segunda-feira, 1 de janeiro de 2024

Narrar el territorio

'La ciudad sin imágenes' es el primer ensayo de Juan Gallego Benot después de dos celebrados libros de poesía. Es una reflexión sobre la transformación continua de las ciudades, su acumulación de estratos e historia, o la idealización de lo rural a partir de lo urbano.

Las circunstancias derivadas de este problema de reconocimiento —desubicación, confusión de rostros, ejercicios de memoria— se combinan, hasta resultar inseparables, con la argumentación lingüística o estética en torno al potencial significativo y simbólico de diversas imágenes pictóricas, monumentales, arquitectónicas o cinematográficas. Al inicio del libro, por ejemplo, se relata un paseo por la National Gallery y se estudian dos cuadros estrechamente ligados a la noción de ruina. El museo es un espacio que sirve de consuelo al autor porque apenas se ve alterado con el paso del tiempo. El motivo del paseo, con el énfasis puesto en el escenario cambiante, y esa ruina física, histórica y literaria que es eco de la de Benjamin, serán elementos determinantes para el resto del libro.

Aunque quizá la mejor muestra de este vínculo entre lo patológico y lo poético sea el capítulo final, en el que Gallego Benot realiza una fina lectura de varios poemas románticos sobre el campo (Blake, Shelley, Wordsworth) y los vincula con la ensoñación rural tan de moda en la literatura reciente: “Me interesan esos momentos en que la invención del campo se vuelve contradictoria y frágil, aquellos en que la estructura mitologizadora da muestras de agotamiento”. Este estudio breve pero detallado acerca de la visión idealizada de la naturaleza que tiene un urbanita sirve a Gallego Benot para hablar de su propia parálisis ante la saturación de imágenes y símbolos, que desbordan las calles de la ciudad e inundan su escritura haciéndole dudar de la capacidad de abstracción del lenguaje o del recurso a la poesía como forma de escape: “La huida de la urbe no ha evitado que sean los ritmos de la ciudad quienes dirijan el tumulto, por lo que el único acto honesto consiste en colaborar con esos ritmos (…). Mi intento de escapar ha sido frustrado y de ello dan cuenta solo las ruinas que están frente a mí”.

Uno se acerca siempre con reparos a este género híbrido de confesiones y reflexiones, porque es fácil que la cercanía o la escasa profundidad de sus ideas baje del pedestal a autores que de otro modo respetamos. Pienso en lo mucho que me gusta Giacometti y en lo poco que disfruté sus escritos, o en cómo en su día quedé fascinado por las novelas de Blanchot y lo poco relevantes que me parecieron sus ensayos. La ciudad sin imágenes constituye uno de esos pocos ejemplos en los que un poeta salta al ensayo y mantiene su interés y relevancia. Y no solo en lo que respecta a su propia obra o al dibujo de sí mismo que realiza Gallego Benot, sino por ese modelo de lectura que puede aplicarse a otros libros futuros y que intenta dotar a la escritura de autonomía frente toda referencia o metáfora gastada: “La palabra que busco solo basta si su fin último es la destrucción, sin alternativas ni planes futuros, palabras inútiles, irrepresentables, que pierden su deseo de narrar o dibujar un territorio”.

La ciudad sin imágenes

Juan Gallego Benot

La Caja Books

Valencia, 2023, 128 pp.

 

[Fuente: www.letraslibres.com]

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