cual las fracturas se desplazan lentamente.

Si Mungiu observa los límites de la tolerancia dentro de una democracia liberal, Paweł Pawlikowski desplaza esa fractura hacia una Alemania partida en dos.

En Fatherland (Polonia – Alemania – Francia – Italia, 2026), el director polaco sitúa al célebre escritor Thomas Mann (1875-1955) en una Alemania dividida no solo por fronteras políticas, sino por visiones irreconciliables sobre el futuro moral del país. El viaje entre Fráncfort y Weimar durante el verano de 1949 funciona como algo más que un recorrido diplomático: es el tránsito de un intelectual que intenta defender la existencia de una sola tradición cultural alemana en medio de una nación absorbida por la lógica de la Guerra fría. Mientras Occidente sospecha de él por aceptar la invitación soviética a Weimar, el Este intenta convertirlo en símbolo ideológico. Por eso el discurso sobre Goethe ocupa un lugar central dentro de la película. Más que una celebración literaria, funciona como una defensa desesperada de una tradición humanista alemana después del colapso moral del nazismo. Mann encuentra en Goethe una idea del amor ligada a la reconciliación, la lucidez y la responsabilidad ética; una forma de imaginar una identidad común en una Alemania fracturada política y espiritualmente.

Pawlikowski, que ganó el premio a mejor director ex aequo con Javier Calvo y Javier Ambrossi, desplaza rápidamente la fractura histórica hacia algo mucho más íntimo. A bordo de un Buick negro que atraviesa una Alemania todavía cubierta por las ruinas de la guerra, el director utiliza el viaje de Mann junto a su hija Erika para desenterrar tensiones familiares acumuladas durante años de exilio y silencio emocional. Interpretada por Sandra Hüller, Erika aparece menos como acompañante que como una presencia indispensable para sostener el mundo de su padre: organiza reuniones, administra crisis y protege la figura pública del escritor con una mezcla de devoción y agotamiento contenido. La familia llamaba a Mann “El Mago”, y Pawlikowski entiende perfectamente la ambivalencia de ese apodo: no solo alude a su genio literario, sino también a la distancia casi mítica que imponía frente a quienes lo rodeaban.

La película reitera el peso asfixiante de ser “los hijos de Thomas Mann”. Aunque Erika construyó una trayectoria propia dentro del teatro político y el cabaret antifascista, su identidad permanece absorbida por la monumentalidad intelectual del padre. Pawlikowski convierte esa dinámica en algo físico: Erika conduce, organiza y observa mientras Mann ocupa inevitablemente el centro de cada espacio al que entra. El reciente suicidio de Klaus, su segundo hijo, atraviesa silenciosamente toda la película. Mientras Thomas se refugia en Goethe y las discusiones sobre el destino moral de Alemania, Erika parece cargar sola con el peso emocional de la pérdida de su hermano gemelo. Ahí emerge una de las contradicciones más devastadoras de Fatherland: un hombre capaz de diagnosticar la fractura espiritual de un país entero es incapaz de enfrentar plenamente las heridas íntimas de su propia familia.

Con Minotaur (Francia – Letonia – Alemania, 2026), Andrey Zvyagintsev regresa a Cannes después de casi una década atravesada por una pandemia que casi le cuesta la vida y por una Rusia transformada irreversiblemente tras la invasión a Ucrania. Adaptación libre de La femme infidèle (1969) de Claude Chabrol, la película toma la estructura doméstica del thriller de adulterio original para convertirlo en algo mucho más oscuro: un retrato de una sociedad donde la corrupción moral, la violencia y las relaciones de poder se han vuelto indistinguibles de la vida cotidiana.

Zvyagintsev conserva el esqueleto narrativo de Chabrol –un marido que sospecha la infidelidad de su esposa y termina arrastrado hacia una espiral de violencia y encubrimiento– pero desplaza su significado político. En Minotaur, que recibió el Gran Premio del Jurado, la tragedia íntima ya no existe aislada del contexto histórico. La película transcurre en la Rusia de 2022, en plena movilización militar para Ucrania, donde el miedo, la negación y el oportunismo atraviesan cada espacio de la vida civil. Gleb, interpretado por Dmitriy Mazurov, es un empresario acomodado que vive con su esposa Galina y su hijo adolescente en una casa modernista protegida por vidrio, acero y dinero. Pero Zvyagintsev deja claro desde el inicio que ese confort depende directamente de una maquinaria política profundamente podrida.

Una de las escenas más reveladoras ocurre cuando las autoridades locales convocan a empresarios de la región para exigirles nombres de empleados que serán enviados a la guerra. El alcalde –sentado bajo una fotografía de Putin– les informa que Moscú necesita hombres, pero sin afectar la economía local. La escena condensa la lógica moral de Minotaur: las élites económicas y el aparato político funcionan como extensiones naturales una de la otra, conectadas por el privilegio y la administración burocrática de la violencia. Gleb incluso idea un mecanismo todavía más perverso: contratar nuevos choferes prometiéndoles salarios imposibles, sabiendo que serán reclutados antes de recibir el primer pago. Como en el mito que da título a la película, las personas terminan convertidas en sacrificios administrables.

Zvyagintsev encuentra algo todavía más inquietante en la forma en que esa lógica se reproduce dentro del hogar. Hay una escena devastadora entre Gleb y su hijo Seryozha, quien le confiesa que está siendo acosado en la escuela. Lejos de sugerir diálogo o protección institucional, el padre le enseña cómo sujetar al agresor por la ropa y amenazarlo con romperle la cara. “Solo amenázalo”, le dice. “El que empieza la pelea pierde por estúpido”. La escena funciona como un ritual de aprendizaje masculino donde la intimidación aparece como lenguaje natural del poder. Zvyagintsev sugiere que la violencia del Estado no nace únicamente en oficinas gubernamentales o centros de reclutamiento, sino también en los pequeños gestos domésticos con que la agresión se transmite como mecanismo legítimo de supervivencia.

Incluso los momentos aparentemente banales quedan contaminados por esa atmósfera de degradación moral. Durante una cena entre empresarios y sus parejas, una mujer cuenta un chiste obsceno sobre un hombre con un pene diminuto que intenta conseguir trabajo en una película porno porque “todas las películas necesitan antihéroes”. La escena posee un humor cruel y absurdo, pero también funciona como síntoma de una clase alta atrapada entre el cinismo, el vacío emocional y el autodesprecio. Nadie en Minotaur parece verdaderamente sorprendido por la corrupción o la violencia; todos han aprendido a convivir con ellas.

Ahí reside la fuerza más perturbadora de la película. Zvyagintsev transforma el thriller conyugal de Chabrol en una radiografía de una sociedad atravesada por la negación moral. El adulterio, el asesinato y el encubrimiento no aparecen como anomalías, sino como prolongaciones naturales de un sistema donde el poder siempre encuentra la manera de justificar sus propias atrocidades.

Quizá por eso el palmarés de este año resulta tan revelador. Aunque parten de geografías y conflictos distintos, FjordFatherland y Minotaur terminan encontrando algo profundamente reconocible en el presente: sociedades atravesadas por fracturas ideológicas cada vez más difíciles de reconciliar. ~

 

[Fuente: www.letraslibres.com]

La vague mondiale d’antisémitisme n’a pas épargné Israël

Dans la lutte que mène la droite contre la gauche, aucun procédé rhétorique n’est plus prisé qu’une citation de Berl Katznelson, l’un des fondateurs du sionisme travailliste, dans laquelle il demande : « Existe-t-il sur Terre un autre peuple aux sentiments si tordus qu’il considère tout ce que fait sa nation comme méprisable et odieux, tandis que chaque meurtre, viol et vol commis par ses ennemis remplit son cœur d’admiration et de crainte ? »

Des manifestants d'extrême droite protestent devant la Cour suprême à Jérusalem, brandissant des drapeaux israéliens.
On peut lire sur leurs pancartes : « Le peuple est souverain » et « État, État, État ».Credit: Itay Ron

Écrit par Carolina Landsmann

Haaretz

L’auto-antisémitisme (les Juifs qui se détestent eux-mêmes) est l’insulte la plus couramment lancée à l’encontre de l’« extrême » gauche. En tant que chroniqueuse à Haaretz, j’ai souvent été accusé d’auto-antisémitisme, tout comme d’autres chroniqueurs de Haaretz et son éditeur, Amos Schocken. Le député Ofer Cassif, membre juif du parti Hadash, majoritairement arabe, est également considéré comme un auto-antisémite par ces détracteurs.

En revanche, la haine que les partisans de la droite éprouvent envers les gauchistes en Israël n’est pas perçue comme de la haine de soi. Lorsque les gens de droite haïssent les gens de gauche, ils les perçoivent comme étrangers à leur « moi », comme hostiles à leur « nous ». C'est le cas qu'il s'agisse du chuchotement emblématique de Benjamin Netanyahu à l'oreille du rabbin kabbaliste Yitzhak Kaduri, lui disant que la gauche a oublié ce que signifie être juif, ou de la pratique courante consistant à qualifier les gens de gauche de traîtres. Ou encore la nouvelle formule, née le 7 octobre October 7 – « fais-tu partie d’Israël ? », sous-entendant que la gauche ne fait pas vraiment partie de la nation. Dans la haine des partisans de droite envers ceux de gauche, ces derniers sont considérés comme étrangers et hostiles à l’identité collective.

En analysant le discours de haine envers la gauche ces dernières années, on constate que cette haine se mêle à celle dirigée contre les Juifs ashkénazes, et que les caractéristiques attribuées aux gauchistes rejoignent ce que les nazis disaient des Juifs. À l'instar de la haine de la droite envers les gauchistes ashkénazes, la propagande nazie dépeignait les Juifs comme une force œuvrant de l'intérieur pour corrompre la nation (allemande), comme des cosmopolites sans racines, déloyaux envers la nation, promouvant des valeurs universelles et libérales afin d'affaiblir la nationalité (allemande). Ils étaient perçus comme contrôlant de manière disproportionnée les élites dans les médias, le monde universitaire, la culture, le secteur bancaire et tous les autres centres de pouvoir, utilisant leur influence pour façonner l’état d’esprit des gens et imposer leurs valeurs à la majorité. 

« Les Patriotes », chaîne israélienne d'extrême droite Channel 14. Crédit : Isabel KershnerNYT

Ils étaient également perçus comme les responsables de la dégénérescence morale et de l'effacement de l'identité nationale, agissant à l'encontre de l'esprit national et des véritables intérêts de la nation, en favorisant l'assimilation plutôt qu'une identité nationale pure. Qui a dit cela : Goebbels ou Yair Netanyahu Yair Netanyahu ?

Il existe indéniablement une vague mondiale d'antisémitisme – mais, à notre grande horreur, elle n'a pas épargné Israël. Quiconque souhaite comprendre comment fonctionnait l’antisémitisme européen n’a plus besoin d’ouvrir un livre d’histoire. Il suffit d’allumer Channel 14 Channel 14 et d’écouter ce qui y est dit au sujet des Juifs ashkénazes de gauche. Les Juifs sont les mêmes Juifs – ou leurs descendants – et la seule différence est que cette fois-ci, la nation qui est « menacée », selon ceux qui les haïssent, n’est pas la nation aryenne mais la nation juive. Nous assistons ici en direct, à la télévision, à cette folie, dans le pays des Juifs. Il n’est pas étonnant que la haine envers les gauchistes ashkénazes sur les réseaux sociaux s’accompagne souvent d’un souhait exprimé par un commentateur : « Dommage que les nazis n’aient pas fini le travail ».

Contrairement à la gauche, qui critique vertement l’État et la voie qu’il suit – une voie que certains décrivent comme une mutation antisémite « auto-immune » –, vous, à droite, n’avez rien d’« auto » : vous n’êtes tout simplement que des antisémites ordinaires. Vous maîtrisez désormais parfaitement le langage nazi. Les nazis haïssaient les Juifs d’Europe, et vous éprouvez la même haine envers leurs descendants en Israël.

Alors que nous nous demandions s’il était légitime de « comparer », nous avons négligé le fait que, dans le dialogue interne juif, parallèlement à tous les autres processus qui se déroulent ici, les descendants des persécutés sont victimes de cette même propagande, au sein de l’État juif.

 

[Traduction : DeepL - reproduit sur blogs.mediapart.fr/yves-romain]


L’antisemitismo della destra israeliana

Nella lotta della destra contro la sinistra nessuno strumento retorico è più apprezzato della citazione di uno dei fondatori del sionismo laburista, Berl Katznelson, in cui egli chiede: «C’è un altro popolo sulla terra così emotivamente perverso da considerare spregevole e odiosa ogni cosa la propria Nazione faccia mentre ogni assassinio, stupro o rapina commessi dai suoi nemici riempie il suo cuore di ammirazione e rispetto?»

Manifestazione della destra israeliana di fronte alla Corte Suprema

di Carolina Landsmann

L’auto-antisemitismo (ebrei che odiano sé stessi) è l’insulto più comune lanciato contro l’«estrema» sinistra. In quanto scrivo su Haaretz, come altri collaboratori del giornale e il suo editore Amos Schocken spesso sono stata accusata di auto-antisemitismo. Anche l’avvocato Ofer Cassif, un ebreo membro del partito Hadash, per lo più composto da arabi, è considerato dai suoi accusatori di esserlo. 

Al contrario l’odio che le persone di destra provano verso quelli di sinistra in Israele non è percepito come odio di sé stessi. Quando quelli di destra odiano la sinistra la percepiscono come estranea al loro «sé», come ostile al loro «noi». Come esempi possiamo citare l’iconica scena di Benjamin Netanyahu che sussurra nell’orecchio del rabbino cabalista Yitzhak Kaduri per dirgli che la sinistra ha dimenticato cosa significhi essere ebreo, o la pratica comune di etichettare le persone di sinistra come traditori. O la nuova espressione nata il 7 ottobre «fai parte di Israele?», sottintendendo che la sinistra non fa davvero parte della Nazione. Nell’odio della destra verso la sinistra quest’ultima viene vista come straniera e ostile nei confronti dell’identità collettiva. 

Negli ultimi anni esaminando il discorso d’odio verso la sinistra si rileva che esso si unisce all’odio contro gli ebrei ashkenaziti [letteralmente «tedeschi», originari dell’Europa centro-orientale, ndt.] e che le cose attribuite alle persone di sinistra sono compatibili con quelle che i nazisti dicevano degli ebrei. Come l’odio della destra contro gli ashkenaziti di sinistra, la propaganda nazista dipingeva gli ebrei come una forza che lavorava dall’interno per corrompere la Nazione (tedesca), in quanto cosmopoliti senza radici, sleali nei confronti della Nazione e che promuovono valori universali e liberali per indebolire l’appartenenza nazionale (tedesca). 

Erano visti come un’élite che controllava in modo eccessivo i media, il mondo accademico, la cultura, le banche e ogni altro centro di potere, utilizzando il proprio potere per condizionare il modo di pensare della gente e imporre i propri valori alla maggioranza. 

Erano anche percepiti come i responsabili della degenerazione morale e dell’offuscamento dell’identità nazionale, che agivano contro lo spirito della Nazione e i suoi veri interessi, promuovendo l’assimilazione invece di un’identità nazionale pura. Chi lo ha detto, Goebbels o Yair Netanyahu [figlio del primo ministro Benjamin Netanyahu, ndt.]? 

C’è sicuramente al momento un’ondata globale di antisemitismo, ma, con nostro orrore, non ha risparmiato Israele. Chiunque voglia capire come agiva l’antisemitismo europeo non deve più aprire un libro di storia. E’ sufficiente accendere Channel 14 [rete televisiva israeliana di destra, ndt.] e ascoltare quello che viene detto lì sugli ebrei ashkenaziti di sinistra. Gli ebrei sono gli stessi o i loro discendenti, e l’unica differenza è che, secondo la gente che li odia, questa volta la Nazione «minacciata» non è quella ariana, ma quella ebraica. Qui vediamo dal vivo, in onda, la follia nel Paese degli ebrei. Non c’è da stupirsi che l’odio verso gli ashkenaziti di sinistra sulle reti sociali sia spesso accompagnato dall’auspicio di un commentatore: peccato che i nazisti non abbiano finito il lavoro.  

A differenza della sinistra, con le sue feroci critiche allo Stato e al percorso che sta seguendo, dipinto da alcuni come una mutazione antisemitica autoimmune, voi a destra non siete affatto «auto»: siete semplicemente normalissimi antisemiti. Avete imparato a parlare fluentemente il linguaggio nazista. I nazisti odiavano gli ebrei d’Europa e voi provate lo stesso odio verso i loro discendenti in Israele. 

Mentre ci chiedevamo se fosse legittimo fare «paragoni», abbiamo perso di vista il fatto che nel dibattito interno tra ebrei, insieme a tutti gli altri processi che hanno luogo qui, nello Stato ebraico i discendenti dei perseguitati sono vittime della stessa identica propaganda. 

(traduzione dall’inglese di Amedeo Rossi)

 

[Foto: Itay Ron - fonte: www.zeitun.info]


sábado, 13 de junho de 2026

ELNET: historia de un ‘lobby’ proisraelí en Europa


ANTONIO MUÑIZ — Spheres of Influence, 2024

Escrito por Yossi Bartal

El 8 de mayo de 2014, siete hombres se reunieron en Berlín, en un despacho no lejos del Bundestag. Tres eran estadounidenses, otros tres, alemanes, y el séptimo, israelí. Este último era Raanan Eliaz, cofundador y, por entonces, director de European Leadership Network (ELNET), una organización dedicada a promover los vínculos entre Israel y Europa. Este hombre de rostro lozano, poeta a ratos y nacido en uno de los primeros asentamientos judíos de Cisjordania ya había trabajado para el American Israel Public Affairs Committee (AIPAC), el principal lobby proisraelí en Washington, así como con el primer ministro israelí. Aquel día, tras recordar las ventajas de “una red internacional de asociaciones unidas por un mismo objetivo”, señaló que seguía faltando en los círculos de la amistad germano-israelí una entidad “específicamente orientada a los responsables políticos”. El objetivo de la reunión era, precisamente, remediar ese orden de cosas inaugurando oficialmente la rama alemana de ELNET.

El propósito que presidió la creación de ELNET en 2007 era importar a Europa los métodos del hermano mayor estadounidense. El AIPAC había logrado convertir el apoyo a Israel en una postura políticamente fructífera, y cara de contrarrestar, al financiar generosamente campañas electorales e imponer su punto de vista en los medios de comunicación. Pero Europa, donde la comunidad judía es mucho más reducida y los candidatos a ocupar cargos políticos dependen menos de donaciones directas, no estaba lista para este género de maniobras. De ahí que ELNET se dedicara a cortejar a los europeos acaudalados para animarlos a participar en recaudaciones de fondos calcadas a las del AIPAC, a la vez que desarrollaba otras formas de influencia, como la organización de viajes a Israel para cargos electos con todos los gastos pagados (1).

En la actualidad, la organización cuenta con varias decenas de empleados repartidos entre las seis oficinas europeas (París, Berlín, Bruselas, Londres, Roma y Varsovia), su sede en Tel Aviv y su sucursal neoyorquina (registrada con el nombre de Friends of ELNET). Su presupuesto anual, que llega a los 20 millones de dólares, procede básicamente de las aportaciones de bienhechores estadounidenses que así disfrutan de beneficios fiscales limitados a las donaciones realizadas en el extranjero. Aunque cada rama nacional es oficialmente independiente, existe un pequeño grupo de ciudadanos estadounidenses e israelíes que forma parte de todos los comités de dirección.

Influir incluso en Die Linke

Dentro de la Unión Europea, Alemania es hoy el aliado más sólido de Israel, país al que reserva un lugar aparte en su política exterior. Pero no era ese el caso cuando ELNET dio comienzo a sus actividades a principios de la década de 2010. Dado el declarado compromiso de Berlín con el derecho internacional, a menudo se ha visto en una situación delicada a causa de las políticas de ocupación de Tel Aviv. En 2012, tras volver de una visita a Hebrón, Sigmar Gabriel, el por entonces líder del Partido Socialdemócrata (SPD), calificó a Israel de “régimen de apartheid”, y se negó a retirar sus palabras pese a la indignación suscitada (2). Dos años después, el ecologista Volker Beck, que por entonces presidía el grupo parlamentario germano-israelí, pretendió condicionar la ayuda militar concedida a Israel a la suspensión de la colonización.

En tan solo unos cuantos años, se ha vuelto imposible formular esta clase de opiniones. Seis años después de haber usado la palabra apartheid, Gabriel, que ya había dejado su cargo público y se disponía a ponerse al frente del grupo de presión transatlántico Atlantik-Brücke, se sintió en la necesidad de presentar sus disculpas. Aquello fue justo antes de ser coronado como padrino de un programa cofinanciado por ELNET que ofrece estadías en Israel a jóvenes periodistas alemanes. En cuanto a Beck, en la actualidad se cuenta entre los más fervientes valedores de Tel Aviv y, según varias fuentes, en 2019 su nombre sonó entre los posibles candidatos a dirigir la filial alemana de ELNET.

Aunque no es posible atribuir esta evolución a una sola causa, el hecho es que coincidió con el auge en Berlín de varias organizaciones de lobbying, empezando por ELNET Alemania. En su perfil en la página web de Europe-Israel Network (3), Eliaz no se molesta en ocultar el papel desempeñado por la organización que presidió entre 2014 y 2016 en la promoción “al más alto nivel del Estado alemán” de una política “ofensiva” frente a la campaña internacional Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), afirmando que “incluso el partido de extrema izquierda Die Linke […] ha acabado por posicionarse públicamente en su contra”.

La presentación, en 2017, del primer proyecto de resolución anti-BDS ante una asamblea legislativa alemana fue obra de Carsten Ovens, un joven y ambicioso diputado de la CDU (Unión Demócrata Cristiana) en el parlamento de Hamburgo. Varias propuestas similares fueron presentadas algo después en otras asambleas de los länder hasta que, en 2019, el Bundestag, Parlamento Federal alemán, aprobó un texto que calificaba el movimiento de antisemita. También fue en 2019 cuando Ovens fue elegido para dirigir las oficinas alemanas de ELNET: un cargo que durante todo un año pudo compatibilizar con su escaño parlamentario gracias al laxismo de la normativa alemana en materia de cabildeo.

ELNET Alemania se jacta de carecer de afiliación política y de dirigirse a todas las formaciones, salvo el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD). Al igual que en otros países, en el meollo de su estrategia se encuentran los viajes de delegaciones parlamentarias. Entre 2014 y 2018, al menos 36 miembros del Bundestag viajaron a Israel por cuenta de la casa. El ritmo de estas comisiones ha experimentado un considerable acelerón durante la presidencia de Ovens, con temas perfectamente calibrados para corresponderse con las comisiones del Bundestag —sanidad, cambio climático, ciudades inteligentes, etc.— y un programa dedicado a los jóvenes diputados. Hasta hoy, se cree que en torno a 160 parlamentarios alemanes (principalmente del Bundestag, pero también de asambleas de los länder o del Parlamento Europeo) han participado en alguna delegación de ELNET.

A ello se le añade un ciclo de conferencias a puerta cerrada titulado “Diálogo estratégico israelo-germano” (a menudo organizado en colaboración con un instituto vinculado con el Ministerio de Defensa alemán) y campañas dirigidas al gran público cuyo propósito oficial es luchar contra el antisemitismo y favorecer el diálogo interreligioso. Para una de ellas, “El Muro de las Preguntas” —subvencionada por varias administraciones regionales y locales— se han creado centenares de carteles con estética de dibujos animados y preguntas tan inocentes como “¿Comen los judíos hamburguesas con queso?” o bien “¿Es judío Harry Potter?” (4). La página web propone otras preguntas más tendenciosas, como “¿Existe un Estado de apartheid en Israel?” o bien “¿Está Israel cometiendo un genocidio contra los palestinos?”. La respuesta que se da a estas preguntas es, por supuesto, negativa.

Poco a poco, y como buen comercial, Ovens ha conseguido que un lobby con ambiciones internacionales, sometido a influencia extranjera y bien regado de dinero estadounidense sea percibido como un laboratorio de ideas independiente e implantado a nivel local. Siempre ha tenido buen cuidado de insistir en su estrecha colaboración con los organismos estatales alemanes y en los fondos públicos recibidos de diversos ministerios. En sus conversaciones privadas con varios diputados se ha presentado como favorable a la solución de los dos Estados y, llegado el caso, crítico con Benjamín Netanyahu. Hasta 2021, las delegaciones parlamentarias que visitaban Israel hacían una breve parada en Ramala para reunirse con representantes de la Autoridad Palestina.

Pero, mientras la sección alemana cultivaba esta imagen aperturista, la organización matriz emprendía una deriva manifiestamente derechista. Aunque ELNET ha estado desde el principio anclado en el campo conservador, sus responsables en Israel y Estados Unidos insistieron durante mucho tiempo en conservar los lazos con el centro y el centroizquierda del tablero político israelí. Tras la salida de Eliaz de la organización —apeado de la presidencia en 2016 por lo que unos documentos internos describían como “un grave abuso de confianza”—, este espíritu de diálogo ha empezado a difuminarse, coincidiendo con la derechización generalizada del apoyo a Israel que sucedió a la elección de Donald Trump.

A las riendas de la cada vez más influyente sede israelí de ELNET se sucedieron David Siegel (2016-2020), simpatizante del partido ultranacionalista Israel Beitenu, y Shai Bazak (2020-2022), exportavoz del Consejo de Yesha (la organización que representa a las colonias de Cisjordania, afín a la extrema derecha) y asesor en materia de comunicación del primer ministro Netanyahu a finales de la década de 1990. Luego le tocó el turno a Emmanuel Navon (2023-2025), un miembro de larga data del Kohelet Policy Forum, un sulfuroso laboratorio de ideas cuyo papel de arquitecto de la reforma judicial de 2023 —que limita el control del Tribunal Supremo sobre las actividades del Gobierno— ha sido ampliamente reconocido (5). Navon defiende públicamente la anexión de Cisjordania y la expulsión de los refugiados africanos de Israel, además de los llamamientos que hizo en calidad de director de ELNET a luchar contra el “opio” del wokismo con el fin de “restaurar el orgullo de las jóvenes generaciones por la civilización occidental” (6). Tras concluir su mandato, se puso manos a la obra y creó un nuevo think tank asociado a ELNET Francia cuyo propósito es “definir una política exterior post-7 de octubre” y “defender los valores de la civilización occidental” (7). En marzo de 2026, fue nombrado embajador de Israel en Japón.

La nueva orientación de ELNET no ha tardado en hacerse sentir en sus actividades europeas. En la actualidad, las excursiones de los parlamentarios ya no pasan por Ramala y apenas se prevén entrevistas con diputados israelíes laboristas o socialistas; por el contrario, cada vez con mayor frecuencia se invita a unirse a pensadores y activistas de extrema derecha. En 2025, por primera vez, una delegación fue a visitar las colonias israelíes en Cisjordania y pudo reunirse con sus representantes políticos.

La organización también ha reforzado su colaboración con la industria armamentística israelí, presentando a Israel como un aliado ineludible de la Unión Europea en tiempos de crisis. Dispuesta a capitalizar el drástico aumento del gasto europeo en defensa tras la invasión rusa de Ucrania en 2022 —por más que Tel Aviv se haya opuesto a las sanciones internacionales contra Moscú y negado a armar directamente a Kiev—, alardea de haber tenido un papel decisivo en la adquisición por parte de Alemania de un sistema de defensa antimisiles por valor de 3.500 millones de euros: el mayor contrato de la historia de Israel (8).

Inmediatamente después del 7 de octubre de 2023, cuando los israelíes seguían tratando de asumir la magnitud de las pérdidas humanas, la red pacientemente tejida por ELNET durante una década le permitió reaccionar con más rapidez que la mayoría de los gobiernos. Para el mediodía del 9 de octubre, este lobby ya había enviado al ensayista francés Bernard-Henri Lévy a Sderot, escenario de una de las peores masacres de Hamás. A continuación, se sucedieron las “misiones de solidaridad de urgencia”, en las que se llevaba a grupos de personas con trajes de protección y escoltados por empleados armados de ELNET a varios kibutz destruidos o al emplazamiento del festival Tribe of Nova. Varios participantes afirman haber ido también a las morgues y al campamento Shura, donde el Ejército israelí había instalado su centro de identificación de víctimas. Durante las semanas y los meses siguientes, el Gobierno de Netanyahu habló, a veces abiertamente, de la necesidad de preparar la opinión pública mundial para la amplitud de su respuesta. ELNET dio un paso al frente. Mientras las ruinas se apilaban en Gaza, su impacto sobre los responsables políticos se volvía más crucial que nunca.

En un momento en que políticos demócratas estadounidenses de primer orden han empezado a denunciar las injerencias políticas del AIPAC, ELNET sigue gozando de una imagen de respetabilidad. Aunque las operaciones militares de Israel —tanto en Gaza como en otras partes— suscitan una oposición popular cada vez más fuerte en sus respectivos países, políticos y políticas europeos de izquierda siguen disfrutando de eventos y viajes graciosamente ofrecidos por una organización cercana al movimiento trumpista y, a menudo, administrada por colonos.

Investigación realizada con una ayuda de IJ4EU y con la colaboración de Guli Dolev-Hashiloni. El digital alemán de crítica política y cultural The Diasporist (https://thediasporist.de) publicó una versión de este artículo el 27 de marzo de 2026.

(1) Yossi Bartal, Guli Dolev-Hashilon y Leon Holly, “Meinungsbildungsreisen nach Israel”, TAZ, Berlín, 29 de noviembre de 2025.

(2) “Gabriel erntet Kritik nach Apartheid- Vergleich”, Der Spiegel, Hamburgo, 15 de marzo de 2012.

(3) https://europe-israel.net/en/raanan-eliaz-2/

(4) “Willkommen an der Fragemauer”, https://fragemauer.de

(5) Isabel Kershner y David Segal, “Who’s behind the judicial overhaul now dividing Israel? Two New Yorkers”, The New York Times, 20 de marzo de 2023.

(6) Emmanuel Navon, “Europe should rethink its approach to annexation” y “Rome and Jerusalem”, respectivamente: 1 de julio de 2020 y 10 de mayo de 2024, https://blogs.timesofisrael.com

(7) “Emmanuel Navon steps down as CEO of ELNET-Israel to lead new think tank”, 2 de abril de 2025, https://navon.com

(8) Lisa Wölfl, “Wie Elnet Politik und Unternehmen zusammenbringt”, 20 de noviembre de 2025, www.abgeordnetenwatch.de

Yossi Bartal, periodista. Investigación realizada con una ayuda de IJ4EU y con la colaboración de Guli Dolev-Hashiloni. El digital alemán de crítica política y cultural.


[Reproducido en www.gerardodelval.com ]





A RAE acolle a Álex Grijelmo, o gardián das palabras

O xornalista e escritor ocupará a cadeira ou, vacante desde a morte do arquitecto Antonio Fernández Alba 

Álex Grijelmo

Escrito por  Miguel Lorenci   

Álex Grijelmo (Burgos, 1956) será o novo titular dá a cadeira ou da Real Academia Española (RAE). O xornalista e escritor foi elixido na  sesión plenaria da Docta Casa celebrada este xoves. A súa candidatura, avalada polos académicos Juan Luis Cebrián, José Antonio Pascual e Salvador Gutiérrez Ordóñez, era a única que se votaba. Grijelmo ocupará a cadeira vacante desde o falecemento do arquitecto Antonio Fernández Alba en maio do 2024. Gardián das palabras e o bo uso da linguaxe nos medios, Grijelmo desenvolveu o groso da súa carreira profesional no diario O País. Foi responsable da redacción do pioneiro libro de estilo do rotativo nado fai agora medio século e no que foi redactor xefe de Madrid, Sociedade e Deportes. Doutor en Xornalismo pola Universidade Complutense, comezou a súa carreira no diario burgalés La Voz de Castela, para continuala na axencia Europa Press. Cursou o programa de alta dirección de empresas (PADE) na escola de negocios IESE. Impulsor de Fundéu, é un dos grandes defensores do bo uso da linguaxe nos medios. Foi director da cadea de xornais locais e rexionais do grupo Présa e director xeral de Contidos de présa Internacional.  

Desde o 2018 dirixe a Escola de Xornalismo UAM-O PAÍS. Entre o 2004 e o 2012 foi presidente da Axencia EFE, desde onde impulsou a creación en 2005 da Fundación do Español Urxente (Fundéu), hoxe asociada á RAE.   

Ensaios   

É autor de máis dunha decena de libros e ensaios sobre xornalismo e linguaxe, como 'O estilo do xornalista' (1997), 'Defensa apaixonada do idioma español' (1998), 'A sedución das palabras' (2000), 'A punta da lingua' (2004), 'O xenio do idioma' (2004), 'Palabras de dobre fío' (2015), 'Proposta de acordo sobre a linguaxe inclusiva' ( 2019) e 'Coa lingua fose' (2021).   

NA perversión do anonimato (2024) o seu último ensaio, denuncia os perigos do anonimato na internet. Coa filóloga Pilar García Mouton publicou Palabras moribundas (2011) e xunto ao académico da RAE e novelista José María Merino asinou 'A forza do español e como defendela' (2019). 

Discursos pendentes   

O pleno da RAE conta con corenta e seis cadeiras. A tricentenaria institución que «limpa, fixa e dá esplendor» ao noso idioma ten pendente a lectura do discurso de ingreso da filóloga Cristina Sánchez López, elixida para ocupar a cadeira p, vacante tras o falecemento de Francisco Rico. Tamén a do escritor hispanonicaragüense Sergio Ramírez, quen ocupará a cadeira L, da que fose titular Mario Vargas Llosa. 

[Imaxe: Mariscal | EFE - fonte: www.lavozdegalicia.es]

Lo còrs al sègle XXI

Es mai present a l’escòla còrsa e tanben dins los mèdias d’aquela illa. Pasmens, la transmission familiala demòra encara fragila e la lenga es encara menaçada

Escrich per Christian Andreu

Lo còrs (corsu en còrs) es una lenga romanica parlada dins l’illa de Corsega. Fins a fa gaire, foguèt considerada coma plan pròcha dels dialèctes toscans e de l’italian central, mas uèi a una identitat lingüistica pròpria e una importanta valor simbolica dins la societat còrsa contemporanèa. 

A l’ora d’ara, es una de las lengas minorizadas mai estudiadas de l’estat francés. Après de sègles de dominacion politica e culturala francesa venguèt mai e mai marginalizat dins l’administracion, l’escòla e los mèdias. Totun, dempuèi aperaquí 1950, lo nacionalisme còrs s’es fòrça desvolopat e aquò a permés un recobrament del sieu prestigi social dins l’illa.

Uèi, doncas, es mai present a l’escòla còrsa e tanben dins los mèdias d’aquela illa. Plan mai qu’ara fa sonque 50 ans. Pasmens, la transmission familiala demòra encara fragila e la lenga es encara menaçada per la lenga majoritària, lo francés.

Una lenga italoromanica

Lo còrs aperten al grop italoromanic. Los lors parlars son tras que pròches del toscan medieval, mai que mai dins lo nòrd de Corsega. La causa ne son los ligams politics e comercials que i aguèt tre l’illa e divèrsas vilas-estat italianas septentrionalas, dont especialament Pisa e Gènoa. 

Aital, pendent de sègles, la lenga de cultura e d’administracion foguèt l’italian. Lo còrs foguèt utilizat sonque coma lenga orala populara, mas l’italian foguèt la lenga escricha. Aquò provoquèt una diglossia al nivèl popular. Quand en 1769 l’estat francés annexèt l’illa, lo francés s’impausèt pauc a cha pauc dins l’administracion e l’ensenhament còrses. Aquel procès s’accelerèt fòrça pendent lo sègle XIX.

Val sens dire qu’a l’escòla lo francés obtenguèt un ròtle central pr’amor que foguèt presentat coma la sola lenga legitima de la Republica francesa. Las autras lengas dichas regionalas foguèron mespresadas coma patois arcaïcs. Al sègle XX tota una generacion foguèt educada sonque en francés. Aquò provoquèt una rompedura de la transmission intergeneracionala. 

Uèi es de mal dire quantes parlaires de còrs i a. Segon las lors competéncias o comprenesons o encara identificacions culturalas, i a una chifra o una autra. La majoritat dels estudis sociolingüistics estiman qu’i a entre 100 000 e 150 000 parlaires de còrs a l’ora d’ara. La populacion de l’illa es de 350 000 abitants.

Pasmens, i a fòrça corsofòns que son annadits o qu’an crescut dins de familhas de lenga còrsa. Tanben i a de diferéncias segon las regions. Dins las zònas ruralas lo còrs es mai viu, mas es mens viu dins los centres toristics francizats. Fòrça joves an una cèrta competéncia lingüistica en còrs e aquò entraïna de diferéncias nautas entre conéisser e utilizar la lenga insulara. 

Après la Segonda Guèrra Mondiala, la modernizacion economica e lo torisme accelerèron encara mai la francizacion de l’illa. Fòrça familhas causiguèron de transmetre sonque lo francés als mainatges per facultar lor integracion sociala e professionala E lo nombre de corsofòns patiguèt una regression.

Totun, a comptar de 1970, lo fenomèn se revirèt. Lo còrs se desvolopèt plan mai amb los nòus movements regionalistas que volián revalorizar la lenga còrsa coma un simbòl de l’identitat còrsa. Mai d’organizacions culturalas, d’intellectuals e de musicians tornèron emplegar lo còrs, e ara es presentat coma una valor de l’illa. 

Tanben cal dire que la musica joguèt un ròtle clau dins aquel procès. De musicians coma I Muvrini ajudèron a popularizar la lenga quitament al nivèl internacional. Puèi, lo còrs s’installèt dins los libres, lo teatre e la poesia. E dempuèi los ans 1980 l’estat francés a permés l’introduccion del còrs a l’escòla. Uèi es ensenhat a l’escòla primària e segondària.

Pasmens, lo còrs es pas sovent la lenga veïculara unica. Lo francés contraròtla fòrça lo sistèma educatiu. Cèrts cercaires an soslinhat que l’ensenhament actual entraïna mai una cèrta familiarizacion culturala amb lo còrs que non pas una vertadièra competéncia bilingua activa. 

La preséncia mediatica del còrs a fòrça aumentat dempuèi los ans 1980.

Uèi, se pòt trapar lo còrs a la television regionala publica, difusat dins de programas culturals, informatius, documentaris e d’emissions culturalas. La ràdio a tanben ajudat a la normalizacion lingüistica de la lenga insulara pendent d’annas, e uèi encara i a cèrtas emissions dins de ràdios localas qu’utilizan parcialament o totalament la lenga còrsa. 

Tanben, i a plusors revistas culturalas e publicacions literàrias en còrs. Amb Internet arribèron de podcastes, de canals de YouTube, d’Instagram e d’autres contenguts numerics en còrs. Aquò balha una cèrta modernitat a las practicas culturalas dels pus joves. Mas lo còrs es pas encara cooficial dins l’illa.

Segon la Constitucion francesa, d’efièch, la sola lenga oficiala de la Republica es lo francés. Malgrat aquò, i a de subvencions culturalas e de programas escolars, amb una senhalizacion bilingua e una cèrta promocion del patrimòni còrs.

La demanda de l’oficializacion del còrs

Uèi lo movement nacionalista còrs demanda  la cooficialitat lingüistica, pr’amor que lo còrs es encara una lenga vulnerabla. La principala menaça es la transmission familiala. Lo còrs es sovent après a l’escòla mas pas a l’ostal. E mèdias, administracion, universitat e l’economia son encara en francés. 

Per mantun cercaire lo còrs serà una lenga patrimoniala mas pas pus una lenga comunitària normala. I a cèrtas contradiccions. Se lo còrs es simbòl d’una identitat culturala fòrta e benefícia d’una preséncia escolara importanta amb una produccion culturala dinamica, cal sonhar la transmission intergeneracionala s’òm vòl salvar la lenga de l’illa.

Per o poder far, cal una melhora preséncia del còrs dins mond audiovisual, dins la musica, los rets socials e dins la creacion culturala numerica. Se lo còrs conquista aqueles espacis nòus d’usatge, serà mai utilizat pels joves. Lo reviscolament del còrs, pasmens, es estat estonant durant los darrièrs decennis e per aiçò uèi encara es parlat. 

Se la societat còrsa pòt melhorar la simpatia culturala de la populacion envèrs la siá lenga e l’emplegar mai per carrièras, lo còrs poiriá subreviure. Cal doncas que venga encara una lenga modèrna, urbana e numerica per pèrdre pas lo sieu ligam amb la comunautat de Corsega. E trobar, per ansin, un avenidor al costat de las autras lengas d’Euròpa.


[Imatge: savard.photo - sorsa: www.jornalet.com]

El último malayo. Cerdos & Peces #11

En abril de 1987 la revista Cerdos & Peces publica su decimo primer número. En esta edición el Indio Solari presenta otro de sus textos inéditos.  


Escrito por Indio Solari 

Finalizaba el año 1982 cuando abracé por última vez a Bruno Beonnelheim, más conocido en la periferia del underground como “El último malayo”. Un joven alemán, cantante de rock y periodista free-lance transumante que, para los memoriosos que recuerdan su accidentado paso por nuestro país, generó junto a otros alemanes pertenecientes a su banda llamada “Los de carne” (así en castellano en Alemania) más un par de amigos porteños que los secundaron musicalmente, una de las muestras más conmovedoras, espontánea y efímera (por la irrupción de un grupo que dijo pertenecer a Coordinación Federal) para esos años. 

A través de una carta que me enviara su compañera Märit, acabo de enterarme de su muerte a manos a una comisión policial que lo detuvo en plena Josefstrasse a la salida de un local nocturno donde presentaba su número de “conversaciones y baladas lunares” y que oficialmente fue descrita como ocasionada por un disparo proveniente del interior del propio club adjudicado a un desconocido que logró escapar. 

Algunos años antes de ese diciembre de la despedida, tuve ocasión de compartir con él una habitación en la que fuera la mítica casa de salud que funcionó en el abandonado balneario de Dr. Belmes, unos doce kilómetros al sur de Villa Gesell, donde un grupo de personajes significativos de lo que dio en llamarse la nueva izquierda sobrenadante de la cultura rock, estaban internados (por decirlo así) para recuperarse de los estragos psicofísicos que la lucha contra el modelo sistémico había provocado en ellos. En este accionar, “el último malayo” había jugado un papel escénico de incauto drogado que bailaba un boogie de tres mil dólares mensuales, procesado por el movimiento de psicodelia negra que rodeaba en ese entonces a los desposeídos que habían perdido sus defensas sociales en su experiencia con drogas. 

En unos apuntes que aún conservo de aquellos meses en la Casa de Salud del Dr. Semasendhi han quedado registradas algunas anécdotas y visiones anticipadas que Bruno me proyectara, caracterizadas por su oposición a mi lectura un tanto posmodernista del estado de cosas en el imperio que él calificara de antigua ya por ese entonces. 

De ajustarse la muerte de Bruno a la descripción de los testigos, el verdugo de turno abrió en mí una herida dichosa que no cerrará jamás. Todavía lo recuerdo esa última vez, con sus botas radicales, su camisa de raso negro y ese pelo corto que él llamaba “la moda fenómeno para enfermar apenas”. Lo recuerdo, decía, como un tipo claro, austero, y sin el temor por lo intelectual que ya por entonces preocupaba a los jóvenes. Con sus enunciados musicales que no permitían comprenderle si uno no tenía acceso a la intimidad del método poético que descubre los significantes a medida que el discurso corre. También puedo dejar de imaginarle como lo describe Märit, mientras es examinado boca abajo con los brazos estirados sobre la cabeza, convertido en terreno de técnicas policiales. Con una perforación poco llamativa debajo de la axila, en la tenue fetidez de la carne apenas corrompida. Y luego tapado con una lona y etiquetado. Un cadáver que parece decir ¡esto lo hemos hecho nosotros! Un solo disparo. Chup! Veo también lo que atrae la memoria doliente de Märit en otra parte de su carta. Veo cuando Bruno la despierta por la mañana… ¡Levántate, dulce amor mío, ya es mediodía, debemos echar todo a perder! 

Según su compañera, Bruno sabía que la poli le iba a echar el guante ni bien se descuidara. Dormía cada noche en una iglesia distinta. Algo que puede sonar aquí muy extraño pero que para los conocedores de la realidad social en la Alemania de hoy es un detalle claro. 

Bruno se había convertido en el último tiempo en un fantasma social que fascinaba a los jóvenes con su recorrida infernal de recitales para la rebeldía juvenil alemana. Ese latido desconocido en nuestro medio, que él abarcaba con sus baladas lunares y la presión de su rock extremo. Se autodescribía como un producto de la cultura rock y como tal luchaba en favor de las pulsiones que intentaban romper la convención vigente. Esperaba impaciente una nueva expansión del campo de lo posible que vela en forma de una cultura libidinal no represiva, gobernada por el principio ordenador del placer en contra de un sistema que había suprimido (represión mediante) el elemento lúdico no funcional de la actividad social y eliminado el juego como fundamental vocación humana. Porfiaba contra ese sistema que intenta desterrar el placer como práctica existencial efectiva. 

De sus labios escuché por primera vez el término posmodernidad. Le molestaba la actualidad que se adjudicaban sus suscriptores. Decía que para desnudar la visión posmoderna no había que hilar muy fino. Que bastaba con observar qué cosas se inscribían con comodidad y complacencia en la resignación posmoderna. 

Su mirada de rocker se ajustaba al lugar donde estaba parado y desde allí contestaba independientemente del código propuesto por el modelo sistémico para su propia descripción. Afirmaba que la lectura posmodernista era puramente descriptiva, rara vez explicativa y sin ninguna propuesta de dinámica social que salta por sobre los decorados anestésicos propuestos por los grupos del poder. Acusaba de esta moda los pensadores de la nueva derecha que en su afán por desnudar a la izquierda la estereotipaban en la vetusta figura del PC francés y que, según sus propias palabras, “usaban el liberalismo burgués para defender un anarquismo de juguete, frívolo y órfico”. Sospechaba de la ceguera que les hacía confundir todas las izquierdas con el PC sovietizante de la partidocracia gerontocrática y dogmática, desconociendo la nueva izquierda internacional producto de la cultura rock y la variopinta y diversa franja que esta abarcaba. Veía al posmodernismo como un movimiento confuso, que si bien describe una situación confusa, lo hace con un discurso escaso y débil. Y tenía la sensación de que de todo eso solo quedarían unos cuantos fragmentos esparcidos, aislados los unos de los otros, que llevarían una existencia fantasmagórica donde la pasión habría desaparecido. Además no le adjudicaba a la posmodernidad un lugar fuera de la edad moderna de la cual aquella pretendía excluirse. Acusaba a los posmodernos de haberse vuelto antiguos, de haberse convertido en perdedores reciclados que buscaban refugio en la moda sin más ambición que sobrevivirse a sí mismos durante algunos años más, enamorados de su propio espíritu generador de un arte rococó muy similar al del siglo XVIII. Un arte de chucherías basado en seducir, vestirse bien, peinarse, ir de copas, tener video y mantener un departamento elegante y futurista desde donde sustentar un determinismo individual que no es más que una trampa tendida por los grupos de poder para mutilar el estado de ánimo libertario que late en las diversas luchas del planeta. Una celada que obliga a soñar un futuro pasadista, una arcadia feliz de idilios bucólicos, sin tomar en cuenta que la oda a la libertad burguesa yace ahogada en su propia baba. Por el contrario, concluía, la cultura rock intenta proteger el estado de ánimo tratando de vencer al miedo a la opresión sistémica, oponiendo a la sociedad ligera, cool, autogestionaria, una acción “psi” con porno, libido y esquizo incorporada. A Bruno le era imposible dejar de conmoverse ante la nueva miseria en las sociedades desarrolladas, ante el racismo y el uso del patrimonio vital de las especies por parte de las corporaciones mafiosas. Partícipe vital de esa cultura, reclamó a los pensadores posmodernistas el abuso de teorías socioeconómicas de un neoliberalismo salvaje. Los señalaba como generadores de una estética de la frivolidad que intentaría aprovecharse de la decepción de los héroes-póster jubilados de la cultura rock y de forzar hacia el individualismo el espíritu proletario obediente a las informaciones impuestas a través de los medios de comunicación. Se quejaba de esa descripción que si bien se extinguía, lo hacía dejando un vacío en el corazón y la atmósfera impregnada de un cierto olor a pólvora. 

A pesar de todos esos juicios, curiosamente escuché de Bruno algo que años después leería en Baudillard en referencia a su pasión principal. Decía que la música, tal como la conocemos, podría desaparecer, pero no por falta de música sino por la perfección de la materialidad, de la tecnología y de los efectos especiales. Por eso, su música probaba gritos vitricidas y cuando cantaba sus mandíbulas hacían añicos todo lo que fuera un negocio seguro de baja emoción. (“¡’Alto! en nombre de mi metralleta en Beirut!”, por ejemplo) hablaba de los modernosos “héroes cocidos con aspiraciones de playboy / mosquitos simuladores que apestan hasta el cielo / que llegan planeando a pinchar los corazones que han perdido la memoria / Esos chorretes humeantes que dicen ser los dueños de la bienamada modernidad / los pegajosos dulces sin celofán que abjuran del amor”. Así también recuerdo especialmente una balada lunar que cantó una noche en la playa –“Esto que ves, este muerto incapaz de provocar una lágrima / está arrancando la suerte de tu corazón y agrieta tu piel y llena tus pensamientos de sospecha / y te presenta un hombrón diminuto, ni un hombre / que para ganarse tu confianza / está haciendo lo imposible por pintarle los ojos a la muerte.” 

Las aguas están muy quietas. El último malayo saca sus redes del mar como quien quita telarañas de un espejo… Gracias, Bruno.

 

[Fuente: www.redondossubtitulados.com]

sexta-feira, 12 de junho de 2026

Se fue el Indio Solari, el cuidador del estado de ánimo

 


Escrito por Mariano Quiroga

Carlos Alberto Solari (17 de enero de 1949, Paraná – 05 de junio de 2026, Ituzaingó) siempre fue consciente. Su vida personal y su vida artística encajaron en una búsqueda de transformación social.

Consciente para encontrar el siloísmo en su juventud y declinar “tirar bombas” por acciones directas no violentas. Consciente para saber que a los jóvenes no debía bajarles línea, sino escucharlos.

Consciente para decidir hacer música de combate y no de entretenimiento. Consciente para elegir el camino de la independencia económica y no agachar la cabeza ante la tentación del show business.

A lo largo de su carrera fue impregnando el vocabulario de generaciones enteras con ideas fuerzas que emanaban de sus canciones. Desde la denuncia del secuestro del estado de ánimo de la sociedad, las críticas a la violencia que atacaba a los jóvenes o el desembarco neoliberal tras la derrota del comunismo en la Guerra Fría.

Su lírica, su profundidad encandilaron y abrieron los ojos de varias generaciones de argentinos y argentinas. Nos enseñó a cuidarnos entre nosotros y a reconocer la mística en lugares donde otros buscaban la mercadotecnia y la trivialización cosificante.

Desbordó estadios, su música se ha vuelto clásica y su imagen homenajeando a Luca Prodan se ha convertido en otro ícono para esta Argentina dolorida por la partida de su manifestación física pero fascinada por la figura de un héroe de nuestro tiempo.

“Los muertos sin alma me quieren juzgar a mí

la moda les sopla qué cosa penar, son así

una silueta de tiza tienen para mí esos jodidos

por la moda del odio sin piedad”

escribió en 2018 en “La moda no es vanguardia”, anticipándose a los desarmadores de cadáveres y respondiendo a quienes lo atacaban por sus ideas políticas y gritaban “viva el Parkinson” como hace 70 años gritaban “viva el cáncer”, festejando la muerte de Evita.

El Indio Solari editó 11 discos con Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Tras la disolución de la pareja creativa con el guitarrista Skay Beilinson, grabó 5 discos más firmados por él solo y acompañado por la banda Los fundamentalistas del aire acondicionado.

Además, en los últimos años grabó canciones sueltas que fueron publicadas en sus propios medios digitales.

A partir de esta tarde se sucederán despedidas multitudinarias al cantante y compositor en todo el país. Como despedida quiero dejar aquí una de sus canciones referidas a su vida “Pinturas de guerra”.


[Fuente: www.pressenza.com]