segunda-feira, 26 de junho de 2017

A 15 años de su asesinato: Maximiliano Kosteki, el artista que no dejaron ser



Contexto NodalCultura
Maximiliano Kosteki y Darío Santillán fueron asesinados el 26 de junio de 2002. Ambos pertenecían al Movimiento de Trabajadores Desocupados Aníbal Verón. Ese día en coordinación con otras organizaciones, iban a cortar cinco accesos rápidos a la ciudad de Buenos Aires, en medio de la mayor crisis económica y social argentina de los últimos 50 años. Más de cinco mil personas manifestaron en reclamo de asistencia social, sanitaria y educativa. La represión policial violenta y desmedida además de los dos asesinatos, implicó a 90 personas heridas, más de 30 de ellas con balas de plomo, y el arresto a otros 150 manifestante
Por Mariano Pacheco
La luna con gatillo/Resumen Latinoamericano


A 15 años de la Masacre de Avellaneda
Pensamos en Kosteki e imaginamos Guernica. Pensamos en Guernica y recordamos a Picasso. Recordamos el Guernica de Picasso y pensamos en los vascos; en los aviones nazis bombardeando la ciudad. Pensamos en Kosteki, pensamos en Guernica, recordamos los aviones nazis, los bombardeos, los cuerpos despedazados, el cuadro. Los cuerpos sobre el tapiz. Los pedazos, las partes que no encajan, la pintura. No encajan pero sí. Pensamos en Kosteki, en el MTD de Guernica, en su militancia y en sus dibujos. Recordamos el ángel piquetero pintado por Maxi. Recordamos una foto, una canción, un dibujo de los republicanos españoles.
Pintado en 1937, el Guernica de Picasso permaneció, por expresa directiva de su autor, cuatro décadas fuera de España. Los años del franquismo. Encargado por el gobierno de la República española, Picasso se puso a pintar. Mientras lo hacía, en 1937, declaró: “… expreso claramente mi repulsión a la casta militar, que ha sumido a España en un océano de dolor”.
Las huellas de los republicanos españoles presentes en Argentina durante los agitados días de diciembre de 2001. Angelus Novus. Un día cualquiera de 1940. Benjamin vierte unas líneas sobre un cuaderno, a propósito del cuadro de Klee. Pretende correr el eje de la discusión al interior del marxismo: la idea de redención, para los trabajadores, no puede estar en el futuro. Deben nutrir su fuerza, dice, de la imagen de los antepasados esclavizados. El pasado como inspiración, no como autoridad.
Enero y febrero de 2002. A Maxi le gusta escribir poemas, dibujar: manos entrelazadas, rostros, escaleras (“hay una rebeldía subyacente en él, un combate hacia el interior de las artes visuales, mucho más sutil que un puño levantado. No era un ilustrador de su ideología”, supo expresar Magdalena Jitrik). También un Guevara, o un Jesús; una serpiente, las puertas del infierno (“que alguien”, dijo el artista plástico León Ferrari, sorprendido, apenas vio los cuadros en la casa de Maxi, después de su muerte, “tan alejado al circuito institucional del arte transitara por caminos similares a quienes tenemos acceso a las galerías”). Alguna vez, un ángel (¿el ángel de la historia?). Lo hace con las dos lapiceras (una roja, otra azul) que su madre, Mabel, le regaló por esos días (y que no dejó de atesorar hasta su muerte). Ella cuenta que también a Maxi le gustaba leer. Mucho del Che, dijo. ¿Y de la guerra civil española? No lo sabemos.
Quien sí escribió sobre los republicanos españoles fue Paul Eluard. “Vuestra muerte va a servir de ejemplo”, escribió en su Victoria de Guernica. Hombres reales para quienes la desesperación alimenta el fuego devorador de la esperanza. Abramos juntos el último brote del porvenir. El porvenir es largo, supo decir el viejo Louis Althusser, ya medio loco. ¡Cuánta razón tenía!
En Kosteki, Guernica aparece como el lugar en el cual va a realizar su militancia. Si bien estudiaba en Lanús (en la Escuela Media con orientación artística N° 15, aunque quería ingresar a la carrera de Bellas Artes) y vivía en Glew (Almirante Brown), no militaba en ninguno de los dos MTD de esos distritos, sino en el de Guernica. Se había incorporado en la actividad del 1° de mayo de 2002. Estaba desocupado y, como muchos, realizaba cada tanto alguna que otra changa, como letrista o cuidador de perros, como alguna vez también lo fue Soledad Rosas, la joven anarquista argentina que murió en una cárcel de Italia. Para el 26 de junio, por lo tanto, Maxi llevaba apenas un mes y medio en el movimiento. Nunca, antes de ese día, había participado de un corte de ruta. Faltaba tan solo una semana para que cumpliera 23 años. Alguna vez vivió en Don Orione, pero nunca se cruzó con Darío Santillán. Sus manos estrechadas serán solo un fugaz instante de presente absoluto.
“Presente de lucha”, según escribió alguna vez Guevara, para que el futuro sea nuestro. Por “prepotencia de trabajo”, si pensamos en Roberto Arlt. “Tarde o temprano”, según las palabras de Evita.
¿Simples frases arrojadas sobre un papel?


[Fuente: www.nodal.am]

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