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segunda-feira, 15 de junho de 2026

El dios de los rotos

Con su poética, el Indio Solari despertó en su audiencia el dolor de la lucidez. Su obra sedujo a cientos de miles de seguidores para que habitasen el país de sus canciones.

Carlos Indio Solari, al frente de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, durante una actuación en los años setenta.

Escrito por Pablo Perantuono

En la película Lugares comunes (2002, Adolfo Aristarain), el profesor que interpreta Federico Luppi se para frente a sus estudiantes y, sabiendo que algún día serán docentes, los anima y desafía: «Despierten en sus alumnos el dolor de la lucidez. Sin límites. Y sin piedad».

De las muchas interpretaciones que pueden hacerse del extraordinario fenómeno social que encarna el arte de Carlos Indio Solari, el músico que murió el viernes 5 de junio en Buenos Aires a los 77 años, esa podía ser una posible. Con su poética, Solari despertó en su audiencia el dolor de la lucidez. Lo hizo sin pausa y sin tregua desde mediados de los años 80, cuando emergió como un cantante singular y autónomo, alejado de las convenciones a las que nos tenía acostumbrado la cultura rock y el mercado.

Hubo, en aquel acto fundacional, un acuerdo tácito. La carta orgánica de aquel bautismo ofrecía un pliego de condiciones que muchos interpretaron como pintoresco o como uno más de los tantos detalles caprichosos que el rock era capaz de ofrecer o demandar, dependiendo de quién estuviera enfrente. Pero fue un detalle decisivo. Esa anomalía, que para algunos tuvo el rasgo de lo intrascendente, consistió en la audacia de nacer emancipados. Emancipados del mercado, es decir, ajenos a lo que la industria era capaz de exigir. Para su público, el gesto adquirió categoría de sagrado y resultó crucial para construir la liturgia alrededor de la banda, el espíritu indie -aunque profesional- que humedeció toda su peripecia. No ir a la televisión (nunca), no firmar con ningún sello internacional o vestirse no como rockeros sino como oficinistas terminó siendo, además de una declaración de principios, una transgresión, un gesto ético y estético de resistencia, un desaire al sistema.

Quienes leyeron eso, por supuesto, fueron los desfavorecidos, los que, entregados a la experiencia peligrosa del rock y de la juventud, atisbaron en esa decisión un gesto de libertad, de autenticidad y de rebeldía. Eran los que empezaban a caerse del mapa, aquellos que no eran tenidos en cuenta por nadie, aquellos a los que nadie les hablaba. Recordemos la fecha, además: fines de los años 80, la democracia no nos había hecho mejores y el peronismo -la otra religión plebeya- no podía escapar de sus contradicciones. El traspasamiento fue instantáneo: los hijos del proletariado abrazaron la música de los Redonditos de Ricota como si fuese el nuevo sermón de la montaña. Solari, calvo, misterioso y con casi 40 años, se transformó en Jesucristo.

Carlos Indio Solari en los camarines del estadio Padre Martearena, en Salta, en 2011. EDGARDO ANDRÉS KEVORKIAN

Por eso no extrañaron en absoluto las manifestaciones de congoja popular de las que fue testigo el país en los últimos cuatro días. Más de un millón de personas desafiaron a la lluvia y al frío y se congregaron en un centro deportivo de Avellaneda, una localidad pegada a la Capital Federal, para despedir a este hombre singular cuyo cuerpo de menos de 1,70 albergaba ya no el amor de su gente, sino la responsabilidad de su existencia. Porque eso es lo que despertaba Solari en los desamparados, en esos hijos de la escuela pública que se cayeron del sistema, en esos chicos de barrios desangelados de los años 90 -cuando se macera para siempre el vínculo emocional- que ahora ya son padres y quizás abuelos, que siguen ocupando el zócalo más bajo del edificio social, pero que les transmitieron a sus hijos la pasión desenfrenada por su música. Solari, para todos ellos, era una razón para vivir. Su mensaje provoca, y lo seguirá haciendo durante décadas, un tipo de estremecimiento especial, una conmoción que no está ligada al goce -aunque también- sino más bien al sostén, un combustible que oxigena sus vidas en momentos de rabia o de derrota. 

«El Indio es el Dios de los rotos. Todos los que estamos acá tenemos algo en común y es que estamos rotos un poco. Y sentimos que el Indio nos escribió y nos habló a cada uno de nosotros. Fue una música que me caló cuando me rompí. Y lo único que tenía más abajo era la muerte. Y ahí las letras del Indio empezaron a tener sentido». Quien pronunció ese alegato espontáneo, con una cadencia hipnótica que no ocultaba su dolor, fue Agustina, una fan de 27 años llegada al velorio desde Paraná, Entre Ríos (donde nació Solari), que sentada en el cordón de la vereda, con un mate al lado, parecía desollada pero también parecía estar en paz. Ese fue el sentimiento que dominó las exequias del cantante: un profundo dolor pero también un agradecimiento insoslayable por todo lo que él había hecho por ellos.

Tal fue la magnitud del funeral que se constituyó, además de en un hecho cultural, en un hecho político. En primer lugar, porque ante semejante movilización, el gobierno de Javier Milei enmudeció, excedido por la potencia de la gente en la calle. No atinó a emitir ningún comunicado al respecto, sorprendido no solo por el tamaño del evento sino por su carácter pacífico, por su organización. En simultáneo, como todos los canales de TV transmitieron en vivo la larga marcha de Avellaneda, un buen número de los testimonios de los dolientes finalizaba con la misma apelación: «Milei, andate», y un rosario de insultos irreproducibles. Solari tenía una clara identificación política con el peronismo y la muchedumbre lo manifestó libremente, primero porque la muerte del ídolo les permitió acceder a la consideración nacional, y segundo porque el dolor les daba impunidad para la catarsis colectiva.

Porque, una vez más, hubo toda una Argentina que salió a la calle y hubo toda otra Argentina que observó los acontecimientos con un mohín de estupor y de sospecha.

Esa realidad, separada por unos pocos kilómetros de distancia, pero también, por un océano de diferencias simbólicas, quedó reflejada como nunca en una carta de lectores -una costumbre de antaño- al diario liberal La Nación, unas pocas líneas que son la constatación, por enésima vez, de la existencia de dos -o muchos, quien sabe- países en un solo territorio.

Monona, una de las bailarinas más emblemáticas de los primeros espectáculos ricoteros, junto al Indio Solari en 1978.

«Confieso que empecé a mirar el velatorio del Indio Solari -escribió un tal José Felix Gutiérrez Arana- como una noticia del día, pero ahora que veo todo lo que está ocurriendo me pregunto dónde estaba yo. Algo no estoy viendo ni oyendo en serio, me siento distraído, como la generación de los años 40, y apareció Perón. Estoy impactado con esto. Diez kilómetros de cola. Se esperan más de 700.000 personas y sigue el velorio. No es solo el rock and roll... Hay algo más y lo están gritando. Muchos jóvenes, demasiados. No salgo de mi asombro. Los políticos deben abrir bien los ojos, para no sorprenderse después en las urnas. Yo ya estoy sorprendido de cuán distraído estamos»”. 

¿Puede encontrar consensos una sociedad que alberga pulsiones y pasiones tan alejadas unas de las otras? Acaso responder esa pregunta sea tan complejo como encontrar los filamentos por los que circuló, y se mezcló, el arte de Solari, su lógica. Es una pregunta inevitable, pero que nos excede y hasta resulta injusta. En todo caso, acaso con su muerte el músico, como buen profeta, ofreció su último acto heroico: miles y miles de argentinos descubrieron que el fenómeno excedía largamente lo musical y que se incrustaba, con el filo y la tensión de una revelación palpitante, bajo la piel de la sociedad y de la opinión pública. Asistir a esa coronación, ver y sentir de cerca la euforia negra de esa fiebre desconocida no puede dejar de intimidar.

Si es verdad que el objetivo ulterior del verdadero arte es que el público finalice la obra, Solari ha sido el ejemplo más acabado de ello. Zigzagueante, sombría, trufada de neologismos, su lírica ha sido pródiga en iluminaciones, pero de ningún modo condescendió a la demagogia. La gran conquista de toda su aventura es haber seducido y enamorado a cientos de miles de seguidores para que habitasen con él el país de sus canciones. No era una articulación servida, porque no son canciones prêt-à-porter, tanto que durante largos años ni siquiera fueron pasadas por las radios. Había que ir a buscarlas. Una vez que se encontraban, ya nada era igual. Eran canciones que traficaban información, pero, sobre todo, desataban una revolución interna, un estallido en los sentidos, el tipo de exaltación que solo puede provocar un descubrimiento existencial, el milagro de saber que ya nadie de ellos está solo.  

[Fuente: www.coolt.com]

sexta-feira, 27 de março de 2026

«El libro de la yerba mate», de CHRISTINE FOLCH

Escrito por Isabel Stratta 

Aunque parte del público estadounidense ya conoce una variante del mate, un energizante enlatado a base de ilex paraguariensis que se vende en los supermercados, pocos seguramente están enterados de que ya sus antepasados indígenas de América del Norte sorbían algo muy parecido, una infusión de una planta también de la familia de los ilex, el yaupon. Y lo hacían muy a la manera en la que en Sudamérica los guaraníes ingerían su ilex local: como psicoestimulante y para usos ceremoniales. ¿Por qué el hábito del yaupon no sobrevivió, mientras que el mate sigue firme en el sur de Sudamérica y es la tercera infusión cafeínica del mundo, después del té y el café? Y, si se sigue tirando del hilo: ¿por qué, si la yerba llegó a Europa antes (y si las moléculas alcaloides de los tres son químicamente idénticas), el té y el café ganaron tanto más terreno en el mundo como estimulantes naturales de preferencia? 

La historia de las principales infusiones con cafeína dice mucho sobre la construcción de la modernidad, entiende Christine Folch. Después de todo, cuando los españoles conocieron la yerba en el siglo XVI, “casi nadie en Europa Occidental había probado siquiera una bebida con cafeína, y mucho menos desarrollado preferencias estimulantes fijas”. Su investigación sobre el mate pone de relieve la trama de imperios, comercio, valores culturales, religión, distinción, sensibilidades identitarias, que sostiene la adopción de un hábito gastronómico. 

El mate es una bebida amigable. Se lo convida, genera rondas y “lo beben todos del mismo canuto”, como apuntó un europeo hace cuatro siglos. Menos apacibles son los caminos por los cuales la planta selvática que los guaraníes cosechaban para sí mismos y llamaban caá se convirtió en codiciada mercancía y objeto de disputas. Según Folch, los intereses de la yerba jugaron un papel en conflictos cruciales que marcaron la región, como la expulsión de los jesuitas y la Guerra de la Triple Alianza. 

En un principio, los españoles miraron a la “hierba del Paraguay” con recelo, pero a medida que todos pasaron a consumirla —ricos y pobres, soldados y civiles, así en Quito como en Asunción y de todas las etnias—, se forjaron mercados y rutas comerciales. Para hacer fortuna con ese oro verde, los encomenderos sometían a los indios a atroces internaciones en la selva, para extraer la hoja que luego acarreaban, con gran penuria y mortandad, hasta los puntos de embarque. Mejores empresarios, los jesuitas estudiaron cómo reproducir la planta en tierras de las misiones, con la ventaja de que el producto ya no estaba lejos de los embarcaderos y de que no perdían el personal. La competencia de la Compañía en el comercio yerbatero alimentó la inquina de los encomenderos y fue uno de los factores que precipitaron su expulsión. 

Décadas después, la yerba también causó problemas al naturalista francés Aimée Bonpland, empeñado en recuperar los saberes sobre cultivo que se habían dispersado con el fin de las misiones. Mientras recorría el territorio, el dictador paraguayo Francia lo acusó de algo así como espionaje etnobotánico y lo tuvo preso diez años en un pueblo de Paraguay. 

La biblioteca histórica sobre la yerba mate, que tiene su clásico en un omnicitado libro de Juan Carlos Garavaglia de 1983 sobre la economía colonial, ha recibido alguno de los aportes más recientes del lado de la llamada “historia de las mercancías”, una corriente que, al investigar la trayectoria de un particular producto, echa luz sobre aspectos poco registrados de la historia mundial. La explosión de estos estudios dejó libros sobre el café, las bananas, la pimienta, el bacalao, la cocaína, las flores. 

En lo que va de esta década el mate ha tenido su turno con al menos tres títulos publicados en Estados Unidos, entre ellos El libro de la yerba mate, ahora traducido al castellano. Uno de los capítulos más atrapantes de este libro es el tercero, que pone en foco las conexiones entre conquista europea y ciencias naturales. El proceso de nominación de los ilex es un buen caso para observar cómo aun los aparentemente impasibles nombres en latín de las especies botánicas arrastran huellas de prejuicios, jerarquizaciones culturales y supremacías. 


Christine Folch, El libro de la yerba mate. Una historia estimulante, traducción de María Julia De Ruschi, FCE, 2025, 336 págs.

 

[Fuente: www.revistaotraparte.com]



quarta-feira, 3 de maio de 2023

Os galegos no tango riopratense

                                   Nas beiras do Prata, de Graciela Pereira © Manuel Suárez

Escrito por Manuel Suárez Suárez

Hai anos que case puiden impartir en Bos Aires un cursiño especial sobre os emigrantes galegos no tango riopratense. Digo case pois tiñamos todo arranxado co meu amigo Adolfo Lozano Bravo pero, por desgraza, este grande empurrador da nosa cultura faleceu (21-V-2014) antes de anunciar o comezo das miñas charlas tangueiras no Centro Galego de Avellaneda e no Centro Galego da Prata. Os dous lugares de celebración eran onde impartía as súas clases o moi comprometido fillo dun emigrante da parroquia de Santalla de Dumpín nas terras lucenses de Castro de Rei. Os sábados pola tarde serían en Avellaneda e os domingos pola mañá na cidade da Prata.

O cursiño ía ter unha convidada especial, Graciela Pereira, para o acto de peche e entrega de diplomas de asistencia. A miña querida amiga, que é neta de Lalín por parte materna, ía cantar, en galego, os oito temas que interpreta no seu disco Nas beiras do Prata. Aínda que Graciela é moi coñecida no seo da colectividade pola súa activa participación na vida cultural do Centro Galego de Bos Aires, levaba moitos anos sen cantar os temas desta gravación do ano 1999. Eu falara con Adolfo para que convidase a moi famosa Amelita Baltar a que viñese a cerimonia de clausura e poder renderlle unha merecida homenaxe no salón de actos do Centro Galego de Avellaneda. Por certo, seguín insistindo diante da Consellería de Cultura para que Amelita fose agarimada xa que leva sangue galego nas súas veas pero sen resultado positivo. Ocórreseme falar con Suso de Toro para que lle faga chegar a súa última gran creación literaria (Un señor elegante) pois coido vai ser do seu interese, xa que é unha biografía dun nobre membro da súa familia, o doutor Ramón Baltar Domínguez.

Aquel proxecto de cursiño ou seminario intensivo que non puido realizarse tiña prevista unha duración de un mes e medio e por iso o programa estaba dividido en seis fins de semana. Os temas a desenvolver eran os seguintes: I)A chegada dos emigrantes. Bos Aires e Montevideo. O crecemento demográfico en dous portos riopratenses. O berce do tango; II) Os barrios galegos. A vivenda do tango. Os conventillos. O emprego entre 1870 e 1930; III) Unha danza. Entre gauchos, negros e mate. Os lugares de baile. O tango no teatro; IV) A linguaxe do tango. Os autores e as letras os temas tangueiros; V) Un inmenso creador chamado Carlos Gardel (Carlos Escayola Oliva) e os galegos que coñeceu; VI) Cinco galegos para o tango (Barreiro, Calvo, Parada, Soliño e Vázquez Vigo).

As liñas que escribo son para intentar que alguén (sexa unha persoa ou unha entidade) na capital arxentina ou uruguaia, amose o seu interese polo meu ofrecemento. Quero ir, pois penso que falar do tango dos emigrantes axudará aos nosos herdeiros a manter aceso o lume da terra de Rosalía. Quero ir porque estou preocupado diante do esmorecemento da colectividade emigrada, pero sei que a forza emotiva dos devanceiros empurra a milleiros de arxentinos e uruguaios que non esquecen o esforzo dos seus suadores avós. E sendo sincero, teño que dicir que a viaxe permitirá o cumprimento do desexo de berrar un gol de Peñarol no montevideano Campión do Século e de “morfar” unha saborosa pizza no porteño El Cuartito.

 

[Fonte: www.praza.gal]

sexta-feira, 1 de abril de 2022

Raras imágenes de Borges en su juventud fumando y socializando

Un documento único muestra a Borges en los años 30 en diferentes actividades: fumando, leyendo, tomando mate...

 

Publicado por Luis Alberto Hara  

La imagen popular de Jorge Luis Borges es la de un hombre viejo, ciego, solitario y sabio que dedicaba su vida "a la noche y a los libros". Pero Borges también fue joven y no todo en su vida estuvo consagrado a la lectura y al estudio, aunque, por supuesto, como él mismo sentenció varias veces, vivió más en los libros que fuera de ellos (y no por ello su vida fue menos). 

El siguiente video es una versión editada de la aparición de Borges en un documento clásico: el film Galería de escritores y artistas de 1928 a 1959, del uruguayo Enrique Amorim, el cual fue restaurado por la Filmoteca del Institut Valencià de Cultura en 2004. Las imágenes son de la década de los años treinta, justamente cuando Borges tenía más de 30 años, pues nació en 1899.

  


En el film de Amorim vemos a Georgie, como lo llamaba su madre, vestido elegantemente (aunque la época en sí era por default más elegante) fumando entre grupos de personas. Luego lo vemos en dos ocasiones bebiendo mate, el acto esencial del argentino.

En unos fragmentos cándidos y joviales aparece arreglándose ante el espejo y jugando con un bastón en lo que parece ser una finca. Y no podía faltar un momento de Borges leyendo, lo que permite recordar que el más grande escritor en lengua española de los últimos siglos se definió ante todo como un lector y acuñó esa frase adorable que sirve como inspiración sacramental de la religión de la lectura: "Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído".

Estas invaluables imágenes nos muestran a un Borges relativamente desconocido, por momentos sonriente. Un hombre que vivió la juventud y las pulsiones de la vida, pero que fue capaz de tejer su propio universo por encima de las cuitas y las costumbres sociales.

 

[Fuente: www.pijamasurf.com]

quarta-feira, 30 de março de 2022

Beatriz Sarlo, a sus 80 años: "Leer es como salir a correr, cada uno lo hace como puede"

Nacida en Buenos Aires como única hija de padres jóvenes, este 29 de marzo cumple 80 años una de las intelectuales más reconocidas del país. Docente universitaria, ensayista, periodista y escritora, hoy trabaja sobre una autobiografía en la que lo único seguro, dice, es el título, "No entender".

Yo he entendido mucho ms tarde textos que cre entender en determinado momento porque a veces uno cree haber entendido y mentira no haba entendido nada Foto VIctoria Gesualdi                          "Yo he entendido mucho más tarde textos que creí entender en determinado momento, porque a veces uno cree haber entendido y ¡mentira, no había entendido nada!"

Escrito por DOLORES PRUNEDA PAZ

"Leer es como salir a correr, hay gente que corre y es chueca, le duele más a la noche, gente que corre bien, cada uno lo hace como puede y de alguna manera encuentra una satisfacción", dice Beatriz Sarlo, casi 80 años y una de las intelectuales más reconocidas de la Argentina, de la que acaba de publicarse el libro "Clases de literatura argentina. Filosofía y Letras, UBA 1984-1988", un rescate de las clases que dictó como profesora de la universidad durante la primavera democrática, que venía a renovar los programas de la dictadura y los debates sobre la historia y el futuro del país.

Publicadas por Siglo XXI Editores, la responsable de recuperar esas clases -sobre Jorge Luis Borges, Juan José Saer, Rodolfo Walsh, Roberto Arlt, Ricardo Piglia, Manuel Puig, Julio Cortázar, David Viñas, Ezequiel Martínez Estrada y Eduardo Mallea-, fue Sylvia Saítta, hoy titular de la cátedra que cursó en aquellos días como alumna. "Los debates eran cálidos y al mismo tiempo batalladores. Fue un gran retorno. Después, como todo, uno se acostumbra, incluso a lo bueno, incluso a lo que buscó toda la vida", dice Sarlo al repasar esos días.

Cuando cumplía 20 años en la docencia, Sarlo decidió dejarla. "Me fui mucho antes de jubilarme, ya había gente capacitada que no tenía por qué estar esperando otros 20 años a que me muriera para tomar la cátedra. De hecho nunca he estado más de 20 años en ninguna parte, excepto en 'Punto de vista', que duró 30 y creo que es lo más importante que hice en mi vida", le dice a Télam sobre la emblemática revista que fundó junto a su segundo esposo, el sociólogo Carlos Altamirano, que renovó la forma de entender la crítica cultural.

La autora de "Una modernidad periférica" formó parte del trío maoísta que completaba el escritor Ricardo Piglia en "Los libros", otra influyente publicación político cultural que cerró con el golpe de Estado de Onganía, cuando tuvieron que pasar a la clandestinidad; y dio clases privadas en dictadura, en lo que se conoció con cierta pompa como la universidad de las catacumbas.

Nacida en Buenos Aires como única hija de padres jóvenes, nieta de inmigrantes italianos y españoles por el lado de la madre, y de argentinos por el del padre, cumple 80 años este 29 de marzo. De adolescente fue peronista, una reacción contra un padre al que insiste en definir como un gorila liberal que la inició en cierta actitud de pugilista.

Militó en la CGT de los Argentinos, el Partido Comunista Revolucionario, asesoró a Elisa Carrió, Graciela Fernández Meijide y al socialismo. Dio clases aquí, en Estados Unidos y Europa. Siempre volvió. "No puedo estar más de ocho meses fuera de Argentina", ha dicho más de una vez.

Acostumbrada a intervenir críticamente sobre las transformaciones sociales de las últimas décadas, como las que dio cuenta en textos como "Escenas de la vida posmoderna" o "La intimidad pública", Sarlo se expide también sobre la asimilación del lenguaje no sexista en algunas dependencias públicas, círculos ministeriales, manuales educativos y hasta en ficciones literarias. "No se hace lo que se quiere con la lengua, no se hace lo que se quiere ni siquiera con la conciencia simbólica en un país -dice en la entrevista con Télam-. Yo no digo que sea un lenguaje de vanguardia, sino que es un lenguaje actual".

Para la ensayista, el lenguaje no sexista es hoy "una vanguardia social de capas medias". Y argumenta: "Las lenguas evolucionan con una resistencia o una plasticidad muy fuerte que no depende de los sujetos. Un ejemplo es el que siempre doy del gaucho, tuvieron que llegar los inmigrantes para ser transformados en enemigos y amigarse con el gaucho, para que su música, su poesía, su mate tomaran el primer lugar en escena, era un acto antiinmigratorio el que le dio al gaucho su primer lugar en escena".

Lo ms importante qe hice en mi vida es la revista Punto de vista Foto VIctoria Gesualdi        "Lo más importante que hice en mi vida es la revista Punto de vista".

-Beatriz, ¿qué rescatás 38 años después, casi media vida tuya, de las disputas de sentido de aquel momento?

-La palabra es emoción. Yo era ayudante de segunda categoría, me gradúo, viene el golpe de Onganía justo después y ya no piso más la facultad, porque continuaron los sucesivos cambios de dictadores, hasta 1983. Estábamos aterrorizados, porque para todos de alguna manera era esa experiencia de volver a la facultad después de 18 años, estudiantes y profesores. Entonces nos acompañábamos a la primera clase. A mí Enrique Pezzoni, director del Departamento de Letras, prácticamente me tiró dentro del aula. Después uno se va acostumbrando, primero porque encontré muchas caras amigas: yo había tenido grupos privados durante la dictadura. Segundo porque rápidamente nos hicimos amigos con los que no conocía. Pablo Alabarces, cada vez que yo entraba al aula, levantaba la mano para hacerme una pregunta sobre el imperialismo y la literatura argentina y yo maldecía, decía ahora 'Alabarces va a levantar su mano'. Todos teníamos la sensación de que empezábamos a construir un nuevo presente.

-En ese regreso quitaron las clases de griego y latín y por eso fueron criticados por Jorge Luis Borges.

-Entramos revoleando el poncho, fue un error populista fuerte porque yo había cursado los ocho semestres de Clásicas y además había sido ayudante de Latín, o sea que sabía lo que eso me daba. De repente nos invadió un espíritu de innovación, decíamos "esta gente no tiene que pasar por eso". Me di cuenta en las clases del error porque venía gente de Letras Clásicas y la posibilidad que tenía de pensar a un tipo como Tizón en función de las citas internas de la literatura argentina, por ejemplo, era notable. Me daba cuenta y "decía qué macana que hicimos".

-En la disputa ideológica y la confrontación de sentidos contaste con adversarios que se encontraban en las antípodas tuyas, pero muy valorados por vos en la construcción tu pensamiento, como Horacio González.

-Mi diálogo, que siempre era polémico con Horacio González, fue importantísimo en mi vida. Yo siento, con la desaparición de Horacio, que ahí hay un lugar que yo extraño mucho, hay un personaje de nivel concreto y simbólico que extraño mucho. Recuerdo la última vez que conversamos largo, fue después de una mesa redonda en Filosofía donde habíamos discutido de todo, y nos fuimos caminando al centro desde Puan. La conversación de esa caminata quizá fue la última charla larga que yo tuve con Horacio, en la cual terminé de convencerme de mi teoría de los dos teólogos del cuento de Borges, los que viven discutiendo toda su vida y cuando mueren y llegan al paraíso, lugar que les corresponde, ven que son el mismo. Pensando diferente en un montón de cosas o en casi todas Horacio y yo somos esos dos teólogos. No sé si tuve tiempo de decírselo, pero estoy convencida de eso y es un interlocutor que yo extraño mucho. El interlocutor polémico es interesante, yo leía esta literatura, el leía esta otra, leíamos otras fuentes teóricas, y sin embargo se podía combinar una conversación. Horacio fue muy importante para mi vida.

-¿Qué es saber o poder leer?

-Es simplemente recorrer un texto extrayendo la cantidad de sentido que puedo procesar en el momento que lo recorro. Quizás algo del sentido no procesado quede en mi recuerdo y podré volver a ese texto y quizás no. Eso es leer, no demos más vueltas, es tal cual lo acabo de decir: se recorre un texto y se procesa un sentido de acuerdo con los instrumentos que yo tenga para procesarlo, que no pueda procesar una parte de ese texto no es culpa del texto sino de aquella condición -social, educativa, etcétera- en la cual lo he leído. Yo he entendido mucho más tarde textos que creí entender en determinado momento, porque a veces uno cree haber entendido y ¡mentira, no había entendido nada!, como un poema de Pound que tuve que traducir. No había entendido, pero bueno, lo recorrí.

Un texto se recorre, se toca, leer es eso, en algún momento hay algo en ese texto que uno recorre que a uno lo captura, y por tanto, quizás, vuelva. Qué sé yo, a los 13 años creí que tenía que leer El Quijote y lo recorrí con los ojos entero. No entendí nada, punto. Ahora algo quedó ahí, algo quedó fluctuando, no puedo decirte qué. Es como salir a correr, hay gente que corre y es chueca, le duele más a la noche, otra gente corre bien, y bueno: cada uno lo hace como puede y de alguna manera encuentra una satisfacción.

-¿Encontrás obra literaria contemporánea argentina que pudiera perfilar hacia una renovación?

-Hay algunas zonas de la poesía que son muy interesantes y que ahí uno algo podría encontrar: creo que Héctor Libertella no fue leído en el carácter revulsivo de su poesía como se hubiera podido dar, porque a veces las cosas salen de la poesía: nuestras vanguardias del 20, y antes de eso, la ruptura de Lugones. La gente está acostumbrada a pensar en términos de novela porque es lo que se vende en las librerías, pero cuando Lugones publicaba en los diarios hubo una ruptura muy fuerte con la poesía clásica que se usaba en Argentina y después vinieron las vanguardias.

-¿Creés que alguien hoy este escribiendo literatura regional que no es regionalista, en los términos en que lo hacía Saer?

-Me gustaría saberlo, a lo mejor alguna pequeña editorial sacó algo, pero tampoco uno conoce todo lo que pudo haber sido publicado. Hay una colección chiquita de la Municipalidad de Rosario que es muy interesante, son ensayitos que tienen mucho de literatura. Hay un texto de Diana Bellessi por ejemplo, uno de Vital que es "Historia oral de la cerveza" y textos de ficción. Después están los regionalistas porteños. ¿Qué quiero decir? ¿Quién lee a un escritor que me parece muy bueno que es Ricardo Strafacce? Nadie. Un tipo de una enorme originalidad y al mismo tiempo un escritor muy culto. ¿Esta literatura quién la registra? A Juan Pisano, el de "El último Falcon sobre la tierra", nadie le dio bola. Antes tenía la sana costumbre de tener a las mujeres separadas en la biblioteca: para que no me pase esto, estoy buscando una mujer entre 200 títulos que hay muchos más de hombres y no la encuentro. Invisibilizados como si fueran mujeres, que se jodan por ser dominantes.

A los 13 aos cre que tena que leer El Quijote y lo recorr con los ojos entero No entend nada punto dice la ensayista Foto Victoria Gesualdi           "A los 13 años creí que tenía que leer El Quijote y lo recorrí con los ojos entero. No entendí nada, punto", dice la ensayista.

"Las mujeres que no responden por su vida a la imagen de la subsumida son obturadas"

La novedad que implica el foco de la industria liberara sobre la producción de las escritoras, sobre la hegemonía histórica de los varones que publican, es puesta en cuestión por Beatriz Sarlo: “De repente algunas mujeres, que no responden por su vida a la imagen de la subsumida, son obturadas porque no las podés rescatar, no necesitan que vos vayas a rescatarlas”, dice la ensayista y crítica literaria.

-“Decir que hay algo nuevo bajo el sol sería pisotear las tumbas de las escritoras que vinieron antes de nosotras. Lo único nuevo es la luz, el foco”, dijo hace un tiempo la ecuatoriana Fernanda Ampuero sobre esto mismo. ¿Coincidís?

-¿Para Sartre no existía Nathalie Sarraute? Existía absolutamente. ¿Para Camus no existía Nathalie Sarraute? Existía, absolutamente. No tenían la misma visibilidad que tienen hoy, sin duda eso es así, pero tampoco votaban las mujeres hasta comienzos del siglo XX. ¿Carecían de ideas políticas las mujeres hasta comienzos del siglo XX? No, por algo llegaron a votar. Entonces, ¿carecían de literatura y de valor literario las mujeres hasta que descubrieron que existían? No. Nathalie Sarraute existía.

-¿Qué se juega en el interés mainstream surgido hacia las escritoras?

-Yo qué sé. ¿Quién leyó “Sodio”, de Jorge Consiglio? También hay escritores que tienen la misma baja visibilidad que las mujeres. ¿Quién leía a Saer? Saer formaba parte de las mujeres en ese momento, porque se leía mucho más a Beatriz Guido, a Sara Gallardo. ¿A nadie se le ocurre subrayar, digo el feminismo, lo fundamental que para uno de los grandes directores cinematográficos argentinos, como fue Torre Nilsson, fue Beatriz Guido?, que le dio todo su mundo y además colaboraba en los guiones cuando no los escribía todos ella. ¿A nadie se le ocurrió ir por ahí? Siempre por el lado de la subsumida. Guido era fundamental, quienes filmaron con Nilsson te cuentan la importancia que tenía. De repente algunas mujeres, que no responden por su vida a la imagen de la subsumida, son obturadas porque no las podés rescatar, no necesitan que vayas a rescatarlas. ¿Nadie se dedica a ver que Victoria Ocampo fue el gran macho femenino de la difusión y la discusión cultural en Argentina? Para hacer lo que ella hizo, en esa década del 30 cuando empezó a hacer su revista, se necesitaban las fuerzas que se atribuían y siguen atribuyendo, generalmente, a los hombres.

-Había otras cosas también: clase, raza.

-Seguro, tenía la plata para poder hacer la revista, sin duda, pero la clase no contribuía ahí. Contribuía en haberla llevado a ese lugar en el sentido social, pero no en la dificultad que podía tener una mujer de clase alta en 1930 para largarse como una machona, palabra que se usaba en ese momento y que se aplicaba a Victoria, a bajarse de su coche y dar órdenes para hacer una revista. Manejaba su propio coche. Pero pasaba hasta en la pequeña burguesía, mi mamá tiene una foto manejando un Chrysler enorme, también hay que contar la historia con ciertas variantes que no son las que vos esperás, no es que las mujeres no podían manejar un coche, Victoria Ocampo siendo hombre tampoco hubiera manejado su coche excepto cuando quería, porque los hombres de la clase de Victoria también tenían choferes.

-Hay una guetificación de las mujeres en la literatura, por ejemplo, cuando en las ferias arman mesas de escritoras, clasificadas y agrupadas por esa única singularidad, o generalidad.

-Hay que negarse, si solo criticás, en la próxima feria insisten, si hay una mesa que se niega porque las mujeres se negaron a ser segregadas como mujeres, ahí vamos a ver si pueden hacerlo, porque las mujeres venden mucha literatura, etcétera, hay que negarse a eso.

-En tus clases y charlas solés decir “imaginen que” y después vas a tu idea ¿Qué peso tiene lo imaginado para llegar a lo real?

-Se lo podría comparar con un contrafáctico. Imagínense que Borges nunca hubiera tenido la relación que tuvo con su madre y con la parte inglesa de su familia ¿cómo se hubiese relacionado entonces Borges con esa literatura, qué te devuelve eso como construcción de saber? La fuerte relación que tiene Borges con la lengua y con la literatura. Los contrafácticos sirven para pensar cómo fue la realidad, pero de repente uno empieza a hacer contrafácticos para ver hasta dónde puede llegar su razonamiento, un movimiento que es como una imaginación desbordada, que después habrá que precisar con datos y fuentes.

-Es como el efecto mariposa más la máquina del tiempo: volvé al pasado, mové una pequeña cosita y proyectá.

-Efectivamente ¿De no existir la editorial Losada, creada por un español que viene a establecerse a Argentina, cómo hubiera sido el curso de las editoriales, hubiera eso modificado o no el estilo de las publicaciones, y por tanto también, quizás, una zona de la escritura? Dicho esto en una clase, lo que aprenden los estudiantes es la importancia de un protagonista. Yo no quiero imaginar lo que hubiera sido la cultura de élite en Argentina sin la revista Sur, hubiera tenido un agujero enorme. Se le puede proponer un contrafáctico a cualquiera que diga ´pero la revista Sur era oligarca´. ¿Cómo hubiera sido la cultura argentina sin Victoria Ocampo?, le diría yo. ¿Menos tilinga? Sí, seguro, ¿pero cómo hubiera sido? ¿Se hubiera publicado “Lolita”, de Nabokov, cuando se publicó y estaba prohibida en todo el mundo? No. No, para empezar le hubiera dicho, ¿sabés que se publicó? No, empezaría así, ¿cuándo se publicó en Argentina Lolita de Nabokov?

-Sos como una boxeadora en ese contrafáctico.

-Soy, quizá ese es el tributo que yo he pagado a mi feminidad, es decir, el tributo es ¿vos boxeás? Yo también.

Para Sarlo el lenguaje no sexista es hoy una vanguardia social de capas medias Foto Victoria Gesualdi                       Para Sarlo, el lenguaje no sexista es hoy "una vanguardia social de capas medias".

Una autobiografía con título definido: "No entender"

Beatriz Sarlo trabaja por estos días sobre una autobiografía en la que lo único seguro, dice, es el título, "No entender". Sobre la mesa amplia que hace de escritorio en el departamento-estudio de la calle Talcahuano dos pilas de hojas con anotaciones manuscritas, cada una dentro de un folio transparente, dan cuenta de su empresa, donde la operación de entender pareciera funcionar por sobre la de recordar.

"Todo mi movimiento intelectual o mental, o como quieras llamarlo, partió de la idea de no entender. A veces logré entender y otras veces no, quizá logré entender muy pocas veces. Pero para contarte un episodio de mi vida que aparece seguro allí: cuando tenía entre 17 y 18 años vivía en el sótano de una dentista exmiembro del partido comunista, Marta Raurich, y los sábados iba a visitarla, a ella, a los hijos y al exmarido, Héctor Raurich, un filósofo marxista que había roto con el Partido Comunista, que dejó apenas una obra escrita pero que entraba y nos empezaba a dar clase. Fue maravilloso. Tuve mucha suerte".

-¿Por qué motivo migrás de la casa familiar?

-Casi no había casa, paso a vivir con una tía que me guarece y me cuida mucho, voy yendo y ya me voy separando. Y entonces paso a esta señora que tenía un aspecto maternal muy fuerte, ya había guarecido a otras personas en ese sótano, con el atractivo de que me vinculaba con una tradición que yo desconocía, la de aquellos que habían sido comunistas y se habían ido del Partido durante Stalin. Esa fue una casualidad extraordinaria.

-Una dosis de buena suerte alta...

-Tenés razón, yo nunca digo que he tenido mala suerte, he tenido muy buena suerte, no me ha agarrado nadie en la dictadura. Por otra parte, hubiera podido caer en la casa de una señora con espíritu maternal que dijera 'pobre chica' y nada más. A esta señora la visitaba su exmarido los sábados, porque estaba su hijo que era periodista y que también empezaba a hablarme de lo que era el periodismo, trabajaba en El mundo, pero las conferencias que daba Raulich los sábados mientras almorzábamos eran de aprendizaje. Y también nos exigía que le leyéramos porque tenía mal la vista. Lo primero que leímos, recuerdo, fue "La muerte de Iván Ilich", de Tolstoi. Yo era muy callada pero descubrió que sabía muy bien inglés y entonces me pidió que tradujera un poema de Pound. Yo leía el poema de Pound y no sabía dónde estaba parada en la página, debo haber hecho una traducción literal, no sé qué hice, por suerte no era un canto sino un poema corto. Pero bueno, yo sentía que podía brindar un servicio a esa persona que me brindaba su sabiduría sobre el comunismo, Stalin, Lenin, el Partido Comunista Argentino, etcétera. Empecé a leer a Pound por ahí, obligada por eso, no hay que saber inglés para traducir a Pound, hay que saber otras cosas que yo desconocía en absoluto: esas son experiencias del no saber, por eso rescato tanto los momentos de no entender.

-¿Ese encuentro con el no saber fue siempre tan ameno?

-A veces fue más luchador, otras veces más familiar, como fue en el caso de estos Raurich, que me enseñaron mucho en la vida. Pareciera que la gente se dedicaba a enseñarme.

Soy hija única pero no la única prima, mis tías vivían muy cerca de casa y teníamos una relación muy estrecha, eran maestras de la vieja usanza, de las que describe Laura Ramos en su libro sobre las maestras argentinas. Cuando lo leía decía 'estas eran mis tías'. Vivían enseñando permanentemente, cortabas una rosa en el jardín y te decían 'las rosas no hay que cortarlas así, porque crecen de este lado y el sol viene del otro lado', es decir, vivían en un completo y complejo estado de docencia y si tenían una chica dispuestas a escucharlas imaginate, porque eran unas viejas a las que les encanta hablar, aunque no eran tan viejas, tenían 50 y pico 60. Ese fue un aprendizaje.

Después estaba "El tesoro de la juventud" en el escritorio que me dieron para que hiciera los deberes. Yo llegaba del colegio y en vez de ir a mi casa iba a la casa de ellas, que quedaba al lado. A casa iba solo cuando ya sabía que venía mi padre y otro tío mío. Y había una colección de arte que todavía vi en algunas ferias, "Los museos del mundo", a un tomo por museo, donde vi mis primeros cuadros, que llegaban casi hasta la actualidad. Había un arlequín de Picasso, por ejemplo. Me enseñaron a mirar. Vi un cuadro de Rafael y dije "parece una estampita", ellas me sentaron, me mostraron una estampita, me mostraron el cuadro de nuevo y me dijeron "te vas a dar cuenta de que no es una estampita, que las estampitas pueden llegar a copiar este cuadro y así". Era un aprendizaje más bien inconsciente durante una etapa muy larga, si hubiera sido consciente hubiera dicho "no, me voy al patio".

-Pero te gustaba, te entretenía...

-Sí, sobre todo porque me discutían esas cosas. Yo decía "Rafael no me gusta, a mí me gusta Picasso", porque siempre me hacía la snob, "bueno nena, entonces vení, sentate, mirá". Era un ejército a mi disposición.

-Como si el aprendizaje y el debate fueran el hogar...

-Mi hogar no era casi un hogar, no pasaba mucho eso: era la casa de esas mujeres a la cual venía un tío mío que había estado en Forja y entonces me enseñaba la teoría del nacionalismo y a ser antibritánica, pese a que yo iba a un colegio inglés. Lo que esa elección le costó a mi madre: empeñar sus pocos anillitos cada seis meses en el banco municipal cuando se pagaba la cuota del colegio, que era carísimo. La que era secretaria de ese colegio, cuando cerró, fundó en Saint Catherine´s.

-Invirtieron en tu educación.

-La decisión era en principio que yo aprendiera inglés no como una extranjera, que fuera lo más bilingüe posible, tenía profesora privada de francés en casa, ahora sería chino. Creo haber recordado la frase, "después tiene un novio que es gerente de un banco británico y se casa", capaz la armé, pero creo recordarla.

SARLO CONTRA EL CANON: "NUNCA USO ESA PALABRA"

De un tiempo atrás a esta parte ciertos premios parecen estar operando sobre la idea de qué puede considerarse literatura mayor o respetable, una discusión que Beatriz Sarlo relativiza al poner en cuestión la utilidad que pueda tener la construcción de un canon: "la verdad, me produce un aburrimiento bestial, quien quiera hacer una tabla de posiciones que la haga", dice la ensayista, para quien resulta "muy injusto" definir una jerarquía de lecturas, en tanto "nuestros gustos están formados por una suma de arbitrariedades sobre las que tendremos, llegado el caso, que dar una explicación estética".

La perplejidad que causó el Fondo Nacional de las Artes en 2020 cuando decidió concursar géneros de terror, ficción y fantástico, o incluso cuando Mariana Enriquez, su directora, pasó a formar parte de la lista larga del International Booker Prize en 2021 con un texto que se inscribe dentro de esos géneros, refleja algunos de los modos en que se está reformulando la validación de obras y escritores en las últimas décadas.

-¿Considerás que a partir de la revisión de ciertos cánones literarios hoy está cambiando la idea de qué es literatura mayor o respetable?

-Me resulta completamente indistinto, yo que he leído toda la literatura menor que se produjo a comienzos del siglo XX no para reivindicarla dentro del canon. Sigo prefiriendo los textos de Oliverio Girondo que se escribían al mismo tiempo que esa literatura, lo cual no quiere decir que esa literatura no merezca ser pensada. Ya la idea de canon no sé qué quiere decir, para estar a la par ya no hablemos mucho de canon. ¿Armo un canon diciendo que Saer y Borges me parecen los mejores escritores de los últimos 50 años? No, porque un canon lo que tiene, y por algo la palabra viene de la música, es cierta familiaridad entre aquellos escritores que lo arman. Si uno sabe historia de la Literatura, hay algunos momentos donde llega a establecerse un canon, el clasicismo por ejemplo, pero hoy no es un momento clásico, y yo diría que desde Proust o Kafka no es un momento clásico.

-¿Cuál es entonces la cuestión?

-La cuestión es ver cómo se produce una continuidad o una ruptura: cómo Borges, por ejemplo, parece tomar elementos de la literatura popular para hacer una literatura más refinada, no si es del canon. La verdad, me produce un aburrimiento bestial, quien quiera hacer una tabla de posiciones que la haga, yo leo el diario los lunes y veo si Huracán sigue último. Lo que sí me interesa es decir "yo creo que Saer es el más grande escritor muerto de la Argentina de estos últimos 40 años, una vez muerto Borges", otros dirán que es César Aira, y ahí podremos empezar una discusión interesante, pero nunca voy a poder decir que Saer y Aira pertenecen a un canon, no son escritores entre los que se puedan marcar continuidades, lo que se marca es la fuerza de su presencia. ¿Tienen el mismo público? No. ¿Tienen el mismo discurso crítico? No. ¿Su forma estética se relaciona? No. Entonces vayan a cantar con un canon al Colón, no es mi concepto.

-Pero hay quienes se refieren a “un canon Sarlo”.

-Si alguien me lo atribuye, es su problema. Sí puede decir que, efectivamente, yo siempre elegí enseñar esos escritores y no otros, puede decir "este es el paquete que armó Sarlo" y no puede separarse de él, pero nada más. Respecto de otros críticos, yo no funciono desde allí. Además sería muy injusto para algunos: nuestros gustos están formados por una suma de arbitrariedades sobre las que tendremos, llegado el caso, que dar una explicación estética. Otra cosa sucede en literaturas muy consolidadas, como la francesa, donde hay un canon clásico, aunque nadie escribe con ese canon hoy; pero acá en la literatura argentina, donde vivimos en emergencias, no.

 

[Fotos: Victoria Gesualdi - fuente: www.telam.com.ar]

segunda-feira, 21 de setembro de 2020

Mario Benedetti: la osada honestidad de la escritura

 


Escrito por José Arreola (*)

Tus palabras son tu poderío: este es tu reto a la gran música del mundo.

Fayad Jamís

"Dígale también, que quién quita y lo de 'Marcos' fue por El cumpleaños de Juan Ángel". Con esas palabras, un 2 de mayo de 1995, el Subcomandante Marcos -el rostro de los sin rostro que un año antes sacudieron las montañas del olvido mexicano- le pedía a Eduardo Galeano que saludara y agradeciera a Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia por sus letras con las que surgían aquellos suspiros con los que la humanidad echaba a andar. El libro al que aludía el ya finado vocero zapatista fue publicado por vez primera en 1971. Cuando en la tierra de José Artigas se instaló la dictadura "cívico-militar", la novela se colgó la honrosa medalla de la censura. No era para menos, en la dedicatoria llevaba la penitencia; en la historia, la prohibición.

 

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En sus ensayos sobre literatura, Günter Grass planteó que la forma de una obra literaria obedece siempre a lo caprichoso de su contenido. Entrevistado por Fernando Sánchez Dragó en 1999, Benedetti, "el más montevideano de todos los uruguayos", como lo definiera el también escritor Fernando Butazzoni, dijo que cada tema crecía con la etiqueta de su género y "muy pocas veces se equivoca". Para poder contar y ser novela, El cumpleaños de Juan Ángel solamente supo y quiso narrar en verso. Cuando el autor llevaba cuarenta o cincuenta páginas en prosa, "como era lógico", esas palabras no transmitían lo que los versos sí; tal vez porque la historia llevaba en sus genes un sustrato poético. La novela está dedicada a Raúl Sendic, el emblemático representante del movimiento Tupamaro que movió y conmovió al Uruguay entre 1965 y los primeros años de 1970. Más o menos en 1965, cuando Sendic huía de los canas que lo buscaban para llevarlo a prisión por considerarlo el culpable de las recias movilizaciones de los trabajadores del azúcar, Benedetti lo "guardó" durante tres semanas en un pequeño apartamento ubicado a dos pasos de una estación de policía. Quizá ambos pensaron, según aquella enseñanza de Allan Poe, que lo más cercano y evidente es lo que mejor se esconde. Entre mates y poesía -género del que el mismo Bebé Sendic era un apasionado- forjaron una amistad entrañable y sincera. En sus charlas se fortificó la sana locura de soñar y pelear por una Latinoamérica mejor.

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Cuando ocurrió la gran fuga tupamara del Penal de Punta Carretas, un 6 de septiembre de 1971, la ficción literaria y la realidad política se fundieron. A partir de entonces, El cumpleaños de Juan Ángel y la fuga se hicieron indisociables: apenas unos meses antes la novela vio la luz y aquel día de septiembre del 71 lo harían fuera de la cárcel los 111 militantes tupamaros. En el libro, además de la transformación de Osvaldo Puente -que "vicha por el ojo de la cerradura / para averiguar cómo eran sus miserias"- en Juan Ángel, el militante político para quien la revolución significaba "la vida exorcismo / la vida sacrílega que profana a la muerte", se narra también la fuga de un grupo de guerrilleros por el sistema de alcantarillado. En el escape de Punta Carretas a través de las alcantarillas, la difícil realidad social del momento le rendía un homenaje a una novela que, sabiéndose militante de la vida, había brindado una elegante carga de futuro al paisito. A decir de Martha Canfield, el escritor nacido el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros fue acusado de ser el autor intelectual de aquel canto a la libertad de los tupamaros "por haberles proporcionado la idea para la fuga". Entre aquellos artesanos del escape figuraban Raúl Sendic y el expresidente uruguayo Pepe Mujica.

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En la extensa lista de cantantes que han interpretado temas y poemas de Mario Benedetti figuran los nombres de Joan Manuel Serrat, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y, especialmente reconocida, Nacha Guevara. Es posible que las miles de personas que cantan poemas y recitan canciones del uruguayo ignoren que él fue el autor de los versos que se clavan en almas y gargantas; pero ello, lejos de ser un agravio, representa el mejor galardón para quien reconocía a César Vallejo, Antonio Machado y Baldomero Fernández Moreno como sus mayores y mejores influencias en la poesía. Cuando la voz del poeta hecha idea comulga con el clamor de miles de sueños, amores y dolores no hay posibilidad de olvido. El 26 de julio de 2004, en la Plaza de la Revolución de La Habana, celebrando un aniversario más del asalto al cuartel Moncada, el actor cubano Héctor Quintero dejó la que, muy probablemente, sea la mejor declamación existente de "Un padre nuestro latinoamericano". A través de los versos de Mario Benedetti, doscientos integrantes de la Orquesta Sinfónica de Cuba, con música de Alberto Favero, bajo la orquestación de Leo Brower y la portentosa voz de Quintero, aquella capital de la dignidad latinoamericana vibró con José Martí, Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y el Che como testigos. Era un merecido reconocimiento de la Revolución al poeta que tanto quería y defendía el socialismo a la cubana.

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Frank Delgado, el irreverente trovador cubano, canta en uno de sus temas "Y mientras Fukuyama repite iracundo que estamos ante el fin de la historia del mundo / mi amigo Benedetti abre el tomo segundo". En esas líneas, el trovador da con una clave: al uruguayo se le siente cercano, como un compañero, como un amigo, como uno más que, codo a codo, grita y marcha con la firme convicción de transformar para bien al planeta. Así lo saben Los Chikos del Maíz, el dúo rapero conformado por Toni Mejías y Ricardo Romero Laullón que ha sabido llevar, con letras agudísimas de tan inteligentes, la militancia política a la escena artística española. En el álbum La estanquera de Saigón, del año 2014, hay un tema llamado, nada menos, "Defensa de la alegría". El título es homónimo de uno de los textos del poeta de Tacuarembó. Con sus tonos y sus ritmos, el tema se sabe una muestra de respeto y de diálogo, es reivindicación y reinvención rapera de aquellos versos que no saben extinguirse. La canción culmina con la voz del propio Benedetti leyendo un extracto del poema "Por qué cantamos". Donde esté, si es que está, si está llegando, el uruguayo disfruta y milita con el flow de los aguerridos raperos.

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Mientras iba forjándose como escritor, las profesiones de quien se disputa frente a Eduardo Galeano el título de mayor hincha del Nacional -el club de futbol de sus más fervorosos quereres- fueron taquígrafo, vendedor de libros y terrenos, cajero de banco, oficinista de diversos giros y bibliotecario. El hijo de Brenno Benedetti y Matilde Farrugia estudió solamente hasta la secundaria debido a una sostenida crisis económica familiar. Su padre, "que fue químico y buena gente", tuvo un exceso de honestidad que los condujo a la quiebra. Su madre hizo pases de magia con los que hizo sobrevivir a los Benedetti Farrugia. Del viejo Brenno, Mario se quedó con la enseñanza de la honestidad por sobre todas las cosas. El mundo literario lo empezó a identificar como narrador fuera del Uruguay gracias a la publicación de La tregua en 1960, aunque ya en 1953 había escrito Quién de nosotros. Poemas de la oficina de 1956 que, a decir de Jorge Ruffinelli, logró que los uruguayos abrieran los ojos "al país gris y triste que éramos", fue el primer libro de versos de gran impacto que Benedetti escribió, pero no fue el primero. Antes publicó unos poemas calificados por él mismo como "horrorosos" bajo el nombre de La víspera indeleble. El libro, malo como él solo, "verdaderamente malo", no tenía "ningún mérito", tanto así que jamás lo incluyó entre sus Inventarios. Y no mejor opinión tuvo de una obra de teatro titulada Ustedes por ejemplo, "mala, muy mala". Quien ve en la honestidad un bien artístico y un componente de dignidad humana es capaz de valorar sus obras del modo en el que Benedetti lo hizo con las suyas, sin tapujos. Mejor la verdad antes que vender humo.

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Obligado a dejar la patria por culpa de la dictadura uruguaya que a partir de 1973 cometía horror tras horror, el autor de Primavera con una esquina rota conoció la vida del exilio en Buenos Aires, Perú, México, Cuba y finalmente España. Época dura para ser militante, la década de 1970 dejó un camino de muerte, cárcel y persecución en Nuestra América. Por entonces, Julio Cortázar le escribía a Roberto Fernández Retamar que "Mario es uno de los hombres más valiosos de nuestro continente y por tanto siempre en peligro". El argentino sabía bien lo que su colega uruguayo representaba.

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El radical antiimperialismo de Mario Benedetti nació en el propio imperio, en 1959. "Lo que a mí me convirtió en antiimperialista fue mi visita a los Estados Unidos". El trato racista hacia los latinos y los negros, lo superfluo de un estilo de vida basado en la expoliación de otras tierras y el cinismo de la clase política resultaron suficientes para poner tierra e ideas de por medio. Por ello, como cuestión ética, rechazó la codiciada beca Guggenheim. Sus andares y sus letras siguieron la ruta marcada por la Cuba que nació tras la victoria del Ejército Rebelde en 1959. Desde los primeros años de la Revolución hasta el 17 de mayo de 2009, cuando decidió irse de este mundo, Benedetti defendió no con obediencia ciega sino con crítico cariño la monumental obra del socialismo cubano. Su vínculo con la Isla rebasó sus estancias en ella y su labor de creación y dirección del Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas. Hubo un lazo aún más profundo: el de la firme convicción de que la transformación de la humanidad es posible a pesar de los tropiezos, los retrocesos y los reveses. En 1971, uno de los años más complicados si de cultura y literatura se habla en Cuba, escribió un texto titulado "Las prioridades del escritor", originalmente publicado en Cuadernos de Marcha. Polemizando con algunas personalidades del mundo intelectual y literario que, debido al encarcelamiento de Heberto Padilla y su conocida autoconfesión, emprendieron una campaña contra Cuba acusándola de reproducir las viejas prácticas del estalinismo, Benedetti planteó que él era de los que asumía la Revolución y sus transformaciones con "su haz y con su envés, con su luz y con su sombra, con sus victorias y sus derrotas, con su limitación y con su amplitud". Y señaló que no dejaba de parecerle paradójico que quienes amargamente criticaban a Cuba se mostraran "tan entusiasmados con la Revolución de Mayo, la de París, que fue una revolución frustrada, y tan agraviados con la Revolución Cubana, que es una revolución triunfante".

***

En 1999, en una entrevista con Luis Mariñas Lage, ese poeta con "cara de buena persona", como caracterizó Joaquín Soler Serrano al uruguayo, dijo que "A Fidel Castro le pediría que se aboliera la pena de muerte en Cuba, así solamente Estados Unidos sería el único país que la tendría". Cuando ya muchos habían guardado banderas y habían cambiado la camiseta del socialismo por la del posmodernismo, Benedetti seguía pensando que el socialismo era la única posibilidad de un futuro menos injusto y más igualitario para la humanidad. A J.J Armas Marcelo le señaló lo siguiente: "Es preferible haber defendido una causa justa y haber sido derrotado en ello que haberse inclinado ominosamente ante el imperio. Eso sí que yo jamás lo haría". Y dijo también algo que hoy resulta absolutamente válido: "Nosotros tuvimos que elegir entre la Revolución Cubana con todos sus defectos o a Estados Unidos con todas sus virtudes".

***

Sobre la obra de Benedetti, Hortensia Campanella ha dicho que sus ensayos de crítica literaria son los menos reconocidos, a pesar de su agudeza y su calidad. En honor a la verdad, en los círculos literarios y las academias dominadas por las escuelas de moda en las que se escribe mucho pero se dice más bien poco, su obra es, cuando no apenas reconocida, bastante menospreciada. La razón no se finca en lo estético y lo artístico, sino en la absoluta honestidad del autor. Honestidad literaria y honestidad política. Sin conceder lugar a la mediocridad o lo panfletario, desde sus textos, con sus textos, le dio cabida a la realidad social y política. Lo hizo sabiendo que también así se hace la historia, que también así se hace literatura, buena literatura.

***

Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia tenía una característica física particular: su oreja izquierda era prominente, mucho más grande que su oreja derecha. Muy probablemente por ello sabía escuchar lo que nadie más pudo, quizá por ello sabía escribir como nadie más lo hizo. En medio de tanta mentira actual, con osada honestidad, sus versos, sus novelas, sus ensayos continúan viviendo y ayudando a vivir "a prueba de derrotas y de olvido".

 

(*) José Arreola. Doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM. Sus líneas de análisis están basadas principalmente en la literatura cubana y el debate del campo intelectual de Latinoamérica Ha obtenido premios en narrativa y ensayo convocados por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

 

[Fuente: www.sinpermiso.info]

domingo, 10 de novembro de 2019

«El mate lavao'», por Juan José de Mello

Con esta cebadura
No vamos pa' ningún lao
Hay que cambiar la yerba
Que el mate está lavao
Que el mate está lavao, compadre
Que el mate está lavao

Por más que le pongan boldo
Cascarita de limón
Yuyito pa' el mal de amores
El mate ya se lavó
Aunque cambien la bombilla
O lo yapen con café
Por mucho que lo remienden
Yo ya le perdí la fe

Con la rueda despareja
Fíjense lo que pasó
El dueño de la pavita
Ceba uno y toma dos
Y al de al lao pa' que se calle
La yapa le convidó
Y cuando llegó aquí abajo
El mate ya se lavó 


Sepa que en toda mateada
Por sentirse acomodao
Hay quien toma el agua tibia
Y aplaude a quien lo ha cebao
No le tema al ninguneo
Nunca se quede callao
Y aunque lo echen de la rueda
No tome mate lavao

Con esta cebadura
No vamos pa' ningún lao
Hay que cambiar la yerba
Que el mate está lavao

Que el mate está lavao
Que el mate está lavao, compadre
Que el mate está lavao

Con yerbita aguantadora
El quemarla es un pecao
Secreteando con la tierra
Hasta su pecho ha llegao
A contarle de a traguitos
Las cosas que le ha enseñao
Y es un traidor el que paga
Cebando el mate lavao




[letra: Rafael Amor]