segunda-feira, 6 de março de 2017

Un videoclub 'dona' 15.000 películas de culto a Ciutat Vella

  • Cíclic, meca del cine independiente en el barrio de Sant Pere, tiene una orden de desahucio por impago del alquiler
  • Sus propietarios se convierten en cooperativa y elaboran un plan para dar una salida social en el barrio a su fondo

Ciutat Vella, tiendas y comercios tradicionales del barrio en riesgo de cierre por el aumento de precio de sus alquileres.
Escrito por HELENA LÓPEZ
En la poco boyante caja registradora, donde el dinero entra con cuentagotas, de dos euros en dos euros, un tesoro diminuto. Una de las cien millones de pipas de porcelana con las que el artista chino Ai Weiwei llenó los mil metros cuadrados del majestuoso 'hall' de la Tate Modern de Londres en octubre del 2010. David Cabrera, dueño del videoclub, la muestra con una sonrisa que denota orgullo. "Es de las originales. Me la trajo un amigo. Tuvieron que retirarlas porque la gente se las llevaba", cuenta con la realista reproducción de la semilla de girasol en la palma de la mano este hombre, amante de la cultura, quien hace 12 años hizo algo tan loco como abrir un videoclub -ya entrado el siglo XXI-, nada más y nada menos que en Ciutat Vella, esa tierra donde los vecinos no tienen nada que hacer frente a los turistas. "Abrí con las 300 películas de mi colección particular con el objetivo de que no se quedaran en mi casa, de compartirlas con la gente", recuerda Cabrera, quien se autodefine como un 'dealer' del audiovisual. "Soy un camello del cine, que le da a cada persona la pastillita [entiéndase pastilla como filme] que necesita", cuenta el alma de Cíclic, videoteca referente del cine independiente y documental en la ciudad con los días contados. Tienen una orden de desahucio por impago del alquiler para el día 20 de marzo.
"No busco quedarme aquí [un local, en realidad dos, de casi 300 metros cuadrados a dos pasos, casi literalmente, del hotel que Nuñez y Navarro ultima en la calle del Rec Comtal, en el goloso Casc Antic], ni seguir con un negocio que ya no es negocio. El concepto de videoclub ha muerto", se presenta. Lo que busca, prosigue, es ayuda para trasladar todo esto -15.000 deuvedés- y otro espacio en el barrio para desarrollar un proyecto nuevo, "para dar una salida social a todo este material", resume Cabrera, ilusionado con la nueva iniciativa, para la que busca cómplices necesarios.


Se ha inspirado en el Numax de Santiago de Compostela, una vieja sala en el casco antiguo, que los trabajadores, convertidos en cooperativa, lograron salvar del cierre y transformar en cine, librería y laboratorio audiovisual. "Cuando vi que la situación era insostenible, cogí la base de datos y envié un correo a los últimos 90 socios que habían alquilado al menos dos películas en el último año, citándoles a un encuentro para exponerles la situación. Vinieron 70 personas con ganas de que mantener con vida todo lo que el Cíclic esconde y me di cuenta de que teníamos que intentarlo", prosigue.
Han constituido ya una cooperativa de trabajo con el objetivo de transformarse en un microcine de barrio especializado en cine independiente y de autor y documentales. Pasar de ser el videoclub Cíclic a la Sala Cíclica.

LAS PIPAS, ESA FORMA DE OCIO POPULAR

En la portada del proyecto -que Cabrera ha movido por toda Ciutat Vella, por aquello de tejer complicidades- la fotografía de Ai Weiwei con las manos a rebosar de pipas. Comer pipas, esa forma de ocio tan vinculada a la cultura popular.
- Buenas tardes. Busco 'La última frontera'.
- Sí, un segundo. Aquí está.
Es viernes por la tarde -en estos últimos días Cabrera abre solo viernes, sábado y domingo- y es difícil charlar con él, no solo de este espacio, sino del proceso de gentrificación en el que el barrio lleva años inmerso y que Cabrera conoce bien. El goteo de clientes es constante. No es exagerado decir que el Cíclic es aún -aunque con los días contados- un punto de encuentro para los vecinos de Sant Pere, Santa Caterina i La Ribera. Mientras este 'dealer' del séptimo arte explica su intención de programar matinales de cine familiar los domingos, entran en el local un grupo de chavales disfrazados de emoticono de Whastapp, quién sabe si como una señal. Quizá solo sea porque es viernes de Carnaval. "Son los chicos del 'casal'", relata frente a un póster de 'Malavita'. Tienen también pensados talleres para los 'chicos de la cola', vecinos también del barrio, así como monográficos de videoactivismo o autoedición.
-Hola, ¿tienes 'Frida'? No el documental, la película.
-Espera, te lo miro.
Son sus últimos días como tal, pero, a día de hoy, el Cíclic sigue funcionando como videoclub. Ese lugar al que algunos van con una idea fija, pero donde la mayoría se pierde entre sus ordenadas estanterías, buscando la carátula que les atrape.
David Cabrera
COOPERATIVISTA

Soy un camello del cine independiente. Conozco a los socios y le doy a cada uno la pastilla [entiéndase por pastilla la película] que necesita

Una voz municipal asegura que al actual gobierno local le parece "muy interesante" el proyecto social elaborado por el colectivo. "Por eso les estamos ayudando tanto como podemos, ofreciéndoles asesoramiento tanto desde el distrito como desde Barcelona Activa, como emprendedores de economía social", asegura esa misma voz, quien apunta también que se les ha facilitado un abogado de la Oficina de la Vivienda para mediar en el juicio por impago del alquiler e intentar evitar el desalojo.
Tuvieron claro que la futura Sala Cíclica no estaría en el enorme local de la calle del Rec Comtal, número 7, por el que pagaban -cuando aún pagaban- 1.850 euros al mes, en el momento en que el nuevo propietario -el antiguo vendió el inmueble- les advirtió tras la compra de que, cuando se les terminara el contrato -en un año-, se lo subiría a 4.400 euros. Desde entonces, una de sus batallas es buscar otro espacio (asequible) en el barrio. "Este proyecto -concluye el hombre- solo tiene sentido en el barrio. Estas películas son del barrio".

Situación muy similar a la del Sant Pau

El gimnasio Sant Pau, también en Ciutat Vella, está viviendo una situación muy similar a la del videoclub Cíclic. Se trata, también, de un proyecto muy arraigado al territorio en una situación muy complicada por la coyuntura: la burbuja del alquiler y estar situado en un distrito en el que los locales están muy buscados, no precisamente para hacer actividades comunitarias.

Como en el caso del Cíclic, el Sant Pau también dejó de pagar el alquiler ante la imposibilidad de hacerle frente, y también ha recibido el asesoramiento municipal de Barcelona Activa para pasar a ser cooperativa, y del distrito de Ciutat Vella para intentar llegar a un acuerdo con el propietario. Por un lado, para suspender el desalojo -en su caso programado para principios de enero-, y por el otro, intentar pactar un nuevo alquiler. Aún no hay nada firmado, pero, hoy por hoy, siguen en el Raval.


[Foto: Jordi Cotrina - fuente: www.elperiodico.com]

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