domingo, 1 de novembro de 2026

Un 87 % dels nord-catalans són favorables al reconeixement del català a l'Estat francès

El 77 % dels enquestats defensa la possibilitat de seguir una escolarització bilingüe paritària o immersiva 

El castellet de Perpinyà 

Escrit per Jordi Riba 

La nova enquesta de l'Institut Francès d'Opinió Pública (Ifop) reforça la necessitat de reconeixement jurídic de la llengua catalana a l'Estat francès. Plataforma per la Llengua ha interpretat els resultats com un clar missatge als candidats a les eleccions presidencials i legislatives de l'any que ve perquè adoptin compromisos per a millorar l'estatus del català i els incorporin a llurs programes de campanya. 

Els resultats del nou estudi de l'Ifop complementen el sondatge del 2025, que ja havia mostrat que el 87 % dels nord-catalans enquestats era favorable al reconeixement de les llengües pròpies, i el 64 %, a l'ensenyament obligatori del català. Ara, el 77 % dels enquestats a Catalunya Nord defensa la possibilitat de seguir una escolarització bilingüe paritària o immersiva, el 83 % dona suport a la llibertat de les administracions per finançar les llengües pròpies. Aquestes aspiracions s'inscriuen en una demanda més àmplia de descentralització i reconeixement de la diversitat territorial. 

A escala estatal, el 54 % dels enquestats defensa la cooficialitat de les llengües pròpies als territoris respectius i el 65 % és favorable a la ratificació de la Carta Europea de les Llengües Regionals o Minoritàries (CELRoM), només signada de moment. 

Del reconeixement patrimonial a l'oficialitat 

Per a Plataforma per la Llengua, aquestes dades reforcen la necessitat de superar el model actual, que reconeix les llengües territorials com a patrimoni cultural, però no els garanteix un estatut jurídic equivalent al del francès. L'entitat de defensa dels drets lingüístics demana una modificació de l'article 2 de la Constitució francesa que permeti oficialitzar el català a Catalunya Nord, la reforma de les disposicions legals que n'impedeixen la normalització i l'aplicació de polítiques que garanteixin el seu ús generalitzat en l'administració, l'ensenyament i la vida pública. En aquest sentit, l'entitat advoca perquè tots els infants i joves de la Catalunya del Nord puguin accedir a un ensenyament en català de qualitat, bilingüe o immersiu, des de l'escola maternal fins al batxillerat i la universitat.  

El nou sondatge també revela que el 54 % dels electors francesos considera important o determinant la defensa de les llengües territorials i dels avenços de la descentralització a l'hora de decidir el vot. Plataforma per la Llengua considera que les aspiracions expressades en les enquestes han de trobar una resposta política. L'organització de promoció del català demana a totes les candidatures que es pronunciïn a les eleccions presidencials del 2027 sobre el tema, i expliquin quines mesures estan disposades a impulsar l'oficialitat, l'ensenyament per a tothom i presència plena del català en la vida pública. 

 

[Imatge: Viquipèdia - font: www.racocatala.cat]

 

sábado, 31 de outubro de 2026

La crisis francesa refleja una disputa por el futuro de Europa

Las protestas en Francia son otra expresión de un malestar que recorre todo el continente. Pero mientras crecen la precariedad económica y el descontento social, los líderes europeos siguen defendiendo las políticas de ajuste que alimentan la crisis.

Jean-Luc Mélenchon busca canalizar la energía de las protestas hacia la reconstrucción del modelo social francés. Un enfoque en abierta oposición con los dogmas presupuestarios europeos, que siguen presionando por más recortes. 

Escrito por Harrison Stetler

Traducción: Florencia Oroz 

El malestar social que sacude actualmente a Francia es, en muchos sentidos, un fenómeno nacional. La frustración ante un sistema educativo desbordado estalló a finales del mes pasado en forma de movilizaciones, bloqueos y acciones colectivas en las escuelas y las universidades. A mediados de octubre, al movimiento estudiantil se sumaron sectores más amplios de la población, hartos de los altos precios de la gasolina, la inflación persistente y la caída de los salarios reales. 

La violenta respuesta policial que ha conmocionado tanto a manifestantes como a observadores dentro y fuera de Francia tampoco tiene nada de novedoso. Los aliados de Emmanuel Macron, ante todo, buscan proteger la agenda presidencial de recortes impositivos favorables a las empresas, un factor que suele pasarse por alto en la crisis fiscal del país. Se prevé que el déficit público francés alcance el 5,4% del PIB en 2026, el nivel más alto de la zona euro. Esto ha provocado turbulencias en los mercados de bonos y ha dado lugar a llamamientos a recortar drásticamente los servicios públicos. 

El 26 de octubre, el gobierno hizo sus primeros gestos hacia los estudiantes al insinuar la posible sustitución de la denostada plataforma de selección universitaria Parcoursup, la imposición de límites al número de estudiantes por aula y el apoyo estatal a la renovación de edificios. 

Pero la realidad que vive el resto de los países europeos alimenta la indignación. Las recientes manifestaciones en España por el costo de la vivienda llevaron al primer ministro Pedro Sánchez a convocar elecciones anticipadas para finales de noviembre. Mientras tanto, las protestas juveniles paralizaron ciudades de Italia, Bélgica y Grecia. Forman parte de lo que algunos comentaristas denominan una revuelta de la «Generación Z» contra la inseguridad económica, la incertidumbre que rodea el auge de la inteligencia artificial y la respuesta política cada vez más débil frente al cambio climático. 

En Europa, estos problemas confluyen con una sombría economía política de expectativas cada vez más acotadas. La semana pasada, al viajar a los países del Golfo para negociar compras de energía de emergencia, Macron argumentó que la disminución del poder adquisitivo es el resultado de choques externos que afectan a la UE. En Francia, los precios del diésel se han mantenido en torno a los 2,36 euros por litro en octubre (un efecto directo de la turbulencia que agita los mercados energéticos mundiales desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su última guerra contra Irán). Esto solo se ha sumado a la inflación residual derivada de los esfuerzos de Europa por dejar de depender del petróleo y el gas rusos desde la invasión de Ucrania por parte de Moscú en 2022. En noviembre de 2018, al inicio de la llamada revuelta de los «chalecos amarillos» que sacudió el primer mandato de Macron, los precios de la gasolina estaban en 1,50 euros por litro.

Pero la energía es solo uno de los muchos focos de tensión del capitalismo europeo. La globalización comercial que sostuvo el motor de acumulación de Europa entre la década de 1990 y la de 2010 se está desmoronando ante los aranceles de Donald Trump y el avance de China en la cadena de valor, que ahora amenaza a industrias fundamentales de la UE. De cara al futuro, Europa queda cada vez más rezagada frente a las empresas estadounidenses y chinas que se disputan el control de los sectores de alta tecnología e inteligencia artificial. 

Merz le da la espalda a Europa 

Los manifestantes que este otoño salen a las calles de Europa no son los únicos que denuncian una situación económica insostenible. En los últimos años, distintos sectores de la élite tecnocrática de la Unión Europea han lanzado advertencias cada vez más alarmantes sobre el atolladero en que se encuentra el bloque y la inercia política que agrava sus problemas. En septiembre de 2024, el ex primer ministro italiano Mario Draghi elaboró un influyente informe sobre la economía de la UE en el que advertía de la «lenta agonía» del continente: la escasez de inversiones en infraestructura, tecnología verde y servicios públicos, sumada a los bajos salarios, alimenta un prolongado estancamiento económico. 

Ese diagnóstico se refleja, en parte, en la indignación que estalla este otoño. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), se prevé que el crecimiento del PIB de la zona del euro se sitúe entre el 0,8% y el 1% en 2026. Desde 2019, según Le Monde, los salarios reales en Francia caen sostenidamente: la inflación acumulada del 21,3% ha más que devorado el aumento salarial promedio del 18,7%. 

Pero incluso frente a crisis entrelazadas como estas, la formulación de políticas de la UE tiene una notable capacidad para seguir adelante por pura inercia. Nada parece capaz de alterar sustancialmente el rumbo marcado por la escasa inversión y la mínima intervención económica por parte de Bruselas. 

Las esperanzas de que hubiera margen para una mayor flexibilidad volvieron a frustrarse en la reunión del Consejo Europeo celebrada a mediados de octubre, que reunió a los jefes de Estado y de gobierno de los veintisiete países miembros. El canciller alemán Friedrich Merz y la alianza de Estados del norte de Europa que comparte su conservadurismo fiscal exigen recortes por valor de «varios cientos de miles de millones de euros» en el próximo presupuesto del bloque, correspondiente al período 2028-2034. El objetivo es alcanzar un acuerdo antes del próximo ciclo electoral en importantes Estados miembros, como Francia, Italia y Polonia. 

Esta posición no es nueva. Desde hace décadas, la política económica de la UE es escenario de una disputa entre quienes defienden un mayor federalismo económico y los halcones fiscales que propugnan una política de contención del gasto, disputa en la que estos últimos han llevado las de ganar. El presupuesto que Bruselas tiene asignado, equivalente a alrededor del 1% del PIB anual de la Unión Europea, ya constituye una victoria para los miembros conservadores dominantes del bloque. Ante la presión interna que enfrenta por el ascenso del partido de extrema derecha Alternative für Deutschland, Merz quiere reducir las partidas destinadas a las subvenciones agrícolas de la UE y a los fondos de cohesión para liberar recursos que puedan destinarse a cuestiones como el rearme.

La obstrucción de Alemania, pese a las crecientes pruebas del estancamiento europeo, sorprende incluso a algunos sectores del centro político. «Es difícil insistir en la necesidad de más Europa en materia de defensa e innovación y, al mismo tiempo, impulsar recortes en un presupuesto que ya es lamentablemente bajo e insuficiente», declaró Sandro Gozi, eurodiputado y líder del grupo parlamentario Renew, aliado de Macron, en el Parlamento Europeo. «Merz se presenta como un líder de la UE, pero está jugando un juego muy peligroso en la situación actual», agregó. 

Una imagen de nuestro futuro 

Sin duda, hay una gran distancia entre estas disputas presupuestarias en Bruselas y lo que ocurre en las calles de las ciudades europeas. Pero no es difícil deducir, a partir de la posición alemana, cómo reaccionaría Berlín ante una crisis fiscal descontrolada en un Estado miembro como Francia, un escenario que preocupa cada vez más a quienes toman decisiones en las instituciones de la UE. 

En ese sentido, las protestas francesas son también una andanada en la creciente confrontación en torno a las políticas presupuestarias. Se estima que este año el costo del servicio de la deuda francesa superará el presupuesto operativo del Ministerio de Educación. Los rendimientos de los bonos del Estado francés alcanzaron el 5% durante la semana posterior a las marchas del 17 de octubre, que congregaron a grandes multitudes en las calles de distintas ciudades y, en algunos casos, desembocaron en violentos disturbios. 

«La situación en Francia es una imagen de nuestro futuro», afirmó un asesor cercano a Enrico Letta, ex primer ministro italiano que, al igual que Draghi, también publicó un influyente informe sobre la economía europea en 2024. «La política fiscal se está volviendo extremadamente difícil de gestionar, las mayorías débiles tienen dificultades para aprobar los presupuestos, las necesidades de inversión son muy elevadas, la población está descontenta y los mercados ya están incorporando todo esto a sus expectativas mediante el aumento de las tasas de interés». 

Mientras tanto, el primer ministro francés, Sébastien Lecornu, tiene dificultades para reunir una mayoría que respalde un presupuesto para 2027 orientado a recortar el gasto. Busca ahorrar decenas de miles de millones de euros con el objetivo de mantener el déficit en torno al 5% del PIB el próximo año. Sin embargo, las manifestaciones en curso aumentan la presión sobre los partidos de la mayoría y de la oposición en el Parlamento para que no tiendan una mano al gobierno. 

En Francia, muchas voces sostienen que resolver la crisis fiscal exige un nuevo acuerdo económico en Europa. La France Insoumise, el partido de izquierda liderado por Jean-Luc Mélenchon, candidato presidencial en cuatro ocasiones, ha propuesto congelar la deuda pública en manos del Banco de Francia, que forma parte del Eurosistema, junto con el Banco Central Europeo y demás bancos centrales nacionales de la zona del euro. 

No es para nada improbable que el próximo presidente de Francia sea elegido con un programa que plantee un enfrentamiento con la estructura actual de la UE. De cara a la primera vuelta de las elecciones presidenciales, prevista para el 18 de abril, Mélenchon ocupa actualmente un lejano segundo puesto en las encuestas, por detrás de Marine Le Pen, candidata de Rassemblement National.

La líder del partido de extrema derecha declaró recientemente al Financial Times que estaba dispuesta a librar una «prueba de fuerza» con la UE en torno a la contribución de Francia al presupuesto comunitario, una partida que La France Insoumise también ha amenazado con recortar en un 10%. Aunque Le Pen se ha pronunciado a favor de introducir un «freno a la deuda» en la Constitución y ha prometido drásticos recortes del gasto si resulta elegida, también ha pedido al BCE que intervenga para reducir las tasas de interés.

Gane quien gane, se perfilan los contornos de un enfrentamiento importante en torno a la situación fiscal de Francia. A juzgar por el tono de las últimas semanas, los dirigentes de la UE deberían prestar atención a cómo podría evolucionar la situación si llevan demasiado lejos la presión sobre la población francesa. 

 

[Foto: Guillaume Saligot / AFP vía Getty Images - fuente: www.jacobinlat.com]

Bolsonaro s’autoproclama «president electe» del Brasil després de fugir als Estats Units

 El fill de Jair Bolsonaro denuncia un frau electoral sense aportar-ne proves, rebutja la victòria de Lula i anuncia que dirigirà l'oposició des de l'exterior 

Escrit per Alexandre Solano 

El senador brasiler Flávio Bolsonaro, fill de l’ex-president Jair Bolsonaro, s’ha autoproclamat “veritable president electe del Brasil” després d’haver fugit als Estats Units arran de la derrota a les eleccions presidencials de diumenge. En un comunicat publicat avui, poques hores després d’arribar a Miami, ha denunciat un suposat frau electoral que hauria beneficiat el president Luiz Inácio Lula da Silva, sense aportar-ne proves, i ha anunciat que dirigirà l’oposició brasilera des de l’exterior. 

“M’adreço al poble brasiler i a la comunitat internacional com el veritable president electe del Brasil”, comença el comunicat, en què Bolsonaro rebutja de reconèixer els resultats de les eleccions del 25 d’octubre. El candidat derrotat acusa el Tribunal Suprem Federal (STF) d’haver intervingut il·legítimament en el procés electoral, especialment per la decisió d’ampliar l’horari de votació. Segons Bolsonaro, aquesta mesura va afavorir Lula i va alterar el resultat dels comicis.

“No he fugit del Brasil, he marxat pel Brasil”, afirma el dirigent d’extrema dreta, que justifica la sortida del país per una suposada persecució política. Bolsonaro va arribar a Miami amb la família després d’haver abandonat el Brasil per l’Argentina i l’Equador, malgrat l’ordre judicial que l’obligava a lliurar els passaports i li impedia de sortir del territori brasiler.

En el comunicat, Bolsonaro acusa la justícia brasilera d’estar controlada pel govern de Lula i de voler impedir-li d’exercir l’oposició. També compara la seva situació amb la del pare, Jair Bolsonaro, i amb la de dirigents polítics que van actuar des de l’exili, com Charles de Gaulle, José Martí i els opositors veneçolans Juan Guaidó i Edmundo González. El senador també ha agraït expressament el suport dels presidents dels Estats Units, Donald Trump, i de l’Argentina, Javier Milei. “Vull agrair al president Milei el coratge, el sentit de la justícia i la legalitat, i al president Trump i al meravellós poble nord-americà que m’hagin acollit”, diu en la declaració. 

Finalment, ha anunciat que els dies vinents presentarà una estratègia per mobilitzar l’oposició i els seus votants des dels Estats Units. “Dirigiré l’oposició des d’aquí. Diré allò que vosaltres, allà, no podeu dir, i assumiré els riscs que vosaltres no podeu assumir”, afirma. També ha fet una crida a la comunitat internacional perquè no normalitzi la situació política del Brasil i ha assegurat  que continuarà lluitant fins que el país “torni a ser lliure”.


 

[Font: www.vilaweb.cat]

A memoria gravada en pedra de quen non están

Espalladas polos camiños, na beira das estradas ou fronte ao mar, as cruces de mala morte sinalan crimes, accidentes e desgrazas transformando os lugares da morte en espazos de memoria. 

Memorial nas Neves (O Condado) e cruz do Bolichero (Moeche, Ferrolterra). 

Escrito por Emma Pedreira   

Hai mortes que non rematan na paz dos cemiterios e deixan como pegada no lugar onde aconteceron unha cruz de pedra, unha inscrición na rocha, unhas flores no quitamedos; son sinais que interrompen a paisaxe para lembrar a quen pasa por alí que no mesmo sitio alguén perdeu a vida. Moitas destas manifestacións reciben o nome de cruces de mala morte, monumentos que conservan a memoria de mortes violentas, repentinas ou, en palabras de Gondar Portasany, de "mala morte" (a "morte matada", para o saber popular). 

Estes memoriais non constitúen unha categoría monumental uniforme nin están moi estudadas. Algunhas conservan nomes e datas e outras só unha historia transmitida oralmente. O que as une é a vontade de perpetuar a lembranza da traxedia xusto no lugar onde aconteceu e crear un espazo simbólico e protector, punto no que corpo e alma (se é que isto existe) se separaron nun rito de paso inesperado e repentino.  

Moitas destas cruces poden considerarse cenotafios (do grego kenós, baleiro, e táphos, tumba) ao ser monumentos funerarios dedicados a persoas falecidas pero que non conteñen os restos mortais. Literalmente, son tumbas baleiras. 

 

[Imaxes da autora - fonte: www.nosdiario.gal]

Élections législatives en Israël : le pays a un avenir à la seule condition d’un partenariat judéo-arabe

 

Sur une route bloquée pour empêcher des colons israéliens d'entrer dans la ville de Sinjil, en Cisjordanie, le 24 octobre 2026.

Écrit par Dror Mishani 

Ce mardi matin du 27 octobre a été l’un des plus beaux dont je puisse me souvenir en Israël depuis bien longtemps. Contrairement aux prévisions, il n’y a pas eu de pluie ; le ciel était dégagé, et l’air froid et vif. Dans l’école située dans un quartier mixte de Jaffa, où nous distribuions des tracts pour la Liste unifiée (Meshutefet), les électeurs ont commencé à arriver dès sept heures, au moment de l’ouverture des bureaux de vote.

On y croisait des Arabes et des Juifs, des personnes âgées, des jeunes votant pour la première fois, ainsi que des familles entières. Abu Adel, un habitant du quartier âgé de 80 ans, a fait remarquer qu’il n’avait jamais vu autant de monde se déplacer pour voter. Il est militant politique depuis les années 1960, à une époque où la Liste unifiée était encore communiste. «Je vois ici des gens qui n’ont jamais voté de leur vie, a-t-il déclaré. Aujourd’hui, enfin, tout le monde comprend qu’il faut vaincre les fascistes et Benyamin Nétanyahou. Si nous ne les chassons pas du gouvernement, nous ne pourrons plus continuer à vivre ici».

Une coopération politique entre Juifs et Arabes est possible

À ses côtés, se trouvait une jeune femme juive, arborant une coiffure punk, un anneau au nez et un tee-shirt sur lequel on pouvait lire : «Fuck Ben-Gvir». Dans ce quartier de Jaffa, mardi matin, il était évident qu’une coopération politique entre Juifs et Arabes, fondée sur une égalité totale et la solidarité, est bel et bien possible en Israël.

Ce serait une erreur de prétendre que les élections qui se sont tenues en Israël cette semaine n’ont pas abouti à un résultat décisif. En réalité, je ne me souviens pas d’une campagne électorale ayant abouti à un résultat aussi net.

Elle a placé la société israélienne et ses dirigeants politiques face à un choix tranché : un véritable partenariat judéo-arabe à la Knesset et au gouvernement, ce qui mettrait fin au règne du gouvernement d’extrême droite de Benyamin Nétanyahou, ou bien la capitulation face à la propagande raciste du Premier ministre et de ses partisans, qui soutiennent qu’il est illégitime de former un gouvernement avec des partis arabes.

C’est là le choix auquel sont confrontés les dirigeants des partis juifs qui s’opposent à Nétanyahou : Gadi Eizenkot, Naftali Bennett et Avigdor Liberman. Ils ont la possibilité de former un gouvernement avec les partis arabes. S’ils franchissent ce pas, le mandat de Nétanyahou prendra fin. Autrement, ils pourraient, une fois de plus, se plier au tabou historique de la politique israélienne et exclure les partis arabes de toute alliance gouvernementale. Au lendemain des élections, un ami m’a dit : «C’est l’occasion de prouver que leur sionisme n’est pas du racisme». Reste à voir s’ils saisiront cette opportunité.

La droite israélienne devient de jour en jour plus violente

Il faut admettre que la pression exercée sur les dirigeants des partis juifs pour les dissuader de former une coalition avec les partis arabes est immense. La droite israélienne devient, de jour en jour, plus violente et plus dangereuse. Depuis les élections, elle se déchaîne et menace de devenir incontrôlable. Nétanyahou et ses partenaires de coalition, une coalition marquée par le massacre à Gaza et la guerre contre l’Iran, sentent que leur éviction est possible et mettent tout en œuvre pour l’empêcher.

Ils soutiennent que les voix arabes devraient être invalidées, sous prétexte qu’elles auraient été achetées, et qu’intégrer des partis arabes à un gouvernement israélien équivaudrait à une trahison. Quiconque soutient publiquement la formation d’un gouvernement fondé sur un partenariat judéo-arabe est aussitôt qualifié d’ennemi. Le président américain Donald Trump fait aussi pression sur les dirigeants de l’opposition pour qu’ils rejoignent Nétanyahou, forment avec lui un gouvernement juif et lui permettent de rester Premier ministre, afin qu’il puisse poursuivre la guerre à ses côtés.

Face à cette pression intense, exercée par des agents du chaos, de la destruction et de la haine, tant en Israël qu’à travers le monde, se dressent ceux qui croient qu’un partenariat judéo-arabe est possible et nécessaire. Depuis mardi, nous nous battons pour cela. Des organisations de gauche publient des déclarations de soutien à Eizenkot, cherchant à l’encourager à opter pour un véritable partenariat fondé sur l’égalité. Des artistes et des universitaires signent des pétitions.

Y parviendrons-nous ? Je l’ignore. L’histoire des nations est jalonnée de moments où des choix cruciaux s’imposent. Celui-ci est sans doute l’un des plus déterminants auxquels nous ayons assisté.

Une voie pour réparer l’injustice historique infligée au peuple palestinien

Si les dirigeants du centre juif en Israël osent briser ce tabou historique pour nouer un partenariat judéo-arabe, alors peut-être cette terre a-t-elle encore un avenir. Cela pourrait marquer le début d’une nouvelle trajectoire politique, une voie qui mènerait un jour à la réparation de l’injustice historique infligée au peuple palestinien, à la fin de l’occupation et à l’instauration d’une vie commune fondée sur une pleine égalité civique.

S’ils n’y parviennent pas, s’ils cèdent à la pression de Trump, aux menaces de guerre civile proférées par la droite fasciste, à la lâcheté ou à un racisme historique profondément enraciné, et s’ils annulent de fait les suffrages de près d’un million de citoyens arabes d’Israël qui aspiraient à un partenariat avec eux, alors ce sera une étape supplémentaire sur la voie inéluctable qui conduit Israël vers une théocratie raciste.

Quelle différence y a-t-il, au fond, entre refuser a priori de former un gouvernement avec des Arabes et les priver de leur droit de vote ? Si leurs voix ne pèsent rien au sein de la démocratie israélienne, autant leur interdire purement et simplement de voter. Et si Nétanyahou, Ben-Gvir et Smotrich devaient se maintenir au pouvoir, il est fort probable que l’on finisse par en arriver là.

Samedi, nous descendrons dans la rue pour manifester et réclamer le droit à une coopération égalitaire entre Juifs et Arabes. Tout soutien nous serait d’une aide précieuse. Dans mes rêves, je vois des dirigeants européens, conscients qu’un partenariat entre Juifs et Arabes est le seul moyen de transformer Israël, décrocher leur téléphone, appeler Eizenkot et lui dire : «N’ayez pas peur. Nous vous soutenons». Peut-être cela nous aiderait à le persuader de faire le bon choix ?

Dror Mishani, écrivain et traducteur israélien.

 

[Photo : Leo Correa/AP Photo - source : www.liberation.fr]

sexta-feira, 30 de outubro de 2026

« Dark kitchens » : comment les cuisines fantômes transforment nos villes et notre manière de manger

Sans vitrine, impossible à trouver en ville, la dark kitchen peut cuisiner pour plusieurs marques.

Écrit par Khuong Nguyen Huy

Doctorant en Sciences de Gestion, Université Paris-Panthéon-Assas

Jean-Baptiste Welté

Professeur de Sciences de Gestion, Université Paris-Panthéon-Assas

Vous avez peut-être déjà commandé un repas de cuisine fantôme sans le savoir. On ne peut pas s’y attabler, il n’y a aucune salle à l’adresse indiquée sur l’application. Ni terrasse, ni vitrine, ni enseigne. Dans la rue, on passe sans le savoir devant ces restaurants invisibles, qui redessinent nos villes depuis plusieurs années.

On appelle ces établissements des « dark kitchens » ou « cuisines fantômes ». Le principe est simple : on y prépare des repas uniquement pour la livraison. Des commandes arrivent par écran. Les préparateurs s’activent aux fourneaux. Enfin, des livreurs viennent récupérer les sacs de nourriture et repartent aussitôt.

Phénomène international

La Direction générale de la concurrence, de la consommation et de la répression des fraudes (DGCCRF) a contrôlé 646 établissements proposant des plats livrés en 2023, dont 103 dark kitchens, confirmant l’installation de ce modèle dans le paysage français. 

Des rapports montrent aussi l’ampleur du phénomène à l’étranger. En Angleterre, les dark kitchens représenteraient environ 15 % des points de vente alimentaires référencés sur les trois principales plateformes de livraison, selon une étude publiée en 2025. Au Brésil, une enquête menée dans trois grandes villes a classé 27,1 % des établissements analysés comme cuisines fantômes.

Cet essor dépasse les questions d’urbanisme. Il touche quelque chose de plus profond : ce que le repas perd quand il n’a plus besoin d’un lieu commun.

Où installer son restaurant ?

Dans le commerce de restauration traditionnel, l’emplacement compte avant toute chose. L’attractivité du quartier. La visibilité de la façade. Le passage piéton à proximité.

Mais quelle est la valeur de l’emplacement lorsque le client ne se déplace plus ? Pour une dark kitchen, la localisation compte toujours. Mais ses critères changent de nature. La visibilité de la façade compte moins. Ce qui importe, c’est la capacité à couvrir rapidement une zone de livraison dense. 

Un rapport de l’Assemblée nationale relève que l’implantation des dark kitchens dépend notamment de la densité de population et des conditions de desserte. L’Atelier parisien d’urbanisme observe quant à lui que ces établissements s’installent souvent dans d’anciens commerces ou restaurants, en rez-de-chaussée, au pied des immeubles parisiens. Certains s’implantent également dans des communes limitrophes, afin de bénéficier de surfaces plus importantes et d’une zone de livraison couvrant Paris et la proche banlieue.

Comment les dark kitchens transforment la rue

Une étude géographique publiée en 2025 confirme cette logique à plus large échelle. Les dark kitchens privilégient l’accessibilité logistique et les zones résidentielles denses plutôt que l’attractivité visuelle des rues. Leur implantation tient moins aux critères classiques du commerce. Elle s’explique surtout par la position dans les flux de livraison.

Concrètement, cela change la nature de la rue. Une dark kitchen peut fonctionner derrière une façade parfaitement discrète. Elle peut même sembler fermée. Pourtant l’activité y est bien réelle. Les commandes arrivent, la préparation se fait, les livreurs vont et viennent… La différence n’est donc pas entre une activité présente et une activité absente. Elle est entre une activité conçue pour être vue et une activité qui n’a plus besoin de l’être. Plus un restaurant devient visible sur un écran, moins il a besoin de l’être dans la rue.

Ce que le repas perd sur le chemin de la livraison

Cette réorganisation spatiale ne se fait pas sans conséquences sociales. Car les cuisines fantômes défont ce qui réunissait la préparation, la commande, le service et la consommation d’un repas. Des étapes qui étaient souvent réunies dans un même lieu, au même moment.

Le sociologue Claude Fischler a montré comment la commensalité (c’est-à-dire le fait de partager son repas avec d’autres personnes) participe aux relations sociales et aux formes de sociabilité. On peut prolonger cette réflexion par une question. Que devient la coprésence des convives quand la production, la commande et la consommation sont séparées dans l’espace ?

La dark kitchen contribue, à sa manière, à dissocier les différentes étapes du repas. La préparation se déroule dans une cuisine spécialisée. La commande passe par une interface numérique. Un livreur assure le déplacement physique du repas. La consommation a lieu ailleurs : dans un logement, un bureau ou n’importe quel espace privé.

Le repas circule ainsi entre plusieurs lieux et plusieurs étapes. Ce n’est pas seulement le restaurant qui perd sa localisation. C’est l’expérience synchrone et partagée du repas qui peut s’en trouver reconfigurée.

Isolement alimentaire

Faut-il pour autant accuser les dark kitchens d’avoir inventé l’isolement alimentaire ? Non, ce serait excessif. Le fait de manger seul fait, depuis longtemps, l’objet de recherches en sciences sociales. Des travaux consacrés au solo dining (le fait de manger seul au restaurant) montrent notamment que manger en solitaire ne signifie pas nécessairement rompre avec toute forme de sociabilité : cette pratique peut aussi donner lieu à de nouvelles formes de commensalité.

Plus largement, une revue de littérature a recensé 29 études consacrées aux liens entre solitude, isolement social et comportements alimentaires, confirmant que ces relations constituent désormais un objet de recherche bien identifié.

Les dark kitchens n’inventent rien. Elles offrent simplement à ces pratiques une infrastructure économique et spatiale sur mesure. Elles pourraient ainsi en accélérer la diffusion.

Une question qui dépasse chaque cuisine isolée

Le véritable enjeu concerne les collectivités publiques. Une dark kitchen isolée ne menace pas à elle seule la vie d’un quartier. Mais que se passe-t-il quand une part croissante de l’alimentation urbaine fonctionne sans jamais rassembler personne au même endroit au même moment ?

On peut alors se demander si la rue ne perd pas aussi une fonction plus discrète. Celle de mettre en présence, même brièvement, des personnes qui n’avaient pas prévu de se rencontrer.

D’autres aspects du phénomène méritent chacun un traitement à part. De la gestion des emballages aux conditions de travail des livreurs, le cadre réglementaire reste encore largement à construire.

L’essor des dark kitchens oblige à reconsidérer une évidence qu’on tenait pour acquise. Un repas n’est pas seulement une nourriture qu’on consomme. C’est un moment et un lieu partagés. Lorsque le restaurant cesse d’être un lieu où l’on se rend, c’est peut-être toute la fonction du repas dans la ville qu’il faut repenser. 

 

[Photo : ChamanExperience/Shutterstock - source : www.theconversation.com]