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quinta-feira, 8 de janeiro de 2026

Adios a Béla Tarr, o cineasta que elevou a lentitude e a transcendencia a grande arte

O realizador húngaro creou boa parte da súa obra sobre a literatura do Nobel László Krasznahorkai


Béla Tarr, tras recoller en Berlín en decembro do 2023 o premio honorífico nos European Film Awards. 

H.J.P.

Apenas uns meses despois de que —o pasado 9 de outubro— désenlle o premio Nobel de literatura ao seu amigo e estreito colaborador László Krasznahorkai, o cineasta Béla Tarr (Pécs, 1955-Budapest, 2026), que tanto celebrou aquel galardón, faleceu este martes aos 70 anos na capital húngara. 

Considerado un dos autores fundamentais pola crítica especializada, que adoita incluír Sátántangó —adaptación da novela de Krasznahorkai Tango satánico— entre as mellores vinte películas da historia, o seu inconfundible estilo navega entre a melancolía, a morosidade, a sensibilidade, o lirismo, o silencio, o dramatismo, a angustia, o misterio, o pesimismo e a reflexión, todo servido nun exquisito branco e negro, estética que marca esa epopea de sete horas co derrubamento do comunismo como pano de fondo que é Sátántangó. Si, unha obra complexa de sete horas de duración non apta para todos os públicos. 

Trátase dunha grande arte —afastada de calquera idea de consumo e entretemento— que esixe do espectador amor pola beleza, compromiso e unha certa cinefilia que permite valorar a súa manexo da lentitude e a transcendencia, nunha narrativa que, por comparación, faría da produción de Visconti case un eloxio da velocidade. Neste sentido, e iso explica un entendemento e un traballo harmónico de anos, o cine radical de Tarr acha perfecta correspondencia —formal e espiritual— na difícil escritura de Krasznahorkai.

Pero incluso cando se basea noutro tipo de literatura, Tarr non baixa a garda como demostra O home de Londres, levantada sobre unha novela de Georges Simenon, aínda que o guion, iso si, é do propio Krasznahorkai. 

Se seica, de buscar un afastado referente cinematográfico —e de honestidade e de esencia—, habería que falar de Robert Bresson ou viaxar a Rusia en pos do celuloide metafísico de Andréi Tarkovski, un cineasta inclasificable —un poeta, en realidade, como o seu pai, Arseni— que, a pesar de que abriu novos horizontes na sétima arte, non pode dicirse nin que crease escola nin que a súa obra poida sobreporse á etiqueta do autor de culto. Quizais o que lle ocorre ao seu colega húngaro. Tamén ao portugués Pedro Costa, de quen podería extraerse un parentesco medular na súa entrega absoluta —próxima ao suicida— á verdade da imaxe. 

Tarr interrompeu a súa carreira na ficción tras rodar O cabalo de Turín, filme que foi distinguido na Berlinale do 2011 co Gran Premio do Xurado e o Fipresci-Premio Internacional da Crítica. Alí estaba condensado o seu universo, un mundo que se extingue, crepuscular, na desesperación da xente humilde, a pobreza, a supervivencia, a dor...Cunha brutal sinxeleza e unha forza hipnótica que un pode atopar na literatura en obras como Xente independente de Halldór Laxness e Triloxía de Jon Fosse, curiosamente, novelas ambas as debidas a escritores nórdicos recoñecidos tamén co Nobel. 

 

 [ Imaxe: European Film Academy - fonte: www.lavozdegalicia.es] 

terça-feira, 26 de março de 2019

¿Es Tarkovksy el más grande director de cine de la historia? Bergman así lo creía

Según Ingmar Bergman, Andrei Tarkovsky fue el más grande todos los tiempos, el director que llevó el cine a su esencia de sueño

Las comparaciones son odiosas pero en este caso sirven para afinar la mirada y regresar a Tarkovsky. Y viene de quien quizás debería de estar cerca de Tarkovsky cuando pensamos en los más grandes directores de cine. Según Ingmar Bergman:
Tarkovsky para mí es el más grande, él fue quien inventó un nuevo lenguaje, fiel a la verdadera naturaleza del cine, así capta la vida como un reflejo, la vida como un sueño.
Aquí yace un punto fascinante: el cine de Tarkovsky es quizás el más cercano al sueño, más cercano que el cine surrealista --el cual parece captar la realidad como sueño pero solo en un aspecto, aquel más explícitamente onírico, no de manera total y fluida. El sueño de Tarkovsky es absoluto, abarca la memoria y el tiempo y encuentra una dimensión metafísica.
Ahora bien, si coincidimos que el cine de Tarkvosky es el que nos revela con más poder y nitidez la vida como sueño, ¿por qué esto significaría que Tarkovsky es el más grande cineasta? Tal vez porque la esencia del cine, de la imagen en movimiento, encuentra su mejor analogía con el sueño.
En esto es útil recordar a McLuhan, el teórico de medios, que vio en cada gran invento una extensión de nuestros sentidos, por ejemplo el teléfono fue una extensión de nuestros oídos, el automóvil de nuestras piernas, la TV del ágora y de los ojos, el Internet del sistema nervioso...
Podemos pensar que el cine es más propiamente una extensión de nuestros sueños. Lo es por dos razones fundamentalmente, por el flujo de las imágenes que ocurren en una sala oscura, tejiendo una narrativa con la cual el espectador se involucra y se identifica (esto es como soñar en las noches); y por otro lado, por las mismas estrellas de cine y las vidas que vemos en la gran pantalla, con la cual soñamos, se vuelve nuestros deseos inconscientes y conscientes.
El cine de Tarkovsky nos incrusta en la sustancia del sueño pero, de nuevo, no es solo el sueño que tenemos cada noche, es la existencia entera la que se revela como sueño, como poiesis, la realidad que surge de la creatividad de la mente.
El gran arte es capaz no solo de imitar a la naturaleza sino de reemplazarla. El gran artista es quien logra ver sus sueños fuera de su mente, en el mundo. El cine de Tarkovsky hace que el sueño invada la realidad y la sustituya.


La crítica Maya Turovskaya escribe sobre el cine de Tarkovsky:
El mundo de la imaginación coexiste con el mundo real. No sería una imaginación decir que esto es tan real y tan presente como los elementos de la trama... lo que Tarkovsky presente como sueños, imaginaciones, memorias... es el elemento en el cual sus personajes existen y tienen su ser, es su propio río individual de tiempo.

En su libro 'Esculpir el tiempo', Tarkovsky escribe:
A través del arte, el ser humano se erige sobre la realidad a través de la experiencia subjetiva... Un descubrimiento artístico ocurre cada vez como una nueva y única imagen del mundo, un jeroglífico de verdad absoluta. Aparece como una revelación, como un deseo momentáneo y apasionado de asir intuitivamente y palpar todas las leyes del mundo --su belleza y su fealdad, su compasión y su crueldad, su infinitud y sus límites... A través de la imagen se sostiene una conciencia del infinito: lo eterno dentro de lo finito, lo espiritual dentro de lo material, lo ilimitado toma forma.
Tarkovsky, hijo de un importante poeta ruso, fue el gran poeta de la imagen en movimiento. El cine ha sido utilizado para muchas cosas, pero Tarkovksy lo usó para su más alta función: mostrar la belleza con la potencia multidimensional que ningún otro medio tenía.






[Fuente: www.pijamasurf.com]

quinta-feira, 12 de julho de 2018

Patti Smith – “Banga”



Écrit par Enrique SEKNADJE


Patti Smith fait « Banga »… Et nous, on fait « Bingo » !

Il y a fort à parier que le dernier opus de Patti Smith restera comme un des plus beaux disques de 2012. Pas l’un des plus inventifs et modernes mais l’un des plus touchants.
La chanteuse n’avait pas sorti d’album-studio depuis 2004. C’était Trampin’. Mais elle n’a pourtant pas chômé ! Côté musique, elle a publié un album de reprises en 2007, Twelve, dont on retiendra, entre autres, Gimme Shelter (Stones), Passtime Paradise (Stevie Wonder) et Perfect Day (Lou Reed). En 2008, elle collabore avec le guitariste Kevin Shields pour Coral Sea, un disque live minimaliste à la poésie déchirante, qui témoigne de deux concerts-performances donnés en juin 2005 et en septembre 2006 en hommage à Robert Mapplethorpe et évoquant ses derniers jours. Mapplethorpe, le grand photographe américain mort du sida en 1989 et qui fut le premier « grand amour » de Patti et un précieux « ami » pour elle. En 2011, sort la deuxième compilation de la chanteuse, Outside Society. Toujours décevant de ne pas y trouver le morceau qui pour nous est son chef d’œuvre absolu : l’élégiaque Elegy… Mais bon, pas un drame non plus… Côté littérature et édition, Patti publie un recueil de poèmes en 2003 – Auguries Of Innocence – Présages d’innocence. Elle édite et écrit l’introduction d’un recueil de poèmes de William Blake en 2007. En 2008, à l’occasion de l’exposition que la Fondation Cartier lui consacre – Land 250 -, sont proposés l’ouvrage-catalogue éponyme et un recueil intitulé Trois, qui comprend un hommage à Rimbaud, un ensemble de photographies de sculptures et un « carnet de notes ».  En 2010, c’est le recueil de mémoire Just Kids où l’auteur de Frederick raconte sa relation avec Mapplethorpe. En 2011, Patti re-publie un voyage mémoriel dans son passé qui date de 1992, Woolgathering, avec l’ajout d’un texte, de dessins et de photos – il n’est pas encore traduit en français. La chanteuse donne également moult concerts. On se souviendra, entre autres, des tournées de 2007 et de 2011.
Et ce n’est là qu’un aperçu rapide et non exhaustif…

Banga, le nouvel album, a été enregistré, entre autre, au fameux studio Electric Lady de New York – se rappeler de Jimmy Hendrix… du fait, bien sûr, que Hey Joe est le premier single de la chanteuse… et que son premier disque, Horses, a été matérialisé dans ce lieu mythique ! Patti aurait commencé à élaborer Banga en 2008, quand elle s’est plongée avec intérêt dans la prose de Mikhail Boulgakov (1891-1940). « Banga » est le nom d’un chien dans l’ouvrage le plus célèbre du Russe : Le Maître et la marguerite.

Cet album est produit par l’Artiste elle-même, avec l’aide précieuse de Tony Sahanan, Jay Dee Daugherty et Lenny Kaye. Kaye est le guitariste qui a travaillé avec Patti sur son premier single, sur ses quatre premiers albums et qui a fait partie de son « groupe » – à noter que le guitariste Jack Petruzzelli, qui a joué avec Ian Hunter et Rufus Wainwright, intervient aussi beaucoup sur ce disque. Kaye signe la musique de trois morceaux de Banga. Daugherty est un batteur qui a commencé à travailler en 1975 avec Patti et qui a créé la musique d’un morceau. Le bassiste Shanahan joue avec Patti depuis 1995 et signe ou co/signe la musique de quatre titres. Le fils, Jackson Smith, joue de la guitare ici et là ; la fille, Jesse Smith, du piano. Patti a pour sa part composé la musique d’une chanson, Nine, et a écrit tous les textes.
Banga est un disque assez sobre, au style droit et dénué de toute faute de goût. Patti se laisse aller comme à son habitude à des mélanges de parlé-chanté sur certains titres. La voix a perdu cette résonance punk qui pouvait parfois hérisser le poil. Mais elle est belle. En ce sens, la chanteuse rejoint une Siouxsie qui s’est assagie avec l’âge tout en gardant partie de ce qui faisait son charme et son originalité dans les années soixante-dix et quatre-vingt. Finement, dans cet œuvre, des apparitions musicales empêchent l’ennui de s’installer à son écoute, même si le son ne varie pas beaucoup d’un morceau à l’autre. On pense, pour donner un exemple, à l’apport d’un groupe vocal italien dans le morceau Constantine’s dream.


* Amerigo, le premier titre, est une ballade rock avec un joli motif mélodique récurrent et accrocheur, enveloppée de violons et traversée par une basse profonde et sinueuse. Les chœurs masculins donnent le frisson. Il y est question de l’explorateur italien Amerigo Vespucci et de la découverte du Nouveau Monde.
* Un peu sur le même rythme que le morceau précédent, April Fool, avec ses vagues airs de Heroes, est fort entraînant et trace facilement sa voie dans la tête de l’auditeur. Des guitares sont tenues par un ami et collaborateur de Patti, le fameux Tom Verlaine leader du groupe Television… Verlaine, au son acidulé, reconnaissable entre mille. C’est un hommage à l’écrivain russe Nicolas Gogol né un premier avril.
* Fuji San est grave et incantatoire. Le martèlement d’un tom de batterie au début du morceau, ou du pied de grosse caisse, plus tard, aide… Le morceau est carré et un peu plus rock que les précédents. Rien d’exceptionnel, mais il y a de beaux sons de guitares en semi solos à la fin. Patti évoque indirectement la catastrophe de Fukushima : « Oh montagne de nos yeux, nous t’appelons. Entendras-tu nos pleurs ? Que fera le pauvre garçon ? Que fera la pauvre fille ? ».
* This Is The Girl est la grande réussite de l’album. Un hommage rendu à feu Amy Winehouse. Bienvenu et très émouvant. Ecce Homo… Ecce filia ? « C’est la chanson sur la vigne étouffante, tordue en lauriers pour couronner sa tête », chante Patti. Un rythme lent et une voix à la fois douce et solennelle. Que c’est fort et plaisant quand l’Artiste laisse de côté son chant parfois miaulant, traînant et criard. Épisodiquement, on entend un orgue, des cloches, des chœurs légèrement velvetiens… Le tout subtilement mixé. Patti Smith n’a pas connu Amy, mais l’admirait et parle de sa mort comme d’un terrible « gâchis » : « Elle avait une façon extrêmement sophistiquée d’utiliser sa voix. Surtout, elle avait un timbre unique au monde, comme Maria Callas ou Billie Holiday. Amy était un stradivarius, mais elle n’a pas protégé son instrument. » (in L’Express, entretien avec Paola Genone, 6 juin 2012). Shanahan a expliqué que la beauté du morceau venait notamment de ce que Patti Smith chante ses notes en mode majeur sur une structure musicale construite en mode mineur.
* Banga fait penser à l’ancien groupe de Lou Reed, déjà évoqué ci-dessus, et à la Patti Smith des années soixante-dix que le punk à fait éclore. Le refrain est surprenant, tournoyant. Il claque aussi comme des aboiements ou des coups de poing.
* Maria est une chanson un peu plus ouverte que les précédentes. La batterie et le piano dominent, mais laissent une belle place à la voix. La chanteuse rend hommage à l’actrice Maria Schneider, disparue en 2011, qu’elle a connue et fréquentée dans les années soixante-dix – et aussi par la même occasion à cette époque bénie. Remember Le Dernier Tango à Paris. La voix est nocturne et sait se faire quasi religieuse. Un beau violoncelle fait à un moment son entrée et laisse sa place à un solo de guitare saturé d’un bel et digne effet… Le paysage musical s’éclaircit et Patti peut clore la chanson en solitaire et en silence…
* Mosaic a des accents légèrement moyen-âgeux et orientaux – mais nettement moins grinçants que ceux d’un Venus In Furs auquel on peut vaguement penser.
* Tarkovsky (The Second Stop Is Jupiter) est dédié au grand cinéaste russe, auteur notamment du bergmanien Le Sacrifice ou du légendaire et profondément étrange Stalker. La musique a été créée par Sun Ra, grand compositeur et instrumentiste de jazz, poète et sage à ses heures. La voix de Patti est déclamative, les guitares sont libres et courent en solitaire tout au long du morceau.
* Nine, musicalement un peu à l’image de Mosaic, est dédié à l’ami Johnny Depp. Le « 9 » correspondant à la date de la naissance de l’acteur. Celui-ci joue un petit peu de guitare sur le morceau Banga. Sur Nine, intervient aussi et encore Tom Verlaine. Ce n’est pas la chanson la plus intéressante, quoique les six-cordes électriques s’assemblent parfois dans un esprit de dissonance harmonieuse.
* Seneca est un morceau acoustique, touchant et profond. Il est chanté avec grande sensibilité et une heureuse rencontre a lieu entre un violon et un accordéon. Il a été écrit pour le filleul Seneca Sebring. C’est une sorte de berceuse grave.
* Constantine’s dream a une entame également à dominante acoustique. Mais l’électricité est là, tapie et prête à glisser, se répandre, cingler … Ce qu’elle va faire. L’inspiration est quelque peu religieuse et Patti Smith se réfère aux rêves et prémonitions de Christophe Colomb. Le morceau fut inspiré à l’Artiste par le tableau de Piero Della Francesca : Le Songe de Constantin, vu en Italie. Le texte que l’on entend a été improvisé, après qu’un travail de documentation a été réalisé par la chanteuse.
* Enfin, pour terminer, il y a After The Goldrush, une reprise de Neil Young à laquelle Patti fait perdre son côté trop étroitement folk pour atteindre un classicisme classieux et ouvrir merveilleusement sur l’avenir avec l’aide d’enfants chantant en chœur. Neil Young qui vient de sortir un bel album de reprises de chansons anciennes, Americana, est actuellement en tournée. Certains concerts se font en association avec Patti Smith et son groupe.
Dans Banga, Patti Smith convoque les êtres qu’elle aime, vivants ou disparus. Elle fait œuvre de poétesse inspirée, à la fibre mystique ; et inspirée concrètement par la peinture, la littérature, le cinéma. Elle brosse épisodiquement le portrait d’un monde en péril, mais tente aussi de délivrer un message humaniste : « À Arezzo, j’ai fait un rêve sur Saint François qui s’agenouillait et priait pour les oiseaux, et les animaux, et tout le genre humain » – avant-dernière chanson.
La fin de Constantine’s dream, justement, est apocalyptique. Y est évoquée la fin de l’Homme, entraîné par ses folles conquêtes. Mais les paroles de After The Gold Rush, celles du toujours Jeune Canadien, imaginent avec bonheur et espérance un nouveau « foyer » possible en « mère nature »…
Patti Smith est en tournée depuis le 28 juin. Elle sera à la Fête de l’Humanité le 15 septembre prochain. Ce sera son seul concert en France. 

[Source : www.culturopoing.com]

quarta-feira, 20 de junho de 2018

Alicia Genovese y la antología «La línea del desierto»: “Vivir en una cultura distinta te ayuda a entender quién sos”

Luego de verla en un recital soñó con ser Patti Smith, pero sus habilidades vocales –o la falta de ellas– la decantaron hacia la poesía. El volumen recientemente editado recorre diez libros desde El cielo posible, un itinerario que abre diversas puertas emocionales.
“Hay gente que desde la infancia ya aprendió otro idioma y ya sabe que puede viajar, pero no fue mi caso.”



Por Silvina Friera


Los poemas reunidos de Alicia Genovese en La línea del desierto (Gog & Magog) –diez libros desde el primero, El cielo posible, hasta el último inédito, que da título a la colección– son como ventanas abiertas a la emoción. “Irse lejos/ para encontrar lo propio./ Atravesar los cruces/ más cerrados,/ hacer un camino/ por donde solo el viento/ pasa,/ donde se eligen pocas cosas,/ menos, cada vez./ En el lugar impensado/ estará tu corazón/ olfateando con hambre/ una casa sin puertas”, dice la voz poética de “Diario de viaje”. El desplazamiento geográfico desde la zona Sur al Norte –de Lomas de Zamora, donde nació, a Lavallol, después Banfield, las pensiones en la ciudad y luego el viaje a Estados Unidos– se podría condensar en un estribillo tal vez un tanto punk que escribe la poeta que quería ser como Patti Smith: “Todo lo que viene se va/ todo lo que empieza se deshace”. 
El itinerario que propone la poesía reunida se inicia con el excepcional poemario inédito, La línea del desierto, que da nombre al volumen, para continuar con los libros en orden cronológico: El cielo posible (1977), El mundo encima (1982), Anónima (1992), El borde es un río (1997), Puentes (2000), Química diurna (2004), La hybris (2007), Aguas (2013) y La contingencia (2015). “Todos los libros, cuando uno los lee, impresionan un poco como objetos. Pero este me pegó muy fuerte, es una sensación mucho mayor. Todavía estoy aprendiendo a mirarlo porque mi primer libro lo escribí a los 20 años, entonces es muy difícil volver a mirarse desde esa perspectiva”, advierte Genovese en la entrevista con PáginaI12.

–¿Por qué en el inédito “La línea del desierto”, aparece la geografía de Estados Unidos?
–Yo estuve en Estados Unidos entre 1985 y 1990. Vivir en Estados Unidos significó para mí muchas cosas, primero porque no estaba preparada para vivir en otro país. Hay gente que desde la infancia ya aprendió otro idioma y ya sabe que puede viajar, pero no fue mi caso. Una conjunción de circunstancias azarosas –mi pareja de entonces tenía una beca en una universidad– hizo que me fuera a vivir al principio a Boston y después en Florida, en Gainesville. Y fue un golpe muy fuerte porque yo llegué sabiendo muy poco inglés y con una idea bastante idealizada de que iba a aprender. Y me costó muchísimo adaptarme y vivir en otra cultura. Por suerte, conseguí enseguida una beca para entrar en la universidad y ahí empecé a tener otra vida.
–¿Qué impacto tuvo la sensación de extranjería? 
–Yo nací en el conurbano, en una casa sin libros, y el acceso a la cultura ya significó una cierta extranjería. Entonces empecé a hacer cosas que no estaban previstas en el horizonte de expectativas. Yo entré a una escuela secundaria muy importante de la zona sur, que me abrió las puertas de todo, y como yo era buena alumna sorteé un montón de vallas. Esto me colocó en un lugar distinto. El hecho de haber vivido en Estados Unidos es otra faceta de la extranjería más literal. Cuando llené la primera planilla para entrar a Estados Unidos, yo puse raza blanca y lo tacharon y pusieron raza hispana. Ese fue el primer golpe: sigo siendo una negrita del conurbano. En otro aspecto, el viaje fue luminoso porque fue un encuentro con el paisaje. Yo estudiaba y trabajaba en la Universidad de Brandeis, que queda como a una hora de Boston, y de ahí iba muy seguido a la laguna de Walden, cerca de donde está la cabaña de (Henry David) Thoreau. Y empecé a leerlo y me di cuenta de todo lo que pasaba en esos bosques.
–¿Por qué aparece tanta agua en su poesía?
–Eso tiene que ver con el tiempo en que viví en Florida, una península cruzada por el agua, por los ríos, manantiales, lagos… Cuando volví de Estados Unidos, me fui al Delta porque sabía que tenía que encontrar un lugar para mí; después compré un terreno y ahora tengo una casita. En toda mi poesía aparece siempre el agua. Alguien me decía que yo había escrito Aguas y La línea del desierto, que son como libros opuestos. Y yo creo que son complementarios. En Aguas hay un verso que dice: “El desierto no es la nada/ es lo dejado por el agua”. Si uno piensa en la imagen del desierto de ese modo, lo puede ver como algo distinto, pero que parte de lo mismo.
–¿Necesitó irse lejos para encontrar lo propio, como plantea en el poema “Diario de viaje”? 
–Sí. Hay una cuestión del origen, que yo fui negando, para poder seguir mi deseo. Ir a Estados Unidos me hizo verme como quien era: una chica un poco provinciana. Estar en una cultura tan distinta te hace constantemente ver quién sos. La búsqueda de lejanía tiene que ver con la creación poética. Para escribir hay que alejarse; “paren todos los ruidos para escuchar ese grillito que me hace volver a mí”, que es lo que me pasa en el Delta. Yo siempre tuve esa necesidad de lejanía, desde que me convertí en lectora, en un hogar donde no se leía. Yo tenía que buscar un rincón para leer y que mis padres no se preocuparan, porque ellos se preocupaban y me preguntan: “¿qué hacés ahí? ¿te pasa algo?”. A veces me encerraba a leer en el baño. Esta necesidad de lejanía permite encontrar la voz propia de la manera más elemental, desde ese lugar primigenio donde uno escucha lo que quiere ser o hacer.
–En La línea del desierto en un momento la voz de uno de los poemas dice “mi madre ha muerto”. En “Química diurna” un poema termina así: “No moriremos con gloria/ son los noventa/ y todas las catástrofes/ parecen personales”. ¿Cómo aparecen los materiales autobiográficos en sus poemas?
–Lo autobiográfico aparece constantemente. En el final del poema que menciona estoy en un acto escolar de mi hija y no puedo cantar el Himno. Toda mi poesía está ligada a etapas de mi vida, pero al mismo tiempo mi poesía las trasciende. Hay largos poemas como “Camino Negro”, que no sabía que iba a ser tomado por la figura del padre. Sin embargo, empieza por los agujeros negros y por el camino negro por donde siempre tengo que pasar, adonde siempre tengo que volver. En general me aparece una imagen y la voy siguiendo. En “Camino Negro” la imagen del padre arma todo. En el libro Puentes es la transmisión que yo quiero hacerle a mi hija de dónde vengo yo. Ahora estoy leyendo un libro de (Andrei) Tarkovsky, Esculpir en el tiempo, y él decía que cuando un artista crea una imagen supera su propio pensamiento, es decir que la captación emocional del mundo a través de esa imagen le va revelando al propio creador cosas del mundo y de sí mismo. Yo me sentí identificada, aunque él se refería a la imagen cinematográfica. El cine de Tarkovsky es muy próximo a la poesía, con esa detención que tiene, con esa lentitud, con ese no importa lo que viene, ya va a venir.
–¿Qué importancia tiene la escucha en su poesía?
–Siempre estoy pendiente de las palabras. Me gusta oír las conversaciones en el subte, en el colectivo, en un bar, y voy captando tonos. Yo identifico a las personas por los tonos que usan porque los tonos hablan más de las personas que lo que dicen. Hay gente que es muy limitada con el lenguaje, pero tiene tonos que son conmovedores, inmediatamente afectuosos. Hay gente que arma mundos perfectos con sus palabras, y sin embargo el tono es lejano. Y esto corre también para el plano social y político. Prefiero ir a las movilizaciones y no mirarlas por la tele; escuchar desde ahí adentro lo que pasa y no esperar que me lo cuenten.
–A propósito de ir a las movilizaciones, en un viaje a México termina en una manifestación a favor del Subcomandante Marcos, marchando y participando como una más, ¿no?
–Sí, pero fue azarosamente porque yo iba a hacer un paseo turístico en ese tren a Xochimilco. Y empecé ver mucha gente que subía y le pregunté a una señora adónde iban. “Habla Marcos”, me dijo y empezó a subir cada vez más gente y estábamos todos apiñados. “¿Adónde van?”, le pregunté y ahora no recuerdo la estación, pero bajé y fui con ellos. Había que caminar bastantes cuadras y llegué a una especie de Jardín Botánico, un gran espacio verde, y me fui acercando y quedé muy impactada. En la marcha vi aztecas y toltecas, a los que no me cansaba de mirarlos. Lo vi de lejos a Marcos, lo escuché y vi el fervor popular hacia ese líder. Por suerte no había seguido el viaje que tenía planeado hacer. Yo creo que en los desvíos que uno hace está el viaje.
–En uno de los poemas de “El cielo posible”, fechado en mayo de 1975, define a las palabras como “las prostitutas suicidas que no alcanzan”. Tenía 22 años entonces. ¿Cómo explica ese escepticismo?
–Yo creo que tiene que ver con la época. Vivía sola en una pensión en San Cristóbal, sobre la calle Solís, y tenía que bancarme. Yo empezaba a trabajar en periodismo, que era lo que quería hacer en esa época. Después conseguí un trabajo fijo en Prensa Latina. Me parece que eso que lee está impregnado de un sentimiento de época. Yo nunca fui escéptica, sino más bien optimista dentro de las pocas posibilidades que había. Era un invierno muy crudo y varios amigos me preguntaban si tenía calefacción en la pensión. Y no tenía. Me había comprado una garrafita con una hornalla, donde me calentaba una sopa o me hacía un té, entonces la prendía y con eso calentaba la habitación. Y me acuerdo que un pibe me dijo: “Yo no puedo creer cómo podés vivir así”. Para mí era un paraíso vivir ahí porque además era una casa muy antigua, muy bonita. Yo no era una melanco…
–¿Cómo fue la experiencia de escribir poesía durante la dictadura?
–Lo que viví fue un quiebre muy grande en cuanto a las relaciones. En el 74, en el 75, había empezado a vivir sola en el centro de Buenos Aires y para mí era una fiesta andar por la calle Corrientes. La apertura a la literatura venía de los consejos de amigos que me decían que tenía que leer. Alguien me dijo que por lo que escribía tenía que leer a (Pedro) Salinas. Otro me recomendó a (Roberto) Juarroz. En ese momento fueron dos poetas importantes para mí, aunque nunca los volví a releer. Yo tenía una reacción a la poesía política y panfletaria que me rodeaba y la gente que estaba conmigo también, a pesar de que todos teníamos un compromiso político importante. Pero no entrábamos en ese tipo de poesía tan fácil en un momento en que todo el mundo sacaba un panfleto y decía que era un poema. Quizá esas lecturas, la de Juarroz y Salinas, eran una especie de contrapeso. En ese momento también leía a (Juan) Gelman muchísimo. En ese verso que menciona de las palabras como prostitutas suicidas yo lo escucho a Gelman. En el 76, yo seguía trabajando en Prensa Latina, un lugar muy visualizado por los servicios. No se podía andar por Corrientes porque estaban las razias… Apareció el miedo. De hecho, yo me tuve que ir de la pensión en la que estaba en San Cristóbal porque habían ido a preguntar por mí, cuando yo no estaba. No sé si fue por mi trabajo en Prensa Latina o porque pude haber estado en la agenda de alguien que cayó.
–Le devuelvo unos versos a modo de pregunta: ¿Por qué “la escritura no vuelve transparente un agujero negro”?
–Ya en esa época estaba pensando en conceptos que luego desarrollé teóricamente en un libro de ensayos donde hablo de transparencia y opacidad en la poesía. La poesía es opacidad que tiene zonas transparentes para no ser ilegible. La opacidad es algo que no puede traducirse más que como se escribe; es una zona de mayor espesura del texto, donde uno dice y a la vez no sabe lo que está diciendo. En la zona opaca en apariencia uno ve algo, pero si frotás un poco ves otras cosas, ves un costado. Si frotás otro poco, ves el otro costado. O sea, es una zona maravillosa. Cuando uno encuentra esa zona, encuentra el poema, porque es cuando el poema se revela. Ahí el poema te revela algo que no conocías. Cuando llegás a la zona opaca, el poema te empieza a hablar: mirá lo que tenías y no sabías.
–La idea de transparencia, de que la escritura tiene que mostrarlo todo, quizá sea un poco romántica. La opacidad, en cambio, trabaja más con la idea de que hay zonas hasta donde se puede llegar y después el resto es un misterio, una zona peligrosa o un límite.
–Es un “no puedo decir más que esto”. El peligro nos llama; si me dicen esta es una zona de peligro, yo voy para ver qué hay (risas). El desafío en la escritura me encanta. Pero cuando aparece el hasta acá llegué, “no puedo decir más que esto”, ahí abandono la zona opaca. En cuanto a la transparencia yo la relaciono más con los discursos de la comunicación. Nos movemos en zonas transparentes porque necesitamos comunicarnos, y creo que tiene que ver con mi pasado en el periodismo. De venir de una nebulosa donde decía cosas medio poéticas, de pronto me decían: “Esto no se entiende; acá me ponés sujeto, verbo y predicado” (risas). Entonces yo respondía a esa exigencia.
—”Yo quería ser/ una estrella de rock and roll/ pero no me dio/ la voz”, se lee en el comienzo de “Poema para abrir o cerrar un recital”. ¿De verdad quería ser como Patti Smith? 
–Sí, ese poema empezó con esos versos, lo escribí después de un recital de Patti Smith. Yo estaba en Nueva York y una poeta amiga me invitó a ver el recital en el auditorio de una escuela secundaria. Escucharla me produjo de todo… cuando Patti veía que al principio no reaccionaban, empezó a decir: “esto no sigue eternamente”… El recital terminó con todos parados, pero al principio estábamos sentaditos, tranquilos. Y la verdad es que cuando salí de ahí me di cuenta de que más que poeta yo quería ser Patti Smith. Pero canto tan mal… (risas).

[Fuente: www.pagina12.com.ar]

segunda-feira, 19 de março de 2018

Los trabajos primerizos de 10 grandes directores de cine (Scorsese, Kubrick, Nolan…)

Toda gran historia tiene un periodo de incubación en que poco a poco va gestándose, primero en la matriz social, luego en la cabeza de su creador. Los grandes directores de cine se han visto varias veces revolcados por la ola del lenguaje cinematográfico antes de aprender a surfear en él. En estos cortos podemos ver los primeros balbuceos visuales de lo que se volverá el lenguaje que hará único a cada director. Todos son proyectos estudiantiles (aunque no todos estudiaron cine), pero ya dejan ver rasgos de lo que será su posterior obra.

Martin Scorsese – What’s a nice girl like you doing in a place like this?




Martin Scorsese entró a estudiar cine a NYU en 1960. Este es su primer corto y en él ya podemos ver cómo utiliza algunos de los recursos cinematográficos que se volveran su sello personal, como el uso de voz en off, la edición en staccato y los fluídos movimientos de cámara. Este corto marcó la pauta para otros posteriores como It’s Not Just You, Murray! (su primer acercamiento a la mafia) y The Big Shave (una parábola anti-Vietnam).


Brian De Palma – The Wedding Party



Brian De Palma tiene a distinción de incluir en su primer film estudiantil la primera aparición en pantalla de Robert DeNiro (el cual es incorrectamente citado en los créditos como “Robert Denero”). El film muestra el amor que De Palma tenia por la Nouvelle Vague y el cine silente, algo muy distinto a lo que veremos posteriormente el películas como Scarface.

Roman Polanski – The Fat and the Lean



Después de llegar a Polonia como refugiado durante la Segunda Guerra Mundial (su mamá murió en Auschwitz), Polanski entró a la  National Film School en Łódź. Fue muy prolífico en sus inicios, dirigiendo varios cortos entre 1957 y 1959 como Teeth Smile, Break Up the Dance, Two Men and a Wardrobe, The Lamp y When Angels Fall.
The Fat and the Lean es el último corto que realizó antes de su gran debut con Knife in the Water, y es visto por muchos como un homenaje a Samuel Beckett.

David Cronenberg – Under the Drain



Cronenberg siempre ha sido único en su especie. En 1963 se inscribió en el programa de ciencia de la Universidad de Toronto, pero al año se cambió al programa de Literatura Inglesa. Cuando vió el film Winter Kept Us Warm de David Secter, decidió aprender todo lo que pudiera acerca de cómo hacer películas, lo cual lo llevó a fundar el Toronto Film Co-Op con Ivan Rietman (quien después dirigiría la película Ghostbusters). Cronenberg dirigió dos cortos en 16mm, uno titulado Transfer, y Under the Drain, hacerca de dos locos aterrorizados por un tentáculo que viene del drenaje.


David Lynch – Six Men Getting Sick (Six Times)



Desde su primer corto estudiantil, Six Men Getting Sick (Six Times), Lynch mostró que no era como los demás. En el corto no hay argumento, todo es el loop de una macabra animación que se repite una y otra vez. Fue hecho cuando Lynch estudiaba en la Academia de Artes de Pennsylvania, con una cámara de 16mm en una habitación de hotel. Lynch animó varios cuadros que luego proyectó sobre una pantalla que incluía moldes de yeso de 6 cabezas. Dijo haberse gastado en todo unos 200 dolares en el proyecto. Realizó solo un par de cortos más, antes de su primer largometraje Eraserhead.

Darren Aronofsky – No Time



Darren Aronofsky estudió antropología en Harvard antes de enfocar sus estudios en la cinematografía. Su trabajo Supermarket Sweep lo hizo recibir un premio y lo motivó a entrar al AFI Conservatory. Allí dirigió una seria de tres cortos. En primero, Fortune Cookie, es una adaptación de una historia de Hubert Selby Jr. (autor de Requiem for a Dream). El segundo, Protozoa, fue protagonizado por la joven Lucie Liu, y el tercero es esta bizarra comedia titulada No Time.


Christopher Nolan – Doodlebug



Antes de Batman o Inception, Nolan era un joven estudiante de literatura en el University College de Londres. Pero no solo se interesaba en los libros, sino que era presidente de la film society de la universidad. Fue aquí donde empezó a rodar sus primeros cortos Larceny y Tarantella. Pero es Doodlebug el que anticipa los juegos mentales que Nolan desarrollarán en posteriores proyectos como Memento, film que lo llevó a la fama en el año 2000. 

Paul Thomas Anderson – The Dirk Diggler Story



Cuando tenía 17 años, Paul Thomas Anderson decidió hacer un falso documental acerca de un actor porno titulado The Dirk Diggler Story (el cual eventualmente se convertiría en Boogie Nights). Aunque Anderson entró a estudiar cine a NYU, dejó la carrera a los dos días. En lugar de eso, tomó prestada la tarjeta de crédito de su novia, dinero que había ganado en apuestas y $10,000 dolares que su padre tenía destinados para la universidad, para con eso financiar un corto llamado Cigarettes & Coffee, el cual le ganó un lugar en el Sundance Director’s Lab. Posteriormente, este corto se volvería la base de Hard Eight, su debut en la pantalla grande.


Andrei Tarkovsky – The Steamroller and the Violin



Después de la preparatoria, Tarkovsky trabajó como geólogo, pero pronto entro al Instituto Estatal de Cinematografía de Moscú. Su primer film estudiantil, The Killers, fue una adaptación de un cuento de Ernest Hemingway, siendo esta la primera vez que se permitía que un trabajo de la escuela se basara en una obra extranjera. Después colaboró en un film propagandístico llamado There Will Be No Leave Today, pero su primer trabajo en solitario fue The Steamroller and the Violin, el cual le permitió graduarse con honores. Aquí el film completo.


Stanley Kubrick – Day of the Fight



El documental Day of the Fight, de 1951, es la primera filmación de Kubrick, basada en un trabajo fotográfico que realizo para Look, revista de la que era fotógrafo. Lo financió con sus ahorros a los 23 años, aprendiando a usar en el momento el equipo con ayuda del que se lo rentó. Este trabajo lo llevó a la realización de un segundo corto documental llamado Flying Padre (gracias al cual sacó el título de piloto), acerca de un sacerdote que viaja en avioneta visitando distintos pueblos de Nuevo México. Para cuando realizó su tercer y último documental ya se dedicaba de lleno al mundo del cine.

[Fuente: www.culturamas.es]