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domingo, 6 de setembro de 2026

El México de postal

La exposición “México: ruta y destino” desentraña la forma en que cristalizó una imagen de México como nación, que se convirtió en postal y souvenir. 

Jorge González Camarena, El perico, 1927, Óleo sobre tela. Museo Nacional de Arte, INBAL

Escrito por Carlos Rodríguez

Hay que aprovechar, con el deceso reciente de Elsa Aguirre, y ver Acapulco (1952). Es una película menor de Emilio “El Indio” Fernández, pero eso no le resta interés ni encanto. La sinopsis es irresistible: una joven, que finge una posición económica acaudalada, se hospeda en un lujoso hotel para atrapar a un millonario y casarse con él. En “la bahía más famosa del mundo”, como dice el eslogan, la guapísima Elsa es la estampa de la frivolidad. Esta fantasía tiene nombre: turismo, viaje de placer, que, según la muestra México: ruta y destino, es una deriva del proyecto de inicios del siglo XX para construir la imagen del país.

El Museo Nacional de Arte (MUNAL) recibe a los visitantes con una obra de exuberante colorido, un bodegón de Jorge González Camarena donde una hierática tehuana sostiene un perico en la mano; como si fuera un generoso capullo, un recipiente ofrece apetitosas frutas que hacen juego con los senos de la mujer, enmarcados en una blusa ribeteada de color naranja. No falta el textil, un mantel limpio y simple, en la parte inferior del cuadro; al lado, un enorme guaje casi viril. Toda la composición parece estar envuelta y surgir de una gran cactácea coronada por el tocado de la figura femenina, como un halo bondadoso, abundante, pletórico. El óleo, de 1927, introduce el tema de la exposición y remite a los atributos de “lo mexicano”.

Ezequiel Negrete Lira, Enramada de Juchitán, 1957, oleo sobre tela. Museo Nacional de Arte, INBAL

La muestra del MUNAL esboza de forma oportuna cómo cristalizó la imagen de México como nación, que se convirtió en postal, guía turística, souvenir; imagen homogénea de exportación, decorativa y no por ello menos potente en términos formales. Estampas de trazos y colores que lo mismo cuelgan en museos, ilustran libros o adornan refrigeradores.

En el presente, México se llena de nómadas digitales, un nuevo tipo de turismo fluctuante; por otro lado, Acapulco, Puerto Vallarta, Zipolite o Tulum son destinos turísticos con problemas sociales y ecológicos urgentes. El interés crítico por revisar el asunto, su estado y contrariedades, toma fuerza. Se puede ver en el cine, con Rotting in the sun (2023), de Sebastián Silva, que aborda el caso de la Ciudad de México y Zipolite; en la fotografía, un ejemplo notable es el libro de Adam Wiseman Elvis nunca estuvo en Acapulco (2024); y en la literatura reciente, Sweet Acapulco (2026) de Brenda Ríos.

Con habilidad, México: ruta y destino desplaza su lectura del muralismo. Regresa a los viajes de los europeos por México en los siglos XIX (Désiré Charnay en Uxmal y Chichén Itzá; Carl Nebel en las ruinas de La Quemada, en Zacatecas) y XX (Edward Weston en la pirámide del Sol en Teotihuacán). También lo hace a partir de creadores cuya obra rara vez se expone, y cuya presencia ayuda a entender la complejidad del proyecto que se convirtió en un programa de comunicación que encontró la mesa ya servida, pues se basó en las búsquedas artísticas sobre la identidad mexicana que habían empezado hacía tiempo, motivadas por los vaivenes políticos que incitaron la revolución.

La imagen de México es un popurrí cuya articulación requirió de un proceso muy rico de aglutinamiento de imágenes diversas, principalmente de carácter descriptivo, que hoy es sello de lo mexicano. Por un lado, las artes populares: ahí están los cacharros de barro de Cecil Crawford O’Gorman y el zarape de El de San Luis (1918) y La criolla del rebozo (1916), dos óleos admirables de Saturnino Herrán. También El vendedor de loza (1920) de Leandro Izaguirre y La vendedora de talavera (1920) de Fernando Best Pontones. Las obras se pueden ver en conjunto con piezas del Fondo Roberto Montenegro, uno de los pioneros coleccionistas de arte popular, que ahora tiene su propia muestra en el Palacio de Bellas Artes.

V. R. Machado, Acapulco Chart for escapists, en Mexico This Month, mayo de 1957.
Impresión a varias tintas sobre papel. Museo Nacional de Arte, INBAL

Las tradiciones del folclor del pueblo, como las danzas de Yautepec que pintó Fermín Revueltas y los huapangos de Ramón Cano Canilla, también están presentes. La muestra ha decidido fijarse en estos gestos en lugar de otras imágenes que retoman manifestaciones mayores como el Día de Muertos, plenamente identificada con la idea de México tanto al interior del país como en el extranjero.

Otro aspecto en que se fijaron los artistas de inicios del siglo pasado es la arquitectura, sobre todo religiosa y del periodo novohispano. Josefina Zetina Osorio, Francisco Romano Guillemín y Concha Toussaint, artistas prácticamente olvidados, pintaron cúpulas y vistas de templos y catedrales.

La pieza monumental del primer núcleo de México: ruta y destino, dedicada a los “Imaginarios”, es Vista panorámica de la ciudad de Puebla (1929), la única obra mural que se conserva de Gerardo Murillo, que pintó las cúpulas poblanas como una galería de formas exquisitas. La presencia del Dr. Atl es apropiada: su mural coincide con los proyectos editoriales que coordinó, por ejemplo Iglesias de México (1924-1927), con el apoyo de la Secretaría de Hacienda. La conformación de la imagen del país fue también un programa orquestado desde las instituciones, interesadas en contribuir para integrar cierta visión del país en la cultura nacional e internacional.

Uno de los aportes más significativos de la exhibición es presentar obras de Alfonso X. Peña, magnífico pintor tamaulipeco, poco conocido, de carácter estilizado, autor de las pinturas Tehuana (1947), Huasteca II (1945) y Mercado (1950). Su trazo y mirada apelan a la belleza y la armonía. En sus cuadros, que retratan la actividad comercial en tianguis y mercados, hay quietud y sumisión; detallan una delicada descripción de personajes, principalmente indígenas, motivos decorativos, objetos, frutas y flores.

Luego viene en la muestra la sección “Rutas y destinos”, donde aparece una obra inusual de Leopoldo Méndez que hace una síntesis de la transformación tecnológica y social de la movilidad, que se confirmó a mediados del siglo XX. Ya a color, Nuevos caminos (1953) es una xilografía dividida en dos partes: arriba, un automóvil pintado de verde, con grandes neumáticos, donde viaja una pareja moderna a gran velocidad, el aire revolotea sus cabellos; abajo, un coche lento, un carruaje, con dos personas apacibles y serias. La construcción de vías y carreteras, en especial la carretera Panamericana, abre, de cierta manera, el territorio nacional. Y no solo eso, se invierte en un esfuerzo editorial por crear mapas, diseñar rutas para conocer México, imprimir guías de viajes y folletos informativos tanto en inglés como en español.

Las dos pinturas de Angelina Beloff que exhibe el MUNAL son una gran oportunidad para redescubrir a una artista notable y también reconocer la Ciudad de México desde otra mirada y perspectiva. Beloff pinta la avenida Hidalgo, siempre a la sombra de la otrora fufurufa avenida Juárez, vista desde la Alameda; así, nos encontramos con el mercado de flores que estaba en la plaza Santa Veracruz y el atrio, todavía arbolado, de la iglesia de la Santa Veracruz. Desde mi ventana (1965), con un lenguaje pictórico que retoma la publicidad y el trazo de las portadas de revistas internacionales, dibuja un panorama que podría ser la avenida Reforma o la misma Juárez; la calle que pinta, con el tráfico de carros detenidos, recuerda una vieja calleja que perdió su configuración cuando se alzaron edificios de gran altura. Otras construcciones modestas a su lado son vestigios de un pasado que parece haberse detenido ahí.

A. Regaert, Mexico, The Great Metropolis, ca. 1945. Cartel de la Dirección General de Turismo. Impresión offset. Colección particular

Los fines de semana en Cuernavaca y Acapulco, los viajes a Taxco y otros lugares aledaños a la capital se convirtieron en paradas obligadas. Son los “Cuerpos turísticos” a los que alude la exposición. La mujer en traje de baño (1955), de un autor no identificado y que recuerda a Elsa Aguirre en Acapulco, ya es un signo publicitario incitante e inequívoco. En esa misma década Bob Schalkwijk fotografía los interiores del Hotel Presidente en Acapulco, realizado por Juan Sordo Madaleno en colaboración con José A. Wiechers. Ahí mismo, al lado de otras imágenes del puerto de Guillermo Zamora, está la maqueta del complejo turístico de dicho hotel.

De la muestra, que culmina con el enorme Mapa de producción de la República Mexicana (Rutas Marítimas) (1947) de Miguel Covarrubias, el público sale orgulloso de ser mexicano, después del Mundial de Futbol que hospedó el país y cerca de las fiestas patrias de septiembre. El visitante abandona la sala con el apetito de conocer todas las frutas autóctonas que pintó Hermenegildo Bustos en sus bodegones, que despiertan el hambre con solo mirarlas. También sale con muchas preguntas sobre todo lo que faltó y que también es mexicano, una imagen demasiado amplia que no cabe en los límites de un marco. El espectador se dirige a la salida del MUNAL como el hombre de la fotografía Gente de la Ciudad de México (1965) de Héctor García: una figura que se dirige a la escalera para abordar un avión, lleva un zarape al hombro; en una mano, un animal hecho de cartón, juguete popular; en la otra, un sombrero con cintas, probablemente de colores. ~

México: ruta y destino, se exhibe en
el MUNAL hasta el 14 de febrero de 2027.

[Fuente: www.letraslibres.com]


sexta-feira, 4 de setembro de 2026

Un país que es desfà

A 'Les conseqüències' (Proa), Pere Antoni Pons ens parla d'una illa que ha anat cedint espai, llengua i memòria fins al punt de preguntar-se què en queda, del país que havia estat. 

Pere Antoni Pons

Escrit per Guerau Xipell Casol

Historiador per la UB i gestor cultural per la UOC 

Pons no escriu una novel·la de denúncia, ni un al·legat contra el turisme, ni un manifest identitari. Escriu una història de persones. Tanmateix, mentre aquestes persones estimen, s’equivoquen, recorden, callen i en definitiva viuen les seves vides, el país i la cultura on viuen immersos es desfà. La història que explica aquest thriller és la d’una investigació relacionada amb una expedició nazi al poble de l’autor, Campanet, als peus de la serra de Tramuntana.

La Mallorca que apareix a la novel·la és recognoscible perquè fuig dels tòpics. No hi ha ni folklorisme ni nostàlgia complaent. Hi ha la constatació que l’illa ha estat sotmesa durant dècades a dues forces que han alterat profundament la seva manera de ser. D’una banda, un espanyolisme persistent que ha relegat la llengua i la cultura pròpies a una posició subordinada, clarament inferior i, fins i tot, anecdòtica. De l’altra, un model turístic que ha convertit el territori en una mercaderia i que ha acabat transformant no només el paisatge, sinó també les relacions humanes i la manera d’habitar-lo.

El gran encert de Pere Antoni Pons és que mai no converteix aquestes qüestions en un discurs explícit. No hi ha personatges que pronunciïn llargues reflexions sobre la identitat nacional ni cap voluntat de dictar conclusions al lector. Tot emergeix de manera orgànica. El feixisme al qual es va sotmetre l’illa després de l’alçament franquista hi apareix com un fet que altera la vida quotidiana actual, no com una disquisició purament teòrica.

El turisme hi apareix no tant com una activitat econòmica, sinó com un model de país que condiciona totes les altres dimensions de la vida; la feina, el paisatge, l’habitatge, la llengua i, en definitiva, la manera com les persones s’expliquen a si mateixes. La novel·la no cau en la caricatura ni en el victimisme. Sap que la realitat és sempre més complexa que qualsevol consigna i, precisament per això, el seu retrat resulta tan convincent.

Però si el llibre funciona és, sobretot, perquè Pere Antoni Pons escriu suaument. La seva prosa té una qualitat que sovint passa desapercebuda perquè no busca exhibir-se. És una llengua planera, neta i elegant, construïda amb una precisió admirable. Hi ha autors que confonen complexitat amb barroquisme, Pons demostra just el contrari. En las seva senzillesa rau la seva qualitat.

Aquesta manera no implica pobresa expressiva. Al contrari. Les frases respiren naturalitat, els diàlegs sonen autèntics i les descripcions tenen la mesura justa. És una escriptura que confia més en el ritme que en l’ornament, més en la precisió que en l’efectisme. Segurament la seva experiència periodística té un efecte clar en la seva manera d’escriure.

També destaca la manera com està construït l’argument. Les conseqüències és una novel·la que es deixa llegir amb una facilitat sorprenent, de fet jo ho he fet en un cap de setmana. El relat avança sense interrupcions, amb una progressió constant que desperta la curiositat sense necessitat de recórrer a grans girs argumentals. L’interès neix dels personatges i dels seus conflictes, no de l’artifici narratiu. En aquest sentit, Pere Antoni Pons demostra una gran capacitat per administrar el ritme. La novel·la atrapa perquè els seus personatges resulten creïbles i perquè els seus dilemes són universals, encara que estiguin profundament arrelats en una realitat mallorquina molt concreta. Aquesta és una qualitat que sovint s’infravalora i que, en canvi, constitueix una de les bases de tota bona narrativa. 

Pere Antoni Pons

Ara bé, això no significa que l’obra sigui exempta de limitacions. La primera té a veure amb l’estructura dels capítols. La brevetat amb què estan plantejats contribueix a donar agilitat al conjunt, però també provoca una certa sensació d’esquematisme. Hi ha escenes que semblen acabar just quan començaven a desplegar tota la seva força dramàtica. Alguns personatges i alguns conflictes haurien guanyat densitat si l’autor els hagués concedit unes quantes pàgines més. No és tant una mancança com la impressió que el material narratiu donava per a una exploració encara més profunda.

La segona reserva afecta la construcció general del relat. La novel·la avança de manera molt lineal, gairebé sense alteracions estructurals ni canvis de perspectiva que obliguin el lector a reinterpretar el que ha llegit. Aquesta opció fa que la lectura sigui molt clara i accessible, però també redueix una mica la capacitat de sorpresa. Sense necessitat de recórrer a artificis, alguna fractura temporal o algun desplaçament del punt de vista hauria aportat més complexitat a una història que, per temàtica i ambició, podia permetre’s assumir algun risc formal més.

Malgrat això, aquestes observacions no desdibuixen els mèrits d’una novel·la que sobresurt precisament per la seva honestedat. En un moment en què bona part de la narrativa contemporània sembla obsessionada per la pirueta formal o pel gir inesperat, Pere Antoni Pons opta per una literatura que posa tota la confiança en els personatges, en la llengua i en la capacitat del lector de llegir entre línies. És una aposta molt més exigent del que pot semblar.

Quan es tanca el llibre, queda la sensació que el títol és molt més que una simple referència argumental. Les conseqüències no són només les dels personatges, sinó també les d’una illa que ha anat cedint espai, llengua i memòria fins al punt de preguntar-se què en queda, del país que havia estat. Poques novel·les recents han sabut formular aquesta pregunta amb tanta delicadesa i amb tan poca estridència. I, probablement, és aquí on rau la seva grandesa. 

 

[Fotos: Ester Roig - font: www.nuvol.com]

domingo, 23 de agosto de 2026

Enric Bou: «Venècia s’ha convertit en un parc d’atraccions»

Conversar amb Enric Bou (Barcelona, 1954) és tot un regal. És un home elegant, tant en el vestir com en el parlar, però sense estridències, amb humilitat. La seva trajectòria professional i personal és la d’un cosmopolita que transmet la sensació que s’ha trobat molt a gust allà on ha viscut però que mai no ha oblidat d’on ve i que sempre sembla que sap cap a on va. 

Enric Bou

Escrit per Daniel P. Grau 

Després de llicenciar-se i doctorar-se a la Universitat Autònoma de Barcelona, va ensenyar a la Universitat de Barcelona, per traslladar-se després als Estats Units, inicialment al Wellesley College, prop de Boston, i després a la Universitat de Brown, on va ser catedràtic d’estudis hispànics de 1996 a 2011.

Tot seguit, es va traslladar a la Universitat Ca’ Foscari de Venècia. Fins que s’ha jubilat i ha esdevingut professor emèrit, hi ha ensenyat literatura catalana, espanyola i comparada –amb particular atenció a l’ecocrítica.

Hem quedat al bar de l’Octubre Centre de Cultura Contemporània de València i tots dos hi arribem una mica abans de l’hora convinguda. La conversa flueix amb molta naturalitat.

Enric Bou, Venècia, ciutat de pèrdues, Universitat de Barcelona (2026)

Enric, en la nota introductòria a Venècia, ciutat de pèrdues, el teu darrer llibre, dius que els venecians fugen de la ciutat per la festa del carnaval “com de la pesta”. M’ha fet pensar que molts valencians fan la mateixa cosa durant les falles… Puc imaginar que també passa en altres ciutats. Són diferents tècniques d’expulsió dels oriünds?

Potser no parlaria d’expulsió, sinó de protecció contra l’overtourism, el turisme de masses, que ha esdevingut una invasió bestial. En el cas de les noves festes, o de les festes recuperades, sobretot en una ciutat com ara Venècia, que realment és molt petita, fa que la massificació sigui angoixant.

Nosaltres ens vam canviar de casa perquè a prop del Mercat de Rialto, on vivíem abans, gairebé havíem de demanar permís per a poder sortir de casa.

El carnaval, durant els anys vuitanta i noranta del segle passat, que és quan es va recuperar realment, tenia un sentit, però ara s’ha convertit en un circ.

La major part de la gent que t’hi trobes vestida amb les màscares no són venecians, sinó francesos. Conec uns catalans que fins fa poc tenien llogat un pis tot l’any per poder deixar-hi tots els vestits que fan servir durant la festa. Com a mínim, a Rio de Janeiro tenen el sambòdrom i la gent es concentra allà, però a Venècia ocupen tota la ciutat. 

I també deu ser una qüestió de sostenibilitat ambiental…

En parlo a partir del llibre de l’arqueòleg i historiador de l’art Salvatore Settis Se Venezia muore, del 2014. Proposava un nou model de conservació, que combini protecció, habitabilitat i desenvolupament sostenible. Es pot aplicar a moltes altres ciutats. A València, feia tres anys que no hi venia i ho he notat. A Barcelona, on vaig sovint, m’adono que el jovent no hi pot viure i ha de marxar fora.

A Venècia, hi ha un problema també amb el manteniment dels edificis, que són molt peculiars. S’han intentat mesures com ara fer pagar durant alguns caps de setmana de la primavera i de la tardor per poder entrar a la ciutat. Això fa tenir encara una sensació més gran de disneïficació. 

Ens hem convertit tant en un parc d’atraccions que un dia vaig sentir que un nen preguntava: “A quina hora tanca Venècia?”. El nombre d’habitants continua baixant i aviat arribarem a allò de: “L’últim que apagui la llum”, com se sol dir.

Fa vint-i-cinc anys que hi vaig amb assiduïtat i quinze que hi visc. Durant aquest temps he vist que han tancat ferreteries, forns, botigues de tota la vida, transformades en botigues de souvenirs

Tot això ha implicat, a banda de la dificultat de supervivència per al dia a dia, una disminució dràstica de la població, agreujada, òbviament, pel preu de l’habitatge. Des de 1950, la població resident al centre històric ha caigut en picat: de 175.000 a menys de 50.000.

També té impacte polític: els problemes de terra ferma, on viuen la majoria dels venecians, i els del centre històric són diferents. L’alcalde actual, Luigi Brugnaro, és una mena de Berlusconi. És el propietari de l’equip de bàsquet de la ciutat i empresari turístic. Et pots imaginar com va la cosa. 

Enric Bou

Doncs sí, ho puc imaginar…

I no creguis que és només la dreta. L’alcalde anterior, el filòsof Massimo Cacciari, també va caure en la trampa de defensar el turisme a qualsevol preu.

Els venecians tenen les seves particularitats: són uns negociants increïbles, es vendrien la seva mare. Aquests alcaldes es van vendre als taxistes, als gondolers i als botiguers.

L’ajuntament de Venècia té més de 5.000 pisos, molts dels quals estan buits perquè necessiten reformes. Els pisos estan abandonats i no hi ha cap iniciativa municipal. I això en una ciutat que té tres universitats i els estudiants no hi poden viure. Les universitats han hagut de construir residències però l’ajuntament no hi ha fet res.

Tot això, tenint en compte que és una de les ciutats més cares d’Itàlia. L’Arsenale, per exemple, és un espai pràcticament desaprofitat, però la iniciativa municipal per corregir el problema habitacional és pràcticament inexistent.

Per contra, per exemple, a Alemanya la majoria dels pisos són de lloguer, molts dels quals són municipals.

L’altre dia, anant amb autobús de Barcelona a Vilanova, una persona em comentava que treballava a la ciutat i abans també hi vivia, però que va haver d’abandonar-la perquè no podia pagar el lloguer. Ara viu més enllà de Vilanova i la Geltrú, ha d’agafar un autobús per poder arribar al tren, que funciona com funciona, i després un altre autobús. El resultat és que dedica quatre hores al dia per a poder anar a treballar. Imagina’t quina qualitat de vida es pot tenir així.

Afirmes en el llibre que gener és el mes perfecte per a visitar Venècia…

Sí, de Reis, l’Epifania que en diuen allà, fins a l’inici del Carnaval, la ciutat és buida. Abans hi havia molta boira i no resultava el millor moment per a veure la ciutat, però ara, amb el canvi climàtic, no hi ha boires…

Al final, Venècia també s’omplirà al gener si tothom segueix la teva recomanació…

[Riu] Tant de bo el meu llibre arribi a molta gent.

D’acord amb l’endreça del teu llibre, sembla que per Venècia només t’han guiat amigues. Continua essent la ciutat de l’amor?

Reconec que era una provocació, però la veritat és que les primeres persones que em van mostrar Venècia van ser la Chiara i la Lella, que esmento en l’endreça que comentes.

En definitiva, és el tòpic el que funciona. De tota manera, com deia Peggy Guggenheim, i cito en el llibre, “sempre es dona per fet que Venècia és el lloc ideal per a una lluna de mel. Això és un greu error. Viure a Venècia o fins i tot visitar-la significa que t’enamores de la ciutat mateixa. No et queda espai al cor per a ningú més”.

Abans, per a la gent de Barcelona, la destinació habitual de les llunes de mel era Mallorca, l’illa de la calma, que en deia Santiago Rusiñol. Un altre tòpic. 

Enric Bou, Desviacions. Proses de viatge, L’Avenç (2013)

També dius que ens presentes una “Venècia insòlita, perduda, una ciutat que ja no existeix, però de la qual els testimonis artístics i literaris conserven la memòria i ens la fan veure”. En certa manera, és una manera de connectar amb la teva dedicació a la literatura comparada?

El llibre és un encàrrec d’Antoni Martí Monterde per a la col·lecció Ciutats per Pensar Europa, que dirigeix en Edicions de la Universitat de Barcelona. Abans ja havia fet una conferència sobre Venècia a la Fundació Toni Catany, a Llucmajor, i havia participat en els cicles de conferències que Martí Monterde organitza a Vil·la Joana, a la Casa Museu Verdaguer.

Vaig començar a escriure amb una visió personal subjectiva no per a un públic que no fos italià i, alhora, també vaig buscar testimonis, sobretot d’escriptors, que són els que et parlen de la Venècia desapareguda, perduda, des del segle XIX fins ara. Són centenars de persones les que han escrit sobre Venècia.

També dedico un capítol a personatges il·lustres, alguns de ben sorprenents, com ara Helenio Herrera, l’entrenador de futbol argentí, casat amb la veneciana Fiora Gandolfi, un altre personatge molt particular.

Herrera està soterrat a la secció anglicana del cementiri de Venècia gràcies a una gestió que Gandolfi va fer directament amb la reina d’Anglaterra. Li va escriure “però, com és que el país que va inventar el futbol no és una llar digna per a un mag del futbol?”. Herrera era conegut com “il Mago” i a la làpida que té a la tomba hi ha una llista amb tots els equips que va entrenar, entre els quals hi ha l’Inter i el Barça.

Veig que tens predilecció per visitar cementiris…

I tant! Hi ha molts cementiris que cal visitar. El de San Michele, que és el de Venècia, és magnífic. Una vegada vaig estar ingressat a l’hospital i des de la finestra veia el cementiri. Tenia la sensació que Caront m’estava esperant amb la seva barca.

De fet, els enterraments a Venècia són espectaculars, perquè es fan amb góndoles.

Afirmes que ensenyar a Venècia és diferent de fer-ho en altres llocs. Explica-m’ho.

En part per les condicions però també pel sentit del temps. Quan passes el pont de la Llibertat, que és el que dona accés al centre històric, canvia el ritme. L’espai, a més a més, és un laberint.

Pel que fa a la universitat de Ca’ Foscari, està repartida en múltiples edificis per la ciutat. Els departaments d’economia són a l’antic escorxador. El meu departament està en tres palaus, la qual cosa crea una dispersió que no tens en altres universitats. 

Per tant, has de caminar d’un lloc a un altre, amb la qual cosa vas trobant-te gent, professors i estudiants, en diferents llocs. Això crea una relació de contacte amb els estudiants que no havia notat abans. Hi ha una fluïdesa especial. I espacial.

Potser també perquè és una universitat petita, d’uns vint mil estudiants. No hi ha facultats, sinó només departaments, tres d’economia, tres de llengües, un de ciències i un de filosofia i història de l’art.

Al meu departament, s’hi ensenyen vint-i-dues llengües europees, entre les quals hi ha el català i el basc. Després, hi ha un departament de llengües asiàtiques i africanes i un altre de llengües clàssiques i italià. Em sembla que a Itàlia només l’Orientale de Nàpols, on va estar Josep Piera amb Giuseppe Grilli, s’hi acosta.

Ca’ Foscari és una universitat jove, de poc més de cent-cinquanta anys, que naix com una escola de comerç. No hi ha ni medicina, ni cap enginyeria, ni les grans carreres; una mica de dret, com a molt. Com que s’enfocava al comerç, la idea era que els estudiants havien de saber de números i parlar llengües.

Malgrat que el sistema italià és bastant rígid, els estudiants de Ca’ Foscari s’han de construir el seu currículum. Només a Brown havia vist una cosa així. De fet, allà no hi ha assignatures obligatòries i tenen llibertat total per a triar-les. El resultat és que els estudiants que tens a classe sempre hi són perquè volen i això, com a professor, no té preu: tenir gent interessada i no obligada. 

Enric Bou

“Venècia és el símbol màxim de la fragilitat dels assoliments humans. Ens recorda que fins i tot les civilitzacions més poderoses estan subjectes al temps, la natura i el canvi polític”. Aquesta afirmació teva m’ha fet pensar en els Estats Units d’Amèrica i la Xina. Com veus la situació internacional actual? Ens trobem, potser, en un moment de reorganització de potències?

Efectivament, els imperis tenen un cicle. Els Estats Units són un imperi sobretot des de la Segona Guerra Mundial, allò que en diuen l’“American Century”. Aquesta darrera guerra amb l’Iran n’és un exemple perfecte. Diguin el que diguin, l’han perduda davant un exèrcit radicalment més pobre perquè hi ha hagut una manca de planificació més que òbvia.

Clarament veiem l’inici d’una davallada dels Estats Units. El número u ja és la Xina, tot i que fa una mica de respecte.

Coincideixes amb Antoni Martí Monterde a afirmar que hi ha ciutats —i Venècia n’és possiblement l’exemple paradigmàtic— que “hem vist tantes vegades en quadres, fotografies, films o descripcions literàries que ens sembla que ja les coneixem sense haver-les visitat”. “Visitar Venècia vol dir ‘escriure’ Venècia”, afirmes. Hi ha grans diferències entre la reproducció i la imatge real?

Una de les coses que més em sorprèn a Venècia és que els turistes no miren la ciutat sinó que simplement hi fan fotografies. La miren sempre a través de l’objectiu. És una cosa que fa mal de veure.

Un quadre s’hi assembla, però és una manipulació de la realitat. Molts quadres han estat fonamentals per a crear Venècia. Per exemple, Marcel Proust té passatges d’À la recherche du temps perdu que s’inspiren en quadres. 

Tenim el cas concret dels vestits que fa portar a Albertine en la novel·la, documentat en una carta que escriu a Maria Hahn. Són vestits dissenyats per Marià Fortuny, que tenia el seu taller a Venècia, inspirats, alhora, en pintures de Carpaccio.

És una relació de miralls entre la realitat i la representació de Venècia.

I després hi ha el temps. Venècia és l’única ciutat del món que està pràcticament com estava fa cinc-cents anys. Pràcticament no té edificis contemporanis. Com a excepcions tenim les noves seus de la Cassa di Risparmio di Venezia de Campo Manin, inaugurada el 1972, de la Previdença Sociale, de 1963, i la mussoliniana estació de Santa Lucia, dels anys trenta.

Venècia és, per tant, una ciutat museu perquè, com t’he dit, és com era fa cinc-cents anys. Les pèrdues confirmen aquesta experiència. La paraula pèrdua es relaciona amb el fet de deixar-se anar, perdre-s’hi. Quan t’hi perds, Venècia és molt més veritable.

Deu ser tot un repte, fins i tot angoixant, escriure sobre una ciutat sobre la qual, segons afirmes, “és impossible escriure res de nou”.

Hi he seguit la tècnica de Walter Benjamin: la cita. Hi he citat molt. Ha estat una manera de defensar-me’n.

Hi ha molts bons escriptors sobre Venècia. Jo en destacaria Joseph Brodsky, Henry James i Predrag Matvejević. I entre els menys coneguts, el poeta Andrea Zanzotto, que aconsella arribar a Venècia com si fossis un ocell: veure-la des d’un globus aerostàtic.

Enric Bou, La invenció de l’espai, ciutat i viatge, PUV (2013)

El 2013 ja vas publicar un llibre en què exploraves les relacions entre la literatura i l’espai: La invenció de l’espai, ciutat i viatge, una magnífica mostra de geocrítica i literatura comparada.

Gràcies. Partia dels enfocaments teòrics de Roland Barthes, Michel de Certeau o Walter Benjamin i analitzava obres de Mercè Rodoreda, Llorenç Villalonga, Luis Goytisolo o Eduardo Mendoza. L’havia publicat l’any anterior en anglès en Iberoamericana i volia que aparegués en català. 

Ho vaig comentar a l’amic Toni Mollà, a qui havia conegut per casualitat per una ressenya que havia fet d’un llibre meu, i ell em va posar en contacte amb Gustau Muñoz, que llavors treballava en les Publicacions de la Universitat de València. M’ho van fer tot molt fàcil i va anar molt ràpid. Estic molt content d’aquell llibre.

Abans ja hem parlat una mica de la teva experiència docent a Brown i Ca’ Foscari. Tornem als teus inicis universitaris. Et vas formar a la Universitat Autònoma de Barcelona als anys setanta, quin ambient s’hi respirava?

Vaig estar a punt de matricular-me a la Universitat de Barcelona, a la Central, que en dèiem llavors. Finalment, em vaig decidir per l’Autònoma. Hi vaig estar de 1971 a 1976.

A la Central, hi havia les patums del moment, amb Antoni Maria Badia i Margarit, Martí de Riquer i companyia. A l’Autònoma, la majoria eren molt més joves: Josep Romeu, que era dels més grans, Joaquim Molas, Sergi Beser, Jordi Castellanos… Alguns havien estat a l’estranger i expulsats de la universitat el 1968.

Hi havia grans contrastos. Per exemple, Josep Romeu es passava mitja classe escrivint bibliografia a la pissarra. Per contra, Molas parlava de coses molt més exòtiques i atractives, com ara el cuplet o el còmic. En certa manera, Molas s’havia d’inventar moltes coses, perquè no hi havia recerca disponible: llibres, articles, tesis.

Hi havia molta ideologia? Potser massa?

Eren els darrers anys del franquisme i es respirava un ambient de relativa llibertat en algunes fàbriques i a les universitats. En el nostre cas, vam tenir algun curs sencer sense classes. Es feia resistència al règim. Hi havia molta lluita de classes i poques classes. 

De fet, alguns professors feien classe fora de la universitat, com ara a la seu de l’Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona, per poder-ne recuperar.

I respecte a la recerca? Les tesis d’aquell moment eren extremadament voluminoses. Algú m’ha comentat, imagino que amb una bona dosi d’ironia, que s’arribaven a incorporar detalls com ara què esmorzava l’autor estudiat abans d’anar a treballar…

És una mica cert. Ara són de dues-centes pàgines. S’ha imposat el sistema anglosaxó. Potser també té a veure amb els sistemes de beques i projectes actual. Ara se solen fer associades a aquests projectes, en quatre anys. Abans, la gent s’hi estava molts anys.

Lola Badia i jo vam ser els primers a doctorar-nos a l’Autònoma en la nostra disciplina. La meva era relativament curta: no arribava a les set-centes pàgines. Si no me’n recordo malament, la de Jordi Castellanos superava les dues mil.

I també hi havia una sensació que es feia la recerca definitiva?

Jo no ho diria així. Com t’he comentat abans, hi havia molt poc de material, molt poca bibliografia. Molas, en la dècada dels vuitanta, era qui més tesis dirigia i tenia el criteri que era millor fer tesis sobre autors diferents, amb la voluntat de cobrir buits. Després tot això es va superar, però en aquell moment, calia. 

I respecte a l’alumnat, trobes grans diferències?

Et puc parlar d’una gran diferència entre l’alumnat d’Itàlia i el de Catalunya. Els italians tenen un nivell molt més alt. Per exemple, tots saben anglès. Quan els dones bibliografia ningú no fa cares rares. En el cas de la literatura comparada, cal poder llegir en altres llengües. A Catalunya, si ofereixes a l’alumnat bibliografia en anglès, la majoria no la llegirà. L’ensenyament secundari és molt millor a Itàlia.

Respecte a aquell moment i a l’actual, jo diria que la gran transformació s’ha donat en els col·legues. Els de la meva edat, tret d’algunes excepcions ben destacades, com ara la del malaguanyat Vicent Salvador, s’han quedat en una filologia més clàssica. Els actuals estan més connectats amb els estudis literaris d’arreu del món. Ho notes quan fas avaluacions de projectes d’investigació i veus la gran diferència entre els plantejaments dels joves i els dels més grans.

Suposo que vas viure de ben a prop el terratrèmol que va provocar la Literatura catalana contemporània de Joan Fuster, amb aquells articles de Joan Lluís Marfany a Els Marges.

Crec que es va ser molt injust amb Fuster. Ell no volia fer la feina dels professors. Era un encàrrec de Max Cahner i crec que és un llibre magnífic. Es va limitar, que no és poca cosa, a donar el seu punt de vista a partir del que ell mateix era, un gran lector. En molts aspectes, això sí, obria línies d’investigació, perquè era el primer que s’escrivia sobre molts autors.

Molas tenia un defecte: tenia un punt sectari. Molts dels seus deixebles el que millor aprenien d’ell era això mateix i esdevenien més sectaris encara. En el fons, Molas era molt més curiós que els seus deixebles. Les seves virtuts: un treballador incansable i un sentit de l’humor molt personal. Era el rei dels calembours.

En el cas de Marfany, crec que ara mateix potser no signaria aquells articles. De fet, la recerca que va fer sobre el Modernisme és magnífica.

També vas fer una de les primeres entrevistes a Vicent Andrés Estellés, que es va publicar en la revista Serra d’Or el 1978.

Cert. Em va costar moltíssim aconseguir-la. Havien acabat de concedir-li el Premi d’Honor de les Lletres Catalanes i començava a tenir molts problemes amb la María Consuelo Reyna en Las Provincias. A més a més, estava malalt i l’havien operat de flebitis, si no me’n recordo malament.

Vaig anar darrere d’ell uns quatre o cinc mesos i al final el vaig poder entrevistar en una de les seves vingudes a Barcelona per qüestions mèdiques. Recordo que em contava divertit que s’estava a l’habitació de l’hospital i hi havia moltes infermeres boniques. Quan estaven a punt d’operar-lo, no va necessitar anestèsia. “Una em fa una mamadeta i a dormir”, em va dir, entremaliat.

Rod Stewart té un elapé titulat Atlantic Crossing. Tu vas haver de fer la mateixa cosa per triomfar. Vas arribar a ser catedràtic d’estudis hispànics a la Universitat de Brown…

Tenia molta curiositat per conèixer món i vaig obtenir una beca Fulbright. Vaig triar la Universitat de Yale, on tenia gran impacte el moviment descontructivista, que a mi m’interessava molt.

Hi havia el professor belga Paul de Man i jo volia conèixer-lo i treballar amb ell. El fet és que quan jo hi vaig arribar el 1986 ell acabava de morir. També hi havia Harold Bloom. Eren l’avantguarda. Jo n’havia tingut notícia en unes conferències a Barcelona sobre tendències de la crítica literària on havien convidat Christopher Norris i Terry Eagleton.

Un altre atractiu era el catedràtic de català i espanyol Manuel Duran, fill del fiscal general de Catalunya en temps de la Segona República Espanyola. S’havia exiliat a Mèxic, on es va llicenciar en lletres i en dret i després va treballar com a intèrpret per a les Nacions Unides. Va ser un dels impulsors de la North-American Catalan Society i n’era el president precisament quan jo era a Yale.

Jo anava molt a la biblioteca. Ja saps com són les biblioteques universitàries anglosaxones: hi pots caminar per tot arreu i consultar els llibres que vulguis. Vaig escriure Poesia i sistema (Empúries, 1989), sobre la poesia postsimbolista dels anys vint i trenta del segle passat. Vaig descobrir els plantejaments de la teoria dels polisistemes, que ningú havia treballat a Catalunya. També vaig conèixer Claudio Guillén, especialista en literatura comparada.

Després em van fer tres propostes de feina: a Yale, Brandeis i Wellesley. Vaig triar la darrera per qüestions pràctiques. Al cap de nou anys, vaig passar a Brown com a catedràtic, en substitució de Geoffrey Ribbans, que, com molts altres professors britànics, se n’havia anat al Estats Units per la situació de crisi que Margaret Thatcher va provocar en la universitat durant els anys vuitanta.


Potser la literatura comparada és una mica la germana pobra dels estudis literaris. A mi, per exemple, tret d’alguna obra clàssica en llatí o grec, no em van fer llegir res a la facultat més enllà de la literatura en la llengua de cada assignatura. A l’institut, ara hi ha una assignatura de literatura universal, però en la meva època, ni això. Sempre teníem visions massa parcials, massa nostres.

Efectivament, sempre eren visions monolingües o mononacionals. Molas, de tant en tant, feia connexions, però poca cosa més. A mi, em va obrir la mirada la meva estada als Estats Units. Aquí fins als anys noranta no hi havia ningú que sabés literatura comparada ni teoria literària. A la Universitat Autònoma de Barcelona només Sergi Beser en sabia alguna cosa i les seves classes eren il·luminadores.

A més a més, als Estats Units s’ha promogut molt la connexió entre la literatura i altres disciplines, perquè no és només un fet estrictament lingüístic, sinó també cultural. 

Manuel Duran em comentava que havien triat Mèxic com a lloc final d’exili per proximitat lingüística, però la primera frase que va sentir, en espanyol, tan bon punt va baixar del vaixell, va ser “Manito, que te vuelan el velís” –Germà, que et roben la maleta. Òbviament, no la va entendre.

La literatura comparada hauria de ser la germana gran de totes les altres: no conec cap lector que només llegeixi llibres escrits en una sola llengua. Sigui en original o en traducció, tots llegim en una mena de popurri lingüístic i cultural. La vella literatura comparada, la del segle XIX, facilitava la comprensió de les diferències, establia relacions.

Actualment, la literatura comparada és un camp dinàmic, interdisciplinari i globalitzat que va més enllà de l’enfocament tradicional i eurocèntric sobre la influència directa entre literatures nacionals. Hi ha una atenció a la “literatura sense fronteres”, que inclou estudis interculturals, estudis de la traducció, literatura mundial i la interacció entre la literatura i altres mitjans –cinema, arts visuals– i, més recentment, l’ecocrítica.

La interconnexió entre disciplines m’ha permès, per exemple, d’escriure un llibre sobre menjar i literatura: Saber y sabor: escritura y comida (Iberoamericana, 2023).

De vegades, em fa l’efecte que hi ha una mena de contradicció entre els estudis literaris locals i el fet que la major part de la literatura que es consumeix, o que s’edita, si més no, són traduccions. En algunes editorials, les traduccions arriben fins al vuitanta o el noranta per cent de la producció.

En el món anglosaxó es tradueix molt poc i, per tant, allà el professorat interessat a fer literatura comparada sap llengües. Per contra, aquí el problema en el món acadèmic és que has de saber més d’una llengua i no és habitual. Em sembla que per això aquí no hi ha grans especialistes. 

Afortunadament, ara comença a haver-hi estudis de gent més jove, sobre ecocrítica, per exemple, que també és literatura comparada, o els estudis sobre espai o de gènere.

Ets membre de la North-American Catalan Society, de l’Anglo-Catalan Society i de l’Associazione Italiana di Studi Catalani. Com veus la catalanística internacional?

Crec que fins fa poc la catalanística internacional era la gran esperança de salvació dels estudis locals. Ara hi ha hagut un anivellament. Fa anys, tot es feia en la mateixa universitat: hi estudiaves, t’hi doctoraves i feies classes. No hi havia mobilitat. Afortunadament, ara els investigadors viatgen molt més, veuen món i coneixen maneres de treballar molt diferents i innovadores.

És cert que hi ha grans diferències entre països. Itàlia és molt filològica. A la Gran Bretanya, com a Amèrica o a Austràlia, es fan més estudis culturals. Els francesos també són més tradicionals. Al Brasil, per contra, són molt innovadors.

Daniel P. Grau entrevistant Enric Bou

I com veus la barreja que es dona en aquestes associacions entre nadius i catalans?

Jo crec que hi ha una distinció entre les anglosaxones, l’Anglo-Catalan Society i la North-American Catalan Society, i les altres. En el primer cas, els catalans s’hi han integrat molt, especialment els que viuen allà, i parlen el mateix llenguatge crític. En canvi, entre els investigadors d’aquí, els europeus, de vegades, tot i que cada vegada menys, s’hi noten punts de vista diferents.

Recordo que em van enlluernar els estudis d’un tal Dominic Keown. Escrivia sobre poesia contemporània amb unes eines crítiques molt diferents. Repartia llenya a tort i a dret amb elegància. Com m’havia explicat Sergi Beser que feien els anglosaxons, i després se n’anaven al pub a fer una cervesa. El vaig conèixer anys més tard i ara som molt amics. Hem anat sovint al pub.

A banda d’això, hi ha el relativament to familiar, en el bon sentit del terme, perquè alhora sempre té un nivell acadèmic excel·lent, que trobem en l’Anglo-Catalan Society. Imagino que hi té a veure, d’una banda, que es va fundar amb una gran presència d’exiliats, que sempre hi eren presents, i, d’una altra, amb el fet que és l’única que fa congressos anuals, la qual cosa facilita que els investigadors es troben amb assiduïtat, com bé saps.

La North-American Catalan Society va estar a punt de desaparèixer.

És cert. Va ser precisament poc després del congrés de Brown. Philip Rasico volia organitzar un congrés a Menorca, perquè hi tenia una connexió personal. Va anar fent via per la seva banda i de sobte hi va haver una revolta. Rasico va abandonar l’associació. Per sort, les aigües es van reconduir. Ara la NACS publica la Catalan Review amb Liverpool University Press i és una revista de molt bon nivell. Quan jo n’era el president vaig fer les gestions per al canvi d’editor.

Espero que aviat tornem a fer un congrés conjunt entre l’Anglo-Catalan Society i la North-American Catalan Society, com el que va tenir lloc a l’Eaton College el 2004.

Miro el rellotge i m’adono que hem estat gairebé quatre hores xerrant i no ens hem fet ni un cafè. Jo m’hi estaria quatre hores més: Bou és d’aquelles persones que sap molt de moltes coses, però que parla sense el més mínim toc de pedanteria.

Decidim que és el moment de fer una cervesa i preguntem pel millor lloc. Ens diuen que, si volem fugir dels llocs massa turístics, la millor cosa que podem fer és anar a Ca Revolta. Abans d’adreçar-nos-hi, no podem evitar entrar en les dues llibreries de vell que hi ha enfront i al costat de l’Octubre Centre de Cultura Contemporània: la de l’amic Rafael Solaz i El Asilo del Libro. 

En aquesta darrera tenen un exemplar de la primera edició d’El gran foc dels garbons, de Vicent Andrés Estellés, amb il·lustracions de Francesc Lozano. És una edició de bibliòfil molt abellidora, però té un preu prohibitiu i ho deixem córrer.

Caminem tranquil·lament pels carrers del centre de València. Enric va carregat amb la cassola d’arròs al forn del ceramista d’Alzira Xavier Claur que li vaig prometre. Li la vaig comprar en la darrera Escuradeta i no sé com s’ho farà per a emportar-se-la a Venècia, perquè pesa bastant. Em diu que m’enviarà una fotografia de l’arròs que pensa fer-hi.

Arribem a Ca Revolta. Enric prefereix cervesa torrada i ens decantem per una Turia. Ja la coneixia: es nota que ve per València bastant sovint. Mentre ens les serveixen, aprofita per a dedicar-me Venècia, ciutat de pèrdues i Desviacions. Proses de viatge, un llibre seu que no coneixia però que fa goleta.

M’adono que ha substituït la ploma estilogràfica Cross, americana, que feia servir la darrera vegada que ens vam trobar, per una Diplomat, alemanya. Això sí, continua signant els seus llibres amb tinta negra. Com altres vegades, tornem a parlar de plomes. Em diu que també li agraden molt les Leonardo, italianes, i que hi ha una botiga magnífica a Florència que també ven per internet.

No hi ha cap altra taula ocupada a Ca Revolta i hi estem tan sols que fins i tot preguntem si estan a punt de tancar. Ens diuen que no i, de fet, comencem a sentir una guitarra flamenca que prové de l’interior del local. Al cap d’una estona, s’acaba la música i ens envaeix una colla de gent de pell molt blanca que parla anglès. Alguns semblen unes gambes: han abusat del sol valencià. Fugint fugint, hi hem caigut de ple.

De camí cap a casa rebo un missatge d’Enric amb l’enllaç de la Casa della Stilografica. Hi faig una ullada i, efectivament, és un perill…

 

[Font: www.diarilaveu.cat]


quarta-feira, 19 de agosto de 2026

De Italia a Alemania: cómo buena parte de Europa ha regularizado a migrantes pese a las actuales críticas a España

Entre 1945 y 2024, los miembros actuales de la OCDE implementaron 159 programas de regularización en 30 de los 38 países bajo gobiernos de todos los colores 

El Ayuntamiento de Barcelona incorpora a partir de este miércoles el Pabellón 2 del recinto ferial de Montjuïc, con capacidad para mil personas, a su dispositivo de atención a las personas extracomunitarias que solicitan documentación para acogerse al proceso extraordinario de regularización de migrantes. Alejandro García / EFE

Escrito por Meritxell Freixas

Cuando el Gobierno de Felipe González puso en marcha entre 1985 y 1986 la primera regularización extraordinaria de personas migrantes de la democracia en España, estimaba que unos 250.000 extranjeros estaban en situación irregular. “Con esta ley se pretende poner en orden la situación de los extranjeros residentes que no poseen documentación en regla. También se pretende normalizar la contratación de mano de obra extranjera”, recogía la prensa de la época. 

El proceso estuvo abierto durante ocho meses y medio y las personas extranjeras en situación irregular solo debían acreditar su estancia en el país desde antes del 24 de julio de 1985. Cinco años después, González puso en marcha otros dos procesos extraordinarios (1991 y 1992). 

Después de él lo hicieron también José María Aznar (1996, 2000 y 2001) y José Luis Rodríguez Zapatero, que en 2005 impulsó la regularización más grande hasta entonces con la exigencia de un contrato de trabajo. La hemeroteca cuenta que fueron cerca de 700.000 las solicitudes que se presentaron.

Pedro Sánchez ha sido el cuarto presidente español en llevar a cabo esta medida, que recibió casi 1,2 millones de solicitudes. “Ha habido pocas regularizaciones extraordinarias de dimensiones de la última en España, que ha sido especialmente voluminosa porque la dimensión de la migración irregular era muy alta por el propio funcionamiento de la economía y el mercado laboral”, explica a elDiario.es la investigadora del CIDOB Blanca Garcés, experta en el área de migraciones. En esta ocasión, añade, los requisitos eran “de acceso fácil”, solo acreditar permanencia en el territorio de 4-5 meses y ausencia de antecedentes penales. 

La irregularidad en España, explica la experta, no procede principalmente de las llegadas irregulares por la frontera sur —en los últimos 20 años, han sido mucho menos numerosas que en Grecia o Italia—, sino de personas que entran legalmente, especialmente desde países latinoamericanos cuyos ciudadanos no necesitan visado para estancias cortas, pero permanecen en el país más allá del plazo autorizado de tres meses.

Más allá de España, otros países europeos también han impulsado procesos extraordinarios de regularización. Algunos de ellos aprovecharon incluso la crisis fronteriza de Ceuta para criticar, de forma casi coordinada, las políticas migratorias del Gobierno español, en una de las reacciones más duras que se han visto en Europa contra una regularización nacional, pese a haber recurrido ellos mismos a medidas similares. 

Varios cientos de inmigrantes, en su mayoría marroquíes, se concentraron a las puertas de la Dirección Provincial de Trabajo, en el último día de plazo para regularizar se estancia en España. Según la Delegación de Gobierno, Murcia tras Madrid y Barcelona, es la provincia española en cantidad de solicitudes presentadas por los inmigrantes. J. F. Moreno / EFE

Italia, el caso paradigmático

Países como Italia, Grecia o Portugal también han combinado regularizaciones masivas y extraordinarias con procedimientos ordinarios (que España también aplica, como el arraigo). 

El caso de Italia, cuya primera ministra, Giorgia Meloni, lideró las críticas europeas a las políticas de Sánchez, es paradigmático. Es, junto con España, uno de los países europeos que más ha recurrido a las regularizaciones extraordinarias. Bajo el Gobierno del conservador Silvio Berlusconi en 2002, Italia impulsó esta medida a través de la cual unas 635.000 personas migrantes salieron de la irregularidad (de un total de 700.000 solicitudes). Los procesos extraordinarios se han sucedido en este país porque el mercado laboral generaba demanda de trabajadores extranjeros, pero las vías legales de entrada no cubrían esa demanda. Antonio Tajani, ministro de Exteriores de Italia y presidente del partido Forza Italia de Berlusconi, ha tratado de vincular la regularización en España con lo ocurrido en Ceuta la última semana de julio.

El último de estos procesos extraordinarios llevado a cabo por Roma fue en plena pandemia, para regularizar a trabajadores irregulares de sectores como la agricultura, el trabajo doméstico y los cuidados, que en ese tiempo pasaron a ser considerados “esenciales” para garantizar alimentos, cuidados y servicios básicos. El proceso recibió finalmente unas 220.000 solicitudes, aunque solo alrededor del 15% correspondían a trabajadores agrícolas, pese a que la falta de temporeros en el campo había sido uno de los argumentos centrales para aprobarlo.

No puede decirse que las regularizaciones extraordinarias sean necesariamente una política de gobiernos de izquierdas

Blanca Garcés, investigadora del CIDOB experta en Migraciones

Bajo el gobierno de Meloni, Italia ha ampliado considerablemente las cuotas de permisos para extracomunitarios que permite el llamado Decreto de Flujos, un sistema de acceso de personas extranjeras por cuota y sector de empleo que, según cifras oficiales, puede abrir la puerta a unos 500.000 extracomunitarios entre 2026 y 2028. 

En Grecia, en diciembre de 2023, ante la falta de mano de obra de sectores como la agricultura, la construcción o el turismo, el Gobierno del conservador de Kyriakos Mitsotakis aprobó una ley que permitía solicitar un permiso de residencia y trabajo a personas en situación irregular que llevasen al menos tres años en el país y contasen con una oferta de empleo. El Ejecutivo calculó que beneficiaría a unas 30.000 personas

“No puede decirse que las regularizaciones extraordinarias sean necesariamente una política de gobiernos de izquierdas porque se han dado bajo gobiernos de todos los colores, en muchos países distintos, con mercados laborales distintos y en momentos distintos”, dice Garcés. 

“No implican necesariamente una política migratoria más permisiva: con frecuencia han coexistido con un refuerzo de los controles fronterizos y de las políticas de expulsión”, añade Augusto Delkáder-Palacios, experto en securitización de la migración de la Universidad Complutense de Madrid.

Según él, muchos de estos países han experimentado una demanda estructural de mano de obra inmigrante, especialmente en sectores poco cualificados y de difícil cobertura por trabajadores nacionales (agricultura, construcción o servicio doméstico). “Hay un enorme desajuste –apunta– entre las necesidades de mano de obra en los países europeos y las posibilidades legales de entrada y residencia de personas extranjeras, por ello una parte de la inmigración se produce de manera irregular; la regularización corrige este desajuste”. 

Otros casos

Alemania, Francia y Bélgica, en cambio, han apostado por otras vías y han regularizado la situación administrativa utilizando instrumentos de gestión ordinaria.

Alemania, tradicionalmente más restrictiva con las regularizaciones extraordinarias, introdujo a finales de 2022 el llamado Chancen-Aufenthaltsrecht (“derecho de oportunidad de residencia”), una vía ordinaria destinada a determinadas personas que llevaban años viviendo en el país con un estatus de estancia “tolerada”. La medida les concedía un permiso de 18 meses para cumplir los requisitos que les permitieran acceder posteriormente a un permiso de residencia estable.

Las estadísticas de la Oficina Federal de Migración y Refugiados (BAMF) indican que, transcurrido el primer año y medio de vigencia, más de 76.000 personas obtuvieron este estatus provisional.

“Es una regularización con una lógica más administrativa, de personas que quedan sin permiso de residencia porque, por ejemplo, se rechaza su solicitud de refugio y quedan en el país en una situación de ”tolerancia“, que se llama, y a la larga, acaban siendo reconocidas”, cuenta Blanca Garcés, quien lo considera una forma de dar respuesta a “situaciones generadas por el propio funcionamiento de la administración, con procesos largos y que acaban en un limbo legal”. 

Hay un enorme desajuste –apunta– entre las necesidades de mano de obra en los países europeos y las posibilidades legales de entrada y residencia de personas extranjeras

Augusto Delkáder-Palacios, experto en securitización de la migración de la Universidad Complutense de Madrid 

“A medio y largo plazo los mecanismos ordinarios de regularización, por ejemplo el arraigo de España o el Chancen-Aufenthaltsrecht de Alemania son las vías más eficaces para evitar la irregularidad, aunque convendría simplificar y acelerar estos procedimientos”, dice Delkáder. Sin embargo, añade, en momentos de acumulación prolongada de personas en situación irregular, “las regularizaciones extraordinarias son un recurso pertinente para dar respuesta a un contexto de esas características”.

Tres etapas

La historia de estas políticas dibuja varias etapas. Entre 1945 y 2024, los miembros actuales de la OCDE implementaron 159 programas de regularización en 30 de los 38 países. Si bien algunos países introdujeron solo un programa, otros —como Estados Unidos— recurrieron a la regularización repetidamente. Así lo recoge una investigación de este año sobre la base de datos RegMig, que recopila ocho décadas de programas de estos procesos.

Las décadas de 1990 y 2000 concentraron el mayor número: el 61% de todos los programas registrados. Entre 1990 y 2007 se sucedieron las grandes regularizaciones, especialmente en el sur de Europa —España, Italia, Portugal y Grecia—, para dar respuesta a una población inmigrante que ya estaba instalada y trabajando, pero permanecía fuera de los canales legales.

La crisis económica y el posterior endurecimiento de las políticas migratorias europeas prácticamente hicieron desaparecer las grandes regularizaciones generales entre 2008 y 2019, con algunas excepciones como Polonia en 2012. A partir de 2020 reaparecieron, aunque con argumentos diferentes.

Más allá de ser una medida humanitaria, los Gobiernos han utilizado las regularizaciones como instrumento de política social y económica: para obtener información y supervisar a la población en su territorio, abordar el empleo irregular, el abuso y la explotación laboral, aumentar la recaudación tributaria y atender las necesidades del mercado laboral a través de la economía formal”, dice a elDiario.es la experta en migración de Amnistía Internacional Olivia Sundberg, basada en Bruselas. 

El mito del “efecto llamada”

A pesar de que con cada puesta en marcha de estos procesos se repite una y otra vez el argumento del “efecto llamada”, los estudios disponibles no han encontrado una relación clara y sistemática entre las regularizaciones y un aumento significativo de la inmigración irregular.

Tanto Delkáder como Sundberg aseguran que la evidencia empírica disponible no ha logrado demostrar una relación clara y sistemática entre estos procesos y un aumento significativo de la inmigración irregular. Según el experto, tras las regularizaciones no se vivieron incrementos extraordinarios de las llegadas, sino que la evolución de la población extranjera siguió una tendencia similar a la que cabría esperar por factores económicos y laborales. La ultraderecha mundial liderada por Trump pone a España en el punto de mira y usa Ceuta para esparcir su xenofobia

“Las razones por las que las personas migran o solicitan asilo (para escapar de conflictos, persecución o miseria, o para buscar mejores oportunidades en el extranjero para ellas y sus familias), concluye Sundberg, tienen más que ver con las condiciones en su país de origen y con los legados del colonialismo que con las políticas de los países a los que se trasladan”.

 

[Fuente: www.eldiario.es]