sexta-feira, 21 de agosto de 2026

«La batalla de Argel», 60 años inspirando la resistencia

La batalla de Argel transformó una memoria reciente en un hito del cine político. A 60 años de su estreno, la obra de Gillo Pontecorvo sigue siendo una referencia ineludible en un mundo signado por las guerras de contrainsurgencia.

Entre la audacia de una naciente industria nacional, la solidaridad de los realizadores italianos y las presiones diplomáticas de París, La batalla de Argel se abrió paso hasta convertirse en un mito del cine mundial. Una película que enseñó a filmar —y a pensar— la resistencia anticolonial.

Escrito por Luca Peretti

Traducción: Florencia Oroz 

Incluso antes de su estreno en el Festival de Cine de Venecia el 31 de agosto de 1966, La batalla de Argel, de Gillo Pontecorvo, ya había despertado una enorme expectativa. El jurado, presidido por el escritor italiano Giorgio Bassani, le otorgó el León de Oro —máximo galardón del certamen— «por la valentía con que abordó un tema histórico y político tan complejo y controvertido, y por el vigor con el que supo dominar la materia». Pero más allá de los elogios, el filme desató intensas polémicas que se prolongaron mucho después de su exhibición.

La delegación del gobierno francés en Venecia se negó a asistir tanto a la proyección como a la ceremonia de clausura porque, en palabras de su máximo representante (el funcionario y escritor Philippe Erlanger), «interpretamos la inclusión de la película en el festival como una muestra de hostilidad hacia Francia». La crítica cinematográfica francesa —que, como siempre, desbordaba la ciudad italiana al constituir la delegación periodística extranjera más numerosa— sí asistió a la sala, pero la recepción estuvo lejos de ser favorable.

Por citar solo un caso, Yvonne Baby escribió en Le Monde que «Gillo Pontecorvo cometió el error de acentuar —con una intensidad irritante a la que la música contribuye enormemente— el heroísmo de los combatientes argelinos, y de filmar constantemente, en primeros planos y bajo un trágico crepúsculo, rostros tensos y afligidos cuyas expresiones… no despiertan emoción alguna». Francia no estaba preparada para hablar de la guerra de Argelia apenas cuatro años después de su humillante retirada del país norteafricano.

Pero ¿de qué trata la película de Pontecorvo y por qué sigue siendo imprescindible analizarla sesenta años después?

Pioneros

El filme hace foco en un episodio extenso y emblemático de la guerra de independencia de Argelia (1954-1962): la batalla desencadenada en la capital en 1957. A partir del asalto de los paracaidistas franceses al refugio de un reducido grupo de militantes (encabezado por Ali La Pointe, uno de los referentes del Frente de Liberación Nacional [FLN]), la película recurre a un flashback para reconstruir el proceso de politización y formación guerrillera de La Pointe. Muestra la evolución del combate en Argel: desde los primeros pasos para tomar el control de la Casba hasta el intento de propagar la insurrección al resto de la ciudad. El cierre del filme retrata las revueltas de diciembre de 1960 —en su mayoría espontáneas— que terminarían abriendo el camino hacia la independencia en 1962.

Con un elenco integrado de manera casi exclusiva por intérpretes no profesionales y rodada íntegramente en Argel con un estilo realista y cuasidocumental, la película nació del encuentro entre Yacef Saâdi —excombatiente de la guerrilla argelina reconvertido en productor cinematográfico—, el director italiano Gillo Pontecorvo y el guionista Franco Solinas. Mientras Saâdi buscaba llevar a la pantalla un relato que enalteciera la gesta de independencia, los italianos querían realizar un filme anticolonial centrado en una lucha paradigmática pero capaz de resonar a nivel universal. Ambas partes ya trabajaban en proyectos independientes cuando se reunieron en 1964 y decidieron aunar esfuerzos.

Como ocurre a veces en el arte, el resultado superó con creces cualquier expectativa: La batalla de Argel se convirtió casi de inmediato en un clásico, una obra que goza de una «resonancia contemporánea renovada sin cesar», según apuntó el historiador de cine Nicholas Harrison. Al día de hoy, por ejemplo, se sigue proyectando y debatiendo al calor de la causa palestina y como modelo sobre la vigencia de las tácticas de guerrilla urbana en los conflictos contemporáneos. Al mismo tiempo, la película no deja de revelar nuevas facetas y protagonistas: la portada del reciente libro de Jeremy Harding, Analogue Africa, muestra una fotografía del equipo de trabajo en el rodaje (entre ellos, el director de fotografía Marcello Gatti), donde además se puede reconocer a una joven Sarah Maldoror, rescatada en años recientes como una de las cineastas pioneras del cine anticolonial y africano.

La realización de la película

Argelia acababa de conquistar finalmente su independencia cuando Saâdi fundó la productora Casbah Films y comenzó a proyectar un filme sobre la guerra de liberación. Francia, que había colonizado Argelia en la década de 1830 y la consideraba parte integral de su territorio nacional, se resistía a perderla tras haber cedido la mayoría de sus colonias —incluidos los vecinos Marruecos y Túnez— y luego de una larga y sangrienta guerra en Indochina. El cine desempeñó un papel activo: cineastas de diversas partes del mundo viajaron a Argelia para documentar los hechos o filmaron obras de solidaridad desde sus países de origen, mientras el cine argelino nacía al calor del conflicto armado.

Saâdi, respaldado por el gobierno del FLN, decidió encarar la producción junto a realizadores italianos debido al activo compromiso de estos con la causa independentista. Pontecorvo no fue la primera opción, según documentan diversas fuentes, pero junto a Solinas ya trabajaba desde principios de los años sesenta en un proyecto sobre Argelia cuyo título provisional era Para. Ambos viajaron al país tras la independencia para explorar locaciones y compenetrarse con la realidad local. Luego de sortear varios obstáculos para conseguir financiamiento —Pontecorvo recordaría en su libro de conversaciones con la periodista Irene Bignardi que los productores potenciales le advertían que «a nadie le interesan los árabes ni los negros»—, el director se asoció con Antonio Musu para crear la productora Igor Film, que unió fuerzas con Casbah Films.

Conseguir financiamiento no fue una tarea sencilla: los productores e inversores italianos arriesgaron su propio capital, al tiempo que el gobierno argelino aportó fondos para el rodaje. Para junio o julio de 1965, Pontecorvo ya estaba en Argel, aunque lo más probable es que la filmación propiamente dicha haya comenzado entre julio y agosto. Las fechas resultan clave: el 19 de junio de 1965 fue un momento de quiebre en la historia argelina, cuando un golpe de Estado no violento encabezado por Houari Boumédiène derrocó a Ahmed Ben Bella, el primer presidente de la Argelia independiente. La célebre leyenda de que la población vio los tanques en las calles y creyó que se trataba de una escena de La batalla de Argel carece de sustento histórico (la documentación disponible indica que el rodaje comenzó con posterioridad a esa fecha). Sin embargo, la anécdota da cuenta del enorme valor simbólico y del impacto emocional que la película generó durante su realización. Cientos de habitantes locales participaron como extras, la ciudad funcionó como set abierto durante meses —el rodaje concluyó en diciembre— y la prensa dio un seguimiento entusiasta: «La ciudad se ofreció a Gillo y a su equipo como si fuera un inmenso escenario poblado de rostros fascinantes, de los cuales varios terminaron seleccionados para pequeños papeles», escribió Bignardi.

El rodaje se convirtió en un acontecimiento central para la Argelia de fines de 1965, en un contexto donde coincidió con la filmación de otras producciones nacionales y con la reestructuración integral de la industria cinematográfica local en materia de producción, distribución y creación de instituciones culturales. El montaje y la posproducción se llevaron a cabo durante el primer semestre de 1966, inicialmente a cargo del montajista neorrealista Mario Serandrei y, tras su imprevisto fallecimiento, del joven Mario Morra. Como era de esperarse, la primera proyección en Argel en junio de 1966 —su estreno mundial previo a Venecia— contó con la asistencia de las autoridades nacionales y de los propios integrantes del elenco, y fue recibida con ovaciones. Loris Gallico, corresponsal en Argel del periódico del Partido Comunista Italiano l’Unità, destacó que el filme constituía «un ejemplo formidable de colaboración entre argelinos e italianos».

En efecto, sin caer en un enfoque eurocéntrico o enfocado exclusivamente en Italia, la película de Pontecorvo —junto a otras producciones de Casbah Films— resultó determinante para formar a una generación de técnicos y realizadores que luego estructurarían el cine argelino. Como señala Joan Mellen, desde Italia viajó solo un equipo reducido: «El resto de los trabajadores de la producción eran argelinos sin experiencia previa en el cine, capacitados en el rodaje en diversas especialidades. Esta era, desde luego, la intención de Casbah Films, que veía la alianza con los italianos como una vía para profesionalizar a su propio personal cinematográfico».

Por mencionar solo a dos figuras además de Saâdi y de Sarah Maldoror (omitida en los créditos), Moussa Haddad trabajó como asistente de dirección —para luego dirigir varios filmes argelinos— y Ali Maroc, quien se convertiría en uno de los directores de fotografía más destacados del país, se desempeñó como asistente de cámara. Se seleccionó a numerosos actores y actrices no profesionales para papeles secundarios y para el rol estelar de Ali La Pointe (Brahim Hadjadj). Por su parte, el actor francés de teatro militante Jean Martin interpretó al coronel Mathieu: suele presentárselo como el único actor profesional de la película, aunque también participaron en roles menores el reconocido comediante argelino Rouiched y el actor italiano Franco Morici (quien tampoco figura en los créditos).

Un asunto diplomático

Durante los meses previos a la proyección en Venecia se desplegaron intensas maniobras diplomáticas entre Francia e Italia (y, en menor medida, Argelia), documentadas tanto en la prensa como en los archivos de sus respectivos ministerios de Relaciones Exteriores. Por entonces, los festivales de cine funcionaban como escenarios diplomáticos donde las autoridades culturales de cada país postulaban las películas a competición, en lugar de ser elegidas por un comité de selección independiente. Sin embargo, en la edición de Venecia de 1966, el cineasta Luigi Chiarini —fundador del Centro Experimental de Cinematografía durante el fascismo y figura clave de la posguerra italiana— y su equipo contaban con la atribución de enviar un cupo reducido de invitaciones directas. Ese fue precisamente el camino que siguió el largometraje de Pontecorvo: la representación oficial de Italia fue Un uomo a metà, de Vittorio De Seta (seleccionada para la competencia oficial), mientras que Argelia no contaba con representación formal.

Las controversias políticas y diplomáticas, sin embargo, se habían desatado mucho antes. Cuando el guion fue presentado ante el Ministerio de Turismo y Espectáculos de Italia para acceder a subsidios públicos, la comisión evaluadora advirtió: «Tenemos conocimiento de ciertas reacciones en los círculos franceses ante las noticias sobre este filme. No obstante, ignoramos la naturaleza exacta de tales inquietudes». Las autoridades de París calificaron la inclusión de la película en la Mostra de Venecia como una «muestra de hostilidad», aunque nunca llegaron a imponer un veto formal. Esta ambivalencia reflejaba la histórica posición de Italia frente a la guerra de independencia argelina: tanto los gobiernos italianos como el Ente Nazionale Idrocarburi (ENI) —la petrolera estatal— expresaban un respaldo tácito o explícito al movimiento argelino sin llegar a fracturar los lazos diplomáticos con Francia.

Las autoridades francesas exigieron la supresión de escenas consideradas «antifrancesas», en particular las que retrataban las torturas. De cara a la proyección, el ministro de Relaciones Exteriores, Amintore Fanfani, le escribió al mismísimo primer ministro Aldo Moro —secuestrado y asesinado años después por las Brigadas Rojas—: «Las reacciones provenientes de París en este momento no son en absoluto tranquilizadoras… Le agradecería profundamente que evaluara la posibilidad de intervenir de manera personal ante mi colega Corona [entonces ministro de Cultura] y ante la presidencia de la Bienal…» (el ente organizador del certamen cinematográfico y de las grandes exposiciones de arte y arquitectura de Venecia).

Durante el transcurso de la Mostra, cuando la posibilidad de que La batalla de Argel se alzara con el León de Oro se volvió inminente, Fanfani llegó a enviar una nota urgente al primer ministro desaconsejando que se le otorgara el máximo galardón. Por lo demás, la relación de Saâdi y Pontecorvo con el Estado francés fue notoriamente tirante tanto durante la realización de la película como en los años posteriores: en septiembre de 1966, Francia le prohibió el ingreso al excombatiente, al tiempo que un memorándum interno del Festival de Cannes lo definía como «jefe de los terroristas argelinos». Por su parte, Pontecorvo, de origen judío, se había exiliado en Francia tras la promulgación de las Leyes Raciales italianas en 1938 y mantenía un estrecho vínculo intelectual con la cultura francesa; aun así, también fue expulsado del territorio francés y solo logró revocar la medida tras presentar un recurso de apelación. Para sostener su reclamo redactó una vehemente carta que hoy se conserva en los archivos del Museo Nacional del Cine de Turín.

Una obra nómada

Tras alzarse con el León de Oro en Venecia, el filme alcanzó de inmediato el estatus de obra de culto. A esto contribuyeron diversos factores: desde el hecho de que Argel se hubiera convertido en la célebre «capital del Tercer Mundo» —refugio para revolucionarios de todo el Sur global—, hasta las rebeliones y movimientos del 68 que adoptaron la película y la exhibieron masivamente. Aquel fue, en particular, el caso del Partido Pantera Negra y otras organizaciones radicales estadounidenses: se trataba, después de todo, de una cinta de «visionado obligatorio y una suerte de herramienta pedagógica para la juventud radicalizada de Estados Unidos y los militantes opuestos a la guerra de Vietnam».

En un artículo de la época, la activista y organizadora afroamericana Francee Covington afirmó que «si Los condenados de la tierra [de Frantz Fanon] es el “manual de la revolución negra”, La batalla de Argel es su correlato cinematográfico». El filme se analiza con frecuencia a la luz del pensamiento y la praxis política del psiquiatra y referente martiniqués-argelino Frantz Fanon. Las Panteras Negras lo exhibieron en cientos de ocasiones: el filme llegó a citarse incluso como prueba de cargo en un juicio contra la organización, donde la fiscalía argumentó que era «utilizado con fines de formación por las Panteras Negras y de exhibición obligatoria para todos sus integrantes». A medida que Argel se consolidaba como la «Meca de la revolución», «la película de Gillo Pontecorvo contribuyó enormemente a proyectar la imagen de Argelia y su guerra de liberación en el escenario internacional», según palabras del historiador de cine argelino Ahmed Bedjaoui. Entre el archivo personal de Pontecorvo se conserva, de hecho, una invitación para exhibir el filme en la Cuba posrevolucionaria.

En Italia, el largometraje fue un éxito de taquilla a pesar de las virulentas críticas de la extrema derecha. En 1972, durante una reexhibición en el cine Nuovo Olimpia de Roma, un comando neofascista atracó la sala y dejó gravemente herido a un espectador. Como era de prever, su periplo en Francia resultó todavía más turbulento. La película no sufrió una censura estatal explícita por parte de la comisión de calificación cinematográfica; más bien, como señala el historiador Andrea Brazzoduro en su estudio sobre las memorias de los veteranos franceses, fue «víctima de los complejos mecanismos de autocensura y represión que estructuran la relación de la sociedad francesa con la memoria del conflicto».

Entre 1970 y 1971, el filme logró finalmente llegar a las salas comerciales francesas y fue visto por miles de personas, aunque las salas y agrupaciones que lo programaron volvieron a ser blanco de hostigamientos verbales y atentados físicos, según registran los historiadores Benjamin Stora y Patricia Caillé. Tras ese breve recorrido, la cinta desapareció casi por completo de las pantallas francesas —tanto en cine como en televisión—, y recién a comienzos de los años 2000, tras su emisión televisiva, el público masivo pudo acceder de manera generalizada a La batalla de Argel.

A seis décadas de su estreno, La batalla de Argel trasciende su condición de ser una de las representaciones más logradas de una gesta anticolonial. Como advierte el crítico André Nette en un trabajo reciente sobre cine político, «uno de los aspectos más sobrecogedores de volver a La batalla de Argel de Gillo Pontecorvo más de medio siglo después es la extrema actualidad que transmiten sus imágenes de tropas occidentales enfrascadas en una sangrienta campaña de contrainsurgencia en el mundo árabe». Cuando el Pentágono la programó en 2003, en pleno desarrollo de la invasión de Irak, lo hizo con el propósito explícito de analizar tácticas de guerrilla urbana. De igual modo, su presencia constante en los programas universitarios demuestra su vigencia ininterrumpida para problematizar cuestiones clave como la violencia política, la liberación nacional, el anticolonialismo y el islam político. Se trata de dilemas que distan de perder vigencia; todo indica que continuaremos debatiendo en torno a esta obra imprescindible durante muchas décadas más.

 

[Foto: Igor Film / Casbah Films - fuente: www.jacobinlat.com]


Galicia pedalea máis, pero aínda sen unha rede viaria sólida para ciclistas: «A primeira barreira segue sendo a falta de carrís bici».

Enrique Pérez, da asociación Pedaladas de Pontevedra, analiza o auxe da bicicleta tras a pandemia, o papel da bici eléctrica, as carencias das infraestruturas ciclistas e o potencial dun cicloturismo que en Galicia, di, “ten produto”, pero precisa poñerse en valor.

Carril bici, nunha imaxe de arquivo / EP 

Escrito por Ángela Precedo  

Hai unha Galicia que empeza a mirar a bicicleta doutra maneira. Xa non só como deporte, nin como saída de domingo, nin como esa imaxe clásica do ciclista de montaña ou de estrada que atravesa parroquias, pistas e portos. Hai unha Galicia que a ve tamén como unha ferramenta posible para ir traballar, estudar, enlazar co tren, moverse pola cidade ou descubrir o territorio a outro ritmo. Pero entre esa posibilidade e a realidade diaria aínda hai unha distancia longa: faltan carrís bici útiles, faltan conexións cos polígonos, faltan aparcadoiros seguros, faltan duchas nos destinos, falta sinalización clara e falta, sobre todo, unha cultura viaria que entenda que a calzada non pertence só ao coche.

Así o resume Enrique Pérez, da asociación Pedaladas de Pontevedra, nunha conversa na que debuxa unha radiografía chea de matices sobre o presente da bicicleta en Galicia. A súa primeira idea é clara: si houbo un auxe despois da pandemia, pero non se pode confundir aquel crecemento repentino cun cambio xa consolidado. “Despois da covid produciuse un aumento moi significativo do uso da bicicleta”, explica. Notouse especialmente na comarca de Pontevedra, tanto entre ciclistas de montaña como nas cidades e nos desprazamentos cotiáns. Porén, aquel impulso inicial perdeu velocidade: “Ese proceso de aumento foi moi forte, pero agora mesmo vai máis a modo”, recoñece. 

UN CRECEMENTO REAL, PERO LONXE DE EUROPA 

Pérez percibe máis ciclistas ca antes, pero Galicia continúa lonxe doutros territorios onde a bicicleta forma parte da mobilidade diaria de maneira moito máis natural. O perfil maioritario segue sendo moi concreto: “Basicamente é o dun home, duns 40 ou 50 anos, ciclista deportivo”, sobre todo vinculado á bicicleta de montaña. Tamén mudou algo o uso cotián. Cada vez é máis habitual ver persoas que utilizan a bicicleta, ou o patinete eléctrico, para ir traballar ou estudar, deixando o coche na casa. Pero esa tendencia segue sendo minoritaria. 

Enrique Pérez lembra que, segundo o Barómetro da Bicicleta, o uso medra arredor dun 10 ou 11 % anual, mais a bicicleta representa só arredor dun 3 % da mobilidade urbana. A comparación con países como Dinamarca, onde a porcentaxe é moito máis elevada, deixa claro o camiño que falta. O curioso é que o patinete eléctrico tamén tivo un papel nese cambio. Segundo Pérez, introduciu na mobilidade sostible persoas que nunca usaran a bicicleta para ir ao traballo. Algunhas comezaron co patinete e logo pasaron á bicicleta, sobre todo á eléctrica. Tamén influíron as restricións para levar patinetes no tren: xente que antes combinaba patinete e transporte ferroviario acabou optando pola bici.

Carril bici sinalizado / EUROPA PRESS

"A PRIMEIRA BARREIRA PARA A MOBILIDADE É A FALTA DE CARRÍS BICI"

Cando se lle pregunta que impide que máis galegos usen a bicicleta para ir traballar, Pérez non dubida: “A primeira barreira, que é sempre unha cousa que nos conta a maior parte da xente que se achega á asociación, é a falta de carrís bici”. Pero non fala só de quilómetros. Fala de quilómetros útiles. Moitas infraestruturas non conectan os lugares de maior interese e, sobre todo, non chegan aos espazos laborais. “Non hai carrís bici aos polígonos industriais, por exemplo”, lamenta.

A iso súmanse outros obstáculos moi prácticos: a falta de duchas nas empresas, a ausencia de estacionamentos seguros e o medo a deixar na rúa bicicletas eléctricas, que son caras e xeran máis preocupación polos roubos. En definitiva, non abonda con pintar un carril ou inaugurar un tramo illado. Para que a bicicleta sexa unha alternativa de mobilidade real, ten que permitir chegar ao traballo, aparcar con seguridade e facer o desprazamento sen que todo dependa da vontade individual de quen pedalea.

VIGO, SANTIAGO, PONTEVEDRA E O INDICADOR DAS MULLERES

Hai cidades que deron pasos para lograr unha mobilidade máis sostible. Vigo conta cun eixo ciclista pola Gran Vía que, segundo Pérez, ten “moitísimo uso”, aínda que iso non se reproduce do mesmo xeito no resto da cidade. Santiago tamén fixo varios eixos nos que se notou un aumento da bicicleta. Pontevedra funciona doutro xeito: non tanto con carrís bici, senón cun modelo de cidade 30. Porén, para Pedaladas hai un indicador moi revelador: quen se atreve a usar a bici.

Pérez sinala que nas cidades galegas seguen sendo maioría os homes. Nas cidades realmente adaptadas á bicicleta, como Ámsterdam ou Copenhague, hai case paridade ou mesmo máis mulleres que homes. Para el, iso é importante porque as mulleres adoitan facer máis desprazamentos de coidados e traxectos cotiáns, non só deportivos. Cando elas usan a bici con normalidade, significa que a cidade está mellor deseñada para todos.

CARRÍS BICI QUE PARECEN BEIRARRÚAS

Un dos principais problemas, segundo Pérez, é que ás veces a infraestrutura existe, pero non se entende ou non se usa porque está mal deseñada. Neste senso, critica a política da Xunta de Galicia de estender vías compartidas demasiado parecidas a unha beirarrúa. Pon como exemplo a senda peonil-ciclista entre Poio e Combarro: “Ningún ciclista a usa porque parece unha beirarrúa”. Así, a falta de sinalización fai que ese espazo non sexa percibido como ciclista.

Tamén cuestiona os tramos curtos que se fan ao renovar unha rúa, pero que non chegan a ningún destino. Se un carril bici non conecta nada, queda en desuso. Por iso resume así as tres condicións básicas dunha boa infraestrutura: “Conectada, continua e segura”. E segura non só sobre o papel, senón percibida como segura por quen a vai usar. Nesa liña, lanza outra crítica aos deseños que se limitan a pintar unha marxe da estrada: “Os técnicos, ás veces, fan carrís bici que son beirarrúas, e iso non funciona”.

Un carril bici en Carballo / Turismocarballo.com

A CONVIVENCIA SEGUE SENDO DIFÍCIL

A convivencia entre bicicletas, coches e peóns mellorou algo, pero Pérez matiza: “Como viñamos de tan abaixo, sempre existe unha marxe de mellora”. Moitas persoas seguen circulando polas beirarrúas porque lles dá respecto ir pola calzada cos coches. Iso, explica, é un síntoma de que a infraestrutura ciclista non é suficiente e de que a convivencia en calzada aínda non está resolta. E cando a bicicleta sobe á beirarrúa, aparecen os conflitos cos peóns. Para el, falta formación viaria en toda a sociedade, non só entre condutores. Hai que explicar que a calzada é un espazo compartido por diferentes vehículos.

Cando un ciclista vai por calzada non está estorbando, está facendo uso da vía”, lembra. Tamén hai normas que deben interiorizar os propios ciclistas: non cruzar montados nun paso de peóns, lembrar que o casco é recomendable e obrigatorio en vías interurbanas, non usar auriculares e sinalizar os xiros. Pérez recoñece que mesmo algo tan básico como sacar o brazo para indicar un cambio de dirección segue sendo pouco frecuente. Aos condutores, pola súa banda, pídelles respectar os límites de velocidade: o 30 e o 50 non son decorativos, senón medidas de seguridade.

SINAIS QUE EXISTEN, PERO NON APARECEN NA RÚA

Outro punto que lle preocupa é a distancia entre a normativa dispoñible e a realidade da rúa. Pérez lembra que existe un catálogo de sinalización renovado en xullo, con novas sinais para bicicletas e vehículos de mobilidade persoal. O problema é que esas sinais case non se ven aplicadas. “O catálogo xa está feito, fíxoo ben o Ministerio do Interior, pero falta que os técnicos o poñan”, explica. Ao falar de cidades de referencia no Estado, menciona Vitoria-Gasteiz, Barcelona, Valencia, Zaragoza e Sevilla, citando o índice Copenhagenize, ligado á cultura ciclista danesa. A receita, para el, é clara: infraestruturas, deseño útil e campañas de concienciación, tanto para condutores como para a cidadanía.

A BICICLETA ELÉCTRICA ABRIU UNHA PORTA

A orografía galega non é a de Dinamarca nin a dos Países Baixos. Por iso, a bicicleta eléctrica ten aquí un papel especialmente importante. Pérez explica que en territorios máis planos a bicicleta convencional pode ser usada con facilidade por persoas de idades moi distintas. En Galicia, as costas e as distancias fan que moita xente se vexa fóra desa posibilidade. A eléctrica cambia iso. As axudas da Xunta, de arredor de 500 euros para mercar bicicletas eléctricas, achegaron este vehículo a persoas non deportistas e a quen necesita desprazarse sen chegar suado a unha oficina. Para Pérez, foi unha medida positiva e semellante a campañas xa aplicadas noutros países europeos. 

Bicis de BiciCoruña

O GRAVEL MEDRA E O CICLISMO DEPORTIVO DIVERSIFÍCASE

No ámbito deportivo, Galicia segue tendo unha relación moi forte coa bicicleta. A de montaña continúa consolidada, a de estrada mantén un público máis estable e a gran novidade é o crecemento do gravel, unha bicicleta a medio camiño entre estrada e pista. Segundo Pérez, esta modalidade permitiu que persoas que non queren compartir tanto espazo cos coches poidan facer rutas por pistas e enlazar algúns tramos por estrada. É unha fórmula especialmente adaptada ao territorio galego, con camiños, pistas, paisaxes e zonas rurais onde a bicicleta pode ter moito percorrido.

CICLOTURISMO: UNHA OPORTUNIDADE AÍNDA POUCO EXPLOTADA

A última parte da conversa abre outra vía: o cicloturismo. Pérez cre que Galicia ten un enorme potencial como destino para viaxar en bicicleta, aínda que admite que nas zonas rurais o desenvolvemento é máis complexo. Cita o crecemento de cicloturistas pola Variante Espiritual, pola Ruta dos Faros e pola extensión da EuroVelo 1 entre Caminha e Fisterra. Na súa comarca, di, nótase moito “ese ciclista da alforxa”. Pero tamén hai unha comparación incómoda con Portugal. Moitos cicloturistas chegan acostumados a ecovías que os sacan do tráfico, mentres que ao entrar en Galicia atopan unha realidade máis difícil.

No Baixo Miño, concellos como Tui e Tomiño teñen, segundo Pérez, un recurso que aínda non explotan ben: o paso de cicloturistas entre Portugal e España. Tamén menciona outros espazos con potencial, aínda que condicionados pola orografía, e destaca o crecemento da bicicleta na contorna dos canóns do Sil, favorecido pola existencia de albergues bike friendly. A súa conclusión deixa a sensación de que Galicia está ante unha oportunidade que aínda non decidiu aproveitar de todo: “Galicia ten o produto, agora falta poñelo en valor”.

 

[Fonte: www.galiciaconfidencial.com]


quinta-feira, 20 de agosto de 2026

Fernand Iveton, l’execució que França no va voler evitar

A 'Els nostres germans ferits' Joseph Andras novel·la la condemna contra aquest revolucionari que va lluitar per la independència d'Algèria 

Fernand Iveton

Escrit per Mario Guerrero 

Els nostres germans ferits (Afers en català amb traducció de Pau Bosch i Anagrama en castellà amb traducció d’Álex Gibert) és l’òpera prima de Joseph Andras (França, 1984) i guanyadora del premi Goncourt a la primera novel·la, un guardó que l’autor, per cert, va rebutjar. Situada a Alger el 1956, narra el cas de Fernand Iveton, l’únic pied noir -francès blanc nascut a Algèria— executat per l’Estat francès durant la guerra per la independència del país nord-africà. Aquesta novel·la reconstrueix el cas Iveton, un obrer comunista que va decidir posar una bomba per reivindicar la independència, sense buscar-ne víctimes. Així i tot, la bomba és desactivada i ell, detingut, torturat i condemnat a mort.

La trama comença amb el protagonista amagat en una carretera esperant que li donin les bombes que ha de posar. Una, a la fàbrica on treballa, però en un lloc estratègic perquè no hi hagi víctimes. Tota l’acció es desenvolupa ràpidament i les tortures arriben aviat per part del país que fou el bressol de la Il·lustració. A continuació, la història de la detenció i el judici d’Iveton s’alterna amb la de la seva vida i el seu passat. Alhora, es descriuen l’ambient i l’atmosfera de l’Algèria de llavors, així com la convivència entre algerians i europeu.

Joseph Andras

Iveton va ser una figura que va generar divisió entre els qui pensaven que era un heroi i els qui creien que era un terrorista. Mentrestant, el Front d’Alliberament Nacional (FLN) es debatia entre reivindicar-ne la figura o no fer-ho. Hi ha qui prega perquè es revoqui la seva condemna al president de la República francesa d’aleshores i al ministre de Justícia, François Mitterrand, però no aconsegueixen res. És abandonat pels seus companys del Partit Comunista i rebutjat pels europeus d’Algèria, que el consideraven un traïdor.

En aquesta novel·la, l’important no és què passa, sinó com es desenvolupen els fets i tot allò que l’autor aporta amb la seva prosa. Andras ha superat les meves expectatives i ha aconseguit traçar un retrat cruel i descarnat de les autoritats i l’acció policial contra el protagonista. Aquestes pàgines són una crítica al colonialisme i a l’Estat francès de l’època. A la guerra d’Algèria, hi havia qui defensava que la lluita no era racial, sinó que era entre oprimits i opressors, sense distinció de procedència. Iveton va participar en aquesta lluita i va ser condemnat.

 

[Font: www.llegir.cat]

Faire face à la nouvelle peste brune

Philosophe du politique mais aussi fondateur de la maison d’édition new-yorkaise Zone Books, Michel Feher s’emploie à montrer les ressorts de l’extrême droitisation du monde. Dans son livre précédent, Producteurs et parasites (La Découverte, 2024), il dénonçait l’attrait exercé par l’imaginaire du Rassemblement national. Aujourd’hui, les légataires de Maurice Barrès et d’Henry Ford figurent parmi les partisans les plus enthousiastes d’Israël et se font les avocats d’une réduction de l’antisémitisme à une hostilité au projet sioniste. Ce nouveau philosémitisme suspect et fragile repose sur une opération de blanchiment réciproque à laquelle Michel Feher, s’exprimant à la première personne, propose de riposter en s’appliquant à Redevenir juif.

« Bermuda : Arbre », Charles Demuth 

Écrit par Sonia Dayan-Herzbrun 

En France, comme aux États-Unis ou en Allemagne, les gouvernants « nous » entourent de sollicitude et nous invitent « à nous considérer comme des Blancs à part entière ». En retour, il nous appartient d’attester, nonobstant un passé en demi-teinte, « que le peuple majoritaire dont nous faisons désormais partie n’a aucune complaisance pour la judéophobie », même si des rapports comme ceux de la Commission consultative des droits de l’homme établissent que les stéréotypes antisémites traditionnels sont loin d’avoir disparu. Le blanchiment des juifs, rappelle Michel Feher, leur transformation d’étrangers de l’intérieur en Européens de l’extérieur, est au cœur du projet sioniste porté par Theodor Herzl, qui veut fonder un État servant de « sentinelle de la civilisation contre la barbarie ». Bien plus tard, Ehud Barak, alors ministre des Affaires étrangères israélien, parlera de son pays comme d’une « villa moderne et prospère au milieu de la jungle ».

La victoire de 1967 (la guerre dite des Six Jours) avait, entre-temps, marqué un rapprochement entre les juifs « qui, par Israéliens interposés, faisaient un grand pas vers le blanchité », étant même parfois désignés comme « champions du monde libre », et les « gentils » Blancs. Ceux-ci assumaient désormais leur responsabilité dans ce qu’ils commençaient à appeler Holocauste ou Shoah, et la « question juive » devenait la leur.  

Cependant, le judéo-christianisme, dont l’expression la plus visible est le soutien inconditionnel apporté par les États-Unis à Israël, en est peut-être à son crépuscule. Certes, la parenté des imaginaires et des techniques de gouvernement entre les États-Unis et Israël semble de nature à garantir la pérennité de l’alliance entre les deux pays. On est en droit de penser que la politique d’annexion et de déportation menée par le gouvernement israélien peut servir de modèle, ou tout au moins d’expérimentation, aux autorités de Washington en matière de traque des travailleurs immigrés et de contrôle des États de la région, comme on l’a vu récemment au Venezuela. Mais les orientations se modifient. Le temps des néoconservateurs, majoritairement juifs et sionistes et soupçonnés d’entretenir une double allégeance, est révolu, et celui du sionisme chrétien évangéliste semble en déclin. Une brèche s’est ouverte dans le mouvement MAGA (Make America Great Again) avec la montée en puissance des paléo-conservateurs qui, déjà au tournant des années 1990, se refusaient à tempérer leur antisémitisme au nom du sionisme, qu’il fût juif ou chrétien.

Les paléo-conservateurs, dont le porte-voix est l’influenceur Tucker Carlson, s’accordent à stigmatiser les travailleurs immigrés et les états-uniens racisés, évoquent volontiers la menace d’un « grand remplacement », et s’en prennent aux femmes rétives au patriarcat et aux minorités sexuelles promises à la damnation éternelle. Tucker Carlson s’écarte de cette ligne commune à tous les MAGA en énonçant en outre que « le suprémacisme blanc et chrétien, dont « America First » est le nom, n’a pas à inclure les juifs parmi les siens, et pas davantage à considérer les intérêts israéliens comme une question de sécurité nationale ». Il n’est pas le seul. Dans une interview donnée à Politico, Steve Bannon, stratège politique de l’extrême droite aux États-Unis et dans les pays européens, a mis en garde « les amis de l’alliance israélo-américaine contre les méfaits d’une cabale de juifs cosmopolites disposant de fonds illimités ». Quant au vice-président des États-Unis, J. D. Vance, il s’est employé à galvaniser ses auditeurs « en leur confiant qu’ils vivaient désormais dans une nation chrétienne où ils n’auraient plus jamais à s’excuser d’être blancs ».

En Europe, le souci de prioriser le « péril musulman » a jusqu’à présent favorisé l’exemplarité d’Israël aux yeux de la fachosphère européenne, contribuant à une version modernisée de la blanchité où la judéophobie n’aurait plus sa place. Toutefois, Michel Feher perçoit une évolution doctrinale au sein de l’extrême droite européenne, qu’il s’agisse de l’AfD allemande ou même du RN français, comme en témoignent les traces numériques laissées par ses candidats et ses militants. Gager l’endiguement de la judéophobie sur l’admiration des extrêmes droites pour les exploits de l’armée israélienne n’est pas forcément un pari raisonnable.

Plutôt alors redevenir juif, c’est-à-dire ranimer ce même juif « qui faisait figure de péril existentiel pour les pères fondateurs de l’antisémitisme moderne », parmi lesquels Carl Schmitt dont l’antisémitisme ne se réduisait pas à un vieil antijudaïsme chrétien, ni même au racialisme du parti national-socialiste. Selon lui, la nocivité des juifs devait moins à leur nature profonde qu’à leur condition d’exilés. Les noirs desseins imputés aux juifs, analyse Michel Feher, relevaient de l’introduction d’un trouble dans l’identification qui rendait leur condition diasporique contagieuse en privant leurs victimes du « sentiment de sécurité qu’elles retiraient de leur appartenance exclusive à une nation et de leur enracinement dans un territoire ».

D’une manière provocatrice, mais de façon extrêmement stimulante tant au point de vue intellectuel qu’au point de vue éthique et politique, Michel Feher appelle à réinvestir positivement cette figure du devenir juif, celle du « paria conscient » conceptualisée par Bernard Lazare et reprise par Hannah Arendt et qu’il voit s’incarner chez Kafka, Judith Butler mais aussi Edward Saïd. Ce qui fait le paria conscient, c’est avant tout le refus de l’assignation identitaire et la préservation de ce qu’il nomme l’entre, l’espace de la vigilance, du doute et de l’humour. Puisse-t-il, comme l’espère Michel Feher, contribuer à démoraliser les responsables du déferlement de la nouvelle peste brune. 

 

Michel Feher | Redevenir juif. La fin d’un pacte de blanchiment réciproque. La Découverte, 224 p., 16,50 €

 

[Image : CC BY 4.0/Flickr - source : www.en-attendant-nadeau.fr]


Brésil : Lula défend la découverte de pétrole en Amazonie au nom de la souveraineté nationale malgré les critiques des écologistes

Le président brésilien Luiz Inacio Lula da Silva a défendu lundi la récente découverte de pétrole au large de l’Amazonie, qu’il juge essentielle pour l’avenir du pays, malgré les critiques des écologistes.

Le président brésilien Lula annonce à Brasilia, le 18 septembre 2025.

La compagnie publique Petrobras a annoncé vendredi avoir identifié des indices de pétrole en eaux profondes à environ 175 kilomètres des côtes amazoniennes. Le forage a été lancé en octobre 2025 dans la région maritime de la Marge équatoriale, après plusieurs années de démarches pour obtenir les autorisations environnementales nécessaires.

Lula met en avant l’avenir économique du Brésil

En visite sur une base opérationnelle de Petrobras, Lula a qualifié cette découverte de « passeport pour l’avenir » du Brésil. Le président brésilien a toutefois assuré que cette position ne remettait pas en cause son engagement de longue date en faveur d’une réduction progressive de la dépendance aux énergies fossiles.

Selon lui, l’exploitation de nouvelles réserves pourrait également renforcer la souveraineté du pays. Vêtu d’une combinaison orange, il a affiché son enthousiasme en présentant un échantillon de brut prélevé lors des opérations d’exploration.

Petrobras encore prudente sur l’ampleur du gisement

La découverte reste toutefois en phase d’évaluation. La présidente de Petrobras, Magda Chambriard, a expliqué que quinze à vingt jours de forage supplémentaires seraient nécessaires pour mesurer précisément l’importance du gisement.

Des études devront également confirmer son potentiel commercial. Malgré ces incertitudes, la dirigeante a affirmé qu’il existait des raisons d’être « extrêmement optimiste » sur les perspectives offertes par cette découverte.


Les critiques persistent chez les défenseurs de l’environnement

Les associations environnementales continuent de dénoncer les risques liés à l’exploration pétrolière dans une zone particulièrement riche en biodiversité. Elles craignent notamment les conséquences qu’une éventuelle marée noire pourrait avoir sur les écosystèmes situés au large de la plus grande forêt tropicale de la planète.

Pour Suely Araujo, coordinatrice de l’Observatoire du Climat, cette découverte ne répond pas aux interrogations soulevées lors de l’attribution de la licence environnementale. Elle estime notamment que les communautés autochtones concernées n’ont pas été suffisamment consultées et pointe des lacunes dans l’évaluation des risques.

Un enjeu politique à quelques semaines du scrutin

Âgé de 80 ans, Lula briguera en octobre un quatrième mandat non consécutif à la tête du Brésil. La question de l’exploitation des ressources naturelles pourrait s’inviter au cœur de la campagne électorale.

Le président défend un abandon progressif des combustibles fossiles afin de lutter contre le réchauffement climatique. Mais il estime également que le Brésil, neuvième producteur mondial de pétrole l’an dernier, ne peut pas se passer à court terme des revenus générés par cette ressource. 

 

[Photo : EVARISTO SA/AFP via Getty Images - source : www.epochtimes.fr]


L’étrange disparition de l’extrême gauche française

Jointe aux scores de la France insoumise, la régularité des mouvements sociaux qui agitent le pays conduit régulièrement nombre de commentateurs à s’inquiéter d’une poussée de l’extrême gauche. L’étude des deux dernières décennies de vie politique française invite pourtant à formuler un constat rigoureusement différent : sous quelque angle qu’on l’envisage – organisationnel, électoral ou idéologique, l’extrême gauche semble au contraire avoir pratiquement disparue dans l’hexagone. Différentes hypothèses pourraient permettre d’expliquer l’évaporation d’un espace politique qui agrège des forces considérables au seuil des années 2000.

Manifestation du NPA 

Écrit par David Fontano

Extrême gauche : ce vocable désigne les organisations politiques envisageant un renversement à terme du système capitaliste, tout en s’organisant légalement dans l’immédiat, jusqu’à participer éventuellement aux élections. On distingue l’extrême gauche de la gauche radicale, dont la stratégie de transformation sociale passe par les élections et la voie légale (par exemple, la France insoumise) ainsi que de l’ultragauche, historiquement constituée d’un ensemble de courants anecdotiques depuis la fin des années 1920 – le terme désigne aujourd’hui dans le sens commun les groupes et réseaux acceptant l’usage de la violence politique et rejetant toute forme d’organisation légale, syndicats ou partis parlementaires. Ces trois ensembles aux frontières mouvantes permettent de décrire schématiquement des phénomènes aux trajectoires bien différentes.

Or les résultats du premier tour de l’élection présidentielle de 2002 donnent un aperçu de l’ancrage de l’extrême gauche en ce début de siècle. Ensemble, les suffrages récoltés par les trois candidats trotskistes (Arlette Laguiller pour Lutte ouvrière, Olivier Besancenot pour la Ligue communiste révolutionnaire, d’obédience pabliste, et Daniel Gluckstein pour le Parti des travailleurs, lambertiste) dépassent la barre des 10%, soit près de trois millions de voix. Un nombre considérable, qui, combiné à l’éparpillement de la « gauche plurielle » sur de multiples candidatures (Jean-Pierre Chevènement, Noël Mamère, Robert Hue, Christiane Taubira), manquera cruellement au candidat socialiste (et lui-même ex-trotskiste) Lionel Jospin pour se qualifier au second tour.

De plus, ces organisations comptent chacune plusieurs milliers de militants et profitent d’une vague ascendante : les derniers feux de l’altermondialisme, avec ses grands forums internationaux, puis la lutte victorieuse pour le « Non » au référendum de 2005 et le mouvement contre le Contrat première embauche de 2006 gonflent leurs rangs. En 2008, le PT se reconstitue en Parti ouvrier indépendant (POI) et revendique 10 000 membres ; l’année suivante, la LCR impulse la fondation du Nouveau parti anticapitaliste (NPA), qui s’approche elle aussi des 10 000 militants. Ces organisations ont chacune un poids important dans certains syndicats et bénéficient de nombreux relais associatifs ou médiatiques.

Hors de la sphère trotskiste, plusieurs organisations libertaires boycottent les élections mais participent aux mobilisations sociales. La principale est la Confédération nationale du travail (CNT), d’obédience anarcho-syndicaliste et très liée à la scène alternative. Elle réunit plusieurs milliers de militants, un nombre en progression durant les années 2000. Enfin, toute une galaxie de petites et moyennes structures ayant fait scission du Parti communiste milite pour un retour à une ligne orthodoxe ou, du moins, à celle du PCF des années 1970. La plus connue est le Pôle de renaissance communiste en France (PRCF), fondé en 2004 et particulièrement critique à l’égard de la construction européenne. Bien que ces différents courants entretiennent parfois de franches rivalités et ne partagent ni une stratégie unifiée, ni un corpus doctrinal et culturel homogène, leur influence politique est conséquente, particulièrement dans la jeunesse étudiante et lors des mouvements syndicaux.

2007-2017 : du tournant au déclin

Sur le papier, les années du quinquennat Sarkozy, suivies d’un mandat impopulaire du socialiste Hollande, auraient pu constituer une séquence favorable à l’extrême gauche, qui disposait des réseaux et des cadres pour capitaliser sur la contestation sociale ou, du moins, se maintenir à flot. Il n’en a pourtant rien été. La crise économique de 2008-2009 et son cortège de politiques d’austérité conduit bien à une transformation profonde du champ politique, mais au dépend de l’extrême gauche. Plusieurs facteurs internes comme externes entrent ici en jeu. Parmi les premiers, la révolution technologique représentée par la démocratisation d’Internet et la multiplication des réseaux sociaux remplaçant progressivement sites et forums n’est pas des moindres : force est de constater que la majorité de l’extrême gauche peine à saisir le potentiel de ces plateformes. Bénéficiant d’un écosystème de journaux d’organisations et d’espaces de discussion militants, elle se retrouve rapidement distancée par d’autres courants, en premier lieu l’extrême droite, dont les idées prospèrent alors en ligne grâce à des personnages comme Alain Soral.

D’autre part, ses propres modes d’organisation sont en décalage avec les nouveaux enjeux du monde du travail comme avec les demandes émergentes lors des mouvements sociaux à partir de 2011 : le surinvestissement du champ syndical et des outils organisationnels traditionnels place l’extrême gauche dans une position suiviste par rapport aux grandes mobilisations du moment. Tournée vers la préservation et la reproduction de ses propres structures, ses propositions stratégiques ne trouvent guère d’écho et ses références culturelles et idéologiques apparaissent de plus en plus vétustes. Le mouvement social de 2016 contre la Loi travail de la ministre socialiste El Khomri est ainsi massif, mais marque le net recul des capacités militantes des trotskistes et libertaires : les syndicats sont dépassés et si les mouvements autonomes (parfois positionnés à l’ultragauche) progressent, c’est au détriment des organisations d’extrême gauche.

Enfin, la naissance de la France insoumise en vue de l’élection présidentielle de 2017 rebat les cartes du jeu électoral. Une nouvelle proposition de gauche radicale émergeant, la pertinence de candidats « porte-paroles des luttes » au score diminuant à chaque scrutin est ébranlée. Le score de Jean-Luc Mélenchon lors de l’élection de 2017, près de 20% des voix, et l’effondrement électoral rapide du Parti socialiste ferment la séquence d’une « gauche de la gauche » apparue autour de 2000, dialoguant de manière critique avec un PS hégémonique, comme aiguillon ou contre-poids de la gauche de gouvernement. Lors des deux mandats d’Emmanuel Macron, le réancrage à gauche de LFI, qui investit différentes thématiques chères à l’extrême gauche telles que l’antifascisme ou la question palestinienne, aboutit à satelliser l’immense majorité des organisations situées à la gauche des insoumis, minées par les défections et les scissions. Une situation inimaginable une douzaine d’années plus tôt.

Assèchement et ouverture d’espaces

L’assèchement progressif de l’espace dans lequel s’activaient quelques dizaines de milliers de militants dévoués, représentant jusqu’à un vote sur dix, et ce durant plusieurs décennies, est ainsi dû à une combinaison de multiples facteurs. Le retour du tragique dans l’histoire n’est pas le moindre : la succession de crises et de guerres qu’a connue l’humanité depuis 2020 conduit à un ébranlement des sociétés, contre-intuitivement fatal aux organisations déclarant préparer la révolution, et pourtant dépendantes d’un certain équilibre politique révolu. Les réseaux militants n’ont pas disparu du jour au lendemain ; beaucoup se sont simplement reconvertis. De nouvelles mobilisations de masse, écologistes (telles que les Soulèvements de la Terre) ou féministes, mobilisent des secteurs conséquents de la jeunesse de gauche. Si elles bénéficient de l’expérience des générations passées, leur revendication de l’action directe tranche cependant avec les pratiques courantes des organisations en déclin.

La nature politique ayant horreur du vide, de nouvelles structures d’extrême gauche apparaissent également au cours de la dernière décennie, quoi qu’à une échelle bien plus réduite que la LCR ou la CNT. Citons, dans le monde trotskiste, Révolution permanente et le Parti communiste révolutionnaire ; chez les marxistes-léninistes, Unité communiste et Reconstruction communiste, ainsi que la nouvelle Jeunesse communiste (maoïste) ; ou, du côté anarchiste, très affaibli, l’Union communiste libertaire. Réunissant tout au plus quelques centaines de militants, elles ont pour point commun une maitrise des réseaux sociaux et des outils de communication contemporains, combinée à un âge moyen des membres très jeune. Pourtant, même parmi ces structures comme dans les rangs autonomes, l’influence des thématiques et de l’agenda insoumis est notable.

Considéré sur le temps long, le net déclin des grandes structures de l’extrême gauche française paraît invalider l’hypothèse stratégique d’une « accumulation à froid » de forces militantes en vue d’un hypothétique « grand soir ». Une situation qui n’est pas sans rappeler celle de l’extrême gauche espagnole, peinant à se régénérer en périphérie des expériences électorales de Sumar, ou britannique, définitivement diluée dans le Labour. Les structures françaises prises par l’accélération de l’histoire peinent à synthétiser de telles expériences. Leur plus-value électorale ou idéologique réduite à néant au sein d’une gauche sous hégémonie insoumise, ces organisations doivent disparaître ou se réinventer, en premier lieu en retrouvant leur autonomie et donc leur raison d’être : sous des formes nouvelles perdurent les coordonnées historiques de la controverse entre réforme et révolution.

 

[Photo : Myrabella - source : www.lvsl.fr]

quarta-feira, 19 de agosto de 2026

Poeta uruguaya Circe Maia recibe Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2026 otorgado por Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio de Chile

El jurado compuesto por las escritoras Rosabetty Muñoz, Lila Calderón, Carmen Ollé, Laura Wittner y el escritor Andrés Neuman, destacaron en el acta que la autora es una de las grandes poetas uruguayas, de gran hondura filosófica y, a su vez, de extraña e hipnótica sencillez en sus tonos. 


Escrito por 

El ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Francisco Undurraga, en calidad de ministro de fe, dio a conocer a Circe Maia como ganadora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2026, distinción otorgada por la cartera. La decisión fue adoptada por un jurado integrado por destacadas figuras del ámbito de la poesía como Rosabetty Muñoz (Chile), Lila Calderón (Chile), Carmen Ollé (Perú), Laura Wittner (Argentina) y Andrés Neuman (Argentina), quienes, tras un proceso de lectura, análisis y deliberación de diversos autores, concordaron a la poeta como ganadora.

“Siento mucha alegría por este premio inesperado. Es una sorpresa muy agradable”, afirmó Circe Maia, ganadora del Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda 2026. La autora estuvo en compañía de su hija y fue notificada de manera remota en una reunión virtual donde se sumaron los jurados y representantes de la Fundación Neruda.

El ministro de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, Francisco Undurraga, mencionó las razones que entregó el jurado en el acta para elegir a Circe Maia como ganadora de este importante premio internacional: “La obra de Circe Maia logra aunar capacidad reflexiva y don comunicativo. Conmueve su hondura filosófica y, al mismo tiempo, la hipnótica sencillez de sus tonos. Sus observaciones alcanzan un radical asombro que elude cualquier pretenciosidad. Su obra se fue volviendo cada vez más elíptica y minimalista, en un proceso de despojamiento que la ha llevado a erigir una poética del pensamiento de apariencia informal, tan cálida como sintética”.

Creado el año 2004, el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda, de carácter bienal, es concedido por el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, a través del Consejo Nacional del Libro y la Lectura, en conjunto con la fundación Pablo Neruda. El reconocimiento se realiza a un autor o autora iberoamericana de destacada trayectoria, cuya obra sea considerada un aporte notable al diálogo cultural y artístico de Iberoamérica.

La ceremonia de premiación se realizará próximamente donde se le entregará la autora su reconocimiento.


Circe Maia (1932)

Poeta, ensayista, traductora y docente uruguaya. Realizó estudios de Filosofía en el Instituto de Profesores Artigas (IPA) y en la Facultad de Humanidades y Ciencias. Participó en la fundación del Centro de Estudiantes del IPA (CEIPA). Entre sus principales libros se encuentran Presencia diaria (1964), El puente (1970), Cambios, permanencias (1978), Superficies (1990), De lo visible (1998), Breve sol (2001), Dualidades (2014), Voces del agua (2020), Un río secreto. Poesía reunida (2025) y A nueva luz. Poesía completa (2025).

A lo largo de su trayectoria ha recibido numerosos reconocimientos, entre ellos la designación como miembro de la Academia Nacional de Letras (2008), la Medalla Delmira Agustini (2013), el Gran Premio a la Labor Intelectual del Ministerio de Educación y Cultura (2014), dos premios Bartolomé Hidalgo (2017) y el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada-Federico García Lorca (2023). Hasta 2020 continuó dedicada a la escritura, la traducción y la actividad teatral en Tacuarembó. Su obra es considerada una de las contribuciones más significativas a la poesía en lengua española de las últimas décadas. 

[Fuente: www.pressenza.com]

França promulga la llei que legalitza l’eutanàsia i el suïcidi assistit

La norma permetrà l’ajuda mèdica per morir a pacients amb malalties greus i incurables que compleixin estrictes requisits

Escrit per Anna Solé Sans

França ha fet un pas històric en la regulació del final de la vida. El president Emmanuel Macron ha promulgat la llei que legalitza l’eutanàsia i el suïcidi assistit, després que la norma fos publicada aquest dimecres al Journal officiel de la República Francesa, el tràmit que en permet l’entrada en vigor.

El text reconeix un nou dret a l’anomenada "ajuda a morir", però limita l’accés a les persones que compleixin una sèrie de requisits. L’Assemblea Nacional francesa va aprovar definitivament la llei el 15 de juliol, amb 366 vots a favor i 182 en contra, després d’un llarg recorregut parlamentari marcat per la divisió entre les dues cambres.

Quines condicions s'hauran de donar?

La norma estableix que podran sol·licitar aquesta ajuda les persones majors d’edat que tinguin la nacionalitat francesa o que resideixin de manera estable i regular al país. També hauran de patir una malaltia greu i incurable que comprometi el pronòstic vital en una fase avançada o terminal i que provoqui un deteriorament irreversible de l’estat de salut.

Un altre requisit és l’existència d’un patiment físic o psicològic relacionat amb la malaltia que no pugui ser alleujat o que el pacient consideri insuportable. La llei deixa fora, però, els casos en què el patiment sigui exclusivament psicològic i no estigui vinculat a una patologia física greu.

El procediment també exigeix que el pacient mantingui la capacitat de prendre decisions de manera lliure i conscient. La petició haurà de formular-se davant d’un metge o un infermer i quedar formalitzada per escrit. Posteriorment, serà sotmesa a una avaluació col·legiada per comprovar que es compleixen totes les condicions.

Suïcidi assistit vs. eutanàsia

La llei diferencia entre les dues formes d’ajuda. En el cas del suïcidi assistit, serà el mateix pacient qui s’administrarà la substància destinada a provocar la mort. Quan no pugui fer-ho físicament, podrà ser un metge o un infermer qui l’administri, en un procediment que correspon a l’eutanàsia. Un cop autoritzada la petició, la persona haurà de confirmar la seva decisió després d’un període mínim de reflexió de dos dies. El sistema busca així garantir que la voluntat es mantingui fins al moment de l’administració.

Segons l’Assemblea Nacional, la llei és el resultat d’un procés parlamentari que es va allargar durant més de dos anys i que va generar importants discrepàncies polítiques. El Senat francès, de majoria conservadora, havia defensat una posició més restrictiva sobre les condicions d’accés, mentre que els diputats van acabar imposant el text final.

El Consell Constitucional va examinar la norma abans de la seva promulgació i va validar-ne el principi general, tot formulant algunes reserves sobre determinats aspectes del procediment. El Consell d’Estat francès, que havia analitzat el projecte abans de la seva tramitació parlamentària, també havia remarcat que l’accés quedava sotmès a criteris mèdics i personals estrictes.

La promulgació situa França entre els països europeus que han optat per regular l’ajuda mèdica per morir. La nova legislació, però, no estableix un accés general a l’eutanàsia o al suïcidi assistit, sinó que el restringeix a pacients que compleixin tots els criteris previstos i superin el procediment d’avaluació establert.

El debat sobre el final de la vida, lluny de tancar-se amb l’aprovació de la llei, continuarà ara al voltant de la seva aplicació, la formació dels professionals sanitaris i les garanties per assegurar que les decisions dels pacients siguin lliures i informades. 


[Foto: Europa Press - font: ww.elnacional.cat]