Entrevista a Alan Wald
Michigan News
El activismo estudiantil en los campus estadounidenses como respuesta a la guerra en Gaza se ha convertido en un debate nacional sobre dónde trazar la línea entre la disidencia política y el antisemitismo.
Aunque muchas
universidades han tomado medidas para restringir, dispersar o sancionar las
protestas, estas –y los debates sobre cómo describirlas– han seguido adelante,
lo que ha planteado dudas sobre la libertad de expresión, la seguridad en los
campus y si las críticas a Israel se están confundiendo con el odio hacia los
judíos.
¿Qué es el
sionismo? ¿Y por qué describes convertirte en sionista como una elección en
lugar de una identidad?
Para entender el
sionismo hay que adentrarse en un terreno político complejo. La afirmación de
que el sionismo es esencial para la identidad judía es engañosa por varias
razones. El judaísmo es una religión monoteísta con al menos 3000 años de
antigüedad, mientras que el sionismo surgió como un movimiento político de
carácter laico a finales del siglo XIX. Como respuesta comprensible al odio
hacia los judíos, el sionismo se inspiró en el auge del nacionalismo europeo.
Al igual que muchos otros movimientos nacionalistas, recurrió a la retórica
religiosa; en este caso, reinterpretando temas del Antiguo Testamento sobre el regreso
del pueblo judío a la Tierra Santa, que se produciría tras la llegada de un
mesías.
El número de
personas judías que se sumaron al proyecto de colonización del sionismo europeo
fue reducido hasta que el antisemitismo del siglo XX limitó la inmigración
judía a EE UU. y el incipiente genocidio nazi expulsó a los judíos de Europa.
Hoy en día, sin embargo, la mitad de la población judía mundial vive fuera de
Israel, sin muchas ganas de emigrar y sin voz ni voto en las decisiones
políticas de Israel. Debido a la creciente estrechez de miras y al cariz de
derechas del sionismo político, cada vez más jóvenes judíos se están
distanciando de él y se oponen a él. La mayoría de las y los sionistas de EE UU
y de todo el mundo son sionistas cristianos.
Como todos los
movimientos políticos, las protestas en los campus no han estado exentas de
cánticos y consignas ambiguas, ni de algunos comportamientos innecesariamente
provocadores. Pero el argumento principal de las y los manifestantes, muchos de
los cuales son judíos, es que la política y las prácticas sionistas ni
representan plenamente a los judíos ni benefician sus intereses a largo plazo.
En la actualidad, la mayor parte del odio real hacia las y los judíos en los
campus proviene de elementos conservadores y de derechas que sostienen la
opinión contraria; estos promueven teorías conspirativas que equiparan a los
judíos con el sionismo y la política del Estado israelí.
Pueden ser nuevas
políticas mal definidas, impuestas desde arriba por las administraciones, que
las aplican, interpretan y refuerzan de forma selectiva.
La realidad es
que las nuevas leyes en algunos estados están limitando las protestas y la
actividad política en los campus; se han eliminado los consejos académicos o se
han sustituido por órganos consultivos más débiles; las asambleas legislativas
intentan cada vez más influir en los planes de estudios, restringir asignaturas
o imponer contenidos; y las universidades han recortado programas, fusionado
departamentos y despedido a profesores de humanidades –un ámbito fundamental
del pensamiento crítico y creativo–. Hay que restablecer la gobernanza
compartida como requisito previo para proteger la libertad de expresión y la
auténtica libertad académica.
Alan Wald, catedrático emérito H. Chandler Davis de
la Universidad de Míchigan, es historiador de la izquierda cultural
estadounidense del siglo XX. Habla de los paralelismos con la política
universitaria de la época de la Guerra Fría, del sionismo y de cómo los debates
sobre el significado del antisemitismo dan forma a las protestas en los campus.
[Traducción: Viento Sur - reproducido en www.vientosur.info]

Sem comentários:
Enviar um comentário