quinta-feira, 28 de maio de 2026

Oda a la rebelión boliviana

 

manifestantes en La Paz, Bolivia, 18 de mayo de 2026.

Escrito por Oleg Yasinsky

Tenía que pasar en Bolivia: en el país más americano de las Américas, el más indio, el más atemporal, el más vivo. En tiempos amargos del continente, cuando todo lo conquistado en las últimas décadas con tantos sueños y tanta sangre, al parecer, se estaba desmoronando, haciendo retroceder el tiempo a la oscuridad del pasado. Las personas creyentes explicarían que es porque, en los tiempos cuando Bolivia todavía no se llamaba así, Wiracocha eligió justo las aguas del Titicaca cerca de su isla del Sol para aparecer ante la gente desesperada y perdida, para indicar la dirección a su espíritu. Otros dirían que porque el Che, muchos siglos después, optó por Bolivia en la más desigual e imposible de las contiendas, para morir allí con la mayor de las inmortalidades.

Más allá de los politólogos o turistas que confunden metáforas de "mendigo sentado en una silla de oro" con "la hija predilecta de Bolívar" o "el corazón de América", la tierra boliviana no es "un recurso", ni un "bien inmóvil" ni "un activo económico": es la magia, la poesía y la música, todavía libres de la ordinariez y mezquindad capitalista. Por eso, tenía que pasar en Bolivia.

Es absolutamente normal que los grandes medios de comunicación se nieguen a ver esta rebelión popular que pronto cumplirá un mes. Mientras más ignoran o desinforman sobre lo que pasa hoy en Bolivia, es más significativo este proceso verdadero, que no se deja patentar por nadie. Como en su tiempo los negocios de McDonald's y de Coca-Cola fracasaron en Bolivia, ahora aquí están fracasando los sueños fascistas de Musk y sus amigos, y los de sus competidores de seudoizquierdas que se especializan en abrir paso a las corporaciones.

Seguramente, la prensa mundial quiere hacer con Bolivia lo mismo que se dice hizo la reina de Inglaterra en el siglo XIX: cuenta la leyenda que un presidente boliviano de entonces habría humillado al embajador británico, expulsándolo del país montado en un burro. Entonces la reina Victoria, furiosa, tomó el mapa de Sudamérica, tachó a Bolivia y decretó: "Bolivia no existe". Pero existe, resiste y está venciendo.

El actual presidente boliviano, Rodrigo Paz, en sus seis primeros meses de gobierno, hizo lo posible para acabar con todos los logros sociales de los últimos 20 años de historia boliviana y procedió a detener a los líderes de izquierda que hace poco tuvieron la ingenuidad de haber cedido el poder democráticamente.

También se dictó una orden de captura contra Evo Morales, acusado de "trata de personas agravada", que supone hasta 20 años de cárcel. Esto resulta especialmente irónico proviniendo de un gobierno racista y que entregó el país a socios y amigos de Epstein. Con las detenciones masivas de los líderes de la resistencia popular, los dirigentes de rebelión pasaron a la clandestinidad. Aunque también parecía estar en la clandestinidad el presidente Rodrigo Paz, de quien por varios días no se había sabido nada de su ubicación física, mientras que Evo continuaba dando entrevistas y declaraciones a la prensa. Entonces, ¿cuál es el poder real que manda en Bolivia?

Al parecer, a Trump y a sus aliados les habrá surgido un nuevo y enorme problema, en una parte de lo que siempre consideraron su "patio trasero", en caso de que exista la amenaza de que el ejemplo boliviano se extienda a los países vecinos, como Argentina, Perú, Ecuador y otros, donde los movimientos populares todavía no logran la claridad y contundencia del mundo social boliviano.

Creo que uno de los principales problemas de América Latina es que no se ha percatado del cambio radical que ha experimentado el mundo en las últimas décadas. Hablar hoy de "izquierdas" y "derechas" como hace 40 o 50 años no solo es no comprender el mundo actual, sino también condenar cualquier lucha a una derrota segura.

En estos tiempos ya nadie respetará ninguna norma constitucional o democrática, ni siquiera las más burguesas. La masa de votantes, cada vez más ignorante, está en las firmes manos de las redes sociales y de las pantallas de televisión, las que siempre garantizan el resultado que les encarga el poder. El objetivo de este poder ya no es la explotación de los pueblos como en los tiempos de Marx o Bolívar, sino la reducción de su población y la destrucción de la espiritualidad y cultura humanas. Pero sobre todo deben asegurarse de que nunca comprendamos verdades sencillas como esta.

La América Latina actual es el principal campo de ensayos para los experimentos sobre la futura organización del mundo. En comparación, el famoso laboratorio del neoliberalismo, creado hace algunos tiempos por la dictadura de Augusto Pinochet en Chile, es un juego de niños.

Lo importante de Bolivia es que este país se convirtió hoy en el principal bastión de las culturas indígenas del continente, menos afectadas por la civilización occidental. Su principal valor sigue siendo el colectivo. Cualquiera que conozca personalmente Bolivia sabe perfectamente que es un territorio donde no rige la lógica occidental de los países vecinos, y que el tejido social y las relaciones allí son diferentes. Así como a un extranjero le resulta difícil describir las particularidades mentales de Rusia, algo similar ocurre con Bolivia. Son mundos que, hasta ahora, quedan fuera de la lógica del sistema, que peina y aplana al mundo bajo su único molde neoliberal. Son los eslabones débiles de la cadena infalible del sistema, que de repente empieza a fallar.

Para que el actual levantamiento popular en Bolivia se convierta en una revolución y salga victorioso, sus líderes y participantes deben comprender que su lucha no es solo contra la oligarquía local y sus patrocinadores estadounidenses, sino contra la maquinaria de muerte global que actúa simultáneamente y en todas partes. El Comando Sur de EE.UU. ya está desplegando sus fuerzas en Bolivia. Tampoco faltarán los mercenarios. Los Gobiernos vecinos de Argentina, Ecuador, Chile y Paraguay, así como los no tan vecinos como Costa Rica, Panamá, El Salvador, República Dominicana, Guayana y Trinidad y Tobago, además del lejano Israel, ya advirtieron a los bolivianos de que "no pueden permitir el derrocamiento de dirigentes democráticamente elegidos".

La prensa local, históricamente vinculada con los poderes narcos, ya se dedica a difundir que "el narcotráfico está detrás del intento de golpe de Estado". Los organizadores profesionales y confesos de decenas de golpes de Estado y asesinatos políticos, y el Gobierno boliviano que en solo seis meses en el poder se las ha arreglado para no cumplir ni una sola de sus promesas electorales ni garantizar el cumplimiento de ningún artículo de la Constitución, de repente se han preocupado por la "amenaza a la democracia" y el "riesgo de un golpe de Estado". Sienten que pierden el control. Se prepara una masacre.

El poder global de las corporaciones, después de lo que hicieron en Siria, Gaza, el Líbano, Sudán y el resto, se dispone hoy a bañar en sangre a Bolivia y, si le conviene, a sus vecinos. La única diferencia es que, en este nuevo giro de la historia, el genocidio de los indígenas está planeado al mismo tiempo que el genocidio de la mayor parte de la humanidad. La resistencia y la victoria serán posibles solo si se entiende la realidad y la magnitud de la amenaza.


[Foto: Gettyimages.ru - fuente: www.actualidad.rt.com]

Ce que nous dit la pensée d’Ivan Illich de l’intérêt du vélo

Le philosophe Ivan Illich est né il y a un siècle. En cette année anniversaire, plusieurs manifestations sont prévues pour commémorer son apport à la pensée critique de la société industrielle et, notamment du 27 au 29 mai 2026 à Paris. L’occasion de revenir sur ses analyses, qui restent d’actualité, pour comprendre en particulier l’intérêt du vélo.

« Il y a dysfonction dans la circulation dès qu’elle admet, en un point quelconque du système, une vitesse supérieure à celle d’une bicyclette », écrit Ivan Illich, dans *la Convivialité, en 1973. Robert Bye/UnsplashCC BY-NC-SA

Écrit par Frédéric Héran

Économiste des transports et urbaniste émérite, Université de Lille

Il y a cent ans naissait à Vienne, en Autriche, Ivan Illich (1926-2002), qui devint un penseur critique et très stimulant de la société industrielle. En pleine période de contestation post Mai-68, il publie coup sur coup plusieurs ouvrages qui l’ont rendu mondialement célèbre : Une société sans école (1971), la Convivialité (1973), Énergie et Équité (1975) et Némésis médicale (1975).

Il y formulait une critique des institutions majeures telles que l’école, l’Église, les transports ou la médecine. Ce polyglotte amendait lui-même les traductions réalisées dans de nombreuses langues. Dans les années 1980-1990, Illich poursuit son œuvre en refusant toute médiatisation et devient professeur itinérant, avant de finir sa vie en Allemagne, à Brême.

Parmi ses nombreux raisonnements, l’un, énoncé dans Énergie et Équité, est bien connu des militants travaillant sur le plaidoyer du vélo.

Qu’est-ce que la vitesse généralisée ?

Dans cet ouvrage, Illich écrit :

Ivan Illich. WikimédiaCC BY-NC-SA

« L’Américain moyen consacre plus de mille six cents heures par an à sa voiture. Il y est assis, qu’elle soit en marche ou à l’arrêt ; il la gare ou cherche à le faire ; il travaille pour payer le premier versement comptant ou les traites mensuelles, l’essence, les péages, l’assurance, les impôts et les contraventions. […] Tout cela pour parcourir 10 000 km par an ; cela représente à peine 6 km à l’heure. »

Bref, en tenant compte non seulement du temps de transport, mais aussi du temps de travail nécessaire pour payer le transport, la vitesse de l’automobiliste apparaît inférieure à celle du cycliste. Un résultat souvent qualifié de « stupéfiant ». Cette vitesse intégrant le temps de travail pour payer le transport est appelée « vitesse généralisée » ou encore « vitesse


C’est initialement Jean-Pierre Dupuy, ingénieur X-Mines, devenu philosophe de grand
renom et travaillant avec Illich, qui a proposé ce raisonnement. Dans l’annexe de la version française d’Énergie et Équité, il réalise précisément ce calcul pour la France, en utilisant les statistiques de 1967 (les dernières disponibles alors) et en retenant trois catégories de véhicule et quatre niveaux de revenus. Il constate en effet que la vitesse généralisée de l’automobile est en général inférieure à celle de la bicyclette et conclut :


« Loin d’être un instrument de gain de temps, l’automobile apparaît sous cet éclairage comme un monstre chronophage. »


Un raisonnement à revoir

Malheureusement, ce résultat n’est plus vrai aujourd’hui ! Les données utilisées par Jean-Pierre Dupuy dans ses calculs ont profondément évolué en presque 60 ans.

Pour le comprendre, il faut d’abord formaliser les calculs. La vitesse généralisée (Vg), avons-nous montré, dépend de la vitesse moyenne (v), du coût kilométrique (k) et du salaire horaire (w), selon la formule : Vg = 1/[(1/v) + (k/w)].

Ainsi, en soixante ans, la vitesse moyenne des déplacements en voiture, y compris interurbains, a augmenté de 33 %, passant de 30 à 40 km/h. Malgré le suréquipement des voitures actuelles et grâce aux efforts de productivité de l’industrie automobile, le coût kilométrique de la voiture moyenne n’a augmenté que de 40 %. En revanche, le taux de salaire horaire a bondi de 150 %. On en déduit que la vitesse généralisée de la voiture a augmenté de plus de 50 %.

Quant à celle du vélo, elle n’a augmenté que de 10 % tout au plus : pour acheter un vélo, la part du temps passé à travailler est en effet bien plus faible que pour acheter une voiture. Au total, la vitesse généralisée de la voiture (environ 23 km/h) est devenue bien supérieure à celle du vélo (environ 14 km/h).

Certes, si on se replie sur les seuls déplacements urbains, on peut sauver le résultat
d’Illich-Dupuy. Mais tout cycliste sait déjà qu’il se déplace souvent plus vite à vélo qu’en voiture en zone dense et le raisonnement n’a plus rien de stupéfiant.

Des nuisances de la vitesse

Il est cependant possible d’améliorer le raisonnement de nos deux auteurs, en analysant finement ce qu’apporte la vitesse.

Pour desserrer les villes d’autrefois très denses où tout se faisait à pied et où la promiscuité et l’insalubrité régnaient, il était nécessaire d’augmenter la vitesse des déplacements. Mais jusqu’où et avec quels modes ? C’est là qu’il est important de remarquer que toutes les nuisances de l’automobile s’accroissent de façon exponentielle au-delà de 30 km/h.

Les accidents deviennent mortels pour les piétons et les
cyclistes percutés. Le bruit du moteur est dominé dès 40 km/h par le bruit de roulement, qui lui-même est dépassé au-delà de 120 km/h par le bruit aérodynamique. Certes, la pollution émise par les véhicules est minimale vers 60 km/h, mais seulement toutes choses égales par ailleurs. Or, elles ne le sont pas : quand on généralise le 30 km/h en ville, les accélérations sont moindres, les rues deviennent plus sûres et certains automobilistes se mettent à utiliser d’autres modes, ce qui réduit la pollution, qui devient minimale vers 30 km/h, et non à 60 km/h.

De même, il faut tenir compte des espaces latéraux qu’imposent des vitesses plus élevées (voies de circulation plus
larges, terre-plein central, bandes d’arrêt d’urgence, bas-côtés et échangeurs). La consommation d’espace de circulation est, en effet, minimale vers 30 km/h, et non pas vers 70 km/h comme le suggèrent les courbes débit-vitesse couramment utilisées lors des modélisations dans le domaine des transports.

Paradoxalement, la congestion routière s’accroît elle aussi avec la vitesse, car « La vitesse fait le
trafic » : en allant plus vite, les usagers en profitent pour aller plus loin.

Ils parcourent ainsi des distances accrues sur un territoire plus étendu. L’étalement urbain qui en résulte encourage encore davantage l’usage de la voiture au détriment des autres modes. Or l’automobile se trouve être, et de loin, le mode de déplacement le plus

Enfin, avec la vitesse, les modes non motorisés sont disqualifiés. Marche et vélo ne peuvent plus assurer les distances effectuées désormais en voiture. Exposés à une forte insécurité routière, les cyclistes disparaissent et les piétons limitent leurs déplacements. De même, les autobus qui doivent s’arrêter souvent ne peuvent guère rivaliser avec une circulation automobile rapide.

Le monopole radical de la voiture

En tenant compte de toutes ces nuisances néfastes pour la société, on peut définir une « vitesse généralisée sociale », qui culmine vers 30 km/h, puis décline avec l’augmentation de la vitesse moyenne. Ce résultat rejoint parfaitement le concept de
« contre-productivité » proposé par Ivan Illich : au-delà d’un certain seuil, les avantages d’une solution technique s’émoussent et finissent par devenir des inconvénients.

En matière de transport, Illich estime dans Énergie et Équité que ce seuil correspond à la vitesse maximale d’un cycliste quotidien, soit 25 km/h précise-t-il. Dans la Convivialité, il ajoute :

 

« Il y a dysfonction dans la circulation dès qu’elle admet, en un point quelconque du système, une vitesse supérieure à celle d’une bicyclette. C’est pourquoi, la vélocité du vélo peut servir de critère à la détermination du seuil critique de vitesse. »

 

Quand ce seuil est dépassé, la voiture s’impose peu à peu partout, disqualifie les modes actifs et les transports publics, jusqu’à détenir un « monopole radical », c’est-à-dire par s’imposer comme le seul mode de déplacement légitime, explique Illich. Dépendant désormais de cet objet sophistiqué qu’est la voiture, les automobilistes perdent leur autonomie. Le vélo classique (non assisté électriquement) peut au contraire être entretenu et réparé par les cyclistes eux-mêmes, aidés au besoin par les plus bricoleurs. Certains parlant alors « de vélonomie », une expression qu’aurait appréciée Illich.

 

[Source : www.theconversation.com]



quarta-feira, 27 de maio de 2026

«A vida a arder», de Abraham Pérez, aire fresco para a narrativa galega

Abraham Pérez

Escrito por Xavier Queipo

 

Se o eco dos libros semella ter entre nós obsolescencia programada, o dos premios tal parece que vai polo mesmo camiño. Quen lembra dúas semanas despois quen gañou un premio, que foi merecente, no máximo, dunha pequena nota nun xornal (ou en varios), mais sempre no contexto dunha gala maior, onde se cadra outros dos premiados foron recoñecidos en destaque nos titulares? Talvez a propia premiada ou premiado, os editores, os contactos nas redes sociais, os familiares e amigos e, con sorte, os presentes na recollida do premio, e alguén que pasaba por alí lembrarán o título e a eventual lectura, mais o efecto na opinión pública lectora será mínimo. 

Agora que se van esfumando na brétema mesta do ruído ambiente os últimos ecos dos Premios Follas Novas, ocórreseme pensar que outros libros foran talvez merecentes de estar entre os finalistas. Mais non é unha boa idea, parecería que estou criticando o labor de xurados, en primeira e segunda instancia, que así se escollen estes premios. Tampouco estou desmerecendo os finalistas nin quen levou o premio, simplemente chamo a atención sobre un libro que considero de mérito. Non, non desmerezo o traballo de ninguén, non está no meu estilo, aínda que pareza ser norma de uso nesta sociedade doente á que retornei logo de varias décadas de ausencia. Nin moito menos, nin se me pasaría pola cabeza, criticar o traballo honesto de ninguén, pois sei o que custa escribir un libro, revisalo mil veces, atopar un editor sensíbel, esperar, ás veces con ansia, polos comentarios de análise, que as máis das veces... non chegan. Simplemente quería falar dun libro que considero de mérito, e enmarcalo nun sistema que, apagados os focos, borra da memoria calquera premio ou agasallo recente. 

 

'A vida a arder', de Abraham Pérez © Editorial Galaxia 

 

Sen máis introitos paso a contarlles que A vida a arder foi publicado a finais de 2025. Trátase dunha novela ou dun conxunto de relatos nos que conflúen personaxes e situacións arredor do Vercón, un barrio de Lugo. Polo que se conta e polo que se intúe imaxino ese lugar como áspero, difícil, de onde custa traballo saír, aínda que a moitos dos seus habitantes lles gustaría explorar outras opcións na vida. 

Como a meirande parte dos libros que falan dunha deriva xeracional, este é un libro con banda sonora e banda literaria, é dicir inzado de referencias musicais, literarias e cinéfilas. Pasan polas súas páxinas, entre outras alusións pormenorizadas: Ted Hugues, Nick Cave and the Bad Seeds, Nikos Kazantakis, Federico Felini e Kenzaburo Oé, Xosé Cid Cabido, o de ‘Bloomsdai’, e Abraham Boba, The Doors e Alejandro Zambra, o do ‘Bonsai’ ou ‘Formas de volver a casa’, Manganelli o de ‘Centuria’, mais tamén José Ángel Valente, Juan Carlos Onetti, Carlos Casares e o agora case esquecido Anxo Rei Ballesteros, a quen xa lle vai tocando, ao meu parecer, un Dia das Letras Galegas.

 

Nalgunha das pasaxes, o estilo é de novela coral cun toque de realismo sucio, de precariedade laboral e sentimental. Noutras, como na sección ‘O xogo da moeda’, un grupo de amigos acoden á mansión dun membro do grupo que pertence a unha familia máis acomodada e burguesa, a así, falando do nada cotiá, comendo e bebendo arredor dunha piscina, fixeron acordar en min a lectura de ‘Less than Zero’, de Bret Easton Ellis. 

 

Noutra sección, a da ‘Carta desde Seúl’, a distancia de quen escribe resulta nunha tensión entre realidade sentida e soñada. A carta ben podería ser enviada dende Nova York ou Bos Aires, ou calquera outra desas metrópoles -sumidoiro ou refuxio- a onde un fuxe para esquecer ou para lembrar ao detalle, dependendo das necesidades de cada momento. Nesa carta fálase da nenez da xeración Xabarín Club, onde os nenos foron criados afoutos, preparados para un mundo difícil. Esa é a xeración de Abraham, que coas súas contradicións e grandezas desfila por estas páxinas que son, ao tempo, ficción e crónica, nunha mestura feliz.

 

Ao longo das varias seccións narrativas, algunha delas de diálogos encadeados, hai unha referencia recorrente a vinte anos atrás, unha especie de fractura emocional á que se retorna cando un se achega á etapa central da vida. Suponse que o protagonista arredor do que se articulan as máis das seccións, debe andar máis próximo dos 40 que dos 30 anos, o que fai que por veces os personaxes procuren referencias nostálxicas, cando eran novos e estabamos vivindo mais todo estaba por vivir (pasounos a todos). Pasados esfiañados, conversas tensas ou atómicas, ingrávidas ou inanes, para configurar unha sensación de que, ben mirado, o tempo pasou coma un foguete, que como dicía o tango ‘vinte anos non son nada’. Así, por unha físgoa diminuta podemos entrever o pasado, mais ficamos diante dun muro de néboa e resulta imposíbel albiscar o futuro. 

E como ecosistema, o barrio do Vercón, versión local dun escenario mítico da alteridade, dunha historia pasada e dura, da que todos os rapaces queren fuxir (os vellos saben que non poden fuxir), pois os que fican no barrio envellecen na nimiedade existencial, nas rutinas recorrentes e tristes, no nada cotiá.

Se ese ecosistema de fondo espazo-temporal (o barrio de Vercón, vinte anos atrás) configura a acción e os diálogos, a alternancia de testemuños e lembranzas, a variabilidade de puntos de vista estéticos no desenvolvemento de cada sección do libro, fan que nos atopemos diante dunha libro do maior interese, quer filosófico, quer formal.

 

Para rematar, dicir que como todas as novelas/narracións xeracionais, está ten o seu vocabulario propio, non excesivamente complexo, mais que remite claramente a un lugar e a unha época. O aderezo das referencias fílmicas, literarias e musicais das que falei antes, axudan a coutar o ecosistema, pois se hai algunhas referencias que son importantes para unha xeración, en particular a música, outras, como as literarias, poden resultar máis específicas do/dos personaxes desta narración específica.

 

Como resumo, dicir que na miña opinión, ‘A vida a arder’ resulta un conxunto de relatos ou mellor de seccións narrativas dun todo, que configuran un deseño xeracional dos que agora frisan os 40 anos. Existen, por descontado, outras realidades posíbeis, por iso o ecosistema a que se refire está centrado de xeito espazo temporal, o que é de agradecer, pois non pretende xeneralizar senón precisar a xeito de crónica e ficción localizada, que é o que se pode esperar dun escritor, que sexa testemuña do seu tempo. 

Así, pola realidade que trata, a da precariedade xeracional, e polo estilo, cambiante, mudábel, rico en matices, esta obra , ‘A vida a arder’, merecería atención de crítica e público. Eu expliqueilles porque na miña opinión, mais supoño que haberá outras lecturas e outras aproximacións literarias ou comerciais. Xeración arriba ou abaixo, vivimos todos nun mundo difícil.

 

[Fonte: www.praza.gal]

«Fites», de Marina Tsvetàieva

La presència de la seva terra natal es troba enfondida en les siluetes vegetals 


Traducció de Laia Malo

Escrit per Mireia Casanyes Dalmau

“La joia cremant del Neva”

S’ha esmicolat en bocins de plata

El mirall, i m’hi he –emmirallat.

Avui voleu cap a casa,

Cignes, cignes estimats!

Fites, 23

Marina Tsvetàieva (Moscou, 1892- Ielàbuga, 1941) va ser una de les poetes més admirades de Maria-Mercè Marçal, i una de les que va traduir. El seu vers cru i melòdic s’endinsa des dels cantells del món d’entreguerres, amb els plecs dissecats per a arbrar el seguici vivent de la seva obra. Els versos em captiven com fils d’ardència que emboliquen albada i nit, com si no hi hagués un enfora del somni. Llegeixo que el 1922 Tsvetàieva s’exilia a Berlín, on viu al barri de Wilmensdorf, a onze quilòmetres d’on visc. Després emigra a Praga, s’establiria a París el 1925. El 1939 tornà a l’URSS, on la repressió estalinista s’enduria la seva filla i el seu marit.

Com silencis en una partitura, els versos degoten, pesen i obliguen a una lectura reposada. El temps es vertebra a través de dues instàncies que s’acaronen l’una a l’altra: l’amor, en totes les seves formes, i el ritu.

Ens arriba el cavalcar d’aquesta fondària amb la traducció de Laia Malo, i amb un pròleg de Miquel Cabal que ens la situa en el paisatge epocal i simbòlic. Com silencis en una partitura, els versos degoten, pesen i obliguen a una lectura reposada. El temps es vertebra a través de dues instàncies que s’acaronen l’una a l’altra: l’amor, en totes les seves formes, i el ritu. Tsevtàieva, inspirada i corpresa per les rimes de la poesia popular eslava i també per la simbolista Zinaida Hippius (Beliov, 1869-París, 1945), de qui va pouar assíduament. Els guions esdevenen marques d’una talaia i d’un repòs, insistint en les presències dels talls, com en l’acte de cisellar el metall –un dels processos més delicats en orfebreria– en el magma dels paratges anímics que s’hi dibuixen.

La presència de la seva terra natal es troba enfondida en les siluetes vegetals: “M’aturo i escolto i esgrano una espiga / I una cúpula fosca – la veu m’engabia” (91). El recorregut vivencial de la seva joventut s’afona en el contrast entre les imatges del gra i les cúpules bulboses. També pesa el fet del dol colgat per la guerra: “Hauria de ser –rere aquesta arbreda / El poble on vaig viure jo (76)”. 

                                                                 Marina Tsvetàieva, Fites, Edicions de 1984 (2024)

I la visió nocturna es balanceja entre una pulsió eròtica i vitalista i una deriva melancòlica, flamígera: “Sota una lluna blava, blavíssima / Em vas encendre –el bes–” […] “vull un regal més valuós –fulgor– (31)”.

Hi conflueixen símbols condensats com ara les joies –els anells– símbols d’unió, els astres –significants d’un Urwelt o món originari. I la fixació en els estels, en comunió amb una delicadesa que la traducció de Malo ha sabut captar i fendre:

“S’encengueren i apagaren estels,

–¿d’on deu venir, tanta tendresa?

S’encengueren i apagaren també

Altres ulls, davant dels meus.” (22)

La presència de la seva terra natal es troba enfondida en les siluetes vegetals: “M’aturo i escolto i esgrano una espiga / I una cúpula fosca – la veu m’engabia”

La veu poètica que s’hi desplega apareix també com unes ales, en contacte amb un cel que guarda una fe inmarcescible en la paraula i en el gest, com un adveniment. En concret, el cigne: “I no és per’xò que em daren ales precioses, dues, / perquè el batec del cor estigués alliberat…”

Entre un to sacre, el vers oníric i el traç vivaç de la llengua oral, Tsvetàieva escriu també des de la senzillesa de la vida quotidiana, que lliga magistralment amb la delicadesa dels símbols vegetals i el substrat musical que és al sotabosc de tota la seva obra lírica, i que la traducció ha sabut transvasar: “A la taverna, on hi ha pecats, xavalla, sang, forats, traïdories – / aquí, Trinitat del meu esperit, / alça’t: Lliri – Cigne – Lira!”. I en la unió dels elements astrals i del foc, on el jo poètic es transforma en flama, esdevé portadora de les veus d’antany, així com dels ressons de la tradició i les cançons gitanes: “Ah, el duar gitano, al paradís, a l’alba ben prest –¿te’n recordes, de l’airet del matí i de l’estepa d’argent?”, així com de les arts endevinatòries i les dites populars.

                                                            Marina Tsvetàieva amb el seu fill a París, el 1927

La segona part va adreçada a Anna Akhmàtova, a qui anomena “criatura folla de les nits blanques”, i a qui dedica els versos més bells del poemari. I del seu nom: Anna Akhmàtova “aquest nom – és un sospir gegant i cau en l’anonimat d’una abissal fondària” (79). I la lliçó de Tsvetàieva era, potser, aquesta: la de l’exigència d’estimar allò que muta, que beu i es transforma i mor, com una bellesa que es transforma en consonància amb el temps: una actitud que no es deixa minvar ni domar, sinó que s’obre a l’escolta i observa i canta tot allò que ha observat – viscut – sentit: en definitiva, estimat.

I la visió nocturna es balanceja entre una pulsió eròtica i vitalista i una deriva melancòlica, flamígera: “Sota una lluna blava, blavíssima / Em vas encendre –el bes–”.

A través dels seus versos desfilen i es balancegen els amors, les passions i la senzillesa del compartir, l’oferiment d’una veu que se sap finita i que ve a cantar allò que li ha sigut donat sobre la terra: “Cercava i cercava pel meu front ample / no pas ulls, estels tan sols”. En el gest que salva, parla a Eros, i a l’Est: “Que amb el jove Est, cara a cara, / vaig cercar pel meu front ample / no pas roses, brots d’albor”. I del compromís amb l’art i la vida, fins a les darreres conseqüències.

Així, celebrar la traducció de Tsvetàieva, que ha sabut captar el revers d’aquest camí de fites –fosques, mes alhora d’una llum vivent, cegament il·luminadores-– que l’autora va llegar, amb el cant i amb la ploma d’aquella au de qui ella prenia, prestat, el nom i els seus misteris: cigne, o ocell fènix que canta en el foc.

[Font: www.diarilaveu.cat]

Bienvenue en Israël, de Luc Descheemaeker



Écrit par Adrian Burtin

Journaliste et éditeur

 

Les activistes de la Flottille pour Gaza arrêtés par les forces de sécurité d’Israël ont-ils été victimes de mauvais traitements ? C’est ce qui apparaît dans une vidéo publiée le 21 mai, qui les montre dans des positions dégradantes, agenouillés et les mains liées derrière le dos. Les images, rendues publiques par le ministre de la Sécurité nationale israélien et représentant de l’extrême droite nationaliste, Itamar Ben-Gvir, montrent celui-ci défiler parmi les militants interceptés et les provoquer.   

La vidéo a choqué l’opinion publique internationale et plusieurs États européens – de nombreux militants étant originaires de l’UE – ont condamné Israël et Ben-Gvir, ce dernier s’étant même attiré les foudres de son chef de gouvernement, Benyamin Netanyahou.   

La flotte humanitaire, composée d’une cinquantaine de bateaux et partie de Turquie afin de briser le blocus autour de la bande de Gaza, avait été arraisonnée dans les eaux chypriotes par les forces israéliennes le 18 mai. Expulsés de l’État hébreu depuis, les activistes ont fait part des mauvais traitements infligés pendant leur détention.

 

[Source :  Cartoon Movement (Amsterdam) - reproduit sur www.voxeurop.eu]

Astúrias: Uviéu aculhirà un congrès de las lengas e culturas menaçadas d’Euròpa

Cercaires, escrivans e representants de divèrsas comunautats lingüisticas europèas debatràn de la diversitat culturala e l’avenidor de las lengas minorizadas

Escrich per Jòrdi Ràfols 

La vila asturiana d’Uviéu aculhirà las 24 e 25 de julhet lo 28n Congrès de l’Associacion per las Lengas e Culturas Menaçadas (ALCEM), un rendètz-vos internacional consagrat a la defensa de las lengas minorizadas d’Euròpa, çò rapòrta El Comercio. Presidida per l’antropològ e academician Roberto González-Quevedo, l’organizacion torna dins la capitala asturiana près de quaranta ans après una primièra edicion organizada en 1987.

La dobertura del congrès se tendrà al sèti de la Junta Generala del Principat d’Astúrias, lo parlament asturian, amb una vesita institucionala e las intervencions dels representants d’ALCEM e de las autoritats asturianas. Un omenatge serà puèi balhat a Boris Pahor, escrivan de lenga eslovèna e ancian candidat al prèmi Nobel. La matinada se perseguirà amb una conferéncia de Giustina Selvelli sus la diversitat lingüistica dins la region alpenca adriatica.

Lo programa prevei tanben d’intervencions del poèta Mario Obrero e de l’escrivan Inaciu Galán a l’entorn de l’avenidor de l’asturian. Los debats se perseguiràn al Museu Arqueologic d’Astúrias amb de representants de mantuna comunautat lingüistica europèa e una reflexion sul ròtle de la creacion literària en las lengas minorizadas.

Enfin, las darrièras intervencions seràn consagradas a las lengas celticas e la tradicion literària irlandesa. Lo professor Robert K. Shepherd evocarà lo desvolopament de la lenga literària en mantun autor màger d’Irlanda, mentre qu’Avelino Corral abordarà la situacion actuala de las lengas celticas. La presentacion dels actes del precedent congrès e las conclusions d’aquela edicion novèla clavaràn lo congrés.



[Sorsa: www.jornalet.com]