quinta-feira, 22 de outubro de 2026

Anacronismos woke en «Desgracia», de J.M. Coetzee

 

Marcha de las Mujeres, Pretoria, 1956. 

Escrito por Laura Pavón 

Antes de llegar a nuestro presente como un arma arrojadiza, la palabra woke nació dentro de la comunidad afroamericana para referirse a la toma de conciencia frente al racismo. Mantenerse alerta ante la supremacía blanca era lo que quería decir stay woke. Su rastro se remonta, al menos, a principios del siglo XX, cuando la invitación a despertar aparece en el ensayo Wake Up, Ethiopia! Wake Up, Africa! (1923) del líder panafricanista Marcus Garvey. Más tarde, el músico de blues Lead Belly emplea esa metáfora como adjetivo, woke, al incluir unas palabras después de su canción protesta, Scottsboro Boys (1938): «I advise everybody, be a little careful when they go along through there, best stay woke, keep their eyes open». Ya en los sesenta, en plena efervescencia de la lucha civil, el novelista William Melvin Kelley escribe para The New York Times un artículo titulado «If You Are Woke, You Dig It», en el que abordaba con ironía la apropiación de este modismo por parte de la comunidad blanca. Esa fue la primera vez que la palabra apareció impresa en un medio de comunicación. 

En su uso contemporáneo, el concepto parece haber cambiado. No solo de dueños, sino también de significado. Figuras conservadoras de la política estadounidense, como el presidente Donald Trump y su secretario de Guerra, Pete Hegseth, lo utilizan para desacreditar las agendas progresistas, las políticas de diversidad y las iniciativas de género, todas por igual. Es evidente que esta contradicción, entre su génesis en la resistencia ante la violencia racial y el uso que hoy estigmatiza políticamente esa misma resistencia, trasciende el marco de Estados Unidos y se proyecta a nivel global. Vale la pena preguntarse hasta qué punto han quedado difuminados los orígenes históricos de la palabra y en qué medida la lucha por los derechos civiles sigue siendo el frente de la batalla de ideas. 

Para empezar a responder esas preguntas e integrar los distintos periodos históricos del término, y tratando de contrarrestar su uso superfluo y desinformado, propongo leer Desgracia (1999), una de las novelas más aclamadas de J.M. Coetzee, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2003. La novela está ambientada en la década de los noventa, en los años inmediatamente posteriores al apartheid de Sudáfrica. A pesar de ser muy anterior al fenómeno, el libro habla precisamente de todos los temas que tocan al universo woke actual. Por un lado, se ocupa de la cancelación que sucede tras una denuncia por violencia sexual. Por el otro, narra el impacto social de la segregación racial que sigue latente en la nueva Sudáfrica, donde transcurre esta historia. David Lurie, personaje principal y centro de una narración que sigue su trayectoria, cuestiona la toma de posiciones en torno a la violencia racial y de género, al tiempo que las señala y se hace cargo de todo el peso de su historia. 

La trama gira en torno a la caída en desgracia del protagonista, un profesor universitario de 52 años, experto en poesía romántica inglesa, al que denuncia una de sus alumnas por acoso sexual. Tras ser objeto de oprobio colectivo, decide buscar refugio en el Cabo Oriental, lejos de la ciudad, donde vive su única hija. La historia de Lurie condensa la inestabilidad y efervescencia de un país en transición, donde tanto lo nuevo como los restos de la vieja Sudáfrica conviven sin terminar de separarse. Desde su blanquitud y su privilegio, Lurie encarna los remanentes del antiguo sistema, al tiempo que evidencia una consciencia de su propia caducidad. Por su parte, la hija, Lucy, representa a la siguiente generación, mucho más woke que la del padre: es queer y ha decidido alejarse de su condición burguesa para dedicarse a la vida del campo. Su historia se entrelaza con la de Lurie en la segunda parte del libro y, como veremos, tampoco queda indemne ante las secuelas de los hechos sangrientos que forjaron el presente del país. 

Cuando es señalado, Lurie acepta su castigo, que consiste en la pérdida del empleo y el rechazo de sus pares. En esta aceptación no hay contrición ni complacencia. Se niega a pedir perdón. Es inevitable establecer un paralelismo entre su vida y lo que enseña en clase. Antes de verse obligado a dejar la academia, las últimas clases que imparte se centran en el arquetipo de Lucifer. En cómo el ángel caído de Byron es expulsado del paraíso por su soberbia, por ser un rebelde que se niega a doblegarse. Lurie, igual que el ángel caído, no se arrepiente ni cede ante las expectativas sociales. Antes de su propia caída en desgracia, la narración retrata así a sus estudiantes: «Con las cabezas gachas, todos toman notas de sus palabras. Byron, Lucifer, Caín: para ellos, todo viene a ser lo mismo».   

La relación que mantiene con su alumna no está tamizada por el romanticismo. Aunque Lurie explica lo que siente con tópicos literarios, y alega que el fuego de una pasión desmedida lo posee de forma inescapable, la crudeza de los hechos contradice sus conocimientos académicos de la literatura romántica. Además de obtener irregularmente el teléfono y dirección de la estudiante (de la base de datos de la universidad) e intentar emborracharla, Lurie la coacciona diciéndole que ella tiene «el deber de compartir su belleza». 

El primer encuentro entre ellos, aunque no se nombre como tal, es una violación: «Los miembros de ella quedan inertes, como los de una marioneta», y «lo único que hace es rehuirlo: aparta los labios, aparta los ojos». Más adelante, cuando la violencia sexual recaiga sobre la hija de Lurie, la novela procederá de otro modo: el acto se nombra, pero no se narra. Quizá el contraste sugiera que Lurie, limitado por su generación y por su época, aún no alcanza a ver que está ejerciendo una forma de violencia sexual, aunque sí será perfectamente capaz de reconocerla y nombrarla cuando la sufre su hija. 

Cuando sobreviene la denuncia pública, Lurie se topa con manifestaciones en el campus, lideradas por una «campaña de sensibilización popular contra las violaciones», y con una serie de panfletos cuyos mensajes glosa con sarcasmo: «Se acabó lo que se daba, Casanova». Algunos compañeros muestran empatía: le dicen que «estas cosas pueden ser un infierno» y comentan que «no hay compasión para nadie en estos tiempos que corren». La mayoría le dan la espalda. Ha perdido la gracia divina, y ahora habita el significado literal etimológico de la desgracia. Como decía, cuando la universidad lo somete a un juicio interno, él no trata de defenderse, pero tampoco se muestra arrepentido: acepta todos los cargos y suscribe la declaración de Melanie, su estudiante, sin leerla. Comenta, al respecto, que quienes lo juzgan «se apiñan a su alrededor como los cazadores que han acorralado a una extraña bestia y no saben cómo rematarla». 

Cuando, en pleno apogeo del escándalo, se reúne para cenar con su segunda exesposa, Rosalind, tiene lugar una conversación reveladora en la que ella, que reconoce que este es un final «infame» para su carrera, arremete contra la chica en cuestión y él trata de defenderla. Lurie le pide que no le eche la culpa y Rosalind lo cuestiona: «¿Pero tú de qué lado estás? Pues claro que le echo la culpa, te culpo a ti y la culpo a ella. Todo esto es una desgracia de principio a fin». La idea de la culpa compartida se entrelaza con la imagen de la desgracia que cae como un manto sobre los dos, víctima o verdugo, por igual. 

Como ocurre con la palabra woke, el neologismo «cancelación» también surgió en las comunidades racializadas, como parte del fenómeno de microblogging conocido como Black Twitter. En ese contexto, ser cancelado aludía a la censura y al silenciamiento a la hora de exigir justicia como víctima de discriminación. No obstante, también la cancelación termina en boca de políticos y famosos que, en la era pos-MeToo, hablan de ser silenciados desde la posición contraria, haciendo referencia a la pérdida de su poder y capital simbólico. Cuando Lurie es cancelado, tras el juicio interno de la universidad, la historia pega un giro. Lurie no solo abandona el espacio de poder simbólico sino que decide irse de la ciudad, a la zona del Cabo Oriental, donde vive su hija Lucy. Como decíamos, la novela está ambientada en los años inmediatamente posteriores a las primeras elecciones multirraciales y la victoria de Nelson Mandela en 1994. Lucy, cuyo nombre también comparte etimología con el de Lucifer, es una chica blanca que vive de forma alternativa en una granja. En sintonía con la idea anterior acerca de la culpa compartida, sobre ella también caerá la desgracia. 

Lucy intenta hablar con su padre sobre lo ocurrido en la universidad: «Aunque seas lo que dices ser, un dinosaurio moral, siempre habrá cierta curiosidad por oír lo que tenga que decir el dinosaurio (…) ¿cuál es tu defensa?». Lurie nunca llega a articularla. Es ella quien ofrece la imagen del chivo expiatorio: su expulsión deja a salvo a sus colegas, que ahora que está lejos «pueden respirar tranquilos». Hoy reconoceríamos esta imagen en los debates sobre la llamada cultura de la cancelación. Aquí aparece dos décadas antes de que existiera la etiqueta. Pero el libro no la acepta sin más: Lurie se pregunta «¿cree de veras que no es sino un chivo expiatorio?». Algo parecido ocurre cuando Isaacs, el padre de la alumna en cuestión, comenta «hay que ver cómo caen los poderosos». Lurie admite que se ha producido una caída, pero cuestiona la parte del poder y se ve más bien como «una figura oscura que va oscureciéndose cada vez más. Una figura extraída de los márgenes de la historia». 

Cuando tres hombres atacan la granja, agreden sexualmente a Lucy y tratan de prenderle fuego a Lurie, la narración se refiere a lo que le ha ocurrido a la hija con la misma palabra que había servido para el padre: es «su desgracia». En español, la palabra conserva el eco teológico de la gracia perdida y designa tanto a quien cae por abusar de su poder como a quien cae víctima de la violencia de otros. Lucy se niega a denunciar lo sucedido y no quiere ni salir a la calle. Su padre lo interpreta así: «es por la desgracia. Es por la vergüenza. Eso es lo que han conseguido los visitantes. Eso es lo que le han hecho a esta mujer tan segura de sí, tan moderna, tan joven. Como una mancha, la historia se extiende por toda la provincia». 

Entre la historia de Lucy y la de Melanie hay un paralelismo inevitable. Mientras que Lurie se niega a ofrecer la contrición pública que le exige la universidad, Lucy parece aceptar la deuda histórica que tienen escrita en la piel su padre y ella, y todos los que alguna vez se beneficiaron del apartheid. De algún modo, ella acepta la culpa por él. El mismo Lurie le pregunta: «¿esperas expiar los pecados del pasado mediante tu sufrimiento en el presente?», y ella responde cosas como: «¿y si fuera el precio que hay que pagar por quedarse?»; «estoy en su territorio»; «ellos me ven como si yo les debiera algo». Tampoco coinciden en su interpretación de este estallido de violencia. Lucy se pregunta «¿por qué me odiaban tanto?», y está convencida de que fue algo personal. Lurie, en cambio, lo tiene claro: «fue la historia lo que habló a través de ellos», «una historia llena de errores»; «tal vez te pareciera algo personal, pero no lo fue. Fue algo heredado de sus ancestros». La novela, a diferencia de Lucy, no exculpa a los atacantes ni permite que la agresión se convierta en una lección sobre la Sudáfrica posterior al apartheid, aunque plantea la posibilidad. En este sentido, Desgracia logra el difícil equilibrio de oscilar entre la responsabilidad individual y la herencia colectiva sin resolver la tensión. 

Leer Desgracia a través los distintos significados de lo woke no consiste en pedirle a Coetzee un veredicto, ni a favor ni en contra. La novela se publicó veinte años antes de que la palabra se convirtiera en insulto, pero contiene, sin embargo, los dos sentidos que hoy se disputan. Por un lado están el tribunal universitario, los panfletos y la sed de expiación, que es lo que los detractores del término caricaturizan. Por otro, está el significado original, el de Garvey o Lead Belly, el de estar despierto ante una violencia que tiene historia y que sigue ahí. Ese significado irrumpe en la granja de Lucy. Coetzee no elige entre los dos, y quizá nosotros tampoco debamos hacerlo. Frente a la polarización, la novela habita las zonas grises, y lo que pide es seguir despiertos, sobre todo, ante la falibilidad de nuestras propias certezas.

Laura Pavón Aramburú es profesora de literatura y cultura en la Washington and Lee University de Virginia. Licenciada en Filología Hispánica por la UCM, obtuvo su doctorado en el Graduate Center de la City University of New York. 


Desgracia

J.M. Coetzee

Random House, Barcelona, 2022

Traducción de Miguel Martínez-Lage 

[Imagen: South African History Online - fuente: www.revistadelibros.com]

Mircea Cărtărescu: «La realitat és allò que ens fa mal, que ens espanta i ens fa moure, allò que ens eleva i ens ensorra»

El reconegut escriptor romanès va confessar admiració per Salvador Dalí a qui va descriure com un "artista extraordinari", durant una xerrada a Figueres 

La directora dels Museus Dalí, Montse Aguer, conversant amb l'escriptor Mircea Cărtărescu i el seu intèrpret Xavier Montoliu.

Escrit per Cristina Vilà Bartis

Mircea Cărtărescu (Bucarest, 1956) està considerat un dels escriptors romanesos contemporanis amb més projecció internacional. La seva monumental obra, complexa, onírica i d'una gran exuberància verbal, ha estat traduïda a vint-i-vuit llengües, entre aquestes, el català. Guanyador, entre altres, dels premis Thomas Mann i Formentor (2018) i nominat al Booker 2025 per Solenoide, sovint ha aparegut dins les travesses del Premi Nobel de Literatura. És potser per això que la directora dels Museus Dalí, Montse Aguer, va descriure com "molt especial" la presència de Cărtărescu a Figueres, dimecres passat, coincidint amb la publicació en català del seu últim llibre, Travesti (Lleonard Muntaner). També ho sentia així el públic que, expectant, s'havia aplegat per escoltar-lo sota la cúpula geodèsica del Teatre-Museu Dalí, que Cărtărescu no va dubtar a descriure com "el crani del pintor, el seu tercer ull que li servia d'inspiració divina". Tot el que va venir després, gairebé una hora i mitja de monòleg transmès al detall per Xavier Montoliu, traductor oficial i amic personal de l'autor, va ser com un somni, un viatge des del realisme pur fins a l'onirisme més surrealista. Al llarg d'aquella estona, els assistents van copsar la dimensió de Cărtărescu, un home que es va confessar "obsessionat per la ciència" i per totes les branques del coneixement que, segons ell, "és unitari".  

Mircea Cărtărescu va declarar que trobar-se en aquell espai, amb la làpida del pintor figuerenc a tocar, era, per a ell, un "regal extraordinari. Mai he parlat en un espai tan grandiós com aquest, que intimida en ell mateix, però espero que ens enlairi i que ens produeixi aquella levitació daliniana que apareix a les seves pintures". Cărtărescu va admetre haver percebut sempre "en la levitació el poder de l'art". Potser per aquest motiu, l'art és molt present en els seus llibres. "Des que vaig començar a escriure vaig intentar incorporar la imatge pictòrica. Visc en cadascuna de les pintures que estimo i tot el que escric és ple de pintura. En totes les pàgines dels meus llibres hi ha rastres de tots i cadascun dels pintors que, per a mi, han significat alguna cosa", va confirmar.  

L'escriptor romanès amb Montse Aguer, davant el teló 'El laberint', sota la cúpula daliniana, dimecres passat.

Així, Cărtărescu va repassar, generosament, alguns dels creadors que el lector pot resseguir entre les línies dels seus llibres. És el cas de la seva última novel·la, Theodoros (Edicions del Periscopi), on apareix, en alguns passatges, la descripció de La batalla d'Anghiari, de Leonardo da Vinci. Malgrat tot, l'autor va reconèixer que, de tots els corrents literaris i pictòrics, el que més li cridava l'atenció era el surrealisme. "En els meus últims llibres hi ha una ombra molt més latent i present, que és lluminosa, com a les pintures de De Chirico; la plasmació de la llum a la pintura és una contradicció en el moviment de la vida", va afirmar, tot assegurant que, com Baudelaire, odiava "el moviment perquè la imatge queda sacsejada". Així, confirmà, totes les pàgines dels seus llibres "intenten presentar un món aturat en aquest moment de llum". Un altre exemple és la seva llarga trilogia Encegador, publicada entre 1996 i 2007, que gira entorn d'un pintor "que estimo d'una manera excepcional perquè és un dels pintors més enigmàtics del món". Es tracta de Desiderio Monsú, pseudònim rere el qual s'amaguen dos pintors: François de Nomé i Didier Barra, que "pintaven d'una manera que ningú ho havia fet abans i no hi ha cap altre pintor que hagi utilitzat la seva tècnica". Tots dos pintaven "palaus que no existien, que només veiem als somnis, carregats d'estàtues que fan gestos desesperats".     

De la inquietud de Magritte a la felicitat de Dalí  

Amb el pas del temps, l'interès de l'escriptor romanès va evolucionar i va enfocar la mirada en els poetes de la modernitat, "dialogant amb els grans pintors surrealistes: René Magritte, Paul Delvaux i, especialment, Salvador Dalí". Mircea Cărtărescu va aventurar-se a definir el concepte de surrealisme com "el moviment que no creu en el realisme, que levita a l'aire, és la poesia personificada". Segons ell, "la pintura surrealista és com les taques que hi ha dins d'una tassa de cafè quan ens l'hem begut i amb les quals endevinem el nostre futur, els nostres trets interiors i la pròpia vida". Aleshores Cărtărescu va aproximar-se als tres artistes esmentats. D'entrada, va definir els quadres de Magritte com "esquelets de pintura, jocs lògics, especulacions de la ment" que li generaven "inquietud, a diferència de Dalí, que em fa feliç".  

L'escriptor signant exemplars dels seus llibres.

Aquest vincle de l'escriptor amb el pintor figuerenc és profund i s'ha traduït en la recent publicació d'un fragment d'un relat seu del recull Melancolia en el primer número del Dalí News i en la reproducció de l'obra Pell de gallina inaugural (1928), de Dalí, a la coberta de la seva novel·la Travesti. Cărtărescu va explicar que, després de passejar-se pel Teatre-Museu, va veure clara l'evolució viscuda "des dels 17 anys fins que va esdevenir Dalí". Si, segons ell, Kafka va esdevenir artista en una sola nit, aquella en què va escriure El veredicte, "Dalí als 17 anys ja era extraordinari; no existeix cap altre artista, potser llevat de Leonardo, amb una destresa tan curosa, tan precisa, a la seva edat, però encara no era Dalí. Imitava Picasso millor que Picasso mateix; era més cubista que Juan Gris i els humiliava, d'alguna manera. No havia trobat el camí". El va trobar, segons ell, justament amb Pell de gallina inaugural, esdevenint "un pintor incomprensible, en el millor sentit de la paraula, un pintor que pinta per mitjà de la lògica del somni i que necessita les maniobres de Freud per arribar a fer-se'l seu". Cărtărescu va recordar que els somnis, "aquesta activitat nocturna de la ment", havien interessat els filòsofs de l'antiguitat, però que durant segles havien estat oblidats fins que van ser redescoberts pel romanticisme alemany, que els va reinventar "i els van dur al centre de la seva vida espiritual per transmetre'ls amb els surrealistes".     

L'essència de la meva modesta escriptura és onírica; no crec en la realitat. La realitat és també un somni"   

"Considero Dalí més aviat un oníric que un surrealista ortodox i per aquest motiu no era acceptat per la internacional del surrealisme perquè no se sotmetia als dogmes d'André Breton. Era un pintor massa gran per sotmetre's a un dogma. Cada pintura de Dalí es troba sota el signe del somni". Per a l'escriptor, els somnis de Dalí estan plens de significats i "cada pintura és com un somni enviat pels déus". Així, segons ell, "els déus van enviar primer de tot el somni a l'artista i Dalí ens l'ha enviat a nosaltres". L'escriptor va reconèixer que, al llarg de la seva trajectòria, tot això el va influir profundament. "L'essència de la meva modesta escriptura és onírica, no m'interessa el realisme, no hi crec. La realitat és també un somni", va concloure. Segons ell, el realisme en l'art no té sentit i, així, cada llibre és ficció. "Tots els escriptors escriuen literatura fantàstica, no realista, sinó surrealista, subrealista, metarealista", va admetre Cărtărescu, per a qui "la realitat és allò que ens fa mal, ens espanta i ens fa moure, allò que ens eleva i ens ensorra". Segons ell, "algunes vegades passa que no sabem si vivim dins del somni o si estem tenint una experiència real i ens provoquem dolor per despertar-nos". Així, "la realitat és un somni, però les guerres, tot el que ens fa patir, és real".  

El Bucarest de Cărtărescu: la construcció d'un arquetip   

Preguntat pels seus llibres i el seu procés de creació, Mircea Cărtărescu va assegurar que el Bucarest que hi apareix reiteradament no és el Bucarest real "sinó el meu Bucarest, una ciutat on vaig néixer però que vaig inventant llibre rere llibre". Per a ell, "cada ciutat és una figura d'estil; als pintors i escriptors no els interessa descriure sinó inventar segons les seves necessitats". En el seu cas, li va servir per fugir "de la ciutat en runes on vivíem, on vam passar fred, fam i por". Per compensar, la ciutat dels seus llibres "estava separada d'aquesta realitat tan dura". L'escriptor romanès va reconèixer sentir amor-odi per Bucarest, que ja no apareix en els seus últims llibres: "M'estimo molt Bucarest perquè és la ciutat on vaig néixer i conec cadascun dels seus racons, és una ciutat màgica, però al mateix temps odio la ciutat real, confusa, caòtica, no sempre gaire neta, on malauradament és difícil de viure". Malgrat tot, l'escriptor va defensar que tots "hem d'assumir la ciutat on vivim i si podem fer alguna cosa per ella, intentem-ho". La seva aportació ha estat intentar convertir Bucarest en un arquetip.   

D'altra banda, Mircea Cărtărescu va aprofitar l'acte per donar alguns detalls sobre el seu últim llibre, Travesti, i la figura de l'androgin tot defensant que "tots hauríem de ser-ho per poder llegir i endevinar el destí". Una teoria seva és que "alguns de nosaltres ho som; l'èsser humà no és ni home ni dona, té aquests dues vessants que defineixen l'èsser humà en la seva totalitat". Així, Travesti "mostra metafòricament l'estranyesa més fascinant de l'èsser humà, l'edat més fascinant, l'adolescència". L'escriptor no va dubtar a assegurar que "tots els adolescents són artistes" i va lamentar que "ningú s'ocupa d'ell, és com una ferida viva, un ésser inquietant i confús que defineix la sensibilitat de l'artista". Tenint en compte que "la revolta és l'estat natural de l'adolescència, Salvador Dalí és l'èsser revoltat per excel·lència" i això li va permetre perdonar-li "les seves comicitats, excentricitats i estupideses polítiques perquè ell ja no va crèixer a partir dels 17 anys, va ser un adolescent vell amb uns bigotis molt grans".     

"Ens estan robant l'empatia"     

Al final de l'acte, l'escriptor va ser molt contundent quan se li va demanar la seva opinió sobre la intel·ligència artificial i el sentit de l'art en l'època contemporània. Va parlar de com "la gent dolenta ens està robant l'empatia" i va esmentar Elon Musk i les seves afirmacions sobre la manca de necessitat d'ètica i d'empatia perquè són signes de feblesa. L'escriptor va rescatar el pensament de la filòsofa Hannah Arendt, que definia la humanitat a través de l'empatia. "Avui assistim a un assalt a la condició humana, hi ha un acceleracionisme promogut per la gent del món de la tecnologia que el controla econòmicament i que, en el fons, és una mena de feixisme". Per a Mircea Cărtărescu, l'art "sempre ha anat en contra de la deshumanització, és essencial en la salut mental de la humanitat en una època de bogeria". L'escriptor va afirmar que, respecte a la IA, vivim "un perill suprem perquè la IA no és una eina com una altra" i va posar en evidència que "el veritable perill és el seu ús militar perquè aquesta pot prendre decisions per si mateixa". En el camp de l'art, la IA suposa "una temptació" per als creadors. De fet, ja han sorgit escàndols literaris. "És una realitat trista", va assegurar, tot reclamant que "la IA marxi del camp de l'art, no hi té res a fer".    

La presència del reconegut escriptor a Figueres es va allargar l'endemà quan va visitar la casa natal de Salvador Dalí acompanyat per la historiadora de l'art i regidora de Cultura de l'Ajuntament de Figueres, Mariona Seguranyes, i la biblioteca Carles Fages de Climent on va copsar, de primera mà, com la seva obra és llegida amb entusiasme.

 

[Fotos: Jordi Blanco - font: www.emporda.info]


Fundéu: segunda vuelta de las elecciones en Brasil, claves de redacción

Con motivo de la segunda vuelta de las elecciones en Brasil, que se celebra el domingo 25 de octubre, se ofrecen algunas claves lingüísticas para la redacción de las noticias relacionadas.

1. Brasil o el Brasil, pero no (el) Brazil

Es válido mencionar este país americano con o sin artículo (el Brasil / Brasil), aunque habitualmente se prescinde de él, pero no lo es usar la forma inglesa Brazil, como recuerda el Diccionario panhispánico de dudas.

Los gentilicios adecuados en español son brasileño o brasilero, y no el portugués brasileiro.

2. Balotaje, adaptación de ballottage

Para referirse a la segunda vuelta electoral puede emplearse el sustantivo balotaje, adaptación del galicismo ballottage, pero no los híbridos ballotaje ni balottage. Se pronuncia tal y como se escribe.

3. Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, grafía

En la actualidad se prefiere mantener la grafía original de los antropónimos extranjeros, tal y como explica la Ortografía de la lengua española, por lo que, en el caso de los dos candidatos a la presidencia, lo aconsejable sería escribir Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro.

En lo que respecta al actual presidente brasileño, cabe añadir que incorporó legalmente el apodo Lula a su nombre, y este no requiere ningún resalte. Si se le menciona solo con Da Silva, la preposición se escribe con mayúscula, pero va con minúscula si la precede algún otro componente (Lula da Silva).

4. El presidente del Estado y los gobernadores de los estados, mayúsculas y minúsculas

En referencia a un país soberano, la palabra estado se escribe con mayúscula, pero lo adecuado es la minúscula en alusión a los territorios que lo componen: «Además del presidente, 7 de los 27 estados definirán a su gobernador en la segunda vuelta». Se recuerda que los cargos, sean del rango que sean, se escriben con minúscula.

5. El Partido de los Trabajadores o el Partido dos Trabalhadores

Cuando tienen traducción directa en español, lo más común es traducir las denominaciones de los partidos políticos, aunque no resulta censurable el uso de los nombres originales: Partido de los Trabajadores / Partido dos Trabalhadores. También hay que tener en cuenta que, según señala la Ortografía de la lengua española, se escriben con mayúscula inicial las palabras significativas, no los elementos que no tengan una carga semántica relevante, entre los que están los artículos, las preposiciones, etc.

6. La fórmula, el tándem o el binomio, pero no el ticket electoral

Se desaconseja el uso de ticket con el sentido de ‘lista de candidatos para unas elecciones’, de acuerdo con el Diccionario panhispánico de dudas. En su lugar puede emplearse fórmula, palabra recogida con ese significado en el Diccionario de americanismos, entre otras opciones. Por otra parte, al elegirse en esta segunda vuelta de los comicios brasileños al presidente y al vicepresidente del país, también se puede hablar de tándem o binomio presidencial para referirse a su candidatura común.

7. Reelegir y reelección, escritura adecuada

El Diccionario de la lengua española recoge el verbo reelegir, con dos es (así como reelección, reelecto, etc.). Según el Diccionario panhispánico de dudas, aunque es infrecuente, también es posible la simplificación de vocales en este caso: relegir, relección…

Por último, si se menciona el dato de que Lula da Silva aspira con esta votación a su cuarto mandato como presidente, no resulta necesario duplicar el prefijo re- (rerreelegir o rerreelección), puesto que reelegir es ‘volver a elegir’ y no se limita, por tanto, a la segunda vez que alguien es elegido, sino que se extiende a las siguientes.

 

[Foto: © Unsplash / Igor Constantino - fuente: www.fundeu.es]

quarta-feira, 21 de outubro de 2026

Brasil: onda vermelha disputa a virada

São milhões que estão conversando nas suas famílias, nos locais de trabalho, de moradia, nos transportes públicos. Essa força político-social é o maior trunfo da campanha Lula nestes próximos dias. 

Presidente Lula durante evento aberto à população no interior do Nordeste

Escrito por Valério Arcary 

Quem faz o seu destino são as suas escolhas, não as suas chances
Provérbio popular português

1. A história nos ensina que, diante de situações perigosas, acontecem fenômenos surpreendentes e extraordinários. Uma imensa parcela da sociedade que estava, até então, politicamente inativa, diante de uma ameaça terrível, coloca-se em movimento e faz a diferença. Foi assim no Fora Collor em 1992, e agora, também. A vitória da extrema direita nas eleições para governadores, Câmara de Deputados e Senado, associada à passagem de Flávio Bolsonaro (PL) em primeiro lugar para o segundo turno, foi o gatilho. Despertou, nas últimas duas semanas, uma gigantesca mobilização de massas, nas ruas e nas redes. A contra-ofensiva da “onda vermelha” veio de “baixo para cima” em modo de auto-organização diante da ameaça de vitória do bolsonarismo. Um “grande medo” está incendiando a disposição de luta na hora decisiva das eleições. O segundo turno está sendo disputado “a quente” e estamos diante de um empate técnico em que a diferença está diminuindo. Já são milhões que se levantaram. Só isso pode explicar as desconcertantes pesquisas que confirmaram que os nove milhões de votos que foram entregues aos outros candidatos de direita — Cury, Caiado, Renan e Zema — não asseguraram uma vantagem clara do bolsonarismo. O engajamento de massas colocou os neofascistas na defensiva. A esquerda conquistou hegemonia nas ruas e superioridade nas redes. Era imprevisível. Mas está sendo arrebatador e magnífico.

2. Manifestações ininterruptas em todo o país, após a colossal ocupação da avenida Paulista em 11 de outubro, de Recife a Porto Alegre, passando por Salvador e Brasília, culminando na praia de Copacabana no domingo, 18 de outubro, e  estendendo-se pelas cidades médias do interior, como Juiz de Fora e Campinas, e outras muito menores, ganharam dimensões assombrosas e sustentaram o crescimento de Lula nas pesquisas, associadas a uma atividade febril nas redes sociais. São pelo menos dois os fatores que incidiram na consciência da base social da esquerda e ajudam a compreender essa “explosão”: (a) o papel dos estudantes foi a centelha que incendiou as ruas, imediatamente depois do 4 de outubro, alimentando a esperança de que uma virada seria possível, porque os mais jovens “caminham mais leves”; (b) a percepção de que o bolsonarismo não pode ser subestimado e deve ser levado muito a sério, portanto, de que a revisão constitucional anunciada será a antessala de um regime autoritário, e de que a recolonização do Brasil pelos EUA é um perigo “real e imediato”.

3. A dúvida sobre o desfecho das eleições mantém-se, porque ainda não aconteceu uma virada. A análise não pode ser torcida. Uma virada poderá ou não vir, mas, mesmo que a probabilidade seja arriscada, há que lutar até o fim. Esse deve ser o papel do comando da campanha e de todos aqueles que compreendem a máxima gravidade do que está em disputa. As margens são tão estreitas — inferiores a 2% — que não há favoritismo de ninguém, e a possibilidade da vitória de Lula está colocada. O que ainda prevalece, cinco dias antes das eleições, é um desenlace indefinido. Os erros da imensa maioria das pesquisas na véspera do primeiro turno, subestimando a votação de Flávio Bolsonaro, confirmaram que os institutos têm dificuldades metodológicas em aferir os resultados da votação da extrema direita, por variados fatores, dos quais três se destacam: (a) dados desatualizados do IBGE que oferecem as métricas do modelo; (b) a desconfiança da base bolsonarista de responder às pesquisas; (c) a definição de voto no próprio dia. Mas esta incerteza não autoriza qualquer conclusão sobre uma inevitável, menos ainda invencível “avalanche” fascistoide.

4. Nada está garantido, e não nos podemos deixar enganar pelo desejo, mas uma análise lúcida exige destacar cinco evoluções positivas do momento da conjuntura: (a) as entrevistas no Jornal Nacional da TV Globo parecem ter favorecido o desempenho de Lula porque nas pesquisas feitas no dias posteriores a vantagem do filho de Bolsonaro diminuiu; (b) apesar do comício na Paulista do bolsonarismo de domingo 18 de outubro ter sido muito grande, foi menor do que o de apoio a Lula uma semana antes, e a campanha Lula está na ofensiva na mobilização permanente de rua em escala nacional, com uma ampla vanguarda de massas expondo, publicamente, sua adesão, em especial dos artistas populares; (c) o ativismo de apoio a Lula nas redes sociais, ao contrário das eleições, desde 2018, deu um salto de qualidade com o rejuvenescimento e irreverência das novas lideranças, e conquistou supremacia; (d) a vitória histórica do fim da escala 6×1 e uma linha de campanha orientada para expansão de reformas — proibição das apostas nas Bets, anistia e créditos para MEI’s endividados, passe livre nos fins de semana, pé de meia para universitários — e o giro teve um impacto real nas expectativas, inflamando um entusiasmo que não existiu antes do primeiro turno; (e) apesar do debate na Band ter sido um espetáculo desprezível de horror pelo papel provocador de Flávio, orientado pelos métodos de Pablo Marçal, Lula demonstrou que, aos 80 anos, com altos e baixos, ainda está em forma, com a audácia de desafiar a abertura dos sigilos bancário e telefônico. Mais importante, a campanha ganhou a disputa de narrativa nas redes sociais.    

5. Ninguém ignora que o país está, politicamente, fraturado, e a influência das duas correntes que disputam a presidência está consolidada. Mas não está congelada e, nas margens, ocorreram deslocamentos. O núcleo duro de apoio da extrema direita repousa na fração mais reacionária da classe dominante, na classe média acomodada, na proto pequena-burguesia de vinte milhões de “empreendedores”, em sua maioria na informalidade, nos rancores de negacionistas e nos ressentimentos do machismo, racismo e homofobia. O núcleo duro da campanha Lula repousa na metade mais pobre do povo, nas mulheres e negros, nos nordestinos e LGBT+, nos setores mais organizados da classe trabalhadora, que arrastam a maioria do mundo da ciência, arte e cultura. Todos os dados disponíveis indicam que a eleição será decidida por uma margem ínfima. Qual será o impacto eleitoral daqueles que estiveram nas ruas e nas redes nos últimos 20 dias? Em que escala a “onda vermelha” pode incidir sobre os indecisos? Em que medida a intensa “convulsão” em curso poderá estimular eleitores de Lula que não foram votar? São milhões que estão conversando nas suas famílias, nos locais de trabalho, de moradia e nos transportes públicos. Essa força político-social é o maior trunfo da campanha Lula nestes próximos cinco dias. As reservas da ultradireita, comparativamente, são mais invisíveis e silenciosas, mas não menos poderosas: os fascistas contam com a força de suas posições em milhares de prefeituras, a disciplina do desespero do “clientelismo”, a audiência das igrejas neopentecostais, a força do dinheiro no Brasil profundo e, não menos importante, a manipulação das redes, como a Meta, protegidas pela interferência descarada do governo Trump. Nesse contexto, o debate na Globo, a disputa de narrativas nas redes sociais na sequência e a mobilização de sábado serão o desafio final. São cinco dias que decidirão nosso destino. 

[Foto: Ricardo Stuckert/Presidência da República - fonte: www.esquerda.net]

 

Valentín García Gómez: «Comunicar en galego ofrece posibilidades, confianza e identidade, factores difíciles de atopar nas linguas maioritarias»

Entre o 14 e o 19 de outubro a Asociación de Medios en Galego (AMEGA) celebrou as xornadas ‘Os medios galegos do futuro comezan nas aulas’ nas tres universidades de galegas. O ciclo contou co patrocinio da Secretaría Xeral de Medios. Falamos con Valentín García Gómez, secretario xeral da lingua, quen fai balance destas xornadas e explica porque é importante achegarlle ao estudantado os retos dos medios en galego. 

Valentín García Gómez

Escrito por Tamara Novoa

—Como encaixan estas xornadas no traballo que se está a facer para reforzar o uso do galego no ámbito da comunicación?

A divulgación permite achegar coñecemento fundamentalmente a persoas que están en período de formación e que moi pronto serán profesionais da comunicación. Primeiro, sobre os medios galegos que existen, porque unha das cousas que sorprende é o seu número; e, despois, sobre as posibilidades, fortalezas e tamén debilidades que presenta todo o sistema comunicativo galego. Todo isto está marcado polo ámbito da comunicación tal e como aparece no Plan Xeral de Normalización Lingüística. Trátase de incidir no sector o antes posible, desde o propio momento da formación, e de conseguir que o galego estea presente entre as persoas que estudan nas facultades de Ciencias da Comunicación.

—Que papel ten o estudantado na renovación dos medios de comunicación e da propia lingua galega?

Moitísimo, porque é o futuro da nosa lingua. O estudantado está nunha idade na que se conforman en boa medida a personalidade e a forma de vida para a idade adulta. Desde o punto de vista sociolingüístico, as idades entre os 15 e os 25 anos son moi interesantes porque é cando unha persoa se vai decantando pola lingua que lle gusta usar ou na que se instala no ámbito persoal. No profesional dependerá despois doutros factores, como o medio ou o ámbito no que traballe. Pero a súa actitude será moito máis positiva se esta realidade xa está presente mentres se forma na facultade. 

—E, á inversa, que papel poden ter os medios e os novos formatos dixitais na normalización da lingua e na creación de novos públicos? 

Vivimos nunha sociedade na que a información flúe cada vez en maior cantidade e con máis rapidez, a través de formatos que hai anos nin sequera podiamos imaxinar. A vantaxe para o galego é clara: pode xogar en igualdade de condicións coas grandes linguas do mundo en canto ás posibilidades que ofrecen estes formatos. Outra cousa é a realidade dunha lingua minoritaria, que non alcanza o mesmo volume de información que xeran outras linguas. Ademais, vivimos nunha sociedade cada vez máis global. Antes, no noso caso, accediamos á información fundamentalmente en galego e castelán; agora hai moitas máis linguas actuando no noso hábitat informativo. Todo isto hai que analizalo desde as súas fortalezas e tamén desde as súas debilidades. 

—Como definiría o estado de saúde actual da comunicación en galego?

Creo que estamos nun momento histórico. Nunca houbo tantos medios de comunicación en galego. Falabamos estes días dun reconto duns cincuenta socios de AMEGA e arredor de cen medios máis que están emitindo, escribindo ou traballando en galego todos os días. É unha cifra importante para un país de 2,7 millóns de habitantes. O problema é que faltaría comparalos cos medios que non están en galego, e aí a diferenza seguramente sería enorme. Ao final, o asunto é tamén unha cuestión de opción por parte das persoas que lemos, nos informamos ou falamos.

A lingua é unha opción que, como outras decisións da vida, está condicionada polas circunstancias que nos rodean. Por iso este momento da formación é clave: é cando se conxugan moitos deses valores e circunstancias antes de tomar determinadas opcións. Esa elección será sempre persoal, lexítima e autónoma, pero é importante que a xente vexa que existe a posibilidade de facer comunicación tamén en galego dentro dun sistema informativo que está cambiando a pasos axigantados.

—Cal é hoxe o principal reto ao que se enfronta a lingua galega?

Colocarse nesas grandes canles de comunicación e ocupar ese espazo. É, sobre todo, un reto de conseguir usuarios. Hoxe pódese calcular practicamente todo: o número de usuarios, os likes, as descargas, cantas persoas abren unha noticia ou canto tempo dedican a lela. Todo isto ten unha lectura comercial. Aquilo que resulta útil ou rendible para as empresas de comunicación, públicas ou privadas, tende a medrar. Pola contra, aquilo que non se usa, non se ve, non se le ou non se escoita corre o risco de quedar reducido ao ámbito administrativo, académico ou docente, sen unha plasmación real na sociedade. Por iso creo que o gran reto segue sendo gañar usuarios desde a convicción e explicar a importancia de optar polos medios en galego. Eses medios medrarán na medida en que quen os edita, elabora ou produce vexa que teñen lectores, usuarios ou espectadores e que a información chega ao seu destino final.

—Que lle gustaría que saíse destas xornadas, tanto para o estudantado como para o futuro da comunicación en galego?

Que saíse o xermolo de profesionais en galego ou, cando menos, de profesionais que teñan sempre o galego como unha opción. Que, cando traballen con empresas de comunicación, publicidade ou marketing, vexan o galego como unha posibilidade real. O que me gustaría é que vexan o galego como unha posibilidade de traballo e de incorporación ao mercado laboral. Evidentemente ten algunhas limitacións, pero tamén ofrece posibilidades, confianza e identidade, factores que son moi difíciles de atopar nas linguas maioritarias.

O ciclo ‘Os medios galegos do futuro comezan nas aulas’ conta co patrocinio da Secretaría Xeral de Medios da Xunta de Galicia e coa colaboración da Deputación da Coruña, do Consello da Cultura Galega, da Real Academia Galega, do Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia e das tres universidades galegas.

 

[Foto: Paula Cermeño - fonte: www.nosdiario.gal]

 

Les séries de Monet, méditations sur le temps


Claude Monet, La Cathédrale de Rouen. Le Portail, brouillard matinal, 1894 ; La Cathédrale de Rouen. Le Portail, soleil matinal, 1893 ; La Cathédrale de Rouen, effet de soleil, fin de journée, 1892. Service presse/ Musée d’Orsay. Essen, Museum FolkwangFine Art Images. Bridgeman Images, GrandPalaisRmn/Adrien Didierjean, musée Marmottan-Monet.

Écrit par Bernadette Bensaude-Vincent

Philosophe, Université Paris 1 Panthéon-Sorbonne

Le Musée de l’Orangerie a été créé dans les années 1920 pour accueillir les grands tableaux de nymphéas offerts par Claude Monet à la France en 1918. À l’occasion du centenaire de la mort du peintre, le musée propose une belle sélection d’environ 40 peintures, surtout du dernier Monet.

L’exposition Claude Monet, peindre le temps, jusqu’au 27 janvier 2027, met en relief la peinture en séries à laquelle se consacre Monet au tournant du XXᵉ siècle : les meules de foin, les peupliers au bord de l’Epte, le portail de la cathédrale de Rouen, le Parlement de Londres… et, bien sûr, des nymphéas.

 

Ces séries montrent à l’évidence que la question du temps est au centre de l’œuvre de Monet. Qu’est-ce qui pousse ce peintre déjà reconnu, acclamé, à peindre et à repeindre le même motif, pendant des mois, voire des années ? Quinze tableaux de meules, vingt fois le portail de la cathédrale de Rouen et 250 tableaux de nymphéas !

Monet veut peindre le temps, mais de quels temps parlait-on en son temps ? Et quels temps cherche-t-il à saisir ?

Peindre son temps

La première salle de l’exposition présente Monet en peintre de la modernité avec des locomotives fumantes, la gare Saint-Lazare, des ponts de chemin de fer. Monet peintre de son temps. Rien de très original, à première vue… Oui, mais à l’époque où Monet se lance dans la peinture en séries, le temps ne va pas de soi.

Les grandes séries de Monet n’ont rien à voir avec la production industrielle en série. Elles témoignent plutôt d’une enquête sur le temps.

Claude Monet, Le Pont de l’Europe, gare Saint-Lazare, 1877. Service presse/Musée d’Orsay. Musée Marmottan-Monet

Dans les années 1880-1890, le temps est devenu un problème dont tout le monde parle, un problème social, politique et même scientifique. Comment donner des horaires de train quand chaque ville vit à l’heure locale alignée sur les levers et couchers de soleil ? Pour développer des réseaux de chemin de fer, éviter des collisions, il a fallu renoncer aux heures solaires locales, synchroniser les horloges. La définition d’un standard pour uniformiser les temps locaux fut une entreprise de plusieurs décennies, lourde d’enjeux de pouvoir,
de commerce et de colonialisme.

Une grande conférence à Washington en 1884 réunissant 25 pays instaure un temps universel calculé à partir d’un méridien d’origine, celui de Greenwich. La France, qui militait pour le méridien de Paris, rechigne à s’aligner. Elle instaure en 1891 l’heure de Paris comme heure légale sur l’ensemble du territoire national. Mais le problème de la synchronisation des horloges a conduit des physiciens comme Henri Poincaré et Albert Eistein à s’interroger sur les conditions de la simultanéité de deux événements. D’où sortit la théorie de la relativité restreinte en 1905 et l’idée d’un espace-temps qui bouleverse les cadres de pensée. D’où maints débats entre savants et philosophes, notamment entre Einstein et Bergson, à l’occasion d’une visite d’Einstein à Paris en 1922.

Pendant ces décennies de tapage médiatique sur l’heure et sur le temps, Monet explore ardemment et patiemment ce que le temps fait aux paysages. Ce faisant, il crée un espace-temps, mais pas à la manière more geometrico des physiciens. Ses peintures ne sont pas une traduction de l’espace-temps de la théorie de la relativité. Car Monet ne cherche pas à saisir la réalité sous les apparences. Bien au contraire, il s’attache aux apparences, aux impressions, qui donneront leur nom à la peinture impressionniste. Il cherche à suspendre le temps, à capturer des instants pour explorer les variations, les nuances au fil des heures, des jours, des saisons.

Temps-qui-passe et temps-qu’il-fait

Ce genre de peinture n’a rien à voir cependant avec l’exercice conventionnel de la représentation des travaux et des jours au fil des saisons, ou des mois de l’année.

Monet donne à voir l’œuvre du temps, ou plutôt l’œuvre des temps. Les variations sur un même thème ne relèvent pas que du calendrier ou de l’horloge. En plus du temps bien réglé, prévisible par les lois de la mécanique, Monet fait place au temps des météores, à l’aléatoire : les caprices du vent sur les peupliers, des nuages sur la Tamise ou la pluie à Étretat… Il peint le temps de l’horloge au fil des heures comme le temps des saisons et de la météo. Il peint les glaçons sur la Seine en 1880, la neige en Norvège en 1895, le brouillard sur Rouen ou sur Londres…

Temps-qui-passe et temps-qu’il-fait façonnent des paysages éphémères, fugitifs, mais pas sans la collaboration d’un artisan ou d’un artiste. Monet travaille avec son attirail de peinture, sous le soleil, le vent, la pluie, avec un chapeau sur la tête et une cigarette qui se consume au coin des lèvres, comme le montre une belle vidéo de Sacha Guitry.

Il campe sur place pendant des jours, des mois, avec la patience d’un explorateur ou d’un chasseur aux aguets. Et dans sa quête inlassable des effets de temps, il se sédentarise un peu quand il s’installe à Giverny, dans l’Eure. Il devient alors le designer des paysages qui vont prendre vie sous ses yeux. Il crée un bassin au sud de la maison, plante des nénuphars, puis les regarde pousser, grandir, changer avec le temps et par tous les temps. Il vit dans les paysages changeants qu’il va fixer sur la toile.

Paysages-temps

En capturant des moments d’un monde en perpétuel devenir, Monet invente des paysages-temps. Il ne s’agit pas de scènes pittoresques contemplées par un observateur extérieur.

« Un paysage, pour moi, n’existe point en tant que paysage, écrit Monet, puisque l’aspect en change à chaque moment ; mais il vit par ses alentours, par l’air et la lumière qui changent continuellement. »

 

Le paysage est créé sans cesse par les vibrations de l’air, les jeux d’ombre et de lumière. Il se métamorphose par l’union de l’espace et des temps. Le Parlement de Londres dans le brouillard est autre que le Parlement de Londres sous le soleil ; la pierre pluriséculaire de la cathédrale de Rouen au petit matin est autre que celle du midi ou du soir quand l’ombre monte sur le portail. Les contours du pont japonais s’effacent, les formes se brouillent laissant une ligne courbe sur des masses de couleurs. Et parfois surgissent des formes spectrales à la surface de l’eau dormante des nymphéas comme dans un processus de création continue.

La couleur, cette matière qui joue avec la lumière, tient le premier rôle dans le processus de création des paysages-temps sous les pinceaux de Monet. Ensuite, les paysages façonnés par des temps multiples et par les couleurs vivent leur propre vie. Ils s’entretiennent. Ils s’informent mutuellement, si bien que Monet les garde tous en atelier et les travaille en simultané. Les tableaux de la série des nymphéas font société dans les deux grandes salles ovales du musée où les visiteurs s’immergent dans l’épaisseur de leur conversation silencieuse.

Mais ces paysages-temps saisis dans un monde en devenir, fixés sur la toile, puis soigneusement conservés dans des musées ou des collections particulières peuvent-ils échapper au temps ? La couleur joue toujours avec la lumière, interagit avec la toile, réagit au froid, au chaud, elle est sensible à l’humidité. Les tableaux que nous contemplons dans cette exposition sont-ils les paysages-temps créés par Monet il y a plus de cent ans ? Le bleu des nymphéas est-il celui des originaux ? Et les rouges ont-ils pâli ?

Les paysages-temps de Monet nous invitent à prêter attention à la matérialité du patrimoine artistique et culturel. En un sens, les analyses physico-chimiques menées par les laboratoires de sciences du patrimoine sur certains de ses tableaux (que le Musée d’Orsay présente en ce moment) poursuivent par d’autres voies l’œuvre de Monet : elles mettent en évidence le travail du temps (altérations et craquelures) comme le travail du peintre, ses hésitations, retouches et modifications.

En poussant plus loin l’exploration des paysages-temps de Claude Monet, on peut réfléchir à la mission des conservateurs et des restaurateurs d’œuvres d’art ou de monuments. Rétablir l’original, restaurer l’œuvre dans son authenticité, ne serait-ce pas tenter d’arrêter le devenir et trahir les temps multiples que Monet a voulu peindre ?

 

[Source : www.theconversation.com]