Varios expertos y expertas analizan cómo ha aumentado en los últimos años la islamofobia y alertan de que podrá tener un papel muy importante en las próximas elecciones generales y definir la política de los próximos años.
Una protesta en Barcelona contra la islamofobia
Escrito por Alan
Cohen
Últimamente,
España se ha visto envuelta en una larga lista de incidentes islamófobos,
especialmente en política, a un ritmo nunca antes visto en la historia moderna
del país. El pasado agosto, PP y Vox se unieron para prohibir las celebraciones musulmanas en instalaciones públicas del
municipio de Jumilla (Murcia) con el fin de “defender las costumbres del pueblo
español frente a las prácticas culturales foráneas”. Vox también trajo
recientemente una iniciativa para prohibir el uso del burka y el niqab por miedo a que “el islamismo se
abra paso por las calles de España” pese a que lo utiliza un porcentaje ínfimo
de la población. Decenas de manifestaciones alrededor del país han reivindicado
la lucha contra la “islamización” y a favor de una España cristiana, y la derecha ha abrazado la “prioridad
nacional” que busca Vox para priorizar a los españoles sobre los migrantes en el acceso a
los servicios públicos, que ya se ha incorporado en los pactos de gobierno de
varias comunidades autónomas. El último pacto de gobierno entre PP y Vox se ha
producido hace apenas unos días en Andalucía.
Pero hay mucho
más: las “cacerías” contra migrantes en Torre Pacheco (Murcia),
las constantes alertas de una supuesta “invasión”
musulmana, el intento de cerrar mezquitas en la lucha contra el “yihadismo radical”, o
los numerosos bulos sobre el islam que se viralizan en redes
sociales y círculos de ultraderecha.
Aunque este miedo
a la comunidad musulmana no es nuevo –ocurre, por ejemplo, en Estados Unidos
tras los ataques del 11-S– sí continúa aumentando en nuestro país,
especialmente en el discurso de partidos como Vox o incluso Junts y PP. Por
ello, es muy probable que la islamofobia juegue un papel muy grande en el
próximo ciclo electoral y en las campañas para formar el próximo gobierno
estatal, según opinan cuatro expertos consultados por La Marea.
¿Qué hay
detrás del aumento de la islamofobia en la política española?
Para Daniel
Gil-Benumeya, profesor en la Universidad Complutense que lleva más de una
década estudiando las comunidades musulmanas en España y la percepción pública
hacia ellas, la islamofobia se presenta especialmente en forma de estigmatización
y control sobre el cuerpo de las mujeres, que Vox está intentando llevar a las
administraciones. Atribuye el incremento de la islamofobia en el país a la
adopción de discursos xenófobos propios de la ultraderecha europea y el
crecimiento de la población musulmana, con miembros de esta comunidad siendo
cada vez más visibles y conscientes de sus derechos. A su vez, señala que se
está agotando el independentismo catalán y vasco como enemigo de algunos
sectores políticos, lo que les ha llevado a buscar en el islam un nuevo
enemigo público, y también se está adoptando el consenso islamófobo
en otras comunidades racializadas, como los migrantes latinoamericanos.
Zakariae
Cheddadi, doctor en
Sociología por la UPV-EHU especializado en identidad, migración y
comportamiento político, también ha estudiado de cerca los discursos sobre el islam de la derecha española. Destaca que, aunque la comunidad musulmana en
España tiene menos peso y representación política que en otros países más
diversos, esta sí tiene la capacidad de estar muy presente en la imaginación
colectiva y el discurso público, como ya se ha visto por ejemplo en los
intentos de prohibir el velo islámico pese a ser una realidad casi inexistente
en nuestro país.
“El islam se ha
convertido en una categoría política sobre la que polarizar una determinada
identidad –española, católica, civilizacional, con un legado sociohistórico que
proviene de 1492 hasta ahora– en contraposición de la España roja,
anticatólica, anticlerical y woke”, explica Cheddadi. “Antes era
‘salvémonos del comunismo’ y ahora es ‘salvémonos del islam’”, añade.
El auge
islamófobo, presente principalmente en la derecha y ultraderecha, también ha
surgido como respuesta a los ocho años de gobierno progresista, según Cheddadi,
intensificado tras su apoyo público a la causa palestina y la reciente
regularización de migrantes –pese a que esta beneficia principalmente a
latinoamericanos–. “Eso se asocia al islam, la invasión de otras culturas y la
teoría de la sustitución demográfica tan asentada en Francia y otros países”,
explica.
Por ello, es más
fácil crear miedo a una supuesta invasión islámica y sustitución cultural como
respuesta a los problemas de la población que razonar las medidas que proponen
partidos como Vox que de otro modo serían muy impopulares, como reducir el
poder de los convenios colectivos, eliminar las autonomías o recortar
el estado del bienestar bajando impuestos “a lo Milei”, según el
investigador.
Los discursos
de odio contra la población musulmana han venido para quedarse
Existe un
creciente consenso académico sobre el reciente incremento de la islamofobia en
la política española y sobre el creciente papel que jugará en los próximos
años, especialmente de cara a las próximas elecciones generales. “Es muy
probable que la islamofobia siga ocupando un lugar relevante en los próximos
debates políticos y electorales, especialmente en escenarios de mayor
influencia de la extrema derecha o de gobiernos en los que esta tenga capacidad
de condicionar la agenda”, explica Laura Mijares, filóloga árabe e
investigadora en la Universidad Complutense especializada en la sociología de
las comunidades musulmanas en España.
Para ella, la
clave no está únicamente en la presencia de los discursos abiertamente
islamófobos, sino su creciente normalización en el espacio público. “La
islamofobia ya no aparece solo en los márgenes, sino que se articula como una
herramienta política eficaz para movilizar miedo, construir enemigos
internos y reforzar narrativas identitarias basadas en la supuesta
incompatibilidad entre islam y valores democráticos”, explica Mijares. “En este
contexto, –prosigue- las personas musulmanas y especialmente las mujeres
visiblemente musulmanas por el uso del hiyab, son objeto de instrumentalización
política”.
Prueba de ello
también es la visión histórica de los sectores más conservadores, que presentan
la identidad española como esencialmente católica, homogénea y culturalmente
cerrada, frente a una realidad diversa y multicultural. “En este marco, la
apelación a la Reconquista, al imperio católico o a la expulsión de judíos y
musulmanes no es anecdótica, sino que forma parte de una batalla cultural más
amplia por definir quién pertenece legítimamente a la nación y quién
queda situado en sus márgenes”, explica Mijares. Para ella, estas
narrativas romantizan y simplifican el pasado y refuerzan jerarquías raciales y
culturales, lo cual contribuye a excluir públicamente a las personas
racializadas.
Aunque Vox es
probablemente el partido con representación parlamentaria que más abiertamente
abraza el rechazo a la población musulmana en España, sería un error reducirlo
únicamente a este grupo, señala Johanna Lems, profesora de la
Universidad Complutense que estudia el islam en España y Europa. También
está presente, explica, en ciertos sectores de la izquierda y especialmente en
partidos nacionalistas como Aliança Catalana, cuya líder Sílvia
Orriols declaró en 2024 que “con tanto andaluz y tanto musulmán
nadie hablará catalán en Catalunya”. Y por supuesto, es una base central del
discurso de organizaciones fascistas o ultras como Núcleo Nacional o Frente
Obrero, una fuerza política que se define “ni de izquierdas ni de derechas” y
tiene como punto principal en su programa el “no a la islamización” porque “se están
creando guetos en los que son mayoría e imponen su cultura”.
Para Lems, la
islamofobia es una manera de utilizar la religión y los símbolos asociados a
esta para discriminar a ciertos grupos de la población y crear una identidad
nacional excluyente, un fenómeno que también ha estado presente en el
antisemitismo de la Europa del siglo XX o la discriminación contra los
migrantes irlandeses y católicos en Estados Unidos durante varios siglos. “La
religión siempre ha tenido un lugar muy importante como uno de los elementos en
la racialización de las poblaciones, y por tanto también en la islamofobia”,
añade.
El impacto de
la islamofobia en las instituciones
Lo que queda por
ver, sin embargo, es cuánto de este odio se traduce a cambios
legislativos y discriminación en las instituciones, más allá de su presencia
puramente mediática y simbólica. Aunque Lems destaca que ya existe
legislación vigente, como la Ley de Extranjería, basada en gran parte en la
xenofobia que discrimina a los musulmanes y otros colectivos, Cheddadi duda de
si en caso de formarse un gobierno PP-Vox tras las próximas generales, la
islamofobia pueda alterar gravemente el trato institucional a las poblaciones
musulmanas, como ha pasado por ejemplo en Estados Unidos con la población migrante
durante el segundo mandato de Trump.
“La cuestión del islam es una estrategia para alcanzar el poder, pero una vez que alcancen el
poder no sé si van a ser muy agresivos, tal como nos quieren hacer ver”,
comenta. La primera ministra italiana Giorgia Meloni y su vicepresidente Matteo
Salvini, por ejemplo, también utilizaron la islamofobia para incrementar su
popularidad, pero tras llegar al poder, el efecto de estos discursos a
nivel institucional y legislativo fue muy limitado.
“Aunque vayan muy
en contra de la Agenda 2030 y ciertos consensos, no sé yo si va a ser muy
fuerte su impacto. Lo que me preocupa como sociólogo es la diseminación de un
discurso político en términos actitudinales, de comportamiento social y de
espacio público”, añade. “Va a crear muchísimo recelo, animadversión, distancia
social y cultural. Pensar que el musulmán que tienes enfrente de tu casa tiene
algo malo, que te da miedo y estés obsesionado, es lo peor que le puede pasar a
una sociedad multiétnica”, concluye.
[Foto: Jordi
Boixareu / ZUMA Wire vía Reuters Connect - fuente: www.lamarea.com]

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