terça-feira, 21 de julho de 2026

Francia: el «no alineamiento» de LFI

 

Escrito por Fabien Escalona

El movimiento de Jean-Luc Mélenchon publicó el 2 de julio su visión para la política exterior. Si el “interés general humano” es la brújula oficial, Francia es exaltada como una “potencia universal”, que resulta muy ingenua con las potencias rusa y china.

Dentro de la izquierda, y a decir verdad en todo el espectro partidista, la originalidad de La France insoumise (LFI) se debe desde hace mucho tiempo a su doctrina de las relaciones internacionales, al menos la que Jean-Luc Mélenchon y algunos de sus ejecutivos más cercanos han forjado. Más allá de las posturas coyunturales de sus responsables, el movimiento ha precisado sus concepciones generales en dos ocasiones recientes.

La primera tuvo lugar el 27 de junio, durante un simposio del Instituto La Boétie dedicado precisamente a “la nueva geopolítica”. Al día siguiente del ejercicio, los comentaristas pudieron encontrar material para el reproche más común al líder insumiso, a saber, el de un "doble estándar" inverso (una actitud firme frente el imperialismo estadounidense y su aliado israelí, pero mucho más comprensiva o incluso preocupado por la cooperación con los imperialismos ruso y chino).

La segunda oportunidad fue de mayor interés aún. Se trata de la publicación el 2 de julio, siempre a través del Instituto La Boétie, de un folleto escrito. Titulado “En el umbral de un nuevo mundo”, escrito por Jean-Luc Mélenchon, ahora oficialmente candidato a las elecciones presidenciales, así como por tres miembros del departamento de relaciones internacionales del instituto: Sophia Chikirou, Arnaud Le Gall y Camille Verneuil (los dos primeros forman parte del grupo LFI en la Asamblea Nacional).

El folleto, que pretende definir “la orientación de la política exterior de Francia” bajo una presidencia insumisa, está estructurado en tres partes. La segunda, la más programática y la más larga, despliega las implicaciones de una Francia “no alineada” “al servicio del interés general humano”, desde el reforzamiento de las Naciones Unidas hasta las ambiciosas relaciones bilaterales con India y China, pasando por la salida de la OTAN.

Está enmarcada por otros dos tipos de considerandos. Al comienzo, una introducción ofrece una imagen inquietante de la evolución del sistema internacional en las últimas tres décadas, evocando una “era de guerras y crisis ecológica generalizada”. Aguas abajo, una conclusión más filosófica defiende el imperativo de una cooperación solidaria a escala global, precisamente para hacer frente a las amenazas que pesan sobre toda la especie humana.

El conjunto se lee como una mezcla de ideales generosos y posturas mucho más divisivas. Francia, calificada de “potencia universal”, está llamada a emanciparse de la lógica de los bloques para defender mejor su mensaje de “coexistencia pacífica y [de] libre cooperación entre los pueblos”. Sin embargo, las capacidades de acción e influencia que se le atribuyen parecen desproporcionadas en comparación con su peso real en la escena internacional.

Evasivos sobre Ucrania, cortantes sobre Taiwán

Primera observación: el texto evita cualquier trapo rojo sobre Ucrania. El legado sobre el tema es pesado, desde la celebración de Jean-Luc Mélenchon de la anexión de Crimea por parte de Rusia en 2014, hasta sus llamamientos, el verano pasado, a la salida de Volodymyr Zelensky de la presidencia de Ucrania, pasando por su convicción expresada, tres meses antes de la invasión a gran escala del país, de que esta perspectiva era "ridícula", en la medida en que "solo el mundo anglosajón tiene una visión de las relaciones internacionales basada en la agresión".

A medida que se acercaban las elecciones presidenciales, se optó por desminar el terreno. La agresión del 24 de febrero de 2022 se califica de “violación importante del derecho internacional”, y se afirma que “el destino de la guerra” no debe ser decidido por Washington y Moscú. Sin embargo, los "medios diplomáticos" para lograrlo no se detallan, ni la forma de apoyar a Ucrania hasta que vuelva la paz, aunque se sabe que el candidato insumiso reprueba la forma en que Kiev se defiende actualmente, apuntando a la máquina de guerra rusa en su propio territorio.

Sin embargo, la marca insumisa se encuentra en la evocación de las causas de la guerra. Estas se reducen, en última instancia, a la extensión de la OTAN al este. Una explicación demasiado corta, que debería hacerse más compleja teniendo en cuenta la dinámica interna del Estado ruso, portador de una larga tradición de reflejo imperial, y los cálculos propios de Putin para garantizar la supervivencia de su sistema mafioso. Sobre todo porque la potencia rusa no necesitó la amenaza de la OTAN para cometer crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en Chechenia o Siria.

La diferencia insumisa persiste también en la esperanza expresada, “una vez que vuelva la paz”, de una Rusia reintegrada al “concierto europeo”. De hecho, LFI desea volver a la oportunidad desperdiciada del fin de la Guerra Fría, que debería haber permitido construir “un sistema de seguridad colectiva paneuropeo, [...] el amanecer de una Europa reunificada e independiente desde el Atlántico hasta los Urales”. Pero apenas se dice cómo se podría lograr tal reinicio, sin que se haya alguna forma de justicia sobre los crímenes cometidos, y en vista de la estrategia de dominación y desestabilización de Europa elegida por el régimen putinino.

El tono finalmente resulta más seco con Taiwán, un estado de facto independiente de la República Popular China, que reivindica la reintegración del archipiélago a su seno. En repetidas ocasiones, los redactores invocan la recuperación por parte de Beijing de su sede en la ONU en 1971, para afirmar que “la isla pertenece al territorio internacionalmente reconocido de China”. La “diferencia de gobierno”, modestamente no detallada, se remite a “negociaciones” entre las dos partes.

De hecho, los redactores rebeldes se deslizan rápidamente de la “política de una sola China” al “principio de una sola China”. La primera la siguen Francia y otras cancillerías occidentales, que mantienen relaciones con Taiwán sin reconocerlo oficialmente como Estado. La segunda, defendida por Pekín, implica que Taiwán debe ser devuelto a su autoridad. Sin embargo, la población del archipiélago ha conquistado entretanto derechos democráticos, como la celebración de elecciones libres, y libertades personales, por ejemplo, el acceso al matrimonio y la adopción para las parejas homosexuales.

La autodeterminación de los pueblos puede ser mencionada en el folleto, pero apenas se tiene en cuenta en este expediente. Y esto, incluso cuando la sociedad taiwanesa ha rechazado repetida y masivamente su suminación al partido-estado de Xi Jinping, partidario de la vigilancia generalizada y la persecución de las minorías. Y no vemos cómo una negociación cambiaría nada, ya que la diferencia de poder es gigantesca entre Beijing y Taipei.

Ciertamente, el texto evita cualquier provocación descarada. No encontraremos un equivalente a las declaraciones delirantes de Aurélien Taché, diputado de LFI, afirmando en un medio de comunicación confusionista que Taiwán sería similar a una Córcega sobre la que el régimen de Vichy hubiera tomado el control al final de la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, sigue siendo una posición que intenta complacer a la República Popular China, a la que los insumidos quieren acercarse más que actualmente.

Ausencia de un proyecto europeo

Pensar en la cooperación con Beijing es bastante natural. Sobre el cambio climático, los peligros de la inteligencia artificial, las cuestiones de salud o el control de los armamentos, los bienes públicos mundiales requieren encontrar terrenos de entendimiento o, como mínimo, de reducir conflictos.

Sin embargo, para los insumisos, esto va más allá: siendo los Estados Unidos en declive la principal fuente de inseguridad en el mundo, es esencial para ellos enfrentar a "la primera potencia productiva mundial" en su agenda a favor del "interés humano general". Aunque sea para asumir algunos llamamientos a la solidaridad entre los pueblos, para tomar al pie de la letra a las autoridades chinas exaltando una “civilización ecológica” y mostrarse fascinados por sus “proezas espaciales”.

Sin embargo, los autores del folleto se defienden de toda ingenuidad, afirmando que toda cooperación bilateral debe hacerse con “independencia estratégica” “el respeto mutuo de ambas soberanías”. Esto ilustra bien la sobrevaloración algo romántica del poder francés en el mundo, que atraviesa todo el documento.

Dado que China ha alcanzado las capacidades que tanto impresionan a los insumisos, pero que Francia está atrapada en una acumulación capitalista sin aliento, ¿cómo se le incitaría a tratar a Francia en pie de igualdad? Comprometida por sus propios intereses en un “choque comercial” que amenaza a los aparatos industriales europeos, ¿por qué salvaría a París?

En el sistema internacional tal y como evoluciona, organizado en torno a polos de poder continentales, interactuar en pie de igualdad con China requeriría ante todo no presentarse dispersos frente a ella. Sin embargo, el folleto insumiso apenas dibuja un proyecto a escala europea, aparte del "concierto" ampliado a Rusia lo antes posible.

La Unión Europea (UE) es tratada como un objeto un poco engorroso, incluso si los redactores dicen sentirse comprometidos por la “cláusula de asistencia mutua” entre sus Estados miembros. Desde un punto de vista francés y de izquierda, los insumisos juegan a contrapelo: la integración europea es efectivamente lenta y contradictoria, una buena parte de los Veintisiete todavía lucha por imaginar un destino sin el protector estadounidense, y todo el continente se inclina claramente hacia la derecha.

Sin embargo, cabe señalar que el divorcio con Washington sería más fácil de aceptar por los países de Europa Central y Oriental si no hubiera dudas sobre el apoyo de los países más occidentales, incluida la izquierda insumisa, en caso de agresión rusa. También cabe destacar que el acceso al mercado europeo, si se utilizara como palanca estratégica, permitiría jugar un equilibrio de poder más que cualquier otro conjunto geopolítico.

A falta de estar convencidos de que la UE puede ser un marco relevante para producir bienes públicos para los que los Estados miembros no tienen los medios, los insumisos enumeran entonces los otros espacios gracias a los cuales Francia podría dar cuerpo a un “humanismo radical”. Algunos foros, en otros continentes, podrían así ser apoyados gracias a los territorios de ultramar, que los redactores y redactoras presentan como “vanguardias”, levantándose contra el desprecio racista del que son objeto pero contando con aprovechar este legado imperial.

Más extraña, la evocación de la latinidad” da lugar a una prosa esencializante, bastante olvidadiza de las variedades de trayectorias históricas y contradictoria con la criollización alabada por Jean-Luc Mélenchon. Aprendemos así que “los espacios lingüísticos de la francofonía, la lusofonía y la hispanofonía, a los que hay que añadir Italia, Rumanía y Moldavia”, forman “un componente importante del pueblo humano”.

“Su profunda unidad, continúan las plumas insumisas, no se basa solo en hablar lenguas pertenecientes a la misma familia lingüística, sino en una visión del mundo que ha atravesado los siglos desde la antigua República Romana. De Roma, los pueblos latinos heredaron una concepción cívica de la nación, [...] y un cierto universalismo que hacía de la ciudadanía un principio de organización colectiva más allá de los orígenes particulares. Existe, por así decirlo, una ósmosis entre esta herencia filosófica latina y el necesario advenimiento del pueblo humano". 

Francia es más grande de lo que es

En igualdad de condiciones, esta búsqueda de un sustrato histórico-cultural, que abre afinidades a Francia hasta el corazón del Sur contemporáneo, recuerda el proyecto de “Global Britain” que fue atribuido al Reino Unido, a finales de la década de 2010, por algunos partidarios de su salida de la UE. El Reino Unido, afirmaron, podría proyectar de nuevo un papel global gracias a sus lazos en una Commonwealth renacida, transformando el plomo postcolonial en oro cosmopolita.

El resultado, como recuerda la investigadora Marie-Claire Considère-Charon en su reciente Geopolítica del Reino Unido (PUF, 2026), fue un fiasco. Todo apunta a que “la estructura heterogénea” y la “baja densidad institucional” de los espacios francófonos y latinos, como en el caso de la Commonwealth, impiden convertirlos en actores significativos en la transformación del sistema internacional, y Francia solo tiene en ellos una capacidad de arrastre reducida.

Escrito para el mundo de 2027, el folleto da la impresión de evocar una nación cuyo rango mundial fuera todavía el de la década de 1930. “Objetivamente”, nos recuerda el politólogo Philip Golub, “el declive de la posición de Francia no ha dejado de emperorar desde el presidente de Gaulle. A pesar de sus importantes activos, como su arsenal nuclear o su asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU, no es una potencia global simplemente por su tamaño. Es principalmente en Europa donde Francia tiene un papel que desempeñar, con bastantes dificultades que superar". 

Hay Estados, a escala internacional, que juegan a una postura no alineada, sin duda. Apodados los “hedgers” (en los márgenes) por los académicos que los estudiaron de cerca, intentan navegar y escapar en parte a la nueva tenaza bipolar sino-estadounidense. Pero desde Indonesia hasta Brasil, pasando por la India y algunos países del Golfo, sus recursos humanos, energéticos, productivos y financieros superan con creces los de Francia, que, sin una alianza militar, también se verá obligada a gastar mucho más en su defensa, o asumir que es más vulnerable.

Hay que añadir que estos Estados no tienen las mismas ambiciones que las expresadas por LFI, es decir, cuestionar la acumulación desigual que desestabiliza al mundo. Las hábiles estrategias transaccionales no están a la altura del desafío, que consiste en construir solidaridades y reglas a largo plazo. Esta última tarea puede lograrse rechazando todo vasallaje, pero no sin construir alianzas aunque estén poco institucionalizadas.

El dilema había sido identificado en 1967 por el filósofo Pierre Hassner: “Para una potencia media cuya influencia y seguridad suponen un mínimo de orden internacional, es probable que la no alineación conduzca a todo, siempre que se saque a los demás. Lo que, tarde o temprano, equivale a salir uno mismo".

 

Fabien Escalona es doctor en Ciencias Políticas y autor de una tesis sobre La reconversion partisane de la social-démocratie européenne (Dalloz, 2018), y del ensayo Une République à bout de souffle (Seuil, 2023). Tras colaborar puntualmente con Mediapart, se incorporó al equipo de forma permanente en febrero de 2018. Es miembro del departamento de política, y también trabaja en temas internacionales y de actualidad en ciencias sociales.

[Fuente: www.mediapart.fr/journal/politique/130726/logique-et-travers-du-non-alignement-que-lfi-veut-pour-la-france?utm - reproducido en www.sinpermiso.info]

Uma infância alemã

 Comentários sobre o filme dirigido por Fatih Akin, em cartaz nos cinemas 

Fotograma de "Uma infância alemã", filme dirigido por Fatih Akin

Escrito por JOÃO LANARI BO*

1.

Uma infância alemã: título singelo escolhido pelo distribuidor brasileiro, provavelmente temeroso de que a audiência não entenderia o original, “Amrum”. Alguém viu o filme e concluiu que era um retrato da infância na Alemanha. De fato, é – mas num contexto particular, geográfica e historicamente. Uma infância retratada em um momento vertiginoso, poucos dias antes e depois do suicídio de Hitler e fim da Segunda Guerra Mundial, antes e depois do apocalipse, pequenos momentos em que a pulsão de morte da humanidade veio à tona.

Como fazer um filme sobre essa vertigem, adotando o ponto de vista de um garoto de 12 anos, em uma ilhota no norte da Alemanha? O diretor, o turco-alemão Fatih Akin, ostenta uma trajetória exitosa de trabalhos contundentes, para usar um eufemismo, como Em pedaços, de 2017, e O bar Luva Dourada, de 2019. O mundo a partir do olhar de uma criança não dispõe, em princípio, das obsessões de violência gráfica que habitam o imaginário adulto.

Em princípio porque o sadismo implícito em produções voltadas para o público infantil pode ser algo bastante real, mas isso é assunto para psicanalistas. Em Uma infância alemã a linguagem convencional reproduz os parâmetros de um garoto amadurecendo em um ambiente atordoante, a poucos quilômetros de uma catástrofe tectônica, mas isolado em uma ilha chamada Amrum, e a salvo de perigos imediatos.

Baseada no livro de memórias do ator e diretor Hark Bohm, que nasceu em Hamburgo e cresceu em Amrum, a história gira em torno dos dilemas e soluções que surgem no cotidiano plenos de imprevistos de Nanning Bohm (Jasper Billerbeck). Sua mãe é francamente nazista, em casa um retrato de Hitler adorna a parede. Na estante, vários livros do avô tratam de biologia, uma área de estudos perigosamente política naqueles tempos de pretensa superioridade racial ariana.

A família, apesar de raízes na ilha, é um corpo indesejado em boa parte da comunidade local, não apenas pelo nazismo ostensivo, mas também pelo choque com a cultura frísia local. Embora a beira do abismo, a arrogância da mãe espraia-se na atmosfera e afeta as relações de Nanning.

2.

Os ancestrais dos frísios migraram da Escandinávia para a região costeira alemã por volta da Idade do Ferro, e foram descritos por historiadores romanos como guerreiros independentes que habitavam áreas pantanosas. Possuem sua própria língua, o frísio, considerada o idioma moderno mais próximo do inglês. No filme, para sobrecarregar a situação, a mãe dá à luz exatamente no dia em que é anunciada a morte do Führer – e entra em depressão, recusando-se a comer, exceto pão com manteiga e mel.

Para cumprir esse desejo, Nanning atravessa imensas áreas de maré baixa, caça coelhos com o amigo (frísio) Herman, recita o juramento da Juventude Nazista e assiste a uma foca ser baleada à queima-roupa para ajudar um pescador local.

Tudo isso, todas as reviravoltas, Uma infância alemã narra em tom de fábula, como são as narrativas construídas a partir de narradores- mirins. Um antecedente é o extraordinário Alemanha ano zero, que Roberto Rossellini realizou em 1948 – um narrador que perambula pelos destroços de Munique no imediato pós-guerra, lutando para salvar o pai enfermo. A historicidade do filme de Roberto Rossellini retorna, décadas depois, no filme de Fatih Akin.

Ambos têm uma qualidade histórica rara nesse mundo de narrativas codificadas do cinema que trata da Segunda Guerra: como internalizar um conflito dessa proporção no cotidiano de famílias que viveram sob o jugo de uma opressão ideológica colossal, que levou a um projeto radical de autodestruição?

Hitler não era unanimidade na Alemanha, mas, por várias razões, desde ações cruéis de repressão ao populismo descarado que exibia – que incluiu experimentos como os documentários de Leni Riefenstahl – manteve-se no poder e fez o que fez. O microcosmo em que vive Nanning é um dos espaços em que se davam esses pequenos embates, desta feita, com o pano de fundo de um país em frangalhos.

Uma infância alemã é o trabalho mais reservado, porém extremamente cinematográfico, de Fatih Akin. Stand by me (Conta comigo na tradução brasileira), que Rob Reiner dirigiu em 1986, é citado por ele como uma inspiração pessoal. Em ambos, sobreviver como criança em um ambiente hostil implica em altos riscos – e às crianças resta a capacidade de aliarem-se umas às outras para driblar os males do mundo.

Ao longo desses poucos dias, Nanning constrói seu guia moral de sobrevivência, entre os limites mais ou menos opacos impostos pelos adultos e a vastidão dos horizontes e marés da ilha de Amrum. Oscilando entre a inocência e o amor pela mãe, entre os vícios da época e as relações imediatas de afeto, sua luta, em última análise, é a preservação do instinto de generosidade.

Embora se trate de um filme assertivo em seu posicionamento, a direção é delicada, suave, assim como a montagem, seca e objetiva: não há manipulações de trilhas sonoras ou momentos artificialmente aflitivos – a narrativa é tão direta quanto possível.

Hark Bohm faleceu dois meses após da exibição do filme no Festival de Toronto. Filho de oficial nazista – seu pai ingressou na SS em 1933 e alcançou o posto de SS-Obersturmführer – foi ator e diretor de destaque, tendo atuado em várias produções de Rainer Werner Fassbinder.

Hark Bohm adoeceu quando escrevia o roteiro, e Fatih Akin colaborou na escrita. Logo ficou claro que Fatih Akin teria de dirigir o filme que seria do amigo e mentor. Não seria despropositado dizer que o último filme de Fatih Akin não é de fato um filme de Fatih Akin: seria um filme de Hark Bohm dirigido por Fatih Akin.

*João Lanari Bo é professor de cinema da Faculdade de Comunicação da Universidade de Brasília (UnB). Autor, entre outros livros, de Cinema para russos, cinema para soviéticos (Bazar do Tempo). [https://amzn.to/45rHa9F]

Referência


Uma infância alemã (Amrum)
Alemanha, 2025, 93 minutos
Direção: Fatih Akin
Roteiro: Hark Bohm e Fatih Akin
Elenco: Jasper Billerbeck, Laura Tonke, Lisa Hagmeister, Kian Köppke 

 

[Fonte: www.aterraeredonda.com.br]

segunda-feira, 20 de julho de 2026

La immigració es manté entre les principals preocupacions dels andorrans

Fa només dos anys pràcticament no apareixia als sondejos i avui preocupa a l'11,6% de la població 

Vista d'Andorra la Vella 

La immigració continua consolidant-se com una de les preocupacions de la ciutadania andorrana, tot i registrar un lleuger descens respecte al darrer sondeig. 

Així ho posa de manifest l'Observatori del primer semestre del 2026 elaborat per Andorra Recerca i Innovació (AR+I), que situa aquesta qüestió entre els temes que més inquietud generen al país.

Segons l'estudi, un 11,6% dels enquestats assenyala la immigració com una de les principals preocupacions, una xifra inferior al 13,4% registrat en el segon semestre del 2025. Tot i aquesta reducció de gairebé dos punts percentuals, la qüestió manté una presència destacada en el debat ciutadà. 

Una preocupació que ha emergit en els darrers dos anys

El coordinador del grup de Sociologia de l'AR+I, Joan Micó, ha destacat que es tracta d'un fenomen relativament nou dins dels sondejos d'opinió. 

"La immigració és una situació que en tots aquests anys, fins fa dos anys pràcticament no es deia, i des de fa dos anys augmenta", ha explicat.

Malgrat el descens registrat en aquesta onada, Micó considera rellevant que la qüestió continuï apareixent entre les inquietuds dels ciutadans. "Sí que és veritat que de cara a l'observatori anterior ha baixat dos punts. Això també és interessant", ha afegit. 

L'habitatge continua sent el gran problema del país

L'Observatori deixa clar, però, que la principal preocupació dels andorrans continua sent l'habitatge, els salaris i el cost de la vida, un àmbit que és esmentat pel 72,8% dels enquestats. 

En segon lloc apareix el trànsit, amb un 23%, mentre que les infraestructures i els equipaments ocupen la tercera posició, amb un 18,6%.

 

Article publicat originàriament a 'La Veu Lliure'

[Foto: Jossuha Théophile - reproduït dins www.racocatala.cat]

O alcalde de Nova York valora arrestar Netanyahu se viaxa en setembro á ONU

Mamdani considera que o primeiro ministro de Israel é "un criminal de guerra" e examina xa as opcións legais para a súa detención.

O alcalde de Nova York, Zohran Mamdani 

Escrito por Antón Escuredo 

O alcalde de Nova York, o socialdemócrata Zohran Mamdani, contempla abertamente a posibilidade de deter o primeiro ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, durante a visita que ten programada en setembro á Asemblea Xeral da ONU na metrópoles estadounidense por considerar que o mandatario israelí é un criminal de guerra polo que "o seu lugar" é o banco do acusados Tribunal Penal Internacional (TPI). 

Sobre Netanyahu pesa unha orde de arresto do TPI por crimes de guerra e contra a humanidade ao ordenar a ofensiva do exército israelí contra a Faixa de Gaza. O problema reside en que Estados Unidos non forma parte da corte nin recoñece a validez das súas decisións. 

Porén, organizacións non gobernamentais propalestinas, como a Fundación Hind Rajab, afirman que Estados Unidos incorporou parcialmente os delitos tipificados no Estatuto de Roma, fundamento da corte internacional, nas súas leis nacionais e forma parte do Cuarto Convenio de Xenebra, que estabelece que os Estados Parte "terán a obrigación de buscar ás persoas presuntamente responsábeis de cometer, ou de ordenar cometer, tales infraccións graves, e deberán levar ás devanditas persoas, independentemente da súa nacionalidade, ante os seus propios tribunais". 

Nunha entrevista co New York Times, Mamdani esgrimiu a título privado que o primeiro ministro israelí "é un criminal de guerra, imputado polo Tribunal Penal Internacional, e o seu lugar é A Haia" porque "é o resultado das súas accións durante estes anos". O alcalde engadiu que ten intención de facer todo o que "lle permita a lei da cidade de Nova York" e a posibilidade de deter a Netanyahu "está a ser discutida" polos seus asesores legais. 

 

(Foto: Europa Press / Contacto / Samantha Cotler - fonte: www.nosdiario.gal]

«L’isola dei ricordi», film di Fatih Akin


di Matteo Galli

Niente spoiler, non preoccupatevi: ma l’ultima scena de L’isola dei ricordi  di Fatih Akin è fra le più toccanti fra quelle viste di recente: la macchina da presa inquadra in primo piano per quindici secondi Hark Bohm, poi  stacca e lo inquadra da dietro mentre lui guarda la luce pazzesca del Mare del Nord, e lentamente, sempre la macchina da presa, si allontana.

I meno giovani fra i lettori forse sapranno chi è, chi era Hark Bohm (1939-2025), interprete fra i preferiti di Rainer Werner Fassbinder, con il quale – se non vado errato – ha girato ben undici film, rivestendo sempre ruoli minori, ma non per questo meno importanti. Nessuno o quasi, credo, sa che Bohm è stato anche regista girando almeno due film che in Germania godono dello statuto di film “classici” seppur controversi ovvero Nordsee ist Mordsee (1976) e Yasemin (1988), opere entrambe ambientate nella Germania del Nord, segnatamente ad Amburgo dove Bohm era nato, salvo poi trasferirsi già da ragazzo nell’isoletta del Mare del Nord chiamata appunto Amrum (20 chilometri quadrati). E  Amrum è appunto anche il titolo tedesco del presente film tratto da un libro autobiografico scritto dallo stesso Bohm nel 2024. In origine, doveva essere lo stesso autore a dirigerla, dopo aver redatto insieme a Fatih Akin (suo storico amico) la sceneggiatura. Purtroppo però il regista/attore/scrittore si è ammalato, e ha a malapena fatto in tempo ad assistere alla première tedesca il 9 ottobre del 2025 per poi andarsene cinque settimane dopo. Talché la scena descritta all’inizio assume proprio il sapore di uno straziante commiato.

Anche Fatih Akin (1973) è amburghese e, come molti sanno, è da considerarsi il principale regista turco-tedesco (i genitori erano originari della Turchia e sono emigrati in Germania Occidentale negli anni ’60). La sua consacrazione, è noto, avvenne con il suo quarto film, con La sposa turca (2004), l’ultimo film – anche – in lingua tedesca ad aver vinto l’Orso d’Oro a Berlino – e da allora, pur con alterno successo, Akin è divenuto uno dei (pochi) registi di lingua tedesca a godere in Italia di una regolare distribuzione, (l’altro è Christian Petzold, di cui, curiosamente, proprio in questi stessi giorni è uscito nelle sale Miroirs No. 3 – Il mistero di Laura). Partendo dal sensato presupposto che nessuno, in Italia, conosca l’isoletta, BIM, il distributore italiano ha deciso di ribattezzare il titolo del film L’isola dei ricordi.

Il film si svolge in un periodo estremamente ridotto, qualche settimana. Sono gli ultimi giorni della seconda guerra mondiale, gli aerei britannici solcano i cieli e scaricano in mare le bombe residue, a un certo momento si viene a sapere che Hitler si è suicidato (30 aprile) e che la Germania è capitolata (8 maggio). Questo momento decisivo della Storia mondiale ci viene raccontato dalla prospettiva di un ragazzino di dodici anni che si chiama Nanning (bravissimo il giovane attore che è stato selezionato dalla moglie di Akin, Monique, e che risponde al nome di Jasper Billerbeck). Volendo ridurre all’osso l’intreccio, si può dire che buona parte del testo verte sulla tenacia del ragazzino nel volersi a tutti i costi procurare, in questi tempi grami e di miseria, del pane bianco, del burro e del miele per sfamare la madre che ha appena partorito e che, più che affetta da una depressione post-partum, è chiaramente affranta dalla fine del regime, di cui fin da ultimo è stata convinta sostenitrice. E per conseguenza, dato l’amore sconfinato per la madre, anche Nanning ha fatto propri tutti gli obblighi previsti dai nazisti: la divisa, il saluto, lo sbattere dei tacchi e la fede incrollabile – gesti, pensieri e consuetudini che man mano che passa il tempo diventano sempre più ridicoli, inopportuni e rischiosi.

Jasper Billerbeck

Tutta la vicenda è, come detto, ambientata ad Amrum, dove i pochi non emigrati o scappati, i pochi rimasti si dedicano all’agricoltura e alla pesca, personaggi a loro modo bizzarri, che parlano rigorosamente in basso tedesco e da cui Nanning, curioso e timoroso, impara tante cose: scuoiare un coniglio, cacciare una foca, raccogliere le patate, affumicare le sogliole, oltre, comunque, a sapersi muovere con saggezza nella marea e sul watt, la fanghiglia che resta quando il mare si ritira. Ne risulta un’interessante varietà di personaggi, in alcuni casi interpretati da attori di fama – da Diane Kruger (che aveva già lavorato con Akin in Oltre la notte) al celebre attore e regista tedesco Detlev Buck – tutti circondati da un paesaggio stupendo fotografato in modo eccellente da Karl Walter Lindenlaub, a cui urge rivolgere un complimento speciale. E poi arrivano anche i profughi, ciò che introduce un tema sempre latente nel film ovvero quello di chi ha diritto di considerarsi davvero uno/una del luogo – del resto lo stesso Nanning (come Bohm) viene della terraferma e a scuola lo bullizzano. Campanilismo, nazionalismo, sovranismo, nazismo – la trafila è, come sappiamo, un po’ sempre quella.

Possiamo parlare di un Coming of age, come si fa in questi casi? Non saprei. È chiaro che Nanning vede e impara molte cose, non solo della vita locale ma di ciò che sta avvenendo a livello macrostorico (a un certo punto le tessere annonarie naziste non servono più a nulla e i bottegai vogliono solo sterline e dollari e la mamma è costretta a rubare una salsiccia), Nanning vede, come si diceva, l’arrivo di profughi, viene a sapere che una donna è sparita perché si chiamava Ruth, ma se dovessi dire che il ragazzino è davvero cresciuto al termine del film, avrei qualche difficoltà. Cionondimeno il film è molto bello, molto poetico, seppur qua e là non privo di ripetizioni.


L’isola dei ricordi (Amrum

Regia: Fatih Akin; sceneggiatura: Fatih Akin, Hark Bohm; fotografia: Karl Walter Lindenlaub; montaggio: Andrew Bird; interpreti: Jasper Billerbeck (Nanning), Laura Tonke (Hille), Lisa Hagemeister (la zia Ena), Diane Kruger (Tessa), Detlev Buck (il pescatore), Matthias Schweighöfer (lo zio Theo), Hark Bohm (il vecchio sulla spiaggia); produzione: Bombero International, Warner Bros. Film Productions Germany, Warner Media; origine: Germania, 2025; durata: 93 minuti; distribuzione: BIM distribuzione.

 

[Fonte: www.close-up.info]


domingo, 19 de julho de 2026

«És com un zoològic»: la moda de la pasta als aparadors que irrita els romans

Com més va més restaurants de Roma s'han apuntat a la moda de preparar pasta fresca davant els clients, cosa que fa les delícies dels turistes però exaspera els veïns

Una treballadora amassa pasta a l'aparador d'un local de Come 'na Vorta, aquest abril.

Escrit per Natalie B. Compton

La dona rere el finestral, que té els cabells recollits sota un capell blanc, fa cas omís de l’enrenou del carrer i es concentra en la seva tasca. Amb la mirada segueix les tires de massa que va estirant amb els palmells de les mans. Fora, al carrer, un grup de turistes s’atura a veure-la a treballar; un d’ells llegeix en veu alta el rètol del restaurant que penja de la porta del local.

“Pasta e Vino”, diu la dona. I tot seguit, en anglès: “Fantàstic!”

Tècnicament, el nom complet del restaurant és Come ‘na Vorta − Pasta e Vino (“Come ‘na vorta” és una expressió dialectal que es pot traduir com a “com en els vells temps”), però el grup no necessita perdre el temps amb formalitats: ja ha decidit on menjarà.

Si els turistes haguessin continuat caminant pels carrerons de colors pastel de Trastevere, un barri turístic situat a l’altra riba del riu Tíber, s’haurien topat amb més restaurants on els artesans de la pasta són el gran reclam. És una moda que s’ha estès pel centre històric de la ciutat, especialment prop de monuments i places amb encant, i que recorda unes altres tendències gastronòmiques creades per a Instagram, com ara, la pasta servida en rodes de formatge gegants o en paelles.

Una turista fotografia una treballadora que prepara pasta a l’aparador d’Osteria da Fortuna.

La diferència és que aquesta moda es nodreix de l’estima internacional per la nonna (àvia) italiana i la saviesa culinària, i l’aire popular de la qual, transmesa de generació en generació, han conquerit internet.

Però les dones –gairebé sempre són dones– que treballen rere els aparadors no són necessàriament àvies. Són meitat cuineres i meitat reclam publicitari, col·locades estratègicament per atreure els clients –tant a les xarxes com en persona– espagueti rere espagueti.

També són una mena de test de Rorschach.

Alguns romans diuen que la tendència és més teatre que no pas tradició, i una forma infal·lible d’ensarronar els turistes. Els propietaris dels restaurants que la subscriuen –i desenes de crítics a les xarxes– asseguren que és un indicador de qualitat. Al cap i a la fi, en una era de modes fugaces, cadenes de menjar ràpid i menjar pre-cuinat, què hi ha més autèntic que un plat de pasta feta a mà?

Treballadores pasten en un dels locals d’Osteria da Fortunata a Roma.

Un dimarts d’abril, Sophie Minchilli visita el mercat d’agricultors més famós de la ciutat, al Campo de’ Fiori. A l’altre costat de la plaça empedrada, es forma una cua davant l’aparador d’un restaurant, precisament, on una cuinera amassa pasta sobre una taula de fusta a l’aparador.

“És com un zoològic”, diu Minchilli, que nasqué i es crià a Roma.

A mesura que el turisme i la demanda “d’autenticitat” s’han disparat a Itàlia, Minchilli ha vist com la la moda dels aparadors de pasta s’estenia. A parer seu, són poc menys que una xacra: més cadenes de restaurants que gentrifiquen els barris que estima, i en els quals treballa com a guia turística.

“He vist aquests locals de pasta amb la nonna a l’aparador multiplicar-se com la seqüència de Fibonacci”, diu Erica Firpo, escriptora i presentadora d’un pòdcast a Roma. “Gairebé cada dia he d’esquivar llargues cues de clients als carrers.”

Una de les crítiques de Minchilli és que els locals que segueixen aquesta pràctica solen obrir dia i nit, cosa que indica que són negocis dirigits a turistes disposats a empassar-se un plat copiós de pasta a les tres de la tarda –un costum definitivament poc italià. Un establiment veritablement tradicional, diu Minchilli, ha de tancar a la tarda perquè el personal descansi, reposi existències i es prepari per al servei de la nit.

Un altre element de discòrdia és la pasta fresca mateixa.

“Probablement és casolana i deliciosa, però està malament”, diu Minchilli.

La cuina romana, segons que explica Minchilli, es basa en la pasta seca. Dels quatre plats de pasta emblemàtics de la capital –carbonara, gricia, amatriciana i cacio e pepe– tan sols el cacio e pepe sol cuinar-se amb pasta fresca: els tonnarelli, quadrats i allargats.

Pasta amatriciana, un dels plats de pasta clàssics de la cuina romana a Come ‘na Vorta.

Marina Cacciapuoti, fundadora de la revista i l’agència de viatges Italy Segreta, diu que és un error pensar que la pasta fresca és millor que no pas la pasta seca.

“En realitat, la qualitat depèn de la farina, de la procedència i del procés d’elaboració”, explica. “Alguns dels millors plats de pasta d’Itàlia són pensats per preparar-los amb pasta seca, no pas pasta fresca.”

I, per contra, “veure algú preparant pasta fresca rere un aparador no és, en si mateix, cap indici de qualitat ni autenticitat.”

La capital italiana, certament, no va curta de restaurants excel·lents especialitzats en pasta fresca d’unes altres regions. Katie Parla, guia i escriptora, diu que el fet que un restaurant anunciï la pasta fresca com a cuina tradicional romana li fa saltar les alarmes. Fer visible el procés d’elaboració de la pasta als clients? Encara més sospitós.

“Si ho penses bé, és una eina de màrqueting altament enginyosa”, diu Parla, que fa més de vint anys que viu a Roma. “La idea és escenificar el procés al públic. És molt fotogènic: emula allò que la gent percep com a autèntic.”

Un treballador prepara la pasta en una restaurant romà.

El concepte de veure el procés de preparació del menjar en directe, com si fos un espectacle d’entreteniment, no és estrictament nou, ni a Itàlia ni a uns altres països. Moltes pizzeries, per exemple, preparen la massa en directe; els restaurants de sushi sovint preparen el menjar a plena vista dels clients que seuen a la barra. 

“És millor que un programa de cuina: és teatre en directe”, diu Karima Moyer-Nocchi, historiadora gastronòmica i autora d’un llibre sobre la història de la pasta. I afegeix que la tendència dels aparadors de pasta va més enllà de l’entreteniment: és una mostra pública “d’italianitat, de l’essència de ser italià”. 

Històricament, explica Moyer-Nocchi, els italians consideraven la pasta un luxe reservat per a ocasions especials. La pasta, al cap i a la fi, és un producte laboriós elaborat a partir d’ingredients “que ara potser no són gaire cars, però que aleshores costaven una fortuna”. I afegeix: “Poder posar un plat de pasta a taula significava que es disposava del temps i els diners que calien per preparar-lo.” 

Avui dia, la pasta fresca ha tornat a recuperar l’estatus de producte de luxe. La majoria dels qui mengen pasta rarament solen preparar-la de zero: ni tan sols les àvies italianes d’avui, tan ocupades amb les exigències de la vida moderna com els estrangers. 

Això dóna peu a estereotips i concepcions errònies: “Com que ets una dona gran i ets italiana, s’assumeix que duus tot això al teu ADN”, diu Moyer-Nocchi. “Doncs, com en qualsevol altre indret, a Itàlia hi ha dones a qui no els agrada cuinar, que no són capaces de cuinar. Els plats de la meva sogra [italiana] són francament terribles.” 

Amb el pas del temps, l’elaboració de la pasta ha passat de ser una tasca purament domèstica a ser tot un símbol del patrimoni cultural italià, tan romàntic com els gondolers cantaires de Venècia. Els restaurants, certament, són els primers de fer gala d’aquest patrimoni als seus clients: “Venen Itàlia, la Itàlia que la gent enyora”, diu Moyer-Nocchi. “Fins i tot als italians els encanta aquesta idea; ven molt.

Clients fan cua per a una taula en un restaurant prop de Campo de’ Fiori.

A l’ombra del Panteó, a la Piazza della Rotonda, es forma una cua quilomètrica. La gent espera taula a l’Osteria da Fortunata, una cadena de restaurants que serveix els “sabors de l’autèntica cuina romana”, segons que resa la pàgina web. 

Els clients del restaurant que sopen a la terrassa gaudeixen d’una vista de postal de la basílica i de la plaça, plena de gom a gom, on uns adolescents es fan petons a la vora d’una font. El personal, vestit amb camises blanques i davantals negres –alguns dels quals duen auriculars, com si fossin agents del servei secret–, serveixen plats de terracota esmaltada curulls de pasta.

A la part posterior del menjador, darrere un gran finestral, una dona estira làmines gruixudes de massa en una taula de fusta.

Osteria da Fortunata i Come ‘na Vorta − Pasta e Vino són les dues cadenes de restaurants que han popularitzat la tendència dels aparadors de pasta a Roma. “Tots dos pertanyem a la mateixa família”, diu Marcello Bettozzi, que gestiona Come ‘na Vorta juntament amb el seu pare i els seus tres germans.

No és pas una expressió figurada. La família de la seva tia és la propietària d’Osteria da Fortunata, que té cinc locals a Roma, tres a Milà, un a Bolonya i un a Miami, als Estats Units. Menja ‘na Vorta té set locals a Roma i dos a Milà i preveu d’expandir-se aviat a l’estat espanyol i Anglaterra.

Local d’Osteria da Fortunata a Roma.

Ambdues empreses tenen l’origen en una besàvia que, segons que expliquen, obrí una fiaschetteria –una mena de celler– a final dels anys vint. La seva filla, Iris Palombi, heretà el negoci i transformà el petit local “en un restaurant amb totes les de la llei”, segons que explica Bettozzi.

Als anys dos mil, la família Bettozzi obrí uns quants locals nous i, inspirant-se en les pizzeries on els clients podien veure els pizzaiolos pastar la massa, instruí el personal a preparar la pasta a l’aparador. De seguida, la pràctica es convertí en “una mena de tret identitari”.

Fou aleshores que la família decidí de dividir el negoci en dues marques diferenciades.  Ambdues empreses asseguren que serveixen autèntiques especialitats romanes elaborades amb ingredients ecològics, i en ambdues destaca la presència d’un cuiner a l’aparador. Bettozzi reconeix que la pràctica “és màrqueting, per descomptat”, però nega que sigui un engany o trampa publicitària.

“Crec de debò que és important mostrar què fem, perquè la gent a voltes subestima el valor de la nostra feina: que si l’únic que cuinem és pasta, que si cuinar pasta no és tan difícil…”, diu. “Treballem set dies la setmana, vint-i-quatre hores el dia, tres-cents seixanta-cinc dies l’any […] i això ens ajuda a mostrar què s’amaga rere la porta de la cuina.”

 

[Fotos: Luigi Avantaggiato - font: Washington Post - reproduït dins www.vilaweb.cat]


Israël: une société qui s’interroge sur son avenir

Écrit par Marc Lefèvre

Israël traverse une période charnière de son histoire. Si la guerre, les tensions régionales et les crises diplomatiques occupent l’avant-scène, les interrogations les plus profondes concernent désormais les fractures internes qui traversent la société israélienne. Entre dynamisme économique, polarisation politique, montée des extrémismes religieux et défis démocratiques, le pays s’interroge sur son avenir et sur les fondements de son unité nationale. Pour prendre la mesure de ces questions, par-delà les opinions et les analyses il semble judicieux de procéder à une observation en profondeur, sans jugement, de ce qui occupe les esprits au sein des diverses composantes d’une société israélienne qui s’interroge sur son avenir.

Un avenir incertain

Un observateur extérieur pourra être frappé par la diversité de cette société où se côtoient les manifestations les plus extrêmes de la modernité et des traditions religieuses qui confinent parfois à la radicalité.

Israël est à la pointe de plusieurs innovations technologiques majeures dans des domaines aussi variés que les télécommunications, la cybersécurité et l’exploitation des ressources de l’intelligence artificielle. Les conflits militaires auxquels il a été confronté ainsi que les incertitudes persistantes sur la sécurité de la région n’ont pas eu d’impacts notables sur son économie. Une lourde charge budgétaire est générée par la continuation de l’état de guerre depuis le 7 octobre, et cette charge est vouée à augmenter quand on intégrera toutes les dépenses de réhabilitation et de reconstruction des zones dévastées, ainsi que les coûts liés aux dommages humains et traumatiques sur les soldats et les civils.

Mais l’économie générale ne s’en trouve pas significativement affectée, malgré la désorganisation du marché de l’emploi causée par les incessantes périodes de rappel des réservistes militaires. Porté par un excédent permanent de sa balance des paiements et par une monnaie qui s’est renforcée face à la faiblesse du dollar, le PIB par habitant en parité de pouvoir d’achat (PPA) est même devenu comparable à celui de la France. Et les investissements étrangers continuent à affluer dans les secteurs de la haute technologie, où le marché de l’emploi est stimulé par les demandes en continu de nouveaux recrutements. Mais ces données encourageantes ne suffisent pas à créer un sentiment de sécurité dans une société déstabilisée par un état de guerre qui s’éternise et dont on ne voit pas l’issue.

Sur tous les théâtres de guerre qui ont été ouverts, les résultats, même significatifs d’un point de vue strictement militaire, restent fragiles. À Gaza, l’évolution du rapport de force entre le Conseil de la Paix voulu par Donald Trump et le Hamas toujours présent est incertaine. La nouvelle frontière dessinée avec la Syrie reste potentiellement instable, et les premiers signes apparaissent d’un renouveau des affrontements internes entre les différentes composantes de la société syrienne. Les opérations menées conjointement avec les États-Unis en Iran n’ont pas atteint leurs objectifs : le régime des mollahs et des Gardiens de la Révolution s’en trouve renforcé et en position d’imposer sa loi aux États arabes du Golfe. Au Liban, le pouvoir politique en place se retrouve face au défi majeur d’asseoir son contrôle sur un Hezbollah aidé par l’Iran, et Israël risque de se retrouver une fois de plus dans le piège d’une occupation militaire des zones frontalières.

Après presque trois ans de guerre, la société israélienne ne peut pas éviter de comparer les sacrifices humains consentis par une majorité de sa population avec la fragilité des résultats obtenus. Portées par les urgences du quotidien, les questions de fond sur les possibilités réelles d’un retour à la stabilité sont occultées, et tardent à se faire jour.

Un observateur peu au fait des réalités et des sensibilités qui habitent ce pays portera spontanément son attention sur les péripéties extérieures les plus spectaculaires. Il fera le lien entre la brutalité politique de la coalition gouvernementale au pouvoir et les violences de colons en Cisjordanie. Il notera une augmentation de la criminalité et de la corruption, en particulier au sein des populations arabes. Il assistera aux provocations et à l’indécence de minorités religieuses juives ultra-orthodoxes qui marchandent leur soutien à une coalition gouvernementale en fin de vie, et obtiennent des avantages spécifiques, au détriment du reste de la population. Il constatera que la pression sur les réservistes oblige à rallonger la durée du service militaire. Des conscrits libérables vont être contraints de rester sous les drapeaux pendant des mois supplémentaires tandis qu’une minorité religieuse extrémiste qui refuse la conscription bloque le pays en suscitant des manifestations de plus en plus violentes.

Mais à ce stade, la multiplication des observations sur les phénomènes les plus spectaculaires ne renseigne pas sur ce qui traverse en profondeur la société israélienne dans ses diverses composantes.

Un pays crispé et incompris       

Les aspirations sous-jacentes restent encore peu formulées, mais les éléments qui commencent à émerger du débat politique à l’échéance des prochaines élections législatives permettent néanmoins de dégager quelques grandes lignes.

Avant même sa naissance, Israël a été confronté au défi de faire face à l’hostilité qui l’entoure. Et cette confrontation à l’hostilité et à la nécessité d’y répondre n’a pas quitté Israël ni sa population depuis le début de sa courte existence. Selon les périodes, cette gestion de l’hostilité a pu être habile et intelligente, mais aussi souvent maladroite et excessive. Il en ressort une société de plus en plus crispée, habitée par le sentiment général d’être incomprise et mal acceptée.

En tout état de cause, le Moyen-Orient est depuis des dizaines d’années le théâtre d’une suite ininterrompue de guerres civiles et d’affrontements ethniques et religieux plus cruels les uns que les autres. Et quelles que soient les sensibilités politiques ou religieuses, le sentiment collectif prédominant est que les indignations mondiales sont sélectives et qu’Israël en recueille plus que sa part.

La société israélienne a dû faire le constat que l’horreur ressentie dans le monde par la barbarie des massacres perpétrés par le Hamas le 7 octobre 2023 a été vite oubliée et effacée. Après près de trois ans de conflit, les avis en Israël restent partagés sur la nature et l’ampleur des ripostes mises en œuvre face aux agressions subies. Et le débat continue, en particulier chez les responsables de la défense et de la sécurité, sur l’absence de perspectives politiques de sortie des conflits en cours. Mais au-delà des divergences d’opinion et d’analyse, le sentiment qui prévaut est que Israël est un pays isolé, dont le droit à se défendre n’est globalement pas reconnu.

C’est dans ce contexte général d’isolement et d’incompréhension que s’articule le débat politique dans le pays. La droite et l’extrême-droite annexionniste, qui rejettent le principe même de la recherche d’une solution aux revendications nationales palestiniennes, ont beau jeu d’exploiter l’hostilité internationale pour continuer à enfoncer la société israélienne dans le scepticisme et le repli sur soi.                                       

Aspirations et perspectives   

La campagne électorale qui commence est le théâtre de marchandages et de surenchères au sein de la coalition gouvernementale. Les manœuvres du gouvernement Netanyahou pour affaiblir les contre-pouvoirs juridiques sont incessantes. La volonté de dénaturer la démocratie, de créer les conditions d’établissement d’un régime autoritaire et sans contrôle, est clairement affichée par le gouvernement encore en place. Des minorités de colons extrémistes violents et d’ultra-orthodoxes bruyants monopolisent l’attention des médias et donnent l’image d’une société divisée et conflictuelle.

Mais une analyse des premières propositions des partis d’opposition au gouvernement Netanyahou donne une indication des thèmes qui pourraient faire bouger les lignes et sortir de l’actuel brouhaha.               

En premier lieu, une aspiration au retour à l’apaisement et à une unité nationale à reconstruire. L’ex chef d’état-major, Gadi Eizenkot, est le seul leader de l’opposition qui monte dans les sondages et qui se positionne comme une alternative crédible à Benjamin Netanyahou. Son parcours militaire et politique dit son dévouement au pays. Mais c’est sa modestie personnelle qui semble séduire une population fatiguée de l’arrogance et des rodomontades de ses actuels dirigeants.

L’aspiration au retour à l’apaisement et à l’unité nationale se retrouve aussi dans la proposition de raffermir et stabiliser la démocratie en l’appuyant sur une véritable Constitution, qui suppléerait à la Déclaration d’Indépendance originelle, mise à mal il y a quelques années par la promulgation des lois sur l’identité nationale.                                   

Les enjeux liés à une démocratie à défendre et à une unité nationale à retrouver posent aussi la question de la place de la religion dans le débat national. Les écarts de taux de natalité entre les familles religieuses ultra-orthodoxes et les autres secteurs religieux ou laïques de la population ont bouleversé l’équilibre démographique en Israël. Si les familles religieuses traditionnelles ont un taux de natalité supérieur aux familles laïques (3 à 4 enfants par famille religieuse, comparés à 2,5 enfants pour les familles laïques), le taux de natalité chez les ultra-orthodoxes est de 6 à 7 enfants par famille. Ainsi la population ultra-orthodoxe croît de 4% par an et représente désormais 14% de la population totale du pays en 2025 alors qu’elle ne comptait que pour 4% en 1980.

Ce bouleversement démographique renforce le poids électoral et social de cette communauté ultra-orthodoxe, et éclaire aussi les conflits actuels sur son opposition à la conscription militaire et sur l’affaiblissement en ressources humaines de l’armée. Le refus de cette communauté ultra-orthodoxe de prendre sa part du fardeau des responsabilités nationales tout en monnayant son soutien politique au gouvernement Netanyahou par des avantages fiscaux et budgétaires suscite une réprobation générale du reste de la population, qu’elle soit laïque ou religieuse traditionnelle.

Si un changement politique s’annonce en Israël, la nouvelle coalition au pouvoir devra veiller à une meilleure répartition des obligations et des devoirs qui incombent aux différents secteurs de la population. Elle devra également répondre à une attente générale pour plus de tolérance et de respect mutuels des différentes composantes de cette société.

La place de la religion, en particulier de la religion dominante, dans le fonctionnement du pays et dans le quotidien de ses habitants a toujours fait débat en Israël, et des conceptions différentes se sont toujours opposées. Les déséquilibres d’évolution démographique des différents secteurs de la population viennent aujourd’hui exacerber ces divergences. Alors qu’une unité du pays est perçue comme nécessaire face aux menaces extérieures, les affrontements internes sur les questions religieuses se conjuguent aux confrontations politiques, et contribuent à fragiliser la société israélienne de l’intérieur. Tôt ou tard, ces fractures internes devront être traitées.

À l’instar de nombreux pays développés, les comparaisons internationales nous disent que le niveau général d’éducation en Israël est en baisse. Parmi les 15 pays de l’OCDE évalués, Israël se retrouve dernier en mathématiques et avant-dernier en compréhension écrite. Si la baisse constatée, en particulier en mathématiques, est la plus forte parmi les pays de l’OCDE, elle se caractérise surtout par de très fortes inégalités internes propres au système éducatif israélien.

Israël recueille ainsi le fruit du compromis historique conclu par David Ben Gourion au moment de la création de l’Etat, qui a permis la coexistence d’un système d’éducation d’État avec des systèmes d’éducation parallèles ressortant des diverses tendances religieuses nationales, orthodoxes et ultra-orthodoxes. Conjugué à la croissance démographique continue de la population ultra-orthodoxe, le mauvais niveau général de l’éducation dans le système scolaire rattaché à ce secteur est un signe avant-coureur des difficultés auxquelles sera confronté le marché du travail pour recruter à l’avenir des travailleurs qualifiés. C’est pourquoi un renforcement de l’enseignement des matières de base, en particulier les matières scientifiques et les langues étrangères, et l’uniformisation des différents systèmes parallèles d’éducation, deviennent une revendication majeure des partis d’opposition.

Le défi démocratique

À l’approche des élections législatives annoncées pour l’automne, les sondages créditent régulièrement l’opposition actuelle d’un avantage en sièges sur la coalition Netanyahou actuellement au pouvoir. Mais à ce stade, cet avantage n’est pas suffisant pour lui garantir une majorité absolue stable.

Cette probable fragilité politique à venir illustre une autre question non résolue, celle de l’intégration des minorités, arabes et autres non juives, au sein de la société israélienne. Si de nombreux arabes israéliens de toutes confessions ont pu trouver leur place dans les professions de la santé, du droit et dans l’enseignement, si les Druzes et de nombreux Bédouins servent dans l’armée et accèdent à des postes de responsabilités, l’intégration des minorités non juives au sein de l’Etat d’Israël reste un sujet ouvert.

Si on exclut la Cisjordanie occupée, l’horreur ressentie par les massacres du 7 octobre n’a pas donné lieu à des affrontements significatifs de nature ethnique et nationaliste au sein de l’État d’Israël dans ses frontières reconnues. Pendant ces trois années de tension, se sont même développées beaucoup d’initiatives de rapprochement et de solidarité entre communautés juives et arabes. La relative tranquillité dont jouissent des villes multicommunautaires comme Haifa ou Akko (Saint-Jean D’Acre) en est un exemple. Mais en même temps, la criminalité et la corruption ont atteint un niveau inégalé au sein des localités arabes israéliennes. À cet état d’insécurité permanent, facilité par la passivité d’une police aux mains d’un ministre d’extrême-droite, s’ajoute la mauvaise volonté administrative israélienne qui empêche un développement urbain régulé des localités arabes.

Face à cette situation, les différents partis politiques arabes israéliens jouent leur rôle d’opposants, en demandant, chacun à leur façon, que les minorités non juives en Israël soient traitées sur un pied d’égalité avec le reste de la population.

Une tentative timide d’intégration politique avait eu lieu quand le parti Ra’am (Liste Arabe Unie) de Mansour Abbas s’était rallié au gouvernement dirigé par Naftali Bennet et Yair Lapid, avant le retour au pouvoir de Benjamin Netanyahou. De crainte d’effrayer les électeurs de droite qu’il faut encore rallier, une majorité des partis d’opposition se refusent encore à intégrer des partis politiques arabes dans une future coalition à bâtir. Mais les chiffres et la démographie parlent. Une démocratie israélienne stable aura besoin de toutes les composantes de la société, y compris les minorités non juives, pour que le pays ne soit plus l’otage de ses franges ultranationalistes et religieuses messianiques.   

L’État d’Israël est né, a grandi et continue d’exister en étant confronté à des adversités de formes et d’intensité diverses. De plus en plus isolé et se sentant incompris, la seule confiance qu’il trouve est dans son énergie et sa vitalité propre. Face aux choix qui s’offrent, il faudra que l’énergie et la vitalité qui caractérisent cette société dans toutes ses composantes, fassent le choix de la construction plutôt que celui d’une fuite en avant autodestructrice. Si les Israéliens savent que les avis et les critiques seront abondants, ils savent également que les mains tendues bienveillantes seront rares. Pour la majorité d’entre eux, ils se rappelleront une fois de plus qu’avant d’être israéliens, ils sont d’abord et avant tout juifs.

 

[Source : www.telos-eu.com]