sábado, 7 de fevereiro de 2026

Portugal vota a la francesa, con la nariz tapada

Mucha gente votará por el Macron de turno –el centrista António José Seguro– como profiláctico contra una extrema derecha inflada por la insatisfacción generalizada con el sistema 

Cartel electoral medio arrancado de Jorge Pinto, el candidato de Livre a las elecciones portuguesas. / D. L.

 Escrito por David Lloberas  

Las presidenciales más reñidas y concurridas de los últimos 40 años han zarandeado la derecha portuguesa, y lo que queda de la izquierda parlamentaria. Desde las últimas elecciones legislativas, hace medio año que el país vive en un escenario electoral de tres tercios: uno para los restos de la izquierda (BE, PCP y Livre) junto con el socioliberal Partido Socialista (PS), otro para la derecha tradicional (PSD y CDS), y un tercero para la nueva derecha populista (Chega e IL). Este domingo tendremos un duelo “a la francesa” para elegir presidente de la República: un apestado del PS contra el líder de la extrema derecha

¿De dónde venimos?    

El escrutinio de la primera vuelta (18 de enero) dejó un escenario inesperado, dado que las encuestas daban una muy corta distancia entre los cinco candidatos con posibilidades de llegar a la cita de este domingo. Por un lado, el reaparecido António José Seguro (30 %) ha hecho realidad el meme de do nothing, win. Este antiguo líder centrista del PS ha visto pasar la última década en el banquillo después de haber perdido unas primarias abiertas contra António Costa en 2014, quien un año después llegaría al poder mediante un acuerdo parlamentario con la izquierda (BE y PCP), popularizado como Geringonça. Por otro lado, el malabarista del trumpismo luso, André Ventura (24 %), ha aprovechado una vez más una contienda electoral para reforzar su omnipresencia en el espacio mediático y discursivo de la vida política del país.

Las tres restantes figuras que aspiraban a llegar a una segunda vuelta se disputaban un electorado del llamado campo de la “derecha democrática”. A pesar de no conseguir su objetivo, el gran vencedor de la noche fue el actual eurodiputado de Iniciativa Liberal, Cotrim Figueiredo (16 %), que ha doblado los votos que su partido ha ido teniendo durante este ciclo electoral. Asimismo, uno de los principales derrotados ha sido el almirante Gouveia e Melo (12 %), encumbrado mediáticamente tras haber liderado el proceso de vacunación durante la pandemia de covid, por encargo del entonces primer ministro y actual presidente del Consejo Europeo, António Costa.  

Ciertamente puede parecer complicado para el almirante haber liderado las encuestas durante meses, y que a la hora de la verdad su perfil independiente y supuestamente conciliador no haya conseguido permear con la fuerza esperada entre los electorados vinculados a las dos fuerzas de un bipartidismo en decadencia, PS y PSD. Sin embargo, la derrota más humillante de la noche se la llevó Marques Mendes (11 %), y colateralmente el primer ministro Luís Montenegro (PSD), quienes apoyaron explícitamente al candidato. Parece no haber servido de gran cosa estar más de una década preparándose para la ocasión como comentarista y tertuliano televisivo, la misma fórmula que siguió en su día el presidente saliente Marcelo Rebelo de Sousa, también vinculado al PSD.   

Un análisis picadito    

Sin embarrarnos en un constante impresionismo sobre la presencia de la extrema derecha en las papeletas de la segunda vuelta, algo sin duda difícil de imaginar hace tan solo cinco años, estas elecciones han arrojado luz sobre algunos aspectos. En primer lugar, hay que destacar la fragilidad del gobierno, pues esta cuarta posición para un candidato apoyado por los partidos gobernantes (PSD y CDS) representa un duro revés, precisamente un mes después de que la primera huelga general desde 2013 consiguiera paralizar muchos sectores de la economía. En segundo lugar, detrás del escuálido resultado de los candidatos de la izquierda (BE, PCP y Livre) que juntos no sumarían ni un 5 %, hay una importante masa crítica progresista que, dada la falta de una figura unitaria de la izquierda y la posibilidad de un 8 de febrero con dos candidatos derechistas, ha optado por apoyar a Seguro como mal menor.

Y precisamente, aquí surge el tercer punto de análisis, la crisis del bipartidismo. A un Seguro explícitamente centrista, ha tenido que ser la izquierda quien le haga los deberes, como tantas veces en contextos de avance de la extrema derecha. Las causas de su victoria el 18 de enero fueron ajenas a él mismo, ya fuese por la pluralidad de candidatos de derecha, por la debilidad del gobierno, o por la subordinación de la izquierda. Ganar sin haber hecho nada, sin ser especialmente valorado o reconocido.   

Aunque previsiblemente este vaya a ser el próximo presidente de la República, el PS no puede estar de celebración. Este episodio recuerda a cuando el PS, con el discurso de “que viene el lobo”, consiguió una insólita mayoría absoluta en las legislativas de 2022. Fue un gigante con pies de barro, ya que tres años y dos elecciones después se quedó solo con la mitad de la representación, quedando por detrás de PSD y empatado con Chega.   

Finalmente, vamos a lo que interesa a los más morbosos, en el sentido literal de la palabra: ¡un tipo que se dedica a convertir cualquier debate en una conversación de bar, y cuyo partido vende camisetas hechas en Bangladesh con el eslogan “isto não é o Bangladesh” ha sacado muchos votos y en segunda vuelta volverá a estar en las papeletas! Realmente hay que reconocer que André Ventura ha sacudido la política portuguesa, consiguiendo normalizar socialmente todo aquello que años atrás parecería marciano y condicionando las propias medidas del gobierno. Todo ello mediante la técnica de la victimización y matonismo políticos al mismo tiempo, al más puro estilo Cs durante el proceso de autodeterminación de Cataluña… para que nos suene familiar. 

8 de febrero, ¿podemos estar tranquilos?  

En Portugal la presidencia de la República, a pesar de carecer de competencias ejecutivas, no tiene un papel meramente representativo, sino que decide a quién se encarga formar gobierno en base a los equilibrios parlamentarios y puede vetar leyes y devolverlas a la Assembleia da República. Estos poderes, junto con los dos tercios del Parlamento que la derecha controla por primera vez, podrían facilitar eventuales revisiones a una Constitución pervertida desde hace ya décadas, pero que todavía mantiene un simbólico preámbulo*. Sin embargo, la ambición de André Ventura es llegar a jefe de Gobierno, no de Estado. Lo mismo que ocurrió durante la dictadura del Estado Novo, Salazar y después Caetano, que siempre prefirieron ser presidentes do conselho (primeros ministros).   

Vista la distribución de apoyos implícitos y explícitos, no se auguran sorpresas con los resultados. Sin embargo, el líder de Chega continúa aprovechando la exposición mediática y los destrozos de la borrasca Kristin –que ha dejado miles de casas destrozadas y numerosas localidades sin electricidad–, para seguir con su estrategia de impugnación del statu quo del que él mismo procede, concretamente del PSD, partido por el que en 2017 se presentó a la alcaldía de Loures, en la periferia lisboeta, con una campaña que acabó trascendiendo los límites municipales, precisamente por su discurso discriminatorio contra los gitanos. 

No se puede hablar de statu quo establishment sin mencionar a António José Seguro, líder del PS durante los duros años de la Troika, quien promovió una política de conciliación con el gobierno de la austeridad de Passos Coelho (PSD-CDS). Mediante abstenciones innecesarias en presupuestos, ya que se trataba de un gobierno en mayoría, el PS de ese momento se convirtió en un colaborador voluntario de los mayores recortes al estado del bienestar, tangible todavía hoy en día, con unos servicios públicos cada vez más degradados. 

Aunque esta hoja de servicio le valió a Seguro muchas enemistades en el seno de su propio partido, patentes aún hoy por la falta de entusiasmo de diversas figuras con su candidatura, también le ha traído estos últimos días una lluvia de apoyos de la derecha parlamentaria, a excepción del primer ministro, Luís Montenegro (PSD).   

Seremos testigos, pues, de las enésimas presidenciales “a la francesa”, en las que mucha gente se acabará viendo obligada a votar por el Macron de turno como profiláctico contra una extrema derecha inflada por la insatisfacción generalizada con el sistema, que la izquierda no está sabiendo capitalizar.

* “[…] A Assembleia Constituinte afirma a decisão do povo português de defender a independência nacional, de garantir os direitos fundamentais dos cidadãos, de estabelecer os princípios basilares da democracia, de assegurar o primado do Estado de Direito democrático e de abrir caminho para uma sociedade socialista, no respeito da vontade do povo português, tendo em vista a construção de um país mais livre, mais justo e mais fraterno”.

[Fuente: www.ctxt.es]

 

 

 


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