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terça-feira, 6 de outubro de 2026

Diferentes lecturas al abstencionismo récord en las elecciones generales brasileñas

Analistas afirman que el desgaste institucional, el avance de la ultraderecha en el Congreso y los algoritmos explican el abstencionismo. 

Según la analista, Jana Silverman el ausentismo evidencia una acentuada desconexión en sectores jóvenes. 

El reciente proceso electoral en Brasil dejó un registro inédito de ausentismo electoral, donde más de 33 millones de personas optaron por no acudir a las urnas. A pesar de que la legislación brasileña establece el voto como una obligación ciudadana, la cifra superó los niveles históricos de abstención, votos nulos y en blanco. 

Según el análisis de la investigadora en Relaciones Internacionales Jana Silverman y el periodista y analista internacional Beto Almeida, este fenómeno responde a la confluencia de factores climáticos adversos en regiones del sur y sureste del país con causas dinámicas y estructurales del sistema político e institucional.

 

Desgaste político, memoria histórica y despolitización 

Por su parte, Jana Silverman señala que el ausentismo evidencia una acentuada desconexión en sectores jóvenes. 

Tras casi dos décadas de gestiones del Partido de los Trabajadores (PT) en lo que va del siglo XXI, las nuevas generaciones perciben a esta organización como parte del marco institucional tradicional, careciendo de memoria histórica sobre las condiciones socioeconómicas previas a la creación de programas de inclusión como Bolsa Família o la expansión de la universidad pública.

Asimismo, esta falta de referentes históricos debilitó la evaluación del impacto social de la gestión de la pandemia por administraciones pasadas, reduciendo su peso en la decisión del electorado. Por su parte, Beto Almeida enfatiza que la apatía electoral constituye el resultado de una estrategia prolongada orientada a deslegitimar el ejercicio político.

Según el analista, la narrativa que asocia sistemáticamente la gestión pública y la participación partidaria con la corrupción fomenta un entorno de nihilismo, fragmentación social y desencanto. Almeida argumenta además que este escenario revela la carencia histórica de instrumentos dedicados a la educación política y la formación de una conciencia ciudadana crítica por parte de las fuerzas progresistas. 

Balanza en el Congreso y retos de gobernabilidad 

En el ámbito legislativo, los resultados configuraron un avance significativo de los sectores de ultraderecha agrupados en el Partido Liberal (PL), los cuales incrementaron su presencia en la Cámara de Diputados y el Senado. 

Durante el mandato reciente de Luiz Inácio Lula da Silva, la oposición conservadora bloqueó iniciativas orientadas a la restitución de derechos laborales, tales como la reducción de la jornada de trabajo, la regulación del empleo en plataformas digitales y el fortalecimiento de la negociación colectiva. 

Frente a un Poder Legislativo con mayoría adversa, los analistas coinciden en que la gobernabilidad requerirá reorientar la gestión estatal hacia la articulación directa con las calles y la movilización popular. 

En ese sentido, Almeida planteó que la recuperación del respaldo masivo exige la presentación de medidas de amplio alcance social, destacando como ejemplo la implementación de la gratuidad en el transporte público para conectar con las demandas cotidianas de la población trabajadora. 

Injerencia algorítmica y control transnacional 

En el plano geopolítico, las presiones comerciales e incrementos arancelarios aplicados desde el exterior fueron contrapesados por el Ejecutivo mediante la integración regional y la profundización de los intercambios comerciales con socios estratégicos como la República Popular China. 

No obstante, los especialistas advierten sobre un mecanismo de injerencia indirecta centrado en el control algorítmico ejercido por las corporaciones tecnológicas del Big Tech con sede en Silicon Valley. 

La manipulación de los flujos de información a través de sesgos en plataformas como X, Instagram y Facebook distorsionan el debate público, amplifican la desinformación y consolidan la desmovilización electoral en amplios sectores de la sociedad. 

Los resultados de la primera vuelta de los comicios presidenciales descolocaron las proyecciones de diversos analistas y firmas encuestadoras. Aunque los sondeos previos perfilaban una ligera ventaja a favor del mandatario Luiz Inácio Lula da Silva, el cómputo de las urnas terminó dibujando un escenario electoral diferente. 

Con el 99,99 % de los votos contabilizados, las cifras del órgano electoral ratificaron que la Jefatura de Estado se definirá en una segunda vuelta agendada para el próximo 25 de octubre. El senador Flávio Bolsonaro, de 45 años, encabezó la tendencia del escrutinio desde el inicio del proceso y cerró la jornada con más de 56 millones de sufragios, aventajando a Lula da Silva por una brecha superior a los 2,2 millones de votos.

 

Autor: lf - JML

 

[Foto: EFE - fuente: www.telesurtv.net]

quinta-feira, 10 de setembro de 2026

Brasil en alerta roja

La ofensiva de la extrema derecha y la crisis abierta en el Supremo Tribunal Federal amenazan con alterar la relación de fuerzas de cara a las elecciones brasileñas. Para derrotar al bolsonarismo, la campaña de Lula deberá recuperar la iniciativa y asumir nuevas demandas populares.

En los últimos días, la ventaja relativa de Lula se evaporó y el riesgo de una derrota se convirtió en un peligro real e inmediato. Pero si el triunfalismo ingenuo es una postura equivocada, también lo es el derrotismo. La contienda por Brasil sigue abierta.

Escrito por Valerio Arcary 

Las elecciones presidenciales de Brasil se aproximan en medio de una tormenta perfecta: mientras las encuestas marcan una alarmante paridad entre Lula y la ultraderecha, un estallido institucional en el Supremo Tribunal Federal vuelve a poner en jaque al sistema político. Entre maniobras judiciales para garantizar la impunidad del bolsonarismo, el hostigamiento del poder mediático y las vacilaciones del oficialismo, la crisis abierta amenaza con alterar definitivamente la relación de fuerzas. El peligro de una restauración neofascista en el país más grande de la región se vuelve cada vez más real. 

La escalada de la crisis política ha cobrado un giro explosivo. La decisión de André Mendonça, ministro del Supremo Tribunal Federal (STF), de remover a Andrei Rodrigues de la dirección de la Policía Federal constituye una maniobra subversiva al servicio de una operación golpista. Se trata de una arbitrariedad institucional que incurre en un claro abuso de autoridad: un juez de la máxima corte no tiene atribuciones para nombrar o destituir al jefe de la Policía Federal, potestad que le corresponde al Poder Ejecutivo a través del Ministerio de Justicia. 

La destitución de Rodrigues —justificada bajo el pretexto de su supuesta afinidad con el también ministro del STF, Alexandre de Moraes— busca interferir en el proceso electoral para favorecer a Flávio Bolsonaro, senador e hijo del expresidente, consolidado como el principal candidato de la extrema derecha. No es un hecho aislado: Flávio Bolsonaro lleva tiempo agitando a las bases ultraderechistas bajo la consigna «Fuera Moraes, Fuera Lula». 

Ante esto, la solicitud de la Abogacía General de la Unión (AGU) para que el propio STF anule la remoción de Rodrigues es ineludible y debe ser aceptada. Se especula con que Edson Fachin, presidente del tribunal, podría retirar a Mendonça de la relatoría sobre las investigaciones del Banco Master y del Instituto Nacional del Seguro Social (INSS), lo que sería positivo. Sin embargo, resulta poco probable que Fachin encuentre dentro del propio STF un remedio jurídico capaz de frenar la embestida. La crisis empeorará antes de encontrar una salida. 

La ofensiva de la extrema derecha 

La extrema derecha brasileña se ha anotado un triunfo táctico en toda la línea a través de tres frentes. En primer lugar, la campaña contra Alexandre de Moraes cobró impulso cuando Mendonça filtró mensajes entre el juez y Daniel Vorcaro, expropietario del Banco Master y figura central de un entramado de corrupción. Esta filtración ilegal e inédita buscó quitar la mancha de la sospecha sobre Flávio Bolsonaro y golpear directamente a Lula.

En segundo lugar, la maniobra sirvió para revitalizar la movilización del 7 de septiembre en la Avenida Paulista de São Paulo. Con casi treinta mil manifestantes, el núcleo duro del bolsonarismo mostró un músculo político renovado. Si bien fueron menos que las cuarenta mil de 2025 que marcharon —a la defensiva— por la amnistía de los condenados por el intento de golpe de Estado del 8 de enero, aun así fue una demostración poderosa. Más allá de la cifra en un momento y otro, el dato que sobresale es la postura: hoy esos mismos sectores movilizados pasan a la ofensiva y exigen el impeachment de Moraes. 

En tercer lugar, su impacto en la opinión pública es innegable: las últimas encuestas ubican un aumento de la desaprobación del gobierno de Lula que parece avanzar por encima del 50%, y proyectan un virtual empate técnico en una eventual segunda vuelta. 

En paralelo, la burguesía liberal —expresada en el dominio de los grandes medios de comunicación, los principales periódicos de São Paulo y Río de Janeiro y el peso nacional de la cadena Rede Globo— se sumó al embate de Mendonça contra Moraes, consciente de que favorece a Flávio Bolsonaro. Pese a esto, sería apresurado todavía interpretar este alineamiento táctico como un respaldo cerrado al proyecto neofascista. 

Este sector responde a un programa propio: exige un freno recesivo con duros recortes del gasto público para asegurar el superávit primario y reduzca la deuda pública, aun a costa de los hondos costos sociales que tendrían esas medidas. Paradójicamente, sabe también que sin algún grado de crecimiento Brasil sería ingobernable. Pero no comparte la apuesta bolsonarista por la subordinación a los Estados Unidos de Donald Trump. Tampoco el proyecto político de la extrema derecha de conquistar la presidencia y una mayoría absoluta en el Senado, destituir a Moraes y nombrar una mayoría de ministros del STF, abriendo el camino hacia un endurecimiento del régimen bajo la forma de un «poder total». 

A diferencia de 2022 (cuando apoyó a la candidata centrista Simone Tebet en primera vuelta y a Lula, a regañadientes, en la segunda), la burguesía liberal no parece estar dispuesta a definir su apoyo desde ahora. Su plan parece pasar más bien por hostigar a Lula para mejorar sus condiciones de negociación ante lo que vendrá. 

En esa línea, lo más probable es que su giro favorable a Mendonça responda a otros objetivos: desgastar el poder adquirido por Alexandre de Moraes a partir de su papel en el juicio por el intento de golpe de Estado y enterrar la investigación sobre las redes de desinformación de la extrema derecha. En el camino, desgastar a Lula y mantener incierto el desenlace de una eventual segunda vuelta, chantajear al gobierno e intentar imponerle, antes de las elecciones, un ajuste fiscal severo con compromisos públicos claros de recortar el gasto público al menos en dos puntos porcentuales del PIB. 

Una elección abierta 

La idea de que la reelección de Lula en primera vuelta estaba asegurada —un cálculo instalado en la dirección de la campaña— ya era errónea antes del vertiginoso ascenso del escritor y psiquiatra Augusto Cury, quien escaló al tercer lugar en los sondeos representando al partido Avante. En los últimos diez días, la ventaja relativa de Lula se evaporó, y el riesgo de una derrota se convirtió en un peligro real e inmediato. Sin embargo, si el triunfalismo ingenuo es una postura equivocada, también lo es el derrotismo. La contienda sigue abierta. 

En lo que va del ciclo, la coyuntura atravesó varios giros: tras un inicio de año en el que Flávio Bolsonaro logró consolidarse como la referencia opositora —desplazando a figuras como Tarcísio de Freitas—, la filtración de sus audios con Vorcaro en mayo cambió el panorama. Gilberto Kassab, dirigente del Partido Social Democrático (PSD) y uno de los principales articuladores políticos del centro y la derecha brasileños, se animó a impulsar la candidatura presidencial de Ronaldo Caiado, entonces gobernador de Goiás. También se presentó Renan Santos, dirigente surgido del Movimento Brasil Livre (MBL) y candidato presidencial del nuevo partido de derecha Missão. Ambos intentaron explotar un espacio a la derecha en competencia con el bolsonarismo y fracasaron, lo que le devolvió la iniciativa a Lula y desarticuló los intentos de instalar alternativas centroderechistas. 

Si el escenario cambió radicalmente antes, puede volver a hacerlo. Pero, en buena medida, esto depende de que la izquierda reaccione. 

Una crisis del régimen 

No estamos ante una marejada política coyuntural como las otras tantas que se sucedieron desde que Lula asumió la presidencia en 2023. Se trata esta de una crisis de una verdadera crisis del régimen. La ultraderecha está desafiando la arquitectura institucional misma, combinando sus posiciones en el Congreso y el STF con la agitación callejera y mediática. 

En el fondo opera un factor estructural: la renuencia de las élites sociales a clausurar definitivamente el ciclo golpista, oscilando entre la amnistía a los insurgentes y el freno a cualquier reforma popular. A esto se le añaden los conflictos entre el Ejecutivo y el Congreso, o entre el gobierno de Lula y el Centrão, que ya habían abierto la puerta a una suerte de «semipresidencialismo» improvisado. Esa fue la forma que asumió la «defensa del orden» incluso contra reformas democráticas moderadas y limitadas. La alianza entre el Ejecutivo y el STF favoreció la defensa de la democracia, pero la presión reaccionaria es ahora tan grande que amenaza con modificar cualitativamente la relación de fuerzas dentro del propio STF. 

Por si no fuera suficiente, la interferencia de los Estados Unidos de Donald Trump en el proceso electoral se hace cada vez más evidente, como también lo fue en Perú y en Colombia. 

Para derrotar a la extrema derecha 

La elección puede tener un desenlace terrible. Ajustar la línea para vencer en las elecciones es, por lo tanto, imperioso. Queda claro que una táctica basada en la defensa del legado del gobierno no es suficiente. 

Levantar nuevas banderas de expansión de derechos, asumir compromisos con los intereses populares y hacer promesas no es «demagogia»: debe ser una estrategia de movilización. Defender el fin inmediato de la jornada laboral «6×1» (seis días de trabajo por uno de descanso) y el límite de 40 horas semanales, el transporte público gratuito en las grandes ciudades, la regulación del impuesto sobre las grandes fortunas, la reforma agraria contra el latifundio, la prohibición de las apuestas en línea, el fortalecimiento de un Sistema Nacional de Cuidados y tantas otras causas justas será vital. 

Al mismo tiempo, será necesario mantener la firmeza frente a la exigencia de una amnistía para los responsables del intento de golpe de Estado, como señal de que no pasarán. Aquellos que, en el campo de la izquierda radical, apostaron durante los últimos años a que el centro de la táctica debía ser la «superación por izquierda» del gobierno de Lula, a partir de sus límites y vacilaciones reales pero subestimando el peligro de la extrema derecha, están ahora también ante el desafío de luchar para impedir una victoria de Flávio Bolsonaro. No se puede permitir que ocurra en Brasil lo que sucedió en Alemania con las elecciones de Sajonia-Anhalt. 

 

 

[Foto: Aaron Schwartz / Bloomberg - fuente: www.jacobinlat.com]

sexta-feira, 28 de agosto de 2026

Les Ciutats Verdes de França demostren que el canvi és possible

 


Escrit per Mathieu Dejean

Els alcaldes verds que van ser escollits han resistit els intents de soscavar-los. A mitjà termini, l’emergència climàtica s’agreuja i les seves polítiques mediambientals es comprenen millor, però l’onada verda segueix confinada a les zones urbanes. 

Es necessiten tres anys perquè una idea radical sembli raonable? L’experiència dels alcaldes verds triats en 2020 ajuda a respondre a aquesta pregunta. En les últimes eleccions municipals, una “onada verda” va arrasar una quinzena de ciutats, entre elles Lió, Estrasburg, Bordeus, Poitiers, Besançon, Tours, Annecy i Colombes, malgrat la baixa participació (el 59% dels votants es va quedar a casa en la segona volta). 

Encara que només el 3% de la població francesa viu ara en una ciutat governada pels Verds, aquestes eleccions van possibilitar al partit gaudir d’ “un dels seus moments més determinants”, subratlla la politòloga Vanessa Jérome en el seu llibre Militer chez les Verts (Ser activista verd). El partit va substituir al germà gran socialista en diverses ciutats, mentre que en unes altres va posar fi a dècades de govern de dretes, sent Bordeus el major avanç. D’aquí la reacció visceral contra els Verds de periodistes influents pròxims als partits tradicionals. 

L’expressió “Khmaires verts” (un joc de paraules entre “maires” (alcaldes) i “Khmers rouges”) es va posar ràpidament de moda, havent estat encunyada per primera vegada per Gérard Collomb, l’alcalde derrotat de Lió. Un mes després de la votació, la revista d’actualitat Le Point titulava “Els pallassos de l’ecologisme”, Le Monde es burlava de les “teories esotèriques” dels alcaldes verds i, en les pàgines de Le Parisien, el cèlebre escriptor i filòsof Bernard-Henri Lévy denunciava que els càrrecs electes estaven posseïts pel “dimoni antihumanista”. 

Es van intensificar les crítiques a les postures dels nous alcaldes. Alguns d’ells ocupaven càrrecs públics per primera vegada i tenien antecedents d’activisme social, per la qual cosa mancaven de xarxes i suport intel·lectual per a rebatre els atacs). 

El baptisme de foc de l’Onada Verda 

El que va ser escollit alcalde de Lió, Grégory Doucet, que abans treballava en el sector de l’ajuda humanitària, va ser el primer a ficar la pota, declarant que el Tour de França era “masclista i contaminant”. Després, el seu homòleg de Bordeus, Pierre Hurmic, es va negar a col·locar un arbre de Nadal -o, segons les seves pròpies paraules, un “arbre mort”- en una de les places de la ciutat. 

A Poitiers, Léonore Moncond’huy, de 30 anys, va justificar la seva “difícil decisió” de deixar de subvencionar els clubs aeronàutics de la ciutat per a “protegir el futur dels nens”. “És trist dir-ho, però els nens d’avui no haurien de somiar amb volar”, va afirmar. 

Aquestes posicions van provocar una gran reacció en els mitjans de comunicació. “Les polèmiques que van seguir a l’arribada dels Verds al poder van equivaldre al que Stanley Cohen va denominar pànic moral. Això ocorre quan la premsa i els mitjans de comunicació amplifiquen les anècdotes de pràctiques o discursos encara minoritaris per a facilitar la seva deslegitimació i preservar així l’statu quo”, explica Simon Persico, professor de Ciències Polítiques que codirigeix el projecte “Promesses et bilans donis municipalités écologistes” (Promeses i trajectòries dels municipis verds), en col·laboració amb la Fundació per a l’Ecologia Política de França i la Fundació Heinrich Böll d’Alemanya. “A nivell nacional, és evident que la classe política es queda curta”, afegeix la diputada verda pel Roine, Marie-Charlotte Garin, estreta aliada de Doucet. “Dir que el Tour de França és masclista i contaminant no hauria de causar tant de renou. Però és clar que tenim una diana a l’esquena per a recuperar les nostres ciutats: desacreditar-nos a nivell nacional també ens desacredita a nivell local”, opina. 

Per al president dels Verds de la regió metropolitana de Lió, Bruno Bernard, aquest renou s’explica pel fet que, sovint, “els Verds tenen prioritats més marcades que altres alternatives de la dreta o l’esquerra tradicionals: per a la societat civil, inclosos els mitjans de comunicació i les organitzacions empresarials, això marca un canvi significatiu”. 

En l’equador dels seus mandats, les acusacions d’amateurisme i dogmatisme dirigides als alcaldes Verds semblen haver remès. Han deixat de cometre errors de comunicació i els seus missatges s’han tornat més disciplinats. L’experiment pioner de Grenoble, on Éric Piolle dirigeix la ciutat des de 2014, també ha marcat la diferència: es va enviar a alts càrrecs locals a les ciutats recentment guanyades perquè compartissin la seva experiència. “El personal polític i administratiu d’alt rang s’ha dispersat pertot arreu”, explica Persico. 

En acabat, després d’estius abrasadors esquitxats de grans incendis, amb els camps de golf gaudint d’exempcions al racionament d’aigua, l’opinió pública va començar a veure on residia realment l’absurd. Això és el que vol creure l’alcaldessa de Poitiers, Léonore Moncond’huy. 

“Els Verds estan creant falques en el debat públic”. Posicions que en el seu moment van provocar indignació poden semblar menys xocants tres anys després” 

Després d’admetre la seva “ficada de pota” en parlar d’aviació, va entaular un debat que, segons ella, ha estat productiu: “He intentat fer una mica de judo amb aquesta polèmica. He parlat amb la indústria de l’aviació perquè és important explicar el nostre pla de transició. Crec que això ha fet canviar d’opinió”. 

“Els Verds estan creant falques en el debat públic”, afegeix Persico. Posicions que en el seu moment van suscitar indignació poden semblar menys xocants tres anys després. En aquell moment, aquestes reaccions eren una manera d’atacar al nouvingut. Avui, la consciència de les conseqüències tangibles de l’escalfament global és una mica major i més compartida, i l’estalvi energètic ja no és una paraula tabú en política pública, encara que continuï significant coses diferents per a persones diferents”.

Ecologisme quotidià 

Moncond’huy també considera que els alcaldes Verds, al capdavant de majories inclusives i de base (el 50% de la seva llista electoral estava composta per no afiliats al partit), han demostrat la seva vàlua en el poder: “Es presumia que seríem incompetents i aficionats, però tres anys després, ens hem consolidat. Hem demostrat que podem mantenir el rumb, que ens interessa més l’acció que les frases fetes”. 

Simon Persico confirma que, quan es tracta de la seva “activitat principal”, les promeses dels ajuntaments verds s’han complert: “En transport, menjadors escolars, polítiques de foment de l’ecologització i el drenatge sostenible, desplaçaments actius, estan avançant ràpidament en la majoria de les ciutats invertint i transformant el seu espai urbà. Moltes de les seves promeses en aquests àmbits s’han complert o estan a punt de complir-se”. 

En l’àrea metropolitana de Lió, un cas especial on les competències són àmplies i els centres urbans (Lió, Vénissieux, Vaulx-en-Velin) estan alineats políticament, els avanços han estat significatius: per a combatre les onades de calor, es van plantar 25.000 arbres i arbustos en l’hivern de 2022-2023, amb l’objectiu d’aconseguir una cobertura arbòria del 30% en 2026; la publicitat en espais públics s’ha reduït dràsticament (han desaparegut les tanques digitals, els anuncis en tanques d’obra i els aparadors il·luminats a la nit); s’instal·laran 1.300 contenidors de compostos en l’exterior dels edificis d’habitatges d’aquí a la fi de 2023, el contingut dels quals s’utilitzarà per a adobar les terres de cultiu; s’han potenciat les alternatives al cotxe, duplicant el pressupost de transport públic aquesta legislatura: les ampliacions de la línia B del metro i de la xarxa de tramvies 2026 hauran d’estar acabades en 2026… 

Els Verds es juguen molt: encara que Europe Ecologie Els Verts (EELV, el partit verd francès) es considerava la força emergent en política després de les eleccions europees de 2019 i les eleccions locals de 2020, els seus mals resultats en les eleccions presidencials de 2022 (amb un decebedor 4,7% dels vots) els ha restat força. Els alcaldes i diputats verds són ara els actius sobre els quals el partit espera construir bastions electorals i consolidar un paper més central en l’encara fràgil aliança amb l’esquerra. 

Canviar les actituds cap al medi ambient no és bufar i fer ampolles, amb el consumisme i el productivisme profundament arrelats en la societat. Malgrat això, els Verds no tenen intenció de descansar després de les seves primeres victòries locals.

Marini Tondelier, elegida secretària nacional de EELV al desembre de 2022, ho va confirmar en la clausura de la conferència del partit: “Avui hi ha càrrecs electes Verds en tot el nostre país; és un gran orgull. […] Així és, els Verds en el poder canvien vides! […] Tenim el doble de càrrecs que fa tres anys. El nostre principal objectiu és mostrar el que el moviment Verd pot significar per a una zona, perquè així és com podem aconseguir que la gent se sumi a un canvi realment efectiu”, afirma Moncond’huy. 

Grégory Doucet es va fer ressò d’aquest missatge en parlar amb Mediapart en 2020: “Són les ciutats les que impulsen la transició verda, les que poden donar exemple, perquè poden formar part de la vida quotidiana de la gent”. Persico assenyala que les ciutats estan dirigides en la seva majoria per coalicions, per la qual cosa “a nivell local, la transició ecològica no és patrimoni exclusiu dels polítics verds, encara que ajudin a desenvolupar i promoure bones pràctiques en aquest àmbit”. 

Construir més fortaleses verdes 

A ulls de Bernard, president de la poderosa àrea metropolitana de Lió i expert en la geografia electoral de EELV, el suport s’ha mantingut ferm fins ara -encara que en unes certes ciutats, com Annecy i Bordeus, la majoria del partit és fràgil-. “Des de 2020, hi ha hagut eleccions, sobretot parlamentàries, que han confirmat els nostres avanços. Si ens fixem en els resultats, no hi ha hagut ensulsiades ni signes de fissures”, assenyala. 

Encara que desconfia del triomfalisme, també assenyala que hi ha dues qüestions que estan cobrant importància en la societat i que legitimen les polítiques de transició ecològica. En primer lloc, l’estalvi energètic. “Quan parlàvem d’això fa dos anys, el president encara es burlava de la gent que volia “tornar a les veles”. En l’àrea metropolitana de Lió, l’hivern passat vam reduir un 10% el consum d’electricitat només amb l’educació”, presumeix. 

Després està la qüestió de l’aigua, sobre la qual “ara hi ha més consciència entre el públic en general”. Per als 1,5 milions d’habitants de l’àrea metropolitana de Lió, la gestió de l’aigua va passar a mans públiques l’1 de gener de 2023 per a protegir aquest preuat recurs. “Avui és molt més fàcil explicar el que fem”, afirma Bernard. 

Altres ciutats verdes estan, no obstant això, més aïllades que Lió, i han de fer front a “importants tensions interinstitucionals que fan que els projectes no avancin amb la rapidesa prevista”, afirma Persico. “Ens agradaria anar més lluny i més ràpid, però la política és un compromís permanent entre institucions”, coincideix Moncond’huy, frustrada per veure’s frenada tant per la regió com per les diferències de posició amb el Govern central. 

És en la qüestió del transport -i, per tant, de la reducció de l’espai per als cotxes- on els Verds continuen trobant la resistència més tenaç. Bernard afirma que les zones de baixes emissions (ZBE) “gaudeixen de més suport dins de l’àrea metropolitana de Lió que fora d’ella”, la qual cosa reflecteix que la base electoral de EELV continua sent predominantment urbana. 

En termes més generals, el canvi d’actitud cap al medi ambient no és bufar i fer ampolles, ja que el consumisme i el productivisme estan molt arrelats en la societat. “La gent és ambivalent, com tots. Són conscients que el canvi climàtic és irreversible i que alterarà radicalment la nostra vida quotidiana, però, al mateix temps, no estan disposats a renunciar a uns certs comportaments”, conclou Alain Coulombel, membre de l’oficina executiva de EELV. 

Malgrat això, els Verds no tenen intenció de descansar després de les seves primeres victòries locals. Ja estan planificant les eleccions municipals de 2026 amb la vista posada en les principals ciutats en mans de la dreta, entre elles Tolosa i Saint-Étienne, l’actual alcalde de la qual, Gaël Perdriau, està embolicat en un escàndol.

 

[Aquest article va ser publicat originalment per Mediapart i reproduït dins www.greeneuropeanjournal.eu]

sexta-feira, 21 de agosto de 2026

Galicia pedalea máis, pero aínda sen unha rede viaria sólida para ciclistas: «A primeira barreira segue sendo a falta de carrís bici».

Enrique Pérez, da asociación Pedaladas de Pontevedra, analiza o auxe da bicicleta tras a pandemia, o papel da bici eléctrica, as carencias das infraestruturas ciclistas e o potencial dun cicloturismo que en Galicia, di, “ten produto”, pero precisa poñerse en valor.

Carril bici, nunha imaxe de arquivo / EP 

Escrito por Ángela Precedo  

Hai unha Galicia que empeza a mirar a bicicleta doutra maneira. Xa non só como deporte, nin como saída de domingo, nin como esa imaxe clásica do ciclista de montaña ou de estrada que atravesa parroquias, pistas e portos. Hai unha Galicia que a ve tamén como unha ferramenta posible para ir traballar, estudar, enlazar co tren, moverse pola cidade ou descubrir o territorio a outro ritmo. Pero entre esa posibilidade e a realidade diaria aínda hai unha distancia longa: faltan carrís bici útiles, faltan conexións cos polígonos, faltan aparcadoiros seguros, faltan duchas nos destinos, falta sinalización clara e falta, sobre todo, unha cultura viaria que entenda que a calzada non pertence só ao coche.

Así o resume Enrique Pérez, da asociación Pedaladas de Pontevedra, nunha conversa na que debuxa unha radiografía chea de matices sobre o presente da bicicleta en Galicia. A súa primeira idea é clara: si houbo un auxe despois da pandemia, pero non se pode confundir aquel crecemento repentino cun cambio xa consolidado. “Despois da covid produciuse un aumento moi significativo do uso da bicicleta”, explica. Notouse especialmente na comarca de Pontevedra, tanto entre ciclistas de montaña como nas cidades e nos desprazamentos cotiáns. Porén, aquel impulso inicial perdeu velocidade: “Ese proceso de aumento foi moi forte, pero agora mesmo vai máis a modo”, recoñece. 

UN CRECEMENTO REAL, PERO LONXE DE EUROPA 

Pérez percibe máis ciclistas ca antes, pero Galicia continúa lonxe doutros territorios onde a bicicleta forma parte da mobilidade diaria de maneira moito máis natural. O perfil maioritario segue sendo moi concreto: “Basicamente é o dun home, duns 40 ou 50 anos, ciclista deportivo”, sobre todo vinculado á bicicleta de montaña. Tamén mudou algo o uso cotián. Cada vez é máis habitual ver persoas que utilizan a bicicleta, ou o patinete eléctrico, para ir traballar ou estudar, deixando o coche na casa. Pero esa tendencia segue sendo minoritaria. 

Enrique Pérez lembra que, segundo o Barómetro da Bicicleta, o uso medra arredor dun 10 ou 11 % anual, mais a bicicleta representa só arredor dun 3 % da mobilidade urbana. A comparación con países como Dinamarca, onde a porcentaxe é moito máis elevada, deixa claro o camiño que falta. O curioso é que o patinete eléctrico tamén tivo un papel nese cambio. Segundo Pérez, introduciu na mobilidade sostible persoas que nunca usaran a bicicleta para ir ao traballo. Algunhas comezaron co patinete e logo pasaron á bicicleta, sobre todo á eléctrica. Tamén influíron as restricións para levar patinetes no tren: xente que antes combinaba patinete e transporte ferroviario acabou optando pola bici.

Carril bici sinalizado / EUROPA PRESS

"A PRIMEIRA BARREIRA PARA A MOBILIDADE É A FALTA DE CARRÍS BICI"

Cando se lle pregunta que impide que máis galegos usen a bicicleta para ir traballar, Pérez non dubida: “A primeira barreira, que é sempre unha cousa que nos conta a maior parte da xente que se achega á asociación, é a falta de carrís bici”. Pero non fala só de quilómetros. Fala de quilómetros útiles. Moitas infraestruturas non conectan os lugares de maior interese e, sobre todo, non chegan aos espazos laborais. “Non hai carrís bici aos polígonos industriais, por exemplo”, lamenta.

A iso súmanse outros obstáculos moi prácticos: a falta de duchas nas empresas, a ausencia de estacionamentos seguros e o medo a deixar na rúa bicicletas eléctricas, que son caras e xeran máis preocupación polos roubos. En definitiva, non abonda con pintar un carril ou inaugurar un tramo illado. Para que a bicicleta sexa unha alternativa de mobilidade real, ten que permitir chegar ao traballo, aparcar con seguridade e facer o desprazamento sen que todo dependa da vontade individual de quen pedalea.

VIGO, SANTIAGO, PONTEVEDRA E O INDICADOR DAS MULLERES

Hai cidades que deron pasos para lograr unha mobilidade máis sostible. Vigo conta cun eixo ciclista pola Gran Vía que, segundo Pérez, ten “moitísimo uso”, aínda que iso non se reproduce do mesmo xeito no resto da cidade. Santiago tamén fixo varios eixos nos que se notou un aumento da bicicleta. Pontevedra funciona doutro xeito: non tanto con carrís bici, senón cun modelo de cidade 30. Porén, para Pedaladas hai un indicador moi revelador: quen se atreve a usar a bici.

Pérez sinala que nas cidades galegas seguen sendo maioría os homes. Nas cidades realmente adaptadas á bicicleta, como Ámsterdam ou Copenhague, hai case paridade ou mesmo máis mulleres que homes. Para el, iso é importante porque as mulleres adoitan facer máis desprazamentos de coidados e traxectos cotiáns, non só deportivos. Cando elas usan a bici con normalidade, significa que a cidade está mellor deseñada para todos.

CARRÍS BICI QUE PARECEN BEIRARRÚAS

Un dos principais problemas, segundo Pérez, é que ás veces a infraestrutura existe, pero non se entende ou non se usa porque está mal deseñada. Neste senso, critica a política da Xunta de Galicia de estender vías compartidas demasiado parecidas a unha beirarrúa. Pon como exemplo a senda peonil-ciclista entre Poio e Combarro: “Ningún ciclista a usa porque parece unha beirarrúa”. Así, a falta de sinalización fai que ese espazo non sexa percibido como ciclista.

Tamén cuestiona os tramos curtos que se fan ao renovar unha rúa, pero que non chegan a ningún destino. Se un carril bici non conecta nada, queda en desuso. Por iso resume así as tres condicións básicas dunha boa infraestrutura: “Conectada, continua e segura”. E segura non só sobre o papel, senón percibida como segura por quen a vai usar. Nesa liña, lanza outra crítica aos deseños que se limitan a pintar unha marxe da estrada: “Os técnicos, ás veces, fan carrís bici que son beirarrúas, e iso non funciona”.

Un carril bici en Carballo / Turismocarballo.com

A CONVIVENCIA SEGUE SENDO DIFÍCIL

A convivencia entre bicicletas, coches e peóns mellorou algo, pero Pérez matiza: “Como viñamos de tan abaixo, sempre existe unha marxe de mellora”. Moitas persoas seguen circulando polas beirarrúas porque lles dá respecto ir pola calzada cos coches. Iso, explica, é un síntoma de que a infraestrutura ciclista non é suficiente e de que a convivencia en calzada aínda non está resolta. E cando a bicicleta sobe á beirarrúa, aparecen os conflitos cos peóns. Para el, falta formación viaria en toda a sociedade, non só entre condutores. Hai que explicar que a calzada é un espazo compartido por diferentes vehículos.

“Cando un ciclista vai por calzada non está estorbando, está facendo uso da vía”, lembra. Tamén hai normas que deben interiorizar os propios ciclistas: non cruzar montados nun paso de peóns, lembrar que o casco é recomendable e obrigatorio en vías interurbanas, non usar auriculares e sinalizar os xiros. Pérez recoñece que mesmo algo tan básico como sacar o brazo para indicar un cambio de dirección segue sendo pouco frecuente. Aos condutores, pola súa banda, pídelles respectar os límites de velocidade: o 30 e o 50 non son decorativos, senón medidas de seguridade.

SINAIS QUE EXISTEN, PERO NON APARECEN NA RÚA

Outro punto que lle preocupa é a distancia entre a normativa dispoñible e a realidade da rúa. Pérez lembra que existe un catálogo de sinalización renovado en xullo, con novas sinais para bicicletas e vehículos de mobilidade persoal. O problema é que esas sinais case non se ven aplicadas. “O catálogo xa está feito, fíxoo ben o Ministerio do Interior, pero falta que os técnicos o poñan”, explica. Ao falar de cidades de referencia no Estado, menciona Vitoria-Gasteiz, Barcelona, Valencia, Zaragoza e Sevilla, citando o índice Copenhagenize, ligado á cultura ciclista danesa. A receita, para el, é clara: infraestruturas, deseño útil e campañas de concienciación, tanto para condutores como para a cidadanía.

A BICICLETA ELÉCTRICA ABRIU UNHA PORTA

A orografía galega non é a de Dinamarca nin a dos Países Baixos. Por iso, a bicicleta eléctrica ten aquí un papel especialmente importante. Pérez explica que en territorios máis planos a bicicleta convencional pode ser usada con facilidade por persoas de idades moi distintas. En Galicia, as costas e as distancias fan que moita xente se vexa fóra desa posibilidade. A eléctrica cambia iso. As axudas da Xunta, de arredor de 500 euros para mercar bicicletas eléctricas, achegaron este vehículo a persoas non deportistas e a quen necesita desprazarse sen chegar suado a unha oficina. Para Pérez, foi unha medida positiva e semellante a campañas xa aplicadas noutros países europeos. 

Bicis de BiciCoruña

O GRAVEL MEDRA E O CICLISMO DEPORTIVO DIVERSIFÍCASE

No ámbito deportivo, Galicia segue tendo unha relación moi forte coa bicicleta. A de montaña continúa consolidada, a de estrada mantén un público máis estable e a gran novidade é o crecemento do gravel, unha bicicleta a medio camiño entre estrada e pista. Segundo Pérez, esta modalidade permitiu que persoas que non queren compartir tanto espazo cos coches poidan facer rutas por pistas e enlazar algúns tramos por estrada. É unha fórmula especialmente adaptada ao territorio galego, con camiños, pistas, paisaxes e zonas rurais onde a bicicleta pode ter moito percorrido.

CICLOTURISMO: UNHA OPORTUNIDADE AÍNDA POUCO EXPLOTADA

A última parte da conversa abre outra vía: o cicloturismo. Pérez cre que Galicia ten un enorme potencial como destino para viaxar en bicicleta, aínda que admite que nas zonas rurais o desenvolvemento é máis complexo. Cita o crecemento de cicloturistas pola Variante Espiritual, pola Ruta dos Faros e pola extensión da EuroVelo 1 entre Caminha e Fisterra. Na súa comarca, di, nótase moito “ese ciclista da alforxa”. Pero tamén hai unha comparación incómoda con Portugal. Moitos cicloturistas chegan acostumados a ecovías que os sacan do tráfico, mentres que ao entrar en Galicia atopan unha realidade máis difícil.

No Baixo Miño, concellos como Tui e Tomiño teñen, segundo Pérez, un recurso que aínda non explotan ben: o paso de cicloturistas entre Portugal e España. Tamén menciona outros espazos con potencial, aínda que condicionados pola orografía, e destaca o crecemento da bicicleta na contorna dos canóns do Sil, favorecido pola existencia de albergues bike friendly. A súa conclusión deixa a sensación de que Galicia está ante unha oportunidade que aínda non decidiu aproveitar de todo: “Galicia ten o produto, agora falta poñelo en valor”.

 

[Fonte: www.galiciaconfidencial.com]


segunda-feira, 17 de agosto de 2026

Single, vedovi, divorziati: nel mondo aumentano le persone che vivono da sole

Un italiano adulto su 5 vive da solo. I nuclei monopersonali sono ormai la forma di famiglia più diffusa nel nostro Paese. Ma il trend è lo stesso anche nel resto d’Europa e negli Usa. Tra nuovi stili di vita e popolazioni che invecchiano

di Enrico Mingori 

Nel suo romanzo più conosciuto, I Malavoglia, Giovanni Verga racconta le tormentate vicende di una famiglia di pescatori siciliani, i Toscano: padre, madre, cinque figli, più il nonno paterno. Quando il libro fu pubblicato, nel 1881, vivere in otto sotto uno stesso tetto non era così insolito: agli inizi del XX secolo la famiglia italiana contava in media 4,5 componenti.

Oggi immaginare una casa affollata come quella dei Toscano apparirebbe irrealistico: le famiglie sono composte in media da 2,2 persone. Non solo si fanno meno figli, ma si uniscono anche meno coppie. Nel 2021 si è registrato un sorpasso storico: i nuclei monopersonali sono diventati la forma familiare più diffusa del Paese. Rappresentano ormai il 37% del totale delle famiglie censite. Trent’anni fa erano il 21%.

Identikit

Oggi un italiano adulto su cinque vive da solo: una popolazione atomizzata di 9,9 milioni di individui. Quasi la metà ha più di 65 anni, mentre solo il 10% ne ha meno di 35. Un terzo sono vedovi, un quinto sono separati o divorziati, il restante 42,6% è celibe o nubile. Le donne sono in leggera maggioranza: 53,4%.

Fra i non anziani, la quota di chi vive solo è pressoché raddoppiata rispetto ai primi anni Duemila. Per alcuni è una scelta, per altri una costrizione. Tra i più giovani si tratta per lo più di una condizione transitoria, nelle cosiddette «età centrali» (35-64 anni) i single prevalgono leggermente su separati e divorziati, mentre fra gli anziani la maggioranza sono persone che hanno perso il proprio coniuge (anche se negli anni è cresciuta la quota di separati e divorziati).

Per secoli le coppie con figli hanno costituito il modello familiare più diffuso, ma negli ultimi trent’anni quel tipo di struttura è andato in costante diminuzione: a metà degli anni Novanta il 47,9% delle famiglie era rappresentato da coppie con figli, adesso la quota si è ristretta al 28,4%. Nello stesso arco temporale i nuclei monogenitoriali (in cui i figli vivono solo con la madre o solo con il padre) sono aumentati dall’8 a quasi l’11%. È rimasta costante nel tempo, invece, la percentuale di coppie senza figli: sempre oscillante intorno a un quinto del totale. 

All’estero

La crescita dei nuclei monopersonali è forte in tutto il mondo occidentale. Nel territorio dell’Unione europea gli adulti che vivono soli sono passati dal rappresentare il 33% delle famiglie nel 2016 al 37,4% nel 2025. Negli Stati Uniti la percentuale è oggi del 29% a fronte del 20% del 1975. Nei Paesi dell’area Ocse, quasi un quinto della popolazione vive in nuclei familiari composti da una sola persona: dieci anni fa era il 15%.

Il fenomeno è più spiccato nei Paesi scandinavi e baltici e meno in America Latina, Europa dell’est ed Europa del sud. Ma ovunque si registra un incremento del tasso di “solitari”. In generale, le persone anziane sono quelle che hanno maggiori probabilità di vivere da sole, ma il fenomeno è cresciuto in tutte le fasce d’età tra il 2010 e il 2022. Secondo l’Ocse, «la quota di nuclei familiari composti da una sola persona è destinata ad aumentare nei prossimi decenni»

Salasso
«Vivere da soli – spiega l’Istat – non si traduce in una condizione di isolamento sociale». In Italia l’83,7% di coloro che non hanno compagnia in casa dichiara di avere almeno una persona nel mondo esterno su cui poter contare in caso di bisogno: la percentuale è naturalmente più elevata per gli Under 34 (93%), mentre scende (al 78%) per gli Over 75.

Nonostante il supporto di amici o parenti non conviventi, chi sta da solo esprime mediamente un più basso livello di soddisfazione rispetto alla propria vita: secondo i dati dell’Istituto Nazionale di Statistica, solo il 41,9% si dichiara «molto soddisfatto», a fronte del 48,3% delle persone che convivono con altri.  Del resto, tirare avanti in solitaria è più oneroso anche dal punto di vista economico: a qualsiasi spesa bisogna far fronte da sé. Tanto che è stato persino coniata un’espressione ad hoc, «tassa sui single», per descrivere le spese aggiuntive sostenute da chi non ha un partner.

Il differenziale rispetto agli altri nuclei familiari è tale che nei Paesi europei dell’area Ocse si stima che tra le famiglie composte da un solo adulto (incluse però anche quelle monogenitoriali) una su tre sia a rischio di povertà o esclusione sociale. A fine 2024 la Coldiretti ha diffuso un rapporto secondo cui le persone che vivono da sole devono sopportare un costo della vita quasi doppio (+80%) rispetto a quello ipotizzato per ciascun membro di una famiglia media di tre persone. Nell’indagine, basata su dati Istat, si calcola che la spesa media per alimentari e bevande di un single sia di 337 euro al mese, più alta del 53% in confronto con quella di ogni componente di una famiglia tipo di tre persone: un divario determinato anche dal fatto che sono assai rari sul mercato i formati di cibo adeguati per una persona. Pesano inoltre le spese per l’abitazione (canone d’affitto o rate del mutuo) e bollette: secondo Coldiretti, in questo caso i costi sono maggiori del 156%: anche perché generalmente le case più piccole hanno prezzi più elevati al metro quadro sia in caso di acquisto che di affitto. Ma vivere da soli è più gravoso anche per quanto riguarda le spese nella salute (+87%) e nei trasporti (+16%).

Oltre al danno, c’è pure la beffa. I lavoratori single, separati, divorziati e vedovi sono infatti penalizzati anche quando si tratta di pagare tasse e contributi. Stando a un’analisi dell’Ocse basata sull’anno fiscale 2022, in Italia l’aliquota complessiva media per un lavoratore sposato con due figli è del 34,9%, mentre per un lavoratore single senza figli è del 45,9%. Ed è così ovunque nel mondo. In Germania lo sposato con prole paga il 32,9% e il single il 47,8%, in Francia si passa dal 39,2 al 47%, negli Stati Uniti dal 19,8 al 30,5%.
Evidentemente, però, nemmeno la leva fiscale basta a convincere i contribuenti a fare più figli. In Italia, Ue e Usa i tassi di natalità calano di anno in anno. Nel nostro Paese si prevede che nel 2100 avremo 44,7 milioni di abitanti, un livello mai così basso dal 1936. Con una differenza non da poco: all’epoca ogni famiglia contava in media 4,3 componenti. Le culle erano piene, quindi c’erano prospettive di crescita demografica. Adesso invece la curva è discendente: la popolazione diminuisce e continuerà a diminuire. Di questo passo, conviene prepararsi: ne resterà soltanto uno. L’ultimo spenga la luce.

 

 

[Foto: Mint Images RF / AGF - fonte: www.tpi.it]

domingo, 9 de agosto de 2026

A memoria patrimonial das estradas: máis de medio centenar de gasolineiras abandonadas en Galicia

 

Escrito por David M. Sobrino Platas 

A paisaxe viaria galega garda siluetas de formigón, cubertas de chapa e illas de surtidores que quedaron sen voz. Na comarca de Bergantiños e contorna, nomes como Buño, Cances, A Lagoa (Vimianzo) ou Anxeriz son os de localidades que forman parte dese catálogo de estacións clausuradas que aínda permanecen ao pé da estrada, algunhas empapeladas de grafitis e outras empregadas como aparcadoiros improvisados.

Segundo recollen algúns medios, a dinámica cambiou coas novas conexións, e isto tamén nos fala da historia das nosas estradas: instalacións moi utilizadas no pasado acusaron a apertura de vías alternativas e a reordenación do tráfico, mentres outras aínda resisten por fidelidade da clientela ou por atoparse en nodos con múltiples accesos.

Non todo é declive. En Bértoa houbo reactivación tras anos de abandono, e a gasolineira da rúa Poñente amosa movemento para unha posible reapertura, mais o balance xeral en Galicia deixa unha cifra elocuente: 59 peches documentados (A Coruña 24, Pontevedra 22, Lugo 9 e Ourense 4), segundo o rexistro gráfico e descritivo recompilado por Julio César López Vázquez (Bazarra), presidente da Asociación de Estacións de Servizo da Coruña e vicepresidente da Federación Galega de Estacións de Servizo (FEGAES), xunto a compañeiros do sector.

O propio Julio Bazarra, que tamén é directivo en entidades estatais do sector, sintetiza tres grandes eixos que explican parte do fenómeno.

Por un lado, pon de manifesto os cambios normativos e de mercado: a partir de 1980 simplificouse a apertura de estacións e reducíronse distancias mínimas e en 1992 rematou o monopolio de Campsa, abrindo un mercado moito máis competitivo. A marxe real por litro é estreita —gravada por impostos e custos fixos (persoal, mantemento, subministración eléctrica e de auga, seguridade e control ambiental)—, de modo que as estacións sen estudo de demanda (IMD) suficiente non cadran números. Exemplos como O Empalme (Tordoia) ou E.S. A Castriz (Santa Comba) ilustran ese límite.

Por outro lado, fálanos tamén de xestión e modelo de servizo: houbo empresariado que non profesionalizou cadros nin diversificou (tenda, lavandería, lavado, servizos loxísticos), mentres a competencia apostaba por perfís autoservizo/low-cost e por retail ampliado. Algunhas estacións do centro de Carballo pecharon longas tempadas; unha desapareceu e dúas sobreviviron alugadas a novos xestores que mudaron o modelo. A frase feita no gremio —”eu gasolinero, non tendeiro“— resume esa resistencia ao cambio que, segundo Bazarra, pasou factura.

Finalmente, menciona as dimensión e localizacións destas gasolineiras: unidades de subministración mínimas (un só surtidor) quedaron obsoletas onde a clientela esixiu aseos, aire e auga. No extremo contrario, as macroestacións sobredimensionadas en contornos rurais non cubriron custos. Cita As Travesas (Carral) ou a E.S. A Lagoa (Vimianzo) como exemplos de instalacións excesivas para a demanda.

A isto engádense contratos de subministración en exclusiva moi longos (máis de 25 anos) asinados ao fío da fin do monopolio, que hoxe impiden renegociacións adaptadas á conxuntura. Entre os casos afectados, Buño e unha estación de Ordes na N-550 figuran como paradigmáticos.

O impacto das novas vías e a perda de grandes clientes

A apertura de autovías e corredores muda fluxos e hábitos de parada. O que foi negocio próspero pode caer en poucos anos se a nova traza desvia o tráfico e invisibiliza a área de servizo. Montesalgueiro (Aranga, na N-VI) aparece nos relatos sectoriais como símbolo desa viraxe. Ao tempo, frotas de transporte, empresas de reparto e explotacións agropecuarias —antes clientes cativos—instalan depósitos propios e compran directamente aos operadores, reducindo ventas a pé de pista. A E.S. A Raña non soportou a perda dese consumo intensivo.

Determinadas decisións agravaron situacións límite. A obrigatoriedade de mantemento de servizo 24/7 en marzo de 2020 —con mobilidade restrinxida— acabou co peche da E.S. de Celas de Peiro (Culleredo). E o desconto de 20 céntimos por litro pola guerra de Ucraína, que as gasolineiras tiveron que adiantar ata recibir o reembolso, provocou baixas como Páramos (Santa Comba) e Guitiriz. “Estaban tan descapitalizadas que non eran capaces de adiantar os 20 céntimos“, explica Bazarra, quen alerta doutra fronte: a adaptación a sistemas de control e facturación máis esixentes pode tensionar pequenos negocios con escasa conectividade.

Mentres o mercado cambia, hai quen documenta o pasado recente. Xosé Luis Martínez, afeccionado das estradas e autor do blogue Carreteras en Galicia, elaborou un mapa colaborativo con tres categorías: ‘Gasolineiras abandonadas’, ‘Surtidores’ e ‘Gasolineiras desaparecidas’. “Quixen ir máis alá”, explica: “Fixen o mapa para dar a coñecer este patrimonio que había nas estradas“. O traballo incorpora peches recentes xunto a vestixios moi antigos —como unha estación desaparecida na Coruña, na zona de Catro Camiños, hoxe substituída por edificios— e axuda a ler épocas: a explosión de aperturas, a mudanza de traxectos coas autovías e a deriva cara ás áreas de servizo.

No curto e medio prazo, o sector recolócase entre estacións autoservizo sen persoal e áreas multienerxéticas. “Prevense moitísimos peches“, admite Bazarra, que debuxa un escenario no que as estacións integren ata 13 produtos: cargas eléctricas (rápidas e lentas), varios gases, hidróxeno —”primero para pesados“— e combustibles con emisións netas cero. Sobre a cota do coche eléctrico, opina que non superará arredor do 20% porque moitas recargas terán lugar na casa. En paralelo, alerta do risco de baleirar o mapa de servizos no rural: “Meter usuarios vulnerables —motos ou microcoches— en cabeceiras de comarca con tráficos densos non é o máis axeitado“. Neste senso, as asociacións promoven que as estacións que quedan sexan puntos de servizo comunitario (tenda, operacións bancarias básicas, desfibriladores…), co obxectivo de manter actividade e utilidade social.

Un mapa para non esquecer a historia ás beiras das estradas:

 

Unha historia con final aberto  

A foto fixa de hoxe amosa surtidores abandonados, naves baleiras e marquesiñas oxidadas en moitas estradas secundarias. Porén, tamén hai reaperturas puntuais e novos formatos que compiten en prezo e servizos. Entre cifras como 59 peches en Galicia e 33 estacións activas na comarca de referencia, a reconversión seguirá marcando quen queda e como queda. Se algunhas instalacións non puideron cos custos nin co tamaño, outras estarán chamadas a compactar servizos, innovar no mix enerxético e anclarse ao territorio. O mapa cidadán e os rexistros do sector deixan constancia do que xa foi. O que suceda a partir de agora dependerá da capacidade de adaptación e da atención ao rural, onde unha gasolineira pode ser moito máis ca un punto de reportaxe.

 

[Fonte: www.historiadegalicia.gal]