terça-feira, 20 de junho de 2017

Raquel Tibol, una vida para el arte

Escrito por Antonio Espinoza 

Nacida en Basavilbaso, en la provincia de Entre Ríos, Argentina, el 14 de diciembre de 1923, Raquel Tibol llegó a México el 25 de mayo de 1953 como secretaria de Diego Rivera, a quien conoció en Chile. La joven argentina que quería ser escritora y que incluso había publicado unos años antes un libro de cuentos (Comenzar es la esperanza, Buenos Aires, Botella al Mar, 1950), encontró en México su destino. Aquí inició muy pronto su labor como crítica y cronista del quehacer plástico mexicano. Publicó su primer artículo, una entrevista con el cineasta Luis Buñuel, en el suplemento México en la Cultura del diario Novedades, en noviembre de 1953. Viajó a su país natal en 1954, pero ese mismo año volvió para quedarse definitivamente en nuestro país. En 1957 contrae matrimonio con el destacado escritor, columnista luchador social y promotor de la cultura yiddish, Boris Rosen, considerado el mayor y más tenaz investigador del pensamiento liberal del siglo XIX mexicano. Raquel Tibol se nacionalizó mexicana en 1961. En 2010, el Instituto Nacional de Migración la incluye en el libro “200 mexicanos que nos heredó el mundo” al considerarla como una de las 200 personas mas brillantes que habiendo nacido en un país extranjero hayan dado tanto a nuestro país.

Muralismo y ruptura

Cuando Raquel Tibol llegó a México el muralismo gozaba de buena salud. José Clemente Orozco ya había muerto, pero Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros continuaban produciendo obras importantes. Una segunda generación de muralistas, que convirtió en academia las enseñanzas de los maestros, se encontraba trabajando. Pero en ese tiempo iniciaron su carrera una serie de pintores que rechazaban el arte nacionalista. En 1952 Enrique Echeverría, Alberto Gironella, Vlady, Héctor Xavier y el catalán Josep Bartolí rentaron una casa en la calle de Londres para fundar la Galería Prisse. En ese espacio comenzó la lucha de los jóvenes pintores independientes contra el monopolio de la Escuela Mexicana de Pintura. Pronto entraría a escena José Luis Cuevas para ponerse al frente del movimiento artístico vanguardista.
Etiquetada como defensora del muralismo y enemiga acérrima de las nuevas corrientes, Raquel Tibol rechaza esas acusaciones con el argumento de que desde fines de los años cincuenta empezó a escribir sobre varios de los artistas de la llamada Generación de la Ruptura. Su primer texto sobre Echeverría, por ejemplo, data de 1959. “A mi se me puso la etiqueta de ser una persona que solo escribía de los muralistas, que no miraba otras cosas por un gran prejuicio. Una de las personas que más ha insistido en colgarme ese sambenito ha sido Felguérez, cuando de él he escrito muchísimo. La verdad es que soy una persona con una posición muy abierta con respecto al arte”. Y de su conflictiva relación con José Luis Cuevas, señala: “Yo no he odiado a Cuevas ni él me ha odiado a mi, pero me ha insultado brutalmente. Los insultos más ácidos que se le pueden hacer a una persona han aparecido en sus escritos contra mí”.
Con respecto a lo sucedido la noche del 2 de febrero de 1965 en el Museo de Arte Moderno, durante la entrega de premios a los triunfadores del primer Concurso de Artistas Jóvenes de México, el llamado Salón Esso, en aquella célebre bronca que provocó la decisión del jurado de conceder el primer premio en pintura a Fernando García Ponce, Raquel Tibol afirma que el pintor Benito Messeguer inició el pleito, alegando que el jurado lo había despojado del premio. Por ello, considera maniquea la visión tradicional que se tiene sobre la época en torno a dos grupos de artistas radicalmente antagónicos: nacionalistas trasnochados y jóvenes progresistas. “Los muralistas no fueron gente cerrada, de un nacionalismo provinciano. Su nacionalismo fue consecuencia de la situación histórica, cultural e ideológica del país. Fue demasiado esquemática la crítica de este grupo de artistas jóvenes hacia los muralistas”.
Los partidarios del nacionalismo artístico sostenían que la Organización de Estados Americanos pretendía imponer en todo el continente el arte abstracto en detrimento de las corrientes figurativas y que su principal instrumento era el crítico y promotor cubano José Gómez Sicre, quien entonces fungía como director de Artes Visuales de la Unión Panamericana. Los nacionalistas denunciaban un supuesto imperialismo cultural norteamericano, que quería imponer una sola tendencia artística, ignorando a todas las corrientes que habían prestigiado al arte mexicano. Aun cuando admite la importancia de Gómez Sicre como impulsor de muchos artistas latinoamericanos, Tibol ataca: “Fueron los críticos en Estados Unidos los primeros en señalar que en México las corporaciones norteamericanas se estaban moviendo para utilizar el arte abstracto. No que el arte abstracto fuera una expresión del imperialismo, sino que el imperialismo estaba tratando de utilizar el arte abstracto con fines de liderazgo cultural. Era lógico que se pensara que Gómez Sicre era parte de una política cultural inspirada en el Departamento de Estado”.
La crítica de arte se pronuncia a favor de la verdad histórica: “La lucha generacional es algo constante y es bueno que exista, porque si no existiera la cultura no se renovaría. Pero no es válido distorsionar la historia en función de la lucha generacional. La historia se contó mal y quedó viciada. Hay que limpiarla”.

La gran matrona

La anécdota es muy conocida. El 19 de abril de 1972, tras el I Congreso Nacional de Artistas Plásticos, Raquel Tibol asestó una severa cachetada a David Alfaro Siqueiros, en respuesta a las declaraciones xenofóbicas que el muralista hiciera en su contra en una de las sesiones del evento. “Vengo a invitarte al coctel de despedida que haré el día que me echen de tu país”, le dijo antes de soltarle la bofetada. Mujer de armas tomar, Tibol nunca se ha dejado de nadie. Con Rufino y Olga Tamayo se distanció durante 20 años, luego de un intercambio de declaraciones con el primero en el suplemento Diorama de la cultura de Excélsior. Lo que sucede es que ella siempre ha dicho lo que piensa, sin importarle quedar bien con nadie. “Siempre trato de evitar hacer un altar al amiguismo, por eso cultivo un enemigo cada día. No soy incondicional de nadie, ni de mí misma”.
De hecho, hubo una época en que la crítica de Raquel Tibol sobre determinado artista era la que más pesaba. Sobra decir que un artículo negativo de su autoría en la revista Proceso o en cualquier otro espacio periodístico, podía acabar con la carrera de un artista. Sobre ella se ha construido una especie de leyenda negra. Se ha dicho que es autoritaria, dogmática, estalinista, antisemita (siendo ella misma judía), intolerante y sectaria. (Tomando en cuenta esta fama, Maris Bustamante, con su ingenio característico, le llama “El performance del terror”). Tibol refuta las acusaciones en su contra: “el origen de todos estos adjetivos rotundos es el resentimiento de muchos artistas porque simplemente no he escrito sobre su obra y también porque soy una persona independiente que no tiene compromiso con nadie. Siempre me han colgado sambenitos y me seguirán colgando”.
Pero más allá de la leyenda negra que se ha construido en torno a la figura de Raquel Tibol, es innegable la importancia de esta mujer en la cultura mexicana. Sería imposible concebir la vida artística e intelectual de México en la segunda mitad del siglo XX sin la presencia activa de Tibol. Autora prolífica, ha publicado más de 30 libros que son fuentes de consulta obligada tanto para eruditos como para cualquier persona interesada en conocer el arte que se produce en México. Entre sus libros destacan: Historia general del arte mexicano: época moderna y contemporánea (1964), Siqueiros, vida y obra (1974), Diego Rivera: arte y política (1979), Hermenegildo Bustos, pintor de pueblo (1981), Frida Kahlo, una vida abierta (1983), José Clemente Orozco, una vida para el arte (1984) y Confrontaciones. Crónica y recuento (1992). Sus libros más recientes son Diversidades en el arte del siglo XX (2001) y Nuevo realismo y posvanguardia en las Américas (2003).
La gran matriarca de la crítica de arte se dedica actualmente a ordenar los innumerables textos que ha escrito a lo largo de cinco décadas de vivir en México, con el fin de publicar nuevos libros.

La pintura aún respira

“La pintura todavía tiene cosas qué decir y las está diciendo. Tiene para respirar”, dice Raquel Tibol, quien rechaza los augurios catastrofistas sobre una de las expresiones artísticas más sublimes. El predominio de las corrientes posconceptuales y el hecho innegable de que la pintura ha perdido el otrora lugar de privilegio que sostenía sobre cualquier otro tipo de representación, no le quita el sueño. La crítica de arte afirma que se vive un momento plural, de convivencia entre las más diversas corrientes y que en México hay lugar para todos. “Estamos en un momento de gran pluralidad.
Desde el Salón Independiente hasta aquí han venido sucediéndose nuevas corrientes y en este momento conviven en México la pintura y la gráfica tradicionales con la neográfica. La instalación, el land-art y el performance, no niegan que tengamos un excelente pintor como el neohiperrealista Víctor Rodríguez o que Cuevas siga siendo un estupendo dibujante. Hay convivencia entre corrientes y generaciones”.
A pesar de abogar por la convivencia y la tolerancia entre las múltiples formas de expresión artística, Raquel Tibol no pierde su postura crítica. Reconoce que hay muchos pintores mediocres, pero dice que lo más grave en el arte de nuestro tiempo es que “hay un contagio muy fuerte, una especie de neoesnobismo”. Los artistas conceptuales mexicanos, sostiene, copian mucho de lo que se hace en otros países: “hay muchos remedos e imitaciones”. Cuestiona sobre todo el conformismo de las nuevas generaciones de artistas conceptuales, los débiles fundamentos teóricos que sustentan sus obras y su poca disposición a la polémica y la confrontación. “En el arte actual no hay voces contundentes, audaces, informadas, que uno las escuche sabiendo que allí hay una autoridad”.
Raquel Tibol no oculta su admiración por artistas jóvenes como Mónica Castillo, Víctor Rodríguez, Paula Santiago y la performancera Emma Villanueva, entre otros. Pero esto no le impide afirmar que todavía no han nacido los grandes artistas mexicanos del siglo 21. “Es difícil asegurarlo, pero entre los jóvenes artistas no está ni el Rufino Tamayo ni el José Clemente Orozco de esta centuria”. Y con respecto a Gabriel Orozco, el artista mexicano más famoso y con mayor proyección en la actualidad, afirma: “He discutido mucho con él sobre su arte. No me interesan sus conceptos, si escribiera sobre Orozco sería en una forma muy crítica, sin asustarme por su éxito internacional”.
Alejada desde marzo de 2000 de la crítica periodística, cuando se retiró de escribir en la revista Proceso, en su departamento de la colonia Nueva Anzures de la Ciudad de México, Raquel Tibol cumplió el pasado 14 de diciembre 85 años de vida: una vida dedicada al arte.

Fallecimiento

El 22 de febrero de 2015, a los 91 años de edad falleció la escritora y crítica de arte Raquel Tibol, a causa de una neumonía, luego de una semana de estar internada en el Hospital Inglés, donde dejó de existir a las 18:15 horas.

[Fuente: www.la-pala.com]

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