segunda-feira, 21 de dezembro de 2015

Orhan Pamuk: Escribir rodeados por el miedo

La nueva novela del Nobel turco, Una sensación extraña, es un fresco coral de Estambul, su ciudad, sumida en una violencia creciente.

Por Mauro Libertella

Pamuk. Su éxito mundial se empezó a desencadenar a partir de los elogios que recibió su libro "El castillo blanco".

Estambul es una de las ciudades de moda del siglo XXI, destino fetiche de artistas, intelectuales y cazadores de tendencias de acá y de allá. Pero la capital turca no es únicamente un punto de confluencia de estéticas occidentales y orientales, lo que genera un cóctel rarísimo y caliente, sino también uno de los puntos tensos de un continente en conflicto. La mezcla étnica y social, que es uno de los elementos conflictivos de la Europa modelo XXI, está en el centro del sistema nervioso turco. Ahora, la ciudad vuelve a protagonizar un libro de Orhan Pamuk.

La novela en cuestión es Una sensación extraña y es una ficción urbana, que retrata Estambul entre 1969 y 2012, de modo coral. En una entrevista con el diario ABC, apuntó: ''He intentado ser un poco original y no hablar sólo de los cambios físicos de Estambul, sino que es una crónica que habla de los pequeños detalles: los coches, la gente caminando por las calles, las cocinas... Tengo esa inclinación a incluir pequeños detalles en la historia para explicar cómo cambia la ciudad; también me gusta mucho hablar de qué come la gente, que es algo que habitualmente no vemos en las novelas; por ejemplo, suponemos que en las novelas de Dostoievski la gente come, pero no se habla de ello''.

Cuando Orhan Pamuk nació, en 1952, por lo pronto, la ciudad era otra. De límites no tan extendidos y de un intensidad no tan explosiva, la ciudad de sus primeras memorias aparece en su libro emblemático sobre el lugar de orígen: Estambul (ciudad y recuerdos), publicado en 2003. Esa memoria urbana va desde sus primeros recuerdos hasta los veinte años, cuando decide dejar la carrera de arquitectura para dedicarse de lleno a escribir. Caminante y observador, la adolescencia de Pamuk, si le creemos a ese libro autobiográfico, se desplegó a orillas del Bósforo, en una ciudad vacía (una imagen que contrasta con la Estambul de hoy, ciudad saturada). Como el Borges que vuelve de Europa a sus veinte años y busca en los bordes de la ciudad esas postales urbanas previas a la modernización, esa Buenos Aires que él recordaba y que ahora ya no encuentra en las avenidas de los grandes edificios, el mito Pamuk está en la Estambul silenciosa. ''Al contrario que en las ciudades occidentales que han formado parte de grandes imperios hundidos, en Estambul los monumentos históricos no son cosas que se protejan como si estuvieran en un museo, que se expongan, ni de las que se presuma con orgullo. Simplemente, se vive entre ellos'', apuntó en ese libro, dando testimonio ya de su idea de Estambul como ciudad viva, en un movimiento antimuseo que la recorta de una tendencia a la que se inclinaron muchas ciudades europeas importantes hacia fines del siglo XX.

Pero la ciudad no es el tema excluyente de las preocupaciones de este escritor, que desde que recibió el Premio Nobel en 2006, se queja a veces, se convirtió en alguien a quien siempre le preguntan por las coyunturas políticas y sociales, que en aquellas latitudes nunca dan tregua. Sobre los refugiados, por caso, precisó que ''es algo inmenso, es un punto crítico de la historia de Europa. Me alegró que Alemania aceptara acoger a 800.000 inmigrantes al año, pero después de diez días cambiaron de opinión y espero que esa situación cambie.

Al principio, me enfadó mucho saber que Turquía había acogido a dos millones de sirios ahora mismo, cerca de aquí, en la plaza Taksim, ves a muchos sirios que están pidiendo en la calle, en los semáforos, mientras que en Europa se estaba pensando si acoger a 2.000 o 2.500. Pero después de la crisis de Hungría y, sobre todo, después de aquella terrible imagen del niño muerto en la playa, la situación ha cambiado un poco. Espero que no vuelva a pasar lo que pasó en Alemania hace 40 años, cuando se acogía a los turcos, pero como ciudadanos de segunda a los que se enviaba a su país cuando se les acababa el contrato, sin haberles concedido la ciudadanía. Espero que eso no se vuelva a repetir''.

En una entrevista con La Repubblica, la más reciente en la que deja su posición en temas de estricta actualidad, dijo cosas como esta: ''Durante los últimos doce meses la vida se ha vuelto imposible en Estambul. Los amigos continúan diciéndote: que no tomes el metro, que no vayas a plaza Taksim, que no frecuentes lugares muy concurridos. A este paso, pronto no se podrá hacer nada. El síndrome de la bomba está asediando nuestras vidas. Pero la gente en Turquía, y los intelectuales, como yo, no desea otra cosa que la paz. Hace sólo unos meses parecía haberse alcanzado, pero la guerra desencadenada contra los kurdos ha causado un regreso al miedo. El miedo, sí, en las caras de la gente, en sus corazones, en nuestras cabezas: éste es, por desgracia, el sentimiento que gobierna hoy en Turquía''.

Los motivos centrales de sus preocupaciones políticas, en este momento, tienen que ver con la tensión que crece entre los turcos y los kurdos, después de un período de paz. El 10 de octubre, Turquía sufrió el atentado más grande de su historia, cuando más de 100 personas murieron en un ataque suicida en la estación de tren de Ankara. Días después, organizaciones de izquierda y grupos varios salieron a pedir la renuncia de presidente Erdogan, vinculado con el Estado Islámico. Sin embargo, en las elecciones del 1 de noviembre Erdogan se impuso ampliamente y logró una nueva mayoría.

En su entrevista con La Repubblica, días después de aquel atentado, Pamuk aseguraba que está preocupado ''porque sé que al final el partido de Erdogan quiere gobernar solo a cualquier precio. Por mi parte, espero intensamente que se llegue a una coalición de gobierno. Erdogan no va a obtener ni la simpatía, ni el apoyo por parte de los kurdos. Estoy preocupado. Por el modo crecientemente autoritario en que el presidente gobierna el país''.

[Fuente: www.bitacora.com.uy]

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