terça-feira, 22 de setembro de 2026

«Primero tomamos Manhattan, luego tomamos Berlín» (Leonard Cohen)

El domingo, el partido de izquierda transformadora alemán (no socialdemócrata) Die Linke ganó las elecciones de Berlín por primera vez. Al igual que Zohran Mamdani en Nueva York, derrotó a los partidos tradicionales ofreciendo a los berlineses medidas concretas sobre los alquileres y el coste de la vida.

El partido socialista alemán Die Linke obtuvo la victoria en las elecciones berlinesas del domingo, gracias a un amplio apoyo de los jóvenes berlineses y la clase trabajadora multiétnica. Su principal candidata, Elif Eralp, aspira a convertirse en la nueva alcaldesa de Berlín.  

Escrito por David Broder  

OSi bien Berlín aún no tiene un alcalde socialista, el partido de izquierda Die Linke, ganador de las elecciones estatales berlinesas del domingo, se encuentra en una posición sólida para liderar su próximo gobierno. A pesar del auge de la extrema derecha en Alemania, Die Linke se ha distinguido por su firme defensa de la sociedad multiétnica y su constante atención al costo de vida y la vivienda. Por ello, ha recibido el reconocimiento de muchos berlineses. 

El resultado supone una reivindicación para un partido que hace apenas dos años estaba al borde de la quiebra tras turbulentos conflictos internos. Muchas de las condiciones para su crecimiento ya existían entonces. Los berlineses llevaban tiempo viendo cómo subían los alquileres; la centroizquierda tradicional llevaba décadas recortando las protecciones sociales y los derechos laborales; y el llamamiento a movilizarse contra el creciente nacionalismo tampoco es nuevo. Sin embargo, solo recientemente Die Linke se ha convertido en una fuerza con proyección internacional, capaz de movilizar la resistencia contra la actual deriva reaccionaria de la política alemana. 

La campaña de Die Linke se centró en el coste de la vida y, específicamente, en el alquiler. Históricamente, Berlín Occidental era más barata que las principales ciudades de la República Federal, e incluso después de la reunificación, la capital contaba con mucho espacio vacío. Sin embargo, la venta de viviendas públicas a especuladores privados entre 1990 y 2000, sumada a la falta de nuevas construcciones, ha disparado los precios. Si bien los berlineses votaron en un referéndum en 2021 a favor de la renacionalización de las viviendas, el gobierno municipal no cumplió con el resultado. En estas elecciones, Die Linke prometió hacerlo. 

Lograr el consenso entre los socios de la coalición podría ser más difícil. La anterior coalición «rojo-rojo-verde» de 2021-2023, en la que Die Linke y Los Verdes apoyaron a un gobierno encabezado por la alcaldesa socialdemócrata centrista (SPD), Franziska Giffey, no tuvo éxito. De hecho, las encuestas sugieren que el triunfo de Die Linke el domingo se debió en gran medida a los berlineses de izquierda que se pasaron de Los Verdes y el SPD, así como a los votantes primerizos. Si bien es fácil imaginar Berlín como un bastión progresista, en realidad, la suma de todos estos partidos solo acaparó el 52% de los votos. 

Los cambios dentro de este electorado fueron importantes. Los partidos de izquierda moderada de Alemania han gobernado habitualmente con conservadores, hoy subordinan la política presupuestaria al gasto militar y apoyan a Israel. Die Linke ha tenido un mejor desempeño que estos supuestos progresistas en la defensa de los principios humanitarios básicos. No es de extrañar que obtuviera un éxito rotundo en un distrito multiétnico como Neukölln 2 (con un 53%) y entre todos los berlineses de entre veinticinco y treinta y cuatro años (48%). Esta postura también explica la renovación de su base activista en los últimos dos años y su capacidad para convertirse en una fuerza atractiva que conecta con un amplio electorado. 

Revés para el gobierno 

Die Linke figuraba entre los favoritos para las elecciones del domingo, pero su resultado superó todas las expectativas. Liderado por la candidata a la alcaldía Elif Eralp, obtuvo el 26% de los votos, más del doble que en las elecciones anteriores de 2023. La coalición gobernante sufrió un duro revés, ya que tanto la Democracia Cristiana (CDU, 19%, 9 puntos menos) como el SPD de centroizquierda (12%, 6 puntos menos) perdieron votos. 

El dúo CDU-SPD, que también encabeza el actual gobierno federal bajo el canciller conservador Friedrich Merz, está en declive en toda Alemania. Más allá de la comunicación poco acertada de Merz, las promesas de su gobierno carecen de atractivo general: se compromete a aumentar la edad de jubilación, a incrementar los copagos de los medicamentos recetados y a competir con China endureciendo las normas sobre las bajas por enfermedad . El discurso anterior sobre la revitalización de la economía mediante la transición verde se ha desvanecido. 

Esto forma parte de un declive estructural más amplio de lo que antes se denominaban partidos de masas. Si bien durante las décadas de la posguerra, hasta la crisis de 2008, estas dos fuerzas movilizaron a la gran mayoría de los alemanes, hoy ni siquiera uno de cada tres votantes apoya a ninguna de ellas. En una contienda paralela celebrada ayer en el estado nororiental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la CDU de Merz cayó por debajo del 5% de apoyo, quedando así fuera de la legislatura estatal por primera vez en la historia de la República Federal. 

El principal desafío para estos partidos a nivel federal es el ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, superó al gobernante SPD, obteniendo el primer lugar con el 38% de los votos. Esta es la tercera victoria electoral estatal de la AfD hasta la fecha, pero aún no ha logrado acceder al poder en ningún estado, y es probable que el SPD se aferre al poder en este estado del noreste. Las mejores posibilidades del partido nacionalista de formar gobierno se encuentran en Sajonia-Anhalt, donde obtuvo una victoria más contundente en las elecciones del 6 de septiembre. Si bien los porcentajes más altos de la AfD se registran en el antiguo Este, y ayer en Berlín ocupó el tercer lugar con el 16% (un 7% más que en 2023), la mayoría de las encuestas a nivel federal la sitúan en torno al 30%, siendo fácilmente el partido más grande a nivel nacional. 

Resulta preocupante que, si bien muchos partidos de extrema derecha en Europa han logrado éxitos limitados en un contexto de baja participación electoral, esto no se aplica tanto a la AfD. En algunas elecciones estatales recientes, ha obtenido una mayoría absoluta entre los nuevos votantes, y en las elecciones de ayer la participación aumentó considerablemente. El voto a la AfD es más fuerte en las zonas rurales y los pueblos pequeños; entre los hombres jóvenes y de mediana edad; y entre quienes afirman tener dificultades económicas. Incluso en Berlín, se situó en primer lugar entre los votantes obreros, con un 30%, frente al 26% de Die Linke. Si bien otros partidos aún se niegan a gobernar con ella, no cabe duda de que la combinación de política nacionalista identitaria, medidas de bienestar familiar y recortes de impuestos de la AfD —además del fin de las sanciones a Rusia— ha cautivado a amplios sectores de la sociedad alemana. 

Próximos pasos 

Die Linke vuelve a representar una fuerza esperanzadora en la política alemana, y las encuestas federales actuales le otorgan alrededor del 12 por ciento de apoyo. Sin embargo, si bien su popularidad está aumentando entre los distintos grupos de votantes y se está volviendo más competitiva en los estados occidentales, aún no puede competir con la AfD en toda Alemania como principal fuerza de oposición. Mientras que en las décadas de 1990 y 2000 los predecesores de Die Linke solían obtener grandes resultados en las pequeñas ciudades del este de Alemania, protestando contra los efectos de la desindustrialización, su apoyo allí ahora es mucho más irregular, mientras que la extrema derecha ha ganado terreno. 

En Estados Unidos, los socialistas también se han enfrentado al reto de cómo ir más allá de movilizar apoyo en los distritos urbanos más demócratas y fuera de Nueva York. Este fue el motivo de la reciente gira de Bernie Sanders, «Luchando contra la oligarquía»: negándose a descartar regiones enteras como intrínsecamente conservadoras, el senador de Vermont defendió el poder de la solidaridad de la clase trabajadora y la acción gubernamental. Sin embargo, para que este mensaje sea convincente en todo Estados Unidos, es fundamental que los socialistas que ganen elecciones en cualquier lugar logren resultados reales y generalizables. 

En Berlín, esto puede resultar difícil por varias razones. En primer lugar, aún no está claro si los Verdes y los Socialdemócratas apoyarán a Eralp, de Die Linke, como alcaldesa o si, por el contrario, respaldarán a la conservadora CDU. Anoche, la colíder de los Verdes declaró que su partido no gobernaría con «antisemitas de Neukölln», en un ataque apenas velado contra las poblaciones turca y palestina de un distrito del sureste de Berlín donde Die Linke obtiene una fuerte presencia. 

El Consejo Central de los Judíos en Alemania ha advertido contra tal coalición. Hoy proliferan las declaraciones irresponsables sobre un peligro que la izquierda representa para la vida judía en Alemania, basadas en crímenes tan atroces como el de un rapero que coreó «¡Yalla, yalla intifada!» y «¡Muerte a las FDI!» en un mitin preelectoral. Incluso en lo que respecta a Israel, gran parte de Die Linke se limita a críticas de corte liberal-sionista contra Benjamin Netanyahu, y ha castigado a miembros que expresaron su solidaridad con la resistencia armada palestina; la propia Eralp criticó los cánticos del mitin. Sin embargo, los centristas alemanes utilizan con frecuencia las acusaciones de antisemitismo como arma polémica para demonizar a Die Linke y a su electorado, especialmente al musulmán. 

Aunque Die Linke consiga liderar una coalición «roja-roja-verde», no será fácil. Los socialdemócratas se han negado a implementar el resultado del referéndum sobre vivienda de 2021 y forman parte de una coalición federal que ha propuesto prohibir dichas nacionalizaciones. El histórico partido de izquierda moderada sufrió una dura derrota el domingo, pero podría oponer resistencia dentro del gobierno de Berlín. Asimismo, cabe esperar una avalancha de acusaciones y denuncias destinadas a tachar a Die Linke de «estalinista» o «antisemita» y a ponerlo a la defensiva. Sin embargo, ya vimos que tales calumnias fracasaron el domingo en su intento de derrotar a Die Linke. Y el referéndum ya demostró que, en materia de nacionalización de la vivienda, la mayoría de los berlineses lo apoya. 

No en todas partes es Berlín, ni en toda Alemania el problema principal es la vivienda de alquiler. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental —un estado mucho más rural y menos poblado, donde Die Linke apoya actualmente a un gobierno liderado por el SPD—, de hecho, perdió votos a favor de este partido de centroizquierda, que parecía estar mejor posicionado para frenar a la AfD. En este sentido, incluso esta histórica victoria en Berlín es solo un hito más en el intento de Die Linke por convertirse en una fuerza nacional capaz de recuperar a los votantes tradicionales y movilizar a otros nuevos. En última instancia, derrotar a la AfD dependerá no solo de unir a todos los demás partidos en su contra, sino también de convencer a millones de personas más, en toda Alemania, de que una alternativa socialista práctica es mejor. 

David Broder es editor para Europa de Jacobin e historiador del comunismo francés e italiano. 

 

[Foto: Sebastian Gollnow / picture alliance vía Getty Images - reproducido en www.gerardodelval.com]

Israël. La marche vers l’expulsion des Palestiniens

Amira Hass est une journaliste israélienne installée depuis vingt ans à Ramallah, en Cisjordanie. Dans une tribune publiée dans Haaretz le 1er septembre, elle explique qu’à Gaza, en Cisjordanie et en Israël même, le mécanisme visant à rendre la vie des Palestiniens impossible est déjà en marche. Et prépare le terrain à une expulsion massive. Nous la publions ici. 

Écrit par Amira Hass

Publié dans Haaretz le 1er septembre 2026 sous le titre « Israel Isn’t Debating a Palestinian State. It’s Preparing for Expulsion » 

Dans une interview accordée au quotidien Israel Hayom le 28 août, Gadi Eisenkot, favori des élections générales du 27 octobre prochain et chef du parti Yashar (centre) a déclaré : « Ceux qui envisagent une solution à deux États après le 7 octobre se font tout simplement des illusions. » Mais sa position, en fin de compte, n’a aucune importance. Ce qui est en jeu aujourd’hui, ce n’est pas une « solution diplomatique », mais l’existence même du peuple palestinien entre le Jourdain et la Méditerranée. Les forces israéliennes qui s’efforcent de les « effacer » ne connaissent ni limites ni contraintes. Leurs partisans sont trop nombreux pour que nous puissions nous fier uniquement à la fermeté et au soumoud (1) d’un peuple qui a déjà subi les plans d’expulsion mis en œuvre par Israël. 

Le monde reste impassible. La gauche est minuscule, faible et aphone à force de lancer des avertissements. L’opposition anti-Nétanyahou oscille entre minimisation du danger, indifférence et soutien sans réserve à l’expulsion. Les condamnations sporadiques, principalement suscitées par une publication sur X, le 13 août, de l’ambassadeur états-unien en Israël, Mike Huckabee, à propos du siège de trois maisons de Qusra par plusieurs dizaines de colons sionistes religieux — « Les actions de ceux derrière cet acte de terreur horrible, visant à intimider et à harceler cette famille, sont répugnantes » —, sont aussi efficaces qu’un tamis sous une averse. Les « phalangistes » juifs attaquent constamment et partout, pas seulement à Qusra. 

Le débat sur un État, deux États ou une fédération est plus théorique que jamais. Toute solution consensuelle exige d’abord la reconnaissance du problème et une définition claire de celui-ci. Trop de Juifs en Israël ont été conditionnés à croire que le problème réside dans la présence même, sur cette terre, d’un peuple palestinien enraciné, bénéficiant d’une continuité historique et économique, d’un patrimoine culturel et matériel, d’un riche héritage agricole et d’un profond attachement à sa patrie. 

Effacer tout un peuple 

« L’effacement » est la solution cauchemardesque qui se concrétise chaque jour davantage. Lois de la Knesset, déclarations politiques, ordres militaires, manuels scolaires et sacro-saints bataillons immobiliers opérant à Gaza, en Cisjordanie et dans le Néguev, tous œuvrent, ensemble et séparément, à la mise en œuvre de cette « solution » avec diligence et sans crainte de condamnation internationale. 

Après les avoir privés de conditions de vie digne, la politique israélienne vise à rendre la vie insupportable aux Palestiniens où qu’ils soient, afin que leur départ puisse être présenté comme volontaire, et non comme une expulsion. En Israël même, les autorités laissent carte blanche aux organisations criminelles arabes pour s’armer et tuer des citoyens palestiniens chez eux. En Cisjordanie, ces mêmes autorités israéliennes donnent carte blanche aux « bataillons de Dieu » pour s’armer, tuer et expulser, tandis que l’armée officielle poursuit ses raids jour et nuit. À Gaza, dévastée et assoiffée, le gouvernement et l’armée alimentent des milices armées de collaborateurs criminels, tandis que les pilotes israéliens continuent de lancer des missiles de représailles qui fauchent la vie d’encore plus d’enfants. Toutes ces viriles démonstrations de force sont liées entre elles. 

-* L’existence même du peuple palestinien entre la mer et le Jourdain est aujourd’hui menacée. 

Dans le même temps, Israël détruit ou restreint considérablement la capacité des Palestiniens à gagner leur vie. À Gaza, cette mission est accomplie. Une population de deux millions de « morts-vivants » dépendants de l’aide humanitaire — portant le poids de quelque 74 000 tombes récentes, de familles et de souvenirs, de talents et de professions, et d’économies anéanties — est entassée sur environ 150 kilomètres carrés de terre brûlée. La créativité, l’ingéniosité et l’entraide sont étouffées par l’ampleur de la destruction et par l’interdiction faite par Israël de reconstruire et de se relever. 

En Cisjordanie, l’étau économique du ministère des finances se resserre autour d’environ trois millions de personnes et de l’Autorité palestinienne. Le détournement systématique des recettes est aggravé par les campagnes de destruction menées par l’armée dans les villes et les camps de réfugiés, ainsi que par d’autres méthodes employées pour empêcher les Palestiniens de cultiver et de développer leurs terres : points de contrôle, interdictions bureaucratiques, clôtures et présence de bergers juifs israéliens. 

En Israël même, la « judaïsation de la Galilée et du Néguev » était et demeure un euphémisme pour désigner le vol des terres et des ressources aux citoyens palestiniens d’Israël. Les discriminations à leur encontre en matière d’attribution de terres, de subventions et d’emploi, ainsi que les interdictions de construire et les démolitions, ont toujours occupé une place prépondérante dans la politique officielle menée de l’autre côté de la Ligne verte. 

« Une terre débarrassée des Arabes » 

Je le répète : l’existence même du peuple palestinien entre la mer et le Jourdain est aujourd’hui menacée. Trop de forces agissantes contribuent à ce danger : la puissance et les capacités militaires d’Israël ; le culte du service militaire en toutes circonstances et sous tous les gouvernements ; l’obéissance érigée en valeur ; le recours systématique aux armes et aux attaques militaires ; la banalisation du syndrome de stress post-traumatique et des suicides chez les soldats ; l’attrait d’une carrière militaire et les opportunités qu’elle offre ; la tentation d’une villa abordable dans une communauté exclusive de Galilée ou dans une banlieue de colons en Samarie ; les mensonges de la propagande officielle et officieuse ; l’indifférence face à l’enfer sur terre qu’Israël a créé dans la bande de Gaza ; le déni de soixante ans d’occupation et de domination par la force ; le réflexe pavlovien du « Mais le 7 octobre… » ; la synergie entre l’armée, le gouvernement, les rabbins et les milices portant la kippa en Cisjordanie ; l’indifférence face à la destruction du Liban ; le mépris pour l’occupation de nouvelles régions de Syrie ; la normalisation du discours sur l’expulsion ; les systèmes judiciaire et éducatif entachés de racisme tant laïque que religieux ; et l’armée de geôliers qui maltraitent des milliers de prisonniers palestiniens, sur ordre ou de leur propre chef. 

Ensemble, ces forces — et d’autres similaires — créent au sein de la société juive israélienne l’infrastructure matérielle, idéologique et psychologique nécessaire à une nouvelle expulsionmassive des Palestiniens et à ce qui pourrait l’accompagner : un massacre de masse. Les « héros » des milices de colons proclament ouvertement que l’expulsion est leur objectif. Ils reconnaissent clairement la disposition de larges pans de la société juive israélienne à y participer, activement ou passivement, directement ou indirectement. Par leurs provocations et crimes quotidiens, commis au grand jour et rendus possibles uniquement grâce à un soutien institutionnel, les « phalangistes » cherchent constamment à provoquer un acte de rage et de vengeance palestinien qui « réussisse » afin de l’instrumentaliser pour déclencher une nouvelle guerre sainte. 

Les « phalangistes » juifs et les organisations de droite qui les alimentent comptent sur une mobilisation massive — incluant les dirigeants, électeurs et partisans de Yashar et du parti Les Démocrates (centre gauche) — en faveur d’une guerre qui pourrait déjà se résumer au slogan : « Un peuple, une armée, une terre débarrassée des Arabes ». 

Note :

1- NDLR. Le terme soumoud n’a pas d’équivalent exact en français. Il renvoie au fait de tenir bon dans la résistance. 

 

[Reproduit sur www.pressegauche.org]

Pol Viñas: «Si presentar-te com a català autèntic et dona capital social, oferiràs una imatge estrafeta de la cultura catalana»

Pol Viñas publica 'No ets especial' (Ara Llibres), un assaig sobre identitat i cultura en l'era de l'autenticitat.  

Pol Viñas

Escrit per Joan Burdeus

Crític cultural. Filosofia, política, art i pantalles.

 

Graduat en Filosofia, Política i Economia per la UPF i estudiant de doctorat, Pol Viñas (Campdevànol, 2001) és un dels articulistes que fa menys que s’ha incorporat a Núvol, però la seva veu ja forma part de la conversa fins al punt que “què diria en Pol d’això?” s’ha convertit en una pregunta natural a les reunions de redacció. I ara ha escrit el seu primer llibre: No ets especial (Ara llibres), un assaig breu sobre “identitat i cultura en l’era de l’autenticitat”. Igual que als articles, aquest assaig conté una crítica dura i directa, però que, en comptes de deixar-se anar pel broc gros, contempla els matisos i els contraarguments d’una manera que aconsegueix que el text sempre tibi i et fa sentir respectat intel·lectualment com a lector. M’explica que una de les coses que més li preocupava de fer un llibre tan curt sobre un tema tan complex era no caure en l’autoajuda fàcil, però després de llegir-lo fa pensar en una frase que em va dir la filòsofa Agnes Callard: “la diferència entre l’autoajuda i la filosofia és que la primera t’ajuda a fer realitat els teus objectius, i la segona també, però a més a més et fa veure que hauries de tenir objectius que no sabies que havies de tenir”. Parlem sobre les paradoxes de l’autenticitat, les xarxes socials, i voler ser massa català. 

Quan comences a sentir un malestar amb la idea d’autenticitat?

No em desperto un dia sentint-me malament per no ser prou autèntic. Però, a mesura que analitzo fenòmens socials i polítics, detecto que moltes conductes estan completament condicionades per l’anhel d’autenticitat, per una pressió per ser autèntic. I és llavors quan m’adono que, moltes vegades, jo mateix també he fet, pensat o criticat per culpa d’aquest afany. 

El teu gran referent per pensar-ho és Charles Taylor, però Taylor situa l’origen d’aquest ideal d’autenticitat al segle XVIII.

Taylor troba l’origen d’aquestes idees en el romanticisme del XVIII, en el naixement dels nacionalismes, l’ideal de l’artista, el poeta maleït, etcètera. Però també diu que és a la segona meitat del XX que això deixa de ser un corrent subterrani i esdevé el gran ideal de la societat. I a mi em sembla que, des dels noranta que Taylor va escriure sobre d’això, encara s’ha estès més. Naturalment, el factor clau ha estat l’aparició d’Internet i les xarxes socials. 

La mort de Déu té a veure amb l’era de l’autenticitat?

Sí. Però, més que la mort de Déu, el que hi ha és una individualització absoluta de la fe, que la fe avui està lligada a les tries estrictament personals de cadascú. Fins i tot la gent que puja en famílies creients ha de prendre una decisió en l’adolescència, reafirmar o no la seva fe. I trobo que aquesta exigència de convertir-te conscientment també està lligada a la cultura de l’autenticitat. 

I quina diferència hi ha entre la mirada de Déu que jutja la conducta dels homes i la mirada dels nostres seguidors a Internet que ens jutgen?

Són mirades que ens condicionen de maneres molt semblants, però en Déu hi tens un fonament, una objectivitat. En canvi, l’autenticitat no té cap mena de fonament. L’únic fonament de l’autenticitat ets tu mateix, però la gran paradoxa és que tu no tens manera de saber si ets autèntic. I com que nosaltres no som capaços de saber si som autèntics, busquem l’acceptació dels altres. Se substitueix la mirada de Déu per la de les likes a les xarxes. I, qui diu les xarxes, diu la societat de les xarxes, perquè les converses quotidianes cada cop es contagien més de l’expectativa de validació de les xarxes socials. 

Taylor diu que el perill de l’autenticitat és caure en el subjectivisme que denuncies, però que una comunitat pot crear horitzons compartits que corregeixin aquest extrem. Per què no podem establir un diàleg amb la comunitat de les xarxes socials que ens refini de la mateixa manera?

Aquesta mirada no ajuda a trobar els horitzons compartits justament perquè tot està viciat per la preocupació de ser autèntic. No pots corregir el subjectivisme dels altres ni el teu si els jutges per no ser prou autèntics o si tu et reivindiques com a més autèntic que ells. Això fa que tots els horitzons es tornin artificials i no deixin de ser codificacions de la pulsió de ser autèntic. En els gustos culturals es veu molt bé: la gent valida el que llegeixes, el que escoltes o el que veus, només si validant-te a tu es validen ells mateixos. No es poden formar horitzons compartits si tot el fonament és individual.  

I com podem orientar-nos cap a horitzons compartits?

Per utòpic que soni, jo crec molt en la idea de les coses en si. No és el mateix dir que t’has llegit un llibre, que llegir-te’l. Alasdair MacIntyre parla la distinció entre béns externs i béns interns. Els béns externs són aquells que es troben lligats a la pràctica per accident social, però que es poden obtenir d’altres maneres: la riquesa, la fama, la influència, la satisfacció, etcètera. En canvi, els béns interns són aquells que sols es poden aconseguir a través de la pràctica en qüestió, i que tenen a veure amb l’excel·lència interna de l’activitat, reconeixibles i lloables sols per als qui hi participen. Doncs bé: els béns interns no es busquen, es troben. Perquè quan no estàs duent a terme la pràctica, no estàs pensant constantment en la significativitat d’aquesta pràctica, sinó en la pràctica com una finalitat en ella mateixa. Crec que buscar aquesta mena d’experiència genuïna del món, aliena a les mirades externes, ens beneficiaria a tots. 

Algun mètode per saber que hem trobat un bé intern?

És que un dels problemes afegits d’aquesta omnipresència de l’autenticitat és que les pràctiques ja es presenten aviciades per imperatius externs com ara “llegeix perquè tindràs molts universos interiors”, “llegeix que seràs un intel·lectual”. Aquesta manera de veure-ho ofereix la possibilitat que et reivindiquis com una persona amb molts universos interiors o com a molt intel·lectual directament, sense haver de llegir cap llibre. La cultura de l’autenticitat et permet reivindicar uns fruits que no t’has guanyat, fer-te teves virtuts que ningú saps si tens o no. Els incentius són per mostrar, no per fer. 

El fil conductor del llibre és com aquesta pressió d’autenticitat estrafà avui la cultura catalana: productes audiovisuals com ara El foraster, el turisme en temps d’anuncis d’Estrella Damm, o fenòmens digitals, o aquell noi que imitava una professora de català a TikTok i amb prou feines parlava català.

Quan et reivindiques com a autènticament català, estàs presentant una idea del que és la cultura catalana. I, si presentar-te com a català autèntic dona capital social, oferiràs una imatge estrafeta de la catalanitat, excessivament intensificada. Perquè l’únic que tens a mà per demostrar que ets català són els excessos de la catalanitat, com ara forçar un accent folkloritzat, ensenyar molt la bandera, reproduir clixés, etcètera. El que em preocupa a mi és que, si això es va assumint en conjunt, la cultura catalana s’empetiteix. Perquè ser autèntic és ser conscient de quina és la teva cultura, mai sentir-te’n avergonyit, però sempre mirar d’aportar-hi la teva individualitat. És el que sempre han fet els artistes més admirats, el que volia dir Pau Riba quan deia que volia destruir la cultura catalana. 

I això no passa a tot arreu?

Repetim que hem de ser una nació normal, i, com totes les nacions normals, tenim dret a fer l’imbècil. Però aquest argument sempre es malinterpreta, perquè sempre que diem que hem de ser una nació normal, ho diem conscients que no ho som. I en una nació que no té el poder de les nacions normals, folkloritzar-nos té efectes més nocius que en cultures nacionals poderoses i perfectament establertes. 

A l’assaig ho anomenes “la nostra esquizofrènia”. Com es cura?

Com a mínim, posant-la sobre la taula. M’adono que sempre ens trobem en debats entre ser majoria i minoria, ser un país normal i ser conscients de viure en un país ocupat. I això ho empantanega tot perquè hi ha dues converses paral·leles i els arguments d’una no valen per a l’altra. 

En el fons, estàs demanant-nos als catalans que apugem el nivell, que augmentem l’autoexigència intel·lectual per estar a l’altura de la situació anormal en què vivim.

Sí. No cal dir que no vull ser elitista. Simplement, demano a la gent que pot fer aquest esforç, que és molta, que el faci. Perquè em trobo a molta gent amb molta capacitat per fer coses i molta formació, que constantment redueixen el nivell. Si l’intel·lectual que ha de recomanar llibres, recomana llibres de merda, la gent cada cop llegirà llibres més de merda. I això també val per a la lluita política i les demandes nacionals. 

Com hem arribat a aquesta esquizofrènia?

En bona part perquè després del Procés ens hem adonat que no havíem prestat atenció a la cultura ni a la llengua, quan, en el fons, això és el més important. I ara vinga a córrer a salvar-ho. Però el problema no és que la gent defensi massa la llengua o la cultura, sinó de fer-ho malament, perdre el que és important. De cop, a tots ens va semblar que el català només se salvaria a Internet. I això està molt bé i un Internet en català normal hauria de ser la base mínima. Però ara ens adonem que no tenim poder polític, ni legislatiu, ni força al carrer, que és el que realment importa. I la cultura de l’autenticitat no serveix per a res quan es tracta de lluitar per aquestes coses més grises, no et dona cap incentiu, sinó al contrari. 

Pol Viñas

Al llibre cites MacIntyre dient que “la rebel·lió contra la meva identitat és sempre una manera possible d’expressar-la”.

Justament perquè la idea no és anar a favor o en contra de la cultura catalana, sinó agafar-la de referència. I agafar-la de referència vol dir agafar-la sencera, no una versió superficial. És la diferència entre els Tyets i la Ludwig Band. Quan escric crítica cultural m’adono que molts cops em prenc seriosament un producte que no s’ha pres seriosament ni tan sols el qui l’ha fet. Però crec que la crítica s’ha de fer igualment, perquè assenyalar aquest buit és una forma de sortir del bucle. Quan critico, intento que mai sigui per afany destructiu, sinó perquè n’espero coses bones. 

Mostres que l’autenticitat també afecta molt als polítics.

Perquè el que esperem dels polítics ja no és només que siguin honestos, eficients, valents, sinó que ells mateixos representin alguna identitat. Volem un president de Catalunya sigui Catalunya o que el president del Barça sigui el Barça. No és casualitat que una política com Sílvia Orriols passi el dia amb Catalunya a la boca, que parli amb un accent que al Ripollès no fa servir absolutament ningú. 

Vincules l’obsessió política amb l’arrelament a la mateixa pulsió d’autenticitat.

L’arrelament està molt bé, però el que em molesta és l’ostentació d’arrelament. L’autenticitat està molt relacionada amb la nostàlgia, i ningú sap capitalitzar la nostàlgia millor que l’extrema dreta. Encara que tu després preguntis quan va ser gran Amèrica o quan va ser rica i plena Catalunya i et responguin coses completament diferents i contradictòries. 

Llavors no pot haver-hi una renaixença que funcioni, una operació constructiva amb la nostàlgia?

Torna a ser la idea de no agafar-nos una part merament cosmètica, que tornar al passat no és tornar al passat, sinó a les preguntes que van fer que alguna cosa s’aixequés. Naturalment que en temps passats hi ha grans virtuts, però crec que, en general, ens hi emmirallem de maneres merament estètiques. Reivindiquem l’Odissea o la Catalunya medieval sense cap contingut. 

Crec que sovint et trobes amb l’acusació d’aixafaguitarres.

[Riu] Sí. Em sap greu quan se’m percep així perquè, en el fons, soc molt entusiasta i em preocupo molt per les coses. No em sento gens cínic, i tot això que critico és perquè m’importa. 

Intentem acabar amb el costat bo de l’autenticitat: al llibre comentes la definició de l’Alcover Moll: “autèntic” és tot allò “que és d’una certesa ben fundada”.

M’interessa aquest redoblament, l’afegitó “ben fundada”: és un gran exemple de com costa molt definir que és l’autenticitat. En el fons sempre acabes a la idea que és “ser tu mateix”. I això no té res a veure amb dir la veritat, sinó amb trobar la teva pròpia veritat. I té un doble vessant: d’una banda, és molt alliberador i et fa sentir autodeterminat. Però, de l’altra, desencadena una pressió molt forta per trobar una essència que, paradoxalment, hauria de limitar la llibertat del que pots ser. 

Es pot sortir de la paradoxa?

L’autenticitat pot ser qualsevol cosa, però alhora hi ha certes codificacions per ser autèntic: és autèntic l’avi que viu al llogarret més remot, o és autèntic el modernet que està trencant constantment les convencions. Però el que vull dir amb el títol “No ets especial” és que, en realitat, ser autèntic és una cosa molt normal, que no hi ha tantes diferències entre nosaltres i tots estem determinats de manera molt similar pels condicionants socials. 

D’aquests codis que dius, el que consideres més fonamental és el de la confessió.

La confessió és la millor manera de demostrar que ets autèntic. Exposar les teves pors, els teus secrets, la teva vida. Crec que això pot ser molt bo quan algú ho elabora artísticament, però la confessió per si mateixa no té cap valor. No tots podem ser Carrère, Ernaux, o Knausgård. 

La confessió és el que agermana els “nous formats” que analitzes, com ara el pòdcast, el butlletí o el photo dump?

Són formats que t’incentiven a poder dir coses sense rigor, mitjans que et permeten expressar-te sense haver-te d’expressar bé i sense que es noti que no t’estàs expressant bé. Per això sabem que de la gran majoria de pòdcasts només se n’escolten els reels. Quan expressar-te bé no és important, el que dona valor és ser capaç de donar molt de contingut, de parlar de moltes coses tota l’estona. 

Llavors les xarxes no són, simplement, una tecnologia que amplifica la vella possibilitat de mentir?

No només. M’interessa molt la distinció entre mentida i falsedat, igual que entre veritat i autenticitat. La mentida té pretensió de veritat, i tu pots verificar si una cosa que algú diu és una mentida o no. En canvi, la falsedat, que és pretendre ser autèntic, és una cosa impossible de verificar, perquè fa referència a un reialme massa íntim. De fet, és tan difícil que ni tan sols la mateixa persona pot saber del tot si és autèntica o no. El que em preocupa de les xarxes és que amplifiquen els incentius per a la falsedat. 

Tanques l’assaig comentant una citació de Montserrat Roig “cal una mica de mentida per imaginar-nos que perseguim una mica de veritat”.

La idea és que no hi ha essència, o que l’essència és aquesta construcció mig personal mig col·lectiva, que ens condiciona a tots d’una manera molt semblant. Però, quan detectes un valor en el món que t’interpel·la, la gràcia de la idea d’autenticitat és que reflecteix que això que has trobat et pot interpel·lar d’una manera molt diferent que a la persona que tens al costat. Si tu llegeixes un llibre i només n’extreus allò que t’ha explicat algú altre o que t’han dit que toca extreure, no hi ha cap experiència. 

De nou, al cap del carrer, el que ens demanes és que apugem el nivell.

El que importa de l’ideal d’autenticitat és saber-ne aprofitar l’esperit contestatari. Odio expressions de la mena “avui en dia el més revolucionari és ser conservador”, però crec que, avui en dia, el més revolucionari és prendre’s les coses seriosament. 

Pol Viñas

[Fotos: Marina Miguel Pavia - font: www.nuvol.com]

segunda-feira, 21 de setembro de 2026

Cómo el partido de extrema derecha alemán AfD está tratando de ganarse el voto de aquellos a quienes promete deportar

 

Un grupo de mujeres con pañuelo en la cabeza camina por la calle en Berlín.

Escrito por Deniz Torcu 

El 6 de septiembre, el partido de extrema derecha Alternativa por Alemania (AfD) obtuvo el 43,8 % de los votos en Sajonia-Anhalt, más del doble del 17,2 % de la CDU (Unión Demócrata Cristiana de Alemania). La participación fue del 77,8 %, la más alta en la historia de las elecciones libres del estado. El partido basó su campaña en un programa que incluía una campaña de deportación y remigración, así como el recurso a “todas las vías legales” para limitar la expresión islámica. 

Sajonia-Anhalt es un estado alemán mayoritariamente rural, con una población inmigrante muy reducida y escasos incentivos para dirigir la campaña a este colectivo. Si bien el resultado récord de la AfD en esta región tuvo poco que ver con el voto de los inmigrantes, la situación será muy diferente cuando Berlín acuda a las urnas el 20 de septiembre. 

Una encuesta de opinión publicada el 10 de septiembre sitúa a la AfD en camino de obtener el 18 % de los votos de la capital, el doble de su resultado del 9,1 % de 2023. Esto situaría al partido a tres puntos del líder en una carrera muy reñida, en una ciudad donde el 42,3 % de los residentes es inmigrante. 

Aunque la AfD logró ganar en Sajonia-Anhalt sin el voto de los extranjeros, no puede permitirse ignorarlos en Berlín. 

A la caza del voto inmigrante 

La AfD lleva años tratando de captar el voto de los inmigrantes, con contenidos en TikTok y en turco dirigidos principalmente a personas de origen ruso y turco. Se trata de comunidades de inmigrantes establecidas desde hace tiempo, muchas de las cuales son ciudadanos alemanes con derecho a voto. 

La formación se dirige a ellas con un mensaje que algunos expertos han calificado de tranquilizador: vosotros, las comunidades ya establecidas, no sois el problema; los recién llegados sí lo son. 

Sin embargo, la campaña en turco de la AfD no se está traduciendo en votos. Un análisis de julio de 2026 del Centro Alemán de Investigación sobre Integración y Migración (DeZIM) reveló que los votantes de origen inmigrante consideraban a este partido como el que tenía menos posibilidades de ser elegido de entre todos los grupos. 

Otro informe del DeZIM ha puesto de relieve la caída de la participación electoral entre los votantes de origen turco, de Oriente Medio y del norte de África, lo que se interpreta como una posible señal de alerta de un distanciamiento a largo plazo del sistema de partidos en su conjunto. 

Un estudio de 2025 sobre las preferencias de voto de los inmigrantes en toda Alemania situaba a la AfD en un 19 %, en tercer lugar, por detrás de la CDU y el SPD (Partido Socialdemócrata de Alemania). Sin embargo, era el partido más fuerte entre los votantes de origen polaco y entre los repatriados de etnia alemana. Así pues, la agrupación sí que consigue votos de los inmigrantes, pero no, por el momento, entre los turco-alemanes a los que está cortejando este mes. 

No obstante, estos votantes arrastran un agravio que la corriente dominante no ha abordado. Los directores de DeZIM han documentado lo que denominan “competencia por el reconocimiento”: la forma en que los grupos tratados como de segunda clase acaban comparándose y enfrentándose entre sí, y no contra quienes los clasifican así. 

El politólogo Özgür Özvatan ha analizado esta dinámica en el contexto de la pertenencia turco-alemana, donde a menudo se persigue y se logra el avance, pero este no siempre se traduce en una aceptación generalizada y duradera por parte de la sociedad mayoritaria. 

Recompensar el buen comportamiento 

Hay algo estructural detrás de esto, y no se limita a Alemania. 

La extrema derecha tradicional definía la pertenencia por descendencia, lo que conlleva un límite inherente. Su electorado potencial era fijo y se reducía con cada naturalización, mientras que cada inmigrante era un adversario permanente. 

Lo que se ha extendido por todo el continente desde 2015 es un diseño político diferente, en el que la pertenencia se gana a través de la conducta. El discurso actual de la extrema derecha no siempre es étnico o cultural; ahora el mensaje es: trabaja duro, adáptate, sigue las normas y podrás pertenecer. Cualquiera, sea migrante o no, puede cruzar esta frontera gracias a su comportamiento. 

El territorio francés de ultramar de Mayotte ilustra este modelo con mayor claridad. Mayotte, un territorio insular del océano Índico, es musulmán en un 95 %, pero en 2022 otorgó a la candidata de extrema derecha Marine Le Pen su mejor resultado en el país, con un 42,89 % de los votos en la primera vuelta, frente al 2,77 % de 2012. 

Los investigadores del proyecto MIGRAF interpretan esto como un intento deliberado del partido de Le Pen, el Rassemblement National (RN), de eliminar la cuestión racial de su mensaje en ultramar: en la isla, el RN no ataca al islam, sino a los migrantes procedentes de las cercanas islas Comoras. 

Que los musulmanes franceses voten a Le Pen en contra de los migrantes musulmanes podría parecer impensable. Sin embargo, tiene sentido si se tiene en cuenta cómo ha cambiado la frontera de la pertenencia. La cuestión no es quién eres, sino en qué lado de una frontera burocrática te encuentras. 

La extrema derecha española toca una melodía similar, pero en una clave diferente. En un discurso pronunciado en Gran Canaria en 2018, el líder del partido de extrema derecha Vox, Santiago Abascal, estableció una distinción entre diferentes tipos de inmigrantes: los procedentes de América Latina, que comparten gran parte del idioma, la religión y la visión del mundo de España, y los procedentes de países islámicos. 

Vox construyó un proyecto internacional en torno a esta excepción, bautizado como la “Iberosfera”. Los analistas lo han interpretado como una forma de “hispanismo étnico”. 

Suecia es quizás el país que más lejos ha llegado en este sentido, con su decisión de dar mayor importancia jurídica a la conducta o al modo de vida de los migrantes. La Ley de Extranjería sueca, que entró en vigor el 13 de julio de 2026, permite a la Agencia Sueca de Migración denegar o revocar los permisos de residencia por motivos de “conducta deficiente”: un comportamiento que no infringe ninguna ley, pero que contraviene las normas que la sociedad desea defender. 

Los expertos en derecho han señalado que este criterio es demasiado vago para aplicarse de forma predecible o equitativa. 

La aceptación es voluble 

Una propuesta política de este tipo depende de que los votantes y miembros de un partido de extrema derecha acepten una excepción a sus principios. El apoyo a una idea así es difícil de mantener y, en España, ha provocado una profunda división en la base de Vox. 

En agosto de 2019, una patronal pidió que se contrataran trabajadores en el extranjero, preferiblemente de América Latina. Un diputado de Vox por Málaga respondió tuiteando que le daba igual si el relevo demográfico “venía vestido con chilabas o portando machetes”, y posteriormente borró la publicación. 

La polémica se prolongó en el partido durante años, pero en enero de 2026, Vox eliminó discretamente “Latinos por Abascal” de su página web, una campaña lanzada tres años antes para captar a los votantes hispanos de España. 

La pertenencia condicional tiene una vida útil corta. Funciona como mecanismo de captación, pero cuando la base se radicaliza más allá de ella, las personas que en su día fueron bienvenidas vuelven a ser clasificadas como lo que eran antes. España lleva dos años de ventaja a Alemania en este ciclo. 

La AfD se deja el mismo margen de maniobra, aunque, tal y como están las cosas actualmente, su posición no está clara. Su programa para Sajonia-Anhalt sitúa la “remigración” en el centro, pero el partido insiste en que el término abarca únicamente el retorno legal de extranjeros sin derecho a permanecer en el país, rechazando la deportación de ciudadanos alemanes de origen inmigrante por considerarla inconstitucional. 

Sin embargo, los juristas constitucionales que analizan el texto de Sajonia-Anhalt ven una política de expulsión basada en una concepción étnica del pueblo. A ninguno de los votantes a los que se busca este mes –ya sea en Sajonia-Anhalt o en Berlín– se le ha explicado claramente qué definición se aplicará. 

Cuando Berlín acuda a las urnas, algunos votantes de origen inmigrante decidirán que la advertencia no va dirigida a ellos, sino a otra persona. Como mínimo, provocar esa decisión es precisamente el objetivo de la estrategia de la AfD. 

Deniz Torcu, profesor adjunto de Globalización, Negocios y Medios de Comunicación, IE University.

 

[Foto: Mo Photography Berlin/Shutterstock - fuente: www.theconversation.com]

Herzog: el director que sabe ser inimitable

 


Escrito por Ainhoa Escarti

Premiar a un director siempre es un excelente motivo para hablar de su obra. El Festival de San Sebastián ha tenido la afortunada idea de premiarle en la ceremonia de inauguración el pasado viernes 18 de septiembre. El cineasta alemán, a sus 84 años, es historia viva del séptimo arte. Y es, fundamentalmente, alguien con una visión propia, tanto del mundo que le interesa como de sus realizaciones. Es de esos creadores que dejan impronta, poseedor de una forma inconfundible de narrar. Una forma que podemos vislumbrar en realizadores posteriores: el más reciente ejemplo es la última adaptación de Nosferatu (2024), donde claramente su director bebe más de la versión de los años setenta de Werner Herzog (Nosferatu, vampiro de la noche, 1979) que de la propia cinta muda de Murnau (Nosferatu, 1922). 

Pero sería muy fácil hablar solo de su búsqueda, porque es un director que durante toda su filmografía ha estado explorando. A través del histrionismo de Klaus Kinski y sus múltiples colaboraciones, lograba domesticar al intérprete salvaje para que le diera personajes intensos y memorables. Jugaba con los límites de la mente; en su película Corazón de cristal (Herz aus Glas, 1976) llegó a hipnotizar a los actores protagonistas para lograr esa densa sensación de sonambulismo, de ser guiados ciertamente por una locura colectiva. Así de experimentador era Herzog. 

Pero mi homenaje debe pasar obligatoriamente por una de sus obras cumbre. En España se tituló El enigma de Kaspar Hauser (1974), siendo su título en alemán mucho más filosófico: Jeder für sich und Gott gegen alle (algo así como «Cada uno para sí y Dios contra todos»). Herzog toma uno de los mayores misterios criminales y psicológicos del siglo XIX y lo lleva a la pantalla con dureza, sobre todo con crudeza social. El director aprovechó los archivos y testimonios reales para dotar a la historia de una veracidad que le servía para criticar a la sociedad de la época. Aquí toma el tópico del niño salvaje pero lo gira, lo retuerce, para darnos una lección moral sobre una sociedad que trata de formatear y moldear en vez de comprender. 

Uno de los mayores aciertos del director fue la elección del actor protagonista. Bruno S. era un músico callejero con una vida marcada por el abuso, la violencia y el desamparo social. De esta forma, más que interpretar, el ejercicio que realiza Bruno en la piel de Kaspar es claramente de catarsis personal. El dolor, la transformación y el trauma poseen tamaña veracidad que en ocasiones podemos palpar que es real; tan real que puede llegar a angustiar. 

La historia comienza en Núremberg. El 26 de mayo de 1828, un adolescente apareció deambulando por la plaza, pareciendo más un animal que un humano. Sin apenas capacidad para comunicarse, fue alimentado de forma básica porque rechazaba cualquier comida que no fuera pan y agua; poco más se sabía de ese pobre joven que balbuceaba un par de frases y solo sabía firmar su nombre: Kaspar Hauser. Cuando logró comunicarse, pudo explicar que había pasado toda su vida encerrado en una habitación, a oscuras y atado, donde nadie se relacionaba con él salvo para entregarle comida. Recordaba un caballo de madera y a un hombre misterioso que fue quien le dejó escapar. En la época, el misterio estaba servido. 

Y aquí empieza el periplo de este joven que, en pos de ser «civilizado», es llevado y dirigido sin libertad alguna, mientras quienes deciden hacerse cargo de su cuidado lo ven más como un experimento propio del Siglo de las Luces que como a una persona. La mitificación del niño salvaje es duramente criticada aquí, poniendo énfasis en la despersonalización ejercida por sus cuidadores, quienes realmente no le aportan lo que Kaspar más necesita: empatía. Una de las secuencias que mejor lo ilustran es aquella en la que Kaspar es incapaz de comprender por qué su habitación parece tan grande cuando está dentro de ella y, en cambio, cuando sale de la casa y la deja atrás, la percibe pequeña. 

La terrible historia de Hauser es narrada en ocasiones con una lejanía tan marcada que logra construir todo a través de la portentosa interpretación de Bruno S. Es como si Herzog necesitara tomar esa distancia visual para que los espectadores podamos acercarnos al protagonista sin morir de sufrimiento por él. Otro de los aciertos de Herzog es el tratamiento formal de las ensoñaciones de Hauser, usando material grabado en formato Super-8, con la textura y el grano que ello supone, para tratar de entrar en la cabeza del protagonista, demostrando que su mente no funciona como las demás. Así, las pesadillas, recuerdos y ensoñaciones asumen una capa que aporta más verosimilitud a un personaje del que, por su propia existencia, resulta imposible saber cómo ve realmente el mundo. Esto choca abruptamente con el resto de la película, de índole más costumbrista, en consonancia con la búsqueda de los cineastas europeos coetáneos que deseaban mostrar un pasado con más olores y texturas reales, mucho menos idealizado de lo que estábamos acostumbrados a ver en el cine.   

De este modo, El enigma de Kaspar Hauser se convierte en una rareza dentro de la obra de Herzog, pero que, pese a todo, es una magnífica representante de un cine que busca una verdad, una honestidad que critica la inautenticidad de lo puramente intelectual. 

Hauser, en el año 1833, poco después de comenzar a ser reinsertado socialmente, fue apuñalado por un extraño. Pero aquí Herzog no es morboso; se erige como un espectador, un observador que capta la ausencia de humanidad, especialmente en la secuencia final, donde los científicos del momento están más interesados en Kaspar como concepto que como persona. Y aquí radica el verdadero interés del director, aquello de lo que realmente desea hablar durante toda la cinta a través de un personaje profundamente humano y empático: cómo el idioma vulnerable y auténtico de Kaspar es incomprendido por un sistema que se niega a tratarle como a un igual. 

Herzog quizás toca aquí uno de sus temas principales: la autenticidad y la incansable búsqueda de su «verdad extática». 

 

[Fuente: www.culturamas.es]