sexta-feira, 9 de junho de 2017

Ser transexual en el Ejército israelí

El Ejército de Defensa de Israel se concibe como un exponente de la totalidad de la sociedad de Israel y de integración de las minorías sexuales, un ejemplo de lo cual es el caso del teniente Shachar Erez.

En un Ejército que emana directamente de la sociedad, en un país donde el servicio militar es obligatorio (tres años para los varones cuando cumplen los 18 años y dos para las mujeres a partir de la misma edad), los mandos han expresado en los últimos tiempos su interés por integrar y no excluir por ningún motivo a los componentes de cualquier colectivo, lo que también afecta al LGBT.
“Nací en un kibutz del norte de Israel, en la Galilea; era una chica con una identidad definida: la de un hombre en un cuerpo de mujer”, cuenta Erez con motivo del Día del Orgullo Gay, cuyo epicentro es la ciudad de Tel Aviv.
A los 16 años -cuenta Erez- “no podía soportar más la presión interior que sentía: era una chica, que no quería ser chica; me gustaban las mujeres, pero tampoco era lesbiana”.
Tras hablar con sus padres y explicarles que quería cambiar de sexo, Shachar fue llamado a filas como cualquier joven israelí.
En Israel, los jóvenes, previo a su incorporación plena al Ejército, hacen una especie de prueba o examen de orientación, cuyo resultado suele determinar a qué tipo de unidad serán finalmente adscritos.
“Llegué a esos exámenes como una chica y lo primero que me dije fue: ‘tengo que ser honesto. No voy a mentir, tengo que decir la verdad sobre lo que me pasa”, cuenta el teniente Erez, de 23 años de edad, y que ya lleva cinco en el servicio activo, tras haberse reenganchado una vez que hizo el curso de ascenso a oficial.
Tras exponer al Ejército su situación, Erez cuenta que sus mandos lo entendieron muy bien, le facilitaron el tratamiento de cambio de sexo y le destinaron al puesto de orientador, el soldado especialista en asesorar a los jóvenes que entran en filas sobre cuál es la unidad o destino que más les conviene.
A juicio del teniente Erez, contar su historia personal, afrontar un cambio de sexo en pleno periodo de servicio militar, reengancharse, hacer el curso de oficial, ascender a teniente y proseguir, en definitiva, la carrera de las armas “podía servir como una especie de herramienta, de ayuda para contribuir a abordar un asunto como este de la manera mejor y más natural”.
Cuando Erez comenzó el curso de oficial aún era una chica; cuando lo concluyó ya era formalmente un varón.
El caso del joven teniente salió a la luz y fue noticia en la prensa. Lejos de provocar el rechazo o las críticas, cada vez era mayor el número de muchachos que se incorporaban al “Tzahal” en las mismas o parecidas condiciones que él vivió.
Por ello, el Ejército decidió crear un departamento dedicado específicamente a las cuestiones de género, no solo a las relacionadas con la homosexualidad, sino de manera amplia a todo lo que tuviera que ver con el colectivo LGBT.
Por su parte, Barak, un exsoldado de 24 años que sirvió en la unidad de inteligencia 8200 (un cuerpo de élite), también señala que su experiencia en el Ejército le sirvió para tomar conciencia definitivamente de su identidad sexual.
El mayor (de la reserva) Etai Pinkas y su esposo el mayor (de la reserva) Yoav Arad-Pinkas con sus tres hijas Foto: Portavoz militar
El mayor (de la reserva) Etai Pinkas y su esposo,
el mayor (de la reserva) Yoav Arad-Pinkas,
con sus tres hijas - foto: Portavoz militar

“Yo aún no había salido del armario en aquella época, pero allí todos son gais. Mi oficial era lesbiana y casada, y se traía a sus niños al trabajo cuando no tenía niñera, el jefe de la unidad era homosexual… De hecho el chiste que hacíamos era que en la unidad ocho doscientos, ocho eran héteros y el resto gais”, dijo.
“Hoy en día, hay docenas de trans. Sirven en todo tipo de unidades, incluidas las de combate”, afirma Erez. EFE


[Fuente: www.visavis.com.ar]

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