quarta-feira, 1 de março de 2017

¿Por quién doblan las campanas?


Escrito por Óscar M. Prieto

«La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente, nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti». Esta cita de John Donne da título a la novela de Ernest Hemingway: ‘¿Por quién doblan las campanas?’.

Las campanas, hoy quizás para algunos objetos residuales y absurdos, han jugado un papel esencial en la historia de Occidente, que es nuestra historia. El tiempo que conocemos, el medido, debe en parte su existencia a las campanas. En la Edad Media, los primeros monasterios necesitaban medir el tiempo para marcar con la mayor precisión las horas de oración y el toque de campana avisaba a los monjes que era hora de orar. 

Mi biografía sonora está indisolublemente ligada al tañer de las campanas. Una infancia de pueblo, cuando los niños todavía no teníamos reloj ni mucho menos móvil que nos advirtiera de que había que dejar las travesuras y regresar a casa si no queríamos tener problemas, necesitaba del aviso puntual de las campanas, que en Benavides, dan también los cuartos. Recuerdo a mi abuelo, deteniendo el tiempo para contar cada golpe de badajo, no fuera a ser que se le escapara alguna de las horas, con el lío cuántico que eso habría supuesto.

Las campanas alegraban el cielo de los pueblos cuando a volteo tocaban a fiesta y eran los mozos quienes subían al campanario a lanzarlas al vuelo. Despertaban la solidaridad en las noches trágicas, tocando a fuego. Todos a ayudar también cuando tocaban a hacendera y había que ir a limpiar los regueros. Y reunían al pueblo para decidir en los concejos. Las campanas han sido la banda sonora de las muertes con su lamento a muerto y el más triste de todos, el toque a párvulo cuando era un niño, un angelito, quien se iba al cielo.

Andan ahora algunos políticos, que se dedican a entretejer naderías, en lugar de emplear el tiempo por el que se les paga a facilitar el día a día de los ciudadanos, peleados con las campanas. En virtud de no sé qué derecho al descanso, quieren prohibirlas. Cuándo nos dejaran tranquilos, acompasando nuestras vidas con el noble sonido de los campanarios.

Y la semana que viene, hablaremos de León.


[Fuente: www.lanuevacronica.com]

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