terça-feira, 25 de julho de 2017

Inés Fernández-Ordóñez: «La lengua evoluciona de forma natural y es un sistema eficaz en todas las épocas»


Publicado por Yolanda Gándara

Inés Fernández-Ordóñez (Madrid, 1961) es filóloga especialista en dialectología rural, catedrática de lengua española en la UAM y sillón P de la Real Academia Española desde 2008. Es discípula de Diego Catalán Menéndez-Pidal, un vínculo que la une a la figura clave de la filología en España, Ramón Menéndez Pidal —de cuya teoría de la formación del español ofreció una revisión en su discurso de ingreso en la RAE— y a su escuela, de la que toma el testigo de interpretar la relación entre la historia y los textos, con un enfoque actualizado.
Estamos en la exposición «La ciencia de la palabra», una excusa perfecta para hablar de la filología como ciencia. ¿Qué parte hay de ciencia y qué parte de  interpretación?
La filología tiene muchas orientaciones y en todas ellas se puede hacer ciencia, tanto si es lingüística, investigación o reconstrucción de textos antiguos, etc. Por ejemplo, si queremos saber lo que realmente escribió un autor, tenemos una pluralidad de testimonios antiguos y no sabemos cuál representa verdaderamente la palabra del autor, la filología tiene herramientas de crítica textual que permiten reconstruir con cierta fidelidad, aunque no con absoluta seguridad, el texto que el autor escribió. La lingüística, que por supuesto es una disciplina de las humanidades, también tiene mucho de ciencia en el sentido de que podemos establecer predicciones del comportamiento de las lenguas a través de la comparación, la observación y el análisis, realizamos experimentos en los que comprobamos si las cosas son como esperábamos o no.
En el discurso de ingreso en la RAE hablaste de la formación del español con una interpretación diferente a la de Menéndez Pidal, defendiendo el papel de otros dialectos además del castellano. ¿Nos puedes explicar esta diferencia de interpretaciones? ¿Se trata de falta de datos o de tratamiento de datos interesada?
Hay un poco de las dos cosas. El científico no es neutro, quiere probar una hipótesis, tanto si es de ciencias experimentales como si es de humanidades. Menéndez Pidal quería demostrar que Castilla había hecho España, pero no porque él quisiera, sino porque toda la mentalidad de su época estaba imbuida de esa ideología. Él es muy honesto, en Orígenes del español él compara datos del leonés, del castellano, del aragonés y con las herramientas de que disponía entonces, que fundamentalmente eran las de la fonética histórica, intenta delimitar los orígenes del castellano. Es decir, creo que él tiene una gran honestidad intelectual con los datos pero también un prejuicio ideológico. Por otra parte, hay muchos datos que él no llega a conocer en su momento, porque no estaban a disposición de los investigadores; esa falta de datos también pudo condicionar una interpretación más compleja de la historia de la lengua que hoy pensamos que es la correcta. La tendencia actual es considerar que el español es una lengua que surge de la confluencia de los tres dialectos: el asturleonés, el castellano y el navarroaragonés. Entran en contacto en la parte central y meridional de la Península Ibérica y como resultado a veces triunfan los rasgos castellanos, y esos son los que estudió Menéndez Pidal, los referidos a la pronunciación, pero en otros aspectos de gramática o léxico, triunfan rasgos no necesariamente castellanos. Él tenía esa idea, pero siempre pensó que el castellano era la lengua preponderante, lo que tenemos que matizar es que tuviera esa importancia. Él fue muy honesto con los datos hasta el siglo XI, pero después proyecta la historia política de Castilla sobre la historia lingüística. No puedes identificar los territorios que dominaba Castilla con el castellano. Los territorios que eran políticamente castellanos podían hablar variedades que no necesariamente se identificaran con la que se hablaba en la cuna del castellano.
¿Qué textos consideras imprescindibles para entender la historia de España?
Para entender la historia de  España en la Edad Media y en el Renacimiento creo que es fundamental la Historia de España de Alfonso X el Sabio, porque es la base de todas las historias que se escribieron hasta Juan de Mariana, todos siguen ese modelo o lo contestan y en gran parte se recupera en la historiografía romántica del siglo XIX. Para entender un poco la conformación del país, esa obra del siglo XII tiene una importancia que trasciende la época en la que fue escrita porque se convirtió en la fuente de todas las crónicas generales que se escribieron en el Renacimiento y contribuyó a constituir la identidad española. Para entender la historia moderna del siglo XIX los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós serían importantes, y para el siglo XX Arturo Barea Pío Baroja. Para los Siglos de Oro creo que me iría al Quijote, y a la novela picaresca y el diálogo renacentista como los dos géneros que permiten entender más profundamente la mentalidad en los siglos XVI y XVII.
¿Cómo surge el proyecto del Corpus Oral y Sonoro del Español Rural, cómo se realiza y cuál es su finalidad?
Surge por una cuestión estrictamente personal, cuando empiezo a dar clases me encargan dar dialectología y constato que la mayor parte de las fuentes se dedican al asturiano y al aragonés, pero no hay apenas fuentes del castellano, y las que hay se dedican sobre todo a la variación del léxico rural, pero hay muy pocos estudios de variación gramatical. Como parte de la asignatura me planteo hasta dónde llega el laísmo y el leísmo, cuál es la isoglosa, el límite lingüístico del área del leísmo de la de no leísmo; empiezo a buscar fuentes y en ese año, creo que era el 88, realmente no había. Entonces leo un artículo de una profesora hispanoamericana, Flora Klein Andreu, que decía que el leísmo no estaba presente en toda Castilla. Ella era sociolingüista, no dialectóloga, pero había hecho un estudio mediante encuestas que contrastaba la forma de hablar en Soria con la de Valladolid. Yo tenía el modelo de Diego Catalán, que era mi director de tesis, y él hacía encuestas de romancero —como su abuelo, Menéndez Pidal—, y el modelo de mi padre, que fue ingeniero y profesor y siempre había organizado viajes de prácticas para sus alumnos; entonces pedí una subvención a la facultad para organizar un viaje de prácticas de dialectología. En principio la finalidad era comprobar si lo que había leído era cierto, pero inmediatamente me di cuenta de que había un filón por investigar. Empecé a pedir proyectos de investigación asociados a la gramática dialectal y empecé a grabar en el año 90. Al cabo de unos años, el rectorado de mi universidad me reconoció la actividad como prácticas de campo y así fuimos haciendo encuestas. Poco a poco tenemos el Corpus Oral y Sonoro del Español Rural,  que es un corpus de grabaciones realizadas en entorno rural con informantes elegidos al azar que sean nativos de la zona y que sean personas mayores, porque presuponemos que han podido tener menos acceso a la educación y pueden reflejar de forma más fidedigna el habla menos estandarizada y más cercana al ideal lingüístico del pasado. Estas grabaciones han permitido documentar muchos fenómenos lingüísticos que no estaban siquiera descritos e investigar otros que no estaban suficientemente estudiados. Todavía quedan otros por investigar que están en el corpus, el problema es que es muy difícil conseguir subvenciones y la transcripción es carísima.
¿Qué desvelan los estudios sobre loísmo, laísmo y leísmo? ¿Has logrado establecer un mapa de cómo se reparten estos fenómenos en el territorio español?
He reconstruido la distribución dialectal, pero el leísmo a través del habla estándar, de Madrid fundamentalmente, tiene hoy una difusión mucho más amplia que su área dialectal originaria. El leísmo es una forma de utilizar los pronombres que es propia de la Castilla occidental y es la única parte de esa forma que ha sido aceptada en la lengua estándar y se está difundiendo por toda la Península. Por ejemplo, en zonas bilingües: en el castellano de Barcelona la gente es leísta, pero no como en Castilla ni como en el País Vasco ni como en Cantabria; los son como en la lengua estándar, es decir, usan «le» para el objeto directo masculino y nada más.
¿Entonces cada zona tiene sus señas de identidad leísta?
Sí, en la Península hay al menos tres formas de ser leísta.
Como conocedora de las variedades del español, ¿qué opinas de los debates que en ocasiones se originan sobre en qué zona se habla el mejor castellano? ¿Tiene algún sentido?
Desde un punto de vista geográfico no lo creo. Cada uno habla con la variedad propia de su zona. Desde un punto de vista dialectal no creo que sea mejor el castellano de México o el castellano de Soria, por ejemplo.
Y, en sentido temporal, ¿se puede decir que «cada vez se habla peor»?
No lo creo. La lengua evoluciona de forma natural y es un sistema eficaz en todas las épocas. Se habla mal, entre comillas, cuando no tiene hablantes; ese es el problema de una lengua.
Es la idónea en su momento y en su lugar.
Exacto. El problema es que se confunde lengua con lengua estándar, hay que ser muy conscientes de que la lengua estándar es un dialecto en el que somos instruidos a lo largo de años de escuela. No es el dialecto de nadie. No es la variedad que uno aprende naturalmente, sino a través de la instrucción. Es una lengua en la que se proyectan ciertos ideales, como la unidad o la inmutabilidad. Cuando se dice que hay una decadencia en la lengua en realidad se habla de la lengua de cultura o estándar, pero nunca se puede afirmar que un hablante sea menos competente que su padre o su abuelo. Respecto a la lengua estándar, es difícil decir si hay una decadencia porque es verdad que quizás hay un cierto empobrecimiento léxico. Por ejemplo, un compañero mío, profesor de instituto, me contaba que en los exámenes de selectividad, para un grupo de doscientos alumnos entró el significado de la palabra «pródigo», que no supo ninguno, y de «misántropo», que supieron dos. Me pareció escandaloso y le pregunté a mis hijas, que son estudiosas y se supone que han leído, y ninguna lo sabía. Quizás es que las nuevas generaciones no han dependido tanto de la cultura escrita como nosotros dependimos, mi proceso de formación y de ocio era a través de la lectura.
¿Hay una responsabilidad del sistema educativo, que cada vez ha ido relegando más las humanidades?
No, sinceramente creo que es más un problema social que de la escuela. Tampoco se estimulaban especialmente las humanidades cuando yo era joven, y sin embargo la gente que estudiaba sabía escribir sin faltas de ortografía, con léxico más amplio, etc. Quizás porque eran menos los que estudiaban y eso actuaba de filtro, pero creo que es más un problema social: yo empleaba mi tiempo libre en leer, ahora mis hijas emplean su tiempo en ver películas y series.
Eso aporta otro tipo de cultura.
Aporta otra cultura, aprenden otras cosas, pero evidentemente la palabra «misántropo» no sale en la serie y no tienen que buscarla en el diccionario. Tienen una mentalidad diferente; tú leías una palabra que no entendías, la buscabas y la apuntabas en el margen del libro, pero ¿hoy en día qué sentido tiene memorizar una palabra si lo tienes en el momento? Es decir, creo que desde un punto de vista activo, la lengua estándar quizás no tiene un gran nivel general, pero también hay que pensar que se ha extendido muchísimo gracias a la difusión de la educación. Antes estábamos comparando una minoría con una mayoría sin estudios y ahora todos tienen estudios, y eso es un gran avance.
¿Deberíamos alarmarnos por el uso del español que hacen los jóvenes y menos jóvenes en internet, con tantas «k», abreviaturas, sin vocales, etc., o es perfectamente compatible con la corrección en otro contexto?
Siempre he dicho que no es un problema, lo importante es saber dominar el registro de la lengua estándar. Si eres capaz de escribir bien en español y en inglés, por qué no vas a ser capaz de escribir español de dos maneras: una la que aprendes en el colegio y otra en la que te permites ciertas libertades. Creo que además esa ha sido la realidad durante muchos siglos en los que no había una unidad ortográfica; la realizaba la imprenta y cada uno en su manuscrito escribía más o menos como quería hasta que se empezó a generalizar la educación y a imponerse una norma gráfica a partir del siglo XIX. Eso es lo que pensaba, pero ahora que recibo mails de mi hija, estoy cambiando de opinión [ríe].
Respecto a la lengua estándar, ¿es cierta la afirmación de que «la lengua la hacen los hablantes»? ¿La norma es tan democrática o en realidad es una aristocracia, en el sentido etimológico de la palabra? Porque realmente manda más Varga Llosa que yo.
Mi opinión es que la estandarización que no esté basada en el uso no tiene posibilidad de prosperar. Si haces una recomendación de un uso basado en el de gente muy ilustre pero de empleo muy minoritario, no prospera. Lo hacen las que emanan de un uso general que se ha asentado en la lengua, porque en los cambios lingüísticos lo fundamental no son las minorías, son las clases medias. Esto lo han estudiado muy bien los sociolingüistas. Un cambio puede empezar en un grupo sociocultural marginado, pero no prospera si no prende en los grupos intermedios. Cuando penetra en las clase medias se difunde y gana la batalla. Lo mismo podemos decir respecto de un uso marginal de las clases altas, de individuos muy ilustres, que tienen un altavoz muy importante pero que no necesariamente consiguen que su práctica reciba el refrendo de la colectividad. Recomendar usos lingüísticos minoritarios que no están basados en el uso colectivo no tiene sentido.
¿Qué labor desarrollas en la RAE actualmente?
Participamos todos en comisiones que se reúnen cada jueves. Estoy en la comisión de Cultura II, donde se hacen revisiones transversales, hicimos todo el vocabulario de la retórica, el de los hobbies, y ahora estamos revisando palabras de las que hay una ficha preliminar, pero no han llegado a entrar en el diccionario por ser minoritarias o solo de un área concreta.
¿Para el diccionario histórico?
No, para el general.
Que se va a hacer de nueva planta, ¿no?
Sí, existe la idea de hacer un diccionario de nueva planta que será completamente digital.
¿Así se librará de esas definiciones obsoletas heredadas?
Efectivamente, el diccionario de la academia es fundamentalmente acumulativo. Ahora se ha hecho un esfuerzo por modernizarlo, pero hay definiciones que remontan a Autoridades, otras a 1780, etc. Cada generación ha ido aumentando el diccionario. Muchas veces refleja un mundo que ya no existe u objetos que ya no se usan y se mantienen ahí porque se piensa que pueden ser de utilidad para leer a los clásicos, y en ocasiones reflejan también una mentalidad no acorde con los tiempos. El nuevo diccionario pretende ser de nueva planta y las definiciones se harán de nuevo, no se trabajará con definiciones heredadas que se modifican o añadiendo nuevos lemas.
Se suele poner en tela de juicio la utilidad de la academia arguyendo que en otras lenguas no existe este organismo. ¿Qué papel tiene la RAE y por qué es necesaria?
En todas las lenguas hay una institución, sea pública o privada, que fija el estándar lingüístico. Nosotros tenemos la suerte de que esta institución se fundó hace trescientos años, si no existiera podríamos postular una alternativa, pero, teniendo una institución con los medios y la tradición, no tiene sentido. Lo importante es que la Academia sea una institución al servicio de la comunidad hispanohablante, y esto creo que es algo que desde los últimos años del siglo XX hasta hoy se tiene muy presente. Es decir, no debe ser una institución ensimismada, sino abierta a la sociedad y que proporcione recursos lingüísticos de utilidad para toda la comunidad de hablantes.
La política panhispánica de la RAE pretende dar su sitio a todas las variedades del español. ¿Crees que los castellanoparlantes españoles son etnocentristas respecto a variedades americanas mientras que vemos el inglés como lengua de prestigio?
Respecto al inglés, seguro. El inglés es prestigioso y por eso nos gusta aderezar nuestro discurso con palabras en inglés, pero no solo en España, en Sudamérica y en todo el mundo. Respecto al español de América, a mí me llega la opinión contraria: que cualquier hablante rural hispanoamericano habla un mejor español que un hablante urbano de la Península. Que no es cierto, porque realmente hay hablantes urbanos y rurales que hablan bien y mal en todas partes. Depende de sus habilidades lingüísticas y de su dominio de la lengua estándar.
¿Cuál crees que es el mecanismo correcto para incorporar los anglicismos?
Creo que es inevitable, en un mundo donde tenemos un liderazgo del mundo anglófono, que entren palabras del inglés, al igual que durante los siglos XVIII, XIX y hasta mitad del XX todo el léxico incorporado es de origen francés, lo que pasa es que no nos choca tanto porque tiene una raíz latina y no nos damos cuenta de su origen foráneo. Intentar evitarlo es una batalla perdida y no le veo el sentido. Ahora, ¿qué hacemos con los anglicismos? Mi opinión es que tenemos un problema porque la gente ahora sabe inglés. Antes se asimilaba fonética y gráficamente a tu idioma, pero ahora a la gente le gusta escribirlo en inglés y pronunciarlo en inglés.
Y escribirlo en inglés y pronunciarlo en español.
También. En mi opinión la postura más inteligente, que es la que adoptan los alemanes: una vez que un anglicismo entra, adaptarlo ortográficamente, para evitar que pasen cosas como «whisky», que ya no lo puedes cambiar. Cuando una palabra se ha instalado en tu memoria gráfica es muy difícil cambiarla.
Entonces, hay que actuar cuanto antes.
Justo lo que se ha hecho con «tuit». Si no se hubiera hecho nada —que era lo que hacía antes la Academia, dejarlo en barbecho— ese anglicismo entra en la lengua escrita y ya forma parte de ella. Esa es mi opinión, que no es necesariamente la institucional.
Siendo mujer y académica sé que hay preguntas sobre el machismo que son recurrentes, pero me ha llamado la atención ver como titular en varias ocasiones «soy miembro, no miembra»; leyendo la respuesta he visto que era más matizada —que no la utilizas porque no se usa— y no una declaración de principios como parecía, y me gustaría saber cuál es tu postura respecto al lenguaje no sexista.
El lenguaje no es sexista. El masculino es el género por defecto no marcado. Es decir, cuando tienes un conflicto de referentes de dos tipos, el masculino es el que se introduce. Esto pasa en todas las lenguas de Europa. Cuando tenemos problemas de concordancia en los plurales, por ejemplo, el número no marcado es el singular y el que se introduce en caso de conflicto de concordancia. La gramática, cuando hay dos posibilidades de concordar, elige aquella más general. Por razones probablemente históricas claramente relacionadas con el patriarcado que ha dominado toda la sociedad europea durante mil años, el masculino es el género no marcado. Y es algo que no ha pasado hace poco, porque antes el género no marcado era el neutro, pero a partir del siglo IX o X cambió en muchas de las lenguas europeas a favor del masculino.
Pero esto, que a mí también me han enseñado así, no funciona en la práctica. Nunca encontrarás un colectivo formado por mujeres en el que encaje el masculino como género de marcación cero. Por ejemplo, ama de casa.
Pero porque no hay amos de casa.
Precisamente. Si no hay hombres, no funciona. Tendría que haber una entrada neutral de «amo de casa», aunque no hubiera ni uno, si tuviera marcación cero.
No marcado no significa que sea cero, es decir, no es totalmente neutro. Significa que cuando tú tienes un conflicto hay uno que tiene una extensión más general y es el que se introduce. Digamos que el femenino tiene una marca adicional que restringe el grupo general. Dicho esto, no quiere decir que grupos de la sociedad no puedan hacer propuestas sobre usos lingüísticos, yo no estoy en contra de que los jóvenes digan «mazo», tampoco estoy en contra de que las mujeres propongan que se usen dobletes en los géneros, creo que es una propuesta lícita. La lengua es algo vivo y flexible. De lo que sí estoy en contra es de que se imponga desde un punto de vista institucional, no puedes hacer pensar a la gente que está siendo sexista cuando hace un uso normal de la lengua. También estoy a favor de que se introduzca la moción de género en los sustantivos. Por otra parte, desde un punto de vista psicolingüístico, es verdad que hay bastantes estudios que dicen que cuando se usan los plurales masculinos el hablante no suele entender que el grupo incluya a las mujeres. Es decir, que cuando a un niño se le dice «los niños» no necesariamente piensa en un colectivo de niños y niñas. Habría algunos contextos donde sería lícito introducir los dobletes. Por tanto, mi postura es que en el lenguaje administrativo, en el que se ofrecen puestos de trabajo, todos aquellos documentos que tengan una alocución pública que tenga una audiencia masculina y femenina pueden contemplar perfectamente los dobletes si se cree necesario para evitar ambigüedades. En definitiva, es una decisión de los hablantes, si deciden utilizar estos dobletes, prosperarán.
Y, yendo al fondo y no a la forma, ¿consideras que la lengua tiene influencia en cómo generamos los conceptos, como afirman las teorías relativistas? Es decir, ¿visualizar a la mujer en el lenguaje ayuda a proyectar ese concepto?
Piensa por ejemplo en lenguas que no tienen género, como el inglés. ¿Crees que las mujeres están más o menos discriminadas en el inglés porque no hay género?
Pero no hay un género predominante.
No, no lo tiene, pero ¿es menos machista la sociedad inglesa o la holandesa que tiene un artículo que no marca el género? ¿Es más o menos machista la sociedad alemana que sí tiene género? O las lenguas escandinavas que tienen un género común, que incluye femenino y masculino. ¿Existe una relación entre lengua y sociedad? Yo no lo creo. Hay formas de la gramática que empiezan siendo icónicas, como se llama en gramática funcional, que reproducen la realidad; por ejemplo, un reflejo icónico es que las formas del plural son siempre más pesadas que las del singular, no hay lengua en la que las formas de plural sean más breves que las del singular. Pero una vez que una forma que está semánticamente motivada se gramaticaliza pierde parte de su sentido originario, se fosiliza, ya no responde necesariamente a su motivación primaria. Este uso de los dobletes lo que quiere es resemantizar el lenguaje de nuevo, creando una nueva denotación del masculino y del femenino. A mí me parece que es lícito y habrá que ver si prospera y, si es así, habrá que aceptarlo.
En el mundo de la educación hay desigualdad en el reparto de puestos de responsabilidad. En el caso de la filología es muy llamativo porque una mayoría aplastante de la base es femenina. En algún momento te has manifestado en contra las cuotas, ¿en un campo en el que la mayoría de los expertos son mujeres no tiene sentido forzar que alcancen puestos de responsabilidad para romper una tendencia heredada?
Ahora mismo los profesores titulares son 50 % hombres y 50 % mujeres y la proporción de catedráticas en Filología debe de ser bastante superior al 15 %, que es la media en todas las disciplinas. No creo que sea un número tan reducido. También hay que tener en cuenta que las promociones a cátedra con los recortes han disminuido y esa generación de profesoras titulares no ha tenido acceso a la cátedra porque ahora mismo no hay plazas. Mis profesores eran todos catedráticos, había muy pocas mujeres. De mi edad creo que debe de haber un 30 %. Si haces el cómputo por franjas de edad te encontrarías que sí se ha ido aumentando el porcentaje de mujeres. Cuando esta generación de profesores titulares llegue a catedráticos, lo lógico es que sea del 50 %. No creo que permanezca ese sesgo tan claro. En mi disciplina no creo que sea necesario, solo conozco un caso, aunque no en mi área, de una chica extraordinariamente brillante que daba cien vueltas a todo el tribunal y la suspendieron siete veces. Eso sí que fue una vergüenza y salieron hasta cartas en El País. Pero en mi área no conozco ningún caso. De lo que sí estoy a favor es de que los tribunales sean paritarios, porque es una garantía de que no va a haber una elección condicionada por una mayoría masculina, pero no de nombrar a la gente por cuotas.
La última pregunta, no por ello menos importante: ¿el solo con tilde o sin tilde?
La última Ortografía lo recomienda sin tilde, pero no solo la última, desde los años sesenta. Es una recomendación que se venía haciendo hace mucho y no ha prosperado nada; como te decía, hacer recomendaciones que no están basadas en el uso muchas veces no sirve para nada.
Pero la Ortografía es prescriptiva.
Sí, es prescriptiva, pero sobre todo ha de ser prospectiva. Cuando una práctica gráfica está muy asentada es muy difícil cambiarla.
Para eso están los niños a los que van a enseñar que no lleva tilde.
Exactamente, por eso digo que es prospectiva. En el momento en el que la generación de chicos jóvenes la acepten está resuelto. Una reforma ortográfica necesita una generación para establecerse.
Pues esta norma está costando varias generaciones.
Ahí tienes un caso en el que la gente te lo argumenta, porque le gusta el «solo» con tilde.
¿Pero qué argumento es ese, «me gusta»?
[Ríe] El mismo que el de me gusta «todos y todas».
No me has contestado. ¿Con o sin tilde?
La he quitado porque ya era vergonzoso, pero hasta hace poco la he utilizado porque así es como me lo enseñaron.



[Fotos: Lupe de la Vallina - fuente: www.jotdown.es]

segunda-feira, 24 de julho de 2017

As últimas palavras de Guimarães Rosa

Num episódio misterioso, sete relatórios produzidos como diplomata pelo autor de Grande Sertão: Veredas foram excluídos da edição póstuma do seu último livro. Seis deles estão nos arquivos do Itamaraty. Eles revelam como o escritor mineiro, mesmo em textos burocráticos, se esmerava no uso da palavra.

Escrito por MARCELO BORTOLOTI

O escritor e diplomata João Guimarães Rosa morreu aos 59 anos de idade, no auge da fama, deixando o país consternado e uma lenda em torno de sua morte. Acabara de entrar para a Academia Brasileira de Letras, depois de adiar a posse por quatro anos, justamente com medo de morrer. Rosa era médico, estava ciente de seus hábitos de fumante e sedentário, agravados pelo histórico de cardiopatia na família. Sabia que uma emoção mais forte poderia matá-lo, e a tão aguardada cerimônia de posse era um ensejo para isso. Também ouvira de um pai de santo com quem se correspondia em Minas Gerais que iria morrer no momento em que a fama do sobrenome Guimarães Rosa superasse a existência do indivíduo João. Ainda que estivesse relutante, amigos e familiares diziam que ele se preparava para o desenlace fatal.
Guimarães Rosa,escritor (Foto:  David Zingg/Acervo Instituto Moreira Salles)
Meses antes do ocorrido, o escritor chamou sua filha Vilma na sala que ocupava no Palácio do Itamaraty, no Rio de Janeiro. Abriu em sua frente o cofre onde guardava documentos importantes, além dos doces de leite que trazia de Minas. E mostrou a ela dois maços de papel, protegidos por capas de plástico transparente. Eram os originais dos livros Estas estórias e Ave, palavra, que estavam supostamente prontos à espera de publicação. Rosa deu ordens expressas à filha: “Se algo me acontecer, leve imediatamente ao editor José Olympio”.
Em novembro de 1967, um infarto fulminante tirou a vida do escritor, que ainda tentou pedir ajuda por telefone, mas morreu sozinho em seu apartamento. Após o enterro, Vilma foi ao Itamaraty e cumpriu as ordens do pai. Retirou as duas pastas do cofre e, tal como estavam, entregou-as na editora José Olympio para publicação. Estas estórias saiu em 1969 e Ave, palavra, um ano depois. As duas obras foram revistas e organizadas pelo editor e tradutor Paulo Rónai, que procurou ser o mais fiel possível aos originais deixados pelo amigo. Ave, palavra foi a última obra de Guimarães Rosa. Encerrou uma produção que se restringiu a oito livros, mas que mudou para sempre a literatura brasileira.
A história poderia terminar aí. No entanto, uma carta preservada na Biblioteca Mindlin, da Universidade de São Paulo (USP), abre um mistério em torno de Ave, palavra e do tratamento dado aos originais do escritor. A carta foi escrita por volta de 1970 por Raul Floriano, advogado que cuidava do espólio de Guimarães Rosa. Foi dirigida a Daniel Pereira, irmão de José Olympio, responsável pelas publicações da casa. Nela, Floriano diz que alguns textos deveriam ser “eliminados” do livro a ser editado. Ele justificava: “Esses textos pertencem aos Arquivos Secretos do Itamaraty”. A carta lista sete relatórios escritos por Rosa ao longo da carreira como diplomata que não entraram em Ave, palavra. Uma estranha interferência do advogado, que pode ter deformado o último livro do grande escritor.
Guimarães Rosa,chefe da Divisão de Fronteiras do Itamaraty (Foto:  Arquivo / Agência O Globo)Guimarães Rosa, chefe da Divisão de Fronteiras do Itamaraty 
(Foto: Arquivo / Agência O Globo)
Os relatórios não foram destruídos. A reportagem consultou os arquivos do Itamaraty no Rio de Janeiro e em Brasília  e conseguiu localizar seis deles. Apenas um está desaparecido. Não possuem o selo de “secreto” e estão disponíveis ao público. Foram escritos por Rosa quando serviu na Alemanha, na França e como chefe da Divisão de Fronteiras no Brasil. Não restou nenhum registro escrito que possa justificar o pedido de Raul Floriano para que fossem eliminados do livro. Embora não sejam textos literários, a diplomata Heloísa Vilhena, que estudou a atividade de Guimarães Rosa no Itamaraty, afirma que alguns deles se aproximam da linguagem característica do escritor, lembrando contos de seu primeiro livro, Sagarana.
Todos os personagens envolvidos diretamente na publicação de Ave, palavra já morreram e não revelaram se o livro teria conteúdo diferente do publicado. No inventário de Guimarães Rosa, Raul Floriano aparece como advogado designado pela segunda mulher do escritor, Aracy Moebius de Carvalho. As duas filhas do primeiro casamento com Lygia, Vilma e Agnes, eram representadas por outro advogado. Este, em mais de uma petição ao juiz, critica o excesso de interferência de Floriano, “recolhendo documentos e valores encontrados em gavetas da mesa de trabalho no Ministério do Exterior”. Raul Floriano era autor de livros de Direito e não tinha qualquer expressão literária que o autorizasse a decidir o que deveria entrar ou não na obra. Ao zelar pelos interesses do espólio, pode ter entendido que a publicação dos relatórios, documentos internos do Itamaraty, poderia prejudicar a circulação do livro em plena ditadura militar. Ou acreditar que aqueles textos entraram por engano na edição. “Os originais estavam prontos para ir ao prelo. Se papai quisesse tirar algo, teria já tirado ou me dito”, disse a ÉPOCA Vilma, a filha do escritor, hoje com 86 anos.
Documentos burocráticos (Foto: Reprodução/Arte Época)
Guimarães Rosa entrou para o Itamaraty em 1934 e sempre procurou distinguir o diplomata do escritor. O pano de fundo de seus livros era o sertão mineiro, e não a vida em Hamburgo ou em Paris, cidades onde trabalhou. A presença dos relatórios em Ave, palavra poderia indicar uma intenção do autor em aproximar suas duas esferas profissionais a partir desse livro – uma obra atípica, que inclui notas de viagem, trechos de diário, poesia e reportagens poéticas, muitos deles publicados em jornal. Rosa era conceituado no Itamaraty pela minúcia e pela clareza de seus textos. A fluidez da escrita tinha a propriedade de atrair mesmo leitores de fora do círculo diplomático. Não era, no entanto, a linguagem literária que criou em obras monumentais como Grande sertão: veredas.
Documentos burocráticos (Foto: Reprodução/Arte Época)
Um dos textos eliminado do livro foi produzido durante viagem a uma cooperativa de lavradores ao sul de Paris. O então primeiro-secretário Guimarães Rosa deveria avaliar se os trabalhadores possuíam condições técnicas para participar de um projeto de imigração para o Brasil. Voltou com achados poéticos:  “Há um jeito, sábio e amoroso, de revolver na mão a terra da gleba arada; de tocaiar as toupeiras, que alongam o morrete de suas galerias pelos canteiros da horta; de armar engenhosos espantalhos para defesa da semeadura, estacando manipanços ou pendurando um pintarroxo morto, que se balança ao vento e escarmenta os demais pintarroxos atrevidos”.
Outro relatório expõe uma divertida contenda nos bastidores do Itamaraty. Em 1945, o diplomata Djalma Lessa escreveu ao chefe do Departamento de Administração sobre o envio de uma amostra de damascos vinda de Assunção. O texto passou pelas mãos de Rosa, que fez uma série de correções ortográficas com tinta vermelha. Na ocasião, um ano antes de Sagarana, ele ainda não era conhecido como escritor. Lessa não gostou das correções e escreveu carta ao chefe dizendo que as alterações “em vez de melhorar ou corrigir o texto” deixavam “positivamente errado o que eu escrevera certo”. Minucioso ao extremo, Rosa redigiu um longo relatório pormenorizando cada uma de suas correções ortográficas. “O estilista da minuta e autor do memorandum levantou contra o revisor a acusação de haver errado, e errado gravemente.” Ele esmiúça suas correções citando regras gramaticais e manuais de redação do Itamaraty. Termina atacando o colega: “A verdade é que minuta e memorandum comprovam a completa desorientação do autor, no tocante ao emprego das vírgulas”. Depois do arrazoado, o chefe concordou com Rosa e ainda passou uma bronca em Lessa.
Guimarães Rosa,na possde na Academia Brasileira de  Letras ,entre Juscelino Kubisschck e Autrésilo de Athayde (Foto:  Arquivo / Agência O Globo)
De tempos em tempos, Rosa entregava alguns de seus relatórios para que Maria Augusta de Camargos, sua secretária pessoal, os guardasse. Os sete textos que estavam junto com os originais de Ave, palavra foram escritos ao longo de vários anos e escolhidos por critérios muito específicos. Não está entre eles, por exemplo, aquele que é considerado o mais importante texto de Rosa como diplomata – a nota de 1966 que deu origem à Ata das Cataratas. Com muito traquejo e profundo conhecimento das fronteiras, nesse texto ele consegue apaziguar um possível conflito entre Brasil e Paraguai, que disputavam limites no Rio Paraná. “Esta foi a melhor nota diplomática que o Brasil já escreveu, depois das do Barão do Rio Branco”, diz o escritor e diplomata Alberto da Costa e Silva, contemporâneo de Rosa no Itamaraty.
Um dos relatórios descreve o cotidiano em Portugal e Espanha durante a Segunda Guerra Mundial, em 1941. Rosa foi enviado como correio diplomático e escreveu um apanhado da situação política, social e econômica dos países para o embaixador em Berlim. Há uma curiosidade a respeito desse texto. Anos depois, Rosa retrabalhou o relatório de maneira literária, produzindo um conto inacabado sobre o mesmo tema. O professor da Universidade de Brasília (UnB) Gustavo de Castro, que está fazendo uma biografia sobre o escritor, encontrou os rascunhos no arquivo da USP. Esse era seu processo comum de trabalho, o que faz soar estranha a ideia de publicação dos relatórios brutos. “Ele tinha ojeriza ao estado bruto. Ao passar desta descrição para a narrativa ficcional é que criava sua literatura. Acho que os textos diplomáticos poderiam servir de mote para alguma narrativa. Duvido que quisesse publicá-los na forma de relatório”, diz Mônica Gama, professora de literatura da Universidade Federal de Ouro Preto, especialista na obra de Rosa. Pela documentação preservada, não fica claro se o escritor via algum valor literário em seus textos do Itamaraty e pretendia publicá-los na íntegra ou não. O advogado Raul Floriano pode entrar para a história como o homem que interferiu na obra póstuma de um mestre da literatura nacional.
Documentos burucráticos (Foto: Reprodução/Arte Época)

«Vivir y chayar», por Nacho Prado & Daniel Campos





Cuando yo pienso en mi Rioja
recuerdo la gente
de aquel carnaval.

Vibra la vida en los parches
el alma sedienta
se quiere machar.

Y el vino, ese vino travieso
que emborracha a los hombres
y los hace cantar.

Y el vino, ese vino travieso
que emborracha a los hombres
y los hace cantar. 

Reír y bailar, vivir y chayar.

Juegan las chinas fiesteras
sus cuerpos al aire
parecen volar.

Miro las caras pintadas
sus cuerpos alegres
gritan carnaval.


***
Mi gente riojana, sobada esperanza devorada por el sol
con vida marcada en las caras
esa es mi gente
la que de tanto en tanto canta el carnaval
y agobia el canto con una caja y una guitarra perfumada 
que detiene el milagro del vino.

Mi gente riojana, pícaro gesto de la tierra
alimento fiestero que emborracha la vida
con repique de chaya.

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Letra y música: Miguel Ángel Robles - El Chango Rodríguez


A intolerância nazista contra os gays

Melhoramentos publica livro sobre a perseguição aos homens e mulheres gays feita pelo regime nazista durante o Holocausto

O que acontece quando sua orientação sexual pode se tornar sua sentença de morte? Quando os nazistas subiram ao poder na Europa, a vida dos homossexuais passou a ser regida pelo medo. De um cenário de liberdade sexual, vivido principalmente na Alemanha até o início da década de 1930, para o medo, prisões e campos de concentração junto com os judeus. 

Ken Setterington uniu sua pesquisa a relatos de sobreviventes homossexuais que viveram os horrores dos campos de concentração para resgatar sua história e cravar nas pessoas a importância da igualdade dos direitos humanos e civis, para todos. 

O triângulo rosa, costurado nos uniformes da prisão, tornou-se o símbolo de sua perseguição e dos direitos dos homossexuais. Marcados pelo triângulo rosa (Melhoramentos, 136 pp, R$ 53) conta histórias como a de uma jovem judia que foi resgatada do desespero e da fome nos campos por um prisioneiro gay que usava o triângulo rosa. 

O último capítulo do livro descreve os avanços conseguidos nas décadas após a guerra com relação aos direitos LGBTs.


[Fonte: 
www.publishnews.com.br]

Vinos y Comics - Una mirada al mundo del vino desde la ignorancia

Los ignorantes de Étienne Davodeau - Vinos y Comics
Pasión por el vino y por los comics, una mirada a estos dos artes desde la ignorancia. Esa es la propuesta del dibujante francés Étienne Davodeau en su libro "Los ignorantes".
En este fascinante comic un pequeño viticultor de la zona del Loira, Richard, hará participe de su día a día en el viñedo al dibujante de comics para que comprenda lo que hay detrás de un vino, a su vez Étienne irá introduciendo a Richard en el mundo del comic.
De una forma transparente y directa nos llega la pasión por una tierra y el respeto por un entorno. Sin poesías, sin lenguaje elitista y sin maquillar una realidad a la vez dura y fascinante como es el cuidado del viñedo y la pasión por los buenos vinos.
Aquí os dejo algunas frases que me han hecho reflexionar, valorar, y seguir apasionándome por un mundo tan especial como el es la viticultura y el vino:
"Es un proyecto muy concreto: beber vino que le hable de la tierra a nuestro cuerpo."
"Lo importante es sentir la lealtad y el placer del tipo que ha hecho el vino... o el libro" – y es verdad, cuando alguien hace algo con pasión se transmite y siempre llega a otras personas.
En otra de las páginas están hablando de la diferencia entre los viticultores que cuidan la tierra, la trabajan manualmente, y pasean por la viña diariamente para realizar todos los cuidados frente a las grandes bodegas mecanizadas, y Richard dice  "la proximidad física y por tanto mental del viticultor con su trabajo es fundamental... piensa en eso cuando bebas vino."
En lo referente a las puntuaciones de grandes críticos como Robert Parker hay una conversación muy interesante en el libro que merece la pena leer, de esa conversación yo he extraído la siguiente reflexión: "Entonces muchos se pusieron a trabajar para adaptarse al gusto de Parker. Quizá el problema no sea él... sino su supremacía."
En cuanto a las Denominaciones de Origen, hay una frase irónica casi cómica cuando otro viticultor le dice a Richard: "Yo le doy mucha importancia a la Denominación", y Richard le responde: "Yo también, por eso prescindí de ellas."
Y para terminar el artículo, no quiero ser más spoiler (ya os he contado demasiado) pero me gustaría acabar con la siguiente opinión de Richard: "Un viticultor es bueno si entiende y acepta la individualidad de su terreno."
[Fuente: www.vinetur.com]

'Els protocols dels savis de Sió'

Escrit per Míriam Díez 

La paranoia pot ser molt nociva. Si llegir llibres és un plaer, empassar-se pamflets delirants ens pot escurçar dràsticament el sentit comú. És el cas de la mentida colossal titulada Els protocols dels savis de Sió (1905), un perill publicat des de fa més de cent anys que ha atiat el foc de l’odi contra els jueus. I que és un autèntic sensesentit que no s’ha extingit. El text, creat i editat parcialment fins a la seva edició completa el 1905, és una suposada trobada de savis jueus, que durant 24 sessions decideixen com controlaran el món, perquè tots sabem que els jueus han nascut per això. I no només ells, sinó que rere els savis de Sió hi ha també la conspiració dels maçons i dels comunistes, perquè els mals no venen mai sols. Això és molt nociu i se’n deriva que cal eliminar els jueus perquè són perjudicials. La primera publicació va ser a la Rússia dels tsars i va servir per justificar els pogroms contra els jueus. Per a alguns sectors reaccionaris també serviria per frenar la liberalització econòmica del règim tsarista davant la influència financera francesa a Rússia durant aquells anys. La perillositat del text és que encara avui, a Grècia amb els feixistes d'Alba Daurada, als Estats Units o a Itàlia, se segueix editant, per no referir-nos als fàcils exemplars que circulen per la xarxa. És un text fals que en època de postveritat sembla un llibret més, però el verí que acumula és molt premeditat i d’ombra allargadíssima.

El professor i historiador Daniel Roig, en aquesta encertada fórmula que fan les universitats que és obrir les aules i oferir cursos per a tothom a l’estiu, ha dedicat una sessió a disseccionar aquesta obra. L’he anat a escoltar. Habitualment, un professor comença lloant o criticant els llibres dels quals parla, però no en desaconsella la lectura. Si Roig Sanz de la UB, cervell despert i endreçat, creu que el llibre no aporta res, és perquè realment amb el temps que tenim a disposició, no cal engolir més mentides. Però si sabem que part del llibre encara avui a Aràbia Saudita s’ensenya a través dels llibres de text, i es reedita a Egipte, a Síria, al Líban, potser llavors sí que ens cal entretenir-nos a entendre i llegir, tot i que sigui de mal digerir, aquesta malèvola peça, l’obra antisemita més difosa de la història, origen dels mals més atroços que Europa recorda i l’ombra dels quals torna a planar, no com el fantasma comunista, sinó com una amenaça real. Ja no es tracta d’antijudaisme (contra una religió que ha resultat antipàtica a molts), sinó d’antisemitisme, i, per tant, de menysprear el judaisme en tant que raça, per motius biològics d’impossible justificació. Els savis de Sió, de “nefasta influència” segons Roig, es continua editant. L’antisemitisme no ha desaparegut. Darwin no sospitava que el seu L’origen de les espècies seria manipulat pels darwinistes socials, que amb la màxima de la selecció nacional, decidirien que els jueus formen part d’aquestes capes “inferiors” de la societat que val més que desapareguin, naturalment o artificialment. Teòrics de l’antisemitisme com Spencer, Gobineau, Virchow, Chamberlain (casat amb la filla de Wagner) o el pèrfid Galton (cosí de Darwin) van influir en catalans com Rossell i Vilar o Josep Antoni Vandellós, perquè a tot arreu hi ha derives i Catalunya no és cap excepció.
Els savis de Sió, aquesta bogeria inventada que pregona que els savis jueus volen controlar el capitalisme, la indústria moderna, els moviments revolucionaris i fer-se amb el poder, ja va ser desmentit el 1921, i el 1935 el mateix diari The Times va publicar que era fals. De fet, fins al 1999 no s’ha sabut que l’autor n'era la policia tsarista, que el va encarregar a Matvei Golovinski.
Avui segueix circulant i cansa, i és mesquí i empobridor que la mentida romangui impune pel món, que no sapiguem distingir el gra de la palla i que els feixismes s’emparin en pretesos textos i argumentaris. La saviesa de saber destriar requereix formació, i la bona notícia de tot plegat és que els cursos d’estiu d’història poden ajudar a desmuntar mites nocius que ens debiliten com a societat i ens en fan còmplices.


[Font: www.elnacional.cat]

Más pequeña que pequeña

Disponemos de adjetivos que sugieren mejor el tamaño diminuto de la letra que aparece en los envases



Escrito por ÁLEX GRIJELMO

La palabra “pequeña” se queda a veces demasiado grande. 

La verdad es que no puede definirse con rigor ese adjetivo, que tiene como antecedente pitinnus en el latín vulgar y que se documentó ya en torno a 1140 (Corominas y Pascual). Porque nuestra idea de lo pequeño y de lo grande varía según cada contexto; de ahí aquel viejo chiste: “Yo opino que lo mejor de la vida está en las cosas pequeñas: un pequeño yate, una pequeña mansión, un pequeño avión…”. 

Una pequeña mansión mide más metros que un piso grande. Por eso el adjetivo “pequeña” puede sugerir una dimensión mayor que su antónimo “grande” si éste se proyecta sobre un objeto de escaso volumen habitual. Del mismo modo subjetivo, lo que se llamaba “la pequeña pantalla” ha crecido ya tanto en pulgadas y plasmas, y tanto ha decrecido la del cine (antes “pantalla grande”), que pronto habrá que aplicar aquel viejo sinónimo a éstas y no a aquéllas; y viceversa. 

El Diccionario define “pequeño” como lo que tiene un tamaño inferior a otros de su misma clase, mientras que “grande” es lo que muestra una dimensión superior a lo común y regular. Pero la entrada “pequeño” recoge una locución interesante: “Letra pequeña”. Con la siguiente definición: “Parte de un texto o contrato en la que figuran cláusulas importantes que pueden resultar menos atendidas por aparecer en un cuerpo menor”. Por tanto, el concepto de “pequeña” se activa merced a una comparación. Y en efecto, esa letra de contratos o prospectos, de instrucciones o de etiquetas, se imprimió siempre en un cuerpo inferior al del texto principal, sí. Pero si su tamaño sigue decreciendo, ¿hasta cuándo seguiremos llamándola pequeña? 

Leer la lista de ingredientes al tomar unas galletas del estante en el supermercado a fin de verificar si contienen aceite de palma o comprobar una vez más cuántas palabras pueden enmascarar el concepto “azúcar” no exige ya solamente haber cogido las gafas al salir de casa, sino llevar en el bolsillo una lupa o, para casos más acentuados, un buen microscopio. A ser posible, un microscopio nuclear. 

La obligación de que los productos alimenticios incorporen información sobre las materias con que fueron fabricados ha ido ejerciendo una formidable reducción de los textos correspondientes, muchos de los cuales evitan superar el mínimo legal europeo de 1,2 milímetros (cuerpo 4), ya de entrada poco exigente. 

Así, cuando nos venden una reducción del vinagre de Pedro Ximénez puede que estén refiriéndose más bien a lo que han hecho con el tamaño de las explicaciones que vienen en el envase. 

Hoy en día, leer la letra pequeña se parece mucho a leer la letra ilegible. 

Por eso conviene recordar que la locución “letra pequeña” no refleja el grado de mayor reducción, pues por debajo de ese adjetivo disponemos de otros que sugieren mejor lo diminuto, casi siempre con notable presencia del fonema i(siguiendo el gusto de nuestro genio del idioma cuando quiere resaltar lo pequeño). Quien se proponga luchar contra estos abusos tiene a mano locuciones como “letra chiquitísima”, “letra ínfima”, “letra mínima”, “letra milimétrica", “letra microscópica” o “letra diminuta”, sin olvidar la opción “letra ridícula”. 

Con tanta profusión alimentaria de palmistes, palmitatos, palmatos o palmíticos, uno ha de elegir entre dejarse el colesterol o dejarse los ojos. 


[Foto: GETTYIMAGES - fuente: www.elpais.com]