Francesca Albanese, relatora
especial de la ONU para los Territorios Palestinos ocupados, en una imagen
tomada en julio de 2024.
Escrito
por Samah Salaime (+972 Magazine)
En mitad de la reciente
conferencia de Francesca Albanese en la Escuela de Estudios Orientales y
Africanos de Londres (SOAS), el joven sentado a mi lado en el público comenzó a
llorar en silencio. La relatora especial de la ONU para los territorios palestinos
ocupados estaba hablando sobre el papel del derecho internacional en tiempos de
genocidio, pero el hombre ya no prestaba atención.
Le pregunté si se encontraba bien y le ofrecí
un pañuelo. Me comentó que era médico de Gaza y que había abandonado la Franja
con su esposa (también médica) en los primeros meses de la guerra.
Entonces supe el motivo
de sus lágrimas. En diciembre de 2023, cuando el ejército israelí ordenó la
evacuación de su barrio en el norte de Gaza, su familia reunió sus pertenencias
y subió a un camión para escapar. Pero mientras lo hacían, él corrió a la casa
de sus suegros para recoger a su esposa, con quien se había casado
recientemente.
“Todos subieron al camión excepto yo: mi
padre, mi madre, mis hermanos, mis hermanas, mis tíos, mis tías y sus hijos”,
me contó. “Antes de que yo regresara, todos murieron en un único ataque aéreo.
Yo sobreviví por casualidad. Todos murieron. No me queda nadie”.
Dejé de escuchar al distinguido orador y las
irritantes preguntas de los miembros descontentos del público y continué
hablando con el médico, que me dijo que se llamaba Abdallah. “Mi madre tenía tu
edad”, me dijo. “Te pareces a ella. Estaba muy orgullosa de que hubiera
terminado la carrera de Medicina”. Volvió a llorar y yo lloré con él.
Abdallah y su esposa salieron de Gaza a
través de Egipto. Ella consiguió una beca de doctorado; él comenzará su
residencia en el Reino Unido. Le llevó dos años obtener el permiso para
trabajar aquí como médico. Espero que les espere una nueva vida.
“Tienes que ir a hablar con ella”, le dije
cuando Albanese terminó su conferencia. Él se negó. “Probablemente haya
escuchado muchas historias como la mía. Hasta ha escrito un libro sobre el
tema”. “Da igual”, insistí. “Tienes que contarle tu historia. Tú eres la
persona de la que ella está hablando aquí en Londres”.
A partir de ese momento, el joven perdió el
control de su cuerpo. Lo arrastré por las escaleras, abriéndome paso entre la
multitud que rodeaba a Albanese. “Tienes que conocer a Abdallah, este joven de
Gaza”, le dije en voz alta, como si fuéramos amigos de la infancia.
Abdallah le estrechó la mano, visiblemente
conmocionado, y habló. Ella lo escuchó, lo abrazó y le dijo: “No te calles.
Debes contar tu historia en todas partes. Esa es tu misión, porque nadie lo hará
por los palestinos, ni siquiera yo. Hablar y compartir te ayuda a curar tus
heridas y a sobrellevar el dolor, y ayuda al mundo a comprender y a no
olvidar”.
Ahora, en su segundo mandato como relatora
especial, Albanese ha sido una de las críticas más abiertas del genocidio de Israel en Gaza y de su largo régimen de
ocupación y apartheid, por lo que se le ha prohibido entrar en Israel y ha
sido sancionada por la administración Trump el pasado verano. Sin embargo, se
niega a dejar de defender y luchar por la justicia.
En una entrevista con la revista +972
Magazine tras su visita a Londres, habla de la crisis actual
del derecho internacional, de por qué el 7 de octubre y el genocidio de Gaza
deben ser un punto de no retorno, y de por qué la impunidad de Israel no durará
para siempre.
La entrevista ha sido editada por motivos de
extensión y claridad.
Después de dos años de genocidio retransmitido en directo y ahora de un
supuesto “alto el fuego”, parece que el mundo ha dejado de hablar de Gaza.
¿Cómo ve la situación actual?
Hemos entrado en una nueva fase del
genocidio, lejos de los ojos y los oídos de la mayor parte de la comunidad
internacional. Creo que esto no se debe solo a la ilusión de “paz”, sino
también a que han matado a muchos periodistas allí. Con todas las dificultades
que está atravesando la población de Gaza, es muy difícil cubrir todas las
masacres que siguen ocurriendo.
Por eso creo que es tan fácil continuar con
el genocidio mientras el mundo sigue con su rutina habitual. Lo mismo ocurrió
con los genocidios de Ruanda y Bosnia: sabíamos que estaba ocurriendo algo
horrible. Y, francamente, como europeos, debemos recordar que lo mismo pasó con
el genocidio del pueblo judío, los romaníes y los sinti, y lo que hoy
llamaríamos el colectivo queer hace un siglo
[en el Holocausto]. Esto ocurrió dentro de Europa: se sacó a la gente de sus
casas y de las calles. La gente lo sabía.
No es la primera atrocidad que ha ocurrido en
la historia del mundo, pero sí es la primera que se ha televisado íntegramente.
Me gustaría preguntar a la gente de Israel: ¿Veis lo que se está haciendo en
vuestro nombre? Ha habido informes de B'Tselem y otros
grupos de derechos humanos, hay soldados que han roto el
silencio y algunos incluso
se han suicidado. Los israelíes saben lo que le está pasando al pueblo
palestino, pero parece que no les importa.
Tras la masacre de Sabra y Shatila [en 1982],
se produjo una revuelta, incluso en Israel. Cuando se conoció la brutalidad del
ejército israelí [en la represión de las protestas palestinas] durante la
Primera Intifada, hubo una reacción popular. Pero hoy en día, incluso celebran las violaciones [de
prisioneros palestinos].
Siento un enorme respeto por aquellos
israelíes que han logrado abrir los ojos y darse cuenta de lo que están
haciendo. Es importante que el mayor número posible de israelíes se sume a la
lucha contra el apartheid, porque esto también es algo que
los mantiene cautivos. No se pueden cometer crímenes y atrocidades y maltratar
a otro pueblo sin perder la humanidad por el camino.
Cuando era joven, me decía a mí misma: si
hubiera vivido durante el Holocausto, habría hecho algo. Por eso sigo, a pesar
de las dificultades, tan comprometida con documentar y denunciar con precisión
lo que está sucediendo en los territorios palestinos ocupados, tal y como me ha
encomendado el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. Porque
“nunca más” es todos los días.
Puedo identificarme con eso. A veces la gente me pregunta por qué escribo
en hebreo, árabe e inglés. Es por la misma razón por la que visité Gaza pocas semanas antes de
que comenzara la guerra. Si mis nietos me preguntan, quiero poder contarles lo
que hice: informé, documenté, aporté pruebas y grabaciones, aunque no fuera
suficiente para impedir el genocidio.
Parece que el derecho internacional está sumido en una profunda crisis. Las
violaciones de Israel han sido muy evidentes para la mayoría de la
opinión pública mundial, pero no se aplica la ley ni se toman medidas sobre el
terreno. ¿En qué situación nos deja eso?
Como abogada internacional, la respuesta a
esta pregunta es sencilla para mí, porque está muy claro lo que hay que hacer y
la cuestión puede resolverse de acuerdo con el derecho internacional. La
presencia de Israel en los territorios palestinos ocupados ha sido declarada ilegal por la Corte Internacional de Justicia, por lo que Israel debe retirar sus tropas de Cisjordania,
Jerusalén Este y la Franja de Gaza. Sé que esto puede parecer una fantasía para
muchos israelíes, pero es lo que hay que hacer, porque es inconcebible que a
Israel [se le siga permitiendo] gobernar militarmente lo poco que queda de
Palestina.
Sé que esto no lo es todo para los
palestinos, pero es un comienzo; podría ser un paso hacia algo más. Muchos
piden un Estado democrático, otros piden dos Estados. De una forma u otra, lo
que la CIJ declaró en julio de 2024 es que la ocupación es ilegal y debe ser
desmantelada total e incondicionalmente, lo que significa retirar las tropas,
desmantelar los asentamientos, indemnizar a los palestinos y permitir el
regreso de los refugiados desplazados en 1967.
¿Cree que eso es realista? ¿Puede la comunidad internacional realmente
hacer que eso suceda?
Sin duda, es lo que prescribe el derecho
internacional, según la interpretación del máximo órgano judicial del mundo.
Hay medios pacíficos y no violentos para hacerlo, y también se puede recurrir a
medidas coercitivas cuando un país supone una amenaza para la paz y la
seguridad como lo hace hoy Israel, y no solo para Palestina, sino para toda la
región. Está bombardeando un país tras otro, respaldado por la impunidad de
Estados cuyos líderes pertenecen al siglo pasado y siguen pensando con
una mentalidad colonial.
Pero la nueva generación no es así, y las
encuestas lo demuestran. Por lo tanto, no se trata de si Israel se verá
obligado a poner fin a sus prácticas de apartheid, sino de cuándo.
Porque las cosas van a cambiar. Por eso hago un llamamiento a los israelíes
para que se sumen a esta causa y ayuden a conseguirlo. Para ello, tendrán que
renunciar no a sus derechos, sino a sus privilegios, privilegios que han tenido
a costa de todo un pueblo.
Entiendo que muchos israelíes puedan sentirse
inseguros y desprotegidos. Pero es posible que no vuelvan a estar seguros y
protegidos jamás si siguen sembrando resentimiento a su alrededor. Hay formas
de garantizar la estabilidad y la seguridad de Israel sin oprimir a otros. Y
todavía hay tiempo para probarlas.
Sin embargo, lo que estamos viendo ahora mismo es cómo toma forma la “Junta
de Paz” de Trump, que se creó aparentemente para supervisar el alto el fuego en
Gaza, pero que parece tener planes que van mucho más allá de la Franja, incluso
rivalizando con la ONU.
El futuro de Gaza, al igual que el del resto
de los territorios palestinos ocupados, debe estar en manos de los palestinos.
Es su autodeterminación. Es desconcertante ver cómo un grupo que no emana de la
voluntad del pueblo palestino se encarga de “reconstruir” Gaza. Y es
preocupante ver cómo la ONU queda relegada a un segundo plano y cómo el proceso
está liderado por un Estado –Estados Unidos– que no es una parte desinteresada
y que ha apoyado en gran medida la destrucción de Gaza.
La población de Gaza está extremadamente
agotada y traumatizada. Es necesario garantizar su cuidado y bienestar, pero
esto no se ve por ninguna parte [en los debates en torno a la Junta de Paz].
Más aún, se han cometido atrocidades en Gaza que deben investigarse. Hay
pruebas que recopilar antes de que pueda llevarse a cabo la reconstrucción, por
lo que se debe permitir la entrada de investigadores independientes.
Cuando publiqué una foto en Facebook de nosotras dos después de tu
conferencia en la SOAS, algunas de mis colegas
feministas judías israelíes me eliminaron de su lista de amigos porque creen
que has negado, aunque sea implícitamente, que Hamás cometió violaciones y
otras formas de violencia sexual contra mujeres israelíes el 7 de octubre o
después. ¿Puedes aclarar tu postura al respecto?
Nunca he negado que se produjeran abusos
sexuales. Esto ha quedado ampliamente documentado. Hay pruebas en vídeo de
[rehenes] con sus partes íntimas expuestas o en estrecho contacto con sus
secuestradores, por ejemplo. Reconocí y condené los abusos sexuales denunciados
por la Comisión de Investigación de
las Naciones Unidas y me
solidarizo con esas mujeres.
Lo que sí dije es que, personalmente, no vi
ningún testimonio de personas que fueran violadas el 7 de octubre y que, del
mismo modo, no había aparecido ninguna prueba de “violaciones masivas” ese día,
a pesar de que esta sigue siendo una acusación recurrente.
Soy consciente de que las víctimas de
violencia sexual y violación tienen dificultades para hablar, y lo respeto
enormemente. Pero lo que he dicho, y lo que he condenado, es el hecho de que
hubo acusaciones generalizadas de violaciones masivas, y dije que no hay
pruebas de ello, al igual que las [acusaciones de] bebés decapitados o bebés metidos en un horno. Estas son las tres
cosas que se siguen repitiendo en varios países europeos, incluido el mío.
Siempre he condenado los ataques contra
civiles que se cometieron el 7 de octubre. He dicho que atacar, matar y
secuestrar a civiles es un crimen de guerra. No importa si las víctimas son
palestinas o israelíes. De hecho, en mi primera entrevista después del 7 de
octubre, mi deseo era que la comunidad internacional, incluidos aquellos que
suelen ponerse del lado de los palestinos, mostrara sabiduría y compasión, porque
ese fue un momento de enorme sufrimiento para los israelíes, uno que podría
haberlos acercado a los palestinos, cuyo trauma se ha convertido en
intergeneracional.
También fue un día muy duro para mí. Mientras
veía las imágenes del 7 de octubre, y durante varios días después, me
preguntaba cómo sería capaz de seguir haciendo este trabajo.
Hoy me pregunto: ¿el hecho de que los niños
palestinos sean secuestrados uno por
uno en mitad de la noche, 700 de
ellos cada año, los hace menos rehenes? ¿Es menos brutal
que los palestinos sean asesinados por centenares cada dos años cuando Israel
necesita descargar su armamento contra Gaza en otra guerra “preventiva” más?
Por eso debemos asegurarnos de que esto sea
el final. Porque los palestinos han sufrido demasiado, y los israelíes también.
Este es el punto de no retorno, desde el que debemos avanzar hacia un lugar
menos oscuro.
Pero, en cambio, todo el mundo ha estado avivando las llamas, e Israel ha
recibido el apoyo incondicional de gran parte de Occidente.
Es cierto. ¿Por qué se apoyaría
incondicionalmente a cualquier Estado? El respeto de los derechos humanos
siempre debe ser una condición para el apoyo. El respeto del derecho
internacional humanitario debe ser una condición para el apoyo.
Según el derecho internacional, un Estado
tiene derecho a protegerse, pero no a masacrar a otro pueblo. Incluso el ejército israelí [sabe] que
alrededor del 85 % de las
personas que mató en Gaza eran civiles. Por eso digo que tenemos que marcar un
límite, que tenemos que ser racionales, que tenemos que reconocer la humanidad
del otro y que tenemos que reconocer que Israel lleva oprimiendo a los
palestinos con prácticas de apartheid desde hace
más tiempo del que muchos palestinos pueden recordar.
Cuando la gente me pregunta si Israel tiene
derecho a existir, respondo simplemente: Israel existe y, como miembro de la
comunidad internacional, tiene que cumplir el derecho internacional. Pero lo
que muchas de las personas que hacen esa pregunta parecen estar planteando es
el derecho de Israel a existir como Estado de apartheid, sin rendir
cuentas. No. Israel no tiene derecho a comportarse por encima de la ley o en
contra de la ley.
Israel no es una excepción. Debe bajar de su
pedestal y darse cuenta de que, aunque todavía pueda contar con el apoyo de
líderes fuertes, esto no durará para siempre. La opinión pública en Europa está
cambiando, y el hecho de que el movimiento de solidaridad esté siendo
severamente reprimido no ayuda a presentar a Israel bajo una luz más favorable.
En 2024, Alemania detuvo a más personas
judías que en cualquier otro año desde el Holocausto. ¿Por qué? Porque se
oponían a la violencia israelí en Gaza. El Reino Unido ha estado criminalizando
a las organizaciones propalestinas y tratando a las ONGs y a los periodistas
como terroristas. Francia ha estado prohibiendo las protestas. E Italia se está
volviendo cada vez más estricta en la negación de la libertad de expresión y de
asociación.
El año pasado, usted escribió un informe que investigaba a
las empresas privadas cómplices del genocidio y la ocupación de Israel, algo
por lo que la ONU no suele ser conocida. ¿Por qué era importante para usted ir
más allá del nivel de los gobiernos para denunciar a las empresas que se
benefician de estas violaciones del derecho internacional?
He pasado los últimos dos años investigando
el genocidio. En cierto momento, me di cuenta de que, mientras mucha gente,
incluidos los israelíes, perdía sus ingresos, la economía palestina se
derrumbaba y moría tanta gente, la bolsa israelí seguía
subiendo; creció más del 200 % de su valor. Y esto se debe a que existe una
interconexión entre los actores privados: bancos, fondos de pensiones, empresas
militares, empresas de vigilancia y muchos otros se estaban beneficiando de
ello.
Ya existía una economía de ocupación que
había permitido el desplazamiento y la sustitución de los palestinos, por lo
que podría haber escrito ese informe hace años. Pero estas empresas siguieron
participando incluso cuando quedó claro que Israel posiblemente estaba cometiendo
el delito de genocidio, como concluyó la Corte Internacional de Justicia en sus medidas preliminares en enero de 2024. Las normas empresariales y de
derechos humanos deberían haber llevado a estas empresas a interrumpir sus
actividades en los territorios palestinos ocupados, pero siguieron
participando. Por eso era necesario sacarlo a la luz.
Y no solo hablamos de empresas israelíes,
sino también de empresas occidentales y otras. Aquí existía la posibilidad de
exigir responsabilidades más allá de Israel.
Como resultado de su trabajo, usted misma ha sido objeto
de sanciones por parte del Gobierno de Estados Unidos. ¿Cómo ha
afectado esto a su vida y a su capacidad para realizar su trabajo?
La censura financiera tiene enormes
implicaciones, que afectan tanto a mi trabajo como a mi vida privada. No puedo
abrir una cuenta bancaria en ningún sitio, lo que significa que no puedo pedir
un taxi, reservar una habitación de hotel ni comprar nada a menos que pueda
hacerlo en efectivo. También se me ha impedido viajar a Estados Unidos, y
muchos ciudadanos estadounidenses han dejado de relacionarse conmigo porque
corren el riesgo de ser acusados de cometer un delito grave según la
legislación estadounidense, que conlleva una pena de hasta 20 años de cárcel y
una multa de un millón de dólares. Es absurdo.
Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con
lo que digo y hago. Pero me han castigado por mi trabajo, sin derecho a
apelación, sin que se demostrara que estaba equivocada y violando mi estatus en
la ONU, que me otorga privilegios e inmunidades por las acciones realizadas en
el contexto de mi trabajo.
Su nuevo libro, When the World Sleeps: Stories, Words, and Wounds of
Palestine (Cuando el
mundo duerme: historias, palabras y heridas de Palestina), se publicará en
inglés en abril de este año. ¿Qué lecciones espera que los lectores extraigan
de él?
El libro es un viaje por Palestina que nace
de mi experiencia de vivir allí, trabajar allí y ser relatora especial. Quería
contar la historia de Palestina tal y como la he conocido a través de diversas
personas –palestinos e israelíes– para poder presentar y desentrañar diversos
temas.
Ha sido un éxito de ventas en Italia y se ha
traducido a más de 16 idiomas. Creo que a la gente le gusta porque provoca un
despertar, y permite comprender los problemas del presente y del pasado de una
manera holística. Todo se pone en contexto. Es muy humano, no es crítico.
También puede ser difícil de leer, porque hay historias de niños y de personas
que ya no están con nosotros. Pero la gente parece apreciarlo mucho.
Y, por último, ¿cuál es su mensaje hoy para los palestinos y para los
israelíes que se oponen al genocidio, el apartheid y la ocupación?
Los vemos. No están solos. El movimiento de
derechos humanos ha despertado gracias a Palestina y a lo que ha sucedido en
los últimos dos años. La gente ahora reconoce la interconexión entre diversas formas de injusticia y diversas
formas de resistencia pacífica a la injusticia. Quiero que esta resistencia
pacífica se normalice en lugar de la violencia.
------------------
Samah Salaime es una
activista y escritora feminista palestina.
Esta entrevista se publicó en +972 Magazine, el pasado 21 de enero
[Foto: Rafael Medeiros - fuente: WWW.ctxt.es]