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domingo, 20 de setembro de 2026

«La batalla de Chile» es una obra maestra del cine revolucionario

Patricio Guzmán, el documentalista que puso su cámara al servicio de la Unidad Popular y de su memoria, murió este martes en París, a los ochenta y cinco años. Frente a su partida, volvemos a La batalla de Chile, la trilogía que demostró que el cine también puede ser un arma clave para la lucha de la clase trabajadora.

Patricio Guzmán en la recepción del Premio del Festival de Cine y Derechos Humanos de San Sebastián en reconocimiento a sus más de cuarenta años de trayectoria, en el año 2013.

Escrito por Stephen Borunda

Traducción: Pedro Perucca

El 11 de septiembre de 1973, los militares chilenos derrocaron al gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende con el apoyo del gobierno de Estados Unidos. La dictadura militar del general Augusto Pinochet que lo sucedió, asesinó o hizo desaparecer a más de tres mil personas y torturó a otras cuarenta mil.

A escala internacional, ningún cineasta fue tan crucial para la tarea de documentar, recordar y reimaginar al primer gobierno socialista elegido en las Américas y a su violenta disolución como el documentalista Patricio Guzmán. En 2012, resumió bellamente su compromiso con la memoria y la memorialización del pasado de Chile: «Creo que la vida es memoria, todo es memoria. No hay tiempo presente, y todo en la vida es recordar. Creo que la memoria abarca toda la vida, y toda la mente».

Un gigante del cine

Guzmán es un gigante del cine documental latinoamericano con un corpus de más de veinte películas. Su tríptico La batalla de Chile: la lucha de un pueblo sin armas (1975, 1977, 1979), sobre los conflictos políticos que precedieron al golpe contra Allende, es un ejemplo clásico de lo que los cineastas argentinos Octavio Getino y Fernando Solanas bautizaron como Tercer Cine. Este fue el movimiento cinematográfico latinoamericano de fines de los años sesenta y los setenta que buscaba usar el cine como un arma para documentar la realidad y transformarla progresivamente. Desde el exilio en Cuba y Europa, Guzmán continuó documentando los esfuerzos de resistencia contra el régimen de Pinochet en películas como En nombre de Dios (1987) y, excavando la memoria de la Unidad Popular, en Chile, la memoria obstinada (1997), El caso Pinochet (2001) y Salvador Allende (2004).

Más recientemente, en lo que yo designaría como la «trilogía fronteriza» chilena de Guzmán demuestra una profunda sintonía con el entorno y un giro desde una política exclusivamente humana hacia un sentido de lo político que incluye lo más-que-humano en esta era de cambio climático masivo. Las poéticas Nostalgia de la luz (2010), El botón de nácar (2015) y La cordillera de los sueños (2019) están atentas a las cosmovisiones indígenas y a otras comprensiones expansivas tanto de la geografía como de la naturaleza en Chile, y a cómo estas podrían facilitar una comprensión renovada y más integral de los sucesos en torno al golpe.

En agosto de 2023, Guzmán recibió el Premio Nacional de Artes de la Representación y Audiovisuales de Chile, convirtiéndose en el segundo cineasta en recibir este premio después del Raúl Ruiz, otro exiliado chileno. También recibió un doctorado honoris causa de la Universidad de Valparaíso. Sin embargo, el reconocimiento de Guzmán en su propio país es un fenómeno reciente. Durante décadas, fue mucho más conocido fuera de Chile que en su tierra.

La desatención del público chileno hacia su obra era comprensible, ya que La batalla de Chile estuvo entre las más de mil películas prohibidas durante la dictadura de Augusto Pinochet. Sus tres partes circularon clandestinamente en VHS o Betamax hasta el retorno de la democracia en 1990. Recién en 2021, fueron transmitidas las tres partes en la televisión chilena, por el canal La Red.

La mayoría de las películas de Guzmán se han vuelto ahora fácilmente accesibles online en Chile a través del servicio nacional de streaming Ondamedia. La revitalización de su obra en Chile también le ha permitido conseguir apoyo allí y en Francia para restauraciones en 2K de La batalla de Chile y de su primer largometraje documental, El primer año (1972), que volvieron a proyectarse en los últimos años.

Los primeros años

Nacido en Santiago pero criado en Viña del Mar, Guzmán fue a estudiar a la Universidad de Santiago de Chile. Sin embargo, dejaría esos estudios atrás para dedicarse a oportunidades cinematográficas en la Pontificia Universidad Católica de Chile y luego estudiaría dirección en la Escuela Oficial de Cine de Madrid, en 1967.

Al regresar de sus estudios en Madrid, Guzmán imaginaba una carrera haciendo películas de ficción, pero el ambiente político del Chile de Allende en los años setenta resultó demasiado magnético. Guzmán estrenó tanto El primer año como La respuesta de octubre en 1972. El primer año, una película que seguía los primeros doce meses de la presidencia de Allende, causó una profunda impresión en el estimado cineasta francés Chris Marker. Marker vio la película por primera vez mientras estaba en Chile como parte del equipo de Estado de sitio (1972), del director griego Costa-Gavras, y decidió distribuir El primer año en Europa.

Guzmán siguió sintiéndose cada vez más perturbado e inspirado por los acontecimientos en Chile, al ver cómo el país se encontraba efectivamente en un estado de preguerra civil entre el proletariado y la burguesía, respaldada esta última por Estados Unidos. Como le escribió a Marker:

La burguesía desplegará todos sus recursos. Desplegará el sistema jurídico burgués. Desplegará sus propias organizaciones profesionales junto con el poder económico de Richard Nixon. (…) ¡Tenemos que hacer una película sobre todo esto! (…) Una obra de gran alcance rodada en las fábricas, en el campo, en las minas. Una película de investigación cuyos grandes escenarios sean las ciudades, los pueblos, la costa, el desierto. Una película como un mural, dividida en capítulos, cuyos protagonistas sean el pueblo y sus dirigentes sindicales por un lado, y la oligarquía, sus líderes y sus conexiones con el gobierno de Washington por el otro. Una película de análisis.

Marker le dio un impulso crucial al naciente proyecto de Guzmán, Tercer Año (que luego se convertiría en La batalla de Chile) al enviarle película virgen que entonces resultaba imposible conseguir en Chile por vías normales, debido al bloqueo estadounidense.

Ese apoyo llegó en un momento decisivo, ya que Guzmán también había perdido el financiamiento que originalmente le había ofrecido Chile Films, que hasta hacía poco había estado dirigida por Miguel Littin (director de la aclamada El Chacal de Nahueltoro, 1969). Esto se debió a las medidas de austeridad adoptadas por el gobierno de Allende y al hecho de que Chile Films había contratado inicialmente a Guzmán para hacer un largometraje sobre el prócer chileno Manuel Rodríguez. Sin embargo, la visión populista que Guzmán tenía de Rodríguez en esa película inconclusa le dio una comprensión de la importancia de rescatar la historia del control asfixiante de las élites conservadoras, un proyecto que desarrollaría más a fondo en La batalla de Chile.

El Equipo Tercer Año

Al volver a comprometerse con la forma documental para una tercera película, Guzmán y su equipo, ahora designados como el Equipo Tercer Año, eran una amalgama ecléctica de figuras. Marta Harnecker, una de las colaboradoras del guion, era una teórica política chilena que había estudiado bajo la tutela de Louis Althusser. José Bartolomé, el asistente de dirección, era un economista español, mientras que Jorge Müller Silva era un prometedor director de fotografía con experiencia cinematográfica previa junto a Littin y Ruiz.

Estos miembros del equipo y un pequeño grupo de otros colaboradores, como el productor Federico Elton y el artista de sonido Bernando Menz, trabajaron para producir un análisis marxista complejo, que funcionaría más como un ensayo cinematográfico y que podría comunicar a las generaciones futuras los detalles de la situación en Chile. El equipo comprendió que la película sería un artefacto importante para divulgar los sacrificios del pueblo chileno en caso de que se produjera un golpe. Pero el equipo de filmación también creía verdaderamente que las fuerzas de Allende prevalecerían en tal escenario; sin saber que los soldados leales al presidente ya estaban siendo identificados y purgados.

El equipo elaboró un enorme esquema teórico y demarcó la realidad chilena en tres categorías: ideológica, política y económica. Para forjar una visión dialéctica de la situación en Chile, trazaron los sitios críticos de disputa para el proletariado y el campesinado a medida que intentaban expandir su poder frente a la creciente violencia de las élites del país. Si bien el Equipo Tercer Año estaba captando las condiciones específicas de Chile, comprendieron que lo que ocurría en Chile prefiguraba situaciones que se darían en otras partes del mundo.

El equipo de filmación captó huelgas, protestas, discursos populares y, finalmente, el golpe mismo. Las películas nos invitan a involucrarnos con los argumentos intelectuales planteados por una variedad de fuentes, que van desde votantes chilenos comunes tras la victoria electoral de la Unidad Popular hasta los trabajadores del cobre en huelga en El Teniente, pasando por dirigentes sindicales que representaban a la Central Única de Trabajadores de Chile a nivel nacional, por un lado, y a los cordones industriales a nivel regional, por el otro.

El enfoque de cámara en la calle presenta estas voces como simultáneamente grandiosas y miopes. Dado que el equipo de filmación operaba con recursos limitados, fueron muy frugales en no dedicar demasiado esfuerzo a los acontecimientos sensoriales. Las secuencias llamativas, como una secuencia en la tercera parte con la banda folclórica chilena Quilapayún que remite al importante movimiento de la nueva canción en Chile, son escasas.

El equipo, que trabajaba de manera clandestina, también tomó medidas de precaución y trabajó bajo nombres y títulos distintos. Por razones de seguridad, a medida que acumulaban material filmado, solo Guzmán y su esposa, Pamela Urzúa, sabían dónde se almacenaban los rollos de película.

Resistencia en el exilio

Cuando el golpe ocurrió el 11 de septiembre, Guzmán estuvo preso durante quince días en el Estadio Nacional de Santiago. Debido al hermetismo con el que habían operado, si bien los militares sabían que era profesor de comunicación, ignoraban que era cineasta y que trabajaba activamente en un proyecto sobre el golpe mientras este se desarrollaba.

Tras el encarcelamiento de Guzmán, su esposa y su equipo comenzaron a sacar la película del país con el apoyo del cineasta Gastón Ancelovici y de la embajada de Suecia. En un momento dado, el material filmado escapó por poco a los registros militares del departamento de Bernando Menz, pero finalmente todo el material llegó a salvo a Estocolmo.

La mayor parte del equipo de filmación partió al exilio, pero el director de fotografía Jorge Müller Silva, que también era militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), fue detenido y desaparecido por la junta en 1974. Cada una de las tres películas comienza con una dedicatoria a su memoria.

En el exilio, Guzmán viajó a Francia y se reunió con Alfredo Guevara y Saúl Yelín, del instituto de cine nacional de Cuba, el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC). Con el apoyo de Chris Marker, el ICAIC accedió a respaldar la finalización de la película. Tras su llegada a La Habana, Guzmán trabajó estrechamente con el editor de la película, Pedro Chaskel. Chaskel era un director que había sido uno de los mentores en cine experimental en la Universidad de Chile para directores como Ruiz y Littin, y se convirtió en un líder en la creación de los Archivos de Cine Chileno Desde el Exilio.

Guzmán también recibió la guía del cineasta y teórico cubano Julio García Espinosa, uno de los fundadores del ICAIC. La participación de Espinosa en la edición del guion y como mentor del ICAIC fue significativa. Le concedió al equipo el amplio margen que necesitaba para un proyecto de esta escala, y sus escritos sobre el cine imperfecto habían inspirado desde hacía tiempo al equipo de Guzmán. La película del director cubano Tercer mundo, tercera guerra mundial (1970) también había servido de modelo para La batalla de Chile incluso antes de que comenzaran a filmar.

Cine militante

Finalmente, la película adoptó una estructura tripartita y no lineal, con una duración total de cuatro horas y media. Las tres partes sucesivas fueron La insurrección de la burguesía (1975), El golpe de Estado (1976) y, finalmente, El poder popular (1979). Las películas son en blanco y negro, filmadas con cámara en mano. La insistencia de Guzmán y Jorge Müller Silva en situar a los espectadores directamente en medio de los momentos de crisis implicó el uso experto de primeros planos faciales para poner a los trabajadores, los campesinos y la gente común en el centro, en lugar de a las élites de izquierda o derecha.

La trilogía oscila entre el registro analítico y el poético, actuando como participante de una ruptura social masiva. Espera que los espectadores sean también participantes activos en uno de los documentales más exigentes intelectualmente que se hayan creado en esa época.

La insurrección de la burguesía sigue la reacción de las clases medias y altas contra la Unidad Popular y las maneras en que miembros de esas clases conspiraron con intereses extranjeros para allanarle el camino al golpe. La película se abre con imágenes del bombardeo aéreo del palacio presidencial de Chile, La Moneda, y luego retrocede para comprender cómo porciones sustanciales de la población chilena pudieron celebrar semejante violencia.

Para lograr este cometido, la película alterna entre entrevistas a partidarios de la Unidad Popular y de la oposición, principalmente de la Democracia Cristiana, pero también grupos fascistas como el Frente Nacionalista Patria y Libertad. El desenlace de la primera película es impactante y presenta el asesinato del fotoperiodista Leonardo Henrichsen mientras filmaba su propia muerte durante el primer golpe fallido, ocurrido en junio de 1973.

El golpe de Estado sigue la complejidad y los conflictos entre los distintos grupos de la izquierda. Estas diversas facciones no logran ponerse de acuerdo sobre cómo proteger mejor las conquistas alcanzadas por la Unidad Popular. En definitiva, estos debates no logran asegurar un plan de defensa firme contra la subversión militar.

La coda de la película contiene imágenes del último discurso de Allende antes de su muerte y la posterior proclamación televisada del poder de la junta militar, junto con su denuncia del «cáncer marxista» en el gobierno de Allende. Sin embargo, incluso mientras Guzmán nos muestra a partidarios de Allende siendo arrestados por los militares, se muestra firme en que la batalla por Chile está lejos de haber terminado.

La tercera parte, El poder popular, se centra en la organización que tuvo lugar entre los trabajadores chilenos de 1972 a 1973, mientras buscaban profundizar los proyectos socialistas, incluida la ocupación de fábricas y de territorios agrícolas. Los intentos de solidaridad de las comunidades locales para distribuir alimentos y otros bienes importantes en tiempos de escasez masiva constituyen un motivo central de la película. Los trabajadores comprenden en todo momento la urgencia del momento, incluso mientras el gobierno de Allende sigue reacio a actuar.

Un país imaginario

La película más reciente de Guzmán, Mi país imaginario, de 2022, es una continuación poética de La batalla de Chile, en la que Guzmán sigue las secuelas del estallido social de 2019, las masivas protestas a nivel nacional que exigieron el fin de diversas desigualdades en Chile y el proyecto de nueva Constitución que finalmente dejara atrás a su antecesora de 1980, redactada en pleno pinochetismo. 

Si bien tales acontecimientos motivaron declaraciones esperanzadas del propio Guzmán —«Chile ha encontrado su memoria. El acontecimiento que esperaba desde mis años de estudiante finalmente ha sucedido»—, las secuelas del estallido social han sido más ambiguas. En 2022, los chilenos rechazaron por un margen sustancial la que quizás sea la Constitución más progresista jamás redactada en las Américas.

A fines de agosto de 2023, el presidente Gabriel Boric autorizó un nuevo plan de búsqueda para localizar los restos de las más de mil personas desaparecidas en Chile cuyos restos siguen sin ser hallados. Además, la Corte Suprema de Chile finalmente formuló cargos contra siete militares por el asesinato del cantautor Víctor Jara en el Estadio Nacional tras el golpe. En diciembre de 2025, el candidato ultraderechista Juan Antonio Kast ganó las elecciones y poco después se convirtió en el sucesor de Boric. 

Todos estos acontecimientos nos recuerdan que la batalla por Chile —por lo que fue y es, así como por las formas en las que se recuerda a sí mismo— continúa. Para quienes buscan comprender las reglas de enfrentamiento en esa larga batalla, no puede haber mejor punto de partida que volver al corpus de Patricio Guzmán, uno de los cineastas más políticamente resueltos que jamás haya tomado una cámara, una cámara que él ha transformado en una herramienta de poesía y memoria en la lucha en curso contra el fascismo.

 

Stephen Borunda es candidato a doctorado en estudios de cine y medios en la UC Santa Bárbara. Su trabajo ha sido publicado en Media+Environment, global-e, Film Matters y el Santiago Times. 

[Foto: Wikimedia Commons - reproducido en www.jacobinlat.com]


sábado, 19 de setembro de 2026

Addio a Patricio Guzmán, testimone del suo tempo e memoria storica del Cile

Il grande documentarista è morto a 85 anni. Autore di un’opera senza paragoni, dal monumentale La battaglia del Cile alla magnifica trilogia delle Ande, con coscienza politica e visione cosmologica

Patricio Guzmán

di Lorenzo Ciofani 

“Un Paese che non ha documentari cinematografici è come una famiglia senza album familiare”, disse, una volta, Patricio Guzmán, e ogni popolo meriterebbe una voce come quella di questo testimone del suo tempo e memoria storica del suo Paese. Quel Cile tanto amato quanto rimpianto che Guzmán abbandonò nel novembre del 1973, all’indomani del colpo di Stato che rovesciò il governo di Salvador Allende e sancì l’inizio della dittatura militare di Augusto Pinochet. Dopo essere stato tenuto prigioniero allo Stadio Nazionale di Santiago e minacciato di morte, Guzmán ha girato il mondo, da Cuba alla Spagna fino a Parigi, dov’è morto ieri, 15 settembre, a 85 anni.  

Regista cruciale per capire il Novecento ma anche il terzo millennio, Guzmán ha realizzato la monumentale trilogia La battaglia del Cile (L’insurrezione della borghesia, 1975; Il colpo di stato, 1977; Il potere popolare, 1979), un capolavoro del documentario politico incentrato sulla cronaca delle tensioni che portarono al golpe, dalle elezioni parlamentari che decretarono la vittoria di Allende agli scioperi della classe operaia contro gli industriali fino alle ingerenze americane nell’insediamento dei militari. Realizzato in circostanze avventurose e con poche risorse (anche Chris Marker procurò della pellicola), il materiale fu nascosto a casa di uno zio di Guzmán e successivamente portato fuori dal Cile (fu sempre Marker ad aiutare il regista a mettersi in contatto con la comunità cubana per finalizzare il montaggio).

La battaglia del Cile

Negli anni Novanta, Guzmán tornò in Cile per mostrare la trilogia, che fino a poco tempo prima era stata bandita dal regime. Da questa esperienza nacque il documentario Cile, la memoria ostinata (1997), che inaugurò una nuova fase del percorso del regista. Dopo l’acclamato Salvador Allende (2004), che alterna archivio e presente per restituire la qualità umana e politica del presidente destituito ma anche per evidenziare le responsabilità americane nell’organizzazione del golpe, Guzmán elaborò un altro progetto, la cosiddetta Trilogia delle Ande, che rappresenta il suo capolavoro della maturità e la definitiva consacrazione internazionale.

Con il meraviglioso Nostalgia della luce (2010), Guzmán fa convergere memoria e identità partendo dal deserto di Atacama, il luogo più arido della Terra dove la dittatura militare gettò i cadaveri dei desaparecidos. Ma, beffa della natura, quel luogo riesce a conservare i cadaveri proprio in virtù del suo clima, spingendo un gruppo di donne a cercare i propri cari dispersi. La grandezza di Guzmán sta anche nel tracciare un parallelo con l’astronomia, poiché nel deserto c’è un osservatorio: il cielo e la terra, i corpi celesti e i corpi morti, l’arcano e il concreto, osservare e scavare. Ossessionato dal passato rimosso, sublima il dolore collettivo attraverso una visione cosmologica per ipotizzare una convivenza con le domande senza risposta. È un film combattente, civile, commovente, d’una bellezza struggente e magnifica, che interroga “l’evidente necessità del ricordo” e l’identità di una nazione.

Nostalgia della luce

Il secondo capitolo della trilogia, La memoria dell’acqua (2015), è un racconto sulla violenza che nel titolo originale (che suona come “il bottone di madreperla”) si riferisce alla storia emblematica del primo indigeno portato in Inghilterra e poi ricondotto in patria privato della propria identità. La violenza come strumento per eliminare l’ingombro dell’uomo non conforme al potere, con la speranza che il riscatto venga dal mare, cioè della natura. Una potente riflessione sulla responsabilità di chi è sopravvissuto alla tragedia, dove l’infinitamente piccolo dell’uomo si oppone all’infinitamente grande del cosmo. Presentato alla Berlinale, ebbe il premio per la miglior sceneggiatura.

Guzmán ha setacciato le contraddizioni di un Paese che s’è negato la necessità della memoria, dalle popolazioni della Patagonia saccheggiate dai coloni ai desaparecidos cancellati dalla dittatura di Pinochet. Ha lavorato sulle zone d’ombra e sulle rimozioni di un romanzo collettivo, costruendo un cinema saggistico e comunque fortemente narrativo, sempre radicato in una visione cosmologica. Come confermato dall’atto finale della trilogia, La cordigliera dei sogni (2019), una struggente opera-mondo, stratificata e didattica nel senso più alto, che riflette su spazio e tempo sulle Ande come testimone silente della storia cilena dando voce ai superstiti e aprendosi a una vera utopia: quella che il Cile recuperi l’innocenza e l’allegria.

Patricio Guzmán con l'indigenza Kawesqar Gabriela Paterito sul set di La memoria dell'acqua. 

(Webphoto)

E la dimensione militante dell’autore, ormai anziano ma mai domo, riecheggia anche nell’ultimo lavoro, Cile – Il mio paese immaginario (2022), che inquadra il tumulto sociale che, nell’ottobre 2019, portò la gente in piazza. Una richiesta di democrazia, una vita migliore, un sistema educativo e sanitario migliore e una nuova Costituzione che dà voce alle attiviste femministe, segno del risveglio di un popolo a quasi mezzo secolo dal colpo di Stato. E il Cile ha riconosciuto il suo lavoro lucido e appassionato conferendogli, nel 2023, il Premio nazionale delle Arti performative e audiovisive, la più alta onorificenza statale per un artista (il secondo regista dopo Raúl Ruiz).

 

[Fonte: www.cinematografo.it]

sexta-feira, 18 de setembro de 2026

Patricio Guzmán, custodio de la memoria chilena

El cineasta, cronista del golpe de Estado sufrido en Chile el 11 de septiembre de 1973, fue una de las voces más comprometidas del documental contemporáneo. Falleció el pasado martes 15 de septiembre a los 85 años.

Patricio Guzmán, la voz de Chile. Foto: Biblioteca Nacional de Chile

Escrito por Paula Arantzazu Ruiz 

“Chile, como casi toda América Latina, es un país desmemoriado, donde la historia no existe”, se lamentaba Patricio Guzmán (Santiago de Chile, 1941-París, 2026) en una entrevista para ‘El País’ publicada en noviembre de 2021. Por desgracia, ese pesar acaba de hacerse más profundo con el fallecimiento del cineasta el pasado 15 de septiembre, cuya desaparición deja también huérfano un cine documental que tuvo en su figura a una de sus voces más comprometidas. 

El cine de Guzmán moldeó la conciencia de la derrota y del exilio tras el infame golpe de Estado conducido por Augusto Pinochet el 11 de septiembre de 1973, haciendo del cine la mejor herramienta política contra el olvido. Su trayectoria ha estado ligada indefectiblemente a esa tragedia histórica y a la figura de Salvador Allende, fundador del Partido Socialista Chileno, de quien, como aseguró, jamás había podido desprenderse. 

Más que como un fantasma, sin embargo, el presente y el recuerdo de esos sucesos han protagonizado sus películas como un eco melancólico, obstinado en que todo el dolor de las víctimas y de sus familiares no quede sepultado bajo la amnesia histórica.

Documentando la historia. Foto: Armindo Cardoso

La batalla de Guzmán

La filmografía de Guzmán está pivotada por su opus “La batalla de Chile” (1975-1979), documental de cinco horas estructurado en tres partes –“La insurrección de la burguesía” (1975), “El golpe de Estado” (1977) y “El poder popular (1979)”– que registra el golpe de Estado que liquidó con las armas al gobierno electo de Unidad Popular, liderado por Allende. 

Guzmán, que se había marchado de Chile a mediados de los sesenta, recalando junto a su familia en España e ingresando en la Escuela Oficial de Cinematografía de Madrid –donde se graduó como director de cine en 1970–, vuelve a su país cuando Unidad Popular logró la victoria en el plebiscito de 1971. En su regreso, filma los primeros compases del aquel gobierno en “El primer año” (1972), que acabó siendo determinante para que Chris Marker, conmovido por esa obra, lo ayudara a producir y finalizar “La batalla de Chile”.

Rodaje de “La batalla de Chile”. Foto: Armindo Cardoso

Tras el golpe, Guzmán es detenido durante dos semanas y finalmente logra salir del país en noviembre de 1973. Las latas de “La batalla de Chile” consiguen llegar a Estocolmo y de ahí a Cuba, gracias a la ayuda de la embajada de Suecia. La película, que se convirtió en un hito del documental logrando numerosos premios y el reconocimiento de la crítica, no volvió a pisar Chile hasta 1997, 23 años después de su fuga. 

Cosmovisión de la memoria 

Guzmán se asentó en Cuba para trasladarse después a España y más tarde a Francia. En este tiempo realiza las películas documentales “En nombre de Dios” (1987), “La cruz del sur” (1992), “Pueblo en vilo” (1995), “Chile, la memoria obstinada” (1997), “Isla de Robinson Crusoe” (1999), “El caso Pinochet” (2001), “Madrid” (2002), “Salvador Allende” (2004) –premio Goya al mejor documental– y “Mon Jules Verne” (2005). 

La última etapa creativa de su trayectoria está marcada por la trilogía ensayística formada por “Nostalgia de la luz” (2010) –premio de la Academia del Cine Europeo al mejor documental–, “El botón de nácar” (2015) –Oso de Plata de la Berlinale a la mejor dirección y premio César al mejor documental– y “La cordillera de los sueños” (2019) –Goya a la mejor película iberoamericana–; un tríptico en el que sus anhelos por el territorio y el recuerdo del golpe militar hilvanan una reflexión entre geológica y cósmica, de un hálito poético especialmente conmovedor.

Durante el rodaje de “Nostalgia de la luz” (2010) 

Su pulso por retratar el ritmo de la política no perdió ni un ápice de fuerza con los años y su último documental, “Mi país imaginario” (2022), registra el estallido social en Santiago de Chile durante 2019, la mayor ola de protestas desde el fin de la dictadura militar. Fueron momentos en los que se alumbraba un cambio en Chile y, entonces como antaño, su cámara tenía que estar allí para registrar el aliento de la esperanza. ∎

 

Eso no está muerto: la memoria chilena en el cine de Patricio Guzmán

“La batalla de Chile”

> 1975-1979

Filmada junto al operador Jorge Müller, el sonidista Bernardo Menz, el ayudante de dirección José Bartolomé, el productor Federico Elton y el montador Pedro Chaskel, “La batalla de Chile” es un testimonio sin paragón del golpe militar. La película se abre con imágenes del bombardeo aéreo del palacio presidencial de Chile, La Moneda, y enseguida retrocede para revisar la llegada al poder de Allende y la efervescencia de los cambios entre las clases populares así como la tensión y malestar de las élites como antecedentes del golpe.

 

“Chile, la memoria obstinada”

> 1997

El año en que “La batalla de Chile” volvía a pisar su país, Guzmán presentaba también el epílogo de esa obra, “Chile, la memoria obstinada”. De nuevo tomándole el pulso a la población chilena, el documental se interroga por los efectos del olvido impuesto por Pinochet para evidenciar la necesidad de recordar. La película vuelve a encontrarse con algunos rostros de “La batalla de Chile”, que a su vez es mostrada por primera vez a las nuevas generaciones, ignorantes o incrédulas por la barbarie del pasado.

 

“Nostalgia de la luz”

> 2010

Las múltiples dimensiones del pasado se reúnen en el desierto de Atacama al compás de la batuta de Guzmán: astrónomos, arqueólogos, historiadores y familiares de los desaparecidos forzosos de la dictadura meditan sobre el compromiso con la memoria como misión del ser humano. Dos escalas y materias a priori antagónicas –el polvo de los cuerpos celestes y los cuerpos masacrados hasta disolverse en la arena del desierto– que el cineasta sitúa en el mismo plano para interrogarlos con una lucidez y sensibilidad extraordinarias.

 

[Fuente: www.rockdelux.com]

quarta-feira, 2 de setembro de 2026

Jean-Paul Rappeneau, le grand romanesque du cinéma français, est mort à l’âge de 94 ans

Le réalisateur de “Cyrano de Bergerac” est mort ce 1er septembre 2026, a annoncé un de ses fils ce mercredi à l’AFP.  


Écrit par Charlotte Monterrat 

Ce 1er septembre 2026, le réalisateur et scénariste Jean-Paul Rappeneau est mort à l’âge de 94 ans. Il est connu pour avoir su réconcilier le cinéma d’auteur exigeant et le cinéma grand public. Avide de raconter des histoires et de se mettre en scène, il s’est imposé comme une figure de la comédie française populaire, travaillant d’abord en tant que scénariste auprès de ses pères : Louis Malle avec Zazie dans le métro (1959) ou encore Philippe de Broca avec Le Magnifique (1973).  

Grand perfectionniste, il est le réalisateur de huit longs métrages qui marqueront à jamais le cinéma français. Il affirmait d’ailleurs : “Il me faut des années pour faire un film. Quand il sort, c’est une partie de ma vie qui s’achève.” Son premier long, La Vie de château met en scène Catherine Deneuve et Philippe Noiret. Son goût de diriger de grand·es acteur·rices ne fait que commencer, puisqu’il choisit Yves Montand dans Le Sauvage (1975) puis Isabelle Adjani dans Tout feu tout flamme (1981). Rappeneau est aussi un amateur des mises en scène d’époque avec Les Mariés de l’an II (1971), Cyrano de Bergerac (1990) interprété par Gérard Depardieu et Le Hussard sur le toit (1995).  

Adoré du grand public et respecté de la critique 

Le pari d’adapter le monument du théâtre de Jean Rostand lui vaudra un grand succès public ainsi que le César du meilleur réalisateur, celui du meilleur film, une nomination aux Oscars et il remporte également le Golden Globe du meilleur film en langue étrangère en 1991. 

En plus de 50 ans de carrière, ses comédies populaires pleines de panache devenues aujourd’hui cultes ont marqué le cinéma français. Adoré du grand public et respecté de la critique, il doit sans doute son succès à des films épiques, mêlant élégance, humour et mélancolie. Cette capacité à lier succès critique et populaire se retrouve aujourd’hui dans le cinéma de Pierre Salvadori, l’un de ses héritiers.  

 

[Photo : VALERIE MACON / AFP - source : www.lesinrocks.com]

quarta-feira, 26 de agosto de 2026

Murió Ruben Rada, emblema de la música uruguaya, a los 83 años

No pudo sobreponerse a una neumonía que lo aquejó en las últimas semanas. Tenía pensado volver a juntarse con el grupo Tótem.

Rubén Rada (1943-2026)

El músico uruguayo Ruben Rada, uno de los más importantes de su país, falleció a los 83 años en Montevideo. Así o informó su familia a través de las redes sociales.

 

“Con muchísimo dolor les comunicamos que hoy miércoles 26 de agosto a las 15:30 hs. se fue y ahora descansa en paz nuestro querido esposo, padre y abuelo, después de pelear un mes contra una neumonía y sus complicaciones”, dice el comunicado.


 

Rada había sido hospitalizado en Montevideo de urgencia luego de ser diagnosticado con neumonía bilateral. En 2015, había debido someterse a una angioplastía coronaria, y ese antecedente hizo saltar las alarmas al conocerse de su internación en estas horas.

 

Semanas antes de su internación, Rada había lanzado un ciclo titulado ¿Quién va a cantar?, que se puede ver a través de YouTube. Allí, reunía a artistas de diversos géneros para encuentros musicales. 


Hasta el momento, el único de los videos publicados es junto a Sebastián Teysera, líder de La Vela Puerca. Los artistas interpretan canciones como “El viejo” y “Biafra”, esta última de la banda Totem, que Rada integró junto a Eduardo Useta y Mario “Chichito” Cabral en los ‘70.

Rada había nacido el 16 de julio de 1943 en la capital uruguaya. El músico, un ícono del candombe, estaba abocado a la reunión del grupo Tótem, con el que había lanzado su carrera en los años setenta. Hasta poco antes de su muerte estaban confirmados dos conciertos en la Sala Zitarrosa de Montevideo para el próximo mes de octubre.

 

Previo a Tótem, Rada formó parte de El Kinto con Eduardo Useta y el mítico Eduardo Mateo. Formado en el candombe en su Montevideo natal, el músico batalló con problemas de salud desde su niñez, cuando a los dos años contrajo tuberculosis.


 

Su carrera se ha extendido por más de seis décadas desde sus inicios en 1958 como vocalista del conjunto de jazz Los Hot Blowers. Allí tenía el seudónimo de Richie Silver.

Desde entonces, su trayectoria cosechó admiración y respeto a ambos lados del Río de la Plata.

Estos son varias de las primeras reacciones en X ante la noticia de su fallecimiento.

 

 

[Foto: Cristina Sille - fuente: www.pagina12.com.ar]

quarta-feira, 5 de agosto de 2026

Morre o guitarrista flamenco Pepe Habichuela aos 82 anos

O músico granadino faleceu en Madrid tras unha enfermidade que o tiña apartado dos escenarios desde o verán do 2024 


José Antonio Carmona Carmona, coñecido artisticamente como Pepe Habichuela, unha das grandes figuras da guitarra flamenca e un dos nomes imprescindibles da  música nacional faleceu este martes aos 82 anos en Madrid, onde residía, tras unha enfermidade que o tiña apartado dos escenarios desde o verán de 2024, cando acumulou os seus últimos recoñecementos. 

Nado en Granada en 1944, Pepe Habichuela pertencía a unha das grandes familias do flamenco. Era neto de Habichuela o Vello e continuou unha tradición familiar que tamén seguiron o seu pai e os seus irmáns Juan, Luis e Carlos. O seu legado quedou especialmente ligado a Ketama, grupo no que militaron o seu fillo, Josemi Carmona, e os seus sobriños Juan e Antonio, e que levou a música flamenca cara a novos sons e públicos. 

A súa forma de entender a guitarra rompeu fronteiras e abriu novos camiños para as seis cordas, converténdose nunha figura crave para a evolución do xénero durante a segunda metade do século XX e as primeiras décadas do XXI. A súa traxectoria, de máis de medio século, estivo marcada pola procura de novas fórmulas sen renunciar ás raíces da música flamenca.

En 1964, Pepe Habichuela deu o salto a Madrid, onde se instalou por invitación do seu irmán Juan Habichuela. Alí, comezou a derramar o seu talento polos taboados do foro e, progresivamente, pasou a participar en gravacións xunto a ningúns dos grandes nomes do flamenco da época como Juanito Valderrama, entre outros moitos. Na lista non podía faltar Enrique Morente, con quen asinou dúas obras innovadoras que revolucionaron o flamenco.

Así mesmo, debido á súa inquietude musical ao longo da súa carreira compartiu escenario e proxectos con grandes nomes da música, explorando a unión entre o flamenco, o jazz e outras correntes musicais, pero sen perder a esencia do toque tradicional.

Recoñecementos e distincións

A importancia da súa carreira foi recoñecida con numerosos recoñecementos e distincións. Pero, no 2024 unha enfermidade afastoulle dos escenarios, despois de recibir homenaxes nas Noites do botánico de Madrid ou o Castillete de Oro do Festival A Unión, entre outros. En 2018, recibiu a Medalla de Oro ao Mérito nas Belas Artes, ao que engadiu a Gran Cruz da Orde Civil de Alfonso X o Sabio neste mesmo ano.

O mundo flamenco despide a un dos nomes que o levaron ao seu máximo expoñente. Coa súa morte, o mundo da música perde a un dos guitarristas máis influentes, pero permanece unha obra que marcou o camiño de moitos artistas e que converteu a Pepe Habichuela nun referente eterno das seis cordas.

 

[Fonte: www.lavozdegalicia.es]

domingo, 2 de agosto de 2026

Il Museo Nazionale del Cinema dedica una grande mostra a Gillo Pontecorvo e al suo archivio

A vent'anni dalla morte di Gillo Pontecorvo e a sessant'anni dal Leone d'Oro assegnato a La battaglia di Algeri, il Museo Nazionale del Cinema inaugura ala Mole Antonelliana una mostra costruita attorno al vasto archivio personale del regista, conservato a Torino dal 2013 grazie alla donazione della famiglia. 

Gillo Pontecorvo. Una battaglia dopo l’altra, visitabile dal 16 settembre 2026 al 5 aprile 2027 negli spazi del piano di accoglienza della Mole, rappresenta il primo tentativo sistematico di restituire al pubblico il funzionamento del laboratorio creativo di uno dei cineasti più influenti del secondo Novecento italiano attraverso materiali di lavoro, sceneggiature annotate, corrispondenza, fotografie, documenti preparatori e filmati provenienti dal Fondo Pontecorvo del Museo.

La mostra, curata da Mauro Genovese con Caterina Massignani, si sviluppa seguendo le principali questioni storiche e politiche che attraversano la biografia del regista e la sua filmografia: l’esperienza della Resistenza, la memoria della Shoah, i processi di decolonizzazione, le lotte di liberazione nazionale e i conflitti sociali del secondo dopoguerra.

Pontecorvo appartiene infatti a quella generazione di autori europei per i quali il cinema costituiva innanzitutto uno strumento di analisi storica e politica. La sua produzione rimane relativamente esigua — poco più di una decina di opere nell’arco di oltre quarant’anni — ma ha esercitato un’influenza che supera largamente la dimensione quantitativa della filmografia.

Il percorso espositivo dedica particolare attenzione a La battaglia di Algeri (1966), probabilmente il titolo che più di ogni altro ha contribuito a ridefinire il rapporto tra cinema politico e rappresentazione storica. Realizzato con il sostegno del governo algerino pochi anni dopo l’indipendenza e scritto insieme a Franco Solinas, il film adottava tecniche visive vicine al reportage televisivo e al documentario per ricostruire la guerriglia urbana nella Casbah durante la guerra d’Algeria.

L’impatto internazionale dell’opera è stato tale da oltrepassare il terreno strettamente cinematografico. Nel corso dei decenni il film è stato studiato tanto dai movimenti di liberazione nazionale quanto dagli apparati militari occidentali; nel 2003 il Dipartimento della Difesa statunitense organizzò una proiezione interna durante la guerra in Iraq, considerandolo uno strumento utile per comprendere le dinamiche della controinsurrezione e della guerra urbana contemporanea.

Accanto al film premiato a Venezia nel 1966 trovano spazio anche gli altri snodi della carriera del regista: Giovanna (1955), Kapò (1960), uno dei primi film europei a confrontarsi direttamente con la deportazione nei campi di concentramento, e Queimada (1969), riflessione sul colonialismo e sui meccanismi economici dell’imperialismo costruita attorno alla figura ambigua dell’agente britannico interpretato da Marlon Brando.

Una sezione è dedicata inoltre a Il sole sorge ancora di Aldo Vergano, film della Resistenza del 1946 nel quale Pontecorvo comparve come attore prima di intraprendere definitivamente la strada della regia.

L’esposizione ricostruisce anche la rete di collaborazioni che accompagnò il lavoro del regista. Centrale fu il rapporto con Franco Solinas, tra gli sceneggiatori politicamente più influenti del cinema europeo del dopoguerra, e quello con Ennio Morricone, autore di partiture che contribuirono in maniera decisiva alla costruzione della tensione narrativa di opere come La battaglia di Algeri e Queimada. Ugualmente significativa fu la collaborazione con Yacef Saadi, ex dirigente del Fronte di Liberazione Nazionale algerino che partecipò alla produzione del film del 1966 interpretando inoltre il proprio ruolo storico sullo schermo.

La mostra dedica spazio anche agli anni della direzione della Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica di Venezia, incarico ricoperto da Pontecorvo tra il 1992 e il 1996, e successivamente alla presidenza di Cinecittà, a testimonianza di un’attività che si estese ben oltre la sola pratica registica.

Tra gli elementi più significativi dell’esposizione figura il prestito del Leone d’Oro originale assegnato nel 1966 a La battaglia di Algeri, presentato per la prima volta al pubblico insieme ai materiali preparatori del film.

Il progetto sarà accompagnato da una rassegna cinematografica al Cinema Massimo, da attività didattiche e da un programma di cinelezioni rivolte alle scuole, in continuità con una delle convinzioni che hanno attraversato l’intero percorso di Pontecorvo: l’idea che il cinema possa rappresentare non soltanto una forma artistica, ma anche uno strumento di educazione storica e di cittadinanza critica.

Gillo Pontecorvo. Una battaglia dopo l’altra
Museo Nazionale del Cinema – Mole Antonelliana, Torino
16 settembre 2026 – 5 aprile 2027

 

[Fonte: www.indie-eye.it]