quarta-feira, 16 de setembro de 2026

«Hem hagut de marxar. Sis testimonis de joves migrants», llibre de Laia de Ahumada i Cinta Fosch

 


El Soly és originari del Senegal. L’Helena va deixar Bolívia. El Said va haver de fugir de Síria. La Ruth va néixer a El Salvador. La Meriem va marxar del Marroc, igual que l’Ossama. El que relliga les seves històries és que tots ells han hagut de marxar. Amb aquest llibre volem mostrar sis històries de vida, sis recorreguts plens de dificultats i reptes. Tres dones i tres homes que van haver d’emigrar ens expliquen com era la seva vida abans; per què i com van marxar, i com és actualment la seva vida en un país nou on no coneixien ningú. Són històries de superació, però també de dolor, de soledat, d’acollida i d’integració. Històries que, malgrat tot, acaben bé, perquè algú (persones o entitats) s’ha ocupat que fos així. Els testimonis que presentem ens conviden a canviar la mirada, a posar nom i cara a l’experiència de tantes i tantes persones que es veuen obligades a jugar-se la vida buscant un futur més digne. 

Biografia de les autores

Laia de Ahumada 

Vaig néixer a Barcelona fa una pila d’anys; tants, que ja soc àvia i tot. Soc de tarannà inquiet i he fet moltes coses al llarg de la vida: escriure, sobretot, però també em vaig doctorar en Filologia Catalana i vaig impulsar la creació de projectes socials com el Centre Heura per a persones sense llar, al capdavant del qual he estat prop de vint anys. Com a escriptora, he publicat gairebé una vintena de llibres, cinc dels quals d’entrevistes a persones vinculades al món de l’espiritualitat, la cultura i la pagesia, però no n’havia fet cap encara sobre el món de l’exclusió social. És per això que aquest llibre és molt especial per a mi, perquè reuneix tot el que soc i faig. I, sobretot, dona veu a persones a qui ningú escolta. I també és singular perquè, mentre l’escrivia, he marxat d’on era, tot buscant un lloc millor per viure. La diferència amb les persones entrevistades és que jo no "he hagut de marxar". He marxat, i prou.

Cinta Fosch

Vaig néixer el 1986 i sempre m’he envoltat de llibres. Com va dir un autor, la meva pàtria són els meus llibres. Soc il·lustradora, encara que també vaig formar-me com a historiadora de l’art i m’interessen moltes coses més: la literatura, el cinema, la música, els ocells… El meu treball combina les col·laboracions amb mitjans de comunicació i publicacions amb la creació de llibres il·lustrats per a adults i joves, a més dels projectes personals. Com a il·lustradora, he dibuixat sobre drets humans, història, pensament, informació internacional i món contemporani, que són, precisament, els ingredients que es troben en les imatges d’aquest llibre. 

Títol: Hem hagut de marxar. Sis testimonis de joves migrants
Autor:
Editorial: Akiara books
Col·lecció: Akivida
Pàgines: 88
ISBN
:
978-8418972492

 

[Font: www.racocatala.cat]

El bolsonarismo viene perdiendo la batalla cultural en Brasil

En la educación, son varias las derrotas que acumuló la extrema derecha en el último tiempo. El Supremo Tribunal Federal declaró que el programa Escola sem Partido, la política de censura en los institutos de enseñanza que impulsó el expresidente, no puede estar por encima de las leyes federales. Pero además, el 73% de los brasileños apoya que la escuela enseñe sobre política no partidaria.

Protesta en 2019 contra los recortes de la educación durante el gobierno de Jair Bolsonaro. 

Publicado por gustavojveiga 

Camino a las elecciones del 4 de octubre, en Brasil se proyecta cómo seguirá la batalla cultural planteada por la extrema derecha en un ámbito propicio para darla. El universo educativo en los diferentes niveles de enseñanza. El problema para el ideario bolsonarista es que el debate que instaló el expresidente condenado por golpista lo viene perdiendo por goleada. Una encuesta arrojó que el 73% de la población acepta la formación política y no partidaria en las escuelas. En 2027 se promoverá un plan para hacer todo lo contrario al programa Escola sem Partido que había impulsado Jair Bolsonaro durante su mandato (2018-2022). En aquel momento, militarizó la educación, instaló policías en los colegios y estimuló la delación de maestros y profesores por presunto adoctrinamiento. Pero el Supremo Tribunal Federal (STF) le propinó una dura derrota cuando se pronunció contra el proyecto medieval por antidemocrático. Un traspié tras otro de estas ideas dejó a la intemperie cada intento por regresar al pasado.

 

Políticos ultraderechistas como Flavio Bolsonaro y Javier Milei se proponen como abanderados de una guerra cultural que vienen perdiendo. Las comunidades educativas de sus respectivos países se lo están haciendo notar. En Brasil, la corriente de Escola sem Partido nacida en 2003, se quedó sin la fuerza que había ganado bajo la presidencia del militar sentenciado a 27 años y 3 meses de prisión. Fue clave un fallo del STF que en febrero pasado dictaminó de forma unánime la inconstitucionalidad de las leyes municipales y estatales basadas en aquel programa, el cual argumentó que los municipios no tienen competencia legislativa para alterar las normas que rigen a la educación nacional, una atribución exclusiva de la Nación, la máxima jerarquía del Estado Federal. Además, el STF determinó que el plan Escola sem Partido era una forma de censura previa y atentaba contra la pluralidad de ideas garantizadas por la Constitución de 1988. La misma que se dio Brail después de la extensa dictadura cívico-militar (1964-1985).

 

La perspectiva bastante posible de que Lula sea el vencedor en los comicios y alcance su cuarto mandato presidencial estimula ciertas decisiones en sectores de la Educación que repudian a la extrema derecha. En un hecho reciente, la Universidad Federal de Rio de Janeiro revocó el doctorado honoris causa que se le había otorgado en 1941 al dictador portugués Antonio Salazar. La medida fue tomada por el Consejo Universitario Federal el 27 de agosto.  

 

Pero no solo se percibe una universidad movilizada por este tipo de sancionessimbólicas contra un dictador, como fue el tirano perpetuo que gobernó desde Lisboa entre 1932 y 1968 (36 años). El sitiodigital Carta Maior publicó en los últimos días la siguiente noticia: “El Sindicato de Maestros del Sistema Educativo Oficial del Estado de San Pablo (Apeoesp) presentó una denuncia ante la Fiscalía solicitando una investigación contra undirector regional de educación que supuestamente sugirió los nombres de Hitler y Mussolini como referencias deliderazgo”. El medio le atribuyó decir al funcionario educativo: “Pueden leer biografías en general, es estimulante, incluso las malas”.

 

La educación política es obligatoria desde julio de este año, cuando el Poder Ejecutivo sancionó la Ley nº 15.468/2026, como contenido obligatorio junto a los derechos de ciudadanía en toda la educación básica del país. La norma se incluye en la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional (LDB), la cual tiene un enfoque estructural y no partidario que no consiste en promover partidos ni ideologías, pero si combatir el analfabetismo político.

El Consejo Nacional de Educación (CNE) será el encargado de reglamentar cómo se distribuirán estas horas y contenidos camino a su adopción definitiva en el ciclo lectivo del año próximo. Fue una derrota contundente para el ideario bolsonarista.

 

Pero el retroceso de la extrema derecha no ha sido solo en el plan jurídico o dentro de la comunidad educativa. De acuerdo con encuestas de opinión pública, el 73% de los brasileños apoya que la escuela enseñe sobre política y cuestiones sociales. Ha primado el criterio de que el debate democrático e institucional es un pilar fundamental para la formación de los estudiantes.

Milei y Flavio Bolsonaro en un acto en Brasil con la tijera de podar el presupuesto educativo, entre otros.

Lejos quedaron los años de Bolsonaro en el gobierno con su impronta autoritaria y su influencia en los planes de enseñanza. El movimiento Escola sem Partido cobró gran fuerza en 2018 con la llegada al Planalto del presidente que reivindicaba la dictadura del ’64. Pero, en rigor, fue una iniciativa que surgió en 2003 cuando Miguel Narciso Urbano Nagib, abogado y fiscal del estado de San Pablo, en septiembre de ese año denunció que el profesor de historia de su hija intentaba “adoctrinar” a los alumnos. Según él, había comparado en clase la figura de San Francisco de Asís con la de Ernesto Che Guevara. 

En aquel momento, el movimiento que había nacido como Escuela Sin Partidos Políticos (ESP), dio pie a iniciativas de padres, tutores y estudiantes preocupados por la supuesta contaminación política e ideológica en las escuelas, tanto en la educación básica como superior. Las críticas de la ESP no solo alcanzaron al modo de ver la historia en el sistema de enseñanza. También la emprendió contra la incipiente ideología de género.

 

 Los primeros días del militar en el gobierno y ahora preso por instigar un golpe de Estado contra Lula en enero de 2023 -que se quedó en el intento-, marcaron la mayor ofensiva en el mundo educativo contra la libertad de cátedras y las corrientes progresistas en el sistema de enseñanza.

 

Santa Catarina, acaso el estado más conservador de Brasil, tomó la delantera con la ESP. Muchos candidatos ventilaron sus ideas más reaccionarias y hasta se convirtieron en legisladores. Es el caso de Ana Caroline Campagnolo, profesora de historia y una de las participantes más fervientes de la ESP. Fue elegida diputada estadual por Santa Catarina representando al Partido Social Liberal (PSL) en 2018. Y tuvo su cuarto de hora de notoriedad por su campaña para denunciar a los “docentes adoctrinadores”. Se declaró entonces una ferviente admiradora del gurú de la extrema derecha brasileña y asesor de Jair Bolsonaro, el ya fallecido Olavo de Carvalho. Una vez elegida en la Asamblea Legislativa catarinense, propició un homenaje al astrólogo y difusor de las teorías conspirativas.

 

Es tal el declive de las ideas pedagógicas de la extrema derecha, que se ha instalado la idea de regular más a la educación privada desde el Estado. El artículo 209 de la Constitución Federal así lo establece, ya que “la iniciativa privada está abierta, siempre que se den las siguientes condiciones: el cumplimiento de las normas generales de la educación nacional y la autorización y evaluación de la calidad por parte de la Autoridad Pública”.

 

Flavio Bolsonaro es un candidato más indefenso que su padre cuando compitió por la presidencia en 2018, a no ser que Trump se entrometa con todo en las elecciones del 4 de octubre. Ya pasó aquella ola de conservadurismo y militarización de las escuelas, se desmontó la Escola sem Partido y encima el candidato de la extrema derecha incluyó en su currículo un posgrado que jamás había realizado por lo que tuvo que dar explicaciones. Su propuesta educativa prioriza la enseñanza de matemáticas, ciencias y portugués y combatir el meneado adoctrinamiento. Quiere seguir con la batalla cultural para cambiar los contenidos escolares. Pero es muy difícil que revierta la historia.

 

[Imágenes: AP - fuente: gustavojveiga.wordpress.com]


«Naza», tecniche di genocidio spiegate dagli esecutori

Nel documentario di Yuval Abraham e Rachel Szor, presentato a Venezia, le testimonianze agghiaccianti dell’intelligence israeliana. «È importante avere una distribuzione qui. L’Italia è tra i pochi Paesi in Europa che blocca le sanzioni», dicono i registi.

Soldati israeliani tra le rovine di edifici bombardati nel quartiere di Shijaiya, a Gaza City – Ap
di Cristina Piccino 

Non è un film 

«Naza» è la parola con cui l’esercito israeliano indica le «vittime collaterali» a Gaza, intere famiglie palestinesi che possono essere uccise per colpire un obiettivo strategico, quasi sempre un miliziano di Hamas nella propria casa. Se poi è lì davvero, o se è il target giusto poco importa, e tantomeno è in questione la morte di innocenti. C’è anzi un numero di «Naza» permesso che si alza secondo il grado di importanza del nemico da colpire: per gli «junior» può essere venti, per le gerarchie anche illimitato. A spiegarlo con precisione sono i militari dell’intelligence israeliana, corpi speciali che da remoto hanno messo in pratica quella macchina dello sterminio capillare, costruita e rodata negli anni dallo stato di Israele grazie alla tecnologia, a cui oggi l’Intelligenza artificiale offre una strumentazione ancora più feroce. E che dopo l’attacco del 7 ottobre è stata portata a una piena realizzazione. 

«Naza» diventa infatti man mano che la guerra va avanti un concetto che dimentica gli obiettivi militari, i terroristi, Hamas, e indica invece la sola volontà di uccidere il numero più alto di palestinesi possibile: uccidere per uccidere con l’indifferenza di una totale disumanizzazione – «era come un videogame» dicono i militari dell’Idf – che per alcuni è addirittura un «divertimento», l’eccitazione orgogliosa dello scopo di odio e vendetta raggiunti. Sembra un’allucinazione dell’orrore, è la realtà in atto. 

A RACCOGLIERE le parole di questi militari, uomini e donne sono Yuval Abraham e Rachel Szor, i due autori israeliani di No Other Land realizzato insieme ai palestinesi Basel Adra e Hamdan Ballal. Naza, il documentario presentato ieri in concorso alla Mostra di Venezia sarà nelle nostre sale il 28-29-30 settembre: «È molto importante avere la distribuzione in Italia perché come ben sappiamo è uno dei pochi paesi in Europa insieme alla Germania che blocca le sanzioni contro Israele e anche la fine dell’accordo commerciale che c’è tra Stati Uniti e Israele», spiega Yuval Abraham. 

Naza lavora su una serie di testimonianze pubblicate già su Local Call, +972 Magazine (qui sul manifesto del 5 aprile 2024) e sul quotidiano inglese The Guardian, che ha prodotto il film insieme al regista Jonathan Glazer e a James Wilson. Ascoltarle però da chi ha compiuto queste azioni muta la nostra prospettiva. Per la prima volta non siamo cioè testimoni di quanto accade a Gaza, ma ci troviamo all’interno di un sistema del fascismo quotidiano che agghiaccia, ed è chi commette il genocidio a dirne il funzionamento senza rimorsi né particolari emozioni. 

Ci sono alcune parole ricorrenti nei racconti dei militari che rivendicano il loro status elitario e di sinistra. Una è «pulizia»: dovevamo pulire, ripetono. Così dopo avere ucciso a distanza, chi era sul campo bruciava le case in modo da cancellare qualsiasi traccia dei palestinesi, delle loro esistenze, della loro memoria. L’altra, ovviamente, è «uccidere». Ci dicono come sparavano alle persone che correvano verso il cibo, osservandole cadere in remoto, mentre le mani tracciano il disegno dei corpi che crollano. O spiegano quelle linee mai tracciate che i palestinesi senza saperne l’esistenza non dovevano superare. Un bambino che si è avvicinato è stato ucciso senza ragione, il corpo mangiato dai cani, ma Gaza dicono ancora «è piena di corpi». 

IL PROGRAMMA - Lavender, tecnologia raffinata al servizio delle pulizia etnica, utilizza i telefoni dei palestinesi per entrare nelle loro vite prima di spezzarle, costruisce un algoritmo delle possibili connessioni o complicità dove il margine di errore è sempre molto largo. Dentro di esso anche frasi innocue assumono un diverso significato, se una bambina dice «papà è a casa» significa che è un terrorista e l’intera famiglia, forse il palazzo saranno rasi al suolo. Se chiede alla madre quando rientra, lo stesso. 

Gli archivi ci mostrano però che questa sorveglianza risale almeno al 1967, grazie al controllo di Israele su chi garantiva le infrastrutture a Gaza (come la telefonia) in una storia che ha sempre cancellato dalla Nakba in poi la presenza palestinese, a Tel Aviv ne è rimasta traccia solo in una casa. 

GLI INCONTRI sono girati di notte, un cartello iniziale ci dice che i volti e le voci delle persone intervistate sono stati modificati per proteggere l’anonimato. Abraham ascolta, pone domande. Intanto le finestre dei palazzi ci rimandano la vita nelle case di Tel Aviv: la tv con la propaganda sempre in onda, una mano che raccoglie le briciole della cena, una coppia su un divano, qualcuno che legge. In basso i locali sono pieni di gente, il traffico luminoso scorre sul lungomare, l’eco delle bombe arriva da lontano: «Il mio ruolo è tecnico, non è prevista una posizione morale» risponde uno dei militari a Abraham. E in questa frase affiora il senso del sentimento di un intero Paese, la stessa quieta indifferenza, la narrazione di un essere vittima in quello skyline che dista solo sessanta chilometri da Gaza e dal genocidio, al cui centro risiedono i palazzi dell’intelligence.

Un momento di «Naza»

Possibile? In strada si celebra la Giornata della memoria, la cineteca di Tel Aviv propone Shoah di Lanzmann. Il riferimento all’Olocausto e ai nazisti torna in diverse dichiarazioni dei soldati, del resto è un elemento fondante di quella società – insieme ai miti biblici – che Netanyahu ha strumentalizzato dal 7 ottobre con spudoratezza, quasi a legittimarvi il proprio agire, opponendo l’antisemitismo alle critiche alla sua politica. 

«Penso ancora che i nazisti siano il male, ma io allora chi sono?»

Un soldato intervistato in Naza 

«PENSO ancora che i nazisti siano il male, ma io allora chi sono?», si chiede uno degli intervistati. Ci vuole molto coraggio a porre come fa il film questi interrogativi alla società israeliana (e non solo). «Primo Levi ha parlato di disumanizzione, di un essere umano che diventa non umano. Ci sono tante differenze, naturalmente, tra l’Olocausto e quello che succede a Gaza, ma una cosa coerente in questi casi è la questione della responsabilità e della giustizia che è fondamentale per poter andare avanti. Rispettare la memoria dell’Olocausto significa rafforzare la nostra fiducia nei diritti umani e nell’empatia nei confronti delle altre persone», dice Abraham. E questo film le impone a chi distoglie lo sguardo, opponendosi a quella normalizzazione del genocidio con domande che si continuano a evitare. 

 

[Fonte: www.ilmanifesto.it]

 

terça-feira, 15 de setembro de 2026

Unha ONG israelí denuncia o «proxecto de eliminación» de Cisxordania do Goberno de Netanyahu

B'Tselem vén de publicar un informe onde detalla os plan do Goberno de Israel para "desmantelar" as bases da existencia palestina en Cisxordania.

Forzas israelís protexen a incursión de colonos na Cidade Vella de Hebrón, ao sur de Cisxordania o pasado mes de agosto.

A ONG israelí B'Tselem deu a coñecer esta segunda feira o informe O proxecto de eliminación, un texto no que precisa o suposto plan de Israel para "desmantelar os cimentos" da existencia palestina en Cisxordania co fin de volvela "cada vez máis fragmentada, vulnerábel e dependente". O obxectivo do Goberno de Netanyahu, afirma a entidade, é "reorganizar o espazo e as condicións de vida nel para que o control israelí e a presenza xudía se convertan en algo contiguo, institucionalizado e permanente". 

B'Tselem asegura que as políticas de Israel para "socavar a existencia palestina" existen desde 1967, mais recruaron a partir de 2022 coa chegada ao poder de Benjamin Netanyahu, apoiado no seu goberno olas faccións máis duras da ultradereita nacionalista.

Segundo recolle o informe da organización non gobernamental, actividades básicas da vida cotiá atópanse baixo control israelí "ou son completamente denegadas". Así, 3,5 millóns de persoas palestinas de Cisxordania enfróntanse a unha tripla realidade: vivir baixo o dominio israelí, abandonar o seu territorio ou soportar unha "represión violenta" en caso de amosar resistencia.

Un plan de cinco puntos

O informe detalla como se aplica o "mecanismo israelí de eliminación" palestina a través de cinco epígrafes tituladas: violencia e intimidación, restricións de movemento, estrangulamento económico, destrución sociopolítica e limpeza étnica e apropiación territorial. Cinco áreas que non operan por separado, senón de forma coordinada e "interconectada".

O documento presentado por B'Tselem en Xerusalén esta segunda feira tamén presta atención á situación na Faixa de Gaza, exemplo da "lóxica de eliminación" que o Goberno israelí mantén desde hai décadas. É o lugar onde o "proxecto de eliminación" alcanza a súa "forma máis extrema", con matanzas diarias e masivas acompañadas dunha destrución violenta do contorno que o "público israelí" xa "normalizou" até o punto de considerar os ataques continuados "violencia lexítima contra os palestinos", aseguraron.

"As violacións aquí descritas están financiadas, protexidas e integradas na política estatal israelí e lévanse a cabo dentro dun sistema de ampla impunidade", sinalou a directora da ONG, Yuli Novak, que chamou á comunidade internacional a actuar con accións, non declaracións.

O relato da "eliminación"

O proxecto de eliminación elaborouse a partir do testemuño de 2.000 persoas residentes en Cisxordania ao longo dos últimos tres anos. As súas achegas confirman o abismo ente as vivencias dos colonos, a poboación xudía que vive en asentamentos suxeitos a lexislación civil e con plenos dereitos políticos, e da Palestina, permanentemente "baixo réxime militar", malia habitar o seu propio territorio.

Para B'Tselem, o plan israelí favorece a expansión dos asentamentos xudeus e o control das terras e os recursos pola súa parte, desposuíndo os palestinos das súa propiedades e dotando estes procesos de garantías legais.

Segundo B'Tselem, desde 1967 Israel apoderouse de máis de 200.000 hectáreas –máis dun terzo de Cisxordania– mediante unha serie de mecanismos legais, urbanísticos e administrativos, como as declaracións de terras estatais, zonas militares fechadas, reservas naturais ou o estabelecemento de asentamentos.

A organización tamén destaca no seu informe que a violencia en Cisxordania funciona como un "mecanismo central de control, desprazamento e desmantelamento", pois "restrinxe a marxe de acción dos palestinos". 

 

[Foto: Europa Press / Contacto / Mosab Shawer - fonte: www.nosdiario.gal]

 

Ian McEwan fa servir la novel•la per descobrir ‘Què podem saber’ de la història

Una ficció en dos temps per revelar les dificultats d'explicar el passat sense haver-lo viscut: un professor de literatura del 2119 estudia el sopar de 2014 en què el poeta Francis Blundy va llegir un poema mític que després va desaparèixer. Segons McEwan, «una celebració de la poesia» a través del gènere de la novel·la, «una màquina fantàstica per estudiar la condició humana».

Ian McEwan 

Escrit per Àlex Milian 

Afirma Ian McEwan que la seva última novel·la, Què podem saber (Anagrama), «és una manera d’especular com escrivim la història o el passat, com ens situem dins la història i la dificultat de entendre-la». L’editora d’Anagrama Silvia Sesé ho expressa d’una altra manera: «La novel·la qüestiona què podem saber d’una època passada per molt que investiguem i moltes dades que tinguem: fins on arribaran els fets i fins on les conjectures quan intentem recrear aquell passat?». 

Per aconseguir-ho, McEwan, que reconeix que estima el gènere de «la biografia literària», retrata uns professors de literatura que, en el futur, investiguen una obra literària de 2014. Per tant, l’acció transcorre en dos temps diferents. 

Per una banda, retrata la forma de treballar dels experts en literatura anglesa el 2119, en un món distòpic on el nivell del mar ha pujat i Anglaterra són «moltes illes entre illes», després de fenòmens que anomenen «la guerra nuclear, el cicle de l’aigua i el Desgavell». Des d’aquell futur postapocalíptic, dos estudiosos investiguen un moment de la literatura anglesa que consideren fonamental, el Segon Sopar Immortal, on un famós poeta —Francis Blundy— li va llegir a la seva esposa Vivien un mític poema de quinze sonets, del qual no s’ha conservat cap còpia. Els investigadors del 2119, carregats de molta més informació de la que disposaven els filòlegs sobre el segle XIX o començaments del XX (missatges de mòbil, missatges electrònics, testimonis posteriors sobre aquella nit), intenten reconstruir què va passar amb els vuit convidats al sopar de Vivien i Francis, i per què va desaparèixer el poema. 

D’aquesta manera, ens anem fent una idea de com és cadascú, però aquesta idea no té per què ser correcta. Com deia McEwan en la presentació de l’obra en roda de premsa per videoconferència, «no veurem l’ànima despullada de ningú en un mail seu». Ni en un missatge de mòbil. 

McEwan explica que, «si llegim tres biografies diferents d’un mateix escriptor, acabem tenint tres persones diferents davant nostre». De «forma inevitable», cada autor, amb les dades que haurà tingut (i les seves idees i els seus prejudicis, etc.) s’haurà format una idea diferent de l’escriptor i així el descriurà. 

La novel·la de McEwan, Què podem saber (Anagrama, 2026), recorda, per la reconstrucció d’una obra literària d’un autor inventat, Possession d’Antonia S. Byatt, del 1990 (en castellà també en Anagrama), però amb més distanciament. Allò que en Possession esdevenia una passió literària amb més d’un segle de distància, aquí està ponderat per laironia de McEwan i la seva crítica als cercles intel·lectuals actuals. 

D’altres ho comparen a Foc pàl·lid de Nabokov (La Magrana), una altra crítica a la crítica literària construïda com una sèrie de comentaris i anàlisis textuals a l’últim poema d’un autor que acaba de ser assassinat. Una crítica que converteix el lector en detectiu de la mort del poeta. 

La diferència és que McEwan sap girar la truita com pocs autors en la literatura. Ho feia a Expiació, la seva obra més coneguda i ho torna a fer a Què podem saber. 

L’escriptor, de 78 anys, ha sabut jugar sempre amb històries impactants, personatges complexos i estructures innovadores que sovint amaguen un gir de guió definitiu. El 1999 va guanyar el Premi Booker amb Amsterdam, però el seu gran èxit, multipremiat i portat al cinema, va ser Expiació (2001). El 2020 va capgirar la història de la Metamorfosi de Kafka convertint una panerola en ésser humà a La panerola i el 2022 va obtenir un nou èxit de crítica amb Lliçons (Anagrama, 2023). 

Ian McEwan espera que aquesta novel·la sigui «una celebració de la poesia», el motor misteriós que mou els personatges de 2014 i de 2119. «Veig la poesia —afirmà McEwan— com una forma literària superior. Representa el pinacle de les formes d’expressió en qualsevol llengua». 

Tanmateix, reconeix que no se’n va sortir quan va intentar escriure poesia en la seva joventut i es va decidir per la novel·la, que «és una màquina fantàstica per estudiar la condició humana». Segons McEwan, la novel·la «no pot morir perquè és el millor mitjà per a examinar les ments, les dels altres i la nostra pròpia ment. Perquè la novel·la capta una cosa que el cinema no pot: el flux del pensament i la natura del malentès alhora que ens situa en un context històric i social». 

Què podem saber ho confirma. 

 

[Foto: Annalena McAfee - font: www.eltemps.cat]


Andòrra pòrta una resolucion per promòure lo multilingüisme a l’ÒNU

Lo tèxt, copairinejat per cent tres païses, preconiza la reconeissença de las lengas non oficialas e tira partit de l’intelligéncia artificiala 


Andòrra a trabalhat amb la Republica Dominicana sus una resolucion novèla de l’Amassada Generala de las Nacions Unidas qu’a per mira de promòure lo multilingüisme dins l’organizacion, çò rapòrta lo Diari d’Andorra. S’agís del tresen còp que lo principat participa coma cofacilitator a una resolucion dins aquel domeni, segon la mission permanenta d’Andòrra al près de las Nacions Unidas. 

Lo tèxt es estat adoptat per consens e a recebut lo copairinatge de 103 païses. A l’objectiu de far progressar lo multilingüisme a l’ÒNU a l’entorn de mantuna prioritat, sustot lo refortiment del ròtle del coordenaire pel multilingüisme, una reconeissença melhora de las lengas non oficialas e l’esplecha de las possibilitats ofèrtas per l’intelligéncia artificiala. 

Segon la representacion diplomatica andorrana, lo document presenta un tèxt mai focalizat e mens redondant, en mantenent la tòca de far progressar lo multilingüisme dins las Nacions Unidas. 

La mission permanenta d’Andòrra a mercejat l’ambaissador de la Republica Dominicana, Wellington Darío Bencosme Castaños, aital coma sa còla, pel trabalh realizat tot de long de la procedura.

 


[Article tirat e revirat de Vilaweb. reproduit dins www.jornalet.com]

« La survie de la nation sioniste » : l’obsession d’Israël pour le sperme des soldats décédés

Le prélèvement post mortem de sperme est devenu une politique d’État : un quart des soldats de sexe masculin tués depuis le 7 octobre ont subi cette intervention. Mais en offrant un exutoire aux familles en deuil, cette pratique ne fait que perpétuer la guerre.

Les funérailles d'un soldat israélien, le 18 novembre 2023

Écrit par Nathalie Rozanes (+972 Magazine) 

Au début de cette année, Nitza Shmueli a publié un message sur Facebook pour formuler une demande inhabituelle concernant son fils décédé. « Moi, la mère de Barel, je recherche une femme qui souhaite concevoir un enfant à partir du sperme de Barel, une femme qui souhaite fonder une famille chaleureuse et aimante », a-t-elle écrit. « Si vous pensez pouvoir être cette femme, n’hésitez pas à me contacter en privé. » 

Barel, un tireur d’élite de 21 ans appartenant à une unité d’infiltration de la police des frontières israélienne, a été abattu par un tireur palestinien le 21 août 2021, lors d’une manifestation près de la barrière de sécurité à l’est de la ville de Gaza. Cette manifestation, qui marquait le 52e anniversaire d’un incendie criminel perpétré contre la mosquée Al-Aqsa à Jérusalem, visait à faire pression sur Israël pour qu’il lève son blocus sur Gaza et avait rassemblé des centaines de participants. 

Sur des vidéos tournées sur place, on peut voir un Palestinien courir vers le mur de béton où Barel et d’autres tireurs d’élite étaient postés, sortir une arme qu’il avait glissée dans sa ceinture et tirer trois coups de feu à bout portant à travers une brèche. Barel a été touché à la tête et est décédé neuf jours plus tard, après avoir subi plusieurs interventions chirurgicales pour tenter de lui sauver la vie. Quarante Palestiniens ont également été blessés par les forces israéliennes ce jour-là, dont Osama Khaled Ideij, 32 ans, et Omar Hasan Abu Al-Nil, 12 ans, qui ont tous deux fini par succomber à leurs blessures. 

Après le décès de Barel, sa mère a obtenu l’autorisation du tribunal pour prélever et congeler son sperme au Centre médical Soroka de Be’er Sheva. Le prélèvement post-mortem de sperme (PMSR) permet la procréation pour les hommes décédés : une incision au niveau des testicules est pratiquée dans les heures qui suivent le décès, lorsque le sperme est encore viable, afin d’extraire du tissu du défunt. En laboratoire, le tissu est ensuite examiné au microscope afin d’identifier et de congeler les spermatozoïdes encore vivants pouvant être utilisés pour une fécondation in vitro (FIV). 

S’adressant à une commission de la Knesset en 2022, Shmueli a déclaré que 1 400 femmes l’avaient contactée pour manifester leur intérêt à avoir un enfant de Barel. Mais il lui a fallu quatre ans pour obtenir l’autorisation d’utiliser le sperme congelé de Barel afin de concevoir un enfant, après qu’un tribunal des affaires familiales de Tel-Aviv eut approuvé sa demande l’année dernière. 

Ce résultat n’était pas seulement l’aboutissement de sa longue bataille judiciaire, mais reflétait également un paysage médical et juridique transformé par les attaques du 7 octobre et la guerre génocidaire menée par Israël contre Gaza qui s’en est suivie. 

Avant octobre 2023, le prélèvement de sperme sur des soldats israéliens décédés (PMSR) était une pratique rare et controversée sur le plan éthique dans la société israélienne, avec seulement une poignée de demandes par an. Au cours des trois dernières années, cependant, ce prélèvement s’est institutionnalisé et normalisé, devenant un phénomène national de plus en plus répandu. 

Dans les jours qui ont suivi les attentats du 7 octobre, parmi les différentes mesures d’urgence approuvées par le ministère de la Santé et le ministère de la Justice figurait un règlement temporaire — toujours en vigueur aujourd’hui — autorisant les parents d’Israéliens tués à la guerre à consentir au prélèvement de sperme sans qu’une autorisation judiciaire soit nécessaire. 

Pour être réalisée avec succès, la PMSR doit avoir lieu dans les 72 heures suivant le décès. Ainsi, lorsque l’armée vient annoncer la nouvelle aux familles — ce que les Israélien·nes appellent le redoutable « coup à la porte » —, les officiers suggèrent désormais de manière proactive cette procédure. Les parent·es doivent alors se décider et agir immédiatement. La sociologue israélienne Yael Hashiloni-Dolev, professeure à l’université Ben Gourion, a décrit cette nouvelle logique opérationnelle au magazine +972 comme suit : « Prélever d’abord, poser les questions juridiques ensuite. » 

Désormais financé par l’État et supervisé par le ministère de la Santé, le PMSR est pratiqué dans les quatre principaux hôpitaux israéliens, où le sperme est également congelé et conservé. Selon le Dr Eran Altman, directeur de la banque de sperme du Centre médical Rabin, environ 250 soldats et agents de sécurité israéliens avaient fait l’objet d’une procédure de prélèvement posthume de sperme au début de cette année — soit un quart de l’ensemble des soldats masculins tués depuis le 7 octobre. 

S’adressant à NPR en janvier, le Dr Altman a expliqué à quelle vitesse le système s’était adapté. « L’armée est devenue très efficace pour nous acheminer le corps », a-t-il déclaré. « Lorsque c’est possible, nous le recevons quelques heures après le décès. » 

Parallèlement à l’expansion rapide des PMSR, un nouveau terme a fait son apparition dans le débat public israélien : « hatzalat zera », ou « sauvetage du sperme ». Comme l’explique le professeur Zvi Triger, spécialiste en droit au College of Management de Rishon LeZion, « cette expression reflète un recadrage dans lequel le sperme d’un soldat est considéré comme quelque chose qui doit être “sauvé”, plaçant ainsi cette substance dans une dimension morale similaire à celle de la vie humaine ou des biens nationaux ». 

On ignore encore combien de familles finiront par utiliser le sperme qu’elles ont décidé de congeler pour concevoir des enfants, ce qui nécessite l’autorisation d’un tribunal. Un groupe de parent·es endeuillé·es, dont Nitza Shmueli, milite depuis des années à la Knesset en faveur d’un projet de loi visant à permettre aux parents de soldats tués au combat qui ne sont pas en couple officiel d’utiliser le sperme prélevé pour une FIV, projet de loi qui n’a toujours pas été adopté. 

Mais dans le contexte de la violence obstétricale exercée par Israël à l’encontre des femmes et des nourrissons palestinien·nes dans la région, la PMSR, en tant que politique d’État, revêt une portée idéologique : elle s’inscrit dans un projet d’État visant à assurer la continuité biologique du peuple juif par tous les moyens, même au-delà de la mort, parallèlement à des efforts génocidaires visant à effacer la vie palestinienne. 

La PMSR montre également clairement comment le gouvernement israélien instrumentalise le deuil pour entretenir un conflit permanent. Comme l’a expliqué Hashiloni-Dolev, « en Israël, la PMSR se situe quelque part sur le continuum entre l’indemnisation et la vengeance ». 

« Dans les médias israéliens, cette pratique est généralement présentée sous un jour positif, comme un moyen d’« aider les familles endeuillées » ou de « donner de l’espoir aux familles des soldats tombés au combat » », a-t-elle poursuivi. Mais dans le même temps, « lors des débats à la Knesset sur la réglementation du PMSR après le 7 octobre, l’autorisation de recourir à cette procédure a été présentée comme une “nekama” [“vengeance”] ou une “tkuma” [“résurrection”] ». 

Daphna Hacker, professeure de droit et d’études de genre à l’université de Tel-Aviv, voit un intérêt politique évident dans la promotion de la PMSR. « C’est là un moyen supplémentaire de créer une soupape de pression et de canaliser le deuil vers une histoire privée, plutôt que vers un tollé public contre l’envoi de ses enfants à la guerre. » 

Le pronatalisme en tant que politique d’État

Le phénomène du PMSR remonte à la fin des années 1970, lorsqu’un urologue de Los Angeles a réalisé avec succès la première intervention sur un jeune homme décédé dans un accident de voiture. Les hôpitaux israéliens ont commencé à procéder à des prélèvements au cas par cas dans les années 1990, généralement à la demande des partenaires. En l’absence de législation officielle régissant cette pratique, ces demandes étaient souvent adressées directement aux tribunaux de famille ou aux tribunaux d’instance.

En 2003, la/le procureur·e général·e a enfin publié les premières lignes directrices sur le PMSR, bien qu’elles n’aient pas été inscrites dans la loi. Ces lignes directrices ne concernaient que les partenaires féminines survivantes, leur permettant d’utiliser le sperme de leur partenaire décédé même en l’absence de directive écrite autorisant le PMSR, en se fondant sur sa « volonté présumée » qu’elle conçoive des enfants à partir de son sperme. 

L’une des premières affaires très médiatisées impliquant des parents concernait Keivan Cohen, un soldat israélien tué à Gaza en 2002. Après sa mort, sa mère a mené une longue bataille juridique pour pouvoir utiliser son sperme afin de concevoir un petit-enfant, né 11 ans plus tard. Cette affaire est devenue l’un des premiers litiges reconnus à l’échelle nationale en Israël concernant la procréation posthume et a contribué à jeter les bases juridiques sur lesquelles d’autres familles endeuillées se sont appuyées par la suite. 

Aujourd’hui, Israël adopte l’une des approches les plus permissives au monde en matière de reproduction posthume. Des pays tels que la France, le Maroc, la Suède, l’Allemagne, la Suisse, la Slovénie, le Danemark et la Hongrie ont totalement interdit cette pratique, tandis que d’autres, comme la Belgique et les États-Unis, exigent généralement le consentement écrit ou implicite du défunt avant qu’une partenaire puisse demander à utiliser son sperme, ainsi que l’autorisation d’un tribunal. 

Certains pays qui autorisent cette pratique imposent également un délai d’attente avant que le sperme puisse être utilisé pour une FIV. Comme l’a expliqué Shai Lavi, directeur de l’Institut Van Leer de Jérusalem et codirecteur du Centre Minerva pour l’étude interdisciplinaire de la fin de vie, le raisonnement est qu’une partenaire récemment endeuillée n’est peut-être pas « dans les meilleures dispositions pour prendre une décision aussi lourde de conséquences, après avoir subi une perte importante ». 

Mais ce qui distingue le plus Israël, c’est la manière dont le PMSR s’est directement intégré à la politique d’État. Non seulement le gouvernement finance cette procédure, mais il l’a parfois activement encouragée. 

Un mois après le 7 octobre, le ministère des Affaires étrangères a publié une vidéo d’animation émouvante consacrée à Shaylee Atary, dont le mari a été tué en défendant leur kibboutz lors des attaques ; lorsque son sperme a enfin pu être prélevé, il était trop tard. Un formulaire permettant de demander et d’expliquer cette procédure est toujours disponible sur le site web du gouvernement. 

« C’est un pays très pronataliste : dans la société israélienne, il n’est pas bien vu de ne pas avoir d’enfants », a déclaré Mme Hacker à +972. « La survie de la nation est la motivation dominante. » 

La politique d’urgence adoptée après le 7 octobre est allée encore plus loin, en étendant le droit de demander le prélèvement d’organes aux parent·es des défunts, en plus des conjointes survivants. Les parent·es représentent désormais 77% de l’ensemble des demandes. Aucun autre pays n’accorde un tel rôle aux parent·es, et cette mesure va même à l’encontre d’une jurisprudence israélienne : en 2016, un jugement avait établi que les parent·es n’avaient aucune légitimité juridique dans les décisions relatives au prélèvement de sperme. 

Cette mesure d’urgence a depuis été renouvelée mois après mois, même s’il n’est pas encore certain qu’elle soit finalement inscrite dans la réglementation, compte tenu de l’opposition de certaines autorités rabbiniques. 

« Être grand-parent·e revêt une grande importance dans la culture israélienne, qui est très familiale et tribale et qui valorise la continuité du peuple juif », a expliqué Mme Hacker. « Comme nous vivons en moyenne plus longtemps qu’auparavant, on peut désormais assumer le rôle de grand-parent·e pendant 30 ans. Cette expérience est retirée à ces parent·es lorsque leur fils meurt — cela devient donc un réconfort pour eux de savoir que leur fils décédé peut engendrer un enfant, et elles ou ils ne se demandent pas en public à quoi a servi cette mort ni ne se battent pour mettre fin à ces guerres perpétuelles, cruelles et injustes. » 

Mais malgré le large soutien émotionnel et politique dont bénéficient les familles endeuillées au sein de l’opinion publique israélienne, l’autorisation de prélever et de congeler du sperme n’équivaut pas à l’autorisation de l’utiliser. Les tribunaux israéliens doivent encore approuver son utilisation pour concevoir un enfant, ce qui exige souvent que la partenaire ou les parent·es démontrent que le défunt souhaitait avoir des enfants. Si le prélèvement lui-même est financé par l’État, les familles doivent prendre en charge à titre privé les frais de procédure judiciaire qui s’ensuivent. 

« La culture du deuil en Israël exerce une pression énorme sur les juges : elles et ils ne peuvent pas s’y opposer », a fait remarquer Mme Hacker. « Cela ne devrait pas être laissé à l’appréciation des tribunaux des affaires familiales, au cas par cas. Il faudrait une réglementation claire, comme dans d’autres pays. » 

Les mères de soldats décédés sont souvent en première ligne dans ces batailles juridiques chargées d’émotion visant à obtenir l’autorisation de concevoir un petit-enfant — ainsi que dans les campagnes médiatiques qui les accompagnent. Après la mort de son fils Maor à Khan Younis en décembre 2023, Sharon Eisenkot a demandé l’autorisation d’utiliser son sperme pour concevoir un petit-enfant avec une femme qu’elle choisirait. En juillet dernier, elle est devenue la première mère israélienne d’un soldat tué après le 7 octobre à obtenir cette autorisation, à la suite d’une décision historique rendue par le tribunal des affaires familiales d’Eilat. 

« La mère se met alors à la recherche de la partenaire idéale sur les réseaux sociaux ; cela devient un événement national », a expliqué Lavi. Sharon Eisenkot — sœur de l’ancien chef d’état-major Gadi Eisenkot, actuellement candidat au poste de Premier ministre d’Israël — s’est associée à The Stork, une plateforme israélienne de coparentalité et de mise en relation familiale fondée par l’ancienne députée de la Knesset Michal Biran, afin de trouver une future mère. 

Les messages partagés sur les réseaux sociaux présentaient le futur enfant comme un hommage à Maor et à son sacrifice. « Maor ne sera pas là pour le porter sur ses épaules, l’emmener à la plage, jouer au foot avec lui ou l’écouter raconter sa journée », pouvait-on lire dans l’un d’eux. « Mais cet enfant aura une mère. Ce ne sera pas une famille monoparentale, telle que nous la connaissons. Ici, il y aura un souvenir vivant et vibrant de Maor, raconté par ses ami·es et ses proches, ainsi qu’une famille aimante qui attendra cet enfant avec une immense nostalgie. » 

Le nombre de demandes était si élevé que The Stork a dû affecter trois standardistes uniquement pour répondre et gérer l’afflux de candidates souhaitant devenir la mère de l’enfant de Maor. 

« Nés pour être des soldats »

La fécondité est en baisse partout dans le monde, mais les Israélien·nes juifs/juives, avec une moyenne de 3,1 enfants par femme, affichent le taux de fécondité le plus élevé des pays de l’OCDE. Les familles nombreuses ultra-orthodoxes et sionistes religieuses expliquent en grande partie ce chiffre, mais même les Israélien·nes juifs/juives libérales/libéraux et laïques ont en moyenne environ 2,2 enfants — bien au-dessus de la moyenne de l’OCDE, qui est de 1,4. 

« Ce qui est propre à Israël, c’est l’idée que la fécondité ne relève pas seulement du couple, mais aussi de la société et, à une échelle encore plus grande, de la nation », a fait remarquer Hashiloni-Dolev. « En Israël, ce n’est pas la vie individuelle qui est sacrée, mais la pérennité de la collectivité. » 

Cette importance accordée à la continuité collective est depuis longtemps alimentée par des inquiétudes démographiques liées à la préservation d’une majorité juive face à des taux de natalité palestiniens tout aussi élevés — ce que Hashiloni-Dolev appelle la « guerre des utérus ». Depuis des décennies, le Premier ministre Benjamin Netanyahu et d’autres dirigeant·es israélien·nes présentent la fécondité palestinienne comme une menace stratégique pour le caractère juif de l’État, invoquant souvent dans ce contexte les millions de mort·es juifs/juives de l’Holocauste. 

À l’inverse, les taux de natalité élevés chez les Juifs/juives sont célébrés comme une victoire politique pour Israël. Lors de la cérémonie officielle de la fête de l’Indépendance d’Israël en avril dernier, le président de la Knesset, Amir Ohana, a énuméré une liste de « ce à quoi ressemble la victoire en Israël ». Parmi ses exemples : « 177 000 bébés né·es au cours de l’année écoulée ». 

Dans le même temps, l’investissement d’Israël dans la procréation juive contraste de manière frappante avec les conditions qu’il impose aux femmes palestiniennes en matière de santé et de vie reproductive. Cette guerre contre la fécondité palestinienne est particulièrement évidente à Gaza, où Israël a bombardé des maternités et des cliniques de fertilité, et où les fausses couches ont plus que triplé au cours du premier semestre 2026. Le siège continu des approvisionnements alimentaires et de l’aide humanitaire, ajouté à l’indisponibilité des soins prénataux de base et aux mauvaises conditions sanitaires, a également contribué à la baisse du taux de natalité dans l’enclave — en recul de 3,2% depuis le début de l’année. 

Mais en Cisjordanie aussi, les restrictions israéliennes à la liberté de circulation, les déplacements forcés, l’accès restreint aux cliniques de fertilité et les centaines d’attaques contre des établissements de santé depuis octobre 2023 ont perturbé les soins de santé reproductive. Il y a quelques semaines à peine, une Palestinienne enceinte a accouché d’un enfant mort-né et a failli mourir elle-même d’une hémorragie consécutive après que des soldats israéliens ont arrêté l’ambulance qui la transportait vers un hôpital de Naplouse. Au poste de contrôle, les soldats ont ordonné au conducteur de couper le moteur, privant ainsi d’alimentation électrique les équipements médicaux de l’ambulance. 

L’un des piliers qui soutient le taux de natalité des Israélien·nes juifs/juives est un système remarquablement généreux de prise en charge des traitements de fertilité. Israël réalise plus de procédures de FIV par habitant·e que tout autre pays et tire également sa fierté du « tourisme de la fertilit  », ce qui témoigne de l’infrastructure économique qui s’est développée autour de la procréation médicalement assistée. 

« La maternité de substitution est légale, la congélation des ovocytes est partiellement subventionnée, et le système de santé finance la FIV pour deux enfants par femme jusqu’à l’âge de 45 ans, quel que soit son état civil », a fait remarquer Mme Hacker. « Ce n’est le cas dans aucun autre pays au monde. » 

Dans le même temps, cependant, le système de santé publique souffre d’un sous-financement chronique et est négligé par le gouvernement, sans parler des autres restrictions pesant sur les soins gynécologiques. Comme l’a expliqué Mme Hacker, « les femmes subissent une forte pression pour avoir des enfants. L’avortement n’est pas gratuit : les femmes doivent passer par un comité religieux pour obtenir une autorisation. » 

L’ironie du pronatalisme extrême d’Israël réside bien sûr dans le fait que l’État ne se soucie guère du bien-être ultime des enfants juifs:juives, qui sont enrôlé·es et envoyé·es risquer leur vie dès quelles et ’ils atteignent l’âge adulte. « Les Israélien·nes considèrent les enfants comme faisant partie d’un collectif et comme étant né·es pour devenir des soldat·es », a expliqué Hashiloni-Dolev. 

Dans cette formulation, le PMSR est une forme de compensation, une réponse au risque inhérent à la citoyenneté militarisée. Comme l’a formulé Hashiloni-Dolev : « Nous ne pouvons pas vous promettre [que vous resterez] en vie, mais nous pouvons vous promettre la continuité. » 

Les défunts y consentent-ils ?

Dans la quasi-totalité des cas de PMSR en Israël, le prélèvement de sperme repose sur l’hypothèse que les défunts souhaitent perpétuer leur lignée génétique au-delà de la mort, mais sans leur consentement effectif. Comme l’explique Lavi, « la présomption juridique est désormais inversée : si le défunt n’a pas explicitement dit non, les tribunaux présument de plus en plus souvent qu’il a donné son consentement ». 

Pourtant, les recherches menées par Hashiloni-Dolev et Triger ont remis en cause le fondement empirique de la doctrine de la « volonté présumée ». Dans leurs études menées auprès de soldats israéliens, ils ont constaté que la plupart souhaitaient devenir pères, mais pas en leur absence. Une grande majorité de jeunes hommes étaient également consternés à l’idée que leurs parent·es interviennent dans leur reproduction après leur mort, ce que certains qualifiaient de quelque peu incestueux. 

D’autres études ont également révélé que 63% des soldats israéliens de sexe masculin s’opposent à ce que leurs spermatozoïdes soient utilisés à des fins de procréation après leur décès, tandis que la moitié d’entre eux s’opposent même à ce qu’ils soient utilisés par leur partenaire. 

Certain·es défenseur·e·s du PMSR ont insisté pour que la question du consentement soit résolue par la création d’une banque de sperme militaire ou en demandant aux soldats de signer des formulaires leur permettant de refuser le PMSR en cas de décès. Mais l’armée s’est opposée à ces propositions ; selon Triger, les responsables militaires estimaient que demander à des soldats de 18 ans de « penser à la mort » nuirait au moral des troupes. 

Hashiloni-Dolev se demande si un formulaire pourrait constituer un consentement valable en premier lieu. « C’est la même logique que d’envoyer des jeunes de 18 ans à la guerre », a-t-elle fait valoir. « Que savent-ils du fait de vouloir recourir au PMSR ? Les questions qui leur sont posées n’ont aucun sens ; le consentement est ici une notion abstraite. Ceux qui disent oui veulent simplement éviter que leurs parent·es soient tristes. » 

Depuis l’adoption de la mesure d’urgence après le 7 octobre, des débats animés ont eu lieu à la Knesset au sujet d’une législation visant à réglementer officiellement les PMSR. Parmi les propositions à l’étude figure un système permettant aux soldats d’enregistrer leurs volontés à l’avance, ce qui pourrait également autoriser l’utilisation de sperme à des fins de FIV sans qu’il soit nécessaire d’obtenir l’autorisation d’un tribunal. 

Les témoignages des parent·es endeuillé·es ont particulièrement mis en évidence l’intensité des passions autour de cette question. Évoquant son fils lors d’une série d’auditions, Nitza Shmueli a déclaré aux législateurs/législatrices : « Si je pouvais voler du sperme et aller en prison pour cela, j’accepterais sans hésiter une peine à perpétuité. » 

Une autre mère a déclaré : « Vous savez tous que c’est grâce à notre perte et au sang de nos enfants que vous pouvez vivre dans ce pays ». Un père s’en est pris aux législateurs/législatrices qui s’opposaient au projet de loi, en criant : « Allez à Gaza avec un mégaphone et dites aux soldats que s’ils meurent, ils n’auront pas de descendance. » 

« Ce projet de loi n’a pas été adopté à la Knesset parce que les partis religieux l’ont bloqué », a fait remarquer Hashiloni-Dolev. « Dans le judaïsme, il existe des lois contre la nécrophilie ; avec le PMSR, on tire une sorte de satisfaction d’un cadavre et cela concerne les organes sexuels. Bien sûr, ils n’ont pas non plus d’enfants qui meurent en tant que soldats. » 

Pour Lavi, cette impasse reflète une divergence plus profonde parmi les Juifs/Juives israélien·nes quant au caractère définitif de la mort. « Dans le sionisme libéral et religieux, surmonter la mort et le deuil devient une mission, tandis que dans la tradition haredi, on observe une acceptation tragique de la volonté de Dieu », a-t-il fait valoir. 

Pour Lavi, tout ce débat recèle une ironie encore plus profonde. « La normalisation du PMSR déconstruit le discours officiel ici, qui a toujours été que les Juifs/Juives glorifient la vie et que les Palestinien·nes glorifient la mort et le martyre. Il s’agit là d’une sanctification extrême des morts — c’est un mariage avec les morts. » 

Mme Hacker partage cette préoccupation. « Nous sommes en train de devenir une société morbide qui célèbre la mort de diverses manières, au lieu de célébrer la vie », a-t-elle déploré. « Je m’inquiète pour les jeunes veuves et les compagnes de soldats tués qui subissent des pressions de la part des familles des défunts pour qu’elles recourent à la FIV avec le sperme prélevé, au lieu de commencer une nouvelle vie tant qu’elles le peuvent encore. » 

Quand les enfants deviennent des symboles nationaux 

En juin dernier, la Dr Hadas Levy est devenue la première Israélienne, depuis le 7 octobre, à donner naissance à un enfant conçu par PMSR. « Jusqu’à la naissance du bébé, je pleurais encore Netanel », a-t-elle déclaré au Times of Israel, en référence à son fiancé tué à Gaza en décembre 2023. « Et maintenant, je peux me réveiller le matin et ressentir de la joie. » 

Alors que de plus en plus de familles demandent l’autorisation d’utiliser le sperme de soldats tués depuis le 7 octobre, de plus en plus d’enfants israélien·nes sont susceptibles d’être conçu·es de cette manière. Mais qu’adviendra-t-il de ces demi-orphelin·es, conçu·es dans le cadre d’un projet reproductif national et né·es en tant que symboles de la « continuité juive » ?

« Certains groupes [lors des débats à la Knesset] craignaient que les enfants ne soient objectivés et ne deviennent un mémorial », a expliqué M. Triger. Il a évoqué la littérature psychanalytique datant des années 1960 sur la notion controversée d’« enfant de remplacement » — un enfant conçu après la perte d’un autre enfant, qui peut avoir du mal à se forger une identité distincte de celle du frère ou de la sœur qu’il est censé remplacer. 

« L’idée qu’un enfant puisse servir de mémorial n’est donc pas nouvelle », a déclaré Triger. « Mais dans ces cas-là, il s’agissait d’une démarche privée ; dans le cas du PMSR, il faut recourir à la technologie et obtenir une autorisation judiciaire, [et] cette démarche est soutenue par le système. » 

Si le bien-être des enfants conçus par PMSR fait l’objet de peu de débats publics en Israël, le rôle de la mère dans ce projet de deuil national est lui aussi souvent négligé, considéré comme secondaire par rapport à la continuité de la lignée du soldat tué. Le prélèvement de sperme centre la lignée masculine, tandis que les femmes — veuves, compagnes, mères porteuses ou femmes qui n’ont jamais connu le soldat — assument le fardeau pratique, physique et émotionnel de la perpétuer. 

Comme l’a fait valoir Mme Hacker, la conception de la paternité défendue par le PMSR est profondément patriarcale. « La paternité est un rôle volontaire dont le but est de perpétuer sa lignée génétique. La maternité est une obligation. Cela réduit à néant tout ce pour quoi les féministes se sont battues pendant des décennies et cela nuit aux mères, aux enfants, mais aussi aux pères ». 

« Je ne pense pas que les personnes devraient avoir le droit de donner la vie sans être présents et sans être en mesure de s’occuper de leurs futurs enfants », a-t-elle ajouté. 

Pour l’instant, la société israélienne avance plus vite vers la normalisation du PMSR que ne le permettent les cadres juridiques et éthiques. Et tant que le consensus général sur la guerre éternelle restera intact, il est peu probable qu’une véritable réflexion morale s’engage sur la manière dont le prélèvement posthume de sperme contribue à maintenir un tel statu quo militariste. 

« La société israélienne et l’État ont négligé de se pencher sur la tragédie de la guerre, sur la manière de gérer le deuil, sur la manière d’éviter la mort. C’est tragique que nous en soyons arrivés là », a déclaré Triger. « Je ne juge pas les familles : je ne me suis jamais trouvé dans cette situation et j’espère ne jamais y être confronté » — un sentiment que toustes les expert·es interrogé·es par +972 ont également souligné. « Ma critique s’adresse à l’État. Je pense que créer l’illusion que la mort n’est pas la fin est un mécanisme qui justifie la guerre perpétuelle. » 


Nathalie Rozanes est une comédienne, autrice et créatrice de spectacles originaire de Bruxelles, qui vit actuellement à Jaffa-Tel-Aviv.


Traduit par DE

 

[photo : DW (YT) - reproduit sur https://entreleslignesentrelesmots.wordpress.com]