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segunda-feira, 21 de setembro de 2026

Una notaria pretenia fer pagar el doble per redactar una escriptura en català

Plataforma per la Llengua aconsegueix que els afectats recuperin els diners cobrats de forma indeguda

Plataforma per la Llengua

Plataforma per la Llengua ha aconseguit que uns ciutadans recuperin els diners que els va cobrar indegudament una notaria que els va redactar en castellà una escriptura de compravenda sense haver-los preguntat abans en quina llengua la volien. Després de dues reclamacions, els afectats han obtingut finalment el document en català. A més, la notaria ha estat requerida pel Col·legi Notarial de Catalunya perquè pregunti de manera expressa als clients en quina llengua volen la documentació. L’entitat considera que el cas evidencia la importància de denunciar les discriminacions lingüístiques, però lamenta que cap administració no hagi sancionat els responsables de la vulneració dels drets dels afectats.

El cas va passar el desembre de 2025, quan uns ciutadans van formalitzar la compravenda d’un habitatge en una notaria de Barcelona. Segons van denunciar posteriorment a Plataforma per la Llengua, en cap moment de tota la tramitació no se’ls va preguntar en quina llengua volien l’escriptura i el document es va redactar directament en castellà. La situació es va agreujar quan, en revisar a l’escriptura a casa, els afectats van adonar-se que el document incloïa una fórmula estàndard segons la qual havien estat informats dels seus drets lingüístics i havien escollit la llengua de l’escriptura, el castellà, cosa que no havia passat.

Amb el suport jurídic de Plataforma per la Llengua, els afectats van presentar una primera queixa davant del Col·legi Notarial de Catalunya. Tot i que l’organisme va decidir arxivar-la i no obrir cap expedient disciplinari, sí que va reconèixer un aspecte fonamental: la notaria hauria d’haver preguntat de manera activa als atorgants quina llengua preferien abans de redactar el document. Per aquest motiu, va fer un requeriment formal al notari perquè compleixi aquesta obligació en el futur.  

Vulneració de drets  

Arran de la reclamació, la notaria va acabar expedint una còpia autoritzada de l’escriptura en català. Tanmateix, els afectats es van trobar amb una nova vulneració dels seus drets: per obtenir la documentació en la llengua que havien volgut des del principi, van haver de pagar una segona còpia de l’escriptura.   

Davant d’aquesta situació, Plataforma per la Llengua va assessorar-los en la presentació d’una altra queixa. El Col·legi Notarial va acabar donant-los la raó i va determinar que no era acceptable obligar els clients a assumir el cost d’una segona còpia per poder disposar del document en català. La resolució va obligar la notaria a retornar els diners que els havia cobrat per la còpia en català, una quantitat que els afectats van recuperar finalment el 25 d’agost.   

Plataforma per la Llengua denuncia que el cas posa de manifest les mancances dels mecanismes de garantia dels drets lingüístics. Malgrat que el Col·legi Notarial va admetre que la notaria no havia actuat correctament en relació amb el dret d’opció lingüística, les dues queixes disciplinàries van ser arxivades i no s’ha imposat cap sanció. A més, la Direcció General de Seguretat Jurídica i Fe Pública, de la Generalitat de Catalunya, no ha resolt expressament el recurs presentat contra l’arxivament de la primera queixa, que s’ha acabat desestimant per silenci administratiu.   

Plataforma per la Llengua va presentar el 2018 un estudi sobre els usos lingüístics a les notaries catalanes que revelava que el 68% dels despatxos notarials no oferien als clients la possibilitat de triar la llengua dels documents. L’informe també constatava una clara desproporció a favor del castellà: el 73,2% dels documents notarials s’havien redactat en aquesta llengua, mentre que només el 24,6% s’havien escrit en català. Arran de l’estudi, el Col·legi de Notaris de Catalunya es va comprometre a reforçar la informació sobre el dret d’opció lingüística.

 

[Font: www.diaridelallengua.cat ]

quarta-feira, 16 de setembro de 2026

El bolsonarismo viene perdiendo la batalla cultural en Brasil

En la educación, son varias las derrotas que acumuló la extrema derecha en el último tiempo. El Supremo Tribunal Federal declaró que el programa Escola sem Partido, la política de censura en los institutos de enseñanza que impulsó el expresidente, no puede estar por encima de las leyes federales. Pero además, el 73% de los brasileños apoya que la escuela enseñe sobre política no partidaria.

Protesta en 2019 contra los recortes de la educación durante el gobierno de Jair Bolsonaro. 

Publicado por gustavojveiga 

Camino a las elecciones del 4 de octubre, en Brasil se proyecta cómo seguirá la batalla cultural planteada por la extrema derecha en un ámbito propicio para darla. El universo educativo en los diferentes niveles de enseñanza. El problema para el ideario bolsonarista es que el debate que instaló el expresidente condenado por golpista lo viene perdiendo por goleada. Una encuesta arrojó que el 73% de la población acepta la formación política y no partidaria en las escuelas. En 2027 se promoverá un plan para hacer todo lo contrario al programa Escola sem Partido que había impulsado Jair Bolsonaro durante su mandato (2018-2022). En aquel momento, militarizó la educación, instaló policías en los colegios y estimuló la delación de maestros y profesores por presunto adoctrinamiento. Pero el Supremo Tribunal Federal (STF) le propinó una dura derrota cuando se pronunció contra el proyecto medieval por antidemocrático. Un traspié tras otro de estas ideas dejó a la intemperie cada intento por regresar al pasado.

 

Políticos ultraderechistas como Flavio Bolsonaro y Javier Milei se proponen como abanderados de una guerra cultural que vienen perdiendo. Las comunidades educativas de sus respectivos países se lo están haciendo notar. En Brasil, la corriente de Escola sem Partido nacida en 2003, se quedó sin la fuerza que había ganado bajo la presidencia del militar sentenciado a 27 años y 3 meses de prisión. Fue clave un fallo del STF que en febrero pasado dictaminó de forma unánime la inconstitucionalidad de las leyes municipales y estatales basadas en aquel programa, el cual argumentó que los municipios no tienen competencia legislativa para alterar las normas que rigen a la educación nacional, una atribución exclusiva de la Nación, la máxima jerarquía del Estado Federal. Además, el STF determinó que el plan Escola sem Partido era una forma de censura previa y atentaba contra la pluralidad de ideas garantizadas por la Constitución de 1988. La misma que se dio Brail después de la extensa dictadura cívico-militar (1964-1985).

 

La perspectiva bastante posible de que Lula sea el vencedor en los comicios y alcance su cuarto mandato presidencial estimula ciertas decisiones en sectores de la Educación que repudian a la extrema derecha. En un hecho reciente, la Universidad Federal de Rio de Janeiro revocó el doctorado honoris causa que se le había otorgado en 1941 al dictador portugués Antonio Salazar. La medida fue tomada por el Consejo Universitario Federal el 27 de agosto.  

 

Pero no solo se percibe una universidad movilizada por este tipo de sancionessimbólicas contra un dictador, como fue el tirano perpetuo que gobernó desde Lisboa entre 1932 y 1968 (36 años). El sitiodigital Carta Maior publicó en los últimos días la siguiente noticia: “El Sindicato de Maestros del Sistema Educativo Oficial del Estado de San Pablo (Apeoesp) presentó una denuncia ante la Fiscalía solicitando una investigación contra undirector regional de educación que supuestamente sugirió los nombres de Hitler y Mussolini como referencias deliderazgo”. El medio le atribuyó decir al funcionario educativo: “Pueden leer biografías en general, es estimulante, incluso las malas”.

 

La educación política es obligatoria desde julio de este año, cuando el Poder Ejecutivo sancionó la Ley nº 15.468/2026, como contenido obligatorio junto a los derechos de ciudadanía en toda la educación básica del país. La norma se incluye en la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional (LDB), la cual tiene un enfoque estructural y no partidario que no consiste en promover partidos ni ideologías, pero si combatir el analfabetismo político.

El Consejo Nacional de Educación (CNE) será el encargado de reglamentar cómo se distribuirán estas horas y contenidos camino a su adopción definitiva en el ciclo lectivo del año próximo. Fue una derrota contundente para el ideario bolsonarista.

 

Pero el retroceso de la extrema derecha no ha sido solo en el plan jurídico o dentro de la comunidad educativa. De acuerdo con encuestas de opinión pública, el 73% de los brasileños apoya que la escuela enseñe sobre política y cuestiones sociales. Ha primado el criterio de que el debate democrático e institucional es un pilar fundamental para la formación de los estudiantes.

Milei y Flavio Bolsonaro en un acto en Brasil con la tijera de podar el presupuesto educativo, entre otros.

Lejos quedaron los años de Bolsonaro en el gobierno con su impronta autoritaria y su influencia en los planes de enseñanza. El movimiento Escola sem Partido cobró gran fuerza en 2018 con la llegada al Planalto del presidente que reivindicaba la dictadura del ’64. Pero, en rigor, fue una iniciativa que surgió en 2003 cuando Miguel Narciso Urbano Nagib, abogado y fiscal del estado de San Pablo, en septiembre de ese año denunció que el profesor de historia de su hija intentaba “adoctrinar” a los alumnos. Según él, había comparado en clase la figura de San Francisco de Asís con la de Ernesto Che Guevara. 

En aquel momento, el movimiento que había nacido como Escuela Sin Partidos Políticos (ESP), dio pie a iniciativas de padres, tutores y estudiantes preocupados por la supuesta contaminación política e ideológica en las escuelas, tanto en la educación básica como superior. Las críticas de la ESP no solo alcanzaron al modo de ver la historia en el sistema de enseñanza. También la emprendió contra la incipiente ideología de género.

 

 Los primeros días del militar en el gobierno y ahora preso por instigar un golpe de Estado contra Lula en enero de 2023 -que se quedó en el intento-, marcaron la mayor ofensiva en el mundo educativo contra la libertad de cátedras y las corrientes progresistas en el sistema de enseñanza.

 

Santa Catarina, acaso el estado más conservador de Brasil, tomó la delantera con la ESP. Muchos candidatos ventilaron sus ideas más reaccionarias y hasta se convirtieron en legisladores. Es el caso de Ana Caroline Campagnolo, profesora de historia y una de las participantes más fervientes de la ESP. Fue elegida diputada estadual por Santa Catarina representando al Partido Social Liberal (PSL) en 2018. Y tuvo su cuarto de hora de notoriedad por su campaña para denunciar a los “docentes adoctrinadores”. Se declaró entonces una ferviente admiradora del gurú de la extrema derecha brasileña y asesor de Jair Bolsonaro, el ya fallecido Olavo de Carvalho. Una vez elegida en la Asamblea Legislativa catarinense, propició un homenaje al astrólogo y difusor de las teorías conspirativas.

 

Es tal el declive de las ideas pedagógicas de la extrema derecha, que se ha instalado la idea de regular más a la educación privada desde el Estado. El artículo 209 de la Constitución Federal así lo establece, ya que “la iniciativa privada está abierta, siempre que se den las siguientes condiciones: el cumplimiento de las normas generales de la educación nacional y la autorización y evaluación de la calidad por parte de la Autoridad Pública”.

 

Flavio Bolsonaro es un candidato más indefenso que su padre cuando compitió por la presidencia en 2018, a no ser que Trump se entrometa con todo en las elecciones del 4 de octubre. Ya pasó aquella ola de conservadurismo y militarización de las escuelas, se desmontó la Escola sem Partido y encima el candidato de la extrema derecha incluyó en su currículo un posgrado que jamás había realizado por lo que tuvo que dar explicaciones. Su propuesta educativa prioriza la enseñanza de matemáticas, ciencias y portugués y combatir el meneado adoctrinamiento. Quiere seguir con la batalla cultural para cambiar los contenidos escolares. Pero es muy difícil que revierta la historia.

 

[Imágenes: AP - fuente: gustavojveiga.wordpress.com]


terça-feira, 15 de setembro de 2026

Unha ONG israelí denuncia o «proxecto de eliminación» de Cisxordania do Goberno de Netanyahu

B'Tselem vén de publicar un informe onde detalla os plan do Goberno de Israel para "desmantelar" as bases da existencia palestina en Cisxordania.

Forzas israelís protexen a incursión de colonos na Cidade Vella de Hebrón, ao sur de Cisxordania o pasado mes de agosto.

A ONG israelí B'Tselem deu a coñecer esta segunda feira o informe O proxecto de eliminación, un texto no que precisa o suposto plan de Israel para "desmantelar os cimentos" da existencia palestina en Cisxordania co fin de volvela "cada vez máis fragmentada, vulnerábel e dependente". O obxectivo do Goberno de Netanyahu, afirma a entidade, é "reorganizar o espazo e as condicións de vida nel para que o control israelí e a presenza xudía se convertan en algo contiguo, institucionalizado e permanente". 

B'Tselem asegura que as políticas de Israel para "socavar a existencia palestina" existen desde 1967, mais recruaron a partir de 2022 coa chegada ao poder de Benjamin Netanyahu, apoiado no seu goberno olas faccións máis duras da ultradereita nacionalista.

Segundo recolle o informe da organización non gobernamental, actividades básicas da vida cotiá atópanse baixo control israelí "ou son completamente denegadas". Así, 3,5 millóns de persoas palestinas de Cisxordania enfróntanse a unha tripla realidade: vivir baixo o dominio israelí, abandonar o seu territorio ou soportar unha "represión violenta" en caso de amosar resistencia.

Un plan de cinco puntos

O informe detalla como se aplica o "mecanismo israelí de eliminación" palestina a través de cinco epígrafes tituladas: violencia e intimidación, restricións de movemento, estrangulamento económico, destrución sociopolítica e limpeza étnica e apropiación territorial. Cinco áreas que non operan por separado, senón de forma coordinada e "interconectada".

O documento presentado por B'Tselem en Xerusalén esta segunda feira tamén presta atención á situación na Faixa de Gaza, exemplo da "lóxica de eliminación" que o Goberno israelí mantén desde hai décadas. É o lugar onde o "proxecto de eliminación" alcanza a súa "forma máis extrema", con matanzas diarias e masivas acompañadas dunha destrución violenta do contorno que o "público israelí" xa "normalizou" até o punto de considerar os ataques continuados "violencia lexítima contra os palestinos", aseguraron.

"As violacións aquí descritas están financiadas, protexidas e integradas na política estatal israelí e lévanse a cabo dentro dun sistema de ampla impunidade", sinalou a directora da ONG, Yuli Novak, que chamou á comunidade internacional a actuar con accións, non declaracións.

O relato da "eliminación"

O proxecto de eliminación elaborouse a partir do testemuño de 2.000 persoas residentes en Cisxordania ao longo dos últimos tres anos. As súas achegas confirman o abismo ente as vivencias dos colonos, a poboación xudía que vive en asentamentos suxeitos a lexislación civil e con plenos dereitos políticos, e da Palestina, permanentemente "baixo réxime militar", malia habitar o seu propio territorio.

Para B'Tselem, o plan israelí favorece a expansión dos asentamentos xudeus e o control das terras e os recursos pola súa parte, desposuíndo os palestinos das súa propiedades e dotando estes procesos de garantías legais.

Segundo B'Tselem, desde 1967 Israel apoderouse de máis de 200.000 hectáreas –máis dun terzo de Cisxordania– mediante unha serie de mecanismos legais, urbanísticos e administrativos, como as declaracións de terras estatais, zonas militares fechadas, reservas naturais ou o estabelecemento de asentamentos.

A organización tamén destaca no seu informe que a violencia en Cisxordania funciona como un "mecanismo central de control, desprazamento e desmantelamento", pois "restrinxe a marxe de acción dos palestinos". 

 

[Foto: Europa Press / Contacto / Mosab Shawer - fonte: www.nosdiario.gal]

 

« La survie de la nation sioniste » : l’obsession d’Israël pour le sperme des soldats décédés

Le prélèvement post mortem de sperme est devenu une politique d’État : un quart des soldats de sexe masculin tués depuis le 7 octobre ont subi cette intervention. Mais en offrant un exutoire aux familles en deuil, cette pratique ne fait que perpétuer la guerre.

Les funérailles d'un soldat israélien, le 18 novembre 2023

Écrit par Nathalie Rozanes (+972 Magazine) 

Au début de cette année, Nitza Shmueli a publié un message sur Facebook pour formuler une demande inhabituelle concernant son fils décédé. « Moi, la mère de Barel, je recherche une femme qui souhaite concevoir un enfant à partir du sperme de Barel, une femme qui souhaite fonder une famille chaleureuse et aimante », a-t-elle écrit. « Si vous pensez pouvoir être cette femme, n’hésitez pas à me contacter en privé. » 

Barel, un tireur d’élite de 21 ans appartenant à une unité d’infiltration de la police des frontières israélienne, a été abattu par un tireur palestinien le 21 août 2021, lors d’une manifestation près de la barrière de sécurité à l’est de la ville de Gaza. Cette manifestation, qui marquait le 52e anniversaire d’un incendie criminel perpétré contre la mosquée Al-Aqsa à Jérusalem, visait à faire pression sur Israël pour qu’il lève son blocus sur Gaza et avait rassemblé des centaines de participants. 

Sur des vidéos tournées sur place, on peut voir un Palestinien courir vers le mur de béton où Barel et d’autres tireurs d’élite étaient postés, sortir une arme qu’il avait glissée dans sa ceinture et tirer trois coups de feu à bout portant à travers une brèche. Barel a été touché à la tête et est décédé neuf jours plus tard, après avoir subi plusieurs interventions chirurgicales pour tenter de lui sauver la vie. Quarante Palestiniens ont également été blessés par les forces israéliennes ce jour-là, dont Osama Khaled Ideij, 32 ans, et Omar Hasan Abu Al-Nil, 12 ans, qui ont tous deux fini par succomber à leurs blessures. 

Après le décès de Barel, sa mère a obtenu l’autorisation du tribunal pour prélever et congeler son sperme au Centre médical Soroka de Be’er Sheva. Le prélèvement post-mortem de sperme (PMSR) permet la procréation pour les hommes décédés : une incision au niveau des testicules est pratiquée dans les heures qui suivent le décès, lorsque le sperme est encore viable, afin d’extraire du tissu du défunt. En laboratoire, le tissu est ensuite examiné au microscope afin d’identifier et de congeler les spermatozoïdes encore vivants pouvant être utilisés pour une fécondation in vitro (FIV). 

S’adressant à une commission de la Knesset en 2022, Shmueli a déclaré que 1 400 femmes l’avaient contactée pour manifester leur intérêt à avoir un enfant de Barel. Mais il lui a fallu quatre ans pour obtenir l’autorisation d’utiliser le sperme congelé de Barel afin de concevoir un enfant, après qu’un tribunal des affaires familiales de Tel-Aviv eut approuvé sa demande l’année dernière. 

Ce résultat n’était pas seulement l’aboutissement de sa longue bataille judiciaire, mais reflétait également un paysage médical et juridique transformé par les attaques du 7 octobre et la guerre génocidaire menée par Israël contre Gaza qui s’en est suivie. 

Avant octobre 2023, le prélèvement de sperme sur des soldats israéliens décédés (PMSR) était une pratique rare et controversée sur le plan éthique dans la société israélienne, avec seulement une poignée de demandes par an. Au cours des trois dernières années, cependant, ce prélèvement s’est institutionnalisé et normalisé, devenant un phénomène national de plus en plus répandu. 

Dans les jours qui ont suivi les attentats du 7 octobre, parmi les différentes mesures d’urgence approuvées par le ministère de la Santé et le ministère de la Justice figurait un règlement temporaire — toujours en vigueur aujourd’hui — autorisant les parents d’Israéliens tués à la guerre à consentir au prélèvement de sperme sans qu’une autorisation judiciaire soit nécessaire. 

Pour être réalisée avec succès, la PMSR doit avoir lieu dans les 72 heures suivant le décès. Ainsi, lorsque l’armée vient annoncer la nouvelle aux familles — ce que les Israélien·nes appellent le redoutable « coup à la porte » —, les officiers suggèrent désormais de manière proactive cette procédure. Les parent·es doivent alors se décider et agir immédiatement. La sociologue israélienne Yael Hashiloni-Dolev, professeure à l’université Ben Gourion, a décrit cette nouvelle logique opérationnelle au magazine +972 comme suit : « Prélever d’abord, poser les questions juridiques ensuite. » 

Désormais financé par l’État et supervisé par le ministère de la Santé, le PMSR est pratiqué dans les quatre principaux hôpitaux israéliens, où le sperme est également congelé et conservé. Selon le Dr Eran Altman, directeur de la banque de sperme du Centre médical Rabin, environ 250 soldats et agents de sécurité israéliens avaient fait l’objet d’une procédure de prélèvement posthume de sperme au début de cette année — soit un quart de l’ensemble des soldats masculins tués depuis le 7 octobre. 

S’adressant à NPR en janvier, le Dr Altman a expliqué à quelle vitesse le système s’était adapté. « L’armée est devenue très efficace pour nous acheminer le corps », a-t-il déclaré. « Lorsque c’est possible, nous le recevons quelques heures après le décès. » 

Parallèlement à l’expansion rapide des PMSR, un nouveau terme a fait son apparition dans le débat public israélien : « hatzalat zera », ou « sauvetage du sperme ». Comme l’explique le professeur Zvi Triger, spécialiste en droit au College of Management de Rishon LeZion, « cette expression reflète un recadrage dans lequel le sperme d’un soldat est considéré comme quelque chose qui doit être “sauvé”, plaçant ainsi cette substance dans une dimension morale similaire à celle de la vie humaine ou des biens nationaux ». 

On ignore encore combien de familles finiront par utiliser le sperme qu’elles ont décidé de congeler pour concevoir des enfants, ce qui nécessite l’autorisation d’un tribunal. Un groupe de parent·es endeuillé·es, dont Nitza Shmueli, milite depuis des années à la Knesset en faveur d’un projet de loi visant à permettre aux parents de soldats tués au combat qui ne sont pas en couple officiel d’utiliser le sperme prélevé pour une FIV, projet de loi qui n’a toujours pas été adopté. 

Mais dans le contexte de la violence obstétricale exercée par Israël à l’encontre des femmes et des nourrissons palestinien·nes dans la région, la PMSR, en tant que politique d’État, revêt une portée idéologique : elle s’inscrit dans un projet d’État visant à assurer la continuité biologique du peuple juif par tous les moyens, même au-delà de la mort, parallèlement à des efforts génocidaires visant à effacer la vie palestinienne. 

La PMSR montre également clairement comment le gouvernement israélien instrumentalise le deuil pour entretenir un conflit permanent. Comme l’a expliqué Hashiloni-Dolev, « en Israël, la PMSR se situe quelque part sur le continuum entre l’indemnisation et la vengeance ». 

« Dans les médias israéliens, cette pratique est généralement présentée sous un jour positif, comme un moyen d’« aider les familles endeuillées » ou de « donner de l’espoir aux familles des soldats tombés au combat » », a-t-elle poursuivi. Mais dans le même temps, « lors des débats à la Knesset sur la réglementation du PMSR après le 7 octobre, l’autorisation de recourir à cette procédure a été présentée comme une “nekama” [“vengeance”] ou une “tkuma” [“résurrection”] ». 

Daphna Hacker, professeure de droit et d’études de genre à l’université de Tel-Aviv, voit un intérêt politique évident dans la promotion de la PMSR. « C’est là un moyen supplémentaire de créer une soupape de pression et de canaliser le deuil vers une histoire privée, plutôt que vers un tollé public contre l’envoi de ses enfants à la guerre. » 

Le pronatalisme en tant que politique d’État

Le phénomène du PMSR remonte à la fin des années 1970, lorsqu’un urologue de Los Angeles a réalisé avec succès la première intervention sur un jeune homme décédé dans un accident de voiture. Les hôpitaux israéliens ont commencé à procéder à des prélèvements au cas par cas dans les années 1990, généralement à la demande des partenaires. En l’absence de législation officielle régissant cette pratique, ces demandes étaient souvent adressées directement aux tribunaux de famille ou aux tribunaux d’instance.

En 2003, la/le procureur·e général·e a enfin publié les premières lignes directrices sur le PMSR, bien qu’elles n’aient pas été inscrites dans la loi. Ces lignes directrices ne concernaient que les partenaires féminines survivantes, leur permettant d’utiliser le sperme de leur partenaire décédé même en l’absence de directive écrite autorisant le PMSR, en se fondant sur sa « volonté présumée » qu’elle conçoive des enfants à partir de son sperme. 

L’une des premières affaires très médiatisées impliquant des parents concernait Keivan Cohen, un soldat israélien tué à Gaza en 2002. Après sa mort, sa mère a mené une longue bataille juridique pour pouvoir utiliser son sperme afin de concevoir un petit-enfant, né 11 ans plus tard. Cette affaire est devenue l’un des premiers litiges reconnus à l’échelle nationale en Israël concernant la procréation posthume et a contribué à jeter les bases juridiques sur lesquelles d’autres familles endeuillées se sont appuyées par la suite. 

Aujourd’hui, Israël adopte l’une des approches les plus permissives au monde en matière de reproduction posthume. Des pays tels que la France, le Maroc, la Suède, l’Allemagne, la Suisse, la Slovénie, le Danemark et la Hongrie ont totalement interdit cette pratique, tandis que d’autres, comme la Belgique et les États-Unis, exigent généralement le consentement écrit ou implicite du défunt avant qu’une partenaire puisse demander à utiliser son sperme, ainsi que l’autorisation d’un tribunal. 

Certains pays qui autorisent cette pratique imposent également un délai d’attente avant que le sperme puisse être utilisé pour une FIV. Comme l’a expliqué Shai Lavi, directeur de l’Institut Van Leer de Jérusalem et codirecteur du Centre Minerva pour l’étude interdisciplinaire de la fin de vie, le raisonnement est qu’une partenaire récemment endeuillée n’est peut-être pas « dans les meilleures dispositions pour prendre une décision aussi lourde de conséquences, après avoir subi une perte importante ». 

Mais ce qui distingue le plus Israël, c’est la manière dont le PMSR s’est directement intégré à la politique d’État. Non seulement le gouvernement finance cette procédure, mais il l’a parfois activement encouragée. 

Un mois après le 7 octobre, le ministère des Affaires étrangères a publié une vidéo d’animation émouvante consacrée à Shaylee Atary, dont le mari a été tué en défendant leur kibboutz lors des attaques ; lorsque son sperme a enfin pu être prélevé, il était trop tard. Un formulaire permettant de demander et d’expliquer cette procédure est toujours disponible sur le site web du gouvernement. 

« C’est un pays très pronataliste : dans la société israélienne, il n’est pas bien vu de ne pas avoir d’enfants », a déclaré Mme Hacker à +972. « La survie de la nation est la motivation dominante. » 

La politique d’urgence adoptée après le 7 octobre est allée encore plus loin, en étendant le droit de demander le prélèvement d’organes aux parent·es des défunts, en plus des conjointes survivants. Les parent·es représentent désormais 77% de l’ensemble des demandes. Aucun autre pays n’accorde un tel rôle aux parent·es, et cette mesure va même à l’encontre d’une jurisprudence israélienne : en 2016, un jugement avait établi que les parent·es n’avaient aucune légitimité juridique dans les décisions relatives au prélèvement de sperme. 

Cette mesure d’urgence a depuis été renouvelée mois après mois, même s’il n’est pas encore certain qu’elle soit finalement inscrite dans la réglementation, compte tenu de l’opposition de certaines autorités rabbiniques. 

« Être grand-parent·e revêt une grande importance dans la culture israélienne, qui est très familiale et tribale et qui valorise la continuité du peuple juif », a expliqué Mme Hacker. « Comme nous vivons en moyenne plus longtemps qu’auparavant, on peut désormais assumer le rôle de grand-parent·e pendant 30 ans. Cette expérience est retirée à ces parent·es lorsque leur fils meurt — cela devient donc un réconfort pour eux de savoir que leur fils décédé peut engendrer un enfant, et elles ou ils ne se demandent pas en public à quoi a servi cette mort ni ne se battent pour mettre fin à ces guerres perpétuelles, cruelles et injustes. » 

Mais malgré le large soutien émotionnel et politique dont bénéficient les familles endeuillées au sein de l’opinion publique israélienne, l’autorisation de prélever et de congeler du sperme n’équivaut pas à l’autorisation de l’utiliser. Les tribunaux israéliens doivent encore approuver son utilisation pour concevoir un enfant, ce qui exige souvent que la partenaire ou les parent·es démontrent que le défunt souhaitait avoir des enfants. Si le prélèvement lui-même est financé par l’État, les familles doivent prendre en charge à titre privé les frais de procédure judiciaire qui s’ensuivent. 

« La culture du deuil en Israël exerce une pression énorme sur les juges : elles et ils ne peuvent pas s’y opposer », a fait remarquer Mme Hacker. « Cela ne devrait pas être laissé à l’appréciation des tribunaux des affaires familiales, au cas par cas. Il faudrait une réglementation claire, comme dans d’autres pays. » 

Les mères de soldats décédés sont souvent en première ligne dans ces batailles juridiques chargées d’émotion visant à obtenir l’autorisation de concevoir un petit-enfant — ainsi que dans les campagnes médiatiques qui les accompagnent. Après la mort de son fils Maor à Khan Younis en décembre 2023, Sharon Eisenkot a demandé l’autorisation d’utiliser son sperme pour concevoir un petit-enfant avec une femme qu’elle choisirait. En juillet dernier, elle est devenue la première mère israélienne d’un soldat tué après le 7 octobre à obtenir cette autorisation, à la suite d’une décision historique rendue par le tribunal des affaires familiales d’Eilat. 

« La mère se met alors à la recherche de la partenaire idéale sur les réseaux sociaux ; cela devient un événement national », a expliqué Lavi. Sharon Eisenkot — sœur de l’ancien chef d’état-major Gadi Eisenkot, actuellement candidat au poste de Premier ministre d’Israël — s’est associée à The Stork, une plateforme israélienne de coparentalité et de mise en relation familiale fondée par l’ancienne députée de la Knesset Michal Biran, afin de trouver une future mère. 

Les messages partagés sur les réseaux sociaux présentaient le futur enfant comme un hommage à Maor et à son sacrifice. « Maor ne sera pas là pour le porter sur ses épaules, l’emmener à la plage, jouer au foot avec lui ou l’écouter raconter sa journée », pouvait-on lire dans l’un d’eux. « Mais cet enfant aura une mère. Ce ne sera pas une famille monoparentale, telle que nous la connaissons. Ici, il y aura un souvenir vivant et vibrant de Maor, raconté par ses ami·es et ses proches, ainsi qu’une famille aimante qui attendra cet enfant avec une immense nostalgie. » 

Le nombre de demandes était si élevé que The Stork a dû affecter trois standardistes uniquement pour répondre et gérer l’afflux de candidates souhaitant devenir la mère de l’enfant de Maor. 

« Nés pour être des soldats »

La fécondité est en baisse partout dans le monde, mais les Israélien·nes juifs/juives, avec une moyenne de 3,1 enfants par femme, affichent le taux de fécondité le plus élevé des pays de l’OCDE. Les familles nombreuses ultra-orthodoxes et sionistes religieuses expliquent en grande partie ce chiffre, mais même les Israélien·nes juifs/juives libérales/libéraux et laïques ont en moyenne environ 2,2 enfants — bien au-dessus de la moyenne de l’OCDE, qui est de 1,4. 

« Ce qui est propre à Israël, c’est l’idée que la fécondité ne relève pas seulement du couple, mais aussi de la société et, à une échelle encore plus grande, de la nation », a fait remarquer Hashiloni-Dolev. « En Israël, ce n’est pas la vie individuelle qui est sacrée, mais la pérennité de la collectivité. » 

Cette importance accordée à la continuité collective est depuis longtemps alimentée par des inquiétudes démographiques liées à la préservation d’une majorité juive face à des taux de natalité palestiniens tout aussi élevés — ce que Hashiloni-Dolev appelle la « guerre des utérus ». Depuis des décennies, le Premier ministre Benjamin Netanyahu et d’autres dirigeant·es israélien·nes présentent la fécondité palestinienne comme une menace stratégique pour le caractère juif de l’État, invoquant souvent dans ce contexte les millions de mort·es juifs/juives de l’Holocauste. 

À l’inverse, les taux de natalité élevés chez les Juifs/juives sont célébrés comme une victoire politique pour Israël. Lors de la cérémonie officielle de la fête de l’Indépendance d’Israël en avril dernier, le président de la Knesset, Amir Ohana, a énuméré une liste de « ce à quoi ressemble la victoire en Israël ». Parmi ses exemples : « 177 000 bébés né·es au cours de l’année écoulée ». 

Dans le même temps, l’investissement d’Israël dans la procréation juive contraste de manière frappante avec les conditions qu’il impose aux femmes palestiniennes en matière de santé et de vie reproductive. Cette guerre contre la fécondité palestinienne est particulièrement évidente à Gaza, où Israël a bombardé des maternités et des cliniques de fertilité, et où les fausses couches ont plus que triplé au cours du premier semestre 2026. Le siège continu des approvisionnements alimentaires et de l’aide humanitaire, ajouté à l’indisponibilité des soins prénataux de base et aux mauvaises conditions sanitaires, a également contribué à la baisse du taux de natalité dans l’enclave — en recul de 3,2% depuis le début de l’année. 

Mais en Cisjordanie aussi, les restrictions israéliennes à la liberté de circulation, les déplacements forcés, l’accès restreint aux cliniques de fertilité et les centaines d’attaques contre des établissements de santé depuis octobre 2023 ont perturbé les soins de santé reproductive. Il y a quelques semaines à peine, une Palestinienne enceinte a accouché d’un enfant mort-né et a failli mourir elle-même d’une hémorragie consécutive après que des soldats israéliens ont arrêté l’ambulance qui la transportait vers un hôpital de Naplouse. Au poste de contrôle, les soldats ont ordonné au conducteur de couper le moteur, privant ainsi d’alimentation électrique les équipements médicaux de l’ambulance. 

L’un des piliers qui soutient le taux de natalité des Israélien·nes juifs/juives est un système remarquablement généreux de prise en charge des traitements de fertilité. Israël réalise plus de procédures de FIV par habitant·e que tout autre pays et tire également sa fierté du « tourisme de la fertilit  », ce qui témoigne de l’infrastructure économique qui s’est développée autour de la procréation médicalement assistée. 

« La maternité de substitution est légale, la congélation des ovocytes est partiellement subventionnée, et le système de santé finance la FIV pour deux enfants par femme jusqu’à l’âge de 45 ans, quel que soit son état civil », a fait remarquer Mme Hacker. « Ce n’est le cas dans aucun autre pays au monde. » 

Dans le même temps, cependant, le système de santé publique souffre d’un sous-financement chronique et est négligé par le gouvernement, sans parler des autres restrictions pesant sur les soins gynécologiques. Comme l’a expliqué Mme Hacker, « les femmes subissent une forte pression pour avoir des enfants. L’avortement n’est pas gratuit : les femmes doivent passer par un comité religieux pour obtenir une autorisation. » 

L’ironie du pronatalisme extrême d’Israël réside bien sûr dans le fait que l’État ne se soucie guère du bien-être ultime des enfants juifs:juives, qui sont enrôlé·es et envoyé·es risquer leur vie dès quelles et ’ils atteignent l’âge adulte. « Les Israélien·nes considèrent les enfants comme faisant partie d’un collectif et comme étant né·es pour devenir des soldat·es », a expliqué Hashiloni-Dolev. 

Dans cette formulation, le PMSR est une forme de compensation, une réponse au risque inhérent à la citoyenneté militarisée. Comme l’a formulé Hashiloni-Dolev : « Nous ne pouvons pas vous promettre [que vous resterez] en vie, mais nous pouvons vous promettre la continuité. » 

Les défunts y consentent-ils ?

Dans la quasi-totalité des cas de PMSR en Israël, le prélèvement de sperme repose sur l’hypothèse que les défunts souhaitent perpétuer leur lignée génétique au-delà de la mort, mais sans leur consentement effectif. Comme l’explique Lavi, « la présomption juridique est désormais inversée : si le défunt n’a pas explicitement dit non, les tribunaux présument de plus en plus souvent qu’il a donné son consentement ». 

Pourtant, les recherches menées par Hashiloni-Dolev et Triger ont remis en cause le fondement empirique de la doctrine de la « volonté présumée ». Dans leurs études menées auprès de soldats israéliens, ils ont constaté que la plupart souhaitaient devenir pères, mais pas en leur absence. Une grande majorité de jeunes hommes étaient également consternés à l’idée que leurs parent·es interviennent dans leur reproduction après leur mort, ce que certains qualifiaient de quelque peu incestueux. 

D’autres études ont également révélé que 63% des soldats israéliens de sexe masculin s’opposent à ce que leurs spermatozoïdes soient utilisés à des fins de procréation après leur décès, tandis que la moitié d’entre eux s’opposent même à ce qu’ils soient utilisés par leur partenaire. 

Certain·es défenseur·e·s du PMSR ont insisté pour que la question du consentement soit résolue par la création d’une banque de sperme militaire ou en demandant aux soldats de signer des formulaires leur permettant de refuser le PMSR en cas de décès. Mais l’armée s’est opposée à ces propositions ; selon Triger, les responsables militaires estimaient que demander à des soldats de 18 ans de « penser à la mort » nuirait au moral des troupes. 

Hashiloni-Dolev se demande si un formulaire pourrait constituer un consentement valable en premier lieu. « C’est la même logique que d’envoyer des jeunes de 18 ans à la guerre », a-t-elle fait valoir. « Que savent-ils du fait de vouloir recourir au PMSR ? Les questions qui leur sont posées n’ont aucun sens ; le consentement est ici une notion abstraite. Ceux qui disent oui veulent simplement éviter que leurs parent·es soient tristes. » 

Depuis l’adoption de la mesure d’urgence après le 7 octobre, des débats animés ont eu lieu à la Knesset au sujet d’une législation visant à réglementer officiellement les PMSR. Parmi les propositions à l’étude figure un système permettant aux soldats d’enregistrer leurs volontés à l’avance, ce qui pourrait également autoriser l’utilisation de sperme à des fins de FIV sans qu’il soit nécessaire d’obtenir l’autorisation d’un tribunal. 

Les témoignages des parent·es endeuillé·es ont particulièrement mis en évidence l’intensité des passions autour de cette question. Évoquant son fils lors d’une série d’auditions, Nitza Shmueli a déclaré aux législateurs/législatrices : « Si je pouvais voler du sperme et aller en prison pour cela, j’accepterais sans hésiter une peine à perpétuité. » 

Une autre mère a déclaré : « Vous savez tous que c’est grâce à notre perte et au sang de nos enfants que vous pouvez vivre dans ce pays ». Un père s’en est pris aux législateurs/législatrices qui s’opposaient au projet de loi, en criant : « Allez à Gaza avec un mégaphone et dites aux soldats que s’ils meurent, ils n’auront pas de descendance. » 

« Ce projet de loi n’a pas été adopté à la Knesset parce que les partis religieux l’ont bloqué », a fait remarquer Hashiloni-Dolev. « Dans le judaïsme, il existe des lois contre la nécrophilie ; avec le PMSR, on tire une sorte de satisfaction d’un cadavre et cela concerne les organes sexuels. Bien sûr, ils n’ont pas non plus d’enfants qui meurent en tant que soldats. » 

Pour Lavi, cette impasse reflète une divergence plus profonde parmi les Juifs/Juives israélien·nes quant au caractère définitif de la mort. « Dans le sionisme libéral et religieux, surmonter la mort et le deuil devient une mission, tandis que dans la tradition haredi, on observe une acceptation tragique de la volonté de Dieu », a-t-il fait valoir. 

Pour Lavi, tout ce débat recèle une ironie encore plus profonde. « La normalisation du PMSR déconstruit le discours officiel ici, qui a toujours été que les Juifs/Juives glorifient la vie et que les Palestinien·nes glorifient la mort et le martyre. Il s’agit là d’une sanctification extrême des morts — c’est un mariage avec les morts. » 

Mme Hacker partage cette préoccupation. « Nous sommes en train de devenir une société morbide qui célèbre la mort de diverses manières, au lieu de célébrer la vie », a-t-elle déploré. « Je m’inquiète pour les jeunes veuves et les compagnes de soldats tués qui subissent des pressions de la part des familles des défunts pour qu’elles recourent à la FIV avec le sperme prélevé, au lieu de commencer une nouvelle vie tant qu’elles le peuvent encore. » 

Quand les enfants deviennent des symboles nationaux 

En juin dernier, la Dr Hadas Levy est devenue la première Israélienne, depuis le 7 octobre, à donner naissance à un enfant conçu par PMSR. « Jusqu’à la naissance du bébé, je pleurais encore Netanel », a-t-elle déclaré au Times of Israel, en référence à son fiancé tué à Gaza en décembre 2023. « Et maintenant, je peux me réveiller le matin et ressentir de la joie. » 

Alors que de plus en plus de familles demandent l’autorisation d’utiliser le sperme de soldats tués depuis le 7 octobre, de plus en plus d’enfants israélien·nes sont susceptibles d’être conçu·es de cette manière. Mais qu’adviendra-t-il de ces demi-orphelin·es, conçu·es dans le cadre d’un projet reproductif national et né·es en tant que symboles de la « continuité juive » ?

« Certains groupes [lors des débats à la Knesset] craignaient que les enfants ne soient objectivés et ne deviennent un mémorial », a expliqué M. Triger. Il a évoqué la littérature psychanalytique datant des années 1960 sur la notion controversée d’« enfant de remplacement » — un enfant conçu après la perte d’un autre enfant, qui peut avoir du mal à se forger une identité distincte de celle du frère ou de la sœur qu’il est censé remplacer. 

« L’idée qu’un enfant puisse servir de mémorial n’est donc pas nouvelle », a déclaré Triger. « Mais dans ces cas-là, il s’agissait d’une démarche privée ; dans le cas du PMSR, il faut recourir à la technologie et obtenir une autorisation judiciaire, [et] cette démarche est soutenue par le système. » 

Si le bien-être des enfants conçus par PMSR fait l’objet de peu de débats publics en Israël, le rôle de la mère dans ce projet de deuil national est lui aussi souvent négligé, considéré comme secondaire par rapport à la continuité de la lignée du soldat tué. Le prélèvement de sperme centre la lignée masculine, tandis que les femmes — veuves, compagnes, mères porteuses ou femmes qui n’ont jamais connu le soldat — assument le fardeau pratique, physique et émotionnel de la perpétuer. 

Comme l’a fait valoir Mme Hacker, la conception de la paternité défendue par le PMSR est profondément patriarcale. « La paternité est un rôle volontaire dont le but est de perpétuer sa lignée génétique. La maternité est une obligation. Cela réduit à néant tout ce pour quoi les féministes se sont battues pendant des décennies et cela nuit aux mères, aux enfants, mais aussi aux pères ». 

« Je ne pense pas que les personnes devraient avoir le droit de donner la vie sans être présents et sans être en mesure de s’occuper de leurs futurs enfants », a-t-elle ajouté. 

Pour l’instant, la société israélienne avance plus vite vers la normalisation du PMSR que ne le permettent les cadres juridiques et éthiques. Et tant que le consensus général sur la guerre éternelle restera intact, il est peu probable qu’une véritable réflexion morale s’engage sur la manière dont le prélèvement posthume de sperme contribue à maintenir un tel statu quo militariste. 

« La société israélienne et l’État ont négligé de se pencher sur la tragédie de la guerre, sur la manière de gérer le deuil, sur la manière d’éviter la mort. C’est tragique que nous en soyons arrivés là », a déclaré Triger. « Je ne juge pas les familles : je ne me suis jamais trouvé dans cette situation et j’espère ne jamais y être confronté » — un sentiment que toustes les expert·es interrogé·es par +972 ont également souligné. « Ma critique s’adresse à l’État. Je pense que créer l’illusion que la mort n’est pas la fin est un mécanisme qui justifie la guerre perpétuelle. » 


Nathalie Rozanes est une comédienne, autrice et créatrice de spectacles originaire de Bruxelles, qui vit actuellement à Jaffa-Tel-Aviv.


Traduit par DE

 

[photo : DW (YT) - reproduit sur https://entreleslignesentrelesmots.wordpress.com]

 



segunda-feira, 14 de setembro de 2026

Franc Bardòu publica un omenatge poetic a Catalonha e al Primièr d’Octòbre

Lo libre, paregut a l’ocasion de la Diada, es illustrat amb de fotografias de l’autor e rend omenatge al pòble catalan e al referendum d’independéncia

Escrich per  Ferriòl Macip 

Lo poèta Franc Bardòu ven de publicar Catalonha, t’ai somniada, una rejoncha bilingua occitan-francés dins la colleccion Votz de Trobar de las edicions Tròba Vox, jol numèro 74. Lo libre, format de poèmas escriches entre setembre e decembre de 2023 e illustrat amb de fotografias de l’autor sul patrimòni pirenenc, rend omenatge al pòble catalan e al referendum d’independéncia del 1r d’octòbre de 2017. 

Dins lo tèxt d’introduccion que dobrís la rejoncha, jol títol «Omenatge a Catalonha?», Bardòu explica que renóncia a bastir un omenatge exaustiu a Catalonha pr’amor qu’aquò o faguèt ja George Orwell. Çò que lo mena a escriure aqueste libre es mai que mai l’admiracion pel civisme democratic del pòble catalan lo 1r d’octòbre de 2017, qu’el considèra sense equivalent dins l’Occitània contemporanèa. L’autor opausa dirèctament aquela mobilizacion a çò qu’apèla la «disparicion gaireben certana» del pòble occitan, promés a l’esfaçament tant per la politica oficiala de l’estat francés coma per çò qu’el jutja èsser l’indoléncia dels quites occitans. 

Lo libre es dedicat a un grop de personas catalanas presentadas coma testimònis o actors d’aquela «gèsta civica e eroïca» del 2017, e tanben al musician Jordi Savall e a la cantatritz desapareguda Montserrat Figueras. 

Los poèmas de la rejoncha, escriches en occitan e traduches en francés per l’autor, tornan mai d’un còp sul subjècte «Ieu, t’ai somniada, Catalonha», coma un leitmotiv qu’a l’encòp invòca e interpèla lo país fraire. Evòcan lo pòble catalan «fait de pèiras vièlhas», las jornadas del Primièr d’Octòbre e la memòria dels que preparèron aquela consulta malgrat la repression policièra. Cèrts poèmas son precedits de citacions de l’ensagista Pau Valèri, extrachas de Regards sur le monde actuel et autres essais, sus la violéncia, lo drech e la politica. 

Segon lo tèxt de presentacion del libre, cada poèma evòca un pòble catalan «bastidor, insomés e, coma en 1936, organizat e autodisciplinat», mentre que las fotografias, totas de l’autor, remandan al patrimòni arquitectural catalan, en particular pirenenc. Lo tèxt precisa que las paraulas e los imatges vòlon bastir «un passatge assegurat sus la via de la fraternitat entre los pòbles sens estat», çò qu’es presentat non coma un gèst nèutre mas coma «l’arma de la paraula, l’arma de la volontat collectiva».

Franc Bardòu es un dels autors mai publicats de la colleccion Votz de Trobar, ont ja avián paregut d’autres títols sieus coma Fòc als uèlhs ai set de brasas, Lenga o Portals. Catalonha, t’ai somniada pòrta lo numèro ISBN 979-10-93692-82-1 e es disponible a las edicions Tròba Vox.

 

[Sorsa: www.jornalet.com]

domingo, 13 de setembro de 2026

Youssef M. Ouled: «El hombre racializado es visto como el riesgo potencial de cualquier sociedad moderna»

El periodista y referente antirracista Youssef M. Ouled desgrana en ‘La frontera del azar’ cómo el racismo institucional se manifiesta cotidianamente a través del control y la vigilancia de los cuerpos racializados.

Youssef M. Ouled, periodista, investigador y activista antirracista español.

Escrito por Sarah Babiker 

El periodista rifeño afincado en Madrid Youssef M. Ouled (Al Hoceima, 1993) lleva muchos años investigando el perfilamiento racial, la práctica policial de retener a personas en función de su raza. Antes de volcarse en la indagación sobre estas actuaciones racistas sistemáticas, Ouled las sufrió en su propia piel, como joven racializado residente en una ciudad europea que le recuerda siempre que puede su alteridad.  

Impulsor de AlgoRace junto a Paula Cáceres Guerra, organización que estudia los sesgos racistas de la IA y su rápida expansión en la industria del control migratorio, Ouled ha publicado durante este 2026 dos libros que tienen el racismo en el centro, Vivir contra el racismo. Progromos y violencia racial en España (Catarata), escrito junto a Silvia Agüero y Nicolas Jiménez al calor de la barbarie racista en Torre Pacheco, y La frontera del azar (Jande), una radiografía en primera persona de los mecanismos racistas que limitan y persiguen las vidas de las personas racializadas en el Estado español. 

En primer lugar, me interesa tu perspectiva antirracista sobre lo que está pasando en Ceuta. 

No se puede entender lo que está sucediendo en Ceuta sin hablar de colonialismo y racismo. Hablamos de colonialismo porque no es un territorio cualquiera, es un enclave que históricamente ha jugado un rol geoestratégico en la expansión imperialista, capitalista y de dominación del continente africano. Y hablamos de racismo porque se están poniendo en marcha todos los dispositivos materiales y retóricos necesarios para mantener ese statu quo, y eso pasa necesariamente por presentar a quienes son víctimas de un orden racial global como “invasores”, “violadores en masa” y “armas” en una supuesta “guerra híbrida”. Y ahí, el migrante deja de ser visto como alguien con derechos y dignidad, y se convierte en algo contra lo que se puede ejercer todo tipo de violencia social e institucional. 

Este año has publicado dos libros sobre racismo. Vivir contra el racismo y La frontera del azar, hay libros que parecen escritos más desde la urgencia, como respuesta también a la coyuntura, y otros que tienen algo más de balance, de retrospectiva. Parece que La frontera del azar es una retrospectiva personal y profesional sobre el racismo, un momento de sentarse y mirar atrás.

También es mucho más pausado, porque sí que es verdad que lo escribí en muy poco tiempo, pero ya lo tenía en la cabeza. El libro aborda lo que implica ser moro, ser leído como moro en el Estado español; lo que implica ser rifeño, que también tiene una implicación política fuerte; lo que es mi trayectoria como activista y por supuesto el rol que juega el racismo institucional en general, pero el racismo policial en particular, algo que desde 2018 he venido investigando: qué es el perfilamiento racial y qué implica sufrirlo personalmente. 

Entonces todo eso es un relato que lleva a la Frontera del azar, que juega un poco con esa idea: sí, hay cosas que están sujetas al azar, pero en realidad, el azar es una consecuencia de patrones programados que te condicionan.  

Ya en el índice, con capítulos encabezados por palabras solas, hay un afán de concreción, de aterrizar cosas y situarlas. ¿Qué te ha permitido esa estructura? 

Creo que eso lo he hecho ya por deformación profesional. Por esta lógica periodística de resumir un montón. También tiene que ver con las redes sociales. A veces buscaba un concepto que me permitiera desarrollar el capítulo, pero otras veces era el propio capítulo, una vez desarrollado, el que me remitía a ese concepto. Para mí también era una necesidad nombrar algunas cosas desde ahí. Además quería generar cierta curiosidad a quien lee el libro. 

El sistema instrumentaliza la lucha feminista para perpetuar su carácter racial y desactivar esta lucha lanzando un falso mensaje sobre una sociedad occidental igualitaria 

En términos de concreción, tú que hablas de cómo el género afecta de distintas maneras a la mirada racista sobre las personas, ¿qué opinas de lo que ha sucedido en Ceuta?

Hemos escuchado por activa y por pasiva que las agresiones sexuales han crecido en Ceuta, estableciendo una asociación interesada entre migración y violencia sexual. Pero nada promueve más esta violencia que el abandono y la desprotección institucional. No existe un patriarcado racializado, lo que sí existe es un racismo estructural e institucional cuyas consecuencia generan las condiciones para que las mujeres sufran la violencia patriarcal. 

Un ejemplo claro de esto es que la práctica totalidad de estas agresiones no las están sufriendo mujeres ceutíes blancas, sino las mismas mujeres migrantes abandonadas a su suerte en las calles de Ceuta durante semanas. Y además, muchas de esas agresiones están cometidas por personas que ya residían en Ceuta antes de la entrada extraordinaria, españoles y algún que otro europeo, según informaciones de Igualdad. 

No obstante, si algo ha sabido construir el poder racista a través de sus instituciones (policial, judicial, mediática...) es la creencia de que nada amenaza más los derechos de las mujeres que un migrante o una persona no blanca, de esta forma el sistema instrumentaliza la lucha feminista para perpetuar su carácter racial y desactivar esta lucha lanzando un falso mensaje sobre una sociedad occidental igualitaria. 

Hemos hablado mucho de género en los últimos años, pero poco de las masculinidades migrantes, de lo que implica ser un varón racializado en el espacio público.  

Fíjate, por otro lado, es verdad que se dice mucho que el perfilamiento racial, y la policial en particular es —yo mismo lo he dicho muchas veces— una forma de actuar que está muy centrada en hombres, pero eso no quita que se produzca sobre mujeres, de hecho se produce constantemente. Pero sí que es verdad que sobre los hombres racializados, esta práctica genera muchas más consecuencias.  

Desde mi punto de vista, por lo menos por lo que me he encontrado y por lo que es mi propia vivencia, se producen dos cosas: por un lado, la construcción del peligro social en cuanto al resto de la sociedad. El varón racializado es visto como el riesgo potencial de cualquier sociedad moderna y sobre el que hay una necesidad de actuar porque es un salvaje en esencia, como dice toda esta narrativa racista y colonial. 

Entonces, por un lado se construye una masculinidad no deseada, tóxica a la que vamos a civilizar a través de este tipo de mecanismos de control policial. Y luego también están las consecuencias a la interna. Vivimos en sociedades o en contextos donde el racismo es estructural y tenemos unas limitaciones como hombres racializados de poder hacer muchas de las cosas que el resto de la sociedad puede hacer con cierta normalidad, o más bien que el resto de hombres pueden hacer con cierta normalidad.  

Así, con la amenaza del perfilamiento racial se produce una especie de situación—esto no es una idea mía, esto es una cosa que también han desarrollado mucho James Baldwin y Houria Bouteldja cuando hablan del hombre castrado— que al final sientes que tienes una coacción o una limitación constante de tus movimientos, de tu capacidad de actuar, una humillación permanente en la vida pública, un señalamiento. Todo eso es perfilamiento. Esto, en cierta medida, genera un sentimiento de indefensión, como una huida hacia dentro, que creo que es lo que se busca en cierta manera. 

Además, esa amenaza que encarna el hombre racializado es flexible, plástica: lo mismo puede ser un invasor, un criminal o un extremista. 

El problema central es la lectura de nuestros cuerpos. En el sentido de que lo que ensucia el espacio es la presencia de determinados cuerpos. Esto lo dicen las compañeras Ainhoa Nadia Douhaibi y Salma Amazian, cuando hablan de la eugenesia, creo que al final es un mecanismo de limpieza, de pureza. Esto nos lleva también a la historia colonial y racial del Estado español, del reino de España.  

Quiero decir, el perfilamiento racial, si nos ponemos a pensar, es una práctica que vive precisamente de esa construcción de identidades racializadas que luego van a ser construidas como la oposición al ser español. Y entonces ahí el perfilamiento racial va a funcionar como un mecanismo de eugenesia total del espacio público. Y la normalización de eso es lo que permite que la sociedad asocie esa idea de suciedad con nuestros cuerpos y también que le parezca bien, que le parezca legítimo “limpiarnos”...  

De hecho parece que hay una especie de sentido común abierto a la limpieza étnica.

Sí, totalmente, un sentido común sibilino y supernormalizado. Se trata de un mecanismo —esto lo digo mucho— que tiene consecuencias,  no solo para los hombres racializados y las mujeres racializadas que lo sufren, sino para el resto de la sociedad, que aprende esa mirada, y cuando se olvida se le recuerda que hay un riesgo y que ese riesgo está personificado. No solo eso, sino que también las personas que sufrimos el perfilamiento racial lo asimilamos, lo aprendemos. Aprendemos que esto nos va a suceder y aprendemos a convivir con ello. En el mejor de los casos aprendemos herramientas para integrarlo en nuestra vida cotidiana. En otros casos creemos que el problema es nuestro. 

Entonces, se produce esa destrucción de nuestra integridad y de nuestra dignidad porque claro, a lo mejor es que no me he visto lo suficientemente de aquí. Pensar que a lo mejor es que hago mi cuerpo llamativo, que el problema soy yo, en vez de tener una conciencia de que el problema es que existe un racismo institucional que provoca estas prácticas.  

Este racismo institucional es estructural y es continuo, pero también tiene momentos de radicalización, como el que estamos viendo ahora. Pienso en el ICE pero también pienso en la Europa del PEMA. Hay cosas que al menos se podían disputar legalmente hace años, y van a dejar de ser disputables, se van a legalizar. Dentro de este balance, como periodista y como integrante de AlgoRace, ¿cómo describirías este momento en el que estamos? 

Creo que es evidente que estamos en un momento de colapso del sistema capitalista que es un sistema en contra de la vida. La simple lógica de cargarse todos los sistemas públicos a todos los niveles nos hace ver que lo que está en el centro no es la vida, ni los derechos, ni las libertades de las personas, sino el lucro de grandes compañías y de una élite económica. 

Y creo que, justamente, en esos contextos, es donde más se pone el foco en aquellos que están inferiorizados y que además han sido a lo largo de los siglos y de la historia utilizados como chivos expiatorios, o que sirven a su vez como respuesta a problemas estructurales, pero como respuestas emocionales. Quiero decir, para que lleguemos al momento en el que en Europa se haya aprobado un ICE a la europea, y se haya aprobado sin ruido, sin oposición absolutamente, tiene que haberse construido un sentido común, como mencionabas antes, que nos permita aceptar que hay que actuar así sobre las personas que migran. 

Lo que está planteando Europa ahora es literalmente cazar personas en situación administrativa irregular para su expulsión 

Ese sentido común lo ha impulsado de manera exponencial la ultraderecha. Directamente pone sobre la mesa la deshumanización y la existencia de una jerarquía a nivel de derechos. Pero realmente quien ha sustentado eso es ese racismo estructural que está ahí y que estaba ahí antes de que la ultraderecha fuera lo que es hoy. 

Para entender el ICE europeo, que es a través del reglamento de retorno, del reglamento de deportación, hay que entender el perfilamiento racial. Quiero decir, lo que está planteando ahora ese ICE es literalmente cazar personas en situación administrativa irregular para su expulsión. Y para encerrarlos en países fuera de la Unión Europea. 

Pero es que el perfilamiento racial ya forma parte de ese engranaje de represión migratoria, ya se usa para detectar personas en situación administrativa irregular, para encerrarlas en el CIE, para deportarlas. Y llevado a lo exponencial está el ICE europeo. Quiero decir que hay un contexto de auge precisamente de la supremacía blanca que no sería posible sin ese pozo estructural racista. 

Parece que hemos pasado de un ciclo de luchas por los derechos sociales a la prioridad nacional. 

Sí, total. Y además a todos los niveles: se empiezan a cuestionar una serie de principios —que no es que antes no se cuestionaran, pero que había ciertos consensos respecto a ellos— como los derechos del colectivo LGTBIQ, los derechos de las mujeres, el cambio climático… y ahora de repente pues todo está en suspenso, parece que no hay consenso respecto a nada. En esos contextos es donde van a perder siempre los que están más bajos en la escala. 

Creo que eso tiene mucho que ver también con los medios de comunicación y con las redes sociales, con esta sensación de que vivimos en un momento de riesgo constante. Vivimos asustados y no es una sensación falsa. Es verdad: no podemos pagar los alquileres, tenemos varios trabajos porque no nos da para llegar con uno solo...  quiero decir que hay una sensación de incertidumbre que responde precisamente a ese sistema en el que vivimos, que va en contra de la vida, y que en esos contextos es mucho más fácil que proliferen estos discursos y que asumamos que el problema es la familia migrante que vive en el barrio y que ya ni se puede alquilar una vivienda y no el fondo de inversión que ha comprado todo el edificio.  

El sistema colonial antes no tenía la IA a su servicio. Me parece muy interesante, en este sentido, que tú le dedicas un capítulo a abordar por un lado lo automático,  y por otro lo aleatorio.

Hay colegas y compañeras investigadoras que hablan de cómo la lógica del algoritmo es algo que lleva mucho tiempo entre nosotros. Incluso hay estudios que hablan de cómo en las plantaciones había sistemas escritos algorítmicos de contabilización de la producción de algodón o de la mano de obra esclavizada. Lo que hacen  estas nuevas tecnologías es automatizar precisamente todo esto. 

Y cuando se automatiza se le da ese cariz que tú estás mencionando de: es que es una máquina, y las máquinas son objetivas, son neutrales, no se pueden equivocar porque son matemáticas. Pero la ciencia también está tomada desde un punto de vista muy eurocéntrico y muy blancocéntrico. 

En este caso en concreto, nosotros lo que vemos es que al final la IA o los sistemas algorítmicos, la forma en la que se están integrando en nuestra cotidianidad es como una sustitución de las actuaciones humanas, pero permaneciendo todo lo demás. 

Es decir,  ya no es el agente de policía o el oficial el que dice: “Vamos a patrullar en determinado barrio”, sino que es un sistema algorítmico que dice: “Hay que mandar todas las patrullas a ese barrio porque hay una mayor criminalidad”. Pero a lo mejor no es que haya una mayor criminalidad, es que lo que hay es una mayor hipervigilancia sobre determinados perfiles. 

Además lo vemos muy claramente cuando entendemos que estos sistemas en su mayoría, se entrenan con datos que han sido previamente recopilados por las propias instituciones, con sus sesgos. Entonces, van a acabar reproduciendo los mismos patrones institucionales. Por no hablar de todo el tema de la IA a nivel de extracción de recursos y las consecuencias que tiene en el sur global, cómo los desechos de las tecnologías se expulsan a los países del sur global, el impacto medioambiental que tiene la IA en estos países. Entonces claro, la IA y los sistemas de algoritmos e inteligencia artificial sirven como una reproducción de patrones, pero también de lógicas de extracción y producción de capitales que benefician a unos pocos y tienen consecuencias enormes sobre los mismos de siempre. 

Y lo peor de todo es que los marcos que se están construyendo normativos —el reglamento de retorno, este ICE europeo— plantean la posibilidad de utilizar todo tipo de sistemas de IA, incluso biométricos y de monitorización, para mantener a la industria de control migratorio. El resultado son multinacionales que se van a llevar enormes cantidades de dinero, ámbitos policiales que van a ser dotados de mayor presupuesto para el desarrollo de estas tecnologías que están en marcha y una monitorización constante de las personas. 

Monitorización que los reglamentos de IA europeos prohíben sobre la población europea en general, pero permiten sobre la población migrante en particular. Sin olvidar que una vez que algo esté instalado acaba volcándose sobre toda la sociedad.  

Es su proyecto de mundo. Por lo que a ti respecta, además de todo lo que has aprendido sobre lo difícil y desafiante que parece todo, en estos tiempos, ¿qué aprendizajes rescatas del lado de la resistencia, los activismos, las alianzas?

Yo creo que hay cosas positivas, por ejemplo, en el tema del activismo, creo que se ha avanzado mucho, hay una mayor conciencia social y creo que en cierta medida —igual que ha pasado con el feminismo—, esta ola reaccionaria tiene mucho que ver con cómo han avanzado las luchas antirracistas a nivel global.  

En el sentido de que se empieza a generar una mayor conciencia y se empiezan a tener debates acerca del pasado colonial, del racismo institucional que hasta hace pocos años era una palabra que molestaba o que generaba dudas, como el concepto de racialización. Creo que también esta ola reaccionaria es una respuesta precisamente a esas luchas. 

Creo que eso es una lanza en favor del movimiento antirracista en abstracto que ha conseguido de alguna forma poner en el centro esto. Lo hemos visto con la regularización extraordinaria, y cómo ha puesto sobre la mesa la existencia de leyes que directamente institucionalizan el racismo. 

Luego, por otro lado, creo que también una de las cosas más positivas que he aprendido todos estos años es que cuando se ha conseguido hacer frente, en este caso, al racismo policial, ha sido cuando la gente de los barrios se ha unido. Estoy pensando, por ejemplo, en ese barrio donde las vecinas y los vecinos están cansados de los controles policiales y de repente empiezan a montar grupos de vigilancia de la actividad policial,  porque esto rompe la lógica del perfilamiento racial. 

Una de las cosas más positivas que he aprendido todos estos años es que cuando se ha conseguido hacer frente, en este caso, al racismo policial, ha sido cuando la gente de los barrios se ha unido 

Ya no es el agente parando, controlando, deshumanizando, humillando a una persona que no le importa a nadie, sino vecinas y vecinos poniendo los ojos en esa persona y diciéndole al agente: “Estamos controlando que la tratas con dignidad y con derechos, porque es nuestra vecina, esa persona es nuestro vecino”.  Entonces, claro, te das cuenta de que realmente el cambio o la capacidad de transformar eso siempre surge de la organización de los barrios, que ese potencial está ahí. 

Y luego respecto de la IA, pues un poco te diría lo mismo, ¿no? Una de las razones por las que pusimos en marcha AlgoRace fue porque el debate sobre IA y racismo era inexistente. Sí que es verdad que se hablaba de cómo los sistemas de IA en general estaban suponiendo un riesgo para las personas migrantes pero no había una idea, una concepción muy clara de hasta qué punto amplifica el racismo o mantiene el racismo desde la automatización. 

Y creo que ahora mismo hay una mayor noción, no por el trabajo que haya hecho AlgoRace únicamente, sino porque al introducir esa perspectiva pues se permiten otros tipos de debates y de entendimientos. Tenemos una capacidad de producir cambios en la mentalidad y también de hacer de contrapeso a quienes tienen mucho poder que son las propias instituciones del Estado.  

Es interesante el viaje que haces de lo personal a lo político en el libro, ese final en el que escribes como hijo y como padre. Empecemos por lo primero: ¿por qué era importante para ti escribir como descendiente de una cultura como la del Rif?

La verdad es que cuando empecé el libro no tenía la intención de hacer esto. Sí que es verdad que el relato es bastante personal. Cuando lo he leído, ya meses después, me ha sorprendido a mí mismo porque no suelo escribir desde lo personal yo, por lo menos no de forma tan visible. 

Pero sí que es verdad que a medida que iba escribiendo sentía la necesidad de explicar, o sea, no de explicarme, sino de hablar desde lo personal, porque creo que es desde ahí desde donde muchas veces se entiende lo que queremos transmitir. El capítulo de mis padres es muy crudo porque yo le estoy hablando a mi gente. 

Yo les estoy hablando a esos chavales y a esas chavalas que sienten que tienen un problema ellos y ellas porque el sistema de integración les hace creer que son un problema y que si no se adaptan es porque no quieren, cuando es el sistema racista quien impide que formemos parte. Entonces, claro, para mí darle la vuelta a eso y explicar mi proceso —que ha sido de muchos años— señalando de dónde surge, era un acto obligatorio. 

Respecto a mis padres, son los que han colocado los cimientos, ellos vinieron en una época donde no tenían las herramientas que tenemos nosotros para confrontar el racismo. Hablo también a quienes vienen después, a mi hija en este caso, porque creo que no engañamos a nadie si decimos que nacer aquí no te hace de aquí. Por eso hablo en el libro de una pertenencia nominal porque, incluso al pueblo gitano, le llevan 500 años señalando que no es de aquí, que no se integra, que no son parte. 

El racismo es un monstruo muy difícil de vencer porque es un sistema. No es una serie de ideas y ya está, es un sistema que está bien instaurado y engrasado. Así que intento explicar a esas generaciones que vienen que eso va a estar ahí, que esto nos va a pasar y que lo que tenemos que hacer es encontrar la forma de tener las herramientas para confrontarlo. Para mí ese era un cierre obligatorio después de escribir todo el libro.  

A veces, también, cuando pensamos en preparar a las niñas y niños para el futuro, siento que hay una pulsión para la evitación del dolor. ¿Cómo pensar el mañana no solo desde el dolor sino también desde la alegría por quiénes son?

Claro, de hecho esos capítulos es verdad que están escritos como desde el dolor pero también desde la reivindicación de que nosotros, —y cuando digo nosotros me refiero a las personas racializadas— también somos personas que aman, que lloran, que ríen, que somos bellos.  Y también  hablo desde la necesidad de encontrar esos espacios en los que puedas sentirte no a gusto, porque sabemos que eso es una quimera, los espacios seguros no existen realmente. Pero sí un espacio donde se puede de alguna forma sentirse entendido y a su vez tener una red, porque creo que esa red es la que nos permite seguir adelante y desde ahí confrontar.  

Al final tú puedes tener todas las personas racializadas que quieras en clase, pero si no resuelves todos los problemas raciales que existen, pues los chavales lo van a seguir pasando mal 

Y también porque, claro, también te digo una cosa, a mí me hubiera gustado escribir sobre cualquier otra cosa. Yo siento que el racismo nos quita la vida, no en el sentido literal sino que al final el racismo nos obliga a hacer, decir y posicionarnos sobre cosas que a lo mejor no nos apetece o no queremos. Y estoy pensando, por ejemplo, también en Lamine Yamal.  

A ningún otro chaval de la selección española se le exige lo que se le exige a este chaval de 19 años, por el simple hecho de ser negro y musulmán. A lo mejor a él pues le gustaría que se le viera de otra forma y hablar de otras cosas, pero se ve obligado a no dejar de reivindicar que es musulmán y se ve obligado a hacer cosas que a otros chavales blancos no se les exige. A mí me hubiera encantado, y espero más adelante poder escribir sobre otra cosa, pero en este momento de mi vida me parecía urgente abordar la cuestión del racismo porque literalmente nos está matando.  

Te hago una última pregunta en ese sentido: en nuestras escuelas, había poca gente racializada en clase, pero a nuestras hijas no les pasa esto. Podríamos acomodarnos y pensar que si hay pluralidad en las aulas va a haber un cambio. Pero luego piensas en Francia, piensas en Estados Unidos, donde hay esa diversidad racial, y eso no se ha traducido en igualdad, al contrario. 

Yo creo que al final, en realidad, esa diversidad no se utiliza en el sentido de crear espacios donde haya un mayor reconocimiento de la misma, sino que en el mejor de los casos —y lo vemos en otros ámbitos— pues es simple tokenismo o la famosa multiculturalidad, pero sin reconocer la existencia del otro. 

Al final, tú puedes tener todas las personas racializadas que quieras en clase, pero si no resuelves todos los problemas raciales que existen, pues los chavales lo van a seguir pasando mal. España es uno de los países con más coles gheto de la OCDE. Existen coles donde los padres y las madres no llevan a sus hijos porque hay muchos negros y muchos gitanos o muchos moros. 

Luego también tenemos en los coles —empezó en Cataluña y se ha extendido a otros lados— protocolos de vigilancia del alumnado musulmán. Por mucho que tú tengas diversidad en esas clases, te la estás cargando, porque hay alumnado musulmán que sabe que eso existe, y no está actuando en libertad. Se siente vigilado y coaccionado todo el rato. 

Lo que me he ido encontrando en todos estos años familias que sufren acoso escolar racista, lo que te encuentras es que a pesar de que son centros que tienen una alta presencia de alumnado racializado, resulta que cuando se da un caso de acoso racista se invisibiliza, se niega, se minimiza y no se toma con toda la importancia que implica el racismo a esas edades. 

Entonces, pues sí, es importante sentirte reconocido y acompañado por otras personas que son diferentes, según esta lógica. Pero claro, si todo lo demás permanece, al final no hay ese crecimiento en igualdad de condiciones y derechos.

 

[Foto: Álvaro Minguito - fuente: www.elsaltodiario.com]