Del auge fordista al neoliberalismo tardío, Mixing Pop and Politics [mezclando pop y política] de Toby Manning explora cómo la música pop anglófona se convirtió en escenario de luchas sociales y disputas ideológicas. Entre mercancía y utopía, rebelión y cooptación, el pop emerge como archivo vivo de contradicciones históricas, capaz de preservar deseos radicales incluso bajo el peso del capital.
Escrito por Mirko M. Hall
Mixing Pop and Politics [mezclando pop y política] de Toby Manning (Routledge, 2023) es una ambiciosa y electrizante historia cultural marxista de la música popular anglófona durante los últimos 70 años. Desde el auge fordista de posguerra hasta los escombros del neoliberalismo tardío, este libro explora cómo la música refuerza y a la vez resiste las estructuras económicas, políticas y sociales dominantes de su tiempo. Manning afirma de forma convincente que incluso el pop comercial –pese a su cooptación por el capitalismo corporativo y las fuerzas conservadoras– sigue siendo un registro revolucionario de la memoria histórica y los anhelos utópicos.
Haciendo uso de un conjunto de herramientas conceptuales tomadas de Karl Marx, las escuelas de Fráncfort y Birmingham y otros, Mixing Pop and Politics trata la música como una experiencia vivida, en la que clase, género, raza e identidad juvenil se negocian dentro del sonido mismo. Manning escribe de manera explícita «una historia marxista de la música popular, no una historia de la música popular marxista». Del doo-wop al disco, del punk al hip hop y del grunge al rap consciente, ofrece una embriagadora mezcla de teoría cultural y estudios sobre música popular, sintetizando teoría crítica, economía política e historia de la música.
Manning es un periodista musical e historiador de la cultura residente en Londres. Su amplia producción sobre cultura y música pop –en medios como The Guardian, The Independent, NME, The New Statesman y The Quietus– aporta un importante nivel de experiencia y credibilidad a este proyecto. Su prosa vívida y su entusiasmo polémico hacen que leer este texto sea un verdadero placer.
Organizado en 13 capítulos –más una introducción teórica y un epílogo–, el libro recorre las transformaciones de la música pop a lo largo de distintas épocas: desde el rock ’n’ roll en la década de 1950 a la estética poscrisis de la década de 2020. En lugar de seguir una cronología estricta, cada capítulo de centra en los momentos de ruptura, cuando surgen nuevas formas musicales y contenidos líricos como inscripciones de la lucha histórica. En este contexto, por ejemplo, el rock aparece como rebelión y también como cooptación; la música disco, como liberación y mercantilización; y el hip hop, como resistencia y espectáculo. Manning se focaliza exclusivamente en canciones que llegaron a los ránkings de éxitos en el Reino Unido y Estados Unidos. Evita el análisis habitual de los grandes éxitos del pop y ofrece, en su lugar, una historia cautivadora del poder del sonido para alterar el statu quo cultural.
El marco teórico marxista del libro se basa en orientaciones críticas como la Escuela de Fráncfort (Theodor W. Adorno, Walter Benjamin, Herbert Marcuse), la Escuela de Birmingham (Stuart Hall) y la nueva musicología (Simon Frith), junto con pensadores claves como Raymond Williams, Fredric Jameson y Mark Fisher. Esta síntesis creativa entiende la música como un archivo afectivo de tensiones sociales que transmite energía cultural revolucionaria y formas emergentes de conciencia, mucho más allá de su inexorable mercantilización. Ofrece un «nuevo mundo (…) de deseos y esperanzas». Para Manning, la música popular no es solo un entretenimiento tonto o un estilo superficial, sino más bien un poderoso espacio de creatividad cultural, crítica y resistencia. Mientras rechaza los enfoques apolíticos y esteticistas que reducen el pop a un consumo pasivo, percibe la música como un espacio en disputa de «represión y rechazo» que «mezcla y remezcla continuamente la historia» al servicio de la libertad humana. A través de la lectura atenta de las letras, las sonoridades y los modos de producción y circulación, Manning revela cómo el pop puede naturalizar las ideologías dominantes, al mismo tiempo que crea nuevos espacios de significado contrahegemónico. Aun bajo presiones capitalistas, la música continúa siendo una práctica para la transformación crítica.
Lo que es central en el argumento del libro es la naturaleza dialéctica de la música: un «tira y afloja entre el producto y el afecto, la ideología dominante y el imaginario popular, el consentimiento y el rechazo». Géneros como la new wave y el synth pop, por ejemplo, reflejan la alienación emocional de la era posfordista, al tiempo que articulan una renovada esperanza en futuros aún por concretar. Este modelo le permite a Manning moverse más allá de la crítica musical más tradicional para mostrar cómo las canciones y los géneros revelan el sustrato utópico de la sociedad capitalista. Esta dinámica influye en el compromiso de Manning con una renovada teoría de la «hauntología», la creencia de que la música es una forma espectral que resuena con los sueños derrotados de los pasados políticos. Aun si la «política radical de un periodo es derrotada, su música permanece irreprimible, un recurso a través del cual podemos volver a acceder a sus esperanzas radicales». El poder último de la música reside en su capacidad de despertar las carencias, deseos y aspiraciones humanas insatisfechas. Es «total, feliz y antagónicamente política».
Dos espectros habitan Mixing Pop and Politics, uno reconocido, el otro no. En primer lugar, el libro se basa en el famoso debate entre Adorno y Benjamin de fines de la década de 1930 sobre la reconversión de las técnicas productivas del mercado en un valor de uso revolucionario. En segundo lugar, sus argumentos recuerdan el trabajo pionero del musicólogo de Alemania Oriental Peter Wicke. Aunque no se lo menciona, Wicke exploró la música pop a través del prisma del materialismo histórico como una práctica socialmente arraigada vinculada a la lucha ideológica.
En cada uno de los 13 capítulos, Manning rastrea el desarrollo de la música pop a lo largo de importantes líneas de falla económicas, sociales y políticas. Comienza en la década de 1950, cuando surgieron el rock ’n’ roll y el doo-wop en medio de la segregación racial y el consumismo fordista. La expresión de rebelión juvenil de ambos géneros fue rápidamente suavizada por versiones interpretadas por artistas blancos. En la década de 1960, el folk de protesta, el soul y la psicodelia transmitían ideales antirracistas, anticapitalistas y sexualmente ambiguos, pero pronto fueron absorbidos por el espectáculo comercial. La década de 1970 expandió esta tensión: el glam se burló de las normas elitistas a través del juego de géneros; el funk le dio voz a la lucha política de los negros; el punk canalizó la postura desafiante de la clase trabajadora; y la música disco ofreció la liberación queer, aunque todas eventualmente se mercantilizaron o fueron atacadas. En las décadas de 1980 y 1990 estas contradicciones se profundizaron. Mientras el pop convencional celebraba la productividad y el individualismo, el hip hop y el grunge sostenían energías radicales a través de expresiones de alienación, rabia y solidaridad fugaz. En los 2000, en medio de crisis globales, el pop promovió la resiliencia neoliberal, mientras que el indie feminista y el rap consciente forjaron nuevos modos de disenso cultural.
El análisis de Manning sobre las contradicciones sociales de la música pop es fascinante. Desentraña cuidadosamente cómo los gestos performativos de un género son sintomáticos de su entorno histórico y político concreto. En este punto su estudio constituye una introducción sorprendentemente versátil a la historia (occidental) de la posguerra, algo similar a lo que sucede con A Marxist History of the World [una historia marxista del mundo], de Neil Faulkner. Manning destaca sistemáticamente la clase, el género y la raza como elementos centrales de la política de la música popular, sin reducir el sonido a una mera identidad.
Es posible que los lectores en general deseen explicaciones teóricas más detalladas, en especial si no están familiarizados con la terminología y los conceptos marxistas. El foco de Manning en las listas de éxitos a veces puede pasar por alto géneros musicales no convencionales que también han desempeñado un papel crucial en la expresión política. Si bien se abordan el género y la sexualidad –en especial en los capítulos sobre el glam rock, el funk/soul y el hip hop–, algunos lectores pueden desear un compromiso más profundo con la teoría feminista y queer.
Manning no lee únicamente las canciones en su aspecto político, sino también en su estética sonora y los afectos encarnados, lo que Raymond Williams llamaría sus «estructuras de sentimiento». Sintoniza con el modo en que suena la música: cómo el groove, la distorsión o el timbre energizan el cuerpo, expresan contradicciones sociales y transmiten aspiraciones humanas insatisfechas. Por ejemplo, su lectura de cómo el Auto-Tune refleja la chatura emocional de los programas de austeridad del nuevo milenio es reveladora. El enfoque general de Manning no es el de una mera historia cultural con banda sonora, sino un intento serio de teorizar el sonido como memoria histórica.
La herramienta interpretativa más convincente del libro es el concepto de hauntología utilizado por el teórico de los medios Mark Fisher: la sensación de que el presente está habitado por visiones pasadas acerca del futuro. En deuda con Walter Benjamin, Ernst Bloch y Jacques Derrida, una hauntología sonora entiende la música pop –en especial las canciones que evocan una estética retro o una familiaridad extraña– como «siempre apuntando hacia el futuro, hacia la utopía». Estos rastros hacen algo más que señalar el pasado: reaniman promesas utópicas aletargadas. La música se convierte no solo en un diagnóstico de un momento histórico, sino también en una forma silenciosa de esperanza política, el anhelo de algo que está más allá del sistema vigente. Está cargada de lo que Benjamin llamó un «débil poder mesiánico»: la capacidad de reimaginar alternativas emancipadoras.
Los lectores contemporáneos pueden ajustar esta lente hauntológica expandiendo el breve análisis de Manning de Born in the USA, de Bruce Springsteen (1984). El álbum llora la derrota de la clase trabajadora, aunque su producción «con aires de himno triunfalista» diera pie a interpretaciones nacionalistas erróneas. Él considera que la música de Springsteen está atravesada por la pérdida de la democracia social y ofrece una escasa visión revolucionaria. Aun así, permanece «cargada de una pérdida» que preserva la promesa de solidaridad de la clase trabajadora. La reciente gira Land of Hope and Dreams [tierra de esperanza y sueños] de Springsteen (2023-2025) reactivó estos impulsos. Su oposición abierta a la política MAGA [Make America Great Again] reconfigura estas canciones tempranas transformando la nostalgia en un llamado a la comunidad actual y la perseverancia.
Mixing Pop and Politics es un libro voluminoso de casi 600 páginas. El texto avanza movido por un impulso urgente de nombrar y conectar el mayor número de artistas, canciones y estilos posibles, a veces hasta una docena por página. El resultado es un flujo turbulento que refleja el propio flujo inestable del pop. Y si bien esta elección produce destellos de una genuina perspicacia dialéctica, también puede frustrar a aquellos lectores que buscan un análisis más fundamentado. Pero justamente esta energía puede ser un gesto político. Como si anticipara la borradura cultural en nuestras épocas oscuras, Manning se apresura a preservar el archivo de resistencia del pop antes de que pueda ser más destruido. Como nos recuerda Benjamin, el «estado de emergencia» no es la excepción sino la regla.
En una era de estancamiento neoliberal y distopía gestionada, Manning sostiene que la historia (aunque desordenada y no resuelta) permanece radicalmente abierta. La posición contradictoria de la música pop –enredada con el capital, aunque atravesada por un potencial emancipatorio– le permite funcionar como un archivo vivo de la memoria, la resistencia y la promesa. Trabajando contra la desesperanza cultural, Manning ofrece a los lectores un remix marxista esperanzador: materialista y utópica a la vez, la música sigue siendo una prefiguración infinitamente perfectible de la esperanza. Es un recurso para «inspirarnos e incitar a que nos abramos camino hacia el futuro, un futuro sin alienación, sin inhibiciones, libre».
Nota: la
versión original de este artículo, en inglés, se publicó en Marx & Philosophy Review of Books el
7/9/2025 y está disponible aquí. Traducción: María Alejandra
Cucchi
[Fuente: www.nuso.org]

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