quinta-feira, 16 de julho de 2026

Eva Moreda, escritora: «Na Galiza a emigración foi forzosa, pero hai xente para a que foi unha decisión autónoma»

Eva Moreda (A Veiga, 1981) presenta Conventículo (Aira Editorial), unha novela sobre dúas medio irmás separadas pola distancia e as xeracións. A través dunha viaxe a Gran Bretaña da pequena, a autora explora os vínculos familiares, a emigración contemporánea e a memoria da lingua galega oral. 

A escritora Eva Moreda 

Escrito por Sergio Casal 

—Cales foron as temáticas principais que quixo tratar nesta obra?

Para min, a temática máis importante é a relación entre as irmás, de sororidade, aínda que hoxe esa palabra teña significados máis amplos. Unha relación entre irmás do mesmo xénero interesábame por ser algo que eu non vivín, porque só teño un irmán. Na novela son medio-irmás, só de pai, e lévanse dez anos; esa diferenza xeracional entre irmáns sempre me chamou moito atención. Esta temática xeracional é, se cadra, máis importante no libro que a da propia emigración, que tamén está aí pero máis como transfondo. A emigración engádelle outra dimensión á relación: a maior emigra con vinte e poucos anos, e durante a adolescencia a pequena vive separada dela. 

—Que lle interesaba explorar afastando os personaxes desta nova novela do seu lugar de orixe?
Teño escrito bastante sobre a emigración nestes anos e sempre busco novos xeitos de achegarme a ela. Aquí entra dun xeito máis tanxencial, e tamén o tema das diferenzas xeracionais: a marcha a Gran Bretaña sitúase a comezos dos anos 2000, e a nena nace anos máis tarde, xa coa crise económica polo medio e unha diáspora de xente cualificada cara alá e a outros lugares. A protagonista non forma parte desa diáspora, pero está no transfondo.

Fascíname pensar nas motivacións da emigración contemporánea: na Galiza pintámola case sempre como forzosa, sen oportunidades, con xente que sofre e se sente expulsada. Non o minimizo, pero penso que tamén hai xente para a que emigrar é unha decisión máis autónoma 

—Que cambia nesa relación familiar cando hai separación xeracional e cando se traslada a outro contexto?
Interesábame trasladar esa relación a un contexto descoñecido. Podía situar o reencontro no centro de Londres, con todos os tópicos que coñece todo o mundo, ou en Edimburgo. Pero preferín unha vila dormitorio na periferia de Londres, cunha certa entidade histórica pero tamén con esa calidade de non-lugar. Eses sitios interésanme moito, sobre todo no verán, cando o tempo parece suspenderse: vas a un sitio e non sabes realmente como é a vida alí, porque a xente está de vacacións ou non está traballando. Quería situar a relación entre irmás nun lugar que deixase en evidencia certas tensións. 

—Destaca na novela a súa capacidade para captar a oralidade da lingua. Como traballa eses trazos á hora de levalo á escrita?

É algo que levo facendo moitos anos e que penso que vou afinando, aínda que ao comezo custábame bastante. Vivo en Escocia e non teño contacto diario co galego oral, e iso quizais fai que lle dea aínda máis importancia, como se fose algo perdido para min. 

Traballo moito coa memoria: teño afinidade pola linguaxe e resúltame relativamente sinxelo lembrar conversas da infancia, mesmo palabra por palabra. 

Tamén me interesa moito como escribe hoxe en día a xente en galego nas redes sociais, porque deu lugar a un estilo propio, distinto do galego de hai vinte anos. E logo hai moito traballo de repaso: revisar cada fragmento e cada frase, até que teñan o ton que me convence.  

[Foto: Nikolai Zelmjannikov - fonte: www.nosdiario.gal]

¿Será Trump el último presidente sionista de EEUU?

 


Escrito por David Hearst

No hay nada peor que un Israel despreciado. En tan solo unas semanas —un abrir y cerrar de ojos en la cronología de este conflicto de Oriente Medio—, el presidente de EE. UU, Donald Trump, ha pasado de ser tan popular en Israel que se jactaba de que podría ser su próximo primer ministro a convertirse en un hombre tan odiado que podría ser considerado el próximo Amalec de Israel.

Para que se hagan una idea del rencor dirigido personalmente contra Trump, Yinon Magal, presentador de un programa en horario de máxima audiencia del Canal 14 israelí, calificó a Trump de «perdedor» y tildó a su yerno Jared Kushner y a Steve Witkoff de «pequeños judíos».

Yaakov Bardugo, un comentarista político israelí, afirmó que Trump y su vicepresidente, JD Vance, se estaban convirtiendo en el Chamberlain moderno, el primer ministro británico asociado con la política de apaciguamiento hacia Hitler en 1938.

Amit Segal, analista político jefe de Channel 12 y de Israel Hayom —periódico propiedad de la multimillonaria Miriam Adelson— afirmó que Trump se había rendido por completo al permitir que Irán enriqueciera uranio.

Shimon Riklin, presentador del Canal 14 israelí, de tendencia conservadora, publicó en X que Estados Unidos estaba más débil que nunca y que nadie querría ser su aliado.

Estos comentaristas son cercanos al primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. A algunos se les considera sus portavoces. Y, colectivamente, han dado un giro de 180 grados digno de un manual. Se están volviendo contra el presidente, quien, en su primer mandato, otorgó a Israel el reconocimiento por parte de EE. UU de la anexión de los Altos del Golán ocupados y de Jerusalén como capital de Israel, algo que una larga lista de sus predecesores en la Casa Blanca había evitado hacer.

Este es el presidente que nombró a David Friedman, un defensor de los colonos, embajador de EE. UU en Israel. Friedman abandonó toda pretensión de neutralidad en este conflicto al inaugurar con un mazo un túnel bajo el barrio palestino de Silwan, en el Jerusalén Este ocupado.

Como candidato presidencial, Trump aceptó a Adelson como el tercer mayor donante de su campaña de reelección en 2024. Para comunicarse con la Casa Blanca, Netanyahu ni siquiera tuvo que descolgar el teléfono. Ya contaba con Kushner, entre muchos otros, susurrándole al oído al presidente.

Trump: de leal a traidor

Trump apoyó plenamente el genocidio de Israel en Gaza y sigue haciéndolo hasta el día de hoy. Kushner fue el artífice de «la Junta de la Paz» y de un plan surrealista para convertir Gaza en uno de sus muchos complejos turísticos de playa en el Mediterráneo.

Apenas hay duda de que la decisión de Trump de entrar en guerra con Irán se tomó tras una sesión informativa a cargo de Netanyahu y David Barnea, entonces director del Mossad, en la sala de crisis de la Casa Blanca. El mero hecho de que se permitiera la entrada de un líder de un país extranjero en la sala de crisis no tenía precedente. Nunca antes un presidente de EE. UU. había sido tan influenciable y nunca antes un primer ministro de Israel había estado tan cerca del corazón palpitante de una administración estadounidense.

Este es el hombre al que ahora tildan de traidor

La verdadera pregunta es: ¿hasta qué punto es profunda esta ruptura? ¿Y hasta qué punto es permanente? Trump fue el presidente que dio a Israel todo lo que necesitaba, y más, para librar sus guerras eternas. ¿Está llamado a ser el último presidente sionista de EE. UU? Una ruptura de esta naturaleza no es única en la historia del sionismo. Hay muchos ejemplos de sionistas que se han vuelto contra la superpotencia de su época de la que dependían.

Un patrón histórico

Cuando 250 000 refugiados judíos quedaron varados en campos de personas desplazadas en Europa tras la Segunda Guerra Mundial y Gran Bretaña se negó a levantar la prohibición de inmigración para admitir a 100 000 judíos en Palestina, la resistencia judía se unió. Entre 1945 y 1948, más de 780 soldados británicos, agentes de policía y civiles fueron asesinados en Palestina, muchos de ellos a manos del Irgun y la Banda de Stern (Lehi). Todo ello a pesar de que Gran Bretaña, a través de la Declaración Balfour, abogó por un hogar nacional judío en 1917, incumpliendo su promesa a los líderes árabes de establecer un Estado árabe. La peor atrocidad fue el atentado con bomba contra el Hotel Rey David el 22 de julio de 1946, sede administrativa británica en Jerusalén, en el que murieron 28 súbditos británicos de un total de 91 víctimas mortales. Hasta el día de hoy, Israel se niega a honrar sus tumbas, aunque sí lo hace con quienes perpetraron el atentado contra el hotel. En 2006, el Centro del Legado de Menachem Begin, que lleva el nombre del antiguo líder de la banda terrorista Irgun —quien aprobó el atentado y más tarde se convirtió en primer ministro—, celebró un acto para conmemorar el ataque. El brigadier Peter Smith-Dorrien, el funcionario de mayor rango fallecido en el atentado, yace en una tumba sin identificar.

Tampoco la extraordinaria valentía demostrada durante el Holocausto supuso ningún obstáculo para los terroristas judíos

El Lehi o Banda de Stern también asesinó a un diplomático sueco, el conde Folke Bernadotte, que había negociado la liberación de más de 4 000 judíos de los campos de concentración nazis durante los últimos meses de la guerra. Después de la guerra, se convirtió en el primer mediador oficial de las Naciones Unidas en el conflicto entre el nuevo Estado de Israel y los palestinos. Su pecado original, a ojos de la Banda de Stern, fue haber negociado una tregua y haber sentado las bases para las primeras iniciativas de ayuda humanitaria.

Este patrón se repite a lo largo de la historia de Israel

El regalo de despedida del expresidente estadounidense Barack Obama a Israel fue un paquete militar por valor de 38 000 millones de libras (51 000 millones de dólares) a lo largo de diez años. Se trató del mayor paquete de ayuda de la historia de Estados Unidos.

Avi Shlaim, el historiador israelí, escribió en The Guardian en aquel momento: «Netanyahu siempre correspondió a la generosidad de Obama con ingratitud y desprecio». Nunca dejó pasar una oportunidad para atacar a Obama; intervino de forma descarada en las elecciones presidenciales de 2012 respaldando al candidato republicano; abusó del privilegio de dirigirse a una sesión especial de ambas cámaras del Congreso para insultar a su presidente; y llevó a cabo la campaña pública más vociferante para sabotear el acuerdo nuclear con Irán.

«Resulta difícil pensar en un ejemplo más flagrante de morder la mano que le da de comer. La conducta de Netanyahu lo distingue como el aliado especial salido del infierno».

El expresidente de EE.UU Joe Biden, un sionista liberal por instinto, recibió el mismo trato. El general Amos Gilead escribió que la «reprimenda sin precedentes» de Netanyahu hacia Biden fue una manifestación extrema de ingratitud y un fracaso estratégico de primer orden.

«Estados Unidos es el único verdadero aliado de Israel, y Joe Biden es el presidente más favorable a Israel de la historia. No hay ninguna lógica estratégica para arremeter contra él y contra el líder de la mayoría demócrata en el Senado, Chuck Schumer, y solo cabe sospechar que la mezquina política interna está sustituyendo a una estrategia crucial para la seguridad y el futuro de Israel».

El verdadero rostro del sionismo

Para algunos comentaristas, lo que estamos presenciando es cómo el sionismo revela su verdadero rostro supremacista. Y eso incluye incluso a Moshe Ya’alon, exministro de Defensa bajo el mandato de Netanyahu entre 2013 y 2016.

En una entrevista con Ynet, Ya’alon afirmó que algunas facciones del movimiento sionista religioso, estrechamente alineado con los colonos israelíes, defienden una «ideología de supremacía judía». «¿Qué es la supremacía judía? Ochenta años después del Holocausto, es Mein Kampf a la inversa. La raza superior somos nosotros», afirmó Ya’alon

La supremacía judía ocupa ahora un lugar central en el discurso político dominante de Israel. Basta con escuchar cómo Naftali Bennett, el principal rival de Netanyahu, habla de Irán y de los palestinos. O, de hecho, basta con escuchar cómo los judíos israelíes hablan de los palestinos. Lo que está impulsando la disputa de Israel con Trump podría reducirse simplemente al impacto de lo nuevo.

El impacto consiste en que un presidente de EE.UU le diga a Israel que deje de librar la guerra. Es el impacto que experimenta una colonia de colonos cuando se da cuenta de que ha perdido el control sobre su potencia matriz.

Un impacto similar lo sufrieron los pieds-noirs en Argelia, quienes contribuyeron a llevar al poder a Charles de Gaulle en 1958, solo para ver cómo el presidente francés daba un giro hacia la autodeterminación y la independencia argelina.

O pensemos en la ira de la comunidad unionista de Irlanda del Norte cuando la mayor unionista de ellas, la primera ministra británica Margaret Thatcher, firmó el Acuerdo anglo-irlandés, que permitía a Dublín tener voz en el proceso de paz.

Un tsunami tóxico

Sea lo que sea lo que se está gestando en el seno de Israel tiene un efecto verdaderamente tóxico en la opinión pública al otro lado del Atlántico. No es exagerado afirmar que el genocidio en Gaza, la fallida guerra contra Irán y la negativa de Israel a retirarse de Siria, el sur del Líbano y Gaza han acabado con toda una generación de apoyo en EE. UU.

Tanto en el Partido Republicano como en el Demócrata, la mayoría de los adultos menores de 50 años valoran negativamente a Israel y a Netanyahu, según revela Pew Research. En la actualidad, el 57 % de los republicanos de entre 18 y 49 años tiene una opinión desfavorable de Israel, frente al 50 % del año pasado.

En general, el 60 % de los adultos estadounidenses tiene una opinión desfavorable de Israel, frente al 53 % del año pasado. El 59 % tiene poca o ninguna confianza en que Netanyahu actúe correctamente en materia de asuntos internacionales, frente al 52 % del año pasado.

La tendencia es clara

Sin embargo, existe menos consenso sobre lo que este cambio en la opinión pública significa en términos políticos y cuándo podría desencadenar un cambio significativo en la política. Nueva York, sede de la mayor población judía de la diáspora del mundo, acaba de ser testigo de cómo tres congresistas demócratas en el cargo han perdido sus escaños y cinco escaños locales han sido ocupados por candidatos respaldados por el alcalde Zohran Mamdani. Poco después, Melat Kiros, abogada y estudiante de doctorado, dio una sorprendente sorpresa a los demócratas del establishment al ser declarada ganadora de las primarias demócratas en el primer distrito congresional de Colorado, que incluye la capital del estado, Denver. Kiros desbancó a Diana DeGetter, una política que llevaba tres décadas en el Capitolio y que había recibido más de 1,6 millones de dólares del Comité Americano-Israelí de Asuntos Públicos (AIPAC).

Jewish Voice for Peace – Action afirmó que la contienda demostró que el AIPAC era una «marca tóxica» en el Partido Demócrata, y que los votantes demócratas estaban cansados de los legisladores que apoyan o defienden el genocidio. Sin duda, esto supuso una derrota para el AIPAC. Tres candidatos críticos con la guerra genocida de Israel derrotaron a sus oponentes respaldados por el AIPAC. Pero, ¿representaron los resultados un giro significativo a favor de Palestina o simplemente una reincorporación por parte de los demócratas de los sionistas liberales, sin el respaldo del AIPAC?

¿Se está preparando el partido simplemente para una era post-Netanyahu, en la que el apoyo a Israel volverá a quedar integrado en el sistema?

Uno de los vencedores fue Brad Lander, quien ganó las primarias por el décimo distrito congresional de Nueva York. Lander, que se presentó a la alcaldía antes de respaldar a Mamdani, se había opuesto anteriormente al movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) y, durante su mandato como contralor municipal, aumentó las inversiones del fondo de pensiones de la ciudad de Nueva York en Elbit Systems, un fabricante de armas israelí. Se describe a sí mismo como un sionista liberal.

«En un momento en el que quienes, dentro del movimiento de solidaridad con Palestina, entorpecieron las operaciones de Elbit Systems se enfrentan a la más dura represión estatal, resulta un golpe bajo ver cómo sectores del mismo movimiento celebran a Lander, dada su propia implicación con el fabricante de armas Elbit», declaró a MEE Nazia Kazi, profesora de la Universidad de Stockton.

Tras la victoria de Kiros, el senador demócrata Bernie Sanders la felicitó en X. «La marea está cambiando», escribió. «Los estadounidenses están cansados de la política del statu quo».

El propio Mamdani afirmó que se trataba de una victoria para la clase trabajadora, lo que refuerza las conclusiones de una encuesta del año pasado que revelaba que los votantes se guiaban principalmente por las preocupaciones económicas nacionales, la vivienda asequible y el coste de la vida.

Sin embargo, en sus discursos, los candidatos ganadores presentaron las cuestiones nacionales y las demandas para poner fin al genocidio en Gaza como un todo. Su desafío al statu quo se produjo en ambos frentes.

Un largo camino

Para expertos en las relaciones entre Israel y EE. UU. como Daniel Levy, presidente del Proyecto EEUU/Oriente Medio (USMEP), Estados Unidos se encuentra solo al inicio de un largo camino para reajustar su apoyo a Israel. «Aún está por ver si una parte suficiente del movimiento en el bando demócrata podrá centrarse en acumular poder, aunque tengan que hacer de tripas corazón para lograr un cambio en la política, y esto ocurra más lentamente de lo que cualquiera de nosotros desearía. «Nos esperan oportunidades sin precedentes y me encantaría ver que ese cambio se produce, pero aún no ha llegado. La presión contraria de un grupo de presión muy arraigado y la capacidad de nuestro propio bando para cometer errores, así como la ausencia de un movimiento de liberación palestino que impulse este cambio, todo ello significa que aún no ha llegado».

Y, sin embargo, se ha producido un cambio real en la opinión pública estadounidense.

Uno de los cambios más significativos en Estados Unidos ha sido el giro que ha sacado a Palestina de los márgenes políticos para situarla en el centro del debate. Lo que antes se descartaba como una preocupación minoritaria de la izquierda —o se reducía a cuestiones de islamismo o terrorismo— se ha convertido en un tema que trasciende todo el espectro político. Incluso sectores de la derecha estadounidense han comenzado a considerar a Israel como un lastre en lugar de una ventaja. Para algunos conservadores, la conducta de Israel —su matanza masiva de civiles, incluidos niños, y su abierto desprecio por el derecho internacional— ha hecho cada vez más difícil conciliar el apoyo incondicional a Israel con la imagen que Estados Unidos tiene de sí mismo. Para algunos, distanciarse de Israel se ha convertido en una forma de intentar redimir el proyecto estadounidense.

Sin embargo, la incorporación de Palestina al debate dominante también ha traído consigo nuevas limitaciones. Los términos del debate se han ampliado, pero siguen estando estrictamente controlados tanto en los círculos conservadores como en los progresistas. Cada vez resulta más aceptable debatir la influencia de la AIPAC, ya que ello permite a los estadounidenses enmarcar el problema como una cuestión de influencia indebida por parte de un poderoso grupo de presión. Sin embargo, al menos por ahora, los límites de este debate son claros: la resistencia palestina, la autodeterminación o las aspiraciones políticas que sustentan la lucha palestina son cuestiones que siguen quedando en gran medida al margen de los límites de un debate respetable.

Estados Unidos podría encontrarse en un camino que discurre por etapas: un aumento de la simpatía hacia el sufrimiento palestino y una creciente hostilidad hacia un Israel en guerra permanente. Esto, a su vez, conduce al fin del excepcionalismo israelí en la política estadounidense y, finalmente, al reconocimiento de todos los derechos de los palestinos. Puede que se necesiten varios ciclos electorales para lograrlo.

Pero para Netanyahu, o quienquiera que le suceda, volver a hacer que Israel resulte relevante para la derecha estadounidense no será fácil. Frustrado en lo relativo a Irán, pero con permiso para mantener sus avances territoriales en el Líbano y Siria, la reacción de Netanyahu será reanudar la guerra para hacerse con el control de toda Gaza.

No le queda otra opción, si quiere mantener a la extrema derecha en su gabinete y a su lado durante la campaña electoral. Pero una nueva matanza en Gaza aumentará el sentimiento de repulsa en Estados Unidos en ambos extremos del espectro político.

Plantear la guerra como el «11-S» de Israel es una baza que ya se ha jugado. Incluso republicanos como Tucker Carlson están reconsiderando la Guerra contra el Terror como un intento erróneo de presentar a todo el islam como un enemigo existencial. Por el momento no hay salida. El lobby no está dispuesto a rendirse y llevará a cabo una feroz acción de retaguardia en la política estadounidense.

Pero cuanto más se convierta el apoyo a Israel en un acto de fuerza, y menos en un artículo de fe, mayor será el problema en el que se encuentra el sionismo.

[Fuente: https://rafaelpoch.com/2026/07/08/sera-trump-el-ultimo-presidente-sionista-de-estados-unidos - reproducido en https://www.elviejotopo.com]

« La question de l’honneur se pose » : pourquoi l’actrice Rachida Brakni refuse la Légion d’honneur

Nommée chevalier dans la promotion civile du 14-Juillet, l’actrice Rachida Brakni a publiquement décliné cette distinction honorifique. La comédienne a annoncé sa décision le jour même sur son compte Instagram, en la justifiant par sa conception personnelle de l’honneur. 

Eric Cantona et Rachida Brakni, à Cannes le 15 mai 2026

Écrit par Emmanuelle Bourdy

Mardi 14 juillet, la parution du Journal Officiel a dévoilé les récipiendaires de la Légion d’honneur. Rachida Brakni figurait parmi eux. Cependant, l’actrice a immédiatement annoncé son refus sur ses réseaux sociaux. 

Un refus au nom de l’honneur 

Sur son compte Instagram ce mardi, la comédienne s’est adressée à ses 41.700 abonnés, en écrivant : « J’apprends avec surprise que l’on me décerne la Légion d’honneur. Indépendamment du fait qu’elle est attribuée à tour de bras pour le meilleur et souvent pour le pire, la question de l’honneur se pose… Le mien se situe ailleurs. » 

L’épouse d’Éric Cantona a précisé : « L’honneur est un devoir moral précieux que je m’évertue modestement à appliquer chaque jour dans mon travail, mon écriture et dans les choix qui me guident, sans quoi je me perdrais et sans quoi je perdrais l’estime de ceux qui comptent à mes yeux plus que la plus haute distinction. Voilà les raisons qui me poussent à la refuser poliment. » 

Son choix a rapidement suscité de nombreux soutiens sur Instagram. Des personnalités, comme l’actrice Emma de Caunes, la journaliste Rokhaya Diallo ou encore la députée Manon Aubry, ont salué sa décision. Cette dernière a d’ailleurs indiqué sur Instagram : « Être érigée au même rang que le PDG de Total, il y a de quoi en effet refuser ! » 

Une promotion de 619 personnalités 

Au total, cette nouvelle promotion civile de la Légion d’honneur, la plus élevée des distinctions nationales françaises créée en 1802 par Napoléon Bonaparte, récompense 619 personnes qui incarnent « le mérite, le civisme, le courage », a indiqué la Grande Chancellerie dans un communiqué. 

La Grande Chancellerie a nommé 518 chevaliers. Parmi eux se trouvent notamment des artistes comme l’actrice Clémentine Célarié et le dramaturge Wajdi Mouawad. L’acteur Pierre Arditi est quant à lui devenu commandeur. 

Parmi les autres personnalités distinguées figurent également l’actrice américaine Natalie Portman, la présidente de la Banque centrale européenne Christine Lagarde ou encore l’avocat Richard Malka. 

Des distinctions politiques et citoyennes 

Dans la sphère politique, le maire d’Antibes et ancien ministre, Jean Leonetti, est quant à lui nommé chevalier. L’ancienne ministre Jacqueline Gourault est promue officier. 

Parmi les scientifiques distingués se trouvent notamment le chercheur belge François Gemenne et la médecin Ghada Hatem-Gantzer, fondatrice de la Maison des femmes de Saint-Denis. 

Dans cette promotion, 54 personnes ont été décorées au titre de l’initiative citoyenne, contre 20 l’année précédente. Par ailleurs, une promotion spéciale de reconnaissance a décoré 17 personnes issues de la communauté harkie.

 

[Photo: Laurent Hou / Hans Lucas / AFP via Getty Images - source : www.epochtimes.fr]

 

quarta-feira, 15 de julho de 2026

El govern espanyol diu que «una de les seves prioritats màximes» és l'oficialitat del català a la UE

Sampedro assegura que és "qüestió de temps" que es donin les condicions per avalar-la

Reunió del Consell d'Afers Generals de la UE, el 27 de maig del 2025 

El secretari d'estat de la Unió Europea espanyol, Fernando Sampedro, ha assegurat que és "qüestió de temps" que es donin les "condicions" per aprovar l'oficialitat del català a la UE. En unes declaracions abans del Consell d'Afers Generals (CAG), Sampedro ha recalcat que el fet que no estigui en l'agenda de la reunió formalment, "no vol dir que no continuï sobre la taula i entre les prioritats màximes" del govern espanyol. El secretari d'estat ha destacat que Irlanda ocupa la presidència de torn del Consell de la UE i que és un país que també té dues llengües oficials i que "coneix molt bé la situació". Per a Sampedro, és "un tema d'oportunitat i de temps" i que "quan es donin les circumstàncies" ho sotmetran a votació. 

El CAG reuneix els ministres d'Afers Exterior dels 27 i és on s'hauria de votar que s'incloguessin el català, el gallec i l'euskera entre les llengües oficials a la UE. Aquest dimarts fa un any des de l'última vegada que el govern espanyol va demanar debatre-ho en una reunió de ministres d'Afers Europeus a Brussel·les. 

En totes les ocasions que ho ha plantejat, el debat s'ha tancat sense sotmetre a votació la mesura. Principalment, pels dubtes legals i pressupostaris de diversos estats membres, encapçalats per Alemanya i entre els quals també hi ha Finlàndia, Suècia o Àustria. Per aprovar-ho, cal la unanimitat dels 27.

Sampedro ha remarcat que en continua parlant amb tots els estats membres i ha recordat la declaració conjunta entre el president alemany, Friedrich Merz, i l'espanyol, Pedro Sánchez. En l'escrit, els dos governs van acordar obrir un diàleg bilateral per trobar una resposta a la petició de l'executiu espanyol.

El dirigent ha indicat que aquest dilluns va parlar amb el seu homòleg a Alemanya, i ha subratllat que ambdós creuen que "quan es donin les circumstàncies" podran tornar-ho a posar sobre la taula.

"Espanya aspira a aquest reconeixement perquè 20 milions d'europeus, 20 milions d'espanyols, no poden ser discriminats respecte d'altres estats membres que sí que tenen reconegudes diverses llengües", ha subratllat.

 

[Foto: Consell de la UE - font: www.racocatala.cat]

terça-feira, 14 de julho de 2026

Il 30% degli ebrei americani adulti afferma che Israele ha commesso un genocidio a Gaza

“Per come la vedo io, stanno cercando di spazzare via una civiltà”, ha affermato dell’azione militare israeliana contro i palestinesi Harold Kalmus, un democratico di 69 anni di Arden, Delaware, che si descrive come un ebreo per nascita.

Una manifestazione di Jewish for Peace all'interno della Trump Tower. 

A.P.

Haaretz

Dopo decenni di solido sostegno bipartisan a Israele, un nuovo sondaggio di AP e NORC rivela una netta erosione dell’appoggio verso l’alleato di lungo corso degli USA, con una crescente opposizione da parte dei democratici e segni di divisione tra i repubblicani.

La ricerca di Associated Press e NORC (Center for Public Affairs Research) [Centro di Ricerca per le Questioni Pubbliche] giunge in un momento in cui quello che una volta era il consenso su una questione di politica estera sta polarizzando sempre più gli americani in base a linee partitiche e generazionali animate dalla critica per il comportamento di Israele quasi tre anni dopo lo scoppio della sua ultima guerra contro Hamas a Gaza.

Circa un terzo degli adulti statunitensi, compresa più o meno metà dei democratici, ritiene che durante la guerra a Gaza Israele abbia commesso un genocidio contro i palestinesi, un’accusa sollevata da alcune organizzazioni per i diritti umani e negata con veemenza da Israele e dal governo USA. Circa 2 americani su 10 affermano che Israele non lo ha fatto e il resto, approssimativamente la metà, non ne sa abbastanza per avere un’opinione.

Una percentuale simile, il 30%, di ebrei adulti sostiene che Israele ha commesso un genocidio, mentre circa la metà (il 49%) dice il contrario.

Harold Kalmus, un sessantanovenne democratico di Arden, nel Delaware, che si descrive come un ebreo per nascita, ha affermato che ricorda di essere stato orgoglioso di Israele quando era giovane. Ora non più.

“Mi rendo conto che c’è una minaccia da parte di Hamas e che si trovano in una situazione molto difficile, ma quello che hanno fatto è semplicemente un orrore indicibile,” ha detto dell’azione militare israeliana contro i palestinesi. “Per come la vedo io stanno cercando di spazzare via una civiltà”

Quasi tre anni dopo l’attacco di Hamas il 7 ottobre 2023 con un bilancio di 1.200 persone uccise in Israele, in maggioranza civili mentre 251 ostaggi sono stati portati a Gaza, i dati mostrano opinioni su Israele nettamente peggiorate negli USA. Secondo il ministero della Sanità di Gaza, gestito da Hamas, e che non fa distinzione tra vittime civili e miliziani, a Gaza sono morti più di 73.000 palestinesi, compresi più di 1.000 uccisi dall’inizio dell’ultimo cessate il fuoco.

Secondo un altro sondaggio, le simpatie americane si sono spostate verso i palestinesi e allontanate dagli israeliani più o meno dal 2020, ma da quando è iniziata l’ultima guerra a Gaza il divario si è notevolmente ampliato.

Molti americani, circa 4 su 10, non ne sanno abbastanza da dire se l’immediata risposta militare di Israele contro l’attacco di Hamas o le sue continue operazioni militari siano giustificate. Tra quanti hanno un’opinione in entrambi i casi molti dicono che la rappresaglia iniziale era motivata, ma una maggioranza [di questi] ritiene che le attuali azioni non lo siano.

Circa tre quarti degli ebrei adulti hanno detto che la risposta iniziale di Israele era giustificata, ma solo circa 4 su 10 lo pensano riguardo alle sue operazioni in corso.

Solo un terzo degli adulti statunitensi vede Israele come una questione “estremamente” o “veramente” importante per loro personalmente. Ma è stato un argomento scottante nella politica americana in quanto, a soli quattro mesi da elezioni di medio termine di cruciale importanza che determineranno l’equilibrio dei poteri nel Congresso per gli ultimi due anni di mandato del presidente Donald Trump, i rapporti tra i due Paesi rimangono tesi.

Recentemente il vice presidente JD Vance ha criticato i dirigenti israeliani che hanno manifestato frustrazione nei confronti di Trump, mentre di recente nelle primarie di New York e del Colorado oppositori di Israele hanno sconfitto [candidati] sostenuti dall’establishment democratico.

Il sostegno democratico per Israele si riduce

Il sondaggio AP-NORC rileva uno cambiamento decisivo nel partito democratico. Circa il 58% dei democratici ora afferma che gli USA “appoggiano troppo” gli israeliani, in crescita rispetto al 45% di un sondaggio AP-NORC del gennaio 2024, quando era al potere l’ex-presidente Joe Biden. Ciò include nella nuova rilevazione il 51% degli ebrei democratici.

Circa 6 democratici su 10, il 62%, afferma che gli USA “non appoggiano abbastanza” i palestinesi, in aumento rispetto al 49% del 2024. I giovani democratici dai 45 anni in giù sono ancora più propensi rispetto ai più anziani a sostenere che gli Stati Uniti “non appoggiano abbastanza” i palestinesi, ma i democratici più anziani si stanno mettendo al passo con i giovani. Circa il 57% dei democratici anziani, rispetto al 39% di due anni fa, ora afferma che gli USA dovrebbero fare di più per i palestinesi.

Joy Jennik, democratica di 73 anni originaria di Brookfield, Wisconsin, ha affermato di non aver avuto forti convinzioni sui rapporti tra USA e Israele fin dopo l’attacco di Hamas il 7 ottobre.

Ora crede che Israele sia colpevole di genocidio.

“Della Striscia di Gaza non è rimasto quasi niente. Quella povera gente sopravvive a stento”, ha detto Jennik, insegnante di economia domestica in pensione.

Solo una piccola percentuale di repubblicani, il 13%, descrive le azioni di Israele come genocide, benché ci sia un’evidente differenza in base all’età. Circa 2 repubblicani su 10 sotto i 45 anni afferma che Israele ha commesso un genocidio, mentre lo dice solo 1 su 10 con un’età superiore ai 45 anni.

Nel complesso il 60% dei repubblicani descrive il sostegno degli USA a Israele come “giusto”. Solo circa 2 repubblicani su 10 sostengono che gli Stati Uniti sono “troppo favorevoli” agli israeliani, anche se i repubblicani sotto i 45 anni sono più propensi ad affermarlo.

La percentuale complessiva dei repubblicani secondo cui gli USA “appoggiano troppo” Israele non è cambiata in modo significativo dal 2024, ma quella di quanti sostengono che gli USA non lo fanno abbastanza è crollata dal 39% al 15%.

Mike Cardona, un repubblicano settantenne della periferia di Phoenix, ha affermato di essere soddisfatto del livello di appoggio che gli USA stanno fornendo a Israele e ha rifiutato l’opinione secondo cui Israele ha commesso un genocidio.

“Speravo che intervenissero in modo più duro e meglio,” ha detto Cardona, venditore di prodotti industriali in pensione, riferendosi alle azioni militari di Israele a Gaza. “Sfortunatamente verranno uccisi alcuni innocenti, ma Hamas ed Hezbollah non ne hanno mai tenuto conto quando hanno ucciso bambini e donne in Israele.”

Netanyahu è generalmente impopolare, mentre le opinioni su Mamdani sono contrastanti

Nelle interviste varie persone interpellate hanno sottolineato che le loro critiche nei confronti di Israele erano concentrate sui suoi dirigenti, soprattutto sul primo ministro Benjamin Netanyahu, che dopo i ripetuti scontri con i presidenti democratici è percepito come strettamente associato a Trump.

Nel complesso, solo il 20% degli adulti statunitensi ha un’opinione positiva del primo ministro israeliano, mentre quasi il doppio, 38%, esprime un parere negativo. Circa il 41% non ne sa abbastanza per esprimere un opinione.

Netanyahu è particolarmente impopolare tra gli ebrei adulti: approssimativamente 6 su 10 lo vedono negativamente, mentre un terzo circa positivamente.

I giovani adulti, indipendentemente dal partito, affermano con maggiore probabilità rispetto ai più anziani di non avere un’opinione su Netanyahu. Ma mentre i repubblicani più anziani lo vedono più positivamente che negativamente, le opinioni dei repubblicani più giovani tendono ad essere sfavorevoli.

Il sindaco di New York Zohran Mamdani ha assunto un certo rilievo come critico esplicito di Israele, e il 27% degli adulti statunitensi ha un’opinione favorevole del trentaquattrenne democratico socialista. Un altro 28% degli adulti USA ha un’opinione negativa, mentre il 44% non è in grado di esprimere un’opinione.

Gli ebrei adulti, che nella stragrande maggioranza si identificano con i democratici, ha un’opinione più positiva di Mamdani che di Netanyahu, con il 44% che vede il sindaco di New York positivamente, il 39% negativamente e il 17% non si esprime.

Complessivamente circa la metà dei democratici ha un’idea favorevole di Mamdani e solo 1 su 10 lo vede negativamente, mentre il resto, circa il 39%, non ha un’opinione.

Nel contempo i rapporti tra gli USA e Israele non sono in cima alle preoccupazioni di molti americani quando pensano alle imminenti elezioni di medio termine.

Per persone come Michael Ripka, addetto al palco di 34 anni di Casper, Wyoming, che in genere vota repubblicano, l’economia è di gran lunga la questione più importante a cui pensare.

“Tutto quanto è terribilmente caro”, ha sostenuto. I conflitti in Medio Oriente, ha aggiunto, sono “al 100 per 100 un enorme diversivo.”

(traduzione dall’inglese di Amedeo Rossi)

 

[Foto: Yuki Iwamura - fonte: www.zeitun.info]

Mor l'escriptor barceloní Luis Goytisolo, autor d''Antagonía', a 91 anys

Va ser acadèmic de la RAE i va ser distingit per premis com el Nacional de Literatura o el de les Lletres Espanyoles  

Escrit per Berto Sagrera 

S'ha mort l'escriptor barceloní Luis Goytisolo, autor d'Antagonía, a 91 anys. Si bé la notícia l'ha donat a conèixer aquest dilluns vespre la Reial Acadèmia Espanyola (RAE) —de la qual n'era acadèmic des del 1995—, el traspàs va tenir lloc aquest diumenge, 12 de juliol, a la localitat de Vimbodí i Poblet (Conca de Barberà). Va ser distingit, entre altres, pel Premi Nacional de Literatura l'any 1992 i pel Premi Nacional de les Lletres Espanyoles el 2013. 

Nascut el 17 de març del 1935 a Barcelona, era germà del poeta José Agustín Goytisolo (traspassat el 1999) i del també escriptor Juan Goytisolo (traspassat el 2017). L'any 1958, acabat de llicenciar en Dret, va guanyar el Premi Biblioteca Breu amb la seva novel·la Las afueras, que va ser seguida de Las mismas palabras (1962). El 1973 va publicar Recuento, el primer llibre de la tetralogia Antagonia, dedicada a la seva esposa, María Antonia Gil Moreno de Mora. L'obra es va completar amb Los verdes de mayo hasta el mar (1976), que va guanyar el Premi Ciutat de Barcelona; La cólera de Aquiles (1979) i Teoría del Conocimiento (1981). Va continuar en els vuitanta amb altres novel·les com Estela de fuego que se aleja (1984), que va obtenir el Premi de la Crítica; i La paradoja del ave migratoria (1987), entre altres. 

Col·laborador de premsa i la RAE

Goytisolo va ser col·laborador habitual de premsa (El PaísABCDiario 16) i membre del jurat d'importants premis literaris, entre que en els noranta va rellevar el traspassat Carlos Barral en la direcció de la revista literària Letra Internacional. El 1992 va publicar la novel·la Estatua con palomas, guardonada amb el Premi Nacional de Literatura de Narrativa, i en la qual l'autor jugava amb el temps, la Roma de Trajà i l'Espanya actual. Va ser arran d'aquesta obra que va pensar en la creació de la Fundació Luis Goytisolo per a l'estudi de la narrativa hispànica contemporània, amb seu a El Puerto de Santa María (Cadis). Cada any, des del 2003, la fundació celebra un Simposi Internacional de Narrativa Hispànica Contemporània.

El 24 de març del 1994 va ser elegit acadèmic de la RAE per a la vacant del poeta Luis Rosales (butaca C), i hi va ingressar el 1995 amb un discurs titulat "L'impacte de la imatge a la narrativa espanyola contemporània", en defensa de l'autonomia del llenguatge davant de la influència de la imatge. Li va respondre, en nom de la corporació, Francisco Ayala. Va ser vocal de la junta de govern de l'acadèmia entre els anys 2000 i 2002, i censor entre el 2000 i el 2008.

Altres novel·les i premis

Altres obres destacades de Goytisolo van ser Ojos, círculos, búhos (1971), Devoraciones (1976), Fábulas (1981), Estatua con palomas (1992), Mzungo (1996), Placer licuante (1997), Escalera hacia el cielo (1999), Diario de 360 grados (2000), Liberación (2003), Oído atento a los pájaros (2006), El lago en las pupilas (2012), Coincidencias (2017) i Chispas (2019). Així mateix, va ser autor dels assajos Naturaleza de la novela (2013) i El sueño de San Luis (2015), del qual va donar el manuscrit a la Biblioteca Nacional d'Espanya. El 2016 va publicar El atasco y demás fábulas, una recopilació d'apunts, reflexions i aforismes escrits al llarg de quaranta anys. També va escriure i dirigir documentals televisius, com les sèries Índico i Mediterranio, emeses per Televisió Espanyola.

L'any 2014, el seu germà Juan Goytisolo li va treure el Premi Cervantes, el més important de la literatura espanyola, i va dir el següent: "El meu germà Juan se'l mereix, i, per qüestió d'edat, se l'havien de donar abans a ell. Va passar també amb el Nacional de les Lletres, que en Juan el va guanyar el 2008 i jo el 2013". El 2018 sí que va rebre el prestigiós Premi Carlos Fuentes a la Creació Literària en l'Idioma Espanyol, lliurat per l'aleshores de Mèxic, Enrique Peña Nieto. Pel que fa a la seva militància en el Partit Comunista d'Espanya (PCE), l'any 2014 va reconèixer en una entrevista que mai no va creure en el marxisme i que només es va fer militant comunista a finals dels anys 50 per "combatre el franquisme", motiu pel qual va ser empresonat durant quatre mesos a Carabanchel.

 

[Foto: ACN - font: www.elnacional.cat]

Comment le XIXᵉ siècle a réinventé les fêtes populaires, des cafés concerts aux bals masqués

Si aucun siècle ni aucune culture n’ignorent les fêtes, c’est à partir du XIXe siècle que s’impose une nouvelle offre de divertissements, entre parcs d’attractions, théâtres, cafés-concerts, restaurants… multipliant les occasions de célébrations dans l’espace public. Explications alors qu’on s’interroge sur le sens contemporain de la fête.

14 juillet, par Théophile Alexandre Steinlen (1889) Paris Musées / Petit Palais, musée des Beaux-Arts de la Ville de Paris

Écrit par Corinne Legoy

Professeure en histoire contemporaine, Université d’Orléans

Les fêtes populaires, dans les rues ou aux terrasses, en des lieux dédiés ou non, semblent, aujourd’hui, toujours un peu nous surprendre. Ainsi de fête de la musique, promue en 2025 festival le plus cool du monde sur les réseaux sociaux, drainant une foule inédite de touristes fêtards attirés par l’événement.

Ainsi, en 2024, durant l’été des Jeux Olympiques, de ce Paris redevenu une fête aux yeux de bien des observateurs étonnés. Quelque chose s’était alors joué d’une vaste fête publique, irréductible aux grandes cérémonies orchestrées d’ouverture et de clôture et ce fut, pour beaucoup, une surprise. Comme si ressurgissait un usage perdu de la fête populaire, ce simple plaisir de s’amuser et de partager dans l’espace public et ses lieux.

L’actualité, au reste, a brouillé le sens de la fête : la fermeture ou la fragilité de nombre de ses lieux (des discothèques aux bars et restaurants) ainsi que les confinements liés à la pandémie du Covid-19 ont conduit à s’interroger sur la place et les conditions de possibilité de la fête dans nos sociétés. Tragiques, les attentats de 2015, prenant pour cible une salle de spectacle, le Bataclan, et des terrasses de cafés, puis celui de 2016, lors du 14 juillet à Nice, ont tout à la fois associé nos cultures à des pratiques festives et teinté dramatiquement ces grands rassemblements publics.

La peur, aussi, rôde sur la fête. Elle est, de surcroît, régulièrement nourrie par la crainte des débordements, constamment rappelés, voire instrumentalisés, à l’image de ceux qui ont suivi la victoire du PSG en finale de la ligue des Champions le 1er juin dernier. Journalistes, chercheurs ou acteurs du monde de la nuit se sont ainsi, depuis quelques années, emparés de la question, s’interrogeant sur ce sens perdu de la fête ou sur sa présence-absence dans nos sociétés.

Le clown géant qui va prendre la tête de la Cavalcade du Bœuf Gras au Carnaval de Paris, en 1897. Le

Cette idée que l’on ne saurait plus, ou que l’on ne pourrait plus, faire la fête n’est cependant pas un constat neuf. Dès 1961, Willy Ronnis commente ainsi le 14 juillet dans l’île Saint-Louis : « Ce jour-là, j’étais monté sur un petit tabouret pour avoir une vue plongeante du petit bal. Il y avait une telle gaieté dans les rues de Paris, au 14 Juillet. Ça s’est raréfié, peu à peu ». Mais ce discours de la nostalgie entoure toujours, en réalité, le discours sur la fête. Dès le XIXe siècle, bien des contemporains déplorent ces fêtes qui ne seraient plus ce qu’elles étaient. La mélancolie qui s’empare des fêtards au petit matin semble souvent s’emparer de nombre de ses observateurs, masquant la résistance et la réinvention des pratiques festives.

Au fond, les confinements n’ont-ils pas surtout montré leur puissance de renouvellement, ici sous contrainte, avec leurs apéros-zooms, l’organisation de fêtes et de dîners privés en dépit de la distanciation sociale imposée partout, l’improvisation de concerts ou de performances sur les balcons ?

Alors plutôt que de nous demander, sans doute en vain, si l’on sait encore ou si l’on ne sait plus faire la fête, essayons plutôt d’éclairer un peu ce qu’elle fut juste avant nous, en ce XIXe siècle où s’inventèrent bien des formes festives.

Les « nuits parisiennes », naissance d’un mythe

Si aucun siècle ni aucune culture n’ignorent les fêtes, c’est à partir du XIXe siècle que s’impose progressivement une nouvelle offre de divertissements marquée par la démultiplication et la diversification des lieux festifs. Elle est particulièrement visible à Paris où la présence et la pratique de la fête s’intensifient alors, contribuant à forger le mythe puissant des « nuits parisiennes ».

L’obsession des contemporains pour l’inventaire de tous ces lieux « consacrés à la joie » dit, à elle seule, le caractère inédit de cette offre et de ces pratiques : physiologies, tableaux de Paris, guides touristiques ou articles de presse dressent inlassablement la liste de ces lieux où sortir et s’amuser, cherchant à rendre lisible ce nouveau Paris festif et nocturne en train de naître.

Cette forte présence de la fête dans le Paris du XIXe siècle tient au moment charnière qu’il représente : moment où persistent des usages festifs hérités encore très vivaces et où s’inventent de nouveaux divertissements, liés à une culture urbaine en pleine mutation.

Le principal héritage festif est celui de Carnaval, dont la tradition, très ancienne, est encore étonnamment puissante au XIXe siècle. Foules costumées, cortèges, voitures de masques, bals et festins scandent cette parenthèse admise de subversion des normes et des codes, ce monde à l’envers railleur.

La Descente de la Courtille, entre 1835 et 1845. Jean Pezous, via Wikimedia -- (musée Carnavalet)

La rue, alors, est au peuple. Elle est parcourue de masques et de costumes, et traversée de grands cortèges rituels dont la population parisienne est longtemps coutumière : descente de la courtille, qui voit, dans la première moitié du siècle, les fêtards enterrer carnaval en un cortège déguisé, divagant et bruyant, rejoignant le cœur de Paris depuis la barrière de Belleville ; promenade du bœuf gras, ce défilé de bœufs, choisis pour leur fort poids en viande, mené en musique par des garçons bouchers déguisés et accompagné de chars ; cortège des blanchisseuses, enfin, avec sa reine des reines élue chaque année.

Fête rituelle, le carnaval parisien, en ce siècle des révolutions, se fait également politique. Les journées révolutionnaires de février 1848 qui chassent Louis-Philippe du pouvoir mêlent ainsi soulèvement politique et gestes carnavalesques quand, souvent, le mannequin traditionnellement brûlé à la fin des réjouissances prend le visage de tel ou tel homme politique. L’instrumentalisation de la fête en une arme d’affranchissement et d’affirmation est consacrée, et pour longtemps.

Progressivement, cependant, les fêtes de Carnaval deviennent plus commerciales, plus encadrées, leur présence reflue, en tout cas sous leurs formes anciennes, populaires et provocatrices. Les chars publicitaires se multiplient, les notables et les grands patrons s’imposent dans leur organisation. Carnaval alors se meurt – peut-être – mais les pratiques festives se renouvellent, affirmant leur présence dans la ville et leur vivacité populaire.

Danser pour faire la fête

Ces pratiques festives doivent alors beaucoup à l’essor, sans précédent, d’une offre de loisirs inédite, liée aux mutations de la ville et du rapport à elle : la nuit est conquise peu à peu par l’éclairage public qui se répand ; les divertissements proposés ferment plus tard ; un temps pour soi libéré peu à peu – même en d’étroites limites – permet de sortir plus aisément, et la diversification de l’offre permet presque à chacun – ouvrier, grisette, étudiant ou bourgeois – de trouver un lieu où divertir sa soirée et sa nuit.

Faire la fête, c’est alors avant tout danser. Ce goût si profondément ancré et si socialement partagé – qui fait parler de « dansomanie » – n’est certes pas tout à fait neuf, mais il bénéficie alors de l’expansion considérable du nombre de salles de bal jusque dans la seconde moitié du XIXe siècle.

Selon les mots de Victor Rozier, « de même qu’à Paris, chaque quartier a ses habitants, chaque boulevard ses promeneurs, chaque bal a son public » : étudiants aux bals du Prado et à Bullier (fondé sous le nom de Closerie des Lilas et qui est resté quand le bal s’est transformé en brasserie) ; classes populaires au Château-Rouge, à la Reine-Blanche ou à la Boule-Noire, les grands bals de Montmartre ; monde mêlé de toutes les catégories sociales à Valentino ou Frascati.

En réalité, cependant, on ne danse pas que dans des salles dédiées. Bien d’autres lieux permettent de danser. C’est le cas des guinguettes, qui naissent alors, ces modestes restaurants ou débits de boisson, ajoutant un bal à leurs attractions. Elles existent à Paris, mais surtout à ses barrières, sur un axe Belleville-Montrouge. La Grande-Chaumière est l’une des plus fameuses, située à la barrière de Montparnasse, alors sur la commune de Montrouge. Quand le nombre de salles de bal commence à refluer, notamment à partir des années 1880, elles poursuivent leur histoire, renouvelée par les bals musettes qui se multiplient sur les bords de Marne.

Les salles de bal font en effet face, dans la seconde moitié, à la rude compétition des innombrables divertissements crées alors : cafés-concerts, cabarets, music-halls, cirques, fêtes foraines, skating-rinks, puis, plus tardivement, parcs d’attraction (Luna-Park ou Magic-City).

Affiche de Toulouse-Lautrec pour les bals du Moulin Rouge (1891, Musée Carnavalet).

Mais cette nouvelle offre culturelle n’est cependant pas qu’une offre de spectacles, elle est, indissociablement et profondément, participative : presque tous les lieux de divertissement sont alors, et c’est une particularité du temps, des lieux hybrides, où se combinent spectacles et possibilités festives. D’abord parce que l’on peut y boire, fumer et se déplacer librement, ensuite parce que l’on peut aussi, et souvent, y danser, enfin parce qu’ils abritent, tous, une foule de fêtes.

L’Élysée-Montmartre, fondé en 1807, combine ainsi salle de spectacle et salle de bal ; les Folies-Bergère (fondées en 1869) et le Moulin Rouge (fondé en 1889), de la même façon, sont à la fois établissements de spectacle et salles de bal. Plus étonnant, peut-être, pour nous, ces skating-rinks, salles de patinage (à glace ou à roulettes) où le public se presse autant pour patiner que pour les fêtes qui y sont régulièrement données.

La vogue des bals masqués

Parcs d’attraction, théâtres, cafés-concerts, restaurants… Tous ces lieux voient alors triompher, jusqu’à la Première Guerre mondiale, une forme totalement disparue – du moins dans sa dimension publique et populaire – de fête nocturne, aux échos considérables dans la ville, les imaginaires et la culture du temps : les bals masqués et costumés. Dérivés du bal de l’Opéra, crée en 1715, ils sont d’abord organisés durant la période de Carnaval puis s’en émancipent au fur et à mesure du siècle.

Tous les lieux de divertissement évoqués, à commencer par les théâtres, organisent leurs bals masqués, ouverts moyennant un billet d’entrée dont les tarifs varient selon le prestige des salles. Ils drainent dans les salles des foules considérables de fêtards, mais aussi bien des curieux, et attirent, dans les rues, des badauds guettant les déambulations des noctambules déguisés. Ces fêtes sont, aussi, dans la ville. Fascinantes ou scandaleuses, selon les points de vue des contemporains, elles sont affolantes pour les pouvoirs qui les surveillent scrupuleusement, mais les tolèrent pourtant et les laissent même se multiplier. 

1912, photographie de la montée au bal des Quat’z’Arts au Skating de la rue d’Amsterdam. Association des Quat’Z’Arts 

La présence publique de ces fêtes masquées est redoublée par celles qu’organisent de nombreuses associations, étudiantes, professionnelles ou syndicales. Fêtes privées officiellement, puisque sur invitation, certaines d’entre elles brouillent cependant la frontière du privé, s’invitant dans la ville et s’ouvrant, bon gré mal gré, à des fêtards échappant à leur cercle. Le cas emblématique est celui du bal des Quat’z’Arts (le bal des étudiants des Beaux-Arts), dont les cortèges (le soir, avant le bal, et au petit matin, après lui) sillonnent Paris en un rituel provocateur perdurant de 1892 à 1966.

La familiarité avec la fête était-elle alors plus grande ? Son inscription dans l’espace de la ville plus forte ? Son appropriation partagée plus intense ? Nous laisserons à chacun le soin de trancher… Et d’y penser, peut-être, le 14 juillet, le jour de cette fête, voulue républicaine et populaire, par les pères de la IIIe République qui en firent, en 1881, la fête nationale.

  

[Source : www.theconversation.com]