Campañas de
operaciones psicológicas, filtraciones selectivas, acceso exclusivo para
prensa: soldados y periodistas revelan cómo controla Israel el discurso público
y promueve su narrativa en el extranjero
Escrito por Illy Pe’ery
(The Hottest Place in Hell)
En octubre de 2023, Gili
fue llamada a filas para el servicio de reserva en la Unidad del Portavoz de
las FDI y asignada al Mando Norte. En los días posteriores a los ataques de
Hamás, mientras la atención pública en Israel se centraba en la devastación del
sur, Hezbolá comenzó a lanzar cohetes y misiles antitanque hacia el norte de
Israel.
“Trabajábamos en turnos de 12 horas en una
sala de operaciones subterránea, mientras los soldados de los puestos avanzados
estaban aterrorizados, pero no podíamos transmitir que el norte estaba en
llamas”, recordó. “Minimizamos la importancia del frente norte para evitar
causar pánico entre la población, a pesar de que los lanzamientos eran
constantes. La gente no estaba muriendo como en el sur, pero recuerdo sentir
que estábamos creando una imagen inexacta: mostrábamos mucha más fuerza que
vulnerabilidad”.
La experiencia llevó a
Gili, que pidió utilizar un seudónimo, a cuestionar el mismo sistema al que
había servido durante años. “Siempre era fácil repetir que ‘las FDI están
preparadas para cualquier escenario’”, continuó. “¿Quiénes éramos nosotros para
cuestionarlo? Pero, en realidad, era una tontería”.
“Ahora también se ve con Irán: la atención se
centra casi exclusivamente en el poder abrumador del ejército, y poco más allá
de eso”, explicó. “No me tranquiliza que me digan lo fuerte que está golpeando
el ejército israelí o que tenemos superioridad aérea sobre Teherán. Al fin y al
cabo, siguen lanzándonos misiles balísticos y no hay una rutina normal. Hay
sistemas de defensa aérea, pero por cada 10 interceptaciones exitosas, también
hay impactos directos”.
Cuando se le preguntó a quién cree hoy en
día, Gili respondió sin dudar: “A nadie. Ni a lo que dice el portavoz de las
FDI, ni a los corresponsales militares. Son portavoces”.
En declaraciones al medio de investigación
israelí The
Hottest Place in Hell, soldados de la Unidad del Portavoz de
las FDI y corresponsales militares de publicaciones israelíes señalaron un
patrón sistemático: un impulso obsesivo por controlar el discurso público, un
trato preferencial hacia los periodistas “convenientes” mientras se margina y
castiga a los críticos y, sobre todo, una cultura organizativa basada en el
engaño.
Durante
los primeros 14 meses tras el 7 de octubre, la Unidad del Portavoz de las FDI
llevó a cabo una campaña encubierta de operaciones psicológicas
Durante los primeros 14 meses de la guerra de
Israel en Gaza, la Unidad del Portavoz de las FDI también llevó a cabo una
campaña encubierta de operaciones psicológicas destinada a moldear la opinión
pública en Israel y en el extranjero, tal y como reveló recientemente The
Hottest Place in Hell. En paralelo a estos esfuerzos de influencia,
la unidad se encargó de procesar y distribuir imágenes del ataque de Hamás del
7 de octubre contra comunidades israelíes cercanas a Gaza.
Según los testimonios, los soldados
recopilaron grandes cantidades de material visual –incluidas imágenes filmadas
por militantes de Hamás– y lo reformatearon para su rápida difusión en las
redes sociales.
Este proceso culminó en “Testigos de la masacre del 7 de
octubre”, o lo que se conoció en
Israel como el “vídeo de las atrocidades”: una recopilación de 47 minutos de
material sin editar producida bajo la supervisión del comandante (en la
reserva) Yuval Horowitz, jefe de la división de campañas.
“Era como el Salvaje Oeste: no había
censura”, dijo un soldado que sirvió en la unidad y trabajó en la película.
“Nos inundaban de material y lo veíamos todo. Estaba en estado de shock, pero
al mismo tiempo había presión para distribuir todo lo posible; era como en una
[campaña publicitaria] en redes sociales: ¿Qué funciona? ¿Qué no? ¿Qué llama la
atención?”.
“El portavoz de las FDI miente”, declaró un
corresponsal militar veterano a The Hottest Place in Hell.
“A veces se trata de manipular datos, pero, en última instancia, es el público
el que se ve sorprendido”.
Cada vez más israelíes se preguntan: “¿Realmente estamos logrando lo que
nos dicen? Y si es así, ¿por qué seguimos corriendo a los refugios?”
“Al comienzo de la ‘Operación León
Rugiente’”, continuó, refiriéndose a la guerra actual con Irán, “las FDI
afirmaron que habían destruido el 70 % de los lanzamisiles de Irán. Lo
comprobamos y rápidamente nos dimos cuenta de que no era cierto: a veces
alcanzaban las entradas de los túneles, no los lanzamisiles en sí, o los
lanzamisiles seguían disparando a pesar de estar ‘destruidos’. En los
principales medios, nadie lo cuestiona. Pero cuando la guerra termine y sigan
lanzándose cohetes, el público no entenderá cómo es posible”.
Tras casi dos años y medio de guerra
continua, la confianza del público israelí en la versión del ejército parece
estar erosionándose. Entre sirenas, cada vez más israelíes se preguntan:
“¿Realmente estamos logrando lo que nos dicen que estamos logrando? Y si es
así, ¿por qué seguimos corriendo a los refugios?”
Benjamin Netanyahu, durante su visita al ejército
de tierra israelí, el 14 de octubre
La creación de una operación de influencia
encubierta
El 29 de octubre de 2023, apareció en
WhatsApp un grupo titulado “Fact Check-Daily Content”. Su descripción
en inglés presentaba la iniciativa como un esfuerzo educativo neutral: “Una
organización sin ánimo de lucro que trabaja para proporcionar a los estudiantes
información y datos sobre la guerra en curso entre Israel y la organización
terrorista Hamás”.
Dos semanas más tarde, el 12 de noviembre, se
creó un canal de YouTube llamado “Fact Check” utilizando una cuenta con sede
en EE.UU. Se presentaba de nuevo como una “organización de
noticias sin ánimo de lucro”. Al día siguiente le siguió una cuenta de Instagram con
la misma marca.
En realidad, tal y como reveló recientemente The
Hottest Place in Hell, fue la Unidad del Portavoz de las FDI la que
había lanzado y gestionado estos canales. Esta campaña de propaganda se
desarrolló entre octubre de 2023 y diciembre de 2024 bajo la apariencia de una
iniciativa mediática independiente y sin ánimo de lucro, presentada como un
medio de “verificación de datos”. Durante ese tiempo, produjo y difundió docenas
de vídeos que promovían las narrativas militares israelíes sin revelar su
origen.
La operación reclutó a decenas de influencers internacionales
israelíes y proisraelíes para amplificar los mensajes coordinados por el
ejército
Ninguno de los canales logró atraer una gran
base de suscriptores. Sin embargo, la operación reclutó a decenas de influencers internacionales
israelíes y proisraelíes para amplificar los mensajes coordinados por el
ejército, entre ellos Noa Tishby y Sarai Givaty, junto con otras figuras de las
comunidades judías en el extranjero. El contenido se distribuyó a través de
WhatsApp, YouTube e Instagram, llegando a millones de espectadores.
Los vídeos promovían una serie de argumentos
estrechamente alineados con el mensaje oficial israelí. Entre ellos se incluían afirmaciones de que
los judíos no pueden considerarse colonizadores en Palestina debido a sus
vínculos históricos con el reino bíblico de Judá, mientras que los “árabes” son
los verdaderos “colonizadores de la tierra”; afirmaciones de que
las acciones de Israel en Gaza no constituyen un genocidio; y defensas contra
las acusaciones de crímenes de guerra contra Israel ante la Corte Internacional
de Justicia.
“Los canales [en YouTube, WhatsApp e
Instagram] se dirigían a un público extranjero y se presentaban como objetivos
y ajenos a Israel”, explicó un soldado involucrado en la producción de los
vídeos a The
Hottest Place in Hell en una entrevista. “Pero todo se creaba
dentro de nuestra unidad y promovía claramente la narrativa israelí”.
“La división de campañas es la zona más
moralmente ambigua dentro de la Unidad del Portavoz de las FDI”, continuó el
soldado. “Al principio, parecía urgente mostrar al mundo lo que habíamos
pasado. Pero muy pronto eso cambió. Gaza estaba siendo arrasada, y la narrativa
que pudo haber tenido sentido en las primeras semanas comenzó a desmoronarse.
Para cuando me licenciaron, sentía un profundo rechazo por haber formado parte
de ello”.
La investigación sugiere que no se trató de
una iniciativa aislada, sino de parte de un patrón más amplio de operaciones
psicológicas llevadas a cabo por la Unidad del Portavoz de las FDI.
En mayo de 2021, durante lo que el ejército
israelí denominó “Operación Guardián de las Murallas”, la división de campañas
de la unidad lanzó una iniciativa en las redes sociales bajo el hashtag #GazaRegrets, con el objetivo de impulsar el apoyo de la opinión
pública israelí a las acciones militares en Gaza. Como parte del proyecto, los
soldados gestionaban cuentas falsas que compartían imágenes de los ataques
aéreos israelíes en Gaza junto con el hashtag, al tiempo que interactuaban
con cuentas de redes sociales pertenecientes a partidarios del primer ministro
Benjamin Netanyahu y otros políticos de derecha –todo ello sin revelar su
afiliación al ejército.
Tras una investigación de Haaretz que sacó a la
luz la campaña, el ejército reconoció su participación y la calificó de
“error”. Sin embargo, las conclusiones de The Hottest Place in Hell indican
que se siguieron empleando métodos similares en los años posteriores.
El “enfoque del palo y la zanahoria” del ejército
La Unidad del Portavoz de las FDI actúa como
principal vía de acceso del público al ejército, a través de la prensa. Para
obtener información, verificar detalles o entrevistar a oficiales militares,
los periodistas deben pasar por esta unidad, lo que le confiere un poder del
que, según los periodistas y soldados que hablaron con The
Hottest Place in Hell, a menudo se abusa para distorsionar la
cobertura mediática y, por extensión, la percepción que tiene el público
israelí del ejército.
Roni se alistó en el ejército israelí en 2019
y sirvió en esta unidad. Como muchos otros, fue llamada a filas como reservista
tras el 7 de octubre, rotando por funciones que incluían responder a las
consultas de los periodistas y distribuir comunicados. “Era casi adictivo”,
recuerda. “La magnitud de la responsabilidad me hizo implicarme profundamente.
Estaba disponible las 24 horas del día, los 7 días de la semana, [recibiendo]
llamadas constantes. Sentía que estaba haciendo algo enorme”.
La unidad se divide en múltiples ramas
repartidas por las divisiones y departamentos del ejército. Los portavoces de
campo –oficiales que suelen tener el rango de capitán o comandante– están
integrados en los comandos y brigadas y se encargan de responder a las
consultas de los medios de comunicación.
Los portavoces de campo funcionan esencialmente como un brazo de relaciones
públicas
Por ejemplo, si un periodista solicita
información sobre un incidente en Cisjordania, el cuartel general remitirá la
solicitud al equipo de portavoces del Mando Central, que recopila los detalles
de las unidades pertinentes y formula una respuesta oficial. Los portavoces de
campo también tienen la tarea de identificar “noticias” dentro de las unidades
que puedan ofrecerse a los medios de comunicación, funcionando esencialmente
como un brazo de relaciones públicas.
Sin embargo, la función más conocida de la
unidad es su labor de cara a los medios, con departamentos especializados que
se ocupan de la televisión, la prensa escrita, los medios digitales y la radio.
Cuando los periodistas buscan una respuesta a su noticia, suelen ponerse en
contacto con el departamento correspondiente a su plataforma, salvo un selecto
grupo de 16 reporteros israelíes que pertenecen a la denominada “célula de
corresponsales”.
“Los miembros de la célula reciben sesiones
informativas exclusivas, conferencias, líneas directas y eventos especiales”,
explicó Roni. “Hubo periodistas y medios a los que no se les admitió durante
años, y otros fueron reasignados a departamentos menos prestigiosos –por
ejemplo, de la sección nacional de InterRadio a la de medios locales– porque
eran críticos con las FDI. Yo no estaba en el nivel en el que se tomaban esas
decisiones, pero a menudo todo se reducía a la actitud del periodista hacia
nosotros: es un sistema en el que recibes lo que das”.
Un periodista contó a The
Hottest Place in Hell que su labor informativa a veces le
supuso un coste profesional. “Era muy crítico con las FDI, y a ellos no les
gustaba. Gente dentro del ejército me dijo que mis críticas eran excesivas,
incluso personas de la Unidad del Portavoz”, afirmó. La unidad lo boicoteó
durante años, hasta que su publicación ejerció presión y obligó al ejército a
admitirlo en el grupo.
“Cuando me uní a la sala de corresponsales, me di cuenta de que eso no era
el final: hay ‘castas’ dentro del grupo, se da prioridad a los periodistas
menos críticos”
“Cuando me uní a la sala de corresponsales,
me di cuenta de que eso no era el final: hay ‘castas’ dentro del grupo, se da
prioridad a los periodistas menos críticos”, continuó. “Se favorece a los corresponsales
de televisión, especialmente a aquellos que se consideran alineados con la
narrativa de las FDI. Se puede ver la jerarquía: por ejemplo, durante las
ruedas de prensa por Zoom, algunos periodistas destacados ni siquiera asisten,
pero aun así publican la información, lo que significa que la recibieron por
adelantado”.
“El portavoz de las FDI opera utilizando un
enfoque de palo y zanahoria”, dijo otro corresponsal militar veterano, que
habló de forma anónima. “Si los criticas, te castigan”.
Yaniv Kubovich, corresponsal militar de
Haaretz, ha estado detrás de varias revelaciones importantes en tiempos de
guerra. En declaraciones a The Hottest Place in Hell,
afirmó que cuando solicitó respuestas al portavoz de las FDI, el objetivo
principal de la unidad era bloquear la publicación, no proporcionar información
precisa.
“Me dirigí a ellos con todo lo que tenía,
pero se centraron únicamente en conseguir que abandonara la historia y en
evitar dar una respuesta”, dijo. “Tras el 7 de octubre, con todo el trauma que
han sufrido, las FDI están haciendo todo lo posible por suprimir las
informaciones que sacan a la luz fallos, cuestiones éticas o deficiencias de
mando, en lugar de examinar lo que realmente ocurrió. En ese sentido, han
vuelto a la misma arrogancia de antes: la creencia de que nadie puede
criticarlas a través de la prensa”.
Kubovich, miembro veterano del grupo de
corresponsales, lo describió principalmente como una herramienta de control.
“La relación entre el portavoz de las FDI y el grupo de corresponsales es
absurda. La dependencia es absoluta”, afirmó. “Les permite decidir cuándo
hablamos y con quién”.
“Llevamos tanto tiempo en guerra y solo hemos
visto al jefe del Estado Mayor quizá dos veces. Desde que [el jefe del Estado
Mayor Eyal] Zamir asumió el cargo, no hemos visto al jefe del Mando Sur ni una
sola vez, a pesar de ser el frente más crítico. No se reúne con periodistas
críticos porque podría minar la moral”.
Filtraciones selectivas y acceso exclusivo
Durante su servicio, Roni ayudó a decidir si
responder a los periodistas y cómo hacerlo. “Cuando optábamos por no responder,
solía ser ante informes muy problemáticos, pero también ante periodistas con
los que preferíamos no interactuar”, afirmó. Otra práctica consistía en
filtraciones selectivas —o, como lo expresó Roni, en garantizar que “ciertos
materiales fueran publicados por un medio y no por otro”.
Así ocurrió en diciembre de 2024, cuando,
durante dos semanas, la Unidad del Portavoz de las FDI se negó a explicar cómo
activistas de Uri Tsafon –un grupo israelí que promueve el asentamiento en el sur
del Líbano– cruzaron sin
obstáculos al territorio libanés. Tras negar inicialmente que ningún civil
hubiera cruzado la frontera, la unidad dio marcha atrás y filtró la información
a Doron Kadosh, corresponsal militar de la Radio del Ejército israelí. Kadosh
promovió entonces la versión del ejército sobre el incidente como un “incidente
grave que estaba siendo investigado”, añadiendo que “se llevaron a cabo varias
operaciones para bloquear los pasos en la valla”.
“Los periodistas militares que no comen de la mano del portavoz de las FDI
se mueren de hambre”
“Los periodistas militares que no comen de la
mano del portavoz de las FDI se mueren de hambre”, dijo Roni. “Cuesta mucho
esfuerzo encontrar fuentes fuera del sistema, y eso nos dio mucha ventaja”.
Esta dinámica va más allá del acceso a las ruedas de prensa o a las respuestas
oficiales. Como señaló Roni, estas relaciones de “dar y recibir” se traducen en
poder, prestigio e incentivos económicos.
“Al fin y al cabo, trabajamos por la
audiencia”, dijo un periodista, hablando de forma anónima con The
Hottest Place in Hell. “Cuando ocurre algo, se informa primero al
grupo de corresponsales: ellos son los primeros en publicar. Si no formas parte
de ese grupo, y no eres lo suficientemente ágil como periodista, y publicas 10
minutos después que los demás, eres irrelevante”.
En efecto, la Unidad del Portavoz utiliza la
confianza pública depositada en ella no solo para gestionar la información,
sino para influir en la competencia comercial entre los medios de comunicación.
“La unidad da una determinada noticia al Canal 12 porque tiene audiencia, pero
como también les dio las noticias anteriores, crea interferencias en la
competencia”, señaló el periodista.
“Esto arrastra a todo el sistema a un bucle”,
dijo otro periodista. “Tuvimos debates internos sobre si valía la pena
enfrentarse a la unidad. Pero, en última instancia, los propietarios ven que
los competidores obtienen las noticias y quieren lo mismo. Todo se reduce a
controlar a los periodistas y a reprimir las críticas”.
El portavoz de las FDI se negó a hacer comentarios.
—-------------
Illy Pe’ery es reportera de investigación y editora asociada de
la revista online independiente
israelí The
Hottest Place in Hell.
—-------------
Este artículo se publicó originalmente en inglés en +972
Magazine. Versiones anteriores se
publicaron en The Hottest Place in Hell.
[Ilustración: Luís Grañena - foto: Presidencia de Israel - fuente: www.ctxt.es]