domingo, 11 de janeiro de 2026

Diccionario de una invasión: diferencia entre « capturar» y «secuestrar» a un mandatario en funciones

 


Escrito por Fernando Buen Abad

 

Visto lo ocurrido en Venezuela, se hace necesario incidir en la diferencia semiótica entre “capturar” y “secuestrar” a un mandatario en funciones porque es la diferencia entre hablar desde el poder imperial que invade o hablar desde la dignidad de los pueblos invadidos. Es la diferencia entre un lenguaje colonizado y un lenguaje emancipado. Desmontar esa trampa semántica es una tarea urgente de la crítica semiótica, porque mientras aceptemos el diccionario del invasor, seguiremos pensando atrapados por sus categorías, justificando sus crímenes y llamando orden a lo que no es más que violencia organizada. La lucha por el sentido es inseparable de la lucha por la soberanía, y toda invasión comienza, antes que con las armas, con una palabra impuesta.

Importa mucho la diferencia semiótica entre “capturar” y “secuestrar” a un mandatario en funciones porque no es un simple matiz léxico ni una disputa de estilo periodístico, es un campo de batalla ideológico donde se dirime la legitimidad del poder, la violencia que lo disputa y el relato que pretende naturalizarla. En el diccionario de una invasión, las palabras no describen hechos, los fabrican. “Capturar” y “secuestrar” son signos cargados de historia, de relaciones de fuerza y de intereses materiales concretos; su uso no es inocente, es una operación política que organiza el sentido de lo ocurrido y, por tanto, la conciencia social que se construye en torno a ello. “Capturar” pertenece al léxico de la cacería, del combate, del procedimiento policial o militar que se arroga autoridad legítima. Presupone un marco normativo que avala al captor, lo reviste de legalidad, lo sitúa del lado del orden y del derecho, incluso cuando ese derecho ha sido impuesto por la fuerza. “Secuestrar”, en cambio, remite al delito, a la usurpación, a la violencia sin legitimidad, a la interrupción criminal de la libertad de otro. La diferencia no reside en el acto material —privar de la libertad a una persona mediante coerción— sino en el dispositivo simbólico que lo nombra y lo justifica.

Cuando el sujeto privado de la libertad es un mandatario en funciones, la carga semiótica se multiplica. No se trata solo de un individuo, sino de una condensación institucional, el cuerpo del gobernante funciona como metonimia del Estado, de la soberanía popular —real o simulada— y del orden político vigente. Decir que un mandatario fue “capturado” implica negar su condición de representante legítimo y reconfigurarlo como enemigo, criminal, objetivo militar o pieza de una narrativa de “restauración del orden”. Es una palabra que presupone que el captor actúa en nombre de una legalidad superior, aun cuando esa legalidad sea una ficción colonial, una imposición imperial o una construcción ex post para justificar la violencia. “Secuestrar”, por el contrario, reconoce implícitamente la ilegitimidad del acto, la ruptura del orden jurídico existente y la agresión contra la soberanía que el mandatario encarna. Por eso los invasores no secuestran, capturan. Y los pueblos agredidos no son invadidos, son “liberados”, “intervenidos” o “pacificados”.

Desde la semiótica crítica, esta diferencia revela el funcionamiento del signo como instrumento de dominación. El significante “captura” se articula con una cadena de significados positivos, justicia, seguridad, control, eficacia, necesidad histórica. El significante “secuestro” se enlaza con caos, criminalidad, terrorismo, barbarie. Elegir uno u otro no describe el hecho, sino que lo inscribe en una matriz ideológica que orienta la interpretación social. No es casual que los grandes aparatos mediáticos del capital global utilicen sistemáticamente “captura” cuando se trata de líderes enemigos del orden imperial, y “secuestro” cuando la víctima pertenece al campo aliado o funcional a ese orden. La semiosis del imperio no es neutral, es una tecnología de guerra narrativa.

En el contexto de una invasión, esta operación lingüística cumple una función central, despolitizar la agresión y naturalizar la violencia. “Capturar” a un mandatario sugiere una acción técnica, casi administrativa, necesaria para restablecer una normalidad previamente definida por el invasor. Se borra así el hecho fundamental, la violación del territorio, del derecho internacional y de la autodeterminación de los pueblos. El lenguaje actúa como anestesia moral. “Secuestrar”, en cambio, hace visible la asimetría de fuerzas, el carácter criminal del acto y la responsabilidad política de quienes lo ejecutan. Y de quienes lo aplauden y repiten. Por eso debe ser interpelado a fondo el relato dominante.

Hay aquí una pedagogía del sometimiento. El diccionario de la invasión enseña a las audiencias a pensar desde el punto de vista del agresor, a internalizar su legalidad ficticia y a aceptar sus crímenes como hechos consumados, inevitables o incluso deseables. No se trata solo de manipulación mediática, sino de una producción sistemática de sentido que convierte la violencia estructural en sentido común. La captura es “limpia”, “quirúrgica”, “necesaria”. El secuestro es “sucio”, “irracional”, “criminal”. Pero cuando un ejército extranjero irrumpe en un país y priva de la libertad a su jefe de Estado, lo que ocurre, en términos materiales y jurídicos, es un secuestro agravado por la condición política de la víctima y por el contexto de guerra de agresión. Llamarlo “captura” es un acto de encubrimiento semiótico.

Esta distinción también revela una lucha por el control del tiempo histórico. “Capturar” inscribe el hecho en una narrativa de progreso forzado, antes había desorden, ahora hay control; antes había un “dictador” o “enemigo”, ahora hay “estabilidad”. “Secuestrar” interrumpe esa narrativa y expone la violencia como ruptura traumática, como retroceso civilizatorio, como crimen. La palabra correcta no es solo una cuestión lingüística, es una toma de posición frente a la historia.

Todas las fábricas de sentido imperiales operan desfigurando el lenguaje para moldear la percepción pública, insistamos, no es lo mismo “capturar” que “secuestrar” a un presidente en funciones. “Capturar” sugiere legalidad, control institucional y una acción legítima enmarcada en el orden jurídico; “secuestrar”, en cambio, transparenta un registro criminal, violento y antidemocrático. Esa elección léxica no describe solo un hecho, sino que produce una interpretación previa que orienta emociones, juicios morales y alineamientos políticos, normalizando o condenando el acontecimiento antes de que el debate ocurra. Y, frecuentemente, desfigurar el concepto conlleva la deformación de la acción política.



[Fuente: www.telesurtv.net] 

«Una dona a qui estimar», de Theodor Kallifatides

Sobreviure a ella

Theodor Kallifatides

Escrit per Vicent Flor
Traducció de Carolina Moreno 

Theodor Kallifatides ha fet de la seua vida art, literatura, de gran qualitat. Hi ha autors amb una imaginació desbordant, però a un fill de mestre comunista, amb un germà condemnat a mort, que hagué d’establir-se a Suècia, perquè no el deixaren matricular en la universitat a Atenes, i acabà per romandre-hi i casar-se amb una sueca, potser no li calia. Comptava amb material de sobra, molta vida viscuda, on poder tornar i de la qual estirar històries commovedores com ara Una dona a qui estimar.

Amb aquesta disposem ja de deu novel·les de Kallifatides traduïdes al valencià, cinc del suec, com n’és el cas, gràcies a Carolina Moreno, i unes altres cinc del grec, via Montserrat Camps. I totes deu ben publicades, en un període de tan sols cinc anys, per Galaxia Gutenberg, que s’ha dedicat a fer de pont entre l’escriptor grecosuec i el món catalanòfon. Gràcies, doncs, per connectar-nos amb aquesta narrativa neta, incisiva, corprenedora! Tot i l’obra traduïda, comptem tan sols amb una petita part de la seua producció. Com més llibres d’ell comprem i llegim, més finestres s’obriran en el futur.

Una dona a qui estimar s’edità originàriament el 2003, amb seixanta-cinc anys de l’autor i una llarga trajectòria, de més de vint-i-cinc llibres. El títol podria fer pensar en una història d’amor. I ho és. Però no respon a un amor romàntic sinó a un altre tipus, amical, entre el narrador i Olga. Que no és amor l’amistat com ho és, tot i que no sempre, la relació entre un pare i un fill? Que no és l’amistat —parle de la profunda, l’íntima, no la del Facebook— una de les millors crosses per a transitar per la vida?

De vegades, l’amistat entre un home i una dona heterosexuals és producte d’un arranjament, explícit o no. Respon a una atracció a què s’ha posat fre, que ha romàs sense sexe per a salvar el llaç. És el cas de Theodor –li diuen així al narrador?– amb Olga. Al cap i a la fi, “un llit en comú sovint pot ser viscut com un riu intransitable que separa dues persones”.

Tots dos només feren l’amor una vegada. Ella eixia d’una altra relació amb un home gran que li havia fet mal i fent-ho aflorà el dolor i plorà. L’autor ho recorda com aigua rajada, “més com un quadre que com una vivència”. Perquè el fet important, en aquest cas, no fou el sexe. I, “com que no podíem ser amants, ens vam fer amics”.

L’amistat és compartir i fer-se costat i també comprendre. Sense comprensió de l’altre és possible una amistat profunda, duradora? Sentir-se entés té molta importància. Ells dos foren migrants a una Suècia que edificava un estat del benestar lloat a Europa, però amb complicacions per als qui aspiraven a construir una nova vida. No tots se’n sortiren, de fet: “a uns quants els havia marcat la malaltia, a d’altres l’enyorança; alguns havien quedat atrapats en el passat com mosques a la mel vessada”.

Theodor Kallifatides, Una dona a qui estimar, Galàxia Gutenberg (2025)

Els migrants, al capdavall, estan maleïts: “com que has perdut un món, has d’obtenir un altre món a canvi. I no va així. Ni tan sols en els mites”. Canviar de país suposa un esquinç permanent. I compartir aquest esvoranc alleuja les ferides.

Després de dècades d’amistat a Olga li arriba la malaltia, una de ben dura que l’esventra i que acaba amb ella. L’amic li sobreviu. I hi reflexiona:

“No som gens originals davant la mort. D’altra banda, però, la mort tampoc no és que sigui gaire original. Pot ser ens arribi per sorpresa, però sabem que arriba”.

I, sobretot, conta i canta, narra i elogia l’amiga perduda. Perquè “hi ha éssers que són una carícia prolongada”. I la pèrdua és difícil de pair. Cadascú hauríem de tenir, si més no, una Olga que ens acaronara. Però Kallifatides perd la seua Olga i resta esmaperdut, absent de les seues carícies, només amb el record i la nostàlgia.

Per això Kallifatides en parla, per trencar el silenci. Perquè el silenci es fa insuportable als humans, éssers que venerem els nostres morts i que freturem d’històries. I en fer-ho se sincera, com si quedara nu:

“no m’acontento mai amb la veritat despullada. Vull vestir-la, recarregar-la, engrandir-la o empetitir-la, maquillar-la. Segurament és per això que em vaig fer escriptor i no filòsof. Jo escric per a un lector. Un bon filòsof està disposat a perdre tots els seus lectors en favor de la veritat, mentre que, per a mi, la veritat més elevada és el meu lector”.

Vet ací les raons del novel·lista.

Ja vaig escriure en la ressenya d’Una pau cruel que es podria fer un llibre d’aforismes a còpia d’extraure píndoles precioses de les novel·les de Kallifatides. Si me l’encarregaren n’inclouria, entre d’altres, aquestes tres d’Una dona a qui estimar: “nosaltres vivim cada vegada més temps, però les nostres vides són cada cop més i més curtes”, “ara ja ningú escriu per a l’eternitat senzillament perquè l’eternitat ja no existeix!” i “si tens grans somnis de jove, ploraràs molt quan et facis gran”.

Sembla que la prosa d’aquest centaure grecosuec està tan nua d’artifici com el seu cor. Llegir-lo és com si el conegueres de temps, com si t’haguera obert la casa i t’haguera dit: estableix-t’hi una temporada lliurement. És el joc de la literatura, un joc tan potent que qualsevol lector podria dir-li: disculpe, Theodor, vosté no sap qui soc, però jo sí que el conec. Va patir molt la mort d’Olga, veritat? “Olga... Olga... on ets?”. Ens calen paraules. Ens guareixen. Les de Kallifatides són particularment reconfortants.



[Font: www.laveudelsllibres.cat]

La suau dolçor de la gosadia de viure: «El passat no és un somni» de Theodor Kallifatides

Memòries

 

Theodor Kallifatides

Traducció de Montserrat Camps

Escrit per Elvira Cambrils

Quan s’ha idealitzat una terra és bo que un dels seus fills ens recorde que les idees no existeixen enlloc, que ens faça tastar el sofriment de la condició humana i, també, la glòria d’un «d’aquells matins benaurats» quan «el sol escalfava, els llentiscles feien bona olor, l’orenga i la farigola tapaven els vessants de la muntanya», com si trepitjàrem el paradís. Si, a més, aquesta terra es diu Grècia, sentirem a flor de pell la presència de les nimfes i dels déus en cada aventura del protagonista que s’evoca a si mateix com el personatge d’un drama que no ho és, perquè «més tard o més d’hora, totes les tragèdies acaben bé».

El juny de 1963, Theodor Kallifatides s’acomiada dels pares a l’estació de Larissa, anant cap a Estocolm, amb una maleta de cartó mig buida que conté una camisa rosa i dos llibres: un de Kavafis i l’altre de Seferis. El passat no és un somni, unes memòries que es lligen com una novel·la, relata els fets que condueixen l’autor a una nova llengua i una nova pàtria des que abandona Molai, el poble on ha nascut. Veiem el xiquet de vuit anys i l’avi a dalt de la somera pels camins del Peloponès per arribar a Monemvassia i embarcar-se en un caïc que fendeix les ones en direcció al Pireu. La primera fugida de l’emigrant per raons polítiques, el 1946, acaba en retrobar-se a Atenes amb la mare que «portava un vestit lleuger de flors, que arrossegava darrere seu la dolça llum del capvespre. Tenia trenta-dos anys i semblava immortal». 

Els espais que habitaren les deesses i les heroïnes esdevenen casernes militars on s’exalça la violència més baixa, la que humilia l’ésser humà per robar-li l’ànima. O, pitjor encara, presons on es tortura els vençuts de la guerra civil de 1946-49, com a son pare; o se’ls executa, com a Nikos Belogiannis, «l’home del clavell», a qui assassinaren «a les 4.30 del diumenge 30 de marc de 1952» tot i la petició de gràcia d’intel·lectuals europeus, com ara Sartre. Una guerra infernal que malgrat tot no s’endú els principis ètics del pare, un mestre comunista, que impediran al germà major participar en una violació col·lectiva, perquè «qui tria salvar la pell abans que la seva humanitat no és un home». Aquella llei moral que havia colpit el jove Kallifatides, tot i no entendre res de la Crítica de la raó pràctica de Kant: «Hi ha dues coses que m’omplen de perplexitat, el cel estelat damunt meu i la llei moral en el meu interior».

Galàxia Gutenberg (2021)

Les passions dolces de joventut, més enllà del temps i l’espai concrets, viuen en els escenaris que freqüentà Sòcrates –«un altre que s’havia suïcidat, quan la vida ja no tenia lloc per a ell»– i donen sentit a «les paraules alades d’Homer» que l’havien deixat «indiferent» fins aleshores. L’autor rememora les lectures i les hesitacions de la seua formació intel·lectual: «Dostoievski havia fet que l’estudiant Raskòlnikov matés la vella usurera perquè necessitava diners, però també perquè la seua existència no podia representar un obstacle per als grans plans que tenia ell. Era repulsiu però comprensible. Camus anava encara més enllà. Mates algú per la senzilla raó que ho pots fer». La narració, clafida d’uns noms –Delfos, Ismini, Eleusis, Leto, Helena...–– que ressonen a través dels segles, brilla amb els personatges, plens d’humanitat, d’un barri popular d’Atenes que ens recorden Kostas Takhtsís en Terceres núpcies

Després d’escriure durant quatre dècades en suec –la llengua d’adopció–, Kallifatides sent la necessitat de recuperar les paraules amb què va descobrir el món, les de la infantesa i la joventut. Aleshores enceta en grec la literatura testimonial d’Una altra vida, encara i Mares i fills que du a El passat no és un somni, Premi Nacional grec de Literatura Testimonial en 2013, publicades les tres per Galaxia Gutemberg.

La llengua es converteix en la vertadera pàtria de l’emigrant que va descobrir de jove que «adorava la gramàtica que no ordena només la llengua sinó també el temps». Kallifatides ens diu en un moment d’intensa emoció que escrivim –com ens posem l'anell de la mare morta tot i no haver-ne dut mai cap– per no oblidar d'on venim, per mantenir viva la memòria sobre què i qui ens ha fet ser com som. La identitat múltiple bastida amb l’amor esdevé la gran protagonista del relat.

El mestissatge de Theodor Kallifatides, fill dels grecs expulsats de Turquia després de la «Catàstrofe de 1922», expulsat al seu temps del poble i del país d’origen, ens recorda que el passat no és un somni, ni tampoc el present, «va caure un estel fugaç al cel, tan de pressa que no vaig ser a temps de demanar un desig. No sé si el meu germà hi havia arribat a temps, però els dos sabíem el que desitjaríem: que el passat fos un somni». Una lectura d’estiu que s’arrapa a l’ànima i ens deixa la suau dolçor de la gosadia de viure, encara que siga hivern. 

 

[Font: www.laveudelsllibres.cat] 

Quan les petites alegries pal•lien les grans tristeses: «Mares i fills», de Theodor Kallifatides

 Narrativa 

Theodor Kallifatides

Escrit per Lourdes Toledo 

De vegades un relat personal retrata amb més força que qualsevol obra especialitzada la història d’un país. És el cas de Lèxic familiar de Natalia Ginzburg, on la ferida d’Itàlia respira en boca dels Ginzburg. De manera semblant parla el dolor del poble grec a través de les vides i les peripècies dels Kallifatides. Aquesta família, com milers d’altres, va viure la persecució per part dels turcs, que els va dur a l’exili, va ser testimoni, i en part víctima, de l’ocupació nazi, dels camps de concentració, presons i tortura, i més tard, una volta més la violència amb la dictadura dels coronels. Finalment, quan tot allò «havia passat», Grècia es va trobar novament devastada i humiliada al bell mig de la Unió Europea, com a conseqüència de la crisi iniciada el 2008.

Va ser precisament el colp de puny d’aquesta nova pobresa i la desolació que afligia els grecs, allò que va traure Theodor Kallifatides del silenci en què s’havia instal·lat i va fer que tornés a escriure, i en grec!, després de dècades expressant-se en suec. Tot això va passar fa uns pocs anys, arran d’un viatge a Grècia. Kallifatides —que havia fet la seua vida a Suècia, on va emigrar el 1968 (era escriptor de novel·la negra en suec) i durant els anys de dictadura no va poder tornar a visitar els seus— arriba a Atenes i en veure el país enfonsat en unes condicions miserables comença a escriure Una altra vida, encara. Una obra inclassificable, un petit assaig de prosa nua i vibrant, envoltada d’una humanitat igual de poderosa que fràgil. Una reacció i una escriptura reveladora i bella en la ràbia i el dolor contra l’escenari d’un país arrasat. Aquell sotrac, paradoxalment, el va tornar a la vida, a l’escriptura, a reconciliar-se amb el passat, amb una identitat confusa i sacsejada, amb el pas del temps i la vellesa. 

Galàxia Gutenberg (2020)

Avui, però, volia centrar-me en Mares i fills, tot i que m’és difícil no viatjar d’un llibre a un altre. Escrit també en grec, Mares i fills és el relat del retorn, però en altres circumstàncies. A principi del segle, quan l’escriptor tenia a penes seixanta anys, viatja a visitar la mare octogenària durant una setmana. Un viatge de plaer durant el qual busca raons, inspiracions, contrastos i certeses per a escriure un llibre sobre la història del seu pare. Mentre s’enlaira cap a Atenes, sobre els genolls du el manuscrit que li va cedir son pare abans de morir. Al llarg de la setmana anirà llegint-lo i compartint amb sa mare dubtes, evitant de remoure el dolor, però buscant algunes respostes. Son pare va ser un home de poques paraules, però li va donar per escrit el testimoni de la seua família a través de quatre generacions. Un text dur, història d’exilis i supervivència, un etern tornar a començar on encara hi havia lloc per a l’agraïment. 

Els llibres de Kallifatides traspuen el relat de l’emigrant per a qui, com ell diu, «la vida sempre està en un altre lloc». Durant molts anys, l’autor, com tants altres grecs, viatjava a Grècia amb l’esperança de trobar no se sap molt bé què: «any rere any volaven d’anada i tornada, incapaços de romandre en el present o de regressar al passat. Jo era un d’ells». En aquells viatges no faltava mai algun grec que dins de la sala d’espera de l’aeroport proclamava el seu amor a la pàtria i li recriminava a l’autor que la insultés i la menystingués en els seus llibres. Tanmateix, quan lliges les reflexions de Kallifatides sobre el seu país, entens que el patriotisme d’alguns és paper mullar, paraula buida, i que l’amor per una terra pot dur-nos sovint al desassossec, a la necessitat de cridar i denunciar. A tot, excepte a la indiferència o a la lleialtat cega. Llibres com Mares i fills i Una altra vida fan palès que sentir i ser és un binomi complex, ple de dolor i contradiccions. 

Sota l’aparença d’un dietari, Mares i fills és una visita rutinària d’un fill a una mare, però va molt més enllà: és una ruta de reconciliació amb el passat, amb la identitat: la llengua, el germà, el pare, la mare i la infantesa. Mentre els pares estan vius, nosaltres encara continuem sent infants, quan ells marxen, la nostre infantesa cavalca amb ells. Durant els set dies que compartiran, mare i fill afrontaran converses doloroses amb dignitat, però sobretot amb humor, i quan calga canviaran de tema i la mare s’alçarà a fer cafè, a fregir bunyols o peix fresc. Moments de joia, n’hi haurà molts. La cuina, el menjar i «l'estoïcisme heretat, el talent de permetre a les petites alegries pal·liar les grans tristeses» seran els grans convidats que faran el camí planer. 

La bellesa de les trobades al matí al balcó, els sopars compartits, els silencis, mare i fill expectants dels seus moviments, desxifrant els sorolls i les rutines, sense voler molestar-se, però procurant l’instant propici a la felicitat. Quina delícia de llibre que fa d’aquests petits moments una obra literària bella i profunda, on els oblits i els records surten al ring, i on guanya la tendresa i el respecte!

Traduït magníficament per Montserrat Camps, Theodor Kallifatides embriaga amb el seu to, la franquesa del seu pensament i la senzillesa del seu esperit, amb l’honestedat amb què confessa confusions, enyors i incerteses i, sobretot, amb una ironia que és una mina d’or. «Me’n vaig anar de Grècia deixant darrere moltes persones. Amb el temps en quedaven cada vegada menys», diu Kallifatides. No és fàcil anar-se’n, tornar-hi encara ho és menys; per això, ho conta com ho conta. 

 

[Font: www.laveudelsllibres.cat]

 

sábado, 10 de janeiro de 2026

Le rare lion de Rembrandt rugit aux enchères

Le 4 février 2026, Sotheby’s proposera à la vente le seul dessin animalier de Rembrandt encore détenu par des collectionneurs privés. Un événement majeur pour le marché du dessin ancien, au profit de la protection des félins sauvages.

Un détail du « Jeune lion au repos », vers 1638-1642, de Rembrandt van Rijn. Photo : Sotheby's

Écrit par Michelle Plastrik 

Le peintre néerlandais du XVII siècle Rembrandt (1606–1669) reste synonyme de génie. Les collectionneurs se disputent ses œuvres les plus célébrées, et peu d’entre eux incarnent cette ferveur autant que Thomas Kaplan.

Investisseur dans les métaux, celui-ci s’impose comme le plus grand collectionneur privé de Rembrandt au monde, un artiste qui le fascine depuis l’âge de 6 ans. Entrepreneur franco-américain, philanthrope et défenseur de la nature, Thomas Kaplan fonde avec son épouse la Leiden Collection, qui réunit plus de 250 peintures de l’âge d’or hollandais. Son nom renvoie à la ville natale de Rembrandt et l’ensemble comprend pas moins de 17 tableaux du maître, ainsi que les seules œuvres conservées en mains privées de Johannes Vermeer et de Carel Fabritius. 

Portrait du philanthrope et défenseur de l’environnement Thomas Kaplan. (Sotheby’s)

Une collection pensée pour le public

Les Kaplan ne vivent pas avec ces œuvres. La Leiden Collection fonctionne plutôt comme une « bibliothèque de prêts » dédiée aux maîtres anciens. Les tableaux circulent ainsi dans les musées du monde entier, au bénéfice du public.

La passion de Thomas Kaplan pour Rembrandt et, plus largement, pour l’art néerlandais et flamand du XVII siècle, trouve un équivalent dans son engagement pour la protection des grands félins. De manière significative, sa toute première acquisition de Rembrandt, en 2005, consiste en un rare dessin représentant un lion, alors même que sa collection privilégie les peintures. Le Jeune lion au repos constitue aujourd’hui la seule représentation animale de Rembrandt encore en mains privées.

Une vente au profit de Panthera

Thomas Kaplan et Jon Ayers, désormais copropriétaire de ce dessin, prennent la décision de le vendre au profit de Panthera. Thomas Kaplan cofonde cette organisation en 2006 ; Jon Ayers en préside le conseil d’administration. Panthera œuvre à la préservation des quarante espèces de félins sauvages recensées dans le monde et déploie ses programmes dans 34 pays, faisant figure de référence mondiale dans ce domaine. 

Encadré le Jeune lion au repos, vers 1638-1642, par Rembrandt van Rijn. (Sotheby’s)

Un dessin exceptionnel sur le marché

Sotheby’s présentera le Jeune lion au repos aux enchères le 4 février 2026. L’estimation de ce dessin remarquablement conservé, daté des environs de 1638 à 1642, se situe entre 15 et 20 millions d’euros. Il s’agit du dessin de Rembrandt le plus important proposé sur le marché depuis une génération. L’œuvre concentre majesté, énergie et puissance du lion.

Gregory Rubinstein, responsable des dessins de maîtres anciens chez Sotheby’s, souligne « la manière dont Rembrandt associe une maîtrise technique absolue à une capacité presque troublante à pénétrer l’âme de cet animal noble ». Cet effet se trouve renforcé par l’accentuation des yeux du félin, tracés d’un geste ferme. 

Jeune lion au repos, vers 1638-1642, par Rembrandt van Rijn. Pierre noire rehaussée de craie blanche et lavis gris sur papier vergé brun ; 11,4 x 15 cm. (Sotheby’s)

 Les félins de Rembrandt

Parmi la ménagerie de dessins d’animaux de Rembrandt, qui comprend des oiseaux de paradis, des éléphants, des chevaux et des cochons, figurent six dessins connus de lions. Trois d’entre eux, exécutés à la plume et au lavis, se trouvent respectivement au Louvre, au musée Boijmans Van Beuningen et au Rijksmuseum. Deux autres dessins, Une lionne dévorant un oiseau, couchée, la tête tournée vers la gauche et Une lionne enchaînée, couchée au sol, de profil vers la droite, appartiennent au British Museum. Ces œuvres entretiennent des liens étroits avec la représentation conservée par la Leiden Collection. 

Une lionne dévorant un oiseau, couchée la tête tournée vers la gauche, vers 1637, par Rembrandt van Rijn. Fusain et lavis gris rehaussés de blanc sur papier préparé au lavis brun ; 12,7 x 24,5 cm. British Museum, Londres. (Domaine public)

Une lionne dévorant un oiseau, couchée la tête tournée vers la gauche, vers 1637, par Rembrandt van Rijn. Fusain et lavis gris rehaussés de blanc sur papier préparé au lavis brun ; 12,7 x 24,5 cm. British Museum, Londres. (Domaine public)

 Analyse stylistique et matérielle

Des différences apparaissent néanmoins. Les dessins du British Museum montrent l’animal de profil, tandis que celui de la Leiden Collection adopte une vue de trois quarts. La patte gauche y apparaît esquissée dans deux positions distinctes, suggérant le mouvement. Par ailleurs, les lignes corporelles fluides des dessins londoniens contrastent avec les lignes de contour plus marquées de l’exemplaire de la Collection. Les spécialistes divergent quant aux matériaux utilisés, tandis que Marjorie Shelley, restauratrice au Metropolitan Museum of Art, identifie une combinaison de pierre noire, de craie blanche et de lavis gris pour le dessin de la Leiden Collection. 

La Concorde de l’État (L’unité du pays), 1637-1645, par Rembrandt van Rijn. Huile sur panneau ; 74 x 100 cm. Musée Boijmans Van Beuningen, Rotterdam, Pays-Bas. (Domaine public)

 Du dessin à la peinture

Les experts établissent un lien entre ces trois dessins et la peinture de Rembrandt L’Unité du pays, conservée au musée Boijmans Van Beuningen de Rotterdam. Sur ce panneau figure, à gauche, une lionne enchaînée. Les experts établissent un lien entre ces dessins et la peinture L’Unité du pays, conservée à Rotterdam. Rembrandt dessine les animaux d’après nature afin de les restituer avec réalisme dans ses compositions ultérieures. L’origine précise de l’observation de ce lion demeure inconnue, une ménagerie privée constituant l’hypothèse la plus probable.

Un regard qui saisit

Le Jeune lion au repos illustre avec éclat la virtuosité graphique de Rembrandt. Le regard intense de l’animal s’impose comme un appel irrésistible pour tout acquéreur en quête d’un Rembrandt d’une qualité exceptionnelle.

[Source : www.epochtimes.fr]

'El delirio de Israel'

 

·   El libro relata las heridas del conflicto entre Israel y Palestina desde el punto de vista de Meir Margalit, activista y político argentino-israelí

  •  infoLibre adelanta el prólogo del libro, editado por Catarata, que se podrá comprar en librerías a partir este lunes, 13 de octubre

Portada de 'El delirio de Israel', de Meir Margalit

El delirio de Israel es un libro que retrata las heridas abiertas del conflicto entre Israel y Palestina en un acto de resistencia frente a la distorsión y el silencio. El autor, Meir Margalit, no busca ofrecer certezas, sino sostener una verdad frágil en medio del fragor. No adoctrina: interpela, invita a mirar sin vendas, a reconocer que la frontera más peligrosa no está en la tierra disputada, sino en el corazón que la habita. Todo mostrando cómo un pueblo puede extraviarse en su propio reflejo, cómo Hamás y el actual Gobierno de Israel encuentran en este conflicto su justificación mutua.

Margalit es un activista por los derechos humanos y político argentino-israelí. Es miembro del Center for Advancement of Peace Initiatives y del Comité Israelí contra la Demolición de casas palestinas. Además, fue concejal en el Ayuntamiento de Jerusalén por el partido pacifista Meretz. infoLibre adelanta el prólogo del libro, publicado por la editorial Catarata y que se podrá comprar en librerías a partir de este lunes, 13 de octubre.

Bandera israelí en uno de los balcones de Jerusalén. Catarata

Hay imágenes que lo dicen todo. Un estudio abocado al estado de la sociedad israelí tras dos años de guerra puede sintetizarse con esta imagen que lo refleja fehacientemente. Toda frase adicional está de más.

No Matarás. Dios, Tablas de la Ley, décimo Mandamiento, Monte Sinaí, 1300 a C

A esta altura de los acontecimientos podemos afirmar que todos los pronósticos vaticinados en mi libro anterior se han consumado con creces y siguen vigentes, alcanzando grados de violencia hasta entonces inimaginables. A lo largo de este último año, todas las fallas, deformaciones y delirios, que han corrompido a la sociedad israelí no han hecho sino intensificarse. Cada vez que creímos haber tocado fondo, descubrimos que aún era posible hundirse más. Jamás pudimos concebir que seríamos artífices de una de las páginas más siniestras de la miseria humana. Mientras redactaba las páginas de mi libro anterior no podía ni imaginar que un año después continuaríamos derramando sangre a granel. Las personas normales, escribe David Rousset, no saben que todo es posible.

Ya he pronosticado que el ataque del 7 de octubre marca un antes y un después, que Israel no volverá a ser la que era. Sin embargo, para que salte tanta ponzoña, debía estar ya instalado un fondo de odio profundo y una predisposición homicida previa a aquella fecha fatídica. Ningún país se convierte en asesino de la noche a la mañana —esta disposición a matar e inmolarnos por causas infames estaba ya inscrita en la misma base del proyecto sionista. Durante 72 años, esta pulsión destructiva ha estado presente en los intersticios de la sociedad, a veces agazapada y otras descontrolada, siempre a punto de estallar. El ataque del 7 de octubre ha sido el detonante que produjo el desencadenamiento, y desde entonces todo está fuera de control.

A esta altura de los acontecimientos, podemos afirmar, con pena y dolor, que Israel está enterrado en las arenas de Gaza. En la tumba contigua yace la condición humana.


[Fuente: www.infolibre.es]