La experiencia de Evens refleja la realidad de decenas de miles de haitianos que se enfrentan al racismo sistémico en República Dominicana
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Banderas de Haití y República Dominicana con una hendidura en el centro. Imagen
destacada creada con Canva Pro
Escrito por Jude Pierre Louis
Traducido por Jennifer Ilacqua
Evens (seudónimo) huyó de Haití en agosto de 2021,
a los 33 años. Este profesional que trabajaba en la administración pública
haitiana entró ilegalmente en República Dominicana. Su traslado fue por la
escalada de la violencia de las bandas en la región
metropolitana de Puerto Príncipe, en particular por el aumento de los secuestros. Había muchos casos de secuestro cada día; ningún sector
de la sociedad se libraba, por no hablar de los conflictos armados entre bandas
rivales que habían estallado en aquel momento.
Según informes de la Oficina Integrada de Naciones
Unidas en Haití (BINUH)
y la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos
(OHCHR), entre mayo y septiembre de
2021 hubo un significativo aumento de actos de violencia
selectiva, homicidios y secuestros. El punto de inflexión que consolidó la
decisión de Evens de abandonar Haití fue el asesinato del presidente Jovenel
Moïse el 7 de
julio de 2021.
A partir de 2021, Evens vivió en la clandestinidad
en República Dominicana. Dependía de la ayuda de su familia en Estados Unidos,
que le enviaba dinero para sobrevivir. Solo salía a la calle en contadas
ocasiones para ocuparse de asuntos personales, como ir al supermercado, a la
farmacia o a una oficina de transferencias de dinero. En ese periodo, utilizaba
servicios de taxi como Uber para desplazarse, porque la Policía
rara vez registraba los vehículos de Uber. Muchos de estos vehículos tenían los
vidrios oscuros y estaban en buen estado, a diferencia de otros servicios de
taxi, cuyos vehículos estaban más desgastados y la presencia de pasajeros era
más evidente. Hoy en día, la Policía revisa todo tipo de vehículos, pero en ese
tiempo, cada vez que Evens estaba en la calle y veía a un policía, se le
aceleraba el corazón.
La situación se agravó considerablemente para Evens
entre 2023 y 2024, cuando el Gobierno dominicano aplicó medidas de control más
estrictas e
intensificó la expulsión de migrantes haitianos indocumentados. Esta escalada
fue documentada por organizaciones como Amnistía Internacional y ACNUR, que destacaron el endurecimiento de las
políticas de deportación. Este periodo también se caracterizó por los
comunicados oficiales del Gobierno dominicano en los que se esbozaban nuevos protocolos de
seguridad y migración. Evens decidió quedarse completamente en casa, y vivió
ese tiempo con inmenso estrés:
«Me vi obligado a pasar el tiempo en las redes sociales, veía documentales y películas, y hacía ejercicio físico para que el estrés no me consumiera mientras estaba encerrado en casa.»
Si necesitaba algo, lo pedía a domicilio o se lo encargaba a algún conocido que pudiera pasear por las calles sin peligro para que se lo comprara; el riesgo de salir era sencillamente demasiado alto.
Pasaron los años, y Evens tenía grandes esperanzas
de salir de República Dominicana cuando el Gobierno de Biden puso en marcha el Programa de Permiso Humanitario el 5 de enero de 2023.
Esta iniciativa permitía a haitianos, cubanos, venezolanos y nicaragüenses
entrar legalmente a Estados Unidos por dos años. La familia de Evens presentó
la solicitud en su nombre; él esperaba esta oportunidad como la tierra seca espera
la lluvia, pero con el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados
Unidos en enero de 2025, el programa quedó oficialmente suspendido. Tras más de dos años de
espera, Evens nunca se benefició de esa oportunidad. Continuó su vida en
República Dominicana, pero con gran sufrimiento, ya que su sueño se había hecho
añicos.
Sin embargo, no perdió la esperanza y siguió
convencido de que encontraría la manera de vivir en otro país que le ofreciera
acogida, donde pudiera recuperar su vida y su dignidad. No obstante, la
terrible experiencia de Evens se agravó el 29 de diciembre de 2025. Una tarde,
mientras él y un amigo estaban en la calle, la Policía dominicana los detuvo.
Su amigo, estudiante de último año de Medicina con un visado de estudiante
válido, fue puesto en libertad y se puso rápidamente en contacto con los
familiares de Evens para informarles de su detención. Era la primera vez en su
vida que Evens era detenido. Describe esa noche como la más larga de su vida,
compartió celda con drogadictos y otros individuos violentos. El hedor a orina
impregnaba el aire, el espacio era estrecho y estaba abarrotado:
«En el momento de mi detención, me sentí
menospreciado, pero lo que más me afectó fue estar dentro de aquella celda. Me
sentí humillado en mi alma y en mi cuerpo, porque nunca deseé vivir una
experiencia así.
Al llegar la mañana, Evens fue trasladado a un
centro de inmigración de la provincia de Santiago llamado La Rotonda, donde las
condiciones eran aún más desoladoras: calor, mal olor y basura esparcida por
todas partes. Esa tarde, lo subieron a un autobús abarrotado con destino a la
capital, Santo Domingo, y lo llevaron a otro centro de detención de inmigrantes
llamado Haina. Aunque la distancia desde
Santiago hasta la frontera de Dajabón/Juana Méndez es más corta, las
autoridades optaron por transportarlos por la ruta larga a Haina. Adentro, las
condiciones eran deplorables: una luz brillaba como un reflector que nunca se
apagaba, y el centro estaba tan sobrecargado que no había espacio ni para
estirarse en el suelo. Muchos se vieron obligados a quedarse parados hasta que
amaneció.
El 31 de diciembre de 2025, a Evens y muchos otros
los subieron a camiones para deportarlos a Haití a través de la frontera
de Elías Piña (República Dominicana)
y Veladero (departamento del
Centro, Haití). Al llegar a Veladero, Evens recibió asistencia de la Organización Internacional de
Migración (IOM/OIM),
que le dio un espacio para reconocimientos médicos y otros servicios
esenciales. Le crearon un expediente de identidad, le dieron comida, jugo y
agua, y le expidieron un documento que certificaba su condición de
repatriado/migrante.
Evens pronto se dio cuenta de que no podía regresar
a su hogar en Haití porque las bandas criminales habían ocupado las carreteras que conectaban el
departamento del Centro con el del Oeste. Se
vio obligado a dar un difícil rodeo:
«El camino era muy complicado; tomé un mototaxi.
Gran parte del trayecto estaba en pésimas condiciones: rocoso, empinado y lleno
de baches. En cada punto, teníamos que parar para pasar un control, ya fuera de
grupos de autodefensa o de agentes de la BSAP [Brigade de Protection des Aires
Protégées], agentes [que están allí para impedir que las bandas invadan las
localidades].
Evens llegó finalmente a la ciudad de Juana Méndez,
en el departamento del Nordeste, que limita con Dajabón. Tras varios días, con
el apoyo económico de su familia en Estados Unidos, pagó 400 dólares
(aproximadamente 20,000 pesos dominicanos) para que lo introdujeran ilegalmente
de nuevo en República Dominicana. Esta ruta está llena de peligros; los
migrantes a menudo tienen que bajarse de los autobuses para evitar los
controles, caminar por campos agrícolas donde los ladrones acechan. Muchos son
víctimas de robos, agresiones sexuales o incluso muerte, y las denuncias de migrantes desaparecidos son frecuentes en estas
rutas.
En medio de estas dificultades, a Evens le llamó la
atención la solidaridad que se respiraba entre los haitianos detenidos.
Mientras que muchos huían de la inseguridad, otros —en su mayoría procedentes
de zonas rurales— habían entrado en República Dominicana en busca de trabajo
porque Haití no les ofrecía perspectivas de futuro. Según él, las autoridades
dominicanas les daban comida y agua, y no les infligían daños físicos, aunque
los soldados intervenían rápidamente para sofocar cualquier enfrentamiento
violento entre las personas.
La experiencia de Evens refleja la realidad de decenas de miles de haitianos que enfrentan el racismo sistémico en República Dominicana. Se trata de un sentir arraigado en antecedentes históricos, concretamente en la ocupación haitiana de República Dominicana, que duró 22 años (1822-1844).
Hoy en día, grupos ultranacionalistas propagan una narrativa antihaitiana en los medios de
comunicación, clima que se vio agravado por la TC 0168/13 de 2013, que privó retroactivamente
de la ciudadanía a más de 200,000 dominicanos de ascendencia haitiana, medida
que la Corte Interamericana de Derechos Humanos condenó.
Sin embargo, algunos
dominicanos muestran su solidaridad, como señaló Evens:
«En varias
ocasiones, mientras caminaba por la calle, veía acercarse un auto de policía y
me he metido en el porche o en el jardín de algún dominicano. Les explicaba por
qué estaba allí, y no reaccionaban con violencia. Algunos incluso me ofrecían sentarme en su salón.
Otros responden con insultos, que en ocasiones
incluyen amenazas físicas y comentarios xenofóbicos, como «maldito haitiano».
Muchos haitianos que huyen a República Dominicana
se ven obligados a hacer trabajos manuales, sobre todo en los sectores de la
construcción y la agricultura (bateyes).
Según informes de organizaciones
sindicales y de derechos humanos, estos trabajadores no suelen tener
documentación legal, cobertura médica ni contratos. Las condiciones de
seguridad son deficientes, lo que a veces provoca accidentes mortales. Además,
algunos empleadores se niegan a pagar los salarios y, en su lugar, llaman a los
servicios de inmigración para que deporten a los trabajadores que reclaman sus
derechos. Los controles migratorios siguen siendo estrictos y violaciones de los derechos humanos
son frecuentes.
Evens sigue en República Dominicana, donde a menudo se siente deprimido y desanimado por sus condiciones de vida. Sin embargo, sigue buscando formas de recuperar la esperanza y la confianza. Gran parte depende de que encuentre una vía para llegar a un país donde pueda recuperar su libertad y dignidad, ya que la persistente violencia de las bandas hace imposible su regreso a Haití. Sigue viviendo su día a día con gran tristeza, sumido en un estado de incertidumbre perpetua, casi como un prisionero.
[Fuente: www.globalvoices.org]

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