Nadie conduce el tren de Barajas, y una voz avisa a los pasajeros de que se cierran las puertas
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| Terminal 4 del aeropuerto de Barajas. |
Escrito por ÁLEX GRIJELMO
El tren que une la Terminal 4 con la Terminal Satélite del aeropuerto de Barajas funciona solo, como bien saben los millones de pasajeros que lo han usado desde que se inauguró en febrero de 2006, a razón de varios miles cada jornada, 24 horas por 365 días. Carece de conductor y por tanto de mandos a la vista, y no se descubren en su cabina delantera ni el acelerador ni los frenos.
Los viajeros esperan en el andén unos minutos, el tren llega y abre sus
puertas; y todos suben sin que nadie los reciba. Y el convoy parte raudo hacia
su destino, en un trayecto de algo más de dos kilómetros que dura unos cuatro
minutos.
Una vez terminado el recorrido, la gente sale de los vagones y sigue su
camino a pie hacia el avión, si van; o hacia la salida del aeropuerto, si
vienen.
Nadie conduce el tren, al menos desde su interior. Y una voz grabada
avisa a los pasajeros de que se van a cerrar las puertas y les transmite avisos
de seguridad.
Esa impersonalidad de este transporte ha debido de influir en los
responsables de elaborar los mensajes de la megafonía destinados a los
viajeros. Quizás creyendo que en tales condiciones no se puede usar la primera
persona de un verbo, puesto que nadie se halla dentro del tren para hablar en
nombre de la compañía, las grabaciones anuncian cuando va a terminar el
trayecto: “Se está llegando a la estación”.
Caramba, “se está llegando a la estación”. Una oración impersonal. Una
oración sin sujeto que pretende representar a un montón… de sujetos, que son
quienes están llegando a la estación.
Sin embargo, el resto del audio activado al término del trayecto no
mantiene esa impersonalidad. Porque el mensaje completo dice así: “Se está
llegando a la estación. Por favor, agárrense a las barras. No olvide recoger
sus pertenencias”.
Es decir, de la impersonalidad se pasa al ustedeo: “agárrense”, “no
olvide”. Eso sí, con una incoherencia más: el primer verbo aparece en plural
(“agárrense”) y el segundo en singular (“no olvide”). Por tanto, el viajero
aeroportuario escucha en un solo mensaje de 17 palabras tres posibilidades de
verse señalado en la oración: con un impersonal, con un imperativo en plural y
con un imperativo en singular.
Los verbos impersonales pueden incluir al hablante como agente tácito,
si el contexto permite deducirlo así. Cuando alguien dice “se come mucho jamón
en mi casa”, cabe interpretar que tanto el emisor del mensaje como su familia
participan de ese disfrute. Pero en el caso del tren, el hablante (o sea, la
megafonía) no parece viajar en el vagón, así que la posibilidad de ese
impersonal inclusivo queda desechada. Sí, es cierto que la voz que habla desde
algún sitio también llega con los pasajeros, pero se supone que la persona a
quien corresponda se halla en ese momento vaya usted a saber dónde.
Y como quien llega a la estación no es el emisor, sino cada uno de los
receptores, habría encajado mejor una alternativa con forma personal: “Están
llegando ustedes a la estación”. Pero los responsables del tren no han querido
mojarse: ni "estamos llegando", ni "están llegando". Por
las dudas, se han quedado en tierra de nadie, en la pura impersonalidad.
En fin, querido lector, querida lectora. Este artículo está grabado,
digamos, y usted lo lee ahora. Por tanto, “se está llegando al final de esta
columna”. Ni para usted ni para mí, como en el tren de Barajas.
[Foto: SAMUEL SÁNCHEZ - fuente: www.elpais.com]

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