Isac Nunes da Luz Cordeiro
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Tradutor Público e
Intérprete do Comércio
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Idiomas: francês, espanhol, catalão e galego ***
Matriculado na Junta Comercial do Estado do Paraná
*** Curitiba ***
República Federativa do Brasil
La exposición “México: ruta y destino” desentraña
la forma en que cristalizó una imagen de México como nación, que se convirtió
en postal y souvenir.
Jorge González Camarena, El perico, 1927, Óleo sobre tela. Museo Nacional de Arte, INBAL
Escrito por Carlos Rodríguez
Hay que
aprovechar, con el deceso reciente de Elsa Aguirre, y ver Acapulco (1952). Es una película menor de Emilio “El Indio”
Fernández, pero eso no le resta interés ni encanto. La sinopsis es
irresistible: una joven, que finge una posición económica acaudalada, se
hospeda en un lujoso hotel para atrapar a un millonario y casarse con él. En
“la bahía más famosa del mundo”, como dice el eslogan, la guapísima Elsa es la
estampa de la frivolidad. Esta fantasía tiene nombre: turismo, viaje de placer,
que, según la muestra México:
ruta y destino, es una deriva del proyecto de inicios del siglo XX para
construir la imagen del país.
El Museo
Nacional de Arte (MUNAL) recibe a los visitantes con una obra de exuberante
colorido, un bodegón de Jorge González Camarena donde una hierática tehuana
sostiene un perico en la mano; como si fuera un generoso capullo, un recipiente
ofrece apetitosas frutas que hacen juego con los senos de la mujer, enmarcados
en una blusa ribeteada de color naranja. No falta el textil, un mantel limpio y
simple, en la parte inferior del cuadro; al lado, un enorme guaje casi viril.
Toda la composición parece estar envuelta y surgir de una gran cactácea
coronada por el tocado de la figura femenina, como un halo bondadoso,
abundante, pletórico. El óleo, de 1927, introduce el tema de la exposición y
remite a los atributos de “lo mexicano”.
Ezequiel Negrete Lira, Enramada de Juchitán, 1957, oleo sobre tela. Museo
Nacional de Arte, INBAL
La
muestra del MUNAL esboza de forma oportuna cómo cristalizó la imagen de México
como nación, que se convirtió en postal, guía turística, souvenir; imagen
homogénea de exportación, decorativa y no por ello menos potente en términos
formales. Estampas de trazos y colores que lo mismo cuelgan en museos, ilustran
libros o adornan refrigeradores.
En el
presente, México se llena de nómadas digitales, un nuevo tipo de turismo
fluctuante; por otro lado, Acapulco, Puerto Vallarta, Zipolite o Tulum son
destinos turísticos con problemas sociales y ecológicos urgentes. El interés
crítico por revisar el asunto, su estado y contrariedades, toma fuerza. Se puede
ver en el cine, con Rotting in the sun (2023), de Sebastián
Silva, que aborda el caso de la Ciudad de México y Zipolite; en la fotografía,
un ejemplo notable es el libro de Adam Wiseman Elvis nunca estuvo en
Acapulco (2024); y en la literatura reciente, Sweet
Acapulco (2026) de Brenda Ríos.
Con
habilidad, México: ruta y destino desplaza su lectura del
muralismo. Regresa a los viajes de los europeos por México en los siglos XIX
(Désiré Charnay en Uxmal y Chichén Itzá; Carl Nebel en las ruinas de La Quemada,
en Zacatecas) y XX (Edward Weston en la pirámide del Sol en Teotihuacán).
También lo hace a partir de creadores cuya obra rara vez se expone, y cuya
presencia ayuda a entender la complejidad del proyecto que se convirtió en un
programa de comunicación que encontró la mesa ya servida, pues se basó en las
búsquedas artísticas sobre la identidad mexicana que habían empezado hacía
tiempo, motivadas por los vaivenes políticos que incitaron la revolución.
La
imagen de México es un popurrí cuya articulación requirió de un proceso muy
rico de aglutinamiento de imágenes diversas, principalmente de carácter
descriptivo, que hoy es sello de lo mexicano. Por un lado, las artes populares:
ahí están los cacharros de barro de Cecil Crawford O’Gorman y el zarape de El
de San Luis (1918) y La criolla del rebozo (1916),
dos óleos admirables de Saturnino Herrán. También El vendedor de loza (1920)
de Leandro Izaguirre y La vendedora de talavera (1920) de
Fernando Best Pontones. Las obras se pueden ver en conjunto con piezas del
Fondo Roberto Montenegro, uno de los pioneros coleccionistas de arte popular,
que ahora tiene su propia muestra en el Palacio
de Bellas Artes.
V. R. Machado, Acapulco Chart for escapists, en Mexico This Month, mayo de 1957. Impresión a varias tintas sobre papel. Museo
Nacional de Arte, INBAL
Las
tradiciones del folclor del pueblo, como las danzas de Yautepec que pintó
Fermín Revueltas y los huapangos de Ramón Cano Canilla, también están
presentes. La muestra ha decidido fijarse en estos gestos en lugar de otras
imágenes que retoman manifestaciones mayores como el Día de Muertos, plenamente
identificada con la idea de México tanto al interior del país como en el
extranjero.
Otro
aspecto en que se fijaron los artistas de inicios del siglo pasado es la
arquitectura, sobre todo religiosa y del periodo novohispano. Josefina Zetina
Osorio, Francisco Romano Guillemín y Concha Toussaint, artistas prácticamente
olvidados, pintaron cúpulas y vistas de templos y catedrales.
La pieza
monumental del primer núcleo de México: ruta y destino, dedicada a
los “Imaginarios”, es Vista panorámica de la ciudad de Puebla (1929),
la única obra mural que se conserva de Gerardo Murillo, que pintó las cúpulas
poblanas como una galería de formas exquisitas. La presencia del Dr. Atl es
apropiada: su mural coincide con los proyectos editoriales que coordinó, por
ejemplo Iglesias de México (1924-1927), con el apoyo de la
Secretaría de Hacienda. La conformación de la imagen del país fue también un
programa orquestado desde las instituciones, interesadas en contribuir para
integrar cierta visión del país en la cultura nacional e internacional.
Uno de
los aportes más significativos de la exhibición es presentar obras de Alfonso
X. Peña, magnífico pintor tamaulipeco, poco conocido, de carácter estilizado,
autor de las pinturas Tehuana (1947), Huasteca II (1945)
y Mercado (1950). Su trazo y mirada apelan a la belleza y la
armonía. En sus cuadros, que retratan la actividad comercial en tianguis y
mercados, hay quietud y sumisión; detallan una delicada descripción de
personajes, principalmente indígenas, motivos decorativos, objetos, frutas y
flores.
Luego
viene en la muestra la sección “Rutas y destinos”, donde aparece una obra
inusual de Leopoldo Méndez que hace una síntesis de la transformación
tecnológica y social de la movilidad, que se confirmó a mediados del siglo XX.
Ya a color, Nuevos caminos (1953) es una xilografía dividida
en dos partes: arriba, un automóvil pintado de verde, con grandes neumáticos,
donde viaja una pareja moderna a gran velocidad, el aire revolotea sus
cabellos; abajo, un coche lento, un carruaje, con dos personas apacibles y
serias. La construcción de vías y carreteras, en especial la carretera
Panamericana, abre, de cierta manera, el territorio nacional. Y no solo eso, se
invierte en un esfuerzo editorial por crear mapas, diseñar rutas para conocer
México, imprimir guías de viajes y folletos informativos tanto en inglés como
en español.
Las dos
pinturas de Angelina Beloff que exhibe el MUNAL son una gran oportunidad para
redescubrir a una artista notable y también reconocer la Ciudad de México desde
otra mirada y perspectiva. Beloff pinta la avenida Hidalgo, siempre a la sombra
de la otrora fufurufa avenida Juárez, vista desde la Alameda; así, nos
encontramos con el mercado de flores que estaba en la plaza Santa Veracruz y el
atrio, todavía arbolado, de la iglesia de la Santa Veracruz. Desde mi
ventana (1965), con un lenguaje pictórico que retoma la publicidad y
el trazo de las portadas de revistas internacionales, dibuja un panorama que podría
ser la avenida Reforma o la misma Juárez; la calle que pinta, con el tráfico de
carros detenidos, recuerda una vieja calleja que perdió su configuración cuando
se alzaron edificios de gran altura. Otras construcciones modestas a su lado
son vestigios de un pasado que parece haberse detenido ahí.
A. Regaert, Mexico, The Great Metropolis, ca. 1945. Cartel de la Dirección General de
Turismo. Impresión offset. Colección particular
Los
fines de semana en Cuernavaca y Acapulco, los viajes a Taxco y otros lugares
aledaños a la capital se convirtieron en paradas obligadas. Son los “Cuerpos
turísticos” a los que alude la exposición. La mujer en traje de baño (1955),
de un autor no identificado y que recuerda a Elsa Aguirre en Acapulco,
ya es un signo publicitario incitante e inequívoco. En esa misma década Bob
Schalkwijk fotografía los interiores del Hotel Presidente en Acapulco,
realizado por Juan Sordo Madaleno en colaboración con José A. Wiechers. Ahí
mismo, al lado de otras imágenes del puerto de Guillermo Zamora, está la
maqueta del complejo turístico de dicho hotel.
De la
muestra, que culmina con el enorme Mapa de producción de la República
Mexicana (Rutas Marítimas) (1947) de Miguel Covarrubias, el público
sale orgulloso de ser mexicano, después del Mundial de Futbol que hospedó el
país y cerca de las fiestas patrias de septiembre. El visitante abandona la
sala con el apetito de conocer todas las frutas autóctonas que pintó Hermenegildo
Bustos en sus bodegones, que despiertan el hambre con solo mirarlas. También
sale con muchas preguntas sobre todo lo que faltó y que también es mexicano,
una imagen demasiado amplia que no cabe en los límites de un marco. El
espectador se dirige a la salida del MUNAL como el hombre de la
fotografía Gente de la Ciudad de México (1965) de Héctor
García: una figura que se dirige a la escalera para abordar un avión, lleva un
zarape al hombro; en una mano, un animal hecho de cartón, juguete popular; en
la otra, un sombrero con cintas, probablemente de colores. ~
A
'Les conseqüències' (Proa), Pere Antoni Pons ens parla d'una illa que ha anat
cedint espai, llengua i memòria fins al punt de preguntar-se què en queda, del
país que havia estat.
Pere Antoni Pons
Escrit per Guerau Xipell Casol
Historiador
per la UB i gestor cultural per la UOC
Pons no escriu una novel·la de denúncia, ni un al·legat contra el turisme,
ni un manifest identitari. Escriu una història de persones. Tanmateix, mentre
aquestes persones estimen, s’equivoquen, recorden, callen i en definitiva viuen
les seves vides, el país i la cultura on viuen immersos es desfà. La història
que explica aquest thriller és la d’una investigació relacionada amb una
expedició nazi al poble de l’autor, Campanet, als peus de la serra de
Tramuntana.
La Mallorca que apareix a la novel·la és recognoscible perquè fuig dels
tòpics. No hi ha ni folklorisme ni nostàlgia complaent. Hi ha la constatació
que l’illa ha estat sotmesa durant dècades a dues forces que han alterat
profundament la seva manera de ser. D’una banda, un espanyolisme persistent que
ha relegat la llengua i la cultura pròpies a una posició subordinada, clarament
inferior i, fins i tot, anecdòtica. De l’altra, un model turístic que ha
convertit el territori en una mercaderia i que ha acabat transformant no només
el paisatge, sinó també les relacions humanes i la manera d’habitar-lo.
El gran encert de Pere Antoni Pons és que mai no converteix aquestes
qüestions en un discurs explícit. No hi ha personatges que pronunciïn llargues
reflexions sobre la identitat nacional ni cap voluntat de dictar conclusions al
lector. Tot emergeix de manera orgànica. El feixisme al qual es va sotmetre
l’illa després de l’alçament franquista hi apareix com un fet que altera la
vida quotidiana actual, no com una disquisició purament teòrica.
El turisme hi apareix no tant com una activitat econòmica, sinó com un
model de país que condiciona totes les altres dimensions de la vida; la feina,
el paisatge, l’habitatge, la llengua i, en definitiva, la manera com les
persones s’expliquen a si mateixes. La novel·la no cau en la caricatura ni en
el victimisme. Sap que la realitat és sempre més complexa que qualsevol
consigna i, precisament per això, el seu retrat resulta tan convincent.
Però si el llibre funciona és, sobretot, perquè Pere Antoni Pons escriu
suaument. La seva prosa té una qualitat que sovint passa desapercebuda perquè
no busca exhibir-se. És una llengua planera, neta i elegant, construïda amb una
precisió admirable. Hi ha autors que confonen complexitat amb barroquisme, Pons
demostra just el contrari. En las seva senzillesa rau la seva qualitat.
Aquesta manera no implica pobresa
expressiva. Al contrari. Les frases respiren naturalitat, els diàlegs sonen
autèntics i les descripcions tenen la mesura justa. És una escriptura que
confia més en el ritme que en l’ornament, més en la precisió que en
l’efectisme. Segurament la seva experiència periodística té un efecte clar en
la seva manera d’escriure.
També destaca la manera com està construït
l’argument. Les conseqüències és una novel·la que es deixa
llegir amb una facilitat sorprenent, de fet jo ho he fet en un cap de setmana.
El relat avança sense interrupcions, amb una progressió constant que desperta
la curiositat sense necessitat de recórrer a grans girs argumentals. L’interès
neix dels personatges i dels seus conflictes, no de l’artifici narratiu. En
aquest sentit, Pere Antoni Pons demostra una gran capacitat per administrar el
ritme. La novel·la atrapa perquè els seus personatges resulten creïbles i
perquè els seus dilemes són universals, encara que estiguin profundament
arrelats en una realitat mallorquina molt concreta. Aquesta és una qualitat que
sovint s’infravalora i que, en canvi, constitueix una de les bases de tota bona
narrativa.
Pere Antoni Pons
Ara
bé, això no significa que l’obra sigui exempta de limitacions. La primera té a
veure amb l’estructura dels capítols. La brevetat amb què estan plantejats
contribueix a donar agilitat al conjunt, però també provoca una certa sensació
d’esquematisme. Hi ha escenes que semblen acabar just quan començaven a
desplegar tota la seva força dramàtica. Alguns personatges i alguns conflictes
haurien guanyat densitat si l’autor els hagués concedit unes quantes pàgines
més. No és tant una mancança com la impressió que el material narratiu donava
per a una exploració encara més profunda.
La segona reserva afecta la construcció
general del relat. La novel·la avança de manera molt lineal, gairebé sense
alteracions estructurals ni canvis de perspectiva que obliguin el lector a
reinterpretar el que ha llegit. Aquesta opció fa que la lectura sigui molt
clara i accessible, però també redueix una mica la capacitat de sorpresa. Sense
necessitat de recórrer a artificis, alguna fractura temporal o algun
desplaçament del punt de vista hauria aportat més complexitat a una història
que, per temàtica i ambició, podia permetre’s assumir algun risc formal més.
Malgrat això, aquestes observacions no
desdibuixen els mèrits d’una novel·la que sobresurt precisament per la seva
honestedat. En un moment en què bona part de la narrativa contemporània sembla
obsessionada per la pirueta formal o pel gir inesperat, Pere Antoni Pons opta
per una literatura que posa tota la confiança en els personatges, en la llengua
i en la capacitat del lector de llegir entre línies. És una aposta molt més
exigent del que pot semblar.
Quan es tanca el llibre, queda la sensació
que el títol és molt més que una simple referència argumental. Les
conseqüències no són només les dels personatges, sinó també les d’una illa que
ha anat cedint espai, llengua i memòria fins al punt de preguntar-se què en
queda, del país que havia estat. Poques novel·les recents han sabut formular
aquesta pregunta amb tanta delicadesa i amb tan poca estridència. I,
probablement, és aquí on rau la seva grandesa.
Conversar amb
Enric Bou (Barcelona, 1954) és tot un regal. És un home elegant, tant en el
vestir com en el parlar, però sense estridències, amb humilitat. La seva
trajectòria professional i personal és la d’un cosmopolita que transmet la
sensació que s’ha trobat molt a gust allà on ha viscut però que mai no ha
oblidat d’on ve i que sempre sembla que sap cap a on va.
Enric Bou
Escrit per Daniel
P. Grau
Després de llicenciar-se i doctorar-se a la Universitat Autònoma de
Barcelona, va ensenyar a la Universitat de Barcelona, per traslladar-se després
als Estats Units, inicialment al Wellesley College, prop de Boston, i després a
la Universitat de Brown, on va ser catedràtic d’estudis hispànics de 1996 a
2011.
Tot seguit, es va traslladar a la Universitat Ca’ Foscari de Venècia.
Fins que s’ha jubilat i ha esdevingut professor emèrit, hi ha ensenyat literatura
catalana, espanyola i comparada –amb particular atenció a l’ecocrítica.
Hem quedat al bar de l’Octubre Centre de Cultura Contemporània de
València i tots dos hi arribem una mica abans de l’hora convinguda. La conversa
flueix amb molta naturalitat.
Enric
Bou, Venècia, ciutat de
pèrdues, Universitat de Barcelona (2026)
Enric, en la
nota introductòria a Venècia, ciutat de pèrdues, el teu darrer
llibre, dius que els venecians fugen de la ciutat per la festa del carnaval
“com de la pesta”. M’ha fet pensar que molts valencians fan la mateixa cosa
durant les falles… Puc imaginar que també passa en altres ciutats. Són
diferents tècniques d’expulsió dels oriünds?
Potser no
parlaria d’expulsió, sinó de protecció contra l’overtourism, el turisme
de masses, que ha esdevingut una invasió bestial. En el cas de les noves
festes, o de les festes recuperades, sobretot en una ciutat com ara Venècia,
que realment és molt petita, fa que la massificació sigui angoixant.
Nosaltres ens vam
canviar de casa perquè a prop del Mercat de Rialto, on vivíem abans, gairebé
havíem de demanar permís per a poder sortir de casa.
El carnaval,
durant els anys vuitanta i noranta del segle passat, que és quan es va
recuperar realment, tenia un sentit, però ara s’ha convertit en un circ.
La major part de
la gent que t’hi trobes vestida amb les màscares no són venecians, sinó
francesos. Conec uns catalans que fins fa poc tenien llogat un pis tot l’any
per poder deixar-hi tots els vestits que fan servir durant la festa. Com a
mínim, a Rio de Janeiro tenen el sambòdrom i la gent es concentra allà, però a
Venècia ocupen tota la ciutat.
I també deu
ser una qüestió de sostenibilitat ambiental…
En parlo a partir
del llibre de l’arqueòleg i historiador de l’art Salvatore Settis Se
Venezia muore, del 2014. Proposava un nou model de conservació, que combini
protecció, habitabilitat i desenvolupament sostenible. Es pot aplicar a moltes
altres ciutats. A València, feia tres anys que no hi venia i ho he notat. A
Barcelona, on vaig sovint, m’adono que el jovent no hi pot viure i ha de marxar
fora.
A Venècia, hi ha
un problema també amb el manteniment dels edificis, que són molt peculiars.
S’han intentat mesures com ara fer pagar durant alguns caps de setmana de la
primavera i de la tardor per poder entrar a la ciutat. Això fa tenir encara una
sensació més gran de disneïficació.
Ens hem convertit
tant en un parc d’atraccions que un dia vaig sentir que un nen preguntava: “A
quina hora tanca Venècia?”. El nombre d’habitants continua baixant i aviat
arribarem a allò de: “L’últim que apagui la llum”, com se sol dir.
Fa vint-i-cinc anys
que hi vaig amb assiduïtat i quinze que hi visc. Durant aquest temps he vist
que han tancat ferreteries, forns, botigues de tota la vida, transformades en
botigues de souvenirs.
Tot això ha
implicat, a banda de la dificultat de supervivència per al dia a dia, una
disminució dràstica de la població, agreujada, òbviament, pel preu de
l’habitatge. Des de 1950, la població resident al centre històric ha caigut en
picat: de 175.000 a menys de 50.000.
També té impacte
polític: els problemes de terra ferma, on viuen la majoria dels venecians, i
els del centre històric són diferents. L’alcalde actual, Luigi Brugnaro, és una
mena de Berlusconi. És el propietari de l’equip de bàsquet de la ciutat i
empresari turístic. Et pots imaginar com va la cosa.
Enric Bou
Doncs sí, ho
puc imaginar…
I no creguis que
és només la dreta. L’alcalde anterior, el filòsof Massimo Cacciari, també va
caure en la trampa de defensar el turisme a qualsevol preu.
Els venecians
tenen les seves particularitats: són uns negociants increïbles, es vendrien la
seva mare. Aquests alcaldes es van vendre als taxistes, als gondolers i als
botiguers.
L’ajuntament de
Venècia té més de 5.000 pisos, molts dels quals estan buits perquè necessiten
reformes. Els pisos estan abandonats i no hi ha cap iniciativa municipal. I
això en una ciutat que té tres universitats i els estudiants no hi poden viure.
Les universitats han hagut de construir residències però l’ajuntament no hi ha
fet res.
Tot això, tenint
en compte que és una de les ciutats més cares d’Itàlia. L’Arsenale, per
exemple, és un espai pràcticament desaprofitat, però la iniciativa municipal
per corregir el problema habitacional és pràcticament inexistent.
Per contra, per
exemple, a Alemanya la majoria dels pisos són de lloguer, molts dels quals són
municipals.
L’altre dia,
anant amb autobús de Barcelona a Vilanova, una persona em comentava que
treballava a la ciutat i abans també hi vivia, però que va haver d’abandonar-la
perquè no podia pagar el lloguer. Ara viu més enllà de Vilanova i la Geltrú, ha
d’agafar un autobús per poder arribar al tren, que funciona com funciona, i
després un altre autobús. El resultat és que dedica quatre hores al dia per a
poder anar a treballar. Imagina’t quina qualitat de vida es pot tenir així.
Afirmes en el
llibre que gener és el mes perfecte per a visitar Venècia…
Sí, de Reis,
l’Epifania que en diuen allà, fins a l’inici del Carnaval, la ciutat és buida.
Abans hi havia molta boira i no resultava el millor moment per a veure la
ciutat, però ara, amb el canvi climàtic, no hi ha boires…
Al final,
Venècia també s’omplirà al gener si tothom segueix la teva recomanació…
[Riu] Tant de bo
el meu llibre arribi a molta gent.
D’acord amb
l’endreça del teu llibre, sembla que per Venècia només t’han guiat amigues.
Continua essent la ciutat de l’amor?
Reconec que era
una provocació, però la veritat és que les primeres persones que em van mostrar
Venècia van ser la Chiara i la Lella, que esmento en l’endreça que comentes.
En definitiva, és
el tòpic el que funciona. De tota manera, com deia Peggy Guggenheim, i cito en
el llibre, “sempre es dona per fet que Venècia és el lloc ideal per a una lluna
de mel. Això és un greu error. Viure a Venècia o fins i tot visitar-la
significa que t’enamores de la ciutat mateixa. No et queda espai al cor per a
ningú més”.
Abans, per a la
gent de Barcelona, la destinació habitual de les llunes de mel era Mallorca,
l’illa de la calma, que en deia Santiago Rusiñol. Un altre tòpic.
Enric
Bou, Desviacions. Proses de viatge, L’Avenç (2013)
També dius que
ens presentes una “Venècia insòlita, perduda, una ciutat que ja no existeix,
però de la qual els testimonis artístics i literaris conserven la memòria i ens
la fan veure”. En
certa manera, és una manera de connectar amb la teva dedicació a la literatura
comparada?
El llibre és un
encàrrec d’Antoni Martí Monterde per a la col·lecció Ciutats per Pensar Europa,
que dirigeix en Edicions de la Universitat de Barcelona. Abans ja havia fet una
conferència sobre Venècia a la Fundació Toni Catany, a Llucmajor, i havia
participat en els cicles de conferències que Martí Monterde organitza a Vil·la
Joana, a la Casa Museu Verdaguer.
Vaig començar a
escriure amb una visió personal subjectiva no per a un públic que no fos italià
i, alhora, també vaig buscar testimonis, sobretot d’escriptors, que són els que
et parlen de la Venècia desapareguda, perduda, des del segle XIX fins ara. Són
centenars de persones les que han escrit sobre Venècia.
També dedico un
capítol a personatges il·lustres, alguns de ben sorprenents, com ara Helenio
Herrera, l’entrenador de futbol argentí, casat amb la veneciana Fiora Gandolfi,
un altre personatge molt particular.
Herrera està
soterrat a la secció anglicana del cementiri de Venècia gràcies a una gestió
que Gandolfi va fer directament amb la reina d’Anglaterra. Li va escriure
“però, com és que el país que va inventar el futbol no és una llar digna per a
un mag del futbol?”. Herrera era conegut com “il Mago” i a la làpida que té a
la tomba hi ha una llista amb tots els equips que va entrenar, entre els quals
hi ha l’Inter i el Barça.
Veig que tens
predilecció per visitar cementiris…
I tant! Hi ha
molts cementiris que cal visitar. El de San Michele, que és el de Venècia, és
magnífic. Una vegada vaig estar ingressat a l’hospital i des de la finestra
veia el cementiri. Tenia la sensació que Caront m’estava esperant amb la seva
barca.
De fet, els
enterraments a Venècia són espectaculars, perquè es fan amb góndoles.
Afirmes que
ensenyar a Venècia és diferent de fer-ho en altres llocs. Explica-m’ho.
En part per les
condicions però també pel sentit del temps. Quan passes el pont de la
Llibertat, que és el que dona accés al centre històric, canvia el ritme.
L’espai, a més a més, és un laberint.
Pel que fa a la
universitat de Ca’ Foscari, està repartida en múltiples edificis per la ciutat.
Els departaments d’economia són a l’antic escorxador. El meu departament està
en tres palaus, la qual cosa crea una dispersió que no tens en altres
universitats.
Per tant, has de
caminar d’un lloc a un altre, amb la qual cosa vas trobant-te gent, professors
i estudiants, en diferents llocs. Això crea una relació de contacte amb els
estudiants que no havia notat abans. Hi ha una fluïdesa especial. I espacial.
Potser també
perquè és una universitat petita, d’uns vint mil estudiants. No hi ha
facultats, sinó només departaments, tres d’economia, tres de llengües, un de
ciències i un de filosofia i història de l’art.
Al meu
departament, s’hi ensenyen vint-i-dues llengües europees, entre les quals hi ha
el català i el basc. Després, hi ha un departament de llengües asiàtiques i
africanes i un altre de llengües clàssiques i italià. Em sembla que a Itàlia
només l’Orientale de Nàpols, on va estar Josep Piera amb Giuseppe Grilli, s’hi
acosta.
Ca’ Foscari és
una universitat jove, de poc més de cent-cinquanta anys, que naix com una
escola de comerç. No hi ha ni medicina, ni cap enginyeria, ni les grans
carreres; una mica de dret, com a molt. Com que s’enfocava al comerç, la idea
era que els estudiants havien de saber de números i parlar llengües.
Malgrat que el
sistema italià és bastant rígid, els estudiants de Ca’ Foscari s’han de
construir el seu currículum. Només a Brown havia vist una cosa així. De fet,
allà no hi ha assignatures obligatòries i tenen llibertat total per a
triar-les. El resultat és que els estudiants que tens a classe sempre hi són
perquè volen i això, com a professor, no té preu: tenir gent interessada i no
obligada.
Enric Bou
“Venècia és el
símbol màxim de la fragilitat dels assoliments humans. Ens recorda que fins i
tot les civilitzacions més poderoses estan subjectes al temps, la natura i el
canvi polític”. Aquesta
afirmació teva m’ha fet pensar en els Estats Units d’Amèrica i la Xina. Com
veus la situació internacional actual? Ens trobem, potser, en un moment de
reorganització de potències?
Efectivament, els
imperis tenen un cicle. Els Estats Units són un imperi sobretot des de la
Segona Guerra Mundial, allò que en diuen l’“American Century”. Aquesta darrera
guerra amb l’Iran n’és un exemple perfecte. Diguin el que diguin, l’han perduda
davant un exèrcit radicalment més pobre perquè hi ha hagut una manca de
planificació més que òbvia.
Clarament veiem
l’inici d’una davallada dels Estats Units. El número u ja és la Xina, tot i que
fa una mica de respecte.
Coincideixes
amb Antoni Martí Monterde a afirmar que hi ha ciutats —i Venècia n’és
possiblement l’exemple paradigmàtic— que “hem vist tantes vegades en quadres,
fotografies, films o descripcions literàries que ens sembla que ja les coneixem
sense haver-les visitat”. “Visitar Venècia vol dir ‘escriure’ Venècia”,
afirmes. Hi ha grans diferències entre la reproducció i la imatge real?
Una de les coses
que més em sorprèn a Venècia és que els turistes no miren la ciutat sinó que
simplement hi fan fotografies. La miren sempre a través de l’objectiu. És una
cosa que fa mal de veure.
Un quadre s’hi
assembla, però és una manipulació de la realitat. Molts quadres han estat
fonamentals per a crear Venècia. Per exemple, Marcel Proust té passatges d’À
la recherche du temps perdu que s’inspiren en quadres.
Tenim el cas
concret dels vestits que fa portar a Albertine en la novel·la, documentat en
una carta que escriu a Maria Hahn. Són vestits dissenyats per Marià Fortuny,
que tenia el seu taller a Venècia, inspirats, alhora, en pintures de Carpaccio.
És una relació de
miralls entre la realitat i la representació de Venècia.
I després hi ha
el temps. Venècia és l’única ciutat del món que està pràcticament com estava fa
cinc-cents anys. Pràcticament no té edificis contemporanis. Com a excepcions
tenim les noves seus de la Cassa di Risparmio di Venezia de Campo Manin,
inaugurada el 1972, de la Previdença Sociale, de 1963, i la mussoliniana
estació de Santa Lucia, dels anys trenta.
Venècia és, per
tant, una ciutat museu perquè, com t’he dit, és com era fa cinc-cents anys. Les
pèrdues confirmen aquesta experiència. La paraula pèrdua es relaciona amb el
fet de deixar-se anar, perdre-s’hi. Quan t’hi perds, Venècia és molt més
veritable.
Deu ser tot un
repte, fins i tot angoixant, escriure sobre una ciutat sobre la qual, segons
afirmes, “és impossible escriure res de nou”.
Hi he seguit la
tècnica de Walter Benjamin: la cita. Hi he citat molt. Ha estat una manera de
defensar-me’n.
Hi ha molts bons escriptors sobre Venècia. Jo en destacaria Joseph Brodsky, Henry James i
Predrag Matvejević. I entre els menys coneguts, el poeta Andrea Zanzotto, que
aconsella arribar a Venècia com si fossis un ocell: veure-la des d’un globus
aerostàtic.
Enric
Bou, La invenció de
l’espai, ciutat i viatge, PUV (2013)
El 2013 ja vas
publicar un llibre en què exploraves les relacions entre la literatura i
l’espai: La invenció de l’espai, ciutat i viatge, una magnífica
mostra de geocrítica i literatura comparada.
Gràcies. Partia
dels enfocaments teòrics de Roland Barthes, Michel de Certeau o Walter Benjamin
i analitzava obres de Mercè Rodoreda, Llorenç Villalonga, Luis Goytisolo o
Eduardo Mendoza. L’havia publicat l’any anterior en anglès en Iberoamericana i
volia que aparegués en català.
Ho vaig comentar
a l’amic Toni Mollà, a qui havia conegut per casualitat per una ressenya que
havia fet d’un llibre meu, i ell em va posar en contacte amb Gustau Muñoz, que
llavors treballava en les Publicacions de la Universitat de València. M’ho van
fer tot molt fàcil i va anar molt ràpid. Estic molt content d’aquell llibre.
Abans ja hem
parlat una mica de la teva experiència docent a Brown i Ca’ Foscari. Tornem als
teus inicis universitaris. Et vas formar a la Universitat Autònoma de Barcelona
als anys setanta, quin ambient s’hi respirava?
Vaig estar a punt
de matricular-me a la Universitat de Barcelona, a la Central, que en dèiem
llavors. Finalment, em vaig decidir per l’Autònoma. Hi vaig estar de 1971 a
1976.
A la Central, hi
havia les patums del moment, amb Antoni Maria Badia i Margarit, Martí de Riquer
i companyia. A l’Autònoma, la majoria eren molt més joves: Josep Romeu, que era
dels més grans, Joaquim Molas, Sergi Beser, Jordi Castellanos… Alguns havien
estat a l’estranger i expulsats de la universitat el 1968.
Hi havia grans
contrastos. Per exemple, Josep Romeu es passava mitja classe escrivint
bibliografia a la pissarra. Per contra, Molas parlava de coses molt més
exòtiques i atractives, com ara el cuplet o el còmic. En certa manera, Molas
s’havia d’inventar moltes coses, perquè no hi havia recerca
disponible: llibres, articles, tesis.
Hi havia molta
ideologia? Potser massa?
Eren els darrers
anys del franquisme i es respirava un ambient de relativa llibertat en algunes
fàbriques i a les universitats. En el nostre cas, vam tenir algun curs sencer
sense classes. Es feia resistència al règim. Hi havia molta lluita de classes i
poques classes.
De fet, alguns
professors feien classe fora de la universitat, com ara a la seu de l’Acadèmia
de Bones Lletres de Barcelona, per poder-ne recuperar.
I respecte a
la recerca? Les tesis d’aquell moment eren extremadament voluminoses. Algú m’ha
comentat, imagino que amb una bona dosi d’ironia, que s’arribaven a incorporar
detalls com ara què esmorzava l’autor estudiat abans d’anar a treballar…
És una mica cert.
Ara són de dues-centes pàgines. S’ha imposat el sistema anglosaxó. Potser també
té a veure amb els sistemes de beques i projectes actual. Ara se solen fer
associades a aquests projectes, en quatre anys. Abans, la gent s’hi estava
molts anys.
Lola Badia i jo
vam ser els primers a doctorar-nos a l’Autònoma en la nostra disciplina. La
meva era relativament curta: no arribava a les set-centes pàgines. Si no me’n recordo
malament, la de Jordi Castellanos superava les dues mil.
I també hi
havia una sensació que es feia la recerca definitiva?
Jo no ho diria
així. Com t’he comentat abans, hi havia molt poc de material, molt poca
bibliografia. Molas, en la dècada dels vuitanta, era qui més tesis dirigia i
tenia el criteri que era millor fer tesis sobre autors diferents, amb la
voluntat de cobrir buits. Després tot això es va superar, però en aquell
moment, calia.
I respecte a
l’alumnat, trobes grans diferències?
Et puc parlar
d’una gran diferència entre l’alumnat d’Itàlia i el de Catalunya. Els italians
tenen un nivell molt més alt. Per exemple, tots saben anglès. Quan els dones
bibliografia ningú no fa cares rares. En el cas de la literatura comparada, cal
poder llegir en altres llengües. A Catalunya, si ofereixes a l’alumnat
bibliografia en anglès, la majoria no la llegirà. L’ensenyament secundari és
molt millor a Itàlia.
Respecte a aquell
moment i a l’actual, jo diria que la gran transformació s’ha donat en els
col·legues. Els de la meva edat, tret d’algunes excepcions ben destacades, com
ara la del malaguanyat Vicent Salvador, s’han quedat en una filologia més
clàssica. Els actuals estan més connectats amb els estudis literaris d’arreu del
món. Ho notes quan fas avaluacions de projectes d’investigació i veus la gran
diferència entre els plantejaments dels joves i els dels més grans.
Suposo que vas
viure de ben a prop el terratrèmol que va provocar la Literatura
catalana contemporània de Joan Fuster, amb aquells articles de Joan
Lluís Marfany a Els Marges.
Crec que es va
ser molt injust amb Fuster. Ell no volia fer la feina dels professors. Era un
encàrrec de Max Cahner i crec que és un llibre magnífic. Es va limitar, que no
és poca cosa, a donar el seu punt de vista a partir del que ell mateix era, un
gran lector. En molts aspectes, això sí, obria línies d’investigació, perquè
era el primer que s’escrivia sobre molts autors.
Molas tenia un
defecte: tenia un punt sectari. Molts dels seus deixebles el que millor
aprenien d’ell era això mateix i esdevenien més sectaris encara. En el fons,
Molas era molt més curiós que els seus deixebles. Les seves virtuts: un
treballador incansable i un sentit de l’humor molt personal. Era el rei
dels calembours.
En el cas de
Marfany, crec que ara mateix potser no signaria aquells articles. De fet, la
recerca que va fer sobre el Modernisme és magnífica.
També vas fer
una de les primeres entrevistes a Vicent Andrés Estellés, que es va publicar en
la revista Serra d’Or el 1978.
Cert. Em va
costar moltíssim aconseguir-la. Havien acabat de concedir-li el Premi d’Honor
de les Lletres Catalanes i començava a tenir molts problemes amb la María
Consuelo Reyna en Las Provincias. A més a més, estava malalt i l’havien
operat de flebitis, si no me’n recordo malament.
Vaig anar darrere
d’ell uns quatre o cinc mesos i al final el vaig poder entrevistar en una de
les seves vingudes a Barcelona per qüestions mèdiques. Recordo que em contava
divertit que s’estava a l’habitació de l’hospital i hi havia moltes infermeres
boniques. Quan estaven a punt d’operar-lo, no va necessitar anestèsia. “Una em
fa una mamadeta i a dormir”, em va dir, entremaliat.
Rod Stewart té
un elapé titulat Atlantic Crossing. Tu vas haver de fer la mateixa
cosa per triomfar. Vas arribar a ser catedràtic d’estudis hispànics a la
Universitat de Brown…
Tenia molta
curiositat per conèixer món i vaig obtenir una beca Fulbright. Vaig triar la
Universitat de Yale, on tenia gran impacte el moviment descontructivista, que a
mi m’interessava molt.
Hi havia el
professor belga Paul de Man i jo volia conèixer-lo i treballar amb ell. El fet
és que quan jo hi vaig arribar el 1986 ell acabava de morir. També hi havia
Harold Bloom. Eren l’avantguarda. Jo n’havia tingut notícia en unes
conferències a Barcelona sobre tendències de la crítica literària on havien
convidat Christopher Norris i Terry Eagleton.
Un altre atractiu
era el catedràtic de català i espanyol Manuel Duran, fill del fiscal general de
Catalunya en temps de la Segona República Espanyola. S’havia exiliat a Mèxic,
on es va llicenciar en lletres i en dret i després va treballar com a intèrpret
per a les Nacions Unides. Va ser un dels impulsors de la North-American Catalan
Society i n’era el president precisament quan jo era a Yale.
Jo anava molt a
la biblioteca. Ja saps com són les biblioteques universitàries anglosaxones: hi
pots caminar per tot arreu i consultar els llibres que vulguis. Vaig
escriure Poesia i sistema (Empúries, 1989), sobre la poesia
postsimbolista dels anys vint i trenta del segle passat. Vaig descobrir els
plantejaments de la teoria dels polisistemes, que ningú havia treballat a
Catalunya. També vaig conèixer Claudio Guillén, especialista en literatura
comparada.
Després em van
fer tres propostes de feina: a Yale, Brandeis i Wellesley. Vaig triar la
darrera per qüestions pràctiques. Al cap de nou anys, vaig passar a Brown com a
catedràtic, en substitució de Geoffrey Ribbans, que, com molts altres
professors britànics, se n’havia anat al Estats Units per la situació de crisi
que Margaret Thatcher va provocar en la universitat durant els anys vuitanta.
Potser la
literatura comparada és una mica la germana pobra dels estudis literaris. A mi,
per exemple, tret d’alguna obra clàssica en llatí o grec, no em van fer llegir
res a la facultat més enllà de la literatura en la llengua de cada assignatura.
A l’institut, ara hi ha una assignatura de literatura universal, però en la
meva època, ni això. Sempre teníem visions massa parcials, massa nostres.
Efectivament,
sempre eren visions monolingües o mononacionals. Molas, de tant en tant, feia
connexions, però poca cosa més. A mi, em va obrir la mirada la meva estada als
Estats Units. Aquí fins als anys noranta no hi havia ningú que sabés literatura
comparada ni teoria literària. A la Universitat Autònoma de Barcelona només
Sergi Beser en sabia alguna cosa i les seves classes eren il·luminadores.
A més a més, als
Estats Units s’ha promogut molt la connexió entre la literatura i altres
disciplines, perquè no és només un fet estrictament lingüístic, sinó també
cultural.
Manuel Duran em
comentava que havien triat Mèxic com a lloc final d’exili per proximitat
lingüística, però la primera frase que va sentir, en espanyol, tan bon punt va
baixar del vaixell, va ser “Manito, que te vuelan el velís” –Germà, que
et roben la maleta. Òbviament, no la va entendre.
La literatura
comparada hauria de ser la germana gran de totes les altres: no conec cap
lector que només llegeixi llibres escrits en una sola llengua. Sigui en
original o en traducció, tots llegim en una mena de popurri lingüístic i
cultural. La vella literatura comparada, la del segle XIX, facilitava la
comprensió de les diferències, establia relacions.
Actualment, la
literatura comparada és un camp dinàmic, interdisciplinari i globalitzat que va
més enllà de l’enfocament tradicional i eurocèntric sobre la influència directa
entre literatures nacionals. Hi ha una atenció a la “literatura sense
fronteres”, que inclou estudis interculturals, estudis de la traducció,
literatura mundial i la interacció entre la literatura i altres mitjans
–cinema, arts visuals– i, més recentment, l’ecocrítica.
La interconnexió
entre disciplines m’ha permès, per exemple, d’escriure un llibre sobre menjar i
literatura: Saber y sabor: escritura y comida (Iberoamericana,
2023).
De vegades, em
fa l’efecte que hi ha una mena de contradicció entre els estudis literaris
locals i el fet que la major part de la literatura que es consumeix, o que
s’edita, si més no, són traduccions. En algunes editorials, les traduccions
arriben fins al vuitanta o el noranta per cent de la producció.
En el món
anglosaxó es tradueix molt poc i, per tant, allà el professorat interessat a
fer literatura comparada sap llengües. Per contra, aquí el problema en el món
acadèmic és que has de saber més d’una llengua i no és habitual. Em sembla que
per això aquí no hi ha grans especialistes.
Afortunadament,
ara comença a haver-hi estudis de gent més jove, sobre ecocrítica, per exemple,
que també és literatura comparada, o els estudis sobre espai o de gènere.
Ets membre de
la North-American Catalan Society, de l’Anglo-Catalan Society i de
l’Associazione Italiana di Studi Catalani. Com veus la catalanística
internacional?
Crec que fins fa
poc la catalanística internacional era la gran esperança de salvació dels
estudis locals. Ara hi ha hagut un anivellament. Fa anys, tot es feia en la
mateixa universitat: hi estudiaves, t’hi doctoraves i feies classes. No hi
havia mobilitat. Afortunadament, ara els investigadors viatgen molt més, veuen
món i coneixen maneres de treballar molt diferents i innovadores.
És cert que hi ha
grans diferències entre països. Itàlia és molt filològica. A la Gran Bretanya,
com a Amèrica o a Austràlia, es fan més estudis culturals. Els francesos també
són més tradicionals. Al Brasil, per contra, són molt innovadors.
Daniel
P. Grau entrevistant Enric Bou
I com veus la
barreja que es dona en aquestes associacions entre nadius i catalans?
Jo crec que hi ha
una distinció entre les anglosaxones, l’Anglo-Catalan Society i la
North-American Catalan Society, i les altres. En el primer cas, els catalans
s’hi han integrat molt, especialment els que viuen allà, i parlen el mateix
llenguatge crític. En canvi, entre els investigadors d’aquí, els europeus, de
vegades, tot i que cada vegada menys, s’hi noten punts de vista diferents.
Recordo que em
van enlluernar els estudis d’un tal Dominic Keown. Escrivia sobre poesia
contemporània amb unes eines crítiques molt diferents. Repartia llenya a tort i
a dret amb elegància. Com m’havia explicat Sergi Beser que feien els
anglosaxons, i després se n’anaven al pub a fer una cervesa. El vaig conèixer
anys més tard i ara som molt amics. Hem anat sovint al pub.
A banda d’això,
hi ha el relativament to familiar, en el bon sentit del terme, perquè alhora
sempre té un nivell acadèmic excel·lent, que trobem en l’Anglo-Catalan Society.
Imagino que hi té a veure, d’una banda, que es va fundar amb una gran presència
d’exiliats, que sempre hi eren presents, i, d’una altra, amb el fet que és
l’única que fa congressos anuals, la qual cosa facilita que els investigadors
es troben amb assiduïtat, com bé saps.
La
North-American Catalan Society va estar a punt de desaparèixer.
És cert. Va ser
precisament poc després del congrés de Brown. Philip Rasico volia organitzar un
congrés a Menorca, perquè hi tenia una connexió personal. Va anar fent via per
la seva banda i de sobte hi va haver una revolta. Rasico va abandonar
l’associació. Per sort, les aigües es van reconduir. Ara la NACS publica
la Catalan Review amb Liverpool University Press i és una
revista de molt bon nivell. Quan jo n’era el president vaig fer les gestions
per al canvi d’editor.
Espero que aviat
tornem a fer un congrés conjunt entre l’Anglo-Catalan Society i la
North-American Catalan Society, com el que va tenir lloc a l’Eaton College el
2004.
Miro el
rellotge i m’adono que hem estat gairebé quatre hores xerrant i no ens hem fet
ni un cafè. Jo m’hi estaria quatre hores més: Bou és d’aquelles persones que
sap molt de moltes coses, però que parla sense el més mínim toc de pedanteria.
Decidim que és
el moment de fer una cervesa i preguntem pel millor lloc. Ens diuen que, si
volem fugir dels llocs massa turístics, la millor cosa que podem fer és anar a
Ca Revolta. Abans d’adreçar-nos-hi, no podem evitar entrar en les dues
llibreries de vell que hi ha enfront i al costat de l’Octubre Centre de Cultura
Contemporània: la de l’amic Rafael Solaz i El Asilo del Libro.
En aquesta
darrera tenen un exemplar de la primera edició d’El gran foc dels garbons,
de Vicent Andrés Estellés, amb il·lustracions de Francesc Lozano. És una edició
de bibliòfil molt abellidora, però té un preu prohibitiu i ho deixem córrer.
Caminem
tranquil·lament pels carrers del centre de València. Enric va carregat amb la
cassola d’arròs al forn del ceramista d’Alzira Xavier Claur que li vaig
prometre. Li la vaig comprar en la darrera Escuradeta i no sé com s’ho farà per
a emportar-se-la a Venècia, perquè pesa bastant. Em diu que m’enviarà una
fotografia de l’arròs que pensa fer-hi.
Arribem a Ca
Revolta. Enric prefereix cervesa torrada i ens decantem per una Turia. Ja la
coneixia: es nota que ve per València bastant sovint. Mentre ens les serveixen,
aprofita per a dedicar-me Venècia, ciutat de pèrdues i Desviacions.
Proses de viatge, un llibre seu que no coneixia però que fa goleta.
M’adono que ha
substituït la ploma estilogràfica Cross, americana, que feia servir la darrera
vegada que ens vam trobar, per una Diplomat, alemanya. Això sí, continua
signant els seus llibres amb tinta negra. Com altres vegades, tornem a parlar
de plomes. Em diu que també li agraden molt les Leonardo, italianes, i que hi
ha una botiga magnífica a Florència que també ven per internet.
No hi ha cap
altra taula ocupada a Ca Revolta i hi estem tan sols que fins i tot preguntem
si estan a punt de tancar. Ens diuen que no i, de fet, comencem a sentir una
guitarra flamenca que prové de l’interior del local. Al cap d’una estona,
s’acaba la música i ens envaeix una colla de gent de pell molt blanca que parla
anglès. Alguns semblen unes gambes: han abusat del sol valencià. Fugint fugint,
hi hem caigut de ple.
De camí cap a
casa rebo un missatge d’Enric amb l’enllaç de la Casa della Stilografica. Hi
faig una ullada i, efectivament, és un perill…
Entre 1945 y
2024, los miembros actuales de la OCDE implementaron 159 programas de
regularización en 30 de los 38 países bajo gobiernos de todos los colores
El
Ayuntamiento de Barcelona incorpora a partir de este miércoles el Pabellón 2
del recinto ferial de Montjuïc, con capacidad para mil personas, a su
dispositivo de atención a las personas extracomunitarias que solicitan
documentación para acogerse al proceso extraordinario de regularización de
migrantes. Alejandro García / EFE
Escrito por Meritxell Freixas
Cuando el Gobierno de Felipe González puso en
marcha entre 1985 y 1986 la primera regularización extraordinaria de personas
migrantes de la democracia en España, estimaba que unos 250.000 extranjeros
estaban en situación irregular. “Con esta ley se pretende poner en orden la
situación de los extranjeros residentes que no poseen documentación en regla.
También se pretende normalizar la contratación de mano de obra
extranjera”, recogía la prensa de la época.
El proceso estuvo abierto durante ocho meses y
medio y las personas extranjeras en situación irregular solo debían acreditar
su estancia en el país desde antes del 24 de julio de 1985. Cinco años después,
González puso en marcha otros dos procesos extraordinarios (1991 y 1992).
Después de él lo hicieron también José María
Aznar (1996, 2000 y 2001) y José Luis Rodríguez Zapatero, que en 2005 impulsó
la regularización más grande hasta entonces con la exigencia de un contrato de
trabajo. La hemeroteca cuenta que fueron cerca de 700.000 las
solicitudes que se presentaron.
Pedro Sánchez ha sido el cuarto presidente
español en llevar a cabo esta medida, que recibió casi 1,2
millones de solicitudes. “Ha habido pocas
regularizaciones extraordinarias de dimensiones de la última en España, que ha
sido especialmente voluminosa porque la dimensión de la migración irregular era
muy alta por el propio funcionamiento de la economía y el mercado laboral”,
explica a elDiario.es la
investigadora del CIDOB Blanca Garcés, experta en el área de migraciones. En
esta ocasión, añade, los requisitos eran “de acceso fácil”, solo acreditar
permanencia en el territorio de 4-5 meses y ausencia de antecedentes
penales.
La irregularidad en España, explica la experta,
no procede principalmente de las llegadas irregulares por la frontera sur —en
los últimos 20 años, han sido mucho menos numerosas que en Grecia o Italia—,
sino de personas que entran legalmente, especialmente desde países
latinoamericanos cuyos ciudadanos no necesitan visado para estancias cortas,
pero permanecen en el país más allá del plazo autorizado de tres meses.
Más allá de España, otros países europeos
también han impulsado procesos extraordinarios de regularización. Algunos de
ellos aprovecharon incluso
la crisis fronteriza de Ceuta para criticar,
de forma casi coordinada, las políticas migratorias del Gobierno español, en
una de las reacciones más duras que se han visto en Europa contra una
regularización nacional, pese a haber recurrido ellos mismos a medidas
similares.
Varios cientos de
inmigrantes, en su mayoría marroquíes, se concentraron a las puertas de la
Dirección Provincial de Trabajo, en el último día de plazo para regularizar se
estancia en España. Según la Delegación de Gobierno, Murcia tras Madrid y
Barcelona, es la provincia española en cantidad de solicitudes presentadas por
los inmigrantes. J. F. Moreno / EFE
Italia, el caso paradigmático
Países como Italia, Grecia o Portugal también
han combinado regularizaciones masivas y extraordinarias con procedimientos
ordinarios (que España también aplica, como el arraigo).
El caso de Italia, cuya primera ministra,
Giorgia Meloni, lideró las críticas europeas a las políticas de Sánchez, es
paradigmático. Es, junto con España, uno de los países europeos que más ha
recurrido a las regularizaciones extraordinarias. Bajo el Gobierno del
conservador Silvio Berlusconi en 2002, Italia impulsó esta medida a través
de la cual unas 635.000
personas migrantes salieron de la irregularidad (de
un total de 700.000 solicitudes). Los procesos extraordinarios se han sucedido
en este país porque el mercado laboral generaba demanda de trabajadores
extranjeros, pero las vías legales de entrada no cubrían esa demanda. Antonio
Tajani, ministro de Exteriores de Italia y presidente del partido Forza Italia
de Berlusconi, ha tratado de vincular la
regularización en España con lo ocurrido en Ceuta la última semana de julio.
El último de estos procesos extraordinarios
llevado a cabo por Roma fue en plena pandemia, para regularizar a
trabajadores irregulares de sectores como la agricultura, el trabajo doméstico
y los cuidados, que en ese tiempo pasaron
a ser considerados “esenciales” para garantizar alimentos, cuidados y servicios
básicos. El proceso recibió finalmente unas 220.000 solicitudes, aunque solo
alrededor del 15% correspondían a trabajadores agrícolas, pese a que la falta
de temporeros en el campo había sido uno de los argumentos centrales para
aprobarlo.
No puede decirse que las regularizaciones
extraordinarias sean necesariamente una política de gobiernos de izquierdas
Blanca Garcés, investigadora del CIDOB experta en
Migraciones
En Grecia, en diciembre de 2023, ante la falta
de mano de obra de sectores como la agricultura, la construcción o el turismo,
el Gobierno del conservador de Kyriakos Mitsotakis aprobó una ley que permitía
solicitar un permiso de residencia y trabajo a personas en situación irregular
que llevasen al menos tres años en el país y contasen con una oferta de
empleo. El Ejecutivo calculó
que beneficiaría a unas 30.000 personas.
“No puede decirse que las regularizaciones
extraordinarias sean necesariamente una política de gobiernos de izquierdas
porque se han dado bajo gobiernos de todos los colores, en muchos países distintos,
con mercados laborales distintos y en momentos distintos”, dice Garcés.
“No implican necesariamente una política
migratoria más permisiva: con frecuencia han coexistido con un refuerzo de los
controles fronterizos y de las políticas de expulsión”, añade Augusto
Delkáder-Palacios, experto en securitización de la migración de la Universidad
Complutense de Madrid.
Según él, muchos de estos países han
experimentado una demanda estructural de mano de obra inmigrante, especialmente
en sectores poco cualificados y de difícil cobertura por trabajadores
nacionales (agricultura, construcción o servicio doméstico). “Hay un enorme
desajuste –apunta– entre las necesidades de mano de obra en los países europeos
y las posibilidades legales de entrada y residencia de personas extranjeras,
por ello una parte de la inmigración se produce de manera irregular; la
regularización corrige este desajuste”.
Otros casos
Alemania, Francia y Bélgica, en cambio, han
apostado por otras vías y han regularizado la situación administrativa
utilizando instrumentos de gestión ordinaria.
Alemania, tradicionalmente más restrictiva con
las regularizaciones extraordinarias, introdujo a finales de 2022 el llamado
Chancen-Aufenthaltsrecht (“derecho de oportunidad de residencia”), una vía ordinaria
destinada a determinadas personas que llevaban años viviendo en el país con un
estatus de estancia “tolerada”. La medida les concedía un permiso de 18 meses
para cumplir los requisitos que les permitieran acceder posteriormente a un
permiso de residencia estable.
Las estadísticas de la Oficina Federal de
Migración y Refugiados (BAMF) indican que, transcurrido el primer año y medio
de vigencia, más de 76.000 personas obtuvieron este estatus provisional.
“Es una regularización con una lógica más administrativa,
de personas que quedan sin permiso de residencia porque, por ejemplo, se
rechaza su solicitud de refugio y quedan en el país en una situación de
”tolerancia“, que se llama, y a la larga, acaban siendo reconocidas”, cuenta
Blanca Garcés, quien lo considera una forma de dar respuesta a “situaciones
generadas por el propio funcionamiento de la administración, con procesos
largos y que acaban en un limbo legal”.
Hay
un enorme desajuste –apunta– entre las necesidades de mano de obra en los
países europeos y las posibilidades legales de entrada y residencia de personas
extranjeras
Augusto
Delkáder-Palacios, experto en securitización de la migración de la Universidad
Complutense de Madrid
“A medio y largo plazo los mecanismos ordinarios
de regularización, por ejemplo el arraigo de España o el Chancen-Aufenthaltsrecht de
Alemania son las vías más eficaces para evitar la irregularidad, aunque
convendría simplificar y acelerar estos procedimientos”, dice Delkáder. Sin
embargo, añade, en momentos de acumulación prolongada de personas en situación
irregular, “las regularizaciones extraordinarias son un recurso pertinente para
dar respuesta a un contexto de esas características”.
Tres etapas
La historia de estas políticas dibuja varias
etapas. Entre 1945 y 2024, los miembros actuales de la OCDE implementaron 159
programas de regularización en 30 de los 38 países. Si bien algunos países
introdujeron solo un programa, otros —como Estados Unidos— recurrieron a la
regularización repetidamente. Así lo recoge una investigación de
este año sobre la base de datos RegMig,
que recopila ocho décadas de programas de estos procesos.
Las décadas de 1990 y 2000 concentraron el mayor
número: el 61% de todos los programas registrados. Entre 1990 y 2007 se
sucedieron las grandes regularizaciones, especialmente en el sur de Europa
—España, Italia, Portugal y Grecia—, para dar respuesta a una población inmigrante
que ya estaba instalada y trabajando, pero permanecía fuera de los canales
legales.
La crisis económica y el posterior
endurecimiento de las políticas migratorias europeas prácticamente hicieron
desaparecer las grandes regularizaciones generales entre 2008 y 2019, con algunas
excepciones como Polonia en 2012.
A
partir de 2020 reaparecieron, aunque con
argumentos diferentes.
“Más allá de ser una
medida humanitaria, los Gobiernos han utilizado las regularizaciones como
instrumento de política social y económica: para obtener información y
supervisar a la población en su territorio, abordar el empleo irregular, el
abuso y la explotación laboral, aumentar la recaudación tributaria y atender
las necesidades del mercado laboral a través de la economía formal”, dice
a elDiario.es la experta en migración
de Amnistía Internacional Olivia Sundberg, basada en Bruselas.
El mito del “efecto llamada”
A pesar de que con cada puesta en marcha de
estos procesos se repite una y otra vez el argumento del “efecto llamada”, los
estudios disponibles no han encontrado una relación clara y sistemática entre
las regularizaciones y un aumento significativo de la inmigración irregular.
Tanto Delkáder como Sundberg aseguran que la
evidencia empírica disponible no ha logrado demostrar una relación clara y
sistemática entre estos procesos y un aumento significativo de la inmigración
irregular. Según el experto, tras las regularizaciones no se vivieron
incrementos extraordinarios de las llegadas, sino que la evolución de la
población extranjera siguió una tendencia similar a la que cabría esperar por
factores económicos y laborales. La ultraderecha mundial liderada por Trump
pone a España en el punto de mira y usa Ceuta para esparcir su xenofobia
“Las razones por las que las personas migran o solicitan
asilo (para escapar de conflictos, persecución o miseria, o para buscar mejores
oportunidades en el extranjero para ellas y sus familias), concluye Sundberg,
tienen más que ver con las condiciones en su país de origen y con los legados
del colonialismo que con las políticas de los países a los que se trasladan”.