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quarta-feira, 29 de julho de 2026

Los disidentes de la URSS


A pesar de ser recluidos en campos de trabajo o de enfrentar tratamientos psiquiátricos como represalia, los disidentes de la Unión Soviética apostaron por la libertad en un entorno opresivo. Dos publicaciones recientes ponen el foco en estos hombres y mujeres que, más que opositores, se veían a sí mismos como gente que “pensaba de otra manera”.

Alexander Podrabinek.

Escrito por Jean Meyer

Sobre la entrada “Disidentes soviéticos”, Wikipedia ofrece 132 fichas por orden alfabético que van de Liudmila Alekséyeva hasta Aleksandr Zinóviev. A estos hombres y mujeres no les gustaba la palabra “disidencia” y preferían definirse como “los que piensan de otra manera”. Todos, y unos más, aparecen en la obra enciclopédica de Benjamin Nathans de 2024, To the success of our hopeless cause. The many lives of the Soviet dissident movement; un monumento, a su vez, enriquecido por la reciente publicación de Between prison and freedom. Memoir of a Soviet dissident, el testimonio de Alexander Podrabinek, disidente duramente castigado a partir de 1978.

En aquel año el checo Václav Havel pudo escribir, parodiando el Manifiesto del Partido Comunista de Marx y Engels: “Un fantasma recorre a Europa oriental, el fantasma de lo que en Occidente llaman ‘disidencia’.” Los así llamados “‘disidentes’ no cayeron del cielo […] son una consecuencia natural e inevitable de la presente fase histórica del sistema que recorren”.1 Concretamente en la URSS, eran los que protestaban públicamente con el fin de defender los derechos civiles y humanos. La perestroika pudo interpretarse como su victoria y su contribución a la caída de la Unión Soviética, pero, después de su exaltación, vinieron rápidamente la demonización y el olvido. Para el régimen de Vladímir Putin los “disidentes” son unos criminales que calumniaban a la URSS, cómplices de Occidente que, con su ayuda, provocaron “la mayor catástrofe del siglo XX”. En 2013, un sondeo del prestigioso Centro Levada encontró que solamente uno de cada seis rusos era capaz de citar el nombre de algún disidente soviético.

Antes de morir en 2024, probablemente asesinado en una cárcel siberiana, Alekséi Navalni estaba leyendo a varios de ellos. Al mismo tiempo, Putin liquidaba las últimas huellas del movimiento: el Grupo Helsinki de Moscú, el Centro Andréi Sájarov y Memorial, la asociación dedicada a investigar el pasado totalitarista de la URSS con el fin de defender los derechos civiles. Por eso, bien puede escribir en sus memorias Vladímir Semichastny, antiguo dirigente del KGB, “la Historia se tragó sus nombres”.

Benjamin Nathans recupera a los “disidentes” y, como título a su libro monumental, recupera el brindis que ellos repitieron muchas veces en sus reuniones: “¡Al éxito de nuestra causa sin esperanza!” Pudo poner como epígrafe el lema de Guillermo de Orange: “No es necesario esperar para emprender, ni tener éxito para perseverar.” Esas mujeres, esos hombres perseveraron en los duros campos de trabajo y, peor aún, en las clínicas psiquiátricas. A la entrada de los campos de concentración nazis el letrero proclamaba: “El trabajo libera”; a la entrada de los campos del gulag soviético, el texto era más largo: “El trabajo es asunto de honor, valor y heroísmo.”

Benjamin Nathans les da la historia que merecen, encuentra por qué y cómo ciertas personas se volvieron disidentes y, sin haberlo programado, formaron un movimiento, “el primer movimiento por los derechos civiles y humanos en el mundo socialista”. Alexander Podrabinek no es historiador, fue disidente y lo sigue siendo actualmente en Rusia. Explica que, para entrar en la Juventud Comunista o en el Partido, tenías que presentar tu candidatura; pero para participar en el “movimiento democrático, la única manera de entrar en el mundo de la disidencia era ganarse gradualmente una reputación y el reconocimiento. Esa era la fuerza del movimiento […] El KGB estaba entrenado para encontrar y perseguir a la oposición organizada. Los chekistas lo habían hecho durante décadas, desde el tiempo de Dzerzhinski. Pero no sabían cómo combatir gente que no se escondía. Gente que no entendían”.2

Nathans dice que no quería alabar ni denigrar a las figuras de la disidencia, sino simplemente investigar para entender; por ello, se pone al amparo de Georges Lefebvre, el gran historiador de la Revolución francesa: “El moralista debe alabar el heroísmo y condenar la crueldad, pero el moralista no explica los acontecimientos.” El autor usó cuatro tipos de fuentes. Para empezar, todo lo que los disidentes han dicho sobre ellos mismos y sobre el movimiento: unas ciento cincuenta autobiografías y muchos otros textos que ofrecen al historiador una “mina de oro que es también una trampa”, porque el lector se queda con la idea de que son valientes individuos enfrentando a la tiranía, lo que deja en la sombra a otras personas y también la dimensión colectiva de la disidencia.

La segunda fuente quedó disponible varios años después de la implosión de la URSS: los archivos del KGB con los interrogatorios de los implicados, los inventarios de sus departamentos, los análisis periódicos de la situación y las acciones por realizar en consecuencia. De la misma manera pudo tener acceso a discusiones en el politburó sobre el fenómeno disidente que el Partido tomó muy en serio. La tercera fuente contempla todo el material producido por otros observadores y analistas del movimiento, los periodistas extranjeros residentes en Moscú, organizaciones como Amnistía Internacional y la Fundación Alexander Herzen.

Esa fuente se nutría también de una cuarta: la producción inmediata de los disidentes, que corrige muchas veces las autobiografías y memorias posteriores; se trata de diarios, apuntes, cartas y miles de textos que circulaban en samizdat (autoedición) bajo la forma de copias mecanografiadas con cuatro o cinco hojas de papel pasante. Salían en contrabando del país y llegaban a millones de soviéticos que escuchaban “las Voces”: BBC, Voice of America, Radio Libertad… para desesperación de las autoridades.

Algo muy importante: la disidencia fue posible porque, después de la muerte de Stalin, el Partido había renunciado definitivamente al método del Gran Terror, con tortura y tribunales especiales, lo que dejaba algunos intersticios en el muro de control y represión. Además, en el proceso de “coexistencia pacífica”, en el marco de la Guerra Fría, diplomáticos y observadores extranjeros estaban más presentes y más activos: ellos sacaban del país los productos del samizdat, visitaban y entrevistaban a los disidentes.

En 1964 el joven poeta Joseph Brodsky, de veintitrés años, fue arrestado y condenado a varios años de trabajo forzado por su “modo de vida parásito y antisocial”. Durante el proceso, que fue público para demostrar que existía la “justicia soviética”, Frida Vígdorova apuntó todo y lo puso en el samizdat de modo que la condena hizo mucho ruido en Occidente. En 1965 arrestaron y condenaron a Andréi Amalrik bajo el mismo concepto. En 1965 el KGB arrestó a Yuli Daniel y Andréi Siniavski (1925-1997). El joven estudiante Siniavski había sido reclutado por el KGB para vigilar y seducir a la hija del agregado militar naval francés, Hélène Peltier (1924-2012). A partir de 1955, ella llevó sus escritos a Francia, los traducía y publicaba en revistas importantes, Esprit Kultura, bajo el seudónimo de Abram Tertz, un famoso bandido de Odesa. Hay que decir que Hélène Peltier fue amiga de Borís Pasternak a partir de 1956 y que ella sacó de contrabando el manuscrito de Doctor Zhivago y participó en su traducción publicada por Gallimard en 1958.

El gobierno soviético cometió el error de armar un gran proceso público, en 1966, para Daniel y Siniavski. El tiro le salió por la culata desde que los acusados se presentaron como “no culpables”, algo inédito como lo apuntó Varlam Shalámov, aquel sobreviviente del gulag. Siniavski fue condenado a siete años de campo y Daniel a cinco (por ser veterano herido en combate durante la gran guerra patriótica). Larisa Bogoraz, esposa de Daniel, apuntó con estenografía todo el proceso que no tardó en ser publicado en alemán y en inglés. Alexander Ginzburg preparó una antología de cuatrocientas páginas de documentos y mandó copias ¡al KGB! Y también al famoso escritor Iliá Ehrenburg. Luego se publicó en veinticuatro idiomas como Libro blanco sobre el caso Andréi Siniavski y Yuli Daniel. Leído en Radio Libertad, la obra despertó a una parte de la intelligentsia de modo que el KGB concluyó: “Hicimos de ellos unos mártires”. Liberado en 1972, Siniavski se fue a Francia con su familia y, ayudado por Hélène Peltier, fue profesor de literatura rusa en la Sorbona.

La preocupación del KGB engendró una nueva ley –el artículo 190 sumado al Código Criminal tres meses después del proceso– contra la “organización y participación en acciones grupales que perturban el orden público”. Su aplicación desató una serie de persecuciones y arrestos, entre ellos el del joven Vladímir Bukovski de veintitrés años. En 1937-1938 el arresto de cientos de miles de personas (y su muerte) impedía cualquier reacción. El 5 de diciembre de 1966 hubo una pequeña pero histórica reunión alrededor de la estatua de Pushkin, en la cual participó Andréi Sájarov, quien empezó a perder sus privilegios como padre de la bomba nuclear, sacrificó su carrera y ganó un enorme prestigio, compartido con su esposa Yelena Bónner.

El antecedente de esta reunión tuvo lugar exactamente un año atrás. El matemático Aleksander Yesenin-Volpin, nacido en 1924, era el hijo natural del famoso poeta Yesenin. Científico y poeta, convencido de la “dictadura de la razón”, arrestado en 1949, pasó un año en una clínica psiquiátrica (innovación del KGB), luego le tocaron cinco años de exilio en Karagandá (Kazajistán), sin proceso; amnistiado en 1953, fue de nuevo internado en 1957 como enfermo mental y otra vez en 1959. Inspirado en Wittgenstein, redactó A free philosophical tractate, el cual fue publicado en ruso y en inglés en Nueva York junto con sus poemas A leaf of spring en 1961. En 1962 Nikita Jrushchov dijo: “Es un loco que ha heredado la locura de su padre. ¿Quién se suicida? Solo un loco”. Serguéi Yesenin, oficialmente, se suicidó, pero puede que haya sido víctima de “los órganos” (OGPU). La autoridad lanzó una campaña contra Yesenin-Volpin y le ofreció tomar el camino del exilio; lo rechazó y eso le valió un cuarto “tratamiento” psiquiátrico en 1963. Tan pronto como salió de la siniestra clínica atacó a la revista Ogoniok por calumnia; apoyándose en la ley soviética, denunció como ilegal la deposición de Jrushchov (así como la guerra que el presidente americano Lyndon B. Johnson empezaba en Vietnam sin voto del Congreso). Acababa de encontrar lo que iba a ser el arma de la disidencia: el uso de la ley soviética contra el poder soviético. El arresto de Siniavski y Daniel le dio la oportunidad de ensayarla y de lanzar “un manifiesto público de nuestros derechos”. El artículo 111 de la Constitución garantizaba que “los procesos en todos los tribunales deben ser públicos, mientras no releven de excepciones previstas por la ley”. De la misma manera, se apoyaba sobre el artículo 125 que garantizaba “la libertad de asamblea y reuniones”. Con otras tres personas, Yesenin-Volpin elaboró entonces un “llamado cívico” que resultó ser el documento fundacional de la disidencia.3 Decidieron darlo a conocer, no en la clandestinidad del samizdat, sino públicamente en la Plaza Pushkin, en una “reunión de transparencia”, el 5 de diciembre de 1965, día del aniversario de la Constitución. Desde 1927, era la primera manifestación no aplastada por el poder.

En 1966 Anatoli Márchenko terminó de cumplir sus seis años de campo y publicó en 1967 su Testimonio en samizdat, luego en forma de libro en Europa y Estados Unidos. En el mismo año, el arresto de Bukovski desató una reacción de solidaridad y su proceso tuvo el mismo efecto que el proceso de 1966. David Litvínov, nieto de Maksim Litvínov, secretario de Relaciones de la URSS, publicó el Libro blanco del proceso y su “conversación profiláctica” con el KGB que le aconsejaba callarse. En 1968, “el proceso de los cuatro”, de Alexander Ginzburg y sus compañeros, desató una campaña de peticiones y salió en samizdat. Fue cuando Natalia Gorbanévskaya ideó la creación de la Crónica de los acontecimientos contemporáneos, boletín publicado en samizdat desde abril de 1968 hasta 1982. En 1969 David Litvínov logró la creación en Ámsterdam de la Fundación Alexander Herzen (el famoso exiliado ruso enemigo del zarismo en el siglo XIX) para publicar en ruso los textos del samizdat, luego introducidos de contrabando en la URSS. Una de sus primeras publicaciones fue el libro de Andréi Amalrik, ¿Sobrevivirá la Unión Soviética hasta 1984? Hablando de la disidencia, Amalrik subrayó: “Hicieron algo tan sencillo que raya la genialidad: en un país para nada libre, se portaron como gente libre.”

En julio de 1968, arrestaron de nuevo a Anatoli Márchenko (1938-1986, muerto en campo) y en agosto los tanques del Pacto de Varsovia pusieron fin a la Primavera de Praga, lo que provocó una minúscula, pero decisiva, manifestación de protesta en la Plaza Roja de Moscú bajo el lema “A vuestra y nuestra libertad”. Litvínov, Larisa Bogoraz, Natalia Gorbanévskaya y cinco más fueron los valientes. En el proceso de octubre, afirmaron que eran apolíticos, defensores de la dignidad, de la ética y de los derechos del hombre. A principio de 1969, el exgeneral Petro Grigorenko, héroe de la gran guerra patriótica, fue arrestado, decretado loco y encerrado cinco años en la clínica del Serbsky Institut. ¿Su locura? Desde 1961 estaba en disidencia y había pasado seis meses en el manicomio durante 1964. Defendió a Siniavski y Daniel, Alexander Ginzburg y a todos los procesados, pero la gota que derramó el vaso fue su condena de la invasión de Checoslovaquia en 1968. Al salir en 1974, retomó la lucha, especialmente a favor de los tártaros de Crimea deportados por Stalin y participó en la fundación del Grupo Helsinki de Moscú entre 1975-1976. Su arresto de 1969 provocó la creación del Grupo de Defensa de los Derechos Humanos, más conocido como Comité Sájarov, primera verdadera agrupación de los disidentes. En 1971 el Comité se unió a la Liga Internacional de los Derechos Humanos y al instituto homónimo, fundado en Estrasburgo por René Cassin, Premio Nobel de la Paz en 1968, lo cual preocupó mucho al KGB que se dotó de un Quinto Directorio para luchar contra los disidentes; un teniente llamado Vladímir Putin trabajó en el Quinto de 1976 a 1979. El KGB subrayaba que el fin del Terror había complicado mucho el trabajo contra este enemigo “constitucionalista”, que el samizdat era invencible porque no tenía una raíz sino miles de raíces, que los procesos políticos eran un fracaso absoluto. ¿Cómo luchar entonces? Si la “conversación profiláctica” no tenía efecto, pasaban a la expulsión del trabajo, de la universidad, a las presiones sobre el cónyuge, los niños, a las acciones extrajudiciales (sin tortura), a la psiquiatría “punitiva”, al exilio “interior”, en Siberia y Asia Central, y, finalmente, a la expulsión del país con pérdida de la ciudadanía, como fue el caso de Aleksandr Solzhenitsyn en 1974, después de la publicación de su Archipiélago Gulag en París.

La única batalla ganada por el KGB –una batalla, no la guerra– fue la tragedia de Pyotr Yakir (1923-1982) y de Víktor Krasin (1929-2017), los dos nacidos en Kiev, dos ídolos de la disidencia. Yakir era hijo de Iona Yakir, un famoso militar bolchevique, víctima del Terror en 1937. Tenía catorce años a la muerte de su padre. Como hijo de un “enemigo del pueblo” fue arrestado y mandado al gulag; salió de 1942 a 1944 para combatir contra los nazis y fue de nuevo arrestado. En total pasó diecisiete años en el gulag donde nació su hija única Irina; salió en 1955. Jrushchov, que conoció a su padre, lo protegió hasta su propia caída. El padre de Krasin había muerto en el campo de Kolimá, “el Auschwitz del frío”. Víktor, economista, no tardó en entrar en disidencia con Yakir; los dos participaron en el sepelio de Borís Pasternak, en mayo de 1960. En 1969, Krasin y Yakir lanzaron el Grupo de Defensa de los Derechos Humanos: cinco años de exilio interno para Víktor Krasin. Los dos fueron arrestados en 1972 y, amedrentados por el KGB, se quebraron y denunciaron a unas doscientas personas. En septiembre de 1973, durante su proceso, los dos se arrepintieron públicamente durante una conferencia de prensa televisada a la cual asistieron los corresponsales de la prensa extranjera. El KGB no necesitaba sus denuncias puesto que tenía identificado a todo el mundo, pero le dio mucho valor a la conferencia de prensa que sintió como una victoria.

Unos meses después, la disidencia había olvidado el golpe y Amnistía Internacional empezó la adopción de presos “de conciencia” soviéticos; en 1975 publicó Prisoners of conscience in the ussr. Their treatment and conditions. En agosto se firmaron los Acuerdos de Helsinki: Occidente reconocía las fronteras de la URSS y la URSS se comprometía a respetar los derechos humanos. Un verdadero caballo de Troya que los disidentes supieron usar. Formaron grupos de Helsinki en Moscú, Ucrania, Lituania, Georgia, Armenia que mandaban información a los 35 países que habían firmado los acuerdos. En diciembre de 1975 Andréi Sájarov recibió el Nobel de la Paz. El precio pagado por los disidentes fue muy alto. Una durísima represión se desató en 1977: en promedio los arrestados recibieron siete años de campo de trabajo, seguidos de cinco de exilio interior. Claramente la URSS no pensaba aplicar los acuerdos, pero lo único que hizo fue fabricar mártires. Cuando Sájarov condenó la invasión de Afganistán en diciembre de 1979, después de largos debates, decidieron exiliarlo a la ciudad cerrada de Gorki (hoy Nizhni Nóvgorod). Anatoli Márchenko y Vasil Stus murieron en el campo. En septiembre de 1982, el grupo de Moscú anunció que dejaba de existir, los miembros de todos los otros grupos se encontraban en la cárcel, en el campo de trabajo o en exilio. El KGB triunfó cuando salió el número 65 y último de la Crónica de los acontecimientos contemporáneos. Victoria pírrica, el samizdat seguía más fuerte que nunca y gozaba de la atención internacional. El Kremlin definitivamente había perdido el monopolio de la información.

Alexander Podrabinek nació en 1953 en una familia disidente, por lo que tanto él como su hermano fueron deviant cases que no fueron al Komsomol, la asociación juvenil comunista. Debido a ello él, hijo de médico y nieto de un “enemigo del pueblo” liquidado en 1937, no pudo estudiar medicina y se quedó como enfermero. Disidente a los veinte años, elaboró rápidamente un libro, Medicina punitiva, publicado como Punitive medicine por la Universidad de Michigan en 1977. En 1977 fundó la Comisión de Investigación sobre el Uso de la Psiquiatría con fines políticos. El KGB les ofreció a él y a su padre salir del país. Se negaron y Alexander, arrestado en 1978 y condenado, pasó siete años en el extremo noreste de Siberia, en Yakutia. Su hermano Kirill fue también al gulag. Liberado en 1986, apoyó la perestroika y se lanzó al periodismo. En la Rusia actual sigue trabajando como periodista, activista y defensor de los derechos humanos; conturbado varias veces por el FSB, no bajó nunca la guardia; en 2022 condenó la “Operación Militar Especial” lanzada por Putin contra Ucrania. En YouTube tiene su canal “Alexander Podrabinek” y en Facebook tiene 22 mil seguidores. Hoy en día es uno de los escasos opositores públicos en Rusia.

Su libro es mucho más que las “memorias de un disidente soviético”, porque, si bien habla de Alexander, presenta a muchos disidentes que conoció personalmente, en libertad y en los campos, de modo que completa de manera muy humana la obra de Benjamin Nathans. Dos temas son muy importantes: los métodos para quebrar al preso –hambre, frío, aislamiento, que él resistió a pesar de los ciento quince días consecutivos que pasó en una célula punitiva– y la psiquiatría como instrumento de represión. A partir del capítulo 55 narra no solo su experiencia y su resistencia victoriosa a los intentos de quebrarlo, sino también la de otros compañeros. Por ejemplo, de un joven yakuto cuyo nombre no supo, en una celda vecina, que resistió hasta su muerte un 7 de noviembre “cuando el país celebraba un aniversario más de la Revolución de Octubre”. Conoció a Vladimir Shelkov, dirigente adventista que a sus 85 años había pasado 25 años tras las rejas. Nacido en Ucrania en 1895, había sido arrestado por primera vez en 1931: cuatro años de campo; luego en 1945 fue torturado y condenado a muerte por un tribunal militar, pena cambiada a diez años de gulag. Arrestado otra vez en 1957, después de dos años en libertad, pasó otros diez años en campos donde conoció disidentes como Alexander Ginzburg. Para evitar el arresto siguiente, vivió nueve años en la clandestinidad hasta que el KGB lo encontró en 1978 y le dio cinco años en Yakutia, cuando cumplía 83. Fue entonces que Podrabinek lo conoció en el hospital donde moría lentamente, ambos tenían tuberculosis. El KGB le ofrecía la libertad si renegaba de su fe. No aceptó y murió serenamente el día de su cumpleaños 85, en 1980.

Vazif Meylanov (1940-2015) es otro héroe. Miembro de la etnia lezgui de Daguestán, matemático, filósofo, disidente y preso político de 1980 a 1989, fue condenado por haber protestado en solitario, durante diecisiete minutos, con una pancarta que denunciaba el arresto de su admirado Sájarov. Se negó a trabajar en el campo y pasó por las etapas del suplicio: hambre, frío y el aislamiento en la celda especial. Estaba en el siniestramente famoso campo de Perm-35, por donde pasaron muchos disidentes, como Bukovski y el P. Gleb Yakunin, donde murieron Anatoli Márchenko y Vasil Stus, el gran poeta ucraniano. Se negó a trabajar porque afirmaba que él era un preso político. Del 10 de abril de 1981 hasta junio de 1982 se quedó en el apando, con algo de pan y agua cada dos días. Persistió. En los tres años siguientes estuvo castigado trece veces; seis en el apando. Entre 1985 y 1986 pasó catorce meses en ese pozo. En 1987 siguió resistiendo hasta que lo soltaron para exiliarlo hasta Yakutia. Nunca dejó de escribir en samizdat. Fue rehabilitado en 1990 y siguió luchando por la justicia hasta que resultó víctima de Alzheimer.

Alexander Podrabinek empezó a recoger información sobre la represión psiquiátrica cuando tenía veinte años y cuando esa terrorífica forma de control totalitario no se conocía dentro ni fuera de la URSS. Quien resistía al régimen podía ser condenado como enfermo mental. En su Manual de psiquiatría el doctor Andréi Snezhnevsky definía así la patologización de la disidencia: “Tensión afectiva e interpretación ilusoria por el paciente de palabras y acciones de gente que lo rodea pueden, durante el combate por sus ‘derechos’, causar actos socialmente peligrosos.” En 1970, el especialista en genética Zhores Medvedev fue declarado loco por su libro Ascenso y caída de T. D. Lysenko (1969); el escándalo fue tal que lo soltaron a las tres semanas. El general Grigorenko, Natalia Gorbanévskaya, Vladímir Bukovski, Vadim Delaunay, Irina Belogorodskaya y muchos otros no tuvieron esa suerte.

La víctima estaba sometida a la administración de medicina durante años, para transformar su conducta; algunos murieron durante el “tratamiento”. El joven Podrabinek, en su calidad de enfermero, pudo apoderarse de los apuntes de Vladímir Gershuni, preso en el Hospital Psiquiátrico Especial Orlov, y los publicó en la Crónica de los acontecimientos contemporáneos. Gershuni (1930-1994) había sido condenado a diez años de gulag en 1949; liberado después de la muerte de Stalin, el joven poeta entró en disidencia y dio documentos a Solzhenitsyn, que estaba armando su Archipiélago. En 1969 fue internado en el Instituto Psiquiátrico Serbsky de donde salió en 1974. Siguió luchando, de modo que lo internaron otra vez de 1982 a 1987. Después de escribir su libro sobre la Medicina punitiva, Podrabinek formó un grupo para informar al mundo sobre ese mal uso de la psiquiatría y también para visitar a los internados. Fue arrestado en 1978 y exiliado en Ust-Nera, Yakutia, hasta 1985.

Semyon Gluzman, nacido en Ucrania en 1946, era un joven médico psiquiatra cuando fue condenado a siete años de gulag en 1971. ¿Su crimen? Había leído en samizdat el expediente psiquiátrico del general Grigorenko que Vladímir Bukovski había logrado conocer y enviar a psiquiatras europeos. Se escandalizó al ver que el autor del falso diagnóstico era el doctor Daniil Lunts (del KGB). El abuelo de Semyon había sido asesinado por los nazis en 1941 en Babi Yar. Lunts era judío como los Gluzman. Por el honor de la medicina y de los judíos, Semyon, con la ayuda de la familia de Grigorenko, hizo su propio diagnóstico y lo mandó a Andréi Sájarov: en seguida lo arrestaron y lo enviaron al campo Perm-35 donde conoció a Bukovski. Entre los dos escribieron un Manual sobre psiquiatría para disidentes que circuló en samizdat en 1974 antes de ser publicado en varios idiomas. Al término de su pena, el KGB le ofreció salir para Israel. Se negó. En 1991 fundó la Asociación Ucraniana de Psiquiatría. Acaba de morir en febrero de este año.

Resulta que, el pasado marzo, el ruso Ilya Remeslo fue internado, como muchos disidentes, en el hospital psiquiátrico número 3 de San Petersburgo, que lleva el apellido de Iván Skvortsov-Stepánov, el creador de la censura política soviética. Ilya Remeslo era un famoso bloguero propagandista del Kremlin; había saludado con entusiasmo la anexión de Crimea y la guerra del Donbás, antes de apoyar la invasión de Ucrania en 2022. Pero el 17 de marzo publicó en Telegram “Cinco razones por las cuales he dejado de apoyar a Vladímir Putin”. Afirmaba que Putin era ya un presidente ilegítimo, que debía renunciar y ser juzgado por crímenes de guerra y robos; que llevaba una guerra sin salida para satisfacer sus propias inseguridades; que mataba el internet y la libertad de prensa; que la corrupción iba a la par de su poder absoluto.

La sorpresa fue tal que muchos lectores pensaron que su sitio había sido pirateado. No. Al otro día, afirmó “soy yo” y añadió una sexta razón: el gusto loco de Putin por el lujo. Además, escribió a The Guardian que no podía callarse, que había que atreverse a criticar porque, sin eso, Putin no pararía nunca. “Tengo cierta responsabilidad porque he sostenido a este régimen y contribuido a su mantenimiento. Sé lo que me espera.” El regreso a la represión psiquiátrica coincide con la exaltación por Vladímir Putin de Félix Dzerzhinski, “Félix de Hierro”, el fundador de la Cheka. Como he señalado, Putin había liquidado, en vísperas de su “Operación Militar Especial” de 2022, el Grupo Helsinki de Moscú, el Centro Sájarov y la asociación Memorial. En 2023, Vladímir Medinsky, exministro de Cultura y el hombre que escribe sus discursos, publicó un libro de texto donde menciona brevemente a los “dizque disidentes”. Entre 2022 y 2025, 20 mil personas han sido arrestadas y condenadas por haber protestado contra la guerra. Se cerró el círculo.

Por eso Benjamin Nathans advierte en su introducción que “la historia de la disidencia soviética ilumina un combate más universal entre la falta de esperanza y la perseverancia en el mundo contemporáneo. Somos los testigos de una nueva ola de autoritarismo político […]; nos enfrentamos a amenazas aparentemente imposibles de vencer”.

Como los disidentes, alzo mi copa “¡Al éxito de nuestra causa sin esperanza!”. ~

Benjamin Nathans

To the success of our hopeless cause. The many lives of the Soviet dissident movement

Princeton, Princeton University Press, 2024, 816 pp.

Alexander Podrabinek

Between prison and freedom. Memoir of a Soviet dissident
Notre Dame, University of Notre Dame Press, 2025, 448 pp.


1.    Václav Havel, Václav Havel or living in truth, Londres, Faber and Faber, 1986, p. 36.

2.    Podrabinek, Between prison and freedom. Memoir of a Soviet dissident, Notre Dame, University of Notre Dame Press, 2025, p. 10.

↩︎

3.    Texto completo en Nathans, pp. 85-86.

[Foto: Wikimedia Commons - fuente: www.letraslibres.com]

sexta-feira, 6 de março de 2026

Carlo Sechi: «La pressió de l’italià contra l’alguerès es va intensificar el 1962»

Carlo Sechi (l'Alguer, Sardenya, 1946) va ser síndic de l’Alguer entre el 1994 i el 1998, va fundar Sardenya i Llibertat i ha estat impulsor de centenars d’iniciatives a favor de la llengua catalana a la seua ciutat. Dilluns passat va rebre el premi Especial del Jurat dels Premis Martí Gasull, que atorga Plataforma per la Llengua.

Carlo Sechi, a tocar del Palau de la Generalitat. Foto de l'autor

Escrit per Àlex Milian

Parleu-nos de l’antic Alguer. Vostè naix el 1946. La seva infància devia ser de postguerra. A l’Alguer hi havia hagut un bombardeig?

—Jo soc nat el 6 de maig i a Itàlia encara hi era el rei, perquè la República és del 2 de juny. Jo visc l’època de la postguerra en una ciutat que estava destrossada pel bombardeig del 17 de maig del 1943, sí. Les tropes aliades havien bombardejat Càller i l’Alguer amb la justificació que eren ciutats amb aeroport militar, però van bombardejar les ciutats, no els aeroports!

Intel·ligència militar.

—Però l’Alguer va ser una comunitat amb un desig enorme de reeixir, tot i que encara avui els més grans recorden «la fam del 43». No hi havia res de res, però hi va aparèixer la solidaritat. La gent testimonia que els propietaris de grans terres de conreu van ser generosos i van ajudar la gent que no tenia res. Això va ajudar una comunitat que tenia aquell desig de superar aquell moment tràgicament crític i posar-se en camí de la reconstrucció. Va haver-hi ajuts de l’Estat, però sobretot hi va haver una comunitat que es va saber autoorganitzar i, aprofitant les primeres aparicions del turisme, van reprendre les activitats tradicionals com la pesca, l’agricultura i l’horticultura.

Carlo Sechi, a l'acte de lliurament dels premis de Plataforma de la Llengua, abans de recollir l'Especial del Jurat.
// Plataforma per la Llengua

Encara sort.

—L’Alguer, al voltant, tenia molts horts, sobretot del nucli antic cap a les platges del nord. I tenia molt èxit el tomàquet, que nosaltres diem pomata: gaudien d’un clima i una saó que li donava un gust extraordinari i es comença a vendre als mercats de Milà amb l’etiqueta Pomodoro d’Alghero.

Un bon mercat.

—Això va significar un èxit per a un producte del territori d’altíssima qualitat. Els anys cinquanta són els anys de la represa, de la reconstrucció i el retorn a la normalitat. En aquell moment tota la gent parlava català.

En aquell moment, sí?

—Sí, fins a començament dels anys seixanta, quan comença una pressió turística una mica més forta, no comença a canviar. Al principi dels anys seixanta, l’Alguer esdevé la capital turística de Sardenya. La Costa Esmeralda, que és la invenció de la destinació per un turisme de molt nivell econòmic, tot just es començava a teoritzar com a marca. L’Alguer ja estava renovant les seues infraestructures turístiques (hotels, restaurants, cafès, bars i sales de festes)...

Fins a aquells seixanta, l’Alguer s’havia mantingut dins les murades?

—No. Entre els anys vint i trenta ja es comença a construir fora, perquè una part de les murades ja estaven destruïdes des de finals dels vuit-cents i començaments dels nou-cents. Fins a aquell moment, amb les murades, l’Alguer va créixer en vertical i amb diversos problemes. Al segle XVIII, la municipalitat disposa que si vols elevar una casa, no has de respectar l’estil anterior sinó al contrari: has de modernitzar la part vella d'acord amb la modernitat de la sobreelevació.

Curiós.

—Llavors a principis del XX se surt de les murades i naix la ciutat moderna, que és la malla ortogonal de carrers perpendiculars...

La zona del mercat?

—Sí, el mercat, els carrers Sàsser i Càller i XX de Setembre. L’Alguer moderna. Tot i això, després de la guerra la majoria de la població està dins del nucli antic en condicions que no són les òptimes. Hi havia molta gent vivint als baixos i hi vivien famílies de deu o dotze persones. En un ambient únic, la qual cosa causava problemes sanitaris. Això es resol en els anys cinquanta gràcies a un pla estatal d’habitatge social. I es donen cases a gent que no vivia en condicions. És llavors que naixen els nous barris, com el de Sant Agustí i el de la Pedrera. Això fa que la gran part de la població del nucli antic, que era la catalanoparlant, emigra a aquests dos barris que esdevenen nous enclavaments de la llengua, perquè és una comunitat que manté l’alguerès. Com que ara el nucli antic està tot comprat per inversions turístiques, bed & breakfasts, apartaments turístics que no són B&B, etc., els barris on avui encara es parla més català són Sant Agustí i la Pedrera.

I el nucli antic és menys catalanoparlant.

—Els propietaris dels negocis ja no són algueresos, i per això no tenen gens d'interès a contractar gent que parli alguerès. Els algueresos sempre han mirat de protegir i tutelar la gent del lloc perquè parlessin alguerès, però molta gent ha venut les seves propietats del nucli antic i moltes cafeteries, restaurants i infraestructures turístiques són de no algueresos.

Sardenya havia estat —i és— tradicionalment més terra de migració que d’immigració?

—A Sardenya, la migració sempre ha estat forta, sobretot cap al nord d’Itàlia.

I de l’Alguer, també?

—També. Als anys seixanta comença una petita però significativa migració de joves que han estudiat cap al nord d’Europa. L’anglès els donava oportunitat de treball i han emigrat a Anglaterra, però també a Alemanya, Holanda, Bèlgica, etc. Això ha portat també un nombre significatiu de matrimonis mixtos, principalment d’homes algueresos i dones angleses i nord-europees.

Han tornat?

—Molts són tornats a l’Alguer, han comprat casa i s’hi han instal·lat, però els fills no. Els fills es queden on hi ha oportunitat de treball. Aquest és el drama de l’Alguer i de gran part de Sardenya. Que l’ocupació és sobretot de sis mesos de turisme, però a l’hivern viuen dels ajuts de l’Estat, l’atur. Però què fan tot l’hivern? Estan asseguts al bar bevent-se el que han guanyat a l’estiu. Això és un desastre des del punt de vista social.

Al nucli antic han apujat molt els preus de les habitacions i els lloguers, de manera que amb allò que guanyen per treballar en el turisme, no tenen per molt més. No els compensa treballar amb els preus del lloguer.

És el problema d’Eivissa, també. Tornem als anys seixanta. El Carlo Sechi petit vivia al nucli antic?

—Sí, a la plaça Cívica, la plaça central.

I a què jugàveu?

—Hi havia una quantitat de minyons pels carrers enorme, perquè les famílies tenien molts fills. Nosaltres érem cinc germans, però no es considerava una família nombrosa. Les nombroses eren de set o vuit, i n’hi havia fins i tot de deu i onze. Però vivíem al carrer on hi havia la genialitat d’inventar jocs cada dia. També n’hi havia de tradicionals: els platerets, les bales, la baldufa... jocs que ja coneixien els grans...

Com era el dels platerets?

—Els platerets els hi dèiem als taps de les ampolles...

Ah, les xapes.

—Jugàvem amb la paret o fent un circuit i li dèiem Giro d’Itàlia.

I les bales?

—Eren bales de vidre...

Les boles o el gua...

—Jugàvem a diversos jocs amb les bales. Hi havia molta fantasia. Alguns jocs naixien una tarda i després s’oblidava.

Ho deia per si mantenien jocs tradicionals comuns.

—Els noms eren totalment algueresos. Per exemple, el pirumbí es jugava amb un tros de llenya i se li feia punta als dos extrems, el feies saltar tocant-lo a una punta i el colpejaves. Després era un joc semblant al beisbol.

Sí, al País Valencià li dèiem Boli Da-li i en llocs de Catalunya Bòlit...

—Aquest joc tenia una variant bosana, la forma de jugar a Bosa...

La ciutat veïna del sud per la costa.

—En aquells anys arriben moltes famílies de Sardenya. El turisme comença a revifar i això crida gent de Sardenya: dels pobles dels voltants, gent que treballava al camp, artesans que feien fusteria o altres oficis, paletes, etc. Els seus fills eren al carrer, amb nosaltres, i van ser els primers que van aprendre la llengua i es van integrar.

Per tant, als cinquanta els sards que arribaven aprenien català i s’integraven totalment.

—Sí, hi havia una comunitat molt solidària. I aprenien el català. Era una situació que s’havia repetit diverses vegades. Per exemple, del grup d’intel·lectuals de principis dels nou-cents (Palomba, Joan Pais, Josep Frank, Cipriani).

El grup anomenat la Palmavera?

—Sí, d’aquell grup el més actiu va ser Ramon Clavellet (Antoni Ciuffo), que no era alguerès: era de família napolitana i vivia a Sàsser, però s’enamora de l’Alguer i d’aquesta llengua i esdevé l’heroi de la catalanitat, amb aquest viatge a Catalunya del que no tornarà mai més...

Perquè desapareix a Catalunya sense deixar rastre.

—Sí. Ell intenta animar els algueresos a publicar La Sardenya Catalana. Fulla patriòtica dels catalans d’Itàlia, però els patriotes catalans de l’Alguer resten indiferents, no responen. La Palmavera i el catalanisme viuen aquell moment tancats en ells mateixos: Palomba va a Barcelona i torna; Pais publica la gramàtica i no va al Principat —i es lamenta que no l’han convidat. Si passem a la generació següent, la de després de la guerra, es repeteix la història: el més gran patriota sard és Antoni Simon Mosa, arquitecte, fill de farmacèutic, havia nascut a Pàdua i ve a Sardenya, i esdevé el gran patriota sard, però ho fa tot en català. Ell defensa les nacions sense Estat, la nació sarda però en català, perquè és defensor del catalanisme alguerès i promotor dels contactes amb la resta del territori catalanoparlant. Ell és el primer a participar en els Jocs Florals de la Llengua Catalana a Sud-amèrica. Porta els Jocs Florals a l’Alguer per animar als algueresos a participar-hi. I Simon és la figura més moderna del catalanisme alguerès, mentre que els altres mantenen una relació més tancada, romàntica i sentimental.

I la generació següent ja és la vostra.

—El 1971 mor l’Antoni Simon; el 1974, Rafael Catardi i la segona meitat dels setanta arriba la meva generació, que agafa el testimoni, però modernitza el discurs: no perquè parlem la mateixa llengua estem lligats al catalanisme; intensifiquem les relacions, però seleccionem el catalanisme. Nosaltres entrem en relació amb el món polític d’esquerra nacionalista i fem actes públics que involucrin tota la comunitat algueresa. Reivindiquem la llengua a l’Alguer en qualsevol àmbit i no només en la relació amb els catalans. Els catalans estan salvant la seva llengua; nosaltres hem de fer això a l’Alguer per als algueresos, perquè als seixanta sí que s’havia produït la gran pressió de la llengua italiana.

Als seixanta comença la substitució lingüística en l’àmbit familiar?

—Els principals cops contra l’alguerès van arribar el 1962, quan l’Estat italià fa la reforma escolar i porta l’obligatorietat d’estar escolaritzat fins als 14 (fins aquell moment era als 10). Això fa que els minyons als 10 anys deixaven l’escola per començar a treballar amb paletes, barbers, sabaters, al camp o a la pesca, ingressaven en un món laboral on la llengua de treball era l’alguerès. El segon fenomen és l’entrada a totes les cases de la televisió, exclusivament en italià. I el tercer és la forta emigració, numèricament més important, sobretot per la indústria petroquímica de Porto Torres. Tota la franja alta de treballadors d’aquesta indústria, els que cobraven més, fan cap a l’Alguer. Es tracta d’una nova immigració de gent econòmicament benestant que sempre parla italià i condiciona el comerç, la restauració, etc. I l’últim aspecte és el turisme: el turisme no ha mai ajudat la llengua mare en localitats així. A l’Alguer el turisme era predominantment nord-europeu i anglès. Quan sabíem que arribaven els turistes, fossin alemanys o belgues, nosaltres dèiem «demà arriben els anglesos».

Foren d’on foren.

—Fossin d’on fossin. Tots aquests condicionants han portat a identificar l’italià com una llengua d’emancipació i l’anglès com la llengua estrangera que s’havia de practicar per als turistes. Aleshores era mític que els joves anaren a seguir les minyones angleses.

Vostè va fer música i política. Com va començar aquesta doble dedicació?

—Jo vaig estudiar música perquè el meu pare era mestre d’escola i la meva mare, una dona que no tenia estudis però tenia gran interès per l’òpera lírica i ens ha fet estudiar música a tots. Després cadascú hem fet una altra carrera. Jo després he fet el Liceu clàssic i soc Llicenciat en Ciències Polítiques. Però de jove, quan van decidir introduir l’ensenyament de la música a l’escola mitjana, no hi havia professors i s’anava buscant gent que tingués competència musical. Jo havia estudiat violí, però no havia acabat els estudis. Tot i això, m’han demanat si podia fer de professor i després m’han habilitat en l’ensenyament de l’educació musical.

I ha fet de mestre de música i de polític.

—La política arribaria més tard. L’activitat que em va ocupar sobretot l’època juvenil va ser l’esportiva. Jo vaig ser nedador i waterpolista, i a finals dels seixanta em van demanar de fer d’entrenador de waterpolo (de la gran, la primera i les juvenils). Però nosaltres fèiem waterpolo al port de l’Alguer...

En una piscina?

—No. Al port. No era tan estrany. A Ligúria totes les ciutats de la costa tenen una activitat de waterpolo que començava al port; després es tancava en una dàrsena en una instal·lació més semblant a una piscina. Però nosaltres ho fèiem exclusivament a l’estiu i no hi havia estructures cobertes. A l’Adriàtic, a la Ligúria i a la Campània, i a la Sardenya, es jugava així.

D’acord.

—El club de Waterpolo, que es deia Rari Nantes, era molt algueresista.

Rari Nantes?

—Sí, ve d’una frase en llatí de Virgili a l’Eneida, «Rari nantes in gurgite vasto» («n’apareixen alguns nadant dispersos pel vast abisme»), que descriu l’estat dels troians després del naufragi dels seus vaixells per una tempesta llançada per Juno. Doncs en el waterpolo la llengua ens era molt útil, també per despistar els adversaris, que no ens entenien gens. I a poc a poc ens hem acostat a la política i el 1976 ens adherim al comitè per aplicar l’article 6 de la Constitució italiana, que és l’article que demana respecte a les minories. Allà és on he fet la primera intervenció pública per presentar una proposta de llei al Parlament, en nom del club Rari Nantes. En aquell moment es comença a reivindicar una avantguarda militant a favor de la llengua sarda i d’independentisme sard. I el 1978 creem a l’Alguer el moviment independentista d’esquerres Sardenya i Llibertat, que vol significar una adhesió a la idea de Sardenya independent però reivindicada en català, perquè volem remarcar la comunitat identitària de l’Alguer. I obrim relacions amb els partits catalans d’esquerra. Jo recordo un míting de Nacionalistes d’Esquerra a Barcelona amb Jordi Carbonell.

En Carod-Rovira també hi era?

—No, encara no. Després tindrem relacions amb les noves institucions democràtiques catalanes, la Generalitat. Mentrestant, a l’Alguer aconseguim entrar a l’assemblea municipal el 1980 i comencem a fer coses en català. La llengua és ja un element significatiu de la nostra reivindicació. Fem tots els cartells electorals en català i algú s’espanta, però molts s’animen. I a poc a poc això engresca molta gent que poc després picarà a la nostra porta per unir-s’hi. Fins i tot l’església comença a fer una missa en català cada diumenge.

No s’havia fet mai?

—No. Vam tindre sort que el bisbe de l’Alguer, que era una persona que venia de Bosa, tenia una ment molt oberta i va sol·licitar a l’església fer una missa en català. S’acull a la ConferènciaEpiscopal dels bisbes catalans i diu: «L’Alguer és una ciutat catalana. Si els bisbes catalans han aprovat el missal i tota la litúrgia en català, jo transfereixo la decisió a la ciutat catalana de l’Alguer». I l’abril de 1980 se celebra la primera missa en català de l’Alguer a Sant Francesc. I el 1982 són els capellans els que obren l’escola d’alguerès gratuïta (amb tres nivells). Les misses han funcionat fins al 2014, quan un nou bisbe de l’Alguer ha considerat que era un problema. Era una de les misses més freqüentades. S’havia constituït un cor que acompanyava la missa i cantava solament en alguerès.

I l’escola continua?
—Enguany es fa la 43a edició. S’hi inscriu gent i fem activitats per a ells.

I vostè és síndic des del 94 fins al...

—Del 94 al 98. Soc el primer síndic elegit per sufragi directe. Fins al 92 els elegia l’Assemblea Municipal. Era la majoria qui elegia el síndic. La reforma de les autonomies locals de l’Estat italià fa que passi a ser per sufragi universal. La meva satisfacció va ser que, sense un partit al darrere, simplement com el representant d’un moviment defensor de la comunitat algueresa, vaig guanyar contra el síndic proposat per Forza Italia, tres mesos després que Berlusconi guanyés les eleccions a escala estatal. Amb un percentatge del 64%. Jo ja havia estat regidor de Cultura i Esports i han valorat el meu treball fent propostes per la recuperació de la llengua i la vinculació a l’esquerra nacionalista. Això havia provocat un gran transvasament de músics i grups esportius d’aquí i d’allà; el Pujol ve a Sardenya, fa un pacte amb la regió i l’ajuntament; fan una gran exposició sobre l’art i la cultura catalana a Sardenya, etc.

I, com a síndic, què és allò que et va satisfer més?

—La cosa que em va donar més orgull és la primera Assemblea Municipal, quan el secretari general proclama els noms dels elegits i diu «la parola al Síndaco d’Alghero, professore Carlo Sechi» i jo m’aixeco [s’aixeca de la cadira, com fa 32 anys] i dic «Senyors consellers...». Això una mica espanta, perquè cap síndic s’havia atrevit a parlar en català. I ja havia presentat mocions en català quan era regidor, però una cosa és fer-ho de regidor i una altra cosa fer-ho d’alcalde. En aquell moment, hi havia bona relació entre els grups, perquè avui podies tenir un pacte amb un partit, demà el trencaves i l’havies de refer amb un altre partit. La reforma electoral va portar un enfrontament molt dur i la dreta, de vegades, va ser un poc agressiva. Però sempre ho he resolt amb molta determinació i correcció. Mai he donat opció que m’atacaren per accions o decisions egoistes o personals.


[Font: www.eltemps.cat]

quinta-feira, 12 de fevereiro de 2026

Quanto vale aquele, e dito cujo, sentimento?

 

Escrito por Hugo Gomes 

Um homem colocou a Noruega no mapa cinematográfico. Joachim Trier e a sua Trilogia de Oslo, de “Reprise” (2006) a “Worst Person in the World” (2021), consolidou um cinema de matriz burguesa, introspectivo e emocionalmente depurado, são “problemas de primeiro mundo”, sim, mas é essa autoconsciência que tornam este par de personagens tão reconhecíveis.

Com “Sentimental Value”, ao prolongar essa espirituosidade da trindade numa espécie de quadrilogia informal, Trier trabalha na extracção de gorduras e nervos afins para revelar a estrutura de um cinema familiar, com os seus dilemas de meio. Segue-se um olhar para esse seio como maior inspiração de todas as tragédias do mundo. Não nos agarramos ao ambicioso: Trier resolve a distância (a mesma que compromete afectos e relações futuras) sem procurar redenções nem as proclamar ao som de epifanias dramáticas. É nessa ternura, nessas complexidades e na incompreensão com que este trio de personagens adere como fermento, que se encontra o embrião de um ensaio bergmaniano, na alma e no corpo.

Não fosse Stellan Skarsgård e a sua personagem (um realizador envelhecido em busca do último filme) um protótipo invocativo de Ingmar Bergman, com a sua genialidade e, no verso da moeda, a conturbação familiar. “É um péssimo pai, mas um bom realizador”, clama a personagem de Renate Reinsve, a filha e actriz fora dos circuitos habitados pelo progenitor, como recomendação a uma doce Elle Fanning, estrela hollywoodesca enganada por um papel que não lhe pertence. Contudo, é em Renate (a estrela da aventura anterior, “A Pior Pessoa do Mundo”) que o filme se centra primeiramente. Actriz de palco e de televisão, assombrada por uma depressão em vaivém, de origens e catarses quase freudianas, vê-lhe ser oferecido o papel “da sua vida”. Palavras do pai, surgido sem aviso no funeral da mãe, a gracejar-lhe com um guião: “”, suplica, orgulhoso.

Sentimental Value” é drama familiar com pitadas de tragédia iminente. No papel, o resultado poderia soar previsível, redutor ou até genérico, mas Trier contorna, foge ao convencionalismo e aos tiques impostos, por exemplo, por Hollywood. Varre o moralismo para debaixo do sofá: não há lições impregnadas nem sermões nestas intrigas, e a família (seja as personagens ou o conceito / ideologia) nunca se sobrepõe à arte, nem o contrário. Evita-se a hierarquização consoante a perspectiva individual. Cada estágio, dentro da sua condição privilegiada, é igualmente uma história de relações em colisão e fissura, e um filme sobre Cinema, sobre a importância do filme propriamente dito e da sua concepção. Esse malabarismo torna a obra numa via reconhecível para o espectador: a história do pai ausente e das filhas que se ligam perante a distância dos outros; a actriz ansiosa, perturbada pelo desencaixe social (piscando o olho aos temas já enunciados em “Worst Person in the World”); e o realizador em confronto com uma indústria incapaz de o compreender, na hercúlea caminhada rumo à concretização da derradeira obra. 

Nesta última, talvez convicto da sua cinefilia, emerge não só a arte de construir o filme final, mas também a definição do próprio filme-terminal: como inserir nesse gesto voluntário um testamento, uma introspecção, quem sabe uma autognose, a autoficção (maldita síndrome dos tempos actuais!) a encerrar carreiras. Com tudo isto embaralhado, e com a graça de grandes actores à proa (não apenas Renate ou Stellan, mas também Elle Fanning, na marginalidade da indústria que a acolheu e a tentou moldar, assim como Inga Ibsdotter Lilleaas, belíssima actriz entre a contenção e a retenção do sentimento), esta matrioska de Trier, drama bergmaniano disfarçado, desapega a frieza que o preconceito colou ao cinema nórdico, é um tratado aos nossos sentimentos, às nossas pessoalidade, e o cambio a peso de ouro que atribuímos. 

É um dos filmes mais ternos numa viragem em que a Netflix deixa de ser opção (a crítica — ou melhor, sátira metida a “besta” — é impagável). O cinema continua a ser o lugar, o espaço, a contemplação perfeita para estas histórias. A humanidade não é apenas transmitida: deve, sim, ser projectada. E isso sim, é de um incalculável valor!


[Fonte: inematograficamentefalando.blogs.sapo.pt]

sexta-feira, 23 de janeiro de 2026

Byung-Chul Han: «Avui la nostra atenció gira únicament al voltant del jo, som empresaris de nosaltres mateixos»

«Segons l'ètica de l'atenció de Weil, un quart d'hora d'estar atents ja tindria més pes que el compliment de moltes bones accions», afirma el filòsof 


Davant un món dominat pel rendiment, el consum i la hiperactivitat, l'assaig Sobre Déu. Pensar amb Simone Weil ens convida a redescobrir el buit, el silenci, l’atenció i la transcendència com a formes de vida possibles i necessàries. Amb un to íntim i meditatiu, Byung-Chul Han, el filòsof sud-coreà més llegit de l’actualitat, reinterpreta l'obra de Simone Weil oferint-nos-la com una brúixola ètica i espiritual per al nostre temps. D'aquesta manera recorre set conceptes fonamentals del pensament de Weil —atenció, des-creació, buit, silenci, bellesa, dolor i inactivitat— i els posa en diàleg amb les ferides contemporànies: la saturació digital, l’individualisme, la pèrdua de sentit, el col·lapse espiritual. Us n'oferim 14 fragments:

1. La digitalització accelera de manera perillosa la possibilitat total de controlar la realitat. Ens habitua a tenir-ho tot a la nostra disposició, que es pugui calcular i que sigui consumible a l'instant. És d'aquesta manera com es malmet l'atenció. Decauen actituds com l'espera o la paciència, que ens faciliten accedir a allò no-disponible. L'estímul que ens aporta el torrent informatiu esmicola la capacitat d'atenció. Una atenció profunda no es deixa endur pels estímuls. 

2. Avui dia sempre estem distrets. Saltem d'una informació a una altra, d'un estímul al següent. [...] L'addicció funciona encara millor com menys atenció li dediquem. Els estímuls addictius atordeixen l'atenció. La societat de l'addicció d'avui en dia és una societat incapaç d'estar atenta.

3. Simone Weil assumeix que el Mal o la violència es poden atribuir a la manca d'atenció. En aquest sentit, l'atenció es podria considerar com un sedàs que destria el Bé del Mal. En conseqüència, hi hauria menys violència al món si fóssim capaços d'assolir una atenció més elevada, assimilada a la pregària. Segons l'ètica de l'atenció de Weil, un quart d'hora d'estar atents ja tindria més pes que el compliment de moltes bones accions. 

4. L'atenció també conté una dimensió social. Així doncs, el fet que es trobi en decadència comporta greus conseqüències en les relacions interpersonals. Tant l'empatia com el respecte es fonamenten a ser atents envers l'altre. La societat s'embruteix quan l'atenció cap als altres es malmet. Condueix a un increment de la violència. 

5. La mirada té, per a Simone Weil, una importància cabdal: «Una veritat primordial del cristianisme, i que avui tothom menysté per complet, és que allò que ens salva és la mirada». Estementa la «serp d'aram» de Moisès, que amb el seu esguard salvava aquell qui la contemplava: «La serp de bronze fou erigida perquè els homes, que jeien mutilats en la més profunda degradació, la poguessin contemplar i se salvessin». Simone Weil fa que la mateixa religió remeti als ulls: «Ara bé, s'hauria de reconèixer de forma pública i oficial que la religió no és res més que una mirada (un regard)».

6. La mirada atenta de l'altre, com a mirada sobrenatural, és una mirada que socorre, que no em jutja ni em condemna. No assenyala la caiguda, sinó la gràcia que em redimeix m'eleva, en lloc de deixar-me caure. Simone Weil afirma de manera lapidària: «L'esperit és atenció». L'esperit és creador. Si és atenció, no la dedica al que ja existeix. Més aviat, gràcies a aquesta atenció, fa néixer allò-que encara-no-ha-estat, allò completament altre. A la intel·ligència, en canvi, li manca aquesta atenció creadora: «No hi ha res que la intel·ligència hagi de trobar. Al que s'ha de dedicar és a esbrossar. Només val per a tasques servils». 

7. La intel·ligència artificial és quelcom sense esperit. Li falta l'atenció creadora. A causa de la seva manca d'esperit no pot fer més que processar calcular. Ens continuarà fent servei, a condició que l'esperit no se li sotmeti. Si no, tornarem a ser esclaus de les coses que nosaltres mateixos hem fabricat. 

8. El nostre present és pobre en genialitat creativa a causa de la manca d'atenció. El geni creatiu i la religiositat tenen arrels comunes en la profunda atenció contemplativa. La crisi de la religió implica, doncs, la manca de genialitat. 

9. Simone Weil il·lustra l'atenció creadora amb una rondalla: «Una faula dels esquimals narra l'origen de la llum de la següent manera: «El corb, que en la nit eterna no trobava aliment, va desitjar la llum, i es va fer clar damunt la terra». Si el desig és autèntic, si l'objecte de desig realment és la llum, el desig de llum engendra la llum. El desig és autèntic quan s'hi dedica un esforç de l'atenció». [...] El desig cedeix el seu lloc a l'impuls. A diferència del desig, a l'impuls no li cal una atenció profunda. Tanmateix, l'esperit és desig. L'època dels impulsos és també una època sense esperit. [...] Justament la manca d'atenció fa que el món d'avui sigui tan pobre en pensadors i poetes. 

10. El pensament, per a Sòcrates, té la intensitat d'una pregària. [...] També per a Emmanuel Lévinas l'atenció és un «increment de la consciència» que «pressuposa la crida de l'altre». L'altre exigeix atenció. El pensament de Lévinas és una ètica de l'altre com a ètica de l'atenció. Sense ella, som sords davant la crida de l'altre. És en l'atenció cap a l'altre on «es transcendeix el jo». 

11. En una carta a Joe Bousquet, Simone Weil escriu: «L'atenció és la forma més rara i pura de generositat». L'atenció s'ofereix. És una ofrena, una donació pura que no demana cap recompensa ni compensació. Té un caràcter asimètric. En canvi, l'economia com a simetria ens priva de la generositat. 

12. Sota la imposició de l'autenticitat, avui maldem per ser alguna cosa algú, a la desesperada. L'autenticitat s'oposa a la descreació, que ens convida a ser un no-res ningú, a practicar la renúncia d'un mateix. De la mateixa manera, l'imperatiu de la creativitat —que obeeix a la lògica productiva del neoliberalisme— ens torna cecs a la veritable creació. El frenesí creatiu neoliberal és una misèria si el comparem amb la glòria de la creació divina, o amb la bellesa de l'univers, que és un sagrament. Tot producció humana que mereixi el nom de creació obliga a la renúncia a un mateix. El geni de l'atenció no té un jo.

 13. Entre les causes estructurals de la crisi de la religió es troba, sumat a la decadència de l'atenció, l'engegantiment del jo. Avui en dia la nostra atenció gira únicament al voltant del jo. Retem culte al jo, celebrem la missa del jo. En ella, cadascú és el seu propi sacerdot. En el vocabulari del règim neoliberal, el sacerdot particular de cadascú és anomenat «l'empresari d'un mateix». Tothom es produeix i es performa a si mateix. 

14. Què és el poder? Qui l'ostenta sent que es fa gran en l'espai que ocupa. S'eixampla o es dilata. El creixement del poder es manifesta com una creixença del jo. El dèspota aspira a una màxima expansió de si mateix. Ho fa sotmetent-se a si mateix en l'altre. Així, el seu espai no es veu limitat per l'altre. El poder vigila que, en l'altre, ell continuï estant en ell mateix. El poder amplia l'espai del jo en relació amb l'altre.  

[Font: www.catorze.cat]