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domingo, 6 de setembro de 2026

El México de postal

La exposición “México: ruta y destino” desentraña la forma en que cristalizó una imagen de México como nación, que se convirtió en postal y souvenir. 

Jorge González Camarena, El perico, 1927, Óleo sobre tela. Museo Nacional de Arte, INBAL

Escrito por Carlos Rodríguez

Hay que aprovechar, con el deceso reciente de Elsa Aguirre, y ver Acapulco (1952). Es una película menor de Emilio “El Indio” Fernández, pero eso no le resta interés ni encanto. La sinopsis es irresistible: una joven, que finge una posición económica acaudalada, se hospeda en un lujoso hotel para atrapar a un millonario y casarse con él. En “la bahía más famosa del mundo”, como dice el eslogan, la guapísima Elsa es la estampa de la frivolidad. Esta fantasía tiene nombre: turismo, viaje de placer, que, según la muestra México: ruta y destino, es una deriva del proyecto de inicios del siglo XX para construir la imagen del país.

El Museo Nacional de Arte (MUNAL) recibe a los visitantes con una obra de exuberante colorido, un bodegón de Jorge González Camarena donde una hierática tehuana sostiene un perico en la mano; como si fuera un generoso capullo, un recipiente ofrece apetitosas frutas que hacen juego con los senos de la mujer, enmarcados en una blusa ribeteada de color naranja. No falta el textil, un mantel limpio y simple, en la parte inferior del cuadro; al lado, un enorme guaje casi viril. Toda la composición parece estar envuelta y surgir de una gran cactácea coronada por el tocado de la figura femenina, como un halo bondadoso, abundante, pletórico. El óleo, de 1927, introduce el tema de la exposición y remite a los atributos de “lo mexicano”.

Ezequiel Negrete Lira, Enramada de Juchitán, 1957, oleo sobre tela. Museo Nacional de Arte, INBAL

La muestra del MUNAL esboza de forma oportuna cómo cristalizó la imagen de México como nación, que se convirtió en postal, guía turística, souvenir; imagen homogénea de exportación, decorativa y no por ello menos potente en términos formales. Estampas de trazos y colores que lo mismo cuelgan en museos, ilustran libros o adornan refrigeradores.

En el presente, México se llena de nómadas digitales, un nuevo tipo de turismo fluctuante; por otro lado, Acapulco, Puerto Vallarta, Zipolite o Tulum son destinos turísticos con problemas sociales y ecológicos urgentes. El interés crítico por revisar el asunto, su estado y contrariedades, toma fuerza. Se puede ver en el cine, con Rotting in the sun (2023), de Sebastián Silva, que aborda el caso de la Ciudad de México y Zipolite; en la fotografía, un ejemplo notable es el libro de Adam Wiseman Elvis nunca estuvo en Acapulco (2024); y en la literatura reciente, Sweet Acapulco (2026) de Brenda Ríos.

Con habilidad, México: ruta y destino desplaza su lectura del muralismo. Regresa a los viajes de los europeos por México en los siglos XIX (Désiré Charnay en Uxmal y Chichén Itzá; Carl Nebel en las ruinas de La Quemada, en Zacatecas) y XX (Edward Weston en la pirámide del Sol en Teotihuacán). También lo hace a partir de creadores cuya obra rara vez se expone, y cuya presencia ayuda a entender la complejidad del proyecto que se convirtió en un programa de comunicación que encontró la mesa ya servida, pues se basó en las búsquedas artísticas sobre la identidad mexicana que habían empezado hacía tiempo, motivadas por los vaivenes políticos que incitaron la revolución.

La imagen de México es un popurrí cuya articulación requirió de un proceso muy rico de aglutinamiento de imágenes diversas, principalmente de carácter descriptivo, que hoy es sello de lo mexicano. Por un lado, las artes populares: ahí están los cacharros de barro de Cecil Crawford O’Gorman y el zarape de El de San Luis (1918) y La criolla del rebozo (1916), dos óleos admirables de Saturnino Herrán. También El vendedor de loza (1920) de Leandro Izaguirre y La vendedora de talavera (1920) de Fernando Best Pontones. Las obras se pueden ver en conjunto con piezas del Fondo Roberto Montenegro, uno de los pioneros coleccionistas de arte popular, que ahora tiene su propia muestra en el Palacio de Bellas Artes.

V. R. Machado, Acapulco Chart for escapists, en Mexico This Month, mayo de 1957.
Impresión a varias tintas sobre papel. Museo Nacional de Arte, INBAL

Las tradiciones del folclor del pueblo, como las danzas de Yautepec que pintó Fermín Revueltas y los huapangos de Ramón Cano Canilla, también están presentes. La muestra ha decidido fijarse en estos gestos en lugar de otras imágenes que retoman manifestaciones mayores como el Día de Muertos, plenamente identificada con la idea de México tanto al interior del país como en el extranjero.

Otro aspecto en que se fijaron los artistas de inicios del siglo pasado es la arquitectura, sobre todo religiosa y del periodo novohispano. Josefina Zetina Osorio, Francisco Romano Guillemín y Concha Toussaint, artistas prácticamente olvidados, pintaron cúpulas y vistas de templos y catedrales.

La pieza monumental del primer núcleo de México: ruta y destino, dedicada a los “Imaginarios”, es Vista panorámica de la ciudad de Puebla (1929), la única obra mural que se conserva de Gerardo Murillo, que pintó las cúpulas poblanas como una galería de formas exquisitas. La presencia del Dr. Atl es apropiada: su mural coincide con los proyectos editoriales que coordinó, por ejemplo Iglesias de México (1924-1927), con el apoyo de la Secretaría de Hacienda. La conformación de la imagen del país fue también un programa orquestado desde las instituciones, interesadas en contribuir para integrar cierta visión del país en la cultura nacional e internacional.

Uno de los aportes más significativos de la exhibición es presentar obras de Alfonso X. Peña, magnífico pintor tamaulipeco, poco conocido, de carácter estilizado, autor de las pinturas Tehuana (1947), Huasteca II (1945) y Mercado (1950). Su trazo y mirada apelan a la belleza y la armonía. En sus cuadros, que retratan la actividad comercial en tianguis y mercados, hay quietud y sumisión; detallan una delicada descripción de personajes, principalmente indígenas, motivos decorativos, objetos, frutas y flores.

Luego viene en la muestra la sección “Rutas y destinos”, donde aparece una obra inusual de Leopoldo Méndez que hace una síntesis de la transformación tecnológica y social de la movilidad, que se confirmó a mediados del siglo XX. Ya a color, Nuevos caminos (1953) es una xilografía dividida en dos partes: arriba, un automóvil pintado de verde, con grandes neumáticos, donde viaja una pareja moderna a gran velocidad, el aire revolotea sus cabellos; abajo, un coche lento, un carruaje, con dos personas apacibles y serias. La construcción de vías y carreteras, en especial la carretera Panamericana, abre, de cierta manera, el territorio nacional. Y no solo eso, se invierte en un esfuerzo editorial por crear mapas, diseñar rutas para conocer México, imprimir guías de viajes y folletos informativos tanto en inglés como en español.

Las dos pinturas de Angelina Beloff que exhibe el MUNAL son una gran oportunidad para redescubrir a una artista notable y también reconocer la Ciudad de México desde otra mirada y perspectiva. Beloff pinta la avenida Hidalgo, siempre a la sombra de la otrora fufurufa avenida Juárez, vista desde la Alameda; así, nos encontramos con el mercado de flores que estaba en la plaza Santa Veracruz y el atrio, todavía arbolado, de la iglesia de la Santa Veracruz. Desde mi ventana (1965), con un lenguaje pictórico que retoma la publicidad y el trazo de las portadas de revistas internacionales, dibuja un panorama que podría ser la avenida Reforma o la misma Juárez; la calle que pinta, con el tráfico de carros detenidos, recuerda una vieja calleja que perdió su configuración cuando se alzaron edificios de gran altura. Otras construcciones modestas a su lado son vestigios de un pasado que parece haberse detenido ahí.

A. Regaert, Mexico, The Great Metropolis, ca. 1945. Cartel de la Dirección General de Turismo. Impresión offset. Colección particular

Los fines de semana en Cuernavaca y Acapulco, los viajes a Taxco y otros lugares aledaños a la capital se convirtieron en paradas obligadas. Son los “Cuerpos turísticos” a los que alude la exposición. La mujer en traje de baño (1955), de un autor no identificado y que recuerda a Elsa Aguirre en Acapulco, ya es un signo publicitario incitante e inequívoco. En esa misma década Bob Schalkwijk fotografía los interiores del Hotel Presidente en Acapulco, realizado por Juan Sordo Madaleno en colaboración con José A. Wiechers. Ahí mismo, al lado de otras imágenes del puerto de Guillermo Zamora, está la maqueta del complejo turístico de dicho hotel.

De la muestra, que culmina con el enorme Mapa de producción de la República Mexicana (Rutas Marítimas) (1947) de Miguel Covarrubias, el público sale orgulloso de ser mexicano, después del Mundial de Futbol que hospedó el país y cerca de las fiestas patrias de septiembre. El visitante abandona la sala con el apetito de conocer todas las frutas autóctonas que pintó Hermenegildo Bustos en sus bodegones, que despiertan el hambre con solo mirarlas. También sale con muchas preguntas sobre todo lo que faltó y que también es mexicano, una imagen demasiado amplia que no cabe en los límites de un marco. El espectador se dirige a la salida del MUNAL como el hombre de la fotografía Gente de la Ciudad de México (1965) de Héctor García: una figura que se dirige a la escalera para abordar un avión, lleva un zarape al hombro; en una mano, un animal hecho de cartón, juguete popular; en la otra, un sombrero con cintas, probablemente de colores. ~

México: ruta y destino, se exhibe en
el MUNAL hasta el 14 de febrero de 2027.

[Fuente: www.letraslibres.com]


sexta-feira, 14 de agosto de 2026

Publican os expedientes da censura franquista contra a literatura galega

O catedrático e investigador Xosé Manuel Dasilva (Vilagarcía de Arousa, 1962), após anos de estudo ao redor da censura do franquismo sobre a literatura galega, recolle nun volume mostras reais dos informes e analiza as obras orixinais. O traballo abre a posibilidade ao estudo e á reedición destas obras.

Xosé Manuel Dasilva co seu libro, o 13 de agosto

Escrito por Antón Escuredo 

Os numerosos traballos sobre a censura franquista na expresión literaria en galego realizados desde 2008 polo catedrático Xosé Manuel Dasilva propiciaron que este investigador reunise agora nunha obra, a modo de guía, as fichas dos libros que a padeceron. Os libros censurados por Franco (Editorial Galaxia, 2026) xunta máis 200 títulos para os que inclúe en cada un deles os informes individualizados co nome completo da persoa funcionaria que os fixo. 

“É unha obra de consulta na que están practicamente todas as obras que padeceron a censura, cos seus autores e autoras, para quen queira coñecer directamente que aconteceu con figuras como Blanco Amor ou Silvio Santiago con este tema”, explica Dasilva a Nós Diario. Nas súas páxinas figuran, por orde cronolóxica, desde Eduardo Pondal, Rosalía de Castro, Ramón Cabanillas, Daniel Castelao ou Manuel Antonio até Ricardo Carvalho Calero, Celso Emilio Ferreiro, Uxío Novoneyra, Manuel María, María Xosé Queizán, Xosé Luís Méndez Ferrín ou Francisco Rodríguez. 

Autocensura

“Os expedientes son moi interesantes tamén para coñecer dificultades textuais das obras e como os autores modificaron as obras precisamente en moitos casos para adaptarse á censura”, relata Dasilva. Un dos casos que aparecen no seu libro foi o d'A evolución ideolóxica de Curros Enríquez (Editorial Galaxia, 1972) de Francisco Rodríguez. Partindo dunha tesina presentada na complutense anos antes, o propio autor apunta a Nós Diario que o escribiu "atendendo ao criterio de claridade mais sen vinculalo a unha concepción nacionalista marxista". Porén, o libro sufriu a censura de varios parágrafos "a causa da súa importuna actitude antimonárquica", segundo asinou o seu censor, Ángel Aparicio.

"Eu non me cheguei a decatar de cal foi a posición da censura tendo en conta que xa me autocensurara", admite Rodríguez a este xornal. A mesma sorpresa tiveron algúns dos nomes que figuran no libro de Dasilva e que se puxeron en contacto con el após ler a súa ficha. “Cando publiquei en Grial o expediente de censura de Elipsis, Méndez Ferrín comentoume que non sabía nada e o mesmo aconteceu con Alonso Montero co seu Trinta anos de poesía crítica (1936-1966)”, apunta. “Foi o seu último libro antes de falecer e na introdución comenta o expediente desa obra que, até ese momento, el descoñecía”, agrega Dasilva. 

Expedientes completos

Alén dos informes, o investigador, nesta edición, engade comentarios en varias das obras após atopar que nos expedientes había todo tipo de datos sobre as incidencias que tiveron os libros que solicitaban permiso para saír á rúa. “Hai escritos administrativos das editoriais, documentación do ministerio e mesmo cartas particulares”, sinala Dasilva.

Un dos casos que considera “significativo” é o relacionado coa primeira versión d'O silencio redimido. Historia dun home que pode ser outro, de Silvio Santiago. Sobre ela o censor escribiu que “non é autorizábel” por dar “unha imaxe do alzamento de inxustiza, de condenas a morte de persoas sen motivo”. Neste expediente o investigador atopou cartas do propio Manuel Fraga Iribarne, de Carlos Rodríguez Piquer e de Camilo José Cela sobre as dificultades de que se publicara nos 60. Outros poderían ser os expedientes que tivo o Sempre en Galiza de Castelao. Así, figura a denegación en 1964 da importación da segunda edición arxentina de 1961 malia que o censor, Manuel Picos Vilavella, abría a porta "a un número limitado de exemplares para xornalistas e escritores preocupados por documentarse polo miúdo das intrigas da última República".

Aproximación rigorosa

A accesibilidade aos documentos e a súa difusión posibilitou, segundo o autor, aproximacións máis rigorosas coa intención de afastarse dos tópicos. "Un deles era que Celso Emilio Ferreiro personifica o autor máis perseguido polo lapis vermello cando non está probado que se emitise ningunha instrución burocrática para importunar o celanovés", pon como exemplo. Pola contra, Dasilva sitúa no lado contrario a Álvaro Cunqueiro "do que se coidaba que nunca vivira a censura, por canto as penalidades d'O incerto señor Don Hamlet, príncipe de Dinamarca desmenten esa idea preconcibida".

Outro aspecto da censura franquista menos coñecido tiña que ver coas dificultades que sufriron numerosas obras publicadas con anterioridade ao golpe de Estado de 1936. Dasilva sinala no seu libro dous casos moi relevantes como eran os de Curros Enríquez e Ramón Cabanillas. "En varias oportunidades, un feixe substancial de poemas de Aires da miña terra, así como O divino sainete, espertaron profundos receos, algunhas veces complicados de salvar, por implicacións, sobre todo, relixiosas", aclara o investigador. No caso do cambadés a prohibición de publicar chegou a O Mariscal por completo e parte das obras No desterro, Vento mareiro e Da terra asoballada. 

A posibilidade de restaurar os textos orixinais non publicados

Outra das inquedanzas de Xosé Manuel Dasilva ten relación coa reparación, a partir da restauración dos textos orixinais non publicados, das obras censuradas. “As obras apareceron censuradas no seu momento e houbo autores e autoras que tiveron a ocasión de poder facelo, como o caso de María Xosé Queizán con A orella no buraco, obra de 1965 que sacou en 1985”, pon como exemplo.

“Houbo outras que faleceron e non tiveron a posibilidade de ver os seus textos publicados tal e como foron concibidos”, lembra Dasilva. Un exemplo “moi singular” para este investigador é o de Eduardo Blanco Amor e a obra Xente ao lonxe (1972). “Tivo que ‘podalo’ para que se publicase e no seu expediente había pistas que serviron para corrixir a novela”, asegura.

Ese traballo que non puido facer o escritor ourensán no seu momento levouno a cabo Dasilva nunha reedición de 2014 publicada pola Editorial Galaxia "igual que pasou coa que se fixo coa obra A esmorga".

A razón que dá este investigador para propor esta restauración non ten que ver coa idea de que sexa "como unha obra de actualidade". Pola contra, o seu interese procede de deixar para o futuro "o texto que se quería publicar".

 

[Fonte: www.nosdiario.gal]


terça-feira, 21 de julho de 2026

Uma infância alemã

 Comentários sobre o filme dirigido por Fatih Akin, em cartaz nos cinemas 

Fotograma de "Uma infância alemã", filme dirigido por Fatih Akin

Escrito por JOÃO LANARI BO*

1.

Uma infância alemã: título singelo escolhido pelo distribuidor brasileiro, provavelmente temeroso de que a audiência não entenderia o original, “Amrum”. Alguém viu o filme e concluiu que era um retrato da infância na Alemanha. De fato, é – mas num contexto particular, geográfica e historicamente. Uma infância retratada em um momento vertiginoso, poucos dias antes e depois do suicídio de Hitler e fim da Segunda Guerra Mundial, antes e depois do apocalipse, pequenos momentos em que a pulsão de morte da humanidade veio à tona.

Como fazer um filme sobre essa vertigem, adotando o ponto de vista de um garoto de 12 anos, em uma ilhota no norte da Alemanha? O diretor, o turco-alemão Fatih Akin, ostenta uma trajetória exitosa de trabalhos contundentes, para usar um eufemismo, como Em pedaços, de 2017, e O bar Luva Dourada, de 2019. O mundo a partir do olhar de uma criança não dispõe, em princípio, das obsessões de violência gráfica que habitam o imaginário adulto.

Em princípio porque o sadismo implícito em produções voltadas para o público infantil pode ser algo bastante real, mas isso é assunto para psicanalistas. Em Uma infância alemã a linguagem convencional reproduz os parâmetros de um garoto amadurecendo em um ambiente atordoante, a poucos quilômetros de uma catástrofe tectônica, mas isolado em uma ilha chamada Amrum, e a salvo de perigos imediatos.

Baseada no livro de memórias do ator e diretor Hark Bohm, que nasceu em Hamburgo e cresceu em Amrum, a história gira em torno dos dilemas e soluções que surgem no cotidiano plenos de imprevistos de Nanning Bohm (Jasper Billerbeck). Sua mãe é francamente nazista, em casa um retrato de Hitler adorna a parede. Na estante, vários livros do avô tratam de biologia, uma área de estudos perigosamente política naqueles tempos de pretensa superioridade racial ariana.

A família, apesar de raízes na ilha, é um corpo indesejado em boa parte da comunidade local, não apenas pelo nazismo ostensivo, mas também pelo choque com a cultura frísia local. Embora a beira do abismo, a arrogância da mãe espraia-se na atmosfera e afeta as relações de Nanning.

2.

Os ancestrais dos frísios migraram da Escandinávia para a região costeira alemã por volta da Idade do Ferro, e foram descritos por historiadores romanos como guerreiros independentes que habitavam áreas pantanosas. Possuem sua própria língua, o frísio, considerada o idioma moderno mais próximo do inglês. No filme, para sobrecarregar a situação, a mãe dá à luz exatamente no dia em que é anunciada a morte do Führer – e entra em depressão, recusando-se a comer, exceto pão com manteiga e mel.

Para cumprir esse desejo, Nanning atravessa imensas áreas de maré baixa, caça coelhos com o amigo (frísio) Herman, recita o juramento da Juventude Nazista e assiste a uma foca ser baleada à queima-roupa para ajudar um pescador local.

Tudo isso, todas as reviravoltas, Uma infância alemã narra em tom de fábula, como são as narrativas construídas a partir de narradores- mirins. Um antecedente é o extraordinário Alemanha ano zero, que Roberto Rossellini realizou em 1948 – um narrador que perambula pelos destroços de Munique no imediato pós-guerra, lutando para salvar o pai enfermo. A historicidade do filme de Roberto Rossellini retorna, décadas depois, no filme de Fatih Akin.

Ambos têm uma qualidade histórica rara nesse mundo de narrativas codificadas do cinema que trata da Segunda Guerra: como internalizar um conflito dessa proporção no cotidiano de famílias que viveram sob o jugo de uma opressão ideológica colossal, que levou a um projeto radical de autodestruição?

Hitler não era unanimidade na Alemanha, mas, por várias razões, desde ações cruéis de repressão ao populismo descarado que exibia – que incluiu experimentos como os documentários de Leni Riefenstahl – manteve-se no poder e fez o que fez. O microcosmo em que vive Nanning é um dos espaços em que se davam esses pequenos embates, desta feita, com o pano de fundo de um país em frangalhos.

Uma infância alemã é o trabalho mais reservado, porém extremamente cinematográfico, de Fatih Akin. Stand by me (Conta comigo na tradução brasileira), que Rob Reiner dirigiu em 1986, é citado por ele como uma inspiração pessoal. Em ambos, sobreviver como criança em um ambiente hostil implica em altos riscos – e às crianças resta a capacidade de aliarem-se umas às outras para driblar os males do mundo.

Ao longo desses poucos dias, Nanning constrói seu guia moral de sobrevivência, entre os limites mais ou menos opacos impostos pelos adultos e a vastidão dos horizontes e marés da ilha de Amrum. Oscilando entre a inocência e o amor pela mãe, entre os vícios da época e as relações imediatas de afeto, sua luta, em última análise, é a preservação do instinto de generosidade.

Embora se trate de um filme assertivo em seu posicionamento, a direção é delicada, suave, assim como a montagem, seca e objetiva: não há manipulações de trilhas sonoras ou momentos artificialmente aflitivos – a narrativa é tão direta quanto possível.

Hark Bohm faleceu dois meses após da exibição do filme no Festival de Toronto. Filho de oficial nazista – seu pai ingressou na SS em 1933 e alcançou o posto de SS-Obersturmführer – foi ator e diretor de destaque, tendo atuado em várias produções de Rainer Werner Fassbinder.

Hark Bohm adoeceu quando escrevia o roteiro, e Fatih Akin colaborou na escrita. Logo ficou claro que Fatih Akin teria de dirigir o filme que seria do amigo e mentor. Não seria despropositado dizer que o último filme de Fatih Akin não é de fato um filme de Fatih Akin: seria um filme de Hark Bohm dirigido por Fatih Akin.

*João Lanari Bo é professor de cinema da Faculdade de Comunicação da Universidade de Brasília (UnB). Autor, entre outros livros, de Cinema para russos, cinema para soviéticos (Bazar do Tempo). [https://amzn.to/45rHa9F]

Referência


Uma infância alemã (Amrum)
Alemanha, 2025, 93 minutos
Direção: Fatih Akin
Roteiro: Hark Bohm e Fatih Akin
Elenco: Jasper Billerbeck, Laura Tonke, Lisa Hagmeister, Kian Köppke 

 

[Fonte: www.aterraeredonda.com.br]

terça-feira, 7 de julho de 2026

Les rives de la Loire

Emmanuel Ruben construit-il une version cyclable du genre littéraire dit viatique ? Soit un fleuve, un vélo, une condition physique et une culture littéraire… En 2019, Sur la route du Danube était une première et convaincante étape européenne. Elle est aujourd’hui suivie d’une étape française, Sur la route de la Loire, puisque la Loire et ses rives, suivies de l’embouchure à la source, soit 1 000 km en France, sont le sujet fluide et varié de ce récit. 

« Bancs de sable sur la Loire », Félix Vallotton (1923) © CC0/WikiCommons 

Écrit par Jean-Louis Tissier 

Avant d’enfourcher son cycle, Emmanuel Ruben, dans un Prologue titré « Remonter la Loire, raconter la France », confie au lecteur que son projet était entamé avant le covid. Suspendu par le confinement, il a été relancé et achevé après. Le couple France-Loire peut faire ressurgir des clichés de récit national. Remarquons cependant que ses châteaux n’ont pas connu la démocratique « Petite Reine » et qu’au XXe siècle des écrivains ont rafraîchi le rapport du fleuve et de la littérature qu’il a irriguée. En incipit, Ruben se réfère à Élisée Reclus : « Le fleuve est le pays vivant, agissant, se transformant ». Ainsi, une géographie plutôt libertaire soufflera sur la Ligérie, bassin-versant de la Loire.

Le seul ordre suivi est celui imposé par la nature, de l’aval vers l’amont, de l’estuaire à la source, soit quatre séquences qu’Emmanuel Ruben ouvre par une carte, dédiée, manuscrite, balisée par les lieux des étapes et des références littéraires. La vitalité du fleuve dope le cycliste contemporain, comme elle a agi sur les auteurs invités pour transformer le regard que le lecteur du XXe siècle portera sur la Loire. Le triptyque reclusien est ainsi mis en œuvre. 

Œuvres ? Tout au long du Danube, Emmanuel Ruben avait signalé au lecteur la très riche littérature de l’Europe centrale, un cosmopolitisme multi-langues. La Loire est si française et bien classique : la gageure de l’écrivain est de tendre, ici ou là, aux lecteurs des auteurs plus contemporains ou des facettes méconnues d’œuvres majeures.

Contemporain et classique à la fois, Julien Gracq, dont Ruben a détenu la clé de la maison, a été, plus de dix décennies, riverain de la Loire. Ligérien et Armoricain, de Nantes, sa ville, à Saint-Florent-le-Vieil, son fief, Gracq accompagne l’auteur dans la première séquence. La seconde correspond à l’emblématique Val-de-Loire, de l’Anjou à l’Orléanais, de Rabelais à Péguy, en passant par la Touraine balzacienne. Si ce livre n’est pas un guide, de lieu en lieu, prévu ou non, le cycliste savant, voire érudit, actualise ce fil de la Loire. Comme Danièle Sallenave, rencontrée à Savennières, il aime ce fleuve. Il dénonce les atteintes qu’il subit : son annexion par les centrales nucléaires, ou les voisinages cruels comme le sinistre tableau de chasse à Chambord.

Au titre de la poésie contemporaine, il rappelle qu’à Tours dans la rue Traversière Yves Bonnefoy a passé son enfance dans ce qu’il a appelé un quartier de petites maisons pauvres, si peu châteaux. À Saint-Benoît-sur-Loire, Max Jacob avait cru trouver dans la prière un refuge protecteur. « Sur-Loire », l’hydronyme pourrait être associé à Maurice Genevoix-sur-Loire, dont la vallée a apaisé les blessures des tranchées. Emmanuel Ruben le lit comme un précurseur du nature writing… Le secrétaire perpétuel de l’Académie française, qui avait des liens forts avec le Québec, aurait-il validé cet anglo-américanisme ?

Dans la dernière séquence du trajet, celle de la Loire supérieure, la vallée se rétrécit, se fait gorge, et la pente s’accentue. Le corps se coltine le Massif central tandis que les ressources littéraires se raréfient. Sur ce dernier point, comme dans le Tour un spectateur encourage de la voix un champion qui s’essouffle ; proposons notre aide. Emmanuel Ruben, prosaïque écrit : « Je peux poursuivre ma route en amont de Roanne après avoir dévoré des ravioles dans un restaurant du centre-ville ». La fringale du pédaleur a brouillé la mémoire de l’écrivain. Rappel : ici, le 24 mai 1941, période où les ravioles étaient comptées, Francis Ponge a lancé sa rage de l’expression, son contre-art poétique : « Ainsi, écrivant sur la Loire d’un endroit des berges de ce fleuve, devrai-je y replonger sans cesse mon regard, mon esprit, Chaque fois qu’il aura séché sur une expression, le replonger dans l’eau du fleuve ».

Nous abordons alors les pentes, routes et sentiers où Modestine, l’ânesse de Stevenson, a parfois fait des siennes…C’est l’un des plus beaux noms de pays de France, le Vivarais, dont les eaux se partagent entre le Rhône et la Loire, ici  aimable jouvenceau de fleuve qu’il semble absurde d’appeler Loire, a estimé Stevenson. Pourtant, c’est bien elle qui commence au mont Gerbier-de-Jonc, que le marcheur Jacques Lacarrière a, poétiquement, reformulé en mont-Gerbier-de-Songe.

La Ligérie a aussi ses produits de terroir, sa cuisine. Ruben sachant qu’il brûlera ses calories, sollicite poissons, viandes, charcuterie, vins. S’il tempête contre la nucléarisation du fleuve il ne véganise pas son régime. Pourtant, les sables de la Loire, de la mâche nantaise aux cardons du Forez, en passant par les asperges de Sologne, offrent bien le grand et long potager de la France. Ces constats lui permettent, avec les levées-digues séculaires, et le chapelet des barrages, de récuser le slogan qui fait de la Loire « le dernier fleuve sauvage d’Europe ». 

L’écrivain-géographe a sollicité Élisée Reclus pour lancer son récit, le lecteur géographe propose, en éch-eau, pour le conclure, ce passage ligérien de Vidal de la Blache : « C’est toujours le fleuve à lit mobile, sorte de grève mouvante qui va des montagnes à la mer. Dans les grandes crues, le fond même du lit s’ébranle. En temps ordinaire chaque remous, chaque tourbillon entraine quelques particules de vase ou de sable. Les grèves elles-mêmes, qui paraissent oubliées par les courants paresseux, se désagrègent et s’égrènent silencieusement au fil des eaux ».

 

Emmanuel Ruben | Sur la route de la Loire. Stock, 268 p., 20,90 € 

[Source : www.en-attendant-nadeau.fr]

quinta-feira, 23 de abril de 2026

Un libro para iniciar unha conversa sobre Escocia: «Alí un galego recoñece case todo o que ve»

 

Manuel Gago

Escrito por Marcos Pérez Pena

1.500 quilómetros separan Compostela de Edimburgo, pero é indubidable que Galicia e Escocia teñen moitas cousas en común. Semellanzas nas paisaxes, pero sobre todo no substrato social: nas lendas, na historia e na forma de ser das súas xentes, con puntos de conexión tamén con outros territorios atlánticos. É seguramente por isto que cando unha persoa viaxa de Galicia a Escocia "recoñece case todo o que ve".

Manuel Gago vén de publicar Ata que os mares sequen. Unha Escocia en clave galega (Morgante edicións), un ensaio que é tamén un libro de viaxes (non unha guía turística), pero un libro de viaxes especial, que percorra en todo momento estas conexións entre Escocia e Galicia. 

"Este é un libro de viaxes que se diferencia porque ao lelo, se foses camiñando, un pé estaría pisando en Escocia e outro en Galicia, é dicir, que vas avanzando por dous países ao mesmo tempo. Está deseñado como unha conversa, como cando vas cun amigo que te leva a coñecer unha cidade no estranxeiro e que mentres che vai amosando cousas, ti vala comparando co teu propio país", explica o autor. "Este é un libro para comezar unha conversa, buscando puntos en común", destaca.


Recomendacións para unha viaxe a Escocia conectada con Galicia



"A primeira versión que fixen deste libro parecíase máis a unha guía de viaxes, pero ao reescribilo decateime de que realmente eu estaba buscando outra cousa, o que quería contar era 'que representa Escocia para un galego', como un galego ve Escocia a través da proximidade cultural que pode existir entre os dous países que están moi conectados ao longo da historia", recoñece o autor. "O libro non che vai dar tanto indicacións concretas, porque para iso están as guías, pero si que che vai dar claves sobre certos lugares -máis ou menos coñecidos- que che van permitir vivilos dunha maneira moito máis íntima, ao interactuar con parte do noso imaxinario e da nosa identidade cultural", di.

No libro, Manuel Gago manexa un concepto, as ecotopías, que se poderían definir como a experiencia do asombro ao recoñecer resonancias do familiar nun lugar alleo. "É dicir, que cando os galegos imos a un país atlántico, como Escocia, as cousas que vemos alí sóannos, e ademais a moitos niveis e ás veces nin saber moi ben por que. Cando un escocés che conta unha historia, moitas veces sabes como vai rematar, porque ten semellanzas coa nosa mitoloxía e lendas, ou sabes onde vai estar o chiste, por compartir un tipo de humor semellante", explica.

"Dislle calquera cousa a un vello e respóndeche con retranca", di. "Por iso, eu quería aproveitar ese salto continuo que o noso cerebro está facendo cando estamos alí", engade.


Manuel Gago presentou Ata que os mares sequen o pasado mércores 15 en Santiago, acompañado de Belén Regueira, e farao o mércores 29 de abril na Coruña (no Fórum Metropolitano, ás 19 horas), con Bieito Romero. A introdución do libro pode lerse libremente nesta ligazón.

Por que facer un libro sobre Escocia, incidindo na súa conexión con Galicia? Por que non Irlanda ou Bretaña? "Historicamente sempre se tendeu a falar das conexións entre Galicia e Irlanda, que son importantísimas, por suposto, pero Escocia sempre se deixou un pouco de lado", di Gago. "Isto ten unha explicación histórica: na Galicia de finais do século XIX escolleuse Irlanda como referente por unha situación política que conviña ao discurso, dado o enfrontamento con Inglaterra, e ademais por ser un país fundamentalmente católico, que encaixaba co pensamento do galeguismo dese momento", engade. 

"Pero é que hai moitísimos elementos que teñen que ver co nacemento do mundo obreiro, coa revolución industrial e a ilustración, con conflitos sociais... que son comúns a Galicia e que quedaban relegados por outros factores culturais ou relixiosos", sinala.

Capa de Ata que os mares sequen - Morgante

Galicia e Escocia comparten, por exemplo, debates públicos e tensións espaciais económicas. "Fíxate que nós temos un eterno debate sobre a relación entre o Eixo Atlántico, moito máis poboado e desenvolvido, e o interior, rural e en proceso de despoboamento. Eses debates son exactamente iguais en Escocia, entre as zonas máis urbanas e o resto", cunha grande importancia da industria ou a economía do mar en Glasgow e nas áreas portuarias. "Hai un gran número de paralelismos e moitos non veñen tanto desas coincidencias culturais históricas, senón de circunstancias xeográficas, espaciais, económicas...", di.


Pasa o mesmo co despoboamento ou co rol da inmigración, "moi importante en Escocia xa que fronte á actual posición do Goberno de Londres, o Goberno do SNP si apoia a chegada de poboación de fóra para potenciar a economía".

"Eu podería terme limitado no libro a poñer unha relación de topónimos e lendas comúns, o xeito clásico en que se relacionou a Galicia con Escocia. Pero ao facer iso, moitas veces rexeitamos establecer comparacións que teñen que ver co noso presente", subliña. Nese senso, o autor destaca que “quería reescribir esa relación atlántica dende o século XXI, sen esquecer as achegas anteriores”.


Viaxeiros ou turistas?

Hai moitos tipos de libros de viaxes, dende as guías máis básicas a aqueles nos que un visitantes vai percorrendo un país e describindo o que atopa. Pero case sempre os mellores son os que che permiten mergullarte na cultura, na forma de ser dos seus habitantes, grazas aos que podes entender mellor aquilo que che rodea e non limitarte a visitar 'as dez cousas que tes que ver' en cada lugar.

A viaxe resulta especialmente interesante, sinala Gago, cando ese lugar ou ese país "representa algo para ti". "Pode que non o saibas explicar demasiado ben, pero de súpeto ocupa un espazo no teu interior, dentro da túa propia vida. Ti nunca vas baleiro de ideas a unha viaxe, sempre vas con algún tipo de prexuízo, de expectativas", di. "Decateime diso unha vez que levamos os nosos pais a Roma e cando entraron no Coliseo, dixeron todos a un tempo: 'Pois xa está, isto xa está feito', no sentido de obxectivo cumprido. Nese momento decateime de que o Coliseo representaba algo importante nas súas vidas", comenta.


Abadía Jedburgh - fonte: www.historicenvironment.scot


Que é o que diferencia un viaxeiro dun turista? Cando optamos por evitar os lugares máis turistificados e deseñamos a visita dunha maneira moi diferente aos ritmos e rutas establecidas somos viaxeiros? Ou esa é unha fantasía que nos contamos a nós mesmos para evitar a etiqueta de turistas? "Eu creo que no 90% dos casos, mesmo cando nos queremos considerar a nós mesmos como 'viaxeiros', en realidade seguimos sendo turistas. Sempre digo que se tes o billete de volta comprado, es un turista; se non tes billete de volta, pode que sexas un viaxeiro", di Gago. 

"Se queres ser viaxeiro, vas facer algún tipo de proxecto nese lugar, vas con algún propósito. Porque o propósito axúdache a contactar con xente e a desprazarte de maneira diferente aos turistas. Eu mesmo, dende logo, as primeiras veces que fun a Escocia era un turista, pero cando fun para colaborar en proxectos con xente de alí posiblemente me convertín en viaxeiro", di.


Sete recunchos de Escocia recomendados por Manuel Gago para "comezar unha conversa"

Pedímoslle a Manuel Gago unhas recomendacións para visitar en Escocia, incluídas no seu libro, lugares nos que un galego ou galega pode atopar eses "puntos de conexión".

No Castelo de Edimburgo está a Pedra do Destino, que conta a lenda que chegou a Galicia dende o Mediterráneo Oriental, dende aí foi a Irlanda onde se fixo un reino dende o cal se conquistou Escocia e a pedra foi viaxando dun lugar a outro. É un mito que segue vivo, porque dalgún xeito educou a todos estes países atlánticos na idea de que todos vimos doutro lugar, que unha parte da nosa identidade está noutro lugar. O que moita xente non sabe é que ao lado da Pedra do Destino están as Armas de Escocia: a espada, o cetro e a coroa do rei de Escocia. E no cetro está representado o Santiago Apóstolo peregrino como protector do rei de Escocia. Por iso ata hai poucas décadas en Escocia a maior parte dos homes se chamaban James (Xacobe).

Recomendaría unha visita ás abadías do sur (Jedburgh, Melrose...), na fronteira entre Escocia e Inglaterra e que son preciosas. Fálannos do momento en que Escocia quixo ser un país moderno, no século XII, e alí instaláronse abadías cistercienses que teñen as mesmas cronoloxías que as galegas do seu momento (Oseira, Samos...), que crearon tamén unha trama urbana. Escocia quedou armada como país, con estas abadías e coa creación de vilas, no mesmo momento que Galicia. A maior parte da xente non visita o sur de Escocia, pero eu reivindico moito estas Lowlands, terras baixas, onde atopas moita arte medieval e renacentista, que rompe moitos tópicos.


Illa de Skye - fonte: www.visitscotland.com

Vou recomendar un sitio moi concreto e moi descoñecido da Illa de Skye. Hai unha lugar, chamado Rubh' an Dùnain, que é unha punta bastante desértica e á que só se pode chegar andando, nunha camiñada de varias horas. É un punto cunha paisaxe espectacular cara ao mar de Irlanda no que dalgún xeito está resumida toda a historia escocesa, pois quedou fosilizada. Hai un porto viquingo interior, hai un conxunto de mámoas moi semellantes ás galegas, hai un castro e hai unha aldea abandonada. Estas aldeas abandonadas, que nos recordan aos nosos castros, parécenme fascinantes e hainas en moitas zonas das Highlands. Nos séculos XVIII e XIX nas Highlands, que estaban superpoboadas, houbo un proceso masivo de expulsión da poboación a cargo dos grandes terratenentes, para ocupar todo o terreo con ovellas; ademais, ao Imperio Británico víñalle ben esa emigración para poboar todo o seu imperio colonial. E a paisaxe marabillosa e brutal das Highland que vemos hoxe é o resultado dese proceso de expulsión. Ese proceso tamén se intentou en Galicia, pero non tivo éxito.

Outra recomendación é o Forte de Dún Ad, que se atopa no Argyll, no oeste de Escocia. É un castro que se atopa moi preto do mar, nun sitio moi bonito a carón dunha abadía tamén moi fermosa. Sempre se interpretou como o lugar ao que chegaron os gaélicos procedentes de Irlanda e que invadiron a actual Escocia, levando a súa lingua e cultura ás Highlands escocesas. O forte é famoso porque no seu cume ten un petróglifo que é onde se coroaban os primeiros reis do reino de Alba, o reino gaélico de Escocia. Neste lugar apareceron tamén testemuñas de actividade comercial con Galicia na antigüidade tardía. Investigacións recentes revelaron que unha vez que cae o Imperio Romano, a circulación comercial atlántica se dinamizou, vinculando todas as áreas célticas do Atlántico. É un lugar que ten moita significación para Galicia e é, ademais, precioso e moi pouco visitado polos turistas galegos.


Ring of Brodgar - fonte: www.nessofbrodgar.co.uk

Outro sitio que recomendo son as illas Orcadas. Todo o esforzo que supón ir ata elas (que tampouco é tanto, peor son as Shetland) está compensado. É unha zona no que hai moitísimos monumentos prehistóricos, que se preservaron de marabilla e onde hai un lugar que se chama Ring of Brodgar, que é un crómlech enorme en perfecto estado de conservación. É moi famoso, ademais, porque na Segunda Guerra Mundial os seus foxos prehistóricos eran usado polas tanquetas para adestrar, como se pode ver na rede nunha foto histórica. E preto de alí está o famoso xacemento de Skara Brae, que é unha especie de vila prehistórica mergullada na area e que grazas a iso se preservou moi ben. Isto conéctase coas lendas galegas das vilas soterradas nas lagoas ou con lugares coma o illote do Areoso, que preservou de maneira excepcional a prehistoria galega.


Burghead - fonte:  University of Aberdeen/Dundee

A quen lle guste o whisky, eu recomendaría facer a ribeira do Spey, o Speyside, onde se atopan moitas destilerías, e visitar alí a destilería de Macallan. É unha ribeira que sempre ten unha néboa que en realidade é o vapor de auga das destilerías. A xente vaise sorprender porque no vestíbulo hai unha foto enorme do Courel que ocupa toda a parede. A razón é que a madeira que utiliza Macallan, que é un dos whiskys de máis calidade, vén do Courel.


E, para rematar, un lugar onde se pode ver moi ben o mundo picto, a gran cultura altomedieval escocesa, que está preto de Aberdeen, que ademais é unha cidade con moita relación con Galicia a través da pesca do mar do Norte. Burghead é unha vila de pescadores que rodea un castro, un antigo castro dos pictos, situado nunha península, como moitos galegos. Trátase dun lugar perfecto para coñecer a cultura dos pictos, que foi desprezada na propia Escocia durante moito tempo. Nos últimos anos estase redescubrindo alí (e tamén en Galicia) a riqueza desa cultura altomedieval.


[Fonte: www.praza.gal]