No vamos a referirnos a los trastornos del humor en el niño o el adolescente ni a la antigua teoría hipocrática de los cuatro elementos -fuego, aire, agua y tierra-, que mediante los cuatro humores -bilis, sangre, flema y melancolía- conducían a los cuatro temperamentos
-colérico, sanguíneo, flemático y melancólico-, teoría que se conservó
hasta el final de la Edad Media. Aunque algo tenga que ver con esos
humores, lo vamos a hacer sobre el humor, esa forma de mostrar, analizar
o explicar la actualidad, la existencia, destacando la situación bufa,
placentera o estrambótica de lo que nos pasa a los seres humanos.
Se le atribuye a Friedrich Nietzsche
(1844-1900) la frase de que “la potencia intelectual de un hombre se
mide por la dosis de humor que es capaz de utilizar”. Viniendo de un
pensador contemporáneo, de los más prestigiosos desde el siglo XIX,
tampoco está nada mal. ¿Lo diría porque el humor te da poder, poder de
espantar hasta los propios fantasmas?, ¿porque deja todo el poder a las endorfinas?
Eran los años 60’ y 70’, Mingote, siempre crítico, facilitaba la poesía. Con él, las dificultades filosóficas marchaban simultáneas a las faenas habituales. Tampoco, Antonio Fraguas, Forges, le iba a la zaga, realizando una grotesca y desgarrada sátira deformante del uso en el lenguaje de los protagonistas de sus viñetas como en su muestra externa, en la que uno siente apreciar generalmente una fisonomía igual, además de estar comunicando la pareja de figurantes una condición que ambos dan por entendida:
El humor es la mejor medicina para el alma…, y para el cuerpo. El humor equilibra el propio ser y a su entorno. Lo mismo que, volviendo a la teoría hipocrática desde la antigüedad a la Edad Media, de un equilibrio entre los cuatro humores citados dependía la salud. Estoy convencido que no solo de la humana, sino de todo ser vivo, así como de que en los mismos temperamentos se presentan transformaciones esenciales y conductuales.
Por eso, es vital la rehabilitación del orden y estabilidad en los humores según la ley natural.
Si no, enfermamos individual y socialmente. Lego en la materia, me
pregunto si esta teoría medieval puede sostenerse ahora. ¿Tanto hemos
cambiado?, ¿tan atrevido fue el sabio griego Hipócrates, padre de la
medicina? Porque ahora sí se da por sentado, ya desde Iván Pávlov, la
relación íntima entre la fisiología y la psicología.
Cómo afectan y se ayudan una buena
salud del alma y una buena salud del cuerpo es un dato probado que nadie
discute. Esa fina correspondencia entre los dos ámbitos llega a
unificar a ambos en uno solo. El élan vital del filósofo francés
Henri Bergson, esa fuerza o impulso vital fruto de la conexión de las
esencias vegetativa y sensible con la entraña racional, debe observar y
desempeñar toda la colección de los papeles anímicos y fisiológicos del
ser humano.
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| El muerto fingido (1902), en la publicación alemana Simplicissimus |
Bien podría, en este sentido, venir a cuento el falso epitafio Perdonen que no me levante
del que se afirmó que presidía la tumba de Groucho Marx, cuando la
realidad es que fue incinerado. Pero también hubiese sido propìo del
genial actor, humorista y escritor.
Si volvemos a Mingote, recuerdo una
viñeta de este maestro del humor en la que en una visita turística a
unas ruinas romanas, le decía una americana toda emperifollada a su
marido: “-No comprendo cómo podían vivir así los antiguos”. No hacían
falta comentarios. Ya estaba todo dicho. La sátira hablaba por sí
sola. Como en la siguiente, en donde podría decirse que las palabras,
en este caso los títulos, pueden salir, y de hecho es así, de las
ocasiones más inopinadas:
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| Chiste publicado en Blanco y Negro |
Además, al ser una constante en el tiempo, podemos ver una
viñeta de tiempo atrás, a la que cambiándole el aspecto de sus
protagonistas, se podría fatalmente actualizar. Es lo que sucedería con
la siguiente:
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| La situación en Italia, Honoré Daumier (1808-1879). Una crítica irónica para un semanario alemán |
Con independencia de no hacer historia del humor desde sus orígenes por falta de espacio y no ser el momento, solo citaré a Aristófanes,
comediógrafo griego, nacido en el siglo V a.C., e importante indicativo
de la vis cómica y anteriormente a las civilizaciones mesopotámicas,
precolombinas o egipcias. En este sentido, Gaya Nuño en La caricatura -Enciclopedia
Rialp- demuestra que se han encontrado papiros en donde se caracterizan
varios animales -el mono, el asno o el león- tocando instrumentos en un
medio pomposo. También se ha hallado un cuadro en el que un gato regala
un loto a una rata que está sentada en el trono.
Así que la historia del humor es larga,
desde que el hombre pone el pie en nuevo planeta habitado sola y
tranquilamente, en silencio, únicamente roto por los bramidos animales y
por el zumbido de los grandes árboles azotados por vientos a veces
huracanados. Desde que su inteligencia quiere decir algo y no lo dice
directamente -aunque a veces sea cómico hacerlo así-, sino dando “a
entender lo contrario de lo que se dice”, que esa era la definición de ‘ironía’,
cuando estudiábamos el bachiller; un poco alicorta, la verdad, porque
¿hasta qué punto cuando el niño le dice a su madre que no ha tomado
azúcar, por ejemplo, y así ha sido, está ironizando?
Hoy, como ayer, como hace milenios, se
sigue haciendo humor. Es difícil ‘reducir’ en una viñeta un pensamiento
que, por escrito, llenaría más de un folio. Muchos, todos los días en los diarios.
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| El autor de cómic Alfons López, censor del establishment, de los grupos dominantes |
El que utiliza la ironía, creo, debe de estar riéndose mucho por dentro,
y no creo que la situación del niño ante la reprimenda sea de risa, más
bien de pánico. O cuando Tráfico te para y te dice el agente con cara
de mus: -¿Es que usted no ha visto la señal de limitación de velocidad? Y una conductora contesta con una risa algo siniestra: -Es que me daba el sol de frente. A su vez, atónito y con cara de pocos amigos, replica la autoridad: -Pero, ¿se ha fijado bien en donde se encuentra ahora mismo el sol? Está a su espalda…
Presa del pánico, le intenta argumentar su desorientación y su risa en medio del espanto: -Ay, perdón, es que me río por culpa de los nervios. Cuando empieza a preparar la retirada del carné, al copiloto le dan unas ganas locas de decirle al sargento: -Póngale otra multa por ponerse nerviosa. Es decir, si dijo lo contrario a la realidad, así, sin más, no es ironía; es culpa de los nervios.
En fin, el humor florece más en las
crisis, y nos ayuda a espantar a los monstruos, a suavizar reacciones
indeseables y a tener buenos hábitos de salud corporal y, sobre todo,
mental. Ríanse amigos, es gratis y es la mejor droga, la mejor terapia.
Yo se lo aseguro, aunque ustedes ya lo sabían. ¿A qué esperamos para
mover los risorios?
El historietista Manel Fontdevila desde muy joven -15 años- comienza su carrera cooperando con colectivos ecologistas y asociaciones de vecinos








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