Entrevista al director de l’Institut del Llevant de SOAS, expert en la geopolítica de la regió i en l'estructura econòmica del petroli
[Font: www.vilaweb.cat]
Isac Nunes da Luz Cordeiro *** Tradutor Público e Intérprete do Comércio *** Idiomas: francês, espanhol, catalão e galego *** Matriculado na Junta Comercial do Estado do Paraná *** Curitiba *** República Federativa do Brasil
Entrevista al director de l’Institut del Llevant de SOAS, expert en la geopolítica de la regió i en l'estructura econòmica del petroli
[Font: www.vilaweb.cat]
El domingo, el partido de izquierda transformadora alemán (no socialdemócrata) Die Linke ganó las elecciones de Berlín por primera vez. Al igual que Zohran Mamdani en Nueva York, derrotó a los partidos tradicionales ofreciendo a los berlineses medidas concretas sobre los alquileres y el coste de la vida.
El partido socialista alemán Die Linke obtuvo la victoria en las elecciones berlinesas del domingo, gracias a un amplio apoyo de los jóvenes berlineses y la clase trabajadora multiétnica. Su principal candidata, Elif Eralp, aspira a convertirse en la nueva alcaldesa de Berlín.
Escrito por David Broder
OSi bien Berlín aún no tiene un alcalde socialista, el partido de izquierda Die Linke, ganador de las elecciones estatales berlinesas del domingo, se encuentra en una posición sólida para liderar su próximo gobierno. A pesar del auge de la extrema derecha en Alemania, Die Linke se ha distinguido por su firme defensa de la sociedad multiétnica y su constante atención al costo de vida y la vivienda. Por ello, ha recibido el reconocimiento de muchos berlineses.
El resultado supone una reivindicación para un partido que hace apenas dos años estaba al borde de la quiebra tras turbulentos conflictos internos. Muchas de las condiciones para su crecimiento ya existían entonces. Los berlineses llevaban tiempo viendo cómo subían los alquileres; la centroizquierda tradicional llevaba décadas recortando las protecciones sociales y los derechos laborales; y el llamamiento a movilizarse contra el creciente nacionalismo tampoco es nuevo. Sin embargo, solo recientemente Die Linke se ha convertido en una fuerza con proyección internacional, capaz de movilizar la resistencia contra la actual deriva reaccionaria de la política alemana.
La campaña de Die Linke se centró en el coste de la vida y, específicamente, en el alquiler. Históricamente, Berlín Occidental era más barata que las principales ciudades de la República Federal, e incluso después de la reunificación, la capital contaba con mucho espacio vacío. Sin embargo, la venta de viviendas públicas a especuladores privados entre 1990 y 2000, sumada a la falta de nuevas construcciones, ha disparado los precios. Si bien los berlineses votaron en un referéndum en 2021 a favor de la renacionalización de las viviendas, el gobierno municipal no cumplió con el resultado. En estas elecciones, Die Linke prometió hacerlo.
Lograr el consenso entre los socios de la coalición podría ser más difícil. La anterior coalición «rojo-rojo-verde» de 2021-2023, en la que Die Linke y Los Verdes apoyaron a un gobierno encabezado por la alcaldesa socialdemócrata centrista (SPD), Franziska Giffey, no tuvo éxito. De hecho, las encuestas sugieren que el triunfo de Die Linke el domingo se debió en gran medida a los berlineses de izquierda que se pasaron de Los Verdes y el SPD, así como a los votantes primerizos. Si bien es fácil imaginar Berlín como un bastión progresista, en realidad, la suma de todos estos partidos solo acaparó el 52% de los votos.
Los cambios dentro de este electorado fueron importantes. Los partidos de izquierda moderada de Alemania han gobernado habitualmente con conservadores, hoy subordinan la política presupuestaria al gasto militar y apoyan a Israel. Die Linke ha tenido un mejor desempeño que estos supuestos progresistas en la defensa de los principios humanitarios básicos. No es de extrañar que obtuviera un éxito rotundo en un distrito multiétnico como Neukölln 2 (con un 53%) y entre todos los berlineses de entre veinticinco y treinta y cuatro años (48%). Esta postura también explica la renovación de su base activista en los últimos dos años y su capacidad para convertirse en una fuerza atractiva que conecta con un amplio electorado.
Revés para el gobierno
Die Linke figuraba entre los favoritos para las elecciones del domingo, pero su resultado superó todas las expectativas. Liderado por la candidata a la alcaldía Elif Eralp, obtuvo el 26% de los votos, más del doble que en las elecciones anteriores de 2023. La coalición gobernante sufrió un duro revés, ya que tanto la Democracia Cristiana (CDU, 19%, 9 puntos menos) como el SPD de centroizquierda (12%, 6 puntos menos) perdieron votos.
El dúo CDU-SPD, que también encabeza el actual gobierno federal bajo el canciller conservador Friedrich Merz, está en declive en toda Alemania. Más allá de la comunicación poco acertada de Merz, las promesas de su gobierno carecen de atractivo general: se compromete a aumentar la edad de jubilación, a incrementar los copagos de los medicamentos recetados y a competir con China endureciendo las normas sobre las bajas por enfermedad . El discurso anterior sobre la revitalización de la economía mediante la transición verde se ha desvanecido.
Esto forma parte de un declive estructural más amplio de lo que antes se denominaban partidos de masas. Si bien durante las décadas de la posguerra, hasta la crisis de 2008, estas dos fuerzas movilizaron a la gran mayoría de los alemanes, hoy ni siquiera uno de cada tres votantes apoya a ninguna de ellas. En una contienda paralela celebrada ayer en el estado nororiental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, la CDU de Merz cayó por debajo del 5% de apoyo, quedando así fuera de la legislatura estatal por primera vez en la historia de la República Federal.
El principal desafío para estos partidos a nivel federal es el ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, superó al gobernante SPD, obteniendo el primer lugar con el 38% de los votos. Esta es la tercera victoria electoral estatal de la AfD hasta la fecha, pero aún no ha logrado acceder al poder en ningún estado, y es probable que el SPD se aferre al poder en este estado del noreste. Las mejores posibilidades del partido nacionalista de formar gobierno se encuentran en Sajonia-Anhalt, donde obtuvo una victoria más contundente en las elecciones del 6 de septiembre. Si bien los porcentajes más altos de la AfD se registran en el antiguo Este, y ayer en Berlín ocupó el tercer lugar con el 16% (un 7% más que en 2023), la mayoría de las encuestas a nivel federal la sitúan en torno al 30%, siendo fácilmente el partido más grande a nivel nacional.
Resulta preocupante que, si bien muchos partidos de extrema derecha en Europa han logrado éxitos limitados en un contexto de baja participación electoral, esto no se aplica tanto a la AfD. En algunas elecciones estatales recientes, ha obtenido una mayoría absoluta entre los nuevos votantes, y en las elecciones de ayer la participación aumentó considerablemente. El voto a la AfD es más fuerte en las zonas rurales y los pueblos pequeños; entre los hombres jóvenes y de mediana edad; y entre quienes afirman tener dificultades económicas. Incluso en Berlín, se situó en primer lugar entre los votantes obreros, con un 30%, frente al 26% de Die Linke. Si bien otros partidos aún se niegan a gobernar con ella, no cabe duda de que la combinación de política nacionalista identitaria, medidas de bienestar familiar y recortes de impuestos de la AfD —además del fin de las sanciones a Rusia— ha cautivado a amplios sectores de la sociedad alemana.
Próximos pasos
Die Linke vuelve a representar una fuerza esperanzadora en la política alemana, y las encuestas federales actuales le otorgan alrededor del 12 por ciento de apoyo. Sin embargo, si bien su popularidad está aumentando entre los distintos grupos de votantes y se está volviendo más competitiva en los estados occidentales, aún no puede competir con la AfD en toda Alemania como principal fuerza de oposición. Mientras que en las décadas de 1990 y 2000 los predecesores de Die Linke solían obtener grandes resultados en las pequeñas ciudades del este de Alemania, protestando contra los efectos de la desindustrialización, su apoyo allí ahora es mucho más irregular, mientras que la extrema derecha ha ganado terreno.
En Estados Unidos, los socialistas también se han enfrentado al reto de cómo ir más allá de movilizar apoyo en los distritos urbanos más demócratas y fuera de Nueva York. Este fue el motivo de la reciente gira de Bernie Sanders, «Luchando contra la oligarquía»: negándose a descartar regiones enteras como intrínsecamente conservadoras, el senador de Vermont defendió el poder de la solidaridad de la clase trabajadora y la acción gubernamental. Sin embargo, para que este mensaje sea convincente en todo Estados Unidos, es fundamental que los socialistas que ganen elecciones en cualquier lugar logren resultados reales y generalizables.
En Berlín, esto puede resultar difícil por varias razones. En primer lugar, aún no está claro si los Verdes y los Socialdemócratas apoyarán a Eralp, de Die Linke, como alcaldesa o si, por el contrario, respaldarán a la conservadora CDU. Anoche, la colíder de los Verdes declaró que su partido no gobernaría con «antisemitas de Neukölln», en un ataque apenas velado contra las poblaciones turca y palestina de un distrito del sureste de Berlín donde Die Linke obtiene una fuerte presencia.
El Consejo Central de los Judíos en Alemania ha advertido contra tal coalición. Hoy proliferan las declaraciones irresponsables sobre un peligro que la izquierda representa para la vida judía en Alemania, basadas en crímenes tan atroces como el de un rapero que coreó «¡Yalla, yalla intifada!» y «¡Muerte a las FDI!» en un mitin preelectoral. Incluso en lo que respecta a Israel, gran parte de Die Linke se limita a críticas de corte liberal-sionista contra Benjamin Netanyahu, y ha castigado a miembros que expresaron su solidaridad con la resistencia armada palestina; la propia Eralp criticó los cánticos del mitin. Sin embargo, los centristas alemanes utilizan con frecuencia las acusaciones de antisemitismo como arma polémica para demonizar a Die Linke y a su electorado, especialmente al musulmán.
Aunque Die Linke consiga liderar una coalición «roja-roja-verde», no será fácil. Los socialdemócratas se han negado a implementar el resultado del referéndum sobre vivienda de 2021 y forman parte de una coalición federal que ha propuesto prohibir dichas nacionalizaciones. El histórico partido de izquierda moderada sufrió una dura derrota el domingo, pero podría oponer resistencia dentro del gobierno de Berlín. Asimismo, cabe esperar una avalancha de acusaciones y denuncias destinadas a tachar a Die Linke de «estalinista» o «antisemita» y a ponerlo a la defensiva. Sin embargo, ya vimos que tales calumnias fracasaron el domingo en su intento de derrotar a Die Linke. Y el referéndum ya demostró que, en materia de nacionalización de la vivienda, la mayoría de los berlineses lo apoya.
No en todas partes es Berlín, ni en toda Alemania el problema principal es la vivienda de alquiler. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental —un estado mucho más rural y menos poblado, donde Die Linke apoya actualmente a un gobierno liderado por el SPD—, de hecho, perdió votos a favor de este partido de centroizquierda, que parecía estar mejor posicionado para frenar a la AfD. En este sentido, incluso esta histórica victoria en Berlín es solo un hito más en el intento de Die Linke por convertirse en una fuerza nacional capaz de recuperar a los votantes tradicionales y movilizar a otros nuevos. En última instancia, derrotar a la AfD dependerá no solo de unir a todos los demás partidos en su contra, sino también de convencer a millones de personas más, en toda Alemania, de que una alternativa socialista práctica es mejor.
David Broder es editor para Europa de Jacobin e historiador del comunismo francés e italiano.
[Foto: Sebastian Gollnow /
picture alliance vía Getty Images - reproducido en www.gerardodelval.com]
Nunha actividade como a literaria, situarse nas marxes ten as súas consecuencias. O escritor Alberte Momán (Ferrol, 1976) sábeo ben após unha traxectoria prolífica e intensa que o uniu á narrativa e á poesía durante moitos anos. Non seguiu modas nin movementos, mais si participou de numerosos colectivos. Este 2026 lanzou a reedición do seu poemario trilingüe 'A seiva calcinada' e non descarta facer novas obras próximas ao estilo Pulp.
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O escritor Alberte Momán, nunha praza da cidade de Lugo, o 19 de agosto.
Por Antón Escuredo
A
sinceridade é unha das virtudes de Alberte Momán, mesmo para falar da súa actividade
literaria. O seu interese por escribir e publicar levouno a participar en
numerosas iniciativas colectivas e individuais, compartindo libros e escenario
ou presentándose en solitario. Nesta entrevista para Nós Diario fala
da súa obra e dunha traxectoria na que descubriu a autoedición.
—Desde 2003 e até a data ten publicado 20 obras de poesía e 23 de
narrativa. Sería o que chamaríamos un escritor prolífico. Cal é a razón desta
esta “voracidade” literaria?
Por outra parte, as miñas novelas son “micronovelas”. Son
breves, rara vez chegan ás 100 páxinas, nunha liña moi próxima ao Pulp clásico.
Con todo, tento darlles un pouco máis de contido, de reflexión que no Pulp que
conta con obras normalmente lixeiras e bastante mal escritas. As miñas novelas
tenden ás denominadas “psychobilly” con acción constante e dándolle unha volta
aos heroes clásicos da literatura e da banda deseñada.
—Comentou nalgunha
ocasión que a súa primeira lectura foi unha obra de Neira Vilas. Que está lendo
na actualidade?
Agora mesmo estou lendo principalmente ensaio. Empecei coas obras de Mark
Fisher e seguín con June Fernández. Neste último caso interesoume o tratamento
do feminismo desde distintas perspectivas, na liña do que eu estaba facendo.
Tamén achegueime a Jean Baudillard. Son a influencia que teño agora mesmo
principalmente na miña poesía. Iso si, fago é unha revisión propia e moi
persoal dos seus textos.
—E que
temáticas ten agora mesmo na cabeza que poderían rematar nun libro?
Hai dúas que me viñeron obsesionando nos últimos meses. Por unha parte o desexo
visto desde o punto de vista do filósofo francés Deleuze de como inflúe na nosa
forma de actuar, na nosa actitude vital, e como mesmo pode acabar actuando en
contra dos nosos propios intereses individuais ou incluso como sociedade. E
despois, por outra parte, está o tema do silencio desde o punto de vista de Foucault.
De como o silencio responde aos intereses do poder. Ademais, reflexiono sobre o
tema do simulacro, de Baudillard. Ese outro eu virtual, ese “matrix” no que estamos inmersos por crear un ser
virtual que, en teoría, chega a representarnos.
—Parte da súa
temática dedicouna á denuncia ecolóxica, como no caso do Prestige ou da Mina de
Corcoesto, e tamén contra a violencia de xénero. O escritor non debe deixar de
posicionarse de maneira pública a través da súa obra?
Eu a min mesmo tampouco me vexo tanto como un simple autor. Son unha persoa
política, loxicamente como todas as persoas. Aínda que hai persoas que renegan
desa faceta política que todos e todas temos por pertencer a unha sociedade e
véxome influenciado por ela. Non tomar posición tamén sería posicionarse. Hai certas cousas ás que non
podo nin desexo renunciar. Por exemplo, a
participar nesta sociedade tentando mellorala dentro das miñas posibilidades.
Como esa teoría da gota de aceite, de ir vendo como individualmente podemos
acabar sendo un colectivo, digamos, implicado. Non quero renunciar a ser unha
persoa política porque son unha persoa que pertence a un colectivo.
—Ademais, a
súa obra aparece en, polo menos, 36 obras colectivas. Cre que compartir espazo
literario enriquece?
O eu non existe, si existe en tanto que formamos
parte dun colectivo que existe, do que formamos parte e co que temos que
entendernos. Centrarnos no eu, para min, é un problema. Todos os proxectos
colectivos, sexan libros ou non, permiten distanciarse un pouco dese eu, dese
egocentrismo. A min isto paréceme imprescindíbel.
—Falando de
colectivos. Participou en varios grupos poéticos (A porta verde do sétimo
andar, Redes Escarlata...). Que función cumpriron no seu momento e que función
cumpren os que viñeron despois?
Para min foron unha porta como autor e para dar a coñecer a miña obra. Ademais,
déronme a oportunidade de chegar a lugares que doutra maneira non chegaría, de
coñecer a persoas que, probabelmente, non coñecería. Tamén de ver proxectos e actividades en
bibliotecas, librarías, asociacións veciñais, de mulleres... Esas experiencias
foron para min moi importantes e determinantes para entender a miña posición
dentro do panorama literario. Ademais, coñecín xente que, voluntariamente e de
forma desinteresada, está traballando en moitos proxectos a nivel local. Agora, no panorama actual dos grupos poéticos e literarios
vexo unha tendencia cada vez máis individualista. A xente búscase a vida máis que pensar
en participar en colectivos. É algo lexítimo mais niso vexo certo retroceso.
Con todo, a aparición e desaparición de colectivos literarios foi algo sempre
cíclico. Nos 80 había varios que despois desapareceron mais xurdiron outros.
Por iso, na situación actual non se pode asegurar que aparezan outros.
—En 2012 botou a andar a editora O Figurante
Edicións e agora aposta pola autoedición para sacar a luz a súa obra. Cal é a razón desta decisión?
Daquela,
comecei a estudar outras vías e atopei a autoedición. A través dunha plataforma
que simplifica todos os procesos, desde a edición até a maquetación. Despois
está o apartado da venda e a distribución que se realiza a través de impresión
baixo demanda. Desta maneira vendes en todo o mundo e non tes un stock, que é
un dos grandes problemas das editoras sobre todo cando publicas un gran número
de exemplares.
Alén diso, a partir deste sistema tamén contactei con persoas e
contactaron comigo moi interesadas no que escribo. Descubrín, dalgunha forma,
que hai outras escritoras e escritores que están facendo obras semellantes ás
que eu estaba facendo aquí. Nin eu tiña coñecemento da súa actividade nin a
miña estaba entre as súa lecturas.
Recuperando 'A seiva calcinada'
Este ano, Alberte Momán reeditou, a través de autoedición, A seiva
calcinada (Lastura, 2014) co texto orixinal traducido ao italiano e ao
castelán. A iniciativa partiu do propio autor cando se interesou pola
posibilidade de contar cunha segunda edición. “A primeira estaba esgotada e xa
me dixeron que non contaban con poder sacar outra”, explica a Nós Diario o
escritor ferrolán. Momán foi consciente da imposibilidade de "sacar á rúa
100 ou 200 exemplares mais si que era posíbel facelo no formato a
demanda".
Na obra aparecen temas que continúan de actualidade como o de ser
emigrante sen papeis ou a situación da lingua galega. Os poemas, ademais, están
a disposición das lectoras e dos lectores de forma libre e gratuíta a través da
súa páxina web. “Eu nunca vin isto como un negocio, gústame crear e que a xente
teña a posibilidade de ler a miña obra”, recoñece Momán. Por este motivo,
admite que é partidario, neste momento, "de que todo o mundo teña acceso á
cultura, que non deixe de poder facelo por cuestións económicas".
[Foto: Magoi - fonte: www.nosdiario.gal]
La jeunesse juive étatsunienne s’éloigne de plus en plus du sionisme. Cette distanciation se traduit notamment par un regain d’intérêt pour des mouvements historiques tels que le Bund, qui prônait un judaïsme diasporique à l’opposé des dogmes de « l’État juif ». En France, un élan similaire, bien qu’encore timide, voit le jour. Le dernier livre de Michel Feher Redevenir juif s’en fait l’écho.
Détail d’une affiche électorale du Bund, à Kiev, vers 1917. En yiddish : « Là où nous vivons, c’est là notre pays ! » Wikimedia Commons
Écrit par Sylvain Cypel
On assiste dans la jeunesse juive américaine à une
distanciation importante à l’égard de l’État d’Israël. Elle avait lentement
commencé de progresser dès le début des années 2000, mais après le massacre du
7 octobre 2023 elle a littéralement explosé, au vu de la cruauté du
comportement des gouvernants israéliens à l’égard des Palestiniens. L’une des
manifestations les plus marquantes de cet éloignement est que le terme « sioniste »
est devenu une insulte pour une partie de ces jeunes juifs.
Une
des formes étonnantes de cette désaffection se manifeste dans le regain
progressif de l’intérêt que porte une partie non négligeable d’entre eux à
l’histoire du Bund, une organisation juive née à la fin du XIXe siècle. Ainsi,
en avril 2026, l’autrice américaine Molly Crabapple a bénéficié d’un succès
littéraire important avec la publication d’un livre titré Here where we live is our country (Là où nous vivons est notre
pays). Son livre, qui raconte l’histoire du Bund, est resté plusieurs semaines
parmi les meilleures ventes des best-sellers du New York Times.
Un judaïsme
« diasporique »
Pourquoi
ce soudain intérêt pour une organisation ouvrière et culturelle juive qui
tenait à la fois du parti, du syndicat et de l’association communautaire ?
Née à la fin du XIXe siècle dans la « zone de résidence juive » de
l’Europe de l’Est1 elle a disparu à la fin des années 1940. L’intitulé du livre
de Crabapple résume tout : les juifs n’ont pas besoin d’aller ailleurs que
là où ils sont pour s’émanciper. Et certainement pas d’aller prendre la terre
des autres. Ce qui caractérisait particulièrement le Bund2, c’était son
progressisme et son antisionisme radical. Il se disait marxiste et prônait
l’autonomie culturelle. En octobre 1938, son principal dirigeant, Henrik Erlich,
écrivait :
« Si un État juif est un jour fondé en Palestine, son
climat spirituel sera le suivant : une peur éternelle de l’ennemi
extérieur (les Arabes), une lutte sans fin contre l’ennemi intérieur (les
Arabes) pour chaque petit lopin de terre, pour le moindre poste de travail.
Est-ce là le genre de climat dans lequel la liberté, la démocratie et le
progrès peuvent s’épanouir ? N’est-ce pas au contraire le climat dans
lequel prospèrent le chauvinisme et les tendances réactionnaires ?3 »
Bref,
pour vivre dans un monde meilleur, les juifs n’avaient pas besoin d’établir un
État en expulsant ses habitants. Cette idée mènerait au pire.
C’est
ce « climat » désormais porté jusqu’à son paroxysme génocidaire par
le sionisme qui amène les jeunes juifs américains à s’intéresser à ce que fut
le Bund. Non parce ce parti pourrait aujourd’hui se régénérer : il a
disparu dans le génocide juif, et ses quelques dirigeants qui sont restés,
Joseph Staline s’est occupé de les assassiner. Mais le regain actuel d’intérêt
pour le Bund incarne la possibilité d’une vie juive autre que guidée par le
messianisme, le suprémacisme ethnique juif et le culte de « Tsahal,
l’armée la plus morale au monde ». Ce regain aspire, à l’inverse, à
pouvoir vivre un judaïsme « diasporique » intrinsèque. Sait-on qu’un
phénomène identique se développe désormais aussi en France, certes à un niveau
beaucoup moins développé, mais réel et croissant ? Le livre du philosophe
Michel Feher, Redevenir juif, est
l’un des premiers, en France, à poser les jalons d’une réflexion sur un
possible nouveau « diasporisme » émancipé du poids du sionisme, après
le manifeste du collectif Tsedek ! publié en février 2026.
Une proximité idéologique entre
sionistes et antisémites
On a
là affaire à un livre savant. Autant sur le passé du mouvement sioniste que sur
son actualité. Par exemple sur les liens qui unissent la droite sioniste
américaine aux diverses fractions de Maga, et tout particulièrement celles qui
entretiennent des propensions antisémites ; sur le pourquoi de ces étonnantes
alliances, mais aussi sur les tensions internes qu’elles suscitent. Lorsque
l’influenceur de premier plan de la mouvance Maga Charlie Kirk est assassiné,
« Candace Owens, l’enfant terrible du mouvement, fait courir le bruit que
Kirk a été liquidé… par le Mossad », note Feher. Le vice-président
américain J. D. Vance, pour sa part, promet à ses partisans qu’ils vivront
bientôt « dans une nation chrétienne où ils n’auront plus jamais à
s’excuser d’être blancs ». Voilà qui va rassurer les juifs américains…
C’est cette atmosphère ambivalente de liens de grande proximité idéologique
entre le sionisme et le régime de Donald Trump — c’est-à-dire le suprémacisme
blanc, le mépris pour le droit international, l’ethnonationalisme religieux,
etc. —, proximité liée à une poussée antisémite importante qui ne ressort
pas des milieux « islamo-gauchistes », mais précisément du sein même
de Maga — « pour les amateurs de complots (…), les juifs demeurent des
objets de phobie difficilement remplaçables », écrit Feher — c’est donc
bien cette atmosphère nauséabonde, validée par les plus hauts dirigeants
israéliens, qui amène les jeunes juifs américains à chercher aujourd’hui une
alternative au dogme sioniste.
La
dernière partie de l’ouvrage est consacrée au débat autour de la figure du juif
comme paria. On y retrouve entre autres, mais sans surprise, le rapport de
Hannah Arendt à cette thématique, et celle d’un précurseur moins connu :
Bernard Lazare, un juif français « assimilé » que l’affaire Dreyfus
transforme initialement en militant très actif de la lutte contre
l’antisémitisme, puis en porte-voix du sionisme. Il prend la parole au deuxième
Congrès sioniste en 1898, avant… de s’en détourner et de rompre avec son
fondateur, Theodor Herzl. Dans les deux cas, il s’agit de deux intellectuels
juifs qui, attirés un premier temps par le sionisme, en viennent à manifester à
son égard le plus grand scepticisme. Cette rupture est souvent celle dans
laquelle s’engagent de plus en plus de jeunes juifs américains.
Dans
son livre exceptionnel Le Siècle juif
(La Découverte, 2008), qui traite du destin des juifs d’Europe centrale et
orientale du milieu du XIXe siècle jusqu’au milieu du XXe, Yuri Slezkine divise
l’humanité entre les « apolliniens » et les « mercuriens ».
Les premiers symbolisent l’enracinement dans la glaise, l’ethnicisme, la pensée
grégaire. Les seconds sont des passeurs : passeurs de frontières, passeurs
d’idées. Les juifs qu’il étudiait étaient révolutionnaires, cosmopolites et
universalistes, et il les voyait comme l’incarnation du type mercurien.
Slezkine se préoccupait peu des sionistes, champions du nationalisme
ethniciste.
Cinq
ans plus tard, Enzo Traverso consacrait un ouvrage à « la fin de la
modernité juive » (La Découverte, 2013). Le succès du sionisme comme celui
de l’insertion des juifs aux États-Unis avaient consacré, selon lui, leur
transition de la révolution vers le conservatisme.
Feher induit que Traverso pourrait bien s’être trompé. Les campus américains sont désormais remplis de jeunes juifs en passe de rupture radicale avec Benyamin Nétanyahou et consorts. Mais parviendront-ils à leurs fins ? Réussiront-ils à élargir leurs rangs au-delà des États-Unis ? L’auteur ne tranche pas, les temps présents étant plus qu’incertains. En attendant, il craint visiblement que « le coming out spartiate » d’Israël proclamé par Nétanyahou récemment ne conduise à une nouvelle « déportation massive des Palestiniens », une idée dont il constate qu’elle « fait l’objet d’un large consensus » dans la population juive israélienne. « Redevenir juif » pourrait prendre du temps.
[Source : www.orientxxi.info]
Escrito por David M. Sobrino Platas
A paisaxe viaria galega garda siluetas de
formigón, cubertas de chapa e illas de surtidores que quedaron sen voz.
Na comarca de Bergantiños e contorna, nomes como Buño, Cances, A Lagoa
(Vimianzo) ou Anxeriz son os de localidades que forman parte
dese catálogo de estacións clausuradas que aínda permanecen ao pé da
estrada, algunhas empapeladas de grafitis e outras empregadas
como aparcadoiros improvisados.
Segundo recollen algúns medios, a dinámica
cambiou coas novas conexións, e isto tamén nos fala da historia das nosas
estradas: instalacións moi utilizadas no pasado acusaron a apertura de vías
alternativas e a reordenación do tráfico, mentres outras aínda resisten
por fidelidade da clientela ou por atoparse en nodos con
múltiples accesos.
Non todo é declive.
En Bértoa houbo reactivación tras anos de abandono, e
a gasolineira da rúa Poñente amosa movemento para unha posible
reapertura, mais o balance xeral en Galicia deixa unha cifra
elocuente: 59 peches documentados (A Coruña 24,
Pontevedra 22, Lugo 9 e Ourense 4), segundo o rexistro
gráfico e descritivo recompilado por Julio César López Vázquez
(Bazarra), presidente da Asociación de Estacións de Servizo da Coruña e
vicepresidente da Federación Galega de Estacións de Servizo (FEGAES), xunto a
compañeiros do sector.
O propio Julio Bazarra, que tamén é
directivo en entidades estatais do sector, sintetiza tres grandes
eixos que explican parte do fenómeno.
Por un lado, pon de manifesto os cambios
normativos e de mercado: a partir de 1980 simplificouse a
apertura de estacións e reducíronse distancias mínimas e
en 1992 rematou o monopolio de Campsa, abrindo un mercado moito máis
competitivo. A marxe real por litro é estreita —gravada por
impostos e custos fixos (persoal, mantemento, subministración
eléctrica e de auga, seguridade e control ambiental)—, de modo que as
estacións sen estudo de demanda (IMD) suficiente non cadran
números. Exemplos como O Empalme (Tordoia) ou E.S. A Castriz
(Santa Comba) ilustran ese límite.
Por outro lado, fálanos tamén de xestión e
modelo de servizo: houbo empresariado que non profesionalizou
cadros nin diversificou (tenda, lavandería, lavado, servizos
loxísticos), mentres a competencia apostaba por perfís autoservizo/low-cost e
por retail ampliado. Algunhas estacións do centro de
Carballo pecharon longas tempadas; unha
desapareceu e dúas sobreviviron alugadas a novos
xestores que mudaron o modelo. A frase feita no gremio —”eu gasolinero,
non tendeiro“— resume esa resistencia ao cambio que, segundo
Bazarra, pasou factura.
Finalmente, menciona as dimensión e
localizacións destas gasolineiras: unidades de
subministración mínimas (un só surtidor) quedaron obsoletas onde
a clientela esixiu aseos, aire e auga. No extremo contrario,
as macroestacións sobredimensionadas en contornos rurais non
cubriron custos. Cita As Travesas (Carral) ou a E.S. A Lagoa (Vimianzo) como
exemplos de instalacións excesivas para a demanda.
A isto engádense contratos de
subministración en exclusiva moi longos (máis de 25 anos) asinados ao
fío da fin do monopolio, que hoxe impiden renegociacións adaptadas á
conxuntura. Entre os casos afectados, Buño e unha estación
de Ordes na N-550 figuran como paradigmáticos.
O impacto das novas vías e a perda de grandes
clientes
A apertura de autovías e
corredores muda fluxos e hábitos de parada. O que foi negocio
próspero pode caer en poucos anos se a nova traza desvia o
tráfico e invisibiliza a área de servizo. Montesalgueiro (Aranga,
na N-VI) aparece nos relatos sectoriais como símbolo desa viraxe. Ao tempo,
frotas de transporte, empresas de reparto e explotacións agropecuarias —antes
clientes cativos—instalan depósitos propios e compran
directamente aos operadores, reducindo ventas a pé de pista.
A E.S. A Raña non soportou a perda dese consumo intensivo.
Determinadas decisións agravaron situacións límite. A obrigatoriedade de mantemento de servizo 24/7 en marzo de 2020 —con mobilidade restrinxida— acabou co peche da E.S. de Celas de Peiro (Culleredo). E o desconto de 20 céntimos por litro pola guerra de Ucraína, que as gasolineiras tiveron que adiantar ata recibir o reembolso, provocou baixas como Páramos (Santa Comba) e Guitiriz. “Estaban tan descapitalizadas que non eran capaces de adiantar os 20 céntimos“, explica Bazarra, quen alerta doutra fronte: a adaptación a sistemas de control e facturación máis esixentes pode tensionar pequenos negocios con escasa conectividade.
Mentres o mercado cambia, hai quen documenta o pasado recente. Xosé Luis Martínez, afeccionado das estradas e autor do blogue Carreteras en Galicia, elaborou un mapa colaborativo con tres categorías: ‘Gasolineiras abandonadas’, ‘Surtidores’ e ‘Gasolineiras desaparecidas’. “Quixen ir máis alá”, explica: “Fixen o mapa para dar a coñecer este patrimonio que había nas estradas“. O traballo incorpora peches recentes xunto a vestixios moi antigos —como unha estación desaparecida na Coruña, na zona de Catro Camiños, hoxe substituída por edificios— e axuda a ler épocas: a explosión de aperturas, a mudanza de traxectos coas autovías e a deriva cara ás áreas de servizo.
No curto e medio prazo, o sector recolócase entre estacións autoservizo sen persoal e áreas multienerxéticas. “Prevense moitísimos peches“, admite Bazarra, que debuxa un escenario no que as estacións integren ata 13 produtos: cargas eléctricas (rápidas e lentas), varios gases, hidróxeno —”primero para pesados“— e combustibles con emisións netas cero. Sobre a cota do coche eléctrico, opina que non superará arredor do 20% porque moitas recargas terán lugar na casa. En paralelo, alerta do risco de baleirar o mapa de servizos no rural: “Meter usuarios vulnerables —motos ou microcoches— en cabeceiras de comarca con tráficos densos non é o máis axeitado“. Neste senso, as asociacións promoven que as estacións que quedan sexan puntos de servizo comunitario (tenda, operacións bancarias básicas, desfibriladores…), co obxectivo de manter actividade e utilidade social.
Un mapa para non esquecer a historia ás beiras das estradas:
Unha historia con final aberto
A foto fixa de hoxe amosa surtidores abandonados, naves baleiras e marquesiñas oxidadas en moitas estradas secundarias. Porén, tamén hai reaperturas puntuais e novos formatos que compiten en prezo e servizos. Entre cifras como 59 peches en Galicia e 33 estacións activas na comarca de referencia, a reconversión seguirá marcando quen queda e como queda. Se algunhas instalacións non puideron cos custos nin co tamaño, outras estarán chamadas a compactar servizos, innovar no mix enerxético e anclarse ao territorio. O mapa cidadán e os rexistros do sector deixan constancia do que xa foi. O que suceda a partir de agora dependerá da capacidade de adaptación e da atención ao rural, onde unha gasolineira pode ser moito máis ca un punto de reportaxe.
[Fonte: www.historiadegalicia.gal]