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Durante el primer mandato del gobierno del presidente Evo
Morales (2006-2010), Bolivia planteó un discurso nacional e
internacional sobre la Pachamama o Madre Naturaleza que hacía entrever
una postura indígena o, por lo menos, que reflexionaba sobre lo indígena
en el país y los problemas medioambientales. Inclusive en 2009, Bolivia, a través de su embajada ante Naciones Unidas en Nueva York, fue el país
pionero de la resolución que declarara el día mundial de la Madre
Tierra el 22 de abril. En la última década, sin embargo, ya se ha
mencionado, discutido, y comprobado que este discurso se contradice en
la práctica, dando continuidad y adhiriéndose a un sistema internacional
capitalista de corte extractivista y desarrollista. Esta supuesta
tensión entre discurso y práctica, entre colonialismo y descolonización,
entre utopía y distopía, entre cambio y oportunidades fallidas, ha
marcado el trabajo de los artistas contemporáneos bolivianos de la
generación de Santiago Contreras, Maximiliano Siñani y Juan Fabbri, que se han preocupado del paisaje de alguna o de otra manera, y han
recurrido a esta temática para desarrollar dimensiones en la relación
del arte contemporáneo con la naturaleza. Su quehacer artístico
contribuye a complejizar la tensión de la que se desprenden: hablan del
paisaje en Bolivia como un acto de política pública.
Se presenta en La Paz Obsesionados por el Paisaje, una exposición individual de Santiago Contreras en la galería de arte Puro,
un espacio que busca impulsar a nuevos artistas que están, a su manera,
relacionados con la práctica ya consolidada de sus gestores, Erika Ewel, Keiko González y Gastón Ugalde. Santiago Contreras, graduado de la Universidad de la Bauhaus de
Alemania en Arte Público, fue alumno de pintura de Keiko en la temprana
adolescencia, aunque haya una separación formal y de pensamiento muy
amplia entre los dos artistas y sus generaciones. En esta muestra,
Contreras profundiza los temas que ya viene desarrollando en torno a
nuestra relación con la naturaleza.
Desde 2015, Contreras cuestiona el paisaje formalmente (a momentos
casi científicamente) y como unidad histórica. Hace referencia a lo que
entiende como la tesis central de la exposición Principio Potosí
(Museo Reina Sofía, 2010; Museo Nacional de Arte de La Paz, 2011), un
vuelco revisionista de la modernidad europea desde el desciframiento
centro-periferia y un entendimiento de cómo el capitalismo temprano
afecta las relaciones norte-sur de hoy en día. Establece el punto
neurálgico del problema en la agencia política de la naturaleza a través
de los textos de Bruno Latour, y es desde esta y otras lecturas que
desata el entretejido tendencioso de la modernidad, ratifica la
posibilidad de que la propia naturaleza decida sobre sí misma. Se trata
de un desafío al curso natural del relato y, en fin, a cualquier forma
de naturalización de la modernidad misma que engrana en su narración la
composición de un sistema colonial globalizado. Como en el Fitzcarraldo
de Werner Herzog, busca domar el tiempo y el espacio a través del
recorrido cuesta arriba de un barco en medio de la Amazonía. De alguna
manera, forzando una cuesta arriba, una dirección contraria, Contreras
establece un sujeto natural que actúa por sobre el caudal de la Historia
y la Ciencia. Contreras quiere desviar el curso natural de la gravedad,
pero a diferencia de ese Fitzcarraldo, aquí el agente que cobra vida,
que tiene deseos, impulso, busca y logra objetivos, es la materia misma,
aquella perteneciente a un territorio. Resuelve esta nueva naturaleza,
a veces de manera lúdica, a veces de manera caprichosa, haciendo uso de
recursos desde el performance, el videoarte y la instalación, o el
dibujo de relieves topográficos. En un performance, por ejemplo, las
piedras buscan solas el desplazamiento de un valle a otro valle de
manera que controlan su deseo de pertenencia, impidiéndole al artista
quedarse con ellas. Mientras más controlador y científico se sitúa el
ojo del artista, parece que menos responden las piedras y más caprichoso
el anhelo que viven. Ellas escogen cuáles viajan, cuántas, dónde, el
por qué, etc. En este régimen de deseo, el propio Cerro de Potosí decide
vetar sus vetas, cerrar sus huecos y viajar a distintos lugares del
planeta. Por tanto, la plata se traslada sola, sin necesidad de los
agentes europeos.
En el postperformance, el artista, en cambio, sufre con el
desplazamiento de estas experiencias a un soporte textual. A través del
dibujo de la topografía, por ejemplo, accede a un tipo de vivencia ya no
solamente visual, sino más bien, procesual. ¿De qué maneras se puede
representar esto que es la construcción y destrucción del paisaje? En
esta exposición, se resuelve esta problemática desde la producción de un
texto literal. En uno de los videos, los subtítulos leen un Manifiesto de las Partículas
de 16 puntos. Ya no se trata entonces únicamente de establecer la
naturaleza dentro de un paisaje pictórico (el propósito principal del
indigenismo de principios del siglo XX), sino más bien de que la materia
cobre su propia agencia en un paisaje literario. «En los textos las
piedras se van a una mina abierta en la Amazonía, se rebelan, y explican
el por qué a través de una reinvención de nuestras historias y mitos”, dice Contreras.
En las partes más poéticas de este cometido, la plata de Potosí
decide venir a La Paz a buscar cerros gemelos al de Potosí por añoranza a
la forma del cerro que es una pirámide cónica invertida. En las partes
más dolorosas de este cometido, el paisaje planea su propia
autodestrucción. En pequeñas imágenes tipo planos que se montan en el
fondo de la sala se usan manchados negros muy espontáneos que rompen con
la topografía (su forma y su lógica) y se someten a la mancha.
Santiago Contreras nos plantea una nueva naturaleza, entonces,
dispuesta al suicidio que, sin caer en el fatalismo, apunta al final del
paradigma antropocénico. En un país donde se están retomando sistemas
indígenas de conocimiento, quizás imaginarnos una naturaleza con
características humanas universalistas (a veces las mejores y a veces
las peores), resulte una limitante. Sin embargo, el artista contribuye a
ejercitarnos a reconocer la posible agencia de una nueva naturaleza.
[Fuente: www.artishockrevista.com]

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