Me cuenta Julián que ha cerrado la televisión pública en la que
trabajaba. Que cuando un juez ha obligado al ente a readmitir a los
trabajadores afectados por un ERE masivo, el gobierno de su comunidad
autónoma ha forzado la solución más radical. Mi estimado lector tiene
así un nuevo quebradero de cabeza, en esta ocasión del todo justificado.
Pierde el sueldo que constituye su sustento y el de los suyos. Y con ello pierde la garantía de solidez que hasta la fecha presidía su vida, que es tanto como decir la garantía de dignidad.
Como Julián, en su misma angustiosa
situación hay, por desgracia, muchas personas hoy en día. A todas ellas
va dedicado este artículo en que trato de hacer emerger la íntima
relación de significados que, pese a los que tratan de difuminarla,
existe entre los términos sueldo y sólido. Cuando se
pierde de vista la mágica conexión que las palabras guardan entre sí,
cuando se descuida el estudio de la historia de la lengua, pasa lo que
pasa: que cientos de trabajadores acaban en la calle pese a que un juez
ha fallado en favor de sus demandas, mi valenciano amigo entre ellos.
Historia de las palabras
Del étimo latino SOLĬDUS, ´moneda de oro`, y este del adjetivo SOLIDUS, ´sólido, macizo, consistente`, derivan dos palabras en castellano:
Sueldo: Palabra patrimonial. Por evolución fonética.
Sólido: Cultismo. Introducido en la lengua a través de la escritura.
Sueldo
La última edición del DRAE define esta palabra como ´remuneración regular asignada por el desempeño de un cargo o servicio profesional`. Con el mismo sentido la consigna el María Moliner en 1998: ´Retribución que se paga, generalmente cada mes, por un trabajo regular`.
Respecto a la diacronía o evolución histórica del término, la relación de significados entre sueldo y sólido
estaba ya trazada en latín. Así, como hemos apuntado, del adjetivo
SOLIDUS (´sólido, macizo`), sustantivado, deriva por vía metafórica el
sustantivo SOLĬDUS, ´moneda de oro, ducado`. La relación es
transparente: la moneda acuñada, a diferencia de otras con las que
convivía en el tiempo, es sólida, por segura o fiable: consolidada, en
definitiva. El sueldo es, por tanto, algo sólido.
En la Edad Media, como refiere el Corominas, sueldo continúa
siendo el nombre de una moneda, «con cuyo valor coincidía la paga de un
soldado». De ahí el sentido de ´paga de soldado` que adopta el término
en la época y que, según este diccionario, se documenta por primera vez
en el Universal vocabulario en latín y en romance de Alfonso de Palencia:
Donatiuum es sueldo que en la guerra se da a los guerreros
Nebrija, en su Vocabulario español-latino de 1495, también recoge este sentido: ´sueldo en la guerra`, y propone la equivalencia stipendium. El académico Diccionario de Autoridades (1734),
por su parte, confirma el uso de la moneda en la época (´ha tenido
diferente valor en cada reino [de España]. El que hoy se usa en Aragón
vale medio real de plata`) y amplía las acepciones de la palabra, en la
línea que apunta Corominas: por generalización semántica, se pasa de la
paga de un soldado (´estipendio o paga que se da al soldado`) a la de un
criado (´estipendio señalado a algunos criados. Llámase más comúnmente
salario`) y de ahí a la de un servidor real (´a los ministros del rey`).
El originario núcleo de «ministros del rey» que recibe el sueldo como pago por sus servicios se amplía, andado el tiempo, al conjunto de servidores públicos. Así lo recoge el DRAE
desde 1822, coincidiendo con la profesionalización de la administración
pública y la centralización territorial (Decreto de Nueva Planta) que
trae consigo la entronización de la dinastía borbónica en España en la
persona del rey Felipe V: ´también se llama así al que se da a los
empleados públicos`. Este sentido se mantiene hasta finales del XIX,
hasta el advenimiento de la industrialización. De ello se hace eco la lexicografía de la época: a partir de la edición del DRAE de 1927, el cuerpo de personas que reciben el sueldo se amplía definitivamente hasta los límites que conocemos en la actualidad. En adelante, el sueldo será
la ´remuneración asignada a un individuo por el desempeño de un cargo o
servicio profesional`. A esta definición se le añadirá un importante
matiz en la edición de 2001: el calificativo «regular». Así, como
apuntábamos al principio, entendemos por sueldo la remuneración regular asignada. De ese modo, la Academia sanciona el uso que el María Moliner
recoge desde 1998 y que, amén de estar presente en la variedad estándar
de la lengua desde unas décadas antes, es una obviedad. Solo faltaría
que nuestros empleadores nos pagaran el salario de modo irregular,
cuando lo tuvieran a bien.
La primera documentación escrita de la palabra, según el CORDE, la encontramos en 1129, en los Fueros de Medinaceli, editados en 1847 por Tomás Muñoz y Romero:
Et qui pendrar, si peños faylar de un moravedi, ó de mas, non tome leycho, nin fust, nin vestido; et si lo tomare, peche V sueldos, la meatat al rencuroso, et la meatat á los alcaldes; mas si non fallare penos dé I moraviddi, prenda lo que fallare.
Un ejemplo de sueldo como paga que reciben los ministros del rey lo encontramos en la Constitución Política de la Monarquía Española Promulgada en Cádiz el 19 de Marzo de 1812:
Las Cortes señalarán el sueldo que deban gozar los Secretarios del Despacho durante su encargo.
Muestra del sentido de remuneración al conjunto de empleados públicos la encontramos en 1822, en el Discurso sobre el Ministerio actual, firmado por Romero Alpuente:
Si para sacar de cada español todo el partido que necesita la Patria conviniese la suspensión de las Leyes que prohiben la separación de los empleados sin justo motivo, la provisión de los empleos en los que no gocen sueldo, y toda comisión del Gobierno en los consejeros y magistrados, y propusieseis la suspensión de ellas, os será otorgada.
Finalmente, uno de los primeros testimonios del sentido actual del término aparece en la obra de Concepción Arenal El paupersimo, en 1885:
Lo que hoy pasa es de lo más absurdo, injusto é irritante. Los trabajadores son docenas, cientos ó miles (según la magnitud de la obra) de peones, oficiales y maestros, con los correspondientes capataces y algún ingeniero y ayudante. Éstos, que son los que verdaderamente hacen el trabajo, que le ponen material é intelectual, á veces con fatiga y responsabilidad grande y aun peligro de su vida, éstos ganan un jornal ó un sueldo reducido, á veces mezquino, para enriquecer al contratista, hombre que no trabaja material ni intelectualmente; que á veces no tiene capital alguno propio, y cuya misión es explotar a los trabajadores manuales ó intelectuales, soliendo extenderla también á la obra, cuya calidad deja mucho que desear.
Sólido
En su última edición, el DRAE
define esta voz como ´firme, macizo, denso y fuerte`. Y consigna la
relación de significados entre sueldo y sólido que ya
había quedado trazada en latín. Así, en la cuarta acepción leemos:
´moneda de oro de los antiguos romanos, que comúnmente valía 25 denarios
de oro`. Por tanto, de la moneda de los romanos, segura y fiable
(consolidada) se pasa, por extensión semántica, a cualquier objeto del
que pueda predicarse las cualidades de firme y macizo. Exactamente, el
proceso inverso de especialización semántica experimentado en latín: el
adjetivo sólido pasa a denominar a un tipo de moneda la cual, por participar de esa cualidad de solidez, recibe el nombre de sueldo.
Habida cuenta de que, como decimos, la
relación de significados entre las dos palabras que nos ocupan estaba ya
trazada en latín, la historia del cultismo sólido no reviste
mayor interés: en un momento dado, se recupera para la lengua castellana
la forma y el sentido del adjetivo latino SOLIDUS, ´sólido, macizo,
consistente`.
La lexicografía tradicional así lo
recoge. En la primera edición del DRAE (1780), por ejemplo, leemos:
«firme, macizo, denso y fortalecido». El mismo sentido, por tanto, que
el término tiene en la actualidad.
Corominas sitúa el primer testimonio escrito de la palabra en 1490, en el Universal vocabulario de Palencia. El CORDE, por su parte, retrasa su aparición hasta 1427, fecha de la Traducción y glosas de la Eneida de
Enrique de Villena, en el contexto de la retórica latinizante que
impera en esa primera mitad del siglo XV, por tanto. Villena nos habla
del concepto de sombra:
Este vocablo sombra suelen dezir los actores por los cuerpos fantásticos que toman las ánimas e los espíritus cuando apparesçen, que son fantásticos e non reales cuanto a la imagen que presentan, como si fuese en figura humana; que, maguer tenga los liñiamientos de la figura exterior, dentro non ay miembros interiores, mas todo sólido con alguna poca de vacuidat en que se forma la boz. E por eso es mal pronunçiada. A este tal cuerpo llaman sombra.
Relación de significados
Para quien lo recibe, un sueldo (salario)
es el ejemplo supremo de solidez, de estabilidad, aquello que le
permitirá sacar adelante con dignidad su proyecto de vida y el de los
suyos. A partir de un momento concreto de la historia de nuestra lengua,
que coincide con la entrada masiva de obreros en el mercado laboral, la
antigua moneda romana llamada, por su solidez, sueldo, que había
hecho las veces de paga primero de soldados, después de criados y
finalmente del grueso de empleados públicos, se convierte en la
remuneración que percibe cualquier trabajador, con independencia del
sector en que se encuadre.
Esa asignación llamada sueldo,
máximo ejemplo de estabilidad individual (de solidez) como decimos, será
el acicate que hará posible recuperar, por generalización semántica, el
adjetivo latino SOLIDUS en su forma y significado primigenios. A
semejanza de la solidez que proporciona el sueldo, cualquier objeto que participe de las cualidades de firmeza y fortaleza (de solidez) recibirá el calificativo de sólido.
La recuperación de este adjetivo en el siglo XV, con la burguesía
comercial en pleno apogeo, no es en modo alguno casual. Responde a unas
necesidades designativas que todavía hoy persisten. Más hoy si cabe,
cuando el capitalismo de signo liberal se ha erigido en credo, en el (a
decir de tantos) único sistema económico posible. Confiemos en que esos
adalides del sistema, en su marcha triunfal por los caminos del
dinero, por negocios y prácticas especulativas varios, no pierdan de
vista que hoy, igual que en la época de los romanos, el sueldo sigue siendo la única garantía de solidez, que es tanto como decir de dignidad.
[Fuente: lasdosvidasdelaspalabras.wordpress.com]
[Fuente: lasdosvidasdelaspalabras.wordpress.com]
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