terça-feira, 4 de abril de 2017

Adolescente boliviano construye su propia mano robótica con impresora 3D

Leo tiene 14 años y ya construyó manos robóticas para él y dos niños


Escrito por Liliana Carrillo V.
Leonardo Viscarra tiene 14 años, una mano robótica que construyó para sí mismo y un sueño: “Quiero hacer prótesis para todos los niños de mi país que las necesiten”. El joven científico que nació sin la mano izquierda está convencido: “Nada puede vencerte”.
Lo sabe por experiencia propia. Tras varias pruebas y mucho trabajo, Leo logró construirse una mano robótica a medida con una impresora 3D. En los últimos meses también hizo prótesis para una niña de La Paz y para un pequeño de Santa Cruz.
Cuando Leonardo nació -el 24 de octubre de 2002, en la ciudad de Santa Cruz- se confirmó el diagnóstico prenatal: su mano izquierda no se había desarrollado debido al Síndrome de Bandas Amnióticas (SBA). Es decir, cuando estaba en el vientre materno, la mano del bebé se enredó en bandas (cuerdas fibrosas) presentes en el útero, lo que restringió el flujo de sangre y atrofió el miembro.
“El SBA no es genético y no es causado por algo que hizo o dejó de hacer la embarazada. Hasta ahora no se ha asociado con ningún factor de riesgo prenatal y es muy raro que se repita en un siguiente embarazo”, define la Enciclopedia Médica Infogen. Este síndrome ocurre al azar.
Curioso, alegre, inquieto, Leonardo siempre fue un niño brillante. Desde pequeño desarmaba sus juguetes a control remoto para “investigar”. “Cuando tenía ocho años quería entender cómo funcionaban los motores y abría mis autitos para ver qué encontraba”, cuenta ahora el joven que no ha perdido el acento oriental forjado en sus primeros 12 años, antes de trasladarse a la ciudad de Cochabamba.
A los 10 años ya arreglaba controles remotos y aparatos pequeños de sus vecinos. Entonces, le nació la idea de construirse una mano robótica que supla la que le faltaba. “Nunca me sentí mal, pero sí era difícil hacer algunas cosas, cómo empezar a escribir”, dice.
Grave a ratos y aguda, otros, la voz de Leo fluctúa al otro lado del teléfono. Cuenta que cursa el segundo de secundaria en el colegio Guadalupano y que tiene buenos amigos “que lo apoyan en sus proyectos tecnológicos”.
Esos proyectos datan de hace al menos cinco años, cuando, con apenas nueve, él diseñó su propia prótesis que -según define él ahora- era muy básica: una especie de pinza. Luego, construyó otra mejor, pero que aún no era del todo funcional.
“Entonces, gracias al apoyo del Rotary Club, obtuvo su primera mano mecanizada. Eso le cambió la vida”, cuenta el papá de Leo, Gonzalo Viscarra. Con ese modelo, el niño siguió probando nuevos diseños.
A los 12 años diseñó una prótesis hecha a medida sobre la base de un modelo que sacó de internet. Con el proyecto acudió al Instituto de Robótica Sawers, de Cochabamba, donde cada pieza fue materializada en una impresora 3D. Hecha de termoplástico, la nueva mano de Leonardo tiene hilos de nailon que recogen los movimientos de su muñeca y los transmiten a los dedos.
“Todavía puede mejorar, pero ya puedo agarrar cosas. Y vamos a seguir mejorando”, dice el joven, quien fue invitado a dar charlas magistrales por los Clubes de Ciencia de Bolivia.
Fue el disertante más joven del proyecto impulsado por Mohammed Mostajo, quien es doctorante en Biología Molecular y Celular en la Universidad de Harvard, una de las más prestigiosas de EEUU. Mostajo alentó así al más joven científico: “Vamos, Leo; el país necesita más chicos como vos”.
“Me gusta estar en los Clubes de Ciencia; desarrollamos varios proyectos”, cuenta ahora el muchacho que en parte estudia robótica en Instituto de Robótica Sawers, en el grupo de Makers (constructores) de 17 a 18 años.
Con su experiencia ha logrado construir prótesis para otros niños en situación similar a la suya: “Se las hice lo más económicas posible. Les han costado menos de 100 dólares”, explica. Esas manos robóticas, como la que él se construyó, pueden llegar a costar 15.000 dólares.
Cuando se le pregunta por su futuro, Leonardo tiene un proyecto claro: “Voy a ser biomédico y cuando sea profesional quiero hacer prótesis que sean gratis para todos los que las necesiten”, asegura convencido.
Comenta que siente “impresionado” con la presencia mediática que recibe a raíz de su aporte. “Me sorprende, pero que sirve para decirles a los chicos con problemas para que nunca se rindan. Que luchen siempre por lo que quieren”. Consejo de un luchador.

[Fuente: www.paginasiete.bo]

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