domingo, 14 de maio de 2017

Paz Battaner: «El diccionario no es un tratado de corrección política»




Escrito por MARIÁNGELES GARCÍA

Por los sillones de la Academia han pasado solo 11 mujeres. La última elegida para ocupar el sillón ‘s’ ha sido la salmantina Paz Battaner, lexicógrafa y doctora en Filología Románica, que ha dedicado su vida profesional a las palabras. Por ello, su discurso de ingreso —que leyó el pasado mes de enero— se adentraba en los «pozos sin fondo» de los diccionarios, los sustantivos abstractos. Su labor dentro de la RAE está orientada a mejorar el diccionario. Por el momento, está adscrita a dos comisiones que preparan el diccionario usual y colabora en los primeros trabajos para un futuro diccionario concebido ya electrónicamente.
A Battaner se le notan los años de docencia cuando habla. Amable, paciente ante preguntas que ya está harta de contestar, de discurso ordenado, parece inevitable que a esta lexicógrafa no se le olvide el viejo oficio de enseñar.
© Real Academia Española

Una de esas preguntas que siempre le hacen en las entrevistas tiene que ver con la escasa representación femenina en la RAE. Sin embargo, contesta una vez más y aprovecha la respuesta para hacer una reivindicación feminista, no solo en la Academia, sino también en otros ámbitos de la vida.
«Parece que solo importan las mujeres si se habla de la Real Academia Española, cuando las mujeres faltan en todos los focos de poder. La RAE solo tiene el poder que le quieran otorgar los hablantes de español», afirma.
«Yo aprovecho esta pregunta para señalar algunos puntos vetados a la presencia femenina: dirección de los grandes medios de comunicación, los consejos de organismos estatales y de las grandes empresas, jerarquías religiosas y militares. Hay otros puntos en que poco a poco la mujer va tomando posición; sin duda, y muy bien, en los trabajos necesarios para la vida diaria de toda la gente, también en la política y en la administración, en la universidad, y también en la Real Academia Española».
El tema de la mujer y su lucha por la igualdad ante sus compañeros de especie no solo es un tema social. También afecta a nuestro modo de hablar. Un ejemplo: para tratar de combatir el machismo y la invisibilización de las féminas en el lenguaje, no son pocos quienes desdoblan los géneros en su discurso con el sano afán de conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. «Compañeros y compañeras», «amigos y amigas», «trabajadores y trabajadoras»… bombardean continuamente los discursos de políticos y activistas en mítines y declaraciones a los medios. ¿Realmente es necesario? ¿Qué piensa Paz Battaner de esta forma de inclusión?
«Que para utilizarlo como vocativos, ante una audiencia, está muy bien y se ha venido haciendo siempre. Lo que no es de mi gusto, y en la Gramática académica se explica muy bien, es que algunos sustantivos se doblen en masculino y en femenino cuando se utilizan como sustantivos con otra función. Si aplicáramos esto tajantemente tendríamos que decir cosas así: Jugaban en el parque, las-los vi, todas-todos contentas-contentos. ¿Qué le parece?».
¿Cómo se puede, entonces, ayudar a la necesaria igualdad entre mujeres y hombres a través del lenguaje, de las palabras? Battaner responde sin más ambages con una claridad y llaneza que se agradece: «Dando la palabra a las mujeres siempre que quieran; no callándolas; escuchándolas con atención e interés. Así se iría consiguiendo más igualdad. La estructura gramatical de la lengua no es lo que puede impulsar la igualdad entre los sexos; es su uso y que se escuche».
Y aquí topamos con una nueva polémica. ¿Debe el diccionario y la Academia incluir términos que determinados colectivos como el de las feministas o el de los gitanos consideran ofensivos? ¿Habría que eliminar ciertas definiciones que hieren la sensibilidad de algunos hablantes?
«Mientras los hablantes de español tengan en su léxico mental y utilicen estas voces con valores ofensivos o despectivos, el diccionario tendrá que explicarlas», aclara la lexicógrafa. «Eso no quiere decir que los hablantes que consulten el diccionario tengan que utilizarlos con este valor; la presencia de estos valores negativos resulta solo una advertencia. El diccionario, los diccionarios, no son de obligado cumplimiento; son explicaciones de los valores y de los usos que tienen las palabras en la lengua. Tienen que enfocar el uso hecho de cada voz a lo largo de muchos años», continúa explicando.
© Marta Jara para RAE
[Foto: Marta Jara para RAE]
La lengua es una herencia cultural que recibimos de generaciones anteriores y que legaremos a generaciones futuras. Por esta razón, explica la académica, encontramos en el diccionario usos que aunque ya no usemos o no nos gusten, sí hay pruebas fehacientes de que se utilizan todavía así. «El diccionario lo recoge, no es un tratado de corrección política».
La actualidad y la nueva realidad social también imponen su retórica. ¿Qué piensa una lexicógrafa y académica del neolenguaje que salpica los textos y discursos políticos? Esa forma tan creativa como mentirosa de no llamar a las cosas por su nombre a la que poco a poco nos vamos acostumbrando: desaceleración de la economía, movilización exterior
«Todas esas denominaciones son eufemismos», responde clara y rotunda una vez más. «El discurso público, el que se dirige a un grupo de gente, o a personas con poder, siempre ha tenido que hacer estos juegos de suavizar ciertas denominaciones y aseveraciones con el fin de no herir, pues hay muchas voces que son como cuchillos, como hachas rudas o como dagas sutiles». Sin embargo, este uso del lenguaje no es nada nuevo.
Paz Battaner pone el ejemplo de la palabra ‘pobre’, que en la época histórica que ella estudió, cuando se reconocían las clases sociales, aludía a ‘los que no tenían qué perder’. Llamarles así era reconocer una realidad que se disfrazaba con eufemismos. Algo parecido ocurrió con ‘mileurista’, voz con valores negativos hace unos años y que hoy, debido a la fuerte caída de los sueldos, su significado es algo más positivo.
«Fíjate que se ha dejado de usar tanto como se usaba hace ocho o diez años», afirma. «No sé si tiene hoy algún valor. Los eufemismos que disfrazan la realidad caen en el ridículo muy pronto; parece que sacan del problema, pero no. La buena literatura no los utiliza nunca para esto».
© Real Academia Española
Por tanto, parece inferirse de esto que la lengua pertenece a los hablantes. Son ellos quienes indican a los estudiosos del lenguaje por dónde irá el idioma y qué palabras acabarán triunfando o no en el uso. Pero que esto no se entienda como la anarquía lingüística. La norma es necesaria. Quizá eso explique por qué no están aceptadas aún formas como acabao, dijistes o expresiones como detrás mío.
«En las lenguas, que siempre están en movimiento, se dan continuamente dos tendencias, una que diversifica; otra que tiende a unificar. Estas formas que tú dices son muestra de esto. Para mantener la coincidencia entre los hablantes, conviene tener, aunque sea idealmente, una norma culta, que sujete en parte el movimiento de las lenguas, aunque ese movimiento a la larga seguirá, con esas soluciones o con otras», explica Paz Battaner.
«La escuela, los textos escritos dirigidos a un público general, la gramática, la ortografía, los diccionarios, la gente que tiene algo que decir colaboran en el mantenimiento o la unificación, son conservadoras; las soluciones diarias, las nuevas generaciones, lo que se llama hoy antisistema, ofrecen soluciones diversificadoras. Tanto una tendencia como otra son normales en la lengua y esta se inclina unas veces más y otras menos a cualquiera de estas direcciones, en equilibrio inestable. Es bonito. Por ejemplo, el seseo, no realizar el sonido que en la España central y norteña reciben sílabas como za, zo, ce, ci, es mayoritario en el español global; hoy la norma lo reconoce y mantiene como aceptadas las dos realizaciones; posiblemente algún día el seseo triunfe mayoritariamente».
Solo falta preguntar a una experta en léxico si la tecnología y el mundo digital están afectando y limitando nuestro vocabulario y nuestra capacidad de expresión. Pero su visión es optimista.
«Yo pienso que no; que hoy hay mucha más gente que hace solo treinta años que escribe, que se expresa, que participa en foros escritos, y solamente este hecho hace que nuestra capacidad de expresión no flaquee, al contrario. La expresión escrita tiene hoy muchos canales para expresarse: sms, whatsapps, mensajes de correo-e, blogs, etc. Cualquiera puede ser autor hoy. Es verdad también que hemos de cultivar el gusto por expresarnos oralmente, con seguridad, con dominio del cuerpo y de la voz, sabiendo defender nuestra posición sin herir al que no coincide con nosotros. Hay muchas escuelas que ya están potenciando la expresión oral. Si parece que la capacidad de hablar bien está en decadencia es porque hoy hay unos usos lingüísticos nuevos que no coinciden con los que hemos tenido por habituales. Echamos de menos un vocabulario y no terminamos de amar el nuevo».




[Fotos: Real Academia Española, salvo cuando mencionado - fuente: www.yorokobu.es]

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