terça-feira, 13 de janeiro de 2026

« Contraire à l’esprit de notre langue » : l’Académie française s’oppose au Conseil d’État sur l’écriture inclusive

L'Académie française a fermement contesté une récente décision du Conseil d'État concernant l'usage de l'écriture inclusive dans l'espace public. L'institution dénonce une pratique nuisible à la clarté et au patrimoine linguistique national. Elle s'oppose ainsi au maintien de plaques commémoratives utilisant le point médian à l'Hôtel de ville de Paris.

L'Académie française

Écrit par Valentin Solier

La plus haute juridiction administrative française a rejeté, le 31 décembre dernier, le pourvoi de l’association Francophonie Avenir. Cette organisation exigeait le retrait de deux plaques installées à l’entrée de l’hémicycle du Conseil de Paris. L’Académie française a réagi vendredi par une « protestation solennelle contre l’option retenue » par le Conseil d’État.

Un conflit juridique sur la forme

L’association Francophonie Avenir avait sollicité Anne Hidalgo, maire de Paris, dès la fin de l’année 2021 pour enlever ces inscriptions. Les plaques mentionnent notamment « les président.e.s du Conseil de Paris » et « les conseiller.e.s de Paris ayant accompli plus de 25 ans de mandat ». Le tribunal administratif puis la cour d’appel ont débouté l’association.


Le Conseil d’État a confirmé qu’aucune « erreur de droit » n’avait été commise par les juges précédents. La justice estime que l’écriture inclusive ne constitue pas « l’usage d’une autre langue que le français ». Selon cette interprétation, le point médian relève d’une graphie spécifique et non d’un idiome étranger comme l’espagnol ou l’italien.

La défense de la langue par l’Académie

L’Académie française rejette vigoureusement cette analyse juridique. Selon l’institution, ces procédés sont « contraires à la lisibilité et à l’esprit de notre langue ». Les académiciens considèrent que cette pratique « porte une atteinte grave à (la) dimension patrimoniale » du français.


Le cardinal de Richelieu a fondé l’Académie en 1635 pour fixer des « règles certaines à notre langue ». Sa mission historique consiste à la rendre « pure, éloquente et capable de traiter les arts et les sciences ». Pour remplir ce rôle, l’institution élabore un dictionnaire et définit les normes orthographiques officielles.

 

[Photo : RICCARDO MILANI/Hans Lucas/AFP via Getty Images - source : www.epochtimes.fr] 

Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor

Crece la impresión de que la Real Academia Española ha dejado de ejercer, incluso renuncia deliberadamente a ello, su papel normativo y cultural con la claridad, coherencia y autoridad que el antiguo lema sugería

Escrito por  

La célebre divisa de la Real Academia Española -Limpia, fija y da esplendor- surgió con un nobilísimo propósito: la lengua española contaría con una institución encargada de cuidarla, ordenarla y ennoblecerla. Pero el tiempo no pasa en balde. Trescientos trece años después de su fundación, para un buen número de hablantes, lingüistas, escritores y lectores, esa promesa ya no se cumple. No porque el español esté en decadencia -al contrario, camina más vivo e imparable que nunca- sino porque crece la impresión de que la RAE ha dejado de ejercer, incluso renuncia deliberadamente a ello, su papel normativo y cultural con la claridad, coherencia y autoridad que el antiguo lema sugería. Decir que la RAE ya no limpia, ni fija, ni da esplendor es, lamentablemente, una impresión generalizada.

Intentaremos explicarlo, aunque ni sea fácil ni sea cómodo, ni agradable. Limpiar, en el origen del lema, significaba depurar el idioma de usos incorrectos, confusos o innecesarios. No se trataba de imponer un castellano o español rígido, sino de establecer criterios claros que facilitaran la comprensión y la alta calidad expresiva. Sin embargo, la Academia se repliega ahora hacia posiciones más descriptivas que normativas, aunque rara vez sus miembros lo admitamos en público. Esto da ocasión a debates académicos internos, a veces muy tensos, que por prudencia institucional no suelen ir más allá de la sala de plenos. Debates que a menudo han opuesto y oponen dos formas distintas de entender la RAE, su función y sus obligaciones.

El argumento habitual de un sector académico, en el que se sitúan principalmente lingüistas -aunque no se trata de grupos compactos-, es que la Academia registra el uso. El problema, replica a eso otro sector donde abundan escritores o creadores, es que registrar no es limpiar. Si todo uso mayoritario, por vulgar o incorrecto que sea, resulta automáticamente válido, la noción misma de corrección pierde sentido. Y ahí reside uno de los problemas. La actual RAE acepta construcciones que hace años habría considerado erróneas, no tras un debate lingüístico profundo, sino por presión externa. Doblegándose con demasiada facilidad y frecuencia al simple uso mediático, político o de redes sociales. El resultado es una normativa cada vez más laxa, ambigua y contradictoria, que deja al hablante sin referencias firmes, sometido a los vaivenes de las modas y, lo que es peor, a la proliferación de elementos con notable presencia pública pero con escasa formación cultural. Un tertuliano, youtuber o influencer analfabetos pueden tener más influencia lingüística que un premio Cervantes. Y no es una figura retórica exagerada. Es que realmente ocurre.

Como institución colectiva, y desde hace tiempo, la RAE ha estado esquivando la constante petición de algunos académicos -cada vez menos, pues los más combativos van falleciendo o se cansan de bregar- en los debates de los plenos de los jueves: una declaración pública anual sobre el estado de la lengua española, a modo de balance, y no para imponer normas policiales, sino para prevenir y advertir de errores y malos usos antes de que éstos sean irremediables. Pues, al no establecer límites claros, la RAE deja de proteger precisamente a quienes más necesitan normas o referencias claras: estudiantes, docentes y hablantes no nativos. Pero esa renuncia de la Academia a limpiar -advertir de las amenazas antes de que se asienten sin remedio- no responde sólo a la fría concepción científica de algunos académicos, sino también a un miedo general asentado en la RAE: miedo a parecer elitistas, conservadores o excluyentes en un ámbito cultural hipersensible, en una España y una Hispanoamérica propensas a desconfiar de toda autoridad lingüística aunque esa autoridad sea noblemente compartida por todos los componentes de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Que -a diferencia de la notoria incompetencia panhispánica del ministro español de Asuntos Exteriores, señor Albares- sí mantienen excelentes relaciones entre ellas y participan juntas en un Diccionario, una Ortografía y una Gramática milagrosamente comunes.

Fijar no es congelar la lengua

En cuanto a la segunda palabra del lema, Fijar, no pretendía en su origen congelar la lengua, sino establecer consensos estables. Todo idioma necesita puntos de anclaje; sin ellos, se fragmenta y empobrece. Paradójicamente, hoy la RAE se muestra incómoda con la idea de fijación, y las sucesivas reformas ortográficas son un ejemplo elocuente. Cambios poco justificados, explicaciones confusas y decisiones cuestionables erosionan la autoridad académica. ¿Se escribe solo sólo? ¿Guion guión? ¿Mayúsculas opcionales?... La respuesta académica suele ser tibia: «depende», «es válido», «se recomienda, pero no es obligatorio». Una institución que no fija, duda; y una que duda, deja de ser referencia. Además, y esto es asombroso, la RAE institucional hace caso omiso del criterio de escritores consagrados -muchos de ellos fueron en vida o son hoy académicos- para quienes la lengua era y es una herramienta con la que trabajan a diario. Sucede lo contrario: la Academia externaliza hoy parte de su función fijadora dejándola en manos de medios de comunicación y redes sociales, que se convierten en árbitros del asunto. Y con esa claudicación, en vez de orientar hacia el buen uso, la RAE lo desprecia.

Pero quizá lo más grave sea el abandono del Esplendor. Porque dar esplendor no es sólo pulir la ortografía y la gramática y hacer un Diccionario digno y eficaz; es, también, defender la riqueza literaria, histórica y simbólica del idioma. Desde su creación en 1713, la RAE estuvo asociada a una idea de la lengua como patrimonio cultural. Hoy, lamentablemente, esa ambición parece diluida. El sector oficial de la Academia responsable de las manifestaciones y comunicaciones exteriores vive obsesionado con que nadie asigne a la RAE la palabra elitista. En consecuencia, maneja un registro cada vez más vulgar, adaptado al lenguaje de redes sociales, con respuestas rápidas, ingeniosas y a menudo superficiales. A la altura intelectual de lo que hay.

Las redes sociales, desde luego, representan el grado extremo del problema. Son espacios donde priman la rapidez, la simplificación y la falta de contexto. Útiles como indicador sociolingüístico, resultan tóxicas como modelo normativo. Sin embargo, la RAE las menciona cada vez más como prueba de uso. El lenguaje de las redes, diseñado para impactar y no para pensar, es fragmentario, caótico, pobre en matices y proclive a la incorrección, la vulgaridad y el error. Cuando la Academia lo legitima, envía un mensaje peligroso: el cuidado, el rigor, no importan; basta con que algo circule lo suficiente. Esto tiene un efecto social devastador. Si todo vale porque se usa, ¿para qué esforzarse en escribir bien? ¿Por qué leer a buenos autores, estudiar o ampliar vocabulario? La lengua deja de ser una conquista cultural, una herramienta cuidada y noble, y se convierte en reflejo automático del confuso ruido social.

Y, bueno. Los resultados están a la vista. La sumisión de la RAE a las redes deteriora su imagen. El criterio académico se hace coloquial, el rigor es negociable. Todo vale y cualquier cateto audaz puede imponerse, si persevera, a Cervantes, Galdós o García Márquez. El antes buscado esplendor exigía distancia, profundidad, autoridad y exigencia sin complejos. Además, y como postre, la RAE ha mostrado una evidente falta de liderazgo cultural frente a la avalancha de anglicismos, tecnicismos innecesarios y empobrecimiento léxico. Aunque a veces los adapta, no siempre propone alternativas convincentes o realistas -todavía me sangran los ojos ante el amago de algún académico lingüista de proponer balé para sustituir a ballet-. Y cuando las alternativas razonables son asumidas, llegan tarde o no se aplican. El mensaje implícito es de resignación: la lengua cambia, y poco se puede hacer; sólo seguirle el paso, aunque sea cojeando.

La politización del lenguaje

Otro de los factores negativos para la autoridad de la RAE es su relación ambigua con el debate político, sobre todo respecto al llamado lenguaje inclusivo. La resistencia académica viene siendo honorable, pero sin la contundencia propia de su autoridad. No abrir la boca es la respuesta más frecuente, y dice poco en favor de la institución que las respuestas enérgicas se dejen a la iniciativa personal de los contados académicos -Javier Marías lo hizo siempre de forma destacada- que se atreven, por su cuenta y sobre todo su riesgo, a intervenir en el debate público. En la grotesca injerencia del oportunismo político, la ignorancia y la estupidez sectaria en materia lingüística, la Academia, en vez de sostener la posición firme y argumentada de su legítima autoridad, suele situarse entre el silencio administrativo y la cautela diplomática, intentando no incomodar a nadie. Esa prudencia, o ambigüedad, es interpretada como debilidad e incluso como cobardía. Cada vez que la Real Academia Española parece más preocupada por no irritar al poder político que por su propia coherencia y obligaciones, pierde autoridad. Y no se trata de negar debates sociales, que son necesarios, sino de establecer con claridad qué pertenece al ámbito de la lengua y qué al de la ideología, y ser inflexible con quienes desde el interés partidista intentan contaminar la lengua o adaptarla a sus intereses. Al no plantar cara públicamente a ese oportunismo ignorante e irresponsable, la RAE contribuye a la confusión general y abdica de su autoridad y prestigio.

Otro síntoma inquietante es la invisibilidad intelectual de muchos actuales académicos. Históricamente, la RAE estaba integrada por figuras literarias y filológicas de primer orden, cuya autoridad provenía tanto de su obra como de su pensamiento. Hoy, aunque sigue habiendo elementos brillantes entre los lingüistas -Ignacio Bosque, Pedro Álvarez de Miranda- y también hay escritores de reconocido prestigio y notables académicos de otras especialidades, sus voces públicas suenan aisladas, cuando suenan, y la institución en su conjunto no proyecta una voz prestigiosa y sólida. Las discusiones importantes sobre la lengua se dan fuera de la Academia, en universidades, medios, redes sociales y espacios independientes. La RAE suele reaccionar tarde y mal, y rara vez lidera el debate. Ha pasado de ser un faro que guía a comentarista de lo que hay.

Pero lo más grave, en mi opinión, es que en el corazón de la Real Academia Española se registra un desplazamiento silencioso, lamentable, de su principal fuente de autoridad. Durante tres siglos, la RAE entendió que la lengua se establecía principalmente de abajo arriba, pero enriquecida, contrastada, analizada y devuelta desde arriba hacia abajo mediante la literatura, el pensamiento, la tradición escrita y el criterio de autores solventes cuya obra demostraba excelencia, precisión y capacidad de perdurar. Hoy, en cambio, entregados los aspectos técnicos de la RAE a lingüistas partidarios de asumir dócilmente cuanto ocurre y no prevenir lo que ocurra, la Academia invierte esa jerarquía: otorga más peso normativo a lo que se repite en periódicos mal escritos, titulares apresurados, tertulias descuidadas o redes sociales, que a la autoridad intelectual de escritores, filólogos y creadores que trabajaron o trabajan la lengua con rigor. Se anteponen, más de lo necesario, los usos de un tuitero analfabeto o el texto de un folleto farmacéutico mal traducido a la obra de Soledad Puértolas, Carlos García Gual, Juan Mayorga, José María Merino, Luis Mateo Díez, Álvaro Pombo, José Manuel Sánchez Ron, Clara Sánchez, Javier Cercas y tantos otros académicos vivos o muertos.

La inversión de la autoridad lingüística

Tradicionalmente, los buenos escritores no se limitaban a utilizar la lengua española: la afinaban. La literatura era un laboratorio de posibilidades expresivas, de creación e innovación, pero sobre todo un espacio de autoridad. Un uso reiterado en Cervantes, Galdós, Borges o Vargas Llosa tenía más peso que mil ocurrencias bastardas o efímeras. La Academia observaba todo eso registrando cuanto había, pero aconsejando utilizar lo mejor. Don Manuel Seco, al que mi querido don Gregorio Salvador definió como «el académico perfecto», abrió siempre su diccionario al lenguaje popular y su evolución natural, pero nunca perdió de vista la autoridad superior de los grandes escritores. Durante mucho tiempo -llevo 23 años en la RAE y he conocido otras épocas- los sucesivos directores de la RAE incluido Darío Villanueva, el penúltimo de ellos, mantuvieron un exquisito y útil equilibrio entre lingüistas y creadores. Hoy ocurre todo lo contrario. Los debates lingüísticos -aquellas tradicionales papeletas de toda la vida- han desaparecido de los plenos y se solventan en comisiones parciales o con decisiones casi personales, ajenas al criterio general. En 2009, cuando Ignacio Bosque iba a publicar su importantísima Gramática, todos los académicos leímos, comentamos y discutimos durante mucho tiempo el borrador. Hoy eso sería imposible: suele imponerse el hecho consumado.

Recuerdo con añoranza mi primera década en la Academia, en la que tardé años en abrir la boca si no me preguntaban. Hoy están lejos los tiempos en que los jueves suponían fascinantes discusiones de gran altura: lingüistas de categoría como García Yebra, Rodríguez Adrados, Manuel Seco, Gregorio Salvador, se medían y enfrentaban en debates inteligentes, respetables y amistosos con Camilo José Cela, José Luis Sampedro, Mario Vargas Llosa, Claudio Guillén, Carmen Iglesias, Francisco Ayala o Castilla del Pino. Ahora, lamentablemente, el núcleo de lingüistas al que la actual dirección confía las decisiones maneja con naturalidad y sin apenas control, como justificación normativa, titulares periodísticos redactados con descuido o usos masivos en redes sociales, aunque estos contradigan principios sintácticos, semánticos o estilísticos largamente asentados. La repetición cuantitativa ha sustituido a la calidad cualitativa. Se confunde frecuencia con legitimidad, visibilidad con corrección. Y esta inversión es muy grave, porque los medios de comunicación actuales -con pocas y honrosas excepciones- ya no funcionan como filtros de calidad lingüística. La presión del clic, la velocidad de publicación y la precariedad laboral han erosionado el cuidado del idioma. Que la Academia tome ese material como referencia prioritaria equivale a aceptar como patrón lo que antes habría considerado síntoma de deterioro.

Una de las actitudes más discutibles, siempre en mi opinión, es que la RAE apenas advierte ya con claridad del mal uso. Tiene verdadero miedo de hacerlo. Antes, el diccionario y la gramática no sólo indicaban qué se decía, sino qué se debía o podía evitar. En el Diccionario o fuera de él constaban marcas claras: incorrectoimpropiodesaconsejadovulgar... Hoy, esas advertencias se han atenuado o desaparecido, sustituidas por fórmulas ambiguas: se documentase usaes frecuente en la lengua hablada. El problema no es admitir que un uso existe, pues la RAE está obligada a registrarlo, sino elevarlo a la categoría de aceptable o correcto sin un juicio crítico. Cuando se deja de señalar un error, el error ya no se percibe como tal: el hablante pierde herramientas para distinguir entre el descuido y el rigor, entre una solución pobre y una rica, entre una desviación ocasional y una norma consolidada. Y de ese modo la Academia ya no corrige la incorrección, sino que la acepta a toro pasado. Espera a que el mal uso se imponga por cansancio, repetición o presión mediática y entonces lo incorpora al Diccionario; no como excepción a señalar, sino como variante válida. Y así, la autoridad normativa se convierte en simple notaria del hecho consumado.

La marginación de los escritores solventes

Mientras tanto, como dije, la voz de los académicos escritores que por naturaleza son creadores, trabajadores y especialistas del lenguaje, apenas cuenta hoy en la RAE. Muchos de ellos, vivos o recientemente fallecidos, han señalado errores, empobrecimientos y banalizaciones del idioma, sólo para ver cómo el sector ahora dominante en la Academia -los talibanes del todo vale- los ignora o trata como opiniones respetables, pero irrelevantes. Durante el mandato del actual director -al que por otra parte se deben importantes logros, como la labor panhispánica en América y la salvación económica de una RAE asfixiada por el expresidente Mariano Rajoy- se ha roto el vínculo histórico, el respeto mutuo, el equilibrio al que antes aludía entre creación literaria y técnica lingüística. Y esto es especialmente grave, porque los escritores no sólo conservan la lengua: la trabajan y proyectan hacia el futuro. Son quienes exploran sus límites sin romper su coherencia. Prescindir de su criterio equivale a amputar la dimensión estética e intelectual del idioma, reduciéndolo a un mero instrumento funcional. La lengua sin autoridad literaria se vuelve plana; y una academia que no escucha a quienes mejor la manejan renuncia a dar esplendor en el sentido más profundo del término.

El proceso es siniestro: en los medios se escribe peor, la Academia lo acepta, y al aceptarlo, legitima ese empeoramiento. Al legitimar, los medios se esfuerzan todavía menos. El hablante asume que la corrección es irrelevante y reproduce usos cada vez más pobres. Pero este empobrecimiento no es sólo estilístico, sino cognitivo: una lengua descuidada piensa peor. La precisión léxica, la complejidad sintáctica y la riqueza expresiva no son adornos superfluos, sino herramientas para comprender y describir la realidad. Cuando la norma se rebaja, también se reduce la capacidad de pensar con claridad.

Decir que la Real Academia Española ya no limpia, ni fija, ni da esplendor no es negar su utilidad, su hermosa y noble historia ni su necesario futuro, sino prevenir una crisis. La lengua española no necesita una policía autoritaria, pero sí una institución capaz de establecer criterios, defender la excelencia y asumir que toda norma implica incomodar a alguien. Sin limpieza no hay claridad; sin fijación no hay estabilidad; sin esplendor no hay belleza. Si la RAE no mantiene esa triple vocación, su lema será una reliquia retórica. La Real Academia Española no perderá autoridad porque la lengua evolucione y cambie; la perderá si continúa consagrando más el ruido que el pensamiento, más el error y la vulgaridad que la excelencia. Privilegiar a periódicos mal escritos y redes sociales sobre escritores solventes y tradiciones literarias sólo contribuirá a la pérdida de calidad del español. Mientras no practique la valentía de señalar el error en vez de certificarlo, y de sostener la autoridad superior de quienes a uno y otro lado del Atlántico mejor escribieron y escriben en nuestra lengua, la RAE será una institución útil pero traidora a sí misma: alguien que llega tarde, cuando el daño está hecho. Y una lengua que renuncia a la exigencia, el rigor y la belleza, acaba por renunciar a su grandeza.


Arturo Pérez-Reverte es miembro de la Real Academia Española desde el año 2003


[Ilustración: PATRICIA BOLINCHES - fuente: www.elmundo.es]


«Soño dunha sombra»: o silencio que nos interpela

 

Un libro agasallo é este «Soño dunha sombra», editado por Kalandraka.

Escrito por Ramón Nicolás  

Foime imposible ler este libro sen pensar en Xabier P. Docampo. Unha asociación que agromou de súpeto e que, tras procurar unha explicación, sitúo en que durante moito tempo Cobas e Docampo traballaron man a man en ducias de proxectos comúns e tamén porque o escritor lucense nos regalara un libro memorable como foi A nena do abrigo de astracán, onde Ribadaínsua —unha vila galega da posguerra— latexaba naquelas páxinas como a verdadeira protagonista, e aquí Cobas centra a súa ollada nunha casa que nos interpela desde o silencio e a sucesión dos xogos cromáticos. 

Xosé Cobas, logo de moitos anos interpretando ducias de historias alleas, decide dar a coñecer publicamente un proxecto persoal como é este Soño dunha sombra. O volume acaróase a eses libros que responden a unha inspiración gráfica e sitúase nunha tradición ben pouco transitada entre nós como son os proxectos de raizame visual onde somos nós quen poñemos as palabras e reconstruímos as historias que se agochan nas propostas que crearon, por só citar algúns casos, Mariana Ruiz Johnson, David Pintor, Tomi Ungerer, Josse Goffin, Iela Mari, Béatrice Rodríguez, Nikolai Popov, Shaun Tan, Leo Lionni ou Mitsumasa Anno, entre outras voces. 

Mais aquí non se procure unha vontade descritiva, lúdica, didáctica ou informativa. Cobas agasállanos, sinxelamente, un álbum gráfico que desvela unha historia grazas á secuenciación de imaxes que comezan coma se o foco dunha cámara retratase unha presenza minúscula que logo se expande, alterna ángulos e perspectivas, incorpora matices e símbolos; que medra, nunha palabra, para centralizarse na descrición visual dunha casa, ou de partes dunha casa, a través dun diálogo constante entre a luz e escuridade. Todo por xunto posibilita mesturarnos nese líquido amniótico que aquí é un soño e que é o tempo; permite trasladarnos ás distintas partes do día ou ás estacións que se superpoñen inexorablemente para ofrecernos, en definitiva, unha reflexión sobre a propia vida obxectivada nesa casa —esa «xeometría de horizontes», en palabras de Rivas— que, como a materia da que estamos feitos, sofre metamorfoses, por veces imperceptibles pero sempre elocuentes. Só cómpre saber miralas.


[Fonte: www.lavozdegalicia.es]

«Una pau cruel» de Theodor Kallifatides

Una bella literatura del dolor europeu

Theodor Kallifatides

Escrit per Vicent Flor

Traducció de Carolina Moreno

Europa existeix? Els seus límits territorials són sinuosos. Turquia és tota europea? I Rússia, amb frontera amb Corea del Nord? No tinc clar què seria Europa més enllà d’una construcció política parcial. Albània i Bòsnia, de majoria musulmana, ho són? Jo trobe que sí. Però, hi estan d’acord la majoria d’europeus?

D’altra banda, Europa seria una realitat cultural? A tot estirar, una de difusa i de contradictòria. La pàtria de la Il·lustració? Sí. I la del colonialisme? També. I una substància literària? No ho sé tampoc. Sí que sé, però, que Theodor Kallifatides és un gran escriptor i, atesa la seua narrativa, un gran escriptor europeu, entre els límits meridionals i septentrionals, de fet: un grec exiliat que ha publicat bona part de l’obra en suec tot i que, segons com, ha tornat de tant en tant a la llegua materna.

Nascut a Molai, un poblet del Peloponés, mesos abans de la batalla de l’Ebre, visqué de xiquet la cruel ocupació alemanya de Grècia. D’adolescent, ja a Atenes, “la ciutat dels llops”, prengué consciència de la també macabra guerra civil grega o, més bé, de les conseqüències, amb un germà condemnat a mort i un pare a qui les autoritats impedien exercir la docència perquè simpatitzava amb els comunistes. Us sona? Convé llegir, si un té el fetge en bon estat de revista, Savage Continent, de l’historiador Keith Lowe, no traduït encara al valencià, per a entendre que la fi de la Segona Guerra Mundial no acabà amb la violència a Europa. Fou una guerra fredíssima.

Si la postguerra espanyola començà el 1939 i s’allargassà, la grega ho feu deu anys més tard, i es perllongà també. El franquisme, i segons com, donà pas a un règim constitucional el 1978. Només tres anys abans s’establí a Grècia una democràcia més o menys homologable. Foren dècades de misèria material i espiritual, de repressió de tota mena, política i també sexual, que Kallifatides sap traslladar a la seua prosa. Al cap i a la fi, “no hi ha cap crueltat en la història de Grècia que no tingui una altra crueltat en què fonamentar-se, és una de les conseqüències de ser una nació cultural antiga”. L’atenenc, que volia alenar aire fresc, decidí el 1964 abandonar el país hel·lènic i establir-se a una societat molt diferent, una Suècia amb un avançat estat del benestar.

De tota aquesta experiència, ha fet bona literatura. En concret, del període grec escriví una trilogia, que el donà a conéixer com a escriptor, conformada per Pagesos i senyors (1973), L’arada i l’espasa (1975) i Una pau cruel (1977). Grans llibres, tots tres. A nosaltres ens han arribat, escalonats, al llarg del 2024, mig segle després si fa no fa. Es poden llegir separadament, tot i que convé fer-ho per l’ordre d’edició, sobretot els dos primers. Autoficció? Què més té d’on trau un escriptor la inspiració per a les històries? És literatura que emociona i corprén. Què més en podem demanar?

Theodor Kallifatides, Una pau cruel, Galàxia Gutenberg (2024)

Una pau cruel se situa en la postguerra grega. Per mitjà dels ulls de Minos, un xiquet que es va fent gran, se’ns mostra l’Atenes d’aleshores. La seua mirada abasta les contradiccions de la família, de l’escola i del barri. Així, tenim notícia del patiment del pare, per la vida del fill major, per l’exclusió docent i per la nostàlgia. Era originari de la regió del Pont i en fou expulsat, com un altre milió i mig de grecs, sobretot d’Àsia Menor, Anatòlia Oriental i Tràcia, territoris de la Turquia moderna.

La melangia és una força poderosa. De fet, comprava sardines de Turquia per a “tornar a percebre els sabors i les aromes de la infantesa”. També ens dona notícia de la misèria de la docència nacionalista i religiosa. I de la repressió de la sensualitat. Era difícil l’amor i el sexe, encara més, per a un xicon pobre.

Una pau cruel presenta una combinació magistral de les dues màscares, la de la tragèdia i la de la comèdia. En passar les pàgines un riu i més endavant el somriure se li glaça. Les escenes on descriu el lavabo col·lectiu, “la casa de les llonganisses”, de la casa de llogaters d’Atenes on vivien, són antològiques. L’administrador de l’habitatge ho tenia clar: “Quan el budell constreny, entens el valor de l’ordre i la democràcia”. O les prostitutes que exercien a soles, que advertien en un cartell quan tenien la regla que l’artista no estava disponible perquè “havien arribat els russos”. Kallifatides no se’n pot estar i amb ironia introdueix que “I després ens preguntem com és que hi ha tants anticomunistes a Grècia!”. Per contra, l’escena de la violació col·lectiva per soldats monàrquics de dues guerrilleres és esfereïdora. També commociona el maltractament sistemàtic dels captius a l’illa-presó de Makrónissos.

La prosa de Kallifatides és, en aparença, senzilla. Frases curtes, paràgrafs curts. Ritme i, de tant en tant, frases colpidores, gairebé aforismes –es podria traure un gran recull d’aforismes dels seus llibres!–, de vegades ganivets que travessen el lector. Sense adonar-nos-en, la bellesa sorgeix. Kallifatides ens n’ofereix píndoles, sense abusar, com ara “el cap emergia i se submergia com si el mar fos una frase i ell fos el punt”.

Potser assistim al cas d’escriptor perifèric que, si haguera escrit en anglés o en una altra llengua internacional, hauria tingut més repercussió, encara, tot i que ha sigut traduït a moltes llengües. Siga com siga, hem tingut la sort que Galàxia Gutenberg haja traduït al català, en edicions acurades, nou dels seus llibres. A La Veu dels Llibres en teniu diverses ressenyes: Mares i fillsEl passat no és un somniAmor i enyorançaUn nou país més enllà de la finestra o L’arada i l’espasa.

Llegiu Kallifatides. No us en penedireu.

 

[Font: www.laveudelsllibres.cat]

Besar de nuevo la tumba de Wilde

«El amor ya no está de moda; lo han matado los poetas. Han escrito tanto sobre él que nadie los cree, y no me extraña. El verdadero amor sufre, y sufre en silencio.»

Escrito por David Fueyo

Hace 125 años moría Oscar Wilde en París, pobre, enfermo y repudiado por quienes antes, en pleno apogeo de su éxito, lo habían celebrado. Murió como viven muchos de sus personajes, pagando un precio demasiado caro por haber dicho la verdad en voz alta. Pero, sin embargo, pocas figuras literarias resultan hoy tan actuales como él a pesar de que en las librerías apenas se pregunte por La importancia de llamarse Ernesto El retrato de Dorian Grey; quizá porque Wilde entendió antes que nadie que el amor, la belleza y la verdad que transpiran sus textos no suelen sobrevivir bien en sociedades líquidas, superficiales y obsesionadas con la apariencia.

La frase sobre el amor que sirve de hilo conductor a estas líneas no es solo una reflexión sobre el amor romántico; es, en realidad, una crítica feroz a la impostura. He vuelto a recordarla tras escucharla en el capítulo sexto de la serie Ena, cuyos guiones han sido cuidados y barnizados de un tono poético que supongo que, en realidad, no tuvieran aquellos en cuya boca se ponen estas palabras.

Hablar de amor nunca ha estado de moda porque Lope ya lo ha dicho todo en su soneto y Becquer ya lo cantó en forma de golondrinas, de rayo de luna o de arpa al fondo del salón. El amor existe a pesar de que “Lo han matado los poetas”, no porque escriban sobre él, sino porque lo han vaciado de verdad. Porque lo han repetido tanto que ya no duele, y para Wilde, si no duele no es amor. Per aspera ad astra, que decía Séneca el joven. Personalmente me hastían los poetas que no dicen nada, las novelas excesivamente adornadas y superficiales y los cantautores que impostan la voz invocando a una libertad que solo es molona porque rima con verdad, realidad y bondad.

En la obra de Oscar Wilde, el amor nunca es cómodo. El retrato de Dorian Gray no es solo una novela sobre la juventud y la podredumbre moral. Para mí va más allá y para muchos está considerada como una historia de afectos que no pueden nombrarse sin castigo. De profundis, su texto más visceral, escrito desde la cárcel de Reading, es quizá uno de los documentos amorosos más sinceros de la literatura occidental: una carta donde amar significa aceptar la humillación, el abandono y la pérdida absoluta de la máscara, ¿qué es amar, sino también desnudarse y dejar el alma a merced de las inclemencias y las adversidades?

Con el alma desnuda Wilde sufre, y lo hace en silencio, como él mismo exige al verdadero amor. La cárcel no solo lo privó de libertad, sino de voz pública, de prestigio, de identidad social. Lo que quedó fue el hombre en su expresión más vulgar frente a su dolor. Y desde ese lugar escribió algunas de las páginas más honestas de su vida. Murió joven y en la indigencia. Arruinado física y socialmente. Era carne de olvido y repudio, sin embargo su nombre sobrevivió, cargado de un nuevo sentido y despojado de todo artificio, transformando para siempre la relación entre literatura, identidad y verdad.

Recordar a Wilde 125 años después no es algo trendy ni postureable. Yo también besé su tumba en Pére Lachaise tras rendir pleitesía a la de Morrison, poniéndome el pintalabios de mi acompañante por dos veces, la primera de ellas sin haber leído una sola línea suya, la segunda yendo primero a visitar el monolito dedicado al irlandés que a la austera tumba del autor de Light my fire.

La literatura decimonónica tiene fama de compleja y aburrida, como un cuadro de Nattier o una balada victoriana larga, solemne y sentimental. La verdad es que el XIX nunca ha vuelto a estar de moda, y su literatura suele considerarse plúmbea y monocorde. Sin embargo, leer a Wilde nos da un chutazo de vida en tanto en cuanto la literatura sigue significando rebeldía. El autor que fue condenado no por un delito, sino por amar fuera de la norma merece ser leído y reivindicado. Su caída pública es una lección aún vigente sobre cómo las sociedades castigan a quienes desobedecen los relatos oficiales del amor, del género y de la moral.

Hoy, cuando el amor se consume tan rápido como un fósforo, se exhibe en redes sociales y se mide en validación inmediata, la advertencia de Wilde resuena con una fuerza inquietante. El amor, parece decirnos, no necesita ser proclamado constantemente. No necesita postureo. No necesita ser creído por los demás. El amor verdadero no solo se soporta, sino que se alimenta, se defiende y se desea como solo se hace con lo imposible y nunca con lo meramente improbable.

Wilde nos ha enseñado con su literatura que no desear lo imposible sería demasiado aburrido. Todos, es cierto, vivimos en cloacas; pero no menos cierto es que soñamos mientras miramos a las estrellas.


[Fuente: www.todoliteratura.es]

segunda-feira, 12 de janeiro de 2026

Proves forenses del genocidi israelià a Gaza

L’enginyera i investigadora Júlia Nueno Guitart, de l’equip de Forensic Architecture, edita i coordina el llibre ‘Genocidios’ (Galaxia Gutenberg)

Escrit per Xavier Montanyà

L’agència Forensic Architecture, a la qual pertany la investigadora, enginyera, autora i editora de Genocidios, Júlia Nueno Guitart, ha documentat la conducta militar d’Israel a Gaza. El seu treball es va integrar com a material probatori de l’equip legal que representa Sud-àfrica davant el Tribunal Internacional de Justícia en el cas “Aplicació de la Convenció per a la Prevenció i la Sanció del Delicte de Genocidi a la Franja de Gaza (Sud-àfrica contra Israel)”.

Forensic Architecture, amb seu a Goldsmiths, Universitat de Londres, es dedica a investigar actes de violència perpetrats per estats, corporacions i forces reaccionàries. L’arquitectura forense és una metodologia interdisciplinària que combina eines del disseny arquitectònic, l’anàlisi espacial i la tecnologia per reconstruir el que passa en els llocs on el poder actua amb impunitat. Mitjançant l’ús d’imatges satèl·lit, models 3D, testimonis, contingut de les xarxes socials i metodologies experimentals, un equip format per arquitectes, periodistes, enginyers i advocats llegeix el territori com a testimoni per estudiar com la violència impacta en la vida de les persones i les ciutats.  

Coberta de ‘Genocidios’

A la vegada, aquest treball omple el buit amb què la censura i la desinformació imposada pel govern israelià camuflen i tergiversen la veritable realitat dels fets, les intencions, els plans ocults i les massacres que hi ha a Gaza de fa dos anys.

Un dels temes importants és una investigació que exposa l’atac sistemàtic contra la infrastructura mèdica a Gaza. A partir d’imatges satèl·lit i materials disponibles a internet, van reconstruir el model 3D dels hospitals de la franja, i amb l’encreuament sincrònic de centenars de fotografies publicades a les xarxes o capturades per les càmeres dels recintes van cartografiar com s’havien comès els atacs. 

D’aquesta manera, van reunir proves per demostrar que la seqüència d’atacs del 2023 era sempre la mateixa: primer, ambulàncies i generadors elèctrics; després, ordres d’evacuació, atacs al voltant dels centres mèdics, setge i, finalment, invasió. El patró va ser el mateix per a deixar disset centres fora de servei. Les mateixes tàctiques es van repetir durant la invasió de Khan Yunis i a Rafah l’any 2024. 

Forensic Architecture recull les seves investigacions a l’assaig visual “Cartografia del genocidi”, inclòs en el llibre, en què una sèrie de mapes exposen el disseny estratègic de l’espai a Gaza per al desplaçament i control de la població, a més dels patrons de destrucció de l’agricultura, els recursos hídrics, la infrastructura mèdica, civil i d’ajuda humanitària. 

La investigació, acceptada com a prova al Tribunal Internacional de Justícia, demostra que els atacs responien a un disseny estructurat, en cap cas aleatori ni com a suma de fets aïllats. Les descobertes d’aquesta investigació coincideixen amb la definició de genocidi que el jurista jueu-polonès Raphael Lemkin va elaborar com a base de la Convenció del Genocidi del 1948. Genocidi “és un pla coordinat de diferents accions dirigides a la destrucció dels fonaments essencials de la vida dels grups nacionals, amb l’objectiu d’anihilar aquests mateixos grups”. 

Lemkin definí el genocidi de manera més àmplia a la de l’extermini físic d’un grup humà, i establí que era “la desintegració sistemàtica de les institucions polítiques i socials, de la cultura, l’idioma, els sentiments nacionals, la religió i l’existència econòmica d’un grup determinat”. Per ell, en el procés hi havia dues fases: la destrucció del patró nacional del grup oprimit i la imposició del patró nacional de l’opressor. 

Els patrons militars d’Israel a Gaza, explica Júlia Nueno Guitart, encaixen amb aquesta definició, atès que no tan sols destrueixen vides, sinó que també estan dissenyats per desmantellar les estructures que permeten de sostenir la vida de la població palestina.   

Primer de novembre de 2023. Atacs a hospitals 

Una col·lecció d’assaigs innovadors  

El llibre reuneix una col·lecció interessant i innovadora d’assaigs d’especialistes internacionals de primera línia que reflexionen sobre qüestions molt diverses i complementàries entorn del terme “genocidi” i les seves pràctiques, tècniques d’aplicació i normatives legals i jurídiques. Entre els autors, hi ha arquitectes, estudiosos de les religions, filòsofs, juristes, investigadors en drets digitals i polítiques públiques, experts en genocidis, enginyers i artistes visuals.  

L’arquitecte Eyal Weizman, fundador i director de Forensic Architecture, i més juristes comparen en els seus treballs uns quants aspectes dels genocidis de Namíbia, l’extermini de milers d’indígenes ovaherero i nama, el primer genocidi del segle XX, i l’Holocaust, ambdós causats per Alemanya,  amb el dels palestins avui, causat per Israel. El fet que avui les terres agrícoles de Namíbia encara siguin en un 70% controlades per blancs, que representen un 0,5% de la població, el fa pensar que les tècniques es perllonguen en el temps, cosa similar al que succeeix a Palestina avui d’ençà de la Nakba del 1948.  

L’any 1948, després de la creació de l’estat d’Israel, 750.000 palestins van ser expulsats de les seves terres i 530 pobles van ser destruïts. El fet històric s’anomena Nakba, que vol dir catàstrofe. Si el genocidi a Namíbia s’ha prolongat en el temps, passa igual a Palestina. La violència colonial s’aplica durant anys i anys, es construeix sobre l’apropiació de terres i el desplaçament forçat de persones, i culmina en el seu extermini, parcial o total.   

“Igual que el nazisme és constitutiu del crim de l’Holocaust, el sionisme ho és de la Nakba”, declara Júlia Nueno Guitart.  

Primer de juliol de 2024. Nou sistema de control territorial

Uns altres treballs del llibre estudien el reflex dels processos de colonització en l’arqueologia clàssica, o en les fotografies de satèl·lit actuals que permeten d’explorar el territori com un arxiu viu, i revelen els plans previs de destrucció. Tal com assenyalen i mostren al llibre, per exemple, el juliol del 2024, el 70% de les terres agrícoles de Gaza havien estat destruïdes. Un any després, la xifra s’elevava al 94%. A més a més, Uber o Google Maps poden descriure detalladament els desplaçaments de població i la lògica interna que tenen en el pla militar. I també els nous sistemes de vigilància i control digital, com els reconeixements facials, connectats a les bases de dades del cens i policials, entre més mecanismes. 

L’antologia clou amb “La fàbrica d’objectius”, un text de Júlia Nueno Guitart en què analitza com l’exèrcit israelià ha utilitzat intel·ligència artificial per marcar persones, amb noms i cognoms, com a blancs d’atacs aeris a Gaza. Durant la campanya de bombardaments entre el 7 d’octubre i el 7 de novembre de 2023, van morir 10.328 persones, el 70% de les quals van ser dones i nens.  

Els militars van fer referència aleshores a un sistema que generava “objectius precisos mitjançant vigilància en massa”. En el seu treball, Nueno investiga com els atacs repetits a forns de pa i zones residencials durant la nit, en moments d’alta presència civil, qüestionen la veritable funció del sistema d’IA: no pas com una eina de precisió, sinó com una eina de justificació legal de les massacres.   

En definitiva, aquests assaigs reconstrueixen històries que han estat desplaçades, i qüestionen les lògiques que justificaven el genocidi en el passat per comprendre’l segons el que veiem i vivim en el present. I, al mateix temps, ens ajuda a mantenir una actitud crítica respecte de la transmissió de coneixement en els mitjans digitals i uns possibles usos que puguin agreujar les dinàmiques bèl·liques del passat.  

És una obra per a aprendre i reflexionar en profunditat sobre els fets del present, sobre una complexa realitat que el flux dels fets i les notícies diàries no deixa de posar constantment en evidència, sobretot d’ençà que es va acordar l’últim alto-el-foc fa tres mesos, sense que els atacs i els morts, la repressió i les penalitats hagin desaparegut de la vida quotidiana dels palestins. Repassem alguns dels fets principals.   

Júlia Nueno Guitart

Un fals alto-el-foc, les proves del genocidi s’acumulen 

El mes de setembre passat, la Comissió Internacional Independent d’Investigació establerta pel Consell de Drets Humans de l’ONU, per si algú encara tenia dubtes, va publicar un estudi que no deixava cap escletxa als negacionistes del genocidi. La conclusió era contundent: “Israel ha comès genocidi contra els palestins a Gaza d’ençà del 7 d’octubre de 2023”, segons els principis establerts en la Convenció per a la Prevenció i Sanció del Delicte de Genocidi de 1948.  

D’ençà que l’octubre passat es va signar un alto-el-foc a Gaza, sota la tutela de Donald Trump, i amb el beneplàcit de la comunitat internacional, les massacres israelianes a Gaza, la repressió i l’apartheid han continuat. La mesura, àmpliament difosa pels mitjans internacionals i aplaudida pels dirigents polítics internacionals, no ha aturat la maquinària genocida israeliana.  

Molts cadàvers de palestins morts lliurats per Israel a les autoritats de Gaza després de l’alto-el-foc mostraven signes de tortura, pallisses, estaven emmanillats o amb els ulls embenats, segons metges de l’Hospital Nasser de Khan Yunis. Els forenses de Gaza també van denunciar que a molts cossos els havien robat òrgans. L’Observatori Euromediterrani de Drets Humans que va documentar el procés de lliurament dels cossos va trobar proves de tortura i tracte cruel i va demanar una investigació internacional urgent.  

Un mes després de la signatura de l’alto-el-foc, Francesca Albanese, relatora especial de les Nacions Unides sobre Palestina, en l’informe “Genocidi a Gaza: un crim col·lectiu”, denunciava el paper de 63 nacions en el manteniment del genocidi israelià. A causa de les sancions imposades per l’administració Trump, Albanese va haver de dirigir-se a l’Assemblea General de l’ONU des de la Desmond i Leah Tutu Legacy Foundation a Ciutat del Cap, Sud-àfrica, per criticar “dècades de fracàs moral i polític”.    

5 de maig de 2024. Ordres d’evacuació de nord a sud cap a Egipte

“Amb accions legals i omissions deliberades, massa estats han fundat i protegit l’apartheid militaritzat d’Israel, cosa que ha permès que la seva empresa colonial es convertís en genocidi, el crim definitiu contra el poble indígena de Palestina”, va declarar davant l’ONU.  

L’informe “Genocidi a Gaza: un crim col·lectiu” detalla com tercers estats faciliten “l’atrocitat transmesa en directe”. Critica durament els EUA per haver proporcionat “cobertura diplomàtica” a Israel i haver utilitzat el seu dret de vet al Consell de Seguretat de l’ONU set vegades, i controlar les negociacions per a l’alto-el-foc. Segons aquest informe, hi ha nacions occidentals que hi col·laboren amb abstencions, endarreriments i projectes de resolució diluïts, i proporcionen armes a Israel, “fins i tot quan les proves del genocidi s’acumulen”. 

A banda de l’informe contundent de Francesca Albanese, són molts els fets que han tingut lloc en aquests tres mesos d’ençà de la signatura del deficient alto-el-foc.  

Al desembre, la Franja de Gaza va ser devastada per pluges torrencials que van causar la inundació de milers de tendes de campanya, refugis improvisats i l’enderrocament d’edificis. El desastre va deixar uns catorze morts, tres d’ells, nens, i va forçar el desplaçament de 800.000 persones. I es va agreujar per les restriccions que continuava aplicant Israel, dos mesos després de l’alto-el-foc, a l’entrada de subministraments fonamentals per a la reparació d’infrastructures vitals, segons Amnistia Internacional.  

Poc abans de Nadal, es publicà la notícia de la demolició més gran d’habitatges a Jerusalem Est, quan feia poc que el govern israelià havia aprovat dinou assentaments nous a Cisjordània. Les excavadores van destruir un edifici amb tretze pisos habitats per palestins al barri de Wadi Qaddun, al sud de la ciutat vella. Com d’habitud, l’argument oficial va ser que s’havien construït sense permís en un terreny destinat a ús no residencial. 

A mitjan desembre, Amnistia Internacional informà que, d’ençà de l’inici de l’alto-el-foc, Israel havia blocat l’entrada a Gaza d’ajuda i altres subministraments essencials per valor de quasi 50 milions de dòlars i s’havien rebutjat almenys 124 sol·licituds d’ONG per portar ajuda a la zona.  

Seguint aquesta línia d’actuació, a final d’any, contravenint el dret internacional humanitari, Israel anuncià l’expulsió de Gaza de Metges Sense Fronteres (MSF) i 36 ONG internacionals d’ajuda humanitària més, entre les quals, Oxfam i ActionAid.  

Tres mesos després de l’alto-el-foc, la fam continua assetjant Gaza. El darrer informe de l’organisme Classificació Integrada de la Seguretat Alimentària, l’autoritat mundial en matèria de fam, denuncia que més d’1,5 milions d’habitants encara sofreixen inseguretat alimentària greu.  

Avui, les autoritats de Gaza xifren en 425 els morts en mans d’Israel en els tres mesos d’alto-el-foc, i en 71.400 els morts d’ençà de l’inici de l’ofensiva, l’octubre del 2023. 

Atacs a l’ajuda humanitària 

[Mapes: Forensic Architecture - font: www.vilaweb.cat]