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sábado, 10 de outubro de 2026

« Notre salut », film d'Emmanuel Marre, documente l’engagement vichyste de son grand-père

Le réalisateur Emmanuel Marre avait marqué la Semaine de la Critique avec Rien à foutre. Il est en compétition officielle pour cette 79e édition du Festival de Cannes avec une adaptation intelligente et sensible de la vie de son grand-père vichyste, Henri Marre. Une vision très personnelle et passionnante de la collaboration. 

Écrit par Yaël Hirsch 

Vichy, été 1940 

Tout commence dans une fête où se regroupent des hauts fonctionnaires et des directeurs de cabinet exilés à Vichy pour mettre en place la Révolution nationale avec Philippe Pétain. Les costumes sont soignés, le décor d’une réception dans un salon de la ville thermale est déjà suranné et Henri Marre (Swann Arlaud, excellent) est tiré à quatre épingles et ne tarit pas d’éloges sur le Maréchal. À tel point que quand il vole de la nourriture, on se demande s’il n’est pas un peu résistant. Et la réponse est : pas du tout ! 

Issu du courant planiste de la France de l’Entre-deux-guerres, il est spécialiste de l’organisation du travail et convaincu que la grandeur de la France passera par une organisation stricte. Il a même écrit un essai maurrassien titré « Notre Salut ». Bref, il est vraiment et pleinement pétainiste. Et aussi, parce que les humains sont complexes, un arriviste et affairiste à la petite semaine, qui a tout perdu et qui espère bien se « refaire » avant de dire à sa femme et ses trois enfants de le rejoindre. Son savoir-faire et sa capacité à réaliser des études finissent par remporter quelques bons points et il est envoyé à Limoges comme chef d’inspection du bureau de lutte contre le chômage. Participant activement au fichage et à la spoliation des Juifs, il fait venir sa douce épouse quand il récupère un appartement… 

Vichy par les yeux d’un partisan 

Non seulement la sélection officielle est blindée de De Gaulle, Jean Moulin et autres films de guerre réalisés par Daniel Auteuil, mais plus précisément, le cinéma français connaît un regain de béguin ces derniers temps pour les personnages sombres à la « Lacombe Lucien ». Le personnage de collaborateur incarné par Jean Dujardin dans Les Rayons et les ombres a suscité bien des débats ce printemps et c’est désormais un pétainiste qui choisit lui aussi la voie de la collaboration que l’on est invité à suivre pendant 2 h 30 en pleine compétition cannoise. Et franchement, c’est vraiment très réussi ! D’abord parce que Swann Arlaud est génial, mais aussi et surtout parce que le réalisateur part de la correspondance de ses grands-parents. C’est donc à travers une partie de la vie amoureuse et érotique de cet homme qui se voulait « comme il faut » qu’on entre dans l’engrenage. Dans le rôle de sa femme, Sandrine Blancke est rayonnante et si l’image est aussi poudrée que les costumes d’époque, l’idée de reconstitution n’endort jamais le propos de Marre, petit-fils ! 

Un électrochoc de réflexions libres et gênantes 

Avec un cadre posé au plus près des personnages, une économie de lieux qui frôle le canon de la tragédie et une image qui vient chercher les visages et les silhouettes avec un caractère oblique tout à fait original, Marre mâtine sa fiction familiale d’un brin de documentaire. Et il faut swinguer avec une BO funk et disco les images d’archives aussi bien que deux scènes de dialogues et de danse au milieu des réceptions huppées des collabos. Il y a un peu d’Ozon dans ce processus de comédie musicale qui s’invite dans le film historique. Et ça fait comme un électrochoc ! Le public ne se laisse pas glisser sur la pente du héros mais garde ainsi conscience qu’à chaque instant, il aurait pu choisir autrement. Ce n’est pas dit par des dialogues lourds, c’est juste suggéré par l’image et la musique et ça c’est très fort. On espère un prix pour ce film qui propose vraiment une forme originale pour l’un des thèmes phares de ce festival. 

Notre Salut, d’Emmanuel Marre, avec Swann Arlaud (Henri Marre), Sandrine Blancke (Paulette Marre), Mathieu Perotto (Gasque), Jean-Baptiste Marre (Maux), Harpo Guit (Harpo), Mathilde Abd El Kader (Corinne), Florian Surrier, Claudine Barthel-Fournier, Laurent Poitrenaux. France/Belgique. Drame. 155 minutes. En compétition officielle au 79e Festival de Cannes. Sortie le 30 septembre 2026.

 

 

[Visuel : Pelletas Films / Condor - source : cult.news]

sexta-feira, 9 de outubro de 2026

El dolor de los verdugos

El caso de ‘Naza’ y el borrado de las voces palestinas 

Una imagen del tráiler de 'Naza' (Abraham y Szor, 2026).

Escrito por Vicente Monroy  

El entusiasmo con que el Festival de Venecia ha acogido Naza, la película de Yuval Abraham y Rachel Szor ganadora del Premio Especial del Jurado, viene acompañado de una denuncia ya recurrente entre cineastas y activistas propalestinos: una vez más se ensalza la mirada israelí en detrimento de la palestina, incluso cuando el tema es la violencia sufrida por los gazatíes. Antes de que la instrumentalización política y el ruido mediático desvirtúen la polémica, conviene aprovechar la ocasión para reflexionar sobre las prácticas deshonestas de los festivales, sobre el relato negligente que construye la crítica, y sobre nuestro propio sesgo a la hora de otorgar credibilidad a la información según proceda de fuentes israelíes o palestinas.

Un episodio similar tuvo lugar el pasado mes de junio, cuando el colectivo Palestina Salvará al Cine llamó al boicot del festival FID Marseille, que iba a dedicar una parte importante de su programación a Palestina y al mundo árabe y, al mismo tiempo, invitaba al director israelí Nadav Lapid a presidir el jurado internacional, a proyectar sus películas y a ofrecer una masterclass: una política cultural reflejo de la tentación, muy propia de las instituciones occidentales, de construir simetrías entre “un lado y otro” y ponerlos en diálogo, como si el festival fuera un espacio utópico, ajeno a la opresión y a la violencia, capaz de hermanar a israelíes y palestinos gracias a la fuerza universal del cine. 

Pero programar cine no es yuxtaponer miradas diversas. Cuando un festival sienta a cineastas israelíes junto a palestinos en un contexto marcado por el genocidio en Gaza, la expansión de asentamientos, la devastación del Líbano y la ocupación de territorios sirios, está construyendo una narrativa que no tiene nada de inocente, convirtiendo una situación colonial en una mera confrontación de posturas opuestas, una violencia asimétrica y jerarquizada en una tragedia donde ambas partes parecen comparables. Palestina es bienvenida como contenido, como imagen, testimonio, herida o memoria, pero al equipararla con su opresor se le niega la oportunidad de construir un relato propio. 

El colectivo no atacaba las películas de Lapid, ni lo demonizaba por su origen, ni lo culpaba por las políticas de su país. El boicot se dirigía contra una decisión institucional: su papel como presidente del jurado e invitado de honor, en un festival con películas palestinas, libanesas y sirias, era políticamente significativo. Esta posición era meridianamente clara, y si se malinterpretó fue por ignorancia o por mala fe. Se pretendía recordar, simplemente, que el cine no son solo las películas, sino también a las instituciones que las hacen posibles, las narrativas que las rodean, los premios que reciben y los usos políticos que se hagan de ellas. 

Todas esas explicaciones resultaron inútiles. Como es habitual en estos casos, no tardaron en alzarse los gritos de “¡censura!”. Lo que se planteaba como un debate sobre la responsabilidad de la industria cinematográfica se convirtió, rápidamente, en una disputa sobre el dogmatismo de la izquierda y la libertad de expresión. La figura de Lapid –sus buenas intenciones, sus cicatrices, su heroísmo– monopolizó la polémica. Se le dedicaron centenares de entrevistas, columnas, programas de televisión, manifiestos y defensas encendidas en redes sociales, mientras las voces propalestinas eran acalladas, tachadas de censoras e histéricas, y expulsadas de la conversación. 

Nuestra visión de las guerras de Vietnam o Irak está formada por películas de Hollywood que dejan a las víctimas en un segundo plano 

Se nos recordó, insistentemente y como prueba irrefutable de su legitimidad, que sus películas son críticas con Israel, un argumento que revela la simpleza de una mirada occidental que, tras décadas de eficaz manipulación ejercida sobre todo por el cine estadounidense, ha acabado equiparando sin más el contenido de una película con su valor moral, al margen de las condiciones en las que se produce y circula. Condiciones que una crítica negligente y autocomplaciente es hoy incapaz de examinar. Lapid, que ha construido su carrera con dinero público israelí, es un caso ejemplar de un tipo de disidencia ensimismada, muy propia del cine de autor contemporáneo. Su última película, Yes, recibió 2,2 millones de shekels del Israel Film Fund, y en los créditos de Ahed's Knee –ganadora del Premio del Jurado en Cannes en 2021–, concebida como un feroz ataque al Ministerio de Cultura israelí, figura el sello de ese mismo ministerio, junto a otras fuentes de financiación pública israelíes. 

Ser crítico con un gobierno, o incluso vivir en un exilio autoimpuesto en Francia, no exime a un cineasta de responder por quién sostiene sus películas y qué espacios las consagran. Esto importa especialmente en el caso de un cineasta cuya crítica se reduce a señalar la neurosis, el trauma y la culpa de la sociedad israelí, protagonista absoluta de sus películas, mientras los palestinos permanecen deliberadamente fuera de plano. Él mismo reconoce su desconocimiento del “otro bando” (sic) y su interés exclusivo por “su país” (sic). Se inscribe así en una tradición cinematográfica de raíces coloniales que saca de cuadro, estratégicamente, el dolor de las víctimas para centrarse en el de los verdugos. 

Los estadounidenses han empleado esta fórmula a lo largo de la historia del cine de forma sistemática y con éxito notable, hasta el punto de que la hemos naturalizado como la forma más común de representar la barbarie. Nuestra visión de las guerras de Vietnam, el Golfo o Irak está formada por películas hollywoodienses que narran el dolor de quien fue a hacer la guerra, su conciencia culpable, dejando a las víctimas en un segundo plano. En El cazador, Apocalypse Now, Platoon, Nacido el cuatro de julio o En el valle de Elah el drama que importa es el del soldado traumatizado, nunca el del país arrasado, cuyos habitantes quedan reducidos a fantasmas que perturban la mente del americano traicionado por un ideal. 

La misma estrategia opera en las películas más celebradas sobre la tragedia palestina, casi todas israelíes, como la paradigmática e infame Vals con Bashir (Ari Folman, 2008), que reconstruye la memoria reprimida de un soldado israelí que participó en la masacre de Sabra y Shatila. Durante hora y media, la historia se recrea en la crisis interior de ese soldado, en sus traumas, y los cuerpos libaneses y palestinos apenas aparecen al final, en unas pocas imágenes de archivo, figuras sin alma que funcionan como una sacudida tardía, una vez que la conciencia culpable del verdugo –el verdadero protagonista– ha agotado su recorrido y nos ha llevado, paso a paso, a compadecernos de él. Así procesan su propia violencia las cinematografías opresoras: convirtiendo al agresor en la víctima de su propio dolor. 

Legitimada por festivales y críticos, esta narrativa ensalza la valentía del verdugo que se señala como culpable pero también se erige en voz crítica, eclipsando las voces que deberíamos escuchar de verdad: las de los propios palestinos. Basta leer las críticas de Naza en Venecia para comprobar que, una vez más, la mirada occidental se fascina más con la peripecia de la pareja de directores disidentes israelíes que con la propia película. Es un caso perfecto para el morbo mediático y, en cierto modo, propicio incluso para el propio gobierno israelí, que se ha lanzado casi con euforia a criticar y amenazar a Abraham y Szor. En esa guerra dialéctica entre el gobierno y sus artistas, Palestina vuelve a quedar fuera de campo, reducida a motivo de disputa, nunca sujeto, mientras se refuerza la centralidad de los relatos israelíes. 

No debería sorprendernos que películas como esta obtengan reconocimiento incluso en contextos tan abiertamente sionistas como el de la Academia estadounidense, un hecho que solo los más ingenuos podrían confundir con un milagro o con un motivo de esperanza; en realidad, revela hasta qué punto ciertos posicionamientos eclipsan una disidencia verdaderamente efectiva, capaz de cuestionar los relatos hegemónicos. Como símbolo elocuente, la bandera israelí –y no la palestina– ondeó sobre el Palazzo del Cinema del Lido en la reciente edición del Festival de Venecia, orgullosamente hermanada con la del resto de países que competían en la sección oficial. Una estampa indecente y dolorosa, exhibida en nombre de la supuesta justicia de Naza. 

Más allá de las buenas intenciones, el caso de Abraham y Szor vuelve a recordarnos que, después de todo lo ocurrido, y de lo que sin duda está por ocurrir, es previsible que sean los intelectuales israelíes quienes, en última instancia, escriban el relato de la humillación palestina. Poco a poco toman control del discurso sobre el conflicto, mientras se robustece la imagen de los palestinos como víctimas silenciosas o, peor, sospechosas de fanatismo e incultura: una nueva forma de violencia simbólica. 

Hasta que no situemos en el centro las voces ignoradas que llevan documentando la barbarie desde el primer día sin ovaciones récord en los festivales, sin el apoyo entusiasta de la crítica, y muchas veces sin vida para ver su obra estrenada; hasta que no dejemos de fabricar simetrías falsas entre discursos que nacen de situaciones antagónicas, la del opresor y la del oprimido; hasta que no empecemos a escuchar a los palestinos en lugar de a quienes hablan en su nombre, el debate seguirá girando en el vacío.

 

[Fuente: www.ctxt.es]

Lleida, la ciutat del llibre en català

El festival Sant Miquel de les Lletres premiarà la trajectòria de la novel·lista Maria Barbal i del fundador de l'editorial Comanegra, Joan Sala

Joan Sala i Maria Barbal, premi II Premi Rosa Fabregat

No tot passa a Barcelona. Del dilluns 5 al dissabte 10 d'octubre, Lleida es convertirà en el gran escenari del llibre en català. La quarta edició de Sant Miquel de les Lletres, el festival impulsat per la Fundació Horitzons 2050, repartirà més d'una cinquantena d'activitats per tota la ciutat. Hi haurà des de les "Cantonades de poesia", en què poetes lleidatans recitaran versos al carrer, fins a un mercat del llibre perquè puguem comprar-nos i regalar-nos poemaris, contes, assajos, novel·les.  

La directora del festival, Mertxe París, ho descriu així: "L’essència de Sant Miquel de les Lletres és posar els llibres i la literatura en català a l’abast de tothom a través d’una programació d’activitats per a tots els gustos. Ho fem des de Lleida amb la voluntat que arribi a tot el país". I de totes les activitats que fan, ens destaca les sessions de narració oral per a escoles, instituts i residències de gent gran. "És una bona dinàmica per sumar lectors". Us expliquem les activitats que us hi esperen: 

Dilluns 5, a les 19:00 h, a l’Institut d'Estudis llerdencs hi haurà "La mort i els llibres", un diàleg amb la historiadora i escriptora Teresa Ibars i el novel·lista i poeta Pol Guasch, que estarà moderat per la terapeuta en dol i trauma Remei Capitán.

Dimarts 6, a les 18.30 h i també a l'Aula Magna de l'IEI, “Preparant la República” recuperarà la memòria de la revista Vida Lleidatana, que enguany celebra el seu centenari. La taula, que comptarà amb la participació de l'historiador Josep Maria Solé i Sabaté, el periodista Enric Calpena i la historiadora i professora d'història Antonieta Jarne, estarà moderada per la filòloga i periodista Anna Sàez, directora del diari Segre.

Dimecres 7, a les 19.00 h, la Sala Alfred Perenya (La Casa dels Gegants) ens preguntarem "Cap a on va el món?", una conversa sobre l'actualitat internacional amb els periodistes Lluís Foix i Lluís Caelles, i moderada per la periodista Sira Cusiné.

Dijous 8, a les 18.30 h i al mateix espai, l'escriptora i traductora Carlota Gurt i la periodista, escriptora i activista Núria Cadenes conversaran sobre "La literatura més enllà dels premis", en un acte moderat per la periodista i antropòloga Joana Soto.

Divendres 9, a les 19.00 h, el cicle tornarà a l'Aula Magna de l'IEI amb "Què són les editorials i les llibreries independents?", una reflexió sobre l'ofici d'editar i vendre llibres amb Marta Farré (Llibreria La Singratalla), Maria Sempere (Editorial Les Hores) i Matilde Martínez (Godall Edicions), moderades pel llibreter de La Irreductible, Joan Roure.

Dissabte 10, el Sant Miquel de les Lletres viurà la seva jornada més intensa. D'11.00 a 13.00 h, l'Aula Magna de l'IEI acollirà l'emissió en directe d'"El divan", de Sílvia Cóppulo. A la mateixa hora, la plaça de les Comèdies serà l'escenari d'un Matinal de narració oral per a públic familiar amb l'actriu Patrícia McGill i El Genet Blau. A les 18.00 h, el pati de l'IEI acollirà el lliurament del II Premi Rosa Fabregat, que enguany rebrà la novel·lista Maria Barbal i l'editor i fundador de Comanegra, Joan Sala. El festival tancarà a les 20:30 h al Cafè del Teatre amb l'espectacle "L'arbre de l'alliberament", un homenatge a Maria-Mercè Marçal amb música creada pel compositor David Pradas, i amb versos recitats per la poetessa Núria Miret i cantats per la soprano Maria Altadill. 

El cartell de "Sant Miquel de les Lletres"

[Font: www.catorze.cat]

L’écrivain Thélyson Orélien, otage d’une époque qui a peur

À travers Thélyson Orélien, sur sa tête, son nom et son roman dont beaucoup parlent sans l’avoir lu, s’expriment les fantasmes et les angoisses d’une époque qui change trop vite, qui file à toute berzingue vers une destination inconnue. Sa soudaine irruption nous révèle à nous-mêmes et le miroir qu’il nous tend est insupportable à regarder.

Manosque, France au 28e édition du festival de littérature « Les Correspondances », le 24 septembre 2026

Écrit par Dorcy Rugamba

Dramaturge, acteur et metteur en scène. Auteur des « Enfants gâtés de Butare » aux Editions JC.Lattès


« Les Titans, par la ruse d’Héra à la colère implacable, s’enduisirent le visage d’un gypse éclatant pour se déguiser. L’enfant contemplait dans un miroir l’image changeante de son propre visage. Alors les Titans s’approchèrent, le couteau du Tartare à la main, et fondirent sur lui. Là où le fer titanique tranchait ses membres, Dionysos faisait de la fin de sa vie le commencement d’une vie nouvelle »

Les Dionysiaques, Nonnos de Panopolis 

Thélyson Orélien a arrêté sa tournée promotionnelle en France, ce n’était plus tenable. Son éditeur canadien a annulé sa tournée au pays. Beaucoup de festivals et de salons du livre l’ont déjà déprogrammé et l’Académie Goncourt l’a retiré de sa sélection. C’est allé très vite. Le sort de cet homme a été scellé en quatre jours chrono. À peine accusé, déjà condamné. Sans même lui donner le temps de réunir un dossier et laver son honneur. Face à la machine, sa parole n’a pas pesé lourd. 

J’ai rencontré Thélyson pour la première fois à Nancy, au festival du Livre sur la Place. C’était alors une reine au milieu d’une ruche. La file d’admirateurs venus lui demander un autographe, une dédicace, un petit dessin, un selfie, s’étendait de la place de la Carrière jusqu’aux arches qui mènent à la place Stanislas. Le monde des lettres n’avait peut-être jamais connu une telle unanimité des critiques, des jurys littéraires et du public depuis longtemps. Son étoile montait à pic dans un ciel sans nuage ; ceux qui n’aimaient pas son roman le chuchotaient à voix basse. 

Nous nous sommes revus au dîner de réception offert à l’hôtel de ville, nous avons parlé de littérature et de Manosque où nous étions programmés pour échanger lors d’une rencontre à deux une semaine plus tard. J’ai vu un homme simple et effacé, qui parle d’une voix douce et sans emphase, sans tics d’écrivain, sans cette préciosité que les écrivains mondains affectent pour se distinguer du commun des mortels. J’ai vu un homme détaché, indifférent à toute l’agitation autour de son nom et qui cherchait un refuge où fuir la foule pour respirer un coup. Il cherchait visiblement quelqu’un avec qui parler normalement, en espérant sans doute dans son for intérieur que je ne me jette pas sur lui pour lui tresser des lauriers. Ce que je n’allais pas faire de toute façon ! 

Je ne lui ai pas partagé mes réserves sur son livre, qui n’ont rien à voir avec son style que je trouve savoureux ni avec les soupçons sur l’IA qui n’avaient pas encore émergé et auxquels je ne crois pas, mais avec ce genre picaresque auquel il a eu recours et qui m’épuise de plus en plus par son omniprésence pour décrire les réalités du sud global. 

Quand je l’ai revu une semaine plus tard, c’était un paria. Sa photo était placardée partout comme un criminel dont la tête est mise à prix, sur la une des grands journaux, il ouvrait les journaux télévisés, des émissions entières lui étaient consacrées. Son nom était traîné dans la boue de cet égout planétaire qu’est devenu internet, son visage grimé en prisonnier, en caïd, en poupée gonflable, en caricature de Tintin au Congo. Tout ça, sans avoir jamais fait de politique, sans avoir régné et écrasé sous son joug tout un peuple comme Papa Doc ou Ceausescu. Comment a-t-il fait pour se faire en si peu de temps des ennemis à une échelle industrielle ? Vilipendé avec plus de violence que des violeurs notoires sur qui glissent les accusations, encore plus honni que des serial killers. Quel destin ! 

Les accusations de plagiat venaient de s’ajouter aux soupçons de faussaire en IA. J’ai vu un homme groggy comme un boxeur coincé dans les cordes, les traits marqués par l’épreuve, et j’ai eu la pénible sensation d’assister aux derniers jours d’un condamné. 

Tous ceux qui ont un problème avec un voisin, avec un conjoint, avec un pays qui n’avance pas dans la bonne direction, avec leurs enfants qui passent la sainte journée sur TikTok, avec les machines qui envahissent notre quotidien, ont décidé de solder tous les comptes avec ce jeune homme à peine arrivé sous les projecteurs pour tout de suite saturer l’espace médiatique. 

À travers lui, sur sa tête, son nom et son roman dont beaucoup parlent sans l’avoir lu, s’expriment les fantasmes et les angoisses d’une époque qui change trop vite, qui file à toute berzingue vers une destination inconnue. Et ce mystère d’un monde qui s’ouvre sur les abysses rend les gens fous et violents. Ce jeune homme cristallise sur sa personne les peurs primales d’une Europe qui a peur de disparaître. Et qui va peut-être disparaître et le monde avec à force de le répéter tous les jours comme un mantra. 

Dans nos rêves et nos cauchemars, Thélyson est l’enfant d’un futur qui arrive trop tôt dans un monde qui n’a pas fini sa mue, qui n’est pas prêt, et ce prématuré a réussi à toucher le cœur d’un nombre incalculable de gens qui aujourd’hui veulent lui faire payer de l’avoir tant aimé. 

Sa soudaine irruption nous révèle à nous-mêmes et le miroir qu’il nous tend est insupportable à regarder. À ce moment précis de l’histoire, nous ne savons plus vraiment qui nous sommes. Nous devons désormais nous confier à une machine pour nous dire ce qui est humain et ce qui ne l’est pas. 

Ce que lui reprochent ses contempteurs, c’est de les avoir mis en crise. Et quelqu’un capable de créer en vous un doute existentiel, vous obligeant à vous dédire du jour au lendemain, ne peut être totalement humain, c’est forcément un robot, un cyborg, un homme augmenté. 

La situation est dure pour lui, bien évidemment, mais elle est encore plus critique pour cette société qui se déchire devant lui. 

À Manosque, je n’ai pas trouvé les mots pour lui exprimer ma compassion et ma solidarité, heureusement, mon éditrice qui était avec moi les a trouvés et les a prononcés pour nous deux pendant que nous prenions un café avant la rencontre. Je me suis contenté de lui tendre son roman pour qu’il me fasse une dédicace. J’ai refermé le livre sans la lire et nous avons attendu. De toute façon, je n’avais rien à dire. J’avais déjà tout dit la veille dans un post public où je lui exprimais ma révolte et mon soutien. 

J’ai pris du plaisir à partager un café en silence avec lui avant d’affronter une place publique noire de monde. Au début, je me demandais en regardant cette foule nombreuse, combien étaient là pour écouter deux auteurs, combien avaient accouru pour voir un homme devenu malgré lui une curiosité publique. 

Le festival a eu l’élégance de tenir la polémique à l’écart pour laisser place à la littérature, et cette rencontre a pris l’allure d’une rencontre littéraire normale, avec des questions-réponses et des lectures d’extraits de C’était ça ou mourir et Les enfants gâtés de Butare, nos deux livres. 

Nous avons cherché, trouvé ou pas, les liens et les parallèles entre l’histoire du Rwanda et celle d’Haïti. Je me suis rappelé que j’ai été moi aussi un jour Jonas Dorléon, obligé comme ce personnage qui porte un prénom biblique de partir ou de mourir. Je suis parti comme lui, en quittant clandestinement mon pays, en fuyant la mort, sans sac Carrefour, sans sac du tout, sans slip de rechange, sans René Depestre pour me tenir la main, avec juste une photo de famille comme cordon ombilical pour me rattacher à ma terre natale. 

Thélyson nous a parlé du ça. Ce « ça » du titre de son roman, vers lequel tend Jonas hors de son île. Au milieu de la rencontre, la modératrice a demandé qu’on écoute « Boya ye », un tube de rumba congolaise des années 80 qui ouvre tout un chapitre à la page 151 de mon roman. Et la voix de Mbilia Bel a fusé des enceintes au milieu des platanes. Un vent de fraîcheur, de grâce et de swing s’est emparé de la place. De l’oxygène enfin. Son corps s’est dégelé, un éclair de malice a traversé ses yeux, son visage poupin et enfantin a refait surface et nous nous sommes mis à onduler, à danser sur nos chaises. Si les femmes n’existaient pas, ce monde serait pire que la jungle du Darién ! Sur le moment, Thélyson m’a confié qu’on entendait les mêmes rythmes à Port-au-Prince. Là-bas ils mixent la rumba au kompa local. 

Pendant que je lisais au public la traduction des paroles de Mbilia Bel, je me demandais ce que ce serment d’amour inconditionnel avait à voir avec l’affaire qui nous travaillait tous l’esprit malgré nous. Finalement, en y repensant le lendemain, je me suis dit qu’il n’y avait peut-être pas mieux pour décrire l’attitude digne et bienveillante de l’équipe des Correspondances de Manosque et du public, qui a accueilli avec beaucoup d’affection et de bienveillance l’homme que partout ailleurs, les milieux culturels après l’avoir porté aux nues ont décidé de jeter par-dessus bord pour se sauver du naufrage qui frappe tout le milieu littéraire. 

J’ai vu un festival et son public faire le choix de la dignité. Si la littérature a encore un sens dans notre monde en mal de repères, c’est celui de nous faire grandir en humanité. 

Les accusations de plagiat qui frappent Thélyson sont graves. Il faut les condamner sans réserve. Que soit rendu à César ce qui est à César. Profitons de cette affaire pour découvrir ces textes spoliés et leurs véritables auteurs. 

Découvrons, pour ceux qui comme moi ne les connaissaient pas, Louis Pauwels et Jacques Bergier, Andy Bautista et la poétesse Dulce Maria Loynaz. Qu’une véritable justice leur soit rendue, lisons-les, mais lisons-les vraiment, il n’y a pas de meilleure réparation. Les auteurs existent pour toucher le cœur des gens, pas pour être brandis comme de vulgaires preuves par des comptes anonymes et incultes dans des procès médiatiques. 

Les œuvres de l’esprit sont sacrées et inaliénables. Ce combat doit être celui de tous. Nous espérons que tous ceux que le pillage des œuvres indigne - la presse, le devoir, le Huffpost, Libération, Mediapart, le Nouvel Obs, les éditions du Boréal, l’académie Goncourt, salons du livre et festivals - seront à nos côtés, avec la même force pour réclamer et obtenir que soit rendu à l’Afrique toutes ses œuvres d’art classique pillées par centaines de milliers et retenues encore de force dans les institutions culturelles occidentales. Que tout ce qui est à César soit rendu à César. 

Reste la vie d’un homme. Quoi qu’ait pu faire le citoyen Orélien Thélyson, ce n’est pas lui qui brûle la planète au chalumeau, ce n’est pas lui qui sème le chaos et la désolation dans le monde. Avant d’être un auteur controversé, c’est d’abord un être humain. C’est le fils de quelqu’un, l’enfant chéri d’une famille et d’un pays meurtri. Une famille dont il nous a partagé quelques moments d’intimité ; le rituel familial dirigé par son père, la lecture quotidienne de la Bible qui l’a amené à lire la totalité des saintes écritures. 

Et l’enfant de cette famille et de ce pays n’a pas à être pourchassé par une meute ! 

Visiblement l’homme lynché cet été n’a pas suffi à étancher la soif de certains milieux. Voici les mêmes chapelles idéologiques aux trousses d’un autre homme noir, un nœud coulant à la main ! 

Aux autres, qui participent à cette curée tout en se réclamant de la culture et du monde progressiste, souvenons-nous, s’il nous reste encore un peu de mémoire avant que les machines ne nous aient entièrement bouffé les tripes, le cœur et le cerveau, qu’on n’a pas le droit de marquer au fer rouge un Haïtien, de le huer, de lui aboyer dessus ou de le traquer comme une bête. 

Il y a des mémoires douloureuses qu’on n’a pas le droit de réveiller. Ce peuple a payé au prix du sacrifice suprême le droit d’être traité avec respect. C’est Haïti qui a permis au siècle des Lumières d’accoucher de sa promesse. En s’élevant de la nuit la plus profonde, ils ont rendu tous les hommes vivants et à venir libres et égaux, en droit et en dignité. Alors regardez-le et regardez-vous ! 

À la fin de la rencontre, Thélyson a eu ces mots pour son île natale : « En Haïti, il y a l’instabilité, le chaos, mais quand on regarde bien, Haïti n’est qu’à une heure de Floride, des États-Unis, le pays le plus riche du monde. Les armes qui tombent dans les mains d’enfants déscolarisés, ces armes qui nous ont mis dehors, ne sont pas fabriquées en Haïti. Ces armes sont fabriquées aux États-Unis et sont arrivées en Haïti. J’aimerais qu’on réfléchisse à la base. » 

IA ou pas, que nous aimions ou pas ce roman, ne glosons pas à l’infini sur la littérature pour mieux détourner les yeux et regardons la réalité sur laquelle cet écrivain a jeté une lumière crue pour la mettre au centre du débat : le sort d’Haïti et du monde. 

Plus tard à la maison, ma femme découvrant la dédicace qu’il m’a griffonnée dans son livre, me fera remarquer qu’elle est écrite sur ce rythme ternaire que des experts de l’IA croient être la signature d’une machine. 

« … pour le partage, pour la beauté et pour la vérité avec beaucoup d’humanité. 

Amitiés, Thélyson » 

C’était ça ou mourir n’a pas été écrit par une machine. Ce rythme ternaire est le souffle même de l’écrivain Thélyson Orélien. 

Il n’est pas le faussaire en intelligence artificielle que certains croient démasquer, mais son passé de plagiaire fait de lui assurément un copiste, et dans ce domaine, il est en avance sur la machine. 

Et ça, pour ces geeks de Cambridge et de la Silicon Valley dont les logiciels avalent et détruisent des livres par containers entiers, c’est inimaginable qu’un jeune migrant venu du fin fond d’un cul de sac du monde ait battu leurs machines infernales à leur propre jeu. 

On oublie souvent que les plagiaires sont des lecteurs compulsifs. Qui parmi ceux qui le brocardent a lu la Bible en entier, lit des journaux philippins, des poétesses cubaines ? Combien de gens lisent encore Louis Pauwels ? Les copistes ont une connaissance intime des textes supérieure à la moyenne. Ils se font déjà la main en imitant le geste créateur. 

De Michel-Ange à Raphaël, Léonard de Vinci, Rubens, Rembrandt, Velasquez, Delacroix ou Manet, l’histoire de l’art est jalonnée d’anonymes copistes devenus de grands maîtres. 

On ne peut que souhaiter à Thélyson de se révéler à lui-même dans l’épreuve.

Bonne route, l’ami, n’oublie pas que Jonas n’a passé que trois jours dans le ventre de la baleine, avant d’en sortir pour tenir la promesse qu’il avait faite à Dieu. 

Dorcy Rugamba, auteur des « Enfants gâtés de Butare » aux Editions JC.Lattès

 

[Photo : JOEL SAGET / AFP Photo - source : www.mediapart.fr]


quinta-feira, 8 de outubro de 2026

Des collabos ordinaires : « Notre salut », film d’Emmanuel Marre

Avec Notre salut, en Compétition au Festival de Cannes, Emmanuel Marre fait le portrait d’un fonctionnaire vichyste épris de management et explore les rouages de la collaboration. Sans complaisance mais avec un humour grinçant, Notre salut est une grande réussite.

Notre salut d’Emmanuel Marre 

Écrit par Clément Carron 

Cinq ans après Rien à foutre, le cinéaste Emmanuel Marre revient à Cannes avec Notre salut, en compétition pour la Palme d’or. Inspiré de lettres échangées entre son arrière-grand-père et sa femme, ce film fait le portrait sans concession mais avec un humour acerbe d’un fonctionnaire vichyste et met à nu les rouages intimes de la compromission et de la collaboration. Un pari audacieux mais couronné de succès. 

La petite histoire de la collaboration 

Notre salut commence dans un grand salon. Les coupes sont pleines, les invités bien habillés. On discute, on plaisante, on boit. On fredonne Carmen et on échange autour du management dans l’administration, que l’on veut repenser. Des fonctionnaires de différents ministères sont présents. Rien ne distingue cette soirée de celles qui ont cours de nos jours dans les appartements parisiens. Puis, sans changer de tonalité, la discussion évolue et devient débat sémantique : vaut-il mieux parler de coopération ou de collaboration ? L’amour est un oiseau rebelle, chante-t-on, mais il va bien falloir que les Français acceptent ce mariage de raison. Les mots ont leur importance. Ils leur feront comprendre que, dans les ministères de Vichy, on dessine une voie « authentiquement française ».

Swann Arlaud interprète Henri Marre

La force de Notre salut est de mettre en scène la collaboration au plus près de l’histoire en train de s’écrire, débarrassée de la pesanteur de la grande Histoire construite nécessairement a posteriori. De montrer le quotidien d’un petit fonctionnaire médiocre qui n’est pas sans rappeler le Michael Scott de la série The Office : un éternel perdant, qui essaie à chaque occasion d’écouler les exemplaires de son livre de management dont personne ne veut et qui fournit la même étude de marché à trois sociétés différentes avant de se faire prendre. 

C’est donc avec une grande légèreté technocratique que l’on s’écharpe, au sein du Commissariat à la lutte contre le chômage, sur le partage des tâches — qui va bien s’occuper des étrangers et des Juifs, alors qu’on est déjà débordés avec les autres ? —, que l’on réquisitionne les bureaux de la CGT de Limoges et qu’Henri se transforme en Valérie Damidot des années 40, à ceci près que les « chambres Londres » ont cédé leur place aux affiches à la gloire du maréchal Pétain, ou encore que l’on se lance dans une comptabilité macabre pour connaître le nombre de Juifs que l’on peut « rassembler » dans un camion et le nombre de litres d’essence dont on aura besoin, car il faut bien comprendre que les ressources sont limitées. On fera suivre une note de faisabilité. 

Le management pour relever la France 

Pourtant, si Henri Marre est bien opportuniste au dernier degré, il serait erroné d’écrire qu’il n’a pas d’idéologie. Ce dernier voit en effet dans la défaite de la France l’occasion inespérée de relever le pays, c’est-à-dire d’instaurer les méthodes managériales qu’il a consignées dans le livre qu’il a publié sous le titre Notre salut. Marre est passé par un cabinet de conseil, dont il a gardé le vocabulaire ; pour évaluer l’efficacité de la propagande, il parle de cœurs de cible et d’impacts. Il ne tardera d’ailleurs pas à recourir à ces outils pour mettre en œuvre les politiques publiques dont il aura la charge. L’assurance chômage sera ainsi réformée : après deux offres d’emploi refusées, le chômeur sera obligé d’accepter la troisième, et ce, qu’il s’agisse d’un emploi dans les champs ou dans les mines. Le nombre de travailleurs étrangers à envoyer en Allemagne se négociera comme on négocierait le prix d’un bibelot dans une brocante. 200 ? 400 ? Quant aux formulaires dans les camps de travail, il faut les réduire car ils prennent trop de temps à remplir, indépendamment de ce que cela signifie pour les individus. On gouverne par les chiffres et les résultats.

Henri et Paulette

Pétri par les principes néolibéraux, dont l’impératif d’adaptation, inspiré de la biologie, il instaurera également des visites médicales permettant de contrôler la mémoire, l’écriture ou encore la résistance à l’effort des travailleurs et à l’issue desquelles chacun se verra attribuer des notes sous forme de lettres.  

Si la politique est masquée par les chiffres, consignée en creux dans les rapports barbants que l’on feuillette tous les jours sans y prêter attention, elle n’est jamais absente. Et derrière ces questions d’organisation parfois sans intérêt, c’est la déshumanisation progressive d’Henri et son goût de plus en plus marqué pour le pouvoir qu’Emmanuel Marre donne à voir. Celle-ci se perçoit notamment à travers les mots de sa femme Paulette, dont les lettres sont lues en voix off, qui contrastent avec le verbiage managérial de son mari. 

Emmanuel Marre : l’anti-Giannoli 

Depuis plusieurs mois, les débats autour du dernier film de Xavier Giannoli, Les rayons et les ombres, enflamment la presse française. Les deux films sont sensiblement identiques dans leurs buts — montrer les ressorts de la collaboration à l’échelle individuelle —, à ceci près que l’un s’intéresse à un journaliste et l’autre à un fonctionnaire. La comparaison se révèle pourtant douloureuse pour Les rayons et les ombres : Notre salut réussit là où Giannoli échoue, à cause de différences formelles.

La visite de Pétain

Les rayons et les ombres était empêtré dans une contradiction insoluble : la volonté de Giannoli de réaliser une grande fresque historique, presque hollywoodienne, l’empêchait de montrer l’évolution morale de quelqu’un qui sera amené à collaborer — qui aurait nécessité au contraire une approche intimiste. D’où les accusations de complaisance. Marre à l’inverse fait fi des grands événements pour préférer un cadrage sur Henri — dont les mouvements de caméra, les zooms effectués sur son visage et le jeu de Swann Arlaud rappellent une fois encore The Office —, permettant ainsi de dresser un portrait minutieux du fonctionnaire.  

Autrement dit, l’un est d’un classicisme poussiéreux, l’autre est moderne. Dans les deux cas cependant les protagonistes se sentiront irresponsables — il n’est alors pas anodin de songer aux travaux de Johann Chapoutot —, coupables de rien, cachés derrière leurs chiffres et leurs bonnes intentions. Ils n’ont fait que leur travail. Life is life. 

[Photos : Condor Films - source : www.lvsl.fr]

 



sábado, 3 de outubro de 2026

A Mesa convoca unha concentración contra o Plan lingüístico do PP baixo o lema “non prohibades o galego”

A Mesa pola Normalización Lingüística convoca a concentrarse o vindeiro mércores, 7 de outubro, diante do Parlamento de Galiza contra “o intento de eliminar os acordos sociais en relación á lingua” por parte do actual goberno da Xunta. 


O presidente da entidade en defensa da lingua, Marcos Maceira, denuncia que “o Plan que se vai votar no Parlamento galego non é unha revisión do actual, senón unha regresión nacida da chantaxe que quixo impor o PP e que ten como único punto de aplicación real manter a prohibición de galego no ensino, a través de porcentaxes máximas de uso, e descargando a responsabilidade de facelo nos claustros dos centros educativos”. Neste sentido, A Mesa lamenta que o PSdG-PSOE cedese á chantaxe do PP e espera que rectifique e regrese á posición de compromiso co PXNLG que mantivo desde 2004. 

Maceira recorda que a Xunta anuncia a aprobación do seu Plan da lingua, documento sen valor xurídico e sen posibilidade de emenda no Parlamento, unha semana despois do rexistro da Iniciativa Lexislativa Popular Lingua Vital por parte da plataforma Queremos Galego. “Esa ILP é a única proposta con accións efectivas comprometen e obrigan á Xunta e aos poderes públicos”, afirma Maceira. Tamén lamenta que o PP actúa “como se a Xunta non tivese capacidade de mudar as normas que exclúen o galego ou como se non fose, directamente, a responsable da súa creación e aprobación”. “Aluden a fomentar o galego dentro dun marco normativo creado por eles mesmos no que o galego nin se nomea”, remata.

 

[Fonte: www.amesa.gal]


quarta-feira, 30 de setembro de 2026

Brésil. Le sud du Brésil, la terre promise du bolsonarisme. « Foi, famille, armes et grand capital »

À Santa Catarina [État dans le sud du Brésil dont la capitale est Florianopolis], à moins de deux heures de vol de Montevideo, dans une région où de nombreux Uruguayens choisissent de passer leurs vacances d’été, l’extrême droite brésilienne a trouvé son plus grand soutien. Un conservatisme profondément enraciné, les origines allemandes d’une grande partie de ses habitants, l’influence de l’Église évangélique et la présence d’un nombre inhabituel de milliardaires se conjuguent ici en faveur de Flávio Bolsonaro.

Renan Bolsonaro («04»), candidat à la Chambre des députés dans l’État de Santa Catarina, au côté du gouverneur de l’Etat Jorginho Mello.

Écrit par Sofía Kortysz Vaz 

«Tout comme il y a eu un avant et un après le Christ, il y a eu un avant et un après l’arrivée au pouvoir de Jair Bolsonaro, il y a huit ans», a déclaré à Brecha [hebdomadaire uruguayen] un membre du Parti des travailleurs (PT) de Santa Catarina lors d’une réunion de militants favorables au président Luiz Inácio Lula da Silva. «Attention, je ne compare pas Bolsonaro au Christ», a-t-il précisé en souriant. 

Lors des élections de 2018, Jair Bolsonaro s’est imposé dans tout le sud du Brésil, mais c’est dans l’État de Santa Catarina qu’il a obtenu ses meilleurs résultats, avec 75,9% des suffrages, contre 24% pour le candidat du Parti des travailleurs, Fernando Haddad. En 2022, il n’a pas obtenu d’aussi bons résultats, mais le défi était plus grand: il se mesurait à l’actuel président, Lula, qui venait d’être libéré. Malgré tout, l’écart entre les deux hommes était très important: 69,2% contre 30,7% en faveur de l’ancien capitaine [Jair Bolsonaro a été capitaine de l’armée dans la seconde moitié des années 1980 avant d’être transféré à la réserve en 1988, il est élu député fédéral en 1990 et réélu six fois]. 

Lorsque les électeurs de gauche ou du centre évoquent un changement profond depuis l’arrivée de Jair Bolsonaro au Palais du Planalto, ils pensent avant tout à une fracture au sein de la société, dans laquelle s’est installée, sous l’impulsion de la présidence, une culture de la haine de l’autre. Mais il existe sur le territoire brésilien une division antérieure au mandat de Bolsonaro: la polarisation entre un Sud et un Sud-Est riches, d’une part, et un Nord et un Nord-Est pauvres, d’autre part. Le magazine Forbes, qui dresse chaque année le classement des personnes les plus riches de chaque pays, a publié dans son numéro de la semaine dernière, à propos du cas brésilien: «Alors que le Sud-Est concentre la majeure partie de la richesse avec Eduardo Saverin et Jorge Paulo Lemann, le Nord du pays ne compte aucun représentant» parmi les plus puissants. Saverin est cofondateur de Facebook [fortune estimée à 35,6 milliards de dollars en 2025], et Lemann, un ancien joueur de tennis issu d’une famille d’origine suisse [il a la double nationalité suisse et brésilienne] a étudié à Harvard et a fait fortune dans la finance [actionnaire majoritaire du groupe Kraft Heinz, Burger King et fondateur de 3G Capital]. Un autre milliardaire du sud est Luciano Hang, propriétaire de Havan, l’une des plus grandes chaînes de supermarchés brésiliennes, qui a eu l’idée ingénieuse de placer des répliques de la statue de la Liberté devant ses magasins en hommage au «rêve américain». On a vu Luciano Hang en compagnie de Flávio Bolsonaro, candidat présidentiel d’extrême droite pour les élections du mois prochain. 

Soixante pour cent des super-magnats brésiliens sont originaires du sud-est du pays, et dans le sud, Santa Catarina apparaît comme leur terre promise: c’est l’État qui compte le plus grand nombre de personnes extrêmement riches par rapport à sa population. Leur culture a imprégné le reste de la société, et de nombreux habitants de Santa Catarina, y compris des travailleurs qui ne feront jamais fortune, regardent les habitants du Nord-Est avec méfiance, voire avec mépris. «Maintenant qu’ils migrent vers le sud, la sécurité commence à vaciller parmi nous», affirment certains d’entre eux, reprenant le cliché de l’immigrant pauvre, coupable de tous les maux. Dans le Nord-Est, «beaucoup de gens ont cessé de travailler pour percevoir des aides de l’État», affirment-ils également. «Ils préfèrent rester dans la rue plutôt que de respecter des horaires», nous a déclaré un chauffeur Uber selon lequel Santa Catarina est l’État qui «fait vivre le pays» et qui «les entretient», en référence aux habitants du Nord-Est. Certains vont même jusqu’à rêver de séparer Santa Catarina du reste du Brésil, à l’instar du mouvement «O Sul é Meu País», créé à Santa Catarina en 1992 avec un objectif clairement sécessionniste. Deux ans auparavant, au Rio Grande do Sul, était née la «República do Pampa», avec un projet similaire. D’autres, dans le Sud, plus réalistes, choisissent de préserver l’unité nationale par intérêt personnel. Lors des célébrations locales du 7 septembre pour l’indépendance du Brésil organisées par l’extrême droite à Florianópolis, un homme s’est exclamé à tue-tête: «Le Sud a de la tête, c’est vrai, mais le Nord a des mineraux.» L’Amazonie et l’État de Bahia sont en effet les régions du pays qui possèdent le plus de terres rares.

* * *

Lors d’un rassemblement bolsonariste à Balneário Camboriú [littoral de Santa Catarina], le candidat au poste de vice-gouverneur de Santa Catarina, Adriano Silva, du Parti Novo [ultralibéral opposé aux droits sociaux et la Bolsa Familia], a évoqué ce contraste entre les régions. «On pourrait même croire qu’ici, nous ne sommes pas au bord d’une crise économique, contrairement à ce qui se passe dans d’autres régions, car ici, nous sommes en pleine croissance», dit-il sans étayer ses affirmations par aucune donnée concrète. 

Balneario Camboriú est surnommée Bolsonaro city. C’est là que siège en tant que conseiller municipal le plus jeune des fils de l’ancien président, Renan Bolsonaro, qui se présentera aux élections du 4 octobre pour un siège à la Chambre fédérale des députés. Le «Fils n° 4 Junior», comme on l’appelle, n’est pas le seul membre de la famille à briguer un mandat dans l’État de Santa Catarina. Son frère Carlos se présentera également, quant à lui pour un siège au Sénat. Il sait qu’il a des chances ici [sur la famille Bolsonaro, voir l’article publié sur ce site le 25 août 2026]. 

Le rassemblement bolsonariste s’est déroulé dans un lieu emblématique de la ville, où, au sommet d’une colline, se dresse la statue du Cristo Luz, un Jésus-Christ de 33 mètres, plus haut que le célèbre Christ Rédempteur de Rio de Janeiro. Carlos Bolsonaro figurait parmi les orateurs de l’événement, aux côtés de la sénatrice Carol de Toni [Parti libéral bolsonariste] et du gouverneur Jorginho Mello [Parti libéral] ; «04» est resté dans la salle de réunion, au pied du Cristo Luz. À un moment donné, Adriano Silva a tapoté l’épaule de 04 et lui a dit: «Les médias sont agressifs et affirment que tout ce que fait la famille Bolsonaro est mauvais, mais un masque est tombé à Brasilia et a révélé à quel point cette famille a souffert.» Le vice-gouverneur faisait allusion au scandale impliquant le juge de la Cour suprême fédérale Alexandre de Moraes [qui a confirmé, en tant que président du Tribunal supérieur électoral la victoire de Lula en décembre 2022 et qui a mené l’enquête sur le projet de coup d’État qui a abouti à la condamnation de Bolsonaro, ce qui l’a fait considérer comme un «allié» de Lula]. 

Armes

Sous la présidence de Jair Bolsonaro, la réglementation relative au port d’armes a été assouplie au Brésil, à tel point qu’en 2020 plus de 4,4 millions d’armes étaient en circulation. Lula a ensuite rétabli le contrôle des armes, mais la situation n’est toutefois pas revenue à ce qu’elle était auparavant. L’État de Santa Catarina reste le plus armé du pays, avec environ 25’000 fusils, carabines et fusils de chasse, ainsi que près de 40’000 pistolets entre les mains de civils [sur une population de 7,8 millions].

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Ce même discours qui attribue à «la gauche» le contrôle des médias – propagé par l’extrême droite aux quatre coins du monde – s’est également fait entendre lors d’un rassemblement organisé dans la nuit noire, dans un coin perdu de la route menant à Rio do Sul, dans l’État de Santa Catarina. Le lieu était signalé par une pancarte sur laquelle on peut lire: «Chamados para servir», une branche de l’Église évangélique pentecôtiste. Lors de ce rassemblement, la députée régionale Ana Campagnolo [Parti social-libéral de droite affirmée], candidate à sa réélection, a longuement expliqué en quoi «la télévision et la radio sont contre les partisans de Bolsonaro». Au cours d’une sorte de conférence publique intitulée «L’Évangile en pratique» – qui a duré environ deux heures –, Ana Campagnolo, qui se définit comme «conservatrice et chrétienne», a appelé l’Église évangélique à produire «de la musique et des films de qualité, qui ne soient pas perçus comme chrétiens» afin de contrer efficacement l’influence idéologique de la «gauche». Aujourd’hui, a-t-elle affirmé, «il n’existe que la musique d’église et la musique pornographique», et la première, plutôt ennuyeuse, n’est pas en mesure de contrebalancer la seconde, a-t-elle suggéré. «Tout est politique. Depuis l’origine, depuis que le Christ a été crucifié, religion et politique sont liées», a-t-elle également expliqué à son public dans le cadre d’une dynamique divertissante consistant à montrer des extraits du Roi lion [film de Disney] pour établir des parallèles avec la Bible. «Lorsque le mur de Berlin et l’Union soviétique sont tombés, on a dit que le communisme avait pris fin, mais non, il s’est réorganisé au sein des mouvements indigénistes, écologistes et féministes, qui ont dressé les Noirs contre les Blancs, les femmes contre les hommes, les homosexuels contre les hétérosexuels», a-t-elle affirmé. Le premier coup a été porté aux écologistes, pour leur vision «erronée» du monde. «Dans la Genèse, selon elle, en substance, Dieu a créé les animaux avant les hommes. C’est pourquoi on ne peut pas affirmer que les plantes, les animaux et les humains sont d’égale importance. Ils le sont tous, mais l’homme est plus parfait car il a été le dernier à être créé. Que la nature soit au centre et non l’homme est un postulat incompatible avec le christianisme. Rien n’est plus important que l’homme, pas même la forêt amazonienne.» Les féministes ont ensuite été prises pour cible: «Car vous pouvez bien éduquer votre enfant, mais ensuite, il va à l’école et tombe sur une enseignante écoféministe athée qui lui dira que, pour des raisons morales, il doit être végétarien.» Il faut également écarter toute volonté de mettre fin au patriarcat, a déclaré la députée en adressant des clins d’œil complices à l’assistance. «Il faut comprendre qu’il s’agit là d’un élément de la société qui a été décrit et prescrit par la Bible, et qu’aucune interprétation philosophique de celle-ci ne peut conduire à vouloir le détruire.» 

Son discours s’est conclu par un appel à mettre fin à l’avortement légal, peut-être l’objectif principal de la députée. «Si vous avez un arbre qui risque de tomber sur votre maison, vous n’osez pas l’abattre, car la police environnementale viendrait et vous n’avez aucune idée du montant de l’amende que cela vous coûterait, mais si vous vous rendez dans un établissement de santé public et que vous prétendez à tort avoir été victime d’abus, le médecin va immédiatement vous administrer une injection qui va traverser votre ventre, atteindre le cœur de votre bébé, et celui-ci va subir un arrêt cardiorespiratoire après avoir agonisé de douleur.» La description est ensuite devenue encore plus terrifiante: «Vous serez alors soumise à l’accouchement d’un cadavre, un bébé mort-né verra le jour ou, si votre bébé a moins de mois, ils utiliseront une pince pour démembrer les restes, les morceaux de bébé, et les aspireront. Combien devrez-vous payer pour avoir fait cela ? Rien.»

* * *

La plupart des descendants d’Allemands arrivés au Brésil vivent tant dans le sud-est que dans le sud. Les premiers Allemands à avoir débarqué dans le pays se sont installés dans le Rio Grande do Sul, en 1824. Puis ce fut le tour de Santa Catarina, en 1850. Dans plusieurs localités de ces deux États, la culture germanique est célébrée et préservée. La dernière fête a eu lieu le 2 septembre, à l’occasion de l’anniversaire de Blumenau, commune de Santa Catarina. Plusieurs candidats locaux du mouvement bolsonariste s’y sont rendus pour faire campagne lors de rassemblements qui ont parfois été marqués par des actes de violence. Depuis le début de l’année 2026, deux incidents liés à l’apologie du nazisme se sont produits à Santa Catarina, l’État où la première cellule nazie a vu le jour sur le territoire brésilien, en 1928. En janvier dernier, un homme a été dénoncé pour avoir apposé sur sa voiture un immense autocollant représentant une croix gammée, accompagné de la phrase «Guerre civile maintenant». En juin, la justice de l’État a confirmé l’acquittement de deux hommes dénoncés pour avoir porté des chapeaux ornés de croix gammées lors d’une fête traditionnelle. Ces dernières années, des événements de ce type se sont multipliés dans cet État où le bolsonarisme pourrait, une nouvelle fois, enregistrer ses meilleurs résultats lors des élections d’octobre 2026. 

Le dernier sondage de l’institut Quaest, publié le 24 août, montre que c’est dans les États de Rondônia [capitale Porto Velho] et de Santa Catarina que Flávio Bolsonaro obtiendrait ses meilleurs résultats au premier tour. À Santa Catarina, il recueillerait 45% des voix, contre 20% pour Lula. Dans l’hypothèse d’un second tour entre les deux candidats, un autre institut, Futura/Apex, avait attribué en juin 52,3% des voix à l’extrême-droitier et 23,3% au candidat du PT. En mai, ce même institut avait mesuré le rejet que suscitaient les deux candidats dans cet État: Lula totalisait 70% et Bolsonaro 29%. Dans ce contexte, Lula entame ce week-end une tournée dans le Rio Grande do Sul, le Paraná et l’Etat de Santa Catarina, avec peu de chances de renverser la tendance. (Article publié par l’hebdomadaire uruguayen Brecha le 11 septembre 2026; traduction rédaction A l’Encontre) 

Forum

La semaine dernière s’est tenue à Santiago du Chili la Ve Rencontre régionale du Forum de Madrid, une instance qui rassemble les forces d’extrême droite d’Amérique et d’Espagne, sous l’égide de la Fondation Disenso, liée au parti espagnol Vox. Le président chilien, José Antonio Kast, en tant qu’hôte, et son homologue argentin, Javier Milei, ont été les vedettes de la rencontre, mais des représentants du gouvernement américain (son ambassadeur au Chili, Brandon Judd, et la sous-secrétaire d’État, Sarah Rogers), la vice-présidente hondurienne, María Antonieta Mejía, une députée européenne proche de l’ancien Premier ministre hongrois Viktor Orbán ainsi que des délégués de plusieurs think tanks états-uniens étaient également présents. «Nous sommes sur la bonne voie. Si nous continuons ainsi, nous ne tarderons pas à entrer à La Havane», a déclaré Antonio Kast depuis la tribune du forum. Flávio Bolsonaro n’a pas pu se rendre à l’événement car il était en campagne électorale, mais il a été l’un des plus acclamés et des plus cités par ses compagnons de route. Messieurs Milei et Kast ont tous deux déclaré espérer une victoire du Brésilien aux élections d’octobre afin d’achever d’encercler le «communisme» dans la région. 

[Source : www.alencontre.org]