domingo, 8 de fevereiro de 2026

El vagabund de Valparaíso i els seus miracles visuals

 


Escrit per Carles Domenec

Sergio Larrain (1931 – 2012) va fer aquesta fotografia al voltant de l’any 1952 a Valparaíso (Xile). En concret, la va fer al passatge Bavestrello, en una estreta i inclinada escala que connecta dos carrers dels turons de la ciutat. La imatge ha esdevingut un lloc de peregrinació dels aficionats a la fotografia. S’hi veu la llum vertical, les dues nines en la mateixa posició i separades uns metres de distància, la composició de les ombres, la poètica d’una escena quotidiana, l’ambient sòrdid i romàntic, la geometria de l’espai…


Larrain prenia les seves fotografies de forma ràpida i discreta, sense interactuar amb els subjectes que retratava, però sabem que va passar molt de temps al passatge Bavestrello, esperant la llum perfecta. S’ha dit d’aquesta imatge, com d’altres de Larrain, que són exemples d’estat de gràcia visual, una mena d’aparicions i que es concentrava més en la geometria que en l’acció. Ell assegurava que, per obtenir una bona imatge, el fotògraf havia d’estar lliure de convencions, com si fos un nin quan descobreix la realitat. 

Fill d’una família de l’altra burgesia xilena, Larrain fou el primer llatinoamericà que entrà a l’agència Magnum. Ho va fer a través d’Henri Cartier-Bresson, impressionat per la seva sèrie de Valparaíso i dels nins del riu Mapocho, quan el xilè va mostrar al francès el seu treball durant un viatge a Europa. 

Larrain pensava que un fotògraf havia de sortir a fer fotos sense rumb ni idees preconcebudes, deixant-se endur per l’atzar i que fos la realitat la que ordenés, ella sola, el que es mirava pel visor. Larrain es retirà de la vida pública als anys setanta a viure en un poble de Tulahuén, quan més èxit tenia com a fotògraf, per dedicar-se a la meditació, el ioga i l’escriptura. En una carta al seu nebot, que esdevingué amb el temps un manifest sobre fotografia, li contava que “era important que seguís el que volgués, el que s’estimava, i que només havia de perseguir el seu propi gust”. 

Aquesta foto forma part de l’exposició “Sergio Larrain. El vagabund de Valparaíso”, que es pot veure a Fotocolectània de Barcelona fins al 24 de maig i que reuneix unes 80 instantànies realitzades a Xile. Es podrà veure de l’1 d’agost al 18 d’octubre a la Biennal de Fotografia Xavier Miserachs de Palafrugell. 

Carta de Sergio Larrain a su sobrino fotógrafo (1982)

«Miércoles. Lo primero de todo es tener una máquina que a uno le guste, la que más le guste a uno, porque se trata de estar contento con el cuerpo, con lo que uno tiene en las manos y el instrumento es clave para el que hace un oficio, y que sea el mínimo, lo indispensable y nada más. Segundo, tener una ampliadora a su gusto, la más rica y simple posible (en 35 mm. la más chica que fabrica LEITZ es la mejor, te dura para toda la vida).

El juego es partir a la aventura, como un velero, soltar velas. Ir a Valparaiso, o a Chiloé, por las calles todo el día, vagar y vagar por partes desconocidas, y sentarse cuando uno está cansado bajo un árbol, comprar un plátano o unos panes y así tomar un tren, ir a una parte que a uno le tinque, y mirar, dibujar también, y mirar. Salirse del mundo conocido, entrar en lo que nunca has visto, DEJARSE LLEVAR por el gusto, mucho ir de una parte a otra, por donde te vaya tincando. De a poco vas encontrando cosas y te van viniendo imágenes, como apariciones las tomas.

Luego que has vuelto a la casa, revelas, copias y empiezas a mirar lo que has pescado, todos los peces, y los pones con su scotch al muro, los copias en hojitas tamaño postal y los miras. Después empiezas a jugar con las L, a buscar cortes, a encuadrar, y vas aprendiendo composición, geometría. Van encuadrando perfecto con las L y amplias lo que has encuadrado y lo dejas en la pared. Así vas mirando, para ir viendo. Cuando se te hace seguro que una foto es mala, al canasto al tiro. La mejor las subes un poco más alto en la pared, al final guardas las buenas y nada más (guardar lo mediocre te estanca en lo mediocre). En el tope nada más lo que se guarda, todo lo demás se bota, porque uno carga en la psiquis todo lo que retiene.

Luego haces gimnasia, te entretienes en otras cosas y no te preocupas más. Empiezas a mirar el trabajo de otros fotógrafos y a buscar lo bueno en todo lo que encuentres: libros, revistas, etc. y sacas lo mejor, y si puedes recortar, sacas lo bueno y lo vas pegando en la pared al lado de lo tuyo, y si no puedes recortar, abres el libro o las revistas en las páginas de las cosas buenas y lo dejas abierto en exposición. Luego lo dejas semanas, meses, mientras te dé, uno se demora mucho en ver, pero poco a poco se te va entregando el secreto y vas viendo lo que es bueno y la profundidad de cada cosa.

Sigues viviendo tranquilo, dibujas un poco, sales a pasear y nunca fuerces la salida a tomar fotos, por que se pierde la poesía, la vida que ello tiene se enferma, es como forzar el amor o la amistad, no se puede. Cuando te vuelva a nacer, puede partir en otro viaje, otro vagabundeo: a Puerto Aguirre, puedes bajar el Baker a caballo hasta los ventisqueros desde Aysén; Valparaiso siempre es una maravilla, es perderse en la magia, perderse unos días dándose vueltas por los cerros y calles y durmiendo en el saco de dormir en algún lado en la noche, y muy metido en la realidad, como nadando bajo el agua, que nada te distrae, nada convencional. Te dejas llevar por las alpargatas lentito, como si estuvieras curado por el gusto de mirar, canturreando, y lo que vaya apareciendo lo vas fotografiando ya con más cuidado, algo has aprendido a componer y recortar, ya lo haces con la máquina, y así se sigue, se llena de peces la carreta y vuelves a casa. Aprendes foco, diafragma, primer plano, saturación, velocidad, etc. aprendes a jugar con la máquina y sus posibilidades, y vas juntando poesía (lo tuyo y lo de otros), toma todo lo bueno que encuentres, bueno de los otros. Hazte una colección de cosas óptimas, un museito en una carpeta.

Sigue lo que es tu gusto y nada más. No le creas más que a tu gusto, tu eres la vida y la vida es la que se escoge. Lo que no te guste a ti, no lo veas, no sirve. Tu eres el único criterio, pero ve de todos los demás. Vas aprendiendo, cuando tengas una foto realmente buena, las amplias, haces una pequeña exposición o un librito, lo mandas a empastar y con eso vas estableciendo un piso, al mostrarla te ubicas de lo que son, según lo veas frente a los demás, ahí lo sientes. Hacer una exposición es dar algo, como dar de comer, es bueno para los demás que se les muestre algo hecho con trabajo y gusto. No es lucirse uno, hace bien, es sano para todos y a ti te hace bien porque te va chequeando.

Bueno, con esto tienes para comenzar. Es mucho vagabundeo, estar sentado debajo de un árbol en cualquier parte. Es un andar solo por el universo. Uno nuevamente empieza a mirar, el mundo convencional te pone un biombo, hay que salir de él durante el período de fotografía».


[Imatge: Sergio Larrain - font: www.revistabearn.com]

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