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segunda-feira, 29 de setembro de 2025

Nápoles e o amor

Blasco Ibáñez tamén amou a cidade e as súas contradicións, ese convivir da miseria e a beleza, coma se ambas as fosen alí tan irremediables como a súa natureza sísmica 


Escrito por Mercedes Corbillón

Nápoles deixoume nostálxica. É unha desas cidades que vives e soñas ao mesmo tempo, como cando bicas a alguén estrañando xa o seguinte bico, temendo que non suceda nunca. Non axuda moito escoitar en bucle unha canción que me trouxen do barrio dos españois, esa cuadrícula onde vivía a soldadesca no século XVI, cando Nápoles era virreinato e os palazos non se dividiron en mil pedazos. 

Ata hai pouco as guías dicían do «quarteri» que era un sitio inhóspito, agora é pobre e turístico ao mesmo tempo, coas súas bandeirolas de cores de balcón a balcón, os seus trattorias case asomadas á vía Toledo e os seus grupos de visitantes buscando o famoso mural de Maradona. Ao deus de Nápoles prefiro atoparmo debuxado en calquera parede desconchada de Sanitá ou do Pallometto de Santa Lucía, ao que nos leva Erri de Luca, o noso guía turístico napolitano. S. leme parágrafos dO día antes da felicidade mentres agardamos un bus que nos leve a Possilipo. 

Nun balcón sobre o mar veremos caer os raios sobre a baía e esa cidade que «parece empurrada cara ao outeiro polo mar». A frase, ou a idea da frase, é de Blasco Ibáñez, que tamén amou a cidade e as súas contradicións, ese convivir da miseria e a beleza, coma se ambas as fosen alí tan irremediables como a súa natureza sísmica, como o medo e a admiración que esperta a súa irreverencia, ese saltarse as normas e obviar ao estado que quizais alí pasa de longo, como a tormenta, que varre momentaneamente o Vesubio e o castelo do Ovo e a Riviera de Chaia, onde viviron un tempo Gómez da Serna e Carmen de Burgos. 

Que bo destino para amarse e para escribir! 

Da Serna ambientou un conto na Galería Príncipe, que mantén intacto o luxo e o principio de desigualdade que goberna esta cidade. Dentro hai unha librería preciosa, quizais deseñada polos mesmos interioristas das mansións de Sorrento. O rapeiro, que escoito por recomendación dunha moza que nos serve unha cervexa nun bar deses que non teñen máis que un portal e unhas cadeiras de plástico nunha praza sen árbores e sen esperanza, chámase Geolier e naceu en Secondigliano, un lugar onde unha non imaxina o amor, e, con todo, aí está o seu L'ultima poesia.

 

[Imaxe: STRINGER | EFE - fonte: www.lavozdegalicia.es]

quinta-feira, 22 de junho de 2023

Celebrando a Machado de Assis: un homenaje a su risa (no tan) escondida

 

El día de la llegada del verano, 21 de junio, coincide con el natalicio de Joaquim Machado de Assis, uno de los escritores más importantes y singulares de las letras brasileñas. Para rememorarlo compartimos este ensayo que explora la enigmática presencia del autor y su propuesta literaria, analizando, principalmente, una aparente dicotomía: el carácter reservado y solemne del escritor y la conciencia burlona e irónica de su pluma.

                                                                            Izquierda: Joaquim José Insley Pacheco. Derecha: Joaquim José Insley Pacheco (1830-1912).

Escrito por Siham El Khoury Caviedes

En dos de las pocas fotografías que conservamos de su juventud, Joaquim Machado de Assis aparece sentado junto a su escritorio. Corre el año de 1864 y él, a sus veinticinco, se ha preparado para esta sesión: sus botas conservan el brillo del boleado reciente y su pelo ha sido peinado hacia atrás con cuidado. Un listón delgado rodea su cuello y forma un moño ligeramente chueco.

Podríamos imaginar los instantes que precedieron esa imagen: el joven Joaquim cruza una pierna (solemne, siempre solemne) y apoya un brazo sobre la mesa a su izquierda. Sus ojos trascienden al fotógrafo y se enfocan en algo a sus espaldas. La cámara lo deslumbra con su primer flash. De pronto, se le ocurre: ¿cómo le gustaría ser recordado? Toma uno de los libros sobre el escritorio y lo abre. Espalda recta, ojos abajo, labios ligeramente fruncidos y una ceja arqueada; el futuro gran escritor de Brasil finge leer con seriedad y espera a que el retratista vuelva a presionar el disparador.

Esa misma seriedad caracteriza el resto de sus fotografías, incluyendo las que decoran las paredes de la Academia Brasileña de Letras y las que, cada año, parecen evadir la mirada de miles de estudiantes de preparatoria desde las contraportadas de sus lecturas obligadas. Machado de Assis, escritor y tesoro nacional, aparece ahora bajo un imponente bigote, pero con el pelo todavía peinado hacia atrás, con la mirada todavía fija en una dirección distinta al lente que lo capturó.

Cuando, años después de su muerte, la ensayista Lucía Miguel Pereira conversó con quienes lo habían conocido en vida, se sorprendió de encontrar una impresión similar. Incluso sus antiguos amigos lo recordaban “dentro de un frac oscuro”, con “el gesto lento, la palabra rara” y una actitud “pulida y reservada”, en concordancia con su cargo como presidente de la Academia Brasileña de Letras. “Todo en él coincidía con la gravedad del hombre distinguido”, cuenta Pereira; “su aspecto era el de un hombre perfectamente bien hallado”. Se le recuerda visitando librerías, caminando por la calle, leyendo por placer en trabajos burocráticos y participando en las reuniones con más escucha que palabra. También se sabe que era un esposo atento, que evitaba la política y que rara vez se movía de Río de Janeiro. Todo él era un enigma que buscaba regresar al márgen cada vez que su talento lo ponía en el centro. “Tanto como su obra”, continúa Pereira, “su personalidad sugiere dudas e interrogaciones; cambia de aspecto según el ángulo desde el que se la contempla”. Su discreción era tal que, según un artículo de Benjamin Moser para The New Yorker, cuando Machado cumplió cuarenta años, un periodista declaró con demasiada seguridad que sería imposible escribir su biografía, diciendo: “No existe nadie más reservado en el asunto que él”.

Sin embargo, ahora abundan los estudios biográficos sobre Joaquim Maria Machado de Assis, nombrado Caballero de la Orden Imperial de la Rosa y conocido también como el “Brujo de Cosme Velho”, el barrio donde vivía. Este personaje nació el 21 de junio de 1839, diecisiete años después de la independencia de Brasil, y solo treinta y un años después de que se imprimiera el primer libro en Río de Janeiro. Su madre, originaria de Azores, Portugal, lavaba ropa; su padre, hijo de exesclavos brasileños, pintaba casas. Por lo tanto, sus probabilidades de un día ascender a la alta sociedad de su tiempo eran pocas: Machado pertenecía a una familia obrera de lo que entonces se denominaba “raza mixta” y, aunado a esto, era epiléptico, asmático y tartamudo.

Nadie esperaba que, un día, el pequeño Machado se hiciera amigo de un sacerdote dispuesto a enseñarle latín y que, luego, se dispusiera a aprender también francés de un panadero inmigrante. Eso es lo que cuentan las leyendas y, hasta ahora, no se ha encontrado otra explicación para que, a los diecisiete años, estuviera ya trabajando en una imprenta y estableciendo contacto con los grandes intelectuales de su época. De hecho, Machado llegó a ser tipógrafo de la Imprenta Nacional y redactor de uno de los mejores periódicos de la Corte. No tardó en ser encargado de reseñar las sesiones del Senado y, aunque en ocasiones no ganaba lo suficiente para poder comer más de una vez al día, pronto comenzó a publicar sus primeros poemas y relatos.

Así se estableció, inicialmente, como escritor de novelas para y sobre las mujeres de la élite brasileña. Por eso, las dos primeras colecciones de sus textos presentan todos los recursos característicos de la ficción decimonónica: abundan los vestidos y las fiestas de lujo, las miradas significativas dentro de carruajes, y la frivolidad de los conflictos amorosos por herencias fatídicas. Los problemas a los que se enfrentan los personajes de estas obras rayan en lo ridículo; pero, al fin y al cabo, “el ridículo es una especie de lastre que trae el alma cuando entra al mar de la vida”, escribe Machado; “algunos llevan a cabo toda la travesía sin otro tipo de carga”. Es claro que este autor solía presentarse ante la alta sociedad con un espejo y una risa disimulada, mientras ensalzaba a personajes ficticios ilustres como la hermosa y fugitiva Miss Dollar. “[Pero] la Miss Dollar del relato”, escribe Machado, “no es la niña romántica ni la mujer robusta, ni la vieja literata, ni la brasileña rica. Falla esta vez la proverbial perspicacia de los lectores: Miss Dollar es una perrita galga”.

Con esta facilidad para narrar y divertir, Machado pronto se convirtió en uno de los autores favoritos de la Corte. De ahí que, hasta ahora, no se sepa a ciencia cierta qué fue lo que sucedió en 1879. Se ha especulado que un fuerte y prolongado episodio epiléptico le recordó su propia fragilidad; que lo cerca que estuvo de perder la vista transformó su manera de sentir y habitar el mundo; que la “Gran Sequía” que afectaba entonces a Brasil lo motivó a hacer algo distinto con su arte. Lo cierto es que, a partir de ese año, su propuesta literaria cambió por completo y el gentil romántico de su juventud dio paso a un irónico sin miramientos. Los cuestionamientos filosóficos y la sátira política y social adquirieron fuerza en su escritura.

Así que, en el país católico más grande del mundo, Machado se atrevió a publicar una historia en la que “el Diablo, cierto día, tuvo la idea de fundar una iglesia” y hasta “se acordó de ir a ver a Dios para comunicarle la idea”, solo para desconcertarse ante las contradicciones desvergonzadas de sus mejores “apóstoles”. En otro cuento, “El diccionario”, un dictador, calvo desde la juventud, decreta que todos sus súbditos también deben afeitar sus cabezas, argumentando que “la unidad moral del Estado” depende de que todas las cabezas se vean iguales. Su novela más famosa, las Memorias póstumas de Blas Cubas, está narrada desde la perspectiva de un exaristócrata con aires de grandeza que rememora cómicamente sus fracasos después de muerto y que, lejos de seguir la tradición de dedicarle su escritura a su mecenas, prefiere dedicársela, “con recuerdo añorante”, al “gusano que royó primero las frías carnes de su cadáver”.

“Machado de Assis es ligero y divertido de una manera que rara vez se espera de los autores que terminan como estatuas”, escribe Benjamin Moser. Mucho de lo que lo hace tan gracioso es la tranquilidad con la que se atreve a escribir exactamente lo contrario de lo que piensa, bajo una falsa impresión de rigidez. Por eso, una constante en el estilo de Machado de Assis es la tensión entre su compostura escultural y la locura que describe en sus textos, una irreverencia disfrazada de severidad y elegancia que lo acompaña desde sus primeras fotografías.

En especial, “Machado se deleitaba en mostrar la débil cordura de la gente respetable”, reza el artículo de Benjamin Moser. En “El alienista”, por ejemplo, un prestigioso doctor arriba al pueblo de Itaguaí e inaugura una suerte de institución psiquiátrica, solo para darse cuenta de que quizá el loco es él, o quizá “loco” está el mundo entero. “Aquellos cuyo equilibrio mental es inalterado”, señala con humor el narrador, “deben ser tratados en adelante como probablemente patológicos”. Él mismo concluye que la locura más peligrosa no es la que se muestra, sino la que se oculta como una doble cara en las esferas más recatadas de la sociedad.

Teniendo esto en cuenta, quizá Machado coincidiría con la famosa pregunta de Vladimir Jankélévitch: “¿qué es la ironía, sino la conciencia —una buena conciencia burlona— con la que se distingue de la hipocresía?”. Además, la ironía, por definición, cuestiona y, al cuestionar, libera. Esto le interesaba particularmente a Machado: él sabía que la liberación de la mente radicaba en la formación de una conciencia abierta al aprendizaje y al cambio. No en vano advierte el difunto autor de las Memorias póstumas: “Dios te libre, lector, de una idea fija; antes una paja, antes una viga en el ojo”.

De hecho, pocos escritores de ficción han pensado tan cariñosamente sobre las ideas, como si se tratara de personas reales capaces de moverse, de crecer, de perder su camino y quedar prendadas de otras. Y es que, para Machado, los contornos de nuestro mundo no están solamente determinados por nuestras circunstancias, sino también por aquello a lo que solemos prestarle atención, por nuestra manera de leer y desentrañar los misterios del ser humano y del mundo que habitamos. Por eso, sus textos parecen configurarse mediante diversas capas de sentido, como si se tratara de una cebolla; a partir de un interés especial (un compromiso, quizá) suscita o cataliza reflexiones, para constantemente retar a quien lee a mirar más allá de lo escrito: ¿qué hay detrás de las bromas despreocupadas de sus narradores? ¿Qué paradojas ponen en juego y qué revelan estas de nuestras propias contradicciones? ¿Exactamente de qué se ríe Machado?

Podríamos hacernos esta misma pregunta frente a una de las últimas fotografías del autor, tomada en 1906, dos años antes de su muerte. En ella, se han reunido varios intelectuales y miembros de la Academia Brasileña de Letras en un lindo patio, junto a una fuente. A primera vista, la expresión de Machado parece grave, pero esa seriedad desaparece conforme agrandamos la imagen. Así visualizo yo el momento previo: el gran Machado de Assis camina hacia una de las esquinas y se coloca al lado de dos célebres amigos suyos, Joaquim Nabuco y Francisco Pereira Passos. Esconde parcialmente sus dedos bajo la tela de su saco (solemne, siempre solemne). Se endereza. De pronto, se le ocurre que de esta forma será recordado dentro de unos (quizá muchos) años, cuando ya no pueda posar más frente a una cámara; así que, antes del flash, Machado se acerca un poco más a sus amigos y, como en secreto, como diseñando un chiste privado con el futuro, sonríe levemente bajo sus bigotes.

Fuente: Wikimedia Commons. Dominio público.

 

Obras citadas

Bousoño, Carlos. Teoría de la expresión poética. Vol. 2, 7a ed., Gredos, 1999.

Garcia Teixeira, Cristiane. “Imprensa portuguesa, presença assídua na leitura juvenil de Machado de Assis”. Journalismo e Historia, Universidade Federal de Santa Catarina, 5 de febrero de 2021

Machado de Assis, Joaquim. “El alienista”. Cuentos, selección y prólogo de Alfredo Bosi, cronología Neusa Pinsard Caccese, traducción de Margara Russotto, Biblioteca Ayacucho, 1978.

—. “El diccionario”. Revista Montaje, Traducción de Sebastián Novajas, 11 de mayo de 2022.

—. “La iglesia del Diablo”. Cuentos, selección y prólogo de Alfredo Bosi, cronología Neusa Pinsard Caccese, traducción de Margara Russotto, Biblioteca Ayacucho, 1978.

—. Memorias póstumas de Blas Cubas. Traducción de Antonio Alatorre, introducción de Lucía Miguel Pereira, Fondo de Cultura Económica, Biblioteca Americana, 1951.

—. “Miss Dollar”. Cuentos, selección y prólogo de Alfredo Bosi, cronología Neusa Pinsard Caccese, traducción de Margara Russotto, Biblioteca Ayacucho, 1978.

“[Machado de Assis aos 67 anos] [Iconográfico]”. Biblioteca Nacional de Brasil, Acervo Digital.

Moser, Benjamin. “He’s One of Brazil’s Greatest Writers. Why Isn’t Machado de Assis More Widely Read?”. The New Yorker, julio 9 y 16, 2018. The New Yorker, 2 de julio de 2018.

Jankélévitch, Vladimir. La ironía. Edición digital, Penguin Random House, 2020.

Pereira, Lucía Miguel. “Introducción”. Memorias póstumas de Blas Cubas, de Joaquim Machado de Assis, traducción de Antonio Alatorre, Fondo de Cultura Económica, Biblioteca Americana, 1951.

“Retratos de Joaquim Maria Machado de Assis”. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

Ribeiro, Milton. “A amizade peculiar entre Joaquim Nabuco e Machado de Assis é tema de palestra na BPE”, Guía 21, 28 de octubre de 2016.

Siham El Khoury Caviedes
Estudió Literatura Latinoamericana en la Universidad Iberoamericana. Su trabajo de obtención de grado fue sobre Machado de Assis.

 

 

[Fotos: Wikimedia Commons. Dominio público - fuente: www.nexos.com.mx]

sexta-feira, 12 de maio de 2023

«Hermano Lobo», sátira y humor irreverente contra la dictadura

 

La Universitat de València acoge hasta el 14 de mayo una exposición sobre la revista editada entre 1972 y 1976

Escrito por Enric Llopis

“Renovó la manera de hacer humor en España, fue crítica con la sociedad de su tiempo y satirizó de forma irreverente y cáustica al poder, sus gentes y las costumbres de la época”

Escritores, dibujantes de viñetas y humoristas como Manuel Vicent, Francisco Umbral, Chumy Chúmez, Forges, El Roto, José Luis Coll, Gila, El Perich o Manuel Summers. Aparecen destacados en el libro Lo mejor de Hermano Lobo, revista que vio la luz el 13 de mayo de 1972 y se publicó hasta el verano de 1976, con el subtítulo –en la cabecera- de Semanario de humor dentro de lo que cabe.

También aportaron sus textos escritores y periodistas como Eduardo Haro Tecglen (Pozuelo); Monsterrat Roig; Rosa Montero; Manuel Vázquez Montalbán (Sixto Cámara); Luis Carandell y Jaime Millás, entre otros.

“Renovó la manera de hacer humor en España, fue crítica con la sociedad de su tiempo y satirizó de forma irreverente y cáustica al poder, sus gentes y las costumbres de la época”, valora la citada antología, editada por Temas de Hoy en 1999.

La obra citada incluye un artículo del humorista gráfico José María González Castrillo (Chumy Chúmez), que se remite a los orígenes de Hermano Lobo; así, en 1972, cuando se cumplían 25 años “de mi parto (de ser parido no de parir) pensé que había llegado el momento de competir con el padre, que era madre, La Codorniz” (el comentario toma como punto de partida los comienzos de Chumy Chúmez –noviembre de 1947- en La Codorniz, “La revista más audaz para el lector más inteligente”).

Según el editor de izquierdas José Ángel Ezcurra, “Hermano Lobo, en un pispás, se convirtió en un inmenso éxito editorial (…); en un principio fue Triunfo”, que a finales de los años 60 del siglo XX “atravesó una crisis muy seria y peligrosa (…)”; y también “(al principio fue) Chumy Chúmez”, quien le habló por primera vez a Ezcurra sobre el proyecto de Hermano Lobo; Ezcurra fue el fundador de Triunfo, revista en la que también colaboró el humorista y escritor.

La Sala Estudi General de La Nau (Universitat de València) acoge hasta el 14 de mayo la muestra Hermano Lobo (1972-1976). Un huevo duro para el caudillo, en la que ejercen la función de comisarios dos historiadores y profesores del área de Periodismo de la Universitat (UV), Francesc Martínez Gallego y Antonio Laguna Platero.

La nota informativa de la UV recuerda las palabras del escritor y actual columnista del periódico El País, Manuel Vicent, colaborador en la época de Hermano Lobo: “La revista se fabricaba con todo el equipo de humoristas y escritores en unas cenas de los jueves en el restaurante Casa Picardías (de Madrid); era incluso divertido ir a declarar al Tribunal de Orden Público –TOP- (en el Palacio) de las Salesas, que al final se tomó como una excursión casi deportiva”.

Según los profesores Laguna y Martínez, la existencia de publicaciones satíricas como Hermano Lobo –y también otras: Por Favor (editada en Barcelona entre 1974 y 1978); o El Papus, contra la que atentó la ultraderechista Triple A- demostraban que la supuestamente aperturista Ley de Prensa e Imprenta (conocida como Ley Fraga), de 1966, “no era más que un ligero retoque (…) a la ya deteriorada y casi fúnebre dictadura”.

La Universitat destaca portadas como la del 12 de abril de 1975 (número 153), con la imagen de un juez preguntándole al reo si este conoce sus derechos; el acusado responde de modo afirmativo, a lo que el magistrado exhorta: “Pues olvídelos”; “Sí, señor”, concluye la persona procesada.

Tres años antes, la revista de humor salió a la calle editada por Pléyade, la misma casa editora que publicaba Triunfo; el primer número de Hermano Lobo alcanzó una tirada de 100.000 ejemplares (en ediciones siguientes se llegó a los 150.000; y el máximo de ventas llegó a cotas de 170.000). Hasta el 5 de junio de 1976 vieron la luz un total de 213 números.

Otro punto destacado por la UV es la censura y la represión; “la revista fue expedientada, multada y finalmente secuestrada en dos ocasiones” (seis expedientes: en junio de 1972; febrero y diciembre de 1973; mayo de 1974 y tanto febrero como octubre de 1975; el número 153 –del 12 de abril de 1975- fue objeto de un “secuestro completo” por “menosprecio a la Justicia”, según la querella del fiscal); en cuanto al contenido, también “la censura se convirtió en una inagotable fuente de inspiración”.

Medio siglo después del primer número, los paneles de la exposición informan que el semanario atravesó por tres etapas; la primera (1972-1973), de nacimiento y notables tiradas (más de 100.000 ejemplares); el manifiesto inicial de Hermano Lobo, que publicó Triunfo el 13 de mayo, señala como objetivo “remover la placidez de esa cabaña ovina a la que todos pertenecemos por nacimiento”.

La segunda etapa, entre 1974 y 1975, es la de estancamiento, con un declive en las tiradas, “cierto cansancio del modelo”, y el surgimiento de competidores como El Papus (1973) y Por Favor (1974).

El último periodo –relanzamiento fallido– incluye los años 1975 y 1976; en la revista se constatan cambios: en el diseño, por el incremento en el número de páginas, la publicación de fotografías eróticas o el aumento en la nómina de colaboradores, para reforzar la síntesis entre humor gráfico y análisis, detalla la muestra de la Universitat.

Hermano Lobo no insertó anuncios publicitarios; pero sí otros con doble sentido y en forma de montaje, por ejemplo en la sección Chumypublicez.

La portada del primer número, a la venta por 15 pesetas, tiene como protagonista a un torero con montera y corbata, sentado en una silla y la bandera de Estados Unidos en el antebrazo. En las páginas interiores -16- podía leerse un Elogio del boniato (artículo de Manuel Vicent); otro texto dedicado a “La sabia naturaleza”, con la firma “Nihil obstat Imprimatur Tip y Coll); una fábula acerca de La hiena y el murciélago (de Rómulo y Remo) o la sección 7 preguntas al lobo.

Asimismo una viñeta de Summers se centraba en un féretro con una cruz destacada en el camposanto, del que surgen las palabras siguientes: “… Y ahora que ya no me pueden ustedes hacer nada… ‘¡Soy de izquierdas!’”.

El número 152 (semana del 5 al 11 de abril de 1975) dedica las páginas centrales a La reconciliación nacional; al dibujo de un personaje masculino acompaña la leyenda “¡¡Si es que no puede ser!!… Les ofreces la reconciliación y te piden indultos y amnistías”; la tradición reconciliadora de España, “que empezó en Covadonga”, tendría como punto culminante el día 7, a las 6,15 horas, anunciaba un artículo de Licántropo.

 

 

[Fuente: www.rebelion.org]

terça-feira, 28 de março de 2023

As pontas afiadas do «Triângulo da tristeza»

Filme vencedor de Cannes aborda o requintado vazio dos super-ricos — e seu naufrágio. A vida é gamificada por influencers; e a falta de imaginação política, a catástrofe. No inferno do paraíso, volta à ordem é esperança duma sociedade despedaçada

Escrito por Marília Velano
 

Localizado entre a sobrancelha e o início do nariz, o triângulo da tristeza é um lugar de valor e referência para seleção de um casting de publicidade masculino e seus respectivos avaliadores no novo filme de Ruben Ostland. Deve-se ficar relaxado, um deles explica. A expressão oferece uma forma geométrica ao afeto, ao mesmo tempo em que o localiza com precisão no corpo. A partir daí já ganhamos, no mínimo, em figurabilidade. Como não enxergar a circunferência da angústia na barriga ou do retângulo da dúvida formado pelas veias saltitantes da testa de obsessivo?

A curiosidade pode ainda se desdobrar-se em questões mais amplas e aleatórias: a exemplo da relação bastante original entre a tristeza e o espaço, tendo em vista uma tradição da fenomenologia do afeto, em que a tristeza aparece comumente associada a uma psicopatologia da experiência do tempo e não do espaço: tudo demorando em ser tão ruim. E estamos apenas na primeira cena de Triangle of Sadness (2022), vencedor da Palma de Ouro em Cannes e de outros tantos prêmios.

O filme, dividido em três partes, está mais para um triângulo escaleno com as pontas desiguais no tempo. A primeira parte nos apresenta Yaya (Charlbi Dean) e Carl (Harris Dickinson), casal de jovens modelos influencers que discutem sobre quem deveria pagar a conta do jantar em uma relação que não se consegue sustentar fora de um sistema de trocas comerciais. O mesmo casal surge num navio chiquérrimo, a outra ponta do triângulo, no qual não distinguimos mais se a menina trabalha ou se diverte no inferno do paraíso daquela viagem.

As dinâmicas do trabalho de influencer passam a ser dramatizadas como um jogo e levadas a um sistema de recompensas rápidas (likes, amigos e seguidores) que é tão mais motivador quanto produtivo para o trabalho. Esta gamificação (Byung Chul Han) é a exploração do homo ludens, que se submete às relações de dominação enquanto joga, produzindo uma confusão entre a comunicação e a comercialização. A tripulação, treinada pela mais requintada das hostesses de navio para o divertimento dos super-ricos, trabalha sob uma disciplina tão rigorosa que, a um dado momento, ficamos sem saber se se trata de um navio, de uma fábrica ou de uma prisão. E chegamos no Foucault, antes mesmo de atracarmos na terceira ponta do filme que se parece estender além do necessário no tempo.

Se considerarmos a onda distópica que tomou conta de filmes e séries nos últimos anos – The Walking dead (2010), Black Mirror (2011), The Handmaid’s tale (2017), Years and Years (2019) etc. –, vemos que os pontos comuns dessas produções são o espaço atravessado por regimes autoritários, estados híbridos de vida e morte, entre catástrofes das quais não se discriminam mais sua gênese política ou natural. No mundo pós-pandêmico, se é possível pensar em pós-pandemia, assistimos curiosos à transposição da produção audiovisual de lugares distópicos para os lugares que poderíamos denominar, para voltar a Foucault, como heterotópicos.

As heterotopias são lugares reais (em contraposição às utopias) que estão paradoxalmente fora de todos os lugares. A exemplo do colégio interno, do hospital, do cemitério e da prisão, as heterotopias têm uma função determinada em cada sociedade. Podem ser destinadas aos indivíduos que passam por uma crise – adolescentes, mulheres menstruadas, grávidas, idosos – ou aos indivíduos cujo comportamento é desviante em relação à norma: prisões, hospitais psiquiátricos.

Existem as heterotopias que estão ligadas ao tempo, como um espaço privilegiado de acumulação e empilhamento infinito de tempo: museus e bibliotecas. E, por fim, as heterotopias transitórias, como as feiras, os circos, colônias de férias e o navio, que é a heterotopia por excelência, na medida em que é um lugar sem lugar, que existe por si só e é fechado sobre si mesmo.

O mesmo tipo de espaço está presente em White Lotus (2021) e, de forma mais discreta, em Parasita (2019). O resort no primeiro caso, e o quarto da empregada no segundo. Além disso, as duas séries e o filme guardam em comum a crítica ao mundo dos super-ricos e seus lugares que, de tão vexatórios, parecem irreais, não fosse a porta concreta que delimita o dentro e o fora de cada um.

E o que significa este deslocamento da obsessão distópica dos últimos dez anos para a irreverência desconcertante desses outros espaços que dominaram as telas recentemente? Por que nos divertimos tanto com os lugares reais e a própria realidade sem as distorções mirabolantes que nos afastam um pouco daquilo que vemos?

No estudo das heterotopias, vemos como o espaço, a despeito do que aconteceu com o tempo, preservou-se, de certa maneira, ainda como um espaço medieval, no qual cada coisa é colocada em um conjunto hierárquico de lugares: lugares profanos, lugares sagrados, lugares urbanos, lugares rurais, lugares públicos, lugares familiares, lugares culturais, lugares úteis, lugar de trabalho e lugar de lazer.

Em sua teoria, Foucault defende a ideia de que o espaço manteve uma “presença oculta do sagrado” na preservação destas oposições tão bem delimitadas. Ele enuncia sua tese em uma conferência de 1967. Transpondo para os dias de hoje, o que vivemos em um primeiro momento com a chegada da internet e que, posteriormente, intensifica-se durante a pandemia nos anos recentes, foi a verdadeira dessacralização do espaço. A explosão de qualquer fronteira que hierarquize ou separe o espaço profano do espaço sagrado, o espaço de trabalho do espaço de lazer, o espaço de cultura do espaço útil, o espaço da vida do espaço da morte.

O ataque dos piratas ao navio do Triângulo da Tristeza, com a bomba fabricada por uma das famílias milionárias da tripulação, demonstra o esforço e o fracasso em metaforizar a explosão de todos os lugares e o mundo que se tenta reorganizar a partir dos escombros, com seus cadáveres e restos de comida, em uma mímese invertida da luta de classes como o princípio ordenador da civilização.

O fato é que os tripulantes sobreviventes do navio explodido vão parar em outro lugar, em uma ilha perdida onde alguma organização social tenta ser construída por meio da inversão dos papéis entre os trabalhadores e os super-ricos. Passam a ser explorados pelo comando da funcionária do navio Abigail (a brilhante Dolly de Leon) os que outrora foram os exploradores, e o resultado dessa falta de imaginação política é catastrófico, mesmo que a gente se divirta um pouco com a vingança maligna dos oprimidos.

O filme termina na porta de um resort que parece conter toda a esperança de uma sociedade despedaçada, a esperança de voltarmos para os mesmos lugares (normotopia nem existe, mas até aqui, existir é o menor de nossos problemas) . Sem acesso ao resort, porque é preciso que em algum momento o filme acabe, ficamos no vazio de representação de espaços possíveis.


Marília Velano é psicanalista, mestre em psicologia pela Université Paris VII, doutora em psicologia pela USP e professora do Departamento de Psicanálise com crianças do Instituto Sedes Sapientiae.

 
 
[Fonte: www.outraspalavras.net]

segunda-feira, 9 de janeiro de 2023

Durruti se cita con King Crimson

Los jóvenes contraculturales de la Cataluña de los 70 revitalizaron el movimiento libertario en los estertores del franquismo y trataron de ensamblar el ‘underground’ y la tradición anarquista. Una exposición recuerda su legado

                              Cartel promocional de la exposición Underground y contracultura en la Cataluña de los 70.

Escrito por César G. Calero

Una multitud desfiló por las calles de Barcelona a finales de noviembre de 1936 para despedir a Buenaventura Durruti, el carismático dirigente anarquista caído en Madrid. El corto verano del anarquismo daba paso a la triste realidad de una contienda que se antojaba larga. La posguerra enterraría el sueño de una nueva sociedad. Pero el surco libertario, aquel que habían comenzado a labrar un puñado de obreros y artesanos a finales del siglo XIX bajo el influjo de Bakunin y Fanelli, no desapareció. La utopía ácrata recobró vida en el tardofranquismo y prendió su mecha de nuevo en Cataluña al calor de los nuevos tiempos. Vientos de cambio que llegaban de California, de Londres, de Ámsterdam, del Mayo francés. Los jóvenes contestatarios devoraban el California Trip de María José Ragué y el Durruti de Julio C. Acerete mientras fumaban marihuana o emprendían un viaje lisérgico. La banda sonora también había cambiado. En los bares del Barrio Chino, Las Ramblas o el Born no sonaban los acordes de Hijos del Pueblo sino la distorsión del Purple Haze de Jimmy Hendrix o la psicodelia envolvente del Epitaph de King Crimson. La CNT y el underground, aunque con cierto recelo, se daban la mano. Federica Montseny regresaba a una Barcelona abarrotada de banderas rojinegras en Montjuic, la misma ciudad por donde Ocaña paseaba su inconformismo radical. Nacía el teatro independiente de Comediants, la música layetana de Pau Riba, Jaume Sisa y Gato Pérez, el cómic sacrílego de Nazario y Pepichek, el periodismo contracultural de Ajoblanco que se atrevía con todo: feminismo, ecologismo, antimilitarismo, homosexualidad, antipsiquiatría… Eran los años 70 y Barcelona se iluminaba de nuevo.

La exposición “Underground y contracultura en la Cataluña de los 70”, comisariada por Pepe Ribas, fundador de la revista Ajoblanco y autor de Los 70 a destajo, refleja de manera muy ilustrativa esa efervescencia cultural, social y política que experimentó Cataluña en la década del 70. La muestra, en la que Ribas ha contado con la colaboración de Canti Casanovas (creador de la web sense nom) y el arquitecto y diseñador Dani Freixes, puede verse en CentroCentro (Ayuntamiento de Madrid) hasta el 12 de febrero tras su presentación hace un año en el Palau Robert de Barcelona.

Fue un tiempo acelerado en el que miles de jóvenes desafiaron los últimos vestigios de la dictadura

Aquella revolución cultural que había comenzado tímidamente a finales de los años sesenta eclosionó a mediados de los setenta y se difuminó antes de que concluyera esa década. Fue un tiempo acelerado en el que miles de jóvenes desafiaron los últimos vestigios de la dictadura y se propusieron cambiar los modos de vida franquistas. El rock se coló por la rendija del aperturismo económico y el incipiente turismo. Y junto a la música anglosajona llegaron también las influencias del esoterismo oriental, el LSD y los libros de autores foráneos que publicaba la editorial Kairós (Aldous Huxley, Jack Kerouac, Erich Fromm, Paul Goodman, Murray Bookchin, Alan Watts…). Esa editorial, fundada por el filósofo Salvador Pániker, sacó a la luz California Trip, de María José Ragué, una obra capital en los inicios de la contracultura catalana. Durante su estancia en la cuna del movimiento hippy norteamericano, Ragué recogió testimonios como el del poeta Allen Ginsberg, figura señera de la generación beat: “Nuestra percepción, nuestros sentidos, están bloqueados. Estamos condicionados por un círculo de ‘dinero-máquina-coche-banco-tv-familia-oficina-avión’ que no nos deja ver el circuito de la existencia”.

Los jóvenes contraculturales transforman en esos años todas las disciplinas artísticas. El rock psicodélico y progresivo se mezcla con el folclore nacional. Pau Riba, el primer hippy catalán, publica Dioptría en 1970. Jaume Sisa, la Companyia Elèctrica Dharma y Gato Pérez experimentan con diferentes ritmos en el templo musical de la contracultura: la sala Zeleste. En bares como el London, el Ascensor y el Cafè de l’Òpera se citan estudiantes, macarras y libertarios. Toda transgresión es bienvenida. Aparece un poeta en cada esquina de Las Ramblas y del Barrio Chino (el Raval actual). Pau Maragall, más conocido como Pau Malvido, hace un recuento de su generación en Nosotros, los malditos. Nace la Asamblea de Actores y Directores que organiza el Festival Grec en el verano del 76 y, en noviembre de ese año, la Asociación de Trabajadores del Espectáculo (ADTE), de tendencia anarquista, lleva a escena el Don Juan Tenorio de El Born en el mercado abandonado del barrio. “Aparecían en escena quince Doña Inés y nueve Don Juan, actuando desde diferentes puntos y bajo la dirección de varias personas”, destacaba la crónica del diario El País. Las influencias del Living Theatre de Julian Beck se pasan por la batidora mediterránea de los pasacalles y la fiesta pagana. El cómic rompe todos los esquemas de lo políticamente correcto con publicaciones como El Rrollo Enmascarado. Las autoridades franquistas se llevan las manos a la cabeza con La Divina Piraña, de Nazario Luque, o Pauperrimus comix, de Pepichek (pseudónimo de Josep Farriol).

Toda esa explosión creativa tiene que lidiar con la España de los tricornios y las sotanas. La represión estatal no frena a una generación que apuesta decididamente por la libertad

La censura cae sobre estos autores que hacen bandera de la irreverencia. Toda esa explosión creativa tiene que lidiar con la España de los tricornios y las sotanas. Pero la represión estatal no frena a una generación que apuesta decididamente por la libertad. Músicos y dibujantes, letraheridos y pasotas, se juntan en comunas y pisos donde todo se comparte. Pau Riba (fallecido en marzo de 2022) ya había fundado en 1968 una comuna en el Tibidabo junto a su pareja, Mercè Pastor. Cuando fueron desalojados de allí se instalan en Formentera. Riba dirá entonces: “Huí del cementerio de un lugar burgués y cristiano para inventarme una nueva forma de vida”.

Las revistas alternativas son en esos años fuente de comunicación y debate de esa nueva forma de vida. Star, dirigido por Juanjo Fernández, o el Ajoblanco de Ribas, Toni Puig y Fernando Mir, se constituyen en una suerte de redes sociales de papel y tinta. Ambas publicaciones sufrirán la censura de una dictadura agonizante. El primer número de Ajoblanco sale a la calle en octubre de 1974. En el momento de su máximo esplendor la revista vende cien mil ejemplares. Con sus monográficos sobre feminismo, ecología o antipsiquiatría genera una gigantesca comunidad de lectores y se erige como puente de confluencia entre el viejo anarquismo y los nuevos movimientos sociales hasta su cierre en 1980. La revista se reeditaría entre 1987 y 1999 y tendría una fugaz resurrección en 2017.

Fuera del sistema

“La contracultura –explica Ribas– implica vivir fuera del sistema. En aquella época esto solo se podía hacer en Barcelona porque había barrios en los que la policía no entraba. Hubo una ruptura con la moral franquista pero también con la moral victoriana europea. Y con el marxismo. Los grupos marxistas-leninistas, trotskistas o maoístas trataban mal a los homosexuales porque decían que eran gente débil que podía cantar la Traviata ante la policía. Y a las mujeres las usaban de secretarias. Nosotros, los contraculturales, no éramos machistas. El trato era de tú a tú en las comunas. La identidad sexual no estaba clara, había mucha gente bisexual. Se trataba de vivir al margen del sistema”.

La militancia se llevaba mejor si, como recuerda Ribas, uno salía de casa después de haber escuchado algo de rock. O se dejaba caer por un concierto, como los que ofreció King Crimson en el Palacio de Deportes de Granollers en noviembre de 1973 (durante dos jornadas). Hubo sus más y sus menos con la policía. Pero lo importante era flipar un rato mientras sonaban In the Court of the Crimson King y otros himnos de la banda de Robert Fripp. La ceremonia de los conciertos de rock no había hecho más que empezar. Cataluña tendrá pronto su particular Woodstock con el primer Canet Rock celebrado en julio de 1975 (con Pau Riba, Sisa, María del Mar Bonet y la Orquesta Platería, entre otros artistas).

En los años 70 proliferan también en Cataluña las comunas, rurales o urbanas, en las que los sentimientos colectivos priman sobre los impulsos individuales. Canti Casanovas tenía poco más de 20 años cuando alquiló una casa cerca de Igualada a la que se fueron a vivir varios amigos durante cinco años: “Teníamos reuniones para saber cómo debíamos plantar las lechugas y qué tipo de huerto nos interesaba más”. Casanovas había visitado una de las comunas del sur de Francia que había creado el filósofo y poeta Lanza del Vasto, un discípulo de Gandhi de origen italiano: “Tanto en las comunas como en los pisos de talleres de dibujantes se compartía todo, había dinero en común, nos conformábamos con comer arroz integral y salsa de soja”. El fenómeno de los neorrurales que prende a partir de los años 80 y llega hasta nuestros días debe mucho a esas primeras experiencias de vida compartida en el campo.

La contracultura catalana de los 70 ha sido silenciada a lo largo de los años, pero aquellos jóvenes rompieron tabúes y dogmas y se atrevieron a reivindicar derechos civiles de los que hoy disfrutamos

La contracultura catalana de los 70 ha sido silenciada a lo largo de los años como si nunca hubiera existido, pero aquellos jóvenes rompieron tabúes y dogmas y se atrevieron a reivindicar derechos civiles de los que hoy disfrutamos: la libertad sexual, los derechos de los homosexuales, el feminismo, el ecologismo, el antimilitarismo… Algunos se dejaron la vida en ello. Otros acabaron marginados por el sistema o absorbidos por las instituciones. Esa juventud rupturista exploraba nuevas formas de acción y protesta, alejadas del dogmatismo de las organizaciones marxistas. La vieja acracia exiliada o reprimida en las cárceles se encontraba con los jóvenes melenudos atraídos tanto por la pulsión libertaria como por el rock psicodélico. Pese a las diferencias generacionales y a algunas reticencias, la CNT y los movimientos sociales emergentes estaban condenados a entenderse: eran parte de la misma lucha antipactista. El sindicato anarcosindicalista mostró su pujanza en el mitin del 2 de julio de 1977. Unas 250.000 personas se congregan ese día en Montjuic, mucha más gente que en cualquier otro acto de masas de la izquierda. El surco sigue abriéndose. A finales de ese mes de julio llega el momento dorado de aquel renacimiento libertario. Los anarquistas toman Barcelona durante las Jornadas Libertarias organizadas por el Sindicato del Espectáculo de la CNT con la colaboración de Ajoblanco y otros colectivos.

Barcelona rojinegra

Entre el 22 y el 25 de julio Barcelona es una fiesta revolucionaria en la que no faltan los debates y las reivindicaciones políticas y sociales. Hubo música y baile en el Parque Güell, marchas a la cárcel Modelo para reclamar la libertad de los presos políticos y sesudos debates en el Saló Diana. Allí, ante la mirada de los cenetistas más veteranos, un joven Jordi Alemany, de la revista ecologista Alfalfa (financiada por Ajoblanco), criticó los sectarismos que impedían la unidad de acción: “Nadie tiene la exclusividad de un tipo de lucha”, proclamó. La cultura de masas obligaba a una reinvención del movimiento libertario que fuera capaz de superar los esquemas y estrategias tradicionales del anarcosindicalismo basados en las relaciones laborales y la producción. Las actividades de las jornadas quedaban consignadas diariamente en Barcelona Libertaria, cuaderno de bitácora que distribuía 40.000 ejemplares. En el número dos podía leerse: “De lo que se trata es de abrir las puertas al Comunismo Libertario, proyecto de futuro que se forja en nuestras manos (…) El anarquismo es la afirmación de un individuo y de una sociedad solidaria, sin clases ni patronos ni poderes”. Y se informaba del motín de 400 presos en la cárcel Modelo. Unos 40 reclusos lograron ocupar la cúpula del edificio. Era el primer motín –señalaba el diario– en que por primera vez los llamados presos comunes y presos políticos luchaban unidos ante la injusticia y la represión. Las reivindicaciones políticas se mezclaban esos días con las ganas de diversión y de liberación sin límites. El artista-activista Pepe Ocaña y Nazario lo entendieron muy bien cuando se subieron un día al escenario en el que tocaba un grupo de rock. Acompañados de un amigo y con su atrevidísimo look travesti, improvisaron una performance que entusiasmó a la entregada parroquia. Ocaña entonó un pasodoble y luego exclamó: “No soy gitana pura, soy gitana libertaria, por eso pido la amnistía para todas las mariquitas”.

“Creo que las Jornadas Libertarias, en las que participó medio millón de personas, fueron prematuras –asegura Ribas–. Se tenía que haber esperado más tiempo porque asustamos a los poderes; vieron que la acracia había resucitado y que no iba a pactar. Esto era muy peligroso en aquella situación, sobre todo para la socialdemocracia. Se creó un relato que no tiene nada que ver con lo que sucedió. Esta exposición, de alguna forma, pone de manifiesto lo que pasó, porque la gente se emocionaba y se reencontraba a sí misma (…) El encuentro de la cultura underground con el mundo de la CNT fue muy rápido, explosivo. El tiempo transcurrió demasiado deprisa. Los cuadros del sindicato estaban saliendo de la cárcel (aquellos que tenían 35 o 40 años) o habían estado en el exilio durante 40 años. Los exiliados eran mayores y se habían ido de España de una determinada manera y volvían a un país completamente distinto y que no comprendían. En muy poco tiempo –1977– la CNT alcanzó los ciento y pico mil militantes. Una locura. Por otro lado, la gente joven estaba inmersa en un proceso muy acelerado de cambio de costumbres, de huida de la casa y de la influencia del paterfamilias. Mi conclusión es que no hubo tiempo suficiente para que el movimiento libertario se articulara con la CNT tradicional”.

La decadencia

El fervor libertario del verano del 77 duraría poco. Seis meses después, en enero de 1978, el “caso Scala” reventaría las costuras de la renacida CNT. Se responsabilizó al sindicato por el incendio de la sala de fiestas y la muerte de cuatro trabajadores al término de una manifestación contra los Pactos de la Moncloa. Años después se sabría que todo fue orquestado por los aparatos policiales de un Estado que veía con extrema preocupación el auge del movimiento libertario. El acoso y derribo a la CNT coincidió con la aprobación de esos pactos entre los partidos políticos tradicionales. El régimen del 78 iba tomando forma y acabaría imponiendo su relato de la Transición.

En las barriadas más desfavorecidas de Barcelona irrumpía el punk, un movimiento nihilista pero no contestatario que atrapó a una juventud sin trabajo y sin futuro en un contexto de crisis económica. Ribas subraya que ese periodo coincide con la debacle del movimiento libertario: “Los partidos de extrema izquierda que no entraron en el Parlamento en el 77 se introdujeron en los movimientos sociales libertarios y comenzaron los enfrentamientos y las pugnas. Algunos de los que habían coordinado esos movimientos acabaron integrándose en las áreas de Juventud y Cultura de los nuevos ayuntamientos. Empezaba la cultura de la subvención”. En aquella época vertiginosa asoma también como actor destacado el nacionalismo. Casanovas siempre ha abogado por una mayor defensa del catalán, su lengua materna, pero rechaza la manera en que el pujolismo impuso el catalanismo como una cultura basada en símbolos nacionales: la sardana y los castells, Tàpies y Miró: “Yo quería dar una visión más amplia al crear la web sense nom (dedicada al periodo contracultural de los 70). El nacionalismo lo entiendo como opuesto a la contracultura, es la unidad en torno a elementos como la lengua o la bandera”.

Los jóvenes contraculturales no solo pretendían erradicar los modos de vida franquistas. Buscaban una transformación social de arriba abajo

El nuevo escenario sociopolítico y la crisis económica de finales de los 70 aceleran la decadencia de la contracultura catalana. El capitalismo inaugura una nueva fase especulativa, la carestía de la vida golpea a las familias más vulnerables y los barrios marginales se descomponen con el desembarco de la heroína, una droga de efectos devastadores que sustituye a ese “sacramento” de la espiritualidad que había sido el LSD. La era del nosotros y la solidaridad se apaga y surge la cultura del yo y la sublimación del dinero.

Los jóvenes contraculturales no solo pretendían erradicar los modos de vida franquistas. Su aliento iba más lejos. Buscaban una transformación social de arriba abajo. O, para ser exactos, de abajo arriba. “Queríamos una revolución cultural y nos quedamos a la mitad –reconoce Ribas–. Se impuso la cultura del mercado, el mundo de la estética, y se anuló el mundo de la ética y el pensamiento. Hoy hay poca libertad mental, estamos adocenados, muy instrumentalizados. Pero nos queda lo que hicimos. De todo aquello quedan las libertades civiles, el antimilitarismo, la laicidad, el feminismo... La huella está ahí y creo que en los márgenes de la sociedad todavía hay contracultura”.

 

[Fuente: www.ctxt.es]

segunda-feira, 2 de janeiro de 2023

Vivienne Westwood, un esprit libre

En plus de 40 ans de carrière, Vivienne Westwood a su se réinventer et surprendre constamment. Vincent Darré rend hommage à la grande styliste qui s’est éteinte jeudi à Londres, à l’âge de 81 ans.

                                                    Vivienne Westwood, lors de l'un de ses défilés.

Écrit par Vincent Darré

En 2022, deux reines ont disparu : Elizabeth II et Vivienne Westwood. La première a défendu la couronne britannique ; la deuxième, l’irrévérence anglaise.

Avec un style choc et des coupes provoc’, ses vêtements transpiraient la rage. Déchirés et traversés d’épingles à nourrice, ils incarnaient la colère d’un pays nécrosé par la récession. De ce désenchantement est né le punk. Ce mouvement contestataire rassemblait les parias de toutes les classes sociales qui hurlaient leur rejet des valeurs établies et trouvaient refuge dans les créations de Vivienne Westwood, anticonformistes et révolutionnaires.

Il y a quelques jours, à Marrakech, je regardais les adolescents ouvrir leurs cadeaux sous le sapin de Noël. Quelle ne fut pas ma surprise de découvrir que leur marque favorite n’était ni Gucci, ni Saint Laurent, ni Chanel, mais bien, Vivienne Westwood. Devant mon étonnement, la créatrice Vanessa Seward, qui se trouvait à mes côtés, me fit part de l’intérêt de la jeune génération pour la marque anglaise. Des mots qui m’ont profondément ému. Vivienne Westwood semblait immortelle.

Peu de temps après, le 29 décembre, nous apprenions sa mort. Sur Instagram, je voyais s’abattre une avalanche d’images représentant ses performances vestimentaires, plus folles les unes que les autres. Son effigie apparaissait sous toutes les formes.

Je me suis alors souvenu de mon premier voyage à Londres avec Christian Louboutin, en 1980. Grâce à lui, j’ai découvert l’underground anglais, de l’artiste Andrew Logan à Zandra Rhodes. Avec Christian, nous allions à Worlds End, la boutique légendaire de Vivienne Westwood, située au 430 Kings Road à Londres, plus connue sous le nom de SEX. J’étais fasciné par le plancher en pente et l’horloge géante de la façade avec ses aiguilles qui tournaient à l’envers.

Je me suis aussi souvenu des défilés de Vivienne Westwood que je courais avec Paquita Paquin pour Les Matins de Paris. Elle écrivait, je dessinais. Je garde en tête la collection « Pirate » et ses silhouettes à la Boy George qui défilaient dans la cour carrée du Louvre. Sur le podium, les modèles fumaient des joints et gesticulaient comme des épouvantails. Le désordre était total. Vivienne Westwood, c’est 40 ans d’un style unique, immédiatement reconnaissable. Avec ses looks victoriens et décadents, elle était la mère spirituelle de John Galliano et d’Alexander McQueen. Une Schiaparelli des temps modernes, dépassant la mode par des messages politiques. Avec Vivienne Westwood, la femme était scandaleuse, libre.

Il est rare qu’un créateur reste si longtemps à la tête d’une maison. À l’époque où la mode est devenue un business gigantesque, tombé dans les mains de grands groupes, Vivienne Westwood avait réussi l’exploit de rester indépendante, à l’instar de Rei Kawakubo, la styliste de Comme des Garçons qui a bouleversé l’allure dans les années 1980, ou l’italienne Miuccia Prada qui, dans les années 1990, a réinventé la mode industrielle. Avant elles, Coco Chanel avait construit son empire dans un milieu dominé par les hommes, marquant, par son style, des générations de femmes.

Dans mon cœur, Vivienne Westwood restera la punk révoltée, excentrique, qui n’a jamais cessé de dénoncer les injustices. La créatrice était une rebelle, oui, mais jamais sans cause. La mode lui permettait de soutenir ses idéaux. Au centre de ses combats : les inégalités sociales et l’écologie. En plus de 40 ans de carrière, elle a su se réinventer et surprendre constamment. Avec elle, ne disparaît pas seulement une icône de la mode, mais aussi un esprit de liberté si rare dans ce temps gangrené par la pensée correcte. GOD SAVE THE QUEEN !

 

[Source : www.laregledujeu.org]

 

segunda-feira, 20 de julho de 2020

«O brasileiro hoje aparece como violento, xenófobo, racista e homofóbico», diz Joel Birman

Para o psicanalista Joel Birman, a pandemia é uma “mudança civilizatória”. Se o século XX começou com uma guerra, o XXI se inicia a partir da Covid-19. Com a agenda cheia de atendimentos remotos, ele se divide entre aplacar as angústias humanas atuais e escrever um novo livro. “A psicanálise e as inflexões civilizatórias da pandemia” (título provisório) deve chegar às livrarias no próximo semestre, pela editora Civilização Brasileira, recheado de reflexões sobre o Brasil de hoje.

O psicanalista Joel Birman define a pandemia como uma mudança civilizatória que marca o início do século XXI.

Escrito por Maria Fortuna

Médico formado pela UFRJ, com mais de 40 anos de consultório como psicanalista, Birman é doutor em Filosofia pela USP, membro do Espaço Brasileiro de Estudos Psicanalíticos, professor de psicanálise da UFRJ e dono de um prêmio Jabuti (2013) pelo livro “O sujeito na contemporaneidade”. Na conversa a seguir, ele conta como a Covid-19 deságua em seu divã, analisa o comportamento negacionista de parte da população brasileira diante da tragédia e comenta e episódios como o “cidadão não, engenheiro civil, melhor que você”.
— Se existe a renovação de uma moralidade duvidosa do Rio recente, ela vem da cultura da corrupção e da milícia, associada à ideologia bolsonarista — afirma.

Pessoas se aglomeram em bares do Leblon e fazem piada com a pandemia, enquanto doentes morrem no hospital. Como chegamos nesse ponto, o carioca faliu moralmente?
Quem se manifesta de maneira agressiva, xingando a pandemia e desafiando a morte, representa um segmento bolsonarista. Mas, sobre as pessoas que respeitam as normas sanitárias, precisamos considerar aspectos como o de que o brasileiro não obedece a imperativos.
Países asiáticos aceitaram as regras porque têm tradição de Estado forte, da disciplina, da obediência a imperadores. Nós, ocidentais, não. Desde a Revolução Francesa assumimos a tradição individualista, arraigada em nosso corpo e psiquê. É como essas restrições implicassem numa redução das nossas liberdades individuais.
Frei Betto contou que, quando saiu da prisão, tinha ânsia de recuperar intensamente os prazeres que havia perdido. Era como se a vida estivesse devendo a ele. Muitos sentem o mesmo e, quando há autorização para sair, vivem com a exigência de quem foi privado e beiram o exagero. Arriscam a vida delas e a dos outros.

Qual é a raiz psicológica da frase “cidadão não, engenheiro civil...”? É a mesma do “sabe com quem está falando?”?
Essa fala alude aos valores da sociedade de mercado e não da sociedade política. Como se consumir fosse mais importante do que ser cidadão. Nos valores constituídos da Revolução Francesa e americana, que criaram a nossa República moderna, ser cidadão e ter soberania popular é mais importante do que ser consumidor.
A inversão disso remonta à sociedade neoliberal, que foi afetada pelo coronavírus. Como Roberto da Matta desenvolveu no livro "Carnavais, malandro e heróis", a ideia do "sabe com quem está falando?" retoma valores ancestrais da nossa tradição escravocrata, que opõem pessoas da "casa grande" às da "senzala".

No imaginário coletivo, o carioca sempre foi o “gente boa”. Como episódios desse tipo afetam a nossa imagem?
Historicamente, o carioca sempre desfrutou do privilégio de ser a capital da República. Nos anos 60, quando aconteceu o golpe militar, o Rio era a vanguarda do movimento antiditadura. Era aqui que as manifestações começavam. Por conta disso, a ditadura foi muito dura com a cidade, no sentido de punir para desarticular movimentos políticos. Todos os privilégios foram deslocados sobretudo para São Paulo, que cresceu à sombra da Operação Bandeirantes e a própria ditadura.
Hoje, São Paulo representa essa vanguarda política em função da queda que o Rio sofreu. Quando começou a crescer o movimento contra o racismo estrutural, São Paulo deu o pontapé inicial no Brasil. O Rio teve uma reação mais tímida.
O carioca perdeu a dimensão de rebelde político. Ficou no lugar da irreverência, da alegria de viver, da música, da praia, da cultura de botequim e de suas manifestações corporais tradicionais, que tanto que nos aproximam da africana... Enfim, tudo que hoje é tratado como algo menor por burocratas do mercado.

O jeitinho brasileiro, que pode ser tanto improviso quanto corrupção, nos desviou da noção de cidadania?
A pandemia acentuou nossa desigualdade social, que aparece em termos de gênero, já que as mulheres negras carregam o piano nas costas. Muitas delas são empregadas domésticas, que estão pagando preço alto nas relações com as patroas para trabalhar de forma escrava na pandemia.
A desigualdade de gênero também aparece no aumento da violência contra a mulher e no feminicídio. Os negros pagam a conta da violência policial que, paradoxalmente, aumentou em tempos de isolamento. Há menos movimento na rua. Quem estão matando? Os pobres que precisam trabalhar.
Toda essa coisa do brasileiro boa gente e cheio de alegria foi altamente afetada  pelas consequências trágicas da pandemia por essas razões. O brasileiro hoje, diante do mundo, aparece como um ser violento, xenófobo, agressivo, racista, homofóbico, ressentido. Essa é a imagem do Brasil no exterior. Vamos pagar um preço alto no futuro.

O que entende pelo termo "cidadão de bem"?
Na nossa tradição escravocrata, é como se quem viesse da "casa grande" fosse o tal "cidadão de bem", que desfruta dos valores da cristandade. Tudo que não faz parte dessa realidade branca é da "senzala", os que vão morar na periferia são vistos como famílias disfuncionais.
É como se vivêssemos nessa oposição entre "casa grande" e "senzala", agravada por uma política de Estado genocida em relação a pretos e pobres. Algo como se fosse, em termos europeus, uma depuração étnica. Como se classificá-los de "cidadão não de bem" justificasse seu extermínio.
Porque a melhor forma de fazer um processo de extermínio é reduzir sua condição para que sejam eliminados sem culpa. Como Bolsonaro fez quando usou a representação animal da arroba para se referir aos quilombolas, como se não fossem cidadãos.

O que o desencontro nas informações difundidas pelas três esferas do governo brasileiro, tanto sobre a conduta e os cuidados que a população deveria ter diante do vírus quanto sobre a reabertura de estabelecimentos, provoca na cabeça das pessoas?
O Brasil foi o único país do mundo onde houve uma descoordenação de governos no combate à doença. O efeito disso é o resultado catastrófico do ponto de vista sanitário. Na produção de 76 mil mortos e quase dois milhões de infectados. Essa desarticulação provoca um estado de confusão mental de dupla mensagem.
É a teoria do duplo vínculo, desenvolvida pelo antropólogo Gregory Bateson. Um dilema da comunicação onde se recebem duas ou mais mensagens conflitantes, uma negando a outra. A população brasileira ficou desnorteada, sem saber a quem obedecer. Muito de querer ir para a rua a qualquer preço ou de não usar máscara é resultado disso.

O senhor já classificou de mito a ideia do Brasil pacífico. E a violência explode de vez à medida que em que a luta por por igualdade de homossexuais, mulheres e negros avança. Por que?
Quando as mulheres reivindicam igualdade, negros saem da condição passiva, gays acreditam que têm tanto direito ao prazer e à vida amorosa quanto os héteros e podem-se mudar condições de gênero, criam-se novas marcas identitárias e valores.
Os oprimidos passam a escrever outra história e a colocar em questão a versão  dos vencedores. Esses, por sua vez, aumentam a violência para restaurar a posição subalterna da representação da "senzala". Por isso, entramos na polarização social que vivemos. Razão pela qual as elites econômicas brasileiras se alinharam ao bolsonarismo: elas não querem perder nada, nem os anéis. Diante dessa possibilidade, preferem arrancar os dedos da população que reivindica seus direitos.

Que consequências a falta de praia, festa, samba e bar, hábitos que moldam a identidade carioca, tem sobre a gente?
São espaços identitários muito fortes na cultura do Rio. À medida em que somos privados no que há de mais fundamental no exercício da nossa liberdade, as pessoas reagem. Com qualquer sol, vai-se para a beira da praia, com ou sem máscara. Essa privação tocou nesses valores fundamentais da nossa relação com o corpo, com o ir e vir.
Há um gasto psíquico grande com as novas práticas cotidianas, de lavar as mãos toda hora, higienizar as compras. O efeito é um esvaziamento psíquico-corporal que gera depressão, melancolia.
Sem contar a montanha de 76 mil cadáveres que nos cercam. Não podemos fazer os ritos funerais. Freud chama isso de "impossibilidade do trabalho de luto". Esses mortos estão no ar em todos nós. Parafraseando Sartre, são mortos sem sepultura. Foram enterrados em covas rasas e estamos colados neles. Vamos levar tempo para fazer esse trabalho.

Como percebe os efeitos da Covid-19 em seu divã?
Há neurose de angústia, sensação de morte iminente, de sintomas da Covid. Pessoas que estão atentas demais aos seus corpos e qualquer movimento corporal com que conviveriam em tempos normais passa a ser estranho e fruto do mal da doença. Viram hipocondríacas. A sensação de esvaziamento vital que leva à depressão e à sensação de abandono nos idosos, que não podem beijar os netos, tentam se matar ou se matam mesmo.
Há também os obsessivos compulsivos, que passam a exercer as normas higiênicas com uma ritualidade obssessiva de modo a não conseguirem fazer outra coisa no dia a dia se não tomarem essas medidas. Há ainda o incremento da violência doméstica. O homem que dá porrada na mulher e a obriga a trabalhar mais do que ele dentro de casa. É uma forma de se manter o macho alfa que tem o domínio da história e dizer que ela é que está vulnerável, não ele. E a impossibilidade do trabalho de luto. Tudo isso resulta num altíssimo uso de álcool e drogas para amenizar a angústia.

Qual é a sua visão pessoal sobre o significado do que estamos vivendo?
Acho que vivemos uma mudança civilizatória. Nossa civilização ocidental, desde o final do século XIX constituída na base da ciência e da técnica, e na crença de que éramos infalíveis, num espaço de seis meses foi derrotada por um pequeno organismo invisível, que desarticulou a economia, a sociedade mundial e ameaçou nossa forma de vida.
A Covid-19 é o começo do século XXI, que não se iniciou nos anos 2000, mas com esse evento que mudou as coordenadas civilizatórias que vivíamos desde o século XIX, quando aumentamos a onipotência, podíamos dar contar de tudo, até de explorar estações estelares. De repente, nossa sociedade foi dizimada por um microvírus.
Da mesma forma que o século XX começou com uma guerra mundial, o XXI começou com uma pandemia que é capaz de transformar nossas crenças. Temos de olhar a ciência não com onipotência, mas com perspectiva ética e política.

Como enxerga o atual momento da sociedade, em que discutimos assuntos antes postos para debaixo do tapete, como racismo, homofobia, machismo?
Enquanto isso, o governo Bolsonaro é conservador, reacionário. Há o retorno de pautas de civilidade pré-modernas. Representa a demolição de tudo de melhor na nossa tradição de produção de conhecimento e ciência. Destrói a ordem iluminista e volta ao mundo teocrático anterior, pré-moderno, de base teológica e onde o que está em jogo é o combate do mal sob uma perspectiva religiosa, como na Idade Média.
É um governo marcado pela violência, que trouxe de volta algo que achávamos que estava ultrapassado depois da Constituinte de 1988. Não acreditávamos que voltaríamos a uma série de práticas antidemocráticas, correspondentes a um Brasil do passado que passava despercebido, em que negro é pior que o branco, homem, superior à mulher.
Temos de nos perguntar por que isso aconteceu. Penso que, diferentemente, do que aconteceu no Chile, Argentina e Uruguai, onde houve um acerto de contas com torturadores, que foram judicializados e criminalizados, no Brasil houve uma grande conciliação, em que torturadores foram poupados e ficaram existindo na sombra, no silêncio. O que vemos hoje é o retorno dos ressentidos, dos porões da ditadura.

Como a psicanálise está acompanhando as mudanças do mundo, por exemplo, as questões de gênero?
Os movimentos feminista, homossexual e transexual subverteram os códigos. Se a psicanálise contribuiu para a retirada dos homossexuais da categoria de doença, agora revê sua concepção sobre gêneros para se confrontar com a problemática na contemporaneidade, onde a multiplicidade se impõe.
Não existe psicanálise afastada do campo político. Não é possível pensar no que é ser uma mulher hoje sem considerar pautas atuais. Se a psicanálise não compreender a construção do corpo feminino pela crítica ao patriarcado não enxerga o que está em jogo na opressão feminina e na condição de opressor que os homens exercem. Assim como a questão do negro e o racismo  estrutural.
A psicanálise muda nossas formas de subjetivação transformando o campo da memória. Tocar na história do patriarcado, na hierarquia étnica racial é tocar na nossa história de memórias. Não basta mudar as práticas de violência, é preciso mudar nossas pautas de memória para descobrir o que é ser negro, branco, homem e mulher, diferentemente de como entendemos anos atrás. A psicanálise trabalha na ressignificação e retificação da memória.


[Foto: Marcos Ramos - fonte: www.impactoms.com]