En el extranjero, arte y protesta toma caminos separados
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Arte urbano «La guerra es ahora», de Philippenzo. Imagen de la autora
Escrito por Daria Dergacheva
Traducido por Priscila Bogado
Este
artículo es parte de la serie Spotlight de septiembre de 2026 de Global Voices,
“Protesta en democracia”.
Con esta serie, buscamos explorar las diversas formas de protesta, las tácticas
que los Estados utilizan para deslegitimarlas y suprimirlas, y la compleja
relación entre la protesta y la democracia. Puede apoyar esta cobertura
con una donación aquí.
Nota
editorial: Este artículo se basa en una exposición y entrevista con el artista
callejero ruso Slava PTRK,
originario de Ekaterimburgo,
que actualmente vive en el exilio en el extranjero. Mediante su relato, Global
Voices indaga si a los artistas callejeros de Rusia, que iniciaron sus
protestas en 2022, se les expulsó del país o si fueron perseguidos y
arrestados. ¿Cómo la inmigración cambió el arte de protesta? ¿Qué trabajos
pueden seguir realizando quienes están en el extranjero? Y quienes se quedaron
en Rusia, ¿están en silencio o trabajan para el Estado? Lo que queda son
pequeños actos de protesta.
La primera aparición del arte callejero tuvo lugar en Rusia en el marco de la era de la Unión Soviética. Durante la década de 1980, la cultura opositora estaba en su apogeo e incluía música, samizdat (textos autopublicados) y una subcultura de arte callejero. Desde aquel entonces, el género ha crecido gracias a la organización frecuente de festivales internacionales de arte urbano en diversas regiones de Rusia y la participación de cientos de artistas callejeros, algunos reconocidos incluso en el extranjero.
En febrero de 2022, cuando comenzó la invasión y la posterior guerra con Ucrania, los artistas callejeros, como muchos otros en Rusia, se dividieron. Algunos deseaban manifestar su descontento con el régimen y el conflicto bélico, pero fueron obligados a abandonar el país; otros deseaban permanecer en Rusia, pero mantenerse en silencio; y otros, después de un tiempo, optaron por respaldar al Gobierno.
Pocos artistas callejeros y activistas —como Sasha Skochilenko, condenada a siete años en una prisión por intercambiar las etiquetas de una tienda por lemas antibélicos—han sido detenidos. A la larga, el 1 de agosto de 2024, Sasha fue liberada en Ankara en el marco de un intercambio internacional de prisioneros, y actualmente vive exiliada en un país extranjero.
En la actualidad, hay artistas en Rusia a quienes
se les paga por hacer grandes obras de arte con temática bélica en edificios
altos en diversas ciudades del país. Sin embargo, pequeñas formas de protesta
siguen sobreviviendo gracias a personas comunes que usan el arte callejero para
manifestarse en un país donde esto puede ser peligroso.
La guerra trajo protestas en las calles y represión que creció rápidamente
En el primer mes tras la masiva invasión rusa a Ucrania, los lugares públicos en Rusia se transformaron en sitios de protestas espontáneas contra el conflicto bélico. Entre los participantes había artistas profesionales y ciudadanos comunes sin conocimiento de arte. Pintaron lemas antibélicos, pegaron autoadhesivos, crearon pequeñas instalaciones e intervinieron en materiales publicitarios oficiales.
Durante este período, la distinción entre arte y activismo se desdibujaba por tantas intervenciones directas como los lemas de “No a la guerra”, grafitis antibélicos, emblemas oficiales alterados, etiquetas de supermercados y objetos urbanos:
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«Las paredes gritan»
Desde los primeros días de la guerra, se ha abierto un frente alternativo en las paredes de muchas ciudades rusas. Por todas partes aparecen —aunque inevitablemente les ponen pintura encima— letreros antibélicos, grafitis y dibujos. Pero vuelven a aparecer una y otra vez, llevan la protesta más allá de las manifestaciones y piquetes tradicionales, reprimidos activamente por el Gobierno. Hoy, todo el país es una gran plaza. Hoy, cada persona valiente y comprometida es una manifestación.
Puedes descargar el cartel en alta resolución en mi canal de Telegram. El enlace está en la cabecera de mi perfil.
Al mismo tiempo, la represión del Estado aumentó de manera acelerada. Se iniciaron procedimientos administrativos y delictivos, se censuró el término «guerra» y las declaraciones políticas directas se volvieron cada vez más peligrosas.
Los artistas dejaron de manifestar sus protestas explícitamente y optaron por enviar mensajes metafóricos y cifrados:
Nuestros ... con muñecos de nieve con Beznadega.
La emigración lleva el arte callejero ruso al
extranjero
Tras el reclutamiento militar en el segundo semestre de 2022, muchos artistas rusos se trasladaron a países como Georgia, Armenia, Montenegro, Serbia, Turquía, Alemania, Reino Unido e Israel, y continuaron trabajando a pesar de que su propósito comenzó a cambiar poco a poco.
En un principio, gran parte de sus trabajos continuaban tratando directamente el tema de la guerra y su partida de Rusia. Después, los asuntos se expandieron para abarcar la pérdida del hogar, la identidad, el desplazamiento y la soledad:
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También entiendo que probablemente sea necesario renunciar a las obras con textos en ruso hechas en el extranjero, o transformar de alguna manera mi perspectiva. Pero si cambio mi perspectiva, ¿cómo no perder la sinceridad, el juego de palabras y los significados que se generan precisamente en mi idioma nativo? ¿Cómo ser pertinente y comprensible? ¿Quién es el público? ¿O estas obras son simplemente un «diario personal»? Parecería que, al cabo de un año, en general habría que empezar a pensar de otra manera. Pero sigo pensando en mi idioma nativo. Es mi base, incluso (o especialmente) lejos de casa.
Después de reflexionar mucho, me permití salir al entorno urbano. Como siempre, trato de ser responsable al elegir el lugar. Internamente, solo me convencí de elegir un lugar recóndito y abandonado para no molestar a nadie. Al salir a la calle con mi obra en mi idioma nativo, «oculté» el texto y opté por escribirlo transliterado. Es un intento de mimetizarme, pero sin dejar de ser yo mismo.
Al mismo tiempo, gran parte del arte visual contra el conflicto pasó a difundirse en línea a través de afiches digitales, composiciones, archivos y aplicaciones de redes sociales, que ganan cada vez más relevancia. Algunos de los artistas tuvieron la oportunidad de vender sus creaciones en el extranjero, de hacer afiches y colaborar en anuncios publicitarios:
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¡Por fin están listas las nuevas impresiones!
Casi tres años después del trabajo de edición anterior, por fin encontré la oportunidad de imprimir una nueva edición de impresiones, que incluye una obra nueva. «Te extraño» de Ekaterimburgo, ahora puedes colgarla en tu pared y, por supuesto, así también apoyas al autor. La calidad de impresión quedó excelente; la técnica usada para las reproducciones realmente nos ayudó en eso. Así que esta obra sencilla, pero sincera y personal, ha encontrado una encarnación digna en formato de edición.
Entonces, «Ekaterimburgo, te extraño» — impresiones.
Las primeras diez copias de la obra tienen un precio de 200 euros cada una más gastos de envío. A partir de ahí, el precio aumentará en 50 euros por cada 10 copias siguientes de la edición.
Quienes se quedaron
Mientras tanto, dentro de Rusia, la situación cambió de manera drástica. En la vía pública, el arte callejero antibélico está próximo a desaparecer debido a que los artistas que decidieron quedarse no disponen de un rango de posibilidades demasiado amplio:
“Esperar y tener esperanza. Estoy jodidamente cansado”.
El lenguaje que empleaban los artistas se ha vuelto confuso.

Entiendo todo. Solo que no puedo decir nada. Imagen de la autora
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| Arte callejero ruso. Imagen de la autora |
Por ejemplo, en 2023, artistas que participaron del popular festival Stenograffia que antes independiente crearon un mural de ocho pisos de altura de santa Catalina, santa tradicional de la Iglesia ortodoxa:
Foto del mural de santa
Catalina en Ekaterimburgo. Autor: organizadores del festival Stenograffia (CC BY 4.0).
Actualmente, algunos artistas parecen considerar sus creaciones como meras piezas decorativas remuneradas y no una manifestación ideológica personal, mientras que otros optan por mantener una postura públicamente apolítica.
Mural en Rusia. Imagen de la autora
Ellos siguen participando en actividades y produciendo obras abstractas, decorativas, folclóricas, religiosas o históricas, a la vez que evitan hacer declaraciones explícitas acerca de la guerra.
Persisten manifestaciones de protesta cotidianas
Pese a la represión y desaparición masiva de actividades antibélicas, la protesta no ha cesado por completo, pero sí ha disminuido y se ha vuelto anónima.
La antropóloga Alexandra Archipova conserva estos artefactos en un archivo digital. Los autoadhesivos, las inscripciones breves, los dibujos pequeños, las flores, los gestos simbólicos y los mensajes antibélicos codificados siguen apareciendo en espacios públicos, como se muestra en el archivo.
Al concluir su presentación, el artista exiliado, Slava PTRK, sintetiza la situación claramente: “No les tengo buenas noticias. ¿El arte se fortaleció por la guerra? No. Si alguien tenía la esperanza de que las manifestaciones artísticas se intensificaran o que la guerra generara de algún modo imágenes más impactantes, dudo que eso haya ocurrido. Parece que se ha vuelto imposible hacer alguna manifestación de cualquier tipo de dentro de Rusia. No obstante, la fuerza no tiene nada que ver con ser directo ni se trata de ser visualmente llamativo. ¿Se ha vuelto más fuerte el arte en sí mismo? No, no lo creo».
[Fuente: www.globalvoices.org]






