terça-feira, 4 de julho de 2017

Sintra, aquel verano

A mediados de los años treinta, con Europa a punto de saltar por los aires, Stephen Spender, Christopher Isherwood y W. H. Auden decidieron retirarse a Sintra, en donde no descartaban quedarse para siempre. Unos diarios publicados por primera vez en español revelan por qué el proyecto fracasó.


Auden, Spender e Isherwood a principios de los años treinta

Fue un sueño largamente postergado. Huir de Inglaterra, comprar una casa grande y escribir. Entre 1935 y 1936 hubo una tentativa que sin embargo no terminaría bien. Christopher Isherwood, Stephen Spender y dos jovencísimos amigos más, el alemán Heinz Neddermayer (el primer gran amor de Isherwood) y Tony Hyndman, habían alquilado, poco antes de las navidades de 1935, un caserón en Sintra. Más tarde, en diciembre, se unió a ellos W. H. Auden. Tenían la idea de escapar de una Inglaterra que los hastiaba con su puritanismo, y en donde solo podían vivir su homosexualidad al margen de la ley.

De aquel viaje sobrevivieron unos diarios que ahora publica, por primera vez en español, con traducción de David Paradela, la editorial Gallo Nero. Donatella Ianuzzi, la editora, cuenta que ha seguido la edición italiana, publicada en 2012, pues de momento ni siquiera hay disponible una inglesa. Los textos de Diario de Sintra fueron recopilados y editados por Matthew Spender, hijo de Stephen, que tuvo que espigar los legados de Isherwood, de Auden y de su padre. De los tres, los amigos originales, y los que más relación tuvieron siempre, fueron Isherwood y Auden, que llegaron a escribir juntos una obra de teatro, El ascenso de F6. 

El original de este diario escrito a seis manos -que se publica con una selección de la correspondencia de los autores, y de sus notas privadas- se lo quedó Isherwood, que a su vez llevaba un dietario íntimo -incluido aquí- que es un fascinante contrapunto al que los tres escribían en común. Como es sabido, el autor de Adiós a Berlín recurría a sus diarios para construir sus ficciones, y en Diario de Sintra hay no poco contenido reconocible en Christopher y su gente, en donde el autor volvió a jugar a los equívocos entre lo real y lo inventado. 

El diario va del 12 de diciembre de 1935 a diciembre de 1936. “Fue escrito a modo de divertimento común”, explica Mathew Spender, que aún vive en Italia. “Se trata de una lectura ligera, pero a uno le queda la fuerte sensación de que el texto esconde varios dramas ocultos, silenciados bajo el velo de las buenas maneras”. El editor atribuye a estas “rencillas” soterradas el hecho de que fracasara el utópico proyecto de comprarse una casa para pasarse el día escribiendo al sol, al margen de los circuitos culturales. 

Spender cita a varios escritores ingleses que, como su padre, Auden e Isherwood, buscaron en Sintra antes que ellos una vía de escape. William Beckford, libertino del siglo XVIII que huyó de Inglaterra por un escándalo homosexual, se compró allí una villa veinte años antes de que Byron se pasara a visitarlo. El gran poeta romántico, relata Spender, compuso en aquella casa de Sintra algunas estrofas de su Childe Harold

En el prólogo se detallan las muchas tensiones que hubo durante el viaje. A pocos kilómetros, al otro lado de la frontera, la Guerra Civil Española estaba a punto de estallar (de hecho Isherwood aún estaba en Portugal cuando ocurrió). Hitler había llegado al poder en Alemania, e Inglaterra aún se debatía entre el apaciguamiento y la confrontación con los alemanes. Los tres escritores habían asistido al violento ascenso de Hitler en Berlín, y habían alertado al público inglés sobre un inminente conflicto con Alemania.

En Sintra se encontraron, horrorizados, con que muchos compatriotas suyos se mostraban comprensivos con los nazis. Los veían como un muro de contención que ayudaría a salvar al imperio inglés de la “amenaza bolchevique”.

“Todo son Malas noticias”

El mismo Stephen Spender escribió por entonces una carta a Hilda Weber Schuster -una de sus correspondientes habituales- en la que expresaba su preocupación. Escribe el 12 de marzo: “Parece llegar noticias malas desde todas partes. Creo que el problema acabará explotando. Lo peor es que los alemanes tienen razón, si bien es cierto que Hitler ha hecho su anuncio de la forma más deshonesta posible. Demasiado similar al tipo de acción ligada a la intriga que recomienda en Mein Kampf como para ser de mi agrado. Más allá de si las cosas van bien o mal, parece que en Alemania cada seis meses tiene lugar una explosión del temperamento de Hitler, y cada una de estas podría, por sí sola, llevarnos a la guerra”.

Los conflictos en Europa pronto empezaron a condicionar al grupo. En su diario privado, Isherwood da cuenta de sus altibajos. Confiesa “estar hundido en el abismo de la sociedad de Sintra”. Son sus horas más oscuras. En sus notas se mezcla lo más terrible -la guerra- con las más nimias urgencias civiles. El 13 de marzo califica la situación en Europa de “terrible”: “Francia quiere aplicar sanciones, Alemania se niega a retirarse, aunque sea temporalmente, del Rin (...). Toda esta tensión, que no deja de aumentar, me revuelve la bilis y me impide dormir. Entretanto hemos decidido construir un gallinero en el espacio vacío que hay debajo de la casa, porque, de un modo u otro, la vida debe continuar como si todas estas letras negras del periódico no fueran sino un sueño insensato”.

Lo sentimental, y el modo en que cada uno lo vivía, fue otra fuente de conflictos. La relación entre Spender e Isherwood se deterioró. Oscilaban entre el amor y el rechazo. “Ser el punto de referencia de Stephen era tan pesado como recibir el abrazo de un enorme oso”, escribe Isherwood. “Ambos habían huido de las complicaciones de la vida familiar y de la claustrofobia de vivir como homosexuales en un país donde la homosexualidad era ilegal”, escribe el hijo de Spender.

Auden, por su parte, buscaba en Sintra además “escapar de establishment”. Su percepción de Inglaterra, de la que nunca lograban escapar del todo, también los enfrentaba. “Auden e Isherwood nunca fueron tan británicos como en su frustración por serlo”, dice el editor, que pone a modo de ejemplo la “inglesidad especialmente sentida” con que están construidas muchas de sus obras.

La escritura, el acto de creación literario, es otro asunto central. Isherwood suele hacer referencias a su trabajo en su diario íntimo, en el que también habla con más libertad de su relación con los otros. “Sí, es cierto -escribe el 2 de marzo de 1936-: resulta vergonzoso, pero han pasado casi dos meses desde mi última página y no he terminado nada. Si he abierto este cuaderno, es tan solo para tratar de escribir acerca de la depresión que me invade desde la semana pasada: leer ya me ha puesto un poco de mejor humor, ahora trato de subir la colina que me saque de mi estrecho y triste círculo de egoísmo”.

Poco después el lector se entera de qué es lo que deprime al escritor, más allá de su bloqueo creativo: “¿Que qué ha ocurrido? Pues bueno, solo esto: Stephen y Tony se van de Sintra a mediados de mes: se van a España, Grecia y Austria. Todo de un modo muy amistoso, de lo que estamos contentos, aunque, por supuesto, todos sabemos que nuestro intento de vivir juntos ha sido un fiasco rotundo”.
 

Carta de Stephen Spender a Hilda Weber Schuster. 24 de diciembre de 1935, Sintra

Tenemos una casa muy bonita, con baños y dormitorios para cada uno de nosotros, un salón con un ventanal que da a un jardín y un salón comedor. Los muebles son bonitos y el alquiler que pagamos Christopher y yo entre los dos es de dos libras y media a la semana. Tenemos dos criadas que realizan una cantidad pasmosa de trabajo y nos preparan elaboradas comidas de cuatro platos, aunque estamos tratando de convencerlas para que hagan cosas más sencillas. Por la comida pagamos unos once chelines al día, lo cual incluye todas las comidas. El salario de las criadas es absolutamente escandaloso, la cocinera cuesta casi veinticinco chelines y la criada casi una libra al mes. De todos modos, podemos darles una propina por Navidad. [...] 

He estado trabajando bastante. He escrito un ensayo para The Listener que se publicará pronto, espero. El argumento es el drama poético. Estoy escribiendo uno o dos poemas y comenzando una obra de teatro. El 1 de enero empiezo el libro para Gollancz. [...]

[Fuente: www.elcultural.com]


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