Sin detener los bombardeos y una “reconstrucción” parada, el futuro del enclave se postula como una pieza primordial de la próxima campaña electoral en Israel.
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Benjamin Netanyahu, primer ministro israelí, en Tel Aviv, Israel, el 18 de diciembre de 2023.
Escrito por Queralt Castillo Cerezuela
Tras haber disuelto el Parlamento el pasado 17 de julio, el
primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, ya calienta motores para las
elecciones del próximo 27 de octubre. La Knéset no volverá a reunirse antes de
los comicios y Netanyahu prepara la cita electoral con la mirada puesta en
una Gaza completamente destruida y víctima no solo de un genocidio,
sino también de un proceso de reconstrucción prácticamente parado.
En Israel no hay
límites en cuanto a años de mandato, y Netanyahu ha sido el primer ministro
que, de momento, más tiempo ha ostentado el poder en la historia del país; aun
así, no ha conseguido completar ningún periodo de cuatro años. Según The Israel Democracy Institute (Instituto de Democracia de Israel), los israelíes acuden a las urnas
un promedio de cada 2,4 años; y entre 2019 y 2022 votaron hasta en cinco
ocasiones. Las encuestas preelectorales a día de hoy muestran un claro apoyo a
los partidos de la oposición, encabezados por el ex primer ministro Naftali
Bennett.
Gaza, una
pieza electoral fundamental
Mientras Tel Aviv
se prepara para unas elecciones ya consideradas históricas, los casi dos
millones de gazatíes que, de momento, sobreviven a las matanzas —casi todos
ellos desplazados de su lugar de origen a causa de la violencia— aguardan los
próximos pasos de la “Junta para la Paz”, el organismo ideado por Donald Trump
que tenía que trazar una hoja de ruta de recuperación para el enclave, pero
cuyos pasos resultan insignificantes. Entretanto, y a pesar de haber firmado
un alto el fuego el pasado mes de octubre de 2025, el Estado
sionista continúa bombardeando Gaza y causando víctimas mortales día tras día.
El pasado 21 de julio, sin ir más lejos, las IDF (Fuerzas Armadas Israelíes) terminaron
con la vida de una familia de seis miembros en Ciudad de Gaza mediante un ataque
aéreo: aniquilaron a la pareja y sus cuatro hijos. Como es habitual, el
ejército sionista alude al pretexto de que el objetivo era un miembro de Hamás,
algo usado de manera constante para arremeter contra la población civil
palestina.
Desde la firma
del alto el fuego, han sido asesinadas más de 1.200 personas y las IDF se han
ido apoderando del territorio gazatí. Ya controlan el 60% del enclave y el
objetivo es llegar incluso al 70%, según han reconocido varios miembros del
Gobierno. Los ataques diarios no cesan y el bloqueo continúa: decenas de
camiones con ayuda humanitaria permanecen varados en la frontera con Egipto y
miles de palestinos intentan salir sin éxito del enclave para buscar ayuda
médica urgente.
Hace unos días, centenares
de ultras israelíes, acompañados por Ben-Gvir y Smotrich, marcharon hacia la
frontera con Gaza para reclamar la reconstrucción de los asentamientos
Ante la
posibilidad de una derrota electoral el próximo 27 de octubre, una de las
estrategias de Netanyahu es continuar su política genocida en Gaza para ganar posiciones. Con una
opinión pública mayoritaria a favor de continuar con el asedio en el enclave,
parece evidente que una de las prioridades del primer ministro durante las
próximas semanas será dinamitar cualquier paso hacia una eventual
reconstrucción del territorio palestino. Y no solo eso: hace apenas unos días,
el domingo 19 de julio, centenares de ultras israelíes, acompañados por el
ministro de Seguridad Nacional israelí Itamar Ben-Gvir, el ministro de Finanzas
Bezalel Smotrich y otros miembros del gabinete de Gobierno marcharon hacia la frontera con Gaza para reclamar la reconstrucción de
los asentamientos desalojados en 2005.
Los ministros Ben-Gvir y
Smotrich consideran que la destrucción de Gaza representa una “oportunidad
histórica”
El movimiento que
reclama la recolonización de Gaza está liderado por una cara muy conocida, la
de la ultra Daniella Weiss, quien abiertamente insiste en la necesidad de
aniquilar a toda la población palestina. Tanto Ben-Gvir como Smotrich, bajo las
sanciones de diferentes países de la UE, consideran que la destrucción de Gaza
representa una “oportunidad histórica” para volver a instalar los asentamientos
y continuar así su política expansionista y de aniquilación del pueblo
palestino. La marcha fue apoyada por el Likud, el partido de Netanyahu.
La hoja de
ruta de la “reconstrucción”, en suspense
En este
escenario, una eventual retirada del territorio gazatí, tal y como se
contemplaba en la hoja de ruta para la reconstrucción de Gaza resulta altamente
improbable. Si esto no sucede, tampoco Hamás, quien recientemente ha elegido
como líder a Jalil Al Hayya —uno de sus principales negociadores y
miembro del grupo desde su fundación hace cuatro décadas— procederá a su
desarme, ya que la retirada de los israelíes era una de las condiciones sine
qua non para que la organización entregase las armas. Esto coloca el
territorio a una más que probable vuelta a la guerra abierta, si bien el pasado
6 de julio Hamás dio un paso al frente y cedió el poder al Comité Nacional para la Administración de
Gaza, un grupo de tecnócratas bajo las órdenes de la Junta de Paz. A pesar de
la cesión de poder, no ha entregado las armas ni se ha iniciado el desarme,
como reclama Israel, por no haberse cumplido ninguno de los términos firmados
en el alto el fuego.
Según ha
trascendido y se explica en The Guardian, uno de los primeros pasos que se llevará a cabo
es la construcción de un campamento piloto cerca de Rafah, al sur del enclave,
para alojar a los desplazados y que estaría controlado por la Fuerza de
Estabilización Internacional (ISF, por sus siglas en inglés); pero por lo visto
aún no se han iniciado las obras. En la hoja de ruta está planeado que hasta
5.000 efectivos internacionales —un tercio de lo que estaba previsto
inicialmente— compongan la ISF y que en el campo piloto haya “libertad de
movimiento”. Las organizaciones internacionales de defensa de los derechos
humanos ya han dicho que se trata de un “campo de concentración” para los gazatíes.
Oxfam: la hipotética reconstrucción de Gaza costará siete veces más que todas las reconstrucciones anteriores juntas
Mientras en goteo
de muertes continúa en Gaza y la Junta de Paz permanece sin dar ningún paso
significativo, Oxfam Intermón, junto con el Instituto Palestino de Investigación en
Políticas Económicas (MAS)
y el Centro Palestino de Comercio (PalTrade) acaba de publicar Building Gaza Anew: A Framework for a
Palestinian-led Recovery Before Reconstruction (Construir Gaza de Nuevo: Un marco para una recuperación liderada por
Palestina antes de la reconstrucción), un informe en el que se advierte que la
reconstrucción de Gaza requerirá 71.400 millones de dólares, “una cifra que, en
términos reales, equivale a siete veces el coste combinado de la reconstrucción
tras todas las grandes ofensivas militares israelíes registradas en el
territorio durante las dos últimas décadas [2008-2009, 2014 y 2021]”.
La recuperación de Gaza,
insiste Oxfam, es “una cuestión de derechos y reparaciones, y no de caridad”
Desde la
organización matizan que “esta cifra solo refleja una parte de la destrucción:
los daños físicos y las pérdidas económicas. No contempla la destrucción
deliberada del tejido social que mantenía unida a Gaza, cuya recuperación
llevará generaciones [...] Las necesidades de recuperación tras las guerras de
2008-2009, 2014 y 2021 ascendían, en valores actuales, “a unos 10.000 millones
de dólares”. La recuperación de Gaza, insiste Oxfam, es “una cuestión de
derechos y reparaciones, y no de caridad” y desde la entidad se señala a los
cómplices: aquellos que “nunca exigen responsabilidades”. Porque “la
reconstrucción no es solo una tarea humanitaria; es también una cuestión
política”.
Por otro lado,
está la parte de pérdidas que no es cuantificable y que tras casi tres años de
genocidio prácticamente ininterrumpido. De este modo, “el conocimiento
acumulado, los sistemas de cuidados, el medio ambiente y los vínculos
comunitarios, así como las mezquitas, iglesias, bibliotecas e instituciones
culturales que daban vida a la sociedad gazatí” han quedado reducidos a la
nada. “Casi todas las escuelas han sido destruidas o dañadas, las universidades
han quedado arrasadas, miles de docentes, profesorado e investigadores han sido
asesinados y se han perdido bibliotecas y archivos fundamentales para la
historia palestina”, se puede leer en el informe. “Lo que fue destruido en Gaza
no fueron únicamente el acero y el hormigón. Israel arrasó un mundo social y
económico construido durante generaciones, y solo el pueblo palestino puede
reconstruirlo”, afirma Mohammad Skaik, responsable del Programa de Gaza
de PalTrade.
Israel ha
arrasado con vidas humanas, con el conocimiento y los saberes adquiridos de
diferentes generaciones y también ha dejado un territorio yermo en el que
costará volver a ver vida. “Los huertos tardarán décadas en crecer,
invernaderos y la capa fértil del suelo han sido destruidos; las tierras
agrícolas están contaminadas por metales pesados y restos de explosivos; el
acuífero costero se encuentra al borde del colapso y las aguas residuales sin
tratar desembocan en el mar, favoreciendo el regreso de enfermedades
previamente erradicadas, como la poliomielitis”.
Desde el inicio
del genocidio, en octubre de 2023, más de 73.000 palestinos y palestinas han
sido asesinados en Gaza, entre los que se encuentran más de 20.000 niños y
niñas. Con sus ataques, Israel ha herido a más de 173.000 personas y 1,9
millones han sido desplazadas por la fuerza. Respecto a las personas heridas,
una de cada cuatro lesiones tendrá consecuencias permanentes; y más de 50.000
personas necesitarán rehabilitación a largo plazo. Según Oxfam, “el desarrollo
humano del territorio ha retrocedido el equivalente a 77 años”. El pasado 16 de
septiembre de 2026, la Comisión Internacional Independiente de
Investigación de la ONU concluyó
que Israel ha cometido genocidio en Gaza.
[Foto del Departamento de
Defensa/Benjamin Applebaum) CC BY-NC - fuente: www.elsaltodiario.com]

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