Algunos problemas son menos visibles, pero persistentes: la falta de registro, barreras administrativas, pobreza y discriminación.
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Pasaporte de la República Federal Socialista de Yugoslavia. Tras la disolución de Yugoslavia, las leyes de ciudadanía de los Estados sucesores dejaron a algunas personas sumidas en años de incertidumbre jurídica. Foto de Global Voices (CC-BY).
Escrito (por Global Voices
Central & Eastern Europe
Traducido por Antonella Clara
Difalco
Las cuestiones relacionadas con la apatridia que afectan a los países que antes conformaban la Yugoslavia Federativa pueden reflejar tendencias que inciden en el conjunto de Europa. Estas abarcan desde complicaciones generacionales en materia de ciudadanía por los cambios en las fronteras, hasta la discriminación sistémica que provoca la exclusión del pueblo romaní de los trámites oficiales de sus países de origen.
Estas cuestiones se recogen en el Índice de Apatridia, elaborado por la Red Europea sobre la Apatridia. El Índice evalúa las leyes, las políticas y las prácticas de los países europeos en materia de protección de los apátridas, y de prevención o reducción de la apatridia, y las comparara con las normas internacionales y las buenas prácticas.
Entre 1990 y 2008, Yugoslavia (compuesta por entidades que ya eran Estados formales, seis repúblicas y dos provincias autónomas) se disolvió en siete países independientes. Estos países enfrentaron retos similares, pero también vivieron diferencias importantes que influyen en sus respuestas institucionales a la apatridia.
Eslovenia y Croacia son miembros de la Unión
Europea, lo que les da recursos adicionales para enfrentar los problemas
sociales. Los demás son países candidatos a adherirse a la Unión Europea, cuyos
procesos de adhesión han tenido distintos grados de logros: Montenegro es considerado uno
de los favoritos; Serbia, Macedonia del Norte y Bosnia Herzegovina quedan
rezagados de cumplir los criterios; y las
posibilidades de Kosovo se ven obstaculizadas porque algunos miembros de la
Unión Europea no reconocen su
independencia.
Mientras existió Yugoslavia, sus ciudadanos
disfrutaban de libertad de circulación por toda la federación; muchos se
establecieron fuera de las repúblicas en las que habían nacido, ya fuera por
motivos económicos o familiares. Como ocurre cuando alguien se traslada de un
estado a otro en Estados Unidos, no era necesario cambiar de nacionalidad. Sin
embargo, tras la independencia, se reformaron las
leyes de ciudadanía, por lo que las personas nacidas en otras repúblicas que
decidieron permanecer en donde viven, donde quizá llevaban viviendo décadas,
tuvieron que enfrentar de repente trámites burocráticos. Esto también afectó a
sus hijos, independientemente de su lugar de nacimiento, ya que la ciudadanía
por nacimiento no siempre era automática.
En los Estados sucesores, conceder la
ciudadanía a los residentes nacidos fuera de las fronteras actuales conllevaba
numerosas complicaciones, aunque cumplieran los criterios formales. Por
ejemplo, que el Gobierno
macedonio de 1994, liderado por socialdemócratas, concediera
ciudadanía por naturalización a residentes legales nacidos en Kosovo y Serbia,
en su mayoría de etnia albanesa y bosnia, lo utilizan antes de cada ciclo
electoral los opositores
populistas de derecha, que repiten narrativas de desinformación
sobre la «importación de
150,000 votantes de Kosovo«. Según otra teoría de la
conspiración, se concedió la ciudadanía a los refugiados
de la guerra de Kosovo de
1999, cuando en realidad la mayoría regresó a
su país.
Más de tres décadas después, los problemas
relacionados con la apatridia en estos siete países, que comparten raíces
históricas, adoptan diferentes formas en la actualidad. La mayoría se refiere a
la situación de las personas que no regularizaron, o no pudieron regularizar,
su ciudadanía tras la disolución de Yugoslavia. Otros problemas son menos
visibles, pero más persistentes: falta de inscripción en el registro civil,
documentos personales perdidos, pobreza, discriminación y barreras
administrativas que afectan desproporcionadamente a las comunidades romaní, ashkali y egipcias
de los Balcanes.
Uno de los hitos más recientes ocurrió en julio de 2025, cuando la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) anunció que Macedonia del Norte se había convertido en el primer país de la región en resolver todos los casos conocidos de apatridia provocados por la disolución de la República Federal Socialista de Yugoslavia. Según ACNUR, se concedió la ciudadanía a las últimas 317 personas que habían vivido en un limbo jurídico desde la independencia. Este resultado fue fruto de años de esfuerzo, que incluyeron la cooperación entre instituciones internacionales y nacionales, así como la sensibilización de la población, además de la campaña de ACNUR de 2017, que comparaba la apatridia con la invisibilidad.
Después, ACNUR señaló que casi 20,000 apátridas habían adquirido la ciudadanía en Macedonia del Norte desde 2001, y que las modificaciones aprobadas en 2021 en la ley de ciudadanía habían dado una solución jurídica a quienes habían estado sin nacionalidad desde la desintegración de Yugoslavia. Sin embargo, la apatridia no se había erradicado por completo: 147 personas, la mayoría niños nacidos en Macedonia del Norte, seguían sin tener ciudadanía porque los registros de nacimientos se han perdido.
Esta es la situación actual de la apatridia en los Balcanes. Ya no se trata únicamente de quienes quedaron desamparadas tras la desaparición de un Estado, sino también de quienes, aunque están presentes en los Estados actuales, siguen siendo difíciles de «ver» para las instituciones.
Pongamos como ejemplo al joven Valentin Rakip, de Skopie. Nació en Macedonia del Norte, pasó años sin identidad legal porque su nacimiento no se había registrado y no se le había reconocido la paternidad. Sin documentos, no podía matricularse en la secundaría, acceder a atención médica o dental habitual, trabajar legalmente ni viajar al extranjero. «Me siento como un extranjero en este país», declaró a ACNUR en 2022, tras una batalla legal de 12 años para obtener la nacionalidad.
Estos casos muestran por qué el registro civil no es solo una cuestión técnica: un niño sin partida de nacimiento no puede integrarse en el ordenamiento jurídico y, más adelante, puede tener dificultades para obtener un documento de identidad, acreditar su ciudadanía, acceder a la seguridad social, continuar su educación, registrar su domicilio, encontrar un empleo formal, abrir una cuenta bancaria o heredar bienes.
El Índice de Apatridia señala que,
en junio de 2023, Macedonia del Norte adoptó medidas para garantizar estos
derechos, y modificó la legislación para exigir el registro inmediato de todos
los niños nacidos en su territorio, independientemente de la nacionalidad o la
situación personal de los padres. Asimismo, señala que siguen existiendo
problemas de aplicación y que los obstáculos para el registro de nacimientos
afectan de manera desproporcionada a las comunidades romaníes.
La diferencia entre una ley sobre el papel y
la realidad fue el tema central de una demanda colectiva interpuesta
por el Centro Europeo para los Derechos de los Romaníes y la Asociación de
Jóvenes Abogados de Macedonia. En julio de 2025, el Tribunal Civil de Primera
Instancia de Skopie dictó una sentencia en primera instancia relativa a las
personas no registradas, en particular romaníes, que habían sido inscritas en
un «Registro Civil Especial» y a quienes se habían expedido documentos
provisionales. Según la Asociación de Jóvenes Abogados de Macedonia, estos
documentos a menudo no eran válidos en la práctica y no se reconocían para
acceder a los servicios para los que se habían creado.
En diciembre de 2025, el Centro Europeo para
los Derechos de los Romaníes informó que
el Tribunal de Apelación había confirmado la sentencia, con lo que se convirtió
en definitiva y jurídicamente vinculante. El tribunal de apelación confirmó la
conclusión de que las violaciones eran sistémicas y de que el Estado había
tratado a las personas afectadas de manera diferente sin objetivo legítimo ni
proporcionado. La sentencia destacó que el acceso a la inscripción en el
registro civil no es una cuestión administrativa discrecional, sino una
obligación fundamental del Estado vinculada a los derechos fundamentales. Una
declaración de la directora jurídica del Derechos de los Romaníes y la Asociación
de Jóvenes Abogados de Macedonia, Senada Sali, captó la esencia de la
injusticia, al destacar que
«la inacción institucional equivale a discriminación».
El documental «Los invisibles» (Невидливите)
también abordó estos
acontecimientos. Se observa el mismo patrón, con variaciones nacionales, en
toda la región de la antigua Yugoslavia.
El Índice de Apatridia dice que
Serbia es parte de las Convenciones
sobre la apatridia de 1954 y 1961, pero no tiene un
procedimiento específico para determinar la apatridia. Las normas municipales
sobre el registro de nacimientos exigen que los padres presenten certificados
de nacimiento y documentos de identidad, lo que aumenta el riesgo de que los
nacimientos queden sin registrar. Como en casi todos los países balcánicos,
existen algunas garantías, pero es posible que las personas que más las
necesitan sean precisamente quienes menos puedan cumplir los requisitos de
documentación necesarios para presentar una solicitud.
Kosovo tiene medidas de protección en su
legislación sobre nacionalidad para evitar la apatridia infantil, y la
inscripción de los nacimientos está garantizada. Sin embargo, el Índice de
Apatridia señala que
las comunidades romaní, ashkali y egipcia enfrentan obstáculos prácticos, como
falta de documentos, complejidad de los trámites, aplicación inconsistente de
la norma, estigma y conocimiento limitado. Es posible inscribir un nacimiento
de forma tardía, pero el proceso resulta largo y complejo si faltan pruebas.
Estas cuestiones, en sus distintas variantes,
también afectan a Bosnia Herzegovina. En 2017, el país redujo el
número romaníes indocumentados de unas 3000 a 57. Su legislación incluye
algunas garantías, entre otras, para niños abandonados, niños adoptados y niños
nacidos en el extranjero hijos de ciudadanos bosnios. Sin embargo, a los niños
con padres indocumentados a menudo se les impide inscribir
el nacimiento dentro del plazo habitual, especialmente cuando faltan los
documentos necesarios. Una vez más, las comunidades romaníes se han visto
afectadas de manera desproporcionada.
Montenegro destaca por haber aprobado en
2018 un procedimiento de determinación de la apatridia, aunque no se aplica de
forma sistemática: «A fecha de octubre de 2024, se había reconocido a 11
personas como apátridas y había 19 solicitudes pendientes», según el
Índice de Apatridia, mientras que «ACNUR informó de un total de 420 personas
identificadas en riesgo de apatridia en Montenegro a noviembre de 2024, de las
que más del 55% eran niños, aunque es probable que la cifra real sea superior».
La situación en Eslovenia y Croacia demuestra
que la pertenencia a la Unión Europea por sí sola no resuelve el problema.
Eslovenia sigue marcada
por el legado de los «borrados», entre quienes se
incluyen 25,671 personas eliminadas del
registro de residentes permanentes tras
la independencia y que lucharon durante 20 años para recuperar sus derechos.
Aunque Eslovenia se adhirió a
la Convención sobre la apatridia en
2025, sigue sin tener un
procedimiento específico para determinar la apatridia y presenta vacíos en las
garantías para los niños nacidos en Eslovenia que, de otro modo, serían
apátridas.
La película dramática eslovena de 2018 «Izbrisana» («Borrada«) ofrecía una perspectiva artística sobre la pesadilla kafkiana que sufren quienes «no figuran en la computadora».
Croacia, que también es parte de las Convenciones sobre la Apatridia de 1954 y 1961, no tiene un procedimiento específico para determinar la apatridia y conceder a los apátridas una protección adecuada. Su censo de 2021 contabilizó 558 apátridas y 173 personas con «nacionalidad desconocida», mientras que ACNUR estimaba que, a mediados de 2023, había 733 personas bajo su mandato apátrida en Croacia. El Índice de Apatridia añade que las prácticas discriminatorias suponen un obstáculo para algunos niños, y que el actual Plan Nacional para la Inclusión de la Comunidad Romaní no incluye medidas de sensibilización, prevención y reducción de la apatridia.
Esta comparación destaca que, en lo que
respecta a la apatridia, la línea divisoria entre los Estados miembros de la
Unión Europea y los que no lo son no está claramente definida. La adhesión a la
Unión Europea puede generar presión para que se lleven a cabo reformas
legislativas, pero la identidad jurídica depende de la voluntad política local
para garantizar que las instituciones eliminen activamente las barreras que
enfrentan quienes no tienen documentación, viven en asentamientos informales,
no pueden acreditar su domicilio o pertenecen a comunidades que durante mucho tiempo
han sido objeto de recelo.
Los datos importan, ya que los apátridas
suelen no aparecer no solo en los registros de ciudadanía, sino tampoco en las
estadísticas oficiales. Categorías como «apátrida», «ciudadanía desconocida»,
«sin nacionalidad» o «en riesgo de apatridia» no siempre se definen ni se
utilizan de forma coherente en los censos.
Si la desintegración de Yugoslavia creó una generación de incertidumbre jurídica, el reto actual consiste en evitar que las nuevas generaciones hereden la invisibilidad, por medio de resolver los casos pendientes de ciudadanía y garantizar aspectos como registro universal de nacimientos, documentos de identidad válidos, registro de domicilio accesible, trámites gratuitos o asequibles, asistencia jurídica y actividades de divulgación en aquellas comunidades que tienen motivos para desconfiar de las instituciones.
[Fuente: www.globalvoices.org]

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