sexta-feira, 23 de outubro de 2026

Lula contra un tsunami conservador

El triunfo de Flávio Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones presidenciales, así como el éxito de su partido en los comicios legislativos y estatales, coloca contra las cuerdas a la izquierda brasileña. La sociedad civil progresista ya se ha sumado a la campaña de Lula para revertir el resultado en el balotaje. 


Escrito por Bernardo Gutiérrez

Un tsunami conservador arrolló a Brasil el domingo 4 de octubre. Conservador, aunque no exclusivamente bolsonarista. El candidato de extrema derecha, Flávio Bolsonaro, recibió el voto del bolsonarismo radical y el de buena parte de las derechas. Reunió el voto contra la izquierda y el de millones de personas desencantadas con una realidad en la que, pese a los indicadores económicos bajo control, la vida se vuelve más y más difícil.

El candidato del Partido Liberal (PL) se impuso por sorpresa en la primera vuelta de las elecciones presidenciales con 47,03% de los votos. Consiguió 2.224.965 votos más que el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, quien cosechó 45,16%. Ninguna encuesta anticipó el resultado. El hijo del expresidente Jair Bolsonaro votó en Río de Janeiro convencido de que ganaría en la primera vuelta, guiado por los sondeos internos de su partido. «Hay un claro movimiento de voto bronca ya en esta primera vuelta. Quien votaría a otros candidatos ya está votando a Flávio Bolsonaro», aseguró luego de votar.

Los primeros resultados del escrutinio –de las elecciones legislativas y estatales– fueron un balde de agua fría para la izquierda. El gobernador de San Pablo y fiel aliado del bolsonarismo, Tarcísio de Freitas, arrasó con 62,65% de los votos válidos frente a Fernando Haddad, exministro de Hacienda y excandidato presidencial del Partido de los Trabajadores (PT). Cleitinho Azevedo, un candidato evangélico también aliado de Bolsonaro, dio otra sorpresa al imponerse en la primera vuelta en Minas Gerais, el segundo distrito electoral del país. La izquierda apenas ganó tres de los 19 estados cuya elección se definió en primera vuelta y disputará otros dos en el balotaje.

El resultado de las elecciones legislativas también fue un golpe para el PT, en especial las del Senado. Las exministras Marina Silva y Simone Tebet, candidatas en San Pablo, quedaron fuera, al igual que Benedita da Silva, una figura histórica del PT, en Río de Janeiro. En ambos estados triunfaron candidatos de extrema derecha. Con 29 senadores, el PL de Bolsonaro se consolidó como el principal partido de una Cámara Alta ampliamente controlada por la derecha. El PL también amplió su presencia en la Cámara de Diputados: consiguió 121 bancas, 22 más que en 2022, a costa del centrão, un bloque de partidos ultrapragmáticos que va del centro a la derecha. Aun así, el panorama en la Cámara de Diputados es un poco menos desolador para la izquierda: sus seis partidos suman 118 bancas, una más que en 2022.

El triunfo del bolsonarismo en las elecciones legislativas también tuvo una dimensión simbólica: triunfaron sus figuras más conocidas y de línea dura. La ex primera dama Michelle Bolsonaro y Carlos Bolsonaro, respectivamente esposa e hijo de Jair Bolsonaro, fueron elegidos senadores. Sérgio Moro, el juez que encarceló a Lula en 2018, es el nuevo gobernador de Paraná sin necesidad de balotaje. Al mismo tiempo, el joven político e influencer Nikolas Ferreira se convirtió en el diputado más votado de la historia, con 3.119.314 votos en Minas Gerais. Su apoyo a través de transmisiones en vivo y publicaciones en redes sociales ayudó a que se eligieran diputados de extrema derecha en todo Brasil. Mientras tanto, fracasaron las candidaturas de casi todas las figuras históricas de la izquierda.

Los coordinadores de la campaña de Lula, los analistas electorales y los politólogos continúan intentando comprender el resultado. A primera vista, la distribución territorial del voto ofrece algunas respuestas: Lula se impuso en el Nordeste, su gran bastión (66,76% frente a 30,85%), pero Flávio Bolsonaro mejoró en 3,97 puntos porcentuales el resultado de su padre en la primera vuelta de 2022 en esa región. En el crucial Sudeste, que concentra casi a 66,5 millones de electores, Lula perdió 1,8 millones de votos con respecto a 2022. Sin embargo, la explicación del aumento de los votos para Flávio Bolsonaro (3,83 puntos porcentuales más que Jair en 2022) es más compleja: abarca todo el país y responde a diferentes causas. ¿De dónde surge el vigor electoral de un candidato al que, según algunas encuestas, rechaza 56% de la población? ¿Es posible que Lula gane en el balotaje cuando la mayoría de los demás candidatos, que se sitúan del centro a la derecha y suman 7,58% de los votos, ya han llamado a votar por Bolsonaro?

Medios y plataformas

Si en la campaña de 2022 los medios de comunicación tuvieron un papel relevante al denunciar la corrupción y el autoritarismo del gobierno de Jair Bolsonaro, en la actual campaña adoptaron desde el comienzo una posición crítica hacia Lula. Esto se verificó, de modo especial, en la poderosa Rede Globo. Durante el mes de agosto, Globo insistió en las sospechas contra el hijo de Lula, Fábio Luis Lula da Silva, conocido como Lulinha, por un presunto tráfico de influencias que no ha sido probado. Paralelamente, los grandes medios de comunicación fueron más indulgentes con Flávio Bolsonaro: dieron escasa relevancia a los casos de corrupción que lo involucran y tampoco destacaron los hechos que fueron aflorando cuando la justicia levantó el secreto de las actuaciones sobre el Banco Master, un escándalo financiero que salpica especialmente a la derecha. Si en julio pasado los medios difundieron la financiación ilegal de Dark Horse, una película biográfica sobre Jair Bolsonaro, con dinero de ese banco, algo que entonces pareció hundir a Flávio en las encuestas, durante la campaña apenas se publicaron las nuevas revelaciones del caso. 

Los grandes medios tampoco dieron demasiada relevancia a la investigación de la Policía Federal sobre una enmienda parlamentaria de casi 200.000 reales que Flávio Bolsonaro destinó en 2023 a una entidad vinculada a los hermanos Brazão, condenados como autores intelectuales del asesinato de la concejala Marielle Franco en 2018. Algo similar ocurrió con las revelaciones del sitio PlatôBR, basadas en mensajes y fotos de un exsocio del candidato, que lo vinculan con fiestas privadas con prostitutas, un Rolex de 305.000 reales pagado por un abogado y una supuesta gestión ante un juez del Supremo.

El caso de Ana Clara Gomes Machado, una niña de cinco años asesinada a tiros por un policía en Río de Janeiro al que Flávio Bolsonaro defendió como abogado, solo llegó al gran público gracias a la iniciativa independiente Revelando. «El periodismo masivo piensa que es necesario buscar un equilibrio, incluso cuando no existe. Colocar las sospechas sobre el PT en igualdad con las que pesan sobre Flávio Bolsonaro es en sí un desequilibrio», denunció el periodista Bruno Torturra en el popular podcast Calma urgente. Solo cuando Flávio empezó a subir en las encuestas, medios conservadores como O Estado de S. Paulo publicaron editoriales que advertían sobre el riesgo de que un eventual gobierno suyo favoreciera a las milicias que nacieron en Río de Janeiro, donde hoy controlan barrios enteros, y se han extendido a otros estados. Su poder se basa en la extorsión y la explotación ilegal de servicios. Flávio Bolsonaro mantiene vínculos documentados con ese mundo. Siendo diputado estadual, homenajeó a Adriano da Nóbrega, excapitán de la Policía Militar señalado como jefe de un grupo de sicarios, y empleó en su gabinete a la madre y a la exesposa de este.

El papel de las grandes empresas tecnológicas en las elecciones, aunque todavía no ha sido investigado a fondo, ha generado sospechas. Como señalaba el ensayista Moysés Pinto Neto, la «fragmentación del espacio público» producida por las plataformas ofrece a cada persona, por medio de los algoritmos, una visión distinta de la realidad social. Durante la campaña se registraron episodios que alimentaron las denuncias de un sesgo político de las plataformas. Facebook suspendió temporalmente la publicidad de Lula. Projetemos, un colectivo que proyecta mensajes políticos sobre paredes de todo Brasil, denunció la suspensión de su grupo de WhatsApp. Instagram eliminó un video del humorista Fábio Porchat sobre la relación de Flávio Bolsonaro con el caso del Banco Master. Un estudio del NetLab de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) reveló que 68,1% de la publicidad de Meta analizada entre el 16 de agosto y el 16 de septiembre atacaba instituciones o planteaba sospechas sobre el proceso electoral.

El papel de la inteligencia artificial también está bajo sospecha. Un estudio de la organización Ekō, que planteó las mismas preguntas a ChatGPT, Gemini, Grok y Meta AI simulando votantes de distintas tendencias, constató que esos sistemas recomendaban candidatos según el perfil del usuario, pese a que una resolución del Tribunal Superior Electoral lo prohíbe. Gemini, por ejemplo, desaconsejó votar a Lula ante un perfil conservador. En otra interacción, ChatGPT omitió información sobre el banquero Daniel Vorcaro y afirmó que no había pruebas de irregularidades cometidas por Flávio Bolsonaro.

La crisis del Tribunal Supremo y el sentimiento antisistema

A comienzos de septiembre, una filtración sacudió la campaña electoral. El juez del Supremo Tribunal Federal (STF) André Mendonça, nombrado por el expresidente Jair Bolsonaro por ser «terriblemente evangélico», filtró supuestas conversaciones de WhatsApp entre otro integrante de la Corte, Alexandre de Moraes, y Daniel Vorcaro, el banquero involucrado en el caso Master. La filtración buscaba demostrar que el poderoso Moraes, conocido popularmente como Xandão y enemigo de Bolsonaro, había recibido favores de Vorcaro, entre ellos contratos millonarios para el estudio de abogados de su mujer.

La crisis dentro del Supremo supuso un balón de oxígeno para el bolsonarismo. Aunque rápidamente se hizo público que otros integrantes de la Corte estaban más implicados en el caso Master que Moraes, el electorado asoció la corrupción del Supremo, uno de los blancos frecuentes del bolsonarismo, con Lula. Además, el episodio ayudó a Flávio Bolsonaro a capitalizar el sentimiento antisistema. En la recta final de la campaña, el candidato de extrema derecha explotó el lema «Muda Brasil» [Cambia Brasil], usado por su padre en las elecciones de 2018. En sus declaraciones tras el resultado electoral, destacó por encima de todo una palabra: «cambio».

Por su parte, Lula repitió la fórmula electoral de 2022, con Geraldo Alckmin como candidato a vicepresidente, lo que reforzó su identificación con el sistema político. «El tercer mandato de Lula estuvo casi invariablemente asociado al centrão, conformándose con los límites de la institucionalidad conservadora, evitando tensarla por medio de la presión popular», escribe el periodista Antônio Martins. El periodista Roberto de Toledo, en el programa especial de UOL de la noche electoral, destacó el desgaste de la vieja política. «El caso de Cleitinho nos muestra claramente que el elector no quiere más a los candidatos de la vieja política. En estas elecciones, también perdieron viejas dinastías familiares que gobernaron décadas en el Nordeste y el Norte», puntualizó.

Mientras la extrema derecha ha abierto espacio a dirigentes jóvenes que no provienen de la política tradicional, el PT sigue apoyándose en sus figuras históricas. Varias de ellas sufrieron derrotas importantes: Patrus Ananias como candidato al gobierno de Minas Gerais, José Dirceu (uno de los fundadores del PT) como candidato a diputado y Gleisi Hoffmann (expresidenta del PT) al Senado. La excepción dentro del PT fue Ana Elisa, una influencer que consiguió más de medio millón de votos como diputada. A la izquierda del PT, el Partido Socialismo y Libertad (PSOL) logró que se eligiera como diputados a figuras como Jones Manoel, referente de la lucha antirracista, o Rick Azevedo, un empleado de farmacia que impulsó el debate sobre el fin del régimen laboral de seis días de trabajo por uno de descanso, conocido como «escala 6 × 1». La mujer trans Erika Hilton, una de las principales impulsoras de esa demanda, fue la segunda diputada más votada de San Pablo.

Seguridad e intervención de Estados Unidos

La seguridad pública también parece haber tenido un peso importante en el resultado. La reelección en primera vuelta del gobernador paulista, Tarcísio de Freitas, y la elección de su secretario de Seguridad, Guilherme Derrite, como senador, ambos defensores de la «mano dura», muestran la fuerza electoral de esa agenda. Todos los nuevos senadores del PL incluyen la seguridad en el centro de su discurso. La designación de las organizaciones de narcotraficantes brasileñas Comando Vermelho [Comando Rojo] y Primer Comando de la Capital (PCC) como terroristas por parte de Donald Trump reforzó el discurso de Flávio Bolsonaro, que ganó en la mayor parte de la zona norte de Río de Janeiro, marcada por la presencia del narcotráfico, donde Lula había triunfado en 2022.

A pesar de que el gobierno aprobó su proyecto contra las organizaciones criminales y de que la campaña de Lula lanzó a fines de la semana pasada el documental breve Peligro, mira esto antes de votar –un repaso de las denuncias de corrupción y de los vínculos de Flávio Bolsonaro con las milicias–, el presidente no consigue disputar con eficacia una agenda de seguridad atravesada por el trumpismo y por la oleada de noticias falsas del bolsonarismo que lo asocian con el crimen. «La designación de las facciones como terroristas le ha dado a Flávio una bandera fuerte en la seguridad pública», afirma el politólogo Octavio Amorim Neto en una entrevista publicada en el periódico Nexo. Según el investigador, la intervención estadounidense en la campaña comenzó con el aumento de los aranceles en julio de 2025.

Aunque es difícil medir su incidencia en el resultado, la injerencia de Estados Unidos también ha sido objeto de denuncias. El PT sostuvo que la red de donantes conservadores Rockbridge Network, cofundada por el vicepresidente estadounidense J.D. Vance, ha invertido en la campaña de Flávio Bolsonaro. También se ha cuestionado la actuación, desde Miami, de las plataformas de apuestas Kalshi y Polymarket. Además, el gobierno ordenó investigar una financiación de un millón de dólares procedente de Estados Unidos a grupos que cuestionan las decisiones de la justicia brasileña. El viernes previo a las elecciones, el gobierno estadounidense suspendió la atención al público en sus consulados en Brasil y alegó «riesgos de seguridad». La revista Fórum reveló que el Sistema Brasileño de Inteligencia había emitido un informe que alertaba sobre una operación psicológica para «generar un clima de tensión permanente hasta el domingo».

Economía cotidiana

En agosto de este año, durante los primeros días de la campaña electoral, el equipo de Flávio Bolsonaro difundió videos grabados en supermercados. Mientras la campaña de Lula lanzaba videos sobre su larga y emotiva trayectoria política, la de Flávio comparaba los precios de los productos durante el gobierno de Jair Bolsonaro y el tercero de Lula, con todo tipo de manipulaciones. La inflación está controlada y algunos productos incluso bajaron de precio. Sin embargo, el alza del precio de la gasolina por la guerra en Irán y el encarecimiento de algunos productos agrícolas por problemas derivados del cambio climático generalizaron la sensación de que la vida está más cara.

En esa «guerra de precios», el PT llegaba tarde y mal a desmentir las piezas de la campaña de los bolsonaristas. Tampoco consiguió comunicar bien que el gobierno de Lula eliminó el impuesto a las ganancias para quienes perciben hasta 5.000 reales mensuales (unos 1.000 dólares). «La campaña pasó lejos de los problemas cotidianos de la gente», aseguró en UOL la periodista Thais Bilenky el domingo electoral. En agosto, Brasil batió el récord de endeudamiento familiar: 82% de las familias tiene algún tipo de deuda. El endeudamiento con tarjetas de crédito y las elevadas tasas de interés –la tasa de referencia se sitúa en 13,75%– apenas aparecieron en la campaña de la izquierda. Para abordar el endeudamiento, Lula apostó por prohibir las apuestas en línea mediante un decreto presidencial. «La inflación puede estar bajo control, pero el endeudamiento de las familias amargó cualquier sensación de bienestar», escribió Igor Gielow en un artículo de Folha de São Paulo tras las elecciones.

Voto evangélico y antipetismo

La campaña de Lula no logró atraer a los evangélicos, que ya representan más de una cuarta parte de la población. Datafolha reveló poco antes de la primera vuelta que Flávio Bolsonaro tenía 52% de intención de voto entre los evangélicos, frente a 26% de Lula (entre los católicos, Lula tenía 50% y Flávio, 32%). Las organizaciones evangélicas progresistas que apoyaron a Lula en la campaña de 2022 no han tenido el mismo protagonismo en estas elecciones. Aunque la religión no sea el único motivo, el bolsonarismo arrasó en los dos estados más evangélicos, Rondônia (67,45%) y Acre (64,56%). En Río de Janeiro, uno de los estados con mayor proporción de evangélicos del Sudeste, obtuvo su mejor resultado de la región (53,01%). En los días previos a las elecciones, se registró una intensa actividad en iglesias evangélicas, que pidieron expresamente el voto contra Lula, a quien acusan de querer destruir la familia tradicional. A pesar de la diversidad del mundo evangélico, que también incluye sectores progresistas, el pentecostalismo crece rápidamente y se ha convertido en una de las piezas claves del bolsonarismo. Su fórmula combina la cruzada en defensa de los valores morales, el antilulismo y la «teología de la prosperidad», según la cual la riqueza y el éxito individual son señales de la bendición divina.

El antilulismo y el antipetismo –un rechazo al PT construido a lo largo del tiempo– han sido motores fundamentales de la campaña de Flávio y de los candidatos que lo acompañan. El lema «Fora Lula» [Fuera Lula] se ha visto a lo largo de la campaña en camisetas, calcomanías, pancartas, carteles e incluso en autobuses, como el usado por Ricardo Salles, exministro de Medio Ambiente de Jair Bolsonaro. Algunos candidatos prepararon un kit contra Lula que enviaban a quienes se registraban en un sitio web. Una parte importante de los votantes de Flávio no se considera bolsonarista: se define, ante todo, como antilulista y antipetista. No existe un 50% de fascistas en Brasil, como señaló hace unos días el académico Marcos Nobre. Por ello, Flávio Bolsonaro ya ha anunciado que su estrategia para la campaña del balotaje del 25 de octubre se centrará en el antipetismo.

La concentración del voto útil en su candidatura también puede relacionarse con la forma en que las encuestas presentan la disputa. Como sostiene el periodista João Paulo de Oliveira, esas mediciones parecen responder a la pregunta «¿Quién puede derrotar a Lula?» en el balotaje, más que intentar averiguar qué candidato conservador era el más competitivo en la primera vuelta. Cuando el candidato Augusto Cury apareció como ganador frente a Lula en un hipotético balotaje, algo que nadie excepto Flávio Bolsonaro había conseguido, dejó de ser incluido en las encuestas posteriores.

Un balotaje cuesta arriba

Tras el impacto de los resultados, Lula pidió cambiar radicalmente su campaña. Felipe Nunes, director de la encuestadora Quaest, sostiene que Flávio Bolsonaro es favorito y que Lula tendrá que conformar un frente amplio. Apunta una de las grandes diferencias entre las campañas de 2026 y 2022: si en ese año Lula construyó un amplio frente en defensa de la democracia, con diferentes partidos y figuras de la sociedad civil, en 2026 acudió a las elecciones apoyado por las izquierdas y por su prestigio histórico. Desde el domingo de la primera vuelta, muchas voces han solicitado la creación urgente de un frente democrático de cara al 25 de octubre. «Sin embargo, un frente democrático tiene que ir más allá del Congreso, de la clase política y de las Fuerzas Armadas. Tiene que llegar a la sociedad civil. Lula no quiso movilizar al centro liberal que no solo está preocupado por la democracia, sino también por la estabilidad macroeconómica y la política exterior», sostuvo el politólogo Octavio Amorim Neto en Nexo.

Mientras Lula y Flávio Bolsonaro intentan cerrar acuerdos con los candidatos derrotados, la campaña del presidente apuesta por una estrategia de persuasión de quienes votaron por otros candidatos. Ha lanzado un documento para dialogar con quienes no votaron por él y un sitio web y una aplicación, Onde dá para conversar [Dónde se puede conversar], que cruzan datos electorales por territorio y ofrecen claves para convencer a electores de diferentes perfiles de que voten a Lula.

Aunque los votantes de Augusto Cury (Avante, de centro), Ronaldo Caiado (Partido Social Democrático, conservador), Romeu Zema (Partido Novo, liberal) y Renan Santos (Missão, de extrema derecha) tienden a la derecha, Flávio Bolsonaro no tiene garantizado su apoyo. La semana pasada, Meio/Ideia reveló que el 55,6% de los votantes de Cury votaría a Lula, frente al 27,8% que elegiría a Flávio Bolsonaro. Por otro lado, apenas el 26,4% de los votantes de Caiado votaría a Flávio. Sin embargo, Caiado acaba de anunciar su apoyo al candidato del PL. Renan Santos (Missão), vinculado al Movimiento Brasil Libre (MBL) y que intentó construir una derecha independiente del bolsonarismo, quedó cuarto con el 2,24% de los votos. Tras el escrutinio, anunció que no apoyará ni a Flávio ni a Lula en el balotaje, aunque reconoció que da por ganador al candidato del PL.

La campaña de Lula tiene el desafío de tender la mano a quienes no se consideran ni lulistas ni izquierdistas. El miedo a un nuevo gobierno de la familia Bolsonaro es su principal carta. El analista Leonardo Sakamoto, en un artículo publicado el mismo día de las elecciones, sostenía que el «brasileño exhausto» de la polarización política podía definir las elecciones, especialmente entre el 21,1% de abstencionistas y los mayores de 70 años, más cercanos a Lula. No ocurrió en la primera vuelta. Y si ocurre en el balotaje, no será solo gracias a la campaña oficial, sino también a los millones de ciudadanos que, como en 2022, ya están en las calles y en las redes buscando votos para revertir el resultado de la primera vuelta. 

 

[Foto: Bruna Prado/AP - fuente: www.nuso.org]

Un rock star en Sudamérica

Emmanuel Carrère lleva a Buenos Aires los dilemas de su escritura y su inquietud ante el futuro: «Tengo hijos y un nieto, y tengo la impresión de que van a vivir en un mundo de pesadillas». 

Emmanuel Carrère, durante su paso por Buenos Aires, una de las escalas de su gira por Argentina, Chile y Uruguay. 

Escrito por Pablo Perantuono 

A lo largo de sus más de 30 años de trayectoria, el público no solo ha podido conocer la obra de Emmanuel Carrère (París, 1957) y de ese modo disfrutar de títulos que rankean entre lo más alto de la no ficción de Occidente, sino que ha podido sumergirse en los pormenores de buena parte de su vida y de sus tribulaciones, habida cuenta de su inclinación a, o necesidad de, que ellas formen parte de muchos de sus relatos.

Se trata de un autor que desde muy temprano abandonó las producciones de ficción para, a comienzos de este siglo, empezar a narrar sucesos de la realidad, episodios que muchas veces albergaban situaciones o personajes que, de tan extraordinarias, parecían inventados. Pero esa elección tuvo un añadido, que fue la determinación, a la manera de Truman Capote, de involucrarse en esos relatos e incluso decidir que, agotadas las historias o disipados los personajes, él también podía ser el centro de esas construcciones. El salto estético, que bien pudo haber redundado en un ejercicio literario vacuo, una pirueta que poco tenía de artística y sí de un narcisismo mal procesado, al contrario, terminó consolidando su carrera literaria y situándolo en la elite literaria europea.

Entre 2009 y 2011 Carrère, que acaba de “girar” por Argentina, Chile y Uruguay en modo estrella de rock, publicó dos libros que lo dotaron de fama y prestigio universal. Hablamos de De vidas ajenas (Anagrama), un relato conmovedor que trata sobre, pongámoslo en términos grandilocuentes, la condición humana, y de Limonov (Anagrama), una especie de biografía diseccionada del hombre del título, un político y escritor ruso que, como muchos de los personajes que aborda el francés, de tan desmesurado y zigzagueante, resultaba inclasificable.

Iluminar esos claroscuros y bucear alrededor de los pliegues más turbios de sus criaturas -incluido él mismo- ha sido y es uno de los mayores atributos en el arte de Carrère. Para él, ninguna vida debe prescindir de sus pasiones más bajas, de sus miserias o de esos temores que las acechan. Dueño de una sensibilidad tan arrasadora como oblicua -hay pocos momentos de condescendencia en su literatura-, esa honestidad puesta al servicio del relato lo ha llevado a alcanzar cimas literarias infrecuentes.

Emmanuel Carrère conversa con periodistas durante su estancia en Buenos Aires. 

Ya antes, en El adversario (Anagrama, 2001), Carrère había rozado el genio con una inquietante capacidad para hundirse en las profundidades de la psiquis de un asesino, Jean-Claude Romand, reconstruyendo desde adentro los detalles más siniestros de un caso que sacudió a la opinión pública francesa a finales del siglo pasado. El libro se convirtió en best seller (vendió 250 mil ejemplares en todo el mundo) y fue llevado al cine. “Nunca llegué a sentir simpatía por el personaje de Romand -le dice a COOLT y a otros medios en un bar de Palermo, en Buenos Aires-, pero sí cierta empatía, como con cualquier ser humano. Con él hay una cosa muy paradójica. En general, el mal lo asociamos con la crueldad y el deseo de hacerle daño al otro, y eso está totalmente ausente en Romand. No es malo. Mató a todo el mundo para no generarles dolor a ellos. El mal en él está definido por la menticon cara y el miedo y no por la maldad tradicional, clásica. Eso fue muy perturbador para mí”.

Algunos años después, el éxito rotundo de De vidas ajenas posibilitó que Carrère pudiese abordar Limonov, su obra siguiente, en condiciones muy favorables. El proyecto le permitió reconstruir la desbordante aventura vital del biografiado y, de esa manera, poder adentrarse en una tierra y en una historia que, por linaje, siempre le interesó: la de la URSS y, más adelante, la de los territorios de la gran Rusia. Sus abuelos maternos eran de origen georgiano y su madre, la reconocida historiadora Hélène Carrère d’Encausse, se especializó en la Unión Soviética y llegó a ocupar cargos diplomáticos en Moscú. De ella habla en dos de sus últimos libros, Una novela rusa (Anagrama), que molestó a su madre y en la que repasa la historia familiar y, sobre todo, en Koljós (Anagrama), el más reciente de sus opus, que es una forma de hacer las paces con ella y, en simultáneo, resulta una especie de (auto)biografía suya, de sus padres y hermanos.

“Cuando publiqué Una novela rusa -cuenta- mi madre tenía miedo de que eso fuera una catástrofe para ella. Estuvimos distanciados varios años. Pero no pasó nada de eso. No hubo ningún problema de los que ella imaginaba. En el fondo, lo que creo es que ese libro la alivió. Finalmente fue una terapia muy violenta, pero una terapia al fin. Unos años después me dijo: “Creo que hiciste bien en escribir ese libro”. No se detuvo demasiado en la frase, pero lo dijo. Cuando tenés una espada de Damocles que te está pendiendo sobre la cabeza y de pronto ves que cae y no pasa nada, eso es algo positivo para tu vida. Creo que tal vez sea por eso que Koljós es un libro mucho más sereno, aplacado, a diferencia de Una novela rusa, que es algo más estridente, más transgresor y más nervioso”.

Emmanuel Carrère durante su participación en el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires. 

Escribir con libertad

Prolífico, ecléctico, Carrère se convirtió en una presencia permanente en el panorama periodístico y literario de Francia y buena parte de Europa. Desde fines del siglo pasado que el autor de El adversario escribe en medios galos, tanto ensayos como reportajes o incluso crónicas de largo aliento. Buena parte de ese material está reunido en otro de sus grandes libros, que quizás pasó algo desapercibido en Sudamérica pero que guarda un puñado de gemas entre sus páginas, Conviene tener un sitio adonde ir (Anagrama, 2017). Allí, Carrère ofrece dos perfiles extraordinarios narrados algunos años antes. El primero es uno sobre, justamente, Limonov, que serviría de base para su libro posterior. El otro, La vida de Julie (publicado originalmente en la revista Six Mois, en marzo de 2011), es una pequeña gran pieza en la que el escritor se sumerge en el oficio de Darcy Padilla, una galardonada fotorreportera norteamericana que, a su vez, trabaja en un ensayo fotográfico de largo aliento sobre la vida de la Julie del título, una madre soltera y adicta de la costa oeste de los Estados Unidos. Como muchos de sus textos, Carrère termina alumbrando un demoledor ensayo sobre los vínculos contemporáneos. “Soy consciente -asegura con hablar sereno y mirando a su interlocutor- de la suerte que tengo, de que gracias a mi notoriedad puedo permitirme escribir para un medio periodístico con la misma libertad y soltura con la que lo hago en un libro. Y la libertad significa también tener espacio. Además me gustaba esta limitante de tener que entregar una crónica los lunes después de haberla trabajado durante el fin de semana. Por más que la temática que estaba abordando era terrible, ese ritmo de trabajo me gustaba y me servía”.

En persona, Carrère tiene algo notable: su vestuario es juvenil y su presencia desprende un hálito vital que parece refutar su edad (cumple 69 años en dos meses), pero su rostro es como el mapa físico de un territorio surcado por ríos y canales. Hay vida consumida en esas arrugas. Su cabello desprolijo conserva un dejo de rebeldía que su mirada huidiza y ligeramente melancólica subraya. No sonríe muy a menudo pero, cuando lo hace, su boca es tan grande que allana la totalidad del hemisferio inferior de su cara, en un desplazamiento que más que una expansión parece una conquista. He aquí un hombre que ha puesto el cuerpo, que se ha caído, que se ha levantado y vuelto a caer. Él mismo se ha encargado de revelarlo en algunos de sus libros. Ha contado que es bipolar, que pasó por no menos de dos largas depresiones, que dos de sus matrimonios terminaron en pleitos desgastantes e incluso escandalosos. Esas experiencias han nutrido su literatura.

En Yoga (Anagrama, 2020), por caso, una de sus nonfiction menos celebradas pero igualmente potente, relató entre otras cosas la desintegración de su matrimonio, lo que le generó un conflicto legal con su ex y, debido a eso, a último momento debió mutilar parte del libro. El incidente no pareció dañar su reputación: al año siguiente ganó el Premio Príncipe de Asturias, uno de los más de 20 galardones que ha cosechado a lo largo de su carrera. “Uno tiene la plena libertad de contar lo que quiera cuando habla de sí mismo -dice sobre su trabajo-. Pero cuando uno habla de un tercero, siempre tiene que tener cuidado. Yo no tengo ningún problema en contar cosas que puedan resultar incómodas o para nada adorables respecto de mi persona; creo, incluso, que cuando uno puede decir esas cosas de sí mismo, le hace bien al lector, ve ahí algo auténtico y algo que produce identificación. Por otro lado, cuando uno escribe sobre sí mismo, es uno el que decide lo que cuenta: lo más problemático es escribir sobre los demás. En esos casos hay imperativos éticos que uno debe enfrentar en esas situaciones y que en Una novela rusa o Yoga claramente los transgredí. Lo hecho, hecho está, pero no me gustaría repetirlo”.

Emmanuel Carrère, ante un auditorio abarrotado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. 

La realidad se nos escapa

El paso de Carrère por Buenos Aires revalidó las credenciales de la ciudad como un enclave cultural inapelable: la charla que el escritor brindó en la facultad de derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA) fue presenciada por más de 800 personas, con gente que quedó afuera y espectadores parados o ubicados en lugares infrecuentes. A Carrère, esa condición de star no le produce temor, es decir, no parece habitar en él la neurosis por sentirse obligado a mantener con su próxima obra su condición de artista consagrado: “No me da miedo no tener un proyecto grande o un libro por delante”, asegura. “Ahora, cuando vuelva a Francia, voy a escribir para una revista una crónica para la que voy a estar durante 15 días en una comisaría. Me lo propusieron y dije: no puede no ser interesante. Hago cosas así. Tengo dos proyectos como guionista, algunos encargos periodísticos, así que no estoy desesperado.”

Una de sus participaciones en medios gráficos más destacadas ocurrió hace cinco años, cuando presenció las audiencias del juicio por los atentados yihadistas perpetrados en París en noviembre de 2015. El resultado de ese trabajo fue V13, crónica judicial (Anagrama, 2022), un libro que refleja su mirada sobre todo el proceso. Esa cercanía con el caso lo hizo empaparse del tema, de los fundamentalismos y del conflicto árabe-israelí, que desde los juicios a esta parte no ha dejado de intensificarse. “Por supuesto -confiesa- que comparto el sentimiento de espanto generalizado que hay respecto a la situación en Gaza y en los territorios ocupados. Es algo obvio, pero esa es mi posición en tanto ciudadano”. Carrère medita sus respuestas y, después de tomarse unos cuantos segundos, prosigue con el tema: “La verdad es que como escritor me cuesta mucho (tomar posición), porque siento que en este momento la realidad se nos escapa completamente. Y en todos los campos. En el de la política y la geopolítica… o en el campo de lo ecológico, obviamente. Me siento muy desamparado como hombre y también como padre. Tengo hijos, tengo un nieto, y tengo la impresión de que van a vivir en un mundo de pesadillas”. 

Carrère vuelve a su historia familiar en 'Koljós', su libro más reciente.

Una biografía doméstica 

Con cada nueva publicación, Carrère nos tiene acostumbrado a sacudir el panorama francés y europeo. Este año no fue la excepción. En febrero salió a la venta Koljós, obra de no ficción en la que, como señalamos arriba, repasa tierna pero quirúrgicamente la vida del núcleo duro de su familia. Es, en parte, una biografía doméstica. Los grandes protagonistas son sus padres: ella una reputada intelectual, de habitual presencia en los medios, y él un vendedor exitoso pero algo anodino, que coleccionaba y catalogaba recuerdos familiares y que vivió opacado por la figura imperial de esa mujer exigente, culta y de aires patricios. Aun cuando la crítica lo trató de forma dispar, o en todo caso señaló que no estaba a la altura de sus grandes obras, el libro tiene momentos extraordinarios, dignos del mejor Carrère, con esa capacidad única para ir hasta el grado cero de la existencia. Como cuando describe la tristeza que había engolfado el ánimo de su padre al momento de darse cuenta de que Hélène, esa monumental mujer con la que había tenido tres hijos, ya no tenía más interés en él. 

Escribe Carrère: “Guardo una imagen muy nítida de ese sufrimiento, una imagen fija, como un plano cinematográfico. Para ir al baño, pasamos por delante de esa habitación del fondo en la que ahora está relegado. La puerta no cierra bien, siempre queda ligeramente entreabierta. Un resquicio de apenas unos centímetros, suficientes para ver lo que ocurre dentro. Mi padre, con camisa y corbata, está tumbado en el camastro, como una efigie funeraria. Tiene los ojos abiertos, mirando al techo. No me ve. No se mueve. Está petrificado por el sufrimiento. Todo lo que ama, todo lo que da sentido a su vida es mi madre, y mi madre le da la espalda. Ella quiere a otro hombre, lo abandona. Sin ella, no puede vivir.”

 

[Fotos: JINIVA IRAZABAL / FILBA - fuente: www.coolt.com]


Fantomatique Modiano

Le dernier roman du Prix Nobel, dans la continuité des précédents, joue avec la notion d’absence.

Écrit par Myriam ANISSIMOV

Il y a une sorte de point aveugle dans l’œuvre de Modiano. Une chose non précisément représentable, qu’il n’a pas vécue, mais qui l’habite cependant. Sa conscience vogue sur les ondes de l’espace-temps. Il est, en même temps, là et ailleurs. Il cherche des traces dans son passé et dans celui de personnes qu’il a connues dans les jours lointains de sa jeunesse. Il poursuit notamment l’insaisissable Albert Modiano, son père, tout-puissant et redoutable. Ses romans n’en sont qu’un. Ils constituent une immense tapisserie, dont chaque nouvel épisode est un moment éphémère, aspiré dans un trou noir. Une sorte de cosmogonie, où les personnages, dans ce nouveau récit qu'est L’Éléphant, apparaissent et disparaissent dans les rues de Paris, qui seules semblent immuables.

Néanmoins, dans la vie de tous les jours, Modiano peut avoir l’air très présent. On peut l’apercevoir du côté de la place Saint-Sulpice, au jardin du Luxembourg, ou encore dans sa somptueuse bibliothèque, se prêtant à un entretien de façon aléatoire. Il laisse au journaliste qui l’interviewe le soin de le relancer sans cesse, entre ses phrases inachevées ; jouant le jeu, il saisit la perche qui lui est tendue, mais brièvement, répétant simplement la dernière phrase entendue. Il est ici, et ailleurs. L’interlocuteur n’est tout au plus qu’un repère. Une bouée de sauvetage sur l’océan des réponses possibles.

Si le corps physique de Modiano est bien là, son corps astral semble naviguer en quête des échos de sa propre vie, mais aussi de celle de ceux qui l’ont précédé dans les mêmes lieux. Le narrateur amnésique de L’Éléphant se demande si les gens qu’il observe en face de chez lui, depuis sa chambre obscure, avec des jumelles, ont un jour fait partie de sa propre existence. Il va tenter de le savoir en les abordant pour leur arracher quelque aveu. Un détail reconnu signifie qu’il est sur la bonne voie. De fait, en narrateur rusé, Modiano nous mène par le bout du nez jusqu’au bout de son roman, au synopsis bien ficelé. Il est le narrateur, mais aussi le personnage principal de cette énigme. Il est diffracté dans la multitude de ses personnages romanesques, qui n’ont que peu de consistance physique, et surtout sensuelle. Ils ne sont que des pions sur l’immense échiquier de son espace romanesque. Il est le grand Maître qui les place et les déplace. Dans ce dernier opus, comme Proust à la fin de la Recherche, le narrateur et l’écrivain finissent par constituer une seule et même entité. C’est-à-dire que la fin est dans le commencement. La fin pour le narrateur et les personnages de Modiano est le néant. Cet Éléphant, pareil aux particules indétectables, sans masse et sans charge électrique, et pourtant existantes, prend congé de sa vie. Il y a quelque chose de funèbre dans ce dernier opus.

                                                                 










L’Éléphant

Patrick Modiano

2026

Gallimard

112 pages

 

[Source : www.nonfiction.fr]


França aplica la doctrina imposada a la Catalunya Nord per prohibir el basc als plens municipals

El prefecte dels Pirineus Atlàntics només permet l’ús de l’eusquera per traduir el que s’ha dit prèviament en francès 

El prefecte dels Pirineus Atlàntics, el departament al qual pertany el País Basc sota administració francesa, ha prohibit als regidors dels ajuntaments bascos intervenir en la seva llengua durant els plens, tal com ja es va fer amb els ajuntaments de la Catalunya Nord que havien decidit fer servir el català. Segons informa Mediabask, el prefecte, Simon Fetet, ha vetat el reglament intern de l’Ajuntament de Beskoitze (Briscous en francès) que permetia als regidors expressar-se primer en basc i després en francès durant els plens. 

Els regidors que vulguin fer servir el basc ho hauran de fer només per traduir el que hagin dit prèviament en francès, tal com va ordenar la justícia als cinc ajuntaments nord-catalans que havien aprovat reglaments per expressar-se en català al consistori. De fet, en l’argumentació enviada al municipi basc, el prefecte argumenta la decisió basant-se en la que va prendre el Tribunal Administratiu d’Apel·lació de Tolosa, el desembre de 2024, sobre l’ús del català a cinc municipis de la Catalunya Nord. 

Mobilització 

La prohibició de prefecte ha provocat les protestes de les entitats a favor de la llengua basca, que ja estaven mobilitzades pel veto del prefecte a les iniciatives preses per diversos municipis bascos per donar més reconeixement a l’eusquera.  

Els entrebancs de l’administració al desenvolupament de les llengües minoritzades ha arribat a l’Assemblea Nacional francesa on una vuitantena de diputats de diferents partits han donat suport a una proposició de llei constitucional que demana modificar l’article 2 de la Constitució, que estableix que el francès és “la llengua de la República”. L’article ha estat invocat, en moltes ocasions, per marginar les dites “llengües regionals”. 

[Foto: CC-BY-SA-3.0 - font: www.diaridelallengua.cat]

Descifrando las palabras clave proisraelíes en tiempos de genocidio

 

Escrito por Norman Salomon

Z Network 

Hace casi dos años,  Human Rights Watch  y  Amnistía Internacional  publicaron informes exhaustivos que documentaban el genocidio cometido por Israel en Gaza. Meses después,  organizaciones israelíes de derechos humanos  hicieron lo mismo. El apoyo a Israel ha disminuido drásticamente entre los estadounidenses, pero sus defensores siguen utilizando un discurso vacío y contradictorio contra los derechos palestinos.

Como destacó el historiador Rashid Khalidi en su libro «Brokers of Deceit: how the US has undermined peace in the Middle East» (Corredores del engaño: cómo Estados Unidos ha socavado la paz en Oriente Medio)», «el lenguaje importa». Los términos y tópicos habituales «son los pilares fundamentales de un elevado y sólido edificio de negación de toda una narrativa, de la existencia de todo un pueblo, lo cual es esencial para la afirmación de una formidable contrarrealidad».

Grupos prominentes, en particular la Liga Antidifamación, el Comité Judío Estadounidense, AIPAC y Cristianos Unidos por Israel, junto con aliados en el Congreso, el Poder Ejecutivo y la élite intelectual, recurren a las mismas palabras clave para difamar a los críticos de Israel y negar sus  crímenes sistemáticos  contra el pueblo palestino.

Por ejemplo: 

** “antisemita”

En lo más alto del arsenal retórico, un instrumento contundente para difamar a los críticos de Israel, sin importar cuán ciertas sean sus acusaciones, e independientemente de la ausencia de pruebas de intolerancia contra el pueblo judío.

** “libelo de sangre”

Un epíteto de indignación para equiparar las condenas válidas contra Israel con una locura antisemita de hace 900 años.

** “se le exige un estándar más alto”

Un eslogan para evadir la realidad de los crímenes de lesa humanidad a gran escala que Israel sigue cometiendo y el hecho de que Israel utiliza la enorme ayuda militar estadounidense para imponer  el apartheid,  la limpieza étnica  y  el genocidio  como cuestiones políticas. 

** “patria para el pueblo judío”

En otras palabras: los palestinos no nos reemplazarán. 

** "indígena"

Así pues, incluso los judíos estadounidenses que se han mudado recientemente a Israel son autóctonos, a diferencia de los palestinos, cuyos antepasados ​​han vivido en Palestina durante los últimos cientos de años.

**  “Estado judío y democrático”

No puede ser un oxímoron solo porque sea un oxímoron. 

** “proceso de paz”

El proceso de expansión israelí ha traído guerra tras guerra, con el gobierno estadounidense actuando como «abogado de Israel» mientras arma a Israel con enormes cantidades de armas y continúa haciendo de Israel (en palabras de un  informe reciente del Servicio de Investigación del Congreso) «el mayor receptor acumulado de ayuda exterior estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial».

** “autodefensa”

Un término reservado para los israelíes, pero ciertamente no para los palestinos. 

** “terrorismo”

Cuando los palestinos matan a civiles israelíes, pero no cuando los israelíes matan a civiles palestinos en cantidades mucho mayores. 

** “renunciar a la violencia”

Una exigencia que se formula habitualmente a las organizaciones palestinas, pero no al gobierno israelí. 

** “el derecho de Israel a existir”

La típica pregunta capciosa: «¿Cree usted que Israel tiene derecho a existir?» puede responderse con preguntas claras: «¿Cree usted que la Sudáfrica del apartheid tenía derecho a existir?»… «¿Cree usted que la limpieza étnica tiene derecho a existir?»… «¿Cree usted que el genocidio tiene derecho a existir?»… «¿Cree usted que las decenas de miles de niños palestinos asesinados por el ejército israelí tenían derecho a existir?»

Norman Solomon es el director nacional de RootsAction y director ejecutivo del Institute for Public Accuracy. La edición de bolsillo de su libro  War made invisible  incluye un epílogo sobre la guerra de Gaza. Su nuevo libro,  the blue road to trump hell: how corporate democrats paved the way for autocracy, está disponible gratuitamente en  formato electrónico.

 

[Reproducido en www.gerardodelval.com]

La paradoxa de l’Alguer amb el català

 

Una senyer a l'Alguer 

Escrit per Marc González

Des que tinc memòria, l’Alguer havia quedat en el meu imaginari com aquella ciutat situada a l’altre extrem del mapa dels Països Catalans on encara es parlava català gràcies a una espècie de miracle lingüístic. Una barreja d’ingenuïtat i esperança m’havia dut a creure que la realitat de la llengua en aquest vestigi del domini català del Mediterrani era, si fa no fa, similar a la de la Catalunya Nord. Les meves estades en els darrers dos anys a la Barceloneta sarda –Baltsarunéta en alguerès–  han suposat una gerra d’aigua freda, primer, i el sorgiment d’un sentiment d’admiració i il·lusió, després, per aquesta ciutat i la seva gent.

Emmurallada des del segle XIII i banyada per unes aigües cristal·lines extremadament netes –a l’Alguer històricament no hi ha hagut indústria i això ha permès que tingui unes platges més típiques del Carib que no pas del Mediterrani–, actualment la ciutat es troba “soterrada lingüísticament” sota l’italià i, fins i tot, l’anglès. Els turistes italians i europeus l’han convertit en un dels destins més concorreguts de tota l’illa de Sardenya, atrets per les seves platges, l’àmplia oferta gastronòmica (amb uns quants plats d’origen català), l’estètica medieval de les muralles i els baluards, i la comoditat de tenir un aeroport a tan sols deu quilòmetres.

Endinsar-se en els atapeïts carrers de l’Alguer vell, però, permet albirar quina és realment la seva essència. A lo cor de la suitat, l’empremta catalana hi és per tot arreu: les muralles i els baluards medievals, la majoria fortificats durant el regnat de Ferran II d’Aragó al segle XVI; els elements del gòtic català tardà a la Catedral de Santa Maria i l’església de Sant Francesc i els seus respectius campanars; el Palau de Ferrera, construït al segle XV per la família catalana que li dona nom; la senyera i les quatre barres a l’escut de la ciutat, la seva bandera i fins i tot a la primera equipació de l’equip de futbol; el nom de Catalunya a hotels, restaurants, negocis i plats; o la retolació en català dels carrers del centre històric.

Ara bé, aquesta essència no deixa de ser més simbòlica que pràctica pel que fa a la llengua. I aquí ve la gerra d’aigua freda. Si l’última Enquesta d’Usos Lingüístic a l’Alguer (EULA), feta el 2015, ja alertava del retrocés en l’ús del català, no només en el dia a dia dels algueresos, sinó també en la seva transmissió intergeneracional; més d’una dècada després, la situació no sembla haver canviat, malgrat l’esforç d’entitats i del mateix ajuntament, que volen tornar a prioritzar el seu ús.

Fins i tot en els barris perifèrics, allunyats de la voràgine del turisme, sentir una conversa quotidiana en alguerès pel carrer, en un bar o al mercat sembla una quimera. La raó és que, igual que a Catalunya durant el franquisme, els algueresos també van patir dècades de menyspreu i discriminació cap a la seva llengua. “Algueresos: per millorar, cal abandonar l’alguerès” era el lema que circulava entre els pares i mares dels nens algueresos a la dècada dels 60. Ho va patir en primera persona el gerent d’un restaurant al port amb qui vaig poder conversar una estona i que encara recorda el que els professors li deien quan anava a escola: “Ens deien que si parlàvem català no entendríem l’italià. Han destruït tota una cultura, la nostra cultura”. Aleshores ja feia trenta anys que la llengua havia estat prohibida a les escoles de la ciutat, però l’Estat (italià, en aquest cas) encara no havia aconseguit eradicar-la. Per a bé o per a mal, les polítiques lingüístiques (siguin a favor o en contra) triguen el seu temps a donar resultats.

Ho vaig anar veient a mesura que parlava amb més algueresos. Perquè encara que sigui difícil sentir parlar català de manera espontània, la llengua es veu i se sent com a part indestriable de la identitat de la ciutat. Molts algueresos la coneixen i l’entenen i alguns la saben parlar, encara que no ho facin en el seu dia a dia. I el més significatiu és que quan els ho preguntes, la majoria estan entusiasmats de practicar-la perquè l’associen als seus avis i pares, i això els desperta un sentiment genuí de reconnexió cap als seus orígens que em va omplir de tendresa.

Ho vaig viure al Mercat Cívic, a tocar de l’Alguer Vell, on presidint la fruiteria no només hi havia una senyera, sinó també una estelada, fet que atreia turistes catalans que no dubtaven a anar a parlar amb la responsable de la parada. “La setmana passada van venir unes colles geganteres. Va estar molt bé. Jo parlo alguerès amb els meus amics. Si voleu trobar gent que el parla haureu d’anar a buscar la gent de més edat que sol viure en els barris perifèrics”, m’explicava. “La gent jove no sol parlar-lo ja”, afegia.

El cert, però, és que sí que vaig trobar persones que l’entenien i fins i tot parlants d’alguerès entre els més joves. “No parlo català, però l’entenc una mica”, m’explicava en italià una jove dependenta d’una botiga de souvenirs en ple centre de la ciutat. “Recordo que la meva àvia el solia parlar amb les seves amigues quan jo era petita, però amb mi no”, afegia somrient. En canvi, la propietària d’un restaurant al Lido de l’Alguer, de mitjana edat, sí que el parlava una mica i l’entenia perfectament. “La meva àvia era qui el parlava”, m’explicava una mica sorpresa però il·lusionada en ser preguntada. En saber que venia de Catalunya, em va preguntar si m’agradava la ciutat i em va desitjar una bona estada, explicant que fa uns anys havia visitat Barcelona i que li havia encantat. Una experiència similar em vaig trobar al bistrot ‘Deliciós’, situat al barri perifèric de La Pietraia, on una treballadora, també de mitjana edat, em va assegurar en un accent marcadament italià que “molta gent el parla”. “Al centre o al mercat trobaràs molta gent”. El parlant més jove que vaig trobar va ser un treballador de l’Alghero Calcio, l’equip de futbol de la ciutat. Tot i estar enfeinat després d’un partit, em va atendre breument per reivindicar que al club sí que parlaven la llengua: “Sí, i tant que parlem l’alguerès!”.

Com a barceloní catalanoparlant no puc evitar veure similituds entre el retrocés del català a Catalunya i a l’Alguer. Salvant les diferències, que obeeixen a la geografia i al transcurs de la història, l’Alguer no deixa de ser el reflex d’un mirall exagerat, una versió especialment visible d’un problema compartit amb la resta de territoris de parla catalana: la manca d’un estat propi que protegeixi la llengua i la doti de poder. Si bé és cert que en aquesta ciutat el retrocés de la llengua s’ha produït en unes condicions encara més adverses, veient com avança de ràpid el desús del català a Barcelona i altres parts dels Països Catalans, no és forassenyat preguntar-se si l’Alguer no serà el futur que li espera en els segles entrants a alguns indrets del nostre país ja de per si més aïllats lingüísticament.

La solució a tot això no és senzilla ni respon a una única causa, però, paradoxalment, l’Alguer pot ser part de la solució. La mateixa existència d’aquesta ciutat sarda de parla catalana ens recorda el poder econòmic, polític, social i militar que durant segles ha representat el català, malgrat que darrerament només el veiem i tractem com una víctima. Alhora, l’estat de la llengua a la ciutat també ens ensenya la importància de mantenir els vincles entre territoris, de recuperar la transmissió familiar de la llengua i de convertir el prestigi simbòlic en ús real.

Potser pel fet de no ser dins de les fronteres de l’Estat espanyol, els habitants de l’Alguer ens demostren, a més, que la resiliència lingüística no ha de ser motiu de desgast o frustració, sinó d’orgull i d’admiració cap a la pròpia cultura i identitat. En són exemple també la voluntat de l’ajuntament i les entitats de reconnectar i potenciar la llengua que compartim. “La meva besàvia només parlava català, ni sard ni italià. Els meus pares i avis també parlaven el català. Ells me’l van ensenyar. Els algueresos no som sards, som una particularitat”, reivindicava orgullosament el mateix gerent del restaurant al port.

Els catalans som els algueresos de l’Estat espanyol i francès. Aprofitem els recursos que els habitants d’aquesta ciutat mai han tingut i dotem la nostra llengua de poder. Fem-la respectar emprant totes les eines que tenim a la mà. I fem-ho com molt sovint ho fan els catalanoparlants que no tenen passaport espanyol: sense por i sense complexos. Només així podrem tornar a situar la llengua allà on els nostres avantpassats la van fer arribar. L’Alguer, “lo tresor” del poeta Maurici Pugioni, és un record viu que des d’un racó de la Mediterrània, als confins dels Països Catalans, ens ajuda a recordar quin és el camí de retorn.



[Foto de l'autor - font: www.diaridelallengua.cat]