segunda-feira, 19 de junho de 2017

«La rumba del piano», por Fito Páez





Hermano de soledad, aquí hoy estamos los dos 
bajo esta luz de rubí, entre esta gente nueva 
Hoy yo te quiero cantar, madera que hablas por mi 
mezcla de yegua y diván, refugio, lengua y fusil. 

Y si me aplauden a mí también te aplauden a vos 
y si me caigo una vez también se cae tu honor. 
Y ya que hablamos de amor, pinceles y monedas 
porque no hablamos de vos, cuerpito blanco y negro. 

Tus cuatro patas piden fiesta, entonces hay que dársela, oh! 
Se va poniendo calentito el aire, pide más y más. 
Claro, se vino la sube la rumba del piano. 
Claro, rumba mamá. 
Claro, claro, claro, se vino la rumba del piano. 
Claro, claro, claro, rumba mamá 

Mi piano sabe de mí, de cigarrillos que queman 
de cables, putas y Dios, y de esa gente que espera. 
El otro día lo vi corriendo atrás de su amor, 
una pianola de azul. muy vieja adulta y sin voz. 
Y se abre como una flor ante un acorde sutil, 
y cierra su corazón si lo abandono en abril. 
Mi piano un poco soy yo, yo soy un poco de él, 
hermanos en la prisión, viajando en un carrousell 

Tus cuatro patas piden fiesta entonces hay que dársela, oh! 
Solo te pido un poco de aire para respirar 
y dejas entrar aquella melodía... 

Claro, se vino la rumba del piano. 
claro, rumba mamá. 
Claro, claro, claro, se vino la rumba del piano. 
Claro, claro, claro, mamá.



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