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quarta-feira, 26 de agosto de 2026

El sionismo es una opción política, no siempre forma parte de la identidad judía

 Entrevista a Alan Wald

Michigan News

El activismo estudiantil en los campus estadounidenses como respuesta a la guerra en Gaza se ha convertido en un debate nacional sobre dónde trazar la línea entre la disidencia política y el antisemitismo.

Aunque muchas universidades han tomado medidas para restringir, dispersar o sancionar las protestas, estas –y los debates sobre cómo describirlas– han seguido adelante, lo que ha planteado dudas sobre la libertad de expresión, la seguridad en los campus y si las críticas a Israel se están confundiendo con el odio hacia los judíos.

¿Qué es el sionismo? ¿Y por qué describes convertirte en sionista como una elección en lugar de una identidad?

Para entender el sionismo hay que adentrarse en un terreno político complejo. La afirmación de que el sionismo es esencial para la identidad judía es engañosa por varias razones. El judaísmo es una religión monoteísta con al menos 3000 años de antigüedad, mientras que el sionismo surgió como un movimiento político de carácter laico a finales del siglo XIX. Como respuesta comprensible al odio hacia los judíos, el sionismo se inspiró en el auge del nacionalismo europeo. Al igual que muchos otros movimientos nacionalistas, recurrió a la retórica religiosa; en este caso, reinterpretando temas del Antiguo Testamento sobre el regreso del pueblo judío a la Tierra Santa, que se produciría tras la llegada de un mesías.

El número de personas judías que se sumaron al proyecto de colonización del sionismo europeo fue reducido hasta que el antisemitismo del siglo XX limitó la inmigración judía a EE UU. y el incipiente genocidio nazi expulsó a los judíos de Europa. Hoy en día, sin embargo, la mitad de la población judía mundial vive fuera de Israel, sin muchas ganas de emigrar y sin voz ni voto en las decisiones políticas de Israel. Debido a la creciente estrechez de miras y al cariz de derechas del sionismo político, cada vez más jóvenes judíos se están distanciando de él y se oponen a él. La mayoría de las y los sionistas de EE UU y de todo el mundo son sionistas cristianos.

¿Qué es el antisemitismo hoy en día? ¿Qué tipo de amenaza supone? ¿Y los manifestantes y estudiantes de los campus son realmente antisemitas?

El significado del antisemitismo (odio a la gente judía) ha evolucionado en etapas entrelazadas desde que surgió en el mundo antiguo como hostilidad hacia la diferencia cultural. Primero vino el supersesionismo cristiano, seguido de las teorías de la conspiración en la Europa medieval y luego, tras la Ilustración, un prejuicio racial pseudocientífico que culminó en el exterminio nazi. Tras la fundación del Estado de Israel en 1948, una población judía minoritaria (y en gran parte formada por gente inmigrante y refugiada) en Palestina fue ganando terreno cada vez más a la población mayoritaria (árabe indígena) del antiguo mandato británico. Aunque se reconoce que las y los judíos israelíes tienen sin duda un vínculo histórico con la tierra y que están ahí para quedarse, a quienes critican las políticas y prácticas de este Estado que privilegia a la población judía se les ha acusado injustamente de antisemitismo. Esto ocurre sobre todo si se oponen a la falta de democracia de Israel para toda la población bajo su dominio, a las estructuras similares al apartheid y a la represión violenta de los palestinos en Gaza y Cisjordania.

Como todos los movimientos políticos, las protestas en los campus no han estado exentas de cánticos y consignas ambiguas, ni de algunos comportamientos innecesariamente provocadores. Pero el argumento principal de las y los manifestantes, muchos de los cuales son judíos, es que la política y las prácticas sionistas ni representan plenamente a los judíos ni benefician sus intereses a largo plazo. En la actualidad, la mayor parte del odio real hacia las y los judíos en los campus proviene de elementos conservadores y de derechas que sostienen la opinión contraria; estos promueven teorías conspirativas que equiparan a los judíos con el sionismo y la política del Estado israelí.

¿Qué similitudes hay entre la represión en los campus de los años 50 (el macartismo) y lo que está pasando ahora?

Las similitudes son evidentes en dos aspectos: 1) la colaboración entre las universidades y el Gobierno en diversas formas de represión política, a veces llevadas a cabo en nombre de la protección de la libertad académica; y 2) el uso de pretextos exagerados y alarmistas, como las acusaciones de "infiltración comunista" entonces y de "antisemitismo desenfrenado" ahora, para provocar cambios más profundos en la cultura académica. La razón de esta fijación en el ámbito académico en ambos periodos de represión es que las universidades han sido, potencialmente, centros de pensamiento crítico, donde se concentran académicos y estudiantes que plantean preguntas que cuestionan los discursos oficiales. Entender cómo y por qué la capitulación anticipada de las administraciones universitarias en la década de 1950 facilitó un daño duradero a nuestra cultura puede ayudarnos a comprender cómo responder hoy en día.

¿Cómo deberían responder las universidades a los conflictos en los campus sobre Israel/Palestina sin dejar de proteger la libertad de expresión y la libertad académica?

Los conflictos en los campus se dan en un contexto mucho más amplio. El cambio en el clima político de EE UU forma parte de un auge mundial del nacionalismo de derechas. Protestar por los derechos de las y los palestinos es un tema político delicado porque plantea preguntas sobre la historia política de esa región tan inestable: ideas inquietantes sobre el legado del colonialismo, la política exterior de EE UU, el antirracismo, la necesidad de que un Estado represente a todos sus ciudadanos, la enseñanza precisa de la historia y mucho más. Solo un intercambio honesto y abierto de todos los puntos de vista, incluidos los más polémicos, llevará a aclarar las cosas. Pero eso no es lo que está pasando ahora mismo en muchos sitios, bajo el pretexto engañoso de la neutralidad institucional y la diversidad de puntos de vista.

Pueden ser nuevas políticas mal definidas, impuestas desde arriba por las administraciones, que las aplican, interpretan y refuerzan de forma selectiva.

La realidad es que las nuevas leyes en algunos estados están limitando las protestas y la actividad política en los campus; se han eliminado los consejos académicos o se han sustituido por órganos consultivos más débiles; las asambleas legislativas intentan cada vez más influir en los planes de estudios, restringir asignaturas o imponer contenidos; y las universidades han recortado programas, fusionado departamentos y despedido a profesores de humanidades –un ámbito fundamental del pensamiento crítico y creativo–. Hay que restablecer la gobernanza compartida como requisito previo para proteger la libertad de expresión y la auténtica libertad académica.


Alan Wald, catedrático emérito H. Chandler Davis de la Universidad de Míchigan, es historiador de la izquierda cultural estadounidense del siglo XX. Habla de los paralelismos con la política universitaria de la época de la Guerra Fría, del sionismo y de cómo los debates sobre el significado del antisemitismo dan forma a las protestas en los campus.

 

[Traducción: Viento Sur - reproducido en www.vientosur.info]

quinta-feira, 13 de agosto de 2026

La ultraderecha alemana pone a la cultura en la mira

La ultraderecha alemana del AfD aspira a la mayoría absoluta en las elecciones regionales de Sajonia-Anhalt. Su programa cultural cuestiona la Bauhaus, la memoria del Holocausto y la diversidad en el teatro.

La ultraderecha alemana está librando una guerra cultural contra la emblemática escuela de arquitectura Bauhaus. Imagen: Stiftung Bauhaus Dessau/Thomas Meyer/OSTKREUZ

Escrito por Elizabeth Grenier 

En las próximas elecciones regionales que se celebrarán el 6 de septiembre, las encuestas apuntan a que el partido Alternativa para Alemania (AfD) podría conseguir la mayoría absoluta en el estado de Sajonia-Anhalt, en el este alemán.

Teniendo en cuenta el programa de política cultural de la ultraderecha, los museos, teatros e instituciones culturales de la región afirman que la libertad artística es uno de los objetivos de este partido.

El AfD ha anunciado que los artistas y las instituciones tendrían que firmar una declaración en la que se comprometan a "no menospreciar a Alemania ni a su cultura" si quieren recibir financiación estatal. Muchas de estas organizaciones y personas dependen en gran medida de estas ayudas.

La interpretación que hace AfD de la falta de respeto hacia la cultura alemana también incluye, de forma ambigua, lo que el partido denomina "arte antialemán".

"En nuestro programa de gobierno declaramos que ya no tenemos intención de gastar fondos públicos en promover el arte antialemán", afirmó Hans-Thomas Tillschneider, portavoz de política cultural del grupo parlamentario de AfD en el Parlamento regional, en un discurso pronunciado en el parlamento de Sajonia-Anhalt a finales de junio.

Cuando otros diputados le pidieron que especificara qué significaba eso exactamente, Tillschneider respondió: "El arte antialemán es el arte alemán que no quiere ser alemán". Puso como ejemplo una producción operística que había visto hace unos años; la obra de un compositor clásico alemán se reinterpretaba desde una perspectiva "feminista deconstructivista" que no le gustó y que, según él, encaja en lo que considera "arte antialemán".

"Esta aversión antialemana sigue considerándose de rigor en gran parte del mundo del teatro", dijo. "Ya no vamos a apoyar esta actitud, lo quiero dejar muy en claro".

La Bauhaus, en el punto de mira, igual que en los años 30

La Bauhaus, la emblemática escuela alemana de arquitectura, arte y diseño fundada en 1919, se vio obligada a cerrar bajo el régimen nazi, que consideraba que sus ideas vanguardistas y su actitud abierta eran "antialemanas". Aun así, la Bauhaus acabó convirtiéndose en uno de los movimientos de diseño más importantes del siglo XX; su influencia sigue notándose en todo el mundo.

Hoy en día, el AfD vuelve a considerar que la Bauhaus es demasiado modernista y globalista para la "política cultural patriótica" que el partido tiene en mente.

"Las críticas de AfD a la Bauhaus retoman las de hace 100 años; su redacción es similar", explicó a DW Barbara Steiner, directora de la Fundación Bauhaus.

El programa de AfD de Sajonia-Anhalt describe a la Bauhaus como "una escuela de arquitectura controvertida" y critica al actual Gobierno regional por dar demasiado protagonismo a este lugar emblemático en su campaña de imagen actual, titulada "Moderndenken" (pensar moderno).

El partido AfD pretende adoptar, en su lugar, una campaña llamada "Deutschdenken" (pensar de forma alemana), que restaría importancia al papel de la Bauhaus y, en cambio, "destacaría las importantes contribuciones del Estado al desarrollo de la nación alemana, desde Enrique I y Otón I hasta Lutero, Bismarck y Nietzsche", dijo Steiner.

Hans-Thomas Tillschneider es el portavoz de política cultural de la AfD en Sajonia-Anhalt. Imagen: Heiko Rebsch/dpa/picture alliance

Un lenguaje cargado de connotaciones históricas

El partido Alternativa para Alemania rechaza rotundamente las comparaciones con el partido nazi y con Adolf Hitler, y a menudo las desestima por considerarlas una "trivialización" de los crímenes nazis.

Sin embargo, en su programa de política cultural, este partido de ultraderecha recurre con frecuencia al lenguaje que usaba la propaganda de Hitler, resta importancia a las atrocidades de la época nazi, cuestiona la cultura del recuerdo de Alemania y utiliza un lenguaje cargado de connotaciones históricas.

El eslogan propuesto, "deutschdenken", es un ejemplo de ello: "Hace referencia a un discurso que Adolf Hitler pronunció en 1938, en el discurso de Reichenberg", señaló Steiner.

La cultura necesita el apoyo del Estado para prosperar

La Bauhaus no es la única organización cultural que se siente amenazada en Sajonia-Anhalt: "Como profesionales de la cultura, impulsores culturales y artistas, podemos decir que ahora tenemos miedo de verdad, porque lo que se está promoviendo allí es, de hecho, la idea de que el arte y la cultura deben ser 'alemanes'", declaró a DW Annegret Laabs, directora del Museo de Arte de Magdeburgo.

Laabs es portavoz de la iniciativa Kultur ist Vielfalt und Heimat, que se podría traducir como "La cultura es diversidad y hogar". La iniciativa reúne a un amplio abanico de instituciones culturales y artistas de la región; en un comunicado conjunto advierten de que los planes del AfD podrían tener consecuencias de gran alcance para la libertad artística, la memoria histórica y la vida cultural pública en Alemania.

"Todos sabemos que lo que hacemos -desde teatros hasta museos y bibliotecas- se paga con el dinero de los contribuyentes. De lo contrario, no existiría", dijo Laabs.

Restringir la financiación basándose en una definición arbitraria de lo que constituye el arte "alemán" equivale básicamente a la desaparición de la cultura, explica Laabs: "Si miramos el panorama general, vemos que la cultura y el arte han sido libres durante siglos y no han conocido fronteras, ni siquiera las nacionales. Donde hay fronteras nacionales, ya no hay arte ni cultura dignos de ese nombre".

(gg/cp)

 

[Fuente: www.dw.com]


quarta-feira, 12 de agosto de 2026

Perú categoriza oficialmente a las personas trans como ‘enfermos mentales’

Doctores y activistas lo señalan como el "retorno a las cavernas"

Ilustración de Global Voices

Escrito por Lucía Jiménez Peñuela

100 años de la despenalización de la homosexualidad, el gobierno de Perú ha clasificado oficialmente a las personas trans, interesexuales, y no binarias, como “enfermos mentales”, mediante un decreto presidencial el pasado 10 de mayo.

El decreto define “transexualismo” y “trastorno de identidad de género en niños» como enfermedades mentales. También se incluyen en esa categoría “travestismo de doble rol”, “travestismo fetichista” y «otros trastornos de identidad de género». También se refiere a la homosexualidad como una “orientación sexual egodistónica”, una condición de salud mental.

Esta medida hace parte del Plan Esencial de Aseguramiento en Salud (PEAS) con el fin de enumerar las condiciones de salud asegurables para las pólizas de seguro. Fue firmado por la presidenta Dina Boluarte, la ministra de Salud y el ministro de Economía.

Si bien, un funcionario del gobierno explicó que la reclasificación se decretó para “garantizar cobertura total de atención médica para la salud mental” bajo el PEAS, lo cierto es que la comunidad trans del país encuentra esta medida obsoleta y una regresión hacia los Esfuerzos de Cambio de Orientación Sexual e Identidad y Expresión de Género (Ecosieg), mal llamados “terapias de conversión”.

Estas prácticas están siendo debatidas en su país vecino, Colombia. Allí se realizan esfuerzos para que, mediante proyecto de ley, sean prohibidas las torturas y prácticas agresivas que intentan cambiar la orientación sexual y la identidad de género de las personas mediante tales terapias.

En 2019, la Organización Mundial de la Salud (OMS) dejó de considerar como trastorno mental el identificarse con un género diferente al asignado socialmente al nacer. En la mas reciente versión Clasificación internacional de enfermedades de la OMS, CIE-11, se reemplazó categorías diagnósticas obsoletas como “transexualismo” y “trastorno de identidad de género de los niños” por “incongruencia de género de la adolescencia y la edad adulta” e “incongruencia de género de la infancia”, respectivamente.

El 18 de mayo, unos 200 manifestantes salieron a protestar esta medida en la calle. Para muchas personas LGBTI, esta medida empeora su vulnerabilidad ante la violencia y la discriminación en Perú. Entre 2012 y 2021, por lo menos 88 personas LGBTI murieron por homicidio sin que hubiera justicia en sus casos por falta de ley que sancione estos crímenes de odio.

El gestor cultural Jheinser Pacaya denunció esta medida en las redes sociales:

El abogado y activista LGBTI Manuel Siccha, quien fue el primer regidor de la Municipalidad Metropolitana de Lima abiertamente homosexual, en rechazo a estas medidas, insta al Congreso a «ejercer su función fiscalizadora y requerir al Despacho Ministerial de Salud información detallada sobre las salvaguardas implementadas para evitar la patologización y garantizar una atención integral y respetuosa para las personas LGBTI en el sistema de salud peruano».

También invita a que la Comisión de Salud del Congreso «abra un espacio de evaluación y debate sobre esta normativa con actores importantes tanto del lado técnico, político como del lado de sociedad civil que debió ser convocada y consultada». Considera imperativo actualizar la actualización en salud al CIE-11, alineándose con «estándares internacionales y refleje de manera precisa y no estigmatizante la diversidad de experiencias de género y sexualidad».

Boluarte, primera presidenta del Perú, ha enfatizado en su conservadurismo social, que guarda puntos en común con la mayoría conservadora del Congreso de Perú. Es de recordar que, en 2022, atendiendo la campaña de desinformación del grupo antiderechos Con Mis Hijos No Te Metas, el Congreso eliminó la «ideología de género» de los textos escolares. Algo que también tuvo trascendencia en El Salvador el pasado 5 de marzo, cuando por directiva presidencial al Ministerio de Educación, se ordenó que estos contenidos sean expulsados de guías, libros y demás materiales educativos

La periodista colombiana @VickyDavilaH publicó en el 21 de mayo en X una encuesta para que las personas decidan si están de acuerdo o no con la decisión de que  las  identidades de género trans, travestis, no binarios y otras sean consideradas enfermedades mentales. Su publicación fue replicada por la ONG Temblores, recordándole que, desde 2018, la OMS dejó de categorizar a las personas trans como enfermas mentales. Además, afirmó que «las identidades de género no normativas no son prestas a cuestionamientos de la opinión pública. Este tipo de señalamientos exponen a las personas con identidades de género diversas a violencias y discriminaciones, que vulneran múltiples derechos y afectan multifactorialmente sus trayectorias de vida».

El 10 de mayo de 2024, la organización Human Rights Watch señaló que esta norma “es profundamente regresiva” y “endurece aún más los prejuicios contra las personas LGBT” en Perú, un país sin políticas para la diversidad. Invitó al gobierno peruano a derogar «este decreto sesgado y poco científico y, en su lugar, aplicar la clasificación actualizada de enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (OMS) con respecto a la orientación sexual y la identidad de género”.

Según el doctor Víctor Zamora, de la Escuela de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Católica del Perú, el decreto mina los avances logrados en el país en materia de derechos y género. Para el especialista, «solo le queda un camino a la autoridad sanitaria, regresarnos a la modernidad y alejarnos de la era de las cavernas», derogando esa norma que es una abierta y evidente violación del derecho a la no discriminación por parte de los colectivos LGBTIQ+.

Las organizaciones en favor de derechos LGBTI llaman a estos sectores a marchar, el próximo 29 de junio, «para que nuestra visibilidad crezca mucho más y así demostrar al Estado que necesitamos un país con más justicia e igualdad»; una marcha más simbólica que nunca.

 

[Fuente: www.globalvoices.org]

quinta-feira, 6 de agosto de 2026

Galician Gothic. A multiplicidade dos góticos na literatura en galego

Coñecer un lugar é o mesmo que coñecelos todos. Iso dicía a escritora estadounidense Eudora Welty no seu ensaio Place in Fiction, onde afondaba na importancia que ten a xeografía e mais o entorno na narrativa. O escenario non é tal, ou non sempre. Non só. Na singularidade do rexional se pode atopar universalidade. Daquela, cómpre facerse a mesma pregunta que se fai Welty: “Cal é o lugar do lugar na ficción?”

Unha das imaxes de 'Un ollo de vidro', de Castelao © Radio Galega

Escrito por Álvaro Domínguez

O sur dos Estados Unidos, coas súas vilas decadentes arrodeadas de pantanos, onde as plantacións das vellas familias escravistas ocupan o espazo que na orixe da literatura gótica ocupaban castelos ruinosos cheos de misterios, é o escenario preeminente dunha literatura de grandes nomes entre os que se atopa a propia Welty. Unha literatura que mestura pasado e presente nun todo indisoluble. No Southern Gothic aos misterios sobrenaturais os substitúen o racismo, persistente coma unha pantasma nas luxosas estancias das plantacións en decadencia. A arquitectura tan característica como a paisaxe da rexión representan de xeito determinante a forma e mais o fondo das historias contadas por autoras como William Faulkner, Frannely O’Connor ou Carson McCullers.

Da mesma maneira, a cordilleira dos Andes dálle nome a unha corrente gótica propia. A escritora ecuatoriana Mónica Ojeda recupera elementos da mitoloxía e as narracións orais indíxenas para falar das diferentes formas de violencias actuais, como os feminicidios ou o incesto, e tamén os vestixios do pasado colonial, que arrasan a xeografía de volcáns, páramos e cidades dos seus relatos para conformar o chamado gótico andino.

Punto de Araña, de Nerea Pallares © Galaxia

A literatura galega tamén ten os seus fíos coa tradición gótica. Emporiso, nas nosas letras non hai un só gótico senón múltiples. Unha das últimas manifestacións do gótico rural galego é a que presenta Nerea Pallares na súa novela Punto de araña. Nela as palilleiras de Camariñas convértense nas vingadoras dunha longa listaxe de desgrazas; ao invocar as ancestrais tecedoras da mitoloxía traen á costa atlántica a fatalidade que tradicionalmente veu da mar da man dos homes ausentes. A proximidade co Atlántico non é un elemento arbitrario nesta novela coral. Aquí atopamos unha Costa da Morte que reflicte nas súas ondas espumosas unha realidade social moi concreta, a das mulleres dependentes de empregos relacionados coa mar –conserveiras, marisqueiras e redeiras– que conforman a memoria colectiva do seu propio entorno:

De entre todos os sinais posibles á miña chegada a Camariñas, foron os seus ollos os que mo revelaron. E non ese iris de estano nin a mirada dura e sen pestanexo coa que aquela muller me aguillaba. Tampouco adiviñar, dende o primeiro contacto visual, se tal vez neles estaba a dor da nai á que non fixeran caso. Non foi iso, senón o que souben deseguido a través deles. A certeza de que nos seus ollos había algo máis alá do humano.

O mundo das ánimas foi sempre da man das letras en galego, poderosa ferramenta para facer crítica social desde o fantástico ou sobrenatural. Foron bos os tempos de As crónicas de sochantre de Álvaro Cunqueiro, onde un grupo de mortos animados viaxa pola Bretaña francesa durante os tempos da revolución; ou os esqueletos de Castelao en Un ollo de vidro, onde a morte non é un elemento arrepiante senón fantástico ou mesmo cómico e paradoxalmente cheo de vida. Mais tamén hai exemplos contemporáneos que recollen vestixios da tradición oral para afondar noutras realidades do noso tempo, como en Besta do seu sangue de Emma Pedreira, onde a figura mitolóxica do lobishome e mais a lenda de Romasanta son o vehículo para dirixir a historia cara unha perspectiva de xénero:

Os seus soños seguían a ser vermellos, moles e silentes e recendían á ferruxe que entendía como sangue. Soño sangue, soño o meu propio sangue, o que non dei deitado. E por iso achaba que a muller que levaba dentro dera por non saír nesa lúa do mes no que se desequilibraba, onde os cabelos da caluga e da pube se lle arrichaban e tiña aquela gran fame de comer e fretarse. 

Aquí o lugar que domina a historia non é outro que o corpo protagonista, unha anatomía cambiante, onde a transformación física non é o monstruoso, senón a reacción da sociedade perante a que a ignorancia e mais a superstición consideran unha anomalía da natureza.

A agonía das folerpas, de Óscar Reboiras © Galaxia


Onde nacen as bestas de Pedro Feijóo recolle a mesma lenda, mais o fai nos códigos da novela de detectives. Mentres que o gótico andino está vencellado cos códigos narrativos dos xéneros de terror, é máis frecuente que o galego o faga cos do noir. Desde as novelas de Domingo Villar ata obras como A agonía das folerpas de Óscar Reboiras, a literatura galega dispón dun amplo catálogo de thrillers onde unha vila afastada é o lugar clave para afondar nun segredo agochado en tempos pasados, que é precisamente unha das características fundamentais da novela gótica inglesa tradicional e, xa que logo, do southern gothic. A paisaxe rural da Galicia do interior, de clima hostil e topografía cruel, ten aquí un protagonismo esencial. A agonía das folerpas comeza cando os empregados dunha construtora atopan o corpo dunha vítima de asasinato soterrado nas ruínas dunha antiga vila abandonada chamada Salgueiro, o que fai que unha periodista inexperta se atope de fronte cuns feitos que se crían esquecidos para sempre. Segundo avanza nas súas pescudas, baixo da terra que a neve tiña soterrado o crime do pasado, o autor confronta as ruínas da vila abandonada cos diferentes niveis de corrupción existentes no mundo urbano actual:

Freguei unha e outra vez as mans e as pernas, para evitar que a friaxe me comese. Tratei de anotar mentalmente cada pequeno detalle, cada momento que fun adiviñando durante aquelas horas interminables. Escoitei como aparcaron máis coches, o momento en que chegou o xuíz e un garda civil o acompañou, como os da científica desembarcaron en Salgueiro e se prepararon para recoller probas e fotografar o escenario do crime. Pelexaba contra o meu corpo, contra a miña cabeza e contra o meu impulso de saír correndo daquela esquina que se convertera no meu mundo.

Ás veces o lugar da ficción gótica é un espazo que existe fóra da realidade, no limiar da imaxinación do autor, como é o caso de Salgueiro. Tamén Lobeira, a vila protagonista dos relatos de Marilar Aleixandre. Segundo indica ao comezo de Lobos nas illas, “Non busquedes Lobeira nos mapas, que a deste libro non é ningunha das dez ou doce que neles figuran, antes pertence ao territorio da imaxinación, no que tamén habitan os seus personaxes”. Unha Costa da Morte imaxinada como transfigurou William Faulkner o condado de Lafayette, Misisipi, onde se criou ao fundar o ficticio condado de Yoknapatawpha para as súas novelas.

Outras veces o lugar non é unha praia dos afogados, senón unha casa rosa. A arquitectura tamén deliña a paisaxe dun xeito determinante. As obras póstumas de Diego Giráldez confronta a vivenda da protagonista co hospital psiquiátrico que ten xusto diante cun ton intimista para sinalar que ás veces o conflito non reside no pasado que volve, senón no pasado que fuxe, pois a protagonista padece unha demencia que fai que as súas lembranzas se esvaezan. A casa familiar en Asasinato na casa rosa de Arantxa Portabales é a manifestación física da corrupción moral dunha familia onde todos os membros son sospeitosos dun asasinato; o cárcere de As malas mulleres de Marilar Aleixandre ou o sanatorio psiquiátrico en As tolas que non o eran de Carmen V. Valiña recollen a testemuña silenciosa de tantas vítimas do sistema patriarcal:

Carme tomou o camiño de volta ao coche, pero Raúl colleuna polo brazo dereito. Saíron dous homes máis de dentro. Raúl apertou máis forte, os homes achegáronse con apuro e metérona polo aire dentro do edificio. Non houbo tempo máis que para mirar a papá, que choraba mentres os raios de sol caían sobre a súa fronte. Carme nunca vira así a papá. E non volvería velo nunca máis. Acababa de ser recluída á forza nun manicomio.

As tolas que non o eran, de Carmen V. Valiña © Galaxia

O gótico confronta as historias que se contan coa Historia que foi. O pasado imposible de esquecer, malia que os personaxes teimen en acadar ese imposible. Do mesmo xeito que Toni Morrison lidaba coa longa sombra do pasado escravista, ou Mariana Enríquez coa da ditadura militar arxentina, os autores e autoras galegos afondan na escuridade da Guerra Civil e mais da Posguerra. E que imaxe pode haber máis escura que as tropas fascistas queimando libros en Os libros arden mal de Manuel Rivas: 

Houbo un silencio de disparos. Tamén parecía que os disparos estaban á escoita, sorprendidos. Logo veu unha forte descarga. Puido oírse o agoniar do derradeiro son cribado, a queimarroupa. Moitas das bandeirolas están esfiadas, mordidas. A atmosfera onde arden os libros está chea de ocos. Está furada.

A poesía de Celso Emilio Ferreiro segue o mesmo ronsel antibelicista, de vocación social e de denuncia da miseria das clases traballadoras, en Longa noite de pedra:

O teito é de pedra.
De pedra son os muros
i as tebras.
De pedra o chan
i as reixas.
As portas,
as cadeas,
o aire,
as fenestras,
as olladas,
son de pedra.
Os corazóns dos homes
que ao lonxe espreitan,
feitos están
tamén
de pedra.
I eu, morrendo
nesta longa noite
de pedra.

Longa noite de pedra, de Celso Emilio Ferreiro ©

Aínda que o noso pasado colectivo estea ateigado de pantasmas, os peores horrores tamén se poden atopar nunha actualidade contaminada polo consumo de heroína, tan presente na paisaxe urbana galega de finais do século XX. En Futuro imperfecto Xulia Alonso describe o deterioro físico de Nico, a súa parella, por complicacións relacionadas co sida, cando xa pensaban que tiñan superada a etapa más convulsa da súa vida. 

Ah! Os teus ollos, os teus ollos… canta forza me daban, canta forza me segue dando a túa mirada atlántica. Eu bicábache a boca hemipléxica coma se nada pasase e empezabamos a nosa xornada de tarde chea de normalidade.

A cidade tamén pode ter feituras góticas, xa que vivir nela ás veces pode supoñer unha especie de morte en vida. No poema The Waste Land T.S. Eliot describe un Londres de pesadelo que conecta co Inferno de Dante. Do mesmo xeito, as rúas dun Vigo fantasmagórico -“Érgome / e Vigo vai aínda durmido...”- son un dos eixos centrais da poética de Xela Arias. 

Para rematar, temos que volver a Eudora Welty para sinalar ás súas propias palabras, ao dicir certeiramente que “a localización é a encrucillada da circunstancia”. E Galicia, que moito sabe de encrucilladas, dispón dunha literatura cunha diversidade de circunstancias tal que o seu carácter universal é indiscutible.

 

[Fonte: www.praza.gal]


terça-feira, 4 de agosto de 2026

«De aquí o xerme saíu» lembra o vínculo de Camões con Galicia no seu quinto centenario

 

Foto de familia dos intervenientes na inauguración da exposición coa que deu comezo a xornada.

Cinco séculos despois do seu nacemento Camões “transborda contemporaneidade” e celebrámolo porque precisamos del “porque nos interpela, en cada un dos seus textos, a discutir cuestións que están hoxe no centro da orde do día”, destaca Joaquim Coelho Ramos.

O comisario xeral adxunto da Estrutura de Missão para as Comemorações do V Centenário do Nascimento de Luís de Camões participou na inauguración da exposición De aquí o xerme saíu. Presenzas galegas de Camões, coa que arrincou hoxe na Casa Galega da Cultura de Vigo a xornada homónima da homenaxe que se lle rendeu en Galicia ao gran clásico das letras portuguesas.

A Fundación Penzol, a Real Academia Galega e o Consello da Cultura Galega, da man da Estrutura de Missão, organizaron este encontro sobre o autor, cuxas raíces familiares están a esta beira do Miño.

A cita continuou coa presentación do volume Camões en Galicia, de Xosé Manuel Dasilva; unha quenda de relatorios na que o presidente da RAG afondou no tópico do galego e do seu falar na literatura lusa dos tempos do homenaxeado; un recital organizado pola Sección de Literatura da RAG e mais unha ofrenda floral ante o busto de Camões. 

O académico correspondente Ramón Nicolás recitando un dos poemas de Camões. 

O programa púxolle o ramo desde Galicia aos dous anos de conmemoracións que concluíron no país veciño oficialmente o pasado 10 de xuño, Día de Portugal, e implicou tamén, en calidade de colaboradores, o Concello de Vigo, o Consulado-Xeral de Portugal en Vigo, a Editorial Galaxia e o  Camões - Centro Cultural Portugués en Vigo.

“Temos, aquí e agora, unha oportunidade de ouro para reposicionar a centralidade da obra deste Luís pleno de contradicións, non como unha herdanza estática do pasado, mais como unha ferramenta vital de navegación para o presente”, reivindica Joaquim Coelho Ramos, quen sinala a diversidade cultural, o choque e o diálogo entre pobos, a valorización da diferenza, o pracer do coñecemento e a exploración da inesgotable temática da viaxe como algúns dos temas que Camões nos convida a discutir hoxe desde o seu legado literario.

O representante da organización lusa encargada do quinto centenario do autor refírese así mesmo as raíces galegas do autor. “Ollar para o home por detrás do mito, sen esquecer o mito que alimenta o home, esixe, aquí en Vigo, recordar que o apelido que hoxe resoa universalmente como sinónimo de Portugal terá unha matriz xenética en Galicia, na vella liñaxe das terras de ‘Camos’. Recordar a orixe galega do nome de Camões non é un mero detalle biográfico; é asumir a xénese dunha visión do mundo que naceu dese abrazo primordial co norte para, máis tarde, facerse universal”, reflexiona.

O presidente da RAG, Henrique Monteagudo, agradece a ampla participación portuguesa nesta celebración galega dun autor sempre recoñecido pola Academia, que xa celebrara con solemnidade en 1924 os catrocentos anos do seu nacemento. Daquela contara entre os seus convidados co poeta Eugénio de Castro, membro correspondente da institución, lembra. Cen anos despois, “a xornada de hoxe enmárcase nesa liña de continuidade que une a Real Academia Galega coa cultura portuguesa desde os seus comezos, unha tradición na que Camões sempre foi atendido en recoñecemento da grande influencia que deixou nas nosas letras”, comparte o presidente da RAG.

Manuel Puga Pereira, presidente da Penzol, convida a cidadanía galega a se achegar a Camões a través da mostra e subliña tamén a irmandade da fundación con Portugal desde as súas orixes. “Este quinto centenario de Camões non podía quedar fóra da nosa programación anual tanto polas raíces do autor coma pola intensa relación da Penzol coa cultura portuguesa desde sempre. A lección inaugural das nosas primeiras instalacións na rúa Policarpo Sanz impartiuna o filólogo portugués Manuel Rodrigues Lapa”, recorda. 

De aquí o xerme saíu. Presenzas galegas de Camões dálle continuidade á participación galega no quinto centenario de Camões en Portugal. O pasado mes de novembro a RAG e o CCG participaron en Lisboa no Colóquio Internacional Sob o signo de Camões. Cânones e heterodoxias, con conferencias e unha exposición bibliográfica coorganizada por ambas as institucións.  A vicepresidenta do Consello, Dolores Vilavedra, enmarca tamén ambas as dúas citas no compromiso firme da súa institución “con todas aquelas iniciativas que supoñan alicerzar e alimentar o diálogo coa cultura portuguesa”, que inclúe outros proxectos como Dramaturxias itinerantes. “Esperamos que esta conmemoración camoniana sexa un punto de inflexión, no coñecemento do escritor e a súa obra na nosa terra, mais tamén un decidido paso adiante nese diálogo imprescindible entre Galicia e Portugal”, conclúe.

Exposición e ‘Camões en Galicia’

A exposición que pode verse xa na Casa Galega da Cultura inclúe valiosa documentación, entre a que figura o privilexio do século XIV en que Henrique III priva do seu señorío na vila de Baiona a Vasco Pérez de Camões, tataravó do poeta. A parte bibliográfica, pertencente aos fondos da Penzol, dá ademais conta da recepción da obra e da figura do escritor en Galicia.

O comisario da mostra é o subdirector da Penzol e catedrático da Universidade de Vigo Xosé Manuel Dasilva, quen abriu o programa da tarde coa presentación de Camões en Galicia (Galaxia, 2026). Neste volume Dasilva, destacado camonista, reúne unha serie de estudos que afondan nas pegadas galegas do mestre e que revelan o alento camoniano de figuras senlleiras da cultura galega, dende o padre Sarmiento a Rosalía de Castro, Curros Enríquez ou Eduardo Pondal, autor d'Os Eoas, a “proposta de meirande ambición” das letras galegas —apunta— que tratou de conseguir os mesmos logros ca o portugués coa epopea Os Lusíadas.

A recepción galega de Camões no ámbito peninsular é singular, explica Dasilva. “No eido español tendeuse máis ben á apropiación da súa figura, ao ser un autor de aceptabilidade complicada fundamentalmente pola envergadura patriótica d’Os Lusíadas. En Galicia distínguese, emporiso, unha constante propensión á adopción máis que á apropiación en si. Noutras palabras, non se adquire pola forza como propio o que é alleo, e utilízase, en cambio, para encher ante todo un baleiro inducido polo noso devir histórico. Por unha banda, Camões foi tomado en calidade de referencia, a través dunha serie de liñas de forza. Por outra, constituíu unha influencia, a cal se plasmou de dous modos: por imitación, como poeta lírico; e por emulación, como poeta épico”, detalla no limiar.

A visión tópica dos galegos e da súa lingua

O presidente da RAG interviu tras a presentación do libro de Xosé Manuel Dasilva cun relatorio sobre a visión da lingua galega e dos galegos no Portugal do século de Camões, certamente pouco positiva, como lamentara o padre Sarmiento en referencia ao verso d’Os Lusíadas que di “Ó sórdidos galegos, duro bando!”. “Nos textos portugueses da súa época xa existe unha imaxe construída do falar galego e do tipo humano asociado a ese falar. E Os Lusíadas consagra eses tópicos da cultura portuguesa, que polo menos xa estaban asentados na mentalidade lisboeta, sostén Henrique Monteagudo, quen rastrexou o tópico denigrante do galego ata a literatura portuguesa e propón que dito estereotipo xurdiría en Portugal para logo se estender a Castela.

Da banda portuguesa,  a xornada contou tamén con Micaela Ramon, profesora da Universidade do Minho, co relatorio “Um dia Camões nasceu e nunca mais morreu: mecanismos de preservação da memória literária no século XXI”; e mais José Carlos Seabra Pereira, profesor da Universidade de Coimbra, coa contribución titulada “Inquietação e conhecimento na poesia de Camões (materia perigosa?)”.

O programa continuou co recital poético-musical coordinado pola directora da Sección de Literatura da RAG, Marilar Aleixandre, no que lle puxeron voz a versos de Camões as académicas Chus Pato e Fina Casalderrey, o académico correspondente Ramón Nicolás, a xornalista Cláudia Morán, a escritora e investigadora Rexina Vega, Henrique Monteagudo e a propia Aleixandre. César Morán pechará este apartado coa interpretación de “Verdes são os campos”. 

Ofrenda do Consulado-Geral de Portugal em Vigo

O Consulado-Geral de Portugal em Vigo rematou a xornada coa ofrenda floral diante do busto de Camões na praza de Portugal. Nela participaron canda o cónsul xeral de Portugal en Vigo, João Bezerra da Silva, os representantes das demais institucións implicadas.

 

[Fonte: www.academia.gal]

domingo, 26 de julho de 2026

Música de quilòmetre zero per descobrir la riquesa artística de Catalunya

El portal MúsicaKm0.cat acumula més de 63 milions d’impressions i més de 42.000 seguidors a les seves playlists de música produïda al país 

La música catalana i la música en català passen per un moment dolç. Els darrers anys s’ha consolidat un circuit de músics del país que arrosseguen milers d’espectadors i les llistes de reproducció en línia reflecteixen aquesta bona salut musical. Tot i això, la música feta a Catalunya té encara molt de marge de creixement, especialment en les propostes menys conegudes.

És en aquest context que ha nascut MúsicaKm0.cat, un portal impulsat per l’Associació de Productors i Editors Fonogràfics i Videogràfics Catalans (APECAT) amb el suport de l’Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC), del Departament de Cultura de la Generalitat de Catalunya, que recull la diversitat musical de Catalunya, massa sovint poc coneguda, en diferents llistes de reproducció.

Segons dades d’Alpha Data, l’1% dels artistes acumula prop del 90% de les reproduccions globals en estríming, una dinàmica que sovint dificulta la difusió de propostes menys conegudes pel gran públic, escenes emergents o projectes independents.

Davant aquesta situació, MúsicaKm0.cat reivindica la importància de la curadoria, la contextualització i la descoberta musical com a eines per ampliar la mirada sobre la música produïda a Catalunya. Fins ara, el projecte ha acumulat més de 63 milions d’impressions digitals i més de 42.000 nous seguidors a través de playlists vinculades a múltiples escenes i gèneres musicals produïts al país. “Les plataformes han canviat completament la manera com escoltem música, per això és important generar espais que ajudin a descobrir artistes, escenes i propostes que potser no apareixen de manera immediata dins les dinàmiques habituals de consum”, explica Eva Faustino, directora gerent de l’APECAT. “MúsicaKm0.cat neix precisament amb aquesta voluntat: ajudar a contextualitzar i donar presència a la diversitat musical que es produeix avui a Catalunya”, afegeix. 


La plataforma MúsicaKm0.cat aplega playlists i continguts de molts gèneres musicals produïts a Catalunya: des del jazz, el folk o la cançó d’autor fins a l’electrònica, la música urbana, el pop, l’experimentació sonora o les noves escenes híbrides, amb la voluntat de reflectir la pluralitat real de l’oferta. L’objectiu és que l’usuari no només escolti música, sinó que pugui entendre millor el context cultural i creatiu que hi ha darrere de cada escena, segell, estil o projecte musical de la música produïda en l’ecosistema cultural i creatiu català, tant en la composició, com en la creació artística, la producció musical i la producció fonogràfica.

MúsicaKm0.cat no posa el focus únicament en els artistes, sinó en tot l’ecosistema que sosté la música produïda a Catalunya. El projecte reivindica la feina de productores, estudis d’enregistrament, segells discogràfics, editorials, sales, festivals i professionals que contribueixen a construir una escena musical diversa, híbrida i transversal, però sovint fragmentada i poc reconeguda fora dels hàbits de consum més comuns.

“Moltes vegades es parla de la música feta a Catalunya com si fos una única escena, i la realitat és que conviuen propostes, llenguatges i maneres de crear molt diverses”, destaca Faustino. “També és important entendre tota la xarxa de professionals i estructures que fan possible aquesta música i que sovint queden invisibilitzades dins el relat cultural. MúsicaKm0.cat vol precisament ajudar a ampliar aquesta mirada i generar més espais de descoberta i context al voltant de la música feta al territori”, conclou.

L’APECAT, associació impulsora del projecte, que aplega 43 empreses discogràfiques catalanes, treballa des del 2003 per defensar, consolidar i enfortir el sector fonogràfic i videogràfic català i impulsa i promou la música creada a Catalunya amb iniciatives com MúsicaKm0.cat.

Contingut de marca

 

[Foto: APECAT - font: www.diaridelallengua.cat] 

sexta-feira, 24 de julho de 2026

Cómo se inventó el país más racista del mundo

La campaña antiargentina fue un discurso de odio revestido de progresismo. 


Por Martín Mosquera

Entrevista por Gabriel Vera Lopes

 

Durante el Mundial de fútbol recién finalizado, el enfrentamiento entre selecciones derivó rápidamente en una campaña internacional contra Argentina. Figuras muy diversas, de Rosalía y Patti Smith a Samuel L. Jackson, Yanis Varoufakis y el escritor y activista Etan Thomas, participaron de una denuncia masiva del supuesto racismo excepcional del país, amplificada por las redes sociales y por buena parte de la prensa occidental, conservadora y progresista. El apoyo a sus adversarios llegó así a presentarse como una causa antirracista, mientras la sociedad argentina era reducida a una caricatura blanca, xenófoba y supremacista.

En esta entrevista, Martín Mosquera analiza el origen emocional y político de la campaña, discute la situación real del racismo en Argentina y cuestiona el papel desempeñado por una parte de la intelectualidad progresista global. La conversación fue realizada originalmente para Brasil de Fato y se publica aquí en una versión ligeramente adaptada.

¿Qué pensás de la ola antiargentina global?

Martín Mosquera

La verdad es que fue un fenómeno bastante impresionante. Durante algunos días, Argentina llegó a aparecer en las redes como el país más odiado del mundo, incluso por encima de Estados Unidos. Hasta cierto punto, nada de esto debería sorprendernos demasiado. El fútbol moviliza rivalidades nacionales intensas y las redes sociales las procesan dentro de un ecosistema dominado por la agresividad y las noticias falsas. Pero la situación pronto pasó a otro nivel.

Lo que comenzó como una reacción bastante típica de la competencia deportiva fue creciendo hasta alcanzar a buena parte de la prensa internacional. Desde la derecha se recuperó la vieja representación del argentino como una figura bárbara y deshonesta. The Telegraph, un diario conservador inglés, por ejemplo, tituló «Fútbol 1, delincuentes 0». El partido dejó de ser una competencia deportiva y pasó a presentarse como una confrontación moral entre el supuesto juego civilizado de España y la violencia constitutiva de los argentinos.

Más sorprendente todavía fue el papel de los medios progresistas o liberales occidentales. Publicaciones como The New YorkerThe GuardianLos Angeles Times o El País se sumaron, con distintos grados y matices, a una narración que presentaba el torneo como una lucha entre una Argentina blanca y racista y el multiculturalismo encarnado por las selecciones europeas. La operación era diferente de la conservadora, pero complementaria. Mientras unos denunciaban la barbarie argentina, otros la convertían en una expresión de supremacismo racial.

La escena era, como mínimo, paradójica. Pensemos un segundo. Cuando la campaña alcanzó su pico, el cuadro de semifinales reunía a tres selecciones pertenecientes a países centrales, con extensas historias coloniales y problemas contemporáneos muy documentados de racismo, frente a la selección de un país periférico. Sin embargo, una parte del progresismo internacional consiguió presentar el apoyo a España, Inglaterra o Francia como una posición anticolonial y antirracista frente a Argentina.

Creo que fue un caso bastante característico de nuestra época. En pocos días se produjo colectivamente una imagen completamente delirante de Argentina. Tal vez pueda resumirse en la intervención de Samuel L. Jackson, que llegó a presentar a Argentina como el país probablemente más racista del mundo y sugirió que las personas negras no debían alentar a su selección. Jackson es un actor genuinamente comprometido con los derechos civiles y vive, además, en un país cuya historia de esclavitud y segregación sigue proyectándose sobre el presente, donde se mantiene una enorme tradición de supremacismo blanco y son habituales los crímenes de odio. Creo que sus palabras dan la medida de la distorsión alcanzada por la campaña.

Estamos hablando de un poderosísimo aparato cultural global que se montó sobre una campaña de hostigamiento surgida en las redes sociales y amplificada por ellas. Para una sociedad periférica con escasa capacidad de intervención en la conversación pública mundial, contrarrestar un discurso de esa magnitud resultó prácticamente imposible. Hubo voces críticas, pero fueron minoritarias y no consiguieron alcanzar una circulación comparable. Entre ellas estaban, precisamente, muchas de las personas en cuyo nombre supuestamente hablaba la campaña, desde organizaciones afroargentinas hasta colectivos de migrantes latinoamericanos que describían experiencias y formas de recepción muy distintas de la caricatura que circulaba en el exterior.

Creo que el inicio de todo esto fue mucho más prosaico de lo que después pretendieron las racionalizaciones políticas. La materia prima de nuestras conductas, de las de todos nosotros, son las emociones. Las razones suelen llegar después, como coartada o disfraz de nuestras pasiones. Y en el fondo de todo esto hubo una emoción muy intensa, reactivada en el contexto del Mundial de fútbol.

El punto de partida fue la irritación que produjo en mucha gente el nuevo avance de la selección argentina, después de haber «sufrido» la arrogancia de sus hinchas tras el Mundial de Qatar de 2022. Había, sencillamente, un rechazo emocional ante la posibilidad de otra victoria argentina. En España se sumó, probablemente, la prolongada hostilidad hacia Messi de una parte importante del «madridismo», que durante años organizó una cultura deportiva y mediática alrededor de su rivalidad con el jugador argentino.

En América Latina ya existía un sentimiento antiargentino previo, asociado a la fama de arrogancia nacional. A eso se sumó la frustración de países enormes, con mucho más presupuesto y población. México arrastra una larga historia de decepciones futbolísticas, mientras Brasil atraviesa la mayor sequía mundialista de su historia justo cuando su principal rival regional encadena una etapa de éxitos. Brasil fue, de hecho, uno de los focos más activos de la campaña.

El fútbol es un extraordinario movilizador de emociones y, durante un Mundial, se combina con esa fuerza enigmática y poderosa de la modernidad que es el sentimiento nacional. El origen del fenómeno fue, en buena medida, una mezcla de rivalidad deportiva y orgullo herido ante la posibilidad de otra victoria argentina. Todo ello amplificado por una tecnología construida para premiar la agresividad y la indignación. Las redes sociales, y particularmente X bajo la conducción de Elon Musk, funcionan como una maquinaria de exaltación de este tipo de discursos.

Sobre esa base emocional se construyeron tres racionalizaciones políticas. La primera fue la idea de un supuesto favoritismo de la FIFA hacia Argentina, una acusación conspirativa con muy poco sustento. Cualquier decisión arbitral favorable era presentada como prueba de un complot, mientras se ignoraban los errores que perjudicaban al equipo o los beneficios recibidos por otras selecciones.

No sorprende a nadie la opacidad de la FIFA, acentuada por la influencia de Donald Trump en un Mundial organizado en Estados Unidos. Esa cercanía quedó expuesta cuando el presidente intervino para que se levantara la sanción a Folarin Balogun, jugador de la selección estadounidense. También resultó indignante la exclusión del árbitro somalí Omar Abdulkadir Artan, junto con decisiones arbitrales muy polémicas, como las del partido entre Croacia y Portugal, tras el cual la federación croata presentó una protesta formal. Ninguno de estos episodios benefició a Argentina. El torneo confirmó hasta qué punto la FIFA está atravesada por la mercantilización y la corrupción.

El segundo eje fue el vínculo del gobierno de extrema derecha de Javier Milei con figuras como Trump y Netanyahu. Ese alineamiento del gobierno argentino es real y forma parte de una orientación política concreta cuyas consecuencias padece la población del país. Sin embargo, su utilización dentro de la campaña fue selectiva y distorsiva. Se señaló, por ejemplo, la participación de Messi en una reunión institucional del Inter de Miami con Trump, un hecho repudiable. En cambio, no generaron un repudio comparable encuentros mucho más personales, como el de Harry Kane jugando al golf con Trump o la visita individual de Cristiano Ronaldo.

Mientras se condenaba a la selección argentina por esa supuesta cercanía política, también se ignoraron gestos que iban en sentido contrario. Junto con la hermosa imagen de Lamine Yamal celebrando con la bandera palestina, Argentina protagonizó uno de los pocos actos de desobediencia política del torneo. Tras la semifinal contra Inglaterra, varios jugadores desplegaron una bandera con la inscripción «Las Malvinas son argentinas», desafiando una prohibición explícita de la FIFA, respaldada incluso por el gobierno de Milei. El gesto conectaba con un sentimiento popular profundo y exponía a los jugadores a posibles sanciones. También generó incomodidad en el oficialismo, que reaccionó con hostilidad. Fue una intervención breve pero poderosa.

El tercer eje fue el racismo. En este punto, el rechazo encontró una racionalización más noble y mucho más eficaz. La campaña dejó de presentarse como una rivalidad futbolística y comenzó a describirse como una lucha moral contra un país supuestamente blanco, colonial, racista, violento y tramposo.

Eso no significa que Argentina carezca de racismo. Hay racismo, como existen otras formas de discriminación y desigualdad. Distintos grupos racializados, entre ellos pueblos originarios, afrodescendientes y migrantes regionales, sufren prejuicios y formas de exclusión. Y el fútbol constituye uno de los espacios donde esas expresiones aparecen de manera más desagradable e hipertrofiada. Pero la situación real guarda muy poca relación con la imagen construida por esta campaña.

Fue realmente sorprendente leer cosas cada vez más delirantes escritas por personas que conozco, muchas de ellas personas cercanas, además de inteligentes y formadas. Reproducían noticias falsas de fácil refutación y generalizaciones que jamás aceptarían si estuvieran dirigidas contra otros pueblos. También fue inquietante observar la creciente agresividad del lenguaje. Un militante marxista que está entre mis contactos en X llegó a pedir que Irán bombardeara Buenos Aires. Evidentemente no hablaba en serio, pero el comentario mostraba hasta qué punto se había naturalizado la hostilidad colectiva.

La experiencia fue reveladora. Nos permitió observar desde adentro cómo funcionan las redes de odio de las que se alimenta la extrema derecha. Todo empieza con una emoción intensa. Después, algunos hechos verdaderos se sacan de contexto y se mezclan con falsedades dentro de una comunidad que solo escucha lo que confirma sus certezas. En muy poco tiempo puede construirse una realidad completamente imaginaria y conseguir que personas inteligentes la reproduzcan con convicción.

Creo que no es exagerado hablar en este caso de un discurso de odio. Reunió varios de sus rasgos característicos: partió de una emoción exaltada, se propagó por las redes sociales, se alimentó de noticias falsas y medias verdades y atribuyó características morales a una población completa. Como suele ocurrir, esa estigmatización también tuvo consecuencias fuera de las redes, con episodios de agresión contra argentinos en España, México y Brasil. Por el momento fueron casos acotados, pero muestran que estas narrativas nunca son inocuas.

Lo más llamativo fue que una parte de la izquierda y de la intelectualidad progresista global, principalmente europea y estadounidense, funcionó como una pieza decisiva de la campaña. Le proporcionó un lenguaje respetable y una racionalización política.

Diría, por eso, que fue un discurso de odio disfrazado de progresismo. Una rivalidad futbolística perfectamente comprensible fue transformada en una condena moral de una población completa, y una parte del progresismo internacional le otorgó legitimidad política.

GVL

¿Cuál es la situación del racismo en Argentina?

MM

Argentina tiene racismo, pero no es la sociedad excepcionalmente racista que se construyó durante esta campaña. Ambas afirmaciones deben sostenerse simultáneamente.

Existe discriminación contra pueblos indígenas, afrodescendientes y migrantes de la región. Hay violencia policial selectiva y una cultura futbolística en la que sobreviven expresiones racistas y xenófobas muy fuertes. Durante mucho tiempo, además, el relato oficial presentó a Argentina como una nación puramente blanca y europea, minimizando la diversidad étnica y racial de su población.

Pero cuando se dejan de lado las impresiones y los episodios virales y se observan las instituciones, la historia social y los estudios comparativos, la caricatura internacional empieza a desmoronarse.

Para empezar, Argentina construyó uno de los sistemas de derechos civiles más avanzados de América Latina. Fue el primer país de la región en reconocer el matrimonio igualitario y la adopción plena por parejas del mismo sexo. Su Ley de Identidad de Género permitió modificar el nombre y el sexo registrado sin autorización judicial ni requisitos médicos o psiquiátricos, y fue considerada una legislación pionera a escala mundial. También reconoció la migración como un derecho humano y estableció un régimen relativamente abierto, con acceso de los extranjeros a los servicios públicos.

Argentina tampoco desarrolló nada comparable con el muro entre Estados Unidos y México ni con el régimen fronterizo europeo en Ceuta y Melilla, donde las políticas de contención migratoria han producido muertes y graves violaciones de derechos humanos bajo gobiernos conservadores y socialdemócratas. Esto no lo menciono para relativizar los racismos argentinos mediante la enumeración de los crímenes ajenos, sino porque durante esta campaña España fue presentada como la encarnación de una sociedad multicultural e integrada frente a una Argentina cerrada y supremacista. ¿Acaso no exige esta contraposición borrar de un plumazo buena parte de la realidad europea?

El gobierno de Milei está atacando una parte considerable de ese entramado institucional y promoviendo una política más restrictiva y punitiva. Hasta ahora, sin embargo, su capacidad para desmontarlo ha sido limitada. Su ofensiva constituye un retroceso precisamente porque existe una tradición previa de derechos civiles particularmente avanzada.

La historia argentina también presenta diferencias estructurales importantes. La Asamblea del Año XIII fue una asamblea política reunida en Buenos Aires durante el proceso de independencia del Río de la Plata. Aunque no abolió completamente la esclavitud, dispuso que los hijos de mujeres esclavizadas nacieran libres y adoptó medidas para limitar la trata. La abolición definitiva quedó establecida en la Constitución de 1853. Estados Unidos, por su lado, abolió la esclavitud en 1865, pero mantuvo durante casi otro siglo un régimen legal de segregación racial bajo las leyes Jim Crow.

La economía rioplatense nunca tuvo una estructura basada centralmente en la esclavitud comparable con Brasil o el sur de Estados Unidos. Esto no ocurrió porque las élites argentinas fueran antirracistas; eran abiertamente racistas. La diferencia se explica por otra estructura económica y social. Pero esa diferencia dejó consecuencias históricas.

A ella se sumó una tradición igualitaria poderosa. Historiadores de orientaciones muy diversas han vinculado esa tradición con la politización de la inmigración obrera, la fuerza del movimiento sindical y la incorporación de las clases populares mestizas a la vida política, especialmente durante el peronismo. También señalan el papel integrador de la educación pública y de una sociedad civil muy activa y densamente organizada.

Ese igualitarismo convivió con el racismo, pero contribuyó a atenuar algunos de sus efectos. También ayuda a explicar la ubicación relativa de Argentina frente a sociedades atravesadas por desigualdades raciales mucho más profundas. Argentina tiene enormes desigualdades materiales y simbólicas, pero existe a la vez una norma cultural fuerte contra la afirmación abierta de una superioridad fundada en el nacimiento, un fenómeno ampliamente documentado y estudiado por politólogos e historiadores. Esa tensión forma parte de la historia nacional.

Los estudios comparativos disponibles tampoco respaldan la imagen de una excepcionalidad racista. En el World Values Survey, que pregunta, entre otras cosas, si las personas rechazarían tener vecinos de otra raza, Argentina suele ubicarse entre los países con menor prejuicio racial declarado. Sus resultados son generalmente mejores que los de buena parte de la región y comparables con los de sociedades europeas de baja intolerancia. Según la pregunta considerada, Argentina suele ubicarse cerca de España o Reino Unido y, con frecuencia, por encima de Francia.

El Project on Ethnicity and Race in Latin America ofrece otra base comparativa. El estudio examina la relación entre color de piel y posición socioeconómica en varios países de la región. Sus resultados muestran que las jerarquías raciales atraviesan a toda América Latina, aunque con intensidades desiguales, y las brechas asociadas al color de piel son especialmente pronunciadas en países como Brasil, Colombia, México y Perú. Esto no elimina la existencia de racismo en Argentina, pero sí contradice la imagen de una excepcionalidad argentina construida por contraste con países vecinos que, en realidad, presentan desigualdades étnico-raciales muy profundas.

En buena parte de América Latina existen desigualdades étnico-raciales más profundas y visibles que las argentinas. Brasil exhibe brechas raciales muy pronunciadas tanto en las condiciones de vida como en la exposición al encarcelamiento y la violencia policial. México presenta profundas desigualdades que afectan especialmente a la población indígena y, de manera menos estudiada pero también documentada, a las comunidades afromexicanas. En otros países de la región, la pertenencia indígena o afrodescendiente también está estrechamente asociada a la pobreza y la marginación social.

Francia y Reino Unido, por su parte, cuentan con abundante evidencia sobre discriminación en el mercado de trabajo y en el trato policial. España enfrenta un racismo significativo contra migrantes africanos y una política fronteriza asociada a graves violaciones de derechos humanos.

Por eso, frente a la afirmación de que Argentina es más racista que las principales sociedades latinoamericanas o que Francia, España o Inglaterra, la pregunta inmediata debería ser: ¿según qué indicador? Los estudios comparativos de actitudes no sostienen esa conclusión. Las instituciones de derechos civiles tampoco. Las desigualdades étnico-raciales son considerablemente más profundas en otros países de la región, mientras varias sociedades europeas presentan problemas ampliamente documentados de discriminación institucional.

Esto no permite elaborar un ranking definitivo de sociedades racistas. Pero sí permite descartar la caricatura que circuló durante la campaña. No existe evidencia seria para afirmar que Argentina sea una anomalía racista frente a esos países. En varios indicadores, la evidencia disponible apunta en la dirección contraria.

¿Cómo se formó, entonces, la imagen exterior de una Argentina especialmente racista? Creo que hubo dos factores decisivos.

El primero es, precisamente, el fútbol. Los estadios son uno de los espacios donde el racismo argentino aparece de manera más hipertrofiada. La cultura futbolística local tiene naturalizados los cantos racistas. Además, los argentinos que viajan regularmente a los mundiales no son una muestra sociológica del país. Pertenecen en gran medida a sectores medios altos y altos, entre los cuales el clasismo y el racismo pueden expresarse de manera particularmente cruda.

El segundo factor es la dificultad para reconocer la diversidad argentina cuando no adopta las formas fenotípicas y categoriales de Estados Unidos. La sociedad argentina es profundamente mestiza, aunque ese mestizaje haya sido recubierto durante décadas por una ideología de blanquitud. Desde el exterior, esa ideología suele aceptarse literalmente. Argentina dijo alguna vez que era blanca y sus críticos decidieron creerle.

Las categorías argentinas de raza y clase tampoco coinciden con las estadounidenses. La palabra «negro», por ejemplo, puede funcionar como categoría racial, insulto clasista, pero también, y muchas veces, como una forma afectiva de trato. Esa polisemia obliga a atender al contexto. Un ejemplo de esto fue la sanción impuesta por la Federación Inglesa a Edinson Cavani por escribirle «gracias, negrito» a un amigo. Un uso afectuoso del español rioplatense fue interpretado como un agravio racial. Terminó sancionado un uso afectivo del término porque una institución inglesa trasladó a otro contexto lingüístico su propio código sobre el lenguaje racial.

El desafío consiste en evitar dos simplificaciones. La primera es la vieja negación local del racismo, según la idea de que, como aquí no existe una división racial idéntica a la estadounidense, no hay discriminación. La segunda es la caricatura inversa, que convierte a Argentina en una anomalía supremacista y desconoce su composición popular y mestiza, así como la tradición igualitaria expresada en buena parte de sus instituciones.

La comparación internacional permite rechazar una afirmación empíricamente falsa sin minimizar los problemas reales del racismo argentino. Esa falsedad, además, produce efectos políticos negativos sobre los que vale la pena detenerse. Argentina no aparece, ni en sus instituciones ni en los principales estudios internacionales de actitudes, como una sociedad más racista que los países latinoamericanos o las grandes potencias europeas que protagonizaron esta campaña. En varios indicadores ocurre exactamente lo contrario.

GVL

¿Qué pensás del papel de la intelectualidad progresista global?

MM

Fue uno de los aspectos más decepcionantes. Una parte considerable de la intelectualidad progresista europea y estadounidense reprodujo exactamente la actitud eurocéntrica que los departamentos anglosajones de estudios decoloniales dicen denunciar: habló desde un pedestal moral sin molestarse demasiado en conocer la historia concreta ni la realidad social del país al que estaba condenando. De ese modo, convirtió a una sociedad periférica en objeto de juicio e invisibilizó el racismo característico de sus propias sociedades.

El excelente artículo que publicó Jacobin en Estados Unidos, hay que decirlo, uno de los pocos medios importantes de izquierda que se opuso abiertamente a esta ola, y que tradujimos con el título «Contra el moralismo geopolítico futbolero», señaló algo fundamental: muchas de estas intervenciones no intentaban comprender una realidad desconocida, sino forzarla dentro de categorías preestablecidas del Norte Global.

Como los autores lo formularon de una manera mejor de lo que yo podría hacerlo, voy a citarlos ampliamente:

Las desigualdades raciales en nuestro país no encajan, ni podrían encajar jamás, en el patrón estadounidense. Verlas como versiones menores de las de Estados Unidos encaja exactamente en la definición de lo «imperial», en la práctica de «gobernar sobre» una multiplicidad de culturas por lo demás dispares. Este «gobernar sobre» desestima las particularidades, ignora formas de ver ajenas y, en general, espera que toda esa diversidad se subordine a esta mirada dominante y monolítica. Esto no es un rasgo exclusivo de los ideólogos de derecha; lamentablemente, se extiende también a algunos de quienes en otros contextos denunciarían al imperio.

La historia racial argentina no puede comprenderse como una versión incompleta o defectuosa de la experiencia estadounidense. Convertir una historia nacional particular en modelo universal y obligar a las demás sociedades a reconocerse en ella es un gesto que podría considerarse, en definitiva, imperial.

Estados Unidos organizó históricamente su sistema racial alrededor de la esclavitud de plantación y, más tarde, de la segregación jurídica, dentro de una clasificación relativamente binaria entre blancos y negros. Brasil tuvo otra trayectoria, atravesada por una economía esclavista de enorme escala y por jerarquías más graduales de color. Argentina tuvo una formación diferente, marcada por la menor centralidad económica de la esclavitud y por un mestizaje cuya visibilidad fue posteriormente desplazada por el peso demográfico y simbólico de la inmigración europea masiva. A eso se sumaron la invisibilización de afrodescendientes y pueblos originarios y una tradición de integración social que convivió con formas concretas de discriminación.

Aplicar, aunque sea de manera implícita, una clasificación racial binaria importada de Estados Unidos conduce a inspeccionar los rostros y los tonos de piel de los jugadores argentinos para decidir si son suficientemente negros. Como no encajan en una imagen estereotipada de la negritud, la selección es declarada blanca. Pero la selección argentina es mestiza y socialmente popular, formada en su enorme mayoría por jugadores provenientes de hogares trabajadores de las provincias y periferias urbanas. La sociedad, en su mayoría, se identifica con ellos por sus trayectorias y porque reconoce en sus maneras una pertenencia común, no porque representen una fantasía de pureza blanca.

La selección argentina también es multicultural, aunque su diversidad no coincida con la imagen que una oficina universitaria estadounidense espera encontrar. Refleja las migraciones internas, así como una diversidad de ascendencias integrada por instituciones populares como los clubes de barrio.

También hubo una asimetría evidente en los criterios. Argentina quedó sometida a un examen moral absoluto, mientras España, Francia e Inglaterra eran liberadas de toda evaluación histórica y contemporánea. Desaparecieron sus historias coloniales y las formas contemporáneas de violencia contra migrantes y poblaciones racializadas.

¿España es una sociedad multicultural y Argentina una sociedad racista? España es una sociedad con una importante población de origen migrante, y Lamine Yamal, además de ser un jugador excepcional, ha sostenido posiciones políticas valientes, reivindicando sus orígenes humildes y expresando su apoyo a Palestina. Muchos argentinos vimos en él algo de Diego Maradona, probablemente el futbolista que más abiertamente se enfrentó a la FIFA y que asumió compromisos políticos y populares reconocibles.

Pero también vimos al capitán de España celebrar junto a su afición «por el rey y por España», cuando esa idea de España ha estado históricamente asociada a la subordinación de las identidades nacionales catalana, vasca y gallega. España enfrenta, además, una violencia sistemática contra migrantes africanos y una derecha xenófoba que todavía se alimenta de las persistencias culturales del franquismo. Francia presenta una discriminación ampliamente documentada contra personas de origen africano y magrebí. En el Reino Unido existen brechas raciales en las condiciones de vida y una fuerte desigualdad en el encarcelamiento y el trato policial.

No se trata de defender al propio país reemplazando un estigma por otro. Se trata, sencillamente, de mostrar la arbitrariedad de una intelectualidad occidental que convirtió a esas sociedades en emblemas del multiculturalismo y el antirracismo mientras sometía a Argentina a un juicio moral absoluto.

Nada de esto convierte a esas sociedades en esencias racistas. Ese es precisamente el criterio que debería aplicarse también a Argentina. Las sociedades son formaciones contradictorias, atravesadas por relaciones de poder y conflictos internos. No pueden reducirse a una esencia moral deducida de una selección de fútbol.

El comentario de Yanis Varoufakis fue un ejemplo particularmente elocuente de esa simplificación, aunque la lista es lamentablemente interminable. Varoufakis celebró el triunfo español afirmando que el fútbol había vencido a su mercantilización y que la brillantez colectiva de España se había impuesto al individualismo argentino.

Pero ¿por qué Argentina representaría la mercantilización y España su superación? La Federación Española forma parte de una de las industrias futbolísticas más ricas y poderosas del mundo, dominada por clubes como Real Madrid y Barcelona. Argentina, en cambio, ocupa una posición periférica y forma jugadores que luego son absorbidos por las ligas europeas. Convertir al polo subordinado en símbolo del mercado y a uno de sus centros principales en emblema de la resistencia muestra hasta qué punto una preferencia deportiva fue revestida arbitrariamente de contenido político. También revela una considerable ignorancia, tanto sobre la estructura del fútbol mundial como sobre las relaciones entre centro y periferia, un terreno en el que cabe exigir bastante más de una figura del prestigio intelectual y político de Varoufakis.

También resulta arbitrario identificar a Argentina con el individualismo por la presencia de Messi. Es cierto que la selección se benefició de una figura providencial, comparable únicamente, en otros contextos históricos, con Pelé o Maradona. Pero el equipo argentino de los últimos años fue profundamente colectivo, construido alrededor de la solidaridad entre sus jugadores y de la subordinación de sus figuras a un proyecto común. Lo importante, de todos modos, no es la discusión futbolística, sino la desfiguración de la realidad a la que se prestaron figuras prestigiosas de la intelectualidad europea. El comentario de Varoufakis dice mucho menos sobre el juego argentino que sobre la necesidad de convertir un episodio deportivo en una victoria moral y política, de manera irresponsable y contribuyendo a una suerte de hostigamiento global contra un país.

No se trata necesariamente de mala fe. Fueron, más bien, actos irresponsables que dicen mucho sobre nuestro tiempo. Una persona con autoridad intelectual debe ser especialmente cuidadosa cuando habla de una sociedad que no conoce. No puede convertir intuiciones formadas a partir de publicaciones virales en afirmaciones generales sobre la historia y el carácter de un pueblo. El prestigio aumenta esa responsabilidad, porque sus palabras proporcionan legitimidad a comportamientos que luego circulan de manera mucho más agresiva.

También hubo una forma de ventriloquia política. Se habló en nombre de distintos colectivos racializados de Argentina, pero rara vez se los escuchó. Muchas de esas voces rechazaron la caricatura internacional sin negar los problemas reales de discriminación en Argentina. Sin embargo, tuvieron mucha menos circulación que las opiniones de celebridades extranjeras. El supuesto antirracismo volvió a colocar a los centros culturales internacionales en el lugar de quienes explican una sociedad periférica por encima de quienes viven en ella.

Una intelectualidad verdaderamente internacionalista debería juzgar menos rápido y conocer mejor las historias nacionales sobre las que interviene. También debería resistir la opinología irresponsable y el vedetismo narcisista que estimulan las redes sociales. El antirracismo pierde fuerza cuando se convierte en una distribución arbitraria de certificados morales y se vuelve directamente imperial cuando transforma las categorías del Norte Global en la medida universal con la que deben ser juzgadas las sociedades periféricas.

GVL

¿Por qué esta campaña constituye un problema político y no solamente una representación injusta de Argentina?

MM

Porque el problema excede ampliamente la reputación internacional del país. Mi preocupación no es defender el honor nacional ni demostrar ninguna presunta superioridad moral de los argentinos. Lo grave es que una parte de la izquierda y del progresismo internacional haya adoptado los procedimientos de una campaña de odio y los haya presentado como una forma de antirracismo.

Ese mecanismo perjudica, en primer lugar, a quienes combaten el racismo dentro de Argentina. Los colectivos racializados quedaron enfrentados a una caricatura exterior que tenía poco que ver con sus experiencias concretas. La derecha puede aprovechar ahora esa exageración para negar el problema real. Si es absurdo afirmar que Argentina es el país más racista del mundo, entonces, dirá, toda denuncia de racismo es falsa. El moralismo extremo termina ofreciéndole una coartada.

La campaña también divide a pueblos que deberían reconocerse como aliados. Las sociedades latinoamericanas están atravesadas por problemas específicos de racismo, pero también por historias de luchas obreras, indígenas, democráticas y anticoloniales. Convertir rivalidades futbolísticas en una competencia moral entre pueblos resulta políticamente desastroso, sobre todo en un momento de avance de la extrema derecha y renovada presión estadounidense sobre la región.

El problema de fondo es qué tipo de izquierda se está formando cuando puede participar con tanta facilidad en campañas de estigmatización nacional. El internacionalismo se vacía cuando la solidaridad entre pueblos es reemplazada por una competencia por demostrar quién ocupa el lugar moralmente correcto. El racismo debe ser combatido y denunciado allí donde aparezca. Pero una izquierda incapaz de distinguir entre combatir el racismo y estigmatizar a un pueblo termina empujando hacia la reacción a personas que no son racistas ni derechistas. La extrema derecha ha sabido explotar muy bien esa experiencia de humillación moral.

El internacionalismo siempre consistió en construir solidaridad entre pueblos diferentes a partir del conocimiento de sus historias y de las estructuras que los enfrentan. Una campaña que convierte a un pueblo periférico en objeto colectivo de odio destruye ese vínculo.

Por eso debe ser denunciada con claridad. Argentina no está libre de racismo, pero ningún racismo se combate estigmatizando una nacionalidad. Las críticas extranjeras son legítimas, pero deben fundarse en hechos y en un conocimiento histórico capaz de aplicar criterios simétricos. La solidaridad entre los pueblos oprimidos es demasiado importante como para dejarla subordinada al moralismo y a la lógica de las redes sociales.

Sobre el entrevistador

Gabriel Vera Lopes es corresponsal de Brasil de Fato y participa en distintos espacios de formación vinculados a movimientos sociales de América Latina.

 

 

[Foto: Lucia Prieto - fuente: www.jacobinlat.com]