quinta-feira, 31 de maio de 2018

‘El pisito’ en tiempos de apartamentos turísticos

Cuando nos enfrentamos a una más que posible segunda burbuja inmobiliaria con un encarecimiento de las viviendas tanto en venta pero sobre todo en alquiler, nos detenemos en el clásico ‘El pisito’, dirigida por Marco Ferreri y basada en una novela homónima de Rafael Azcona.

Fotograma de la película ‘El pisito’ con Mari Carrillo y José Luis López Vázquez.

Escrito por Antonio Bazaga

Hace mucho tiempo que los conceptos de vivienda y de hogar son dos de los más estudiados en la historia. Meditados a conciencia desde la ética en la República de Aristóteles, de lo social en la Ilustración, de lo revolucionario en Marx y Engels o lo sociológico de Heidegger, hasta lo jurídico de la Declaración universal de derechos humanos de 1948 y de nuestra Constitución de 1978. Eso sí, coincidiendo, quizás sin proponérselo, en el hecho filosófico –o moral– de que la Humanidad y por tanto el individuo, como suscribió Engels, “por encima de todo tiene que comer, beber, tener una casa y vestirse, antes de hacer política, religión, ciencia, arte, etc”. Una vez conseguidos esos derechos mínimos e inapelables de subsistencia, lo demás puede que entre a formar parte de interpretaciones de otra naturaleza, economicistas, políticas, ideológicas… o como ustedes lo juzguen.

En 1959 el encuentro de dos personajes que con el tiempo se convertirían en dos de los grandes cineastas europeos, Marco Ferreri y Rafael Azcona, supuso la creación de una de las obras maestras del cine español, El Pisito, dirigida como ópera prima de su dilatada carrera por Ferreri, sobre la adaptación de Azcona de una novela propia del mismo título.

Ambientada en el Madrid de los años 50 en la España de Franco, en el que la crisis inmobiliaria arrasa con las ilusiones y necesidades de la mayoría de la población joven, Rodolfo (José Luis López Vázquez) y Petrita (Mari Carrillo), novios durante doce años, solo piensan en casarse, pero un obstáculo se interpone: no tienen un piso donde poder vivir como matrimonio. Desesperados por encontrar el techo en el que vivir su larguísima historia de amor, Rodolfo, empujado por la controladora y poco escrupulosa Petrita, aceptará la idea de casarse con doña Martina (Concha López Silva), la anciana a la que tiene realquilada una habitación y a la que le queda poco tiempo de vida, y de esta forma poder quedarse como inquilino en el piso situado en el centro de Madrid.

El Pisito, disfrazado de comedia neorrealista o de Realismo Grotesco, como lo definiera el realizador italiano, es más un análisis social, antropológico y existencial, inmisericorde, sobre la debilidad a la que la pobreza y sus carencias arrastran a una sociedad.




Entre la miseria es menos difícil dar la espalda a los valores y afrontar la vida desde la conveniencia, sin escrúpulo. La desestimación de lo justo que deriva sin remedio, de manera casi forzosa en la picaresca, tan mediterránea. Una picaresca que con esta gran película da la impresión que hemos entendido mal, ya que parece no enorgullecernos, como creeríamos, comprendiendo que su alegoría es en esencia darnos a conocer la profundidad de la amargura escondida entre las situaciones más hilarantes.

Y de eso no falta en El Pisito; Ferreri retrata a los personajes creados por la pluma de Azcona a través de un montaje deliberadamente enloquecido, con una profundidad de campo en la que aparecen y desaparecen infinidad de personajes que interactúan en segundo plano bajo el velo del absurdo, resaltando aún más la ironía frente a la insatisfacción del protagonista y la falta de generosidad de la que está rodeado. Ferreri juega con toda la artillería posible: la masificación, la debilidad de carácter, el deseo sexual como arma, los sueños frustrados, la falta de reparos, la ironía, la falsa conmiseración.

Hemos de resaltar las grandes interpretaciones, no solo de los protagonistas sino del reparto entero, que cuenta, entre otros, con actores de la talla de María Luisa Ponte, Ángel Álvarez o Chus Lampreave. Ácida, tragicómica, negra, conmovedora, cruel, así es esta película, una de las obras maestras de nuestro cine patrio, tan de ayer como de hoy.

Hoy día, que al parecer volvemos a estar sumergidos (¡otra vez!) en un tifón urbanístico, con bancos que hipnotizan a sus confiados clientes para hipotecarse ante un mercado inmobiliario cada vez más caro, con cada vez menos opciones por las que tomar una alternativa entre la falta de vivienda social, los fondos buitres y el rabioso progreso del llamado apartamento turístico, echarle un vistazo a esta película puede ser un revulsivo que al menos nos haga pensar que no han cambiado tanto las cosas como debieran. Porque dejarse ningunear termina, como en El Pisito, por rendirnos ante la falta de escrúpulos de quien nos rodea.


[Fuente: www.elasombrario.com]

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