terça-feira, 4 de julho de 2017

Leica: 100 años que han cambiado la memoria visual de la humanidad

Una exposición en Fundación Telefónica de Madrid muestra la historia de esta mítica cámara de fotos


Por BRANDED CONTENT
Corría el año 1945 y los ánimos estaban muy inflamados en los Estados Unidos, en medio de una histeria colectiva por la inminente amenaza nuclear. El 14 de agosto una multitud tomó Times Square, en Nueva York, para celebrar la victoria sobre Japón y el fin de la Segunda Guerra Mundial. Millares de personas se lanzaron a la calle para celebrar el que pasaría a la historia como el V-Day, intercambiando besos y abrazos regados con mucho alcohol.

Muchos reporteros se infiltraron entre esta muchedumbre que derrochaba alegría por los cuatro costados. Entre ellos estaba Alfred Eisenstaedt, un alemán asentado en Nueva York que trabajó durante casi 40 años para la mítica revista Life. El fotógrafo vio a un grupo de marineros que aprovecharon el jolgorio general para dar un beso tan abusado como cinematográfico a cada chica que encontraban a su paso.
De repente, uno de ellos agarró a una enfermera ataviada con un uniforme blanco y la besó. Eisenstaedt, que le seguía como un sabueso, inmortalizó ese instante y creó una de las imágenes que forman parte de nuestro patrimonio visual.
Alfred Eisenstaedt, El beso
Alfred Eisenstaedt, El beso
Setenta y dos años después esta fotografía transmite el mismo regocijo y júbilo, y todavía consigue sacudir al espectador con delicadeza y humor. Muchos conocen esta foto, pero muy pocos serían capaces de decir el nombre de su autor. Menos personas aún saben que esta imagen fue capturada con una Leica, la cámara que no solo revolucionó el marcado fotográfico en los años 20 del siglo pasado, sino que cambió definitivamente la percepción del mundo de millones de personas.
Hasta la llegada de la Leica, las cámaras eran pesadísimas cajas de dimensiones descomunales que incluían placas, paños negros para cubrirse la cabeza y trípodes aparatosos para mantener la estabilidad durante la larga duración de cada exposición. Con un peso de tan solo 400 gramos y el tamaño de un teléfono móvil, la nueva cámara ofreció libertad de movimiento y flexibilidad a varias generaciones de reporteros gráficos.
Robert Capa, Muerte de un miliciano
Robert Capa, Muerte de un miliciano
Muchas de las imágenes más célebres de la historia de la fotografía fueron capturadas gracias a este nuevo aparato. De una Leica salió la famosísima Muerte de un miliciano de Robert Capa y la aún más célebre imagen de la niña quemada por el napalm durante un ataque de la aviación estadounidense en la guerra de Vietnam. En 1972, su autor, Nick Ut, ganó el Pulitzer por esta fotografía aterradora.
Leica, que celebra su primer centenario, revolucionó no solo el concepto de fotografía, sino también la forma en que la humanidad percibía el mundo.
Todo comenzó hace aproximadamente 100 años en una fábrica de microscopios en Wetzlar, Alemania. El ingeniero Oskar Barnack construyó el primer modelo de cámara fotográfica compacta que incluía una película cinematográfica de 35 mm. El alcance de este invento solo es comparable con el lanzamiento del iPhone en la década de los 2000. Ambos dispositivos unían una tecnología punta a un diseño impecable y gracias a su originalidad, estaban destinados a transformar radicalmente las costumbres diarias de millones de consumidores.
Oskar Barnack (Leica Camera AG)
Oskar Barnack (Leica Camera AG)
Barnack siempre fue un gran entusiasta del nuevo arte fotográfico, pero las pesadas cámaras de placa eran incompatibles con su asma. Transportar aquel trasto convertía su afición en una tortura. El ingeniero necesitaba un objeto ligero para dar rienda suelta a su pasión sin morir en el intento, y por esta razón ideó una cámara pequeña y manejable, que además ofrecía al fotógrafo la posibilidad de escoger el momento exacto en que coger la instantánea. De un día para otro se acabaron los tiempos de exposición eternos de las cámaras antiguas y se impuso la inmediatez.
Con su prototipo Barnack retrató a personas y paisajes de su ciudad natal e incluso las inundaciones de 1920, y así se convirtió en un pionero de la street photography y del reportaje gráfico. Hoy quedan unos 170 negativos de su autoría.
A esta primera cámara se le dio el nombre de Lilliput, un guiño a sus dimensiones reducidas. Sin embargo, al cabo del tiempo fue bautizada como Leica, un apodo surgido de la unión de las palabras Leitz y cámara. El fundador de la empresa Ernst Leitz la lanzó al mercado muchos años después, en 1925, pasada la resaca de muerte y destrucción dejada por la Primera Guerra Mundial. El lema escogido fue «Negativos pequeños, imágenes grandes».
Oskar Barnack. Inundación en Wetzlar en 1920 (Leica Camera AG)
Oskar Barnack. Inundación en Wetzlar en 1920 (Leica Camera AG)
Era una época convulsa, marcada por trágicos acontecimientos políticos y grandes avances tecnológicos. Muchas de nuestras costumbres cotidianas, como viajar en coche o en avión, o pasear por ciudades llenas de rascacielos, se remontan a aquellos años en los que la velocidad se apoderó del mundo. Mientras los artistas respondían a este cambio de paradigmas creando movimientos atrevidos como el dadaísmo y el futurismo, un desconocido pintor surrealista, que unos años después se convertiría en la referencia mundial del fotoperiodismo, cambiaba el pincel por la película fotosensible, iniciando una relación de amor y fidelidad con Leica que duraría toda la vida.
Henri Cartier-Bresson usó su inseparable Leica para retratar los horrores de la Guerra Civil Española, al igual que hicieron Robert Capa y David Seymour. La cercanía y la autenticidad eran los elementos más llamativos de sus fotos, que carecían de la excelencia técnica de las cámaras de placa, al mismo tiempo que ganaban en frescura y espontaneidad.
Modelo Ur Leica, construida por Oskar Barnack en 1914 (Leica Camera AG)
Modelo Ur Leica, construida por Oskar Barnack en 1914 (Leica Camera AG)
Pero en sus comienzos la Leica no fue empleada solo para fines nobles. Josef Goebbels, ministro de Propaganda de la Alemania nazi, concibió la información como un arma de guerra desde el comienzo de su mandato. En pocos años, el aparato de la propaganda nazi produjo más de dos millones de imágenes. Muchas fueron realizadas con las nuevas Leica.
Al mismo tiempo que los nazis y los reporteros de guerra se rendían ante las ventajas de la Leica, entre los fotógrafos clásicos la nueva cámara no era muy bien recibida. En 1929 un periodista la tildó de juguete, alabando la puesta en escena perfecta y el control de luz elaborado de las cámaras de placa. En 1935, diez años después de su lanzamiento comercial, uno de los fotógrafos austriacos con más renombre visitó la exposición en la que Leica mostraba las 100 mejores fotos realizadas hasta la época. «¡Es horrible!», sentenció Heinrich Kühn.
Detalle del proceso de fabricación de una cámara (Leica camera AG)
Detalle del proceso de fabricación de una cámara (Leica camera AG)
A pesar de las resistencias, tanto los aficionados como los fotoperiodistas vislumbraron las infinitas posibilidades de este nuevo dispositivo. La Leica fue fundamental para el nacimiento del fotoperiodismo moderno porque permitió por primera vez hacer una foto detrás de otra de forma rápida, lo que contribuyó a consolidar el reportaje gráfico.
Entre 1945 y 1972, el fotoperiodismo conoció su época dorada gracias a la agencia Magnum, fundada por Cartier-Bresson en 1947, y a las revistas ilustradas. Su máximo exponente fue Life, que desapareció en 1972 para ceder el testigo a su imbatible competidor, la televisión.
Leica no inventó la fotografía, pero sí reinventó la fotografía tal y como la conocemos hoy. El secreto de su éxito no fue solo su tamaño, sino su precisión. No es descabellado decir que el instante decisivo de Henry Cartier-Bresson no habría sido posible sin su Leica.
Henri Cartier-Bresson. Paris, Place de l'Europe, Gare Saint Lazare, 1932
Henri Cartier-Bresson. Paris, Place de l’Europe, Gare Saint Lazare, 1932
A lo largo de varias décadas, esta cámara ha seguido su trayectoria revolucionaria y ha contribuido al florecimiento de nuevas tendencias fotográficas. Desde el Neues Sehen (Nueva Visión) a la fotografía humanista, que coloca el universo urbano en el centro del escenario, como hacía Robert Doisneau; hasta el nuevo color americano y la fotografía de moda, que tiene en Frank Horvat o F.C. Gundlach a sus exponentes más ilustres.
Es imposible citar a todos los grandes fotógrafos que recurrieron a una Leica para construir su narrativa visual. Todo el trabajo de Garry Winogrand sería inimaginable sin su Leica. Las primeras series de Lee Friedlander también se deben a la ligereza de esta cámara compacta. William Eggleston, Mitch Epstein o Joel Meyerowitz, los tres representantes del American New Color, desafiaron el escepticismo hacia el color de sus colegas más consagrados a golpe de Leica. Sin olvidar a Mark Cohen, quien fue pionero en emplear un gran angular con flash automático, anticipando la técnica que Bruce Gilden desarrollaría en los años 80.
Christer Strömholm. Nana, Place Blanche, París 1961 (Christer Strömholm Estate)
Christer Strömholm. Nana, Place Blanche, París 1961 (Christer Strömholm Estate)
F.C. Gundlach.1958 (F.C. Gundlach)
F.C. Gundlach.1958 (F.C. Gundlach)
Tampoco sería justo pasar por alto el trabajo autoral de René Burri, Alberto Korda, Sebastião Salgado y Paulo Nozolino. Korda hizo el celebérrimo retrato de Che Guevara con una Leica, y buena parte de las fotos de la serie Trabajadores, así como mucha de su producción más representativa de Salgado, también fue realizada con esta cámara.
Leica hoy sigue comprometida con el talento de las nuevas generaciones a través de los premios Oskar Barnack Award, que desde 1979 homenajean a un joven autor en el marco del festival Rencontres d’Arlés, en el sur de Francia. En los últimos años, nombres como Evgenia ArbugaevaMartin Kollar y Scarlett Coten han sido distinguidos en el que es considerado el festival de fotografía más prestigioso del mundo.
F.C. Gundlach.1958 (F.C. Gundlach)
F.C. Gundlach.1958 (F.C. Gundlach)
Lo más llamativo es que los fotógrafos premiados no precisan presentar un ensayo realizado con una Leica. Los galardones consisten en una suma en metálico y en una Leica M valorada en 10.000 euros, además de un objetivo por el mismo valor. A los fotógrafos emergentes les ofrece una excelente oportunidad para trabajar con esta cámara, ya que su precio es prohibitivo. De hecho, este es quizás el principal (y único) defecto de esta cámara, que ha llegado a ser comparada con una joya.
Hasta el próximo 10 de septiembre, es posible conocer todos los secretos de esta cámara mítica en la Fundación Telefónica, en Madrid. Con los ojos bien abiertos. Cien años de fotografía Leica reúne casi 400 imágenes, documentos, entrevistas, objetos procedentes de colecciones particulares y de museos y material documental del propio Archivo Leica, expuestos por primera vez en España. Hay incluso una réplica de la Leica original de 1914 y la primera cámara que salió a la venta en 1925.
Fred Herzog, 1968 (Cortesía Equinox Gallery Vancouver)
Fred Herzog, 1968 (Cortesía Equinox Gallery Vancouver)
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[Fuente: www.yorokobu.es]

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