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sábado, 8 de abril de 2023

Francotirador dormido

 

Escrito por  Claudio Ferrufino-Coqueugniot 

Un poco de ska. Emily me ha cocinado pollo al curry. Pongo ajíes guindilla en el plato. Voy a comer en un rato. El invierno no ceja, van siete meses de frío ya. Cada año que he pasado era “mi último invierno”. Aquí sigo, treinta y tres años después, feliz pero crucificado. Mi amigo Frank escribe desde Santiago, va camino de Valparaíso. Sugiero sopa marinera, blanca y con limón, donde destaca el carmesí de los erizos. ¿Cuándo era, 1978? En el seco puerto de Arica, en el mercado, luego de noche de putas ¿o después? Mucho después, en el tiempo en que el sexo ajeno era pecado y tenía castigo del dios en las nubes. Me acuerdo de los erizos, lápices de labio hundidos en el humeante caldo. Boquitas pintadas boquitas quemadas.

Luego veré noticias, el tableteo de las ametralladoras y volveré a Chaïm Soutine a quien me ha recordado un blog interesante. En París pensaba en él, quería la maldición de Soutine, quería la rabia de las reses desolladas. Mis veleidades judías y malditas. En el estudio de ADN que me regaló mi hija anotan un mínimo porcentaje de ashkenazi en mi sangre. Parece que ese ignoto antecesor es el de mayor nostalgia. Me lleva a Odessa, me hace comprar pan de Berdichev. Cambiaré el ska por klezmer, dadas las circunstancias. La soledad lo permite, puedo moverme como el pez que soy y jugar al desaparecido. Antes, El choclo, en voz de Ángel Vargas, para conceder a la lágrima su espacio diario y diurno. Que de noche no lloro, voy atento a los cuchillos, tengo ojos en las espaldas y Polifemo en frente, y acaricio el pomo de un puñal que si no mata por filo lo hará por herrumbre. Ya estás viejo, me aconsejo, deja esas lides melodramáticas y ponte a escribir en serio. Pronto ya ni podrás bailar, y tu carne solo será de misionero abajo. Sentado, muevo los brazos en tango. No lo bailamos, ni tú ni ella ni tampoco.

Me detengo ahora, el aroma de comer ha ocupado el aire. Abriré una especial botella de Göller, Weisse, cambiaré el vaso de mano a mano para creer que somos dos.

Navego las redes, bajeles virtuales. Cuatro películas al mismo tiempo y al menos dos series. Estoy con Hungría rural; con la puesta en cinematografía de La aldea, de Iván Bunin, que leí en mis veintes; también imágenes del trío amoroso del mismo Bunin con esposa y amante, desvestido brutalmente en un tren por guardias nazis: “Soy un Nóbel laureado”, gritaba. Poco importan palabras a las bestias. Por último, un film coming of age rumano, con esa melancolía comunista del oriente de Europa, donde lo nostálgico tiene un tinte de esperanza y la pobreza es rampante. El ejemplo es Do you remember Dolly Bell?, de Kusturica. Tal vez por venir de otra sociedad pobre lo comprendo y lo encarno.

De la ventana observo pasar gente con ojos de matador de Dallas. Retorno al ska; el klezmer trajo mucho gris. Me propongo desde hace mucho ir al lugar de nacimiento de Scholem Aleichem, en el oblast poltavo, entre otras cosas como pasar noches en Mirgorod, a ver si entre turistas reconozco los demonios de Gogol. Otra vez, penar y el desasosiego de masacre ashkenazi. Kafka miraba a sus congéneres del Este con mirada de extraño. Violines gitanos en fiestas hebreas. Podría ser Moldavia. O Uzhzhorod. Sobre los Cárpatos cae el rocío. Llanto de niños y carcajadas de voivodas.

Espero el correo. Me tiene que llegar un disco compacto titulado Canciones de muertos. En una compilación del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH). Muero por ver las sorpresas de aquel mundo que conozco tan bien pero cuyas tumbas nunca dejan de destaparse, en cualquier códice o en un corrido de destripados de Chalino. Puebla de los Ángeles, Cholula, la monumental Coatlicue con sonrisa de colmillos. Vida y muerte. “No que sea yo chingón porque hice eso, pero no soy monaguillo”, me está diciendo en el teléfono Gabriel. Azotan a los deudores, sagrada deuda de hielo. Con cables eléctricos. Dibujan una línea roja sobre la piel y luego la carne se va abriendo con lentitud, sonriendo. Otra vez Coatlicue, de nuevo Chalino Sánchez. México lindo y querido, he de morir muy lejos de ti. No camino de Michoacán, no; tristeza de los purépechas.

Una cavalcata sarda suena. Giro como trompo por los vértices de mi vida. En cada punto se aguza el asombro. Por el cielo no vuelan machos cabríos sino olores agrarios. La luna tiene que ser lawa de choclo, con quesillo fresco y ají colorado. El paraíso, picante de pollo; el infierno, choricillos tarateños. En un sótano bar de la calle de Lev Tolstoi devoro pausado media docena de chorizos y también arenques fríos. En silencio. Nadie se me acerca, nadie me habla, ceño del francotirador. Bebo cerveza en un largo vaso, sueño con los dedos largos de Anastasia cuando mirando el mar Negro me habló de Eisenstein.

Corto el pan de Berdichev, sólido como ladrillo. Qué bien vendría pasta de hígado. Así comíamos con mi padre. Llegaba con pan negro alemán y lo untábamos con pasta. Y madre traía té con humo incluido. Sardos; Cristina, cuyo marido lo es, cuenta de lo magnífico del mar allí. Del acordeón rural y los pífanos. Se me acabó la Göller. Sigo con agua color de vodka. Miro por el ventanal de la terraza y el peatón que habla en celular no sabe cuán cerca pasó de las pupilas de la muerte.

Quiero seguir escribiendo pero tengo ropa a lavar. Me quito los zapatos, parece que el correo tardará, husmeo cine nuevo y separo una película paraguaya sobre Cerro Corá. Asunción de tierra roja. Compré un tipoy azul y lo llevé hacia el sur de Germania, azul de Jawlensky, azul de Gabriele Münter, de mujeres de Van Dongen, de noches en que las vulvas se transformaban en suculentos erizos rojos, crepúsculos de sol ahogado en mar brilloso.

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[Imagen: León Bakst, 1914 - fuente: lecoqenfer.blogspot.com

sexta-feira, 18 de novembro de 2022

La scène israélienne du jazz est éclectique et multiculturelle

Écrit par Rebecca Steiner

La scène du jazz actuelle a une sonorité et une culture très différentes de celles qu’elle avait à ses débuts. Actuellement, c’est principalement le jazz ethnique, qui combine plusieurs traditions musicales, qui est en vogue au niveau mondial. Israël est devenu l’un des plus importants producteurs de jazzeurs internationalement connus, ce qui est absolument remarquable vu la taille du pays. Par ailleurs, Israël a également développé une culture et une communauté de jazz ethnique spécifiques.

Avant les années 90, Israël était pratiquement inexistant sur la scène de jazz mondiale, mais aujourd’hui les musiciens de jazz israéliens ont intégré la musique multiculturelle de leur pays et ils se produisent pratiquement chaque fois qu’il y a un concert de jazz.

Liad Mor, un bassiste qui vit actuellement à Tel-Aviv, estime que le jazz en Israël incarne « la rencontre entre l’orient et l’occident ». « Nous écoutons le jazz américain et européen et apprenons à y incorporer les influences israéliennes ».

« Les musiciens de jazz israéliens n’hésitent pas à mixer les influences », déclare Liad Mor. Ailleurs, « les sons ne sont pas systématiquement mixés mais plutôt agrémentés d’influences historiques, alors qu’en Israël nous faisons en quelque sorte un tronc commun ». Cela n’est pas toujours délibéré, c’est souvent le résultat « d’une autre manière de voir à la fois l’histoire et cet extraordinaire héritage musical dont les musiciens ressentent et jouent les rythmes de manière différente, ce qui conduit à un mélange original et absolument unique des sonorités ».

                                                                                              Le musicien de jazz Liad Mor - photo privée

La structure des compositions modernes « reste encore académique en Europe. À la Nouvelle Orléans et à New-York, la tradition est reine, mais dans le creuset multiculturel qu’est Israël les jazzeurs ne se sentent pas tenus de se calquer sur les structures de l’histoire du jazz avec son long cortège de traditions », explique Liad Mor.

Jazz avec des influences égyptiennes et libanaises

Une partie du jazz israélien est, par exemple, « un mélange de jazz moderne et de jazz classique avec des influences égyptiennes et libanaises. Le jazz classique est réinterprété en Israël. De nombreuses personnes étudient la musique en dehors d’Israël et, quand ils reviennent, ils mélangent les sonorités qu’ils ont étudiées avec les sons de leur enfance ». Certains musiciens israéliens combinent même jazz et klezmer, une tradition musicale instrumentale des Juifs ashkénazes d’Europe centrale et d’Europe de l’Est.

Un groupe de jazz israélien illustre particulièrement bien le rôle exceptionnel du pays sur la scène mondiale : le quartet Nigoun, qui joue des mélodies ‘hassidiques qu’il combine avec la musicalité du jazz. Le groupe est composé de quatre musiciens professionnels.

« Le Nigoun est un « terme qui sert à se référer aux chants religieux juifs et aux airs qui y sont liés. C’est une forme de musique vocale, souvent sans parole », explique Polina Fradkin, la manager du quartet Nigoun.

                                                         Le quartet Nigoun - photo : Gilad Bar Shalev

La musique du quartet Nigoun « est un mix d’improvisation et de complexité rythmique et harmonique intégrant des mélodies simples et répétitives qui invitent le public à participer en chantant ». Le quartet, qui s’est déjà produit en Europe, en Amérique et en Israël et dont les concerts se jouent à guichets fermés est devenu célèbre car « il transporte de vieilles mélodies répétitives à un échelon supérieur dans le monde du jazz », ce qui est « révolutionnaire », déclare Polina Fradkin. « Ils font une chose qui n’avait jamais été faite auparavant ». Effectivement, cette combinaison n’avait encore jamais existé dans le monde du jazz.

« Les gens aiment notre musique »

Les réactions du public sont extraordinaires. « Voilà un groupe de jazz ouvertement ultra-orthodoxe qui joue un jazz de fou », explique Polina Fradkin. « Quand nous nous produisons hors d’Israël, le public est principalement composé de non-Juifs. Nous vendons plus d’albums à l’étranger qu’en Israël. Les gens aiment ce que nous leur proposons ».

Le public israélien est le meilleur reflet de la société israélienne : « Les gens s’immergent dans notre musique, on voit autant de Juifs religieux que de laïcs. Chaque spectateur aimant de tout son cœur et de toute son âme la belle musique se sentira connecté à ces sons ».

« La mission du quartet est l’authenticité », ajoute Polina Fradkin. Peut-être est-ce la raison pour laquelle le succès mondial du groupe est incroyable. Le quartet s’est déjà produit au festival de jazz de Jérusalem, au festival de musique klezmer de Safed, au festival Israel Music Showcase, au festival Zsido Kulturalis de Budapest en Hongrie et au festival de musique juive de Thuringe en Allemagne. Dans deux semaines, il part pour Paris et Montpellier, où il se produira lors du festival de jazz N’Klezmer ; ainsi que pour l’Allemagne, où il jouera les têtes d’affiche pendant le festival de musique d’Usedom.

                                     Le jazz israélien est très varié et multiculturel - photo : Danielle Shitrit

Beit Haamudim, un club de jazz à Tel-Aviv, considéré par Business Insider comme l’un des onze meilleurs clubs de jazz du monde, a également invité le quartet et le bassiste Liad Mor à se produire à plusieurs reprises. « Tout comme dans la branche du high tech, Israël montre au monde que sa branche artistique est extraordinaire et qu’elle introduit une nouvelle perspective en matière de créativité », déclare Liad Mor.

Seul un pays très spécial peut associer l’art classique et les influences multiculturelles, exerçant par là une influence majeure au niveau mondial.

Vous pouvez écouter la musique du quartet Nigoun en cliquant sur : Spotify et la musique de Liad Mor en cliquant sur : Spotify

 

[Source : www.israelentreleslignes.com]

segunda-feira, 11 de outubro de 2021

The soul of klezmer – Rêve et Passion

Écrit par Soeuf Elbadawi

La fabuleuse épopée d’une musique qui a su partager ses angoisses entre l’Europe et l’Amérique du nord, sans renoncer une seule fois à ce qui fonde son essence juive. Musique de mariages dans l’Europe de l’est, qui rapproche dans une bonne partie de son histoire Dieu et les hommes sous l’influence des synagogues et des chants hassidiques, tout en se rappelant au monde par ses capacités d’ouverture par rapport à d’autres univers sonores, du classique au jazz en passant par le blues et les mélopées tziganes. Plus d’un vingtaine d’artistes sont conviés sur ce double album. Entre les Anciens et les Modernes règne une émotion sur laquelle transparaît le bonheur d’un peuple. Car la musique Klezmer symbolise entre autres particularités des moments heureux, bien qu’elle traîne toujours derrière elle le poids de l’Histoire… Le compositeur russe Dmitrij Shostakowitsch la résumait en ces mots: « Elle est riche en facettes, peut sembler gaie et en réalité être profondément tragique. Il y a presque toujours un sourire à travers les larmes ».

L’intérêt du projet Network est qu’il ne se résume pas à définir le genre. Il nous permet aussi de voyager. De l’époque des « Shtetlekh » (nom donné à des quartiers juifs en Europe de l’est) à celle des mélanges difficiles mais possibles, de Berlin à New York, des formations intimistes aux super big bands, des maîtres aux plus jeunes, des instruments aux voix, l’anthologie n’oublie personne ni aucune note au passage. Naftule Brandwein, Dave Tarras, New Orleans Klezmer, Klezmorin, Ava Gold… Et que sonnent les violons, clarinette et accordéon suivent en mesures. Plus de deux heures de musique, avec un très bon livret qui la resitue dans un contexte historique. En 1802, quelqu’un en Ukraine aurait commenté cette musique à la sortie d’un mariage en disant que chaque son lui « transperçait l’oreille comme une flèche ». Il n’avait pas tort. C’est une musique qui vous embarque par les tripes. Spontanée, énergique ou tendre, elle reste toujours chaleureuse.

[Source : www.chronicart.com]

quinta-feira, 22 de agosto de 2019

«Bella Ciao», esa tonada judía que vino de Nueva York


Músicos judíos tocando klezmer. 

Publicado por Karlos Zurutuza

Judío de cuna, gitano de sangre y cristiano de fe: así era Mishka. Un tipo de aquí y de allá, un ser tan extemporáneo que ya tocaba el «Bella Ciao» décadas antes de que el mundo lo descubriera.
Llegamos a él a través de Fausto Giovannardi, un inquieto ingeniero italiano que, de tan inquieto, se hizo con un CD con el título: Klezmer, música swing yiddish en un puesto del barrio latino de París. La adquisición se produjo en junio de 2006, pero al ingeniero le llevó unas semanas escucharlo. Lo hizo en el coche, camino del trabajo.
—De repente, sin darme cuenta, empiezo a cantar. ¡Era la música de «Bella Ciao»! Me detengo y leo el título: «Koilen (3′.30) – Mishka Ziganoff, 1919»—, explicaba Giovannardi a un corresponsal de La Reppublica. Que una tonada judía de principios del siglo XX hubiera viajado desde los confines del mar Negro a Estados Unidos para volver a Europa convertida en un himno antifascista le pareció más que intrigante. ¿Pudo haber sido un emigrante italiano a su regreso de Estados Unidos?
Con el CD en el bolsillo de su chaqueta, Giovannardi se pone manos a la obra.
Un profesor de la universidad californiana de Berkeley le explica que la melodía de Koilen tiene un distintivo sonido ruso, y que tal vez tenga su origen en una canción popular yiddish. La Biblioteca Británica de Londres confirma que Mishka Ziganoff era un judío procedente del este de Europa, y que la tonada en cuestión era una versión de la canción yiddish «Dus Zekele Koilen», «Una pequeña bolsa de carbón», de la cual existen al menos dos grabaciones anteriores.
Entre viaje y viaje, entrevista y entrevista, Giovannardi se va dejando llevar por los acordes del klezmerun género musical tan fascinante como poco documentado. ¿Qué interés podía tener lo que tocan un puñado de judíos y gitanos analfabetos a orillas del mar Negro frente a nuestros Debussy y Rachmaninov? Mírenlo desde el ángulo opuesto: la autocomplacencia academicista de los tardorrománticos poco o nada podía hacer contra la tradición de la Europa más oriental; esa que bebe de dacios, tracios y romanos; de búlgaros, polacos, húngaros, serbios, turcos, y hasta de gagauzos o rutenos. Añádanle a eso una hilera interminable de carros repletos de gitanos y judíos, y podrán escuchar clarinetes y violines que imitan desde tormentas hasta voces humanas, risa y llanto incluidos. Eso es el klezmer.
Llegados a este punto, las neuronas de nuestro ingeniero se bañan ya en las aguas del mar Negro sin tan siquiera haberse acercado a su orilla. Enseguida descubre que el término klezmer procede de las voces hebreas kli («instrumento») y zemer («sonido» o «canto»). También que la emigración masiva de judíos centroeuropeos durante la segunda mitad del XIX y, sobre todo, la de aquellos que escaparon o sobrevivieron al Holocausto en el XX, convirtieron a Estados Unidos en Meca y cuna de esta manifestación musical que se remonta al siglo XVI.
De Cornelius Van Sliedregt, músico de la banda holandesa KLZMR, Giovardinni recibe la confirmación de que Koilen fue grabado por un tal Mishka Ziganoff (también Tziganoff o Tsiganoff) en Nueva York, en octubre de 1919.
Un momento: ¿puede ser judío alguien llamado Ziganoff («hijo de gitano»)? Es Ernie Gruner, líder de la banda australiana Klezmer, quien explica al ingeniero que Ziganoff era un acordeonista gitano cristiano. Nació en Odessa (actual Ucrania) y abrió un restaurante en Nueva York; hablaba yiddish perfectamente.
Antes de seguir, hagamos un inciso para hablar de una lengua que es pura fantasía. Su cuerpo es alemán medieval en un 70 %, con el resto repartido entre vocablos hebreos, eslavos e incluso arameos. Sepan que Ludwik Lejzer Zamenhof construyó el esperanto sobre la gramática de su yiddish materno, el mismo que Isaac Asimov olvidó al poco de pisar a Estados Unidos, o el que Woody Allen o Leonard Cohen no llegaron a heredar de sus padres. Pero sigamos con la música.
El carácter tradicional del klezmer entra en declive tras el contacto con las nuevas corrientes al otro lado del Atlántico (recuerden que el CD de Giovardinni incluía el swing en el título), pero el alma askenazi sigue rezumando en la obra de compositores judíos de cierto éxito como Leonard Bernstein o Aaron Copland. Es más, los expertos dicen que el clarinete que abre la «Rhapsody in Blue» de Gershwin es inequívocamente klezmer. Al mismo tiempo, compositores no judíos recurren a ese baúl lleno de tesoros musicales. El propio Sostakovich decía admirar su capacidad para «armonizar el éxtasis por la vida y la desesperación humana en una sola pieza».
Hay que esperar hasta la década de los setenta a que se produzca un auténtico revival, cuando el klezmer se vuelve a reivindicar como un organismo con vida propia. A partir de los ochenta, un nutrido grupo de bandas (Brave Old WorldHot PstromiThe Klezmatics…) vuelven a sus orígenes más orientales, resucitando piezas tan decimonónicas como atemporales. La fusión musical de los noventa acaba cruzando esos violines y clarinetes con todo el espectro musical; avant-garde-jazzdrum & basstrip hop… y otras etiquetas inútiles para poner puertas a un campo tan infinito como el de la música.
Volvamos ahora a «Bella Ciao». Las teorías sobre su origen son múltiples, pero no demasiado variadas. Todas giran en torno a posibles autores italianos de más arriba o más abajo de la bota: de Módena, de Ferrara, de Catania… Que si se escribió antes o después de la guerra; que si era una canción anterior al mundo campesino… Venga de donde venga, hablamos de un tema folk que se convirtió en himno antifascista durante los estertores de la Segunda Guerra Mundial. Se celebraba una reunión de partisanos en algún lugar de Italia. Un recién llegado empieza a tatarear, distraído, una canción que escuchó en el restaurante de un judío en Nueva York. La melodía es tan pegadiza que acaba convirtiéndose en un canto por la resistencia y por la libertad.
Que la historia real tenga estos ingredientes o tenga estos otros es, ahora mismo, lo de menos. Lo importante es seguir cantando. Que no se nos olvide.
Partisanos de la Resistenza italiana.

[Fuente: www.jotdown.es]

quarta-feira, 21 de agosto de 2019

Le yiddish, mémoire d’exil et culture ancestrale

De nombreux chercheurs estiment que la langue yiddisch s’est constituée dans les communautés juives de Rhénanie au 9ème siècle. 

Publié par l'abbé Alain René Arbez
Deux événements antiques avaient historiquement provoqué le départ des juifs de Judée et leur arrivée dans des régions d’Europe : d’abord la violente destruction de Jérusalem et de son temple en l’an 70 de notre ère, puis la dévastation opérée par l’empereur Hadrien en 135, qui après avoir exterminé une partie de ses habitants donne le nom de Palestina à la terre d’Israël. Les anciens Judéens ont d’abord été dispersés dans tout le bassin méditerranéen, puis ils ont gagné les villes d’Allemagne au 9ème siècle ap. JC. Ils se sont installés à Cologne, Mayence, Worms, Spire, Trèves et Ratisbonne.
C’est dans ce cadre que se forme la langue yiddisch, à partir de l’allemand ancien, avec des termes hébraïques, araméens, et même avec quelques mots issus de langues romanes vestiges d’un parcours d’exil.
Ainsi, le yiddisch présente une parenté avec les dialectes germaniques, et, à la limite, un Bavarois ou un Suisse allemand pourrait en comprendre un certain nombre d’expressions. Si le yiddisch s’est écrit en caractères hébreux, c’est une langue de fusions linguistiques riches, comme le remarque le spécialiste Max Weinreich.
La première inscription en yiddisch date de 1272, c’est une prière présente dans le mahzor de Worms. Quant au premier texte vraiment littéraire rédigé en yiddisch, il s’agit du manuscrit de Cambridge (1382). Toute une littérature composée de poésies et d’extraits de la Bible se développe à cette époque.
Lorsque les communautés juives d’Allemagne se déplacent vers l’Europe centrale au 14èmesiècle,  le yiddisch intègre des expressions slaves de la vallée du Danube, de la Bohème-Moravie, mais aussi de la Pologne et de la Lituanie.
Avec l’essor de l’imprimerie au 16ème siècle, les traductions de l’Écriture sainte en yiddisch se multiplient. Ce sont des traductions littérales, au mot à mot, qui suivent minutieusement le texte hébraïque originel, avec un rythme différent de celui de la langue allemande. Parmi ces traductions intégrales, mentionnons celles en 1544 d’Augsbourg et de Constance, puis en 1560 de Crémone et de Bâle. Des ouvrages sont publiés à Prague, Lublin, Amsterdam. Un des plus connus est celui de Bâle (1622) le tsenerene, rédigé par Jacob ben Isaac Ashkenazi, un célèbre commentateur de la Bible.
Au 18ème siècle, les juifs d’Allemagne et d’Autriche délaissent quelque peu le yiddisch toujours présent dans les milieux populaires, tandis que les élites cultivées sont attirées par les nouvelles idées rationalistes et se réfèrent à l’allemand. Parallèlement, le mouvement hassidique du 18ème siècle met en avant la sacralité de l’hébreu biblique et produit des recueils légendaires tels que les Shivhei ha besht, et des écrits inspirés de la kabbale (rabbi Nahman de Breslau) de grande qualité poétique et irénique.
Au 19ème siècle, marqué par l’essor industriel et l’extension urbaine, le yiddisch devient la langue des milieux populaires juifs. Il est le moyen de communication privilégié du Bund, le mouvement ouvrier juif de Pologne. 3 millions de juifs polonais parlaient yiddisch. Avec les vagues d’immigration vers les États Unis, on voit apparaître de nouveaux pôles de culture ashkenaze.
Une nouvelle version du yiddisch se développe à partir de la Lituanie, c’est la klal schprakh avec sa syntaxe, ses règles, qui uniformisent les variantes dialectales antérieures. Cette modernisation de la langue est opérée par Samuel Joseph Finn, qui dans les années 1870, avec d’autres spécialistes lituaniens, facilite ainsi la promotion de la littérature juive en yiddischParmi les auteurs les plus connus, Mendele Moicher Sforim, Sholem Aleikhem, Isaac leib Peretz démontrent que le yiddisch n’est pas un simple dialecte de ghetto populaire, mais aussi une langue créative de culture, de recherche et de connaissances.
Au 20ème siècle, Israel Zinberg publie à Vilnius la Geschichte der yiddischer Literatur dans les années 30. Un institut scientifique yiddisch avait été créé à Berlin en 1925, mais avec les événements, il doit s’exiler à Vilnius, puis à New York en 1940. Il était devenu un centre d’études de l’histoire des Juifs d’Europe orientale.
Lorsque la révolution communiste donne naissance à l’URSS en 1917, il existe 150 journaux en yiddisch. Fin des années 20, Staline crée une région autonome juive au Birobidjan, en Sibérie orientale, dont la langue officielle est le yiddisch.
Aux USA, la langue yiddisch a connu un grand développement après la 1ère guerre mondiale. Un de ses promoteurs, Isaac bashevis Singer, émigré en 1935, sera prix nobel de littérature.
À la fin des années 30, 3,5 millions d’individus parlent yiddisch en Union Soviétique, 3 millions en Pologne, 800 000 en Roumanie, 300 000 en Hongrie, 180 000 en Lituanie. Et 4 millions de juifs américains.
Le yiddisch a pratiquement disparu d’Europe avec la Shoah. À la veille de la Seconde Guerre mondiale, il est établi que onze millions de personnes parlaient yiddisch. En URSS, entre 1940 et 1950, une violente répression cible les locuteurs yiddisch. En 1948, les institutions sont fermées, y compris les écoles en Lituanie, Biélorussie et Ukraine. Les auteurs yiddisch sont interdits.
Aujourd’hui, on peut estimer à environ 2 millions de personnes le nombre de locuteurs yiddisch, en Europe, aux USA et en Israël. Il existe depuis quelques décennies un regain d’intérêt pour le yiddisch en tant que mémoire de culture juive de l’histoire ashkenaze. Aujourd’hui, en Pologne, la musique klezmer rencontre un certain succès auprès de la population jeune.

Des échanges célèbres en yiddisch eurent lieu entre Elie Wiesel et Aaron Lustiger, archevêque de Paris. Il y avait entre eux une grande estime et une proximité culturelle. Leur appel aux plus hautes valeurs spirituelles dont notre temps a tant besoin n’a pas été souvent entendu : « es is keyn toyb mentsch vos vil nicht hern ! »

[Source : www.dreuz.info]

sábado, 10 de agosto de 2019

«O público descoñece a música klezmer pero interiorízaa facilmente»


Por ALEXANDRA MOLEDO 
O cuarteto lucense Kentokaki actuou onte na libraría Couceiro para presentar Odessa Mamma. Este traballo xa saíra á luz no 2008, pero aínda non tiveran oportunidade de presentalo fóra de Lugo. O grupo quere agora dar a coñecer o seu estilo baseado no klezmer no resto de Galicia.

-¿Que caracteriza ao klezmer, moi presente neste primeiro cedé?

-É a música típica do folclore xudeu, pero nós engadímoslle ritmos de Europa do Leste. Odessa Mamma é un disco instrumental de sentimentos que se transmiten a través do clarinete, porque este instrumento pode chorar e rir e parecese moito á voz humana. O klezmer ten unha linguaxe sinxela, pois aseméllase á música popular. O público non o recoñece pero enseguida o interioriza.

-¿Por que decidiches experimentar con este estilo tan descoñecido?

-O clarinetista do grupo, Oleg Dzhevelo, é orixinario de Volgogrado e quixo formar unha banda que tocase os sons que oía cando era novo: o klezmer fusionado cos ritmos da súa zona. O resto dos compoñentes non coñecíamos este estilo. De feito, eu dediqueime durante moito tempo á música electrónica e ao pop. Pero unha vez que coñeces o klezmer xa podes darlle forma e crear novas mesturas.

-¿Que proxectos tendes en mente para os próximos meses?

-Estamos gravando un novo disco no que fusionaremos o klezmer co tango e mesmo coa música tradicional galega.
  
[Fonte: www.lavozdegalicia.es]



quinta-feira, 14 de março de 2019

Nigun Simha - La musique: le dévoilement de l’âme


La joie du mois d’Adar dont le summum sont les journées de Pourim ne peut se concevoir sans chansons et musique. LPH a été à la rencontre du groupe klezmer, Nigun Simha, dirigé par le Rav Benjamin David. Nous avons exploré avec lui le retour à la mode de cette musique qui traverse les siècles.

Nahman Sharvit (accordéon), Rav Benjamin David (clarinette)
Le P’tit Hebdo: On vous connaît sous le chapeau du Rav. Comment êtes-vous devenu clarinettiste?
Rav Benjamin David: Mon lien avec la clarinette remonte à mon enfance. J’ai grandi dans une petite communauté à Amiens. Pour mes parents, puis pour moi, la clarinette, la musique juive était un des moyens de nous rapprocher de nos traditions et de notre héritage. J’ai été très bercé de musique juive ashkénaze. Quand j’ai fait mon alya à 18 ans, je pensais même que j’en ferais mon métier. Mais l’idée selon laquelle la musique ne pouvait pas être une profession digne de ce nom a eu raison de mon envie. C’est seulement, il y a 4 ou 5 ans, que j’ai repris la clarinette. J’ai retrouvé les sensations, mais pour moi si je recommençais c’était sérieusement. J’ai pris un professeur et j’ai commencé à étudier les partitions.
Lph: Comment est né ”Nigun Simha”?
Rav B.D.: Après m’être remis à la clarinette, j’ai découvert un sous-sol à Jérusalem animé par Avrom Bornstein dans lequel tous les samedis soir, on joue de la musique hassidique, klezmer. Ce lieu s’appelle ”Kretschmé” – qui vient de ”Kriyat Shéma” – nom que l’on donnait aux auberges en Europe de l’Est et en Russie dans lesquelles les Juifs faisaient une halte la nuit et récitaient donc le Shéma. Ils y jouaient aussi de la musique et buvaient de la vodka. Ce ”Kretschmé” est devenu un concept, le Rav Carlebach en avait créé un aux États-Unis, notamment.
C’est donc dans ce lieu particulier de la capitale que j’ai rencontré les musiciens qui forment mon groupe. D’ailleurs tous les grands musiciens klezmer ont commencé dans ce sous-sol.
Lph: Quel genre de personnes fréquentent ce ”Kretschmé”?
Rav B.D.: On y trouve beaucoup de styles. La musique klezmer est très appréciée d’abord en dehors d’Israël. Les touristes non-Juifs qui viennent au Kretschmé sont très nombreux. Parallèlement, en Israël on note un regain pour la musique de nos parents, grands-parents, voire arrière-grands-parents. Ce qui se jouait il y a un siècle en Europe de l’Est parle à la génération du 21e siècle. Et ce ne sont pas que des religieux qui jouent. Des groupes klezmer totalement laïcs ont émergé et rencontrent un grand succès. Au fameux festival de Tsfat, se sont ajoutés ceux de Raanana, de Revava, de Jérusalem, preuve supplémentaire de la variété de personnes que cette musique parvient à toucher.
Lph: Comment expliquez-vous ce succès?
Rav B.D.: La musique klezmer est une musique juive authentique qui est passée de génération en génération. Elle fait partie de notre héritage. Pour ma part, je pense qu’elle véhicule des messages profonds en lien avec la Torah. Je ne fais pas de la musique pour faire de la musique mais pour propager la Torah. Dans les soirées que nous animons avec mon groupe, nous jouons et nous racontons des histoires hassidiques, qui nous relient avec notre patrimoine spirituel. Chaque peuple, chaque groupe ethnique possède sa musique et elle lui ressemble, elle le caractérise. La musique véhicule un système de pensée, une approche.
La musique klezmer est à la fois gaie et nostalgique. Elle raconte l’histoire du peuple juif: entre exil et retour.
Lph: À l’image du déguisement de Pourim qui cache l’aspect extérieur pour mieux dévoiler l’intérieur, la musique ferait ressortir nos sentiments enfouis?
Rav B.D.: Oui, ce parallèle peut être fait. La musique produit des effets sur toute notre personne: cerveau, cœur, corps et surtout sur notre âme. C’est l’expression même de notre âme. Les midrashim hassidiques nous racontent avec quelle force l’âme peut s’exprimer par la musique, parce que justement, les mots en sont absents. C’est par ce biais que l’on se rattache à D’ieu, comme nous le montre le Chofar, par exemple. Et combien d’histoires n’avons-nous pas entendu sur des personnes éloignées qui se sont rapprochés de la Torah parce qu’un air fredonné par leur mère leur était soudain revenu? C’est ainsi, d’ailleurs, que le Rav Carlebach a ramené plusieurs Juifs: par la musique qui éveille des sentiments oubliés.
Lph: La musique est-elle l’expression de la joie par excellence?
Rav B.D.: En effet, mais pas uniquement. La musique transporte beaucoup d’émotions. On raconte que le Rabbi de Sassov avait organisé le mariage d’un couple pauvre. Le groupe klezmer qui y jouait l’avait touché par un air interprété alors que le Hatan mettait le voile à la Kala. Il a demandé que cet air soit joué le jour de son enterrement. Le jour venu, le groupe se trouvait par hasard à proximité du cimetière et s’est souvenu de la requête du Rabbi de Sassov. Il est vrai que le deuil est synonyme d’interdiction des instruments de musique. Mais dans notre tradition, dans notre liturgie, les airs chantés expriment à la fois de la joie mais aussi de la nostalgie ou de la tristesse. Et ils comportent une force qu’il est impossible d’ignorer.
Lph: Vous êtes rabbin et musicien. Où est le déguisement et où est le vrai costume?
Rav B.D.: Je dis toujours qu’il n’y aucune incompatibilité à être rabbin et musicien. Au contraire, la musique étant l’expression de l’âme, ces deux activités se rejoignent. Ce sont pour moi deux manières complémentaires de transmettre la Torah et de dévoiler son intériorité.
Pour contacter le groupe Nigun Simha pour un événement:
Propos recueillis par Guitel Ben-Ishay
[Source : www.lphinfo.com]

terça-feira, 5 de março de 2019

Des enfants juifs cachés sous l'Occupation

Sacha Distel, Boris Cyrulnik, Jacques Lanzmann, Claude Berri, Pierre Nora... Un grand nombre d'enfants juifs ont survécu, lors de la Deuxième Guerre mondiale, aux persécutions antisémites sous le régime de Vichy en France, en étant cachés, soit avec leurs familles, soit en étant séparés d'elles et placés dans des institutions, religieuses ou non, dans des familles chrétiennes, ou amenés en Suisse. Beaucoup ont du changer d'identités, et ce, à plusieurs reprises, en puisant en eux une conscience aiguë des dangers, la force de s'adapter à des situations évolutives mais souvent sources de menaces, d'adopter les réflexes de la survie... Ils ont généralement et longtemps refoulé leurs souvenirs traumatisants. Le 6 mars 2019 à 20 h, le cinéma Studio Galande organise la projection, en présence du réalisateur, du documentaire "Les enfants cachés" de Raphaël Delpard avec les voix de Dominique Blanchar, Olivia Orlandi, Alain Vandercoille.



Publié par Véronique Chemla


Longtemps silencieux, les enfants juifs cachés témoignent depuis quelques décennies.

« Carnets de mémoire Enfances cachées 39-45 »
Avec persévérance, Michèle Rotman, alors vice-présidente du Consistoire de Paris et présidente de la Commission culturelle du B’nai B’rith (BB) Paris Ile-de-France, a cherché et rassemblé les souvenirs de plus d’une quarantaine d’anciens enfants juifs cachés devenus membres du BB France.

Dans « Carnets de mémoire Enfances cachées 39-45 » Michèle Rotman rend aussi hommage aux Justes parmi les Nations, ces personnes non juives qui ont sauvé des êtres jeunes, persécutés, isolés, déracinés de leur milieu familial et envoyés dans une nouvelle famille, vivant dans un environnement inconnu, chrétien, agricole, chaleureux ou indifférent.
Elle donne la parole à ces adultes qui évoquent leurs pérégrinations à la recherche d’un abri, leurs maturités précoces, leurs peurs, leurs attentes, leur douleur née du manque de nouvelles de leurs proches, le retour vers une maison pillée, etc.
L’auteur rappelle également le souvenir des membres des réseaux Juifs qui ont participé au sauvetage de leurs coreligionnaires. 

Des chronologies éclairent ce livre illustré de photos des jours heureux.

Le Farband-USJF a proposé la conférence de Nathalie Zajde le 24 février 2014 à 19 h 30, sur les enfants cachés et les descendants de survivants de la Shoah.

Le 22 novembre 2017, à l' amphithéâtre 3 du Centre Assas - 92 Rue d'Assas, 75006 Paris -, de 18 h à 21 h, à l’occasion de la semaine de l’Enfance, UEJF Assas et UNICEF Assas organisent la conférence Les enfants cachés de la Seconde Guerre mondiale en présence de trois "enfants cachés"Les “enfants cachés” sont des enfants juifs qui vivaient en zone occupée par l'Allemagne nazie durant la guerre de 1939-45, et qui ont été soustraits aux plans d’extermination mis en place par les nazis. Si dans le reste de l’Europe on estime que 90% des enfants juifs ont été assassinés, la France représente une exception : 11 000 enfants ont été déportés, et entre 60 et 70 000 enfants ont été sauvés de la mort et ont pu échapper à la déportation. Dissimulés dans des familles ou des organismes d’accueil sous une fausse identité, ils seront trois à partager leurs histoires avec vous : Denise Decornoy, Sarah Wojakowski et Georges Wojakowski.

MJLF
Au MJLF Surmelin, le 2 février 2018, à partir de 21 h, Oneg du livre sur le thème " Enfants cachés, qui étiez-vous ? Qu’êtes-vous devenus ? " Deux auteurs, qui ont été tous les deux des enfants cachés, viendront témoigner. De 20 h à 20 h 45 un buffet précédera la soirée".

Liliane-Carol Benoit "nous présentera son livre Une simple passante, de Varsovie à Jérusalem(Éditions Maïa). Un enfant abandonné à la grâce de Dieu au pied d’un oratoire. Des vies fauchées, des vies brisées dans ce siècle, l’un des plus sanglants de l’humanité. Des bourreaux, des délateurs mais aussi quelques mains tendues aux persécutés de la barbarie nazie. L’homme parviendra-t-il à retrouver les siens, parviendra-t-il à fuir les fantômes du passé, l’enfant pourra-t-il faire symboliquement le voyage de Varsovie à Jérusalem ? Correspondante en Europe de Lifestyle Magazine US, Liliane-Carol Benoit, dont la famille est originaire de Pologne et de Russie, a été une enfant cachée à l’âge de 3 ans dans une famille de paysans de l’Allier où elle est restée jusqu’en 1946 sous un faux nom. Elle est secrétaire générale de l’Association Europe du Musée de l’Histoire des Juifs de Pologne.
Maurice Baran-Marszak nous présentera son livre Histoire d’un enfant caché du Nord, familles entre amour et silence (Éditions Le Manuscrit). "11 septembre 1942 : la rafle de Lille sépare Maurice Baran, 9 ans, et son frère Michel encore nourrisson, de leur mère déportée à Auschwitz quelques mois seulement après son époux. Georgette, gouvernante des Baran, originaires de Pologne et d'Angleterre, confie Maurice à sa propre famille, dans un village du nord de la France où le jeune garçon mène une vie paysanne austère mais heureuse jusqu’en 1947. C’est à cette date qu’il retrouve son petit frère et apprend qu’Andrée – également déportée – et Israël Marszak souhaitent les adopter tous les deux. Ils seront ensuite adoptés par la famille Marszak qui leur permettra de reconstruire un foyer uni en quête d’affection. Maurice Baran-Marszak retrace son parcours d’enfant caché et de ses « transplantations successives » au cœur du pays ch’ti, et rend un hommage d’une tendre sobriété à ses trois familles. Sur le chemin parfois éprouvant de souvenirs longtemps refoulés, il nous rappelle l’importance primordiale du travail de mémoire. Fils de commerçant juifs polonais disparus à Auschwitz, Maurice Baran-Marszak, devenu ingénieur et chercheur au CNRS, veille aujourd’hui par diverses actions à l’entretien de la mémoire des victimes de la Shoah. L’auteur nous rappelle l’importance primordiale du travail de mémoire et veille par diverses actions à l’entretien de la mémoire des victimes de la Shoah. Depuis quelques années, Maurice Baran-Marszak a rejoint une chorale yiddish « Je crois que c’est pour entendre les sons que j’entendais dans mon enfance »
Alain Hirschler viendra également témoigner autour de son livre Grand Rabbin résistant, René Hirschler mon père (1905-1945) paru aux éditions Caractères". « Alain Hirschler, enfant caché, retrace l’histoire tragique et admirable de son père René Hirschler (1905-1945) et de sa mère Simone Lévy (1911-1944) tous deux résistants et morts en déportation dans les camps de Mauthausen et Auschwitz-Birkenau. C’est aussi l’histoire de la France occupée, du courage et de la résistance face à la barbarie nazie. »

Alain Hirschler « est né à Mulhouse en 1938. Lorsque la guerre éclate, ses parents le protègent, avec ses deux sœurs aînées, des recherches nazies. Leurs parents morts en déportation, c’est le frère de leur mère, l’oncle Francis, qui devient le tuteur des trois enfants à la Libération. La grand-mère Berthe Lévy est ensuite chargée de leur éducation, à Paris. Après avoir exercé la profession de juriste dans un établissement public, Alain Hirschler est aujourd’hui retraité et joue de la clarinette en concerts de jazz et de musique klezmer. Outre Grand rabbin résistant, René Hirschler, 1905-1945, Mon père, l’auteur a fait publier en décembre 2009 Le mariage merveilleux et autres contes d’Israël aux éditions Lichma. L’ouvrage regroupe des contes écrits par sa mère avant la guerre.

Le 15 février 2018 de 18 h 30 à 20 h, l'Institut Universitaire Maïmonide-Averroès-Thomas d'aquin à Montpellier proposa "Les chrétiens et les enfants juifs cachés dans la France de Vichy", avec Edith Moskovic, enfant cachée pendant la Shoah, et Michaël Iancu, docteur en histoire et délégué régional du Comité Français pour Yad Vashem. Quelles furent les relations judéo-chrétiennes dans la France de Vichy ?
Le 6 mars 2019 à 20 h, le cinéma Studio Galandeorganise la projection, en présence du réalisateur, du documentaire "Les enfants cachés" de Raphaël Delpard avec les voix de Dominique Blanchar, Olivia Orlandi, Alain Vandercoille. "De 1940 à 1944, des milliers d'enfants juifs de France ont été cachés pour la plupart dans des familles chrétiennes afin d'échapper à la barbarie nazie. Enfermés dans leur tête mais visibles au milieu des autres, ils ont vécu la détresse de l'abandon, l'obligation de se surveiller en permanence pour ne pas être dénoncés. Après la guerre, ils n'ont trouvé que des cendres. Des parents et grands-parents morts dans les camps de concentration, des maisons habitées par d'autres. Parfois, pas même une photographie pour dessiner le visage de ceux qui avaient disparu. Ce sont ces enfants cachés devenus adultes que j'ai rencontré et longuement interrogés pour les besoins de mon livre éponyme, prix Wizo 1992 et ensuite pour la réalisation de ce documentaire ; le premier à porter à la connaissance de la mémoire collective ce que fut la tragédie de ces enfants ; sans oublier les onze mille autres, déportés de France et exterminés dans les chambres à gaz.

Michèle Rotman, Carnets de mémoire Enfances cachées 1939-1945.Introduction de Michèle Rotman, avant-propos de Ruth Croitoru. Ed. Ramsay, 2005. 296 pages. 21 €. ISBN : 9782841147328 
 
 
Cet article a été publié par L'Arche, puis sur ce blog le 24 février 2014, puis les 22 novembre 2017 et 3 février 2018.



[Source : www.veroniquechemla.info]